Reggio’s Weblog

Convencer, persuadir, disuadir, de Ferran Requejo en La Vanguardia

Posted in Derechos, Política by reggio on 31 julio, 2008

Los principales actores políticos no prestan hoy prácticamente ninguna atención a la retórica, al arte clásico de la persuasión y disuasión pública a través del lenguaje. Teniendo en cuenta, sin embargo, que la práctica política, especialmente en las democracias globalizadas y mediáticas actuales, viene siempre asociada a discursos que buscan legitimación, esta falta de atención parece sorprendente. Una razón de esta ausencia está en la actitud desconfiada que las concepciones racionalistas modernas han tenido hacia la retórica, asociándola muchas veces, simplemente, a la manipulación, la superficialidad y el engaño.

Desde los tiempos de Hobbes y de los inicios del liberalismo político (siglo XVII) esta sospecha antirretórica devino casi un dogma de la teoría política moderna. Se construyó la ficción de que en la moralidad y en los procesos de legitimación política no se trataba de persuadir o de disuadir a los ciudadanos o a otros actores políticos, sino de convencer a través del mejor argumento, a partir de información verídica, conocimiento científico, valores universales e intereses particulares. Apelar a las emociones y al uso técnico del lenguaje para conseguir determinados fines se asociaba a la manipulación y a la demagogia políticas. Sin embargo, teóricos como Aristóteles o Cicerón ya distinguieron hace tiempo entre retórica y demagogia. Hoy esta distinción casi se ha olvidado. El resultado es un empobrecimiento de la reflexión sobre el uso del lenguaje en política, y una pérdida de la conexión que existe entre las emociones y la racionalidad humanas.

Ya en la época de los sofistas clásicos, Gorgias sostuvo que el carácter persuasivo de la lógica resultaba limitado en las acciones humanas. Mientras los racionalistas creían que el convencimiento sobre una cuestión se establecía a través del razonamiento, Gorgias sugería que más bien se basaba en el poder de las palabras empleadas en dicho razonamiento. Unas mismas razones expresadas con otras palabras suelen cambiar el grado de persuasión del argumento. Es lo que normalmente se caracteriza como el hechizo que provocan en la mente de los humanos unas palabras que nunca son neutras en términos emotivos (algo en lo que posteriormente insistirían Nietzsche y Wittgenstein). La lógica es un recurso imprescindible en el momento de hacer teorías científicas, morales o políticas, pero su riesgo práctico está en no prestar atención a los componentes emocionales que están en la base de las acciones humanas y del uso de la misma razón. Se trata de una base heredada por nuestros cerebros a través de milenios de evolución.

D. Hume y A. Smith destacaron hace más dos siglos el fondo emocional de la moralidad humana. Las neurociencias actuales muestran como las partes que están activas en nuestro cerebro cuando tomamos decisiones en las que están implicadas las emociones propias y las ajenas son distintas a las que se activan cuando tomamos decisiones más impersonales, más racionales. Las primeras activan componentes muy antiguos de nuestro cerebro (anteriores a la existencia de los mamíferos en el planeta). La evolución nos ha preparado mucho más para este tipo de decisiones que para las de carácter racional. Los sentimientos pueden refinarse a través del contexto cultural y de la educación, pero su emotividad de base seguirá estando presente en nuestras respuestas prácticas (cuando intuitivamente rechazamos, por ejemplo, que se le extirpen cuatro órganos vitales a una persona sana a pesar de que ello podría salvar la vida de otras cuatro personas).

Las emociones también se reflejan en la importancia de la competitividad/cooperación, de la empatía y de la reciprocidad en el comportamiento humano que nos muestran la etología y la primatología actuales. Estos tres elementos básicos de la moralidad humana son también evolutivamente antiguos. La razón ha venido después. Mucho después. Y se nos nota, para bien y para mal. Recordemos que la racionalidad puede emplearse tanto para disminuir el dolor como para la maximización del odio y de la venganza. Y hoy sabemos, especialmente tras las experiencias del siglo XX, que cuando algunos se han empeñado en construir paraísos racionales, más bien han creado pesadillas infernales (ya sean de derechas o de izquierdas). Ello no es fruto de que “la teoría era correcta pero se ha aplicado mal”. El tema es más profundo, en un sentido histórico, evolutivo, del término.

El progreso moral y político es lento. Lo que nos ha facilitado llegar hasta aquí como especie, el fondo natural que conforma los circuitos integrados con los que nacemos, es también lo que muchas veces nos impide avanzar hacia sociedades moral y políticamente más evolucionadas.

En política, la retórica de la persuasión y de la disuasión que apela a nuestro fondo emocional resulta inevitable. Creo que para aumentar la calidad democrática, los profesionales de la política y de los medios de comunicación deberían prestar más atención no sólo a su competencia técnica y a la lógica, sino también al análisis de la retórica clásica que conectaba la racionalidad al arte de la persuasión y contribuía a discriminar entre buenos y malos argumentos. Ello ayudaría a razonar mejor, y a descubrir y prevenir las demagogias populistas y los engaños mediáticos que se encuentran presentes en los discursos cada vez más simples, efímeros y fragmentados de nuestras democracias.

FERRAN REQUEJO, catedrático de Ciencia Política de la UPF y autor de ´Las democracias´ (Ariel 2008).

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El Consejo y el Tribunal, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos, Política by reggio on 31 julio, 2008

La esperada reunión entre Zapatero y Rajoy parece que ha dado frutos positivos: se ha restablecido el clima de confianza mutua y se ha llegado a acuerdos concretos en política antiterrorista y en los criterios para designar candidatos al Consejo General del Poder Judicial y al Tribunal Constitucional. Veremos cómo se concreta, en el día a día, el primer acuerdo. En cuanto al segundo, si los nombramientos se hacen pronto efectivos, el Consejo habrá acumulado un retraso de dos años y el Tribunal de uno: algo políticamente injustificable que denota una gran irresponsabilidad y constituye un pésimo ejemplo para los ciudadanos, a quienes se les exige continuamente cumplir con sus deberes.

La confusión sobre el Consejo y el Tribunal suele ser notoria. Se habla de la Justicia, en mayúscula, para aludir a ambos, ignorando que la naturaleza de sus funciones es muy diferente y, por tanto, los criterios para elegir a los candidatos también deben ser distintos. Sin embargo, no siempre, ni mucho menos, ha sido así. Incluso los candidatos que, según rumores ciertamente poco fiables, se están ahora proponiendo parecen más pensados a partir de la confusión acerca de la naturaleza de ambos órganos que de la distinción entre ellos. Un elemento contribuye poderosamente a esta confusión: ambos órganos ejercen funciones en el campo jurisdiccional. Ahora bien, ni las funciones que ejercen son iguales, ni la jurisdicción en la que operan es la misma. Veamos.

El Consejo General del Poder Judicial no es un órgano jurisdiccional sino un órgano de gobierno, como también lo son el presidente del Gobierno o el Consejo de Ministros. Es más, las funciones que ejerce el Consejo General las podría ejercer cualquiera de estos órganos, y así sucede en otros países democráticos. El Consejo General ejerce sus competencias sobre los jueces de la jurisdicción ordinaria, los cuales sí son órganos jurisdiccionales y cada uno de ellos es en sí mismo poder judicial. En cambio, el Consejo General no es un poder judicial, no forma parte de este, sino que se limita a ser un órgano de gobierno, en ciertos aspectos, de este poder judicial.

Las principales competencias del Consejo General son las de cubrir los puestos de jueces y magistrados de acuerdo con la ley, ejercer labores de inspección y, en su caso, aplicar medidas disciplinarias. Todo ello dentro de la función genérica de velar por la independencia del poder judicial, es decir, garantizar que cada uno de los jueces y magistrados de la jurisdicción ordinaria no vea perturbada su función de aplicar la ley, única en la que jueces y magistrados son competentes y en la que son absolutamente independientes. Por tanto, el Consejo General es un órgano político dedicado a garantizar la independencia de los jueces ordinarios. En facetas que no afectan a la independencia judicial, tanto el Gobierno como los órganos ejecutivos de las comunidades autónomas, así como las salas de gobierno de las audiencias y tribunales superiores, también ejercen funciones de gobierno sobre los jueces.

En cambio, el Tribunal Constitucional no es un órgano de gobierno sino un órgano jurisdiccional, es decir, su función no es política ni ejecutiva, su función es jurisdiccional, porque consiste en resolver conflictos entre partes ajenas al propio tribunal en los cuales deba garantizarse la integridad de la Constitución. Por tanto, ni sus magistrados pertenecen al poder judicial, ni su función es política o ejecutiva, sino meramente jurisdiccional.

La distinción entre uno y otro órgano nos permite llegar a ciertas conclusiones sobre las capacidades que deben exigirse a sus miembros. Dada su naturaleza de órgano de gobierno, los miembros del Consejo General del Poder Judicial deben ser escogidos entre personas en las que se valore especialmente sus aptitudes ejecutivas y de gestión, sin que la neutralidad política sea un requisito apreciable, ya que se trata de un órgano de naturaleza política que precisamente debe actuar impulsado por razones de oportunidad y conveniencia, naturalmente dentro de los márgenes que la ley permita.

En cambio, los criterios de selección de los candidatos a magistrados del Tribunal Constitucional deben ser muy distintos. La función del Tribunal Constitucional es jurisdiccional, por tanto, su labor consiste en interpretar la Constitución y las leyes, argumentando siempre con criterios jurídicos, a partir de la legislación, la jurisprudencia y la doctrina, no mediante criterios de oportunidad y conveniencia. Si a los miembros del Consejo General del Poder Judicial se les debe exigir capacidad ejecutiva y de gestión, los magistrados constitucionales deben acreditar, sobre todo, competencia jurídica y, además, una demostrada neutralidad e independencia política. Así pues, los que sirven para un cargo pueden no servir para otro y viceversa.

Todo ello deben tenerlo muy en cuenta quienes vayan a designar a consejeros y magistrados. Su responsabilidad es alta, dado el desprestigio de ambos órganos. Si pensaran en la calidad -ejecutiva y de gestión o jurídica- en lugar de la fidelidad política a unos partidos, se haría un gran favor a la debilitada democracia española.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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El fin de la hegemonía americana, de Francis Fukuyama en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 31 julio, 2008

Estados Unidos debe renovarse en profundidad. Ya no ocupa en solitario el primer plano de la escena global; ahí actúan, y con creciente éxito, otros grandes actores políticos, económicos y culturales

Fareed Zakaria, columnista de Newsweek, habla del “mundo posterior al dominio americano” para referirse al que nos aguarda en los próximos años. El primer cambio evidente al que se enfrenta Estados Unidos tiene que ver con la aparición de un mundo multipolar. No se trata de un declive. Estados Unidos sigue siendo la mayor potencia mundial. Lo que sucede es que el resto del mundo se está poniendo a su mismo nivel.

Sí, se ha producido un impresionante desplazamiento de poder en lo que a la economía se refiere. Rusia, China, India y los países del Golfo gozan de unas economías en expansión, mientras que la de Estados Unidos ha caído en un periodo de recesión. Durante los gobiernos de Clinton y del primer Bush, Washington acostumbraba a sermonear al resto del planeta sobre cómo mantener en orden sus haciendas, pero ese tipo de sermón suena ahora un poco falso tras la crisis financiera estadounidense del pasado año. La prueba más clara del cambio al que asistimos es el endeudamiento en el que se encuentra Estados Unidos, mientras que muchos otros países están acumulando reservas.

En el futuro, las posibilidades de Estados Unidos serán mucho más limitadas. Puede que esta limitación venga dada por ciertos cambios en el equilibrio del poder militar, pero sobre todo se deberá a factores que tienen más que ver con el poder blando. Hoy, por ejemplo, los chinos y los indios exportan películas; hay estrellas de cine coreanas que son famosas en toda Asia, y los japoneses son grandes productores de cine de animación. En resumen, Hollywood ya no es la única fuente de creatividad cultural en el planeta.

Otra tendencia especialmente preocupante es la disminución de estudiantes extranjeros en las universidades estadounidenses. Disuadidos por la cantidad de obstáculos que encuentran para entrar en Estados Unidos, los estudiantes extranjeros han preferido buscar alternativas en otras partes del mundo.

Consideremos ahora un hecho desconcertante: el gasto militar de Estados Unidos es igual a la suma de los gastos militares de todo el resto del mundo. Y, sin embargo, no hemos logrado pacificar Irak en los cinco años transcurridos desde que las tropas estadounidenses invadieron y ocuparon el país. Se constata así que la fuerza militar no sirve a la hora de crear las instituciones legítimas sobre las que se asientan las naciones, de consolidar la vida política y de estabilizar esa parte del mundo.

Durante las dos últimas décadas, países tradicionalmente aliados han empezado a mostrarse opuestos a la política estadounidense. Se han formado, por ejemplo, alianzas como la del Shanghai Cooperation Council, una organización cuyo objetivo es acabar con la presencia estadounidense en Asia, incrementada después del 11 de septiembre. Y tampoco podemos recurrir con la misma seguridad que antes a nuestros aliados democráticos tradicionales.

Así sucedió en Irak, como era de esperar; pero también en Afganistán, donde, pese a que nuestros aliados aceptaban la legitimidad de la operación, arrastraron los pies a la hora de apoyar con tropas y recursos materiales. E incluso un país como Corea del Sur, que ha sido siempre un aliado, se ha visto convulsionado durante los dos últimos meses por las manifestaciones en contra de Estados Unidos desencadenadas por polémicas importaciones de carne.

En resumen, el mundo al que se enfrenta hoy Estados Unidos requiere nuevos instrumentos. Tenemos que poder desplegar y utilizar el poder duro, la fuerza militar, pero también hay otras maneras de propagar aquellos valores y aquellas instituciones que han de ser la base de nuestro liderazgo en el mundo. La labor realizada por el Gobierno de Clinton en los Balcanes, en Somalia y en Haití, en el sentido de colaborar en la construcción de naciones, fue muy criticada y tachada de “trabajo social”. Pero la realidad es que la política exterior estadounidense debe interesarse por cierto tipo de trabajo social.

Quienes se oponen al dominio de Estados Unidos en el mundo -los Hermanos Musulmanes, Hamás, Hezbolá y Mahmud Ahmadineyad, en Oriente Próximo, así como ciertos líderes populistas de América Latina como Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales- han llegado al poder porque ofrecen servicios sociales a los más pobres de sus países.

Estados Unidos, por el contrario, apenas ha ofrecido nada en este sentido durante la pasada generación. Ofrecemos mercado libre y democracia, dos cosas buenas e importantes que constituyen la base del crecimiento y del orden político. Pero ninguna de las dos parece atraer a las poblaciones más pobres, que son, en definitiva, los auténticos electores en esta lucha por el poder y la influencia en el mundo.

No creo que el declive americano sea inevitable. Estados Unidos tiene muchas bazas ganadoras en tecnología, en competitividad, en el mundo de la empresa; cuenta con unos mercados laborales flexibles y unas instituciones financieras, en principio, fuertes, aunque hemos de admitir que ahora atraviesan ciertas dificultades. Y una de sus grandes ventajas es su capacidad para asimilar a la gente de otros países y de otras culturas.

Prácticamente, todos los países desarrollados atraviesan un bache demográfico. Sus poblaciones disminuyen de año en año como consecuencia de la bajísima tasa de natalidad de sus pobladores nativos. Así que cualquier país desarrollado que desee seguir creciendo tendrá que acoger inmigrantes procedentes de países y culturas diferentes, y creo que Estados Unidos tiene una capacidad única en este sentido.

Pero hay tres puntos débiles sobre los que Estados Unidos ha de trabajar si quiere salir airoso. En primer lugar, la creciente pérdida de capacidad de acción del sector público; en segundo lugar, la manera, harto autocomplaciente, de entender al resto del mundo, siempre desde nuestra propia perspectiva; y, en tercer lugar, la gran polarización del sistema político, que impide buscar soluciones a estos problemas.

Ejemplo de lo primero es la pésima planificación de la ocupación de Irak y de la guerra que le sucedió. Otro, el desastre absoluto de la respuesta al huracán Katrina.

El segundo punto tiene que ver con la arrogancia norteamericana respecto al resto del mundo. Cuando a finales de los años cincuenta, la Unión Soviética colocó en el espacio el Sputnik, Estados Unidos respondió al reto invirtiendo masivamente en ciencia y tecnología. El resultado fue que Estados Unidos se reafirmó como líder mundial en tecnología. Del mismo modo podríamos haber respondido al 11 de septiembre: invirtiendo en nuestra capacidad para comprender la complejidad de regiones del mundo como Oriente Medio. Por ejemplo, es un escándalo que la Embajada americana en Bagdad sólo cuente con un puñado de funcionarios que hablen árabe correctamente.

El último punto que habría que resolver es el impasse en el que se encuentra nuestro sistema político a causa de la polarización. La derecha se niega a hablar de subir los impuestos a fin de financiar unos servicios públicos muy necesitados de inyección económica. Y la izquierda se niega a hablar de cuestiones como la privatización de la Seguridad Social o el retraso de la edad de jubilación.

Y ni la izquierda ni la derecha han tenido la valentía política de sugerir una subida de los impuestos sobre el consumo energético, que es la manera más obvia de solucionar la dependencia del exterior y de impulsar fuentes alternativas.

Ningún otro lugar del mundo se beneficiará de nuestra política si seguimos siendo un país que sólo se mira el ombligo, incapaz de llevar adelante las políticas y medidas proyectadas, y demasiado dividido para tomar decisiones importantes. Todo esto no sólo es perjudicial para los estadounidenses, sino también para el resto del planeta.

Francis Fukuyama es autor de El fin de la historia y el último hombre. Este texto es un extracto del discurso que ofreció en Santa Mónica el 21 de junio. Traducción de Pilar Vázquez.

© 2008, The American Interest. Distributed by Global Viewpoint / Tribune Media Services, Inc.

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Público, privado y otros debates, de Joan Subirats en El País de Cataluña

Posted in Derechos, Política by reggio on 31 julio, 2008

La clásica distinción entre la esfera pública y la privada sigue centrando muchos debates y polémicas, a pesar de los problemas de acomodación a una realidad más compleja. Asistimos ahora al conflicto de diversas fuerzas políticas y sociales en torno a la redacción final del proyecto de Ley de Educación que debe presentarse para su ulterior debate en sede parlamentaria. Uno de los ejes principales del conflicto es la existencia de centros educativos de titularidad privada que, en cambio, forman parte de la oferta pública de enseñanza obligatoria. Estos centros, desde la perspectiva de una buena parte de los más críticos con el proyecto, acumulan ventajas en su adscripción a la oferta educativa pública (en forma de conciertos económicos con la Administración), pero eluden los costes y potenciales desventajas que ello implica (al seleccionar de hecho los alumnos que admiten en sus centros). En otro orden de cosas, hace unos días y en estas mismas páginas, Carlos Losada, director general de ESADE, manifestaba su extrañeza ante el hecho de que la iniciativa de creación de la marca Universidad de Cataluña por parte de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP), no hubiera contado con las universidades no públicas que operan en Cataluña, rompiendo así una “tradición cívica de cooperación entre lo público y lo privado” que se da, afirmaba, en la enseñanza, en la sanidad o en el ámbito cultural. Y acababa manifestando: “No es la titularidad lo decisivo, sino la calidad y la excelencia que aportan para desarrollar una sociedad mejor. Tengamos valor y diferenciemos por calidad… pero no marginemos por titularidad”.

Lo cierto es que al margen de los deseos o preferencias de cada quien, la realidad catalana en relación con los servicios educativos, sanitarios y de muchos otros tipos, expresa un notable pluralismo de protagonismos desde las distintas esferas: de iniciativa mercantil-privada, de iniciativa social, de titularidad pública. Ello sin duda ha diferenciado históricamente a Cataluña de otras zonas de España, en las que el protagonismo público ha sido casi absoluto. Desde mi punto de vista, esa mayor complejidad no es un problema. Al revés, esa tradición de emprendiduría privada y social es algo de lo que alegrarnos, sobre todo recordando que en otros momentos, la falta de iniciativa y de compromiso de las administraciones públicas venía compensada por esa capacidad de movilización social. La pluralidad y complejidad social es un signo de riqueza y de urdimbre civil que demuestra la fortaleza y la capacidad de una comunidad. Tratar de simplificar esa realidad, publificando todo lo susceptible de ser publificado, sería un tremendo error. Pero, dicho todo lo cual, tampoco podemos ser ingenuos.

Una actividad puede o no ser regulada desde la esfera pública. Toda actividad, esté o no regulada, puede ser objeto de financiación pública, en forma de subvención o por cualquier otra vía. Y evidentemente, cualquier actividad (regulada y/o financiada públicamente) puede ser gestionada y prestada tanto desde la esfera pública, con personal y bajo formas de gestión específicas del sector público, como desde el sector mercantil o social, con sus propias lógicas. Las actividades que gozan de financiación pública para que presten un determinado servicio, han de ser controladas. No sólo a efectos de que cumplan la normativa, sino también para que usen los recursos públicos de manera consistente con los objetivos y las especificaciones que el servicio exige. De manera que la falta de control directo se vea compensada por una eficaz inspección y evaluación de sus actividades. La financiación pública exige cumplir no sólo la regulación, sino que normalmente implica el seguimiento en la forma en que debe desarrollarse un servicio concebido como público, pero que se presta desde la esfera no pública. A nadie le obligan a aceptar la financiación pública de sus actividades. En cambio, las instituciones públicas no pueden escoger habitualmente el ámbito o localización de sus servicios, sino que ello viene definido por las necesidades públicas y por las normas existentes al efecto.

Las obligaciones del sector público no son sólo la eficiencia o la calidad de sus servicios, sino también la equidad en el acceso y la no discriminación. En esa línea, tan definitorio de la calidad de un servicio es que los alumnos salgan bien preparados del centro, o con buenos niveles de salud del hospital, como que ese centro o ese hospital. de titularidad no pública pero financiado con fondos públicos, no haya discriminado a nadie por razones ajenas a la regulación que cubre y obliga tanto a los proveedores públicos como a los privados. No deberíamos admitir que un centro sanitario de la red pública de salud (de la titularidad que sea) deje de aceptar a un enfermo por los costes que implicaría su ingreso. Y tampoco deberíamos admitir que una escuela busque la manera de evitar cierto tipo de alumnado usando todo tipo de estrategias (y ello ocurre quizá en algunos centros públicos, pero los datos y evidencias disponibles apuntan a que se da mucho más menudo en los concertados). Si ampliamos el marco a servicios públicos no estrictamente universales y altamente protegidos (como la enseñanza obligatoria o la salud básica), veremos como, por ejemplo, las universidades públicas no tienen una oferta estrictamente limitada a los estudios considerados rentables, sino que asumen las obligaciones derivadas de su estatuto y aseguran también que se puedan estudiar titulaciones que difícilmente encontramos en centros privados. La calidad y la excelencia no se limitan a las clasificaciones sobre atractividad de determinados estudios, sino también en la capacidad de retorno social de la actividad de formación e investigación. El debate de estos días sobre la nueva Ley de Educación de Cataluña resulta muy significativo, ya que, más allá de los entresijos de la ley, pone de relieve la necesidad de ser más cuidadosos sobre lo que entendemos que deba ser la financiación pública de determinados servicios y el control sobre sus resultados. Cataluña tiene la suerte de tener una gran pluralidad de actores e instituciones en ámbitos tan significativos para el bienestar de la ciudadanía como son la educación, la sanidad o los servicios sociales. No deberíamos perder esa riqueza, ni tampoco la capacidad de dirección estratégica que la sociedad ha otorgado a las instituciones públicas en forma de legitimidad política y en forma de contribución impositiva.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

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¿Está Guinea Ecuatorial en nuestra memoria histórica?, de Araceli Mangas Martín en El Mundo

Posted in Derechos, Historia, Internacional, Política by reggio on 31 julio, 2008

TRIBUNA LIBRE

La gran mayoría de españoles con menos de 40 años no saben que Guinea Ecuatorial fue colonia española durante 230 años: desde finales del siglo XVIII (1778) hasta su ejemplar proceso de autonomía y final independencia, lograda en 1968 -con una relación especialmente intensa con la metropoli durante el siglo XX-. Y con seguridad son mayoría los jóvenes españoles que desconocen que Guinea Ecuatorial es el único país de Africa donde se habla la lengua común española.Desde hace algunos años, los ecuatoguineanos no existen ni para la España oficial o de la política, ni para la España mediática, ni para la España real. Y tampoco para nuestro dinámico empresariado. Guinea Ecuatorial sólo aparece en los medios españoles por motivos negativos. Hace unos meses, por la detención de uno de los líderes opositores, supuestamente implicado en acciones de tráfico de armas. Y más recientemente, el país ha sido noticia de primera página debido a la cancelación de un viaje del dictador Teodoro Obiang al no poder ser recibido ni por el jefe del Estado español -el Rey- ni por el presidente de Gobierno.

No voy a analizar las dificultades que hayan tenido ambos mandatarios para recibir al dictador guineano ni compararlo con otros dictadores que siguen siendo recibidos por ellos. Pero sí quiero reflexionar sobre los ecuatoguineanos, y sobre nuestras relaciones y responsabilidades de pueblo a pueblo. Hemos compartido más de 200 años de historia que no se deben borrar de la memoria de los españoles de hoy y de mañana. Sobre todo porque el sistema educativo de las últimas décadas se ha empeñado en expulsar la historia de España del conocimiento de dos generaciones de españoles, y con ello ha querido borrar de la memoria histórica nuestra presencia y responsabilidad con el pueblo de Guinea Ecuatorial.

Cuando se explica en las aulas a los estudiantes cuáles fueron los territorios que España descolonizó, bajo la buena influencia de un gran ministro de Asuntos Exteriores como fue Fernando María Castiella, en los años 60, cumpliendo con las normas de la ONU, reconocen que nadie les ha hablado nunca de las provincias de Fernando Poo y Rio Muni; hay que escribirles los nombres en la pizarra y situarles donde está Guinea Ecuatorial. Desolador.

España y los españoles no tienen en su memoria histórica a Guinea Ecuatorial. Pero debemos saber que España y los españoles seguimos en la memoria histórica de los ecuatoguineanos. Las desavenencias políticas con España surgieron a los pocos días de la independencia y se agudizaron con la explotación de las inmensas riquezas de petróleo y gas en beneficio de unos centenares de dirigentes de la dictadura. De hecho, la pésima relación con España llevó al dictador Teodoro Obiang a acercarse, primero, a Francia (al franco y a la francofonía) y luego a entregarse a Estados Unidos. Sin embargo, ninguno de los dos países representa nada para los comunes ecuatoguineanos, que siguen recordando con cariño y nostalgia a los españoles y a España.

Pocos pueblos, posiblemente ninguno, entre la casi treintena de los que colonizó España en América, Africa y Asia, sigue recordándonos con tanto afecto y con tanta esperanza puesta en las generaciones actuales de españoles. Me atrevo a decir que la buena gente del pueblo ecuatoguineano ama más a España que muchos de nuestros políticos. Y ese sentimiento se ha transmitido de padres a hijos, después de 40 años de independencia y a sabiendas del desinterés de la España oficial y real por ellos.

No deja de ser curioso que los españoles que vivieron en la colonia guardan todavía hoy un recuerdo nostálgico del pueblo ecuatoguineano y de la fascinación que produce ese país. Es una lástima que los Gobiernos de España no hayan sido más sensibles y abiertos, tanto al amor de los ecuatoguineanos por nuestro país, sin reparar ni centrar nuestra relación con sus gobernantes («las relaciones son con los pueblos», se decía cuando se abrazaban con Pinochet o con Videla o con Castro, o con el sátrapa de Marruecos o de tantos otros países…), como al hecho de la influencia de los cientos y cientos de españoles que tuvieron relación con la colonia.

Con el paso del tiempo, estos últimos desaparecerán por ley de vida y serán la última generación que vivió bajo la Administración colonial y siente con dolor el olvido de ese pasado; y los ecuatoguineanos podrían olvidarnos un día si se les sigue dando la espalda generación tras generación. Parece como si al Gobierno de España nada le importara que se dejara de hablar castellano en Guinea Ecuatorial y se olvidara su vínculo afectivo con nuestra nación. Claro que, en el pasado, a los indolentes Gobiernos de España nunca les importó desvincular a Filipinas de nuestra cultura. Pero la incuria y la desidia no puede ser la respuesta de la España actual.

El Gobierno y la sociedad, con sus empresas y fundaciones, con sus cooperantes, el país entero, debe reaccionar y rescatar su memoria histórica ayudando a la preparación del futuro inmediato de los ecuatoguineanos. Sin olvidar que los opositores exilados que viven en España demuestran su honradez y valentía -les bastaría aceptar el régimen de latrocinio para ser inmensamente ricos en un país que nada en petróleo desde hace 10 años y su población vive en la mayor miseria conocida-.

Desde hace años, los ecuatoguineanos no son tenidos en cuenta en los programas oficiales españoles de becas. Ya no se presta ayuda a la juventud guineana para hacer estudios universitarios o de formación profesional cualificada aquí, ni se le ayuda a formar una clase profesional capaz un día de asegurar la existencia de una sociedad civil que introduzca unas coordenadas mínimas de economía productiva y, a ser posible, una transición pacífica hacia la democracia. La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) sigue presente y algo hace, justo es reconocerlo, pero no es suficiente en un país que no tiene Estado y cuyos dueños (más que dirigentes) ni tienen voluntad ni capacidad para administrar en el interés común sus recientes e inmensas riquezas.

Los Ministerios de Asuntos Exteriores y Cooperación, de Educación y Cultura y el de Ciencia e Innovación, así como las grandes empresas españolas, deberían abrir sus programas para los ecuatoguineanos y asignar recursos para becas de formación de jóvenes bachilleres, para que, incluso, estudien los últimos años en España y se preparen para acceder a la formación universitaria y la profesional según sus capacidades e inclinaciones. Hay que dar una oportunidad de formación a la juventud de un país en el que no hay ni tan siquiera una librería…

También desde esas instancias gubernamentales y empresariales deberían impulsarse programas de investigación sobre Guinea Ecuatorial para fomentar el interés de nuestra ciencia sobre ese país y fomentar nuestra presencia allí, financiando proyectos de investigación a desarrollar sobre el terreno. El territorio ecuatoguineano tiene que producir fascinación a cualquier investigador experimental inquieto y ser un excelente laboratorio para botánicos, biólogos, geógrafos, vulcanólogos, investigadores médicos, etcétera.

Les liberamos de nuestra dominación colonial en 1968 para entregarles a las atroces dictaduras de Macías y de Obiang, ejecutor y sobrino del anterior. Nuestra responsabilidad no terminó con su supuesta independencia. Tenemos pendiente la obligación con el pueblo de Guinea Ecuatorial de ayudarle a encontrar la libertad y de prepararle para la libertad y la democracia. La meta de la descolonización era la libertad y aún no la ha encontrado. Es también nuestra responsabilidad y una buena oportunidad para el Gobierno de España en este año en el que se cumplirán 40 años de la Declaración de su Independencia el próximo 12 de octubre.

Araceli Mangas Martín es catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Salamanca.

© Mundinteractivos, S.A.

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El fin de la opulencia, de Rafael Martínez-Simancas en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 31 julio, 2008

INSOLENCIA PASAJERA

Compradores compulsivos, hijos de la generación del gasto, hipnotizados hipotecados, manirrotos con cuatro manos de cien dedos, clientes del lujo superfluo, alegres consumidores de energía… arrepentíos porque ha llegado vuestra hora. Un ángel con traje de inspector os llevará hasta la presencia de Miguel Sebastián y éste os pedirá cuentas de vuestro gasto corriente. ¡Ay de aquel que se haya dejado encendida una luz al salir de casa! Y no habrá consuelo para los que lloren sobre una multa por exceso de velocidad. Es el fin de la opulencia, Sebastián anuncia el nuevo catecismo de los tiempos modernos: se puede vivir con menos kilovatios, y sabido es que no hay nada más inflacionario que las luces del castillo de Herodes en un belén.

Yo, pecador, me confieso ante Vos; admito que alguna vez he cometido pecadillos veniales contra el consumo. Pero me pregunto si podemos vivir con las nuevas normas de Industria, ¿cómo es posible que hayamos derrochado tanto? Se me plantea una cuestión de conciencia. Se trata de un problema teológico-tecnocrático (aquí querría ver a Milton Friedman); la parte científica nos la han explicado y responde a un inmediato recorte de energía, pero ahora hace falta un proceso de convicción interior que roza con la reeducación de la ciudadanía. Y, puesto que se trata de medidas de choque, nada mejor que aprovechar que se jubila Maldonado y poner al padre Gabriele Amorth en TVE. En lugar del tiempo, que es una materia sobre la que cada uno tiene formada su opinión, y luego el cielo decide, sacamos al padre Amorth, que pasa por ser el mejor exorcista del mundo. El objetivo es arrancar el demonio del consumo que todos los españoles llevamos dentro, lograr que entremos en convulsión ante la pantalla y así hasta arrojar la maldad en forma de recibos de la VISA. En términos económicos, sería lograr una fusión entre la necesidad y la virtud.

Hay que conseguir que, cuando el satélite haga la foto nocturna, España no parezca una continua feria iluminada de la que parte el humo de los churros hacia la lejosfera sideral. Acostumbrarnos a que cuando veamos a un mogollón de gente en bicicleta que galopan por la autovía, no es que se trate de una etapa de la Vuelta Ciclista a España, sino de trabajadores que se aproximan a la ciudad. Es decir, que se va a enterar el jeque porque se le va a terminar el ingreso, se le va a mustiar el moño del turbante. En un gesto quijotesco le podemos devolver unos cuantos barriles de petróleo a Chávez: «Tenga, gracias, de parte de Zapatero; éstos nos han sobrado hoy». Ya que todo es razonable, llegará la cartilla de razonamiento.

© Mundinteractivos, S.A.

La invisibilidad de lo evidente, de Javier Ortiz en Público

Posted in Cultura, Historia by reggio on 31 julio, 2008

El viernes pasado publiqué aquí mismo una columna en la que conmemoraba el 25º aniversario de la promulgación de la encíclica Humanæ Vitæ,  de Pablo VI. Todavía no era mediodía y ya había recibido un buen puñado de recados señalándome que mi información era inexacta: hace 25 años, para empezar –me decían–, Pablo VI ya ni siquiera vivía. Me quedé perplejo. Yo me había basado en una cronología de acontecimientos históricos bastante completa y rigurosa que suelo manejar y, además, había consultado un buen puñado de documentos para asegurarme de que el recuerdo que guardaba del escrito papal no traicionaba su contenido. ¿Cómo se me podía haber colado un error de tanta monta?

Empecé por reprocharme no haber contrastado la fecha en más fuentes. “Típico patinazo de periodista con exceso de aplomo”, reflexioné. “Como esa cronología te ha funcionado bien tantas veces, ya la das por infalible. Bajas la guardia y, si contiene un error, te lo cuela”.

Pero algo fallaba también en esa explicación, porque repasé las demás referencias que había manejado para escribir la columna y todas aportaban la misma fecha: la Humanæ Vitæ vio la luz el 25 de julio de 1968.

Tardé algo así como un cuarto de hora (¡creedme!) en comprender que mi error había sido, a la vez, de más bulto y más obvio. Tan gordo que, a fuerza de tenerlo todo el rato delante de las narices, no lo veía. Sencillamente, entre el 25 de julio de 1968 y el mismo día de 2008 no habían transcurrido 25 años, sino 40.

Mi cultura general presenta extensas y profundas lagunas, no lo niego, pero sumar, lo que se dice sumar, sé hacerlo.

Al final, la anécdota me pareció, amén de cómica, aleccionadora: vi cuán fácil resulta obcecarse en apreciaciones en las que no nos detenemos ni poco ni mucho, porque tomamos por evidentes y damos por descontadas. ¿No reside ahí el arte del ilusionismo y, en parte, también el de la política? Ambos consiguen que haya asuntos que, a fuerza de parecer de cajón, el público los asume sin examen previo.

Pero yo me quedo con la lección interna: más que de los demás, hemos de desconfiar de nosotros mismos. Nunca lo haremos lo suficiente.

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El poder de compra de los salarios cae a mínimos y hunde el consumo de las familias, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 31 julio, 2008

Malos tiempos para salir de compras. El poder adquisitivo de los salarios ha caído a mínimos y eso está arrastrando el consumo de las familias hasta niveles desconocidos en las series históricas. La voz de alarma la dio ayer el Banco de España, que anticipó que el consumo de las familias creció en el segundo trimestre de este año un 1%, ocho décimas menos que el trimestre anterior y prácticamente la tercera parte de lo que se incrementó durante la última parte del año 2007. Se trata de la tasa más baja desde el segundo trimestre del año 1994, es decir justo a la salida de la última recesión.

Lo peor, sin embargo, está por venir. El propio Gobierno ha reconocido en sus últimas previsiones que en 2009 el consumo privado avanzará únicamente un 0,4%, lo que descarta cualquier recuperación de la capacidad de compra de los salarios a corto plazo. Hay que tener en cuenta que hace apenas cuatro años (en el segundo trimestre de 2004), el consumo de los hogares crecía nada menos que a un ritmo del 5%, cinco veces más que ahora.

Como sostiene el Banco de España, el debilitamiento del consumo de los hogares responde fundamentalmente a dos factores: el deterioro de la confianza de los ciudadanos sobre el futuro de la economía y la evolución “menos favorable” de sus principales determinantes, en particular la renta disponible de las familias, que se está viendo socavada tanto por la pérdida de dinamismo del empleo como por el alza de la inflación debido al encarecimiento del petróleo. Y todo ello pese a que se ha producido una aceleración de los salarios al haberse puesto en marcha las cláusulas automáticas de revisión que prevén la mayoría de los convenios colectivos. La Encuesta de Coste Laboral acaba de reflejar que el salario medio bruto de los españoles en 2007 se situó en 20.157 euros al año.

La escalada de los tipos de interés (en particular del euribor) ha mermado, igualmente, el poder adquisitivo de los salarios, que es el principal componente de la renta disponible de las familias. El tipo medio de los créditos al consumo (para nuevas operaciones) se sitúa en 8,78%, pero es que las deudas hipotecarias han alcanzado ya cotas del 5,5%, todavía sin recoger las subidas del euribor que se produjeron a lo largo del mes de junio.

El último factor que influye en la pérdida de capacidad de compra de los hogares tiene que ver con el pinchazo en su riqueza, tanto real (propiedades inmobiliarias) como financiera (fondos de inversión o inversiones directas en Bolsa). La parte positiva es que es muy probable que la tasa de ahorro de las familias haya vuelto a subir en el segundo trimestre del año por la mayor aversión al riesgo de gastar.

El comercio al por menor se desploma

Así las cosas, todos estos factores explican que las ventas al por menor -a precios reales- haya disminuido en junio nada menos que un 7,9% una vez corregido el dato de factores estacionales (por el distinto calendario laboral de cada año). Se trata del peor registro de la serie histórica, lo que refleja la intensidad del ajuste para las economías domésticas. Fundamentalmente en todo lo relacionado con la compra de equipos para el hogar (televisores, lavadoras o planchas) que está cayendo a ritmos del 17,9% anual. El gasto en alimentación no se salva de la quema y está cayendo a un ritmo del 6,8%, básicamente por la subida de precios. Las grandes cadenas son, por el momento, las más inmunes a la crisis, pero aun así sus ventas han caído un 6%, la mitad que en el caso de las pequeñas cadenas, que son las que más están notando el enfriamiento económico.

Esto es, exactamente, lo mismo que está ocurriendo en el mercado de las gasolinas. Los bolsillos están exhaustos y eso explica que la demanda global de productos petrolíferos durante el pasado mes de mayo se situara en España en 5,95 millones de toneladas, lo que representa una disminución de un 2% frente al mismo mes del año anterior. Baja, fundamentalmente, el consumo de gasolinas en los últimos 12 meses, un 4,2%, mientras que el de gasóleos crece solamente un 1,9%, con una tendencia claramente descendente en justa correspondencia con el aumento de precios.

Como señala el Banco de España, la merma del poder adquisitivo de los salarios se ha producido pese a que lo sueldos han avanzado de forma significativa en los últimos meses en coherencia con el incremento del Índice de Precios de Consumo (IPC). La remuneración por asalariado en el conjunto de la economía registró en el primer trimestre de 2008 un crecimiento del 3,9% interanual, sólo una décima más que a finales de 2007. Sin embargo, este repunte salarial es inferior al que se desprende de la Encuesta Trimestral de Costes Laborales, según la cual el coste salarial por trabajador y mes se incrementó en 1,1 puntos porcentuales, hasta el 5,1%. Principalmente por la aplicación de las cláusulas de revisión salarial.

La información disponible, sostiene el banco central, señala que la remuneración por asalariado podría haber repuntado nuevamente en el segundo trimestre. Los convenios firmados hasta junio, que afectan a 7,2 millones de trabajadores, recogen un aumento medio del 3,5% para este año, “por encima de las directrices acordadas en el Acuerdo Interconfederal para la Negociación Colectiva para 2008”, recuerda el Banco de España con evidente intención.

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El corralito amenaza España o la década prodigiosa que nos espera, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 31 julio, 2008

Una de las noticias más curiosas de los últimos meses la firma Ambrose Evans-Pritchard en el Daily Telegraph del pasado 13 de junio que, a su vez, remite al alemán Handelsblatt. Los alemanes quieren únicamente euros impresos en Alemania. No por un falso espíritu patriótico. Prima más, de hecho, el rechazo a los billetes procedentes de las naciones que, despectivamente, el mundo anglosajón ha bautizado como PIGS en contraposición con los BRICs (Brasil, Rusia, India y China). Los teutones no quieren dinero portugués, italiano, griego o español ya que “ante el riesgo de desequilibrios en la Eurozona, es mejor tener moneda de los países más estables”. No se trata de una mera anécdota. El artículo concluye señalando que, más allá de esas diferencias geográficas, el 59% de los alemanes mantienen serias dudas sobre la idoneidad de la moneda única y sus efectos inflacionarios. El euro, pese al interés político, no ha llegado a cuajar entre la ciudadanía. ¿Perdurará en el tiempo? ¿Qué pasará con España?

Esta cuestión me ha traído a la memoria el clásico publicado por Wolfang Munchau hace más de dos años en Financial Times y que sólo he localizado en los blogs de Expansión, >cuyo link les adjunto (tienen que bajar hacia la mitad de la página). Su título: “España tiene más razones para abandonar el euro que Italia”. En él, el siempre polémico Munchau, anticipaba el crash inmobiliario que finalmente se ha producido en nuestro país (consecuencia de la imposibilidad de que los factores que habían propiciado el boom perduraran en el tiempo); denunciaba la paulatina pérdida de competitividad nacional, consecuencia de la rigidez tanto de precios como de salarios (que amenazaba con llevarse por delante nuestras exportaciones en el plazo de siete años); censuraba el elevado endeudamiento patrio, derivado de la existencia de unas tasas desaforadas de consumo; y advertía, cómo única nota positiva, que el bajo nivel de deuda pública sobre el Producto Interior Bruto podía facilitar, al contrario de lo que ocurría en el caso italiano, el pago de los compromisos pendientes si el país decidía, una posibilidad remota en su opinión y en la mía, abandonar un euro del que se había beneficiado en el pasado y que, por el contrario, ahora sólo podía aportar constricciones adicionales. Su conclusión era demoledora: España se encaminaba a todo trapo hacia una recesión económica que sólo se podía corregir a través de un ajuste brutal de la demanda interna. Algo que hemos propugnado, en repetidas ocasiones, desde esta misma columna.

Ayer, un partícipe del foro me advirtió de que Munchau había vuelto a la carga con un interesante análisis, publicado el 20 de julio en ese mismo diario británico, bautizado como “La Eurozona tiene que dejar atrás su complacencia”. El titular era y es engañoso ya que el 80% del artículo está dedicado a nuestro país. Y no precisamente para bien. En él, el autor recuerda, no de forma explícita, cierto es, la validez de sus argumentos pasados. El residencial se ha colapsado, como prueba el caso Martinsa-Fadesa, mientras que España ha seguido perdiendo competitividad frente a Alemania (por el vínculo entre salarios e inflación, diferencia entre el sindicalismo reivindicativo y el participativo que está por llegar a nuestro país). De paso, por cierto, una bomba: “no se dejen engañar por el hecho de que los bancos españoles no tengan exposición al subprime norteamericano. Estar expuesto al hipotecario de aquél país es probablemente peor”. Y como colofón, el reconocimiento al margen de maniobra fiscal que tiene España que no va a impedir que el país entre en “una década de miseria, caracterizada por una caída de los salarios reales”. Mismo diagnóstico, distinto tratamiento, como verán.

Bien, más allá del juicio que alguien que ha anticipado con notable acierto el devenir económico español pueda hacer sobre el futuro que nos espera, es importante entrar en la solución que propugna que parte de una premisa inicial que pone los pelos de punta. Llegados a este punto, “España necesita de una respuesta macroeconómica que no puede desarrollar por sí misma”. Esto es: España no se vale por sí misma. Necesita ayuda exterior. Ups. Además, no puede contar con una Eurozona que no contempla transferencias cíclicas entre sus miembros sino únicamente la provisión de fondos estructurales como “ayudas iniciales al desarrollo”. Una cuestión, recogida por Munchau, surge de modo inmediato: si los socios no me ayudan, ¿qué sentido tiene pertenecer a la Unión Económica y Monetaria? Vuelve otra vez el fantasma del potencial abandono del euro y la quiebra de ese sueño irreal que todavía es la Europa unida. Ante ese peligro, el autor -en lo que supone, en mi opinión, un cambio a peor sobre su criterio de hace dos años, cuando defendía las bondades del ajuste interno- propugna un cambio del modelo de solidaridad interregional a través de establecimiento de mecanismos de financiación a los países más perjudicados por la crisis, al estilo de lo realizado en otras economías por el Fondo Monetario Internacional o FMI, esto es: condicionado a determinadas reformas estructurales de la economía. Una propuesta novedosa pero, a mi juicio, completamente inviable. Y les voy a explicar por qué.

En primer lugar, -y esto es, por supuesto, discutible-, no creo que estemos en una situación similar a aquella que ha conducido, en el pasado, a transferencias del FMI en ayuda de otras naciones. Si nos remitimos al ejemplo argentino ni el nivel de bancarización (tamaño y supervisión), ni el de desarrollo de los mercados financieros locales, ni la internacionalización de nuestras empresas, ni la flexibilidad actual de las cuentas públicas, ni la estructura monetaria de la deuda, ni siquiera el nivel de corrupción permiten establecer, de inicio, la equivalencia. En segundo término, pienso que no se puede premiar la incompetencia bajo ninguna circunstancia. Esto puede sonar poco patriota pero no puede ser que se busque arreglar, mediante transferencias corrientes, los desaguisados que, en parte, los fondos estructurales han generado en la economía. Es como apagar un fuego con gasolina. Sería un mal precedente. Tiene mucho más sentido, ahora que Europa se expande hacia el Este, vincular la entrega de esas cantidades destinadas a mejoras a unos estándares de productividad y competencia que, en el pasado, se han pasado por alto. Y aún así se trataría de un juego muy peligroso ya que, en la Eurozona, nos hemos acostumbrado a utilizar las teóricas referencias macro a cumplimentar de modo arbitrario pues el juego político permite obviarlas, a conveniencia de parte, en aras del bien superior que es el sostenimiento de la Unión. Absurdo y mina para la credibilidad del proyecto.

En tercer lugar se encuentra en concepto de asimetría. Pese al rechazo de una parte importante de los ciudadanos de la primigenia zona euro, todavía se podría justificar, al menos formalmente, la entrega a fondo perdido de un dinero comunitario con objeto de desarrollar una serie de proyectos que beneficien al conjunto. Pero premiar a los malos, con la incertidumbre que toda transferencia corriente conlleva, a costa de los buenos es condenar a la extinción al proyecto comunitario que es, precisamente, lo que tales ayudas puntuales querrían salvaguardar. Oiga si usted ha tenido años de bonanza en los que yo me he apretado el cinturón, déjeme disfrutar ahora de mis momentos de gloria y ajústese usted el suyo. Romper ese principio de igualdad de oportunidades alienta el nacionalismo económico y ahonda en el rechazo social. Cuarto, y último, creo sinceramente que el ajuste severo que se tiene que producir en España es imprescindible y que cualquier intento de ponerle un freno a través de distintas fórmulas, internas o exógenas, de aplicación del riesgo moral es un craso error que no hace más que retrasar en el tiempo la solución de los problemas. La frontera, como siempre, se encuentra en la posibilidad de un riesgo sistémico que ponga en peligro la estabilidad del país. En mi modesta opinión estamos lejos de esa situación. El hambre agudiza el ingenio y, pese a lo que afirman muchos partícipes del foro, servidor ya ha dado sus modestas recetas. Eso sí, el ajuste será largo (Rato habla en la intimidad de ocho años) pero se producirá dentro de la Unión y, salvo cataclismo, sin la ayuda de ésta. Nos toca, qué se le va hacer. Los alemanes pueden seguir acaparando euros locales para su colección. Mañana, ahora sí que de verdad, despedida y cierre con Iberia y British.

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De la desaceleración a la recesión sin pasar por la crisis, de José Oneto en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 31 julio, 2008

Cada semana estamos más cerca de la recesión económica, según vaticinan los organismos internacionales y los diversos servicios de estudios bancarios, y así lo ha insinuado, aunque matizando, el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía, Pedro Solbes, en la cadena SER.

Con esa misma parsimonia que el pasado lunes pedía a los ciudadanos optimismo y tranquilidad ante la situación económica, el vicepresidente ha reconocido, ante los micrófonos de la cadena SER, que es posible que España entre en los próximos meses en recesión económica, aunque sus previsiones indican que el crecimiento será cero y no negativo en los próximos trimestres. Recesión es cuando en dos trimestres consecutivos el crecimiento es negativo.

“Desde el Gobierno estamos trabajando con el supuesto de no recesión y, también, muy cerca de cero para los próximos trimestres. Para el último trimestre del 2008 y el primero del 2009 el PIB registrará un crecimiento muy bajo y muy cercano a cero”, “con una inflación por encima del cinco por ciento, ya que los precios subieron en julio y también subirán en el mes de agosto, vinculados al precio del petróleo”.

Coincidiendo con los negros pronósticos de Solbes, el Banco de España, en su último boletín, asegura que la crisis económica se ha acentuado en el segundo trimestre de este año, con un frenazo del crecimiento intertrimestral de sólo un 0,1 por ciento, lo que viene a ratificar los pesimistas pronósticos del vicepresidente, con el que coincide, también, en que el ciclo bajista se prolongará hasta bien entrado el año 2009, debido a la inestabilidad financiera, provocada entre otros factores por las hipotecas subprime, el elevado precio del crudo y la crisis profunda de la economía norteamericana, que está sufriendo las consecuencias de la política de George Bush, probablemente el peor presidente de la historia de Estados Unidos.

Todos estos datos indican que, según la terminología oficial, vamos a pasar de una intensa “desaceleración económica” o “serias dificultades económicas”, según expresión del propio presiente del Gobierno en su último encuentro en el Palacio de la Moncloa con los representantes de la patronal y de los sindicatos, a la “recesión”, sin solución de continuidad, y todo sin tocar siquiera la palabra crisis, de la que se ha huido intentando ignorar la realidad.

En estos momentos, de todos los países de la eurozona, España, que está a punto de conseguir la cifra récord de parados, con una tasa por encima del 10 por ciento, y con una tendencia a terminar el año por encima del 12 por ciento, según fuentes oficiales, y con una inflación también récord, es uno de los países destinados, por el hundimiento además del sector de la construcción, a entrar en recesión, junto con nuestro vecino Portugal, Eslovaquia e Irlanda. Dinamarca es el primer país de la Unión Europea que ha entrado en recesión.

Las pesimistas declaraciones de un Solbes que aparece cansado y agobiado —no sólo por el deterioro económico, sino también por la financiación autonómica rechazada por las Autonomías, especialmente la catalana, y que carece de un horizonte claro de solución, y por los problemas que tiene para la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado—, y los últimos datos del Banco de España que vienen a corroborar la parálisis de nuestra economía, configuran un panorama que ha superado al propio Gobierno y que ha llegado a desbordarle.

Quizás por eso cada vez son más las voces que están reclamando un pacto anticrisis como el que recientemente han pedido el Círculo de Economía catalán, el Instituto de Empresa Familiar o el Consejo de Cámaras de Comercio.

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La energía merece debate, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Economía, Energia by reggio on 31 julio, 2008

Como en botica, en el plan de ahorro energético presentado anteayer por el ministro de Industria hay de todo, pero quizás se echa en falta que no exista en paralelo un modelo sostenible de abastecimiento y producción.

Probablemente, lo mejor del plan sea el componente didáctico: los tiempos de energía asequible y barata se han terminado y es conveniente ahorrar. España no está en cabeza del ranking de consumo per cápita, pero tampoco lidera el capítulo de eficiencia energética por unidad de PIB. Ello relativiza en parte el discurso del ministro Sebastián en el Congreso de los Diputados, dado que no está tanto en manos de los particulares racionalizar el consumo energético, cuanto en el tejido productivo del país.

Un claro ejemplo puede ser el sector transporte, vital en todos los sentidos para el objetivo de ahorrar barriles de petróleo fijado en el plan. Sabido es que aquí se estructura básicamente sobre el camión, con el índice de mercancías movido por ferrocarril más bajo de la Unión Europea (UE). Es obvio que no está en manos de los particulares lograr ahorros en este capítulo, sin duda potencialmente muy superiores a la controvertida medida de limitar la velocidad, puesta en duda por no pocos expertos. Como también valdría la pena analizar el coste incurrido por la existencia de una red de aeropuertos operativos entre las relativamente más densas del mundo, muchos de los cuales no alcanzan el centenar de pasajeros diarios.

Usar de modo más racional un recurso que se presume caro y escaso como es la energía —léase petróleo— no es discutible, pero no menos importante es articular un modelo de provisión de fuentes primarias optimizado, creíble y con garantías de estabilidad a medio y largo plazo. España no acaba de definirlo, es verdad que más o menos como la mayoría —no todos— del resto de socios de la UE, lo que sin duda resta crédito a cuantas políticas complementarias decida acometer.

Casi siempre que se alude a la carencia de ese modelo acaba surgiendo la cuestión nuclear. Es indudable que se trata de un debate pendiente, pero no es el único en materia energética y, dada la actitud política del Gobierno al respecto, seguramente no vale la pena plantearlo ahora y aquí. En cambio, sobran razones para discutir qué opciones de energía renovable resulta más oportuno elegir.

La sustitución de uso de combustibles fósiles por fuentes renovables se ha incorporado al discurso políticamente correcto junto a la reducción de emisiones contaminantes sin apenas matices, como si no existieran alternativas ni, en consecuencia, matices entre las distintas formas de lograr ambos objetivos. Aunque el fin perseguido sea correcto, no todos los medios para alcanzarlo tienen el mismo grado de eficiencia ni comportan las mismas contrapartidas. Dicho de otra forma, cada opción disponible tiene su cara… pero también su cruz. Hay por tanto algo de fraude al presentar de modo genérico sus ventajas sin añadir las limitaciones efectivas de su aportación y algunos problemas derivados de su implementación.

Acertar o errar colectivamente en materia energética puede determinar el porvenir, en términos de riqueza, prosperidad y bienestar. Suficiente para no hurtar un debate lo más amplio posible al conjunto de la sociedad.


ebadia@hotmail.com

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La libertad es indivisible, de Antonio Alvarez Solís en Gara

Posted in Derechos, Política by reggio on 31 julio, 2008

«La libertad como una entidad indivisible jamás ha arraigado en tierra española». El rotundo planteamiento del autor se argumenta a lo largo de un artículo muy directo, en el que se llega a constatar que «España es un país que vive en dictadura permanente», una de cuyas expresiones sería la «promulgación de leyes prevaricadoras, que utiliza la judicatura como escalpelo político y bajo la protección de la fuerza armada, correctora de cualquier liberación del pensamiento».

Decía Ortega desde su observatorio español que «lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa». Sin embargo, el problema español, esto que impide a los españoles penetrar firmemente en cualquier modernidad, es que jamás triunfó en España una revolución que cambiara la mentalidad de los habitantes de este desdichado país. La constatable invalidez intelectual de los españoles para hacerse cargo de sí mismos proviene del fracaso de los movimientos que trataron de introducir el paisaje de la libertad en España. Fueron aplastadas las germanías, los irmandiños, los comuneros, dos monarquías con pretensión de apertura -la de José Bonaparte y la de Amadeo de Saboya- y finalmente dos Repúblicas. Algunos españoles intentaron dotar a su país de una soberanía ciudadana responsable, pero no pudieron superar el espíritu secular de guerrilla y caudillismo, las dos manifestaciones recurrentes de la vida pública de España. El carpetovetónico está trabado por una profunda predisposición a echarse al monte -con expresión que ha revalidado un sólido español, el Sr. Azkuna- o a uncirse al coche de un soberano reaccionario para conducirlo en triunfo hasta Madrid.

Vivimos ahora una situación que expresa perfectamente este fondo de armario de la españolidad. La incapacidad para concebir la libertad, y con ella una cierta democracia, vuelve a surgir del fondo social como un geyser. La libertad es troceada en cien libertades raquíticas que elabora la ciudadanía hispánica para evitar una toma profunda de postura cara al ejercicio democrático. Todo el mundo es libre en España salvo todo el mundo. Es curioso esto de que todos los españoles sean libres mientras no lo es el pueblo español.

El fenómeno siempre ha atraído a los viajeros foráneos, que han escrito incluso con elogio acerca de esta teratológica vida española. Un fino observador francés, Camilo Mauclair, escribió una sugestiva obra -«La espléndida y áspera España»- sobre lo que podríamos llamar no la vida sino el suceso español. Se vive en España con libertades de barrio, de café, de tertulia chillona o de gabinete ministerial. La concepción de la libertad como una entidad indivisible, que hace vigorosas las particularidades mediante el ejercicio de la dialéctica, jamás ha arraigado en tierra española. Cuando alguien desde el poder habla de defensa de la libertad deja sin libertad a miles de ciudadanos españoles. No hay manera de que funcione la libertad sin adjetivos en España porque esa gran y única libertad, la que permite una eficaz cosecha dialéctica, es considerada una materia explosiva, una proposición deshonesta, una práctica criminal. La libertad vive siempre en zulos que acaba por encontrar también la Guardia Civil conducida por dirigentes políticos que turnan para hacer lo mismo, aunque de modo distinto.

Todo lo anterior conduce a una repetida situación de caquexia vital, de pobreza mental. La clase dirigente española, que contamina profundamente a las masas, no entiende que la libertad ideológica conlleva una práctica dialéctica que enriquece a los individuos y los hace aptos para una democracia saludable. Hace doscientos años se dijo esto en la Asamblea Nacional francesa: «Cada sección del (pueblo) soberano reunida debe gozar del derecho de expresar su voluntad con entera libertad; es esencialmente independiente de todas las autoridades constituidas y dueña de organizar y reglamentar sus deliberaciones». ¡Hace ya doscientos años! Una libertad verdadera, o sea, indivisible, que se atreva a manejar todas las cuestiones sin hipócritas y destructoras cirugías, crea un país con seguridades morales que contribuyen a un buen desarrollo mental. Habitúa esa libertad a tomar todos los problemas en la mano y disecarlos hasta sus últimas fibras. Sin una libertad plena -esto es, sin la capacidad para ver los problemas en todo su verdadero alcance y sin incurrir en excomuniones- los ciudadanos se vuelven agresivos y las instituciones resultan opresoras. Y lo cierto es que unos ciudadanos agresivos al servicio de unas instituciones opresoras es lo que define al fascismo.

Cabe afirmar que España es un país que vive en dictadura permanente. Pero no en la dictadura romana, concebida para casos de emergencia -que tampoco resultó benéfica para la libertad de Roma-, sino en una dictadura socialmente agostadora y suscitadora de todas las barbaries, incluyendo las jurisdiccionales. Un cauto conservador catalán, el Sr. Cambó, trató incluso de fabricar un marco aceptable para las dictaduras en España al exigir para las mismas las tres condiciones romanas: tiempo limitado, asunto concreto y rendición de cuentas. El Sr. Cambó fracasó clamorosamente. Esto debería tenerse muy en cuenta para que la ciudadanía española sepa en lo que se embarca con la dictadura fáctica que estamos viviendo so pretexto, entre otras cosas, de la cuestión vasca. El pacto antiterrorista en un ejemplo perfecto de esa situación dictatorial. Si analizamos la propuesta camboniana concluimos que el tiempo limitado de ejercicio del poder inevitablemente acaba creando al dictador interminable, aunque ese dictador se encarne en varios gobernantes sucesivos que se traducen en la figura del dictador colectivo. El asunto concreto contamina a los restantes asuntos que no entran teóricamente en el ámbito dictatorial. Y, finalmente, jamás hay rendición de cuentas, como prueban entre nosotros los cuarenta años de oprobio franquista, cuya sombra es tan alargada.

Otra expresión de la dictadura española es la tumultuosa promulgación de leyes prevaricadoras, que utiliza la judicatura como escalpelo político y bajo la protección de la fuerza armada, correctora de cualquier liberación del pensamiento. Parlamento tan compacto ideológicamente como las Cortes Españolas del dictador. Nada creativo aparece en sus debates, que acaban siempre en una exhibición de líderes pobres de calidad y con un equipaje ideológico estéril hasta la extenuación. Repetir, por ejemplo, que no se puede discutir el problema nacionalista por la presencia de la violencia es de una miseria lógica aterradora, además de constituir una alegación ruinosa para quien la hace, ya que desvela indiscutiblemente que el actor de esa violencia tan cacareada tiene en sus manos nada menos que el poder político. Y eso sabemos que no es cierto. Un Estado en cuyo seno no se puedan abordar las grandes o delicadas cuestiones porque alguien practica la lucha armada, con hechos muy puntales además, es un Estado obviamente débil; un Estado que además de estar afectado por la debilidad maneja tuertamente los sucesos para no avanzar en el camino que ha dejado previamente sin salida.

Pero decir todo esto no deja de constituir una decisión poco confortable para los intereses vitales de quien lo dice. Una democracia paradójicamente sin libertad, como la española, pende siempre como una cuchilla sobre el cuello de quien manifiesta esas ideas. Cuando la libertad se descompone en tantas libertades caprichosas como el poder quiere instituir en cualquier momento puede surgir la norma o la interpretación circunstancial de la norma que convierte la reflexión intelectual y a quien la ejerce en un puro y fantasmal delincuente. Estamos en esa situación. No debemos olvidar que el régimen que rescató al Régimen conserva las armas que este último tuvo, a las que además va afilando con la multitud de normas que lo hacen letal en el marco de un parlamentarismo inexistente y que es mentida fachada del pensamiento único. Normas en las que veo de alguna manera un viejo y atrabiliario poder manchú, repleto de funcionarios inclinados ante el Trono.

Antonio Alvarez Solís, periodista.

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