Reggio’s Weblog

¡Hay que ir a Islandia!, de Gregorio Morán en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 31 enero, 2009

SABATINAS INTEMPESTIVAS

Estamos asistiendo a la caída de un mundo y resulta que el único país donde la gente ha sido capaz de echar a su gobierno por golfo y por incompetente es Islandia. Trescientos y pico mil habitantes en un territorio tres veces mayor que Catalunya. Llevaban años exhibiendo musculatura y resultó que todo era una gran estafa; me refiero al nervio ciego de la economía, aquel de las finanzas, donde se manifestaba la efervescencia de una nación. Puta mentira; los banqueros eran unos trileros de fortuna, que habían puesto toda la riqueza del país jugándosela a las chapas y que estaban conchabados con el que movía la pelotita. Ganaban siempre. Ellos, no el país, que evidentemente recogía las migajas, suculentas, pero migajas. Y llegó un día, que como era invierno y estábamos en Islandia, tenía que tratarse de una noche, que empezaron a rodar las chapas, las pelotitas, los trileros… y el país se dio cuenta de que lo habían estafado. Entre el turismo, el bacalao y el aluminio, no había para tanto gozo y prosperidad. Islandia quebró.

También nosotros estamos en la cuenta atrás de la quiebra, pero con una diferencia notable con Islandia. Nos cubre la Unión Europea -alguien se imagina la peseta española capeando el temporal, sola y atrevida- y otra no menos notable, aquí hasta el día de la fecha nadie ha salido a la calle para decir a ese vendedor de humo, ese chico de la sonrisa de cristal y el culo de plomo, que ha llegado su momento de preparar la salida. Que hasta aquí hemos llegado. Tengo para mí que Zapatero es uno de esos tramposos que se engañan hasta haciendo solitarios; un experto en promesas, que primero dijo que no había crisis, luego que la crisis eran los otros. Miente y se equivoca. Los cínicos con cara de ángel me son especialmente repulsivos. Prefiero los demonios, porque son lo que son y hacen las trampas sin pretender salvarte la vida; todo lo más te tientan con prolongarla.

Fíjense bien en la historia. Islandia vivía feliz gobernada por gente muy seria. Los nacionalistas por excelencia llevaban mandando diecisiete años, que por algo se llamaban el Partido de la Independencia y eran conservadores, por qué iban a ser otra cosa. Geir Haarde hubiera estado ahí toda la vida, dirigiendo el país solo o en compañía de otros. Ahora estaba con los socialdemócratas, en coalición. ¡Qué bonito hacen los socialistas en un gobierno conservador! Se me dirá que lo nuestro es diferente, que nosotros no hemos quebrado aún, que podemos levantar cabeza y que nuestros líderes no han perdido todavía el prestigio. Y la verdad es que no sé si es lo peor de todo. Porque dentro de mis convicciones está la de que mientras un pueblo mantenga durante más tiempo que el prudencial el prestigio y el respeto hacia sus líderes, repercutirá en su estado moral, económico y hasta social. Si a Felipe González, en vez de aguantar en el poder catorce años, la sociedad le hubiera retirado a la mitad, estoy seguro de que todo habría funcionado mejor. Catalunya, sin ir más lejos, no estaría en la desquiciada situación en que está sin esos veintitrés años de Pujol; con diez bastaba. Los caudillos, totalitarios o democráticos, se crean con pueblos cándidos y cobardes. Es la corrupción de la mediocridad, que lo invade todo mientras el jefe dicta normas de conducta que jamás se le ocurriría cumplir.

Fue lo que ocurrió en Islandia. ¿Quién iba a cuestionar a aquellos magos que habían logrado, de un país pobre en población y en recursos, un auténtico ejemplo del paraíso social? Lo habían empeñado todo, y el día que se descubrió que las casas de empeños -que no otra cosa son los bancos- eran más listas y más tramposas que ellos, todo se vino abajo. Primero nacionalizaron los bancos, o lo que es lo mismo, desde octubre del año pasado hicieron que las deudas que eran sólo suyas fueran de todos. Luego quebró el país y hubo de solicitar un crédito al Fondo Monetario Internacional, que se lo pensó mucho, porque no tenía garantías. ¡Cómo iba a tener garantías, si las habían farreado! ¿No se acuerdan ustedes de aquella historia de hace diez años, cuando una empresa norteamericana se compró a todo el país, a los doscientos setenta mil ciudadanos islandeses de entonces, por 200 millones de dólares?

No es una metáfora ni un cuento de Borges, tan inclinado a las sagas islandesas, es real porque sucedió en diciembre de 1998, cuando la empresa suiza Hoffman-La Roche, por mediación de la norteamericana DeCode Genetics, se propuso comprar los historiales genéticos de todos los islandeses -270.000 entonces- durante doce años. Se trataba de una auténtica genialidad científica. Así se vendió la historia, porque daba la casualidad de que Islandia había estado aislada del exterior durante mil años -el sueño de todo nacionalista antes de ducharse por la mañana- y que por tanto constituía un modelo, fíjense bien, un modelo de población homogénea, cuyo árbol genealógico figuraba en las parroquias desde el siglo X. (¡Qué sería del nacionalismo sin las parroquias!). El interés científico conmocionó a los expertos, pero provocó una protesta general de todos los médicos de Islandia que no trabajaban todavía para DeCode Genetics. ¡Oh, la ciencia! Quién iba a pararse en gestos románticos ante aquel avance espectacular. Un pueblo entero tasado y medido por los códigos de la más palpitante novedad científica. Había un pequeño detalle y es que el presidente de la norteamericana DeCode Genetics era Kári Stefánsson, un islandés en dificultades que hablaba su idioma con acento gringo.

Desde hace muchos años siento una atracción pasional, casi diría que morbosa, hacia Islandia, que el vigor de los últimos días ha reactualizado. Llevo preparando un viaje a Islandia desde 1993, y siempre por una razón u otra he tenido que postergarlo; porque no se trata de un viaje sencillo. Yo no quiero ir de día, yo quiero ir en invierno, cuando la noche dura veinticuatro horas; y ahí está el lado que yo llamo morboso, porque a mí no me gusta la noche, soy diurno, pero quiero saber lo que es vivir de noche siempre. Recuerdo la cara que me ponía Gudbergur Bergsson cuando le contaba esto, porque Bergsson es uno de los pocos islandeses que he conocido en mi vida. Vivió en la Barcelona de los cincuenta y sesenta, los Gil de Biedma, Barral y tutti altri le apodaban Hans de Islandia. Pero, lo que es la vida; los otros murieron y Bergsson escribió libros magníficos que nos enseñan una Islandia real, impresionante en su fuerza. Lean La magia de la niñez (Tusquets) y sabrán lo que es buena literatura islandesa; un país que hasta hace muy poco tenía aún vivo a un prosista de fuste, Halldór Laxness, Nobel del 55, soberbio por su grandeza y que sobrevive hasta traducido, lo que es un valor especialísimo. No por nada es Islandia el país más lector y literario de cuantos están censados.

Quebró la Islandia de las trescientas mil cenicientas que dormían todos los días convertidas en las lecheras del cuento. Pero supieron levantarse, y desde el 20 de enero muchos miles se instalaron ante el Parlamento de Reikiavik e iniciaron una cacerolada -¡una cacerolada en Islandia, donde la última protesta que se recuerda fue hace exactamente 60 años, cuando el Gobierno decidió entrar en la OTAN y ninguno de los presentes aún había nacido!-.Empezaron un martes y al lunes siguiente el Gobierno en pleno dimitió. Eso es una sociedad con opinión pública libre y decisoria.

El líder conservador Geir Haarde dimitió, alegó un cáncer y no piensa ni presentarse a las próximas elecciones, que habrán de celebrarse el 9 de mayo. El poder ha pasado a la líder socialdemócrata y a la Izquierda Verde; se lo han cedido obligados por la presión social. Entre tanto, el presidente de la República, Olafur R. Grimsson, el cantamañanas cómplice de la debacle, ha dicho ante el pasmo general que “es necesario crear la paz social”.

Cuando los creadores de tormentas, financieras o políticas, llaman a la paz, es el momento en que debemos echarlos a patadas. ¿Y luego quién viene? ¿Y qué demonios importa quién viene? Sólo los que viven seguros piensan que los cambios deben hacerse bajo la férula de los culpables. Para que todo siga igual.

Anuncios
Tagged with:

Obama, Keynes y Wall Street, de Manuel Castells en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 31 enero, 2009

OBSERVATORIO GLOBAL

Durante el periodo de euforia irresponsable que atravesó la economía mundial en las dos últimas décadas, para muchos Keynes se hizo tan viejo como Marx. Su receta de gasto público para estimular la economía y salir de la recesión fue considerada por la mayoría de los economistas excesivamente primitiva y peligrosamente intervencionista. La fe religiosa en la sabiduría inmanente del mercado llevó a confiar en el automatismo de oferta y demanda para ajustar producción, consumo y empleo a los ciclos económicos. Y mira por dónde que cuando intentamos salir del hoyo que cavaron desreguladores y liberalizadores nos agarramos, o mejor dicho, se agarra Obama, que es el valiente de la película, a las recetas pensadas para la gran crisis de los años 30. El templo del neoliberalismo, el FMI, recomienda a los gobiernos que aumenten el gasto público en un promedio de 2% de su producto interior bruto.

