Reggio’s Weblog

Neocolonialismo agrario, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (nº 160 febrero de 2009)

Posted in Derechos, Ecología, Economía, Justicia, Medio ambiente, Política by reggio on 4 febrero, 2009

Una de las grandes batallas del siglo XXI será la de la alimentación. Muchos países, importadores de comida, se ven afectados por el aumento de los precios. Los Estados ricos lo venían soportando; hasta que, en la primavera de 2008, se asustaron por la actitud proteccionista de naciones productoras que limitaron sus exportaciones. A partir de ahí, varios Estados con crecimiento económico y demográfico -pero desprovistos de grandes recursos agrícolas y de agua- decidieron asegurarse reservas de comestibles comprando tierras en el extranjero.

Al mismo tiempo, muchos especuladores se pusieron igualmente a comprar terrenos para hacer negocios. Convencidos de que la alimentación será el oro negro del futuro. Según ellos, de aquí a 2050, la producción de alimentos se duplicará para satisfacer la demanda mundial. “¡Invertid en granjas! ¡Comprad tierras!” repite Jim Rogers, gurú de las materias primas. George Soros apuesta asimismo por los agrocarburantes y ha adquirido parcelas en Argentina. Un grupo sueco ha comprado medio millón de hectáreas en Rusia; el hedge fund ruso Renaissance Capital, 300.000 ha. en Ucrania; el británico Landkom, 100.000 ha. también en Ucrania; el banco estadounidense Morgan Stanley y el grupo agro-industrial francés Louis Dreyfus, decenas de miles de hectáreas en Brasil, etc.

Pero quienes se han lanzado a comprar tierras por todo el mundo, son principalmente los Estados con petrodólares y divisas. Corea del Sur, primer comprador mundial, ha adquirido 2.306.000 hectáreas; le sigue China (2,09 millones), Arabia Saudí (1,61 millones), los Emiratos Árabes Unidos (1,28 millones) y Japón (324.000 ha .). Total: cerca de 8 millones de hectáreas de tierras fértiles compradas o alquiladas en el exterior. Regiones enteras han pasado a estar bajo control extranjero en países con escasa densidad demográfica y cuyos gobernantes están dispuestos a ceder partes de la soberanía nacional. Un fenómeno que preocupa. En un informe alarmante, la ONG Grain denuncia “un acaparamiento de tierras a nivel mundial” (1).

Sin campos fértiles ni agua, los países del Golfo son los que más pronto se han lanzado. Kuwait, Qatar y Arabia Saudí buscan parcelas disponibles donde sea. “Ellos poseen tierras, nosotros dinero”, explican los inversores del Golfo. Los Emiratos Árabes Unidos controlan 900.000 ha en Pakistán; y están considerando proyectos agrícolas en Kazajistán. Libia adquirió 250.000 ha. en Ucrania a cambio de petróleo y gas. El grupo saudí Binladen ha conseguido terrenos en Indonesia para cultivar arroz. Inversionistas de Abu Dhabi compraron decenas de miles de hectáreas en Pakistán. Jordania producirá comestibles en Sudán. Egipto obtuvo 850.000 ha. en Uganda para sembrar trigo y maíz…

China es el comprador más compulsivo, pues debe alimentar a 1.400 millones de bocas cuando sólo dispone del 7% de las tierras fértiles del planeta. Además, la industrialización y la urbanización le han destruido unos 8 millones de hectáreas. Y algunas regiones se están desertificando. “Tenemos menos espacio para la producción agrícola, y es cada vez más difícil elevar el rendimiento”, explicó Nie Zhenbang, jefe de la Administración Estatal de Granos (2).

China detenta tierras en Australia, Kazajistán, Laos, México, Brasil, Surinam, y sobre todo en África. Pekín ha firmado unos treinta acuerdos de cooperación con Gobiernos que le dan acceso a tierras. A veces, las autoridades de Pekín envían desde China la mano de obra; pagada a menos de cuarenta euros al mes, sin contrato de trabajo y sin cobertura social.

Por su parte, Corea del Sur ya controla en el extranjero una superficie superior a la totalidad de sus propias tierras fértiles… En noviembre de 2008, el grupo Daewoo Logistics, estableció un acuerdo con el Gobierno de Marc Ravalomanana, presidente de Madagascar, para alquilar 1,3 millones de hectáreas, o sea la mitad de las tierras cultivables de esa gran isla…

El Gobierno surcoreano también ha comprado 21.000 hectáreas para cría de ganado en Argentina, país en el cual el 10% del territorio (unos 270.000 kilómetros cuadrados) se encuentra en manos de inversores extranjeros, quienes “se han beneficiado de la actitud de los diferentes Gobiernos para adquirir millones de hectáreas y recursos no renovables, sin restricciones y a precios módicos” (3). El mayor terrateniente es Benetton, industrial italiano de la moda, que posee unas 900.000 ha. y se ha convertido en el principal productor de lana. También el millonario estadounidense Douglas Tompkins tiene unas 200.000 ha . situadas próximas a importantes reservas de agua.
En general, la cesión de tierras a Estados extranjeros se traduce en expropiaciones de pequeños productores y aumento de la especulación. Sin olvidar la deforestación. Una hectárea de bosque procura un beneficio de cuatro a cinco mil dólares si se plantan en ella palmas de aceite; o sea de 10 a 15 veces más que si se dedica a producir madera (4). Ello explica por qué los bosques de la Amazonia, de la cuenca del Congo y de Borneo están siendo sustituidos por plantaciones.

Es un retorno a odiosas prácticas coloniales, y una bomba con efecto retardado. Porque la tentación de los Estados extranjeros es la de saquear los recursos, como lo hace China, con mano de obra importada y poco beneficio local… Pero la resistencia se organiza. En Pakistán, los campesinos ya se están movilizando contra el desplazamiento de aldeas si Qatar compra terrenos en la región de Penyab. Paraguay ha aprobado una ley que prohíbe vender parcelas a extranjeros. Uruguay se lo está planteando; y Brasil estudia cambiar su legislación.

El neocolonialismo agrario le arrebata el trabajo al campesinado y crea un “riesgo de pauperización, tensiones sociales extremas y violencias civiles” (5). La tierra es un asunto muy sensible. Siempre ha provocado pasiones. Representa una parte de la identidad de los pueblos. Tocar ese símbolo podría terminar mal.

Notas:

(1) www.grain.org/m/?id=213
(2) China Daily, Pekín, 9 de mayo de 2008.
(3) Daniel Enz y Andrés Klipphan, Tierras SA. Crónicas de un país rematado, Alfaguara, Buenos Aires, 2006.
(4) Le Nouvel Observateur, París, 23 de diciembre de 2008.
(5) Le Monde, París, 23 de noviembre de 2008.

Anuncios
Tagged with:

Noticia de 2008, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Ecología, Medio ambiente, Política by reggio on 27 diciembre, 2008

En la comarca, lo más destacable de este año es todo lo que rodea al proyecto de don Victorino Alonso en Tineo

Ahora que estamos casi con un pie en el estribo de 2009, lo más destacable de 2008 es todo lo que rodea al proyecto de don Victorino Alonso en Tineo, sobre todo, la resistencia y el coraje de su Alcalde, frente al silencio, más que inquietante, del Gobierno asturiano ante ello. Tengo para mí que aquí se está dilucidando algo más que una mina a cielo abierto, que aquí se dirime la contestación ciudadana ante unas amenazas medioambientales que el occidente de Asturias viene padeciendo en los últimos tiempos.

Entre las muchas cosas que la historia enseña está el hecho de que hay momentos en que, inesperadamente, la ciudadanía deja de ser sumisa. Puede que algo de esto se atisbe. ¿Por qué no? Por lo demás, las cosas se siguen repitiendo. Retrasos en las autovías, tanto en la de La Espina como en la de la costa, proliferación de parques eólicos que va en aumento, según anuncia este periódico, así como promesas que en algún momento se hicieron y que, de momento, no llevan camino de cumplirse. Por ejemplo, los saneamientos. Por ejemplo, la mejora de las comunicaciones a través de internet. Noticia de 2008 para el occidente asturiano. ¿Con qué nos quedamos? Hay asuntos que emergen de nuevo. Por ejemplo, la votación municipal que se hizo en torno al futuro de Salave, ante el planteamiento de la empresa de cómo llevar a cabo la explotación. ¿Sostiene el Gobierno autonómico una postura clara al respecto? Noticia de 2008. Tenemos casi recién estrenado un Gobierno de coalición en el que entró IU. Ya se sabe: doña Noemí heredando una Consejería, y esa misma coalición en Agricultura.

¿Se habrá hecho el señor Martín cargo de la situación? Tras todas las políticas que se vinieron llevando a cabo, desde el ámbito europeo, nacional y asturiano, el declive del campo asturiano vino siendo continuo.

¿Mandará parar la coalición? ¿Seguirá políticas que puedan ayudar a que el occidente asturiano sea algo más que envejecimiento, despoblación, canteras y cierre de explotaciones ganaderas? ¿Y qué decir de los verdes?

¿Conseguirán que las medidas que se tomen a partir de ahora no colisionen con aquellos planteamientos conservacionistas que están en su discurso político? Caso de que lleguen las ayudas prometidas por Zapatero a los ayuntamientos, ¿tienen los gobiernos municipales respectivos proyectos de inversión claros que redunden en algo más que en cosmética de mobiliario urbano, como en gran parte sucedió con aquellos fondos hace unos años en las comarcas de las Cuencas? Noticia de 2008.

Año de la crisis económica en el mundo. Puede que aquí haya sido menor novedad que en otros lugares, dado lo que viene aconteciendo en los últimos años. Noticia de 2008 en el occidente asturiano. Con todo, el pesimismo, los vaticinios catastrofistas, las profecías de vacas flacas, etc., son, como recurso intelectual, afrentas contra la inteligencia. El modo de combatirlo pasa por la ironía y por la dignidad necesariamente. A propósito de la ironía, alguien me maliciaba hoy, que si nos preguntásemos qué llegaría antes: el fin de la autovía de la Espina, o la hipotética proclamación de la tercera República, lo más probable sería que la conclusión de la autovía a la Espina aconteciese primero. Sin embargo, si hablásemos de la finalización la autovía hasta Cangas y ese advenimiento político, no estaría tan claro vaticinar el orden cronológico de tan lejanos eventos, al menos sobre el papel. A propósito de la dignidad, no vendrá mal, una vez, el recordatorio de aquello que Jovellanos dejó sentado en el sentido de que el bienestar inmediato no justifica en ningún caso poner en riesgo el futuro de las generaciones venideras. Y es que, se mire como se mire, si no se utilizan anteojeras y demagogias facilonas, la apuesta verdadera por el futuro pasa por conservar y administrar lo mejor posible la herencia recibida. En el caso del occidente asturiano, es mucho y muy variado lo que hay que preservar. Por ejemplo, su paisaje.

Por ejemplo, su extraordinaria riqueza natural. Y si hablamos de referentes, de ejemplos a seguir, nunca está de más recordar a aquellas grandes figuras que, desde Riego hasta Maldonado, pasando Augusto Barcia y Álvaro de Albornoz, hicieron de esta parte de Asturias vivero de personajes ilustres que jalonan vidas públicas ejemplares. Noticia de 2008. ¿Por qué no quedarnos con lo mejor, con el deseo de que la ironía y la dignidad sean instrumentos cargados de futuro para esta parte de Asturias en la que deseamos seguir viviendo con dignidad ciudadana, frente a sumisiones y vasallajes? ¿Por qué no decir, alto y claro, también nosotros, que no queremos resignarnos, enlazando así, negándonos a la resignación, con el discurso de la que fue la madre de las noticias en este año que se va?

¿Por qué no pasar, así, de noticia a notición?

Parásitos insaciables, de José Blanco en La Jornada

Posted in Ecología, Política by reggio on 17 diciembre, 2008

No hay otra forma de referirse a la gran mayoría de quienes laboran y sobre todo dirigen las instituciones financieras. En todo el mundo se buscan hoy las medidas más apropiadas para regular lo que nunca debió ser desregulado, pero, por supuesto: en todas partes los primeros que han protestado son los propios banqueros.

En México uno de los primeros en salir a la palestra fue Ignacio Deschamps, presidente de BBVA Bancomer. “Evitemos las tentaciones de controlar variables que deben responder al libre comportamiento del mercado: los precios de los productos y los servicios deberán reaccionar a factores de riesgo, de liquidez y de competencia”, dijo. Desde luego, obtuvo de inmediato la solidaridad de sus congéneres, incluido el inefable Luis Pazos que está puesto ahí, en la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), para velar por los intereses de los clientes de los banqueros. Poner topes a las tasas de interés de tarjetas de crédito, dijo este señor, que ya debiera estar en su casa, es como “la pena de muerte”: no da resultados. Pazos está al servicio de los banqueros, no de los clientes de éstos.

Las tasas de interés de las tarjetas de crédito son en México un atraco, pero lo que cobran los banqueros no se agota en dicha tasa. En octubre pasado, las tarjetas de crédito de los diversos bancos cobraron en promedio 41.78 por ciento, pero el costo anual total (CAT) de este tipo de financiamiento ascendió a 110 por ciento (gastos, comisiones, más formas mil de la insaciable hambre de billetes de los banqueros), según datos del Banco de México y de la propia Condusef. Después las tasas y CAT se fueron a la estratosfera (el riesgo, sabe usted), de modo que aun una corta regulación como la que aprobó el Senado (que no son topes) era necesaria.

El significado más claro sobre el origen de las ganancias bancarias la expuso –ni modo, señores banqueros– Marx. Si usted es un industrial o un mercader, realiza el siguiente ciclo D – M – D’. Comienza con dinero (D) con el cual adquiere mercancías (M) que cambia finalmente por dinero incrementado (D’), es decir, su dinero ha sido recuperado más una ganancia. No entraremos en las profundidades de los significados capitalistas de estas aparentemente inocuas letritas. Pero si usted es banquero, su ciclo es así: D – D’. Sin producir nada, usted obtiene una ganancia, con dinero que no es de usted, sino de sus clientes.

Por si fuera poco, nadie en la economía gana más que usted. Mejor definición de un parásito económico, no existe. Pero además usted se puso a hacer fechorías sin nombre, una vez que le dejaron manos libres (la desregulación); seguramente está bien enterado de la que hizo el acaudalado y súper prestigiado en los medios financieros, el señor de Wall Street Bernard L. Madoff, arrestado y acusado de engañar y robar a los inversores mediante su fondo (de Madoff): 50 mil millones de dólares completamente perdidos, hecho posible por la desregulación. Veremos cuánto resulta en realidad.

La medida más torpe de la desregulación fue revolver las actividades de los bancos de inversión con las de los bancos de depósito. Volveremos sobre este tema.

La esfera financiera está compuesta por tres mercados principales: el de deuda, donde se negocian bonos, pagarés (que a su vez incluyen los mercados interbancarios, los de divisas, los monetarios y otros de renta fija); el mercado de acciones y el de derivados. La ganancia de los títulos negociados en estos últimos “deriva” de otros activos como las materias primas, los valores de renta fija o de renta variable, o de índices compuestos por algunos de estos valores o productos.

Hay cuatro grupos de productos derivados: Forward, Contratos a Futuro (Futures), Opciones (Option) y Permutas Financieras (Swap).

Los derivados buscaban, se decía, eliminar la incertidumbre que generaba la fluctuación del precio de todo cuanto se compra y vende, tanto en el vendedor como en el comprador; pero en un santiamén los banqueros los convirtieron en medio financiero espurio: pensado para la especulación pura y dura.

La contratación de estos productos no requiere de grandes desembolsos, pero los beneficios o pérdidas potenciales pueden ser muy cuantiosos. Quienes especulan con acciones actúan de dos formas: comprando y vendiendo las propias acciones, o comprando y vendiendo derechos a comprar o vender dichas acciones. Evidentemente comprar o vender el derecho de compra o venta de una acción es mucho menor que el valor de la acción misma, pero he aquí que el potencial del beneficio es el mismo. Esto hace que con el mismo capital el especulador obtenga beneficios muchos mayores. Esto venía ocurriendo en tierra de nadie, en descampado, sin ley ni autoridad que rigiera tales engendros financieros.

Esta clase de especulación infame es un juego de suma cero. Vea la diferencia: cuando alguien invierte en la bolsa ocurre que si ésta sube todos ganan y si baja todos pierden, pero en los derivados cuando el especulador gana alguien pierde: las ganancias de un contratante son las pérdidas de otro.

Las pérdidas incontables mundiales en derivados mezclados con las pirámides hipotecarias que desintegraron a los miserables ninja (ninja: no income, no job, no assets; o sea, personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades) provocó que el falso castillo financiero rodara por los suelos de los cinco continentes.

Tagged with:

Los que se quieren comer el mundo /I, de Silvia Ribeiro en La Jornada

Posted in Ecología, Economía, Medio ambiente, Política by reggio on 7 diciembre, 2008

Inmersos en una enorme crisis del capitalismo, madre de muchas crisis convergentes, se rescata con dinero público a las más grandes empresas privadas del planeta, mientras siguen aumentando los pobres y hambrientos y el caos climático. Según el economista Andrés Barreda, estamos en una crisis de brutal sobreacumulación capitalista: gigantesco vómito de quienes creyeron que se podían tragar el mundo, pero no pudieron digerirlo.

Largamente acuñadas, las crisis actuales tienen un contexto de concentración creciente del poder corporativo, apropiación de recursos naturales y desregulación o leyes en favor de empresas y especuladores financieros, que ha aumentado sin pausa en las últimas décadas. En 2003, el valor global de fusiones y adquisiciones fue un millón 300 mil millones de dólares (1.3 billones). En 2007 llegó a 4 mil 48 billones. En la industria alimentaria, el valor de las fusiones y compras entre empresas se duplicó de 2005 a 2007, llegando a 200 mil millones de dólares. La debacle financiera terminó con algunas de ellas, favoreciendo oligopolios aún más cerrados.

¿Qué significa esto para la gente común? El informe del Grupo ETC De quién es la naturaleza (www.etcgroup.org) ofrece un análisis en el contexto histórico de la concentración corporativa de sectores clave en las últimas tres décadas. Desde entonces, el Grupo ETC ha seguido las maniobras de mercado de las autodenominadas “industrias de la vida”, (biotecnología en agricultura, alimentación y farmacéutica). En el nuevo informe, se agregan las empresas detrás de la convergencia de biotecnología con nanotecnología y biología sintética, que promueven nuevas generaciones de agrocombustibles y más allá: intentan generar una economía pospetrolera basada en el uso de carbohidratos y vida artificial.

El sector agroalimentario sigue siendo uno de los ejemplos más devastadores, por ser un rubro esencial: nadie puede vivir sin comer. Es, además, el mayor “mercado” del mundo. Por ambas razones, las trasnacionales se lanzaron agresivamente a controlarlo. En las últimas 3-4 décadas, pasó de estar altamente descentralizado, fundamentalmente en manos de pequeños agricultores y mercados locales y nacionales, a ser uno de los sectores industriales globales con mayor concentración corporativa. Para ello fue necesario un cambio radical en las formas de producción y comercio de alimentos. Gracias a los tratados de “libre” comercio, la agricultura y los alimentos se transformaron de más en más en mercancías de exportación en un mercado global controlado por una veintena de trasnacionales.

Según un informe de la FAO sobre mercados de productos básicos, a principios de la década de 1960, los países del sur global tenían un excedente comercial agrícola cercano a 7 mil millones de dólares anuales. Para fines de los 80 el excedente había desaparecido. Hoy todos los países de sur son importadores netos de alimentos.

En la década de 1960, casi la totalidad de las semillas estaban en manos de agricultores o instituciones públicas. Hoy, 82 por ciento del mercado comercial de semillas está bajo propiedad intelectual y 10 empresas controlan 67 por ciento de ese rubro. Estas grandes semilleras (Monsanto, Syngenta, DuPont, Bayer, etcétera) son además propiedad de fabricantes de agrotóxicos, rubro en el cual las 10 mayores empresas controlan 89 por ciento del mercado global. Que a su vez están representadas entre las 10 más grandes en farmacéutica veterinaria, que controlan 63 por ciento del rubro.

Los 10 mayores procesadores de alimentos (Nestlé, PepsiCo, Kraft Foods, CocaCola, Unilever, Tyson Foods, Cargill, Mars, ADM, Danone) controlan 26 por ciento del mercado, y 100 cadenas de ventas directas al consumidor controlan 40 por ciento del mercado global. Parece “poco” en comparación, pero son volúmenes de venta inmensamente mayores. En 2002, las ventas globales de semillas y agroquímicos fueron de 29 mil millones de dólares; las de procesadores de alimentos, 259 mil millones, y las de cadenas de ventas al consumidor, 501 mil millones. En 2007, esos tres sectores aumentaron respectivamente a 49 mil millones; 339 mil millones y 720 mil millones de dólares. De las semillas al supermercado, las trasnacionales dictan o pretenden dictar qué plantar, cómo comerlo y dónde comprarlo. Frente a las crisis nos recetan más de lo mismo: más industrialización, más químicos, más transgénicos y otras tecnologías de alto riesgo, y más libre comercio. No es extraño, ya que todas están entre los que más han lucrado con el aumento de precios y hambrunas: obtuvieron ganancias que van hasta 108 por ciento más que en años anteriores. Pero pese a que pretenden controlar todo, mil 200 millones de campesinos siguen teniendo sus propias semillas, y aunque Wal Mart sea la empresa más grande del mundo, 85 por ciento de la producción global de alimentos se consume cerca de donde se siembra –la mayoría en el mercado informal.

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC.

Tagged with:

El clima para el cambio, de Al Gore en El Mundo

Posted in Ecología, Medio ambiente by reggio on 11 noviembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

La estimulante y novedosa opción que ha tomado el pueblo estadounidense al elegir a Barack Obama como nuestro 44º presidente sienta las bases de otra decisión trascendental que él, y todos nosotros, hemos de tomar el próximo mes de enero: la de iniciar un rescate de emergencia de la Humanidad ante la amenaza inminente y galopante que plantea la crisis climática. La revolucionaria idea de la Declaración de Independencia americana de que todos los seres humanos nacen iguales, es hoy el marco en el que se produce la renovación del liderazgo estadounidense en un mundo que necesita, desesperadamente, proteger su legado esencial: la integridad y habitabilidad del planeta.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático -autoridad mundial sobre la crisis del clima tras 20 años de estudio detallado y cuatro informes unánimes- asegura que las pruebas son «inequívocas». Así que pido, por favor, que salgan de su letargo quienes todavía sienten la tentación de desestimar las alarmas cada vez más urgentes que nos llegan de los científicos de todo el mundo, ignorando la fusión del casquete polar ártico y el resto de advertencias apocalípticas que nos lanza el propio planeta, y quienes esbozan una expresión de hastío ante la simple mención de esta amenaza existencial para el futuro de la especie humana. Nuestros hijos y nietos necesitan que todos reconozcamos la realidad, antes de que sea demasiado tarde.

Ahora llegan las buenas noticias: los audaces pasos que se han de tomar para solucionar la crisis climática son exactamente los mismos que deberían darse para solucionar la crisis económica y la crisis del abastecimiento de energía. Economistas de todo el espectro ideológico (entre ellos, Martin Feldstein y Lawrence Summers) están de acuerdo en que una inversión cuantiosa en infraestructuras que requieran mucha mano de obra es la mejor manera de revitalizar la economía estadounidense de un modo rápido y sostenible. Y muchos de ellos coinciden también en que ésta perderá posiciones si se siguen gastando cientos de miles de millones de dólares al año en importar petróleo del extranjero. Además, los expertos en seguridad nacional tanto del Partido Demócrata como del Partido Republicano coinciden en que si el mundo pierde de repente el acceso al petróleo de Oriente Próximo EEUU se verá ante una peligrosa vulnerabilidad estratégica. Como dijo Abraham Lincoln en la hora más oscura de EEUU, «ante la ocasión se amontonan las dificultades, y nosotros debemos alzarnos con ella. Dado que nuestra situación es completamente nueva, tenemos que pensar desde cero, y actuar desde cero». En nuestra situación actual, pensar desde cero exige que descartemos una definición obsoleta y fatalmente fallida del problema al que nos enfrentamos.

La semana pasada se cumplieron 35 años desde que el presidente Richard Nixon creó el Proyecto Independencia, que marcó como objetivo nacional que, en un plazo de siete años, Estados Unidos desarrollaría «el potencial para cubrir las necesidades energéticas sin depender de ninguna fuente extranjera». Aquella declaración se produjo tres semanas después de que el embargo del petróleo árabe hiciera subir el precio del crudo por las nubes y despertara la conciencia de los estadounidenses ante los peligros de la dependencia del petróleo extranjero. Y, no por casualidad, aquello sucedió sólo tres años después de que la producción petrolífera de EEUU tocara su techo.

En aquel momento, Estados Unidos importaba menos de la tercera parte del petróleo que consumía. Pero hoy -después de que los seis presidentes que han sucedido a Nixon anunciaran un plan en términos similares a los del Proyecto Independencia-, la realidad es que la dependencia energética estadounidense se ha duplicado hasta casi los dos tercios. Y mucha gente tiene la impresión de que la producción mundial de petróleo está en su máximo o muy cercana a él.

Hay quien sigue viéndolo como un problema de producción doméstica. Sólo con que incrementáramos la producción de petróleo y carbón dentro de las fronteras de EEUU, aseguran, el país ya no tendría que depender de las importaciones desde Oriente Próximo. Y con ese objetivo, hay quien ha ideado nuevas técnicas, más sucias y caras aún, para extraer los viejos combustibles de siempre: carbones líquidos, pizarra de petróleo, arenas de alquitrán y tecnología de carbón limpio.

Sin embargo, en todos los casos, los recursos en cuestión son demasiado caros o contaminantes o, por lo que se refiere al carbón limpio, demasiado quiméricos como para que marquen alguna diferencia en la protección de nuestra seguridad nacional o del clima mundial. De hecho, quienes gastan cientos de millones en promocionar la tecnología del carbón limpio omiten sistemáticamente el hecho de que en Estados Unidos hay poca inversión, y ni un solo proyecto probatorio a gran escala, sobre la captura e inhumación segura de toda esta polución. Si la industria del carbón logra cumplir su promesa, entonces la apoyo por completo. Pero, mientras llega ese día, sencillamente no podemos seguir basando la estrategia para asegurar la supervivencia del hombre en una ilusión cínica e interesada.

He aquí lo que podemos hacer ahora. Podemos realizar una gran e inmediata inversión estratégica que ponga a la gente a trabajar en la sustitución de las tecnologías decimonónicas, que dependen de combustibles caros y peligrosos basados en el carbón, por otras más propias del siglo XXI, que empleen la energía del sol, el viento y el calor natural de la tierra.

Quiero esbozar, a continuación, un plan para dar un impulso a EEUU, y que le permitiría producir el 100% de la electricidad a partir de fuentes no carbónicas en los próximos 10 años. Es un plan que nos acercaría, de manera simultánea, a soluciones para la crisis climática y la crisis económica, y que crearía millones de nuevos empleos.

En primer lugar, el nuevo presidente y el nuevo Congreso deberían ofrecer a gran escala incentivos a la inversión para construir plantas termosolares concentradas en los desiertos del suroeste, granjas eólicas en el corredor que se extiende desde Texas a las Dakotas, y plantas avanzadas en los puntos geotérmicos que puedan producir grandes cantidades de electricidad.

En segundo lugar, EEUU tendría que planificar y construir una red nacional inteligente y unificada para transportar la electricidad procedente de energías renovables desde los focos rurales, donde mayoritariamente se producirá, a las ciudades donde mayoritariamente se consumirá. Pueden diseñarse nuevas líneas subterráneas de alto voltaje y escasas pérdidas, equipadas con recursos inteligentes que proporcionen a los consumidores información sofisticada y herramientas de fácil uso para conservar la electricidad, eliminar las ineficiencias y reducir sus facturas energéticas. El coste de esta red moderna (400.000 millones en 10 años) palidece si se le compara con la pérdida anual de 120.000 millones que sufren las empresas estadounidenses debido a los fallos en cascada, endémicos en nuestras actuales líneas eléctricas, anticuadas y disgregadas.

En tercer lugar, deberíamos ayudar a la industria automovilística (no sólo a los Tres Grandes del sector, sino también a las nuevas empresas innovadoras) a reconvertirse en fabricantes de coches híbridos que funcionen con la electricidad renovable que estará disponible en cuanto el resto del plan madure. En combinación con la red unificada, un parque automovilístico nacional de vehículos híbridos ayudaría a solucionar el problema del almacenaje de electricidad. Pensemos en ello por un momento: con esta clase de red, los coches podrían cargarse fuera de las horas punta de consumo de energía; durante las horas punta de consumo, cuando hay menos coches en la carretera, podrían devolver su contribución de electricidad a la red nacional

En cuarto lugar, habría que embarcarse en un esfuerzo nacional para equipar a los edificios con un mejor aislamiento, iluminación y ventanas energéticamente eficientes. Aproximadamente el 40% de las emisiones de dióxido de carbono que se generan en Estados Unidos procede de los edificios, y detener esta polución significaría también ahorrar dinero a los propietarios y empresarios. Esta iniciativa tendría que acompañarse de una proposición en el Congreso que ayudara a los estadounidenses agobiados por hipotecas superiores al valor de sus hogares.

Por último, EEUU debería liderar el proceso, poniendo un precio al carbón dentro de sus fronteras y dirigiendo al mundo hacia la sustitución, el año que viene en Copenhague, del tratado de Kioto por uno más eficaz que fije un límite a las emisiones mundiales de dióxido de carbono y anime a los países a invertir en formas eficientes para reducir los gases de efecto invernadero.

Por supuesto, la mejor manera -en realidad, la única- de garantizar un acuerdo mundial que salvaguarde nuestro futuro es que Estados Unidos vuelva a ser el país con la autoridad política y moral necesaria para liderar al mundo hacia una solución. Mirando adelante, tengo grandes esperanzas de que no nos faltará el coraje de acometer los cambios necesarios para salvar nuestra economía, nuestro planeta, y, en última instancia, a nosotros mismos.

En una era de transformación anterior en la historia de EEUU, el presidente John F. Kennedy retó a nuestro país a llevar a un hombre a la luna en el plazo de 10 años. Ocho años y dos meses después, Neil Armstrong puso el pie en la superficie lunar. La edad media que tenían los ingenieros de sistemas que aquel día celebraron el acontecimiento desde la sala de control de Houston era de 26 años, lo que significa que tenían 18 cuando Kennedy anunció su desafío.

De un modo similar, este año ha presenciado la aparición de unos jóvenes estadounidenses cuyo entusiasmo ha galvanizado la campaña de Barack Obama. Hay pocas dudas de que este mismo grupo de jóvenes enérgicos desempeñará un papel esencial en este proyecto, que garantizará el futuro de EEUU como nación y, una vez más, convertirá lo que parecía un objetivo imposible en un éxito que servirá de inspiración a otros.

Al Gore fue vicepresidente de EEUU entre 1993 y 2001. Es fundador de la Alianza para la Protección del Clima y Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y Premio Nobel de la Paz, por su contribución a la lucha contra el cambio climático.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

¿Nucleares? No, ni gracias, de Javier Ortíz en Público

Posted in Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio on 26 agosto, 2008

No paran de aparecer artículos de prensa y de emitirse programas de radio y televisión que tratan de convencernos de que estamos llenos de prejuicios bobos sobre la industria nuclear.

No quiero simplificar. Sé que es de justicia distinguir entre aquellos que expresan esa opinión honradamente, porque así lo ven, y los que se sueltan ese rollo porque cobran de las eléctricas para hacerlo.

En todo caso, puedo asegurarles a ustedes que las multinacionales (y nacionales) de la industria nuclear se dejan una pasta gansa año tras año para que ese idea no desaparezca del primer plano de la actualidad.

Y también puedo asegurar que el debate está mal planteado. Deliberadamente mal planteado.

La cuestión no es si la industria nuclear, en general, podría ser de mayor o menor utilidad, bien controlada y puesta al servicio desinteresado de la Humanidad, sino determinar los peligros que tiene esta industria nuclear (la industria nuclear realmente existente), que ni está debidamente controlada ni está puesta a más servicio que el de sus ejecutivos y accionistas.

La producción de energía por vía nuclear, considerada en abstracto, presenta ventajas innegables y desventajas bien conocidas. Sabemos que afecta mucho menos a la atmósfera que el consumo de combustibles fósiles, nos consta también que aún no se ha encontrado un modo inocuo de deshacerse de los residuos que produce la fisión nuclear, etc. Vale. Pero todo eso, que debería ser lo principal, es secundario, porque de lo que estamos hablando no es de qué conviene o no conviene a la colectividad, sino de qué da más o menos beneficios a unos señores con muchísimo dinero y aún más influencias. Influencias también sobre los organismos estatales encargados de vigilarlos.

Bastantes de ustedes habrán visto la película El síndrome de China. Ayer, según leía las noticias sobre cómo los servicios de seguridad de Vandellós II trataron de impedir la entrada a los bomberos de la Generalitat tras el incendio que se produjo en la central, pensé que, una vez más, la naturaleza imita al arte.

Hacen con nosotros lo que les da la gana. Y los que no aplaudimos, bostezamos.

Tagged with:

Energía: lo público y lo privado, de Carlos Taibo en laRepública.es

Posted in Ecología, Energia, Medio ambiente, Política by reggio on 24 agosto, 2008

Quiere uno creer que entre nosotros va ganando terreno, paulatinamente, la conciencia de que el planeta no da para más. De resultas, la idea de que debemos tomarnos en serio la perspectiva de reducir los niveles de consumo y desdeñar las presuntas virtudes del crecimiento económico se impone en paralelo con la búsqueda incipiente de otras formas, más benignas y austeras, de organización de nuestras sociedades.

Hay quien dirá, en un argumento respetable, que la sensibilidad en lo que hace a estas cuestiones ha alcanzado incluso, siquiera sea livianamente, a nuestros gobernantes. Bastará con invocar al respecto el designio, formulado días atrás por el ministro de Industria, y al parecer no acompañado -bien es cierto- de medidas precisas, en el sentido de acometer una reducción de un 10% en el gasto energético de la maquinaria política y administrativa que dirige.

Se antoja extremadamente llamativo, sin embargo, que la certificación de que despilfarramos energía que se sigue, inevitablemente, de la decisión impulsada por el señor Sebastián en modo alguno conduce a trasladar a la ciudadanía el mensaje de que debe asumir, también, un cambio significativo en su conducta ante estos menesteres. Si uno quiere ser puntilloso estará obligado a reconocer que lo que acabo de señalar tiene, con todo, una excepción aparentemente relevante en la forma de las constantes recomendaciones que nuestros gobernantes han formulado, en los últimos años, en lo que atañe a la necesidad imperiosa de reducir el consumo de agua. No debe perder de vista el lector, sin embargo, que la excepción que nos ocupa se sitúa en un terreno muy singular, que en los hechos – parece – la anula como tal: la mayoría de los trechos de la economía del agua tienen un carácter público, o parapúblico, de tal suerte que la presencia de los intereses privados en el mercado correspondiente es a la postre menor.

Lo diré de otra manera: si en el caso del agua la condición primordialmente estatal de la economía afectada hace posible que nuestros gobernantes se muevan con encomiable soltura y se permitan reclamar con insistencia un esfuerzo ciudadano de reducción en los niveles de consumo, no puede decirse lo mismo de otros segmentos de la vida económica en los que los intereses del sector privado se imponen con rotundidad. Ahí está el caso del propio ministro Sebastián, quien semanas atrás no pestañeó a la hora de anunciar ayudas públicas para la adquisición de nuevos automóviles, presuntamente menos contaminantes, si los propietarios de los viejos se avenían a deshacerse de éstos. ¿No hubiera sido más razonable que, en un escenario indeleblemente marcado por la subida en los precios internacionales de las materias primas energéticas, nuestras autoridades apostaran con claridad por políticas encaminadas a convencer a los ciudadanos de que lo suyo es que vayan pensando en apartar el coche de sus vidas? ¿Es que nuestras autoridades no son conscientes de la sinrazón que acompaña al hecho de que la mentada subida en los precios de la energía no se ha visto seguida, como sería lo razonable, de reducciones notables en los niveles de consumo?

Para explicar lo anterior no hay que ir muy lejos: a diferencia de lo que ocurre con el agua, los sacrosantos derechos de las empresas privadas – en este caso las del sector del automóvil – se imponen, intocables, por doquier, y ello hasta el punto de que resulta sencillo imaginar cuál sería la reacción de aquéllas si los poderes públicos tomasen, en serio, cartas en el asunto de convencer a los ciudadanos de que también en relación con el transporte y sus cuitas deben cambiar drásticamente de hábitos. El lector con buena memoria recordará inmediatamente la patética reacción de repulsa asumida por alguna de nuestras empresas eléctricas cuándo, en un par de momentos en los últimos años, la ministra de Medio Ambiente decidió respaldar una simbólica campaña que nos exhortaba a reducir a la nada, durante cinco escuálidos minutos, nuestro consumo de electricidad en una tarde invernal. Como recordará, tal vez, que la legislación vigente impide que se invite a los ciudadanos a retirar sus depósitos en bancos que es notorio no han dudado en financiar a empresas sumergidas hasta el cuello en el comercio de armas, en la explotación del trabajo infantil o en el despliegue de irreversibles agresiones medioambientales.

Hay quien se sentirá tentado de recordar, por qué no, que el pecado de nuestros poderes públicos no queda dónde lo hemos dejado. Y es que no sólo se trata de que aquéllos eludan cualquier horizonte de contestación del negocio privado, aun a sabiendas de lo que éste acarrea, tantas veces, en los planos energético y ecológico: tan grave como ello es el hecho de que porfíen en construir faraónicas infraestructuras de transporte que el tiempo demostrará, más pronto que tarde, son literalmente insostenibles y que a poco más obedecen que al propósito de mover el carro de ese negocio privado que ahora nos atrae. Ahí está, por lo demás, el patético ejemplo que acaba de darnos el presidente Rodríguez Zapatero, quien al parecer no barruntó problema alguno en la fórmula verbal con la que remató su discurso de clausura en el congreso recientemente celebrado por el Partido Socialista: ¡A consumir!

Frente a tantos desafueros no queda sino reclamar la necesidad imperiosa de una rebelión ciudadana que denuncie con desparpajo el sinfín de prácticas impresentables que nos acosan, que reclame un drástico cambio de rumbo y que emplace a los dirigentes políticos a romper amarras —de esto se trata— con atávicos y esquilmadores intereses.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador de Bakeaz

La República, 29/07/08

Tagged with:

Fiasco nuclear en Finlandia, de Carlos Bravo en El Periódico

Posted in Ciencia, Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio on 22 agosto, 2008

LOS MODELOS ENERGÉTICOS Y LA VIABILIDAD FINANCIERA

La central nuclear de Olkiluoto 3, en construcción en Finlandia, el buque insignia del tan cacareado renacimiento nuclear, hace aguas por todos lados: oficialmente, se admiten grandes retrasos sobre el calendario previsto y sobrecostes multimillonarios. Y eso que lleva sólo dos años de construcción.

En efecto, el European Pressurized Reactor (EPR), el nuevo modelo de reactor nuclear que la compañía francesa Areva, de titularidad estatal, está construyendo en Finlandia, es un clarificador ejemplo de lo caro y arriesgado que resulta invertir en este tipo de energía. En el 2001, Areva hizo grandes promesas sobre el EPR de Olkiluoto 3. Aseguró que sería construido en un tiempo récord de cuatro años (pese a que el tiempo medio de construcción de los reactores nucleares terminados entre 1995 y 2000 fue de 116 meses, es decir cerca de 10 años), que tendría un coste de 2.500 millones de euros, y que no se necesitaría recurrir a apoyos económicos estatales ni a subsidios. La industria atómica repitió entonces, hasta el hastío, que la construcción de este reactor era el punto de partida de un imparable “renacimiento nuclear”.

Pero, siete años después, la realidad pinta muy diferente. La construcción del reactor empezó en el 2005, y tan solo dos años más tarde, en el 2007, la propia Areva anunciaba en su página web que su terminación se retrasaría dos años con respecto a lo previsto (por lo que tendrá 2.200 millones de euros de penalización). Ya se reconoce de forma oficial un sobrecoste de 1.500 millones sobre lo inicialmente presupuestado. Informaciones recientes afirman que si Olkiluoto 3 estuviese terminada para el 2011, que es la fecha que ahora maneja Areva, le habrá costado a esta más de 5.200 millones.
A pesar de las declaraciones previas de Areva y toda la industria nuclear de que este reactor no requeriría apoyos financieros estatales, los bancos públicos de Suiza y Francia han tenido ya que realizar grandes préstamos para su construcción. Y, por si fuera poco, lo que empeora la situación, se han detectado ya más de 1.500 defectos de diseño y desviaciones de calidad en el reactor, lo que genera preocupaciones sobre su seguridad.

Así pues, el EPR es ya un gran fiasco económico. De hecho, el pasado mes de mayo, el presidente ejecutivo de la gigante eléctrica alemana E.On, Wulf Bernotat, advirtió que las nuevas centrales nucleares que algunos pretenden construir en Europa, costarían entre 5.000 y 6.000 millones de euros cada una (excluyendo la gestión de residuos radiactivos).

Son costes prohibitivos. Ciertamente, la energía nuclear perdió ya hace muchos años la batalla de la competitividad económica en unos mercados energéticos cada vez más liberalizados. No en vano, vista la experiencia en EEUU, la prestigiosa revista Forbes calificó a la energía nuclear como “el mayor fiasco en la historia económica norteamericana”. Asimismo, el Banco Mundial y otros bancos multilaterales no financian desde hace tiempo proyectos nucleares por no ser una opción eficiente en coste.

En la Unión Europea, aparte de Finlandia, solo Francia está construyendo actualmente un reactor, en estado aún incipiente. Por otro lado, Alemania y Suecia tienen programas activos de abandono de la energía nuclear. En el caso de España, el Gobierno ha anunciado la intención de cerrar el parque nuclear existente y no construir nuevas centrales.

En efecto, el PSOE ganó las pasadas elecciones generales con una serie de promesas, como la de cerrar las centrales nucleares de forma progresiva y sustituirlas por “energías limpias, seguras y menos costosas”, como reza su programa electoral. El abandono de la energía nuclear en España será una realidad si el PSOE y José Luis Rodríguez Zapatero cumplen su compromiso y no terminan defraudando a los ciudadanos, quienes, como han demostrado de forma reiterada los sondeos de opinión, desean mayoritariamente que se abandone la energía nuclear.

Zapatero lo tiene fácil, si quiere, pues la viabilidad técnica y económica de un sistema de generación eléctrica basada al 100% en energías renovables, que nos permitiría luchar de forma eficaz contra el cambio climático al tiempo que se abandona la energía nuclear, es un hecho ya comprobado científicamente. Un informe del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IIT) de la Universidad Pontificia de Comillas, encargado por Greenpeace, ha demostrado, mediante un profundo análisis técnico, que existen numerosas combinaciones de las distintas tecnologías renovables (solar termoeléctrica, eólica terrestre, eólica marina, biomasa, solar fotovoltaica, hidroeléctrica, energía de las olas y geotérmica) que permitirían satisfacer al 100% la demanda eléctrica peninsular, las 24 horas del día y los 365 días del año, a un coste menor que el de un sistema basado en las tecnologías convencionales.

Lograr un modelo energético sostenible, libre de energía nuclear, basado en las energías limpias, es factible técnica y económicamente, y es lo más deseable desde el punto de vista medioambiental y de salud. El único gran obstáculo en ese camino es la falta de voluntad política: cada día que pasa sin cerrar las nucleares, Zapatero pierde un poco de su cada vez más escasa credibilidad.

Carlos Bravo. Responsable de temas nucleares de Greenpeace.

Tagged with:

Falsos protectores, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Cultura, Derechos, Ecología, Medio ambiente, Política by reggio on 15 agosto, 2008

Vanoise es un parque nacional situado en las estribaciones francesas del Mont Blanc. Aunque rodeado de hoteles y urbanizaciones, pistas de esquí y centros turísticos de toda índole, el afán preservador de las autoridades competentes, presionadas por sus técnicos, les lleva a prohibir sobrevolar la zona incluso sin motor.

Podríamos multiplicar los ejemplos a miles, hasta llegar al absurdo -compartido por algunos de los museógrafos serios que conozco- de cerrar los museos al público con la misma argumentación que impide visitar las cuevas de Altamira: la luz, la presencia humana o la combinación de ambas cosas deteriora las obras de arte. Sin ir más lejos, los bañistas de algunas zonas de la Costa Brava que acostumbran a salir con sus lanchas se están quejando ya de que no les permiten fondear en las calas, que cierran con cualquier excusa, desde la posidonia, ya desaparecida o que nunca estuvo, hasta la protección de los bañistas que, cuando no se puede llegar por tierra en coche, han dejado de acudir porque llegaban en barca. Los prohibicionistas de profesión podrían poner boyas, sujetas a bloques de cemento depositados en el fondo, como en las Medes -por cierto, insuficientes y muy disputadas-, pero parece que eso está cada vez peor visto entre los gestores de la naturaleza. De lo que tratan los protectores profesionales es de evitar al máximo la presencia humana en los espacios protegidos, como si esas porciones de naturaleza fueran para su privilegiado uso y disfrute personal.

No caen en la cuenta de que los parques naturales pueden existir y ampliarse, porque o bien la acción humana sobre esos territorios no los ha degradado, o bien los ha transformado con acierto, caso de los arrozales de Pals, de manera que el paisaje es ahora más atractivo que cuando se encontraba en estado salvaje. Los usos de un parque natural compatibles son, desde luego, muchos más de los que presumen quienes cobran un sueldo público para protegerlos. ¿O es, por ejemplo, que deberían volverse a inundar las grandes lagunas del Empordà desecadas con tanto tino, esfuerzo y provecho en los últimos siglos? Por ahí avanza un fundamentalismo del que nos deberíamos proteger antes de que sea demasiado tarde.

La gestión integral de territorio es, además de un bonito nombre, una entelequia. La coherencia entre los distintos departamentos de la Administración consiste en ignorarse mutuamente, si bien se observan de reojo, a fin de que la acción de uno no impida la del otro, por contradictorias que sean, y allá se las apañe el ciudadano. Sobre nuestro litoral inciden, cada cual por su lado, los de Ports, los de Turisme y los de Medi Ambient. Jamás, según los lugareños consultados, han acudido conjuntamente a explicar sus planes. Por la sencilla razón de que no son compatibles. Los de Política Territorial se devanan la mollera pretendiendo aumentar el número de amarres sin ampliar otro puerto que el de l´Estartit. Lo que, además de constituir un atentado paisajístico a las Medes y al pueblo, entra en flagrante contradicción con el proyecto de parque natural del Montgrí, les Medes i el Baix Ter, de orientación desertizadora. Si usted veranea en la Costa Brava y posee una barca o lancha, véndasela antes de que no pueda salir de puerto si no es para alejarse a toda prisa de la costa. Si está pensando en comprarse una, desista, por lo menos hasta que la Generalitat le dé garantías de que dispondrá de calas en las que tomar su baño. ¿Y los de Turisme? Ellos van a la pela. Su norte es independiente y opuesto al de Medi Ambient. Por ello engañan al posible visitante: las fotos promocionales que hacen la costa catalana tan atractiva corresponden a lugares que jamás podrán visitar, de los que está casi vedado disfrutar, a los que pronto estará prohibido siquiera aproximarse. ¿Es eso incremento de la calidad de la oferta? Más bien tomadura de pelo.

Ocultan los técnicos y sus jefes, los responsables políticos, que la degradación de ciertas zonas sumergidas del litoral se debe a factores ajenos a los bañistas y navegantes. Por ejemplo, los agentes químicos que bajan por los ríos, ante cuya desembocadura han desaparecido los peces de arena. Ciertas algas como de moco rojizo, antes desconocidas, que se pegan a las rocas hasta hace muy poco llenas de mejillones, erizos, tomates marinos, flora y fauna multicolor. Eso, no sólo les da igual, sino que lo silencian porque no les conviene. En el colmo de la incongruencia, el famoso proyecto de parque natural del Montgrí, les Medes i el Baix Ter excluye el propio río, el Baix Ter. A lado y lado, miles de hectáreas protegidas, hasta hoy por la sabia mano de sus habitantes, a partir de mañana por mentes ajenas al territorio. Pero lo que es el lecho del Ter y sus inmediaciones, eso queda fuera, salvo en los últimos tal vez dos centenares de metros. ¿A santo de qué? Tal vez no hay presupuesto para erradicar las cañas, que son especie invasora. Y no digamos la maleza que vuelve el Ter invisible a todo ojo humano, salvo el de quienes lo sobrevuelen en pequeños artefactos, con o sin motor… ¡hasta que se lo prohíban!

Tagged with:

El cambio climático debe acercar a EE.UU. y China, de Joseph Nye en Clarín

Posted in Ciencia, Ecología, Medio ambiente by reggio on 14 agosto, 2008

DEBATE

El calentamiento global es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y, también, de seguridad.

Algunos científicos predicen que el cambio climático causará desastres naturales vinculados con el clima, sequías y hambrunas, que pueden derivar en una cuantiosa pérdida de vida. El calentamiento global en las próximas tres décadas haría crecer los niveles del mar en medio metro. Este es un cálculo conservador, y si el calentamiento avanza más rápidamente por la pérdida de la reflectividad del hielo del Artico podría conducir al sumergimiento de islas bajas y, por ende, amenazar la supervivencia de naciones enteras. En Africa y Asia central, el agua se volverá más escasa y las sequías reducirán el suministro de alimentos.

Los shocks externos producidos por el cambio climático afectarán directamente a las economías avanzadas. Si los crecientes niveles del mar inundan las Islas Maldivas, los efectos serían tan devastadores como una bomba nuclear, y hasta para EE.UU. y Europa, el daño ocasionado, digamos en Florida u Holanda, podría ser igualmente costoso. Pero estos shocks externos también pueden tener efectos indirectos al agravar las disparidades entre países desarrollados y en desarrollo y crear incentivos adicionales para la migración masiva a regiones ricas, menos afectadas y más adaptables. Por otra parte, el cambio climático ejercerá presión sobre los gobiernos débiles en los países pobres, y puede generar un incremento en la cantidad de estados fallidos así como convertirse en una fuente indirecta de conflicto internacional.

Este tipo de efectos directos e indirectos de la actividad humana, si bien no tienen intenciones malevolentes como el terrorismo, son un argumento para la ampliación de nuestro concepto de seguridad y la adopción de nuevas políticas. Existen instrumentos básicos para reducir las emisiones de carbono y, por ende, mitigar el calentamiento global. La innovación tecnológica y la mayor eficiencia energética tienen un potencial considerable.

Pero la innovación tecnológica por sí sola tal vez no sea suficiente. El otro instrumento básico incluye incentivos y desincentivos económicos. El llamado sistema de intercambio de emisiones apunta a controlar las emisiones de carbono asignando permisos comerciables.

No todos adoptarán este tipo de instrumentos. En 2007, China superó a Estados Unidos como el principal emisor de CO2 del mundo. Pero China señala que, sobre un cálculo per capita, las emisiones norteamericanas son cinco veces superiores. China, India y otros países sostienen que el desarrollo económico en los países ricos causó la mayor parte del problema existente, y que es injusto que los países en desarrollo tengan que reducir sus emisiones hasta alcanzar los niveles de emisiones de los países ricos. Pero se trata de una fórmula para el desastre global.

El clima del mundo se ve afectado por las emisiones totales, no importa su origen. Dado que las bombas, las balas y los embargos de la política de seguridad tradicional son irrelevantes, ¿qué pueden hacer EE.UU. y otros países ricos respecto de esta amenaza a la seguridad? Para impedir un cambio climático peligroso y promover su propia seguridad, EE.UU. y otros países ricos quizá tengan que forjar una sociedad con China, India y otros países para desarrollar ideas creativas, tecnologías y políticas. Cada vez se reconoce con más frecuencia que el cambio climático es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y de seguridad. Los primeros pronunciamientos de McCain y Obama son alentadores, pero buscar un acuerdo internacional seguirá siendo un desafío no importa quién resulte electo.

Joseph Nye; profesor de relaciones internacionales (Universidad de Harvard)

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2008.

Traducción de Claudia Martínez

Tagged with:

Estado, territorio y energía, de Francisco Sosa Wagner en El Mundo

Posted in Asturias, Derechos, Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente, Política by reggio on 3 julio, 2008

TRIBUNA LIBRE

En el mundo de las construcciones políticas sobre las que nuestra existencia descansa, fruto de un patrimonio hereditario amasado a lo largo de varios siglos, son muchos los elementos que se tambalean, sometidos como están a la acometida de circunstancias nuevas y agresivas. Una delicada teoría del Estado, pensada por mentes poderosas del pasado, es la que nos sirve aún como rosa de los vientos en nuestras cogitaciones, pero bien sabemos que muchos de sus capítulos se hallan sometidos a una intensa revisión. En un país como Alemania, de donde proceden las formulaciones más brillantes acerca del Estado -¿cómo no pensar en Jellinek, Carl Schmitt, Kelsen o Forsthoff?-, se suceden en estos últimos años los títulos de trabajos, que suelen ser de habilitación para cátedras universitarias, en los que se abordan de forma crítica los ingredientes tradicionales explicados por los oráculos del pasado (autores como Utz Schliesky o Stefan Haack, entre otros, se inscriben en esta línea de pensamiento revisionista).

Pues bien, uno de esos elementos pasados por el cedazo de las nuevas plumas es el del territorio sobre el cual el Estado se asienta o, si queremos emplear las palabras de Kelsen, «el ámbito espacial de la validez de un orden jurídico». Y es que, a poco que se observe, advertimos que las aristas del territorio así como las fronteras, con sus guardias y sus alambradas, tan propias de contrabandistas románticos y de espías, están siendo desmanteladas y donde antes hubo seguridad hoy se ha formado un espacio que desbarata el contorno de influencia de las administraciones, habilitadas como están para desplegar su eficacia en problemas de la convivencia abiertos ya a un orden continental o a las veces planetario. Tal ocurre con la protección del ambiente o la prevención del cambio climático, objeto de pleitos de alcance mundial. Lo mismo acontece respecto a la lucha contra la evasión fiscal y la protección de la salud o la expansión de epidemias o epizootias.

Todo ello no quiere decir que el territorio haya perdido su naturaleza básica a la hora de determinar las hechuras del Estado. Significa sencillamente que ha perdido su vestimenta absoluta, arrolladora, o sin más la exclusividad que le acompañó durante mucho tiempo. Pero en los estados descentralizados como el nuestro se añade además una circunstancia que, afectante asimismo al territorio y a su uso, resulta cada día más clamorosa. Y que, como concierne al ejercicio mismo de las atribuciones estatales, conviene detenerse en ella.

Me refiero a las grandes decisiones públicas que al Estado competen y que, lógicamente, han de proyectarse sobre un determinado espacio físico: la línea ferroviaria, la autopista, el tendido eléctrico de largo alcance (de alta tensión o de muy alta tensión), el gasoducto, etcétera, son todas cuestiones que trascienden el interés de un espacio regional determinado para afectar al conjunto de los intereses nacionales que el Estado representa. En estos casos ocurre que, cuando la instalación proyectada es reputada beneficiosa por la ciudadanía para sus intereses inmediatos y tangibles, el Estado no suele encontrar dificultades sustanciales a la hora de llevar a cabo sus designios. El uso del territorio se hace en medio del aplauso generalizado. El ejemplo podría ser el AVE, si se excluye la actitud arriscada del terrorismo vasco empeñado en impedir su llegada a aquellas tierras, actitud que recuerda la de Gregorio XVI (Papa entre 1831 y 1846), quien se opuso a la construcción de líneas ferroviarias por los estados pontificios con el argumento de que por ellas circularían con más facilidad las ideas liberales. Y no le faltaba razón al Pontífice.

Ahora bien, fuera de este caso trágico pero estrambótico, estas complacencias no se producen cuando se trata de instalaciones respecto de las cuales el ciudadano medio ya no advierte su beneficio personal de manera directa. Pensemos en la energía eléctrica. Hay ejemplos en muchos lugares de España, como es el caso reciente de algún municipio de la costa gaditana que pretende prohibir por referéndum la energía eólica. Pero fijémonos en la salida de la energía del norte, en Asturias, para llegar a los mercados del resto del país, en dirección a Galicia, Cantabria o Castilla.

No entro en el debate de fondo, es decir, si esa energía es necesaria; en todo caso, mi opinión en este punto carece de valor. Con todo, a la vista de algunos datos oficiales, Asturias precisaría sacar de su territorio excesos de producción eléctrica y ello porque se están instalando plantas de generación de energía limpia (las de ciclo combinado que pretenden sustituir a las contaminantes térmicas) en un programa que se inicia en los tiempos de Felipe González, bajo cuya autoridad se declaró (marzo de 1986) la utilidad pública de la línea. Pues bien, desde entonces, el problema ha sido el trazado, el concreto territorio -justo de lo que este artículo trata- por el que ha de discurrir la línea de alta tensión. La compañía Red Eléctrica Española ha ofertado distintos recorridos, y los propios presidentes autonómicos afectados han sellado, con un apretón de manos, compromisos específicos al respecto. Todo en vano, pues cualquier movimiento es respondido por asociaciones de vecinos, ecologistas y ayuntamientos, incluso el padre de Rodríguez Zapatero firmó -sin duda con buena intención- un escrito de protesta. Hasta ahora han tenido éxito, pues el problema sigue en el aire aunque el Gobierno, en su plan energético para el período 2008-2016, ha incluido como actuación prioritaria «la línea de alta tensión entre Sama y Velilla del río Carrión». Pero, conocedor del avispero, ha vuelto a pedir que se modifique el trazado.

Todo ello está justificado: vecinos, alcaldes y ecologistas tienen sus razones; de otro lado, Red Eléctrica Española no es maestra en desplegar habilidades diplomáticas. Pero no es menos cierto que para el Estado, representante de los intereses de España entera, la línea es imprescindible y lo es así desde hace más de 20 años. Pero no se hace. Adviértase que las obras del AVE están causando, por parajes muy similares, destrozos ecológicos manifiestos, ante los que nadie protesta.

Naturalmente que el territorio «no es del Estado», que éste ha de acomodarse a las competencias repartidas entre los municipios y las comunidades autónomas y a los procedimientos previstos en las leyes, que ha de garantizar la audiencia de las poblaciones y sus legítimas reivindicaciones… Todo esto nadie puede discutirlo, pero al final es el Estado el llamado a decidir sus concretos usos cuando se hallan afectados intereses que comprometen al conjunto de los españoles. Los ordenamientos federales cuentan, entre el arsenal de sus técnicas, con la cláusula de prevalencia, contenida en el artículo 149.3 de la Constitución, para obligar a que sus determinaciones sean acatadas y sus opciones políticas cumplidas.

Ahora, medite el lector lo que ocurriría si al Gobierno se le ocurriera aprobar un plan de construcción de centrales nucleares. ¿Dónde podría emplazarlas? ¿Se imagina alguien la que se armaría en cualquier Comunidad Autónoma ante el anuncio de una vecindad tan conflictiva? Decenas de años pasarían antes de que una sola máquina estuviera en condiciones de mover tierras.

La falta de control sobre el territorio, atrapado en una red inextricable de competencias y tramitaciones superpuestas unas sobre otras, la falacia en la que se ha transmutado la «ejecutividad» de las decisiones administrativas -que sólo se aplican a quienes carecen de capacidad de reacción-, debilitan al Estado y lo pueden convertir -así ocurre ya en muchos asuntos- en mero jefe de una estación de maniobras de intereses sectoriales y locales. Provisto de un silbato que nadie atiende.

Francisco Sosa Wagner es catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de León. Su último libro es ‘Carl Schmitt-Ernst Forsthoff: coincidencias y confidencias‘ (Editorial Marcial Pons).

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Una mujer en la historia, de Manuel Castells en La Vanguardia

Posted in Derechos, Ecología, Educación, Internacional, Justicia, Medio ambiente by reggio on 28 junio, 2008

OBSERVATORIO GLOBAL

Ha muerto Ruth Cardoso de Leite. El mundo oficial la recordará como la primera dama de Brasil entre 1994 y 2002, una primera dama muy querida por su pueblo y que siempre tuvo personalidad propia. El mundo académico la recordará como una de las mejores antropólogas urbanas de América Latina, catedrática de la Universidad de São Paulo, profesora en París y en Berkeley, creadora de escuela y maestra de generaciones de estudiosos de la sociedad a partir de la observación de las comunidades urbanas. El mundo de la lucha contra la pobreza la recordará como la fundadora de Comunidade Solidária, una red de 1.300 organizaciones de base centradas en la mejora de la vida en las localidades más pobres de Brasil mediante el apoyo a la autogestión de programas sociales en dichos lugares.

El mundo feminista la recordará como la feminista práctica que centró su esfuerzo en concienciar, organizar y apoyar a las mujeres realmente existentes en los sectores populares de Brasil y de América Latina. El mundo de la resistencia contra las dictaduras en Brasil y en el continente americano la recordará como la militante política – clandestina o no según los momentos-, independiente de los partidos pero cercana de la gente, centrada en conseguir avances reales de democracia más allá de las fantasmagorías ideológicas que rodearon su tiempo en América Latina. El mundo de sus amigos la recordaremos como la mujer serena y sonriente por cuyo rostro nunca parecieron pasar los años, y cuyo dulce hablar le permitía decidir las cosas más serias e incluso las más espinosas con una sensatez convincente que transformaba la polémica en reflexión compartida.

Porque Ruth transmitía paz en un mundo atormentado. Y su gente, la gente de su Brasil que siempre llevaba en el corazón, de su São Paulo con un sentido profundo de hogar perdurable en la globalidad que vivió, su gente la recordará como la doctora Ruth, la mujer en quien siempre podían confiar, la mujer sin miedo pero sin rencor, la mujer comprometida con los objetivos de la política y ajena a las mezquindades de la política. La mujer que, como primera dama, fue capaz de salir en la televisión criticando la ley del aborto que el partido de su marido apoyaba, motivando que el presidente, o sea su marido, la cambiase. Todo ello sin acrimonia, sin oponerse a su marido por afirmación personal, sino simplemente lo hacía cuando pensaba que no tenía razón en esa y en otras muchas cosas. Eso explica que su popularidad fuera aún más alta que la de su marido (que fue un presidente muy popular).

Recuerdo en uno de los viajes con mi mujer durante la presidencia de Cardoso la pintada que vimos en las paredes de un barrio popular: “Fernando Henrique, no. Doña Ruth, sí”. Pero nunca se le ocurrió jugar a la Hillary. Porque ella estaba en otra cosa, estaba en cambiar las cosas desde abajo, con la gente y a través de la participación de la gente. Pensaba que la política, y por tanto los partidos, las elecciones, la presidencia, eran instrumentos imprescindibles del cambio, pero no era lo suyo y siempre se pensó como complementaria.

Mientras su marido fue senador, ella permaneció en su piso de São Paulo, en su cátedra universitaria y en su trabajo comunitario. Cuando tuvo que asumirse como primera dama inventó una función para sí misma, aparte de desempeñar con dignidad, pero lo mínimo posible, sus tareas protocolarias. Trató de utilizar el prestigio de su situación, pero no el presupuesto del Estado, para crear su programa de organizaciones comunitarias en las zonas más pobres del país. No para hacer de Evita, sino para solucionar problemas concretos a personas concretas, con la menor publicidad posible y sin instrumentalización política. Creó una fundación que financió con donaciones que pidió a las grandes empresas, sin vinculación política con su marido y con plena transparencia contable. Por ejemplo, pidió, y obtuvo, de una empresa de automóviles un real por coche vendido. Negoció acuerdos con las universidades para que sus estudiantes hicieran trabajo comunitario. Y se puso de acuerdo con las redes de asociaciones existentes en toda la geografía brasileña para dotarlas de recursos y reforzar su participación en las políticas sociales. Recuerdo una visita con ella en la cooperativa de mujeres de Mamiraua en la selva amazónica, donde pude observar cómo las mujeres indias discutían de todo con doña Ruth, sin complejos, sin servilismo, y como ella se sentaba durante horas a ver cómo iba la gestión de la cooperativa. Y la vi negociar con los aldeanos que se lamentaban de que la protección de las especies les privaba de la pesca de la que dependía su subsistencia y su única fuente de ventas.

Y consiguió trocar autocontrol de los pescadores pescando dentro de límites a cambio de la mejora de sus condiciones de vida. Su ecologismo, su feminismo, su lucha por la democracia y contra la república de caciques que persiste en Brasil se rigieron siempre por ese sentido práctico de ir poco a poco, pero sin pausa, haciendo que la gente asumiera la gestión de su propia vida y contribuyendo con los recursos que pudo a incrementar esa autonomía. Comunidade Solidária continúa. Es uno de sus legados. Porque tiene otros muchos Y todos ellos, todo lo que nos dejó se alberga en el lugar más perdurable: en las mentes y en el corazón de quienes supimos de ella o de quienes supieron de quienes supimos.

Y así la recordará su pueblo. Y sus compañeros. Y sus colegas intelectuales. Y sus amigos. Y su familia, su marido, sus hijos y esos nietos a los que tanto esfuerzo y amor dedicó. Ruth Cardoso de Leite fue una mujer multidimensional que hizo historia simplemente siendo ella, sin proclamas ideológicas, con esa determinación profunda de quien hace todo porque es lo que hay que hacer. Y su serena sonrisa seguirá dibujándose en el cielo de los cafetales que la vieron nacer.

Tagged with: