Reggio’s Weblog

Un discurso preocupante, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 26 diciembre, 2008

El discurso de Navidad del Rey Juan Carlos ha sido, más o menos, el mismo de siempre por estas fechas, con la sola novedad del aniversario de la Constitución, que propugna preservar, y alusiones a la crisis económica a la que, como dice el Gobierno, el monarca le atribuye solamente responsabilidad internacional. Lo demás, condena del terrorismo, buenas palabras para los que sufren, saludos a las Fuerzas Armadas, etcétera, es lo de siempre. Y esa reiteración de tópicos y falta de realismo, ante los muy graves problemas planteados, nos produce preocupación. Por ejemplo, mucho más realista y en consecuencia pesimista ha sido el discurso del Papa Benedicto XVI.

Porque la diferencia sustancial entre estas Navidades y otras anteriores está, precisamente, en los daños irreparables que el Gobierno de Zapatero está causando a la Constitución mediante hechos consumados irreparables y con su reforma encubierta a través de los Estatutos de Autonomía, tal y como ocurre con el catalán. Y por supuesto en el gravísimo deterioro del ámbito económico y social español, mucho más grave que el de las otras naciones europeas de nuestro entorno por las gigantescas cifras del paro, la ausencia de alternativa industrial y tecnológica al mundo de la construcción y por el alto endeudamiento del Estado y de las empresas y entidades financieras.

Y de todo esto no tienen la culpa exclusiva las hipotecas subprime y la crisis financiera que emana de Nueva York, sino también y de una manera muy especial el Gobierno de Zapatero, que negó la crisis y llegó tarde y mal a la hora de adoptar medidas para frenarla, y que está integrado por unos ministros que, como el propio presidente, carecen de la competencia y de la credibilidad necesaria para abordar el problema, lo que produce inquietud más que confianza.

Ya sabemos que las funciones constitucionales del monarca le impiden dar pasos por el laberinto de la política nacional, pero hay manera de decir las cosas -antes de que sea demasiado tarde- y de poner el dedo en las llagas para alertar a gobernantes y ciudadanos sobre lo que ocurre y sobre lo que está por llegar. Y el Rey en su mensaje de Navidad desperdició una buena oportunidad -por ejemplo, para hablar de la lamentable situación judicial- y se dejó llevar por los tópicos de siempre, sobre la unidad y la hermandad de la Navidad.

Y no sólo eso, el compromiso del monarca, por acción u omisión, lo fue en lo esencial de su discurso con el Gobierno de Zapatero, que posiblemente sea el peor de la transición, de la misma manera que tenemos en el PP y en el resto de partidos políticos -nacionalistas e IU incluidos- la peor clase de políticos que nunca tuvo este país en los últimos treinta años, que ahora se festejan con tanta autocomplacencia, sin la menor autocrítica y sin que en el horizonte nacional nadie ofrezca un proyecto de presente y de futuro. De ahí que la complicidad del monarca con la situación, lejos de tranquilizar o de crear expectativas de confianza, pudo haber dejado tras de sí una nueva y larga estela de preocupación.

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Urge la reforma de la Constitución, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Derechos, Política by reggio on 8 diciembre, 2008

Es tiempo de plantear una reforma democrática de la Constitución, con un periodo constituyente, como el que no tuvimos en 1978, y un claro objetivo de representatividad democrática electoral, separación de los poderes del Estado y libertad política y de información, todo lo que hoy no tenemos y en cuya ausencia están las causas del deterioro y agotamiento del régimen nacido de la Transición. Treinta años son demasiados para la Constitución española, que ahora celebra con nostalgia su cumpleaños en medio de una poderosa crisis económica y social que se extiende por todo el país como un río de lava incandescente, frente a la incapacidad y el desconcierto de dirigentes escasos de liderazgo (en el Gobierno y la oposición), y al tiempo que se reabren las viejas heridas de la Guerra Civil que traen el consecuente desgarro de la cohesión nacional, en un país donde los gobernantes niegan la identidad nacional y los opositores la utilizan como un arma arrojadiza contra sus adversarios.

Lo que no resulta sorprendente en esta clase política que vive de la política y no para la política, y que es hija predilecta de la “partitocracia” española, un extraño sistema político no democrático, ni representativo, que dio a luz un régimen que hoy, con la destrucción de la fábula del milagro económico español y su artificial modelo de crecimiento -del ladrillo, la especulación y el turista cincuenta millones-, se presenta exhausto y agotado en sí mismo una vez cumplió, con creces, su principal objetivo de paz y reconciliación nacional tras la muerte del dictador. Su mayor logro, que ahora, treinta años después, el Gobierno de Zapatero ha querido desmantelar con la Ley de la Memoria Histórica y el esperpéntico intento del juez Garzón de sentar en el banquillo el cadáver del dictador.

En este país en el que los jefes o aparatos de los partidos políticos son los que usurpan la soberanía nacional y hacen las listas de diputados y eligen los gobiernos que nombran jueces, fiscales y periodistas, para que “ni la madre que la parió” reconozca la separación de poderes de Montesquieu, como cínicamente lo reconoció Alfonso Guerra. En este país en el que los españoles no votan directamente ni al Jefe del Estado, ni al presidente del Gobierno, ni a los diputados, senadores, alcaldes o jefes autonómicos, y en el que los medios de comunicación están al servicio del Gobierno, a medias con los poderes económicos y financieros que los sustentan. Y donde las minorías nacionalistas están descaradamente favorecidas en la ley electoral.

En este país donde políticos y poderosos son casi tan “inviolables” como el Rey, e incluso suelen estar exentos de responsabilidad penal, para impedir que puedan ser “estigmatizados” -como se afirmó en el juicio de los GAL, en favor de Felipe González-, o simplemente juzgados como iguales ante la Ley, tal y como se ha visto e impedido en muy notables casos de políticos, banqueros y poderosos empresarios, socorridos por la abogacía del Estado y el fiscal. En este país donde no existe la asunción de responsabilidades políticas frente a los abusos y mentiras de los gobernantes, como las de la guerra de Iraq y los vuelos hacia Guantánamo -ahora al descubierto-, o los atentados del 11-M en los tiempos de Aznar, tras los que permaneció en su puesto, y luego fue ascendido a secretario general del PP por Rajoy, Ángel Acebes, mientras, por ejemplo, en la India acaba de dimitir el ministro del Interior tras los ataques terroristas de Bombay.

En este país donde la Iglesia católica mantiene intactos los privilegios del franquismo y donde está prohibido, y hasta perseguido, hablar y estudiar en español en Cataluña, País Vasco, Baleares y Galicia, Autonomías donde se esconde la bandera nacional, y donde el mal de la partitocracia actúa con especial virulencia por el férreo control del territorio y recorte de libertades que imponen sus señores feudales.

En este país donde el Parlamento se negó a investigar el golpe de Estado del 23-F, o el terrorismo de ETA y sus adláteres, o los crímenes de Estado de los GAL, las corrupciones de los partidos, PSOE, PP y CiU, entre otros. En este país donde, para colmo de la vergüenza nacional, las víctimas del terrorismo se tienen que marchar de sus viviendas y ciudades o permanecen humilladas por sus verdugos, con la anuencia de gobiernos de su entorno y la indecente complicidad del Ejecutivo nacional.

En este país, en definitiva, hace falta no ya una regeneración democrática y de las libertades de la que hablan sin desearla todos los partidos, sino una revolución democrática o reforma en profundidad de la Constitución que nos lleve de la agotada Transición (que sacrificó la ruptura democrática, en aras de un pacto con el franquismo para la reconciliación nacional) hacia la DEMOCRACIA, con mayúsculas, para poner fin al sistema partitocrático, y a la “mediocracia” que inunda la clase política nacional. Y dígase, si no: ¿cuántos y quiénes son al día de hoy los prestigiosos pensadores, escritores, científicos, médicos, economistas, juristas, arquitectos, expertos en nuevas tecnologías, filósofos, artistas, etcétera, que se sientan en el Gobierno o en los escaños del Congreso de los Diputados, o del inútil Senado? Nadie con sentido común, y menos aún con talento, experiencia y capacidad, acepta subirse al desprestigiado carro de la política, para ponerse a las órdenes de los aparatos de los partidos y de sus funcionarios de turno. Como Blanco o De Cospedal.

Y parece razonable que al margen de los años del despilfarro nacional y de las baladas de la cigarra al sol de la especulación y pelotazo, los sombríos gérmenes de la crisis financiera que se proyectan sobre este país encuentren en España un extenso caldo de cultivo que provocará daños muy superiores a los de otras naciones vecinas. Y no sólo por haber vivido en la burbuja y la ficción del milagro económico, sino porque todo esto creció en paralelo al pretendido milagro político de la Transición, que, cual caballo de Troya, llevaba en su panza: la carencia de instituciones y de unas reglas del juego democráticas, y la ausencia de obligados contrapoderes -ni el de la prensa existe-, eliminando las mínimas garantías de control. Ausencias notables que, de haber existido, nos habrían permitido reaccionar de manera eficaz y con más credibilidad frente a esta crisis económica que el Gobierno negó hasta la saciedad y con la mayor impunidad, sin que luego nadie pague con el cese correspondiente la negligencia y la responsabilidad política de tan gigantesco error.

¿Se imagina alguien el desembarco de una empresa rusa como Lukoil en Francia, Gran Bretaña, Alemania o Italia? O el oscurantismo impuesto por el Gobierno -imaginamos que en pos del favoritismo de este Ejecutivo, a sus amigotes banqueros y empresarios- para el reparto de cerca de ¡200.000 millones de euros del Estado! en beneficio de muchos de los banqueros y los empresarios que son coautores de la catástrofe. Y que todo esto haya sido presentado por Zapatero como una política “socialdemócrata que nos garantiza el gasto social”, pero que deja intactas las gigantescas fortunas acumuladas por los especuladores a los que el Gobierno se apresta a salvar en sus respectivos consorcios.

Oscurantismo gubernamental y estruendoso silencio y complicidad de la oposición del PP de Mariano Rajoy, que avala, sin rubor y en aras del capitalismo o liberalismo mal entendido, y de “la ortodoxia” económica -Montoro dixit-, a remolque del Gobierno y de los acontecimientos entre los que figuran las catástrofes internas de este partido que no cesan: San Gil en el País Vasco, Sanz en Navarra, herencia corrupta de Matas en Baleares, bofetadas en la Asturias de Gabino, y rebelión y conspiración permanente en la Comunidad de Madrid, encabezada por la gran escapista de Bombay, Esperanza Aguirre. La lideresa de un modelo de la derecha ultramontana y antidemocrática (véase Telemadrid), que los del PP exhiben en la capital de España, y que podría estar pendiente del estallido de un enorme fardo de presunta y olorosa corrupción.

¿Recuerda alguien, o acaso existe, el discurso de un político español en el Parlamento, o en campaña electoral, que se haya atrevido a exponer, negro sobre blanco, el flagrante fracaso democrático de nuestra Transición, aunque sólo fuera en contraposición con su indiscutible función conciliadora, que además algunos quieren dinamitar? Simplemente no existe. Y difícilmente llegará de las manos de nuestros actuales gobernantes y dirigentes políticos, que no tienen más objetivo que permanecer, a sabiendas que, de propiciar la reforma democrática de la Constitución, acabarían, ellos y sus camarillas de partido, fuera de los salones y festejos del poder. De ahí los discursos de que no conviene tocar la Constitución -¡y menos en crisis económica y con los nacionalistas al acecho!, para justificarse-, o que nuestra democracia “es joven”, a pesar de que la democracia no tiene edad. Simplemente es o no es.

La reforma democrática de la Constitución es bien sencilla y sólo necesita de un pacto político entre el PSOE y el PP, que controlan el 90 por ciento del Parlamento, llueva, nieve, o caiga sobre nosotros una ola de calor. O rompa el PSOE con el PSC -algo que llegará-, o bramen los nacionalistas, o ande mal la economía. En circunstancias mucho peores se hizo la Transición. De ahí que no caben excusas para la revolución democrática que merecemos y necesitamos a través de una profunda reforma de la Constitución. Y sería, en las actuales circunstancias, un sarcasmo y una broma de mal gusto que los únicos cambios que se hicieran fuera sólo para adaptar la legislación de la Unión Europea o para garantizar derechos sucesorios a la infanta Leonor.

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Rescate financiero y político, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 21 octubre, 2008

Está claro que el presidente Zapatero pretende incluirse él, personalmente y políticamente, en el plan de rescate del sistema financiero español, mientras que el líder de la oposición, Rajoy, espera recuperar la iniciativa y aparecer como alternativa de gobierno en la segunda parte de la crisis, la que ya nos tiene metidos en recesión con un terrorífico horizonte de parados. Aunque, por ahora, uno y otro se han dado la mano en lo del rescate financiero, como se apreció ayer en el Parlamento.

El Congreso de los Diputados ha convalidado por una amplia mayoría los dos decretos del Gobierno con la puesta en marcha del plan español para el rescate de nuestro sistema financiero, que incluye un monto disponible de fondos de hasta 150.000 millones de euros, y que sigue la estela de otras iniciativas europeas y americanas como las aprobadas por el eurogrupo de la UE hace pocos días. Estamos ante lo que llamaríamos un plan de rescate a la española, o de baja intensidad, porque Zapatero insiste en que no hay problemas de solvencia en la banca española, al contrario de lo que ocurre en otras naciones de nuestro entorno, al tiempo que el presidente asegura que no piensa “nacionalizar” la banca española, como en cierta medida lo están haciendo otros países europeos. Así al menos lo explicó Zapatero en el discurso que leyó en el Congreso, con cierta precisión, mientras que en la réplica dejó traslucir su desconocimiento del problema con un trabalenguas que demostraba que había oído algunas campanadas, pero sin saber dónde las tocaban.

El discurso de la confianza y de evitar alarmas forma parte de la estrategia de los distintos gobiernos, y en el caso español de manera muy especial con el argumento de que somos los mejores, pero al mismo tiempo se ponen los medios o los instrumentos políticos y financieros para los posibles casos de emergencia, lo que prueba que nadie está a salvo de nada. Y se viste esta precaución de prudencia, prevención y de palanca para inyectar liquidez en las entidades financieras, facilitar los créditos y, en consecuencia, ayudar a las empresas y a las familias. Y todo ello con la promesa de unas normas de transparencia y vigilancia que, según el presidente del Gobierno y según lo reclama Rajoy, permitirá que el dinero fluya y llegue a las empresas y a las familias en dificultad.

Se diría que con un cierto retraso -el Gobierno en un principio descartó aportar fondos para la posible compra de acciones o cuotas de bancos y de cajas, y el PP llegó tarde a interpretar los acuerdos- los grandes partidos de nuestro país se han sumado a la estrategia diseñada por Gordon Brown, lo que aporta una cierta tranquilidad en el sistema financiero español, aunque todavía falta mucho por ver, y sobre todo el cómo, cuándo y en beneficio de quién se va a comprar activos “sanos” de entidades financieras, o a avalar deuda nueva de las citadas entidades para reactivar la economía.

La crisis y los peligros que acechan al sistema financiero español están por el momento apartados a la espera de novedades y dotados de instrumentos jurídicos y políticos que permitirán hacer frente a cualquier eventualidad, aunque nada es definitivo ni nadie puede garantizar que no ocurra ninguna catástrofe. Aparcado, pues, de momento el problema financiero, luego está la crisis económica española, en sí misma, con alarmantes cifras de paro y la certeza de haber entrado en periodo de recesión, lo que abre otro debate en el que se supone que el PP y otros partidos de la oposición no serán nada complacientes con el Gobierno, como lo han sido a la hora de apoyar todas las medidas de los citados decretos para el rescate financiero. Empezando por el debate de los Presupuestos Generales del Estado que hoy se inicia en el Congreso de los Diputados y donde Mariano Rajoy buscará el cuerpo a cuerpo con Zapatero para hacer valer su liderazgo en la oposición.

Al final existe la impresión de que ni una cosa ni la otra, rescate financiero o Presupuestos liberales o sociales, van solucionar la crisis económica que nos invade ni poner punto final a la recesión. Desgraciadamente para los españoles, el momento es muy malo, no se arreglará en cuestión de días o meses, ni tampoco depende exclusivamente de nosotros, aunque aquí si hay problemas específicos que otros no tienen, como la deuda exterior, el bajo pulso de la economía productiva y la inmensa burbuja inmobiliaria que afecta y daña al sector del turismo, lo que augura una larga travesía en un túnel oscuro y de desconocida longitud, en el que el paro será el talón de Aquiles de este Gobierno y el catalizador de la situación.

El PP lo sabe, y por eso aceptó apoyar en la crisis financiera mientras se distancia de los Presupuestos del Estado de Zapatero y de su política fiscal, convencido Rajoy de que el tiempo le dará la razón. Mientras, Zapatero, el optimista antropológico, cree que esta crisis será para él una oportunidad, si se sortea los peligros financieros y consigue llegar a la cumbre neoyorquina del G20 para la reforma del sistema financiero internacional. Convencido que su fotografía con Barack Obama en la Casa Blanca llegará en la próxima primavera, antes de la primera gran cita electoral en las elecciones europeas del 2009. Estamos, pues, ante un doble rescate, el financiero/económico, por una parte, y el de Zapatero y Rajoy por la otra, a sabiendas de que todos no se van a salvar.

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Tempestad sobre Washington, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 26 septiembre, 2008

Tempestad sobre Washington es el título de una memorable película de Otto Preminger (con la impresionante actuación de Henry Fonda y Charles Laugthon) sobre luchas de poder en la capital de Estados Unidos, y también el enunciado que mejor puede definir el monumental espectáculo político, -que sin duda llegará al cine- al que asistimos estupefactos desde todos los rincones del mundo, por causa de la crisis del sistema financiero que emana del poderoso país. La que amenaza con el derrumbe en cadena de bancos y entidades financieras de las naciones de Occidente, que podría provocar un gigantesco tsunami económico y social sobre los pueblos más pobres y desfavorecidos del planeta, como lo han denunciado, esta misma semana en la Asamblea General de las Naciones Unidas, los líderes de los países que más van a sufrir.

Hay mucho en juego, incluido el prestigio y liderazgo del Imperio, y por eso y por un claro sentido de la responsabilidad los líderes de Washington, desde la presidencia de George W. Bush, hasta los dos grandes partidos del Congreso americano, así como sus líderes, hoy en plena campaña para las elecciones presidenciales del mes de noviembre, se han subido al puente de mando de esta poderosa y gran nación para buscar soluciones urgentes que permitan recuperar la estabilidad financiera y la confianza ciudadana, al tiempo que se colocan los cimientos para una estricta regulación del sistema financiero que hizo agua en su línea de flotación y se hunde de una manera irremediable, esperemos que en favor de un organigrama mejor y más seguro.

Al final, todos se han subido a la llamada operación rescate de la crisis del mundo financiero y de sus temibles consecuencias, y aunque está por ver si lo conseguirán, los primeros actores de esta superproducción política que nos llega de la capital americana se han volcado, sin pérdida de tiempo, en la búsqueda de un gran pacto político y de una solución o cortafuegos con el que pretenden, primero, frenar y, luego, intentar extinguir el incontrolado incendio.

Y todo ello en medio de una ardiente y decisiva campaña electoral que ha permitido, entre otras cosas, ver entrar a los primeros actores del drama, Obama y McCain, en la Casa Blanca para arropar al patético emperador Bush, que se despide de la presidencia con otro gran desastre ocurrido bajo sus mandatos, en los que se incluyen el ataque terrorista del 11-S, la mentirosa y fallida guerra de Iraq y, ahora, el crack del sistema financiero.

Pero no del sistema político y democrático americano, que sigue siendo más que ejemplar y que se acaba imponiendo, por encima de sus malos (Bush) y corruptos gobernantes (Nixon), al mismo tiempo que exhibe la capacidad de acción y la responsabilidad de sus instituciones. Y todo ello sin que la vertiginosa iniciativa de los primeros responsables políticos del escándalo financiero, el presidente Bush y sus directos colaboradores del Tesoro y la Reserva Federal, se pudieran saltar a la torera los controles democráticos del Congreso para que, al final, los fondos del Estado se hicieran cargo de las pérdidas de los especuladores y bancos de inversión, abandonando a los ciudadanos de a pie y contribuyentes americanos, sin que los culpables del desastre -el tinglado financiero de especulación sin control y ejecutivos, todos ellos hoy bajo la investigación del FBI- paguen como deben por sus errores y responsabilidades.

De ahí la importancia del acuerdo hallado en la Cámara y el Senado de Estados Unidos, entre republicanos y demócratas, para aprobar un plan de rescate de la crisis, controlado y vigilado por las comisiones del Congreso, lo que constituye un paso importante y esperanzador para buscar la salida de la crisis o, por lo menos y a corto plazo, un buen cobertizo para evitar grandes destrozos de esta tempestad sobre Washington que, todavía y por tiempo indeterminado, va a continuar, aunque esperemos que con menos intensidad.

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Rajoy ante la crisis y Zapatero, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 15 septiembre, 2008

Sin la desfachatez del vicepresidente Solbes, que ha llegado a decir que la recesión podría no ser mala si “limpia” la economía, olvidando que en esa presunta labor de limpieza podrían destruirse cientos de miles de empleos y muchas empresas, en el Partido Popular el dicho de “no hay mal que por bien no venga” tiene otra lectura interesada, como son los efectos negativos que la crisis está teniendo en el liderazgo de Zapatero y en el deterioro electoral del PSOE a corto y medio plazo. Y puede que incluso hasta en las elecciones generales del 2012 si para entonces la soñada recuperación de la economía no ha dado importantes señales de crecimiento y normalidad.

De hecho, en la alta dirección del PP se considera que la crisis económica va a servir para desactivar el liderazgo populista y de diseño de Zapatero, así como para postergar la escalada nacionalista, que ya sufrió un muy duro revés en las pasadas elecciones generales. De igual manera, en la cúpula del PP se tiene la impresión de que las luchas internas de poder quedaron sepultadas en el último congreso del partido en Valencia, que le otorgó a Mariano Rajoy el liderazgo del PP con el apoyo del 84 por ciento de los votos representados y que, en esa convocatoria, los populares consiguieron algo tan importante como el moderar su discurso, centrar el partido, regenerar los cargos más conflictivos (Acebes, Zaplana y el entorno de Aznar) y, de paso, derrotar no sólo a sus adversarios internos sino también a los poderes fácticos de la derecha extrema —económicos, confesionales y mediáticos— que, como el diario El Mundo y la emisora episcopal de la COPE, lanzaron una abierta y decidida campaña contra Rajoy, que perdieron.

De momento, la paz de Rajoy parece estable y ni siquiera el congreso del PP de Madrid, del próximo fin de semana, parece en condiciones de volver a plantear una batalla abierta y directa a la dirección del partido. Y no sólo porque Esperanza Aguirre, primera instigadora de las luchas internas del PP, ha sido la gran derrotada del congreso valenciano, sino porque a partir de ahora tanto Rajoy como su nuevo equipo directivo y sus poderosos aliados periféricos —los barones de Valencia, Murcia, Andalucía, Cataluña, País Vasco, Galicia, Rioja y las dos Castillas, entre otros— no van a consentir un nuevo desafío que tampoco entenderían militantes y votantes del PP en un momento en el que Zapatero, acorralado por la crisis, se bate en retirada y está ofreciendo al PP una clara oportunidad para recuperar el poder.

A lo más, se podría decir que los demonios internos del PP permanecerán internamente aparcados a la espera de lo que ocurra en las próximas citas electorales, autonómicas (vascas y gallegas) y sobre todo las europeas de la primavera del 2009. Convencidos de que si el PP no sale airoso de esta cita de alcance nacional, en plena crisis económica, ésa será la prueba de que Rajoy carece del liderazgo suficiente para derrotar a Zapatero, incluso en plena recesión y, por tanto, se haría necesario un cambio de liderazgo en el congreso del PP del 2011, tal y como lo insinuaba ayer la propia Aguirre en declaraciones a ABC, o como lo sugieren en el entorno de Alberto Ruiz-Gallardón. Y ya veríamos, en ese caso, cuál sería la posición de los barones periféricos, donde también se dice que está creciendo la ambición nacional del valenciano Francisco Camps.

Aunque puestos a hacer cábalas, podría decirse, y Rajoy ya ha dicho algo en ese sentido, que el líder del PP no tiene la intención de renunciar a nada pase lo que pase en las próximas elecciones, y que mantendrá firme su posición para ser candidato a las elecciones generales del 2012 —así se dice en el mandato del congreso valenciano— y para ganar el congreso del PP en el 2011, si es que se celebra, porque eso también está por ver, por más que Aguirre anuncie que ella lo exigirá y que Gallardón haría lo mismo, según su opinión. Entre otras cosas porque de aquí a esa fecha pueden pasar otras muchas cosas, incluido un adelanto electoral forzado por Zapatero, o por la falta de apoyos parlamentarios para gobernar.

Además, Rajoy demostró a sus adversarios que él no deja de dar sus pasos hacia delante, mientras los otros o no se atreven a dar la cara, o reculan con bastante facilidad. De hecho, la conspiración político/mediática que urdió Aguirre para intentar sustituir a Rajoy tras la derrota electoral de marzo del 2009 se debió a que ella no se atrevió a dar el paso al frente, convencida, al igual que sus compañeros conspiradores, de que Rajoy, deprimido, se iba a retirar tras su segundo fracaso electoral y, además, así entendieron la que fue su emotiva aparición en el balcón del PP, abrazado a su esposa. Pero el político gallego los despistó, articuló una rápida respuesta con la ayuda de los barones periféricos y renovó su poder en el PP, no sin sufrir muy duros ataques y traiciones —Costa, Elorriaga, Arístegui, San Gil, Mayor— entre sus colaboradores y con la especial colaboración del periódico El Mundo, que pretendió, sin éxito, controlar el congreso y el liderazgo del PP.

De ahí la importancia valenciana de la victoria de Rajoy que, sumada a la oportunidad que le brinda la crisis y a su “independencia” —de la que tanto presume— de los fácticos mediáticos y los crispadores, o “inquisidores” de los presuntos valores y principios, como se dice en el entorno del líder, le obligan no sólo a un liderazgo de la oposición centrado y eficaz, intentando conectar con la gran mayoría de los ciudadanos, sino a considerar como una cita muy importante, para el PP y para él, las elecciones europeas del 2009.

Las que, sin lugar a dudas, serán un sonoro test político y electoral, en el que se debe volcar el PP y al que deberían concurrir los mejores líderes “disponibles” del partido —¿aceptaría Gallardón ese importante desafío con el que podría confirmar, si gana, su prestigio nacional?—, porque lo que está en juego para el PP y también para España —además de la crisis económica— en esos comicios es mucho. Y sería sorprendente que algunos dirigentes jugaran al cuanto peor para Rajoy y para él PP, mejor para ellos. Lo que, en todo caso, obligará al relevo de Mayor Oreja como cabeza de cartel del PP, porque no es buen candidato, porque es un claro intrigante y adversario de Rajoy, y porque representa lo contrario de lo que se acordó en el congreso de Valencia (y en el del País Vasco).

Los enemigos internos de Rajoy se lamen sus heridas, creen que el gallego nunca ganará a Zapatero, le acusan al líder de hacer dejación de principios y valores —de la derecha profunda, o extrema—, afirman que su equipo en la dirección del PP es “muy flojito”, esperan o creen que Rosa Díez le quitará muchos votos en las elecciones europeas (lo que está por ver si la crisis de la economía es el tema central), y sobre todo están convencidos de que los agitadores mediáticos de El Mundo y la COPE no cesarán en su empeño por desestabilizar al líder, aunque sea en el beneficio de Zapatero, que es a lo que jugaron en las pasadas elecciones.

Naturalmente, esto puede cambiar si las próximas encuestas y elecciones europeas del 2009 le dan una sólida ventaja al Partido Popular. Para lo que se hace necesaria la “colaboración” del desgobierno de Zapatero y el claro desbordamiento de su muralla mediática, así como el empuje y habilidad de un nuevo Rajoy y un nuevo y cohesionado Partido Popular.

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Encerrona del PSC a Zapatero, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 21 julio, 2008

El PSC-PSOE de Montilla se ha enganchado, con tonos desafiantes ante las narices del líder Zapatero, como furgón de cola del último tren de la nación soberana, catalana y vasca, en cuya cabecera ya están el PNV de Ibarretxe, y CiU de Mas —con Duran Lleida en coche cama y plácidamente dormido—, pidiendo ambos autodeterminación, con lo que ya tenemos otra legislatura al ritmo de tambores confederales, por más que desde el PSC nos digan que ellos sólo tocan marchas federales, pidiendo, para empezar, la reforma de la Constitución.

Y al tiempo que le advierten a Zapatero que este PSC está por encima del PSOE y del Gobierno, mientras exhiben —por indicación de Maragall— los 26 diputados que tienen en Madrid, exigiéndole, como prenda e impuesto revolucionario federal, la revisión a su favor de la financiación autonómica, en menoscabo de las Comunidades más débiles. Y señalando Montilla con el dedo acusador a su secretario general al decirle eso de “tú votaste a favor del Estatuto”, para culparle, si llegara el caso, de toda reforma o anulación que pudiera introducir el Tribunal Constitucional, al que por lo visto el PSC sólo acata si les da la razón.

Y esto lo hace Montilla, un líder endeble y acomplejado por su condición de charnego y mal hablador del catalán, ante Zapatero porque sabe que, al margen del talante, la sonrisa, la “zeta”, y el marketing y la propaganda que protege la verdadera y liviana identidad del presidente, su líder en el PSOE está en uno de sus peores momentos, porque se enfrenta a una crisis económica que ha negado durante los últimos dos años y que está causando estragos en la sociedad. Crisis que se complicará con el ingrediente de un renovado debate confederal —como se le complicó la negociación con ETA al unirla al nuevo Estatuto catalán—, como el que Zapatero creía superado, pero que reverdece, una y otra vez, al hilo de sus inolvidables palabras de: “Apoyaré en Madrid lo que apruebe el Parlamento catalán” y “La nación —española— es discutida y discutible”.

El discurso de Aznar, en el congreso valenciano del PP, maltratando, ante todos los militantes, el liderazgo y la renovación del PP liderada por Rajoy fue sólo una anécdota de un político irresponsable y dañino que está fuera de la vida pública y de la realidad, comparado con la encerrona de Montilla a su secretario general, en asuntos que no sólo son competencia del PSC-PSOE, sino que afectan al gobierno de la nación, a la estabilidad territorial y a la cohesión nacional. Ese peligroso juguete con el que tanto se divirtió Zapatero en la pasada legislatura y que se vuelve contra él, apuntándole a la cabeza, como un agresivo y fatal bumerán.

Menudo trágala le ha organizado el PSC a Zapatero en pleno delirio de la crisis económica. Y eso que se adelantó José Blanco para regalarles los oídos y garantizarles que el idioma castellano seguirá siendo postergado y maltratado en Cataluña, en menoscabo de los derechos fundamentales de los hispanoparlantes, y hacer un poco el payaso a base de agredir al PP y a su líder, Rajoy. El mismo con el que Zapatero quiere negociar, el próximo miércoles en la Moncloa, pactos de Estado, sobre justicia, Autonomías, la economía y la política exterior, mientras desde su partido lo tratan como un vulgar crispador, y no como el líder de la oposición.

A José Blanco —como a Caldera—, Zapatero le dio una patada hacia arriba pero lo suficientemente moderada como para que no llegara a ministro. Y, ahora, al vicesecretario general del PSOE —que ridículamente se compara con Alfonso Guerra, que fue vicepresidente del Gobierno y vicesecretario—, se ha quedado para “vestir santos”, y decir ocurrencias como el portavoz del partido. El malo de una película en la que el único bueno es Zapatero. Blanco, perdido el control de la organización, quedó reducido a insultador oficial del PP. Basta repasar sus últimas declaraciones, en las que no hay el menor discurso o idea políticas, sino infantiles descalificaciones del PP y unos chistes de mal gusto, con los que se gana el sueldo y la posición.

Naturalmente, en este país donde la mentira forma parte de la vida política, ni Zapatero ni Blanco reconocerán que Montilla les ha tendido una trampa y una encerrona que debilita, más si cabe, los problemas de estabilidad del Gobierno nacional, que, si tiene problemas con sus compañeros del PSC, ya se pueden imaginar lo que les espera con PNV y CiU, en un tiempo en el que nadie, ante las próximas citas electorales, querrá aparecer de la mano del Gobierno y del partido que tienen su parte de culpa, importante, en esta galopante crisis de la economía, por no decir la verdad y despreciarla desde hace dos años. Y lo que es peor, ahora sus compañeros del PSC amenazan y señalan con el dedo a Zapatero, con cuestiones de fondo que tienen que ver con algo tan importante como la cohesión nacional.

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El liderazgo de Zapatero y el Congreso del PSOE, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 4 julio, 2008

Se las prometían muy felices en el XXXVII Congreso del PSOE, todo un paseo militar con la victoria electoral del 9 de marzo y la crisis del PP, pero los últimos acontecimientos, empezando por la aún innombrable crisis de la economía y el renacer más centrado de los populares de Rajoy, ha volcado un jarro de agua fría sobre el arranque de la que se pretendía como plácida convocatoria congresual y ha despertado inquietudes que afectan tanto a la estabilidad del Gobierno como al propio liderazgo de Zapatero, al que las últimas encuestas colocan en línea de descenso.

Sin olvidar, porque no están lejanos en el tiempo, los graves errores de la pasada legislatura, que han dalo alas a la revisión del modelo autonómico de España a favor de fórmulas confederadas o centrifugadoras del Estado que, al margen de lo que todo ello supone de pérdida de soberanía, como la que se atisba en el Estatuto catalán, incluye otras cuestiones que dañan y que afectan a la solidaridad interregional. Máxime en este tiempo de crisis y de una descendiente recaudación de las distintas instituciones del Estado, lo que dificulta la reforma del sistema de financiación autonómica en la que ya piden su correspondiente parte de la tarta los ayuntamientos, agobiados por la crisis del precio del suelo y la caída del sector de la construcción (la que era su principal fuente de financiación), en un tiempo en el que todas las corporaciones habían asumido gastos y competencias que eran más propias del ámbito autonómico que de su propia responsabilidad local.

Las vacas flacas, en los tiempos de gastos desmesurados de las insaciables Autonomías y cuando el Estado ha perdido peso en la gestión y el control del gasto público, tensan las relaciones y ponen, por enésima vez, en clara evidencia el modelo de Estado. El que el Gobierno de Zapatero se propuso centrifugar —Felipe González, dixit— y que permanece en crisis, como casi siempre. Pero en este caso, con la novedad difícil de reconducir de que Zapatero quiso dar oportunidades a lo confederal en pos de una carambola imposible a tres bandas con la que pretendió, subiendo el listón de la soberanía de Cataluña, ofrecer un modelo similar o superior al País Vasco, que permitiera el desembarco de ETA en la política y el final del terrorismo. Concediéndole, de paso, a la banda terrorista un protagonismo político —como el ofrecido en las conversaciones de Loyola—, que era tan antidemocrático como ilegal, y que, finalmente, acabó mal, y a tiros o a bombazos, con lo que los débiles cimientos del iluso castillo de naipes se derrumbaron.

Y si no sepultaron con su estrépito al PSOE y al Gobierno en las elecciones pasadas fue porque el ruido caótico de la oposición postaznarista fue aún mayor. Pero mérito sí que hicieron el PSOE y Zapatero como para haber merecido la derrota electoral, entre esto y otras temerarias andanzas sobre la inmigración, la guerra civil y la ruptura de pactos cruciales de Estado, lo que, poco a poco, el Gobierno ha tenido que rectificar o reconducir —como aquel primer Estatuto catalán—, como tendrá que rectificar su discurso de la no existencia de la crisis. Y puede que su teatral exhibición de una política económica socialdemócrata, con la que difícilmente podrá pactar con CiU y PNV los Presupuesto del Estado, o la estabilidad de su Gobierno. Lo que, por otra parte, mantendrá en vilo el equilibrio del tripartito en la Generalitat, y la crisis latente entre el PSOE y el PSC, con la decapitación de Maragall como cartel y cuestión de fondo de esta situación. A la que hay que añadir los últimos desafíos de Ibarretxe y su referéndum ilegal, como la consecuencia de la temeraria negociación con ETA.

El excesivo abuso del marketing político, con ZP, sus cejas, sus zetas, y su juventud o pretendida audacia, retratada en la intempestiva retirada de las tropas de Iraq —mala por intempestiva, no por retirada—, empieza a decaer y a derrumbarse como un decorado de cartón cuando los problemas reales de los ciudadanos, que afloran con la crisis económica, impiden al presidente sus juegos de palabras —“nación discutible”, “crisis opinable”—, al tiempo que enseñan la debilidad de su liderazgo, y de algunas de sus decisiones de última hora, como las de los nombramientos de ministros y de ministras de diseño, cuando lo que hace falta son resultados y gestión de primer nivel.

Y no digamos si esta ligereza que impera en el Gobierno se traslada y copia en la dirección del PSOE, donde el discurso tonto de la renovación no cesa de causar estragos —como en otras tantas instituciones del Estado— entre lo mejor y más representativo del Partido Socialista (ahí está McCain con sus 71 años luchando por la presidencia de Estados Unidos). Todo, y en los tiempos difíciles que corren, adornado por el izquierdismo de salón al que gusta darle alas Zapatero —con igual ligereza que dio alas al nacionalismo confederal—, lo que también están intentando rectificar, sobre todo para no abrir más frentes de los ya en liza, por ejemplo en el aborto, el laicismo, etc., una vez que la acumulación de frentes fue la especialidad de la tormentosa y ya pasada anterior legislatura.

Quizás la presunta cohesión del PSOE y la falta de alternativa a Zapatero puede que sea más un problema que un argumento de tranquilidad, porque el de León ha ido jubilando a todos los barones de la transición, con motivo o sin motivo, y tras ese “aclarado” se ha quedado solo al frente del todo el poder del Gobierno y del partido, donde José Blanco aparece no como líder organizador con luz propia —a igual que Caldera y su fundación, que quiere cortar las riendas, y puede que la lengua, a González y Guerra—, sino más bien como unos ayudantes del presidente y de su indiscutible y hasta “temible” autocracia. Lo que podría entenderse de un líder consolidado, dentro y fuera de España, pero no en el caso Zapatero, cuyo primer mandato dejó mucho que desear, y que ahora tiene ante sí una segunda prueba de fuego, sin que mientras tanto el primer dirigente del PSOE y del Gobierno haya conseguido una especial y probada proyección internacional. Salvo la del marketing, su especialidad.

Es verdad que la izquierda mundial, en general, y la europea en particular, sufre una crisis de identidad y de adaptación a los tiempos modernos. Pero en el caso del PSOE, y aunque no lo parezca o lo oculte la propaganda, la primera necesidad del PSOE sigue estando en la debilidad de su liderazgo y en la ausencia de un proyecto nacional e internacional, así como en la más que preocupante confusión e inquietud que produce su actuación ante esta crisis económica de consecuencias aún imprevisibles, tanto en lo político y en lo electoral, como en lo económico y social.

Y todo esto, que hoy día planea sobre el congreso del PSOE y que con toda probabilidad no será abordado con la franqueza que requiere el caso, no sólo está en la cabeza y entre las preocupaciones de históricos dirigentes del partido, sino también en su cinturón cultural y mediático —véase la polémica sobre el idioma español—, donde una y otra vez se empieza a fustigar al líder, unas veces con razón y otras como represalia por haber metido la mano, y mal, en los grandes grupos de comunicación como en La Sexta, Grupo Zeta, etc., también con esa misma alegría, sonrisa y talante con la que el presidente se metió, del brazo de sus nuevos amigos ricos y empresarios, en la batalla de las eléctricas que está perdiendo España, o del mundo financiero. La crisis de la economía y la debilidad de su liderazgo son los dos grandes desafíos del PSOE, que este partido no podrá abordar con solvencia, y en sus órganos de dirección no aparecen figuras de primer nivel nacional e internacional.

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La bomba de racimo de Aznar, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 1 julio, 2008

Después de su vuelo rasante —en jet privado— por el congreso valenciano del PP, José María Aznar se dispone, desde los cursillos veraniegos de FAES e imaginamos que camino del yate de Briatore, a contemplar, alegremente, cómo van estallando, una a una, las bombas de racimo o minas personales que fue desparramando sobre la dirección del Partido Popular, con el solo objetivo de hacer daño. Dándose el gustazo y la chulería —con sus modales impropios de un “presidente de honor”— de actuar en dicho congreso del PP como si todavía fuera el dueño del partido. Y sin que nadie sepa ni entienda a cuento de qué su agresividad contra la única dirección posible del PP: si para preparar su regreso por aclamación o por pura irresponsabilidad, por más que calificara de “responsable” —por no decir inevitable— su obligado apoyo a Rajoy.

La última carta de despedida —por enésima vez— de María San Gil, a la que Aznar aclamó dando alas, como si de verdad fuera una eminencia política del País Vasco, es un ejemplo más de esas minas personales que Aznar ha ido sembrando tras su paso por Valencia. Como las últimas declaraciones de la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, otra que aclama a Aznar y que, como el melenudo presidente de FAES, se niega a dar un paso hacia delante para decir, como debieron hacerlo los dos en Valencia: Rajoy no es el hombre necesario para el PP, presentamos nuestra candidatura.

Pero no, Aznar, Aguirre y San Gil sólo se oponen a Rajoy y se dedican a debilitar a la nueva dirección del PP, para ayudar a Zapatero, que es lo que están haciendo los tres en un momento crucial de la vida española, con una gigantesca crisis económica que aparecerá en todo su esplendor en cuanto se caiga el velo futbolístico de la campeona selección europea. Es decir, que esta San Gil, que acuna Mayor Oreja y se agarra a la chaqueta de Aznar y a los perifollos de Aguirre, la única “oposición frontal” que practica es contra Rajoy y contra el PP, y no acepta la democracia ni la posición mayoritaria de su partido. O manda ella o todos los demás se equivocan, porque la doña se ha creído eso del “referente moral”, por estar amenazada por ETA, algo que sufren todos los militantes vascos del PP, muchos del PSOE y miles de españoles, aquí incluidas las Fuerzas Armadas y las de Seguridad de una manera muy especial.

Y por si algo faltara, en semejante y lamentable espectáculo de maniobras internas en el PP, contra su partido, ahí está la Conferencia Episcopal todos los días a palos con el PP y su nueva dirección, a la que llaman “golfos” en los micrófonos de la COPE, mientras desde sus publicaciones —como Alfa y Omega— les acusan de “ambiguos” y de poco fiar, porque se entiende que los obispos de quien de verdad se fían es de Zapatero. De ahí que los obispos y sus agitadores de cabecera —de El Mundo y la COPE— se hayan decidido a seguir con la estrategia de la crispación y el regreso al 11-M, esa mezcla explosiva que suele salvar de sus propios desastres al Gobierno de Zapatero.

Así mientras el Gobierno del “tontismo” y del caos económico de Zapatero sigue hundido en la mayor de las confusiones, y en el espectáculo de sus ministras de diseño —la reaparición de la ministra Chacón anunciando el relevo de la cúpula militar fue ridícula—, en el PP están dedicados a echar agua a los incendios que se producen en su propio territorio. El último —y no menos ridículo que el espectáculo de la Chacón— ha sido el de María San Gil, empeñada en hacer daño “frontal” a su partido hasta el final. Arropada, eso sí, por los mismos que apoyaron el pacto con Arzalluz en 1996, y las negociaciones del Gobierno de Aznar con el “Movimiento de Liberación Nacional Vasco” de ETA, moviendo los presos etarras de un lado para otro, y convencidos, todos, como lo estuvo Zapatero, de que ellos lograrían la paz.

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Felipe, Zapatero y Esperanza, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 30 junio, 2008

Pasado el vendaval futbolero de la Eurocopa, donde la selección nacional brilló cual preciosista y sincronizada orquesta de cámara, lejos, por fin, de la insufrible “furia española”, ha llegado el momento de reencontrarnos con la cruda realidad que permanecía oculta tras la patriótica cortina del fútbol, a cuyos faldones se han agarrado el Rey, el Príncipe, Zapatero y Rajoy. En suma, toda España con la excepción de Ibarretxe, que permanece castigado, por deseo propio, en su rincón.

La vida sigue, de mal en peor, mientras el héroe de la gesta, Luis Aragonés, se va hacia los dorados atardeceres de Estambul, con un “ahí os quedáis” a esa insufrible federación del crónico Villar, que lo despreció. Como suele ocurrir tantas veces en España con sus mejores ciudadanos, a los que sólo se les reconoce después de muertos, o cuando están fuera del poder. Así ha ocurrido, por ejemplo, con Adolfo Suárez —lo de Leopoldo Calvo Sotelo fue una exageración—, y empieza a pasar con Felipe González, uno de los “tres tristes tigres”, de esta crónica de actualidad, basada en las entrevistas que Felipe González, el presidente Zapatero y Esperanza Aguirre concedieron este domingo a la prensa dominical del papel.

Felipe González, el viejo Shere Khan de la jungla española de la Transición, es ahora el tigre melancólico y sabio de la izquierda moderada española que, de la blanca mano de Josefina Martínez del Alamo, ha elaborado en ABC, como lo hace en su taller de piedras, una equilibrada composición entre el Gobierno de su tiempo y el actual de Zapatero —el tigre de papel—, sin eludir los temas y reconociendo, como nunca se le había oído, sus errores ante la corrupción que le llevó a la pérdida del poder (esta vez no habló del acoso y derribo de la oposición), lo que le honra, aunque hubiera quedado mejor, y más completo y redondo, si, de paso, se hubiera referido a los GAL.

González habla de España con gran sentido, advierte de la centrifugación de la nación española en la pasada legislatura, de las necesarias reformas de la democracia (como la ley electoral), de política exterior consensuada, de la oportunidad de la energía nuclear, y dice de Zapatero que lo peor es que cumplió su —“demencial”, se entiende— programa electoral, empezando por el Estatuto catalán, añadimos.

Y siguiendo por la demencial y fracasada negociación con ETA, y la crisis de la economía, todo ello plagado de mentiras, que es lo que impregna una y otra vez los mandatos de Zapatero y lo que se adivina en la entrevista río, insufrible y nada reveladora del diario El País, y de sus cinco mosqueteros o mosquiteros, porque fueron a abanicar al presidente y no trajeron noticia alguna digna de subrayar. Más bien lo de siempre, demostrándonos que el presidente miente y está fuera de la realidad: no hay crisis; Bibiana merece estar en el Gobierno; el manifiesto por la defensa del idioma no es necesario porque está la Constitución; con la Iglesia no se atreve; Solbes y Sebastián se entienden; la directiva europea sobre la emigración es progresista (sic, a todo) etc.

El presidente Zapatero, nuestro tigre de papel, tiene la manía de cabecear una y otra vez mientras habla, y abre los brazos, como diciendo misa. Y a estas alturas de la película aún no sabemos si sigue siendo un producto del marketing, nacido de una carambola en un congreso del PSOE y crecido por culpa de una oposición demencial del otro Rajoy —el de la legislatura pasada—, o si por el contrario ha aprendido algo y empieza a estar asustado por causa de este monstruo de la crisis, cuya existencia aún niega, que lo empieza a estrangular.

Lo del otro Rajoy es la única verdad que ha dicho Esperanza Aguirre, la tigresa furiosa y derrotada en el congreso del PP, en la entrevista masaje de encargo que le han hecho en el diario El Mundo, y donde ella se presenta, por su cuenta, como la intérprete del sentir del 99 por ciento de los votantes el PP, cuando es sabido que las últimas encuestas sólo le dan a ella entre el 6 y el 8 por ciento de apoyos de la militancia. Aguirre acierta cuando subraya que Rajoy se viste ahora de centro, cuando fue, hasta hace poco, el líder del PP de la crispación durante la pasada legislatura.

La tigresa furiosa y herida del PP dice que Aznar era el centro y que adora su bronco discurso valenciano, a pesar de que el ex presidente no le hizo ni caso a ella. Pero olvida que Aznar llegó al poder en 1996 con una promesa de regeneración que traicionó, para conseguir la investidura, en el pacto del Majestic con Pujol. Ofreciendo el borrón y cuenta nueva a la corrupción felipista (y pujolista), y renunciando a reformas democráticas prometidas y también a su pretendida limpieza, porque muchas privatizaciones de las que se consideraban joyas de la corona —Telefónica, Retevisión, Azucarera, etc.— fueron centros de pelotazos descarnados, otra manera de corromperse desde el poder. Y, si no, ¿por qué no explica Aznar cuáles fueron los verdaderos motivos para que Rato no fuera su sucesor? O ¿Por qué regaló a Polanco la fusión de Vía Digital con Sogecable, liquidando Aznar el periodismo libre e independiente, al que llamaba el “ejército de Pancho Villa”? O ¿por qué tiró por la ventana a Vidal-Quadras y aceptó la “normalización lingüística” de Pujol? Y lo de “la chica fuera”, de la fiscal Márquez de Prado, etcétera.

De las locuras “centradas” de Aznar en su segunda legislatura, las que van desde la guerra de Iraq a las mentiras del 11-M, pasando por la boda de El Escorial, el Prestige o la huelga general, mejor no hablar. Y lo de “ganar primero las elecciones, y pactar después”, del discurso valenciano aznarí, eso nunca más. Ése fue el fraude de Aznar a sus electores, traicionando todas sus promesas de regeneración, en su solo beneficio. Es mucho mejor, como lo ha hecho Rajoy, enseñar desde ahora las cartas, para que nadie se llame a engaño si el PP vuelve a pactar con los nacionalistas para gobernar.

Aguirre, la tigresa herida, no tiene cabeza política y va de error en error. Miente más que Zapatero, que ya es decir, y empieza negando que los ceses de Prada y Lamela de su Gobierno no son consecuencia de una venganza contra Rajoy, algo que sabe todo el mundo. Luego lo reconoce cuando se queja de que sus pupilos más queridos, González y Granados, no fueron aceptados por Rajoy para entrar en la Ejecutiva del PP, pero no por haber criticado al líder del PP, sino por motivos de más calado, como muy bien sabe ella. Los que permiten, como ocurría en los tiempos de Mao, tildar a estos dos, a los que habría que añadir a Pedro Antonio Martín Marín e Ildefonso de Miguel como “la banda de los cuatro” que habita y maneja la Comunidad de Madrid. Los que nadie sabe, ni se explica, cómo siguen en el poder madrileño, a no ser que, en vez de “los cuatro”, sea de “los cinco”, con la propia lideresa Aguirre a la cabeza del clan, con el que, ahora, se ha quedado a solas a ver los barcos venir y las olas llegar, que llegarán.

Aguirre no sabe nada de política y menos aún de democracia, libertades o liberalismo, basta con asomarse a su espejo del alma, a Telemadrid. Y es verdad que Rajoy, que perdió en el 2004 por culpa de Aznar y que se dejó mangonear por Aznar hasta la derrota del 2008, cargó con Acebes y Zaplana como una herencia obligada, para proteger, con ello, las responsabilidades de ambos y las de Aznar. Pero ahora que “ha matado al padre” —o que el “padre” se suicidó, en el congreso valenciano del PP—, veremos qué hace el nuevo Rajoy; por sus obras y sus pompas le conoceréis (de momento, lo de De Cospedal no empezó con buen pie). A la que ya conocemos es a la tigresa furiosa de Madrid, haciendo kilómetros en su jaula dorada de la Puerta del Sol, y sin más salida posible que ponerse a las órdenes del verdadero rey de la selva del PP, que es Gallardón.

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Aznar y Aguirre convierten a Rajoy en líder del centro, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 23 junio, 2008

En política hay muchos obstinados que no saben para quien trabajan, y eso es lo que le ha ocurrido al frente conservador del PP, a la “vieja derecha” que lideran Aznar y Aguirre, juntos y por separado, los que con sus broncas y de guerra sucia contra Mariano Rajoy se han acabado convirtiendo en sus principales avalistas porque el desabrido y desleal discurso de Aznar contra Rajoy, del pasado sábado, y las oscuras maniobras de Aguirre y su orquesta mediática, han encumbrado a Mariano Rajoy, ante toda España, como el político moderado y hombre de centro que es. Al tiempo que le han quitado al congreso del PP el aroma “búlgaro” de unanimidad, que siempre primó en otros congresos del Partido Popular, con lo que aumentaron también su legitimidad en el campo democrático, gracias al nuevo sistema para elegir un futuro presidente del partido, cuando se presente la próxima ocasión.

El ataque de los ultra conservadores y belicistas del PP, al final se ha vuelto contra ellos. Y han situado a Aznar en su rincón preferido del rencor y los malos y soberbios modales. Porque ir al congreso del PP para aleccionar, desautorizar y dañar a su partido, en el beneficio de Zapatero, y en contra lo único que hay –nadie más que Rajoy ha pretendido liderar el PP-, es un disparate mayúsculo. Y revelan unas ganas de meter la mano donde no le toca, y de seguir mandando donde no tiene poder. Y, desde luego, menos aún a partir de este congreso del que Rajoy ha salido, por fin, volando solo y sin el aliento de Aznar en el cogote, porque el presidente de honor del PP no fue capaz de imitar el gesto de Fraga en el congreso de Sevilla cuando le libero a Aznar de todo patrocinio del fundador, con la famosa frase de “no hay tutela ni tu tía”.

Pues bien, esta vez ha sido Rajoy quien, de manera tan implacable como discreta, se ha quitado de encima la tutela de Aznar, y para siempre. Y el ex presidente del PP y del gobierno ha caído en el error de querer imponerse a todos y por encima de todo y acabó siendo el gran derrotado del congreso. Y que no se olvide Aznar que FAES la financia el PP que preside Rajoy, donde muchos saben que Aznar se gasta cuantiosos fondos en su propia promoción personal internacional, más que en ayudar al partido que tanto dice querer, y al que ha maltratado en Valencia de manera espectacular.

Intentando condicionar, como lo ha hecho durante los últimos cuatro años, su línea política, ideológica y estratégica, como ayer pretendía condicionar su posicionamiento, empeñado en que se haga una oposición bronca y de derecha extrema, “para, primero ganar las elecciones”, y luego pactar con los nacionalistas, se entiende. Es decir engañando a militantes y a votantes del PP, mientras Rajoy, con claridad y honradez, desde ahora ha dicho que está abierto al diálogo con todos sin exclusión. Y, además, el presidente nacional del PP se ha rodeado de su equipo y se ha liberado de los Acebes (muy aplaudido por todos, pero pasado a otra vida) y Zaplana, la vieja guardia pretoriana de Aznar. De manera que Rajoy sale con un proyecto político centrado, un discurso moderado, un partido más democrático y un equipo renovado con el que, avalado por el congreso de Valencia, se dispone a ejercer su nueva labor de oposición, empezando por la crisis económica y siguiendo por el desafío territorial que Ibarretxe está a punto de desatar en el País Vasco con su referéndum ilegal.

Lo ocurrido en el congreso del PP en Valencia beneficia a Rajoy, siempre y cuando el presidente del partido cumpla la promesa hecha de más trabajo y más dedicación a su liderazgo y al ejercicio de la oposición. Lo que será sin lugar a dudas esencial, de cara a las citas electorales de 2009 que ya están al llegar y en las que, los críticos derrotados, tienen puestas sus esperanzas, una vez que han entrado en el macabro juego de la ruleta rusa electoral, con el objetivo de que el PP pierda las elecciones a ver si así, ellos logran llegar al control y poder del partido.

Esa es la estrategia y la predicción de Esperanza Aguirre, el cuanto peor para el PP mejor para ella, sin darse cuenta que en el tambor del revólver de esa ruleta suya puede haber una bala de plata para su propia sien, porque si el PP va a la deriva, será ella quien perderá primero las elecciones de la Comunidad de Madrid. Lo que no sería de extrañar vista la fama de bruja y de habitante de la extrema derecha que se ha labrado ella misma, y visto el equipo, bajo sospecha, que la secunda, y del que con razón no ha querido saber nada Mariano Rajoy. No olvidemos que en la última ejecutiva del anterior PP el hoy reelegido presidente del partido, Rajoy le envió un claro aviso a Ignacio González, y su gente, sobre la importancia de “la honradez” en el manejo de los fondos públicos.

Sin perder de vista, en todo esto, que Gallardón le ha ganado el pulso a Aguirre en el organigrama y la dirección del PP, ha sido el político más aplaudido por el congreso del partido, y es el gran beneficiado del nuevo sistema para elegir el presidente, el presidencialismo es su territorio. Lo que le preocupa a Aguirre, como le indignó descubrir la enmienda que ya ha nombrado a Rajoy candidato a la presidencia del Gobierno de 2012, de lo que se enteró tarde porque ella y los suyos no participaron en todos los debates y solo fueron a Valencia a votar en blanco, cenar con el grupo de los conspiradores y a nada más.

Y por eso ella, que acusaba a Gallardón de ser “un verso suelto en el PP”, ahora lloriquea diciendo que el “verso suelto” es ella, aunque, como le pasa a Aznar –por muy partidario que el ex presidente sea de la poesía- lo suyo tiene muy poco que ver con la lírica. Más bien con la soberbia y la ceguera que le produce su desmedida ambición de poder, pero sin el valor que hay que tener dando un paso al frente y presentando una candidatura. Lo suyo ha sido la intriga y el golpe bajo para que Rajoy se derrumbara solo y, en ese momento, saltar a sobre el poder.

Pero Rajoy, aguantó, resistió y ganó y se rodeó del centrismo del PP, puso a Gallardón de su lado y la presidenta de Madrid se quedó bramando en su rincón su desconsuelo. Y lo que es peor, sin saber que ella y Aznar son los que, a su pesar y a la contra, han centrado a su partido y encumbrado en ese pedestal a Rajoy. Con ese mismo ruido conspirador, meses atrás, ayudaron a Zapatero, en contra del PP, a ganar las elecciones. Ahora, sin saberlo, los de Aguirre y el propio Aznar, han acabado ayudando a Rajoy y al PP.

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¿Deben ir a Moncloa CCOO y UGT?, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 13 junio, 2008

Mientras dure la huelga del transporte y la pesca, y sigan a palo limpio los enfrentamientos entre los trabajadores del sector y las tardías fuerzas de seguridad del ministro Rubalcaba, con un trágico balance que incluye un piquetero muerto, un conductor quemado, cerca de treinta heridos y más de cien detenidos, no tiene sentido que se celebre en el palacio de la Moncloa un encuentro entre el Gobierno, los sindicatos y la patronal, que sólo va a beneficiar a Zapatero para aparentar ante los ciudadanos que ya hace algo frente a la crisis económica y social, que el presidente sigue negando.

Sería un grave error que los líderes de Comisiones Obreras y de UGT, José María Fidalgo y Cándido Méndez, participaran en semejante reunión en las actuales circunstancias por dos motivos importantes: porque pueden darles la espalda a los trabajadores del transporte en paro, aunque no sean de sus propios sindicatos, ofreciendo la imagen de dos esquiroles en palacio; y porque la reunión no ha sido preparada con tiempo suficiente, carece de un contenido de fondo y está sobrada de oportunismo por parte del Gobierno.

Y si la huelga continúa y pasa a incidentes mayores a los ahora conocidos, después de la foto de la Moncloa, a Fidalgo y Méndez se les va a quedar una cara de tontos burlados de mucho cuidado. Porque no estamos ante una cuestión de “responsabilidad”, como ahora dice Zapatero al tiempo que amenaza con su “tolerancia cero”. Estamos ante la urgente necesidad de que el desaparecido vicepresidente Solbes tome medidas que permitan, a los sectores afectados por la subida de los carburantes, paliar directamente el impacto de los precios del petróleo, tanto en el caso actual como en los venideros, y no quedarse, como suele hacer Solbes, en el rol de Tancredo, a ver qué ocurre, o a poner velas al rey de Arabia Saudí a ver si aumenta la producción, o se tranquiliza, solo, el mercado del crudo y se acabe la especulación.

Con los carburantes, al Gobierno le está pasando lo mismo que con el agua. Como no tenían una política decidida y estructurada sobre el agua —ahora la ministra del ramo nos viene con otro ¡pacto de Estado!, después de haberse cargado el plan hidrológico nacional, y la política diseñada años atrás por el ex ministro Josep Borrell—, el Gobierno tuvo que recurrir al trasvase del Ebro a favor de Barcelona, y luego llegaron las lluvias. Con lo que los políticos implicados, madrileños, aragoneses y catalanes, quedaron en la peor de las evidencias, tras haber hecho alarde, los del Gobierno, de su incapacidad, y los de Aragón y Cataluña, de su insolidaridad.

Cuidado con los movimientos temerarios de los sindicatos en estas arenas movedizas de la crisis económica y social, porque si bien es cierto que se les debe pedir responsabilidad, semejante llamamiento pasa porque, de una vez por todas, el Gobierno reconozca la gravedad de la situación, no vaya a ser —visto como el decrecimiento de nuestra economía— que pasemos, de un golpe, de la extraña desaceleración a la recesión. Y entonces caerá sobre las espaldas sindicales toda la presión, incluidos los consabidos llamamientos a la flexibilidad laboral, como los que ya empiezan a hacerse públicos por la patronal —y en muchos casos con razón— porque, si las cosas siguen así, la disyuntiva para muchas empresas será o los despidos o su desaparición. En definitiva, un laberinto infernal sin salidas a la vista, mientras el Gobierno se enroca en la Moncloa a la espera de una foto que le permita respirar.

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Prueba de fuego para Zapatero, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 11 junio, 2008

Esto sólo es el principio. La huelga del transporte, con un piquetero muerto, las carreteras bloqueadas y temor al desabastecimiento de alimentos y de gasolina, constituye la primera prueba de fuego del diálogo social del que tanto suele presumir Zapatero en contraste con la cruda realidad de la crisis económica que sigue negando, tontamente, el Gobierno. Haría muy bien el presidente del Ejecutivo en mantener una charla con Felipe González para que le cuente lo que ocurrió el 14 de diciembre de 1988 cuando el fallido “plan de empleo juvenil” del Gobierno socialista de la época los condujo a una importante huelga general, en la que, además de la ruptura social, se produjo una quiebra histórica entre el PSOE y la UGT.

No estamos todavía en esa situación, pero los nubarrones del transporte sólo son el principio de una gigantesca tormenta que estaba anunciada y ante la que el Gobierno ha sido incapaz de reaccionar a tiempo, y por eso negocia ahora contra el reloj, temeroso de que el envite sindical se propague a gran velocidad contaminando otros sectores como los de la pesca y los de la agricultura. Los que no tardarán en ponerse a la cola de la ventanilla para las subvenciones de carburantes. Y así, uno tras otro, los distintos sectores de la economía, donde ya se registran importantes bolsas de parados.

Tan por detrás y a remolque va el Gobierno en todo esto que ayer se vio en la necesidad de aprobar en el Parlamento una moción del Partido Popular a favor de medidas urgentes para los sectores afectados por la subida de los carburantes. Iniciativa que aprobó toda la Cámara, dando una imagen nada usual en el Congreso de los Diputados, lo que anuncia una legislatura muy especial en la que los ditirambos políticos —incluidos los disparates de los nacionalistas— van a dar paso a la prioridad económica y social por causa de la crisis que ya está estallando sobre nuestras cabezas.

Y que se cuide Zapatero de unir esta tormenta con la otra tempestad de la semana de las 60 horas laborables, que viene de Europa, y sobre la que ya ha hecho severas advertencias el líder de UGT, Cándido Méndez. No vaya a ser que a este camelo que está resultando ser el vicepresidente Solbes, se le ocurra, de verdad, hacer juegos malabares y acabe rompiendo toda la vajilla político/social que ahora baila sobre delicados bastones de bambú, porque, una vez que se rompa un plato, se irán al suelo todos los demás.

Ahora vamos a ver el verdadero izquierdismo de Zapatero y su capacidad para abordar problemas de índole económica y social, lejos de las tonterías que tanto le divierten, como la del inútil Ministerio de la Igualdad, donde la titular del departamento, Bibiana Aído, ya ha dado sonoras muestras de sus ocurrencias y locuacidad con lo del teléfono para agresores, y su lenguaje tan peculiar que la sitúa como “miembra” del Gobierno. Estamos en tiempo de crisis, por más que lo niegue Zapatero, y vienen curvas muy peligrosas, como esas que llenan los camioneros a las entradas de las grandes ciudades. Un tiempo complicado que pondrá a prueba al presidente y a un Gobierno que no parece dar la talla ante los retos que sólo han comenzado a estallar.

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