Reggio’s Weblog

Molly Brown siempre a flote, de Pedro J. Ramírez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 4 enero, 2009

CARTA DEL DIRECTOR

Feliz año malo, feliz año duro, feliz año rudo… Son tan nefastas las expectativas con las que abrimos este último ejercicio de la primera década del siglo XXI que cada día que pase sin que se desmoronen espacios de libertad y dicha personal será un triunfo a la vez de la inteligencia y de la voluntad humana sobre la fatalidad de los feos augurios.

Pero este partido lo vamos a ganar los de Triunfópolis, por mucho que haya que remar contra la corriente. Se lo decimos quienes algo sabemos ya de lo que son las crisis, pues no en vano este periódico se ha forjado en la tribulación y ha llegado a ser lo que es en medio de las peores dificultades imaginables.

Sobre mi mesa hay un recipiente de plata en el que guardo plumas, lápices y bolígrafos con una frase de Séneca grabada en bellas letras cursivas: Adversarum ímpetus rerum viri fortis non vertit animum. «El ímpetu de las adversidades no cambia el ánimo del hombre fuerte».

Pero no es la fortaleza del estoico, que se siente tan espiritualmente inmune como físicamente vulnerable ante unos acontecimientos en los que hace tiempo que ha renunciado a intervenir, la que estoy invocando. No, es la hora de salir al encuentro de los problemas, adentrarse hasta el corazón de la tormenta y luchar a brazo partido contra todos los rayos y relámpagos que nos envíe el destino.

Pónganse para ello los mejores trajes de su armario y las mejores sonrisas de su almario -como si 2009 tuviera 365 grandes ocasiones- y no dejen de comprar ni un solo día EL MUNDO ni de visitar cada pocas horas nuestra edición electrónica, pues eso les ayudará a responder al peor tiempo con la mejor cara. No sólo porque una vez más sabremos estar a la altura de las circunstancias y cada mala noticia irá siempre acompañada de su correspondiente propuesta de remedio, sino porque para nosotros éste es un año muy especial -el de nuestro vigésimo aniversario- y no vamos a permitir que ningún temporal o inundación nos agüe la fiesta.

EL MUNDO del Siglo XXI nació el 23 de octubre de 1989 como «un periódico nuevo al servicio de una nueva sociedad». Hasta sus más acérrimos detractores admiten que España habría sido distinta -nosotros decimos que bastante peor- sin un diario como éste. Ahí queda en las hemerotecas la contribución de nuestro periodismo de investigación a la regeneración del sistema democrático y toda una galaxia de proposiciones éticas y estéticas, acompasadas al progreso de la sociedad española.

Pues bien, ha llegado el momento de modernizar nuestra modernidad, y por eso hemos lanzado de nuevo simbólicamente la gorra de ese compromiso al otro lado de la valla para obligarnos a saltarla. Desde el próximo domingo día 11 irán descubriendo importantes innovaciones tanto en la edición impresa como en nuestro sitio de internet, con cambios de diseño, nuevas secciones, nuevos suplementos y nuevos formatos a los que podrán tener acceso en distintos soportes, incluida nuestra emergente Veo TV que hace ya sus ejercicios de calentamiento por la banda, a la espera de poder saltar en plenitud de facultades al estadio en el que, tras el apagón analógico de abril de 2010, se iluminará la fuerza del pluralismo de la Televisión Digital Terrestre.

Aunque en este universo post McLuhan la marca -y no el medio- es, como digo, el mensaje, nada habrá, en todo caso, tan esencial para entender nuestra redoblada modernidad como la insistencia con que la realidad seguirá imitando al arte, la política reinventándose a sí misma y el periodismo investigando la verdad de lo soñado. Sólo cuando se apagan las luces de la sala y se enciende el proyector nos damos cuenta ante el espejo de que no somos sino lo que sentimos. Por eso, porque como bien canta Aute -su gran estuche recopilatorio ha sido el mejor regalo de esta Navidad y aún tienen tiempo de conseguirlo para Reyes- «toda la vida es cine y los sueños cine son», hemos querido contribuir a alegrarles a todos ustedes el comienzo de este año revirado con un regalo décuplo: estas 10 películas que ven ustedes aquí abajo y que recibirán durante 10 domingos sin recargo alguno, como compendio del homenaje que el cine ha rendido al periodismo durante más de un siglo y como expresión del homenaje que, en señal de gratitud, EL MUNDO debe a la fidelidad de sus lectores.

Desde el próximo domingo, en que nos reiremos de nosotros mismos con The Front Page, hasta el 15 de marzo, en que con plenitud de intención y propósito haremos coincidir el quinto aniversario del 11-M con la entrega de Call Northside 777 -la estimulante película de Henry Hathaway, traducida en España como Yo creo en ti, de la que ya les hablé hace unos meses-, cada semana compartiremos las grandezas y miserias del periodismo, sus tensiones políticas, sus dilemas éticos, sus hitos memorables y sus pifias para olvidar, tal y como las ha reflejado el cine, anudando así aún más esta relación tan especial que se ha forjado desde hace 20 años entre ustedes y nosotros.

¿Y de los políticos, qué? Bueno, no están en esta colección -a lo mejor habrá que dedicarles otra-, pero seguro que si abrimos un concurso se les ocurren muchos títulos con los que asociar tanto al presidente del Gobierno como al líder de la oposición, o no digamos a algunos tiranuelos autonómicos. A Zapatero ya lo he presentado ante ustedes como la Mary Poppins que todo lo resuelve con un gramo de azúcar, el Pimpinela Escarlata que esconde su astucia bajo una apariencia bobalicona, el camaleónico Zelig, la irresponsable Maria Antonieta, el caballero Block que juega al ajedrez con la muerte en El Séptimo Sello, uno de los Rescatadores en Cangurolandia -perdón, Banquerolandia-, el Príncipe de las Mareas que se adapta a lo que sea, el irreverente Mono Rey o el Jovencito Frankenstein cuando se le escapa el monstruo.

¿Hay quién dé más? Pues sí, porque a la vista del provocador desparpajo con que ha hecho su balance de año viejo y sobre todo del inaudito resultado de la encuesta con la que anteayer comenzamos el nuevo, les reto a que me propongan un título, un argumento y un concepto que se adapten mejor a él que los de Molly Brown siempre a flote.

Les refrescaré la memoria sobre esta película. Se trata de la versión musical -primero fue una producción teatral en Broadway-, protagonizada por Debbie Reynolds, de la historia de Margaret Tobin, una chica de humilde ascendencia irlandesa con la cabeza llena de pájaros, nacida en la misma localidad de la ribera del Misisipí -Hannibal (Misuri)- en la que transcurrió la infancia de Mark Twain y en la que están ambientadas gran parte de las aventuras de Tom Sawyer y su inseparable Huckleberry Finn.

Tras sobrevivir a unas inundaciones en las que, según la leyenda, su cuna de bebé estuvo durante un tiempo a la deriva, y tener que ponerse a trabajar en una fábrica a los 13 años por un sueldo miserable, la pequeña Molly y su familia se sumaron a la quimera del oro y emigraron hacia las Montañas Rocosas. En Leadville (Colorado) conoció a un ingeniero con talento pero sin fortuna llamado J.J. Brown y se casó con él aún adolescente.

Cuando todo parecía irles mal como consecuencia del crash de la plata de los últimos años del XIX, J.J. descubrió por azar un rico yacimiento en la mina de la que era superintendente y los propietarios le premiaron con una parte de las acciones, convirtiéndole en multimillonario. El matrimonio se instaló en Denver y ella dedicó todo su tiempo y una parte de su recién adquirida fortuna a la causa de la reforma social y especialmente a la lucha por el sufragio femenino, llegando a presentar su candidatura al Senado de Colorado, en abierto desafío de la máxima imperante -compartida, por supuesto, por su horrorizado marido-, según la cual una mujer sólo debía salir en el periódico con motivo de su boda, su bautizo y su funeral.

Zapatero la habría hecho ministra de Igualdad con mejores avales que los de la pobre chica que tiene en el cargo, pero si yo asimilo ahora su figura a la del presidente no es por su militancia feminista sino por su desafiante jactancia ante la buena suerte. Y es que Molly Brown, ya divorciada, fue una de las supervivientes del Titanic, en el que regresaba de uno de sus habituales viajes por Europa. Cuando llegó en el buque que la había rescatado -el Carpathia- al abarrotado Muelle 54 del puerto de Nueva York, donde aguardaban decenas de miles de personas y un alud de reporteros, ella resumió su sino con palabras memorables: «La típica suerte de los Brown… Somos insumergibles». Había vuelto a nacer y prometía repetir el número la próxima vez: «The unsinkable Molly Brown».

¿Con qué paralelismo cinematográfico, literario o histórico podría describirse mejor el caso de un gobernante que cuando la economía se viene súbitamente a pique -en parte por la fatalidad del choque con unas inmensas masas de fraude sumergidas y por los graves defectos estructurales de la nave, pero también por su falta de pericia como piloto y capitán del barco- y la inversión, el consumo, el empleo… todo se hunde a su alrededor, él continúa a flote con su popularidad relativamente intacta y casi tres puntos de ventaja en la intención de voto?

Aquí hay algo paranormal. Mientras el oscuro océano engulle el transatlántico de nuestra prosperidad, ahí aparece él tan pimpante a bordo del bote salvavidas de las encuestas. Y, sin embargo, sólo el contraste de la situación actual con los cánticos al crecimiento y estabilidad de nuestra economía con los que, como oportunamente ha recordado Carlos Segovia, Zapatero comenzó el pasado ejercicio -fulminando a aguafiestas como Zaplana, que había osado pronunciar a modo de futurible la palabra «recesión»-, debería bastar para que los españoles arrojaran al fondo de ese mar metafórico de la popularidad a alguien cuya imprevisión y cuya falacia han sido puestas tan en evidencia.

Si a ello le sumamos el último alarde de irresponsabilidad que supone resolver el problema de la financiación autonómica, fruto de sus disparatados compromisos con Cataluña, mediante la patada hacia delante del caviar para todos, podríamos llegar a la conclusión de que el pueblo español ha adquirido un fuerte componente masoquista. A lo mejor es la consecuencia lógica del «sadismo en nuestra infancia» -política-, tal y como teorizaba Vázquez Montalbán en una de sus obras de juventud, y resulta que tras el terrorismo de Estado felipista y los pies sobre la mesa de los amos del universo, con excursioncita a las Azores incluida, de Aznar ya nos hemos acostumbrado a que el verdadero sentido del ejercicio del poder en España sea estropear las cosas.

¿O acaso no es evidente que esta fórmula en la que a corto plazo todas las comunidades ganan -unas por renta, otras por población y las restantes por San queremos-, mientras el Estado se endeuda más y más, sólo implica hipotecar el porvenir para pagar los vencimientos de los caprichos políticos del ayer y el anteayer? ¿O acaso no es evidente que al tirar así la casa por la ventana, precisamente cuando la coyuntura exige más austeridad, seremos los contribuyentes quienes nos romperemos la crisma, mientras los políticos gordinflones caerán sobre nosotros con el paracaídas clientelar del gasto -incluidas sus tan patéticas como onerosas televisiones autonómicas- cómodamente desplegado? ¿O acaso no es evidente que entre los beneficiarios de esta bula hacia una reelección segura figuran tres gobiernos como los de Galicia, Baleares y Cataluña, que vienen dedicando cuotas importantes de esos recursos a la tarea de la demolición política, histórica, cultural y por supuesto lingüística de la España constitucional, aun a costa de pasarse por los mismísimos las sentencias del Tribunal Supremo? ¿O acaso no es evidente, en definitiva, que la aplicación de este modelo supondrá un nuevo paso adelante en la estúpida transformación de España en la mera suma -de momento- de sus cada vez más alejadas partes?

A Zapatero no se le puede negar que, como Molly Brown, siempre está ahí, dando la cara con una sonrisa de oreja a oreja que para sí la quisiera el gato de Cheshire, con una moral a prueba de bomba o, si se prefiere, con un rostro de cemento armado, demostrando un creciente dominio de la escena -a la multimillonaria también le dio por el teatro, tratando de emular a Sarah Bernhardt- y una descomunal habilidad en el arte de hacerse el simpático. Hasta el extremo de que puede estar labrándonos la peor de las ruinas y cualquiera diría que tuviéramos que mostrarnos agradecidos por la diligencia, la cordialidad y el buen ánimo con que lo hace.

Lo que ocurre es que, claro, siempre que se destaca es con relación a alguien y, en este caso, lo que contemplamos al frente del PP sólo puede resumirse como una tragedia española. Rajoy tiene razón en casi todo lo que dice, pero nunca le servirá de nada porque no genera ni empatía, ni ilusión -por algo se identificaba Zapatero con Obama en el artículo que escribió la semana pasada para EL MUNDO-, ni ninguna de esas otras emociones que pavimentan la intención de voto. No es un malvado aunque, como a tantos otros, se le nota demasiado que va a lo suyo; pero se hace fotos con los jóvenes y en lugar de rejuvenecerse él, avejenta a los de al lado. Quisiera equivocarme, pero incluso si ganara unas generales por una de esas chiripas que a veces suceden en la vida, seguiría siendo percibido como un estorbo y no como un agente de transformación y cambio. La vida es así de injusta: ni Butragueño nació para tribunas, púlpitos o estrados, ni yo para el bel canto, y mira que nos hubiera gustado.

No quiero adornarme, una vez que los hechos están corroborando todo lo que yo dije el 10 de marzo, pero el año comienza bajo los auspicios del deseo de derrota de gran parte de los cuadros, militantes y votantes del PP que ya sólo sueñan con la regeneración en la catarsis -gallegas, vascas, europeas… qué tres grandes oportunidades de perder-, y eso no sucedía desde que el PSOE inició el 97 con la obsesión de liquidar a su padre padrone. La ventaja del PP es que no necesita descubrir a su insumergible Molly Brown porque tiene dos en el banquillo y un tercero en el bancazo.

pedroj.ramirez@el-mundo.es

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Decíamos ayer…, de Jordi Sevilla en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 4 enero, 2009

LUCES LARGAS

Debe resultar descorazonador para los economistas actuales, incluidos los premios Nobel, enfrentarse a una de las mayores crisis económicas de las que tenemos constancia con poco más que las recetas propuestas por otro economista en los años 30 del siglo pasado.

El comportamiento humano parece no haber cambiado demasiado desde entonces. Por ello, sabemos que ante una incertidumbre paralizante provocada por una crisis económica de gran magnitud que se prevé duradera, los individuos tienden a atesorar el dinero de que disponen, frenando el consumo y la inversión privada. Esa actitud, generalizada, limita la capacidad de la política monetaria o de las rebajas impositivas como instrumentos para reactivar la demanda privada al colocar más liquidez en manos de quien ahora, como los bancos, la guarda. Ello sólo deja a un agente económico, el Estado, cuyo gasto público actúa con una lógica distinta, como principal motor en la lucha contra la parálisis de los circuitos normales de la economía.

Debemos a Keynes esta hipótesis sobre el comportamiento humano en situaciones de crisis y su propuesta de cambiar las reglas del juego inyectando recursos desde un nuevo agente económico -el sector público- aunque sea a costa de padecer déficit. Esa genial intuición, transformada en revolucionaria propuesta de política económica, fundamenta todavía hoy la principal línea de actuación del G-20 ante la situación actual, ya que el resto de reformas planteadas se está diluyendo a pasos agigantados.

La cuestión es, sin embargo, que aún aceptando que las reacciones humanas no han variado mucho desde entonces, el entramado institucional sobre el que actúan, el conjunto del sistema económico encargado de canalizar esas actuaciones, se parece poco al de hace 70 años.En muchas cosas, pero algunas tan fundamentales que deberían, a su vez, afectar al impacto de medidas de política económica pensadas para funcionar en una realidad muy distinta. Me centraré en dos: la globalización y la propia realidad del sector público en nuestra economía actual.

Cuando los mercados son, más o menos, libres a escala mundial, la eficacia del keynesianismo en un solo país se reduce mucho.Reactivar de manera artificial la demanda agregada nacional en situación de crisis puede acabar estimulando la producción en otro país del que nos abasteceremos sin restricción mediante importaciones. De ahí la necesidad de coordinar internacionalmente las medidas de estímulo económico para que tengan un efecto compensado entre países.

Pero la globalización en que vivimos es mucho más que mercados abiertos. Es, sobre todo, un sistema financiero único que permite recoger los ahorros de un pequeño campesino hindú e invertirlos en una fábrica polaca, pero también convertir una hipoteca concedida a una familia americana en un título de deuda comprado por un empresario de Castellón. Aunque ya en 1907 un economista marxista, Hilferding, escribió sobre la preponderancia del capitalismo financiero, casi nada de lo conocido hoy en este terreno se parece a lo existente entonces.

La apertura comercial mundial y el mercado financiero único forman parte de una realidad nueva y distinta, etiquetada como globalización, que afecta de manera directa a la capacidad de reacción de los gobiernos nacionales ante dificultades que desbordan sus fronteras.Esta inadecuación de tamaño entre el problema que se quiere abordar y la instancia principal desde la que se quiere hacer frente restringe de manera directa la capacidad de la política económica keynesiana pensada para un marco institucional muy distinto.

La segunda realidad diferente hoy respeto a hace 70 años es, precisamente, el propio éxito del keynesianismo. Cuando el sector público representa en torno a la mitad del PIB, cuando mecanismos como el seguro del desempleo o determinados servicios públicos vienen existiendo desde hace décadas como algo normal en el sistema económico, y cuando el déficit público ha sido una presencia habitual, las propuestas que hizo Keynes antes de que nada de esto existiera, no pueden tener el mismo impacto sobre la economía que entonces, salvo que incrementemos mucho la dimensión y la dosis de las mismas. Podríamos decir que la sociedad actual se ha hecho resistente a la medicina keynesiana por sobreconsumo de la misma. Y como no se nos ocurre otra cosa, debemos ser conscientes de ello a la hora de buscar eficacia en las mismas.

Sobre la Gran Depresión del siglo pasado hay cosas que casi todo el mundo comparte. Por ejemplo, que hasta que llegaron Keynes y Roosevelt ni economistas ni políticos estuvieron a la altura de los problemas, entre otras cosas por su excesivo apego a una anticuada y equivocada ortodoxia en política económica. Hoy no tenemos ese problema. Es verdad que nuestros políticos y la mayoría de nuestros economistas no se han apegado de manera dogmática a ninguna doctrina y, de hecho, están tocando todos los palos, confiando en que alguno funcionará.

Pero pueden cometer un nuevo error no menos grave: soslayar con retórica hueca los difíciles pero necesarios cambios institucionales tanto a escala nacional como global como, por ejemplo, la supresión de los paraísos fiscales. La crisis les ha pillado por sorpresa y, prefieren transmitir la sensación de que estamos ante algo transitorio que escampará. Que todo lo que tenemos que hacer es resistir con optimismo para que pronto, todo vuelva a ser como antes. Y me temo que no.

Si estamos ante un problema sistémico de un capitalismo globalizado cuya lógica de funcionamiento le condena a sufrir crisis periódicas, hará falta algo más que un neokeynesianismo maquillado para salir bien de esta crisis. Porque salir saldremos. ¡Claro que saldremos! El problema es cuándo, cómo y quiénes; es decir, con qué correlación de fuerzas sociales. Se trata del viejo asunto de ganadores y perdedores, del poder y del dinero. Y aquí juega un papel determinante lo que hagan quienes tienen no sólo la legitimidad democrática, sino la última reserva de confianza pública: los gobiernos. De qué intereses consideren prioritario defender y qué privilegios sigan respetando como intocables dependerá la posición relativa de cada uno en la sociedad postcrisis. Otra vez la Política. Como ya decíamos, por cierto, antes de ayer.

jordi.sevilla@diputado.congreso.es

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Los decisivos presidentes de los bancos centrales, de Robert J. Samuelson en Mercados de El Mundo

Posted in Economía by reggio on 4 enero, 2009

ANALISIS

Son tecnócratas y expertos en materias que aburren a la mayoría.Los designan -no los eligen democráticamente- para ocupar altos cargos públicos, y su labor no se entiende comúnmente. Pero son enormemente poderosos, y en 2009 pueden determinar si la economía global sortea o no la ruina. Ellos son los presidentes de los bancos centrales: Ben Bernanke, de la Reserva Federal de Estados Unidos; Jean-Claude Trichet, del Banco Central Europeo; Masaaki Shirakawa, del Banco de Japón; y sus colegas de China, la India, Brasil, México y todas partes. Y no fue hasta los primeros años 80, en los que la elevada inflación castigaba muchas economías avanzadas, (o quizá en los años 30) cuando su papel se volvió tan decisivo.

Ahora, la expansión económica global está aminorándose hasta el estancamiento. Economistas del Deutsche Bank pronostican un paupérrimo crecimiento del 0,2% en 2009, el peor año desde 1980 por lo menos. En 2007, el crecimiento mundial rozó el 5%, pero sin un aumento más fuerte, la depresión podría retroalimentarse y alimentar el nacionalismo económico.

En apariencia, los presidentes de los bancos centrales parecían estar coordinados para lanzar una recuperación. Como aguardando al momento justo, los principales bancos recortaron los tipos de interés en noviembre y diciembre para estimular el crecimiento y dar un respiro a sus sistemas financieros. El BCE redujo sus tipos de préstamo bancario al 2,5%; el Banco de Inglaterra recortó al 2%, equiparando al tipo más bajo desde su fundación en 1694; y muchos otros bancos centrales, como los de China, la India o Canadá, también bajaron drásticamente los tipos . En cuanto a la Fed, viene recortando su tipo de préstamo a corto plazo del 5.25% de septiembre de 2007 hasta -la semana pasada- una horquilla entre 0 y 0,25%.

Con tipos de préstamo a corto plazo así de bajos, la Reserva Federal se embarca en una estrategia encaminada a intentar reducir los tipos de interés a largo plazo adquiriendo frontalmente bonos y otros valores relacionados con deuda que no había tocado nunca.Antes de la crisis, la Fed intervino los tipos a corto plazo con la esperanza de que la deuda a largo plazo sobre hipotecas y los bonos siguieran la tendencia. Ahora, ya ha anunciado que podría plantearse adquirir cientos de miles de millones de valores respaldados con deuda de hipotecas y tarjetas, préstamos a la compra de automóviles y créditos a la pequeña empresa.

Todo esto vaticina una nueva agresividad por parte de los bancos centrales. Hasta hace poco tiempo, había poca unanimidad de fines.En julio, el BCE elevó su tipo de préstamo bancario para evitar que los astronómicos precios del crudo disparasen la inflación total. «Europa se encontraba en estado de negación de la realidad (de la crisis) hasta la quiebra de Lehman el 15 de septiembre», afirma Fred Bergsten, del Instituto Peterson de Economía internacional.Pero el concurso de Lehman y la caída paralela de los precios del petróleo alteraron posturas.

Durante una crisis, la Historia aconseja cooperación. Su ausencia en los años 30 resultó desastrosa. Considérese la bancarrota en mayo de 1931 del Creditanstalt, el entonces mayor banco de Austria. Esa quiebra se pudo haber evitado si Alemania y Francia se hubieran puesto de acuerdo en un paquete de medidas de rescate.No se pusieron de acuerdo. El pánico bancario «se propagó a Hungría, Polonia, Alemania y Gran Bretaña y al resto del mundo después», dice el politólogo de Harvard, Jeffry Frieden.

Las masivas líneas de crédito contra divisa extendidas entre la Reserva y otros 14 bancos centrales públicos encarnan una señal de la cooperación de hoy en día. Estos acuerdos de apoyo recíproco proporcionan dólares a los demás bancos centrales, que a continuación pueden prestar a las entidades locales. Empresas, inversores y bancos de Europa, Asia y América Latina han contraído deudas considerables en dólares. A medida que los mercados estadounidenses de crédito se congelaron, amortizar sus préstamos contraídos en dólares se hizo cada vez más difícil. Los acuerdos de apoyo de la Reserva -alrededor de medio billón de dólares en las últimas semanas- sustituyen el escaso crédito privado, minimizando las pérdidas por descubierto.

También parece esperanzador que la cooperación entre bancos centrales plasme un consenso político más amplio. Tras reunirse en noviembre, las naciones del G-20 (Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, China, la India y algunas naciones importantes más) difundieron un documento en el que se comprometían a renunciar a las protecciones y prometían programas «de estímulo económico» paralelos. ¿Globalismo?, No, nacionalismo. ¿Todos contentos pues?

Bien, quizá. Como señala Frieden, gran parte de la «cooperación» actual se da a través de circulares de prensa. Los países convienen en principios genéricos pero a continuación siguen caminos divergentes.El «programa de estímulo» de Alemania, por ejemplo, es mucho menos ambicioso que el proyectado en principio por la administración de Obama. Los países renuncian al proteccionismo, pero existen indicios de que China -con un masivo superávit comercial- podría flexibilizar su política de revalorización de la divisa. Al abaratar el renminbi, China añadiría a sus exportaciones una ventaja comparativa en su importe. Si Estados Unidos inserta disposiciones proteccionistas en cualquier legislación de estímulo, también estaría suscribiendo el nacionalismo económico.

Los riesgos multiplican las presiones sobre los bancos centrales dirigidas a restaurar el desarrollo económico. No es tanto cooperación entre ellos como temores compartidos fundados en conclusiones académicas ampliamente aceptadas sobre la Gran Depresión de los años 30. Los errores públicos, es opinión generalizada, agudizaron la depresión. Las lecciones parecen obvias: no dejar que el pánico destruya el sistema financiero, por lo que los agentes públicos de préstamo deben anticiparse siempre que los privados escaseen.

Estas respuestas parecen plausibles pero plantean una cuestión inquietante. ¿Qué pasa si este cambio bajista del ciclo está siguiendo un guión distinto y desbarata la agresividad de los bancos centrales?

La presente columna fue publicada en Newsweek.¸ 2008, The Washington Post Writers Group

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La era de la inocencia, de Josep Ramoneda en Domingo de El Pais

Posted in Economía, Política by reggio on 4 enero, 2009

Nadie es culpable. Pasan los meses, la crisis económica va cubriendo etapas. Y nadie se siente responsable de lo que ha ocurrido. Y menos que nadie los banqueros, financieros y empresarios que la provocaron. Hasta hoy, sólo uno de los protagonistas, el estafador Madoff, está bajo arresto domiciliario. Y sólo uno de los presuntos reguladores, el ex presidente de la reserva federal Alan Greenspan, ha insinuado una cierta autocrítica. Los demás, todos miran a otra parte. En el colmo del cinismo ha llegado a decirse que la culpa era de los ciudadanos que se habían hipotecado por encima de sus posibilidades. Que también tienen su responsabilidad, sin duda, pero en cualquier caso serían el último eslabón, el menos exigible, de la larga cadena.

“Moriremos ahogados en un diluvio de inocencia”, decía Günther Anders, después de Hiroshima. Cuando los responsables ni conocen ni reconocen los efectos de sus actos todo es posible: si no saben lo que hacen pueden hacer las peores cosas. Ésta es la triste lección que un sector de las élites del primer mundo ha dado en estos años delirantes. Y si nadie reconoce los errores es por una razón muy simple: banqueros y políticos, especialmente en Estados Unidos, han aunado esfuerzos en la construcción de este sistema sin responsables. Del mismo modo que se atacaba a Irak sin querer ni siquiera pensar los efectos del ataque, cantando victoria mucho antes de tiempo, se montaban delirantes pirámides y productos financieros sin querer pensar que llegaría el día en que no podrían responder de todo ello. Ha sido la era de la inocencia.

En este contexto, la elección de Obama, con un claro mensaje contra las maneras de hacer de las élites americanas, ha tenido mucho de reacción moral contra el obsceno espectáculo que la alianza de los delirios ideológicos neoconservadores y el dinero han producido. Pero tiene una gran significación política porque quiere decir simplemente que hay que devolverle el sentido a la política, es decir, que alguien debe defender el interés general.

Sin duda, hay tal cantidad de expectativas acumuladas en torno a Obama que es imposible que las pueda satisfacer. Pero Obama ya no es sólo el futuro presidente de EE UU, es el símbolo de una urgencia: el retorno de la política. ¿Qué quiere decir el retorno de la política? Simplemente revertir el control que las grandes corporaciones mantienen sobre los Estados y sus Gobiernos. Evitar que entremos definitivamente en Estados corporativos al estricto servicio de las grandes compañías y de los gremios más poderosos. Y quizás ya no estemos a tiempo.

Con la inteligencia y el cinismo que le caracterizan, Kissinger lo ha explicado de forma nítida: “Todo sistema económico -y esto es especialmente cierto en la economía de mercado- engendra ganadores y perdedores. Si las distancias entre estas dos categorías se hacen demasiado profundas, los perdedores se organizan políticamente e intentan refundar el sistema existente -dentro de cada país y entre ellos-. Éste constituirá el tema principal del año próximo”. Y el primer obstáculo vendrá de una realidad nueva: el sistema económico es mundial pero el sistema político sigue fundado en las naciones y los Estados.

La política tiene que perder el miedo. Pero para ello tiene que recuperar la confianza perdida. La política sólo puede avanzar si la ciudadanía la sigue y para ello la ciudadanía ha de ver que se sabe hacia dónde se quiere ir y que hay cierta equidad en el trato. Por ejemplo, que los responsables de la crisis lo paguen. Lo que no puede ser es que en el puño de los banqueros estén todos los hilos de la trama. Ocurre ahora en España: en buena parte la suerte de Zapatero depende de algo tan simple como que los bancos hagan llegar pronto a las empresas y a los ciudadanos el dinero que están recibiendo para salvar la crisis financiera. A la gente le cuesta entender que se ayude a los bancos, pero se puede explicar y justificar. Pero lo que no se entiende es que este dinero público no llegue a los ciudadanos. Y lo que se entiende menos es que el Gobierno no les obligue.

En este contexto, Obama representa la última oportunidad de una política que garantice la supervivencia de las sociedades democráticas. Si esta oportunidad fracasa, los Estados serán cada vez más Estados corporativos, marcados por el oscurantismo y la desinformación; la democracia evolucionará hacia el totalitarismo de la indiferencia, en que nadie es responsable de nada y el miedo reduce cualquier idea de espacio público; y, de vez en cuando, la política generará brotes de populismo como expresión de su impotencia.

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2009, un año crucial para la economía española, de Ángel Laborda en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 4 enero, 2009

El nuevo año 2009 no podía empezar con más pesimismo entre la población. No es para menos. Los últimos meses de 2008 han superado negativamente cualquier previsión. Sin embargo, lo más peligroso del momento actual son algunas reacciones que empiezan a dibujarse entre la ciudadanía y, lo que es peor, entre las clases dirigentes políticas, sociales y empresariales. Entre muchos empieza a extenderse la idea derrotista de que esta fase va a ser eterna y que ya nunca volveremos a gozar de las oportunidades y del progreso económico de los últimos años. Para otros, por el contrario, todo esto no es más que un bache que va a durar unos trimestres, pasados los cuales, la economía volverá a sus andadas ya que conserva todo su potencial anterior. Ambas posiciones parten de un mal diagnóstico de la crisis. Hay una tercera, que piensa que la situación es muy complicada pero que, como en recesiones anteriores, los propios mecanismos cíclicos y los estímulos de las políticas monetaria y fiscal acabarán produciendo la recuperación. Por eso, es realista ver el año nuevo como el peor desde que empezó el cambio de ciclo en la primera mitad de 2007, pero también como el año anterior a la recuperación.

Pero, ¿qué recuperación? Esto es lo que debería ocupar las mentes de la clase dirigente. La cuestión es si el marco institucional (conjunto de normas e instituciones por las que se rige el sistema productivo) en el que se desenvuelve la economía española es el más adecuado para que el potencial teórico de crecimiento que proporciona la dotación de factores productivos (mano de obra y capital) se plasme en potencial efectivo. La mayoría de los economistas cree que, sin reformas que alumbren un nuevo modelo de crecimiento, parte de esos factores productivos pueden quedarse ociosos.

Mientras llegan las reformas, ¿qué cabe esperar de 2009? Como se ve en las previsiones recogidas en los gráficos adjuntos, posiblemente el cuarto trimestre de 2008 y el primero de 2009 sean los peores momentos en cuanto a caída del PIB. Posteriormente, éste seguirá contrayéndose hasta final de año, pero a menor ritmo. En media anual, el retroceso puede alcanzar un 1,5%, si bien esta cifra dependerá, entre otros factores, de si el INE mantiene las estimaciones de los últimos trimestres o las revisa a la baja. La recuperación se iniciaría en 2010, pero el crecimiento interanual en el último trimestre de ese año no alcanzaría aún el 1,5%. Que dicho crecimiento siga ganando ritmo en 2011 o se estanque en torno a esa cifra dependerá de las reformas que se hayan puesto en marcha.

Aunque las caídas del PIB sean menores conforme avanza el año, el grado de malestar económico entre la población irá en aumento, pues éste viene dado fundamentalmente por la tasa de paro y ésta va a seguir aumentando hasta que el crecimiento del PIB no supere el 2,5%. Aun asumiendo una rápida desaceleración del crecimiento de la fuerza laboral, la tasa de paro puede irse al 17% a finales de este año y al 18% en 2010.

La inflación, medida por el IPC, va a seguir descendiendo hasta situarse en tasas negativas a mediados del año, bajo la hipótesis de que el precio del petróleo se mantenga en los niveles actuales. Sería un buen momento para hacer alguna reforma fiscal que incluyera reducciones de los impuestos que acrecientan los costes de producción a cambio de subir los impuestos indirectos, ya que, en las circunstancias actuales, esto no iba a provocar tensiones inflacionistas. Esta reforma ayudaría notablemente a mejorar la maltrecha competitividad de la economía española.

El gráfico inferior izquierdo refleja el profundo saneamiento financiero que lleva a cabo el sector privado. Su déficit del 12% del PIB en 2007 se convertirá en un superávit importante en 2009 y mayor aún en 2010. Por el contrario, el saldo del sector público se encamina a un déficit superior al 6% en 2009 y al 8% en 2010. Un argumento más para hacer reformas. ¿Se imaginan un escenario en el que la tasa de paro se acerca al 20%, el déficit público al 10% y el crecimiento del PIB se enquista por debajo del 2%? Esperemos que nuestros dirigentes no lo permitan.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

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Un pacto difícil, de Carmen Alcaide en Negocios de El País

Posted in Economía by reggio on 4 enero, 2009

La discusión sobre la revisión del sistema vigente de financiación de las comunidades autónomas (CC AA) está poniendo de manifiesto las dificultades que tiene el sistema actual para equilibrar los principios de generalidad, estabilidad, equivalencia y suficiencia con el de solidaridad entre todas las comunidades autónomas de España. Dejando aparte el funcionamiento de los tres regímenes forales del País Vasco y el de Navarra, que por su singularidad quedan fuera de los principios que rigen la financiación del resto de las autonomías, voy a centrarme en los retos que suscita la revisión del sistema actual.

El sistema actual, acordado por unanimidad en el ámbito del Consejo de Política Fiscal y Financiera y aprobado por el Parlamento en la Ley 21/2001, de 27 de diciembre, aumentó la corresponsabilidad fiscal de las CC AA (33% del IRPF, 35% del IVA, 40% de algunos impuestos especiales: alcohol y tabaco, y 100% del impuesto sobre la electricidad), atribuyó mayores competencias normativas sobre algunos de los impuestos cedidos y por último estableció dos fondos: el Fondo de Suficiencia y el Fondo de Compensación Interterritorial, con el objetivo de garantizar que las CC AA pudieran prestar sus servicios a los ciudadanos en condiciones equivalentes y asegurar los niveles de inversión independientemente de sus capacidades recaudatorias.

Sin embargo, con el transcurso de los últimos años, el fenómeno de la inmigración (pasando de menos de un millón de extranjeros en el año 2000 a más de cinco millones actualmente) ha modificado el mapa poblacional de las CC AA, provocando aumentos diferentes de las necesidades de servicios de los ciudadanos residentes en cada una de ellas. Así, comunidades en las que la proporción de residentes extranjeros es mayor, como Baleares, Madrid, Cataluña, etcétera, se sienten perjudicadas con el sistema establecido.

Otra discusión diferente es la relativa a la conveniente solidaridad entre las comunidades. Indudablemente, desde el punto de vista impositivo, los ciudadanos pagan impuestos en función de sus ingresos (IRPF) y/o sus gastos (IVA, impuestos especiales), y las empresas, en función de su actividad (IVA, sociedades), y, por tanto, las CC AA donde hay más riqueza y más renta recaudan y pagan más. La solidaridad consiste en que el Estado redistribuya parte de los ingresos obtenidos de los impuestos para garantizar que los ciudadanos de las zonas menos ricas reciban la atención necesaria de los servicios públicos. Para conseguir esta solidaridad es inevitable que las comunidades más ricas como Madrid y Cataluña aporten más que las demás.

El primer reto con el que se enfrentan las autoridades para la revisión del sistema actual es el de ajustarse a las condiciones económicas del ciclo, siendo ya difícil cumplir con el principio de estabilidad presupuestaria, ya que en el ejercicio de 2009 y siguientes las condiciones de recaudación previsiblemente serán mucho más restrictivas que en la fase expansiva del ciclo y, por tanto, no cabe la huida hacia arriba, es decir, aumentando los recursos de todos.

El segundo reto es el de establecer de manera justa y equilibrada las necesidades de todas y cada una de las CC AA teniendo en cuenta los nuevos parámetros de población. Uno de los puntos críticos que se han puesto de manifiesto en las diversas declaraciones realizadas por representantes de las CC AA es el de limitar o no esas necesidades a aspectos concretos como la sanidad, la educación y los servicios sociales. El argumento fundamental que se utiliza en contra de esta limitación es que el Estado tiene que garantizar la financiación del acceso a todos los servicios públicos.

El tercer reto es el de establecer el grado de corresponsabilidad fiscal. Existe gran unanimidad en las CC AA respecto a la tendencia a aumentar su nivel de corresponsabilidad fiscal con el Estado. Se manejan cifras del 50% para el IRPF y el IVA, y del 58% para los impuestos especiales. Pero lo que es imposible admitir es una tendencia hacia el 100% de recaudación del que disfrutan ahora las haciendas forales. Aunque este aumento es deseable para todas y en el corto plazo mejora su situación de financiación, en el medio plazo favorece más a las que poseen mayor capacidad de recaudación.

Por último, el mayor reto está en conseguir un grado de solidaridad que sea aceptable por todas las CC AA. Algunas abogan por la reducción del Fondo de Suficiencia, que actualmente supone 30.000 millones de euros al año, independiente del Fondo de Compensación Interterritorial, que financia gastos de inversión y asciende a 1.200 millones de euros. El argumento principal es que dicho fondo provoca un exceso de nivelación de los recursos recibidos en términos per cápita por cada comunidad. Por el contrario, otras CC AA piden que se establezca un nuevo fondo de desarrollo regional que garantice la solidaridad con las CC AA menos desarrolladas. En este punto es necesario distinguir entre CC AA y áreas geográficas, ya que existen zonas de pobreza en CC AA ricas y viceversa, zonas más ricas en CC AA con menor nivel de renta.

El calendario actual, si se quiere disponer del nuevo sistema de financiación para 2009, es apretado. Se ha seguido el método de negociaciones bilaterales entre el Estado y cada una de las CC AA para después discutir el proyecto en el seno del Consejo de Política Fiscal con el objetivo de alcanzar un acuerdo aceptado por todos y elevarlo en el Parlamento a rango de ley que modifique la actual.

En conclusión, el reto es difícil pero apasionante. Con la evolución de la España de las autonomías y el cambio demográfico de los últimos años es absolutamente necesario adecuar el sistema de financiación de las comunidades autónomas a las nuevas necesidades. Al mismo tiempo, es necesario mantener un sistema de solidaridad que permita garantizar el acceso de los ciudadanos a los servicios públicos siguiendo los principios de justicia y equidad.

Carmen Alcaide es economista y ex presidente del INE.

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Andalucía tutela a Zapatero en el ‘sudoku’ de la financiación, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 4 enero, 2009

LA CRÓNICA

Déficit público (mayor endeudamiento del Estado); apoyo de la Junta de Andalucía para amortiguar la reclamación catalana; y hábil cuña entre las regiones gobernadas por el Partido Popular (Madrid y Valencia, especialmente) y Mariano Rajoy. Estas son las claves que pueden dar al Gobierno socialista la solución al sudoku de la financiación autonómica, al envite revisionista del Estatut de Catalunya. El imperfecto federalismo español muestra así su auténtica textura: es una infatigable partida de póquer.

¡Eureka, más déficit público! (Legitimado por la crisis)

El nuevo Estatut de Catalunya se pactó, primero en la Moncloa y después en el Parlamento español, partiendo de la base de que la bonanza económica permitiría al Estado absorber los costes de un nuevo modelo que aumentase los recursos de las comunidades con mayor dinamismo, sin restar transferencias a la España meridional, ni perjudicar de manera ostensible a la España del Noroeste (Galicia, Asturias y parte de Castilla y León), verdadero Sur hispánico.

El estallido de la crisis ha roto ese paradigma. Sin superávit no hay capacidad de absorción de un nuevo café para todos.Para cumplir, o medio cumplir, sus compromisos con Catalunya (y, por efecto dominó, con las reclamaciones de las demás autonomías), el Gobierno debe recurrir al endeudamiento. Paradójicamente, la envergadura de la crisis está legitimando este camino. Las medidas de emergencia adoptadas en todo Occidente justifican que el déficit del Estado aumente por encima del 3% del PIB y el endeudamiento público (hoy por debajo del 40%) se aproxime al umbral del 60% tolerado por el tratado de Maastricht. Ir más allá sería embocar la Avenida Italia (país con un endeudamiento del 120%), con el consiguiente riesgo para las futuras generaciones.

Una subida del déficit ya era obligada para atender los costes del seguro del paro. Zapatero le añade ahora un vagón: la financiación de las autonomías, gestoras del Estado del Bienestar, con la única excepción de las pensiones. ¿Dinero para Catalunya? No. Dinero para evitar el colapso de las escuelas, los hospitales y los servicios sociales. La crisis, por tanto, legitima el recurso al déficit y aporta argumentos para restar acento catalán al nuevo modelo (en sus intervenciones públicas, Zapatero ha dejado de mencionar la palabra Estatut).A la espera de que se concreten las cifras, dos preguntas quedan en el aire: ¿qué repercusión tendrá el nuevo modelo en el déficit?; ¿sobrepasará este la barrera del 5%?

El poder regional andaluz (la ‘CiU’ del Sur) siempre cobra dos veces

Resuelto el argumentario principal (dinero para escuelas y hospitales), la aparente solución al sudoku exige el visto bueno de la Junta de Andalucía, principal poder fáctico del socialismo español. Los andaluces ya tutelaron en su momento la negociación del nuevo Estatut de Catalunya. En la célebre reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero y Artur Mas en la Moncloa (22 de enero de 2006), en un momento determinado, el presidente del Gobierno se levantó para consultar por teléfono con Manuel Chaves, presidente de la Junta andaluza y presidente del PSOE.

Los dirigentes socialistas andaluces se muestran estos días muy tranquilos en público y aseguran que el nuevo modelo de financiación cumplirá de la A a la Z con el Estatuto de Andalucía (réplica del nuevo Estatut catalán). Chaves acude a la negociación con una válvula de seguridad poco conocida por el gran público: lo que pudiese perder con el nuevo modelo, lo recuperará al cabo de unos meses con el cobro de la denominada deuda histórica,que el Parlamento andaluz cifra entre 1.148 y 1.720 millones de euros, en concepto de infravaloración de algunas de las competencias transferidas. En el palacio de San Telmo de Sevilla (sede la Junta) ya se da por seguro el cobro de unos 1.100 millones de euros.

Con esta válvula de seguridad, el PSOE de Andalucía – partido regionalista al que no sería exagerado catalogar como la CiU del Sur-puede dar margen a Zapatero para intentar la entente con los catalanes. (Siempre y cuando el presidente del Gobierno sea muy cuidadoso con el lenguaje y no dé argumentos al Partido Popular andaluz, apostado con un trabuco en los desfiladeros de Sierra Morena, como veremos un poco más adelante.) Conclusión: el poder regional andaluz, principal lobby de la política española, siempre cobra dos veces. Ello explica el nerviosismo de la Junta de Extremadura, socialista y meridional, pero con menor capacidad de contratación en la lonja.

Javier Arenas, con trabuco en Sierra Morena, pierde la partida

Efectivamente, Javier Arenas, líder del PP andaluz, espera a Zapatero en las estribaciones de Sierra Morena. Con trabuco y faca de Albacete. Como todo antiguo dirigente de la Unión de Centro Democrático que no haya perdido su orgullo, Arenas tiene ganas de ajustar cuentas con el PSOE a cuenta de Andalucía.

La UCD de Adolfo Suárez se quebró en el Sur el día en que Felipe González, Alfonso Guerra, José Rodríguez de la Borbolla, Luis Yáñez, Carmen Romero y demás miembros del clan sevillano del PSOE decidieron empuñar la bandera verdiblanca del regionalismo, al grito de “Andalucía no va a ser menos”. El día en que también decidieron ser un partido identitario. La UCD perdió estrepitosamente el referéndum en el que pretendía evitar que Andalucía accediese a la autonomía por la vía más rápida: 28 de febrero de 1980, una de las fechas decisivas de la transición.

El 18 de febrero del 2007, Arenas consiguió que el PSOE no repitiese la jugada. En contra del ala dura del PP, Arenas convenció a Rajoy de que había que votar sí al nuevo Estatuto andaluz. Rajoy transigió y dio pie a una interesante paradoja: el partido que había asistido con media sonrisa al boicot a los productos catalanes a cuenta del Estatut, apoyaba una reforma muy parecida.

Apostado en Despeñaperros, Arenas ha lanzado su grito de guerra: “¡El dinero de los españoles se está decidiendo en Catalunya!”. No vamos a ser menos, no vamos a ser menos. El gran mantra español. Pero no es el único regionalista en el PP. Esperanza Aguirre y Francisco Camps (Madrid y Valencia), ambos endeudados hasta las cejas, tienen sus propios intereses. Camps y Aguirre no han subido a Sierra Morena, razón por la cual puede considerarse que, en estos momentos, el locuaz Arenas, aislado, es uno de los perdedores de la partida.

Aguirre zancadillea a Rajoy; Camps procura por Valencia

Como vamos viendo, en España, regionalistas, todos. Derecha, izquierda y centro. Una insomne partida de póquer. Con una fuerte deuda financiera a sus espaldas, los gobiernos regionales de Madrid y Valencia difícilmente pueden decir no a un modelo de financiación que promete reconocer el censo de población real (es decir, a los centenares de miles de inmigrantes con cartilla sanitaria e hijos en edad escolar) y aumenta la cesión de impuestos. Por una vez, y probablemente sin que sirva de precedente, los regionalismos valenciano y madrileño convergen con el catalanismo. Los territorios con mayor dinamismo económico compiten entre sí, pero también tienen intereses comunes. Aguirre aspira, además, a socavar el liderazgo de Rajoy. Cree que en el congreso del PP en Valencia perdió la batalla, pero no la guerra. Por ello ha dejado al presidente de su partido en la estacada, rompiendo de manera estentórea la posibilidad de un sólido frente opositor a la política territorial de Zapatero.

Con mucha habilidad, el de la Moncloa ha conseguido introducir una cuña en el centroderecha. Vendrán más. (El PSOE pronto formalizará su propuesta de reforma de ley del aborto, que puede provocar notables tensiones entre los liberales y los católicos del área PP.)

Rajoy, estancado en las encuestas, se mueve estos días en terreno pantanoso: debe mejorar la imagen del PP en Catalunya, ha de prestar atención al discurso uniformista y neoespañol de la señora Rosa Díez (premiada por los sondeos y figura de moda en Madrid y aledaños) y no puede quedar aislado de sus barones regionales. Por ello, su línea de ataque es: “¡Cuidado con el déficit!”. Por ello, el PP ha decidido comparar a Zapatero con el trilero Madoff, sin mentar a Catalunya. Sí, una insomne partida de póquer.

El sutil gesto de La Caixa: el tercer CaixaForum, en Sevilla
Tras meses de demora (para dejar claro que el PSC pasaba por el tubo), Zapatero ahora tiene prisa por cerrar el acuerdo. El 1 de marzo se celebrarán elecciones en Galicia y el País Vasco, en las que aspira a ganar y a romper el espinazo a los centristas del PP. A ganar y a despejar la legislatura, a poder ser con Convergència i Unió. Cuando se hable de cifras, las cosas pueden complicarse en Galicia para el PSOE, donde el nacionalismo está sosegado y es el PP quien clama ¡traición!

Zapatero no sufre por la ira de CiU. Artur Mas ha subido el tono, aprieta todo lo que puede a ERC (que no abandonará el Govern de la Generalitat, como algunos presumían), intenta – como es su obligación-desestabilizar el tripartito y subrayar los evidentes incumplimientos del Estatut, pero el hombre que en el 2001 pactó un modelo de financiación limitado con Rodrigo Rato no subirá al Bruc con tambor y trabuco. Zapatero lo sabe. Y Josep Antoni Duran Lleida también.

Mucho más relevante es el gesto de La Caixa. 24 horas después de darse a conocer las bases del nuevo modelo financiero, la gran entidad de ahorro catalana daba a conocer su plan de inversión de 20 millones de euros para habilitar su tercer CaixaForum en las Reales Atarazanas de Sevilla. Será el mayor centro cultural de la ciudad. En la capital de Andalucía no se habla de otra cosa.

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El factor sorpresa y el ‘vintage’, de José Luis Nueno en Dinero de La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 4 enero, 2009

Me cuenta un directivo de British Airways que nuestros compatriotas no se resisten al reclamo de los chollos y vuelan al Reino Unido, donde las rebajas se dan cita con la libra más anémica que se recuerda. Esos vuelos van que no cabe una persona de ida ni un alfiler a la vuelta.

Eso confirma que algunos consumidores no pueden parar de gastar. Dada una oferta suficientemente aspiracional acompañada de descuentos, reales o percibidos, de la agresividad que antes se reservaba hasta después de Reyes en rebajas, vuelven a las tiendas. Este año necesitan saber que, por el desembolso del año pasado, se llevan más productos, y sobre todo, mejores. No se entiende muy bien si lo que les gusta es tener las gangas antes por lo excepcional de la situación, porque así lo pueden llevar desde antes, o porque no creen que lleguen a enero, que es cuando va “todo el mundo”.

Una pregunta que siempre ha intrigado a los teóricos de la distribución es “¿cuánto hay que satisfacer al cliente?”. Cuando vamos de tiendas observamos que los comerciantes se aplican con tenacidad variable a la tarea de proporcionar eso que se llama “una experiencia de compra memorable”. En algunas tiendas la cosa se podría calificar de suspenso. En otras, como pasable. Y se vuelve satisfactoria si responde a lo que esperábamos en términos de atención, cortesía, servicio, variedad y precio, entre otras cosas.

En muchas menos lo que se busca es deleitar al consumidor (y perdón por la expresión que trae a la memoria un chiste verde clásico). Deleitar a un consumidor es ir más allá de satisfacerle. Es una de dos cosas: o proporcionar un resultado sorprendente a la tarea de comprar o producir una sensación de satisfacción por la ocurrencia de eventos inesperados durante la experiencia de compra que se acaba de disfrutar, independientemente de que se compre algo. Un ejemplo del primer tipo es encontrar, en temporada, descuentos de hasta 50% en una tienda que anuncia en sus escaparates “oferta especial 15%” Un ejemplo de la segunda variedad es que escondidos entre esos productos descontados aparecen zapatos o bolsos de lujo de la temporada a precios imposiblemente bajos, que toda la mercancía está tallada y sin taras, y que la flaca esa que compra al lado es Kate Moss.

Dos formatos están respondiendo a esta nueva demanda de ir más allá de la competencia y la satisfacción y deleitar al consumidor. Los españoles que vuelen a Londres los encontrarán en forma. Las tiendas vintage y los outlets (off-price retailers).Hoy nos ocupamos de los primeros.

Las tiendas vintage han existido siempre, sobre todo en el mercado anglosajón, poco dado a tirar cosas usadas. Quizás por creencias religiosas, o por tratarse de una sociedad de inmigrantes en la que lo que dejaba de ser utilizable para los ciudadanos pudientes podía ser un bien de lujo para los recién llegados. El caso es que después de haber desempeñado funciones relativamente poco sofisticadas, el vintage se ha convertido en una solución que ha encontrado por fin su problema, o quizá varios. A diferencia de las tiendas que venden ropa usada, que aprovisionan al mayor de traperos o entidades benéficas la ropa, zapatos o accesorios que luego venden al detall, las tiendas de vintage venden ropa de alta calidad, seleccionada cuidadosamente.

Desde que existen, las tiendas vintage han sido una fuente de inspiración para estilistas de cine, televisión, y de filmes publicitarios, por lo que lo son indirectamente para los diseñadores de moda. Los problemas que resuelve el vintage son cuatro. En primer lugar, esas tiendas van casi siempre unidas a algún tipo de causa social a la que se destina parte de los beneficios, de modo que su clientela se hace buena comprando.

En segundo lugar, el consumo de ropa usada es una forma activa y pasiva de consumo sostenible. No sólo por la que sustituye, sino porque, eventualmente, debe Es una de dos cosas: o dar un resultado sorprendente o producir una resultar en que otra no se llegue a fabricar.

Además, se ahorra dinero. Al menos, en las de los rastros, tiendas de ropa usada y en las de vintage puro. En las de vintage de alta gama y de lujo y alta costura se puede llegar a pagar fortunas por piezas únicas de preguerra y de los cincuenta y sesenta. De hecho, tiene sentido: si las marcas que llevarán las elegantes esta primavera serán Balenciaga, Halston, Lanvin o Balmain, todas ellas marcas que vivieron sus mejores días antes de los setenta, un modelo original de ellas bien puede valer lo que otro de 2009, que sólo conserva en común la marca de aquel. El Dover Street Market, en Londres, presenta estos eventos inesperados” modelos seleccionados por Didier Ludot, que tiene su tienda estandarte en París, pero también tiene un corner al otro lado del Canal. Una de las más selectas tiendas vintage de Nueva York se llama What Comes Around, Goes Around, que aunque se usa coloquialmente como “lo que hagas te harán” se traduce literalmente como “lo que viene se va”.

Finalmente hay una cuarta razón. El vintage es terreno abonado para el disfrute (el deleite al que aludíamos antes) , la verdadera compra de experiencia y de exploración. Y eso lo saben sus emprendedores, y lo explotan hábilmente. Es en estas tiendas donde se preparan las sorpresas que van de boca en boca entre sus clientes y atraen patronos del mundo entero. Por ejemplo, What Comes Around… está ordenada por secciones. En Amarcord, esconden auténticas joyas, como guantes de Hermès en los bolsillos de algún traje de chaqueta, o marcan una pieza única a un precio ridículamente bajo, o hacen aparecer un par de Manolos sin usar que no están marcados, y que la clienta se acaba llevando por muy poco. En Cornucopia, en Londres, las clientas se pueden llevar la sorpresa de encontrarse con Kate Moss, ya que esta tienda pionera (se dedica al vintage de alta gama desde 1968) es una de sus favoritas. En Nueva York, en Don the Verb, o en Los Ángeles,en Catwalk, el servicio puede ser personalizado y con cita previa concertada, por si requiere privacidad y tiempo para escuchar los vastísimos conocimientos de sus vendedores, capaces de escribir un libro de cada prenda que han escogido expresamente para su cliente. Otras, finalmente, complementan su selección de piezas vintage con series cortas que fabrican con tejidos o fornituras de época, para asegurar que hay producto en todas las tallas.

Por tanto, las tiendas vintage están en su momento, por razones morales, de sostenibilidad, por ahorro o porque lo satisfactorio no es ya suficiente y algunos consumidores quieren un servicio superior entregado de manera inesperada y sorprendente que les deleite (no puedo con esta palabra).

Es posible que esto no sirva para todo el mundo, pero vale la pena reflexionar sobre lo lejos que estamos hoy de localizar y vender un modelo único, de presentar una ganga sorprendente, del servicio personal que merece un cliente apreciado, de prestar la atención de quien conoce el producto a fondo, o de propiciar una tarde de compras rodeado de clientes interesantes.

José Luis Nueno. Profesor del IESE. Miembro del consejo de administración de varias empresas, ha trabajado en la Universidad de Michigan y en Harvard.

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Emprendiendo, de Pedro Nueno en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 4 enero, 2009

Muchos acabaron el año lamentándose y con la frase “con la que está cayendo”. Cae un poco menos de lo que dicen los titulares. Más de un ex alumno que sabe como pienso me ha llamado estos días para decirme: “Pues nosotros vamos a cerrar el año muy bien”. Pero el regalo empresarial de Navidad para este país nuestro fue que Nutrexpa comprase Cuétara. Que una empresa familiar, superdiscreta como lo son en este país, haya sabido promocionar una serie de marcas, crecer por el mundo, gestionarse profesionalmente, disponer de un balance sólido y, en plena crisis, aprovechar una oportunidad estratégica para incorporar otra marca de prestigio compatible con su portafolio, suena como muy natural, pero tiene mérito. Son varias fábricas más, cientos de personas, reorganización del equipo directivo, velocidad para organizar una oferta (unas cuantas noches y días de fiesta, casi seguro) y un montón de trabajo de buena gestión por delante para racionalizar todo el conjunto. Ilusión emprendedora.

Si alguien pensaba que las empresas familiares de nuestro entorno habían perdido marcha, se equivocaba. Yo, por si lo había pensado, me arrepiento y como penitencia les he pedido a unos cuantos chinos de Yiwu que tomen Cola Cao, que yo les invito. Son buenos amigos y son influyentes. Yiwu es la capital de Zhejiang, provincia de origen de una buena parte de la comunidad china que vive en Barcelona. Visitar un supermercado o un centro comercial en cualquier país, con una cierta estructura en la cabeza, te da una idea rápida de qué pasa con el consumo y cómo es el consumidor.

Al lado de mi escuela en China tengo un Carrefour y a sólo siete minutos andando de la escuela de negocios de Harvard, un gran supermercado Whole Foods Market. Te saltas la comida y en media hora tienes tiempo de ir y ver si hay cola en las cajas, cuán llenos llevan los carritos y qué se ve dentro. En un repaso rápido de las estanterías te da tiempo, como si mirases el precio, de ordenar en Shanghai los botes de Cola Cao, poner en Boston o en Shanghai el aceite de oliva Borges delante de los aceites italianos y las botellas de vino Torres delante también, aunque no se pueden poner detrás todas las de vino argentino, chileno, italiano, australiano, francés o californiano. A veces puedes colocar visible alguna lata de conservas de un ex alumno gallego que se había quedado detrás. O a Codorniu o a Agrolimen. Pienso que pronto podré comprar galletas en China, cuando me salte la comida, y llevármelas para enseñarlas a mis colegas.

Quizás a aquellos que conocen mi afecto por Áfricaymis proyectos en ese continente les pueda explicar que todo viene de una de las canciones más populares de mi infancia que era publicidad de la empresa de las galletas. En uno de cada tres vuelos a Shanghai me encuentro a uno de los hermanos Esteve yendo a su fábrica de China (les tengo afecto, pero prometo que nunca he ordenado los productos de una farmacia).

En el infinito centro comercial Festival City de Dubai ves a Mango, a Carolina Herrera, y en el mayor todavía Super Brand Mall de Shanghai puedes encontrar a Mango también y las fragancias de Puig. Y muy cerca Tous. En el fabuloso auditorio de la facultad de Medicina de Accra presumen de butacas Figueras, en las que se sentará Obama cuando entre en la Casa Blanca. El otro día me acompañó un colega saliendo de la escuela en Shanghai, aprovechando para concederse un pitillo, y lo puso en marcha con un encendedor Flamagas, made in China.Me ha llegado el rumor de que hay alguna otra empresa familiar que tiene en ciernes un proyecto ambicioso. Que el 2009 sea un gran año para los emprendedores de este país.

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Cuba y la jerarquía de las fobias, de Javier Ortiz en Público

Posted in Derechos, Política by reggio on 4 enero, 2009

Karl Marx se burlaba de Proudhon, patriarca de los que calificaba como “socialistas utópicos” (¡como si él mismo no hubiera sido otro utópico más!), diciendo que el viejo revolucionario francés, de cuyo nacimiento va a hacer ahora dos siglos, vivía sobre una permanente contradicción. Según él, Proudhon resultaba demasiado de izquierdas para la derecha y demasiado de derechas para la izquierda.

Yo suelo sentirme un tanto Proudhon cuando escribo sobre el actual régimen político cubano, que acaba de cumplir medio siglo de existencia. Los incondicionales del castrismo me tienen por demasiado crítico y los anticastristas me consideran demasiado tolerante.

No es ni lo uno ni lo otro. Lo que sucede es que todos debemos establecer una jerarquía de nuestras fobias. Si juzgamos con equidad los regímenes latinoamericanos (o americanos, en general), el puesto que debemos asignar al castrismo en el ranking de lo odioso es francamente secundario. Hay gobiernos que practican el terrorismo de Estado en masa. Hay gobernantes que se dedican a expoliar a su población y a malvender los recursos nacionales para engrosar sus cuentas corrientes. Los hay que desatienden hasta extremos escandalosos la educación, la sanidad y la nutrición de sus connacionales. Y a casi todos ellos los estados occidentales los tratan como si fueran próceres, sólo porque les hacen la rosca.

No simpatizo con el castrismo y puedo argumentar por qué. Es escandaloso el monopolio que tienen los blancos en la jerarquía del poder. No soporto las restricciones que padecen allí las libertades, tanto individuales como colectivas. Y un largo etcétera. Pero miren y comparen, y, si encuentran algo mejor, compren.

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Así será el año 2009, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique nº 159 de enero 2009

Posted in Derechos, Economía, Laboral, Política by reggio on 4 enero, 2009

“Balas para los jóvenes, dinero para los bancos”. Este expresivo grito de ira de los amotinados de Grecia bien podría oírse, a lo largo de 2009, en otras ciudades europeas. Porque el año que empieza se va a caracterizar, como consecuencia de los despidos masivos que está causando la crisis, por un fuerte descontento social. Y éste desembocará en huelgas, manifestaciones y enfrentamientos que las elecciones europeas de junio próximo no calmarán.

Numerosos jóvenes -estudiantes o no-, son conscientes de que su destino es ir a dar a la mar de la precariedad (“generación 700 euros”) o del desempleo. Desean hacer tabla rasa. Algunos se sienten de nuevo atraídos por los movimientos libertarios. En la atmósfera de lucha social que se avecina, las filas del anarquismo podrían engrosarse (1). Como en los años 1930…

Aunque en materia de política internacional no caben supersticiones, los años terminados en 9 son a menudo convulsivos. Basta con observar que, a lo largo de éste, se conmemorarán: los 10 años de la revolución bolivariana de Venezuela (febrero); los 20 años de la caída del muro de Berlín y de la implosión del bloque soviético (noviembre); los 30 de la “revolución islámica” de Irán (febrero); los 40 de la “revolución libia” del coronel Gaddafi (septiembre); los 50 de la revolución cubana (enero); los 60 de la revolución china (octubre); los 70 de la derrota de la República española en la Guerra Civil (abril); y los 80 de la crisis de 1929 y de la Gran Depresión…

Sin duda, la recesión económica será también la principal característica del año que comienza. Porque los efectos del triple crac de la construcción, de los bancos y de las Bolsas golpearán de lleno la economía real.

En ese contexto de descontento social, ¿representa el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, una luz de esperanza? Menos de lo que creímos. Porque su equipo económico, en el que figuran varias personalidades ultraliberales responsables en parte de la crisis actual -como Robert Rubin, Lawrence Summers o Timothy Geithner-, no estará a la altura para cambiar las cosas.

Además, parece evidente que la nueva Administración de Obama será de centro-derecha, es decir más a la derecha que el nuevo Congreso surgido de las elecciones del 4 de noviembre (2). Lo cual augura tensiones más fuertes de lo previsto entre el Ejecutivo y el Legislativo. Los nuevos congresistas demócratas no dejarán de hacerse eco de las impaciencias de los electores duramente afectados por la crisis y profundamente irritados por el gigantesco fraude del estafador Bernard Madoff, así como por las ayudas masivas ofrecidas por el Gobierno a los banqueros. En suma, el entusiasmo de hoy hacia el nuevo Presidente podría, a lo largo del año, cambiarse en decepción, frustración… y cólera.

Su equipo de política exterior   -constituido por Hillary Clinton, Robert Graves y el general Jim Jones- también resulta muy conservador para quien ha prometido dejar de imponer la democracia a punta de bayoneta.

El “foco perturbador” del mundo seguirá siendo Oriente Próximo, como lo han mostrado los recientes acontecimientos trágicos de Gaza. En Irak, las fuerzas británicas y las de todos los demás aliados de Estados Unidos, se retirarán en primavera. Por su parte, las tropas estadounidenses de combate dejarán de patrullar en pueblos y ciudades para replegarse en sus cuarteles. Y su retirada se acelerará. Rebrotará la violencia. El zapatazo del periodista Muntazer Al Zaidi al presidente Bush, el pasado 14 de diciembre en Bagdad, da una idea de la rabia de una parte del pueblo iraquí contra la ocupación estadounidense. ¿Conseguirá el nuevo y corrupto ejército iraquí impedir la dislocación del país?

Habrá elecciones decisivas en Israel, para la función de Primer Ministro, el 10 de febrero; y en Irán, para la Presidencia, el 12 de junio. La tensión entre estos dos países alcanzará niveles incandescentes ¿Desembocará en un conflicto abierto? Nadie debe desearlo pues las consecuencias geopolíticas serían imprevisibles. También económicas, ya que los precios del petróleo volverían a rondar los 150 dólares. Lo cual agravaría más aún la crisis actual…

En cuanto a Afganistán, país que Barack Obama desea convertir en la prioridad militar de su mandato, si Washington intensifica su intervención tendrá que multiplicar los ataques ilegales contra Pakistán, gigante demógrafico y a la vez potencia nuclear. Eso provocará una posible desestabilización de Asif Zardari, presidente de este Estado en quiebra, amenazado además por su poderoso vecino indio, después de los atentados de Bombay del 26 de noviembre pasado. Washington entraría entonces en un nuevo engranaje intervencionista que podría favorecer el rápido retorno al Pentágono de los “halcones”, partidarios de un imperialismo duro y dominador. En Kabul, los estadounidenses tratarán de imponer a un “dictador presentable”. Lo cual significará un regreso al realismo político (o sea, al cinismo) y el abandono del proyecto ético que ha defendido Obama durante su campaña electoral.

Otro gigante que puede reservar sorpresas es China. Porque la crisis -que se va a traducir en un aumento general del proteccionismo en el mundo y la consiguiente reducción de las exportaciones- le golpeará con mayor rudeza. Miles de fábricas cerrarán despidiendo masivamente a trabajadores desprovistos, en su mayoría, de seguridad social y de atención médica. Las protestas crecerán. ¿Conseguirán las autoridades de Pekín mantener la paz social? ¿A qué precio?

En América Latina, la incógnita principal será saber si Barack Obama aceptará el ramo de olivo que le ha ofrecido el presidente de Cuba, Raúl Castro, y si negociará por fin el cese del embargo comercial de la isla. Lo sabremos el 17 de abril cuando, con ocasión de la Cumbre de las Américas en Puerto España (Trinidad y Tobago), el mandatario estadounidense defina su nueva política para el hemisferio.

Entre tanto la crisis climática seguirá agravándose. Todo indica que el año 2009 será el de todos los peligros. Porque agoniza una era, la del neoliberalismo, y comienza, a tientas, un nuevo paradigma. Debiera también ser el momento de todas las oportunidades. Para empezar a edificar, por fin, un mundo mejor.

Notas:

(1) Este 15 de enero se celebra el II centenario del nacimiento, en Besançon (Francia), de Joseph Proudhon, padre del anarquismo.

(2) Moisés Naim, El País , Madrid, 30 de noviembre de 2008.

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Por qué el desempleo es mayor en la Unión Europea que en EE.UU., de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 4 enero, 2009

El Plural

Si usted lee las revistas económicas o las páginas económicas de la prensa diaria de los países de la Unión Europea (UE.), incluyendo las de España, verá gran número de artículos de economistas liberales que atribuyen el elevado desempleo en la mayoría de países de la UE a una supuesta “rigidez” de los mercados laborales europeos y a lo que consideran ser una “excesiva” generosidad de la protección social en aquellos países. Lo que hay que hacer para disminuir tan elevado desempleo es, según tales autores, seguir el “modelo liberal” de EE.UU., es decir, desregular los mercados de trabajo (disminuyendo los costes del despido del trabajador, entre otras medidas desreguladoras) y reducir la protección social, tal como hace EE.UU., donde el gasto público social (18% del PIB) es mucho más bajo que el promedio de los países de la Unión Europea de los Quince (28%). La desregulación de los mercados de trabajo y la escasa protección social existentes en EE.UU. es la causa –según tales economistas liberales- de que el desempleo en EE.UU. sea menor que el existente en el promedio de los países de la UE-15. El problema que tal explicación tiene es que los datos no lo confirman. Ello no es obstáculo, sin embargo, para que tal interpretación de las causas del desempleo en la UE-15, incluyendo España, haya adquirido la categoría de dogma en los círculos económicos y financieros europeos (incluyendo los españoles). Y como todos los dogmas, se reproduce a base de fe, en lugar de evidencia empírica. Veamos los datos.

El primer dato, de carácter aclaratorio, es que el Estado de EE.UU. no es un estado liberal. Hablar de “modelo liberal” cuando se habla del gobierno federal de EE.UU. es mostrar un profundo desconocimiento de tal estado. El estado federal estadounidense es profundamente intervencionista en las áreas económicas, teniendo un comportamiento típicamente keynesiano. Y ello ha sido así desde tiempos del Presidente Roosevelt, cuando éste estableció el New Deal como manera de resolver la Primera Gran Depresión Mundial a principios del siglo XX. El New Deal fue la intervención federal que se basó en un gran crecimiento del gasto público como manera de aumentar la demanda de productos y servicios por parte de la población –y muy en particular de las clases populares- a fin de estimular el crecimiento económico (el gasto público en el New Deal alcanzó un 56% del PIB). Tal estímulo fue facilitado por el establecimiento del Banco Central Estadounidense (el Federal Reserve Board) que siempre tuvo como objetivo el estimular el crecimiento económico y la creación de empleo a partir de garantizar intereses bancarios bajos, fácilmente accesibles a las empresas y a las personas. Es más, el aumento del gasto público se hizo, en parte, a base de aumentar el déficit del presupuesto del estado, permitiendo un incremento de la deuda del estado. Y el New Deal inició otra práctica keynesiana, la intervención de apoyo a las empresas incluyendo medidas altamente proteccionistas.

Estos componentes keynesianos han estado presentes en todas las políticas públicas de todos los gobiernos federales tanto republicanos como demócratas. Franklin Roosevelt y Harry Truman aumentaron el gasto público permitiendo un elevado déficit del estado federal, con el consiguiente crecimiento de la deuda pública. Más tarde, el Presidente Eisenhower combatió la recesión a base de establecer el Programa Federal de Carreteras, el Federal Aid Highway Act, que construyó la red de carreteras federales existentes en EE.UU., red que se construyó, en parte, a base de aumentar el déficit público hasta un 6% del PIB.

Un tanto semejante ocurrió con el Presidente Nixon, que explícitamente se definió como keynesiano. E incluso el mal llamado padre de la revolución liberal, el Presidente Reagan, aumentó el gasto público significativamente (primordialmente en la industria militar), aumentando los impuestos (no sólo una, sino dos veces), siendo el Presidente que los aumentó más en tiempos de paz en los últimos cincuenta años. Disminuyó los impuestos del diez por ciento de renta superior del país, pero los aumentó para la mayoría de la población. Y financió el aumento del gasto público también a través del incremento del déficit público que alcanzó un 6% del PIB. Tal como indicó su Ministro de Defensa, el gobierno federal tenía la política industrial más avanzada del mundo capitalista, lo cual realizaba a través del gasto público militar. Un tanto semejante ocurrió con los presidentes republicanos Bush padre y Bush hijo, cuando el déficit federal alcanzó (en ambas administraciones) niveles superiores al 6% del PIB. Durante todos estos años las ayudas públicas a las empresas y al mantenimiento de la infraestructura del país alcanzaron un 7,1% del PIB, el porcentaje mayor en la OECD. Y hoy estamos viendo como el Presidente electo Obama está proponiendo (resultado de una enorme presión popular) como medida de resolver la enorme recesión un enorme incremento del gasto público federal (de hasta 800.000 millones de dólares), gasto que tendrá lugar no en las áreas militares, sino en infraestructuras de transporte y en servicios públicos como sanidad y escuelas públicas, así como en empresas de carácter ecológico, financiándose tal aumento con impuestos sobre los sectores más pudientes de la sociedad y con un incremento del déficit del estado que alcanzará más de un 7% del PIB. Por lo general, el keynesianismo estadounidense ha sido más militar que social. Es decir, el gasto público social se ha invertido en las industrias militares, pero el sentir popular antimilitar está forzando un cambio de las inversiones hacia las empresas sociales y ecológicas.

Es este aumento del gasto público en inversiones en tiempos de recesión, permitiendo un elevado déficit, lo que ha permitido a EE.UU. tener un desempleo relativamente bajo a lo largo de su historia en el siglo XX. Ahora bien, estas políticas keynesianas contrastan con las políticas liberales de la Unión Europea que a través del Pacto de Estabilidad limita el gasto público, no permitiendo un déficit del Estado por encima del 3% del PIB, y que (junto con la política de disminuir los impuestos) ha forzado una reducción del gasto público. Esta reducción de gasto y la política del Banco Central Europeo de mantener unos intereses bancarios altos, son la causa del bajo crecimiento económico y alto desempleo en la UE-15. Esta es la razón de que la UE tenga un desempleo mayor que EE.UU. Y la mejor prueba de ello es que los países miembros de la UE-15, que durante el periodo 1950-1980 habían tenido un desempleo menor que EE.UU., pasaron a tener un desempleo mayor a partir del establecimiento del Pacto de Estabilidad y de la creación del Banco Central Europeo. El hecho de que EE.UU. no haya seguido las políticas liberales de la UE (a EE.UU. no se le hubiera permitido entrar en la UE) es la causa de que su desempleo sea menor.

El mantenimiento del liberalismo en la estructura institucional de la UE es la causa de que el desempleo aumentará mucho más en la UE durante la crisis actual que en EE.UU. Conociendo la fortaleza del dogma liberal de la UE en los medios económicos y financieros europeos (y españoles), puedo predecir que el Consejo de la UE, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo continuarán diciendo que hay que desregular el mercado de trabajo y reducir la protección social para disminuir el desempleo, intervenciones que empeorarán en lugar de mejorar la situación actual. Lo que se requiere es un cambio muy sustancial de las prácticas liberales institucionalizadas en la Comisión Europea y en el Banco Central Europeo, para recuperar las prácticas que abandonaron cuando se estableció la Unión Europea.

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