Reggio’s Weblog

Presentación de «Crónicas del 6 y otros trapos sucios de la cloaca policial», de Javier Ortiz en su Blog

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 24 febrero, 2009

El 18 de febrero de 2009 se celebró en Madrid, en la librería libertaria “Malatesta”,  la presentación del libro “CRÓNICAS DEL 6 Y OTROS TRAPOS SUCIOS DE LA CLOACA POLICIAL”, interesantísimo libro del periodista catalán David Fernàndez. Intervino también en el acto (además del autor, claro) Jorge del Cura, destacado luchador contra la tortura. Lo que sigue es el texto que leí.

Hace unos cuantos días, Luis Herrero –ex periodista derechista muy militante, y ahora eurodiputado no menos militante del PP– fue expulsado de Venezuela acusado de estar incumpliendo sus obligaciones como observador internacional en el referéndum convocado por Hugo Chávez. Aún a sabiendas de que un observador internacional tiene como primer y máximo deber ser exactamente eso, observador, y no meter baza dando y quitando razones sobre el acontecimiento que supervisa, no es mi intención meterme hoy en disquisiciones sobre el grado de astucia o de tosquedad política de la decisión del gobierno chavista de expulsarlo del país. A los efectos de este acto de hoy, llamo la atención sólo sobre un punto: Luis Herrero se permitió acusar a Chávez de “dictador”. Y eso me hizo gracia, porque Luis Herrero (o, para ser más exacto, Luis Herrero-Tejedor) es hijo de Fernando Herrero-Tejedor, un personaje que, amén de fiscal en épocas tenebrosas, fue también secretario general del Movimiento, esto es, máximo jefe del partido único que sustentó el régimen de Franco y que le sirvió de brazo político y represor. De modo que, cuando perora sobre dictadores este Luis Herrero de ahora, un individuo que jamás ha renegado del pasado de su padre, ¿qué lo hace: como crítica o como lisonja?

David Fernández, en este Crónica del 6 y otros trapos sucios de la cloaca policial, hace referencia a la  ascendencia de Julia García Valdecasas y a la trayectoria fascista de su padre, oprobio que fue de la Universidad de Barcelona. Doña Julia, recientemente fallecida, fue digna sucesora de su progenitor: heredó su alma represora.

El pasado domingo, en una tertulia radiofónica, señalé esa circunstancia y hubo quien me lo reprochó: “Hombre, uno no es responsable de sus antecesores”, me dijo. No lo es, desde luego, salvo que los asuma y les dé continuidad.

Soy muy consciente de ello, porque mi abuelo paterno, policía de pro, fue (aparte de gobernador civil en varias capitales y jefe del servicio de seguridad de Alfonso XIII) uno de los fundadores de la Escuela Superior de Policía, puesto desde el que aleccionó a gente tan caracterizada como Melitón Manzanas.

La diferencia está ahí: tanto Julia García Valdecasas como Luis Herrero se han declarado orgullosos de sus ancestros fascistas. En mi caso, jamás he ocultado que tengo clarísimo que mi abuelo fue una mala persona, un mal bicho, maestro de torturadores. Aspecto éste que quizá explique mi fijación por la lucha contra la tortura, de la que yo mismo he sido víctima. Todo lo cual seguramente explica que hoy esté aquí, ayudando a presentar este libro.

El libro de David Fernández es una joya.

En primer lugar, por la información que proporciona. Admito que, pese a mi interés por la información política en general y por los excesos policiales, en particular, desconocía muchas de las historias de las que David da cumplida razón, empezando por la existencia de ese grupo 6 de la policía en Cataluña, especializado en provocaciones y malos tratos. Para quienes no os dediquéis profesionalmente a estos asuntos y no los tengáis todo el día bajo vuestro punto de mira, la lectura de este libro puede ser un auténtico aldabonazo. Porque muchos hemos aportado el testimonio de historias estremecedoras de lo sucedido durante el franquismo, pero lo que se cuenta aquí forma parte de las cloacas de la llamada democracia: con Suárez, con Calvo-Sotelo (tuvo poco tiempo, pero no lo malgastó), con González, con Aznar y también, desde luego, no os quepa la menor duda, con Rodríguez Zapatero. Porque a los presidentes les pasa como a los hombres: que son todos iguales.

El segundo gran mérito de este libro es su técnica narrativa: va soltando sus misiles en forma de perdigonadas, breves, lanzadas en muy diversas direcciones, pero igual de demoledoras. Al final, es como el disparo de una escopeta de cañones recortados. Lo alcanza todo. O, por decirlo de modo menos truculento: es como un cuadro puntillista, que logra un retrato fiel de la realidad a base de una enorme cantidad de trazos aparentemente aislados.

Tercer mérito, y no el menor: su valentía. No sólo llama a cada cosa por su nombre, sino también a cada quien por su nombre. No tira ninguna piedra para esconder luego la mano.  Si lanza una acusación contra alguien, lo señala con el dedo. Y dice por qué.

Cuarto mérito: nos demuestra de manera pormenorizada que el terrorismo de Estado no es sólo, como a veces se piensa, una aberración que montan altos servicios secretos para cometer crímenes muy especiales contra personas tenidas (con razón o sin ella) por peligrosos enemigos del orden constituido, sino que es también una actividad sistemática y rutinaria, destinada a amedrentar a toda la población potencialmente rebelde y a servir de válvula de escape a las ansias de prepotencia de unas fuerzas represoras entrenadas para serlo.

Ante este libro soy incapaz de mostrarme neutral, porque me pilla muy de dentro. Me coge por las entrañas. No sólo por la ingente cantidad de brutalidades y arbitrariedades policiales que relata, sino por el telón de fondo de pasotismo que revela. Es demasiada la gente que quiere que la Policía (la que sea: todas las policías) se las arregle para que la vida no le importune todavía más, sea como sea y a costa de lo que sea.

David pone algunos ejemplos muy ilustrativos. Yo he recordado, leyéndolo, una secuencia de La Batalla de Argel, la estremecedora y en tantos sentidos inquietante película de Gillo Pontecorvo, en la que el coronel Mathieu, cabeza de la represión contra el Frente de Liberación Nacional argelino, pregunta, cuando se le pide que hable de los métodos represivos que utilizan las fuerzas armadas francesas, qué es lo que quiere la mayoría, si que le resuelvan los problemas o si discutir sobre cómo se los resuelven. En la España actual, e incluso en la Cataluña actual, y también en la Euskadi actual, hay demasiada gente que no quiere discutir sobre métodos. Lo que quiere es que les quiten los conflictos (y a los conflictivos) de encima. Y si es por las buenas, bueno, y si es por las malas, pues se mira para otro lado, y ya está. No podría haber una cúspide estatal tan perversa si no hubiera una base social tan degradada.

Todos los terrorismos de Estado son, en realidad, el mismo terrorismo. David Fernàndez cita casos de los más diversos géneros. También podría hacerlo mucha otra gente. Hace escasos días, alguien descerrajó con habilidad la puerta del piso de un periodista amigo mío que está haciendo un trabajo de investigación que afecta a altos cargos de la Comunidad de Madrid. Quienes entraron en su casa registraron sus papeles e inspeccionaron su ordenador. No lo mataron, ni le conectaron electrodos en los testículos: es otra variante del multifacético terrorismo de Estado. Terrorismo de Estado de baja intensidad, podría llamarse.

Yo tengo una casa en Alicante muy cerca de donde un cazador dominguero encontró en 1985 los cadáveres de Lasa y Zabala, presuntos miembros de ETA que fueron enterrados en cal viva. El Mundo sacó la noticia. Eran otros tiempos y por entonces yo era subdirector de ese periódico. Poco después del macabro hallazgo, me encontré con que alguien había entrado en mi casa de la campiña alicantina y se había dedicado a hurgar todos mis papeles. Quienes fueran hicieron un trabajo limpio: incluso barrieron cuidadosamente los restos del ventanal que rompieron para entrar. Toda la papelería estaba revuelta, pero no robaron nada, y menos de valor (ni siquiera policial, porque yo no tenía nada que ver con la investigación periodística del caso).

Son casos de terrorismo de Estado de baja intensidad. Pero estos dos que he citado por lo menos tienen algo que ver con lo que podrían considerarse “cuestiones de Estado”. Hay muchísimas más que se refieren a asuntos en los que ni el Estado, ni el Gobierno, ni la respectiva Comunidad Autónoma se juega nada de mayor trascendencia, salvo la fijación del sacrosanto “principio de autoridad”: aquí mando yo, la Ley soy yo, se hace lo que yo diga y al que lo ponga en duda le parto la cara. Y no hace falta que lo ordene ningún general: basta con que sea un sargento o un cabo.

En la época en la que Julia García-Valdecasas estuvo al frente de las fuerzas represivas en Cataluña, se produjeron del orden de 700 detenciones relacionadas con actos de motivación política y social. Según cálculos presentados en Barcelona en un seminario que se realizó en 2005, en la década anterior la cifra de detenidos fue de 2.000 personas, en números redondos.

Excuso decir que muy pocas de esas detenciones se han traducido en sentencias judiciales condenatorias. En caso contrario, Cataluña tendría más presos políticos que Euskadi.

Pero, a fin de cuentas, ¿qué es un preso político, o un preso social? Lo que está en cuestión no es lo que ha hecho o dejado de hacer el uno o el otro, sino la lógica aplastante que se les aplica a todos. Leo en el libro de David un par de apuntes. El primero se llama “Economía de mercado” y dice:

«Condena de 600 euros a un policía español por matar a un joven que huía con un coche robado. Condena de 240 euros a una inmobiliaria por dos meses de mobbing (sin agua ni luz) en la calle Verdi de Gracia.

25 euros de multa a un concejal de la Plataforma per Catalunya por Intentar quemar una mezquIta.

¿El que la hace la paga?

20.000 euros por quemar un cajero automático. Y 18 años de cárcel. La mitad para el asesino del joven militante antirracista Guillem Agulló.

En el mundo del capitalismo maduro son más importantes las cosas que las personas. Y si la cosa es un cajero automático, prepárate.

La economía antirrepresiva. Tirando bajo, a nosotros nos sale que entre procuradores, fianzas, abogado y procesos dilatados, la broma no ha bajado de 600.000 euros. 100 millones de pesetas.»

Y David escribe a continuación, bajo el título “Regla de tres”:

«Somos un país pequeño. Y por eso proyectamos la represión al Estado. Y hacemos números, prospecciones. Si los niveles de conflicto social y represión hubieran sido los mismos en todo el Estado español en este ciclo de luchas, ¿qué radiografía obtendríamos? Es ucrónico y utópico, pero estas serían las cuentas: 16.000 detenciones entre 1995 y 2005. 420 agentes dedicados únicamente a los movimientos sociales. 160 encarcelamientos. 40 presos. 8 suicidios. 56 infiltrados descubiertos.

Es otra manera de visualizar y proyectar una etapa. Y las conclusiones son bastante fértiles. Por elocuentes. ¿No tiene toda la pinta de una moderna guerra de baja intensidad contra la disidencia política y social?»

Hasta aquí la cita. Y la subrayo con mi respuesta: por supuesto que es una guerra contra la disidencia, pero su intensidad es más baja o más alta, en unos u otros periodos de la Historia, según sea la intensidad de la propia disidencia. Ellos están siempre dispuestos a todo. Todo depende de lo peligrosos que se muestren los que tienen enfrente.

Voy terminando. Pero no quisiera hacerlo sin referirme a uno de los asuntos que cita David cuando se refiere a la recurrente tendencia de los poderes constituidos a la utilización de agentes provocadores y de infiltrados. Él habla de un individuo al que llama Ángel Grandes Herreros, un policía que se hizo pasar primero por okupa y antimilitarista, que luego se las dio de solidario con Chiapas y viajó un par de veces a México, que pasó más tarde por Euskadi y se mezcló con la kale borroka y se vino finalmente a Madrid, donde se le perdió el rastro de manera bastante enigmática después de que su novia muriera de un tiro de bala. Mi mujer suele decir que el mundo es un pañuelo de mocos verdes, y eso me hizo recordar que una compañera suya de colegio, Maika Pérez, murió de un tiro que salió de la pistola de su novio, policía, que había estado en Barcelona, que viajó un par de veces a México, que luego pasó por Euskadi y que acabó en Madrid. El individuo, de nombre de pila Ángel, aunque con apellidos distintos, fue llamado a declarar ante el juez, pero se cuenta que lo que declaró es que sabía demasiadas cosas sobre la lucha antiterrorista y que, si empezaba a largar, podía resultar bastante comprometido para muchos peces gordos.

Lo único indiscutible es que la causa por la muerte de Maika Pérez duerme el sueño de los injustos.

Felipe González dijo en cierta ocasión, con el telón de fondo de los GAL, que al Estado también se le defiende desde las cloacas. Mi criterio, reforzado por el libro de David Fernàndez, es que al Estado se le defiende sobre todo desde las cloacas.

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El Relator Especial y el entramado, de Javier Ortiz en Público

Posted in Derechos, Justicia, Literatura, Política by reggio on 10 febrero, 2009

Ahora las sentencias del Tribunal Supremo se refieren a “el entramado ETA-Batasuna” como si apelaran a un concepto de estricto rigor jurídico.

Askatasuna es un partido inscrito debidamente, cuya ilegalización nadie ha promovido hasta este momento, pero no podrá concurrir a las próximas elecciones  vascas porque, según criterio unánime del TS (que dentro de dos días ratificará el Constitucional, faltaría más), forma parte de “el entramado ETA-Batasuna”.

Nadie ha demostrado que ese “entramado” sea una organización delimitada: aparece como un magma de geometría variable al que cabe asociar (o no) a quien sea, según las conveniencias del momento. Hace cuatro años las cosas eran diferentes, pero ahora mismo, si alguien comparte un puñado de fines políticos con ETA, es de ETA, y a correr. Para los más altos tribunales españoles, tanto da esgrimir un argumento como empuñar una pistola.

Uno que no está de acuerdo con eso, vaya por Dios, es el Relator Especial de las Naciones Unidas para la Promoción de los Derechos Humanos, que ha redactado un informe en el que muestra su preocupación por las formulaciones vaporosas que contiene la Ley española de Partidos Políticos. Por resumir su argumentación, viene a decir que esa ley vale lo mismo para un roto que para un descosido.

El Relator se refiere también a la reiterada ilegalización de candidaturas electorales que, aunque compartan “la orientación política” de una organización terrorista –así lo dice–, no han sido condenadas por la comisión de ningún delito y cuyos integrantes gozan, teóricamente, de todos sus derechos ciudadanos.

Va a ser que el Relator Especial de la ONU éste forma parte también de “el entramado”.

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Cuba y la jerarquía de las fobias, de Javier Ortiz en Público

Posted in Derechos, Política by reggio on 4 enero, 2009

Karl Marx se burlaba de Proudhon, patriarca de los que calificaba como “socialistas utópicos” (¡como si él mismo no hubiera sido otro utópico más!), diciendo que el viejo revolucionario francés, de cuyo nacimiento va a hacer ahora dos siglos, vivía sobre una permanente contradicción. Según él, Proudhon resultaba demasiado de izquierdas para la derecha y demasiado de derechas para la izquierda.

Yo suelo sentirme un tanto Proudhon cuando escribo sobre el actual régimen político cubano, que acaba de cumplir medio siglo de existencia. Los incondicionales del castrismo me tienen por demasiado crítico y los anticastristas me consideran demasiado tolerante.

No es ni lo uno ni lo otro. Lo que sucede es que todos debemos establecer una jerarquía de nuestras fobias. Si juzgamos con equidad los regímenes latinoamericanos (o americanos, en general), el puesto que debemos asignar al castrismo en el ranking de lo odioso es francamente secundario. Hay gobiernos que practican el terrorismo de Estado en masa. Hay gobernantes que se dedican a expoliar a su población y a malvender los recursos nacionales para engrosar sus cuentas corrientes. Los hay que desatienden hasta extremos escandalosos la educación, la sanidad y la nutrición de sus connacionales. Y a casi todos ellos los estados occidentales los tratan como si fueran próceres, sólo porque les hacen la rosca.

No simpatizo con el castrismo y puedo argumentar por qué. Es escandaloso el monopolio que tienen los blancos en la jerarquía del poder. No soporto las restricciones que padecen allí las libertades, tanto individuales como colectivas. Y un largo etcétera. Pero miren y comparen, y, si encuentran algo mejor, compren.

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Informaciones, opiniones y zapatazos, de Javier Ortiz en Público

Posted in Medios, Política by reggio on 16 diciembre, 2008

Un periodista iraquí lanzó el pasado domingo en Bagdad dos zapatos contra George W. Bush durante una conferencia de prensa. También le increpó llamándole “pedazo de perro”.

No soy un fervoroso admirador de George Bush –quizá a veces se me note–, pero desapruebo la acción y los gritos del periodista iraquí.

En primer lugar, porque detesto el vicio de insultar llamando “perro” o “perra” al oponente. Es una manía universal que no viene a cuento. La especie canina, salvo casos especiales, posee un montón de virtudes, afirmación dudosamente extensible a la raza humana.

Pero lo que peor me cae de la acción del periodista iraquí es la beligerancia de su gesto.

A lo que tiene que dedicarse un informador es a informar. Mientras ejerce de informador, debe prescindir de sus visceralidades personales. Luego, en sus horas libres, puede decir y hacer lo que le dé la gana, como cualquier otro ciudadano, pero no mientras está cubriendo la función social de recabar y difundir datos.

Por estos pagos, en 2001, el entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, realizó una purga política en la televisión autonómica porque emitió un documental sobre Euskadi a cuyos autores, según él, les faltó “beligerancia”. Hay gente que no entiende que el informador no acude a las guerras para combatir en ellas (que eso es ser beligerante), sino para relatar lo que ve y proporcionar los elementos de juicio necesarios para que cada cual se haga su propia composición de lugar.

En tiempos, en el oficio periodístico se consideraba obligado distinguir la información de la opinión. Ahora me da que va a ser necesario empezar a distinguir también la opinión del zapatazo.

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Garzón, de Javier Ortiz en sus “Apuntes del Natural”

Posted in Derechos, Historia, Justicia, Memoria by reggio on 19 noviembre, 2008

Hay veces que uno lamenta acertar. Me habría gustado haber fallado cuando predije (ver Público, 8 de septiembre de 2008) que el sumario de la causa abierta por Baltasar Garzón sobre los crímenes del franquismo se quedaría en agua de borrajas. Pero, por desgracia, así ha sido.

No soy experto jurista, ni mucho menos, pero desde el principio hubo bastantes aspectos de su iniciativa procesal que me escamaron. Para empezar, no entendí que encausara sólo a 45 destacados integrantes del golpe militar de Franco contra la República. Si se trataba de enjuiciar los crímenes del franquismo, debería haber considerado toda la época abarcada por la dictadura, desde 1936 a 1976. El 18 de julio de 1936, muchos ejecutores de la barbarie franquista (políticos, policías y militares que o bien torturaron y mataron o bien ordenaron matar y torturar durante los años cincuenta, sesenta y hasta entrados los setenta) estaban en pañales o aún no habían nacido. ¿Qué quería Garzón? ¿Que le informaran de que los 45 elegidos por él están ya muertos y no pueden sentarse en ningún banquillo? ¡Como si no lo supiera de antemano!

Eso sin contar con que, si bien muchos criminales han muerto, el fruto de sus crímenes sigue en vigor. Los franquistas se repartieron entre ellos las propiedades de sus enemigos políticos sin cortarse un pelo. Se adueñaron a mano armada de empresas, de fincas y de casas que ahora ocupan sus descendientes. ¿Ahí no hay ninguna justicia que restablecer? ¿Nada que devolver? ¡Pero si hasta el propio Gobierno de Zapatero ocupa ahora mismo edificios que la dictadura arrebató a sus legítimos dueños!

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El deterioro, de Javier Ortiz en sus “Apuntes del Natural”

Posted in Política by reggio on 18 noviembre, 2008

Completo aquí lo que se me ha quedado en el tintero (en el teclado) tras escribir la columna que aparece hoy en Público.

Hace ya algunos años (como cinco, calculo) una persona que suele contar con muy buena información sobre los avatares de ETA me dijo en Bilbao: “Si ETA no hace más, no es porque le falte gente, ni armas, ni explosivos. Es, sobre todo, porque sus dirigentes están acojonados por el control que las policías española y francesa tienen de sus movimientos. Están convencidos de que en la organización tienen topos a diversos niveles y de que, además, bastantes colaboradores, e incluso militantes, están sometidos a vigilancia, a la espera de que den un paso en falso para echárseles encima”.

Sería probablemente cierto, y supongo que lo seguirá siendo, pero para mí que hay bastante más que eso. Las policías han aumentado considerablemente su capacitación y sus medios, en tanto que ETA ha bajado muchos peldaños en ambos terrenos.

En el de la capacitación muy obviamente. Sus dirigentes actuales están poco curtidos. Tienen poquísima experiencia organizativa. Algunos dicen: “Es que son muy jóvenes”. El problema no es la juventud. Si hubieran empezado a organizarse en la más estricta clandestinidad a los 17 o 18 años, como lo hicieron algunos de sus antecesores bajo el franquismo, habrían llegado a la treintena bastante más baqueteados. Y si se hubieran tomado el trabajo de estudiar a conciencia tácticas ad hoc, antiguas y modernas (incluyendo las policiales), se moverían con más conocimiento de causa. Pero han crecido en un ambiente muy poco exigente, que no les ha obligado a ejercitar gran cosa su sagacidad. Y mientras ellos se relajaban, los de la trinchera de enfrente no paraban de ejercitarse. (A modo de ejemplo de lo más arrastrado: ¿a quién se le ocurre poner unas matrículas de hace diez años a un coche nuevo?)

Los medios de ETA también se han deteriorado. No hablo de armas y  explosivos, que no sé los que tendrá, sino de los recursos en los que puede apoyarse a modo de infraestructura. Cada vez cuenta con menos gente dispuesta a dar cobijo a sus militantes o a esconderlos, a llevarlos de aquí para allá en coche, a hacerles de recaderos, a servirles de buzón, etc. El deterioro es llamativo: dirigentes que se mueven sin escolta, como el propio Txeroki, otros que duermen a la intemperie en un bosque, militantes que son abandonados a su suerte y vagan por la campiña francesa hasta que la policía los pilla…

No es que ETA no haya cometido pifias de calibre a lo largo de su historia –me sé de algunas espectaculares–, pero jamás había acumulado tantas, de tanto calibre y en tan poco tiempo.

Mi impresión, basada en estas pinceladas y en algunos otros elementos de información que sería prolijo detallar, es que ETA está en una pendiente de decadencia muy pronunciada, camino de un descalabro que me sorprende por su velocidad. Preveía que iba a decaer, pero más lentamente. Ha cogido carrerilla.

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El oprobio de Bush, de Javier Ortíz en Público

Posted in Internacional, Política by reggio on 5 noviembre, 2008

Cuando escribo estas líneas, aún no está totalmente decidido quién será el ganador de las elecciones presidenciales estadounidenses. A cambio, sí se sabe quién será el gran perdedor: George W. Bush.

Bush ha llegado al final de su mandato en medio de un desprestigio tan descomunal que una de las preocupaciones fundamentales de quien hubiera debido presentarse como su sucesor, el candidato republicano John McCain, ha sido desmarcarse de él y de su obra, publicitándose como abanderado del cambio.

Durante la campaña electoral, McCain ha huido del apoyo público de las cabezas visibles de la Administración Bush como quien escapa del famoso abrazo del oso amigo. Tenía la convicción, supongo que muy bien fundamentada, de que el respaldo de Bush, Cheney y consortes le quitaba muchos más votos de los que le proporcionaba.

La Presidencia de George W. Bush pasará a los anales como una de las más dañinas, torpes y brutales de la Historia de los EEUU. Además, con vocación de absoluto, porque ha sido nefasta en los más diversos terrenos. Algunos de sus desastrosos yerros podrán tal vez ser rectificados por la Administración que tome el relevo el próximo enero, pero otros tienen ya difícil apaño. Es el caso de los desastres derivados de los fundamentos agresivos y militaristas de su “guerra global contra el terror”, que ha metido a las Fuerzas Armadas estadounidenses en numerosos avisperos, de los que en este momento el más activo es el de Afganistán, pero que abarca, en líneas generales, desde el Pacífico hasta el Mediterráneo, pasando por el Índico. Bush ha engrasado una infernal maquinaria industrial-armamentística que se nutre de las guerras –crueles, pero económicamente muy rentables para quienes fabrican la leña que atiza el fuego– y ha instaurado una política exterior basada en el desprecio del Derecho internacional y en la primacía absoluta de la santa voluntad de la Casa Blanca. Difícilmente podrían ser neutralizadas por su sucesor la una y la otra, en el caso de que se atreviera a hacerlo.

Ha conseguido elevar la arrogancia a la categoría de signo distintivo patrio.

Se irá él, pero perdurará su tétrico legado.

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José María Cuevas, de Javier Ortiz en Público

Posted in Economía, Política by reggio on 28 octubre, 2008

Cantaba el francés Georges Brassens con mucha coña que “los muertos son siempre gente estupenda”. No es un vicio específicamente hispano: basta con que alguien se muera para que los mismos que lo ponían en vida cual chupa de dómine se dediquen a decir (ante el gran público, claro) que era una gran persona, un benefactor, un prócer, un pilar de la democracia, un adalid de la libertad y ni sé cuántos ditirambos más.

Se cuentan con los dedos de una mano los que ayer tuvieron el valor de mantener sus opiniones de siempre, recordando algunas peculiaridades de la biografía del ex presidente de la CEOE. Por ejemplo, que fue un falangista convicto y confeso, muy colega de Rodolfo Martín-Villa, con quien trabajó codo con codo en los sindicatos verticales del franquismo, cosa de la que, al igual que su amigo, jamás se autocriticó. Por ejemplo, que nunca fue empresario, por mucho que dirigiera la organización del gremio: fue, eso sí, burócrata de varias empresas, antes de convertirse en el principal burócrata del empresariado. Por ejemplo, que durante la Transición se dedicó a poner zancadillas a todos los ministros de Economía de Adolfo Suárez, a los que consideraba perversos socialdemócratas, porque a él lo que le iba era la derecha pura y dura. Por ejemplo, que se pasó la vida tratando de recortar los derechos de los trabajadores. Por ejemplo, que nunca tragó el autonomismo del Estado español y que llegó incluso a reclamar que se suspendiera la autonomía de la Comunidad Autónoma Vasca, sometiéndola a un estado de excepción. Sólo le conocí en su larga trayectoria una decisión feliz: la de jubilarse.

Se suele manejar en estos casos un argumento que me parece especialmente bobo: “No  digas esas cosas de él, porque ahora no puede defenderse”. ¡Pero si se las dije decenas de veces cuando estaba vivo y nunca mostró el menor deseo de desmentir ninguna de ellas! ¿Qué debería hacer ahora yo, si no? ¿Desdecirme?

La conversión de los muertos en tabú (de los muertos recientes, porque pasados unos cuantos años hay ya de nuevo libertad de despotrique) representa uno de los fenómenos más hipócritas de nuestra cultura. Es detestable.

La cumbre de Bush, de Javier Ortiz en Público

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 26 octubre, 2008

George W. Bush es un hombre de capacidades bastante limitadas. No digo que su nivel cultural sea deficiente –que lo es–, sino que su intelecto no le ofrece mucho margen de maniobra. Ha habido y hay gente ignorante, pero lista, astuta. No faltan los ejemplos históricos. Lo malo de Bush es que falla por ambos lados.

Valdría la pena interrogarse por qué la alta política mundial segrega cada vez más dirigentes de pocas luces. EEUU se lleva la palma. En los últimos decenios han tenido a Gerald Ford, a Ronald Reagan y a este Bush de ahora: tres personajes con cierto desparpajo, pero de torpeza manifiesta. (Nosotros tampoco estamos faltos de elementos así: lean las últimas petulancias de José María Aznar sobre el cambio climático y lo comprobarán. Nadie con dos dedos de frente se pone a pontificar en público sobre un problema científico sin tener ni idea, como demostró él, aplicando al futuro del planeta su estrafalario principio del vino y la carretera.)

Se trata por lo común de individuos que se creen que, si han pasado por tan altos cargos, es obvio que son geniales, lo que alimenta en su ego una particular resistencia al retiro. George W. Bush ya está en ésas. ¿A qué viene organizar una cumbre mundial sobre la crisis económica que habrá de celebrarse cuando él ejerza tan sólo de presidente en funciones?  Aparte de que haya demostrado que sus puntos de vista sobre el particular son más bien erráticos, lo esencial es que no está en condiciones de adoptar ningún compromiso, porque no podría llevarlo a la práctica en ningún caso. Tendría que hacerlo su sucesor. De querer hacerlo.

¿Considera que una reunión de ese estilo es realmente urgente? Pues proponga que la organicen Francia, Alemania, Japón o Brasil, que no están en la situación de provisionalidad política en la que se encuentra EEUU.

De todos modos, el empeño de Zapatero en que se le invite a esa reunión me da que tiene más que ver con el fuero que con el huevo. Dudo de que allí se decida gran cosa y de que, caso de que se decida algo, los mercados hagan caso.

Eso sin contar con que quien no ha participado en un pacto tampoco tiene por qué respetarlo.

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Jorge Oteiza, de Javier Ortiz en Público

Posted in Cultura by reggio on 23 octubre, 2008

No sé casi nada de escultura. Algo sí, en cambio, de temperamentos. Debía tener yo como 16 años cuando una mañana me planté delante de la puerta de la villa que Jorge Oteiza tenía en Irún, cerca de la frontera con Hendaya, y llamé al timbre. Abrió Itziar, su mujer. “¿Qué quieres?”, me preguntó. “Conocer a Jorge”, respondí. “¿Por qué?”, me dijo. “Yo escribo”, contesté. Itziar se dio la vuelta y dio una voz: “¡Jorge, aquí hay un chaval que escribe y quiere conocerte!”. Y él se asomó, y me invitó a entrar. Le dije que había leído su Quousque tandem! y su Androcanto y sigo, y que me habían parecido fascinantes. Me invitó a que le mostrara algo de lo mío, pero yo no llevaba nada. Me dijo que por qué no volvía otro día para enseñárselo. Quedamos en ello, y así fue. Lo leyó con atención y me conminó, con tono solemne: “¡Tienes que dedicarte a esto!”. Le hice caso.

Seré sincero: lo más probable es que, si se presenta en la puerta de mi casa un chaval de 16 años diciendo que quiere que charlemos de literatura, le respondo que lo siento, pero que estoy muy ocupado. Jorge Oteiza no lo hizo conmigo. Y le guardo un agradecimiento enorme.

Ahora se cumple el centenario de su nacimiento y se le están haciendo muchos homenajes y festejos. Como dice quien fuera su amigo y vecino, el también escultor Néstor Basterretxea, parece que por aquí sea necesario morirse para que te reconozcan algo.

Lo recuerdo en otra ocasión en la que me soltó una de sus sentencias favoritas: “¡Nunca malogres tu carrera de perdedor con un éxito de mierda!”. Él nunca se vendió por un éxito de mierda, aunque logró premios importantes, casi a pesar suyo. Su personalidad rebelde, insobornable e inclasificable fue y sigue siendo un referente para muchos, entre los que me encuentro.

Aparte de todo eso, los expertos aseguran que fue un magnífico escultor, asunto del que no estoy en condiciones de opinar, porque tengo mis gustos, pero no los conocimientos necesarios. A mí sus esculturas me interesan, por esa obsesión suya de dar tanta o más importancia a lo que falta que a lo que hay. Pero eso quizá tenga más que ver con la filosofía de la vida que con la escultura.

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(Llamazares,) Se va, pero se queda, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política by reggio on 15 octubre, 2008

Gaspar Llamazares ha anunciado que renuncia a seguir como coordinador general de Izquierda Unida. A decir verdad, no parece que en los últimos tiempos coordinara mucho (no es fácil coordinar a quienes no se dejan), de modo que cabe decir que renuncia más al cargo que a la función.

De las afirmaciones que he leído que Llamazares ha hecho en tiempos recientes hay una que me ha parecido particularmente digna de reflexión. Se queja el político asturiano de que mucha gente de IU se resiste a asumir que los batacazos electorales de la coalición se deben, en no poca medida, a que su representatividad política y social es, de hecho, bastante limitada (él la sitúa en un 5-10%). No creo que la sociedad española actual cuente con mucho más de un 5% de ciudadanos que alienten una ideología de izquierda consecuente. Conforme. Lo que pongo en duda es que IU, con él al frente, haya ofrecido desde el año 2000 una alternativa de izquierda consecuente. Son dos asuntos conexos, pero distintos.

Que Llamazares tire la toalla y abandone la dirección de IU antes de la IX Asamblea Federal me parece comprensible a más no poder. Eso no es un cargo; es una tortura. Los dirigentes de las diferentes tendencias de IU se pelean tanto entre sí que apenas les queda tiempo para hacer nada constructivo, y eso tiene que agotar al más pintado. Lo que no veo cómo asumir, y me resulta hasta desagradable, es que Llamazares renuncie a ser dirigente de IU pero no abandone su escaño en el Parlamento. Él no obtuvo su acta de diputado a título personal, sino porque la coalición lo puso al frente de su lista, en razón de la responsabilidad orgánica que ejercía.

Ya sé que no es nada sencillo reciclarse como particular en la vida civil cuando uno lleva decenios como profesional de la política. El propio Llamazares, licenciado en Medicina, reconoce que está fuera de juego como médico. Tendría que buscarse la vida por otras vías. Pero ejercer en el Parlamento como portavoz de un grupo político de cuya dirección se ha apeado no parece el colmo de la coherencia.

Recuerde a su paisano Gerardo Iglesias. A veces saber salir es más difícil que saber estar.

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Esto se hunde, de Javier Ortiz en Público

Posted in Economía, Política by reggio on 11 octubre, 2008

Hace semanas que no oigo ninguna crónica de Bolsa en la que no se utilice el término “volatilidad”. Para estas alturas, la volatilidad bursátil forma parte ya del inventario de los tópicos periodísticos de obligado cumplimiento, en dura competencia con las sequías pertinaces y los espectáculos dantescos. Se habla de “volatilidad” como mero eufemismo, para no decir descontrol o, más directamente, caos. Queda más técnico.

Dentro de la actual crisis financiera internacional (¿o debería escribir “turbulencias”, para parecer que sé más de economía?), se están produciendo fenómenos que llaman mucho la atención, por lo bien que reflejan el punto de la Historia en el que nos encontramos. Pongo por ejemplo el batacazo que estuvo a punto de darse hace dos semanas el Bank of East Asia, de Hong Kong, por culpa de una muy reiterada cadena de mensajes de móvil en los que se hacía correr la especie de que  estaba a punto de quebrar. El pánico de los cuentacorrentistas ha sido siempre el coco de los bancos, porque ninguno tiene en caja, ni mucho menos, todo el dinero que le ha sido confiado. Lo nuevo es que en Hong Kong esta vez el pánico se desató vía SMS, en plan “Pásalo”. ¿Quién, por qué y para qué puso a rodar esa bola de nieve? ¿Algún enloquecido? ¿Un competidor malicioso? En todo caso, el hecho es nuevo: los teléfonos celulares sirven también como multiplicadores de bulos anónimos con graves repercusiones financieras.

Me ha resultado no menos curioso saber que “el tsunami financiero” (otro topicazo al uso)  está poniendo en peligro también el mundo del fútbol profesional. Los clubes ingleses, hasta hace poco tan espléndidos, están angustiados, porque viven de perpetuos tejemanejes bancarios y los bancos han empezado a cortar el grifo. En España la LFP dice que no hay problema, porque el fútbol se alimenta de las retransmisiones televisadas.  ¿De qué retransmisiones? El llamado pago por visión está en las últimas. Entre lo mucho que se retransmite en abierto y el pastón que cuesta ver los partidos de pago, sólo se apuntan cuatro. Cuando no hay dinero, no hay dinero para nada.

Odio el alarmismo, pero para mí que esto se hunde.

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