China anuncia que lo incrementará en un 8% y las otras economías asiáticas adoptan programas similares. En la UE, el gasto proyectado supera los 200.000 millones de euros. Y en EE. UU., al paquete de casi un billón de dólares de rescate financiero se une ahora el plan de estímulo de Obama por más de 800.000 millones de dólares, el mayor de la historia. El plan, por razones políticas, combina la inversión pública directa con una devolución de impuestos (un tercio de los fondos). Pero la mayoría del gasto aplica una mezcla de keynesianismo histórico y keynesianismo del siglo XXI.

Por un lado, obra pública pura y dura: carreteras, puentes, ferrocarriles, escuelas, hospitales, edificios públicos. Por otro lado, inversión en infraestructura de una economía del conocimiento y ecológica: extensión de banda ancha; conversión a la televisión digital; ciencia y tecnología ; informatización del sistema sanitario; sistema de evaluación del cambio climático; ayudas a la industria del automóvil para vehículos híbridos y eléctricos; plan de energías renovables y acondicionamiento energético. El objetivo es modernizar el país y crear puestos de trabajo de distintos niveles de cualificación. Sin embargo, la magnitud del programa, que se pondrá en marcha en febrero, no garantiza su éxito. Porque, como dijo Keynes en su momento, lo más importante para reactivar la economía no es tanto la cantidad que se gaste como las señales que el Gobierno envíe a empresas, consumidores e inversores sobre la fortaleza de la economía y su capacidad de crecimiento.

Y es aquí donde Obama lo tiene mal, y con él todos nosotros, porque la élite financiera de la que en último término depende el flujo de capital que hace funcionar todo el sistema, parece haber perdido el sentido de la realidad. No sólo provocaron la crisis actual jugando a aprendices de brujo con sus modelos matemáticos de derivados financieros, destruyendo así la transparencia del mercado de inversiones, sino que siguen montados en su aquelarre de avaricia, usando el dinero de los contribuyentes para mantener sus vidas de pachás. El normalmente imperturbable Obama explotó de indignación el jueves pasado al enterarse de que, al tiempo que pedían ayuda para no quebrar los bancos, con el dinero público los ejecutivos de Wall Street se habían pagado a sí mismos primas de recompensa por valor de 20.000 millones de dólares. Y de que durante el 2008 mientras las empresas financieras despedían a 100.000 trabajadores, la casi totalidad de los altos ejecutivos conservaron sus empleos, sus sueldos, sus primas y sus privilegios. Incluso hubo quien rediseñó su oficina por valor de un millón de dólares. Y Citigroup iba a recibir esta semana un avión corporativo pagando 50 millones de dólares de los fondos prestados por el Gobierno.

Obama ha dicho basta y está incluyendo controles precisos en cada paquete de ayuda para asegurar que el dinero sirve a la gente en lugar de quedarse en los bancos. Incluso se habla de control directo de Citigroup y Bank of America por parte del Gobierno para sanearlos y, de paso, cambiar a unos ejecutivos que, en un 46% según una encuesta reciente, siguen pensando que sus ganancias están por debajo de lo que se merecen. No es simplemente un tema ético, aunque tampoco estaría de más recuperar otros valores que los de la bolsa, sino económico. Porque, en continuidad con la auténtica tradición keynesiana, por mucho que se gaste, si la gente no confía en el sistema financiero, el dinero no circula. Y la inversión pública sólo sirve si arranca el motor de la inversión privada, en particular en las pymes.

Este es el punto clave de la nueva política económica, en EE. UU. y en España. Que el dinero de la reactivación llegue a las empresas productivas para que estas creen empleo. Porque si no, los límites del gasto público se alcanzan rápidamente, sobre todo en un país endeudado hasta los ojos como EE. UU. Los chinos no pueden seguir prestando a un país quebrado económica y moralmente. Yes aquí donde la bronca de Obama a Wall Street es más que una rabieta. Es una política de responsabilidad que la élite financiera y corporativa todavía no acepta. Recordemos que las recomendaciones de Keynes no fueron realmente aplicadas en los años 30. Fue la guerra la que sacó a EE. UU. de la depresión. Y el plan Marshall el que reactivó a la Europa de la posguerra.

Para crear una nueva economía sin pasar por una impensable catástrofe, Obama, y otros gobiernos, tendrá que profundizar su intervención en la economía por medios no sólo económicos, sino de principios de gestión, regulando la actividad de las empresas, empezando por las financieras, en función de criterios que combinen legítima ganancia y responsabilidad social. Algo que, excepcionalmente, enseñan las mejores escuelas de negocios de España y que va a tener una fuerte demanda por parte de ejecutivos en fase de reciclaje. Keynes, para quien el capitalismo regulado era la síntesis armoniosa de crecimiento y estabilidad, debe sonreír desde un cielo inalcanzable para Wall Street.

Tagged with:

El arma del crimen, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 31 enero, 2009

Los fondos desaparecidos en la estafa realizada por Bernard L. Madoff no pueden haberse volatilizado. Los ‘paraísos fiscales’ son el principal instrumento para lavar las prácticas fraudulentas del actual capitalismo

La corrupción se ha convertido en una pandemia que todo lo infecta, a la que nadie y nada escapa. La corrupción entendida, no sólo ni principalmente, como la utilización abusiva e inicua de las posiciones de poder en provecho de quien las detenta, sino como la falsificación de todos los valores, la perversión sistemática, la impostura permanente en el planteamiento de medios y objetivos. Personas, organizaciones, la economía, los lenguajes, el deporte, la política, las empresas, la justicia, las ideologías, el Estado, la comunicación; todo estragado, pervertido. Es decir, la adulteración de las conciencias, la corrupción del espíritu, que transforman cualquier propósito en barbarie. Por eso, hoy, la generalización y persistencia de las prácticas corruptas no sólo han trivializado su uso, sino que lo han connaturalizado, inscribiéndolo, con todos los honores, en el patrimonio de los comportamientos legítimos y necesarios de nuestra contemporaneidad.

Esto es lo que explica lo más perturbador del universo actual de la corrupción: su celebración no sólo por sus protagonistas y beneficiarios, sino también por quienes la sufren, por sus víctimas. Pues lo más significativo de la larga lista de personalidades políticas francesas de la derecha -François Lyotard, Jean Tiberi, Alain Carignon, Robert Pandraud, Michel Noir, Michel Mouillet, Alain Juppé y tantos otros-, con su homóloga relación de líderes de la izquierda tan notables como Roland Dumas, Robert Hue, Dominique Strauss-Kahn, etcétera, todos procesados y muchos condenados, a pesar de los escapismos de la inmunidad parlamentaria y gubernamental y de la opacidad de los fondos públicos de que se han servido, es la incorporación de estas “hazañas” a sus carreras políticas como bazas positivas, de la que dan cuenta en muy diversos casos las triunfales elecciones postcondena de sus protagonistas. El ejemplo paradigmático es el de Henri Emmanuelli, líder entonces y todavía hoy del ala izquierda del Partido Socialista, que en las primeras elecciones a las que se presentó después de haber cumplido su condena obtuvo muchos más votos que en las que precedieron a su procesamiento.

Lo más lamentable, lo más repugnante de esta situación, es la tolerancia, cuando no la complicidad, del sistema democrático en su conjunto, es decir, de sus actores políticos, de sus Estados y de sus Gobiernos, en una acumulación de falsedades y engaños que sin ellos no podría existir. Porque más allá de la general codicia humana y de las fechorías de las que es habitualmente causa, la criminalidad económica de guante blanco no hubiera podido alcanzar estas elevadísimas cotas de eficacia y de éxito sin la contribución determinante de una arquitectura financiera que ha elaborado unos dispositivos técnicos, tan sólidos como sutiles, y cuya legalidad, es decir, cuya protección jurídica, procede de quien puede otorgarla, es decir, de los Estados. Lo que los hace muy difícilmente impugnables.

Se ha dicho, y hay que repetirlo, que sin la unánime incitación bancaria al crédito y sin el reducido costo del dinero impulsado por los bancos centrales, es decir, por los Estados, no se hubiera producido la hecatombe actual; pero tampoco hay que olvidar el trabajo anterior de socavamiento, la tarea de zapa del sistema que representaba la oferta de los malignos malabarismos financieros que han encarnado los fondos, en particular, los fondos basura -los hedge funds– y todos los otros mecanismos de falsificación que han florecido, en las últimas décadas, en el mundo de las finanzas. Cuyos frutos, presididos por el secreto, instrumento principal de la esquiva, es decir, del chanchullo bancario, encuentran en los paraísos fiscales su tierra prometida.

La macroestafa de Madoff ha sido la última y ejemplar ilustración de cuanto sabíamos y veníamos soportando. La credulidad, producto de una incontrolable codicia, de una insaciable avidez de enriquecimiento, cada vez más próximo al latrocinio, a las que han sucumbido tanto los grandes como los pequeños, y que, después de haber arruinado a tantas empresas y familias, se ha visto arropado por una mansa reacción de los poderes de control, que ni siquiera han llevado a la cárcel a los causantes del estropicio. Claro que para evitarla han contado con excelentes abogados y con magistrados comprensivos, lo que se ha traducido en que, tras una confortable cuarentena doméstica, han podido volver a sus negocios, como sucedió con el bochornoso caso de Michael Milken. Condenado a 10 años de cárcel, que se redujeron a apenas 20 meses de cómodo confinamiento privado, continuó triunfalmente su actividad financiera a través de su sociedad Drexel Burnham Lambert. Pero hay más. La Milken Family Foundation, creada por él con el dinero cosechado gracias al timo y a las trampas, ha multiplicado las acciones de solidaridad y se ha granjeado el reconocimiento y los aplausos de todos.

Probablemente, antes de no mucho, sucederá lo mismo con Bernard L. Madoff y su gente, cuyo propósito de volver al mundo financiero y de completar dicha actividad con otras dedicadas a la defensa del planeta y a la lucha contra el hambre comienza a aflorar.

Pero aún no estamos ahí y seguimos en la impotencia judicial y en la penosa comedia de la búsqueda de la localización de unos fondos que, gracias a la valentía personal y a la competencia profesional de Denis Robert, todos sabemos dónde están y bajo qué cobertura. Se trata de la cuenta número 646, abierta por Bernard Madoff el 2 de noviembre de 1999 en la sociedad financiera Clearstream de Luxemburgo, una de las más importantes cajas de compensación del mundo y quizás el más eficaz dispositivo de coordinación de los 10 paraísos fiscales del ámbito político europeo. Ésa es el arma del crimen, ése es el lugar de la abominación financiera, pues nadie ignora que los paraísos fiscales son el instrumento principal de la economía criminal, que Bernard Madoff, el rey de la trampa, maneja con destreza e impunidad. La primera la pone él; la segunda, los Estados. Economía criminal que va desde la evasión fiscal y el blanqueo de dinero hasta el mercadeo de seres humanos, pasando por el botín procedente de las extorsiones mafiosas, el tráfico de drogas y de armas, la producción y comercialización de moneda falsa, el robo, estafas y contrabandos de todo tipo, que constituyen los componentes de un volumen conjunto que supera ya el 40% de la economía legal mundial. Volumen que sin los paraísos fiscales no encontraría tan extraordinario acomodo para su conservación, ni tantas facilidades para su producción y multiplicación.

Pero, volviendo a Clearstream, se afirma que tuvo mucho que ver con la apropiación indebida de fondos del FMI destinados a Rusia a través de la Sociedad Menatep, apropiación que, al parecer, se operó desde y en Clearstream. Sin olvidar que, según Jean-François Couvrat, portavoz de Attac-France, las ramificaciones del holding de la familia de Bin Laden llegan y se cruzan en Luxemburgo con las operaciones criminales del Banco de Comercio y Crédito Internacional (BCCI), tan ligado a los intereses de los Saud y de éstos a los dos presidentes Bush de los Estados Unidos, como confirma Craig Unger, director del The New York Observer, en su libro Los Bush y los Saud. Denis Robert señala al financiero Nadhmi Auchi, el banquero de Sadam Husein, que realizó la discutida compra de Ertoil a la pareja Piqué-De la Rosa, como el centro neurálgico de estas siniestras maniobras, que encontraron en el paraíso fiscal luxemburgués la hospitalidad que necesitaban.

Por cierto, ¿hasta cuándo va a bendecir Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, que su país, en el que tanto manda, siga especializado en esos turbios menesteres? Entre nosotros, sólo Rafael Cid, en Diagonal, ha comenzado a explorar tan tenebroso pozo. Esperemos que cunda el ejemplo y que, frente al falso deslumbramiento de la instantaneidad de lo numérico, frente a la infantil satisfacción de la reiteración de lo icónico, frente a la huida en el enclaustramiento de lo virtual, la irrenunciable obstinación en el acercamiento a la realidad, propia del periodismo de investigación, vuelva por sus fueros y pueda ilustrarnos sobre estas negras tramas del capitalismo criminal que todo lo contaminan.

José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

Tagged with:

Acosar a los divos, de Vicente Molina Foix en El País

Posted in Historia, Memoria, Política by reggio on 31 enero, 2009

La película de Paolo Sorrentino Il divo es una brillante farsa política que recomiendo a todos los espectadores, incluidos aquellos que -como yo y la pareja de amigos con los que fui a verla- salgan del cine igual de divertidos que de escandalizados. Los materiales de Sorrentino, que ha escrito también el guión de su película, son artísticamente impecables, y se basan en una amplia labor documental que los conocedores de la política italiana contemporánea han estimado solvente y certera. Concebida como una gran stravaganza operística, los actores del numeroso reparto, todos de una bufonería muy elaborada, se amoldan a ese espíritu general, contrastando en su papel de coristas con la casi ininterrumpida sucesión de arias de bravura de Toni Servillo, que hace de Giulio Andreotti, al modo en que Philip Seymour Hoffman hizo del famoso novelista americano en Truman Capote o Cate Blanchett de Katharine Hepburn en El aviador: calcando asombrosamente a esos personajes reales, en un alarde de mérito mimético más que de verdadero arte dramático.

La película de Sorrentino, por lo demás, no es única en su propósito de retratar con presunta veracidad y descarnada comicidad a una figura política en ejercicio. Nanni Moretti, pese a negarlo, hablaba paródicamente de Silvio Berlusconi en El caimán (una de sus obras menos logradas); Stephen Frears trazaba con acidez demoledora las siluetas no sólo de Isabel II y Felipe de Edimburgo, sino de Tony y Cherie Blair en The Queen, y pronto veremos el falso documental de Dan Butler Karl Rove, I love you, sobre el homónimo y controvertido director de campaña de George Bush Jr., objeto él mismo el año pasado de W, una recreación semi-ficticia de trazo grueso dirigida por Oliver Stone. Sabiendo la tendencia copiona de una buena parte, la más holgazana, de la industria del cine, hay que esperar en los próximos tiempos nuevas réplicas; candidatos idóneos no faltan, y no quiero ni pensar la cantidad de gente que en España pagaría lo que fuese por ver en gran pantalla un caimán o un divo o un monarca destronado a imagen y semejanza de José María Aznar.

Esta nueva modalidad del biopic en vivo y en directo, que suele gozar del favor del público más políticamente comprometido y del cinéfilo más formado, apela, en mi opinión, a lo peor de nosotros mismos y, por mucho esmero que se ponga en su confección, resulta muy similar a la tan denostada basura televisiva, alimentada en las mismas fuentes: la curiosidad malsana y prepotente, la invasión de la intimidad, y el concepto de que el ser personaje público levanta las barreras de lo privado, por lo que el resto de los ciudadanos se siente autorizado a acosar, fisgonear y juzgar.

Andreotti nos cae mal a todos, por supuesto, excepto al Papa, a los no sé cuántos papas que él ha visto pasar por el Vaticano en sus recién cumplidos noventa años. Es casi probable (aunque no en los tribunales) que este hombre culto y sibilino haya cometido delitos, por lo demás no muy distintos de los que otros estadistas menos duraderos cometen en Italia, en Estados Unidos y en Zimbabue, por no hacer la lista interminable. La película los saca a relucir, en una combinación -muy eficaz pero para mí de dudosa moralidad- de periodismo de investigación filmada y artimaña de paparazzi; es a ese respecto muy elocuente leer unas consideraciones del propio director Sorrentino, en las que afirma que su punto de partida o inspiración a la hora de escribir Il Divo fueron las semblanzas que del siete veces primer ministro y ocho veces ministro de Defensa de distintos Gobiernos italianos trazaron Margaret Thatcher (“él parecía tener una aversión positiva a los principios”) y Oriana Fallaci, quien visitó a Andreotti y se quedó hipnotizada a la vez que aterrorizada por sus suaves maneras untuosas, deduciendo la periodista que “el verdadero poder te estrangula con lazos de seda, con encanto e inteligencia”.

Lo que sucede, sin embargo, es que este tipo de cine, y en particular esta película, se presenta como obra de ficción, y a Andreotti no lo interpreta Andreotti, sino Servillo, saliendo además en el filme su mujer (en la vida real), interpretada en la pantalla por Anna Bonaiuto, su secretaria (real) encarnada por la gran actriz Piera degli Esposti, su confesor y sus antagonistas, todos también actores, mezclándose aquello que la información y las hemerotecas nos dicen veraz con la conjetura del artista Sorrentino. ¿Y por qué no? La historia del arte narrativo es la historia de la falsificación inventiva de lo real y de lo acontecido, y son incalculables la cantidad de obras maestras de la novela y de memorables personajes ficticios que no eran sino un trasunto o reflejo apenas distorsionado de situaciones y seres verídicos. Verídicos pero muertos.

Morir nos hace históricos, a todos; a los divos y héroes y a los seres anónimos y comunes, y esa condición póstuma concede, a mi modo de ver, el permiso para que los vivos ejerzamos nuestro deseo de saber, nuestros métodos de investigación, nuestra voluntad de que el pasado y sus pobladores adquieran verdad y tengan por ella condena o elogio. La muerte no debe actuar, sin embargo, como embellecedora ni gratificadora, ni por supuesto falseadora de los muertos, aunque en España es inveterada -y sigue viva- la manía de honrarlos inmediatamente después del último suspiro, mejorándolos y otorgándoles premios y epítetos que en vida les fueron cicateramente escatimados.

Me parece obsceno, por el contrario, que personas vivas (estoy pensando no en el propio Divo de la política italiana, sino en alguno de sus cuatro hijos o sus muchos nietos) puedan ver en cine, en televisión o en cualquier otro medio las insinuaciones y las suposiciones que alguien ajeno hace no de sus actuaciones públicas, sino de su vida íntima, de sus manías, de sus dolores de cabeza y sus sueños eróticos. Es una forma de intromisión hiriente y acoso en carne viva que nadie, ni siquiera el gobernante más infame o denostado, debería sufrir a cambio de unas carcajadas en una sala oscura llena de cotillas.

Vicente Molina Foix es escritor.

Tagged with:

Rodrigo Rato y la estatua de sal, de Lucía Méndez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 31 enero, 2009

ASUNTOS INTERNOS

«Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego y destruyó aquellas ciudades y todo el valle y todos sus habitantes, y todo lo que crecía sobre la tierra». Génesis, 1, 19: 24-25. «Pero la mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en estatua de sal». El Antiguo Testamento ya alertaba de los peligros de vivir mirando al pasado. Emulando a la mujer de Lot, todo el PP -salvo Gallardón- se dio cita esta semana en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid para ver a Rodrigo Rato y recordar los esplendorosos días del poder y la gloria. Huyendo de las tribulaciones del valle del vicio y la perdición, el PP se ha convertido en una gigantesca estatua de sal. No se les ocurre otra cosa para salir del atolladero que peregrinar al pasado en busca de un salvador.

A Rodrigo Rato no le son ajenas las desgracias de su partido.Otra cosa distinta es que vaya a escuchar los cantos de sirena que le llegan de banqueros, empresarios, profesionales, amigos e incluso enemigos. Más o menos lo que transmite a sus fieles es lo siguiente. No admite peregrinaciones a su despacho, no hará nada para desestabilizar el liderazgo de Rajoy, aunque es bien conocido que no se llevan bien, no aceptará de ninguna manera volver a la política ni aunque un sanedrín de todos los notables del PP se lo pida de rodillas. En el caso de que en un futuro se llegara a convocar un congreso abierto a varias candidaturas, y sólo en ese caso, Rato estaría dispuesto a pensar en la posibilidad de competir por el liderazgo. El deseado ex vicepresidente es un tío listo y no quiere ni oír hablar de cuadernos azules escritos por la Providencia.

Rodrigo Rato es el pasado del PP. Y él lo sabe, igual que supo en su día que el PP había perdido la empatía con los españoles e igual que se dio cuenta de que Zapatero era un líder temible para sus adversarios. Entonces no le hicieron caso y así les ha ido.

Rato no es, ni puede, ni quiere ser el salvador del PP. Los que le esperan lo hacen en vano. Tan en vano como los que creen que la crisis de los espías y los dossieres se cerrará con algún o algunos muertos. No los habrá. Mariano Rajoy no ha matado a nadie desde que es presidente del PP -tal vez ése sea su problema- y no va a empezar ahora. Es altamente improbable que la investigación de María Dolores de Cospedal pida la cabeza de ningún alto cargo.Los hechos son difíciles de probar para ella. Rajoy hubiera querido que Esperanza Aguirre entregara voluntariamente a Ignacio González y/o a Francisco Granados. Pero Aguirre ha optado por resistir y atacar. Y en esa tesitura, el líder del PP tiene las manos atadas, salvo que quiera arrojar azufre y fuego para destruir el valle y a sus habitantes. Cosa que no está en su naturaleza.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Estados de ánimo, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Medios, Política by reggio on 31 enero, 2009

LA BALSA DE LA MEDUSA

En su show televisivo, Zapatero sugirió la conveniencia de acceder a un estado de ánimo más positivo y optimista -o algo por el estilo- como medio y remedio para salir de la crisis. Como es natural, le han llovido los mojicones. Del presidente y su Gobierno esperamos soluciones técnicas a los problemas, no consejitos de autoayuda.

De acuerdo. Pero Zapatero tiene razón. Es curioso que, en términos económicos, se llame «Depresión» al fenómeno de disminución o hundimiento de la actividad económica. Es la misma palabra que designa, en términos de psicopatología, a la pérdida del interés por vivir, por actuar, por seguir adelante. El deprimido, víctima del desánimo, experimenta una radical pérdida de deseo y de ganas de hacer.

No quiero defender aquí a Zapatero. Quiero salir en defensa de la inteligencia y de la voluntad, y me gustaría discutir sobre esto con Alvaro Pombo y lo que ayer decía en El Cultural. Se desacredita a la inteligencia cuando se la considera, únicamente, productora de realismo y de pesimismo. La inteligencia es una potencia creadora más versátil. El realismo -como la verdad- es útil, pero no siempre. Es una herramienta a tener en la mano, pero eso no quiere decir que haya que usarla en todo caso. En cuanto al pesimismo, me parece un mal negocio atribuirlo a la inteligencia y creer que los optimistas son tontos. Así nos va.

Hace tiempo que la medicina ha decretado la importancia de la voluntad y del deseo en el proceso de curación de enfermedades graves, cáncer incluido. ¿Por qué no iba a ser importante el papel de la voluntad y el deseo en la salida de la crisis? La voluntad es un junco firme que crece en el cañaveral del deseo.Ambos generan movimiento -el deprimido propende a estar quieto- y señalizan inmediatamente un camino, el comienzo de un recorrido.

El deseo no basta para conseguir algo, pero -como también y tan bien sabe el enamorado, por ejemplo- sin deseo nada se consigue.Con sólo el deseo yo no puedo volar -y puedo estrellarme si pretendo hacerlo-, pero sólo el deseo de volar me permite inventar el avión. El deseo me da alas.

La voluntad no es que sea en sí misma optimista. Más bien, se desentiende del optimismo y del pesimismo, aunque es obvio que, si estuviera afectada por el pesimismo, no sería nada. No sería.

La voluntad -como el deseo- genera optimismo. O, al menos, algo que se le parece: echar a andar en la dirección del objeto -del objetivo- deseado. Si a eso queremos llamarlo «optimismo de la voluntad», para entendernos, pues vale.

Que Zapatero y sus asesores encuentren las soluciones acertadas para la crisis. Con la ayuda de todos. Pero no echemos en saco roto la connivencia de nuestro estado de ánimo. La Oposición prefiere ahondar en la negrura del pozo para exaltar su condición de alternativa. La Prensa no para de dar noticias negativas de la economía, porque si no son negativas -ya se sabe- no son noticia. Nos toca avivar el deseo por nuestra cuenta. Y riesgo.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

La necesaria Crisis del Cuarto Poder, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía, Medios by reggio on 31 enero, 2009

El Cuarto Poder está en crisis. Menuda novedad. Lleva en crisis mucho tiempo. Demasiado. Exactamente desde el momento en que perdió la función que la sociedad le había asignado y reemplazó la verdad por la rentabilidad, la objetividad por el interés partidista, la razón por la servidumbre. Los despojos operativos y financieros en que se han convertido gran parte de los grupos de comunicación españoles son una consecuencia más de la ruptura, hace ya décadas, de la identificación entre la causa fundacional y acción a desempeñar por el periodismo patrio, proceso de deterioro paralelo al que han vivido gran parte de las instituciones públicas que nacieron al calor de ese esfuerzo de renuncia colectiva que fue la Transición española. La actual coyuntura empresarial no es lo importante. No se engañen. El problema fundamental de muchos actores del sector es la pérdida de sus señas de identidad: la prostitución de sus principios y la renuncia a sus ideales. De ahí que no me den pena alguna, la verdad. Ni siquiera me inspiran la mínima compasión de quien fue y ya no es, recuerdo del pasado. Se lo han ganado a pulso. De hecho, no creo que se pierda nada con su desaparición. Más bien al contrario: espero que se convierta en la gran oportunidad para que la causa última que justifica la labor de los medios vuelta a brotar con renovado brío para cumplir con la fundamental misión que han de llevar a cabo en cualquier colectividad. Claro que mucho esperar me parece a mi a día de hoy. En fin.

El Cuarto Poder.

Siempre he entendido el concepto de Cuarto Poder desde una triple dimensión. En primer lugar como poder en sí, concepto que servidor entiende, en la particular estructura de estado en la que vivimos y a la que por tanto circunscribo esta reflexión, no en su acepción negativa de conseguir que otros hagan lo que no quieren hacer, lo que a mi juicio es imposición, autoridad y obeciencia, sino como la capacidad de hacer que las cosas cambien, esto es: proposición y acción, que es algo muy distinto. En el contexto social que disfrutamos, hay una coletilla implícita en esa definición: se trataría de procurar que las cosas cambien… a mejor. Es lo que se deduce del resultado de cualquier proceso democrático de elección colectiva de representantes, poderes legislativo y ejecutivo. Nadie vota o designa a quien cree que va a empeorar su calidad de vida o sus circunstancias personales. Es de cajón. Pues bien, en los medios de comunicación no debería ser distinto: tienen una potestad que se habría de traducir, al menos en teoría, en contribución desinteresada al progreso común, en su doble vertiente de avance y mejora. No se trata de una quimera. Vuelvan la mirada a los años inmediatamente posteriores a la fundación de alguna de las cabeceras señeras españolas. Su rentabilidad se derivaba de un círculo vicioso de credibilidad y prestigio que revertía positivamente en la distribución y los ingresos. Qué tiempos aquellos.

Muy relacionada con esta idea se encuentra, en segundo término, la asociación del Cuarto Poder con la tarea auxiliar de control de la actividad de los otros tres poderes del Estado, tal y como los enunciara en su día Montesquieu (a los dos ya citados habría que añadir el judicial). Se espera de la prensa la adecuada labor de supervisión y denuncia, de vigilancia y revelación, de investigación e información. En un mundo tan politizado como el actual, esta misión cobraría, si cabe, mayor relevancia, siendo de hecho el último asidero al que la ciudadanía se podría aferrar en busca de una verdad lo más objetiva posible, si es que ésta existe, como filosóficamente discuten algunos. Por último, la consideración de Cuarto Poder en relación con los medios se refiere, con carácter no tan residual como podría parecer, a su condición de forjadores de criterio, en la medida en la que son fundamentalmente periodistas los que orientan a la opinión pública para que pueda llegar a sus propias conclusiones y actuar en consecuencia. Suponiendo, claro está, que aún quede algo de reflexión y no de mera adhesión incondicional en esta sociedad post-LOGSE de Grandes Hermanos de 40% de share televisivo. Basta con darse una vuelta por la multitud de tertulias que pueblan las radios y televisiones españolas para cerciorarse de esta evidencia. Periodistas y políticos, tanto monta monta tanto, Isabel como Fernando, se han convertido en esos tutto logos que caricaturizan los italianos: los que hablan de todo sin saber de nada. Y el resto de la sociedad civil, doctores, licenciados, generalistas y especialistas, a escuchar. Toma ya.

La pérdida de su razón de ser.

Más allá de chanzas fáciles, el problema fundamental de la prensa española es que no ha dudado en traicionar esa voluntad de mejora intrínseca, propia del ejercicio de cualquier poder en democracia, por la persecución sin desmayo del propio beneficio. Ya no se trata de que las cosas cambien a mejor, sino de que las cosas cambien a mi favor. De ese modo se ha producido una alineación de los intereses de los medios con los de aquellos que, o bien podían aumentar su radio de influencia, o bien podría sustentarlos económicamente. La hermandad con el espectro político o con el ámbito empresarial incide de forma implacable en las otras vertientes de su actividad. No sólo cercena de raíz la objetividad que debería presidir cualquier labor de control parlamentario, gubernamental o de la judicatura sino que provoca, inexorablemente, que las opiniones vertidas individualmente lo sean, salvo contadas y honrosas excepciones, bajo el estigma de la orientación ideológica del paraguas que al opinante cobija. De este modo, no es de extrañar el descrédito que se ha ganado con el paso del tiempo la propia profesión periodística. Cuando algo o alguien renuncia a lo que es consustancial a su propia existencia, termina por convertirse en una caricatura de sí mismo. Casos como el más reciente de Anacleto, agente secreto, de El País, de tan abrupto y extraño final, o la obsesión plurianual 11-M de El Mundo, sin pruebas tan ciertas como las que les sirvieron para ganar crédito con el GAL, son buen ejemplo de ello. Bien está lo que bien acaba. No se puede olvidar. Lo contrario es hablar a humo de pajas.

Alguno podrá argumentar que no hay relación causa efecto entre el deterioro intelectual de los medios de comunicación, al que acabamos de hacer referencia, y su debacle como negocio, al ser este último el resultado más bien de dos factores claramente interrelacionados, endeudamiento aparte: una caída salvaje de la publicidad y la irrupción de Internet como fuente recurrente e inmediata de información, lo que puede hacer que dicha merma de ingresos tenga carácter estructural y traiga consigo una reconversión de la industria que dejará muchos cadáveres por el camino. Discrepo profundamente. Ambos van totalmente de la mano. Porque ha sido la desmedida ambición económica y social de determinados personajes, y su creencia de estar por encima del bien y del mal, la que ha conducido a estructuras operativas y financieras absolutamente inviables en momentos no bajos sino medios de la coyuntura económica. Así, no han dudado así en emprender proyectos de dudosa rentabilidad ex ante, como la lucha por la residual audiencia de la TDT o de las emisoras locales; no les ha temblado la mano a la hora de sobrepagar por activos de dudoso valor intrínseco, como el gratuito Qué que cualquiera con dos dedos de frente podía entender su brutal apalancamiento al ciclo; no han dejado de confiar en que la salvaguarda administrativa que les daba resguardo oportuno iba a estar ahí siempre con independencia de las circunstancias, caso Sogecable-Mediapro.

¿Crónica de una Muerte Anunciada?

Si con ello hubieran pretendido cumplir con ese papel de celosos guardianes de los intereses de la ciudadanía, de control de las demás instituciones del estado o de aliento a la sociedad civil, olé sus narices. Pero desgraciadamente no ha sido así. Han preferido renunciar a sus principios antes que a sus beneficios. Así les ha ido. Ha primado la imposición frente a la información y ahora pagan por ello. Sólo les quedan dos opciones: travestirse aún más en busca del favor de unos y otros, camino fácil que permite sustentar los egos en un negocio donde abundan por doquier, o tomar la utópica determinación de volver a las raíces de lo que magnifica su actividad, recuperando todo lo que ha hecho grandes a los grandes periodistas de la Historia. Desgraciadamente, la elección la tienen clara. No tengan duda alguna de que será su condena definitiva. Amén.

Tagged with:

Alarmante déficit público, de José Barea en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 31 enero, 2009

Presumíamos de ser uno de los mejores países de la Unión Europea en cuanto a la situación de nuestras finanzas públicas: un superávit presupuestario que en 2007 alcanzaba el 2,2% del producto interior bruto (PIB) y deuda pública de sólo el 36,2% del PIB. En dicho año se percibía el inicio de la crisis real de la economía española que afectaba al sector de la construcción de vivienda y la crisis financiera originada por las hipotecas subprime de Estados Unidos que empezaba a repercutir en todo el mundo.

Tales hechos fueron ignorados por el Gobierno español que no reconoció la crisis que en 2008 empezó a afectar a nuestra economía, considerando que era una ligera desaceleración. Tal postura le llevó a no adoptar medidas profundas para hacer frente a la crisis, sino continuos parches, que sólo han servido para pasar de un superávit presupuestario del 2,2% a un déficit en 2008 del 3,6% del PIB, es decir, hemos empeorado en sólo un año en 5,8 puntos de PIB en cuanto a situación en las cuentas públicas, y hemos sobrepasado el techo del 3% señalado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. La deuda pública ha alcanzado el 39,5% del PIB.

Para 2009 la Comisión Europea prevé un déficit público del 6,2% y la deuda pública se situaría en el 48% del PIB. Al continuar la recesión en 2010, el déficit continuará en tasa elevada, 5,7%, según estima la Comisión, y la deuda, en el 52%.

En los déficits de dichos años no están incluidos el mayor coste de los nuevos sistemas de financiación de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos, que entrarán en vigor en 2009, que aumentarán el déficit hasta el 7,7% en 2009, y hasta el 7,2% del PIB en 2010.

En cuanto al gasto en 2008, derivado del Fondo Estatal de Inversión Local por importe de 8.000 millones de euros, aprobado por Real Decreto-Ley 9/2008, de 28 de noviembre, es de suponer no está incluido en el gasto de 2009. Ante la imposibilidad de realizar las inversiones en 2008, el crédito tendrá que ser incorporado al Presupuesto de 2009 que será el año que recogerá las inversiones, y por tanto su incidencia en el déficit.

Al tratarse de una transferencia de capital desde el Estado a los ayuntamientos, ha aparecido información de que tal opción no tendrá incidencia en el déficit ya que el gasto del Estado se compensa con un ingreso en los ayuntamientos, pero se olvida de las inversiones que realizan los ayuntamientos financiadas con dicha transferencia, que sí que tienen incidencia en el déficit, en cuyo caso el déficit de 2009 aumentaría hasta el 8,4% del PIB, casi tres veces el margen autorizado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

Aunque otros países de la Unión Europea han sobrepasado el techo de déficit del 3% del PIB, sin embargo ninguno en la proporción que se espera alcance España, que desborda toda previsión, tanto cuantitativa como temporal. Estoy seguro que España será objeto de expediente por la Comisión Europea por el fuerte nivel del déficit público y su larga duración.

En la actualidad se discute si aun en época de recesión es bueno o malo un nivel de déficit como se prevé tenga España en el bienio 2009-2010. La idea básica que se tuvo en cuenta para proponer reglas de obligado cumplimiento sobre el tamaño del déficit y de la deuda pública ha sido que un país que esté en una senda de crecimiento continuo del déficit y de la deuda pública puede crear efectos externos negativos sobre el resto de la zona euro, bien obligando a otros países a seguir políticas más deflacionistas de optar por estabilizar sus ratios deuda pública/PIB, bien presionando al BCE para que rebaje su política monetaria.

Los Gobiernos de algunos Estados miembros, entre ellos España, se han olvidado de efectuar las reformas estructurales para hacer sus economías más flexibles y más competitivas, entre ellas la reforma del gasto público, que le hubiera dado un mayor margen de maniobra temporal para absorber la caída del ciclo, sin traspasar el límite del 3% de déficit.

Empíricamente ha quedado demostrado que los fuertes déficits públicos de Japón y los incrementos de deuda no han servido para sanear su economía durante 10 años. Como dice el profesor J. Shiller, de hecho los déficit presupuestarios actuales reflejan problemas de largo plazo que no son los que contempla la teoría keynesiana, de modo que las discusiones acerca de los déficits se deberían replantear en términos de problemas intergeneracionales.

Como consecuencia de los déficits, la deuda de un país aumenta y traslada la carga financiera a las futuras generaciones, lo que produce un cambio de riqueza de una generación a otra, que los políticos no quieren poner de manifiesto. Prefieren que las generaciones presentes, que son las que les votan, cobren sus pensiones, reciban la sanidad gratuitamente y puedan disfrutar de otros servicios gratuitos, imponiendo cargas a futuras generaciones a través de los déficits, cuya financiación se efectuará con impuestos que pagarán aquéllos.

Junto a los déficits actuales, preocupa fuertemente a la Comisión Europea las obligaciones que se derivan del fuerte envejecimiento de la población, con el consiguiente efecto sobre las pensiones públicas, que para España hacen no sostenible el sistema a partir de 2015. Por ello el Pacto de Estabilidad y Crecimiento pretende que los Estados miembros de la Unión Monetaria dispongan de un margen suficiente para hacer frente a las futuras obligaciones de la protección social derivadas del envejecimiento de la población.

Dejemos por tanto el Pacto de Estabilidad tal y como está, que no sólo tiene en cuenta el presente, sino el futuro, y que los Estados miembros realicen las reformas estructurales necesarias para sanear sus economías y eliminen las rigideces, ineficiencias y falta de equidad que las intervenciones públicas han ido generando en sus economías.

El comisario de Economía de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, ha dicho que el Pacto de Estabilidad está para respetarlo y que sólo en supuestos muy excepcionales, que deberán ser justificados por el Estado miembro, sería aceptado sobrepasar el techo de déficit del 3% del PIB.

En el contexto de una política fiscal estricta, como la diseñada en el Pacto de Estabilidad, que limita a corto plazo la función estabilizadora del Presupuesto, especialmente en una recesión, con tipos de cambio fijos y escasa movilidad de la mano de obra, los mecanismos de ajuste macroeconómico son las reformas estructurales. Y si no se realizan urgentemente, la salida de la crisis sólo será posible si los agentes sociales (empresarios y trabajadores) toman conciencia de la necesidad de un reajuste en precios (beneficios) y salarios. En caso contrario, el ajuste se producirá vía aumento del paro; es lo que ocurre en España.

José Barea. Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid.

Tagged with:

Evo, Lugo, Chávez y Correa en el foro, de Sandra Russo en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 31 enero, 2009
REUNIDOS POR EL FSM, CUATRO MANDATARIOS HABLARON DE LA NUEVA AGENDA LATINOAMERICANA

Los cuatro, cada uno a su manera, coincidieron en que otro mundo no sólo es posible, sino que ya nació, de la mano de los procesos democráticos que están teniendo lugar en la región. Y coincidieron en reconocerse herederos del foro social.

Por primera vez desde la existencia del Foro Social Mundial (FSM), cuatro presidentes latinoamericanos en ejercicio se sumaron a los debates. Fernando Lugo, de Paraguay; Rafael Correa, de Ecuador; Evo Morales, de Bolivia, y Hugo Chávez, de Venezuela, vinieron a Belém en un gesto que rebasa la empatía que existe entre los participantes y las políticas que ellos llevan adelante en sus respectivos países. Los cuatro, cada uno a su manera, coincidieron en que otro mundo no sólo es posible, sino que ya nació, de la mano de los procesos democráticos que están teniendo lugar en la región. Y también coincidieron en reconocerse herederos, portavoces, receptores del ideario que el FSM proclama desde 2001. Hablaron frente a integrantes de los movimientos sociales de la región, a quienes agradecieron que con sus luchas les hayan allanado el camino hacia el gobierno.

El encuentro no estaba anunciado y tuvo lugar en la Universidad Estadual, que hasta ayer no formaba parte de los escenarios previstos para el FSM. La seguridad de los presidentes obligó a que los organizadores dieran algunas pistas el miércoles, que la prensa haya ido al gimnasio de esa universidad a acreditarse sin saber del todo a qué, que el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierras, que sesionaron un rato antes, extendiera las acreditaciones, y que el encuentro empezara con el estadio lleno de blancos, que se fueron cubriendo con el pasar de las horas: los llenaron indígenas de diferentes etnias, sobre todo de Ecuador, Bolivia y Brasil.

El rumor indicaba que Hugo Chávez llegaría al encuentro con los movimientos sociales, pero el que primero llegó, para sorpresa de todos, fue Rafael Correa. Un rato más tarde, llegó Lugo. Y por último, dieron el presente Evo y Chávez. Mientras Correa y Lugo esperaban a los otros dos presidentes hubo música, pero a la manera del FSM: Correa y Lugo agarraron los micrófonos, y cantaron a voz en cuello desde temas de Silvio Rodríguez hasta boleros y marchas militantes. El cartel que se desplegaba en el escenario rezaba: “Diálogo sobre la integración popular de nuestra América”.

El que empezó fue el carismático Correa, en cuyo mensaje se dedicó sobre todo a definir cómo es y cómo se imagina que debe seguir germinando el “socialismo del siglo XXI”. “Estamos en una época de cambios en América latina. No es casual que ésta sea la primera vez que hay presidentes en este foro. Pero debemos preguntarnos qué cambió. Y lo que cambió es que ya no respondemos a ese extraño Consenso de Washington al que adherían antes los gobiernos latinoamericanos. ¿Qué consenso era ése? ¿Por qué íbamos a adherir a un consenso hecho en Washington? ¿Quién consensuaba con América latina? Quién iba a pensar que después de una época en la que gobernaban Collor de Mello, Menem, Fujimori, íbamos a comenzar este proceso que inició Hugo Chávez en Venezuela, aunque quiero recordar aquí a Fidel Castro”, dijo, y los aplausos taparon su voz.

Sobre el cambio que ya comenzó, Correa dijo que espera “que al menos los responsables de esta crisis mundial hagan un mea culpa, un examen de conciencia por el desastre que han hecho. Este cambio es muy profundo. Somos parte de un proceso de esperanza, contra el modelo de injusticia y de muerte que fue el neoliberalismo. Lo que está pendiente, compañeros y compañeras, es nuestra definitiva independencia”.

Sobre la crisis, Correa alegó que lo que cae es un sistema. Y que el cambio debe incluir la ética que rige nuestras sociedades. “Venimos del culto al individualismo extremo. El socialismo del siglo XXI se expresa a través de la reivindicación del Estado, interviniendo en las cuestiones públicas. No un Estado ineficiente, porque hay que aprender las lecciones. Pero rescatamos el rol del Estado en nuestros países. También, la acción colectiva, porque el neoliberalismo nos demostró qué sucede cuando cada uno piensa solamente en sí mismo. Y por último, la planificación. Los países ricos durante décadas planificaron sus políticas, pero a los países emergentes no nos permitían planificar las nuestras.”

Sobre la integración latinoamericana, dijo: “Habrá que tener en poco tiempo una moneda común, regional. Debe ser una integración con una nueva lógica, y con políticas comunes en comunicación, energía, recursos, logística. ¿Qué sentido tiene que vayamos a resolver nuestros problemas a una OEA que tiene su sede en Washington?”.

Fernando Lugo, por su parte, recuperó del discurso de Correa la idea de que el cambio ya empezó, y que ese otro mundo que reclama desde hace ocho años el FSM ya tiene forma.

“Con mucha alegría recuerdo que fui desde Asunción a Porto Alegre en 2001, al primer foro. Aquí sigo viendo los rostros esperanzados de esta América latina que hoy vive un proceso intenso de cambio. Quién se iba a imaginar, no hace ocho años, hace uno, que la lucha de los movimientos sociales, de jóvenes, de indígenas, de mujeres, de trabajadores iban a dar estos frutos. La lucha de los movimientos sociales es el gran sostén de un cambio duradero en la región. Hace unos años nuestros países tenían gobiernos conservadores, a los que derrotamos. Pero no es suficiente. Hace falta un cambio de ética. Y hace falta volver a creer en la profecía del pueblo guaraní, en la Tierra Sin Mal. Hemos tenido aciertos y errores. Por eso hay que decir algunas cosas con todas las palabras. Por ejemplo, lo que sentimos cuando vemos niños palestinos masacrados.”

Lugo admitió que a la democratización de nuestras sociedades le falta mucho camino. “No sólo hace falta acercamiento entre gobiernos. Hace falta acercamiento entre partidos, entre movimientos sociales. La integración no la podemos hacer sólo los presidentes, porque sería una falsa integración. La verdadera debe venir de abajo. Mientras tanto, seguiremos caminando y cantando, como siempre.”

Evo Morales fue ovacionado por el estadio. Fue un aplauso de pie, quizá para reparar en parte el maltrato que Evo sufre en su país, pese a demostrar una y otra vez en las urnas que la mayoría de su pueblo lo apoya. Entre las cosas más directas y claras que dijo Evo, se cuenta la mención a la Iglesia Católica. “El pueblo boliviano ya habló. Pero quiero decirles hoy que no sólo la prensa boliviana es de derecha. También lo es la Iglesia Católica. Y les digo que así como otro mundo es posible, otra Iglesia también es posible”, dijo, y de nuevo el estadio se paró a aplaudir.

Sobre las grandes líneas políticas con las que los otros tres presidentes acuerdan, Evo dijo que el agua, la energía, los recursos básicos no pueden ser privados. Recordó que en su país había una base militar norteamericana: “No aceptamos ninguna base extranjera en nuestro territorio. Podrán decir que el presidente Morales se equivocó, pero nunca que cedió a alguna presión para claudicar en la lucha contra el imperialismo norteamericano”.

Y llegó el turno de Chávez; esta vez con un preocupado Pablo De Michelis, de la CTA, presente en el panel, admitió, “para la tarea antipática pero militante de medir el tiempo que habla cada presidente”. Cuando Chávez comenzó a hablar, les había tomado él mismo el tiempo a Lugo, Correa y Morales. “Hablamos veinte minutos. Yo también voy a hablar veinte minutos. ¡Socialismo, igualdad!”, se rió. Y empezó a hablar como suele hacerlo, con bromas a Evo (“que juega al fútbol todos los días a 5000 metros de altura”) y a Correa (“ya le están saliendo canas. Rafael: antes no las tenías”). Chávez se preocupó por traer una y otra vez al estadio la figura de Fidel Castro. Fue un homenaje, una dedicatoria de este foro al comandante cubano. Y cada vez que mencionaba su nombre, los miembros de los movimientos sociales reconocían el gesto y vivaban la revolución que cumplió medio siglo. “Estamos ahora ante la opción del socialismo, porque no hay una tercera vía. Es capitalismo o socialismo. Tenemos que elegir”, señaló Chávez.

Dijo que alguna vez Fidel le dijo que el FSM era la expresión genuina de las corrientes emergentes. También trajo una frase del subcomandante Marcos, que dijo que el FSM era “un nido de sueños”. Repasó la historia regional de las últimas décadas. Recordó los ’90, la “gran oscurona”, cuando se apagaron todas las luces del continente. Recordó cómo su gobierno peligró una y otra vez en 2001, 2002, 2003, bajo la sombra de la reacción. “Todos nosotros somos una consecuencia de las luchas de otros. De las luchas de ustedes. La lucha de los bolivianos trajo a Evo, la de los ecuatorianos trajo a Rafael, la de los paraguayos a Lugo, y yo cumplo con la lucha de los venezolanos. Estos últimos diez años marcan el comienzo de esta nueva época. Ahora vamos a ver qué hace el nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, después de que su antecesor se haya ido por la puerta de atrás de la historia. Está muy bien que haya cerrado la cárcel de Guantánamo, pero lo correcto sería que les devolviera Guantánamo a sus dueños, los cubanos.”

Finalmente, eligió dedicar un homenaje a las mujeres. “Yo afirmo aquí que soy feminista. Y es más, creo que no puede existir un buen socialista que no sea feminista. Si no lo es, algo le falla”, dijo, y las feministas presentes se pararon a vitorearlo. Eran muchísimas.

Para cerrar el encuentro, después de recordar la importancia que en este proceso tuvo la Cumbre de las Américas en Mar del Plata, cuando nació el Alba y cayó el ALCA, Chávez reafirmó lo que dijeron los otros tres: “Otro mundo no sólo es posible. Es necesario. Y digo más: otro mundo ya nació. Pero tenemos que cuidarlo mucho, como a un bebé. Ese otro mundo está aquí”.

© 2000-2009 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados.

Tagged with:

La política del campo de concentración, de Raúl Zibechi en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 31 enero, 2009

Sólo abusando del lenguaje puede concebirse la incursión israelí en la franja de Gaza como parte de una guerra. El concepto de guerra supone el enfrentamiento entre dos cuerpos armados, regulares o irregulares, estatales o no estatales. En este caso, la desproporción de fuerzas es tan evidente que, en rigor, no puede hablarse de verdaderos combates. Ni siquiera es aplicable el concepto de “guerra asimétrica”, creado por los estrategas militares imperiales para dar cuenta del conflicto entre estados y actores no estatales.

Cuando la relación de muertos por cada bando es de uno a 100 y la de heridos la supera con holgura, por no hablar de los daños materiales, que se encuentran en su totalidad en un solo lado, parece evidente que se debe acudir a otras ideas para dar cuenta del proceso en curso. Puede hablarse de política de exterminio o de terrorismo de Estado, pero la trascendencia de lo que sucede impone ir más allá. El filósofo italiano Giorgio Agamben sostiene en sus libros Lo que queda de Auschwitz y El poder soberano y la nuda vida que existe un espacio donde el estado de excepción es la regla y donde “la situación extrema se convierte en el paradigma mismo de lo cotidiano”. Ese lugar es el campo de concentración.

En efecto, el campo de concentración es aquel espacio donde aparece la “vida desnuda”: la vida despojada de cualquier derecho, de modo que la inexistencia de estatuto jurídico –hija directa del estado de excepción devenido en regla– permite que al ser humano que ha sido excluido y recluido en el campo “cualquiera puede matarle sin cometer homicidio”. Para Agamben el campo de concentración es el acontecimiento fundamental de la modernidad, porque es “el paradigma oculto del espacio político”.

La radicalidad de su pensamiento lo lleva a asumir que la política actual se ha transformado en el espacio de la “vida desnuda”, es decir, en un campo de concentración donde se practica el dominio total. “La esencia del campo de concentración –asegura– consiste en la materialización del estado de excepción y en la consiguiente creación de un espacio en el que la vida desnuda y la norma entran en un umbral de indistinción”. Toda vez que las elites del planeta necesitan ese dominio total para mantener a raya a los de abajo, porque abandonaron los estados de bienestar con los que buscaron integrar a las “clases peligrosas”, el estado de excepción se convierte en el modo de gobierno dominante.

En suma, el campo de concentración como paradigma de la dominación actual. La población de Gaza vive, de hecho, en un gigantesco campo en el que no pueden ejercer sus derechos, ni siquiera el elemental de elegir mediante el voto a sus gobernantes. Debe recordarse que la etapa actual del conflicto comenzó cuando la población votó mayoritariamente por Hamas, algo que ni Israel ni Estado Unidos ni la Unión Europea están dispuestos a tolerar.

Pero Gaza no es, por cierto, el único campo de concentración existente en el mundo en el sentido que le da Agamben. Su existencia alumbra un modo de dominación que va ganando terreno en todo el mundo. ¿Cuántos espacios existen donde es posible matar al otro sin cometer homicidio? En América Latina es la situación cotidiana de buena parte de los pueblos originarios y de millones de habitantes de las periferias pobres de las grandes ciudades. ¿Qué son las favelas brasileñas y los barrios de Puerto Príncipe sino enormes campos de concentración a cielo abierto, donde el Estado puede “no ya hacer morir ni hacer vivir, sino hacer sobrevivir”? Con la excusa del narcotráfico y la delincuencia miles de latinoamericanos pobres son muertos cada año con total impunidad.

Al pueblo mapuche se le sigue aplicando la ley antiterrorista de Pinochet para resolver conflictos sociales y las comunidades están militarizadas. Patricia Troncoso realizó una huelga de hambre de más de 100 días, a fines de 2007, sólo para tener la posibilidad de que sus demandas sean escuchadas. Los cortadores de caña afrocolombianos tuvieron que hacer dos meses de huelga para conseguir que la patronal aceptara reunirse con ellos. Los ricos del azúcar nunca se dignaron tratarlos como seres humanos.

Pero hay algo más. Desde el momento en que, según Agamben, el campo de concentración se ha convertido en el paradigma biopolítico de Occidente y que ello impide cualquier “retorno posible a la política clásica”, surgen nuevas preguntas. ¿Cómo hacer política desde y en el campo de concentración? No lo sabemos, porque apenas estamos comenzando a comprender estas nuevas realidades. Sabemos, sí, que hacer política desde las instituciones es un modo de consolidar el campo de concentración, ya que sus reglas y modos están hechos a la medida de los guardianes que pueden “matar sin cometer homicidio”.

La fuga no parece posible porque no existe un afuera, sino un archipiélago de campos destinados a albergar a los de abajo. La tendencia dominante en las democracias occidentales, dice Agamben, consiste en que “la declaración del estado de excepción está siendo progresivamente sustituida por una generalización sin precedentes del paradigma de seguridad como técnica normal de gobierno”. De ese modo se instaura una suerte de totalitarismo, a través de “una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político”.

Reinventar la lucha por la emancipación en estas condiciones y en esos espacios supone hacer política por fuera de las instituciones. Para hacerlo, no tenemos una teoría ya pronta para ser aplicada, entre otras cosas porque las nuevas formas de dominación están siendo ensayadas gradualmente. Sólo podemos contar con la experiencia de nuestros pueblos que buscan desbordar el estado de excepción permanente con iniciativas novedosas. La minga indígena en Colombia, la otra campaña zapatista, la resistencia mapuche y de los pobres urbanos, son referencias y pueden ser inspiración.

Tagged with:

Lunes negro, jueves de todos los colores, de Olivier Mayer en l’Humanité

Posted in Internacional, Política by reggio on 31 enero, 2009

Original francés artículo : Lundi noir, jeudi de toutes les couleurs

Translated vendredi 30 janvier 2009, par J.A. Pina

En un solo día (lunes 26), siete grandes grupos de los dos lados del Atlántico han anunciado la supresión de 70.000 empleos.

La fórmula se propaga en los medios : “el 29 de enero, fecha de huelgas y manifestaciones intersindicales en Francia, sería un jueves negro”. ¿Se podría deducir por ello que los otros días de la semana son más bien rosas ?. El lunes 26 de enero, algunas grandes empresas norteamericanas y europeas han anunciado su intención de suprimir empleos. En total, en un solo día, se habrán decidido la supresión de 70.000 puestos.

Encabezando la lista, la número uno mundial de la Industria farmacéutica Pfizer anuncia, al mismo tiempo, la compra de su competidora Wyeth por 86 mil millones de dólares y el despido del 15% de sus 130.00 asalariados, o sea cerca de 20.000 supresiones de empleos. La demanda de medicamentos no baja. Además, el grupo posee los derechos de 17 medicamentos superventas que generan cada uno más de mil millones de facturación anual, de los cuales el anticolesterol Lilipot, el medicamento más vendido del mundo, produce por sí solo el 28% de ventas. Pzifer debería perder los derechos de los medicamentos en 2011 y se ve, por ello, “obligada” a ahorrar 4 mil millones de dólares.

Carterpillar, no va a la zaga, el gigante de la maquinaria para la construcción : buldóceres, grandes máquinas y excavadoras ; decidía 9000 despidos, el lunes 26, a los que se suman 8000 contratos temporales no renovados y 2500 salidas voluntarias. Esta medida está destinada a hacer frente a la caída de beneficios del 32 % en el cuarto trimestre de 2008. Beneficios que sin embargo rondan por ahora en torno a los 660 millones de dólares en el último año. La desaceleración de la economía es la causa directa, pero como en Pfizer, es la masa salarial la única variable considerada en el ajuste.

Lo mismo para otras empresas. Sprint Nextel operador de telecomunicaciones, prevé suprimir el 14% de sus efectivos, o lo que es lo mismo 8000 puestos. En Home Dépôt, número uno mundial en tiendas de bricolaje desaparecerán 7000 empleos. El Banco y Aseguradora holandesa ING quiere ahorrar mil millones de euros y suprime 7000 puestos. Con el anuncio de las primeras pérdidas trimestrales desde 2003, la holandesa Phillips pretende suprimir 6000 empleos. Corus, la número 2 de la siderurgia europea, suprime 3500 puestos en el mundo, o sea el 8 % de sus efectivos.

70.000 empleos suprimidos en veinticuatro horas, éste es el balance del lunes, de los 7 grandes grupos mundiales. Eso sin contar las decenas de miles de puestos desaparecidos en las pequeñas y medianas empresas. “Si tuviera que escuchar, de entrada, a todos aquellos que se quejan, haría poca cosa, como otros muchos antes que yo” declaró Nicolás Sarkozy el 27 de enero, con ocasión de una mesa redonda sobre el empleo, celebrada en Châteroux.

Antes, a la salida de una visita a la empresa PGA Électronisa, que produce sistemas electrónicos para la aeronáutica, el presidente de la República lo había reafirmado : una manera de asegurar que él no hará nada contras los métodos de gestión de estos grandes grupos. De dar, en cierto modo, luz verde a otros días negros para el empleo. A menos que la movilización de jueves 29 de enero, se las haga pasar moradas.

Tagged with:

Descifrando el pensamiento del nuevo presidente de Estados Unidos, de Fidel Castro Ruz en “Reflexiones del Compañero Fidel” en el Diario Granma

Posted in Internacional, Política by reggio on 31 enero, 2009

Reflexiones del compañero Fidel

(Tomado de CubaDebate)

No es demasiado difícil. Después de su toma de posesión, Barack Obama declaró que la devolución del territorio ocupado por la Base Naval de Guantánamo a su legítimo dueño debía sopesar, en primer término, si afectaba o no en lo más mínimo, la capacidad defensiva de Estados Unidos.

Añadía de inmediato, que respecto a la devolución a Cuba del territorio ocupado por la misma, debía considerar bajo qué concesiones la parte cubana accedería a esa solución, lo cual equivale a la exigencia de un cambio en su sistema político, un precio contra el cual Cuba ha luchado durante medio siglo.

Mantener una base militar en Cuba contra la voluntad de nuestro pueblo, viola los más elementales principios del derecho internacional. Es una facultad del Presidente de Estados Unidos acatar esa norma sin condición alguna. No respetarla constituye un acto de soberbia y un abuso de su inmenso poder contra un pequeño país.

Si se desea comprender mejor el carácter abusivo del poder del imperio debe tomarse en cuenta las declaraciones publicadas en el sitio oficial de Internet por el gobierno de Estados Unidos el 22 de enero de 2009, después del acceso al mando, de Barack Obama. Biden y Obama deciden apoyar resueltamente la relación entre Estados Unidos e Israel, y consideran que el incontrovertible compromiso en Oriente Medio debe ser la seguridad de Israel, el principal aliado de Estados Unidos en la región.

Estados Unidos nunca se distanciará de Israel y su presidente y vicepresidente “creen resueltamente en el derecho de Israel de proteger sus ciudadanos”, asegura la declaración de principios, que retoma en esos puntos la política seguida por el gobierno del predecesor de Obama, George W. Bush.

Es el modo de compartir el genocidio contra los palestinos en que ha caído nuestro amigo Obama. Edulcorantes similares ofrece a Rusia, China, Europa, América Latina y el resto del mundo, después que Estados Unidos convirtió a Israel en una importante potencia nuclear que absorbe cada año una parte significativa de las exportaciones de la próspera industria militar del imperio, con lo cual amenaza, con una violencia extrema, a la población de todos los países de fe musulmana.

Ejemplos parecidos abundan, no hace falta ser adivino. Léase, para más ilustración, las declaraciones del nuevo Jefe del Pentágono, experto en asuntos bélicos.

Fidel Castro Ruz
29 de enero de 2009
6 y 17 p.m.

Tagged with: