Reggio’s Weblog

El 23-F, años después, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Historia, Política by reggio on 24 febrero, 2009

Por alguna razón que ignoro, en torno al 28º aniversario del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 se está difundiendo bastante información relacionada con aquel acontecimiento: programas televisados, material audiovisual, entrevistas, artículos y comentarios. Parte del público al que está dirigida no había nacido aún cuando el hecho se produjo. El “escenario” -como ahora es usual decir- español ha cambiado mucho desde entonces.

Pero convendría recordar algo de lo que luego ocurrió. Me voy a referir a uno de los efectos más nefastos que el 23-F trajo consigo a corto plazo: la polémica mediática provocada por el proceso judicial al que fueron sometidos algunos de los protagonistas del golpe, seguida con apasionamiento por los españoles. En relación con esto, me permitirá el lector que reproduzca algunos párrafos de un artículo que publiqué en El País (“El rescate del honor militar”, 20-03-1982) y que firmé con mi nombre y graduación, para salir al paso de ciertos comentarios publicados sobre el desarrollo de la vista, que seguían fomentando los fanatismos que tan violentamente afloraron el día del golpe.

“En el lamentable espectáculo casi cotidiano de la sala de justicia de Campamento, se esgrime la palabra “honor” para justificar indisciplinas, deslealtades, desobediencias, ambiciones, ambigüedades… ¿Quién se atrevería a utilizarla después? Sin embargo, el concepto de honor, tal y como diáfanamente lo expresan las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, es aquello “que lleva al militar al más exacto cumplimiento del deber”. Y allí se maneja profusamente para razonar unos por qué han hecho caso omiso a su cadena de mando militar, para explicar otros cómo han llegado a promover un grave incidente de secuestro con disparos de arma de fuego en lo que debería ser el foro sagrado de la Patria, no cumplir las órdenes recibidas o excederse en el cumplimiento de las que no recibieron legítimamente, para hacer creíble su culpable aceptación de una disciplina ciega que no es la que nos imponen a los militares las Reales Ordenanzas, para justificar, en último término, el vergonzoso espectáculo que en febrero del año pasado puso de relieve, otra vez, en todas las televisiones del mundo, que en España aun se producen conductas aberrantes con el protagonismo de unos, el impulso de otros y la complicidad de bastantes más.

“Remontemos, si es posible todavía, el explicable desánimo. Ni España es sólo el video que se hizo famoso con motivo de los tristes acontecimientos ahora juzgados, ni los españoles somos un país de opereta -por más que a muchos les conviniera así, para seguir beneficiándose de nuestro ostracismo universal-, ni sus Fuerzas Armadas somos en su totalidad un ejemplo de cómo la deformación profesional puede conducir a episodios humillantes, a actuaciones francamente bochornosas. Hay en España un inmenso potencial de supervivencia, aun sin explotar, un gran caudal popular de deseos de renovación; somos los españoles un pueblo sufrido que ha vivido mucho, ha aguantado más y merece mejor suerte; y subsiste en sus Fuerzas Armadas un deseo íntimo y pujante de que no vuelva a ser la “cuestión militar” un escollo en el progreso de los españoles, de que el honor recupere su función, única y exclusiva, de motor que impulsa al más exacto cumplimiento de deber, deber que no consiste en determinar, subjetiva e interesadamente, si España está o no en una “situación límite”, o en señalar rumbos forzados a la Patria, ni, mucho menos, salvarla de imaginarios y provechosos peligros, sino en consagrarse al servicio de ella, al servicio de esa Patria que las Ordenanzas definen luminosamente como el “quehacer común de los españoles de ayer, hoy y mañana, que se afirma en la voluntad manifiesta de todos”.

El artículo citado me granjeó la sincera amistad de algunas personas, que aún siguen manteniéndola, y el recelo y el desafecto de muchos compañeros de armas que me miraron con no disimulada desconfianza. Ahora, tras varios años de democracia y habitual actividad parlamentaria, encontraría pretencioso llamar al Congreso “foro sagrado de la Patria”, como en aquel momento ilusionadamente escribí. Pero, por otro lado, la percepción que los españoles tienen de sus Ejércitos y la que éstos tienen sobre su misión y encaje en la sociedad española han variado en sentido muy positivo para ambas partes. Los dos artículos de las Ordenanzas antes citados, relativos al honor militar y al concepto de Patria, no han necesitado ser reproducidos en las nuevas Ordenanzas recién aprobadas, más volcadas hacia la racionalidad operativa de unas Fuerzas Armadas al servicio de los españoles que a la ambigüedad retórica de las que se redactaron durante la transición.

Hoy el 23-F es un recuerdo que va desvaneciéndose en el pasado. Conviene no olvidarlo, para que jamás vuelva a producirse algo similar y para mejor valorar el hecho de que nuestras Fuerzas Armadas gocen hoy de la estima de los españoles en mayor grado que otras instituciones que no acaban de encontrar su lugar en una España que se define como “un Estado social y democrático de Derecho”, como estamos viendo que ocurre con la Iglesia, la Judicatura o la Banca, sin ir más lejos.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Otra fórmula para la paz, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 17 febrero, 2009

Para dar a conocer a los lectores otros modos de afrontar la resolución de algunos conflictos que aparentemente podrían tenerse por irresolubles, merece la pena reproducir parte del texto con el que la organización Jewish Voice for Peace (JVP, La voz judía por la paz), radicada en EEUU, solicita apoyo para una carta abierta al presidente Obama.

Esta organización se esfuerza, desde su creación, por contribuir a una paz duradera que reconozca el derecho de israelíes y palestinos a vivir en plena seguridad y a ejercer su autodeterminación. Lo hace mediante actividades y movimientos de base, acciones educativas y de información a través de los medios de comunicación.

El caso es que el presidente Obama designó al senador George Mitchell como su enviado especial a Oriente Próximo para abordar el conflicto palestino-israelí. Mitchell ha manifestado recientemente su “convicción de que no existe ningún conflicto que no pueda tener fin. Son seres humanos los que crean, dirigen y sostienen los conflictos. Seres humanos también pueden concluirlos”. He aquí, a continuación, la traducción de algunos fragmentos del texto citado.

“George Mitchell necesitó paciencia y determinación para alcanzar un acuerdo en Irlanda del Norte. Y lo logró. Una de las claves de su éxito fue su capacidad para hablar con todas las partes en conflicto. Trató con el Sinn Fein -el brazo político del IRA- incluso antes de que aceptara deponer las armas, armas que habían matado no sólo soldados, sino también ciudadanos. ¿Por qué? Sencillamente, porque estaba allí. Tenía poder político. Y así como tenía poder para dañar a los demás, también tenía poder para dejar de hacerlo. Sin él no podía haber solución.

“El senador Mitchell necesita hablar con todos: con Israel, con la Autoridad Palestina y con Hamás [cursivas originales]. Hablar con todos no significa negar el sufrimiento muy real padecido por israelíes y palestinos, causado por las diversas partes implicadas. Sí significa reconocer que tienen poder político y que así como tienen poder para dañar a otros, han demostrado que tienen poder para suspender el fuego. Excluir a cualquiera de esas partes haría literalmente imposible alcanzar un acuerdo de paz.

“Tony Blair vio directamente el efecto positivo del acuerdo de Irlanda del Norte. Vio cuánto costó que el Sinn Fein depusiera las armas y sabe lo que costará que Hamás haga lo mismo. Con respecto a Gaza ha dicho que su ‘disposición básica es que en esa situación hay que hablar con todos’. El que fue ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Abba Eban, hubiera estado de acuerdo: ‘Se alcanza la paz hablando con tus enemigos’. También están de acuerdo muchos judíos de EEUU: el 76% de éstos apoyaba el año pasado negociaciones incluso con ‘los peores enemigos’ de Israel.

“Hablar con unos y no con otros, mientras se mantiene a Gaza bloqueada, es algo que se ha intentado bastantes años. Ha comportado inmensos sufrimientos a los palestinos cercados en Gaza y un gran trauma a los ciudadanos israelíes de Sderot [ciudad próxima a Gaza, que ha sufrido el repetido bombardeo de los cohetes Qassam]. Necesitamos un cambio” [Fin de la transcripción].

Está claro que JVP no sugiere que Israel hable directamente con Hamás, pero tampoco lo descarta y de hecho se están produciendo conversaciones, aunque sólo sea para el canje de prisioneros. Lo que sí considera esencial es que el enviado especial de Obama tome contacto con todas las partes implicadas, si desea sentar las bases para alcanzar un acuerdo. Tras el giro político hacia la derecha más extrema que ha quedado patente en las últimas elecciones en Israel, esto no parece fácil. La tendencia a una solución básicamente militar del problema predomina en amplios sectores de la derecha israelí. Incluso en la izquierda laborista, arrinconada tras el voto popular, son pocas las voces que propugnan recuperar el diálogo.

Entre esas partes implicadas con las que Mitchell tendrá que hablar se hallan los que desean proseguir la expansión de los asentamientos ilegales y reducir a los palestinos a unos bantustanes dispersos; están también quienes lo que en el fondo desean verdaderamente es la desaparición de los palestinos, expulsándolos a los países árabes, ya que otras formas de exterminio parecen poco aceptables. Y no hay que olvidar que entre los partidos más votados se halla uno cuyo principal dirigente ha lamentado que no se hubiera pensado utilizar el arma nuclear para resolver el problema de Gaza. En el bando opuesto hay también quienes no aceptan la existencia de Israel y sueñan con su eliminación violenta.

Pues bien, a pesar de este difícil panorama, o quizá a causa de él, es obligado apoyar la delicada gestión del enviado especial estadounidense, la única luz de esperanza que se percibe hoy en el fondo de este enrevesado laberinto, cada día más confuso. Su éxito sería el gran triunfo de Obama, pero también el de todos los que deseamos un mundo menos violento que el que nos ha tocado vivir.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Biden presenta a Obama en Múnich, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 febrero, 2009

Había suscitado gran expectación en todo el mundo la ceremonia de presentación en sociedad de la nueva política internacional de EEUU bajo la dirección de Obama. Tuvo lugar en la Conferencia sobre Seguridad de Múnich, el sábado pasado, mediante un discurso del vicepresidente de EEUU, Joseph Biden.

Sin embargo, no aparecieron en éste muchos rasgos realmente renovadores. Se trató de una mera declaración de intenciones, cuyo grado de sinceridad sólo el futuro permitirá valorar, si éstas se llegan a materializar en decisiones y realidades concretas. Lo que se reveló en Múnich no fue el giro radical, que muchos esperaban, en la política seguida hasta ahora por EEUU respecto al resto del mundo.

Biden estuvo lejos de pedir excusas -lo que hubiera sido una buena introducción en términos de cortesía internacional- por los graves errores acumulados durante el mandato del anterior presidente y cuyos efectos han sufrido varios de los países presentes en la conferencia. Eso cabía esperar de quien allí hablaba en nombre de EEUU, como representante oficial del nuevo Gobierno. Por el contrario, el vicepresidente mostró, una vez más, que EEUU sigue siendo único y sin par en sus decisiones: “Actuaremos de acuerdo con otros siempre que podamos, y cuando actuemos independientemente será porque no hay otra solución”. Esta frase pudo haber salido de la boca de Bush. También cualquier halcón del anterior Gobierno, incluso el nefasto Rumsfeld en su época de mayor esplendor, pudo haber proferido esta otra: “EEUU hará más, ésta es la buena noticia. La mala es que pediremos más a nuestros asociados”. Muchos entendieron: más tropas a Afganistán.

Bien está afirmar, como hizo Biden, que las organizaciones internacionales (léase la ONU, tan despreciada por Bush) “nos ayudan a mejorar la seguridad colectiva, los intereses económicos y nuestros valores”. Y que, por tanto, EEUU “se comprometerá con ellas, escuchará y consultará”. Tres verbos muy poco utilizados por el anterior Gobierno. La intención, al menos, resulta loable.

Pero poco diálogo va a haber si se establecen ya ciertas líneas que parecen inamovibles. Según Biden, proseguirá el despliegue del escudo antimisiles en Europa; no se reconocerá la independencia de Abjasia y Osetia del Sur; el programa nuclear de Irán es “ilícito”; y la OTAN habrá de hacer frente al terrorismo y a la seguridad de las redes de internet, garantizar los suministros de energía y desplegar fuera de la zona para la que fue creada. No en vano sigue al frente del Pentágono quien lo dirigía antes de llegar Obama al poder.

Merece la pena resaltar estas palabras de Biden, muestra de una cierta ingenuidad: “No reconoceremos el derecho de ninguna nación a tener esferas de influencia”. Sorprende esta afirmación en boca de un destacado político del país que inventó la doctrina Monroe (“América para los americanos”) y que, de hecho, ha intentado seguirla aplicándola siempre que ha podido; lo mismo que otros países que buscan un lugar más favorable en el concierto internacional de las naciones. Se pueden negar las esferas de influencia, pero “haberlas, haylas”.

Si en verdad Obama pretendiera conducir la política exterior de EEUU por un nuevo rumbo, Biden no habría pronunciado estas palabras en Múnich: “Vamos a pedir a otros [países] que se responsabilicen de algunos de los que ahora están en Guantánamo, pues hemos decidido cerrarlo. Nuestra seguridad es compartida, así que también compartimos la responsabilidad de defenderla”.

Hubiera sido mucho más innovador un comunicado oficial de que Obama no sólo había tomado la decisión de cerrar el infame penal de Guantánamo, que ha pasado a los anales de la ignominia de EEUU, sino que también había decidido abandonar la base naval allí existente y devolver a Cuba, su legítimo poseedor histórico, esta última colonia en tierras iberoamericanas, renunciando a la concesión perpetua que el primer presidente de la Cuba independiente, tras la ocupación militar estadounidense, hubo de aceptar bajo la presión de su poderoso vecino septentrional.

Además, si se hubiera deseado mostrar en Múnich que una nueva mano sostenía las riendas de la Casa Blanca, EEUU no hubiera tenido que forzar a los países aliados para que acojan en su territorio a los prisioneros hoy encerrados en el presidio guantanamero. ¿Acaso el país más poderoso del planeta carece de recursos y habilidades suficientes para poner fin, por sí solo, a la insostenible situación que, también por sí solo, creó al abrir el llamado “Centro de detención de Guantánamo”? Si no sabe cómo salir sin ayuda de sus propios atolladeros, ¿cómo espera ayudar a los demás?

Bien está que desde Europa se coopere para que algunas iniciativas de Obama tengan éxito. Pero barrer y retirar los residuos de la catástrofe que los fracasados “neocons” de Bush han ido esparciendo por el mundo corresponde a EEUU, como principal responsable del caos que ha generado su actividad internacional en los últimos años. Ni Obama ni Biden deberían olvidarlo, para evitar caer en los mismos o en otros errores de similar calado y de iguales o peores consecuencias.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Portazo en Davos, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 3 febrero, 2009

La irritación públicamente mostrada en la cumbre de Davos por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, es compartida por muchas personas que poco o nada tienen que ver con Turquía, ni con las divagaciones financieras y económicas que se discutieron en el Foro Económico Mundial reunido en la ciudad suiza, pero que sí han sentido un intenso rechazo por la brutal represión que el ejército israelí desencadenó contra los palestinos residentes en Gaza.

Erdogan abandonó la sala de conferencias y prometió no volver a pisar el foro en cuestión, a causa de su encontronazo personal con el presidente de Israel, Simon Peres. Aunque esta reacción pudo ser provocada por la actuación del moderador y la percepción de Erdogan de que no se le concedía para su intervención un tiempo proporcional al concedido a Peres, el fondo de la cuestión quedó de relieve en las palabras que ambos se cruzaron, en un debate en el que el presidente israelí se esforzó, con un tono aparentemente irritado, por alabar la reciente invasión de Gaza, mientras el primer ministro turco se empeñaba en recordar los sufrimientos del pueblo palestino.

“Peres, usted es más viejo que yo. Habla en un tono muy alto. Y ese tono de su voz tiene que ver con una conciencia culpable”, dijo Erdogan, ante el acaloramiento mostrado por Peres al defender la operación militar. Y añadió: “Cuando se trata de matar, ustedes saben muy bien cómo hacerlo”. Peres le respondió diciendo que Turquía habría reaccionado del mismo modo si hubieran estado cayendo cohetes sobre Estambul. Comparación, conviene matizar, algo exagerada, puesto que los cohetes palestinos no han caído sobre Tel-Aviv ni Jerusalén, únicas ciudades israelíes comparables, en cierto modo, con Estambul.

Una oleada de pseudopatriotismo recorrió Turquía y se manifestó en la acogida que Erdogan recibió a su regreso de la cumbre, lo que no va a beneficiar mucho a la sensatez política de su Gobierno, tan acorralado por los extremismos populares de signo diverso. Este incidente tiene especial interés porque Turquía es uno de los pocos países con población de mayoría musulmana que mantiene relaciones con Israel y ha actuado como intermediario con otros países conflictivos, como Siria y Líbano.

La cuestión, sin embargo, va más allá de un simple rifirrafe entre dirigentes políticos, porque afecta a conceptos esenciales. Obama ha afirmado recientemente: “Voy a ser claro: EEUU está comprometido con la seguridad de Israel. Y apoyaremos siempre el derecho de Israel a defenderse contra las amenazas legítimas”. Por supuesto, nada dijo sobre el derecho de los palestinos a defenderse de otras amenazas, continuas y demoledoras, como las que les hostigan y hacen muy penosa su vida cotidiana en Gaza, pero también en los demás territorios ocupados, con el apoyo de EEUU. Bloqueos, muros de aislamiento en Cisjordania, puestos de control en todas partes, humillaciones sistemáticas, agresiones sin límite, asesinatos selectivos, detenciones secretas e injustificadas… la lista es muy extensa. ¿Explicará Obama a los palestinos cómo conviene que se defiendan de esa agresión permanente que tantos años dura ya?

Para que un país se sienta legitimado para recurrir a la fuerza bruta en legítima defensa, como Israel ha hecho en Gaza, tendría que demostrar primero que todas las vías pacíficas son inaplicables. Aquí es donde sale a relucir la “mala conciencia” que Erdogan atribuía a Peres. Los intentos de alcanzar un acuerdo para la creación de dos Estados independientes han sido sistemáticamente torpedeados por Israel, aunque se ha acostumbrado a culpabilizar de ello a las autoridades palestinas, con el apoyo ilimitado de EEUU y el silencio culpable de una Unión Europea, siempre ineficaz y timorata.

Esto no significa atribuir exclusivamente al binomio Israel-EEUU el fracaso de las negociaciones que más se acercaron a la solución del conflicto, como la de Oslo en 1993 o la posterior de Camp David, ya que también del lado palestino se han cometido errores imperdonables. Pero los hechos observados desde entonces no engañan: la disgregación y el fraccionamiento paulatinos de los territorios ocupados, a causa del incremento de los asentamientos ilegales y la construcción del muro de aislamiento, muestran con claridad cuál de ambos bandos lleva la iniciativa obstructora de la paz.

Esta obstrucción alcanzó límites extremos cuando Hamas se alzó con el poder en Gaza, como resultado del ejercicio de esa democracia que EEUU e Israel dicen defender. A partir de ahí, la sangre se sigue derramando, los odios se intensifican y se extienden, y la paz se ve cada vez más lejana. Será preciso que el portazo de Davos resuene también en la Casa Blanca y Obama reflexione, advirtiendo que el camino hasta ahora seguido por EEUU sólo conduce al fracaso y a nuevas guerras. Washington no puede seguir atendiendo sólo al “derecho de Israel a defenderse” y cerrando los ojos a todo lo demás, porque de ese modo el conflicto será permanente y sus consecuencias, a la larga, las sufriremos todos.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Olvidar la guerra contra el terror, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 27 enero, 2009

El pasado 15 de enero escribía en The Guardian el secretario del Foreign Office (ministro británico de Asuntos Exteriores), David Miliband, un artículo breve pero enjundioso, que no puede pasarse por alto dada la relevancia del autor y el asunto tratado.

Con el título “La ‘guerra contra el terror’ estuvo equivocada”, el autor venía a confirmar una opinión que he tenido ocasión de expresar repetidas veces en estas páginas digitales durante los últimos años. Se plantea así: el error esencial cometido por Bush y sus aliados, después de los atentados del 11 de septiembre del 2001, fue reaccionar con instrumentos militares y no con los medios habituales con los que las democracias desarrolladas deben afrontan los actos y las amenazas terroristas. Desde el momento en que Bush declaró públicamente que EEUU estaba en “guerra universal contra el terror”, el error estaba ya cometido, sin posibilidad de dar marcha atrás, y el camino emprendido sólo podría conducir al fracaso, como así ha sucedido.

Aparte del efecto, ya citado, de militarizar la acción antiterrorista de los gobiernos, la guerra contra el terror contribuyó a dar la impresión de que existía un enemigo “unificado y transnacional”, escribe Miliband, “personificado en la figura de Osama ben Laden y en Al Qaeda”. Pero, nos recuerda el autor, “la realidad es que las motivaciones y las identidades de los grupos terroristas son variadas. Si Lashkar-e-Taiba está enraizado en Pakistán y lucha por recuperar Cachemira, Hezbollah pretende recuperar los altos del Golán y los grupos insurgentes de Iraq, suníes y chiíes, atienden a muchos otros intereses diversos”.

Por tanto, si se les hace aparecer como formando parte de uno de los dos bandos de la guerra contra el terror, como cuando Bush declaró que quienes no estuvieran a su lado estaban a favor de los terroristas, se contribuye a reforzar su nocividad y a hacer el juego al terrorismo en general, porque se unifica en nuestras percepciones a grupos dispersos que, con frecuencia, muy poco tienen en común. Claro está que los terroristas se ayudan entre sí cuando esto les favorece. El IRA, ETA y Baader-Meinhof, recuerda Miliband, “han utilizado el terrorismo y a veces han cooperado entre sí, pero sus causas eran muy distintas y la cooperación, oportunista. Lo mismo ocurre ahora”.

El más grave error de la guerra contra el terror es que apenas presta atención a las causas que hacen surgir los grupos terroristas. No se discute que hay que enfrentarse a ellos con todos los instrumentos del Estado; donde surgen las discrepancias es en el modo de hacerlo. Tampoco es discutible la necesidad de evitar el flujo de armas que facilitan sus acciones criminales y de los recursos financieros que permiten su supervivencia y su regeneración cuando son quebrantados. Pero para conseguir esto no es necesario desencadenar guerras, invadir países, ocuparlos y destruirlos, sino afinar los instrumentos de seguridad del Estado, que son los más adecuados para conseguir tales finalidades.

Miliband recordaba que el general Petraeus, cuando era el responsable inmediato y directo de las tropas ocupantes de Iraq, le confesó: “La coalición no podrá resolver, matando, los problemas de la insurgencia y la guerra civil”. Era una forma velada y discreta de reconocer el error esencial que cometía su comandante en jefe, el presidente Bush, el fanático impulsor de la guerra contra el terror.

Concluye el autor de este modo: “Hemos de responder al terrorismo promoviendo el imperio de la Ley, porque es la piedra angular de la sociedad democrática. Debemos confirmar nuestra dedicación a los derechos humanos y las libertades civiles dentro y fuera de nuestros países. Ésta es la lección de Guantánamo, y por eso felicitamos a Obama por su intención de suprimirlo”.

La guerra contra el terror confundió a muchos pueblos y dirigentes políticos; creó una falsa solidaridad en torno a EEUU, herido por el fanatismo terrorista, y encaminó esos esfuerzos solidarios por una senda equivocada e ineficaz: la guerra. Pero, como sugiere Miliband, “las bases de la solidaridad entre los pueblos y las naciones no deben asentarse sobre la oposición a algo, sino sobre la idea de lo que somos y de los valores que defendemos. Los terroristas ganan cuando generan miedo y ansias de venganza, cuando siembran divisiones y animosidad, cuando fuerzan a los países a responder con violencia y represión. La mejor respuesta es negarse a ser amedrentados”.

Si la llegada de Obama a la Casa Blanca permite eliminar, de una vez para siempre, el concepto de “guerra contra el terror” del vocabulario de las relaciones internacionales, se habrá dado un gran paso para aliviar la crítica situación en la que se encuentra el mundo, herencia del grupo de fanáticos iluminados que desde Washington han manipulado a su gusto y sin escrúpulos a vastos sectores de la humanidad.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Entre Gaza y Washington, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 20 enero, 2009

Hubiera resultado de muy mal gusto, y también una desatención grave hacia su fiel, generoso y servicial patrocinador estadounidense, que Israel hubiese continuado la ofensiva contra Gaza, haciendo posible de ese modo que los noticiarios televisados de todo el mundo hubieran podido alternar las brillantes imágenes de los fastos de la toma de posesión de Obama en Washington (con las que todas las cadenas nos van a abrumar a partir de hoy) con otras imágenes obtenidas en Gaza, éstas sangrientas y siniestras, mostrando fuego y explosiones, viviendas incendiadas y destruidas, cadáveres despedazados de hombres, mujeres y niños, y familias en duelo, presas de la más absoluta desesperación.

El leal “amigo americano” es merecedor de estas atenciones y de otras muchas por parte del Gobierno israelí, consciente éste de que, si no fuera por la ilimitada ayuda de todo tipo que recibe continuamente desde EEUU, se vería incapaz de seguir aferrándose al principio de excepcionalidad, que fue tácitamente aceptado por muchos países -y rechazado con violencia por otros- desde que se creó el Estado de Israel. Este principio establece que un pueblo que ha sufrido el Holocausto en un mundo hostil está exento de cumplir con la legislación internacional siempre que le plazca. Hasta el momento, ningún organismo supranacional, incluidas las Naciones Unidas, ha sido capaz de derogarlo o de ponerlo en tela de juicio.

La operación Cast Lead (plomo fundido, este es su nombre en código), iniciada el 27 de diciembre y unilateralmente suspendida el pasado sábado, para no empañar las celebraciones washingtonianas, tendría un equivalente en la vida cotidiana de cualquier persona, lo que permite entender su naturaleza. Sería lo mismo que si un niño apedrease un automóvil, produciendo algunas abolladuras o rompiendo alguna ventanilla, y el conductor respondiese acto seguido empuñando una metralleta y aniquilando con varias ráfagas de disparos al autor del vandalismo y a los amigos que le rodeaban en ese momento. Aún más: recordando la destrucción de varias instalaciones de la ONU en Gaza, cabe imaginar que el airado conductor la emprendiese a tiros con las ambulancias que hubieran llegado para atender a los niños malheridos y las incendiara después. No es broma. Los ejemplos, como las parábolas evangélicas, pueden explicar un hecho mejor que su simple descripción.

No merece la pena repetir los viejos argumentos: el motivo principal del ataque israelí, más que en impedir el disparo de los cohetes palestinos está en la necesidad militar de resarcirse del fracaso del año 2006 en Líbano y de reafirmar el potencial bélico, disuasorio y aplastante, que allí quedó algo en entredicho. También han influido los intereses electorales de los dirigentes israelíes que pugnan por el poder y la conveniencia de presentar ante Obama un hecho consumado, para probar su reacción y tantear hasta dónde puede llegarse con el nuevo mandatario de la Casa Blanca. Los cohetes artesanales, al fin y al cabo, no son sino la respuesta a la verdadera causa del actual conflicto: la violencia israelí que se pone de manifiesto con el bloqueo de Gaza y con la prolongada opresión que viene sufriendo su población, carente de otros medios para hacerle frente que no sean los rayanos en la desesperación. No era necesaria esta invasión: el levantamiento del bloqueo hubiera detenido con toda seguridad el lanzamiento de los cohetes, como reconocen también numerosos analistas israelíes.

Quizá lo peor del caso no es su ilegalidad ni su brutalidad: es su inoportunidad. Una acción puramente militar podrá destruir materialmente la organización de Hamás, pero no arrancará sus raíces. Antes bien, las fortalecerá. Los palestinos de Gaza saben distinguir entre los que les han bombardeado indiscriminadamente y los que se vienen esforzando por aliviar sus penalidades cotidianas, como lo mostraron al acudir libremente a las urnas en enero de 2005 y dar el triunfo a Hamás. Una nueva generación de terroristas palestinos está formándose ahora entre las ruinas humeantes de Gaza. Todos podremos sufrir algún día los terribles efectos de su desesperación.

Israel -y en ello sigue los pasos de su aliado hegemónico- cree que todos los problemas tienen soluciones militares y que la fuerza es el mejor modo de resolverlos. Ahora, en Gaza, muestra que solo sabe aplicar la táctica para ganar una guerra (si este nombre es aplicable a la invasión del territorio) pero desdeña la estrategia que algún día podría conducirle a la paz. Su legendaria capacidad de maniobra política está ya desacreditada: combate los síntomas sin atender a sus causas profundas. Es la mejor fórmula para el fracaso a largo plazo.

El corresponsal de la BBC en la conferencia que reunió el domingo pasado en Egipto a varios dirigentes implicados en el proceso de paz, incluido el presidente del Gobierno de España, escribió: “Todos sabemos que si el proceso de paz gana nueva vida y se alza, como un ave fénix, desde las cenizas de la operación ‘Plomo Fundido’, la única persona capaz de lograrlo será Barack Obama”. La ausencia de EEUU en dicha conferencia fue palpable. Y la conclusión final a la que obligadamente se llega es desoladora: si todo depende de una persona, en la que se han hecho recaer desmesuradas expectativas, las probabilidades de fracaso son muy grandes. No se encuentra, en el mundo de hoy, ni rastro de aquellas personalidades que hicieron posibles, en otros tiempos también difíciles, transformaciones beneficiosas para toda la humanidad.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Europa ante el horror en Gaza, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 13 enero, 2009

Parecería como si sobre la invasión de Gaza por el ejército de Israel estuviera ya todo dicho y todo discutido. Tan abrumadora viene siendo la proliferación de opiniones, declaraciones, comparaciones e informaciones, que resulta casi imposible añadir nada nuevo, sea para vencer la permanente sensación de horror que se sufre al contemplar a diario la ciega violencia desatada, sea para contribuir, siquiera en una mínima parte, a que se dé un paso hacia el fin de esta nueva barbarie.

Si no queremos convivir con el horror o, lo que es peor, ser cómplices de él, es obligado esforzarse por abrir un camino que permita entender algo de lo que está ocurriendo. Esto resulta muy difícil ante el riguroso control de la información -arma de guerra- al que Israel ha sometido a los medios de comunicación. Sólo sabremos lo que los atacantes desean que sepamos. Lo demás habrá que intuirlo, adivinarlo o averiguarlo mediante otras fuentes alternativas, que también están sometidas a la subjetividad propia de un conflicto de esta naturaleza.

En principio, y por encima de todo, es imposible resistirse a la necesidad moral y de justicia de estar cerca del que sufre, del que es atacado, del que muere bombardeado, del que lleva sometido a una inicua, duradera e intolerable opresión desde la artificial creación del Estado de Israel. Era justo y necesario estar del lado de los judíos perseguidos y exterminados por los nazis y es justo y necesario estar del lado de los palestinos hoy atacados por el Ejército de israelí. Ejército al que apoya, no se olvide, la inmensa mayoría del pueblo que con insistencia se viene proclamando sucesor de los que sufrieron el Holocausto. Ejército, el de Israel, que también sacrifica hoy (no otro significado tiene la palabra “holocausto”) a otro pueblo que es, como eran los judíos para los dirigentes de la Alemania nazi, un obstáculo para sus designios nacionales y chivo expiatorio de todos los males que aquejan al pueblo elegido, sea éste el ario o el preferido por Jehová.

El Estado de Israel goza de una impunidad que a muchos se antoja incomprensible. Si cualquier otro país del mundo se hubiera servido de la fuerza militar como lo hace ahora el Gobierno israelí, sobre él habría recaído la condena más severa; sus embajadores habrían sido expulsados de las capitales del mundo que se tiene por civilizado y hasta su propia pertenencia a la ONU habría sido puesta en entredicho.

Quede bien claro que el Gobierno de Israel no es un régimen nazi; cualquier comparación a este respecto es falsa y poco favor hacen a la paz los que aducen tan irreal paralelismo. Pero el Gobierno de Israel viene haciendo tabla rasa de cualquier norma internacional que pueda afectar en lo más mínimo a sus intereses. Es el país que más ha violado las resoluciones del Consejo de Seguridad y el que menos ha sido castigado por tan continuada vulneración. En suma, es el miembro rebelde, indisciplinado, pendenciero y peligroso de la comunidad internacional; provisto, además, de armas nucleares. La excepcionalidad israelí está avalada, apoyada y sostenida materialmente por EEUU, que para conservarla no duda en utilizar muy distintos patrones de medida para Israel y para el resto del mundo, con el consiguiente descrédito internacional.

Resulta natural, pues, que todas las miradas se dirijan a EEUU cuando se trata de resolver este enrevesado problema. No es desacertado sospechar que la solución del conflicto, si existe, está en Washington. Y, si está en Washington, Obama tendrá algo que decir y algo que hacer al respecto. Lo poco que hasta ahora se le ha oído no es muy esperanzador: “Si alguien lanzara cohetes contra mi casa, donde duermen mis hijas, haría todo lo que pudiera para impedirlo”, dijo, sosteniendo la hipótesis israelí de que la invasión de Gaza es consecuencia de los ataques palestinos con sus cohetes de fabricación artesanal. Su tan alabada ecuanimidad no le llevó a considerar que el pueblo encerrado en la mayor prisión que existe hoy en el mundo, la franja de Gaza, también ve llover sobre las casas donde duermen sus hijas toda la furia destructora del ejército más potente de Oriente Próximo, y también hace todo lo que puede para evitarlo, aunque esto sea muy poco y se considere terrorismo, con el que se intenta oponerse al terrorismo de Estado israelí.

Ante esto, es obligado sentir la vergüenza de pertenecer a la Unión Europea. Preocupada por la falta de calefacción que supone un problema para muchos de sus ciudadanos, muestra su honda indignación con Rusia, a la que acusa, sin demasiada razón, por la escasez del suministro de gas y amenaza con represalias, pero no es capaz de mostrar la misma irritación ante al reiterado asesinato de palestinos que se está produciendo en su más inmediato entorno.

Incapaz de una acción conjunta, Europa mira a la Casa Blanca, esperando que desde allí venga la solución milagrosa del problema. ¿Y si Obama, como quienes le precedieron, sigue su misma línea de actuación u otra muy parecida? ¿Seguirá Europa retorciéndose llorosa las manos, limitándose a mostrar su indignación ante un horror que pudo ser evitado si hubiera actuado con más decisión? Todo nos induce a sospechar que, mal que nos pese, así ocurrirá.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Cambio de año, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 6 enero, 2009

Se repasan aquí algunos sucesos que han marcado los días anteriores y posteriores al tránsito anual, recientemente tan celebrado. Quizá contribuyan a dar pistas sobre lo que ocurrirá o lo que seguirá ocurriendo en el 2009. El orden en el que se comentan carece de significado.

1) Una sonora y deflagrante tarjeta de felicitación etarra, consistente en un centenar de kilos de material explosivo, fue enviada vía coche-bomba a varios medios de comunicación del País Vasco; y, a través de ellos, dedicada al conjunto del pueblo vasco, que no parece haber apreciado con unánime entusiasmo tan criminal saludo festivo. Pueblo que se encamina, con admirable serenidad pero con la natural tensión, propia de las siniestras circunstancias reinantes, hacia el proceso electoral autonómico del 1 de marzo, donde las urnas deberán hablar más alto y fuerte que el amonitol, a fin de terminar con éste para siempre.

2) Contemplamos la despiadada aplicación por Israel al pueblo palestino de la Ley del Talión en su versión sionista: cien ojos por cada ojo y cien dientes por cada diente. Dicho de otro modo, cien kilos de explosivo lanzados con modernos misiles, helicópteros, cañones y carros de combate, por cada kilo que transporta un remedo de misil artesanal que explota en algunos poblados israelíes, con similar balance numérico de víctimas sufridas por una y otra parte. Como bien ha escrito un comentarista: “No hay cosa peor que ser víctima de quien fue víctima”. A pesar de la brutal violencia exhibida por los invasores, no es aventurado sospechar que el Gobierno de Israel tendrá que acabar negociando a la larga con Hamas (o con quien le suceda), si de verdad trata de avanzar hacia la solución de tan prolongado conflicto, lo que hoy día es más que dudoso.

3) Esta noticia fue publicada la pasada semana en el International Herald Tribune: “Tras un año catastrófico para los mercados globales, los inversores salen ahora de sus refugios para preguntar si el 2009 será mejor”. Se aconseja al lector, para entender mejor este titular, que donde lee “inversores” entienda “especuladores”. Por otro lado, habrá que precaverse por si esos tiburones que esperan el momento de aflorar, pasado el susto inicial, siguen la senda marcada por el señor Madoff, el estafador de alta gama que tan bien embaucó a sus pares durante tanto tiempo. Aunque es muy probable que se modernicen los trapaceros métodos financieros ahora desvelados, para dar el pego a otros incautos con triquiñuelas de nuevo diseño.

4) En Cuba se celebra el medio siglo transcurrido desde el derrocamiento de la dictadura de Batista. Entre logros y éxitos inocultables, que producen desazón y obligan a cerrar los ojos a quienes tozudamente se niegan a reconocerlos, y fracasos también sonoros, que los actuales dirigentes conocen pero se empeñan en minimizar e ignorar, cincuenta años de resistencia nacional, frente a presiones continuas e intensas de todo tipo (incluidas las militares y las clandestinas, aparte de las económicas y financieras), siempre son dignos de celebración.

5) El Estado de la Ciudad del Vaticano rescinde unilateralmente los acuerdos de Letrán, firmados hace 80 años con el Gobierno de Italia, porque la legislación de este país, aprobada y establecida según los usos democráticos habituales en Europa, no siempre satisface las exigencias morales del catolicismo. Ante el claro ejemplo que esto supone, ¿no sería llegado el momento en que el Gobierno de España cancelase, a su vez, los acuerdos suscritos en 1979 con el Vaticano, ya que éstos tampoco satisfacen las exigencias democráticas de nuestra Constitución?

6) Un jefe de Estado, que alardea de “euroescepticismo”, el checo Vaclav Klaus, toma las riendas de la Unión Europea (UE) durante el primer semestre del año que comienza. Ha calificado su nuevo papel de presidente europeo como “no importante”. Un corresponsal extranjero en Praga afirma que “a Klaus le gusta pensar que su vida es una disidencia permanente frente a lo que él ve como opiniones erróneas de la mayoría”. Los hechos conocidos así lo confirman. ¡Buen estilo de liderazgo para marcar los rumbos a este heterogéneo conglomerado de 27 países en que se ha convertido la UE! El pintoresquismo de varios de sus altos dirigentes y sus extemporáneas salidas de tono tienen más eco en los medios internacionales que la vacilante o casi inexistente política exterior común europea para hacer frente a los conflictos aquí señalados.

7) Por cuarta vez, Rusia y Ucrania se enzarzan en una disputa sobre el suministro de gas. Los 2.000 millones de dólares que Kiev adeuda a Moscú por el gas adquirido apenas podrán pagarse en los próximos años con los ingresos obtenidos por el alquiler del gaseoducto que desde Rusia, a través de Ucrania, provee a Europa de esta indispensable fuente energética. En el 2006, un conflicto similar estuvo a punto de dejar a los europeos sin gas, en pleno invierno, al cerrar Ucrania la llave de paso. Ahora no parece que esto se repita, pero sirve para poner de manifiesto la vulnerabilidad de un mundo que despilfarra casi más energía que la que produce.

Esta lista podría aún prolongarse: hambre, cambio climático, guerras (en Iraq, Afganistán, Congo y Sudán, entre otras), violaciones de derechos humanos, fanatismos religiosos, etc. Dejo al lector que se entretenga completándola a su gusto. Cuando el 2009 vaya a concluir, ya compararemos resultados, si vivimos para verlo. ¡Que el año que ahora está comenzando les sea propicio, estimados lectores!

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva

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Poder y religión, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Política, Religión by reggio on 30 diciembre, 2008

En su biografía de Descartes, Richard A. Watson alude al cardenal francés Jacques Davy du Perron, de quien el filósofo derivó, al parecer, su título nobiliario de “señor de Perron”. El citado cardenal, antes de alcanzar tan alta categoría eclesiástica, en audiencia concedida por Enrique III, rey de Francia, formuló un ataque devastador contra el ateísmo y dio varias pruebas de la existencia irrefutable de Dios. Ante ello, el rey mostró honda satisfacción y le hizo saber en cuánto estimaba su elocuencia y su preparación teológica. Acto seguido, escribe Watson, “Du Perron objetó, con modestia, que no tenía importancia, y ofreció regresar al día siguiente y usar las mismas pruebas para argumentar a favor del ateísmo y demostrar que Dios no existía. Enrique se escandalizó y expulsó a Du Perron de la corte. No por largo tiempo, porque su lengua áurea era útil”.

Cuando la religión vuelve a ser motivo de conflictos en vastas zonas del planeta, esta anécdota tiene validez hoy. Conviene recordar que se produjo en la segunda mitad del siglo XVI, cuando Francia se desangraba en las guerras de religión entre católicos y protestantes (ocurrió en 1583, entre la 7ª y la 8ª guerras), con su secuela de ejecuciones en la horca o en la hoguera, edictos sobre prácticas religiosas, asesinatos en masa de quienes no profesaban la propia religión, conjuras y conspiraciones sin cuento.

Si lo ocurrido en la corte francesa hubiera alcanzado difusión entre el pueblo -como lo permiten hoy los medios de comunicación-, a éste le hubiera sido más fácil conocer que, tras la fachada de una disputa sobre lo que parecían ser esenciales aspectos teológicos, lo que había en realidad era un forcejeo por el poder. No solo dentro de Francia, entre las estirpes más influyentes y ambiciosas, sino también entre las potencias de la Europa moderna, donde el Papado seguía interviniendo, aunque carente ya del ascendiente que había tenido en épocas anteriores.

Eso no habría evitado la sangre derramada en la llamada “Noche de San Bartolomé”, el masivo asesinato de protestantes perpetrado once años antes del hecho narrado, pero las pasiones reinantes, azuzadas por el poder político, que se apoyaban en elementos de la teología, se hubieran atemperado y no hubiera sido tan fácil engañar al pueblo por motivos religiosos. Poco más de un siglo después bastantes ciudadanos rusos murieron a causa de la pugna entre los partidarios de santiguarse con dos o con tres dedos, en la época de las reformas europeizantes con las que el zar Pedro I el Grande quiso modernizar por la fuerza a sus rutinarios y supersticiosos súbditos.

En estos y en otros muchos casos análogos, era el ejercicio del poder lo que estaba en juego, entre grupos que perseguían intereses que poco tenían que ver con la religión, aunque para forzar los movimientos de masas en los que apoyarse fuera preciso recurrir a la manipulación de unos pueblos incultos, ciegamente entregados a sus dirigentes religiosos. Conviene, por tanto, contemplar los conflictos aparentemente religiosos, que también hoy nos acosan, a través de la óptica que permite descubrir dónde está en ellos la pugna por el poder.

Estas reflexiones son de aplicación en España, cuando la jerarquía católica viene promoviendo concentraciones públicas, casi siempre hostiles al Gobierno, con diversos pretextos religiosos, como defender su propio concepto de la familia (que no está amenazado porque se acepten también otros conceptos no coincidentes con él) o impedir que quienes desean abortar o profundizar en las investigaciones genéticas, por citar solo dos ejemplos, lo hagan libremente. Se utilizan absurdos neologismos de resonancias teológicas (como “cristofobia” o “estadolatría”) para calificar lo que no es otra cosa que la simple ejecución de lo que la Constitución establece respecto a las relaciones entre Estado e Iglesia.

Esto permite deducir que en el fondo de lo que sucede existe, aquí y ahora también, una lucha por el poder. El poder perdido por la jerarquía católica española desde que fue derogada la anterior legislación del Estado, uno de cuyos principios fundamentales era: “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”. Y que no puede ni desea adaptarse al texto de la Constitución de 1978: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Texto que, por otra parte, muchos desearían reformar, por lo que encierra de preferencia hacia una religión concreta.

Poder o religión: esta es la cuestión, podríamos concluir, parafraseando modestamente a Hamlet. La respuesta, en la mayoría de los casos, es la del título de este comentario: “poder y religión”; cada uno utilizando o intentando utilizar al otro, como la Historia sobradamente nos muestra.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Entre Bush y Obama: Gates, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 17 diciembre, 2008

No dejan de ser sorprendentes algunas peculiaridades de la maquinaria política de EEUU, que hunden sus raíces en el ideario y las prácticas de los padres fundadores, como advirtió Alexis de Tocqueville en la primera mitad del siglo XIX, si bien por motivos distintos a los que aquí se comentan. Aunque se aleguen varias razones que lo justifican, no es fácil entender por qué un presidente, elegido en la primera semana de noviembre, haya de esperar al 20 de enero del año siguiente para acceder al cargo y empezar a ejercer las responsabilidades propias del mismo. Transcurren así once semanas durante las cuales el presidente saliente está dedicado a planear su inmediato retiro y el presidente electo espera con impaciencia el momento en que asuma el poder para el que ha sido democráticamente elegido.

Ese improductivo periodo de transición es aún más chocante en una época como la actual, en la que se abate sobre el mundo una crisis económica de graves proporciones, cuyo origen está precisamente en EEUU y cuya evolución es, hoy por hoy, impredecible. Además, EEUU sostiene dos guerras activas y se enfrenta, como otros países, al acelerado auge del terrorismo de los fundamentalistas islámicos, cuyo más reciente zarpazo cayó sobre Bombay. En esas circunstancias, cualquier pérdida de tiempo puede ser irremediable.

La irregularidad que causa tal retardo se pudo comprobar en la conferencia que sobre la crisis económica tuvo lugar en Washington el pasado 15 de noviembre. Fue convocada por un presidente Bush cuyo prestigio se hallaba ya bajo mínimos y cuya capacidad de maniobra operativa era casi nula; a ella declinó asistir Obama, aduciendo, con sobrada razón, que no podían existir a la vez dos presidentes activos en un mismo foro internacional. La inutilidad práctica de la citada conferencia, como ha podido comprobarse, se debió mucho a la ausencia de un presidente de EEUU en plenitud de sus funciones.

En el caso actual es todavía más sorprendente el hecho de que el único vínculo personal entre el Gobierno saliente y el entrante sea el último “señor de la guerra” de Bush, su secretario de Defensa, Robert Gates, quien ha sido confirmado en el mismo cargo por Obama. Por tanto, será el único miembro del Gobierno de Bush que, sin abandonar su despacho en el Pentágono, pase a formar parte del primer Gobierno de Obama.

De ahí que sus declaraciones adquieran cierta relevancia, como las que efectuó la pasada semana, con motivo de una actividad del prestigioso “Instituto Internacional de Estudios Estratégicos” de Londres. Dedicado al estudio de los conflictos político-militares, este organismo convocó una conferencia de seguridad regional en Manama, la capital de Bahréin, a la que asistieron representantes de los Estados del Golfo Pérsico. Con un pie asentado todavía en la política de Bush y el otro afianzándose en la de Obama, Gates declaró que EEUU “seguirá implicado en Oriente Medio, mediante sus esfuerzos para luchar contra el terrorismo y para desarrollar una solución biestatal entre Israel y el pueblo palestino”.

Tocaba así dos importantes cuestiones sobre las que no existe unanimidad entre los analistas políticos de dentro y de fuera de Israel: la vinculación entre el terrorismo islámico y el problema palestino, y la fórmula más adecuada para resolver éste. Más bien, cabe asegurar, son cada vez mayores y más fundadas las discrepancias que se aprecian en relación con lo expuesto por Gates.

En la actual situación, es prácticamente imposible la creación de un Estado palestino viable, a menos que no se diera marcha atrás en la política de asentamientos judíos en tierras palestinas y cambiaran radicalmente casi todos los parámetros asumidos por el Gobierno de Israel en relación con esta cuestión. Tampoco existe la menor certeza razonable de que, resueltas plenamente las reivindicaciones palestinas, el terrorismo de base islámica fuera a desaparecer del planeta, dado que las raíces que lo alimentan se nutren en muy diversos estratos políticos y sociales, hasta el punto de que no es disparatado afirmar que su apoyo a las reivindicaciones palestinas es simplemente táctico y coyuntural.

Otras declaraciones de Gates, de índole más práctica, le llevaron a insistir en la necesidad de aumentar los esfuerzos bélicos en Afganistán, afirmando que se disponía a enviar un refuerzo de 20.000 efectivos. Por otra parte, mostró un prudente temor de que tal aumento podría agravar la sensación de los afganos de estar soportando a un ejército de ocupación. “Tendremos que pensar mucho cuántas tropas enviamos”, afirmó, quizá para no comprometerse antes de que Obama adopte oficialmente su decisión al respecto.

Que el enlace entre Bush y Obama sea el secretario de Defensa puede ser debido a que el nuevo presidente no prevé, por el momento, modificar notablemente la política de defensa de EEUU, lo que no estaría en línea con sus declaraciones electorales; o también a que está tan seguro en sus percepciones políticas que consideraría que un heredero político de Bush, no tan desprestigiado como su antecesor en el cargo, el nefasto Donald Rumsfeld, podría ser el mejor instrumento para ponerlas en práctica. El tiempo lo dirá.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Europa y Rusia, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 9 diciembre, 2008

En la reunión de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) que el pasado jueves tuvo lugar en Helsinki, el ministro ruso de Asuntos Exteriores propuso reformar la OSCE para que ésta “asuma la iniciativa del presidente Medvedev, a fin de lograr un tratado, jurídicamente vinculante, para la seguridad colectiva de todos los Estados euroatlánticos”.

La postura inicial de los países europeos ante la propuesta rusa fue, como era de esperar, discordante. Alemania, Francia, Italia y España parecen encabezar el grupo de los que consideran positiva la iniciativa rusa, mientras que la mayoría de los países del Este europeo, junto con EEUU y el Reino Unido, se muestran opuestos a la idea.

Conviene prestar atención a los comentarios del representante de EEUU en dicha conferencia cuando, en relación con la propuesta rusa, declaró: “No hay necesidad de una nueva estructura y es fácil ver de qué trata todo esto. Lo que intentan es buscar una alternativa a la OTAN, que ha funcionado tan bien. La OTAN incomoda a Rusia”.

Esta opinión del principal socio transatlántico no es nueva: a EEUU le interesa mantener a Rusia en un nivel de cierta incomodidad, para evitar que pueda convertirse en un serio rival. Esto pondría en peligro la Estrategia de Seguridad de EEUU, formulada en marzo del 2006, que se basa en la premisa de que este país sea siempre militarmente más fuerte que cualquier coalición que pudiera enfrentársele. Sin embargo, la cuestión que los europeos deberíamos plantearnos sin pérdida de tiempo es otra muy distinta: ¿interesa realmente a Europa mantener a Rusia en una situación de permanente incomodidad?

A esto también podría responder la OTAN, y lo ha hecho en la última reunión ministerial que tuvo lugar la misma semana. En ella, los miembros de la Alianza aceptaron la reapertura, con carácter limitado, del diálogo entre la OTAN y Rusia, suspendido como consecuencia del conflicto georgiano. El ministro alemán de Asuntos Exteriores había declarado, antes de la reunión, que era necesario “buscar formas de reanudar el diálogo porque, precisamente en los momentos críticos de las relaciones, es cuando se necesitan vías para mantener contactos”.

Quizá para compensar esa mano que la OTAN parece tender hacia Moscú, en dicha reunión se acordó mantener abierta la oferta de adhesión a la Alianza para Ucrania y Georgia, aunque sin señalar plazos y estableciendo un plan de incorporación sin fechas previstas. Con análoga intención se insistió en declarar que Rusia “había utilizado una fuerza desproporcionada en el conflicto con Georgia”, aunque para ello haya que olvidar que el modelo en el que Rusia se inspiró, para sus operaciones militares de agosto pasado, fue precisamente la también desproporcionada ofensiva de la OTAN contra Serbia en 1999, en apoyo de la secesión de Kosovo.

Los países de la Unión Europea habrán de decidir la respuesta a la pregunta antes formulada. Parece indudable que, en beneficio de ambas partes, a la UE no le interesa mantener ni acrecentar la incomodidad rusa, sino encontrar terrenos de entendimiento y de beneficio mutuo, olvidando los arraigados prejuicios de la Guerra Fría -a los que tan sensibles se muestran todavía los Estados europeos que fueron socios del Pacto de Varsovia- y abriendo nuevas posibilidades de diálogo, cooperación y entendimiento recíprocos.

La cuestión, sin embargo, no es bilateral. El entendimiento que debe facilitar las relaciones entre Rusia y la UE no puede perder de vista a EEUU. Es en el triángulo así conformado donde, concluida la pesadilla de la “era Bush”, habrán de redefinirse las políticas más apropiadas para rebajar las tensiones que surgen con frecuencia, como si fueran réplicas del terremoto que fue la Guerra Fría.

El cambio que se va a producir en Washington, con la llegada del nuevo presidente, puede facilitar las cosas, aunque también complicarlas. Si Obama pretende, como ha anunciado, volver a tener en cuenta a la comunidad internacional antes de tomar las decisiones de importancia que afecten a ésta, podrían allanarse muchos de los obstáculos que todavía existen entre Bruselas y Moscú. Pero si, como también puede ocurrir, bajo la máscara del “cambio posible” siguen dominando en Washington las viejas pulsiones del imperialismo histórico, las tensiones volverán a exacerbarse.

Más que a la OTAN (con su tendencia a extenderse hacia las fronteras rusas) o a EEUU (con su inútil escudo antimisiles apoyado en Polonia y Chequia), correspondería a una Europa, situada en el fiel de la tradicional balanza donde se han solido enfrentar Rusia y EEUU, ejercer las presiones necesarias para que el cambio fuera realmente posible en el ámbito de las relaciones internacionales. Hasta la lucha contra el terrorismo internacional se vería muy beneficiada si así ocurriese.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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Obama y la retirada de Iraq, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Internacional, Política by reggio on 25 noviembre, 2008

Si sólo los vehículos militares que EEUU tiene desplegados en Irak se alinearan en una columna, con sus parachoques en contacto, ocuparían el espacio que hay entre Madrid y Varsovia; y si desfilaran en columna a unos 50 km/h, con los intervalos requeridos, se necesitarían dos meses y medio para verlos pasar a todos. Un experto en logística de la Fuerza Aérea de EEUU daba en The Washington Times (7 octubre 2007) algunos datos comparativos para valorar lo que en términos técnicos se denomina la “cola logística” inherente a cualquier operación militar, es decir, lo que hay detrás de cada combatiente para que éste pueda operar.

En Irak, esa cola ha alcanzado proporciones inconcebibles. Por cada soldado en la línea de combate (esto es, desplegado en patrulla por cualquier lugar de Iraq) existen unos cuantos soldados más en lo que pudiera llamarse retaguardia (servicios, municionamiento, mantenimiento de equipos y material, comunicaciones, sanidad, administración, etc.). Pero todavía hay muchas más cosas, no solo soldados en misiones de combate o de apoyo al combate. Existen varias bases militares, de enormes dimensiones, que contienen verdaderas ciudades, con sus supermercados, gimnasios, tiendas de comida rápida, semáforos que regulan el tráfico, centrales eléctricas, oficinas de correos, campos de golf y de tenis, restaurantes de todo tipo. Entre ellas también hay bases aéreas, con sus servicios aeroportuarios, de reparación y mantenimiento de aeronaves, centrales eléctricas, plantas hidráulicas, hospitales, o residencias para militares de distintas categorías.

Estos datos y otros más precisos y detallados tendría en la mente el Presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor de EEUU, el almirante Mullen, cuando en una conferencia de prensa en el Pentágono, según informaba Washington Post el pasado 17 de noviembre, declaró que “retirar todas las fuerzas [desplegadas en Irak] llevaría dos o tres años”. Especificó: “Tenemos 150.000 soldados ahora en Irak. Muchas bases. Muchísimo material allí desplegado”. Precisó, además, que cualquier operación de retirada estaría condicionada por el nivel de seguridad en cada zona, añadiendo que, por el momento, esto no es posible ni en Bagdad ni en Mosul, donde un cambio de responsabilidades entre las fuerzas de EEUU y el incipiente ejercito iraquí implicaría muy graves dificultades. Es muy significativa, también, su toma de posición respecto a la nueva administración de EEUU: “El presidente electo, Obama, ya ha dicho que recabaría mi asesoramiento y el de la Junta de Jefes de Estado Mayor, antes de tomar ninguna decisión. Y yo estoy esperando ese encuentro para discutir con él la cuestión”.

He aquí, pues, el primer escollo que va a amenazar la singladura del presidente entrante en cuanto quiera poner en marcha sus planes respecto a Iraq. Si Obama persiste en la idea de retirar dos brigadas de combate al mes, algunos analistas de EEUU temen que se produzca un serio enfrentamiento entre la cúpula militar y el presidente. Entre la política prevista por éste, en atención a los superiores intereses del Estado según él los concibe, y las exigencias militares de una operación que ya está en marcha y que tiene sus propios requerimientos en lo relativo a la seguridad y a las condiciones logísticas. Aunque no se repitan las tensiones que tuvo que afrontar Truman cuando en 1951 destituyó al mítico general Douglas MacArthur, no es difícil imaginar que Obama haya de remodelar el alto mando militar que le deja Bush, para poder llevar a la práctica sus planes sobre Iraq.

Cada país tiene su forma de hacer la guerra, lo que depende sobre todo de su cultura popular. Si se dice que un magrebí combate hasta la muerte con solo un puñado de dátiles en la chilaba, un soldado estadounidense necesita su máquina de cocacolas y sus letrinas portátiles, y el Burger King esperando en la base, dotada de todo tipo de comodidades. El “muchísimo material” que citaba el almirante Mullen, y que constituye un lastre para planificar la salida de Iraq, incluye también todo esto y representa una carga logística de inimaginables proporciones.

Además, nadie en EEUU desea volver a contemplar las vergonzosas escenas de la retirada de Vietnam en 1975, abandonando bases, armas, material y pertrechos, quemando a última hora documentos secretos en la embajada de Saigón y escapando desde su terraza en unos helicópteros desde los que se veía ya la llegada de las tropas del Vietcong.

La desafortunada herencia que en Iraq ha dejado Bush a su sucesor va a obligar a éste a tomar decisiones difíciles. Ahora es probable que desde la oposición se exija austeridad y eficacia al nuevo presidente, olvidando a quien despilfarró los recursos de la nación en una aventura militar mal concebida y peor ejecutada, que ha creado una situación de muy compleja resolución. Obama requerirá toda la habilidad, paciencia y energía que pueden y deben exigirse a quien maneja el timón de la, hoy por hoy, nación más poderosa del planeta.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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