Reggio’s Weblog

Un respiro para Rajoy, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política by reggio on 2 marzo, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

Si las elecciones en Galicia no tuvieran un sensible efecto sobre la situación y el futuro a medio plazo del Partido Popular, hoy hablaríamos principalmente del fracaso del Gobierno bipartito de Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana. Ha sido un fracaso fenomenal a las primeras de cambio, tras sólo una legislatura en la que ha desarrollado una gestión desafortunada en dirección errada.El Gobierno sostenido por el Partido Socialista de Galicia y el Bloque Nacionalista Galego, que sumaron un escaño más que el PP, que también ganó las elecciones hace cuatro años, ha desarrollado una política con numerosos tintes nacionalistas -he ahí, por ejemplo, la imposición de la lengua gallega contra toda lógica y toda prudencia- que venían a demostrar que el primero era un partido sometido al segundo, a pesar de casi doblarle en votos y en escaños.

Los escándalos y los abusos conocidos en los últimos meses, y esos gestos de nuevos ricos que gastaban alegremente el dinero de todos en época de crisis, venían a confirmar la desorientación de un Gobierno que ha defraudado profundamente y sólo ha mantenido un resultado honroso en la derrota por la movilización de los electores temerosos de un triunfo de la derecha.

Han sido las elecciones con mayor participación de la historia de Galicia, 70%. Y, si hemos de creer los mensajes últimos del PSOE, cuanto más baja abstención se registrara mejor resultado lograrían los socios del Gobierno; o sea que con una participación de elecciones anteriores, socialistas y nacionalistas habrían perdido más

Pero estas elecciones contienen un mensaje significativo para la situación del PP. Eran una prueba para el presidente del partido, Mariano Rajoy, que de no haber recuperado la mayoría absoluta en Galicia se hubiera visto obligado a soportar malos augurios para su futuro. El triunfo de ayer vale más para Rajoy que para el líder popular gallego que va a gobernar, Alberto Núñez Feijóo, no sólo por su empeño directo en la campaña sino por las repercusiones favorables que va a tener para su proyecto. Del mismo modo se puede decir que Rodríguez Zapatero pierde jirones de su figura política tras comprometerse tan directamente en el apoyo al fracasado Touriño y sus derivas nacionalistas.

Desde luego, la mayoría absoluta de ayer está lejos de las alcanzadas por el PP en elecciones pasadas bajo la batuta de Manuel Fraga (41 escaños en 2001, 42 en 1997, 43 en 1993), pero compensará a los populares tras una crisis interna que aún da algunos coletazos y una persecución pública en las últimas semanas por una supuesta corrupción al parecer descrita en un sumario judicial secreto que se telegrafía por fascículos y que, en todo caso, no se termina de aclarar. Parece que los votantes gallegos no acaban de creer esa historia. Por el contrario, castigan a los hasta ahora gobernantes, que pierden un escaño en La Coruña (el BNG) y otro en Pontevedra (el PSdeG), con un descenso de la cuota de voto de dos y tres puntos porcentuales respectivamente, que la movilización de los electores de izquierda y nacionalistas no ha logrado evitar.

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Legislar en caliente, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 20 febrero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

Eso de que no se puede legislar en caliente es una excusa que ha tenido éxito. Debió de decirlo alguien que quiso evitar un compromiso. Se usa ahora para no atender la petición de los padres de Marta del Castillo, que piden cadena perpetua para asesinos como el que acabó con la vida de su hija. Pero el fiscal ministro Fernández Bermejo está dispuesto a prohibir por ley el derecho de huelga a los jueces, lo cual no sólo es legislar en caliente, sino quemándose las manos y las puñetas de la toga, pues lo anunció mientras la huelga triunfaba. O sea, que se puede legislar en caliente cuando les interesa a quienes tienen la sartén por el mango y no se puede cuando les incomoda el asunto, aunque el clamor popular -como la demanda de cadena perpetua para asesinos y otros delincuentes salvajes- sea cada vez más extenso y desesperado.

La respuesta de Bermejo a la huelga de los jueces, que en gran parte es resultado de su incapacidad personal para negociar, es propia de un gobernante autoritario. Es lo que podría esperarse, por ejemplo, de un ministro del venezolano Chávez, en veloz carrera hacia la dictadura personalista, pero no de un ministro de una democracia. En todo caso, si Bermejo piensa que los jueces no pueden hacer huelga, tendría que haber planteado esa ley mucho antes y no como represalia contra los que le han dejado en evidencia.Aunque lo que debía haber hecho es dialogar para llegar a un acuerdo con los jueces, que se quejan justamente de la escandalosa falta de medios con que el Gobierno condena a la Administración de Justicia. Pero Bermejo no dialoga, sino que muestra una bulliciosa tendencia a la imposición y a dejar que le resbalen asun-tos que, cada uno por separado, bastarían para inhabilitarle. Que esto ocurra en el Gobierno del campeón del diálogo dice mucho de Zapatero, cuyas promesas quedan en agua de borrajas con rapidez pasmosa. El otro día, un estudiante americano en España con beca Erasmus, votante y admirador de Barack Obama, me decía que Zapatero le recuerda a George Bush por sus mentiras. No le recuerda a Obama, que es a quien quiere parecerse e imitar. ¡Válganos el cielo! Tanto esfuerzo para esto. Pero es lo que hay: promesas incumplidas, diálogo inexistente, talante -con la lata que dio con el talante- perdido si es que alguna vez lo hubo.

Si Bermejo quiere prohibir a los jueces el derecho de huelga va a encontrar una resistencia aún mayor, pues la mayoría de ellos piensa que sí les corresponde y se lo demostrarán con un paro más contundente en junio como siga empeñado en su suicida obsesión de cazador empedernido -no sólo de gamos- y no es antes destituido por Zapatero, tan contaminado ya por las aventuras de su ministro. Pero más le valdría a Bermejo preparar una reforma del Código Penal que incluya la cadena perpetua para determinados delitos, una pena plenamente constitucional con la salvedad oportuna de la revisión para condenados reinsertables. Legislen en caliente, en frío, en seco o con lluvia, pero legislen para resolver problemas, no para crearlos. Y si hace mucho calor, serénense y cumplan con su deber, que es servir a esa sociedad, en la que deberían pensar más y utilizar menos.

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Las cacerías, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Justicia, Política by reggio on 13 febrero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

No una, sino dos veces coincidieron el juez Baltasar Garzón y el ministro Fernández Bermejo en ejercicios cinegéticos contra venados y jabalíes cuando el primero había iniciado acciones contra una trama de corrupción que afecta a los adversarios políticos del segundo. El juez y el ministro, que lo es precisamente de Justicia, o sea de lo más cercano del poder político al ámbito de jueces, magistrados y fiscales, también se encontraron al menos en una cena y en una comida de cazadores, con asistencia además del jefe de la Policía Judicial, Juan Antonio González, que investiga a las órdenes del primero contra los ya citados enemigos políticos del segundo. Estas cacerías tienen soliviantado al mundillo político y a muchos, acaso muchísimos, ciudadanos, que no pueden dejar de recordar aquellas partidas campestres del franquismo que tan bien retrató García Berlanga, en las que ministros, jueces, empresarios y buscavidas hacían de dadores y conseguidores mientras tiraban a los faisanes y a lo que se pusiera por delante. Desde luego, Berlanga tendría materia para un nuevo episodio de su celebrada Escopeta Nacional con Garzón, Bermejo y González en los papeles estelares.

La revelación noticiosa de esas aventuras de fin de semana del juez, el ministro y, parece ser que a tiempo parcial, del policía ha obligado a hablar de otra cacería, una cacería política contra los adversarios del ministro, el Partido Popular, sobre el que está cayendo la peor palabra del vocabulario político-delictivo: corrupción. Las actuaciones de Garzón van dirigidas sobre todo contra gente que no es del PP y sólo dos ex alcaldes populares de localidades madrileñas, pero oyendo a algunos parecería que el juez está desmontando el partido pieza a pieza para encontrar el escondite secreto de no se sabe qué. A ello ha contribuido la inobservancia de la presunción de inocencia, grave atentado político y humano, que ha llevado a varios amigos del ministro en fragorosos mítines a considerar culpables no sólo a los incluidos en el sumario que elabora el juez, sino a todo ese partido. Cómo no recordar aquí los arrestos mediáticamente escandalosos realizados en otras ocasiones de infeliz memoria contra políticos del PP -que luego quedaron en nada porque nada había- y nunca empleados contra políticos del PSOE.

La cacería política de la que se habla tanto en estas horas ha estimulado el agrupamiento de los dirigentes del PP en torno a su presidente, Mariano Rajoy, que en el testimonio plástico de la réplica a la persecución parecía más líder que nunca. Ha sido una maniobra en la que Rajoy recupera su pedestal. Ya veremos si el PP consigue la recusación del juez, la personación en la causa y el repudio del ministro, objetivos que no dependen sólo de sus gestiones, pero ha logrado algo que se echaba de menos, la unidad alrededor de su líder, y eso es un valor político de primera magnitud. Garzón y Bermejo habrán podido abatir venados y jabalíes, aunque no sabemos de su puntería ni de sus hazañas con la escopeta, pero la pieza PP ha reaccionado a las primeras escaramuzas, opone resistencia a los cazadores y, si llega la ocasión, tratará de acabar con ellos. Veremos si esta vez la Escopeta Nacional tiene un final imprevisto.

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El ‘Plan-Z’, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política by reggio on 16 enero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

Dentro de poco, veremos aparecer por todos los caminos de España unos carteles que informarán de obras públicas locales realizadas gracias al Gobierno. He aquí una prueba de la influencia de las elecciones. Hemos empezado un año electoral autonómico (Galicia y País Vasco, el 1 de marzo) y europeo (en junio), y el Gobierno nos lo va a recordar como quien no quiere la cosa haciéndose omnipresente, con objeto de que le tengamos en cuenta -sobre todo a su partido- en el momento culminante de acercarnos a las urnas. Mediante una resolución del Ministerio de Administraciones Públicas que ha publicado el BOE, el Gobierno ha dispuesto que en cada obra realizada por un Ayuntamiento, gracias a la ayuda prometida por Rodríguez Zapatero para combatir la crisis económica, se coloque un gran cartel que evoque la procedencia del dinero mediante una alusión al Plan-E del Gobierno. Dice Plan-E, pero bien podría decir Plan-Z.

Es una prueba de la influencia de las elecciones, como digo, que se manifiesta en una maniobra propagandística del máximo nivel. Y tan querida por el Gobierno que negará la ayuda al Ayuntamiento que no cumpla con la obligación de colocar el cartel supuestamente informativo en lugar preferente y con las dimensiones ordenadas.O sea, el cartel es de instalación obligatoria, como su tamaño -cuatro metros de largo por tres de alto, a dos metros del suelo, precisa el Ministerio-, como su emplazamiento -«en el exterior de la obra, en sitio visible», o incluso «en la entrada de las vías de acceso al casco urbano del correspondiente municipio»- y como su contenido -en el que la referencia al Gobierno ha de ocupar dos tercios de la superficie en detrimento del Ayuntamiento promotor-. Quien no quiera colocarlo tal cual, no recibirá el dinero. Así de simple, y también así de engañoso, porque la maniobra propagandística encierra, además, un artificio, que es la intención de hacer creer que el dinero con el que se financian las obras -los 8.000 millones de euros que integran el llamado Fondo Estatal de Inversión Local- es poco menos que del Gobierno, como si tuviera una bolsa guardada de la que ir tirando y no fuera en realidad de cada uno de los contribuyentes de este país, hayan votado al partido que hayan votado o incluso aunque no hayan votado a partido alguno.

El Gobierno ya ha entrado en campaña electoral, y en este caso para apoyar su opción política con los instrumentos de gestión dispuestos para gobernar. El Gobierno y su partido son maestros en el arte de la propaganda, hasta el punto de que algunas operaciones promocionales pecan de estar vacías por dentro y, aun así, parece que causan efecto. Pero en esta última operación de los carteles se les ha ido la mano. Lo que van a entender muchos españoles es que los 8.000 millones en obras son una concesión graciosa del Gobierno de Zapatero. Y eso acaba en un aprovechamiento abusivo de la actuación ideada inicialmente -al menos así lo parecía- para luchar contra el desempleo y no a favor de una opción política.O sea, tal como está diseñado deberían llamarlo Plan-Z mejor que Plan-E. Sería más exacto.

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Por qué Zapatero conserva el crédito, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 9 enero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

Proliferan las noticias grandes y pequeñas que afectan negativamente al Gobierno de Rodríguez Zapatero: la crisis económica es galopante, cae el consumo en la etapa más consumista del año, una huelga oculta desbarajusta el aeropuerto de Barajas y pone otra vez en evidencia la inhabilidad de su ministra de Fomento, el desempleo crece aceleradamente y arroja la cifra de un millón de parados más en un año; un millón de parados más, se dice pronto. Y, sin embargo, Zapatero conserva su crédito y las encuestas coinciden en afirmar que ahora volvería a ganar las elecciones. El candidato inexperto del Partido Socialista que venció de manera imprevista en 2004 e iba a ser un paréntesis en el curso de la democracia podría aspirar hoy a un tercer mandato.

¿Por qué un Gobierno tan flojo no infunde una crisis de confianza? ¿Por qué un presidente que mintió descarada y reiteradamente -cuando negó las negociaciones con ETA que él mismo autorizó, cuando negó la crisis económica por razones de egoísmo electoral…- no es repudiado como alguien en quien no se puede confiar? Su buena nota en los ránkings de imagen y la ventaja del PSOE sobre el PP en las encuestas de opinión puede ser explicada por un déficit de oposición, que acaso no haya encontrado aún la fórmula para poner en evidencia las ineficacias del Gobierno y las incapacidades de su presidente. En alguna ocasión he atribuido parte del éxito de Zapatero a las debilidades de la oposición popular, aunque ahora la dirige el mejor hombre que tiene el partido, a quien nadie desde dentro ha intentado en serio hacerle frente. Pero hay otras causas, sin duda, y yo voy a apuntar aquí dos.

La primera es la falta real de información clara y suficiente a disposición de la mayoría de los ciudadanos sobre los despropósitos de Zapatero. La mayor parte de la opinión pública consume televisión, que es un medio limitado para la información de determinados asuntos. La televisión transmite imágenes y sensaciones, pero raramente información en profundidad. Y si, además, está en gran parte controlada por el Gobierno, ya se puede colegir qué dirección tomarán los impulsos comunicativos que ofrece. Ya se ha olvidado que Zapatero concedió dos cadenas en su primera legislatura. Esto de que un Gobierno conceda televisiones es un escándalo (que no causa efecto porque en España se perdió la batalla de la independencia política de la televisión y ganó la narcotización pública), pero resulta que hay dos televisiones hoy en activo, Cuatro y La Sexta, que deben su existencia a la voluntad graciosa del presidente. No busquen ustedes críticas ni disgustos al Gobierno en la gran televisión, salvo en algunas tertulias, que por otra parte no suelen ser programas de mayor audiencia.

La segunda causa es la eficacia propagandística del Gobierno y su partido, que están a la que salta para contrarrestar el efecto negativo de cualquier dato. El último ejemplo lo vimos ayer mismo: horas después de que circulara la noticia del millón nuevo de parados en 2008, el mismo Zapatero anunció que en marzo, a la vuelta de la esquina, ya se creará empleo. Ese es un vaticinio tan etéreo como un penacho de humo, pero en la mente de muchos ciudadanos la creación de un anhelado puesto de trabajo por el Gobierno se sobrepondrá hoy al dato frío del millón perdido. La esperanza del desheredado, sentimiento tan humano, acaba ayudando a un náufrago. No ha habido Gobierno menos trabajador -la exigua cifra de proyectos de ley lo certifica- y más ineficaz, pero con la propaganda y el dominio de los medios hace el milagro de que su presidente ofrezca aún dosis estimables de crédito.

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De espaldas al Parlamento, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 2 enero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

¿Para qué sirve el Parlamento? Esta es hoy una pregunta obligada en España. Para qué sirve nuestro Parlamento. La segunda cámara, el Senado, llamada en otros sistemas Cámara Alta y, para nosotros, más baja que ninguna, es prácticamente inútil, pues sus retoques a las leyes que elabora el Congreso de los Diputados son ritualmente corregidos por éste poco después. El trayecto legislativo de ida y vuelta podría ser evitado, pues no produce otro efecto que la pérdida de tiempo y el dispendio de los sueldos de los señores senadores. Se ha visto con el proyecto de Presupuestos Generales, vetado en el Senado y liberado de tal corsé protocolario en el Congreso, en un espectáculo ritual parecido al de otras democracias, pero sólo parecido porque en ellas sí provoca consecuencias.

La otra cámara, el Congreso, está doblegada por el Po-der Ejecutivo, que la evita cuando le interesa, como ocurre estos días con la negociación que el presidente del Gobierno realiza con las comunidades autónomas. Tal negocio tiene todas las trazas de un ejercicio no democrático. Se celebra a espaldas del Parlamento y se hace en la más impenetrable oscuridad.

Busquen ustedes algún asunto más importante para el Parlamento, tras la Ley de Presupuestos, que vaya a hipotecar las cuentas públicas del Estado y las particulares de cada español (mediante el incremento de impuestos que va a tener que soportar). Yo no encuentro ninguno, y sin embargo el trato con las autonomías se hace en ausencia ostensible del Parlamento, sede de la soberanía nacional.

Evitado el Parlamento, del que todo ha de ser conocido, el Palacio de La Moncloa ofrece la cobertura suficiente para maniobrar sin testigos. A estas alturas no conocemos los detalles de unos arreglos de interés general que afectan a las cuentas del Estado, en los cuales, al margen de los ritos y condiciones que exige la democracia, el presidente del Gobierno hace y deshace con los presidentes autonómicos lo que a él le place, con la sola limitación de satisfacer a sus interlocutores, que es uno de los grandes talentos políticos de Rodríguez Zapatero. Esto es un escándalo que afecta de lleno al funcionamiento del sistema.

Teóricos de la Ciencia Política vienen advirtiendo la deriva del sistema español hacia el presidencialismo. Tenemos un Parlamento con más formalidades que eficacia y un jefe de Gobierno que toma más decisiones de las que deberían con-cernirle. Aunque es un detalle menor en este contexto de grandes menoscabos, no deja de ser significativo que el presidente se deje llamar, y hasta llegue él a llamarse, «presidente de España».

De hecho, todo el sistema está dominado por el Poder Ejecutivo. Por un lado, se enseñorea sobre el Legislativo, al que impone las leyes que ha de aprobar y donde sólo padece algunas preguntas de la oposición, de las que suele deshacerse con el recurso al «y tú más» (lo que debe de remover en sus tumbas a los padres del parlamentarismo). Por otro lado, se impone sobre el Judicial, cuyo Consejo rector acaba dominando mediante la consigna directa de nombres (contra el espíritu de la Constitución).

Lo de estos días, con un presidente decidiendo por su cuenta, y seguramente hipotecando al Estado mientras el Parlamento está ausente, recuerda a lo que hacían los soberanos de las monarquías absolutas. Nuestro sistema político no quiere eso; busca precisamente todo lo contrario. Es evidente que está sufriendo un abuso. Y el principal autor del atropello es el presidente del Gobierno.

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No falta un ministerio, sobran dos (al menos), de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política by reggio on 28 noviembre, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

El presidente del Gobierno no defrauda a quienes buscan sorpresas ni a quienes le acusan de frívolo. Después de su súbita conversión al americanismo y de su precipitada deserción del proteccionismo, clamorosos renuncios a su trayectoria después de su primera visita a la Casa Blanca, nos brinda ahora la improvisación de un ministerio en respuesta instintiva al capitán del equipo ganador de la Copa Davis, Emilio Sánchez Vicario, que fue posiblemente el primer sorprendido por el eco de su propuesta. Es probable que las cabriolas ideológicas de Zapatero no pasen de eso y hay que esperar que su proyecto ministerial repentino sea archivado en el cajón de las ideas desechables. Aunque esos vaivenes ideológicos serían lamentables, ahora que empieza a no hacer ascos a las recetas de líderes hasta anteayer odiados, enterrar el proyecto anunciado sería una satisfacción después del susto, porque un Ministerio de Deportes es un mal plan que causaría más problemas que otra cosa.

Para empezar, en España ya existe un Ministerio que se ocupa del Deporte, el de Educación, a cuyo frente está Mercedes Cabrera, y se ha demostrado que la Administración ha sido lo suficientemente eficaz y lo tolerablemente intervencionista como para que el deporte español se haya desempeñado con éxito en muchas especialidades. ¿Por qué un ministerio exclusivo iba a ser correspondido con más éxitos? La correlación entre más administración y más éxito no siempre se da en la realidad, sino más bien al contrario, por lo que una mínima prudencia aconseja dejar las cosas como están.

Pero, además, la creación de un ministerio multiplicaría el gasto actual de la política de Deportes, y no son éstos tiempos para derrochar. El Gobierno es ya demasiado amplio para las competencias que le quedan después de las transferencias a las autonomías. Una administración tan centralista como la francesa cuenta con 15 ministros y una administración tan descentralizada como la española cuenta ¡con dos más!, la mayoría de los cuales son replicados en las comunidades autónomas. El Gobierno británico tiene también menos ministros que el español a pesar de que dedica un departamento a los asuntos de Irlanda del Norte. Los ejemplos podrían multiplicarse y siempre en detrimento de la estructura española, exagerada y carísima. O sea: antes que nuevos ministerios, lo que está pidiendo el Gobierno español es una reducción de los existentes.

Al menos dos son perfectamente prescindibles: el Ministerio de la Vivienda y el de Igualdad. El primero ha demostrado ser clamorosamente ineficaz. Para que pudiera resolver algo tendría que lograrse una revolución en el control del suelo, que es una competencia de los ayuntamientos a la que no van a renunciar. Sin eso, todo lo que haga será un parche de muy escasa influencia, como se ha visto desde que Zapatero lo creó en 2004. El Ministerio de Igualdad ha demostrado ser perfectamente innecesario, no porque su objetivo no sea plausible, sino porque es una estructura desproporcionada para un ideal que se puede conseguir con una oficina mejor dimensionada.

Y, sin duda, en el resto del Gobierno también se puede meter la tijera. Si Zapatero quisiera reducir gasto, encargaría a los expertos una reforma administrativa que frenara el despilfarro. Así se hacen las cosas, con estudio por la gente que sabe, no con improvisaciones alegres en un acto público que luego siempre hay que lamentar. Ojalá Zapatero no cumpla esa promesa: no llamaría mucho la atención, dados otros incumplimientos, y nos ahorraría un error carísimo.

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Ese intento de secuestrar la figura de Obama, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política by reggio on 7 noviembre, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

Rodríguez Zapatero se ocupó el miércoles de proclamar su contento por la elección de Barack Obama. Lo que debería haber sido un telegrama de felicitación replicado a los medios por La Moncloa se convirtió en un repique de campanas oficiado en una conferencia de Prensa a las puertas del palacio, con una puesta en escena que ni siquiera formaliza en grandes ocasiones españolas. No me imagino yo a nuestro presidente de Gobierno montando la misma alharaca si el elegido hubiera sido John McCain. Entonces sí habría bastado el telegrama.

Está muy bien, extraordinariamente bien, que salude al nuevo presidente USA, porque es obligación de España sintonizar con la nación más poderosa y más democrática del mundo. Lo que está mal, rematadamente mal, es supeditar la relación a la personalidad del interlocutor, que es una causa de las actuales malas relaciones, ya que George W. Bush era, para Zapatero, un tipo perfectamente despreciable. Pero, en todo caso, bueno sea el acercamiento actual y ojalá se mantenga aunque Obama no resulte el mismo desde el despacho oval de la Casa Blanca, o sea, aunque se aparte del retrato tendencioso que han hecho de él. Lo han presentado como el equivalente a un político del Partido Socialista, mientras que al pobre McCain se le ha retratado como próximo al Partido Popular, pero ese parangón es marcadamente falso. Obama exhibe grandes diferencias con la gestión y el credo de Zapatero, hasta el punto de que en muchos asuntos está más cerca del programa popular que del socialista. Señalaré sólo tres.

Primera: Obama es lo que podríamos llamar un nacionalista americano a carta cabal. Piensa en «una sola nación, un solo pueblo», se siente orgulloso de ser estadounidense, concibe la unidad como un valor básico y está dispuesto a recuperar y consolidar el papel de EEUU en el mundo. Esto es lo más opuesto a los devaneos de Zapatero con el término nación y con el absurdo de trabajar, como hizo temerariamente, para establecer una nación (Cataluña) dentro de otra nación (España), absurdo político y estratégico donde los haya.

Segunda: Obama defiende, como sus colegas estadounidenses, un trato de colaboración con la oposición, lo que no está reñido con la discrepancia en políticas concretas. Zapatero se ha distinguido por la persecución a la oposición. Lo que se definió como el «cordón sanitario» para aislar al PP respondía a la estrategia de intimidación y exclusión puesta en marcha por Zapatero mediante el pacto con los demás partidos, estrategia que empezó con la anulación de leyes aprobadas en la legislatura del PP -Calidad en la Educación, trasvase del Ebro…-, una falta de respeto inaceptable a la mayoría parlamentaria precedente. El que haya rectificado esa estrategia ahora se debe a falta de acuerdo con otros partidos más que a una revisión de fondo.

Y tercera: Obama no es socialista, aunque en la campaña haya sido tachado de tal en lo que sólo puede entenderse como juego sucio. El Partido Demócrata no es equivalente al Partido Socialista. Promueve políticas que se corresponden con acciones del PSOE, pero también con otras propuestas del PP. Obama es, sobre todo, americano y coincide en muchos principios con el malvado Bush, sin duda en más que con el pícaro Zapatero.

Ese intento de secuestrar la figura y el significado de Obama es una forma de engañar y, a la larga, un error estratégico. Esperemos a que empiece a actuar; posiblemente veremos entonces las sorpresas de quienes dicen conocerlo a fondo e intentan atraerlo a su negocio.

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Una protesta tardía pero fundamentada, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 24 octubre, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

Sólo los terremotos informativos de estos días y acaso una actuación del poder político cerca de determinados medios han impedido que el paro de jueces y secretarios judiciales se haya erigido en el asunto más informado y más opinado del año. Digo que acaso se ha entrometido el poder para lograr sordina sobre algo que le ataca directamente porque no tengo datos que lo confirmen, pero los humos que se han visto han sido indicios de un fuego indeseable. La primera protesta que ha unido a los funcionarios de Justicia contra el Gobierno ha sido de dimensión inesperada y de significado contundente.

Tienen razón quienes reprochan a los protestantes que hayan reaccionado tras unas sanciones discutibles, dando tufo corporativista a su queja, y que hayan guardado al mismo tiempo silencio tras la escandalosa intromisión política en el Consejo General del Poder Judicial, dando por aceptada la muerte de Montesquieu. Pero la protesta ha sido de tal dimensión y las denuncias son de tal envergadura que esos aspectos han de pasar inevitablemente a un segundo plano. Lo que ha ocurrido es que el mundo judicial ha perdido la paciencia por la situación deteriorada en que ha de desenvolverse, que no sólo no ayuda a la eficacia en la respuesta contra el delito, sino que facilita el error. El tremendo fiasco que conocemos como el caso Mari Luz es, según los participantes en la protesta, una consecuencia de la falta de medios y, aunque es difícil aceptar ciento por ciento este diagnóstico, es razonable pensar que con medios suficientes habría podido ser evitado.

La Justicia en España funciona con una carencia de medios en algunos casos pavorosa. Cualquier empresa medianamente bien constituida se ha dotado mejor que la mayoría de los juzgados. El número de juzgados es claramente insuficiente y el número de causas por resolver no disminuye, sino que se incrementa cada día. El retraso en la resolución de casos es, con demasiada frecuencia, intolerable, de modo que excluye la posibilidad de una Justicia razonable y útil. No es la Administración de Justicia de un país moderno.

Todos los responsables judiciales en una u otra dimensión han reiterado desde hace años como causa de la crisis la falta de recursos económicos. Dinero, dinero, dinero ha sido el eslogan reivindicativo que han repetido con escaso éxito, porque el poder político ha sido cicatero y ha incrementado los dineros de la Justicia con cuentagotas, no los de otras instituciones. Los gobiernos de vez en cuando invierten alegremente en proyectos inútiles o injustificados. Zapatero ha creado dos ministerios perfectamente prescindibles, el de Vivienda y el de Igualdad, con cuyos presupuestos se podrían crear centenares de plazas en los juzgados. ¿Y cuántas oficinas podrían informatizarse a la última con el coste de los más de 600 asesores que pululan por La Moncloa? (Por cierto, si los asesores produjeran un solo informe al año, que ya es poco producir, ¿sería capaz el presidente de conocerlos todos?).

Tenemos inflación de lo que los magistrados del Supremo han llamado «relevantes sujetos públicos», un hallazgo semántico referido a la vicepresidenta De la Vega y al ministro Bermejo pero aplicable también a tantos cargos, carguitos y cargazos hasta en el último rincón de las autonomías que gastan lo que la Justicia demanda y los ciudadanos necesitan. Porque, a fin de cuentas, el problema de las graves deficiencias de la Administración de Justicia es el problema de todos los ciudadanos, que hemos visto cómo ha engordado el poder político y cómo se ha ido dejando en la penuria al poder judicial. Cuánto mejor nos iría si se invirtiera la tendencia en uno y en otro caso.

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La molesta oposición, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política by reggio on 17 octubre, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

Si hay un momento en que España necesita una oposición política terca, incómoda y meticulosa es éste. Las medidas contra la crisis financiera requieren un control al que la oposición no puede renunciar por la cuenta que nos trae. El Banco de España tiene una función inspectora básica, pero la oposición bien ejercida es la garantía tranquilizadora de que los gestores políticos no se apartarán de su misión ni arreglarán las cosas para pescar lo que se tercie.

La aplicación por Zapatero de un término político a las fusiones bancarias que él mismo vaticina -han de ser «pluralistas», ha dicho- no puede crear más que inquietud: el poder se apresta a diseñar, o sea, a intervenir, unos ejercicios financieros en los que puede pretender quedarse.

Desde que llegó al Gobierno, Zapatero ha cargado contra la oposición, a la que él y los suyos han pretendido silenciar. En la legislatura pasada, firmó un acuerdo con las fuerzas políticas minoritarias para aislar al Partido Popular y lograr, mediante el estigma, su inacción. Por fortuna, no lo logró, porque habría causado un daño irreparable al sistema democrático, que necesita de la oposición como un ser vivo precisa del oxígeno.

En la actual legislatura, como ya no puede obtener el favor de los minoritarios, el partido del Gobierno trata de acallar a la oposición por otros métodos, los últimos de los cuales consisten en exigirle apoyo incondicional bajo la acusación de antipatriotismo o de traición si no lo rinde.

Pero desactivar a la oposición es modificar el sistema democrático. La oposición es una institución del sistema tan necesaria como el Gobierno o el Parlamento. Sin oposición, el Gobierno no es un Gobierno justo ni el Parlamento es siquiera Parlamento. Y, a fin de cuentas, los ciudadanos dejan de contar con una herramienta elemental de autodefensa y corren el riesgo de ser tratados como súbditos. Por eso, pretender anular a la oposición es un tic autoritario. Un tipo silvestre de izquierdas lo llamaría un tic fascista, lo cual sería bastante exacto si el término fascista no estuviera corrompido por el uso desde que el Partido Comunista empezara a dispararlo desde los años 30 a todos los que disintieran de sus dogmas. Para que se entienda la gravedad de esa obstinación persecutoria, basta hablar de un efecto de la tentación totalitaria, que empieza a manifestarse por un ardor contra el discrepante y termina en el abuso de poder.

La oposición puede equivocarse, puede desbarrar, puede abusar, por supuesto, pero siempre será mejor una oposición excedida que una oposición ausente. Aunque parezca mentira, la obsesión contra la oposición se enuncia con la trampa de que debe mostrar su responsabilidad mediante su apoyo al Gobierno. Pero la responsabilidad democrática de la oposición es marcar de cerca al Gobierno y no dejarle pasar ni una.

En situaciones de crisis como la actual, su molesta gestión es más necesaria que nunca. Debe ser hoy una garantía para que las grandes aportaciones del Estado a las entidades financieras vayan adonde deban ir, para que el Gobierno no saque partido de esa operación y para que el dinero repartido sea recuperado, porque es de todos los ciudadanos, no del Gobierno que lo suministra. El plan de Estados Unidos, de donde han copiado los europeos, aunque Zapatero no lo reconozca, tiene establecidos controles y seguridades en una ley aprobada por el Parlamento. Aquí no existen esas garantías formales; si, además, se anula a la oposición, asistiremos no sólo a un cambio de modelo económico, que es lo que nos jugamos, sino también a un cambio de modelo político, que sería una ruina.

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Retocar la Historia, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Derechos, Historia, Política by reggio on 10 octubre, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

Los responsables de las versiones taquigráficas del Congreso de los Diputados han borrado del Diario de Sesiones la palabra miembra, pronunciada por la ministra Bibiana Aído el día 9 de junio. Basan la supresión en que el palabro no está en el diccionario de la Academia, pero ésa es una razón insuficiente.

Yo tengo admiración por el cuerpo de taquígrafos de las Cortes, en el que trabajan muchas más mujeres que hombres, todos con eficacia y discreción impresionantes. Les he visto durante años tomar nota puntual, o sea, exacta, de lo dicho por los parlamentarios mediante un trabajo cuyo resultado me parece milagroso. Lo mismo entienden a un orador atropellado que a otro tartamudo, a uno que habla en susurros, como para sí solo, que a quien comete violaciones sucesivas de la sintaxis.

Los taquígrafos no son sólo una imagen certera de las virtudes del parlamentarismo («¡luz y taquígrafos!») sino, sobre todo, unos notarios imprescindibles. Por eso, suprimir un término que fue significativo en su momento no tiene nada que ver con su función; es, cuando menos, un error.

Esto no quiere decir que yo simpatice con esa locución infortunada. Antes la he tachado de palabro, término que sí admite la Academia y significa «palabra mal dicha o estrambótica». Miembra es una construcción absurda e indocta, pero debe quedar recogida en el Diario de Sesiones, testimonio de lo que ocurre -de todo lo que ocurre- en el Parlamento. La única salvedad debe marcarla el remiendo gramatical necesario para que el lector perciba lo que se dijo: el lenguaje oral necesita algún arreglo formal cuando es ininteligible sobre el papel, pero sólo esa corrección es legítima y no la poda de palabras por otros motivos.

Lamentablemente, muchas veces ha sido el Diario de Sesiones víctima de talas indebidas. De casi todas las sesiones encendidas y a veces violentas celebradas durante la II República se eliminaron insultos, maldiciones y amenazas. El lector tiene que imaginárselos cuando encuentra entre paréntesis frases como «algunos diputados profieren palabras que no se entienden…» y otras parecidas. Pero imaginarse lo que pasó no es conocerlo.

Los responsables del Diario de Sesiones hicieron un flaco servicio al conocimiento histórico. La tristemente famosa amenaza, que yo citaba aquí el otro día, pronunciada por el comunista José Díaz contra José María Gil Robles («Usted morirá con los zapatos puestos») en 1936 fue recogida por algunos periódicos, pero no apareció en el Diario de Sesiones, lo que explica que se haya atribuido también a Dolores Ibarruri, La Pasionaria, y se haya tenido por víctima de ella en ocasiones a José Calvo Sotelo.

El Diario de Sesiones sí recogió, en cambio, una frase que pronunció Pablo Iglesias en 1910 dirigida a Antonio Maura, que causó mayúsculo escándalo, y que resumo: tal ha sido la indignación causada por la política maurista que nosotros consideramos que antes de que S.S. vuelva al poder debe llegarse «hasta el atentado personal». En la República y en otras etapas, este discurso habría sido cercenado y una parte de la Historia habría sido borrada.

La supresión de miembra no es asunto grave, pero lo revelador es el gesto más que su resultado. Si se retoca el discurso de una ministra, se invita a sospechar que el arreglo en cuestiones significativas es corriente. Si es así, el valor del Diario de Sesiones queda menoscabado. Porque su función no es corregir al orador, sino dar fe de lo que pasa; y, a veces, lo que pasa es que un parlamentario atiza patadas al diccionario o dice tonterías.

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Sobre el deber de decir la verdad a la gente, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 3 octubre, 2008

EL REVES DE LA TRAMA

Las cabriolas dialécticas de Rodríguez Zapatero sobre la crisis económica han infundido en muchos la duda acerca de la necesidad de que los dirigentes políticos hablen con claridad a la gente aun a riesgo de causar inquietud y alarma. Algunos, con buena fe, se preguntan si el sobresalto ocasionado por la verdad no será peor que la ocultación. Otros, en su papel de escoltas del poder, aplauden la ficción del presidente del Gobierno sin perder el tiempo en interrogantes: para quien se ha rendido lo obligado es no discutir y, en cambio, defender sin desaliento la acción del sujeto que ha ganado su capitulación.

Pero esta duda está resuelta desde hace mucho tiempo, desde que se entendió la dimensión de dos cimientos de la sociedad libre: uno, el formado por la libertad de expresión, que incluye la libertad de información, y otro, el constituido por el deber de los gobernantes de actuar siempre al servicio de los gobernados. Ambos principios no pueden ser llevados a la práctica sin el respeto a la verdad. Sin verdad no hay información, que es un valor social y una utilidad personal insustituible; y sin verdad no puede haber servicio a los ciudadanos, que es lo que deben los gobernantes a la sociedad.

Cuando un gobernante dice la verdad y actúa conforme a ella, no sólo cumple un deber ético, cumple su cometido básico; cuando un gobernante se conduce con la mentira, traiciona a los ciudadanos. Algunas sociedades tienen un sentido radical de la exigencia de verdad y castigan a los políticos a quienes sorprenden en la mentira. Estados Unidos ha ofrecido ejemplos numerosos. Uno de los más notables fue el proceso social al presidente Richard Nixon, que se vio obligado a dimitir más por haber negado las irregularidades detectadas en el caso Watergate que por haberlas consentido. (Luego, en cambio, trató con indulgencia a Bill Clinton tras el ‘escándalo Lewinsky’ con razones en algunos casos triviales). Otras sociedades, por el contrario, consienten las mentiras de sus políticos, como ha pasado en España: Zapatero ganó las últimas elecciones de 2008 pese a sus mentiras constantes sobre la negociación política del Gobierno con ETA. Está visto que sus votantes se las perdonaron.

Es muy peligroso que la sociedad tolere a sus gobernantes la ficción política. A partir de ahí, todo abuso es posible. Afortunadamente, una parte relevante de la sociedad española no aceptó nunca las mentiras de Zapatero ni las acepta, sino que lucha por hacer oír sus denuncias por encima del ruido que causa el coro de elogios, disculpas y justificaciones que le protege.

En el caso concreto de la crisis económica, que cada día que pasa se presenta más profunda y agobiante, no hay justificación alguna para ocultarla. Zapatero, su vicepresidente Solbes y, en general, todos sus ministros la negaron por una razón de egoísmo político antes de las elecciones, porque entendían que ahuyentando su imagen de la mente de los votantes no perderían votos. Y la minimizan ahora para dar una sensación de dominio de la situación y no perder el favor entre su público. No recurren a la simulación para sólo calmar los ánimos, sino para recibir el servicio de los ánimos tranquilizados. Pero eso es una deslealtad y una trampa. A los ciudadanos hay que decirles la verdad ¡sobre todo si es alarmante!, porque sólo con la verdad podrán actuar en consecuencia y protegerse. Negarles la verdad, edulcorarles la realidad, es hacerles un mal servicio y es, además, tratarlos como idiotas.

© Mundinteractivos, S.A.

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