Reggio’s Weblog

Balance trimestral, de Julián Santamaría Ossorio en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 2 enero, 2009

ANÁLISIS

Dos hechos han marcado la vida política española en el 2008: las elecciones generales y la crisis económica. Las elecciones produjeron un efecto perverso. Ganaron algunos votos PP y PSOE a expensas de todos los demás, pero el PP se sintió agobiado y desconcertado al no alcanzar la victoria, el PSOE -aun teniendo más votos y diputados que en el 2004- se vio privado de socios estables para completar su mayoría, y casi todos los demás partidos entraron en crisis, divididos sobre las causas de su retroceso, el futuro de sus líderes y la línea que seguir en la nueva legislatura. Con ello, la política española entró en un periodo de letargo, a la espera de que los partidos celebraran sus congresos, confirmaran o no a sus líderes y definieran sus estrategias y alianzas.

La crisis económica, aparente desde el otoño del 2007 -con la subida de los precios de los alimentos, el petróleo y las hipotecas-, ha entrado en una nueva fase en el otoño del 2008 al globalizarse y afectar directamente al sistema financiero; es decir, de la inflación, que por esas fechas empezó a caer, a la falta de liquidez crediticia para las empresas, con la consiguiente aceleración de las suspensiones de pago y el aumento del paro.

La lentitud del Gobierno para admitir la existencia de la crisis y la prontitud de la oposición para denunciarla sin proponer alternativas completaban en septiembre un cuadro marcado por el creciente pesimismo de la opinión ante la situación política y económica, lo que se traducía en una mayor desconfianza en líderes y partidos, y en la erosión del apoyo al Gobierno. En términos electorales, el PP aguantaba, ayudado por el éxito de su congreso de Valencia, y el PSOE retrocedía.

¿Qué ha cambiado en el último trimestre del año tras estallar la crisis financiera global y reaccionar el Gobierno de forma más visible? Cambios pequeños, pero significativos, que podríamos resumir así:

1) se ha incrementado la preocupación por el paro, como síntesis del pesimismo económico; 2) pero las percepciones negativas sobre la situación económica general y personal, así como sobre la situación política, apenas han variado, con tendencia a estabilizarse; 3) se ha contemplado de forma muy positivamente el paquete de medidas adoptado por el gobierno; 4) se considera que un gobierno del PSOE está mejor capacitado que uno del PP para hacer frente a todos los problemas que preocupan a los ciudadanos, incluidos los económicos; 5) mejora la valoración de la gestión del Gobierno y el grado de aprobación a lo que ha hecho y empeora la valoración de la oposición; 6) aumenta la popularidad de Zapatero y disminuye la de Rajoy.

¿En qué se traduce todo eso en términos electorales? Primero, el PSOE cuenta -por primera vez en mucho tiempo- con un grado de lealtad de su electorado superior al del PP, lo que le permite resistir electoralmente e incluso mejorar un pelo respecto a hace tres meses. Segundo, el PP retrocede en intención de voto, lo que parece coherente con los indicadores mencionados antes. Tercero, los partidos menores tienden a recuperar, como ya hacían en septiembre, lo que perdieron el 9 de marzo a favor del PSOE. Y cuarto, UPyD experimenta un importante alza a expensas, sobre todo, del PP. Cambios menores, pero significativos. Al Gobierno le ha resultado rentable su activismo de estos meses frente a la crisis… La pugna entre UPyD y PP parece reflejar la persistencia de las tensiones en el seno de este último -de cuya gestión discrepa la mitad de su electorado- y el apoyo que Rosa Díez recibe de los viejos aliados mediáticos de los populares, sobre todo en Madrid, que es donde más crece Unión Progreso y Democracia.

Con todo, la importancia de esos cambios se debe relativizar. La recuperación relativa de los pequeños partidos es normal fuera de los periodos electorales y no es previsible que afecte de forma sensible los resultados de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco, aunque abren más interrogantes respecto a las europeas. En estas, la abstención suele ser muy alta, lo que perjudica, sobre todo, a los grandes partidos, cuyos electorados tienden a movilizarse menos que en las generales. Por contraste, quienes se sienten atraídos por los partidos pequeños cuentan con un triple aliciente: pueden votar por el partido que prefieren y no recurrir al voto útil, pueden expresar su descontento con los grandes partidos sin preocuparse si gana o no el otro y cuentan con un sistema electoral muy proporcional que hace más rentable su voto.

De no estar por medio esas elecciones, habría que subrayar la relativa estabilidad de los datos, que reflejan, con pocas salvedades, los de principios del 2008. Sin embargo, algunos indicadores sugieren ligeros movimientos, algo más expresivos en el caso de UPyD, que compite con fuerza en los espacios del centro derecha y la derecha y, en menor medida, en el de centro izquierda.

JULIÁN SANTAMARÍA OSSORIO, catedrático de Ciencia Política de la UCM y presidente del Instituto Noxa Consulting.

Y van tres, de Carlos Sentís en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 2 enero, 2009

VIEJO ESPECTADOR

El Gobierno de Zapatero ha presentado finalmente su propuesta de la financiación pendiente del Estatut de Catalunya, aprobado y “reprobado” desde hace tanto tiempo. Sus términos son aceptables o, por lo menos, mejoran la actual situación tan insostenible. Años ha que el déficit para Catalunya ha producido la injusta situación de una solidaridad que se ignora o que se calla desde Madrid, mientras ciertas comunidades, de entre las subvencionadas, tienen servicios, tales como la enseñanza, muy superiores a los de Catalunya, que era la más rica. Lo de la primacía económica de Catalunya ya pasó.

Últimamente Catalunya ha perdido pie en el ranking y se sitúa en tercera o cuarta posición. ¿Es Madrid la más rica? En todo caso es la que ingresa más dinero al erario nacional porque en ella están inscritas, a efectos de Hacienda, las mayores entidades financieras y las multinacionales que actúan en toda España. Es posible que esta situación ayude a Zapatero a conseguir la aprobación de su plan de financiación.

En los últimos días hemos visto a Zapatero recibir en la Moncloa a presidente tras presidente de las comunidades para tener con ellos un trato bilateral, censurado cuando de Montilla se trató. ¿Cómo no van a ser bilaterales muchas de las reuniones del jefe del Gobierno central con los presidentes de unos entes que también albergan una parte del Estado, revestidos de autoridad? No son meros “delegados”, como muchos centralistas o jacobinos quisieran. Probablemente se ha instalado un artificial federalismo, cuando la inmensa mayoría de los españoles no lo son. Casi todas las actuales comunidades demandaron autonomía porque se había concedido a Catalunya. No tuvieron presente las razones históricas lingüístico-culturales que solamente concurren en determinados sectores de España, como certificó la República. Vale decir que este mismo Estatut pasó de la clandestinidad a la luz pública debido a que su presidente, Josep Tarradellas, se había alejado totalmente del gobierno de la República en el exilio, a diferencia de los vascos, que permanecieron ligados a ella. El president Tarradellas previó muy pronto que un día la democracia podía llegar a España sin necesidad de la República. Adivinó con antelación la restauración monárquica. Su monarquismo o aceptación de un rey constitucional, cosa que quedó patente en la primera conversación que tuvieron Juan Carlos y Tarradellas en Madrid, hizo que el Estatut para Catalunya fuera algo así como una adaptación del anterior.

De todas maneras el inconveniente para un Estatut en Catalunya era la oposición de muchas partes de España que no lo toleraban si ellos no tenían también el suyo. Recuerdo la caída electoral de UCD cuando Andalucía se consideró postergada por la decisión de dar menor velocidad a su entonces pretendida autonomía. La UCD, en Andalucía, no se recuperó electoralmente.

El actual Estatut -el tercero- pasado duramente por las Cortes y por la aprobación electoral posterior en Catalunya, ha visto demorar su aplicación. Especialmente en lo que se refiere a la financiación, que es su punto neurálgico. Esta vez no se quiere que el primer café sea para Catalunya, como ocurrió en 1979. Ahora se pretende que las otras tazas estén previamente sobre la mesa. Cuando hace pocos días la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, salió, radiante, de su larga entrevista en la Moncloa, sabía más del proyecto de financiación catalán que los que esperan y desesperan en Barcelona. ¿Valía la pena aceptar la oferta de un nuevo Estatut propuesto por Zapatero hace tres o cuatro años? Zapatero no defendió después el texto, pese a que había dicho que sería respetado tal cual saliera del Parlament de Catalunya. El Estatut sufrió una campaña anticatalana extraparlamentaria aunque agitada, en gran parte, por el Partido Popular, que incluso recogió firmas callejeras antes de una manifestación. Finalmente elevó recurso ante el Tribunal Constitucional, donde pende como una espada de Damocles. ¡Cuántas decepciones desde entonces! Tres años de ataques contra una Catalunya de la cual se quiere ignorar su constante solidaridad con el resto de las comunidades y para colmo algunos la presentan, incluso, como “saqueadora”. Este término lo oí hace pocos días por la radio.

Por los largos años que uno ha vivido ha podido observar, más o menos de cerca, los tres Estatutos catalanes habidos. El de 1932 parecía que iba a pasar por las Cortes rápidamente. Sin embargo, hubo bastante oposición e incluso un levantamiento militar -un 10 de agosto- por parte del general Sanjurjo. La sanjurjada fracasó. Finalmente se aprobó por la presión de unas vacaciones veraniegas y por el extraordinario discurso de Manuel Azaña.

El Estatut de 1979 tuvo mucha menos oposición en el Congreso de la reaparecida democracia. Hubo algún discurso restrictivo, pero en general las intervenciones de los diputados fueron favorables. Me correspondió, como secretario de la UCD en Catalunya, pronunciar la explicación de voto del partido centrista. Habrá sido, hasta ahora, el único momento confortable vivido por un Estatut catalán.

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Un Estado federal incompleto, de Fernando Vallespín en El País

Posted in Derechos, Política by reggio on 2 enero, 2009

Los principios presentados por el vicepresidente Solbes como criterios-base para la financiación autonómica parecen haber satisfecho a grandes rasgos la mayoría de las demandas de las comunidades autónomas. El resultado ha sido bueno si consideramos la endiablada concurrencia de intereses territoriales que había que acomodar. Desde luego, el conflicto se ha resuelto por elevación, aumentando la cantidad total de recursos para las comunidades autónomas. De ahí que las más importantes críticas no hayan sido tanto a los criterios del reparto cuanto a sus posibles consecuencias. A saber, la correlativa debilitación de la capacidad financiera del Estado y, por ende, de su capacidad de acción política; al adelgazamiento del Estado y al correspondiente robustecimiento de las comunidades autónomas. Una vuelta de tuerca más en el proceso de federalización de España. Es muy posible que esto haya sido inevitable dada la particular configuración de que hemos dotado a las Autonomías: a mayores competencias, mayor necesidad también de disponer de los recursos suficientes para hacerlas frente. Pura lógica. ¿O es acaso viable que comencemos a desandar el camino que nos ha conducido hasta aquí?

A la espera de nuevas reacciones políticas a medida que se vayan levantando nuevas cartas, algo ya parece claro: el Estado español es un Estado federal. No hay muchos otros países en los que el porcentaje de los Presupuestos públicos en manos de las unidades territoriales sea equiparable al nuestro. Pero es un Estado federal demediado. Carecemos de los instrumentos políticos necesarios para mantener la congruencia debida entre el sistema que hemos creado y su efectiva viabilidad política. Seguramente sea uno de los costes que hemos de pagar por disponer de un modelo en construcción permanente. Pero quizá por eso mismo ha llegado ya el momento de tomar conciencia de este desfase y adoptar las medidas necesarias para alcanzar lo que debe ser el fin último de todo Estado federal: crear un adecuado balance entre una firme lealtad al centro y el legítimo respeto al autogobierno autonómico. ¿Cuáles son los elementos que se oponen a la consecución de este objetivo?

1.- El primero y fundamental es la ausencia de una institución de auténtica representación territorial, un Senado ajustado a lo que realmente somos. O, lo que es lo mismo, una instancia de representación multilateral entre las comunidades autónomas y el Estado. El “bilateralismo a 17” -o a 15 en temas presupuestarios- es un verdadero sinsentido, como se ha visto en el proceso a través del cual se ha pergeñado la nueva financiación. ¿No hubiéramos preferido que se debatiera en una cámara ad hoc en vez de en la prensa y a través de continuas entradas y salidas de diferentes presidentes autonómicos en La Moncloa? Si Rajoy realmente piensa que Zapatero “ha engañado a todos” ¿por qué no promueve un pacto para reformar la conformación constitucional del Senado?

2.- La presencia, también aquí, del código Gobierno/oposición. Se ha roto ya el tópico según el cual los dos grandes partidos nacionales eran quienes facilitaban la vertebración del Estado. La traslación del conflicto político al ámbito de la organización territorial del Estado ha sido permanente. Lo novedoso ha sido que el intento por parte del PSOE y del PP de “agrupar” a sus gobiernos autonómicos en torno a una “posición común” frente o a favor de esta última decisión del Gobierno se ha encontrado con obvias resistencias, como se pudo contemplar en el caso de la Comunidad de Madrid y de la Comunidad Valenciana; o en Cataluña, donde parece primar la propia estabilidad de la coalición gobernante sobre la lealtad de partido.

3.- Nos falta implantar una cultura de “federalismo cooperativo”, como lo denomina Ramón Maiz en su imprescindible libro La frontera interior (Ed. Tres Fronteras, 2008). Es decir, eliminar las tentaciones por parte del Estado de erosionar el autogobierno de las comunidades, pero también las de éstas para socavar a la federación mediante la deslealtad, el oportunismo y la no cooperación.

4.- No poseemos tampoco una adecuada percepción ciudadana de lo que significa un verdadero Gobierno multinivel. Los ciudadanos ignoran quién es el responsable por la prestación de qué servicios, y esto afecta decisivamente a la hora de rendir cuentas a los políticos por según qué decisiones. La pedagogía aquí se hace imprescindible para que no paguen tirios por troyanos y la congruencia del reparto del poder se traslade al espacio público.

En definitiva, somos ya una democracia lo suficientemente madura como para no llamar a la cosa por su nombre y actuar en consecuencia.

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Un aval europeo, de Joan B. Culla i Clarà en El País de Cataluña

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 2 enero, 2009

De creer a ciertos medios de comunicación madrileños y a determinados partidos políticos, durante el año que acaba de concluir las medidas político-administrativas de acoso, de discriminación e incluso de persecución contra la lengua castellana en Cataluña habrían arreciado hasta alcanzar niveles paroxísticos. Tanto sería así que, no contentos con magnificar a página entera el menor incidente, queja o pleito de contenido lingüístico, dos diarios de difusión estatal creyeron necesario promover, el pasado mes de junio, un enérgico Manifiesto por la lengua común que recogió (o indujo) decenas de miles de adhesiones, pero, sobre todo, justificó una nueva oleada de agitprop contra la política lingüística de la Generalitat.

En el terreno partidario, las diferentes siglas del espectro españolista se han pasado todo el año 2008 compitiendo por la defensa de los castellanohablantes supuestamente sojuzgados bajo el Gobierno de José Montilla. Ya durante la campaña para las elecciones generales de marzo, el Partido Popular prometió, si ganaba, una ley estatal que garantizase la escolarización en castellano en todo el territorio español, y Mariano Rajoy incluso descalificó, en el curso de uno de sus debates cara a cara con Rodríguez Zapatero, la obligación de rotular los comercios por lo menos en catalán. En la sesión de apertura del XII Congreso del PP de Cataluña, a principios de julio, Javier Arenas aseveró con la mayor naturalidad que “si en tiempos era un disparate perseguir el catalán, ahora es una barbaridad perseguir el castellano”, y María Dolores de Cospedal prometió: “nos partiremos la cara por el castellano”… Hace apenas un par de semanas, el imaginativo concejal Xavier García-Albiol decía (El Mundo, 17 de diciembre) que la Generalitat “actúa como una policía secreta que persigue a los que quieren expresarse en castellano”, y comparaba tal situación con la de “los judíos cuando eran denunciados a las autoridades nazis”.

Frente a este alarde hiperbólico, las contribuciones a la causa de Ciutadans-Partido de la Ciudadanía (C-PC) y de Unión, Progreso y Democracia UPD empalidecen, pero no deben ser desdeñadas: recuérdese la manifestación convocada en Barcelona el 28 de septiembre contra -nada menos- “la imposición lingüística que padecemos” y el “totalitarismo lingüístico de la Generalitat”.

Y bien, el azar ha querido que, antes de finalizar este 2008 aparentemente tan nefasto para la libertad de lenguas en Cataluña, el pasado día 11 se hiciera público el informe con que, por encargo del Consejo de Europa, un comité de expertos debía evaluar la aplicación en España de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias. Dicho documento -de 151 páginas de extensión, y disponible en Internet en su versión original inglesa- asegura que, para cumplir los términos de aquella Carta Europea y garantizar el futuro de las lenguas distintas del castellano, las comunidades autónomas oficialmente bilingües deberían aplicar la “plena inmersión” escolar en la lengua autóctona. Es decir, que el catalán, el euskera y el gallego tendrían que ser utilizados como lengua vehicular de la enseñanza obligatoria en sus áreas lingüísticas respectivas. O sea, el modelo que se viene aplicando desde hace lustros en Cataluña, pese a haber sido comparado con el apartheid sudafricano y con los lager nazis. Por lo demás, los expertos se muestran decepcionados ante la situación del catalán / valenciano en las Baleares y en la Comunidad Valenciana, critican los persistentes obstáculos al uso de las lenguas cooficiales en el ámbito judicial o ante la Administración central, y constatan una evidencia: “la población mayoritaria castellanohablante es poco consciente de que España es un país multilingüe”.

Por supuesto, el informe del comité de expertos es -como cualquier obra humana- discutible. En todo caso, constituye un trabajo minucioso y documentado, ha sido asumido por el Comité de Ministros del Consejo de Europa y multiplica por un millón el promedio de rigor y de enjundia de las columnas con que los oráculos de la derecha mediática española sientan doctrina todos los días. Sin embargo, esos sectores a los que el texto fechado en Estrasburgo desmiente y desautoriza han reaccionado con una desoladora falta de fair play. Tras calificar las conclusiones del documento como “las recomendaciones de los extranjeros”, Abc sentenció: “el informe asume los planteamientos que esgrimen los nacionalistas”, con lo cual queda descalificado. La Razón, por su parte, titulaba “Ridículo informe del Consejo de Europa sobre las lenguas” antes de explicar que algunas de sus sugerencias “inducen a la carcajada, cuando no a la indignación, por su necedad y su falta de sentido común”.

A ver si lo voy entendiendo. Cuando un medio de comunicación internacional -verbigracia The Economist hace unas pocas semanas- se ocupa de la situación española, y su reportero critica la política lingüística o cultural de la Generalitat catalana, esas críticas se convierten en argumentos de autoridad contra dicha política, y como tales son objeto de glosas, exégesis y hasta preguntas parlamentarias. En cambio, cuando un organismo consultivo internacional del que forman parte 47 Estados -el Consejo de Europa- emite un documento oficial que avala aquella política lingüística e incluso la pone como modelo, entonces ese aval merece los epítetos de ridículo, necio e insensato, constituye una ingerencia “extranjera” o es objeto de un espeso pacto de silencio. ¡Y que vivan la honestidad intelectual y la deontología periodística…!

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

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El viaje del elefante, de Lucía Méndez en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 2 enero, 2009

«Por muy incongruente que pueda parecer…». Así comienza El viaje del elefante, el último libro del Nobel José Saramago, que el presidente Zapatero compró estas navidades en El Corte Inglés. Cuenta la historia de un elefante que el rey de Portugal regaló al emperador Maximiliano de Austria. En compañía de una extraña comitiva, el elefante viaja por Europa asombrando a los que se topan con él. El cuento parte de la base de que un elefante, el mamífero terreste mayor del mundo, es, si bien se piensa, una cosa increíble. Casi tan increíble como que con tres millones de parados, una crisis económica sin precedentes en la que los consumidores no consumen, los bancos no prestan y los empresarios no contratan -según ha certificado el gobernador del Banco de España-, el PSOE siga aventajando electoralmente al PP en tres puntos.

«Por muy incongruente que pueda parecer…», el resultado del sondeo viene a amargar el Año Nuevo al PP y desencadenará, de nuevo, las dudas acerca del viaje político que Mariano Rajoy empezó en Valencia, tan incierto como el del elefante de Saramago. Nadie sabe dónde ni cuándo acabará. Los datos resultarán frustrantes para la dirección surgida del Congreso valenciano, un grupo de hombres y mujeres voluntariosos, inteligentes y suficientemente renovados que, sin embargo, no han logrado ser un verdadero equipo ni transmitir confianza a la mayoría. Al menos no todavía.

La pregunta se hace inevitable. ¿Qué tiene que pasar en España para que el PP pueda vislumbrar en el horizonte una victoria electoral? ¿Por qué Zapatero no sufre desgaste? Se culpa a Pedro Solbes, pero no a su jefe. ¿Por qué los españoles no responsabilizan al presidente del Gobierno de las cosas que van mal? La respuesta puede estar en la hiperactividad de Zapatero en los últimos meses, su sobreexposición ante los medios y su recuperada iniciativa política. Prácticamente todos los días, el presidente se ha asomado a la ventana de los ciudadanos como el hombre que hace lo que puede para afrontar la crisis. Y a quien hace lo que puede no cabe pedirle más. La gente estaría premiando así al político que trabaja, que se esfuerza, que lucha contra las dificultades.

Frente a él, la oposición del PP únicamente es capaz de glosar los desastres que reflejan las estadísticas oficiales. La acción política de Rajoy se sustenta en la tesis de que será la Encuesta de Población Activa (EPA) la que echará a Zapatero del Gobierno, al margen de lo que haga el PP. La encuesta viene a demostrar que eso puede ser palabra de asesores, pero no tiene por qué ser palabra del electorado. Al margen de lo triste que resulta cimentar el éxito propio en las desgracias de todo un país.

La sorpresa que el sondeo causará en el PP será sólo teórica. En el fondo del partido anida, desde Valencia, un desasosiego interior que les viene a decir que algo no marcha bien. No existe entusiasmo en torno a la figura de su líder ni satisfacción sobre la estrategia. Y esto vale para todos los sectores, desde los ultras hasta los centristas, pasando por los mediopensionistas y no alineados. La financiación autonómica, por otro lado, ha renovado la vieja maldición. Cuando Zapatero tiene un problema, quien acaba sufriendo las consecuencias en forma de división interna es el PP. La dirección va por un lado y los barones regionales por otro. Esperanza Aguirre, que ya ha decidido hacer la guerra por su cuenta, respaldará un sistema que, según Rajoy, supone un paso más en la destrucción del Estado. Bien mirado, lo del elefante resulta más lógico.

© Mundinteractivos, S.A.

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De espaldas al Parlamento, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 2 enero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

¿Para qué sirve el Parlamento? Esta es hoy una pregunta obligada en España. Para qué sirve nuestro Parlamento. La segunda cámara, el Senado, llamada en otros sistemas Cámara Alta y, para nosotros, más baja que ninguna, es prácticamente inútil, pues sus retoques a las leyes que elabora el Congreso de los Diputados son ritualmente corregidos por éste poco después. El trayecto legislativo de ida y vuelta podría ser evitado, pues no produce otro efecto que la pérdida de tiempo y el dispendio de los sueldos de los señores senadores. Se ha visto con el proyecto de Presupuestos Generales, vetado en el Senado y liberado de tal corsé protocolario en el Congreso, en un espectáculo ritual parecido al de otras democracias, pero sólo parecido porque en ellas sí provoca consecuencias.

La otra cámara, el Congreso, está doblegada por el Po-der Ejecutivo, que la evita cuando le interesa, como ocurre estos días con la negociación que el presidente del Gobierno realiza con las comunidades autónomas. Tal negocio tiene todas las trazas de un ejercicio no democrático. Se celebra a espaldas del Parlamento y se hace en la más impenetrable oscuridad.

Busquen ustedes algún asunto más importante para el Parlamento, tras la Ley de Presupuestos, que vaya a hipotecar las cuentas públicas del Estado y las particulares de cada español (mediante el incremento de impuestos que va a tener que soportar). Yo no encuentro ninguno, y sin embargo el trato con las autonomías se hace en ausencia ostensible del Parlamento, sede de la soberanía nacional.

Evitado el Parlamento, del que todo ha de ser conocido, el Palacio de La Moncloa ofrece la cobertura suficiente para maniobrar sin testigos. A estas alturas no conocemos los detalles de unos arreglos de interés general que afectan a las cuentas del Estado, en los cuales, al margen de los ritos y condiciones que exige la democracia, el presidente del Gobierno hace y deshace con los presidentes autonómicos lo que a él le place, con la sola limitación de satisfacer a sus interlocutores, que es uno de los grandes talentos políticos de Rodríguez Zapatero. Esto es un escándalo que afecta de lleno al funcionamiento del sistema.

Teóricos de la Ciencia Política vienen advirtiendo la deriva del sistema español hacia el presidencialismo. Tenemos un Parlamento con más formalidades que eficacia y un jefe de Gobierno que toma más decisiones de las que deberían con-cernirle. Aunque es un detalle menor en este contexto de grandes menoscabos, no deja de ser significativo que el presidente se deje llamar, y hasta llegue él a llamarse, «presidente de España».

De hecho, todo el sistema está dominado por el Poder Ejecutivo. Por un lado, se enseñorea sobre el Legislativo, al que impone las leyes que ha de aprobar y donde sólo padece algunas preguntas de la oposición, de las que suele deshacerse con el recurso al «y tú más» (lo que debe de remover en sus tumbas a los padres del parlamentarismo). Por otro lado, se impone sobre el Judicial, cuyo Consejo rector acaba dominando mediante la consigna directa de nombres (contra el espíritu de la Constitución).

Lo de estos días, con un presidente decidiendo por su cuenta, y seguramente hipotecando al Estado mientras el Parlamento está ausente, recuerda a lo que hacían los soberanos de las monarquías absolutas. Nuestro sistema político no quiere eso; busca precisamente todo lo contrario. Es evidente que está sufriendo un abuso. Y el principal autor del atropello es el presidente del Gobierno.

© Mundinteractivos, S.A.

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Necesitamos nuevos dirigentes que no estén contaminados por la orgía especulativa que vivimos hasta ahora, de Juan Vega en su Blog

Posted in Asturias, Economía, Política by reggio on 2 enero, 2009

España, espejo roto en pedazos

Severino García Vigón, representante del sindicato de empresarios de Asturias, acaba de decir, con muy buen criterio, a cuenta de la propuesta de reparto de la Financiación Autonómica presentada por Pedro Solbes antes de terminar el 2008, que teme que “se acentúen las diferencias entre comunidades ricas y pobres”, para añadir, con una visión un poco mezquina, que “eso sería perjudicial para Asturias”. Y digo esto, no porque no sea cierto lo que dice García Vigón, que lo es y mucho, pero solo parcialmente, porque tal y como están las cosas, aquí ya no se pueden analizar los nuevos escenarios que abre la repentina y lógica aplicación de lo establecido en el Estatuto de Cataluña, desde la visión provinciana de la miseria que este nuevo giro de la tuerca confederal va a producir en las regiones de economía más deteriorada, y por lo tanto, las que menos pujanza demográfica presentan, porque evidentemente, las soluciones pasan ya por plantear una nueva política nacional.

Parece mentira que aún no se vea, y como consecuencia no se diga, que estas decisiones conducen a la ruina a toda España, y no sólo a las ahora llamadas “comunidades pobres”.

Donde hay menos actividad, habrá cada vez menos actividad. Así de sencillo. Así de brutal. Los ciudadanos de los territorios deprimidos tendrán que emigrar o aceptar una misera creciente, pues el despoblamiento provocará más miseria y menos posibilidades económicas de combatirla. Y la ruina se extenderá pronto al conjunto del país, porque el clima se va a deteriorar para todos. ¿Alguien se cree que esto no va a tener consecuencias globales?

Lo que está sucediendo era de esperar. Todos los que no somos tontos de remate, sabíamos que los dirigentes catalanes iban a imponer su ley -la Ley del Estatuto de Autonomía de Cataluña aprobada en el Congreso de los Diputados-, tarde o temprano. Ignoro por qué, algunos esperaban que el Tribunal Constitucional evitase esta tragedia, como si el poder judicial fuese aquí el encargado de deshacer los entuertos de los políticos. ¡Qué payasada!

La nación es una idea moderna que no admite muchas discusiones en cuanto a su realidad más palpable, puesto que al final no es otra cosa que la materialización de otra idea, la de fraternidad, en un determinado pueblo, al que no le basta con intentar plasmar los valores de libertad e igualdad como principios, sino que además, para crecer y desarrollarse, precisa de otro valor superior, que es el que ahora estúpidamente denominamos solidaridad, en terminología religiosa -quizás para desnaturalizarlo-, para sustituir ese revolucionario concepto, que implica una cohesión superior: en definitiva, una relación fraternal entre ciudadanos de un mismo país, que se ayudan unos a otros, mediante los instrumentos institucionales del Estado.

Severino García Vigón, es un perfecto representante del gremio de los empresarios, que ve las cosas al revés de como las ven sus homólogos catalanes o vascos, simplemente porque es asturiano, y no catalán ni vasco. Poco pueden aportar hoy los empresarios españoles, como los políticos o los sindicalistas, cuando un asturiano, un vasco o un catalán, pertenecientes a esos grupos de “gerentes” de la vida pública, piensan en el estado como algo de donde sacar la mayor cantidad de fondos para su propio tinglado, a costa del resto, sin conceder ya la menor oportunidad a la nación para desarrollarse como conjunto, en una terrible etapa de crisis como la que se avecina. Cada uno ve el panorama desde la estrecha perspectiva de su campanario. Y se acabó.

Este carnaval en que se convirtió el proceso confederal español, era soportable en una etapa en la que valía todo, porque el dinero fácil fluía como un milagro del Nuevo Testamento. El crédito generalizado, en un país de pícaros, dio lugar a un juego masivo de espejos y espejismos, que acabó con buena parte de la industria del país.

Todo el que tenía poder o acceso al crédito jugaba con los espejos y alimentaba el engaño colectivo, el dinero afluía a los ayuntamientos, las comunidades autónomas y al gobierno del Estado, porque el endeudamiento general permitía pagar enormes cantidades en impuestos que se drenaban del proceso del crédito, y su aplicación al espejismo generalizado de la especulación que multiplicaba las falsas imágenes. Y encima había fondos europeos en los que meter la cuchara, en escandalosas operaciones como la de la construcción del Puerto del Musel, cuya atroz gestión debería ser desnudada ante toda España, en una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados.

La mejor metafora de la España de hoy es un montón de espejos hechos añicos, con los trozos repartidos por todo el país, que nos devuelven la imagen deforme y fragmentada de todos esos grupos dirigentes que, como los demás, se cubrieron personalmente las espaldas llenando sus cuentas en los paraísos fiscales con las maletas que salían en procesión de las instituciones que alimentaron el proceso con recalificaciones, exenciones fiscales y medidas legislativas que impulsaron el tabicado general; una torre de ladrillos que provoca una cascada de quiebras que no hizo otra cosa que empezar.

¿Y ahora qué? El endeudamiento es brutal, el credito nulo, la construcción se acabó, los fondos europeos pasaron a mejor vida, el paro se dispara, y aquí nadie habla de controlar el gasto de los diecisiete cacicatos autonómicos -que tienen la justicia transferida en sus manos-, de sus economías ineficaces, de sus administraciones corrompidas hasta la médula, en las que no hay concursos públicos, y en donde todo se adjudica a los empresarios de cámara -que con sus maletas arreglan la jubilación de sus amigos de la política-, con bajas temerarias que luego se cubren con modificados, y mientras esto sucede, lo único que se debate es cómo crear más déficit público, más endeudamiento, para que unas autonomías de pandereta sigan incrementando su abismal pufo, oculto en un sinfín de sociedades anónimas con cuentas opacas, para poder seguir contratando más obra pública, que nos permita tirar otra temporada más con la fiesta, hasta que una gran catarsis ponga el país al borde del abismo del enfrentamiento civil.

Alguien va a tener que reivindicar aquí la fraternidad entre españoles en el camino del desmantelamiento autonómico, desde algún tipo de reacción cívica, antes de que sea demasiado tarde, y el camino sea otro. Se trata de rechazar la aberrante pretensión de que cada comunidad autónoma -es decir, los caciques que controlan cada partitocracia autonómica- se quede con los ingresos que se generan en su territorio, con la generalización de la España foral, medieval, premoderna y  feudal, que terminará por llevarnos a todos a la ruina. Necesitamos nuevos dirigentes, no contaminados por la orgía anterior, que puedan afrontar esta dura etapa que se avecina.

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La deuda exterior de España crece en 144.000 millones de euros en sólo un año y ya alcanza los 1,68 billones, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 2 enero, 2009

Ya no hay ninguna duda. La crisis crediticia internacional le ha pillado a España con el pie cambiado. En el peor momento. Los mercados de dinero -en particular el interbancario- están secos por falta de liquidez, pero la deuda externa del país no para de crecer. Hasta el punto de que, según los últimos datos que obran en poder del Banco de España, supera por primera vez el umbral de los 1,68 billones de euros. Es decir, el 160% del Producto Interior Bruto. Y lo que es todavía más relevante: lejos de disminuir continua creciendo de forma acelerada. En los últimos doce meses (tercer trimestre de 2008 sobre el mismo periodo del año anterior) ha crecido en nada menos que en 144.048 millones de euros.

En términos relativos, se trata del porcentaje más alto jamás alcanzado por la economía española, y para hacerse una idea de lo que representa su evolución hay que tener en cuenta que hace apenas cuatro años (en el cuarto trimestre de 2004) el endeudamiento exterior equivalía a 906.924 millones de euros, lo que supone un increíble incremento de 778.703 millones en apenas cuatro años en términos absolutos.

La deuda externa de un país, tal como la define el Fondo Monetario Internacional (FMI), comprende los saldos de todos los pasivos frente a no residentes que dar lugar a pagos por amortización, por intereses o por ambos conceptos. Incluye, por lo tanto, todos los instrumentos financieros, excepto las participaciones en el capital y los derivados financieros, ya que estos instrumentos no suponen, necesariamente, la realización de pagos. La deuda viene a significar, por lo tanto, el saldo vivo de los préstamos pendientes de pago (tanto a corto como a largo plazo), y que anualmente se reflejan en el déficit de la balanza de pagos, que tan sólo en 2007 aumentó hasta representar el 10% del PIB. Es decir, 106.201 millones de euros.

Año tras año, la bola de nieve ha ido creciendo hasta alcanzar esos 1,68 billones de euros. Dicho en términos más directos, la deuda externa refleja la diferencia entre lo que un país produce y lo que necesita financiar para mantener su nivel de desarrollo. Es decir, este país ahorra anualmente alrededor del 20% del PIB, pero invierte algo más del 30%, lo que da lugar a ese desequilibrio.

El Banco Central presenta los datos de deuda exterior en términos brutos, pero si se descuenta lo que a España le adeudan (ya que también es una nación acreedora) el resultado es, igualmente, preocupante. Según los datos oficiales, el saldo entre los activos y los pasivos se sitúa en 818.127 millones de euros, cifra jamás alcanzada por la economía española. Este es, realmente, el dinero que España debe devolver a sus acreedores (más los intereses correspondientes) en los plazos convenidos, lo que explica las crecientes dificultades de los agentes económicos para captar ahorro en un contexto de restricción del crédito. Los activos de España frente al exterior, según las cifras del Banco de España, equivalían al finalizar el tercer trimestre de este año a 867.500 millones, el doble que hace cuatro años, lo que refleja la apuesta inversora española en el exterior.

Restricción del crédito

En cualquier caso, la el saldo entre pasivos y activos es extraordinariamente elevado teniendo en cuenta que hace apenas doce meses ascendía a 741,400 millones de euros, lo que significa que en solo un año los números rojos han crecido en 77.120 millones de euros. O lo que es lo mismo, cerca del 8% del Producto Interior Bruto, Y todo ello en un contexto de restricción del crédito, lo que pone de manifiesto las elevadas necesidades de financiación que tiene la economía española para seguir funcionando. De hecho, si se exceptúan las operaciones del Banco de España, la posición de inversión internacional de España supera ya los 925.000 millones de euros, lo que explica que las entidades financieras acudan cada vez con mayor asiduidad al Banco Central Europeo (BCE) con el fin de obtener liquidez.

De la deuda exterior de España, poco más del 12% -unos 214.000 millones de euros- corresponde a las Administraciones Públicas, pero con una evolución creciente como consecuencia del deterioro del saldo presupuestario. El resto se localiza en el sector privado, principalmente en depósitos a corto plazo (400.061 millones de euros). En depósitos a largo plazo, el endeudamiento asciende a 112.778 millones de euros.

En un contexto de liquidez y teniendo en cuenta que España forma parte de una unión monetaria, la existencia de un elevado endeudamiento exterior no es un problema importante a corto plazo, salvo que las circunstancias cambien, como ocurre actualmente, en que el crédito está racionado, lo que provoca estrangulamientos financieros y limita el crecimiento económico por falta de dinero. Y como consecuencia de ello, se deteriora la solvencia de España en los mercados financieros, como lo demuestra el imparable aumento del diferencial con Alemania, que roza ya los 90 puntos básicos, cuando hace apenas un año era de prácticamente cero.

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El IRPF se regionaliza: un paso más en el desmantelamiento de su eficacia, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 2 enero, 2009

Un veterano dirigente empresarial decía hace algún tiempo que no hay negociación sin liturgia. Se refería a que antes de cada proceso negociador los implicados ponen siempre pie en pared, al menos de cara a la galería, y declaran a los cuatro vientos que no cederán un ápice en sus planteamientos. Lo dicen de forma solemne, como si se tratara de una verdad revelada. Pero pasado un tiempo prudencial, sin embargo, los buenos principios se diluyen. Hasta el punto de que en la mayoría de los casos se puede aplicar aquel viejo aforismo que se atribuye a Groucho Marx, que solía decir sus interlocutores: “Si no le gustan mis principios, no se preocupe, tengo otros”.

A la financiación autonómica le sucede algo parecido. Desde que el vicepresidente Solbes lanzó oficialmente el debate allá por el mes de julio, todo han sido declaraciones grandilocuentes, pero ni una cifra que llevarse a la boca. Todo apuntaba a que antes de acabar el año, los ciudadanos conocerían la propuesta del Gobierno, pero hete aquí que llega 2009 y continúa sin conocerse ni una mísera cifra, que en última instancia es lo que preocupa a los contribuyentes. Mucha filosofía y mucha farfolla que sólo abunda en lugares comunes (garantía de suficiencia global o mayor equidad del sistema), pero a la vista del documento presentando ayer por el Gobierno a las comunidades autónomas es imposible conocer la repuesta a tres preguntas clave: ¿Cuánto costará el nuevo sistema (es absurdo hablar de nuevo modelo); ¿a quién beneficiará más? y, sobre todo, ¿hacia dónde se dirige un país que cada cinco años ve empequeñecer la figura de la Administración central del Estado a favor de las comunidades autónomas?

Vaya por delante que uno de los mejores inventos que ha alumbrado España en 31 años de democracia tiene que ver con la existencia de administraciones periféricas que acercan la acción del gobierno a los ciudadanos en sus diferentes ámbitos (local o autonómico). Esas buenas  intenciones se plasmaron de una forma un tanto incoherente -el espadón militar estaba ahí- en la Constitución de 1978, pero el Título VIII sirvió para que el proceso autonómico echara a andar. Y no hay ninguna duda de que este país ha dado un gran salto adelante en las tres últimas décadas en todos los órdenes. Gracias, entre otras cosas, a la descentralización territorial del gasto público.

Un modelo agotado

Ese modelo, sin embargo, parece agotado y no da más de sí en sus actuales términos, dado que está generando todo tipo de duplicidades e ineficiencias del gasto público. De ahí que sea necesario un nuevo modelo de financiación que vaya mucho más allá que un simple reparto de dinero por parte del ministro de Economía de turno de forma más o menos arbitraria, y que se distribuyen en franca camaradería las regiones. Uu dinero que, por cierto, no tiene la Administración central, por lo que será financiado vía endeudamiento, lo cual es un auténtico disparate. Las pymes y las familias no disponen de recursos suficientes para financiar sus necesidades, mientras que las administraciones saturan los mercados internacionales de crédito en busca de liquidez. Todo un ejemplo de solidaridad. Eso significa, además, que los miles de millones de euros que cueste el nuevo sistema -destinado a financiar gasto corriente- no se va pagar subiendo los impuestos o reduciendo el gasto público, como sería lo razonable, sino que la próxima generación tendrá que hacer frente a esas deudas. Otro ejemplo de solidaridad intergeneracional.

Lo peor, sin embargo, es que el nuevo sistema avanza un poco más en el desmantelamiento de la imposición directa como eje vertebrador del Estado en materia fiscal. En lugar de caminar hacia la creación de tributos autonómicos, se da otra dentellada al Impuesto sobre la Renta. No sólo se amplía la cesión del IRPF hasta el 50%, sino que, sobre todo, el impuesto queda deshilachado al aumentar la capacidad normativa de las regiones en asuntos tan capitales como el mínimo personal o familiar, la política de deducciones en cuota o la modulación de escalas de gravamen en función de lo que dictamine cada parlamento regional. Poniendo en serio peligro, además, la unidad del mercado en materia fiscal.

Redistribución de la renta

Es decir, que en lugar de conservar un instrumento eficaz para la redistribución de la renta y el bienestar en el conjunto del país, se opta por su territorialización, lo cual deja al Estado inerme para afrontar determinadas decisiones de política económica. Máxime si se tiene en cuenta que se trata de un impuesto con enorme potencia recaudatoria.

Parecería más razonable la existencia de impuestos estrictamente autonómicos complementados con aportaciones del Estado para asegurar una calidad homogénea de los servicios públicos esenciales, lo cual tendría una doble ventaja. En primer lugar, esa imposición autonómica sería más transparente y, por lo tanto, más ‘visible’ para los ciudadanos. Como consecuencia de ello, los políticos locales estarían en la obligación de dar la cara ante sus electores sobre el nivel de presión fiscal que se aplica a cada territorio. Lo que sucede ahora es que los ‘barones’ regionales –de todos los signos políticos- se escudan tras la silueta de madrid para ocultar sus vergüenzas. Acusando a los gestores del Estado de ser inclementes con las demandas sociales.

En lugar de explorar esta vía, el Gobierno ha optado por dar a luz un complejo sistema de financiación que crea diversos fondos a la medida del consumidor. Las regiones ricas (‘más dinámicas’, según la terminología políticamente correcta) tendrán el llamado Fondo de Competitividad; mientras que las pobres (ahora se llaman las de menor riqueza relativa) tendrán acceso a un Fondo de Cooperación, a los que hay que sumar el actual Fondo de Suficiencia y el Fondo de Compensación Interterritorial.

Como se ve, el documento presentado ayer es un prodigio de equidistancia regional, pero continúa sin resolver el problema de fondo: la inexistencia de un modelo definitivo capaz de actualizar sus variables básicas de forma automática y no cada cinco años. Y que, al mismo tiempo, sea capaz de establecer el principio de quien gasta es responsable de los ingresos, lo que ayudaría a acabar con muchos de los despilfarros actuales. Es decir, algo parecido a un Estado federal.

No estará de más recordar que el modelo actual (que se ha ido actualizando a golpe de presión autonómica) apenas ha servido para acercar los niveles de renta entre regiones, lo cual dice muy poco de su eficacia. Las siete regiones que en 1995 tenían un pib per cápita superior a la media (Aragón, Baleares, Cataluña, Madrid, Navarra, País Vasco y La Rioja) continúan en esa misma posición doce años después, según los datos de la Contabilidad Regional. Por el contrario, las más pobres siguen ahí. En el pozo.

Pese a los ingentes recursos que han llegado de la UE y del Estado en los últimos años, Andalucía ha recortado apenas 3,5 puntos en más de una década respecto de la media ( el 74,8% ha pasado al 78,3%); Extremadura se ha acercado en 4,6 puntos (del 64,1% al 68,7%) y Castilla La Mancha no sólo no ha mejorado, sino que se ha alejado de la media. De una riqueza relativa equivalente al 82,1% en 1995, ha retrocedido hasta el 79,3%, lo que dice muy poco a favor de los diferentes sistemas de financiación que cacarean cada cinco años tópicos como la garantía de financiación de los servicios básicos o la suficiencia del sistema.

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El Estado no aguanta, de José Antonio Zarzalejos en Estrella Digital

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 2 enero, 2009

El Gobierno está comprometiendo al Estado en un esfuerzo financiero extraordinario y sumamente arriesgado. El años 2009 que acaba de comenzar con los habituales incrementos de precios de servicios y suministros, será el ejercicio con más déficit de la reciente historia luego del esfuerzo hercúleo por reducirlo para acomodarnos a los criterios del euro en la UE. Ahora, y por si fuera poco, el llamado ¿modelo? de financiación autonómica, cuyas cifras se reserva Solbes hasta ¿el último momento?, implica una cesión de mayores tramos de impuestos a las comunidades autónomas (IRPF, IVA, impuestos especiales) y la constitución de fondos de convergencia para compensar a las comunidades menos dinámicas dotadas con fondos igualmente estatales.

Así, el Estado tendrá una capacidad de gasto directo menor que antes (acaso no llegue ya al 50%) y una presencia menor como gestor en todas las autonomías. Si, además, tenemos en cuenta que el Ejecutivo ha asumido graves y grandes obligaciones con el sistema financiero para que se recupere el crédito y la liquidez, es posible que, caso de que las peores perspectivas económicas se cumplan, el Estado entre en una suerte de colapso.

El discurso político gubernamental está siendo irresponsable porque se basa en satisfacer las exigencias de todos los sectores ¿sindicatos, bancos, autonomías? jugando con una variable cada vez más improbable: una posible recuperación en el segundo semestre del año. Esta táctica se corresponde con el estilo de Rodríguez Zapatero que suele jugar más de lo conveniente con un aventurado cálculo de probabilidades. Le ocurrió con el ¿proceso de paz? con la banda terrorista ETA, le sucedió con elusión de la crisis económica y puede acontecerle también ahora. Y si así ocurre y el Estado queda estrangulado en sus finanzas, sin margen de maniobra, con la gestión arrebatada por las autonomías, habrá conseguido mutar la naturaleza constitucional de nuestro sistema ¿Estado unitario y autonómico? para convertirlo en la práctica en confederal y, en consecuencia, con competencias cada vez más residuales y menor eficacia de intervención.

La crisis no se soluciona con un reparto pródigo de recursos, sino con políticas solidas de reformas, austeridad, inversión, todo ello, bien contralado y con transparencia. El Ejecutivo estaba antes de fin de año dando muestras de falta de ideas claras al respecto. Pero el modelo de financiación autonómica conocido antes de las doce campanadas en la Puerta del Sol y que sustituirá al vigente de 2008 puede hacer saltar las finanzas de la Administración Central y propiciar que el Estado no aguante el esfuerzo. Si así sucede, y puede suceder, con la izquierda de IU y CC OO al acecho, la legislatura quedará ahogada y habrá que acudir a las urnas en condiciones dramáticas. Veremos.

Hacia adelante, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 2 enero, 2009

Los cuerpos están habituados a moverse, a trasladarse de un sitio a otro, a consumir energía, a inquietarse, a gastarse. Las almas tienden a la quietud, a la estabilidad, a la permanencia en el estado de la primera conciencia de sí mismas, al ahorro de pensamientos nuevos, a conservarse. Los cuerpos agonizan, en los estadios, los límites de su potencia. Las almas manifiestan, en sociedad, la íntima complacencia en ser como son, el conformismo de sus facultades para no desear otros modos de vida superior. La resistencia de la materia a ser transformada es menor que la inflexibilidad del espíritu a ser inclinado hacia su mejor estar en nuevas situaciones. Es el drama de la libertad colectiva, la política. Pocos sienten la necesidad espiritual de su realización, porque pocos saben que la libertad es la libertad de los otros.

En todos los tiempos y lugares han surgido espíritus innovadores. Minorías indomables sacaron a su congéneres de las cavernas y los llevaron, con el dominio de la materia por la ciencia y la técnica, a otros modos civilizados de vivir la vida colectiva, y a contemplarse como seres capaces de superar rudimentarias formas de existencia. Sin embargo, el progreso material, el avance en la conquista de la Naturaleza, resultó ser bastante más fácil que el progreso moral, el avance en la conquista de la libertad política. Sería raro encontrar hoy algún espíritu selecto que defienda la utilidad social de la esclavitud. Tan raro como encontrar pensadores de la libertad en Europa que condenen, moral y políticamente, la servidumbre voluntaria en que se basa el Estado de Partidos. Un servilismo del alma colectiva que indignó a La Boétie, bajo el absolutismo monárquico, y que todavía sigue indignando a los escasos defensores de la libertad política de los gobernados, contra el consenso mayoritario que acepta, como si fuera normal, el privilegio estatal otorgado a los partidos para detentarla en exclusiva.

No se trata tanto de acabar con la corrupción implicada en todas las formas de sinarquía -la oligocracia del Estado de Partidos es la más cerrada-, ni de buscar fórmulas políticas que fomenten el esfuerzo colectivo para superar la crisis económica y la quiebra de la conciencia nacional, como de acceder a la dignidad de la vida en común, mediante la participación en la conquista de la libertad política. Ese afán de dignidad personal y colectiva, ese ánimo de progreso moral, define la última esencia de lo humano. Un espíritu de conquista de la libertad, frente al dominante espíritu de comercio y lucro incorporado a la Monarquía de Partidos, ilumina y guía la voluntad de todos los que levantan aquí, a diario, sin esperar recompensas materiales ni necesitar estímulos externos, el valiente, noble y brillante estandarte de la República Constitucional. En esa única bandera común hay una consigna escrita con letras de oro: Hacia Adelante. La cumpliremos.

Regreso al País Vasco, de Antonio Alvarez-Solís, en Gara

Posted in Derechos, Libertades, Política by reggio on 2 enero, 2009

Aunque comienza su artículo calificando de «referencia obligatoria» el Euskobarómetro, el autor no tarda en dejar bien claro que desconfía profundamente de esta herramienta estadística, aunque le sirve como punto de partida para realizar un análisis político de proyección. De ese análisis se desprende una conclusión: el nacionalismo sólo tendrá futuro si se dirige hacia la soberanía y si por ese camino transitan en igualdad quienes hoy «andan a trancas y barrancas entre la libertad escasa y la represión abundante».

Siempre repaso con mucho cuidado el Euskobarómetro que dirige el Sr. Llera. Unas veces acierta y otras no, pero siempre constituye una referencia obligatoria para cavilar sobre la política en Euskadi. El profesor Llera es el equivalente en el País Vasco a lo que significa Victoria Prego para el análisis de la transición española. Las noticias de la Sra. Prego sobre la transición siempre resultan desconcertantes para los que vivimos aquella época sumergidos hasta el cuello en la política de entonces. He de decir de entrada que entre la transición que relata la Sra. Prego y la transición a la que dediqué muchas páginas desde sus primeros momentos existen unas diferencias que me han obligado a dudar profundamente de mí mismo. No acierto a averiguar por qué pasó aquello que no pasó. Lo más seguro es que la Sra. Prego y yo no vivamos en el mismo país. Puede ser. A los ochenta años lo único seguro es la duda. Me sucede lo mismo con el Euskobarómetro. Los entrevistados por el equipo del Sr. Llera son unos vascos que yo no tropiezo casi nunca, quizá porque paseo poco la margen izquierda dadas mis dificultades para caminar. La margen izquierda mantiene fidelidades que deben ser residuos de la metalurgia. En cualquier caso, y a juzgar por las elecciones, abunda en vascos con vistas al sur.

En el último Euskobarómetro los consultados por este fino instrumento estadístico manifiestan cosas que inclinan a considerar que existe en estas fechas un empate técnico electoral entre el PSE y el PNV, pero a continuación esos mismos consultados hacen pública su preferencia por los jeltzales en un 33% mientras la preferencia hacia los socialistas no rebasan el 20%. Quizá yo no sepa leer estadísticas y la esté leyendo mal, pero si es así el Euskobarómetro debería acompañarse con un folleto de instrucciones para su interpretación.

Los vascos con los que hablo habitualmente, también en un trabajo de campo apreciable, son unos vascos distintos. Muchos de ellos siguen al PNV, pero manifiestan una decidida inclinación por el Sr. Ibarretxe frente al Sr. Urkullu. Yo no sé si esto conviene decirlo, ya que el periodismo está difícil de nómina, pero quizá ha influido mucho en mí «La guía de perplejos» de Benjamín. Maimónides, que en su tiempo tuvo casi la misma aceptación que tienen hoy las obras de Toti Martínez de Lecea. Verdaderamente estoy perplejo. Uno de los datos del Euskobarómetro dice que la izquierda abertzale ilegalizada cuenta con una intención de voto del 7%, más o menos, es decir, que la votarían cien mil ciudadanos. Yo no sé si este dato lo ha extraído el Sr. Llera mediante complicadas ecuaciones o asomándose a la ventana. A mi me salen más vascos abertzales de izquierda, pero con sólo cien mil sufragios lograrían unos siete diputados, lo que cambiaría mucho las cosas, ya que en la Cámara vasca basta contar con 38 sufragios para tener la mayoría absoluta. Esto es lo que leo en los papeles. También es verdad que hay papeles y papeles. Acabo de enterarme, con mucha intriga, que la directora general de Prisiones, Sra. Gallizo, ha ordenado vigilar especialmente a los presos musulmanes que lean GARA.

Lo que ya me parece encaje de bolillos es que el Sr. López vaya a obtener tantos votos según la encuesta cuando los consultados han mostrado su simpatía por el Sr. Ibarretxe en un 50%, mientras al líder del PSE lo ven con ternura únicamente el 23% de los consultados que, sin embargo, creen, en un 47%, que ha llegado el momento de cambiar de lehendakari. Como sé que te gusta el arroz con leche debajo la puerta te meto un ladrillo. Insisto en que la encuesta necesita una especialización previa para ser leída correctamente.

Al margen del Euskobarómetro en sí lo que me ha llamado más la atención es que la Sra. Cospedal, secretaria general del PP, ha dicho que su partido «hará todo lo posible para que no haya un gobierno nacionalista en el País Vasco», que es como lo designan no sólo los «populares» sino los socialistas que hablan con Madrid todos los días. Sería fenomenal que sucediese algo así, ya que se habría acabado la cuestión vasca por unos veinte años, un tiempo, sin embargo, muy inferior al de la anterior dictadura. Pero esto de que Euskadi, y no digamos ya Euskal Herria, pueda ser de nuevo el País Vasco, mediante el concurso de «los populares» o de los peneuvistas calzados, no me cuadra tampoco con lo que escucho en la calle o en otros diversos ámbitos. Insisto en que quizá yo hablo con gente muy clandestina en cuanto a sus opiniones.

La cuestión es que en las próximas elecciones se decidirá si los vascos quieren ser vascos de Euskadi o vascos de Madrid, como eran, sin ir más lejos, los caballeros que crearon el TALGO y muchas otras cosas. El TALGO fue un regalo vasco a Franco; en cierto modo, y de cara a la calle española, un gesto de adhesión al Régimen que le sirvió a Franco para preparar el futuro, como también contribuyeron a ese futuro Lola Flores y Manolo Caracol, que eran algo parecido, por su capacidad de caja, a lo que se pretendió vanamente que dieran de sí «Manufacturas Metálicas Madrileñas». Los vascos que han llevado su trainera al estanque del Retiro tuvieron mucho brillo en aquellos tiempos y aún lo conservan hoy, aunque ahora con un evidente temor a dar bien el salto entre Pinto y Valdemoro.

Conste que con mis pobres medios de investigación he llegado a concluir, con unas altas posibilidades de certeza, que la mayoría de vascos desean ser solamente vascos de Euskadi, incluso en la izquierda real, que es la izquierda abertzale con sus posibles aliados, como los comunistas también vascos. Esto no me sorprende nada, ya que los vascos-vascos han tenido siempre presente la dominación que ha sufrido secularmente Euskadi, entendiendo por Euskadi, como es sabido, la actual parte institucional de Euskal Herria. Me sorprendería mucho, por tanto, que en las próximas elecciones no se atajase el paso a la lehendakaritza de los partidos vehiculares de la españolidad. Como también me sorprendería que en el seno del PNV no se aclararan las aguas. El nacionalismo vasco creo que solamente puede funcionar con futuro si su carta de navegar señala a dos destinos: la consecución de la soberanía y la reintegración a la escena política electoral de todos esos vascos que hoy andan a trancas y barrancas entre la libertad escasa y la represión abundante. Un Euskadi que observe bien esa carta de navegación, creo yo, será un Euskadi perfectamente preparado para entrar en el concierto de los pueblos europeos. Más todavía: un Euskadi dueño de sí mismo estaría en correcta disposición para dialogar de modo efectivo con España. Porque España no necesita andar con la piedra del País Vasco en el zapato. Basta con que acepte la igualdad de ambas naciones y abra así las correspondientes vías de comunicación. Ser vasco de Madrid jamás resolverá el problema.

Claro que estas cosas las digo de oído. Si yo tuviera un Euskobarómetro podría afirmarlas con cierta rotundidad. Bastaría hacer las preguntas de manera tal que las respuestas no estuvieran incluidas en las preguntas. Este mecanismo de predeterminación abunda en el periodismo actual. Los entrevistadores que salen a la calle no salen para saber sino para cazar. Supongo que alguien les habrá facilitado la escopeta dialéctica. Es una pena que el Euskobarómetro me lleve a esta reflexión general, tan negativa. En cualquier caso uno sabe que el propio pensamiento depende de la propia reflexión. Menos mal.

Antonio Alvarez-Solís, periodista.

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