Reggio’s Weblog

El arma del crimen, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 31 enero, 2009

Los fondos desaparecidos en la estafa realizada por Bernard L. Madoff no pueden haberse volatilizado. Los ‘paraísos fiscales’ son el principal instrumento para lavar las prácticas fraudulentas del actual capitalismo

La corrupción se ha convertido en una pandemia que todo lo infecta, a la que nadie y nada escapa. La corrupción entendida, no sólo ni principalmente, como la utilización abusiva e inicua de las posiciones de poder en provecho de quien las detenta, sino como la falsificación de todos los valores, la perversión sistemática, la impostura permanente en el planteamiento de medios y objetivos. Personas, organizaciones, la economía, los lenguajes, el deporte, la política, las empresas, la justicia, las ideologías, el Estado, la comunicación; todo estragado, pervertido. Es decir, la adulteración de las conciencias, la corrupción del espíritu, que transforman cualquier propósito en barbarie. Por eso, hoy, la generalización y persistencia de las prácticas corruptas no sólo han trivializado su uso, sino que lo han connaturalizado, inscribiéndolo, con todos los honores, en el patrimonio de los comportamientos legítimos y necesarios de nuestra contemporaneidad.

Esto es lo que explica lo más perturbador del universo actual de la corrupción: su celebración no sólo por sus protagonistas y beneficiarios, sino también por quienes la sufren, por sus víctimas. Pues lo más significativo de la larga lista de personalidades políticas francesas de la derecha -François Lyotard, Jean Tiberi, Alain Carignon, Robert Pandraud, Michel Noir, Michel Mouillet, Alain Juppé y tantos otros-, con su homóloga relación de líderes de la izquierda tan notables como Roland Dumas, Robert Hue, Dominique Strauss-Kahn, etcétera, todos procesados y muchos condenados, a pesar de los escapismos de la inmunidad parlamentaria y gubernamental y de la opacidad de los fondos públicos de que se han servido, es la incorporación de estas “hazañas” a sus carreras políticas como bazas positivas, de la que dan cuenta en muy diversos casos las triunfales elecciones postcondena de sus protagonistas. El ejemplo paradigmático es el de Henri Emmanuelli, líder entonces y todavía hoy del ala izquierda del Partido Socialista, que en las primeras elecciones a las que se presentó después de haber cumplido su condena obtuvo muchos más votos que en las que precedieron a su procesamiento.

Lo más lamentable, lo más repugnante de esta situación, es la tolerancia, cuando no la complicidad, del sistema democrático en su conjunto, es decir, de sus actores políticos, de sus Estados y de sus Gobiernos, en una acumulación de falsedades y engaños que sin ellos no podría existir. Porque más allá de la general codicia humana y de las fechorías de las que es habitualmente causa, la criminalidad económica de guante blanco no hubiera podido alcanzar estas elevadísimas cotas de eficacia y de éxito sin la contribución determinante de una arquitectura financiera que ha elaborado unos dispositivos técnicos, tan sólidos como sutiles, y cuya legalidad, es decir, cuya protección jurídica, procede de quien puede otorgarla, es decir, de los Estados. Lo que los hace muy difícilmente impugnables.

Se ha dicho, y hay que repetirlo, que sin la unánime incitación bancaria al crédito y sin el reducido costo del dinero impulsado por los bancos centrales, es decir, por los Estados, no se hubiera producido la hecatombe actual; pero tampoco hay que olvidar el trabajo anterior de socavamiento, la tarea de zapa del sistema que representaba la oferta de los malignos malabarismos financieros que han encarnado los fondos, en particular, los fondos basura -los hedge funds– y todos los otros mecanismos de falsificación que han florecido, en las últimas décadas, en el mundo de las finanzas. Cuyos frutos, presididos por el secreto, instrumento principal de la esquiva, es decir, del chanchullo bancario, encuentran en los paraísos fiscales su tierra prometida.

La macroestafa de Madoff ha sido la última y ejemplar ilustración de cuanto sabíamos y veníamos soportando. La credulidad, producto de una incontrolable codicia, de una insaciable avidez de enriquecimiento, cada vez más próximo al latrocinio, a las que han sucumbido tanto los grandes como los pequeños, y que, después de haber arruinado a tantas empresas y familias, se ha visto arropado por una mansa reacción de los poderes de control, que ni siquiera han llevado a la cárcel a los causantes del estropicio. Claro que para evitarla han contado con excelentes abogados y con magistrados comprensivos, lo que se ha traducido en que, tras una confortable cuarentena doméstica, han podido volver a sus negocios, como sucedió con el bochornoso caso de Michael Milken. Condenado a 10 años de cárcel, que se redujeron a apenas 20 meses de cómodo confinamiento privado, continuó triunfalmente su actividad financiera a través de su sociedad Drexel Burnham Lambert. Pero hay más. La Milken Family Foundation, creada por él con el dinero cosechado gracias al timo y a las trampas, ha multiplicado las acciones de solidaridad y se ha granjeado el reconocimiento y los aplausos de todos.

Probablemente, antes de no mucho, sucederá lo mismo con Bernard L. Madoff y su gente, cuyo propósito de volver al mundo financiero y de completar dicha actividad con otras dedicadas a la defensa del planeta y a la lucha contra el hambre comienza a aflorar.

Pero aún no estamos ahí y seguimos en la impotencia judicial y en la penosa comedia de la búsqueda de la localización de unos fondos que, gracias a la valentía personal y a la competencia profesional de Denis Robert, todos sabemos dónde están y bajo qué cobertura. Se trata de la cuenta número 646, abierta por Bernard Madoff el 2 de noviembre de 1999 en la sociedad financiera Clearstream de Luxemburgo, una de las más importantes cajas de compensación del mundo y quizás el más eficaz dispositivo de coordinación de los 10 paraísos fiscales del ámbito político europeo. Ésa es el arma del crimen, ése es el lugar de la abominación financiera, pues nadie ignora que los paraísos fiscales son el instrumento principal de la economía criminal, que Bernard Madoff, el rey de la trampa, maneja con destreza e impunidad. La primera la pone él; la segunda, los Estados. Economía criminal que va desde la evasión fiscal y el blanqueo de dinero hasta el mercadeo de seres humanos, pasando por el botín procedente de las extorsiones mafiosas, el tráfico de drogas y de armas, la producción y comercialización de moneda falsa, el robo, estafas y contrabandos de todo tipo, que constituyen los componentes de un volumen conjunto que supera ya el 40% de la economía legal mundial. Volumen que sin los paraísos fiscales no encontraría tan extraordinario acomodo para su conservación, ni tantas facilidades para su producción y multiplicación.

Pero, volviendo a Clearstream, se afirma que tuvo mucho que ver con la apropiación indebida de fondos del FMI destinados a Rusia a través de la Sociedad Menatep, apropiación que, al parecer, se operó desde y en Clearstream. Sin olvidar que, según Jean-François Couvrat, portavoz de Attac-France, las ramificaciones del holding de la familia de Bin Laden llegan y se cruzan en Luxemburgo con las operaciones criminales del Banco de Comercio y Crédito Internacional (BCCI), tan ligado a los intereses de los Saud y de éstos a los dos presidentes Bush de los Estados Unidos, como confirma Craig Unger, director del The New York Observer, en su libro Los Bush y los Saud. Denis Robert señala al financiero Nadhmi Auchi, el banquero de Sadam Husein, que realizó la discutida compra de Ertoil a la pareja Piqué-De la Rosa, como el centro neurálgico de estas siniestras maniobras, que encontraron en el paraíso fiscal luxemburgués la hospitalidad que necesitaban.

Por cierto, ¿hasta cuándo va a bendecir Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, que su país, en el que tanto manda, siga especializado en esos turbios menesteres? Entre nosotros, sólo Rafael Cid, en Diagonal, ha comenzado a explorar tan tenebroso pozo. Esperemos que cunda el ejemplo y que, frente al falso deslumbramiento de la instantaneidad de lo numérico, frente a la infantil satisfacción de la reiteración de lo icónico, frente a la huida en el enclaustramiento de lo virtual, la irrenunciable obstinación en el acercamiento a la realidad, propia del periodismo de investigación, vuelva por sus fueros y pueda ilustrarnos sobre estas negras tramas del capitalismo criminal que todo lo contaminan.

José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

Tagged with:

Los codiciados frutos del olvido, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Historia, Memoria, Política by reggio on 20 diciembre, 2008

El revisionismo parafranquista pretende equiparar los crímenes institucionales del régimen con los cometidos por republicanos incontrolados. También presenta la dictadura como madre de la democracia.

El debate sobre la Memoria Histórica y la tesis sobre la pacificación mediante el olvido de los antagonismos derivados de la Guerra Civil acompañan, desde hace años, la historiografía del franquismo. Últimamente, la iniciativa judicial del magistrado Garzón sobre la localización de las víctimas del régimen del General Franco, y dejando de lado su mayor o menor pertinencia jurídica, ha relanzado en España el debate sobre la memoria colectiva. Tema que sigue teniendo viva actualidad en muchos países europeos, sobre todo en su versión reaccionaria. Y así en la cúspide de la apoteosis gaullista, François Furet y su poderosa escuela histórica sometieron a la Revolución Francesa a una revisión radical, insistiendo en su dimensión violenta, cuando no sanguinaria. Al igual que sucedió en Alemania hace veinte años con la polémica en torno al monumento a las víctimas del Holocausto y con el debate sobre las tesis de Martín Walser; sin olvidar la pujanza que tuvo en Estados Unidos el movimiento de revisión para exculpar al Maccarthysmo y la notable campaña en prensa, que lo apoyó, con, entre otros, los artículos en el New York Times de Ethan Bonner, el libro de Don Wolfe sobre Los últimos días de Marilyn Monroe, buena parte de la prestigiosa filmografía de Elia Kazan, etcétera.

El revisionismo parafranquista tiene en España antecedentes antiguos y muy fundados. Su argumento principal es la conversión del Franquismo, que comenzó siendo un régimen fascista-totalitario, al autoritarismo, en línea con la tesis central de Guillermo O’Donnell, Philipp C. Schmitter y Laurence Whitehead, quienes organizan su magna compilación –Transitions from Authoritarian Rule, 4 volúmenes- en torno de las virtualidades del autoritarismo. Entre nosotros quien lo formaliza con vocación paradigmática es Juan José Linz en Una teoría del régimen autoritario. El caso de España, en la España de los años setenta (T. III, Madrid, 1974). Abierta la vía, en ella se engolfan buen número de politólogos y sociólogos españoles, con, a su cabeza, Jorge de Esteban acompañado de S. Varela, E. García Fernández, L. López Guerra y J. L. García Ruiz en Desarrollo político y Constitución española (Ariel, 1973), así como el agudo y obstinado Luís García San Miguel, cuya contribución definitiva fue Teoría de la transición (Editora Nacional, 1981).

El argumento básico de este revisionismo historiográfico se apoyaba en el alegato de la modernización que David Apter nos ofreció, en Amorrortu (Buenos Aires, 1970), que reforzado por los trabajos de Almond, Verba, Pye y todos los promotores de la propuesta del desarrollo político, postulaban que sólo un consistente crecimiento económico, una notable transformación social y una eficaz adecuación política, componentes fundamentales del autoritarismo, podían poner fin a las dictaduras e instalarnos en la democracia. Las personalidades más reactivas del Franquismo, como Laureano López Rodó desde el integrismo católico y Rodrigo Fernández Carvajal desde el Movimiento, apostaron ya en 1969 a esa hipótesis; el primero en Política y Desarrollo y en La larga marcha hacia la monarquía, y el segundo en La Constitución española. Desde entonces, los aperturistas del Régimen, comenzando con Jesús Fueyo, en la trinchera falangista, y siguiendo con José María Ruiz Gallardón y Miguel Herrero de Miñón, desde el bando monárquico, Federico Silva, en el democratacristiano, y Rodolfo Martín Villa, desde la estructura central del Movimiento, contribuyeron a lavarle la cara al régimen franquista y a aumentar su aceptabilidad.

Posteriormente, dos franquistas tan fervorosos como Manuel Fraga y Adolfo Suárez, con el protagonismo que sigue teniendo el primero en la derecha heredofranquista, al igual que el mantenimiento de tantos símbolos en la España pública de hoy, avalan la tesis de la continuidad entre los dos regímenes. A ella contribuyó de forma decisiva el desenlace del enfrentamiento entre ruptura y reforma que, en el momento de la Transición, se cerró con victoria absoluta de la segunda, lo que impuso la hipótesis del reformismo continuista.

El Franquismo contenía, según afirmaban los autores revisionistas, elementos suficientes para su autotransformación en democracia. Esta argumentación que, explicita o implícitamente suscribió la casi totalidad del establishment académico español de finales de los años setenta y primeros años ochenta, tuvo su apoteosis en la publicación por la Editorial Sistema del PSOE de un volumen coordinado por tres prestigiosos politólogos, Félix Tezanos, Ramón Cotarelo y Andrés de Blas, que con sus 957 páginas se convirtió en la versión canónica de lo que su título anunciaba: La Transición democrática española. En ella las omisiones y la censura de los disconformes son tan absolutas y significativas como la defensa de las afirmaciones de los participantes que adoptan sus puntos de vista.

La argumentación básica del revisionismo se basa en pretender que excesos y tropelías, con asesinatos incluidos, se cometieron en los dos bandos y que lo mejor es cubrir ese pasado con un tupido velo. Pero por mucho que se insista, el número mucho mayor de asesinados en el bando franquista que en el republicano y, sobre todo, la personalidad de sus autores y las modalidades de su práctica los hacen muy distintos. En el lado republicano fueron obra de individuos exaltados de tendencia radical, que la ausencia de fuerzas de seguridad hacía imposible controlar y que en diversas ocasiones atentaron incluso contra personalidades republicanas. A mi mismo padre, que era un conocido militante laico y republicano, aunque empresario y responsable patronal, vinieron a buscarle para darle el paseo a nuestra casa de Carcaixent el 20 y el 21 de julio de 1936. Afortunadamente estaba en Finlandia por razones de su negocio y pudo salvar la vida, pero su gran amigo Justo Martínez Amutio, líder de los socialistas valencianos, le aconsejó que no volviera hasta que no se controlara la situación.

En cualquier caso, el desgobierno en la zona republicana, y los crímenes que lo acompañaron, aconteció sólo los primeros meses de la guerra y fue disminuyendo hasta desaparecer casi totalmente.

En el lado franquista, en cambio, los fusilamientos persistieron durante largo tiempo y estuvieron siempre acompañados por el ignominioso espectáculo de la llamada justicia militar.

Disponemos ya de numerosos testimonios en los archivos históricos de la Guerra Civil que nos relatan los bochornosos ejercicios jurídicos que fueron los juicios sumarísimos en los que se condenaba a muerte a honorables y pacíficos ciudadanos por la sola razón de sus convicciones republicanas. El Diario de la guerra civil, editado por el Archivo Histórico de la Universidad de Alicante, del profesor y diputado Eliseo Gómez Serrano, él mismo condenado a muerte y ejecutado sin más causa que su adhesión a la República, nos aporta numerosos ejemplos de la brutalidad de la represión franquista, en la que lo más repugnante es su pretendida asepsia formal. Por ejemplo uno de los mas ilustres valencianos, el gran profesor Joan Peset, rector de la Universidad de Valencia, condenado a muerte en 1940 y fusilado 15 meses después, cuya sentencia fundamenta su muerte en “adhesión a la rebelión” y “haber dado conferencias de sabor marxista”.

La responsabilidad de los uniformados magistrados que ordenaron fríamente el fusilamiento del Rector Peset y la de los individuos primarios y exaltados que quisieron matar a mi padre movidos por su furiosa revancha social, no tenía el mismo status ni era de igual condición. Por mucho que se empeñen los revisionistas y los que quieren equipararlos en base a los indultos genéricos y que llevan a confusión. Todos igualmente culpables e igualmente inocentes puesto que igualmente indultados.

Por lo demás, la dictadura del olvido tiene como objetivo principal el ocultamiento del trasvase del poder social de la España de Franco -antes lo llamábamos las clases dominantes- a la España democrática. Ahí estaban -aunque tal vez debiera decir, como hijo de José Vidal Cogollos y de Amparo Beneyto Belda en el contexto franquista valenciano, ahí estábamos- personas, familias, empresas, y ahí seguimos estando, donde siempre, en el poder y en el privilegio. A esos efectos la intransitividad de la Transición fue perfecta. Negarlo es negar nuestras vidas. Reconozcámoslo pues, sin evasivas, e intentemos reparar, en lo que quepa, las iniquidades de una situación, de la que hemos sido, somos, tan beneficiarios.

José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

Tagged with:

Las desvergüenzas del capitalismo, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 22 noviembre, 2008

El sistema económico dominante se olvidó de sus ascéticos y laboriosos orígenes calvinistas y terminó glorificando el enriquecimiento rápido como referencia del éxito. Eso abrió las puertas a la trampa y la rapiña

El capitalismo es una doctrina económica, a la par que un sistema político-económico, de condición y de usos en ocasiones positivos aunque con frecuencia perversos, que después de la incorporación de las experiencias antagonistas o alternativas -Rusia, China, países emergentes, etcétera- a la sola filosofía y práctica del mercado y del beneficio, se ha convertido en un modelo único en la realidad del mundo, casi también en la esfera del pensamiento. Esta presencia gloriosamente omnipotente y unánime se ha visto sacudida por la corrupción en su funcionamiento, resultado de los numerosos desafueros que bajo su advocación se han perpetrado y que han acabado convirtiendo el latrocinio en regla. Todo ello además, viniendo de donde venía. Pues frente a la consideración de que la práctica religiosa es enemiga de la actividad económica, fue ella la que, con la aparición del protestantismo y, más aún, del calvinismo, supuso un soporte decisivo para el surgimiento y la difusión de los valores del capitalismo.

Dos pensadores son los heraldos de esta posición. En primer lugar, Max Weber, que parte de la constatación de que los países protestantes son, en el siglo XIX, los que están en cabeza del desarrollo económico, debido a su identificación con los valores del capitalismo. En su obra matriz La ética protestante y el espíritu del capitalismo, la esencia del capitalismo está en la voluntad de trabajo, simultánea con el fervor por el ahorro. Comportamientos ambos que no pueden ser sólo individuales pues su efectividad exige que lo sean de todo un pueblo, y para ello fruto de unas convicciones que son sobre todo de naturaleza religiosa. En este caso esas convicciones comunes proceden del calvinismo que descarta el consumo, condena el disfrute y el gasto y exalta el trabajo considerado como ejercicio religioso, secularizando con ello el ascetismo y elevando el trabajo profesional a la condición de práctica religiosa por excelencia. Que deviene así obra de Dios. Esa santificación del trabajo ordinario que opera el calvinismo y que saca a los creyentes de los oratorios y los lanza a la conquista del mundo profesional, sigue resonando en muchas organizaciones religiosas contemporáneas, tanto moderadas -Opus Dei, Kikos, etcétera- como progresistas -Focolares, Comunidad de San Egidio, etcétera-.

Richard H. Tawney en La Religión en el origen del capitalismo nos ofrece una reflexión mucho más pormenorizada y pegada a la historia, que en oposición a los espiritualismos orientales y apoyado en la Biblia, sostiene que la vida material en su conjunto nos viene de Dios y por tanto los bienes, e incluso el dinero, son signo de su bondad y en cierto sentido de su predilección. Pero signo que tiene que estar presidido por la gracia y que sólo puede operar en relación con el otro, cuya expresión esencial es el pobre. Por lo demás Calvino/Tawney, frente a la prohibición bíblica, recuperan el préstamo comercial o industrial, que sin usura está permitido y hace posibles con ello el mundo de la banca y de las finanzas.

Era difícil de imaginar desde tan razonables y esperanzadores inicios, que la generalización de la trampa y de la rapiña en los ámbitos económico y financiero llevase a un triunfo tan absoluto de la economía criminal. De manera decisiva ha contribuido a ese resultado la mitificación unánime del enriquecimiento como referencia única del éxito, la celebración de lo que Oskar Lafontaine ha llamado la Dictadura del Monetariado, y, sobre todo, la hegemonía sin alternativas del capitalismo de casino. Todo lo cual ha dotado de respetabilidad a las felonías capitalistas más innobles, a las prácticas empresariales más abyectas. No exagero, vean los nombres y las cifras. Lehman Brothers, una de las joyas de la finanza norteamericana, quiebra y todo el mundo se va a la calle sin indemnización alguna, salvo Richard Fuld, su presidente que se embolsa legalmente 480 millones de dólares. AIG, la paradigmática compañía de seguros, va a quebrar también, pero el caso es simbólicamente demasiado grave y Washington interviene aportando 85.000 millones de dólares para tapar el agujero. Lo que permite a Joseph Cassano, director de la sección de Productos Derivados, percibir una bonificación de 3,4 millones de dólares, y a Sullivan, el gran patrón, otra de 5,4 millones de dólares. Los directivos de la compañía, reflotada con el dinero de los contribuyentes norteamericanos, lo celebran en un suntuoso hotel californiano, con habitaciones a 1.000 dólares la noche, 10.000 dólares en bebidas, 23.000 en cuidados personales y un interminable etcétera. Bob Diamond, numero dos del Barclays Bank, ha declarado haber percibido en primas, entre 2006 y 2007, 50 millones de euros; Marcel Ospel, máximo responsable del banco suizo UBS, 15,7 millones de euros; Josef Ackermann, presidente de la Deutsche Bank ha cobrado 10 millones de euros al año; Fred Goodwin, director general del Royal Bank of Scotland, y Andy Hornby, del HBOS, ambas en situación de quiebra, unas remuneraciones anuales de 5,3 y 3 millones de euros, respectivamente. En Francia, los patronos de los seis grandes grupos financieros BNP Paribas, Société Générale, Crédit Agricole, Crédit Mutuel, Caisses d’Epargne y Banques Populaires se han abalanzado sobre los 10.000 millones de euros que el Estado francés ha puesto a su disposición para ayudar a sus organizaciones a salir de la crisis y nada se ha sabido de su destino. El importe total de las bonificaciones y otras primas personales percibidas por los patronos de las grandes empresas en quiebra o al borde de ella, se acerca a los 80.000 millones, todos interpretando el apólogo de Woody Allen take the money and run. Y al otro lado de la verja más de un millón de trabajadores se han quedado sin trabajo, y Citygroup ella sola ha contribuido con cerca de 70.000 personas.

Los estragos y la desmoralización causados por estos pillajes desde las alturas, han venido acompañados por la incitación al fraude, resultante de la extraordinaria expansión del crédito, que al coincidir con el fuerte abaratamiento del costo del dinero, tenía que producir la deriva monetaria y los efectos perversos que ha conllevado. Pero, además, esa orgía financiera dispuso para su celebración de un abultado arsenal de instrumentos, producto de una brillante ingeniería financiera que los había elaborado y puesto en acción durante la última década. Motejados de tóxicos, por su capacidad disruptiva y malignizante, su circulación y uso aumentaron de día en día. Entre ellos los Fondos Especulativos o hedge funds, más familiarmente fondos-basura, quizás los más repudiados; aunque sus efectos perturbadores sean menores que los de los fondos de private equity, instrumento privilegiado por los especuladores para comprar sociedades y pagarlas sin dinero propio, revendiéndolas luego y vuelta a empezar. Aunque sin olvidar que todos los otros fondos, incluyendo los venture-funds e incluso los fondos soberanos, a pesar de su naturaleza pública, no se han librado de ese destino especulador. Y así se ha originado este descalabro mayúsculo que algunos veníamos anunciando/denunciando desde hace tiempo (Vid mis seis columnas en este diario El capitalismo contra el planeta, de febrero a marzo de 2007, las dos de Fondos-Buitre, del 7 y 13 de julio del mismo año, o últimamente Capitalismo sin limites y Noticias del caos). Descalabro que difícilmente podremos superar porque los planteamientos, las soluciones y los actores sigue siendo los mismos. Y para quienes lo duden, ahí está para probarlo la Declaración de la Cumbre de Washington, procedente del G-20, cuyo análisis ha hecho de manera tan brillante como esclarecedora el Comunicado de ATTAC España del miércoles pasado. Por cierto ¿cómo es posible que ningún medio de comunicación español se haga nunca eco de los análisis de una de las organizaciones más consistentemente críticas y progresistas de nuestro país?

La mencionada Declaración es un estricto “más de lo mismo”. Convocada por y celebrada en los EE UU; reservada a los grandes países excluyendo a más de un tercio de la población mundial; insistiendo en los salvíficos principios liberales de la fuerza salvadora de la libertad de comercio y de los mercados competitivos; reclamando un reforzamiento de las instituciones internacionales -OMC, FMI, Banco Mundial- responsables de la debacle, que son los que hay que sustituir cuanto antes; predicando una política monetaria de objetivo único, controlar la inflación, olvidando las necesidades de las clases modestas y de las PYMES; sin una sola propuesta efectiva para acabar con los paraísos fiscales; en definitiva, sepultando aún más los Objetivos del Milenio. Sólo una movilización popular e intelectual, insistida y de gran calado, podrá ayudarnos a acabar con tanta patraña y tantas desvergüenzas.

José Vidal Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

Tagged with:

Cambio de acomodo, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Medios by reggio on 18 octubre, 2008

Quiero anunciarte, amigo lector, que este es el último texto que en formato de columna de la sección de Internacional publicaré en nuestro diario. Y digo nuestro porque tú lo haces tuyo al comprarlo y leerlo, y yo mío, porque desde que Jesús Polanco me invitó en 1975 a participar en un proyecto, cuyo objetivo era hacer el diario de la nueva democracia española, no me he desenganchado nunca de él. Como accionista y como colaborador. Una identificación tan mantenida, en alguien que se ha pretendido siempre compañero crítico, no hubiera podido existir sin un cierto número de reparos y reservas cuya expresión privilegiada han sido mis intervenciones admitidas en las Juntas Generales de PRISA. Pero con todo, mi apuesta por EL PAÍS, su proyecto y su realidad, ha sido una de las más consistentes y positivas de una vida ya tan abultada como la mía. En primer lugar como accionista pues si hubiese vendido mis acciones cuando empresarialmente cumplía hubiera más que doblado la inversión; pero sobre todo como empresa político-intelectual, ya que su valoración como medio de comunicación escrita y su contribución al debate público en una España con democracia, ha sido, viniendo de donde veníamos, decisiva. Por ello con todas las reservas que podríamos, yo incluido, formular a lo logrado, el balance resultante, es, sin duda alguna, positivo. De todo ello doy cuenta detallada, con el respiro que deja el libro, en EL PAÍS o la referencia dominante, editorial Mitre, 1986, que codirigí con Gérard Imbert y en el que nos acompañó con gran eficacia Enrique Bustamante. Libro que estuvo brillantemente servido desde dentro del diario por Félix Monteira y José Fernández Beaumont y desde fuera por siete notables expertos en comunicación.

Me voy pues de esta columna de la Sección de Internacional, pero de acuerdo, obviamente con la dirección de EL PAÍS, hemos buscado otro acomodo, más concorde con mi andadura intelectual, menos exigente en cuanto a la frecuencia, menos sumiso a la autoridad de lo noticioso, más holgado en lo que toca al espacio disponible, lo que debería traducirse en un artículo mensual en La cuarta página y alguna colaboración en las páginas de Opinión. Es evidente que la información periodística cotidiana conlleva un elevado coeficiente de reiteración porque la línea dominante de los sucesos de actuación, que son la materia obligada de las noticias de prensa, es notablemente reiterativa. A veces se producen, desde luego, saltos, rupturas, pero el ritmo no es, en absoluto cotidiano, y su novedad es desde luego siempre relativa, modesta. De aquí que los apasionados lectores de libros no lo sean necesariamente de periódicos. Y mucho menos en estos tiempos de dominación mediática y audiovisual. Llevamos ya unas semanas en las que los dos grandes temas de la actualidad informativa son la campaña electoral en EE UU y la crisis financiera. Respecto de la primera, agotada rápidamente la novedad y las ocurrencias, fruto de la inexperiencia, de la señora Palin y consumidos los exabruptos, absolutamente usuales en las campañas presidenciales USA, del senador McCain empeñado en disfrazar a Obama de terrorista, poco puede dar de sí hasta que llegue el desenlace. En cuanto a la crisis económica mundial que hemos estado incubando con entusiasmo y que las subprimes han puesto definitivamente en marcha, sus verdaderas enseñanzas no son ni nuevas ni trascendentales. Pues es evidente que esta crisis, como todas las anteriores, está suponiendo un aumento de las desigualdades sociales de las que un componente importante es la desigualdad salarial que la OIT ha censado al analizar las consecuencias de la mundialización financiera, que ha aumentado la crisis de confianza del mundo del trabajo y de los sindicatos en los gobiernos.

Sin olvidar que en esta crisis, como en todas, cada cual arrima, más de lo normal, el ascua a su sardina, lo que explica la inculpación a sus colegas banqueros por la crisis que ha hecho Botín, en su intervención en la Conferencia de Banca Internacional del Banco de Santander, por ser unos malos gestores bancarios, y su oposición en consecuencia a que el poder político premie su incompetencia, ayudándoles a recuperarse de sus pérdidas. La reacción del presidente Botín era absolutamente previsible. Quiero decir que esta “noticia” como casi todas, estaba cantada. La lectura del estimulante libro de Bernardo Díaz Nosty, El déficit mediático, nos muestra cómo el aumento de la lectura que no es de evasión, y los diarios no lo son propiamente, no es función del nivel de renta como prueba el hecho de que el 2% de los hogares con mayores rentas en España consuma menos productos mediáticos y culturales que el 2% de los que tienen rentas más bajas en Dinamarca y Suecia. La conclusión es: noticias sí, pero contextualizadas, con análisis y evaluación.

Tagged with:

Bomberos pirómanos (1) y (2), de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 4 octubre, 2008

Como los bomberos que no pueden superar su adicción al fuego y se pasan la vida provocando incendios, con la esperanza de poder apagarlos luego, los financieros del neoliberalismo, legitimados por una ideología que ha estragado los principios que la inspiraron, no pueden resistir a su incontrolable codicia, convertida en pasión y cargan tanto el barco con sus botines que acaban hundiéndolo siempre. Esta historia la hemos vivido y nos la han contado muchas veces y para su versión actual bastan los breves libros de Marie Paule Virard y Patrick Artus Le capitalisme est en train de s’autodétruire (2007) y La finance mène-t-elle le monde?, parvos en la información anecdótica que tanto nos prodigan los medios de comunicación, pero insistentes en lo esencial, la falta de liquidez y la falta de solvencia del sistema financiero.

Comparando este diagnóstico con lo que sucedió hace 69 años en el crack del 29, vemos que las causas y los mecanismos son los mismos y que la pulsión hacia la especulación bolsística, como fuente inagotable de riqueza, es irresistible. Pulsión encarnada de forma paradigmática por los call loans o préstamos al día -Bernard Gazier: La crise de 1929– en los que el comprador sólo paga una parte muy reducida del valor de las acciones adquiridas, en torno del 10%, y el resto lo proporciona un corredor, gracias al crédito bancario. Esta práctica abrió la bolsa a las clases populares y provocó un aflujo extraordinario de compradores modestos que generaron una demanda efervescente que evidentemente no podía durar. Pero con todo, no fueron ellos, sino la política de altos rendimientos impuesta por los directivos, la que sumada a la desregulación general instaló una estrategia de continuos y muy elevados rendimientos que produjo el colapso de 1929 y es la responsable de la debacle actual.

En efecto, la practica privilegiada en la última década del ROE (return on equity, o rendimiento de los fondos propios) fijada en cifras superiores al 15%, se ha traducido en un aumento de los dividendos entre 2000 y 2007 del 255% y, por consiguiente, en una mejora de más del doble de los beneficios. Ahora bien, este extremado optimismo voluntarista y los riesgos que suponía estaba también motivado por el aliciente de las retribuciones a los directivos, sin olvidar el volumen del bonus a percibir en caso de finalización del contrato. Y así, en 2007 las 15 empresas que registraron mayores pérdidas por sus estropicios financieros abonaron a sus ejecutivos 317 millones de dólares, es decir, el 30% más que el año anterior. Los nombres los conocemos todos. Claro que para conseguir tan exorbitados rendimientos se ha tenido que proceder a una serie de artimañas, con el fin de reducir su capital mediante la autocompra de sus acciones y aumentar su endeudamiento, lo que se tradujo en una disminución de su inversión, de casi el 25% y en una progresión de su deuda del 55%. Descapitalización, endeudamiento, liquidez e insolvencia han producido un desbarajuste en el mundo de las finanzas que, además de haber destruido la seguridad del tráfico bancario, ha echado a la calle a más de 120.000 empleados, comenzando por Lehman Brothers, que ha suprimido casi 19.000 puestos de trabajo, City Group algo más de 14.000, y hasta el Bank of America, con 11.150.

La solución de Paulson, consistente en la compra de créditos tóxicos, aparte de la inmoralidad que supone premiar al tramposo, no puede funcionar por su carácter parcial y por la falta de medidas de regulación efectiva en el futuro. Cuando el Gobierno sueco quiso hacer frente a la crisis que atenazaba su país a principios de los años noventa, asumió la casi totalidad de su sistema financiero, manteniendo un estricto control público hasta que las aguas volvieron a su cauce. Esta intervención reguladora supuso, inicialmente, para las finanzas suecas una carga de algo más del 4% de su PIB, pero el costo final para los contribuyentes fue mucho menor porque las autoridades consiguieron liquidar los activos intervenidos en buenas condiciones.

Pero, sobre todo, el carácter total de la regulación pública sueca hizo imposible la aparición de mecanismos sustitutivos de los que habían causado el desastre e introdujo otros modos y prácticas incompatibles con un sistema económico favorable a los chanchullos y trampas. Pues como Stiglitz lo ha dicho con frase lapidaria: “Los mecanismos inventados por los financieros para gestionar el riesgo no lo controlan sino que lo producen”. Y como a rey muerto, rey puesto, los especuladores a quienes las subprimes y las agresivas maniobras con las materias primas habían puesto en entredicho se han retirado a sus cuarteles de invierno y están preparando su nueva ofensiva en la que los Credit Default Swaps (CDS, en castellano, seguros de impago), que superan ya los 62.000 millardos de dólares, serán una de sus armas principales.

(2)

Las múltiples intervenciones estatales para apuntalar a los bancos más averiados y envilecidos y a los sistemas bancarios que los albergan, pueden considerarse como premios a la trampa y al chanchullo. Pero además esas intervenciones no conseguirán detener la desbandada, si no van acompañadas de un conjunto de medidas rigurosas y radicales que impidan, más allá de la mano salvífica de los mercados que evidentemente no funciona, primero, el mantenimiento de las prácticas actuales y luego, una transformación total del orden capitalista actual.

Y digo transformar y no sustituir, porque los que como yo estamos frontalmente contra la explotación capitalista y defendemos la igualdad en y desde la libertad, sabemos que, hoy por hoy, no tenemos una propuesta cabal, ni siquiera una hipótesis válida que poner en su lugar. Esa incapacidad es nuestra mayor frustración, nuestra más lacerante impotencia, que no nos obliga, sin embargo, a aceptar las prácticas generales de latrocinio en que ha derivado hoy. ¿Cómo ha sucedido esto?

Decir capitalismo es constituir al capital en piedra angular del edificio económico, cuyo propósito esencial es obviamente generar beneficios, pero respetando una serie de reglas y cumpliendo la función social de satisfacer las necesidades, expresadas técnicamente en demandas, de los miembros de la comunidad. Satisfacción que comporta la producción de las mercancías y servicios que estas necesitan para su subsistencia y desarrollo y que se inscriben en la esfera que se califica como economía real. Esta a su vez reclama la cooperación auxiliar de una estructura que la dote de los mecanismos de financiación que reclama su ejercicio. Ahora bien, esta economía financiera, en posición subordinada ha abandonado su función instrumental y se ha erigido en matriz privilegiada de la riqueza, autonomizándose de los riesgos y servidumbres de los procesos de producción y consumo y suplantando, mediante la manipulación de las cifras y las finanzas, la rigidez fáctica de lo real por la flexibilidad de lo virtual y abstracto.

Entre los obreros y las máquinas por un lado y los apuntes contables por otro, no cabe duda de que la búsqueda del beneficio se inclinará siempre por lo segundo. Pero el triunfo de lo financiero ha sido tan total, que ha perdido el sentido de los límites y ha provocado, por sus excesos y abusos, su propia hecatombe. Intentar salir de ella mediante una apelación al sentido de responsabilidad de los actores económicos, en una situación de desmoralización tan completa de nuestras sociedades, no tiene sentido alguno, cuando han desaparecido principios y valores y hoy sólo priman el enriquecimiento y el éxito, el disfrute. De ahí que el remedio que se ha puesto en marcha, que pretende apagar la hoguera echándole más leña al fuego, digo, inyectando más dinero en el circuito que lo ha malversado y entregándolo además a los propios malversadores confiando en su súbita conversión a la decencia, es un desatino. Más cuando cabría venir directamente en ayuda de los depositarios y cuentacorrentistas a quienes se priva de sus ahorros, mediante un dispositivo general de garantías personalizadas.

De igual manera es insensato pretender que, sin un marco rígido de disposiciones compulsivas, el mundo de las finanzas renunciara a sus tan rentables prácticas. Pues como apuntaba el sábado pasado si los mecanismos de titrización, mercados a término, técnicas del LBD se ponen difíciles, pronto surgirán otras. O mejor ya han surgido, dado que las Credit-Default Swap o seguros de impago, mediante los cuales uno se asegura por los riesgos de un tercero, permiten una desmultiplicación casi ilimitada de dichos riesgos y de su operatividad, y representan ya un volumen de 62. 000 millardos de dólares.

Si los Estados quieren de verdad adecentar el mundo financiero en vez de recapitalizar a las entidades fulleras, ¿por qué no crean un Servicio financiero público y se dejan de nacionalizaciones parciales e interesadas? ¿Por qué no acaban con las cuentas número y ponen fin definitivamente al secreto bancario que cubre tantas ignominias y hace posibles tantas impunidades? ¿Por qué no se establece una Autoridad Mundial de Control que asegure el cumplimiento de las normas y, entre otras cosas, designe unos expertos públicos responsables del rating de los mercados financieros? Y sobre todo ¿por qué no se clausuran los 37 paraísos fiscales más conocidos, lugares para el confortable acomodo del botín de la criminalidad organizada sin los cuales las mafias de la droga y las armas y las bandas especializadas en la evasión fiscal y el blanqueo tendrían la vida mucho más difícil? Esa clausura sólo depende de los Estados. ¿Por qué no lo hacen? Y para terminar, ¿por qué no volvemos a la propuesta del Premio Nobel de Economía James Tobin en 1983, de crear una tasa del 0,5% sobre todas las transacciones financieras para limitar la atractividad de lo financiero y con su producto alimentamos un Fondo para el logro de los Objetivos del Milenio?

Tagged with:

¿Comienza el deshielo? / 2, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 20 septiembre, 2008

El persistente deslumbramiento que siguen produciendo, a pesar de la debacle económica, los oropeles de la moda neoliberal explican la múltiple reaparición del socialismo liberal al que he dedicado cinco columnas antes del verano. Pierre Manent, en su Historia intelectual del liberalismo, insiste con Tocqueville en que el rasgo históricamente más definitorio de esta ideología no es su propuesta económica sino, frente a las pretensiones religiosas, su reivindicación de la absoluta soberanía de lo humano. De aquí que la libertad y la igualdad -todos los hombres son en cuanto tales, libres y en virtud de ello, iguales- sean sus principios básicos y sus objetivos últimos. Planteamiento frontalmente antagónico con la práctica y los resultados del neoliberalismo actual, que ha llevado la desigualdad a límites insoportables y ha creado un enfrentamiento dramático entre la cúspide de las empresas y sus cuadros medios y hasta superiores.

Las abultadísimas remuneraciones de los presidentes de los grandes grupos, los paracaídas dorados y todas las retribuciones añadidas de que se han ido dotando han creado un clima de nepotismo y abusos que han generado los lamentables escándalos en que se han visto envueltas las principales empresas del mundo económico. Limitándome a Francia, Georges Pebereau, uno de sus principales empresarios, presidente durante muchos años de la CGE, el mayor grupo industrial francés y hoy presidente de honor de Alcaltel, numero uno mundial en el sector de las telecomunicaciones, ha denunciado las prácticas de Phillippe Jafré en ELF, Antoine Zacharias en Vinci, Daniel Bernard en Carrefour y Jean-Noël Forgeard en EADS, que se han llevado la palma en esta desbocada competición de desvergüenza empresarial.

Estos raudales de dinero dócil consecuencia de la dominación financiera de la vida económica han venido acompañados de la provocadora exhibición del lujo más agresivo que ha encontrado en la pueril porfía quien de los yates “tiene el yate más grande y más lujoso” su más ofensiva expresión. Cuando gran parte de la población de los países en desarrollo intenta sobrevivir con uno o dos dólares diarios y necesita cuatro o cinco horas para buscar su ración cotidiana de agua, nuestros exultantes multimillonarios se desafían a golpe de palacios flotantes: el Emir de Dubai con su barco del mismo nombre de 160 metros y sus piscinas, sala de squash, gimnasio, helicóptero y submarino de bolsillo; los súper ricos rusos Andrei Melnichenko, de 36 años con un superyate de 165 metros, y Roman Abramovich, de 41 años, que no tiene bastante con su diversión futbolística, el Chelsea, y su flotilla de unidades navieras y se está haciendo construir un macro juguete de 170 metros, el Eclipse, con cristales antibalas, detección antimisiles, dos pistas de helicópteros, tres piscinas, cristal de Baccarat…

A este insultante derroche suntuario habría que añadir tantas disparatadas muestras de despilfarro ostentoso, entre ellas las muy altas cotizaciones de las obras de arte contemporáneo, como los 140 millones de euros que acaban de pagarse en Sotheby’s por una parte de la producción de Damien Hirst o los elevados precios practicados en la reciente edición del Sh. Contemporary de Shangai.

Los dislates del dispendio consumista son inseparables de la radicalización del liberalismo financiero que con la promoción de la libertad total de circulación de capitales, los mecanismos de titrización, el desarrollo de los mercados a término de productos derivados, la técnica del LBO (o efecto palanca), las generalizadas facilidades crediticias en el sistema productivo mundial, el principio del dinero fácil y sin cuento…, tenían que producir muy graves perturbaciones financieras. Y las han producido. La crisis mexicana de 1995, asiática de 1997, rusa de 1998, argentina de 2001, la de la nueva economía del 2000, y la de las subprimes que estamos viviendo, eran por ello más que previsibles y prueban la inviabilidad de este desbocado capitalismo liberal. Sistema que alienta la política de los bancos centrales, lanzados a la producción del dinero-crédito, que, cuando llega el desastre, intentan paliar con más dinero público, caso del Northern Rock en el Reino Unido y del Bear Stearns, del Fannie Mae, del Freddie Mac y últimamente de AIG en Estados Unidos.

Alguien que sabe de lo que habla, George Soros, que con ocasión de la salida de la libra esterlina del concierto monetario europeo ganó en un sólo día más de 1.000 millones de dólares, acusa a los heraldos del neoliberalismo financiero de mentirosos y manipuladores y asegura en su libro The New Paradigm of Financial Markets que el sistema actual está tocando a su fin. ¿Ha comenzado pues el deshielo?

Tagged with:

¿Comienza el deshielo? / 1, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 13 septiembre, 2008

El imperialismo mediático, la infantilización de saberes y prácticas -“me cago en mis viejos”-, la invasión numérica, el culto obsesivo del ego, la implosión de lo público y la celebración unánime de lo privado, el dinero como único rasero, y su consecuencia del todo negocio, la política devorada por los partidos y éstos enclaustrados en las luchas por el poder, han convertido nuestro paisaje intelectual en una paramera y han agostado nuestro horizonte ideológico condenándolo a una glaciación perversa de redundancias inútiles y vacíos corruptores. Tras casi 20 años de tedioso inmovilismo comienzan a aparecer signos de deshielo, como prueban las tomas de posición teórico-programáticas en el seno del socialismo institucional, la movilización de la izquierda radical, así como de diversos núcleos intelectuales extraeuropeos. El desencadenante común a todos ellos es la conciencia cada vez más extendida de fin de ciclo que se manifiesta en las múltiples crisis y disfunciones del sistema de organización económica dominante, el capitalismo, a la par que en el agotamiento del régimen político soberano en los últimos 150 años: la democracia.

El análisis más convincente de la peripecia política nos viene de la mano de uno de los politólogos actuales más prestigiosos, Guy Hermet, compañero indefectible en nuestra lucha contra el franquismo, tan moderado en su opción política básica, como radical en su defensa de la democracia. El profesor Hermet lleva 20 años advirtiéndonos del deterioro de la práctica democrática y sus libros El pueblo contra la democracia (1989), Les désenchantements de la liberté (1993) y últimamente L’Hiver de la démocratie, que en octubre aparecerá en castellano, nos dan amplia noticia de este proceso de descomposición que parece imparable. A lo que hay que añadir, de manera más concreta e inmediata, las mencionadas luchas por el poder en el interior de los partidos, casi siempre con ocasión de la renovación de las posiciones en la cúspide, que con frecuencia tienen lugar a palo seco, como está ocurriendo ahora en el PSOE de mi País Valenciano, pero en otros casos, como en el partido socialista francés, buscan reforzar las posibilidades de los diversos candidatos a golpe de libros, referencias doctrinales y propuestas de programa. Lo que ha producido este año en Francia una abundante floración de textos, casi siempre en forma de entrevistas, por obra de los principales pretendientes y de sus aledaños. Y así Bertrand Delanoë con De l’audace (Laffont 2008), Ségolène Royal y Alain Touraine Si la gauche veut des idées (Grasset 2008), Martine Aubry Et si on se retrouvait (Ed. de l’Aube 2008) entre los primeros; y entre la pléyade de los segundos sólo dos textos en la forma tradicional de libro, Vincent Peillon La révolution française n’est pas terminée (Seuil 2008) y Gérard Grunberg y Zaki Laïdi Sortir du pessimisme social (Hachette 2008).

La confrontación con el liberalismo es el hilo conductor permanente de todos estos análisis, que se inscriben en el viejo debate entre las dos grandes opciones políticas enfrentadas que nos han acompañado a lo largo del siglo XX. Desde la controversia italiana entre Benedetto Croce y Luigi Einaudi, centrada en el antagonismo versus la compatibilidad de ambas, que Croce sostenía revindicando esta última puesto que el liberalismo político es un ideal moral, una preferencia ideológico-cultural, perfectamente capaz de convivir con posiciones económicas muy distintas, entre ellas la socialista. Enlazando con Hobhouse, quien es el primero que, a principios del siglo pasado, aboga frente al socialismo determinista, por el socialismo liberal, susceptible de aunar, como nos recuerdan Monique Canto-Sperber y Nadia Urbinati, la distribución de riquezas que proclaman los socialistas a la distribución de libertades que predican los liberales. Lo que nos lleva no sólo a postular su coexistencia sino con Carlo Roselli y Guido Calogero a defender su indisociabilidad. Frente a esta interpretación Norberto Bobbio sostiene, en Liberalismo y Democracia, que la relación entre ambos es esencialmente conflictiva porque para los liberales la propiedad es un vector de libertad mientras el socialismo le asigna la función de instrumento de poder, tanto social como político; lo mismo sucede con la igualdad social, que mientras el liberalismo la considera fruto de la libertad política los socialistas la reputan como la condición esencial para que podamos ser libres y disfrutar de verdadera libertad.

Como veremos, los analistas de la izquierda esquivan hoy la necesidad de reformular las grandes categorías de la posición de progreso apuntándose, si son socialistas al socialismo liberal e intentando reeditar la infausta experiencia de Blair. Si están en opciones más radicales o más perezosas se lanzan a la abstrusión salvadora: ya no existen clases sociales sino conjuntos, ya no hay fuerzas sociales sino simples multitudes. Los ejemplos, el próximo día.

Tagged with:

Corruptos y gloriosos / 2, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 6 septiembre, 2008

La primera parte del análisis sobre la corrupción que se publicó antes de la interrupción veraniega mereció la aprobación de mi hijo Miguel, cosa poco frecuente en su apreciación de mi actividad periodística, lo que me lleva ahora, después de su fallecimiento la semana pasada, a dedicarle esta parte final. En aquélla, y más allá de la condición anecdótica de los inventarios sobre los casos y modos corruptos que inundan nuestras sociedades, se procedió a la presentación de las determinaciones estructurales e ideológicas que caracterizan ese fenómeno y lo configuran como una dimensión fundamental de la contemporaneidad última. Ahora bien, esa característica sistémica de la corrupción debe su efectividad a su inscripción en un marco geoeconómico y geopolítico que la soporta y la legitima. Ese marco, como quedó apuntado entonces, es el de la mundialización liberal capitalista, asentada en la dominación política y económica de la potencia norteamericana, bajo la batuta institucional del FMI, del Banco Mundial y de los Departamentos de Estado y del Tesoro de EE UU, que la dotan de una extraordinaria presencia expansiva.

Pero esa dominación ha empezado a hacer agua por muchas partes, con un capitalismo financiero desnortado y enloquecido, que entre el furor por la especulación, el hiperconsumismo incontrolable y una inflación que no cesa no sabe a qué carta quedarse, sin que los avatares del subprime, la crisis que ha desencadenado y los contradictorios remedios que se le han aplicado -inyecciones masivas de liquidez y nacionalizaciones- apunten a solución alguna capaz de impedir el naufragio. Este capitalismo inicuo y depredador con la ignominia de sus repugnantes escándalos empresariales, el aumento de su precariedad laboral y la salvaje agravación de las desigualdades entre los pocos muy ricos y todos los demás nada tiene que ver con el capitalismo de los padres fundadores. El capitalismo que nos propusieron Max Weber, en su obra pionera La ética protestante y el espíritu del capitalismo en 1905, y la magistral Religion and the rise of capitalism del historiador inglés Richard H. Tawney en 1926 ha sido objeto de una corrupción total. Su exhortación a la autodisciplina, al trabajo duro, a la austeridad, al ascetismo individual tan ligados a la ética calvinista y más ampliamente protestante son antónimos del irresponsable despilfarro consumista en que se ha convertido el régimen capitalista, en el que el gasto en publicidad en EE UU es superior al del presupuesto de toda la enseñanza superior. Por lo demás, la depredación de recursos es tal que, según el Worldwatch Institute, el consumo de bienes y servicios de la humanidad en los 40 años que van de 1950 a 1990 es superior al de todas las generaciones precedentes. A lo que se agrega que el objetivo principal del sistema no es ya el de producir bienes para satisfacer necesidades sino sólo producir beneficios, ganar dinero.

Por otra parte, el mundo bipolar del siglo XX, centrado en torno de EE UU y la URSS, ha perdido todo sentido. En lo político, en lo económico, en lo social, en lo cultural. Hoy la geopolítica mundial es radicalmente multipolar y los grandes países -China, India, Japón- y las macrorregiones, cada vez más afirmadas, reclaman una posición protagonista. Por ello, seguir uncidos a la política y a los intereses norteamericanos es apuntarse a más o menos corto plazo a una batalla perdida. Disfrazar el seguidismo de defensa de los valores occidentales ya no engaña a nadie. Pues Europa es una de las principales macrorregiones del panorama actual, con una fuerte especificidad, que la capacidad homogeneizadora del capitalismo monopolista de EE UU no ha logrado desmontar del todo y de ahí la obligación de convertirla en referente y estímulo de la nueva macrorregionalización del mundo.

Esta imputación sistémica no supone la exculpación de los crímenes y fechorías de las mafias sino el señalamiento del responsable principal cuya neutralización debe ser el gran objetivo de la lucha anticorruptora. Las denuncias de las prácticas criminales mafiosas, tal como hacen la novela y el filme Gomorra con la presentación de las actividades de la Camorra, por aleccionadoras que sean, no acabarán con la corrupción capitalista que se ha convertido en trama sustantiva de nuestras sociedades. Pues si el estalinismo corrompió y acabó con las esperanzas del comunismo, la radicalización individualista y la insaciable y compulsiva avidez de riqueza y disfrute han corrompido el capitalismo originario. La épica del enriquecimiento a cualquier precio no deja espacio indemne y muestra su imperio en las formas más espontáneamente agresivas de la cultura popular del mundo juvenil que en su música rapera nos conmina a get rich or die trying. Ese grito de “enriqueceos o morid en el intento” es la expresión más cabal de la corrupción actual del sistema capitalista.

Tagged with:

Corruptos y gloriosos / 1, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Derechos, Política by reggio on 9 agosto, 2008

La tesis que preside este análisis es que la corrupción no es un comportamiento ocasional y aberrante de unas personas o grupos sino el cumplimiento del destino actual del orden económico capitalista. De aquí que no se trate de describir prácticas y usos corruptos sino de profundizar en la condición sistémica del fenómeno contemporáneo de la corrupción. Su efecto más patente, su consecuencia más verificable es el volumen total que representan las actividades conjuntas de la economía, que de manera lata podemos llamar paralela, entendiendo por tal la que generan la economía ilícita y la economía criminal. El contenido principal de la primera lo conforman el fraude y la evasión fiscal; la segunda esta constituida por la dimensión económica de las actividades propiamente criminales tales como tráfico de drogas; comercio de seres humanos o de partes de los mismos (tráfico de órganos); robos con violencia; contrabandos y estafas de todo tipo; producción y venta de moneda falsa y en general todas aquellas cuyo objetivo es apropiarse de bienes o productos que tienen un valor por y en sí mismos o que pueden proporcionar una prestación o un servicio de condición ilícita, retribuidos de manera ilegal. Lo que lleva a distinguir entre actividades entera o parcialmente criminales, casi siempre obra de las mafias; y las de las organizaciones criminalizables, que se atribuyen a la delincuencia de guante blanco.

La cuantía económica derivada de ambos sectores, el ilícito y el criminal, es impresionante. A pesar de la extrema dificultad, por razones obvias, de evaluarlo, puede afirmarse, partiendo de las afirmaciones más fiables, que el volumen del dinero negro en circulación supera el 15% del PIB mundial y que la masa dineraria objeto de blanqueo está entre el billón y medio y los dos billones de dólares. Lo que significa que esta realidad económica, al margen de los circuitos de la vida normal de la economía, es ya superior al tercio de la economía legal mundial. Y ello nos plantea la escandalosa cuestión de intentar explicar cómo ha podido llegarse a esta inmensa porquería y como persiste año tras año en estos tiempos de nuestros tan proclamados valores éticos, primacía del derecho y democracia.

Existe un amplio consenso para atribuirlo a muy efectivas determinaciones estructurales y a la ideología económica dominante. Y así la casi total financiarización de la economía, la informatización y los perfeccionamientos técnicos de su tratamiento, en especial en el sector contable; y la generalización de los intercambios informales con el rol dominante de los mercados inmateriales han producido lo que el magistrado francés Jean de Maillard, vicepresidente de la Audiencia Provincial de Orleans, designa en su libro El informe censurado como monopolio legítimo de la ilegalidad. Gracias a él, el Estado se arroga la capacidad de enunciar el derecho y al mismo tiempo transgredirlo, en aquellos ámbitos que considera fundamentales para sus intereses. A estos condicionamientos de naturaleza estructural, se agregan el actual orden geopolítico mundial con la indisputada dominación de la potencia norteamericana y sobre todo la absoluta vigencia del credo ideológico liberal, cuya más acabada expresión económica lo representan los 10 preceptos del Consenso de Washington, formulados por John Williamson, senior fellow del IEI de Washington, como quintaesencia en los años ochenta y noventa de la política económica conjunta del Banco Mundial, del FMI y del Departamento del Tesoro de EE UU. Preceptos que pueden resumirse en los tres grandes principios siguientes: libertad total para los intercambios de bienes, capitales y servicios; estricto control presupuestario del gasto público, y una irrestrictiva desreglamentación pública de la vida económica.

Esta entusiasta incitación sin límites ni reglas a intercambiar, negociar y enriquecerse tenía que generar la masa de indecencias con que nos topamos, de las que las publicaciones de la última década sobre los escándalos financieros -Enron, Worldcom, Tyco, Vivendi, Parmalat, BCCI, Citibank y tantos otros- han dado noticia bastante. Sin olvidar los ejemplos extremos de los grandes depredadores mundiales, denunciados por el grupo de expertos de la ONU, creado y presidido por el diplomático egipcio Mahmoud Kassen, entre los que destaca el hombre de los 20 nombres (Victor Bout, Victor Vitali, Victor Sergilov, Victor Butle…) y decenas de nacionalidades, con 19 compañías aéreas y más de 80 aviones, implacable depredador de África, principal responsable del desastre de Congo. Claro que el destape de los escándalos ha tenido graves consecuencias para sus principales promotores y beneficiarios, con presidentes de las sociedades afectadas, no sólo destituidos sino en algunos casos en la cárcel. Pero esto no justifica que algunos responsables del actual orden mundial capitalista como Horst Kohler, director general del FMI de 2000 al 2004, y Kenneth Rogoff, director del servicio de estudios del FMI, se hayan apresurado a hacer una mansa autocrítica con el fin de positivar las capacidades autocorrectoras del sistema. Lo que no parece discutible es que la corrupción autocorregida en sus consecuencias o no, funciona como confirmadora de los grandes propósitos del orden económico dominante. En definitiva, el ejercicio corruptor es la prueba de la eficacia de su funcionamiento: su gloria.

Tagged with:

Migraciones y progreso, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Derechos, Economía, Internacional, Política by reggio on 1 agosto, 2008

Calificar de progresista la directiva europea que regula la expulsión de los inmigrantes es una provocación. En vez de satanizarlas, habría que considerar las migraciones como un bien público para todo el mundo

Según el informe Migraciones Internacionales y Desarrollo, del Secretariado General de Naciones Unidas, mayo de 2006, la expansión de los procesos migratorios en los últimos 30 años ha sido extraordinariamente importante. El número de migrantes, que en 1965 era de 75 millones, pasa a 155 millones en 1990 y a 195 en 2005, lo que representa un aumento anual superior al 2,60%, mientras que el de la población mundial total apenas llegaba al 1,7% al año. El sectarismo de los Estados, la interesada demagogia de los políticos y la ignorancia general sobre este tema exigen una clarificación de sus supuestos básicos, comenzando por deshacer la confusión que reduce las migraciones a las solas emigraciones.

No se ha logrado que exista el derecho total de migrar, pues, aunque el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reconozca el derecho de emigrar, ha sido imposible introducir en ningún marco legislativo el derecho complementario de inmigrar. Cierto que el derecho de asilo y el derecho de reagrupación familiar han sido brechas posibles, pero que han dado poco de sí, por lo que ahora se están explorando las posibilidades que ofrece el derecho a la “migración de instalación” en el marco de las integraciones regionales, como es el caso de la Unión Europea y sobre todo de la Comunidad Económica de los Estados de África Oriental (CEDEAO).

El principio de la seguridad y en general de los intereses estatales, que es el que rige absolutamente el flujo migratorio actual, ha aumentado las dificultades de las políticas de emigración a escala planetaria y ha agravado la vulnerabilidad de los migrantes, cuya precariedad se alimenta de la inestabilidad de la política migratoria de los Estados, de la brutal conveniencia de las grandes empresas y de sus importaciones masivas de mano de obra laboral, casi siempre socialmente contestable, sin olvidar la inaceptable situación de los empleados del hogar, que, en particular, en numerosos países asiáticos y del Golfo es de una abusiva, insoportable, dependencia de sus patronos, sobre todo para las mujeres.

Todo lo cual coincide con un fuerte desarrollo de los factores de movilidad y, en consecuencia, con el aumento de las migraciones. En primer lugar, la mundialización, que es un extraordinario dinamizador global, pero también los medios de comunicación, en especial, la televisión, que nos presentan una sociedad alternativa de la abundancia y el consumo, con altos salarios y libertades para todos, lo que conlleva un notable efecto de atracción. También la urbanización de las grandes metrópolis de los países en desarrollo que promueven el espíritu de cambio y de mejora de sus elementos más dinámicos, lo que les empuja a emigrar. Así como el abaratamiento del transporte y la multiplicación de las redes transnacionales que han hecho del viaje y de la movilidad casi un modo de vida cuya expresión más lograda es la migración pendular entre los países de la Europa Occidental, los antiguos países europeos comunistas y en el ámbito de los países árabes.

Hay que mencionar también la casi plena libertad de circulación de los grandes espacios integrados, como la Unión Europea, y la existencia de solidaridades transnacionales de condición familiar, económica, cultural, religiosa, asociativa, que producen consecuencias de atracción, “de llamada”. Finalmente, la práctica del asilo, que había tenido un crecimiento considerable en los años noventa, se ha estabilizado, siendo sustituida por el fenómeno de las personas desplazadas, de destino mayoritariamente dramático, por la pobreza extrema de los países de acogida.

En la bibliografía sobre el tema migratorio ha habido un enconado debate sobre sus ventajas y desventajas, tanto en el análisis por países como en una consideración global, cuya dominante fue negativa hasta finales del siglo pasado, en que se invirtió la tendencia. Ello se debió a la modificación de la orientación actual de la demografía y de las consecuentes dinámicas migratorias. En efecto, según el informe de 2007 del Sistema de Observación Permanente de las Migraciones (Sopemi) de la OCDE, el mayor incremento de la inmigración legal a partir de 2005 se ha experimentado en EE UU, España, Reino Unido, Italia y Nueva Zelanda, contextos en los que, a pesar de ello, comienza a plantearse el grave problema de la penuria de inmigrantes, no sólo para los empleos altamente cualificados, sino para aquéllos de nivel tecnológico menor, pero fundamentales en el sector servicios. Por lo demás, según este informe, a partir de 2030, el factor más seguro de progreso será el aumento de la población productiva y, por tanto, la inmigración.

En cuanto a los países de origen, es ya opinión unánime que la emigración se ha convertido en un factor capital para su desarrollo. De acuerdo con los datos del Banco Mundial, entre 1995 y 2006, el volumen de estos fondos ha pasado de 102 millardos de dólares a 232 millardos, y, centrándonos en Europa, los fondos remitidos por los trabajadores extranjeros hacia los países de que eran originarios han superado los 14.000 millones de euros.

La actual reputación mayoritariamente positiva entre los técnicos y los expertos del fenómeno migratorio no ha calado, sin embargo, en la opinión pública general con las consecuencias que ello tiene en los resultados electorales. La posición restrictiva del presidente del Gobierno español fue consecuencia de los resultados de los sondeos practicados sobre el tema migratorio. Tal vez por ello, desde una opción de progreso, haya que configurar la migración como un bien público mundial. Y, en ese sentido, insistir en su función como agente decisivo en la mundialización del saber, por obra de la diáspora científica procedente de los países del Sur y de las redes de contactos y proyectos que induce, determinantes para la transferencia de conocimientos; así como en su insustituible condición de estabilizador global del espacio mundial.

Recordemos que la División de la Población de Naciones Unidas evalúa en 1,6 millones los inmigrantes necesarios para que la UE mantenga su nivel actual de bienestar y que Japón tendrá que incorporar antes de 2050 una población extranjera de cerca del 30% de su población actual.

Es necesario, por lo demás, dotar al proceso migratorio de un marco jurídico común flexible y eficaz que debe ser interinstitucional y multifactores. Lo que es muy difícil, como prueba que no se haya logrado siquiera formular una carta común de derechos y obligaciones de los migrantes con efectividad real, pues el convenio internacional para la protección de los trabajadores migrantes y de sus familias, adoptado en 1990 por la Asamblea General de Naciones Unidas y ratificado, después de un laboriosísimo proceso de casi 20 años, por sólo 37 Estados, apenas funciona. Ni siquiera el Foro Mundial para la Emigración y el Desarrollo de la ONU, ambiciosa creación del entonces secretario general, Kofi Annan, animado por el esforzado Peter Sutherland, ha llegado a convertirse en el instrumento de promoción normativa y de coordinación ejecutiva que se necesita.

Calificar de progresista, como se ha hecho, la aprobación de la última directiva europea que regula, de manera injusta, la expulsión de inmigrantes y la deportación de menores es una nueva provocación del derechismo dominante. En cualquier caso, las razones para rechazarla han sido presentadas con fundamento y consistencia en la columna de Soledad Gallego-Díaz del 20 de junio en este diario y a ellas me remito. Pero no sin apostillar que en esta sociedad de penosa dominación mediática, nada hay más movilizador, a favor o en contra, que su carga simbólica. Y que en este caso, el aura negativa de la directiva lamentablemente aprobada es abrumadora. Con lo que el problema sigue en pie y la responsabilidad en este tema de quienes nos hemos apuntado al progreso no ha variado. Seguimos comprometidos en la promulgación de una carta común de referencia sobre las migraciones que, aunque no logremos que sea obligatoria, tenga al menos una fuerte capacidad indicativa y funcione como código inspirador del organismo mundial que hay que habilitar con urgencia. En él, los Estados estarán acompañados por las organizaciones regionales y las colectividades locales, así como por las empresas, los sindicatos y las ONG nacionales y transnacionales, con el fin de asociar poderes políticos y sociedad civil, única garantía de legitimidad y de eficacia.

José Vidal-Beneyto es director del Colegio Miguel Servet de París y presidente de la Fundación Amela.

Tagged with:

Corrupción y poder, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Política by reggio on 26 julio, 2008

Los dos términos que encabezan esta columna forman una indisociable pareja que protagoniza uno de los comportamientos más frecuentes y lamentables de nuestra triunfal democracia capitalista, cuya ilustración paradigmática representan hoy los antagónicos destinos, uno en la derrota, el del periodista Denis Robert, y otro en la apoteosis del triunfo político-empresarial, el de Silvio Berlusconi. El primero es un escritor francés y obstinado profesional de la investigación periodística, Denis Robert, cuya actividad de base es el periodismo, que logra reunir en 1996 a siete grandes magistrados anticorrupción y lanza con ellos el Llamamiento de Ginebra, que quiere ser la convocatoria de una acción contra el capitalismo negro y la criminalidad financiera organizada.

A golpe de libros de ensayo en los que presenta análisis de casos concretos, siete libros en los últimos diez años; de obras de ficción, ocho novelas sobre la misma problemática en el mismo periodo de tiempo; así como de una combativa filmografía, que cuenta ya con seis películas, siempre con variaciones sobre los malhechores de cuello blanco; y sobre todo gracias a una incansable movilización personal de todos los instantes, de la que da cuenta diaria en su blog La dominación del mundo, se ha convertido en el gran debelador de la corrupción financiera mundial. Su acción se centra en la denuncia de las trampas y turbiedades de los paraísos fiscales, y más concretamente de las prácticas de las cámaras de compensación bancaria, concretamente en las de Clearstream, basada en Luxemburgo, que conjuntamente con Euroclear, representan las dos principales sociedades mundiales de clearing (compensación) financiero, instrumentos absolutamente indispensables para el buen funcionamiento de la globalización financiera, y según los datos que aporta nuestro autor, insustituibles en las prácticas de fraude fiscal masivo y de blanqueo de dinero.

Lo que tenía que producir y produjo el enfrentamiento con la poderosísima Clearsteam, cuyas prácticas expuso en sus libros Revelaciones y La Caja Negra, publicados en España por Ediciones Foca y en su documento audiovisual Los Disimuladores o el asunto Clearstream contado a un obrero de Daewoo. Lo que se ha traducido en su inculpación en 32 procedimientos judiciales, en el acoso incesante judicial de que le han hecho objeto los inspectores judiciales luxemburgueses, con más de 200 visitas de control personal y profesional, sin olvidar la inverosímil condena por difamación al pago de 12.500 euros, impuesta por un tribunal de Burdeos por afirmaciones, que para un profano parecen muy moderadas y que fueron pronunciadas hace más de dos años, al igual que la reclamación por el Tribunal de Luxemburgo (audiencia civil) de 100.000 euros de indemnización por los 421 ejemplares vendidos en dicho país del libro Clearstream, o la reciente acusación de la fiscalía de París contra él por abuso de confianza con dolo y por robo de documentos bancarios.

Sin citar los reiterados intentos de embargo de sus bienes y el insoportable hostigamiento de todas las fuerzas que el gran poder social y político de Clearstream ha sido capaz de movilizar contra él.

Frente a ellos, Denis Robert sólo cuenta con los irrecuperables de la izquierda social e ideológica, en especial ATTAC, y con los últimos escasos reductos de la honestidad política de los partidos de la izquierda clásica. En esta situación ha decidido tirar la esponja, como acaba de anunciarnos en un vencido e-mail a los amigos con cuya, tan poco eficaz solidaridad, todavía cuenta. “Tengo la impresión, escribe, de ser más perseguido y sancionado por informar sobre la delincuencia financiera que si hiciera una apología del nazismo… mi blog está vigilado… Queríais destruirme y arruinarme… Queríais que me callara, pues me callo. Pero muchos juicios siguen aún suspendidos y todavía es posible una comisión de investigación del Parlamento Europeo. A todos los que me han acompañado en este trabajo os digo: gracias y perseverad. La lucha sigue aunque ahora tenga que callarme”.

Simultáneamente asistimos a la apoteosis de Silvio Berlusconi, de quien su antecesor en la jefatura del gobierno italiano, Romano Prodi, decía que acabaría comprándolo todo, tal vez salvo el papado. Pero la nutrida saga político-judicial del Caimán, como le llaman en su país, de la mano de su abogado británico, David Mills, no cabe aquí y habrá que dejarla para otro día.

Tagged with:

Una lengua con otras lenguas / 2, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 19 julio, 2008

Todos somos en buena medida hechura de nuestros prejuicios al igual que éstos y nuestras capacidades lo son de nuestras vidas. La mía, ya más de 60 años a caballo de España, Francia, Gran Bretaña, Portugal, Alemania, Italia, Estados Unidos, América Latina, en estancias medias y largas, prueba que los españoles no estamos irremediablemente destinados al monolingüismo, lo que ilustra mi caso, ya que embarcado en la década terminal de los ochenta sigo conservando una razonable capacidad de interacción oral y escrita en las seis lenguas que he logrado mantener en ejercicio.

Este multilingüismo, producto del bilingüismo de mi infancia y de la práctica plural de mi juventud, hace difícil en estos tiempos de mundialización, entender la polémica lingüística hirsutamente hispánica que está teniendo lugar en nuestro país. Por lo que es imperativo combatir todas las prácticas de discriminación institucional del castellano y de los castellanohablantes que están teniendo lugar en algunas autonomías del Estado español, en especial Cataluña y Euskadi. Pero en la mayoría de los casos, se trata de utilizaciones politiqueras a corto plazo, que apuntan a la movilización electoral de las siempre tan socorridas pasiones localistas. Lo que aconseja renunciar a la perversa noria de las afrentas sin fin, con el irredentismo victimista de los catalanes en unos cangilones y las imperiales glorias hispánico-castellanas en los otros, que sólo sirven para alimentar su enfrentamiento.

Esas afrentas, desde luego indecentes y reprobables, no suponen peligro alguno para el castellano en España, ni siquiera en Cataluña. Basta para ello pasearse por Barcelona, y comprobar allí la naturalidad de la circulación de la primera lengua oficial de España. Por lo demás, mientras Cataluña sea una parte de España, la potencia de la lengua catalana y las glorias de su literatura son bazas que nos apuntamos todos los españoles, sea cual sea la esquina de la que provengamos y el pueblo en el que vivamos. Les aseguro que visto desde La Jolla, Heidelberg, o incluso desde París, lugares en los he pasado tantos años, esta cuestión no tiene dudas. Y lo mismo cabría decir de los catalanes, que aunque algunos silencien o antagonicen esa condición con la de españoles, no funciona casi nunca así, sino de manera acumulativa. Salvador Giner, hoy presidente del Institut d’Estudis Catalans, es desde hace ya muchos años en el mundo británico y más ampliamente en la sociología mundial, un muy brillante representante hispano-catalán. Por no citar a mi fraternal y admirado paisano Joan Fuster, que mal que le hubiera pesado tanto sirvió a las glorias hispanas en muchos de los departamentos universitarios de lenguas románicas por los que yo circulé. Ese perverso antagonismo está ligado a la pobreza de nuestra práctica multilingüista -sólo una lengua extranjera y casi nunca convenientemente conocida- que a los españoles que vivimos y trabajamos fuera de España nos sonroja cuando oímos a nuestros compatriotas chapurrear malamente el francés o el inglés o cuando buscamos y apenas encontramos candidatos para enseñanzas que deben ser impartidas en esas lenguas.

Se nos dirá que el ejemplo viene de arriba, pues es penoso que nuestra clase dirigente, incluidos desde luego los grandes líderes políticos, sigan encerrados en su sola lengua nacional. Cada vez que he tenido ocasión de asistir en Europa a una intervención suya, he pasado un mal rato. Y que no se nos diga que se trata de una limitación irrelevante pues para eso están los intérpretes y los traductores, por no citar al cuerpo diplomático con el Ministro de Asuntos Exteriores a su cabeza que cumplen ya con eficacia esa función de comunicación. Pero a nadie se le escapa que la personalización extrema que domina todas las relaciones en las alturas y la peoplelización mediática que las acompaña ha hecho de lo interpersonal sin intermediarios una de las principales bazas para el triunfo del político que la practica y para sus intereses. Imagínense si a la simpatía y capacidad de seducción política que son propias a Felipe González se hubiera añadido una razonable brillantez lingüística, su potencia de convencimiento y arrastre en el mundo internacional hubiesen sido imparables.

Esta columna que ha devenido en alegato nada tiene de agresivo y sí mucho de ruego y esperanza: que el Parlamento y los partidos exijan que sus números unos y los del Gobierno, para serlo, dispongan de una mínima capacitación en lenguas extranjeras. Todos ganaríamos con ello.

Tagged with: