Reggio’s Weblog

El frente interno, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 27 febrero, 2009

Ni se acaba el mundo con la crisis, ni la política en los fastidiosos contenciosos entre el poder central y el autonómico. Catalunya, en tanto que sufridora secular de la adversidad, puede salir reforzada de esta difícil etapa, como ha sucedido en el pasado. También puede instalarse en el declive, y no sería la primera vez. Depende de los catalanes, de cómo seamos capaces de reaccionar, de las prioridades que establezcamos, de la ambición colectiva, del acierto en los cambios estratégicos, de la sociedad civil, en su más amplio sentido, así como de las propias administraciones. En definitiva, del consenso sobre las transformaciones y cambios, del trabajo de los miles de colectivos de todo tipo que conforman el tejido social.

Tanto la economía global como la confianza ciudadana en el futuro sufren un serio revés. La mayoría de los sectores saldrán sin duda perjudicados. Los costes están siendo altos, y no hemos tocado fondo. En estas circunstancias, es imprescindible preservar la cohesión social, reforzar en lo posible las redes de protección, en especial de los más desfavorecidos. Pero el reto, que empieza por aquí y sigue por la financiación, el crédito y las inversiones, se multiplica en varios frentes. Señalarlos, perfilarlos e invertir en ellos es crucial.

El primero es el capital humano. Es ineludible elevar el nivel general, y el especializado, de la formación, también la continua. Los partidos deberían ponerse de acuerdo cuanto antes y aprobar la ley de Educación. Pero no basta. El famoso plan Bolonia, de uniformización universitaria europea, va a dejar un hueco de enorme magnitud. Al acortar las carreras universitarias, obtendremos universitarios con capacidades sensiblemente inferiores. No habrá otra forma de conseguir capas altas de profesionales que mediante la creación, a semejanza de otros países de nuestro entorno, de centros de altos estudios. De lo contrario, no podremos competir.

El siguiente es un capítulo de capítulos.

Transformar es escoger. Escoger es descartar. ¿En qué deberíamos especializarnos? ¿Dónde invertir con garantías los escasos recursos disponibles? Innovación y tecnología son palabras clave, pero podríamos errar al señalar los núcleos emergentes. Asimismo, no pocas actividades tradicionales, verbigracia el comercio, están llamadas a perpetuarse, con escasas adaptaciones. Además de la construcción, otros sectores se revelan obsoletos o bien pasarán a ocupar un lugar mucho menor en el cuadro macroeconómico, y es del todo inútil malgastar, en retrasar su hundimiento, fuerzas que deberían reservarse para fines con futuro. Mejorar en lo que somos buenos es siempre una opción acertada. Son principios generales, de difícil concreción. Nada peor que improvisar o actuar al hilo de las malas noticias, sin reflexión y análisis previos. Pero nadie puede permitirse pararse a pensar en pleno temporal. Hay que unir pues pensamiento y acción, acción y rectificación. La presente crisis conlleva cambios permanentes, en la economía, en la cultura, en los hábitos, cuyo alcance aún no atisbamos. Descartada por largo tiempo la alegría irrefrenable del consumo, cuando vuelva el crecimiento, será probablemente lento.

La clave de vuelta para una salida particular a la crisis -la particular de Catalunya, inserta en España, Europa y la globalidad- es la cohesión interna. Aprovechar que somos un país pequeño para centrarnos en las enormes posibilidades que ofrece a los de una medida similar la economía de escala. Añadir discordia a los focos permanentes, e inevitables, de tensión, es algo en extremo contraproducente. Para empezar, los políticos deberían dar ejemplo. También los medios de comunicación y los forjadores de opinión. No tenemos otra opción que abonar un liderazgo difuso, de suma de vectores, por llamarlo de algún modo. Nada menos indicado que las tentaciones de líderes providenciales, sea al estilo de Obama o al de Sarkozy. Ahora sí es indispensable que la sociedad civil -entendida en los términos expresados más arriba- se refuerce y asuma, no el relevo, pero sí una porción más relevante de liderazgo y autogestión. Catalunya ha soportado durante los últimos decenios un progresivo desmantelamiento del tejido social organizado, con una cierta recuperación, visible en los últimos tiempos. Es urgente reforzarla. La Generalitat y el resto de las administraciones deberían al tiempo dar un giro hacia la proximidad, mediante la asunción a fondo, por parte de responsables y funcionarios, de la condición de servidores públicos. Deberíamos acabar con la patrimonialización de las administraciones a cargo de sus gestores, sean temporales (los políticos) o permanentes (los funcionarios). La Generalitat es un instrumento de la sociedad y no al revés. Cada cual debe ejercer sus potestades y responsabilidades, pero teniendo en cuenta que el mejor criterio, en estos tiempos de inteligencia colectiva y sistémica, no lo transmite el sillón, sino la sociedad, con la única condición de que se la sepa escuchar.

El futuro de Catalunya saldrá de Catalunya. Las dificultades no son excusa.

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Abuso de poder, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 20 febrero, 2009

Van llegando, una tras otra, sin descanso, desde el poder central español, malas noticias para Catalunya. La que acaba es en este sentido una verdadera semana negra. A fin de no contribuir a calentar los ánimos, que sería una reacción equivocada, les ahorro la enumeración de los titulares negativos. Me quedo con dos, el caso omiso a las justas reivindicaciones de los empresarios del sector del metal, que están cayendo en saco roto; y el último, la decisión, en firme y por sorpresa, que cercena la financiación estatal, a cargo del 0,7% del IRPF que pagamos como todo el mundo, de las ONG catalanas. Se trata de un malintencionado bombazo destinado a estallar en medio de uno de los tesoros de la Catalunya contemporánea, la cohesión del tejido social, que es mérito de todos pero en especial de quienes practican la solidaridad interna con los más desfavorecidos. Es una agresión intolerable, que se produce en el peor momento, ante la cual la respuesta política -recurso al Constitucional y movilización de senadores- es del todo insuficiente. Que a un ministro le pase por la cabeza que los catalanes van a tragar una vez más es buena muestra de la atmósfera de abuso de poder contra Catalunya que se ha instalado en el casi todo Madrid.

El memorial de greuges (memorial de agravios) se alarga día a día. El vaso se va llenando, pero a medida que se llena se aleja la metáfora de la gota que lo colma, de modo que convendría cambiarla por la del pozo sin fondo (si bien es de esperar que en algún lugar, ahí abajo, se acumule el poso). ¿Qué hacer? Además de ir a ver la exposición del CCCB, en la que su comisaria, Pilar Parcerisas, muestra lo productivas que en arte llegan a ser las vacaciones del seny,abstenerse de cualquier reacción intempestiva, que siempre ofusca la mirada, desvía la más bien intencionada trayectoria y cuenta con demasiadas posibilidades de surtir efectos contrarios a los deseados. Mejor analizar hasta donde lleguen las luces, comprender en lo posible el aciago paisaje, sus causas, las propias debilidades y la fortaleza estructural de quienes perpetran tanto abuso.

Tal vez la teoría tolstoiana del oleaje incontrolable de la historia ayude un poco. Con el nuevo Estatut, Catalunya puso en marcha un torrente de energías e ilusiones comparables a una ola. De envergadura menor a la esperada, se quedó a medio camino, si bien al fin se consiguió un cierto avance. La ola murió lamiendo, mansa y humilde, la escalinata de la Moncloa. Pues bien, ahora recibimos el reflujo del Estatut. Consumidas, disueltas las energías catalanas, sufrimos ahora el impacto de la correspondiente ola contraria, ante cuya soberbia altura no contamos con la capacidad de construir un dique de contención. Dejemos ahora a Tolstoi y recordemos al poeta Maragall, a Cambó, a tantos antepasados recientes para quienes Catalunya podía ser mil veces doblegada, pero nunca anulada, y menos asimilada.

Buena muestra de ello es la capacidad catalana de hacer los deberes propios, a pesar de todos los obstáculos, de tomar la iniciativa, de insistir en vez de desistir.

Viejos y nuevos catalanes llevamos el tesón, el impulso, la imaginación en los cromosomas cruzados. En las presentes circunstancias, no hay nada más anticatalán que predicar o abonar el desánimo, y no digamos caer en él. Claro que es difícil, cuando incluso las mejores noticias e iniciativas, que no cesa de haberlas, se convierten en dolorosos recuerdos de las enormes dificultades añadidas. Sólo dos ejemplos. Uno, el túnel de la alta velocidad que atraviesa los Pirineos, ya listo pero desprovisto de la menor utilidad. Ni siquiera ha merecido una inauguración para destacar su patética función simbólica. Dos, la esperanzadora aventura de Spanair, por la que hay que felicitar al alcalde Hereu y a la sociedad civil. Spanair nace a pesar de perpetuarse el centralismo pro-Barajas de Aena, cuya prevista semiprivatización está estratégicamente calculada para evitar que desde Catalunya se pueda incidir de veras en la gestión del aeropuerto de El Prat.

La imagen de Catalunya, difundida por Oriol Pujol, como colectivo que a cada bugada perd un llençol sólo es cierta si añadimos que Catalunya sigue siendo una fábrica inagotable de sábanas. ¿Tiene Catalunya quien la defienda? Él mismo asegura que no. Me temo que está en lo cierto, si bien es poco creíble que una eventual alternancia conlleve mejoras en este sentido. Si fuera tan fácil, ya estaría hecho. La incapacidad es del sistema, la debilidad es del conjunto. Lo cual sólo es asimismo cierto si consideramos que la incapacidad y debilidad se refieren básicamente a contener los abusos del poder central. De puertas adentro, contamos con un país mejor pertrechado de lo que pueda parecer a las miradas melancólicas.

España, sumergida en la ciénaga de la corrupción, el enfrentamiento sin cuartel y la ocultación de la verdad, va mal. Catalunya, con un notable en virtudes públicas y otro en ética y conciencia ciudadana, va peor. Mejor dicho, no va peor, pero se encuentra peor.

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Aguantar, esperar, financiar, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 13 febrero, 2009

Hay un dato evidente, si bien todavía no bien cuantificado, que explica con elocuencia, no la magnitud de la crisis, que aún desconocemos, sino la escasa eficacia de las medidas puestas en marcha para conjurarla. Me refiero a la diferencia entre el precio oficial y el precio real del dinero. Por un lado, el Banco Central Europeo bajó los tipos hasta el dos por ciento. Por el otro, el precio real de los préstamos, que, según aseguran quienes los solicitan y los conceden, se sitúa con facilidad alrededor del ocho por ciento, incluso más. No es que las entidades financieras se propongan hacer un gran negocio con el dinero prestado, sino que los costes de obtenerlo son asimismo muy elevados e incluyen capítulos como avales y primas de riesgo. Esta distancia entre el precio oficial y el precio real del dinero no tiene precedentes en la memoria de los profesionales que he podido consultar. Aun así, la falta de liquidez contribuye a yugular la demanda y la economía productiva.

¿Con qué instrumentos efectivos cuentan las autoridades monetarias, a escala europea o estatal, si la influencia de la mayor de ellas, los tipos oficiales, se muestra tan escasa? El dinero público inyectado se desvanece en dirección contraria a la prevista o proclamada, hacia los grandes inversores que prestaron a los bancos y no hacia las empresas y las familias. Es de temer que el mercado, temeroso, imponga su irracionalidad, no su lógica, porque ha dejado de tenerla o de aparentarla (si es que alguna vez la lógica del mercado ha pasado de concepto ornamental). ¿Estamos en un túnel o, mucho peor, en una cueva de dimensiones desconocidas, tal vez de Alí Babá, en la que los aprovechados y los incompetentes siguen acechando en la oscuridad? Los más clarividentes, entre los que por desgracia no me encuentro, confiesan que van con linternas de escaso haz de luz, cuyo alcance no llega al techo ni a las paredes. En otras palabras, las dimensiones reales de la crisis están por determinar. Se trata de una crisis inédita, sin precedentes claros que permitan comprenderla y poner en marcha remedios fiables o probados. Las ideas de los economistas, los pocos que se atreven a dar alguna, son de lo más dispar. Algunas parecen infantiles o de bombero. En ningún caso los líderes políticos se atreverán a aplicar medidas que no cuenten con amplio acuerdo.

Precisamente la intuición compartida se reduce a la conveniencia de inyectar dinero público, con la doble finalidad de paliar los efectos más desastrosos y avanzar en lo posible la recuperación. Algún día pagaremos la factura de lo que ahora se invierte, esperemos que sea durante la recuperación. En cuanto a la eficacia del primer objetivo, evitar el derrumbe del sistema financiero, los resultados se corresponden con las intenciones. El resto parece volcarse en un pozo sin fondo, a fin de rellenarlo, si bien es pronto para decir si surte el efecto deseado o se lo llevan las oscuras aguas freáticas. Las inversiones en infraestructuras, por ejemplo, crean empleo y mejoran las opciones para crear riqueza en el futuro (¿qué tal priorizar de una vez el yugulado corredor mediterráneo?). No existe ni en el Gobierno ni en la oposición españoles, ni en los medios de Madrid, sensibilidad suficiente en cuanto a los sectores emergentes. Tampoco está el horno político para consensuar reformas, ni siquiera las más evidentes y necesarias, de modo que la exigencia se reduce a una enérgica y decidida acción de los poderes públicos para que el famoso dinero de todos inyectado en el sistema llegue a las empresas y las familias. En otros países se intentan medidas más drásticas o hasta cierto punto creativas, siempre de incierto resultado. A estas alturas, visto el lamentable debate parlamentario, lo único que cabe esperar es la llegada del crédito, tan imprescindible como el maná en la travesía del desierto. Los tipos reales son muy altos, las garantías son exageradas, pero aun así quienes pueden pagarlos y cumplir las garantías se encuentran con la negativa por respuesta. El sistema financiero desconfía de la economía, o tal vez tenga las arcas vacías después de pagar los plazos de sus propias deudas. La presión de Zapatero ha quedado en nada. Solbes se muestra servil con la banca, en contra de los intereses generales, y de los políticos del PSOE.

¿Qué puede hacerse? ¿Sólo aguantar y esperar? Para una buena parte de la economía no es posible lo uno ni lo otro sin unos niveles adecuados de financiación. La prioridad ahora es financiar. Puede hacerse mucho más, pero abrir el crédito es condición necesaria, previa, imprescindible. La garantía pública debe trasladarse de quienes deberían conceder créditos a quienes no los reciben. A través de los estados, los ciudadanos hemos prestado dinero a los bancos para que se salven. Hora es de que les prestemos, de la caja común que son las cuentas públicas, para que nos lo presten al por menor. La mayor dificultad no es técnica, sino política. Simplemente, los políticos se dedican a sus peleas en vez de atender el gran problema.

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Los dos peores, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 9 febrero, 2009

Newton descubrió que los astros, en su movimiento, respondían, aun sin saberlo, a una normativa general gravitatoria que regula sus itinerarios al milímetro. Luego vino Einstein a completar la explicación, no a contradecirla, con el factor tiempo, el espacio curvo y la velocidad relativa. Pues bien, deberíamos en consecuencia aprender a observar a los astros, no por sí mismos, sino en relación con los que se encuentran a su alrededor, pues no de otro modo pueden entenderse la posición y la elipse de cada uno. Forman parte de un sistema, como los líderes políticos. Igual que ellos, son incapaces de desplazarse según su autonomía, aunque a diferencia de los cuerpos celestes, siempre inmutables e indiferentes al observador, los políticos intentan disimular su interdependencia sistémica con mil carantoñas dirigidas a convencer al público de su original, exclusiva, inigualable, jamás influenciada ni desviada trayectoria.

No pocos comentaristas y observadores de la política se van convenciendo de que el segundo Gobierno de Zapatero es el peor de toda la democracia. Dejando aparte lo que tiene de propaganda o argumento conservador (léase pepero), debería antes de darles o quitarles la razón, dilucidarse hasta qué punto es procedente, desde el rigor analítico no partidista, juzgar a los gobiernos por la situación general. No siempre la peor crisis se corresponde con el peor gobierno, ni al revés. Solemos atribuir al gobierno de turno el mérito de haber propiciado los presentes brillantes, y la culpa de los malos. Sin embargo, si atendemos a lo que tardan los círculos virtuosos en dar sus jugosos frutos y a lo que tardan los viciosos en arrojar sus pésimas consecuencias, y si atendemos asimismo a lo interrelacionado del mundo global, deduciremos que es pura estupidez, o por lo menos banal simpleza, cuando no malintencionada demagogia, medir la capacidad de los gobernantes por la situación en que se encuentra un país en un momento dado.

La España de hoy sufre la crisis más que otros como consecuencia, en esencia, de no haber aprovechado la bonanza para especializarse en economía productiva, no haber invertido en alta tecnología, etcétera. Los culpables somos todos, en especial los dos grandes partidos. Ahora bien, si nos fijamos en las medidas que tomar a fin de paliar la gravedad de la situación y colocarse en buen lugar para salir de ella con éxito, y no los últimos, en cuanto empiece la recuperación, deberemos admitir que no hacemos los deberes. ¿Es sólo culpa del Gobierno? Estaremos de acuerdo en que el equipo económico no da las respuestas adecuadas, no despierta confianza ni es capaz de propiciar el crédito. Tampoco el PP. O sea, que estamos ante el peor conjunto gobierno-oposición de la historia reciente de España.

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Por un liderazgo blando de Obama, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 enero, 2009

A lo máximo que podemos aspirar es a dejar un mundo algo mejor del que encontramos. No a transformarlo radicalmente, sino, en primer lugar, a recuperar la prosperidad dañada, la confianza extraviada, y en segundo lugar a dar algunos pasos hacia la concordia o, por lo menos, hacia un modo de paliar conflictos que mantenga alejadas las más graves amenazas que se ciernen sobre nuestra civilización y las demás.

Con estas o parecidas, y sin duda mejorables palabras, puede definirse una aspiración sensata y compartida. Ya conocemos lo peligroso de los atajos hacia la Arcadia. Sabemos cómo es de inexorable el límite de Montaigne a las aspiraciones de transformar la condición humana en otra cosa o suprimir sus defectos constitutivos: quienes pretenden elevarse como ángeles acaban arrastrándose como diablos. Reformismo, pues, y prudencia.

Combinación de ilusión y paciencia. Abandonar un mal camino no equivale a encontrarse de pronto en el bueno.

Así pretendo justificar mi aversión por los grandes liderazgos o liderazgos fuertes, y convencerles, en la medida de lo posible, para que prefieran un liderazgo blando, reflexivo, con una mesurada y limitada capacidad de arrastre, a la alternativa cegadora o visionaria del entusiasmo adocenado (ni que sea por una buena causa). El propio Obama habló en su discurso de contención, introdujo la máxima dosis de racionalidad y modestia que es posible imaginar en el interior de una ola emocional como la que levantó el martes los ánimos universales. Sin embargo, la misma inclusión de personas que no piensan como él en su gobierno podría tener una lectura en clave de exceso de autoconfianza y, más que dotes persuasivas y dialogantes, voluntad de crear una corriente de tal intensidad que se lleva las discrepancias por delante.

Incluso iría más allá, previniendo contra el peligro de los liderazgos fuertes. En situaciones que no sean de excepcionalidad, mejor buenos e imaginativos gestores que auténticos líderes. El líder, además de mermar la autonomía personal de quienes le siguen, se propone dejar las cosas en una situación muy distinta a la que ha encontrado. Por ahí puede llegarse a confundir el mundo con un calcetín ¿Y si el mundo no se deja cambiar? Espanta la inevitable sobredosis de autoconvencimiento de los grandes líderes. La verdad está esparcida en fragmentos, y del mismo modo debe estarlo el poder, por lo que en ambos casos es aconsejable limitar las concentraciones: ni demasiada verdad, ni demasiado poder, y menos aún mucha verdad y mucho poder en una sola mano. Evidentemente, convienen líderes en cualquier presente malo o indeseable. Sin líderes no saldríamos de las ciénagas. Pero con líderes fuertes pueden los colectivos humanos adentrarse más en ellas creyendo estar a punto de salir.

De momento, Obama construye su liderazgo con tiento, pero también asoma el mesiánico. En cualquier caso, es imprescindible advertir, y recordar, que el ejercicio de la autoridad convierte inexorablemente la modestia en egolatría; tiende por naturaleza a cerrar los oídos más abiertos; acaba, si no se abandona a tiempo, convirtiendo el propio poder en un fin en sí mismo. Incluso en los casos excepcionales, como el de Obama, para quien el poder es hoy por hoy un medio para conseguir propósitos beneficiosos.

Llevamos tanto tiempo sin líderes, es tanta la necesidad de liderazgo fuerte, que Estados Unidos, sus socios y el orbe sienten que no es momento de echar agua al vino, y menos cuando se comparten tanto las expectativas despertadas como la imperiosa necesidad del cambio de ciclo. Así que este artículo tiene la intención de describir el tipo de liderazgo que conviene, esperando que Obama no se proponga ir más allá, más que la de recortar el entusiasmo compartido.

Cuando alguien con las extraordinarias capacidades oratorias y la clarividencia de Obama alcanza la cima del poder, el peligro consiste en utilizarlas para subyugar e imponer en vez de proponer, escuchar, calibrar y al fin convencer (o dejarse convencer). El líder fuerte tiene tanta fe en sí mismo que no se permite dudas o titubeos. El líder blando ejerce su liderazgo de modo adaptativo. Lejos de presuponer que los demás deben cargar con todo el trabajo de adaptarse al liderazgo, procura adaptarse a las circunstancias, a la pluralidad de miradas y perspectivas propuestas por la inteligencia colectiva. Si existe la Providencia, seguro que no es de este mundo, por lo menos de la humanidad en esta dificultosa etapa de su desarrollo.

Por un entresacar un par de cuestiones entre sus primeros movimientos, una pregunta sobre la prisa en recuperar la economía para pasar a mayores, y otra sobre la decisión de enfrentarse a los lobbies. ¿Y si la economía no le hace caso y tarda más de la cuenta? ¿Y si el sistema de las influencias de los grupos de presión en la política es algo tan arraigado que resulta imposible de arrancar? La imprudencia puede ser letal.

Más que nunca en los últimos decenios, el mundo necesita que Obama sea un líder reflexivo, abierto y humilde, flexible y honrado, es decir, un líder blando.

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Esto se lía, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 12 enero, 2009

Casi tiene razón el PP. No se puede tener contentos a todos los presidentes autonómicos con el nuevo modelo de financiación. Alguien tiene que salir perdiendo. No será el gasto disponible para el Gobierno central, porque se reserva un muy holgado e injustificado cincuenta por ciento. El déficit aumentará de entrada, pero la financiación de las administraciones públicas debe ser equilibrada, no a medio plazo sino a la corta. Así que quedan las dos mayores, Andalucía y Catalunya. El presidente andaluz no se queja porque vendrá luego con la enésima deuda histórica y cobrará lo que le plazca, como siempre ha sido y ya debe de estar contado, o descontado en las cuentas verdaderas, que danzan bajo llave. Por eliminación, queda Catalunya. ¿Será posible? ¿Habrán tenido la osadía de pergeñar un sistema en el que la gran perjudicada histórica siga siéndolo, mientras todas las demás avanzan, tanto las que ya salían ganando como las otras esquilmadas? ¿No se ha originado toda esta movida por las protestas catalanas, a fin de paliar nuestro abultado e insostenible déficit fiscal? Estaríamos frescos. ¿Lo estamos?

Pasemos a la política, pues quienes deciden se mueven ante todo por criterios, mejor dicho conveniencias políticas. ¿Qué le conviene a Zapatero? Lo de antes. Que caiga Montilla – antes Maragall-,que suba Mas y a intercambiar apoyos entre PSOE y CiU, mientras Catalunya se fastidia, mientras el PSC se debilita y desacredita hasta convertirse de nuevo en una maquinaria electoral del PSOE. La única zancadilla de la que dispone el PSOE para que Montilla tropiece es la financiación. Que la oferta provoque, por baja y hasta vejatoria, la ruptura del tripartito, elecciones anticipadas y CiU al poder. Es de libro. La dificultad, la única (descartando que Esquerra e Iniciativa traguen con cualquier cosa), estriba en el plante del presidente catalán.

Llegados a este punto, la pregunta sólo puede ser una: ¿puede Zapatero llevar adelante unos acuerdos de los que todos participen, hasta con entusiasmo, mientras Catalunya dice no? En clave española, la respuesta es que le iría de perillas. Sería la coronación, la glorificación, la entronización. Rabo catalán cortado y diez vueltas al ruedo hispánico. ¿Y en clave catalana? El precio que pagar sería el distanciamiento del PSC. Cuya gravedad dependería de la traducción en votos y escaños en las generales. A ojo de buen cubero y ante la imposibilidad de las pertinentes comprobaciones, es probable que saque más en el resto de las comunidades de lo que pudiera perder en Catalunya… anoser que se produjera una situación de empate con el PP, ante el cual los catalanes volverían a volcarse a favor de Zapatero para frenar a Rajoy o a quien le suceda.

Se mire como mire, y contando con que solamente perjudicando a los catalanes salen las cuentas del Reino a satisfacción de todos los demás, el lío está servido. Esquilarnos no es gratis: es el gran negocio.

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Yugurta en Gaza, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 9 enero, 2009

Cuando fue expulsado por el Senado a causa de sus atrocidades, tergiversadas a copia de sobornos, el rey númida Yugurta exclamó: “Lo poco que durarías, oh ciudad venal, si encontraras comprador”. El abuelo de Yugurta, el rey Masinisa, fue de enorme ayuda para que los romanos vencieran en la segunda guerra púnica. Bastardo legitimado, Yugurta compartió el trono con sus dos primos, a los que expolió y asesinó de la más vil manera, con repugnantes artimañas de por medio. En vez de ser castigado por unos delitos que clamaban al cielo, consiguió zafarse de la justicia romana a base de lo que hoy llamaríamos la destrucción sistemática de la verdad mediante la construcción de mentiras alternativas. Yugurta derribó y pisoteó, con resultados altamente satisfactorios para su causa, el secular sentido moral de los romanos, llegando a falsificar una paz en forma de sumisión sólo aparente. A la postre, tanto despreciaba a Roma que consiguió enfadarla hasta provocar la invasión de su territorio y una prolongada guerra.

Sólo fue depuesto, tras años de habilísima resistencia, mediante una artimaña urdida por los generales romanos, que consiguieron que su aliado traicionara a Yugurta. El rey volvió a Roma encadenado y fue ejecutado.

Hasta aquí Salustio, uno de los más vibrantes y certeros historiadores de la antigüedad. No se encuentran, en el pasado, paralelismos que expliquen satisfactoriamente o coincidan con las situaciones del presente, si no es de una manera parcial y un tanto forzada. Sin embargo, he sacado a colación a Yugurta por la dificultad en conocer la verdad, agravada, entonces y ahora, porque el principal autor de las tropelías era y es, más que un principal aliado, uno de los nuestros, con quien nos sentimos, además, especialmente los europeos, en deuda. Asimismo, porque Salustio plantea los límites morales que una sociedad está dispuesta a fijar. O a traspasar.

Como la Roma del siglo primero, Estados Unidos es rehén de un sistema de comunicación que imposibilita un juicio ponderado de la situación, entonces en la Numidia, ahora y en los últimos decenios en Palestina. La percepción de los europeos, mucho más ecuánime y proclive a apiadarse de las principales víctimas, se está enmarañando por la propia evolución del conflicto, que al encontrarse en una fase tan avanzada enfrenta, no a dos ejércitos o a un ejército con guerrillas aún capaces de obligarle a retirarse o negociar, sino a Israel con la resistencia terrorista propia del vencido que no se resigna.

Si algo me parece fuera de duda es que pasó la oportunidad de una paz aceptable y algo justa. Pasó y no volverá, porque Israel ha avanzado demasiado como para volverse atrás y ceder una parte de lo conquistado. La responsabilidad principal de no haber propiciado la paz a tiempo, más que de las partes, es de los propios Estados Unidos, que se abstuvieron de imponerla, y de Europa, que se limitó a alzar un tímido dedo en señal de desacuerdo. Desde el otro lado, el protagonismo de la resistencia palestina ha quedado atrapado en manos del conglomerado islamista que utiliza el hervidero de Gaza como gozne de su enfrentamiento con la civilización occidental.

Objetivamente, estamos pues en el lado de los vencedores, por lo que somos cómplices morales -tal vez no a escala individual, pero sí colectiva, como sociedad y civilización- de los desmanes causados en este enésimo episodio de destrucción masiva de los vencedores sobre los acorralados. Tal como el terrorismo de Hamas ha preparado la resistencia, además de provocar el ataque con su escalada de misiles lanzados sobre suelo israelí, resulta imposible limpiar el nido de avispas sin que los llamados daños colaterales -la muerte de centenares de inocentes- sean mayores que los causados en sus efectivos por los invasores. Es cierto que utilizan a su propia población como escudo. A una monstruosidad de este calibre sólo se llega por desesperación. ¿Les suenan de algo Numancia y Sagunto? Pues añadan una interesada y perversa ayuda exterior de quienes buscan la primacía mundial del islam a base de destruir a Occidente. El próximo paso de la estrategia islamista es derrocar los regímenes prooccidentales de los países musulmanes. La pasividad de los gobernantes, en especial los árabes, ante la masacre de Gaza alimenta la animadversión de la población hacia ellos.

La percepción europea sobre el conflicto se está aproximando a la estadounidense, empujada por la evidencia de que Hamas es la avanzadilla del islamismo desestabilizador, antioccidental y terrorista. No deberíamos los europeos (ni desde luego los estadounidenses, aunque sea más difícil) permitir que estos ataques de plausible intención antiterrorista alteren la percepción de la atrocidad, desplazando nuestro sentido de lo intolerable y lo inhumano hacia lo justificable por los fines. Mientras no llegue la hora de la diplomacia, y no lo hará hasta que los militares israelíes den por cumplida su labor u Obama tome posesión, lo único que se puede intentar es preservar dos principios: la percepción de la realidad y el sentido moral de lo permisible.

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Oposiciones, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 29 diciembre, 2008

Motiva este artículo el mal aprovechamiento de los acuerdos nacionales por parte de CiU. Son ya varios los que han firmado. Los últimos, sobre enseñanza e inmigración. El próximo, sobre infraestructuras. La visualización de la firma no se ha seguido de la menor insistencia acerca de la influencia, la consecución de cotas de su programa e ideario (que de otro modo no habrían saltado a la realidad) o la exhibición de su capacidad de acuerdo y sacrificio cuando se trata de temas esenciales para Catalunya. Gracias a CiU, persiste la personalidad diferencial de los catalanes, traducida en el mantenimiento de unos usos y costumbres que distan mucho del enfrentamiento sin cuartel al Gobierno que se enfrenta sin cuartel a la oposición. El simplismo simétrico del poderoso Madrid sigue teniendo poco que ver con los matices y los espacios de encuentro de la política catalana y universal.

Tal vez es que unos necesitamos afianzar la fragilidad con acuerdos mientras los otros siguen tan seguros de su fortaleza que se permiten toda clase de embestidas y demoliciones. Sin embargo, la fortaleza no es lo que parece. Primero los bandazos de la alternancia y ahora la crisis han puesto de manifiesto debilidades estructurales, de posicionamiento, imagen exterior y falta de continuidad, que la unánime exaltación de la lucha antiterrorista enmascara en vez de resolver. En Madrid interesa más la política que España, y si en algo la política favorece a España, esto no se sigue de una supuesta intención de tirar del carro en la buena dirección, sino del cálculo en la lucha partidista, ante todo para dejar en mal lugar al otro, sea Gobierno u oposición. El tema de la política española no es España sino el poder, mantenerlo unos, conseguirlo los otros.

¿En Catalunya, va antes el país o la lucha partidista? A tenor de lo constatado en el primer párrafo, la política catalana está a años luz de la española, en términos de modernidad y reacción a la crisis. Pero es insuficiente. En primer lugar, porque, siendo evidentes los acuerdos trascendentales, no se resaltan con nitidez, con lo que se pierde su primer efecto sobre la sociedad. Tal vez los medios tengamos parte de culpa, pero la principal recae sobre la propia CiU, cuya cúpula parece imitar a Jano, el de dos caras, y tiende más a mostrar la que mira hacia atrás que la enfocada al futuro. La situación demanda lo contrario. No hay que renunciar nunca a la crítica del Gobierno y sus fallos, pero si se muestra la otra cara, entonces prima la altura de miras sobre la saña contra el poder y la ansiedad por conquistar el poder.

Ganar es objetivo irrenunciable de la oposición, pero no por asalto sino como consecuencia de la mayor responsabilidad y capacidad de acuerdo. En Roma, el buen Jano propiciaba buenos finales.

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Sindicatos, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Derechos, Laboral by reggio on 22 diciembre, 2008

A mayor responsabilidad y prudencia gubernamental, más tendencia sindical al griterío primario, que satisface los instintos de rebeldía pero contribuye a agravar la situación. El paro, además de injusto y dramático, es consecuencia de una situación que los trabajadores no han propiciado. A nadie se le ocurre echar las culpas de la crisis a la acción sindical, pues nada hay más alejado del capital financiero -en el epicentro de todos los terremotos- que CC. OO., UGT y sus homólogos en los países desarrollados. Incluso puede decirse de los sindicatos españoles, a diferencia por ejemplo de los franceses, que no se han movilizado contra la modernización de la economía ni en defensa de los privilegios de unos trabajadores a costa de todos los demás.

Concluido el reconocimiento, y antes de pasar a mayores, dos parabienes. El primero, europeo, porque el Parlamento ha tumbado la iniciativa de las sesenta y cinco horas. Segundo, por el Pacte Nacional per a la Immigració, que deja encauzado el tema, mucho más candente a medida que se reduce la demanda de puestos de trabajo, por acuerdo entre la consellera Capdevila, los agentes sociales y el casi habitual cuatripartito.

Es obvio que los sindicatos representan una función primordial en esta profunda crisis, y más en una economía productiva y de servicios como la catalana. Es primordial no coger fama de país especialmente conflictivo. Al contrario, la flexibilidad y la negociación deberían ser normas básicas, a pesar de las innumerables tensiones generadas por las dificultades de las empresas (que en la inmensa mayoría de los casos son debidas, no a una mala gestión sino a la contracción de la demanda). Si los sindicatos no son responsables, tampoco suelen serlo las empresas, por lo que procede repartir las cargas, so pena de agravar aún más la situación hasta provocar el cierre o el traslado a otros países con menores costes laborales. El objetivo primordial común, o en cualquier caso el sindical, es que las empresas no cierren o no se desplacen, porque entonces la pérdida de puestos de trabajo es total. Ante esta perspectiva, y a partir del mencionado reparto de cargas, no pocos sacrificios parciales son lo más recomendable.

No así las amenazas, como la lanzada por Josep Maria Álvarez a Sony, en el sentido de un boicot a los productos de la marca. El boicot conllevaría el cierre total de la factoría que se pretende salvar. Al contrario, los sindicatos deberían ofrecerse a favorecer la compra de productos fabricados aquí, por el beneficio que conlleva en mantenimiento de puestos de trabajo.

Mientras IU deriva hacia la aventura, mientras la división de CC. OO. conlleva riesgo de escorar hacia la demagogia populista, no se ha oído una palabra de pacto para aumentar la productividad.

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La hora de la verdad, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Derechos, Política by reggio on 19 diciembre, 2008

Unanimidad. El PSC y el PSOE se están poniendo a prueba, con unanimidad de forma y fondo en ambas orillas. Si en la de aquí queda clara la prioridad de Catalunya y la defensa de sus intereses, en la otra están todos de acuerdo en someter a los compañeros catalanes, en aras de un interés general administrado únicamente desde la capital. Al reiterado trágala y menosprecio de la Moncloa y el Gobierno, responde el PSC anunciando un cambio de las relaciones en caso de nuevo incumplimiento. Se acerca la fecha límite para un acuerdo en materia de financiación. De lo contrario, habrá consecuencias.

No se sabe cuáles en concreto, pero las habrá. Con el agravante de que el plante catalán puede ser imitado en un futuro por los socialistas de otras comunidades.

Sean las que sean, y por mucho que Zapatero se empecine en negar la evidencia y silbar hacia otra parte, las consecuencias no serían agradables para el PSOE y su cohesión interna.

Antes de explorar en qué puede consistir la reacción del PSC auna falta de acuerdo, veamos si, esta vez, la amenaza es creíble. ¿Hasta qué punto, cabe preguntarse asimismo, la unanimidad exhibida esta semana no se resquebrajaría en el momento de concretar las consecuencias? Desde luego, el precedente inmediato no invita a prever que van a cumplir. En efecto, la amenaza de no votar los presupuestos generales del Estado si no se resolvía la financiación, estaba fuera de lugar. No se ha materializado porque era de imposible cumplimiento. Ha sido interpretada como una bravata. Asimismo, el PSC acaba de votar con el PSOE, contra la financiación municipal, contra su votación anterior en Catalunya, que ya es claudicar. Sin embargo, y en buena parte precisamente por los precedentes, esta vez la amenaza sí resulta creíble. So pena de renuncia, por parte del PSC, a la autonomía política en su propio ámbito. En buena lógica, no hay vuelta atrás. O financiación, o cambio en las relaciones con el PSOE, o harakiri del PSC.

Un cambio modulado. El PSC es un partido responsable que rechaza las aventuras. Nadie habla, pues, de ruptura, pero sí puede haber congelación, o asunción por las buenas de mayores cotas de autonomía en Madrid. ¿Retirada de los dos ministros del PSC? ¿Abstención futura en el Congreso que dejaría en minoría al PSOE? No se espera que llegue a tanto, el zapatazo al presidente del Gobierno y a Ferraz sí debería ser significativo y duradero, no de cara a la galería. No se puede pasar la maroma eternamente. No se puede tirar siempre de la cuerda por ambos lados sin que nadie afloje. No es posible surfear la hora de la verdad como si fuera la ola de la verdad. Con la sumisión, el PSC tiene mucho que perder y nada que ganar. Si no aflojan, al PSOE y a Zapatero les va a doler. Lo más probable, esbozado el panorama, es que haya acuerdo. Avances significativos antes de finalizar el año, por lo de salvar el honor del PSOE, con firma y foto final en enero. Ano ser, conociendo un poco al president Montilla, que se salga una vez más con la suya y consiga el objetivo en el plazo señalado.

Después llegarán otras horas de la verdad: cercanías, aeropuerto, Agencia Tributaria y lo que quieran añadir. La agenda no termina con la financiación. La tensión está servida y asegurada. Viene de lejos y va a durar. No es consecuencia de un cambio de actitud del PSOE, sino de su coherencia de fondo. La primavera federalista de Zapatero fue un paréntesis de corta duración. Ahora hemos dejado atrás el otoño y estamos en un invierno que puede significar hibernación.

La presión sobre los socialistas catalanes es grande. Hasta se apunta a incrementarla el PP de Catalunya, tildando al PSC de sucursalista. Lo que, dejando aparte que se pone en evidencia, pues el PP es, de largo, el más sucursalista de los partidos catalanes, es en el fondo positivo, pues contribuye a la formación de una voluntad colectiva de la que el propio PP no podría quedar al margen.

Todo lo que ocurre proviene de la nueva etapa del PSC, al haber asumido la presidencia y buena parte de las conselleries más significativas del Govern. Aunque ERC sufra en forma de merma de su base electoral la decisión de entregar la Generalitat a los socialistas, la estrategia está dando resultados, pues es muy distinto observar desde la barrera cómo CiU aguanta las cornadas de los sucesivos gobiernos centrales, a sufrirlas en sus propias carnes. La dinámica es muy otra e implica a toda Catalunya.

Acabe como acabe esta hora de la verdad, habrá un antes y un después. De facto, ya estamos entrando en el después. O el PSOE se toma en serio al PSC – aunque no lo manifieste-,o seguiremos en las mismas, con una escalada progresiva de la tensión. El PSC no puede abandonar, no ya el Govern, que algún día le tocará, sino la posibilidad de situarse en condiciones parecidas a las de CiU para gobernar Catalunya. Más pronto o más tarde, el PSOE deberá acomodarse a ello, so pena de romperse. Lo cual va a resultar positivo tanto para España, aunque a Madrid le cueste entender, como para Catalunya.

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Teoría del muelle, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 8 diciembre, 2008

Al caer están dos chuzos, los dos grandes, aunque no van a venir tan de punta como se anunciaba. La financiación sufre su postrer retraso, pero no ya como aplazamiento de la mala noticia sino para limar los flecos de un montante y unos principios de reparto que, al menos por comparación con lo que se temía, van a mejorar la delicada situación financiera de la Generalitat. Si tenemos que hacer caso a todos los que saben de qué va o dicen saberlo de muy buena fuente, la sentencia del Constitucional no sólo sería aprobada por unanimidad o casi, sino que, en vez de tocar el texto, le va a dar una interpretación unidireccional, restrictiva, de encaje con la concepción cerrada – y ya definitiva-de la Constitución a la que el Alto Tribunal nos tiene acostumbrados. De andar en lo cierto ambas previsiones, basadas en un conocimiento que ni poseo ni estoy en condiciones de comprobar, pero que los consultados dan por seguras, con poco margen para el error, o incluso para el matiz, tendremos un sensible incremento en financiación y una sentencia que deja intacto el texto pero restringe el contexto del Estatut. ¿Próxima parada?

No creo haberles contado mi pintoresca teoría del muelle, aproximadamente explicativa de algunas tensiones en la historia. El principio general reza según sigue: si a cada presión externa del muelle de una sociedad le corresponde un alivio proporcional, el muelle apenas se verá comprimido, por lo que la molicie acechará dicha sociedad; en cambio, los grandes saltos son resultados de una presión secular constante, sin posibilidad de recuperaciones parciales. Fíjense en el primer Reich alemán, que proviene tanto del desprecio milenario, ya contenido en el libro de Salustio sobre Germania y luego sostenido por siglos de historia europea que consideraban a los alemanes medio bárbaros y del todo patanes, como de la insistencia con que las potencias europeas usaron suelo alemán a guisa de campo de batalla para dirimir sus diferencias a sangre y fuego.

Claro que un muelle también puede romperse o perder elasticidad en vez de saltar. Traduciendo la teoría al aquí y ahora, bien podría ser que todos los que llevan meses preparando la respuesta distensora a las nuevas e insoportables pre-tensiones de Madrid se vayan a quedar con un palmo de narices. La aplicación de dicha teoría a nuestro espacio es peliaguda, pero bien pudiera ser que el muelle catalán fuera de corto recorrido, o en otras palabras, que la pólvora se use en salvas, o que la persistencia en desbravarse y poner así el contador emocional colectivo a cero sea una de las causas efectivas de la discriminación, el mal trato, e incluso explique la pésima imagen que de los catalanes suelen tener los españoles.

¿Y si caen romos, los dos chuzos, qué?

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El paro al galope, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Derechos, Economía, Laboral by reggio on 5 diciembre, 2008

Jinete del Apocalipsis no llega a ser, el paro voraz, porque nos hemos librado del hundimiento del sistema, pero sí se yergue como el peor azote de nuestra sociedad. Cabalga entre las masas, desbocado y a sus anchas, señalando a miles de personas con el estigma de la desolación. En otros tiempos el fantasma más temido contagiaba la peste con su imperceptible roce. En los nuestros, reparte los garrotazos del paro. Al conocer el prodigioso incremento de la masa laboral, cifrado en cinco millones desde la última crisis, a principios de los noventa, creímos haber salido para siempre de esta charca endémica. Si tanta inmigración hemos acogido, debería ser, se supone, porque había trabajo para todos los que fueran viniendo. En parte, era y sigue siendo trabajo innecesario, un lujo caro. En otra, trabajo provisional, no estructural. Por eso la brutalidad de las cifras del paro va a seguir incrementándose. Acaba de comenzar y roza los tres millones (una tercera parte sin subsidio).

¿Hasta cuándo? ¿Con qué límites? Por si acaso, como purga o contrapeso del optimismo anterior, hay carreras de previsiones negativas entre los que se atreven a pronosticar.

El paro galopa pero no anuncia el Apocalipsis.

Golpea, pero no proviene de la Biblia, sino de nuestra realidad humana, con la carga de errores, trampas y egoísmos que agrava la presente crisis hasta horizontes desconocidos. No es consecuencia, pues, de una maldición, sino responsabilidad de todos, en especial de quienes hubieran podido y debido amansar a tiempo el furor especulativo. Estamos ante el principio, esta vez sí anunciado, del traslado de la crisis financiera a la economía real. Urgen medidas, pero nuestros gobernantes no parecen tener claro cuáles es aconsejable adoptar.

Conjurado el peligro de incendio en el sistema financiero a fuerza de inyectar dinero de todos por la manguera cortafuegos, la máxima urgencia sigue siendo devolver liquidez al sistema. No es preciso señalar la relación de causa efecto entre la falta de crédito y el paro, porque incide de manera doble, tanto a través de la bajada del consumo como agravando las dificultades de las empresas. Ambos factores empujan a recortes de plantilla. En este punto crucial, el Gobierno está fallando de manera irresponsable. Recuérdese que tras el fracaso de la primera subasta de cinco mil millones, no hubo otra reacción que la impavidez ministerial. Bien puede decirse, con un sólido argumento no precisamente neoliberal, que Solbes está agravando el paro en vez de contribuir a paliarlo.

Estando aún por ver el alcance de la medida europea que limita las cantidades que los bancos se prestan entre ellos, destinada a que les quede algo para créditos a particulares y empresas, es ahora prioritario garantizar la liquidez, y más en un país tan propenso a trasladar las crisis a la Seguridad Social. Sin crédito no hay consumo. Peor aún, sin líneas de descuento, que el Gobierno o el ICO podrían muy bien garantizar, un sinnúmero de empresas cuya viabilidad no está en duda empiezan a tambalearse. En algunos sectores, para la pequeña y no tan pequeña empresa, sólo hay mercancía si se paga a tocateja, como en los peores tiempos. Está llegando al final la cuenta atrás para evitar desplomes en cadena de la economía productiva. Si pretendemos evitar unas Navidades penitenciales, con repercusiones posteriores en el paro punto menos que de debacle, la reacción debe ser inmediata y potente. Solbes, el cachazudo, no parece entenderlo así.

Hay consenso en que el déficit debe contenerse en lo posible, pero no a costa de castigar la economía productiva, frenar aún más el consumo y abstenerse así de paliar el paro. Si en todos los países avanzados se comprende y se alienta la expansión del déficit, España no debe ser menos. Si hay dinero para que los ayuntamientos realicen obra pública – veremos luego cuánto se gasta en realidad del fondo-,también debe haberlo para las empresas y las familias. Si el Gobierno no exagera, el fondo va a crear doscientos mil puestos de trabajo. Provisionales, precarios, fuera del tejido económico real. Muy poco en comparación con los puestos que van a destruirse por la falta de liquidez o de simple garantía al crédito empresarial. En general en Madrid y en particular a Solbes les cuesta entender la importancia de la economía productiva.

Lo contrario de la canciller Angela Merkel, con la que el vicepresidente no se puede comparar, a pesar de que lo pretenda, en prudencia y contención del gasto. Merkel ha hecho gala, cuando el temporal lo requería, de un arrojo considerabilísimo. Solbes siempre ha ido a remolque, era y sigue siendo un lastre, no sólo para Zapatero, que ya lo pagará si no le busca un recambio, sino para la economía española.

El espejo del crecimiento sostenido escondía muchas de las deficiencias de la economía española, entre ellas la deuda exterior y el desequilibrio en la balanza de pagos. Lo cierto es que somos menos ricos de lo que aparentábamos. Pero no tan pobres, si no es de espíritu, como para no actuar de inmediato.