Reggio’s Weblog

El derecho a la manipulación, de Gregorio Morán en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 enero, 2009

SABATINAS INTEMPESTIVAS

La palabra manipulación se puede aplicar a multitud de actividades humanas y no provoca ningún recelo. La manipulación de los alimentos está regulada. La manipulación de la seda, del pan, del calzado, están legitimadas por la costumbre. Pero si alguien se atreve con la manipulación del arte, entonces la gente se mosquea. Y la manipulación de la literatura. O eso que mucha gente tiende a denominar literatura, y que no es otra cosa que la industria del libro. Aquellos señores, tan conservadores ellos, que inventaron el premio Nadal, con Ignacio Agustí a la cabeza, fueron capaces de decirle que no a un manipulador de la opinión literaria de España, como era González Ruano, y darle el premio a una chica que sólo conocían en su casa de la calle Balmes, Carmen Laforet. ¿Alguien se atrevería ahora a decirles a los manipuladores literarios del grupo Planeta que no le vamos a dar el premio a Maruja Torres, sino a otra que escribe con algo más de talento y que no conoce nadie? Me es indiferente que le den el premio Nadal, el Planeta o el de los Grandes Expresos Europeos, pero lo que me parece una estafa manipuladora es que los diarios lleven días anunciando que el premio es para Maruja Torres, que es a la literatura lo que Marujita Díaz a la canción española, cuando aún tendrían que estar deliberando y leyéndose los manuscritos. Me impresiona siempre la estafa, eso que queda detrás de la manipulación; las decenas de autores decentes que se han quedado de un pasmo y burlados. Y nos hemos acostumbrado a ello como si fuera un gaje del oficio, que es la base sobre la que se construyen todas las manipulaciones. ¿Por qué nuestros amigos tienen el derecho a ser unos chorizos y los adversarios no lo tienen? No lo he entendido nunca.

La guerra de Gaza, por ejemplo, que es a lo que voy. En primer lugar eso no es una guerra, es una carnicería organizada por un ejército al completo -tierra, mar y aire- frente a unos tipos de firmes creencias y escasos recursos, que tienen mar, pero no tienen Marina para defenderse; que tienen aire, polucionado, pero no helicópteros, y que tienen tierra, muy poca, y angosta y pobre como un desierto sin blindados. En lenguaje llano, una escabechina. Pero fíjense en la manipulación. Los ejércitos del Estado de Israel ya han matado cerca de un millar, incluidos niños, mujeres y ancianos. Y usted, que es responsable periodístico, da una fotografía de la masacre. Pero en aras del equilibrio informativo que le exigen los manipuladores, debe incluir otra foto del soldado israelí caído y llorado, legítimamente, por los suyos. De poco le valdrá explicar que después de ejecutar, los verdugos no tienen derecho a imagen, porque ya la han ejercido matando. No, se equivoca. Si no lo hace, le lloverán las cartas protestando por supuesta parcialidad.

Desengáñense. Israel no ha querido la paz nunca, y si alguna vez ha soñado con ella, es la paz de la victoria, aquella que nace de la liquidación del enemigo; aniquilarlo y después de quitarle las tierras, decir que eran suyas… desde los tiempos bíblicos. Bastaría el paisaje de los asentamientos en territorio palestino; nadie puede permanecer indiferente ante esa desmesura. Eso hay que verlo para creerlo. No sé si alguno de ustedes ha tenido el siniestro privilegio de viajar a Israel y visitar los campos de concentración para palestinos de Cisjordania y Gaza, y si además es del gremio periodístico, y no va pagado por las instituciones de Israel, poder vivir una de esas sesiones entre colegas donde cada uno vomita lo que lleva sufriendo sin poder escribirlo nunca. Usted puede visitar Israel y no enterarse de nada. Nunca olvidaré a un pobre militante de Comisiones Obreras de Catalunya que cuando escribí hace ya muchos años una serie sobre la mortal decadencia de la revolución cubana, mandó una carta indignada a este diario señalando lo bien que lo habían tratado y lo bien que estaba todo en su viaje oficial a Cuba. En Israel puede usted vivirlo en grado superlativo, porque hay algo que lo distingue de cualquier otro ensayo estatal, una apariencia laica en un Estado racialmente confesional. Cuando las organizaciones palestinas que luchaban contra la ocupación se vanagloriaban de su agnosticismo, el fundamentalismo era israelí. Ahora son dos fundamentalismos sin ninguna posibilidad de encuentro, pero con una diferencia: los que mueren van al paraíso. Debe estar lleno el paraíso de fanáticos, porque antes se moría por una idea, ahora se han vuelto vulgares y mueren por una recompensa, en el más allá.

Cada vez que oigo o leo eso de que Israel es la única democracia de Oriente Medio, no puedo menos que recordar aquella otra manipulación que sufrimos durante décadas. La Sudáfrica del apartheid gastó millones en la promoción de la primera democracia de África,que eran ellos. Fíjense si seré ingenuo, que yo siempre pensé que algún día saldrían a relucir aquellos viajes organizados por el Estado racista sudafricano al que iban directores de periódicos, jefes de la sección internacional e intelectuales susceptibles, que entonces en España había muchos. No era más que un viaje, decían, y gratis total. ¡Qué belleza la de sus paisajes, qué emprendedores sus empresarios, qué inteligentes sus políticos! Me acuerdo de esas frases, que hoy suenan a colono sionista: “No tenemos nada contra los negros, pero este país es nuestro; los negros tienen derecho a vivir…, pero en sus territorios”. No es extraño que fuera Israel el socio más íntimo del régimen racista de Sudáfrica. Yo ya soy mayor, y ya me resulta muy difícil creer en fundamentalismos, pero no me cabe duda de que si viviera en Gaza o en Cisjordania sería un colaborador de la lucha de ese pueblo, fuera con Hamas o con Al Fatah o con quien peleara contra la opresión. Entiendo que la gente se vaya, aunque esa sea la intención de Israel, que se marchen. ¿Por qué los palestinos no se instalan en Jordania?, me decía un tipo inteligente, culto, sionista e infectado de esa bacteria letal para la inteligencia: “Yo estoy con mi patria, con razón o sin ella”. Sin razón, no hay patria que se sostenga mucho tiempo; lo demás es fascismo, o esa variante cutre de la hoy llamada cultura futbolera: que ganen los míos, aunque sea de mala manera.

La invasión de Gaza, la destrucción de la resistencia palestina, es una operación perfectamente organizada en el tiempo, en los medios y en la coyuntura política. Tienen hasta el 20 de enero y la toma de posesión de Obama. No por nada especial, sino para cubrirse del riesgo, porque nada puede seguir siendo lo mismo y la impunidad del Estado israelí, absolutamente vicario de Estados Unidos, no puede seguir, a menos de correr el riesgo de que allí se abra el frente que provoque un conflicto internacional. Bastaría un dato, auténtica perla del derecho a la manipulación. Estamos sufriendo el agobio que significa la posibilidad de que un país como Irán, con un régimen bastardo y criminal, se haga con el arma atómica. Anular tal posibilidad me parece una tarea imprescindible, pero ¿por qué no precisamos que el único país de Oriente Próximo que dispone de bombas atómicas es Israel? ¿Acaso las tienen para decorar el Neguev? ¿Alguien duda, después de todo lo que han hecho hasta ahora, de que podrían utilizarlas y poner al mundo ante el hecho consumado?

Es una frivolidad comparar la política de los sionistas con la de los nazis. Una bobería parecida a asimilar el nazismo con el comunismo. La pereza intelectual es lo que obliga siempre a amalgamarlo todo. Tendemos a amalgamar lo que no logramos desentrañar, para hacerlo más accesible a nuestra rutina mental. El Israel actual no tiene futuro, y eso es un problema de tiempo. Fue un proyecto ambicioso y temerario, y fracasó, como fracasó la revolución rusa, y la cubana, y muchas otras. Y debe resolverse sin echar a los sionistas al mar, ni a los palestinos en las cunetas. Así de sencillo, pero mientras haya quien piense que es enviado de Jehová o de Alá para lograr que su pueblo se constituya en paraíso, no habrá nada que hacer. Los cohetes chungos de Hamas sobre territorio israelí, centenares en diez años y ocho muertos, no son más que el recordatorio de que hay un pueblo que vive bajo la opresión y en su propia tierra. El verdugo no puede exigir que las víctimas acepten sus reglas y que además se porten bien.

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Todos somos gazenses, de Tahar ben Jelloun en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 enero, 2009

“Todos somos americanos”, escribió un periodista francés tras la tragedia del 11 de septiembre del 2001. ¿Quién dirá hoy “todos somos gazenses” mientras las víctimas de la guerra que lleva a cabo Israel contra Gaza se cuentan por centenares y los heridos por miles? Quizá la vida de un habitante de Gaza vale menos que la de un americano. Gaza, por el hecho de estar gobernada por palestinos elegidos democráticamente bajo la bandera de Hamas, movimiento islamista, está abocada a la destrucción, a las masacres de inocentes como el bombardeo de escuelas de la ONU, y a estar cortada en dos para que ni los socorros ni las ayudas alimentarias puedan llegar a sus habitantes.

Debo reaccionar y expresar la vergüenza y el asco, no ya como ciudadano árabe, sino como simple ser humano. Vergüenza por los silencios de los estados árabes (excepto el emir de Qatar), vergüenza por asistir impotente a la masacre de los débiles por un Estado poderoso. Me imagino en Gaza, donde dormir se ha vuelto imposible porque el ejército israelí prefiere actuar por la noche. La muerte que distribuye con generosidad se parece a aquella que baja del cielo como fuegos de artificio. Las bombas son estallidos de luz que efectúan un barrido espectacular en el cielo antes de elegir sus objetivos y matar con total impunidad.

Hemos visto cuerpos despedazados, gritos interrumpidos por el sufrimiento: hemos oído a observadores occidentales, a médicos, a enfermeros venidos de todo el mundo expresar su cólera porque los heridos mueren mientras son trasladados porque las carreteras están cortadas. Hemos visto a manifestantes en los países árabes y en Europa expresar su indignación, pero a ello el Gobierno israelí opone la legítima defensa. A los cohetes lanzados desde Gaza para crear inseguridad, los israelíes han respondido desencadenando una guerra sin piedad. Vivir con el miedo a recibir el impacto de un cohete no puede justificar una respuesta tan mortífera. Eso no es legítima defensa, es un asesinato colectivo deliberado.

¿Qué esperan obtener? ¿Una sumisión de la población gazense? ¿Una abdicación de la resistencia? Al sembrar la muerte con esa arrogancia e incluso con una inconsciencia cruel, Israel recogerá decenios de odio, de miedo y de deseo de venganza. ¿Cómo se puede hablar todavía de plan de paz después de tantas heridas en el alma y en el cuerpo de miles de palestinos?

Al perpetrar un “desastre humanitario”, como ha dicho un político occidental, al hacer padecer hambre a un pueblo, al destruir gran parte de sus ciudades, Israel se coloca fuera de la legalidad internacional y comete crímenes contra la población civil. Su impunidad, sistemáticamente bendecida por Estados Unidos, no contribuye en nada a la esperanza de la paz, y ello no es nuevo: masacre de Caná en 1996, la de Yenín en el 2002, los asesinatos selectivos de líderes palestinos, la guerra contra Líbano en el 2006, todo ha quedado casi olvidado, los vivos y los muertos han sido amortajados con el mismo sudario, el de la impotencia y la injusticia. Si al arma del débil (los cohetes) Israel responde con destrucciones masivas físicas y humanas, elimina el porvenir, porque, como dijo el escritor Abraham Yehoshua, “tarde o temprano viviremos juntos”. Pero para vivir juntos hay que admitir la existencia y la necesidad del otro a existir en la dignidad y el respeto. Israel, en tanto que Estado fuerte, debe reconocer a Hamas y negociar también con él y no sólo con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abas, un pobre hombre que ha perdido su credibilidad y que no ha obtenido nada desde que va de reunión en reunión.

Por su parte, Hamas debería renunciar a su posición radical de todo o nada y admitir, como muestra de buena voluntad, la famosa declaración de reconocimiento del Estado de Israel. Para ello será necesario que los estados que lo financian dejen de utilizarlo para sus propias estrategias, y en particular pienso en Irán. Pero mientras el ejército israelí practique el castigo colectivo y mate a civiles no será posible ninguna esperanza de paz y de reconciliación. La guerra de hoy prepara a los kamikazes de mañana y profundiza el odio entre los pueblos. Estamos destinados sin remedio a una guerra de cien años.

TAHAR BEN JELLOUN, escritor, miembro de la Academia Goncourt.

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Esperando a Obama, de Xavier Batalla en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 enero, 2009

LA NUEVA AGENDA

Israel siempre ha tenido en Estados Unidos su primer aliado, pero los inquilinos de la Casa Blanca no han sido exactamente iguales. Desde Harry Truman, que apoyó el nacimiento del Estado hebreo, hasta George W. Bush, que le dio más de un cheque en blanco, los presidentes estadounidenses han seguido el guión de manera desigual. ¿Qué hará Barack Obama, quien se ha mantenido en silencio mientras Israel invadía Gaza?

Israel fue asistido en su nacimiento por la ideología de los liberales demócratas estadounidenses cuando, en la sala de espera, una parte sustancial de la Administración Truman mostraba su preocupación por el petróleo de los árabes. James Forrestal, secretario de Defensa, argumentó: “Ningún grupo debería influir en nuestra política hasta el punto de poner en peligro nuestra seguridad nacional” (Forrestal´s Memoirs,1951). Y George Marshall, secretario de Estado, no se comprometió en público.

Avi Shlaim, historiador de origen judío y profesor de la Universidad de Oxford, ha clasificado a los sucesores de Truman en dos categorías según su actitud en Oriente Medio: por una parte, quienes han puesto a Israel por encima de todo; por otra, los que han pretendido equilibrar la balanza. En la primera cesta encontraremos, entre otros, a Reagan, Clinton y Bush hijo; en la segunda, a Eisenhower, Carter y Bush padre.

Eisenhower hizo que fracasara en 1956 una operación militar de británicos, franceses e israelíes contra el presidente egipcio Gamal Abdel Naser, que había nacionalizado el canal de Suez. Israel invadió Gaza, entonces territorio egipcio, pero el presidente estadounidense forzó su retirada. La crisis humilló a Gran Bretaña, que pasó a Estados Unidos el testigo en Oriente Medio.

Carter y Cyrus Vance, su secretario de Estado, patrocinaron la firma de la paz entre Israel y Egipto, pero el presidente demócrata dejó escrita su frustración por la influencia del lobby israelí en Washington. Años más tarde, Carter ha utilizado el término apartheid para calificar la situación de los palestinos en los territorios ocupados ilegalmente por Israel en la guerra de 1967. Y después de la guerra del Golfo (1991), James Baker, secretario de Estado de Bush padre, subrayó la centralidad de la cuestión palestina en la estabilidad de Oriente Medio y arrastró a los dirigentes israelíes hasta la conferencia de paz de Madrid, que en 1991 significó el principio de un fallido proceso negociador.

La paz nunca estuvo tan al alcance de la mano como en Camp David, en el verano del 2000. Pero no hubo acuerdo. El fracaso se debió a Jerusalén y los refugiados palestinos, cuestiones que Israel se negó a tratar. Israel nunca había ofrecido tanto, pero en Taba, meses después, aumentó su oferta, con lo que demostró que Camp David era mejorable. Años más tarde, según The Economist, Clinton, frustrado, le dio un consejo a Colin Powell, secretario de Estado de Bush hijo, sobre Yasir Arafat: “Nunca confíes en ese hijo de perra”.

En abril del 2004, en una carta a Ariel Sharon, Bush hijo cambió la política estadounidense seguida durante decenios sobre los asentamientos judíos en los territorios ocupados. “A la luz de la nueva realidad, incluidos los centros de población ya existentes, no sería realista esperar que el resultado final significara el total y completo regreso (de Israel) a la línea del armisticio de 1949”, escribió Bush. La carta fue uno de los cheques en blanco que dio a Israel.

¿A qué grupo pertenecerá Obama? El presidente electo se ha rodeado de políticos y asesores que pueden encasillarse en los dos grupos citados. Para Hillary Clinton, su secretaria de Estado, Israel siempre ha sido lo primero; pero el general James Jones, que será consejero de seguridad nacional, despierta las sospechas israelíes, según The Guardian, por sus simpatías hacia los palestinos.

¿A qué asesores hará caso Obama? Nadie lo sabe. Pero no faltan quienes dicen que Obama confía en el plan de paz saudí del 2002, en el que se ofrece a Israel el reconocimiento árabe si se retira de los territorios ocupados en 1967. Obama debería hablar con Ehud Olmert. Nadie mejor que Olmert, primer ministro israelí, para que le aconseje. El pasado septiembre, Olmert, cuando se creía descabalgado del poder, concedió una entrevista al diario israelí Yediot Ahronot que después fue reproducida por The New York Times Review of Books.¿Y qué dijo? Algo fácil de entender: “Debemos alcanzar un acuerdo que signifique la retirada de casi todos, o de todos, los territorios. Una parte podría quedar en nuestras manos, pero deberíamos entregarles el mismo porcentaje de territorio (israelí). Si no es así, no habrá paz”.

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La invención de la infancia (I) y (II), de Carmen Iglesias en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia by reggio on 10 enero, 2009

TRIBUNA LIBRE

Si un niño muere, todas las sociedades son culpables», exclamaba hace unas semanas una alta autoridad académica, posiblemente ante las noticias recientes de niños maltratados, de bebés abandonados o torturados -incluso escandalosamente en nuestras sociedades desarrolladas-, o quizás ante la injusticia de los miles de niños en otros países forzados salvajemente a convertirse en pequeños y mortíferos guerreros asesinos, o en trabajadores en minas, industrias, faenas agrícolas -que nos recuerdan remotamente un pasado occidental de industrialización no tan lejano-, o simplemente recordando el número escalofriante de los millones de niños que mueren o arrastran las lacras de desnutrición, enfermedad, maltrato, prostitución, desarraigo, carencias de todo tipo.

En cualquier época histórica, los niños han sido rehenes y víctimas de circunstancias políticas e ideológicas (no hay mas que recordar la famosa cruzada medieval de niños para conquistar Jerusalén), pero su vulnerabilidad nos resulta ahora doblemente dolorosa cuando de forma impactante vemos en directo el sufrimiento y la muerte de los inocentes en el contexto de conflictos bélicos de naturaleza y origen diverso, sometidos a campos de fuerzas en los que los fundamentalismos, la irracionalidad, el fanatismo y el uso de la fuerza provocan unas matanzas particularmente odiosas e inasimilables. Por todo ello, casi todo el mundo adulto, sobre todo en la sociedad desarrollada, suscribiría la sentencia condenatoria que a todos nos incluye.

En términos generales, la sensibilidad occidental de comienzos del siglo XXI hacia los niños viene marcada por el reconocimiento y exigencia de sus derechos, de su dignidad, de su protección. Pero algo que parece hoy tan natural como es la protección al inocente, a la infancia desvalida del mundo, es un sentimiento y una actitud bastante reciente en la historia humana. Ni mucho menos fue siempre así.

La ambivalencia hacia lo infantil -hacia unos seres situados todavía cerca de la supuesta espontaneidad de la naturaleza bruta, incapaces de habla racional, pero al tiempo aún incontaminados e inocentes en su ignorancia- se tradujo desde los griegos en una consideración generalmente negativa respecto a la infancia o, al menos, bastante indiferente, en escala similar a las categorías inferiores de los esclavos y de las mujeres; predominó por tanto una visión del niño como un ser incompleto, un simple adulto en pequeñito -quizás algo retrasado-, no individualizado ni valioso en sí mismo mas que por el adulto potencial que llevaba. Las raíces latinas de infans-ntis y de infantia-ae son bien expresivas: mudo, que no habla / incapaz de hablar, infacundo / niño, infantil, pueril… Infacundia, infancia, niñez.

Aunque el cristianismo introduce nuevos factores, la creencia en el pecado original y la perspectiva agustiniana de la existencia del mal refuerza en ciertos sentidos esa visión negativa predominante, aunque no sea única. Lo que no está reñido en absoluto con la voluntad de descendencia. Los hijos son siempre un bien necesario, preferentemente si son varones, tanto para la pervivencia y continuidad del linaje y la familia, como también un seguro para la vejez del padre -especialmente en este caso para las familias pobres-. La esterilidad de cualquier mujer fue considerada como una maldición durante muchos siglos y sólo en los conventos las mujeres estaban a cubierto de ese menosprecio.

Pero, pese a la idealización de la maternidad y del niño en la representación de escenas bíblicas o, a partir sobre todo de la Baja Edad Media, de las escenas piadosas y entrañables de la Virgen con el Niño, incluso amamantándolo, creo que no hay que confundir la necesidad de los hijos, de los niños, con la consideración específica, siempre ambivalente, que se da en general a esos niños. La infancia asusta en cierto sentido -sigue asustando o asombrando incluso ahora y de ahí la inevitable tensión e inseguridades en la relación padres-hijos- y se tiende a regular de una u otra forma. En lo que llamamos Antiguo Régimen -un periodo que sabemos cuándo termina, 1789 como fecha simbólica, pero no cuando empieza, pues la modernidad lo atribuye vulgarmente a todo el tiempo histórico que le antecede-, esa regulación se basa en la desconfianza y en el autoritarismo frente a la niñez y la infancia.

Mas todo cambia en el mundo occidental a partir del siglo XVIII. Una nueva sensibilidad ha ido surgiendo respecto a los niños, un descubrimiento del niño, un sentimiento de la infancia que se convertirá en nuestro sentimiento actual, siempre creciente a partir de entonces. Una nueva mirada que deja de considerarles como adultos en pequeño, vistos con mayor o menor indiferencia, para empezar a convertirse en el núcleo alrededor del cual gira la familia y a individualizarse como personas singulares e insustituibles. Una nueva sensibilidad que empezó a perfilarse en ciertos círculos restringidos cultos de finales del siglo XVII, especialmente en Inglaterra y en Estados Unidos, y que se fue extendiendo con la Ilustración por determinadas elites europeas de Francia, Italia, España, Centroeuropa, para luego ir calando en distintos estratos sociales a lo largo del XIX y XX, hasta llegar en el siglo XXI en algunas sociedades desarrolladas a transformar el nuevo aspecto positivo de lo infantil en algo a imitar o mimetizar, rodeado de una aureola traspasada por el romanticismo de lo espontáneo, y desembocar en una cierta infantilización de la sociedad actual e incluso en varios aspectos en una suerte de tiranía del niño sobre padres, profesores y adultos.

Aunque ese proceso general de sensibilización es comprobable en nuestra área cultural occidental y en el periodo de estos dos siglos largos desde que surgió, es obvio que no fue un proceso homogéneo, sino muy complejo y singular según países y épocas. Desde el punto de vista historiográfico, falta todavía mucha investigación pormenorizada por regiones y países; hay también una escasez de fuentes sobre todo respecto a las clases populares, pero, en el estado actual de conocimientos, sí es observable la transformación paulatina más o menos acelerada y con más o menos solapamientos, según los casos, de la organización familiar extensa, comunitaria, a un tipo de familia nuclear, patriarcal en primer lugar, que supuso unos cambios profundos tanto para las mujeres y el sentido del matrimonio, como para los niños sobre los que se empieza a ejercer una protección y control individualizado, en donde la familia, la Iglesia y el Estado cobran unas funciones antes prácticamente inexistentes.

Vaya por delante que en ningún caso se puede caer en la ensoñación de proyectar utopías de transparencia y comunicación feliz en sociedades comunales antiguas, generalmente en el nivel de subsistencia, en las que, desde una perspectiva histórica, existieron parecidos o peores problemas de lucha por la vida, de frustración, de condiciones materiales e inseguridad y mortalidad extrema, tan complejas o aún más difíciles que en nuestras sociedades competitivas modernas, y en las que la suerte de los niños, los más débiles, no fue nada envidiable.

La historia de la mutación cultural respecto a la infancia va unida, naturalmente, a transformaciones materiales de profundo calado que desembocarían en la Revolución Industrial y en un mayor bienestar y riqueza, que no es el caso examinar aquí, pero también es correlativa a una profunda transformación de creencias, mentalidades y actitudes que experimenta la institución familiar, especialmente las mujeres en su función de esposas y madres. Como han señalado diversos historiadores (Stone, Flandrin, Ariès, Gélis, etcétera), el siglo XVIII es testigo del surgimiento explícito y recomendado del amor familiar como paradigma: entre cónyuges o entre amantes, entre padres e hijos, especialmente entre la madre y su bebé. No es que antes no existieran esos sentimientos, como es obvio, pero su posible manifestación era muy distinta y en ningún caso se instalaba en el núcleo duro de las relaciones familiares y sociales.

El surgimiento desde finales del siglo XVII en ciertos estratos cultos anglosajones de lo que se ha llamado individualismo afectivo y la creencia que se extiende en el siglo ilustrado de que hay que procurar la felicidad en esta vida -lo que no implica la exclusión de la creencia en la otra, pero la desplaza de su omnipresencia u objetivo único- son fundamentales para entender el proceso. Hay que recordar que tradicionalmente, y de hecho en casi todas las sociedades humanas, el matrimonio es producto de un intercambio o contrato entre familias y grupos, con finalidades sociales, económicas y mentales muy diversas.

El posible amor o afecto de los contrayentes nada tiene que ver. El hecho de que en la institución se introduzca una variante tan importante como la necesidad teórica de ese individualismo afectivo tendrá consecuencias dispares en la modernidad. Por lo demás, el siglo XVIII es el siglo de la extensión de la civilidad, de unas nuevas maneras de urbanidad e incipiente desarrollo de la higiene y de prácticas médicas diferentes y, lo que es decisivo, de un ligero retroceso de la mortalidad general -según las zonas- que repercute, en lo que respecta a la infancia, en una actitud en los adultos que ya no es de absoluta resignación y distancia emocional frente a la galopante desaparición de los niños en los primeros años de su vida. Los niños dejan de ser intercambiables o sustituibles unos por otros, en la medida en que pueden sobrevivir mejor.

Desde finales de siglo, también en esos círculos restringidos cultos, aparecen por primera vez medidas anticonceptivas que no habían traspasado nunca la frontera que separaba la vida libertina o la prostitución de la vida familiar, y esa limitación voluntaria de nacimientos, correlativa a un incipiente proceso de secularización y de cierta liberación sexual que comienza a separar el placer y la procreación, paradójicamente no se debe al rechazo de los hijos, sino que refuerza la atención y el cuidado que se les debe -dice una fuente sobre la época-, puesto que exige mayores energías de todo tipo: «amor, esfuerzo, tiempo y dinero».

Nuestra sensibilidad y actitud actual hacia los niños, procedente de esas transformaciones paulatinas que desde el siglo XVIII experimentan las sociedades desarrolladas, con la introducción de ese «individualismo afectivo» en el núcleo familiar y relacional en general, puede medirse cuando comparamos las actitudes tan distintas de siglos anteriores, en contextos de supervivencia y de fragilidad que no conviene olvidar pues es un pasado relativamente reciente y desgraciadamente actual para otras regiones del mundo.

Cuando la muerte está siempre presente

En la numerosa información de nuestra actualidad sobre la situación de la infancia en distintos lugares del mundo, se aludía no hace mucho al hecho, conocido por los medios con motivo de un viaje de la Reina, de que en alguna isla indonesia no se da ningún nombre a los recién nacidos hasta cumplidos al menos seis meses, a fin de asegurarse al menos esa corta supervivencia y no sufrir el desgarro emocional por una tan breve vida. Pues, en una sociedad con una alta mortalidad infantil, si el bebé muere sin nombre, es más una categoría que un individuo. Esa era también una práctica occidental durante los largos siglos en los que la mortalidad infantil rondaba entre el 30% y el 50% de media, según la demografía histórica ha podido reconstruir en buena medida a través de documentos parroquiales, notariales, testamentarios y otros. Según datos de Pérez Moreda, de esa media de niños, un 75% aproximadamente no llegaba al primer año, un 60% alcanzaba los 10, y sólo un 50% superaba los 15 años. Demasiada carga para ser soportada por unos adultos que, por su parte, tenían una media de vida entre los 32 y 40 años. Todavía en el siglo XIX los niveles de mortalidad, en bastantes zonas europeas, para niños menores de cinco años seguía siendo del 500 por 1.000. Y en algunas regiones y en ciertos sectores (los niños expósitos, por ejemplo), esos índices pueden llegar en algunas ocasiones al 70% de muertes e incluso a casi el 100%. Adam Smith, ya en la segunda mitad del XVIII, todavía da datos escalofriantes, aunque sean referidos sólo a Escocia y en relación a la pobreza de la región: «Es muy común -escribe- en las montañas de Escocia (…) no tener dos hijos vivos una madre que ha llegado a parir 20 (…), son muy pocos los niños que llegan a la edad de 13 o 14 años. En algunas partes mueren por lo regular antes de la edad de cuatro, en otras antes de los siete y en las más sin llegar a la de 10».

Nada por tanto puede entenderse de la historia de la infancia y de la vida del Antiguo Régimen sin tener en cuenta la omnipresencia de la muerte en todas las edades y en toda condición, pero en especial en los niños. Por eso, cuando leemos en un Montaigne que «se le han muerto dos o tres hijos»; cuando comprobamos que se repite una y otra vez entre hermanos el mismo nombre, incluso sin haber fallecido el anterior; cuando constatamos en sus correspondencias y testamentos la resignación de un Felipe II y de otros monarcas y notables ante la muerte de sus hijos, no podemos aplicar nuestro sentimiento actual a la pérdida prematura de aquellos niños. Ante la fragilidad de esos bebés y niños que apenas llegan a los siete años -la «edad de la razón» según fuentes eclesiásticas y civiles de la época-, comprendemos el esfuerzo humano por reducir en lo posible el capital emocional volcado en cada niño que nace, con el fin de poder mantener un cierto equilibrio y cordura ante la muerte continua. Fue frecuente también no hacer constar el nombre individual de los varones -y sobre todo el de las hijas- hasta que heredaban, si es que ese era el caso.

Las edades infantiles

Si sobrevivían, la vida de los niños en el Antiguo Régimen se estructuraba fundamentalmente en tres períodos que, a grandes rasgos, siguieron vigentes en el siglo XVIII, si bien fueron cambiando actitudes y prácticas a medida que se extendía ese nuevo sentimiento de la infancia y según convergían o luchaban por su control ese triple círculo de interés que empieza a rodear al niño: familia, Iglesia, Estado.

Desde su nacimiento hasta los dos años (en algunas zonas hasta los tres o cuatro), en que se produce el destete, a los bebés supervivientes se les envolvía nada más nacer en pañales o vendas como pequeñas momias -según zonas durante más o menos meses-, siguiendo la práctica tradicional procedente de la antigua Roma y utilizada en todas las clases sociales, con más o menos entusiasmo según épocas y regiones, hasta el mismísimo siglo XX. Fue una costumbre, basada en la creencia de que así se evitaban deformaciones y otros problemas, que sólo comienza seriamente a ponerse en cuestión en el siglo XVIII, a través de las críticas ilustradas: «Apenas ha salido el niño del vientre de su madre… cuando se le ponen nuevas ligaduras. Le fajan, le acuestan con la cabeza fija, estiradas las piernas y colgando los brazos, le envuelven con vendas y fajas de todo género, que no le dejan mudar de situación…», denuncia Rousseau, citando a Buffon y siguiendo la estela de Locke y algunos moralistas y médicos que desde finales del siglo XVII abominan de una práctica que oprime el cuerpo del bebé y coarta su libertad de movimientos.

Además de la cuestión del fajado, el otro gran núcleo de discusión ilustrada sobre estos temas gira alrededor del amamantamiento de los bebés. Está documentado que al menos ya en el siglo XIV, en las clases medias de las ciudades, en diversos lugares de Europa, existía la práctica de dejar al cuidado de amas de crías el amamantamiento, y ésta fue una costumbre que perduró a lo largo de siglos -con mayor o menor intermitencia según regiones y épocas- en prácticamente todos los grupos sociales, incluso en el campo. Una práctica ancestral que constituía un auténtico oficio para mujeres generalmente pobres, y que, en algunas épocas, convirtió el amamantamiento de niños ajenos en un particular negocio. No hay que guiarse por tanto exclusivamente por la visión que tenemos actualmente de las nodrizas que las clases pudientes mantienen en el siglo XIX y primera parte del XX, o por la otra vertiente de amas de crías contratadas en los hospicios o que amamantaban en el campo a varios niños a la vez -lejos de sus padres- y tenía como consecuencia una mortalidad de los niños de pecho que rozaba cifras espeluznantes. Ambas situaciones fueron reales, pero el problema básico de largos siglos radicaba en la dificultad real de las mujeres -debilitadas por partos y pospartos siempre peligrosos- y en la duración de tales amamantamientos -entre 18 y 24 meses, e incluso en ocasiones hasta los cuatro años del infante-, al no existir alimentos alternativos a la leche maternal. Cuando la crítica moralista y médica ilustrada insta a las mujeres a dar siempre el pecho a sus bebés y hace responsables a las madres de la mortalidad de sus hijos por no amamantarles, además de incidir en el costo económico que el sistema representaba para familias de clase media, sitúa a las mujeres muchas veces entre varias fuegos. Uno de ellos fue sin duda la obligación de lo que se llamaba el débito conyugal («incluso -debe aceptar la esposa, decía un manual eclesiástico de la época- el beso del cónyuge leproso»), que se dificultaba con el amamantamiento y que creaba la disyuntiva entre el hijo o el marido. Sólo el desarrollo de la Medicina, de la higiene y de técnicas alimentarias artificiales, junto con el despegue material y mental de la sociedad occidental, hicieron superfluas las amas de leche. Pero de la importancia de la cuestión da fe la propia actualidad de nuestros días, desde los debates sobre si la lactancia materna influye o no en la inteligencia de los niños, sobre sus efectos secundarios, o sobre lo que se ha llamado «la revolución de la teta» en el mismo 2008.

Del destete a la «edad de la razón», de los dos a los siete años, era quizá la fase más libre y relativamente feliz para los niños, cuando volvían al hogar familiar a los dos o cuatro años y se criaban bajo la supervisión de las mujeres, pero en un ambiente de cierta tolerancia indiferente. El corte abrupto a los siete años -pasando de la permisividad indeterminada anterior a la educación estricta o al trabajo en el campo o en la ciudad, según la procedencia social- marca toda la etapa siguiente de la difícil pubertad, entre los siete y los 14 o 15 años (si se tiene en cuenta que en el caso de los varones no llegan a casarse, cuando lo hacen, entre los 24 y 27 años, se crea una masa de cierto energumenismo adolescente y frustración juvenil que preocupó mucho a los responsables de orden social y que, según algunos historiadores, fue una fuente de sublimación hacia la aventura y la innovación en algunos aspectos).

Aunque la introducción de ese «individualismo afectivo» a partir del siglo XVIII en determinados ámbitos familiares se vio que modificaba positivamente la actitud de los adultos hacia los niños, el problema de la socialización y la educación en la sociedad patriarcal que está ya prácticamente estructurada en los siglos XVIII y XIX sigue diversos caminos. Puede observarse, paradójicamente, como en la medida en que se desarrolla el cuidado y la atención hacia la infancia, se va ampliando su vigilancia y la preocupación para que no crezcan en direcciones equivocadas. Si la nueva visión de la infancia y de su educación se orienta desde luego a desarrollar las potencialidades del niño, este desarrollo podía en teoría realizarse fundamentalmente por medios permisivos -línea que se impondrá desde finales del siglo XX-, o por medios coercitivos principalmente, a través de procedimientos más o menos agresivos que intentan domesticar la voluntad y el deseo omnipotente infantil. Indulgencia, persuasión y afecto en unas ocasiones, y, por otro lado, un «autoritarismo cariñoso» que utiliza incluso la violencia física (la práctica de los azotes -ya utilizada desde la época medieval- en una sociedad autoritaria y patriarcal, sobre todo en el trasero, había sido incluso celebrada entusiásticamente por algún clérigo inglés del siglo XVII, que creía firmemente que «Dios había diseñado en el cuerpo humano las posaderas para que pudiesen ser azotadas sin lastimar gravemente a la persona»).

Pero también paradójicamente, en esa sociedad que empieza a ser orientada al niño se producirá un incremento galopante de abandonos o exposición de recién nacidos y niños pequeños que, entre 1760 y 1830 alcanzará cotas inimaginables en los países europeos, particularmente en Inglaterra, Francia, España e Italia, según los datos de los que se dispone. El mundo dickensiano coexiste con las primeras disposiciones que obligan a los padres a cuidar a los hijos, con la creación de los primeros juguetes de entretenimiento, de los primeros libros infantiles (en 1745 se crea en Londres la primera librería infantil). La presión sobre los padres y la carga de responsabilidad sobre los adultos, además de la creciente tendencia intervencionista del Estado, son rasgos de nuestra sociedad actual que, unidos al desarrollo tecnológico y científico, y al cambio de mentalidades y costumbres, marcan un perfil complejo en la relación con niños y adolescentes y en la evolución del sentido y organización de la célula familiar y de la sociedad en general.

Carmen Iglesias es presidenta de Unidad Editorial y miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia.

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Cuando ‘el Gobierno’ es una expresión tabú, de Víctor de la Serna en El Mundo

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 10 enero, 2009

LA POLEMICA NACIONAL

EL PARO BATE TODOS LOS RECORDS.

El récord histórico de parados en España -que es plusmarca europea de crecimiento del desempleo en un solo año desde 1933- está, para algunos, en el debe del Gobierno. Otros culpan a las circunstancias.

Los elementos de inacción política y de ineficacia en las medidas paliativas parecen ser demasiado llamativos, cuando España dobla la tasa media de la Unión Europea, como para no escudriñar críticamente la labor de un Gobierno. Lo hacen muchos medios, sí; pero otros, curiosamente, pasan de puntillas y culpan al empedrado.

Es típico y nítido el alegato de Carlos Herrera en ABC: «O se transmite a la sociedad que ni un solo euro es despilfarrado absurda y alegremente o ésta va a empezar a creer que la culpa de lo que está pasando no la tiene uno más de los muchos ciclos de la economía, sino que es responsabilidad de Rodríguez Zapatero y sus muchachos. Y muchachas. No conozco al dedillo las cuentas del Estado y creo que ni siquiera con un par de tardes podría ponerme al día, pero me cuesta creer que haya para la banca, para el cheque bebé, para los ayuntamientos, para los pensionistas, para los parados y ahora, además, para aumentar la financiación de las Comunidades Autónomas, a las que se les ha prometido, a todas, más pasta».

Lo peor de todo es la mendacidad del presidente, según un editorial del mismo periódico: «La actitud de Rodríguez Zapatero ante este desastre sin paliativos en una sociedad moderna merece una seria reflexión. No se trata sólo de las promesas incumplidas, como aquella lamentable referencia al pleno empleo como objetivo de la legislatura. Lo peor de todo es la utilización consciente, deliberada y abusiva de la propaganda al servicio del interés partidista, con la certeza de que conocía de sobra lo que se venía encima cuando afirmaba sin escrúpulos todo lo contrario». Algo parecido se leía en el editorial de EL MUNDO, que concluía con sorna: «Menuda Champions League que está ganando el presidente».

Por su parte, La Razón comparaba la estrategia de Barack Obama para relanzar la economía en Estados Unidos con las medidas españolas, y concluía: «Confiar la reducción del paro únicamente a la inversión pública es insuficiente y la solución a más largo plazo pasa por aligerar a las empresas de los lastres fiscales y laborales que padecen». Se le olvidaba un detalle al diario madrileño: que con un paro cercano al 14% frente al 7% norteamericano, las características del problema económico español son bastante diferentes.

El escepticismo de La Vanguardia ante los anuncios gubernamentales era también patente y, además, documentalmente apoyado: «Fiar la recuperación económica a corto plazo en las obras públicas con tanto énfasis como hace el presidente Zapatero resulta extremadamente arriesgado, ya que la Administración es muy lenta en la ejecución de proyectos. Baste recordar que el año pasado quedó sin licitar un 30 por ciento de las inversiones en infraestructuras que se habían presupuestado».

Frente a esas posiciones severas, hay otras… matizadas. Así, El País lograba ayer publicar un editorial de 600 palabras sin que ni una sola de ellas fuese Gobierno, ni Rodríguez, ni Zapatero. Las alusiones, siempre genéricas y vagas, eran del tipo «la decisión de invertir 8.000 millones de euros a través de los ayuntamientos es correcta y seguramente deberá ser ampliada…». ¡Dura como el pedernal la crítica del diario de la calle de Miguel Yuste!

Pero tampoco se lleva la palma en exclusiva: El Periódico tampoco incluía ninguna de las tres palabras en su editorial titulado La cifra de parados, primera urgencia. Es que es muy malo fiarlo todo al ladrillo y al turismo, viene a decir el periódico barcelonés, y ahora a ver qué hacemos…

Curiosamente, el titular del económico Cinco Días era casi calcado: El empleo es el primer objetivo. Todo está muy mal, pero en Prisa saben a ciencia cierta lo que nadie más podría asegurar: «La sangría continuará los próximos meses, aunque el ritmo remitirá tras el verano». Expansión lo veía mucho más oscuro: «En tanto que el Gobierno no se decida a coger, de una vez por todas, el toro de la crisis por los cuernos, el parcheo con dinero público sólo servirá para engordar el déficit, retrasar la recuperación y prolongar el drama que el escalofriante deterioro del mercado laboral supone ya para cientos de miles de familias».

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La oportuna gripe, de Rafael Martínez-Simancas en El Mundo

Posted in Política by reggio on 10 enero, 2009

INSOLENCIA PASAJERA

La nieve tapa las carreteras, atasca los aeropuertos, retrasa los trenes pero también cubre las carencias políticas; todo aquello que tapa un manto blanco desaparece entre jolgorio infantil. Y si son las cifras de un paro abultado, mejor. Puede que la ministra de Fomento haga con Zapatero el mismo sacrificio que hacía Johan Cruyff con su equipo: cuando preveía un ambiente hostil, salía al campo cinco minutos antes que sus jugadores, hacía ver que repasaba el estado de la hierba y en realidad se llevaba parte de la bronca que esperaba al equipo. De esa forma, el público se mostraba menos agresivo. Magdalena Alvarez tiene una marcada vocación de clausura y de ahí que no quiera dejar el Ministerio, por tenerlo como santuario de la verdad. Llegado el momento no le importa convertirse en el muñeco de nieve que Zapatero coloca ante la puerta de La Moncloa cuando las cosas se ponen turbias. Hoy, que deberíamos estar contando parados, lo que hacemos es contar bolas de nieve.

La tendencia de Magdalena Alvarez por apuntarse los marrones de los demás debe de tener alguna compensación en el cielo. Dios no puede abandonar a tan devota sierva, ni dejarla partía o doblá a merced de las lenguas de triple filo. Este frío «siberiano», (calificativo que le da categoría de novela de Tolstoi), ha provocado una epidemia de gripe de la que apenas se habla; otra de la que se libra Bernat Soria I El Callado. Tosen, luego gobernamos. En Cataluña la Generalitat ha conseguido irritar a los médicos por recomendar que la gente se quede en casa y aplique remedios de la abuela antes de colapsar las urgencias; un pasillo repleto da muy mala imagen política. A los amigos y socios del tripartito se les pide, muy encarecidamente, que tosan en sus domicilios por no dar munición al enemigo.

A Magdalena Alvarez los virus le atacan por la parte de siempre, por la del caos, ¿pero alguien la ha escuchado toser o flaquear en su voluntad? Pues no. Magdalena no es tan sutil como la Generalitat, no llega a recomendar que la gente se quede en casa, pero tampoco pone los elementos necesarios para que se dé el libre tránsito de las personas. España es un país de vocación tropical que se cierra cuando el termómetro baja de los dos grados bajo cero; entonces no hay ni colegios, ni tráfico, ni nada. Toda nevada es siempre una jornada de reflexión. Quizá la Ministra haya pensado que para evitar el caos circulatorio lo mejor es cerrar Barajas y poner los trenes AVE a velocidad reducida, (tanto como para que puedan asaltarlos los cuatreros como pasaba en las películas del oeste). Y al que le pille por carretera, que rece a San Cristóbal, que es patrono del gremio de la conducción.

Aquí todo es habitual: los constipados, las nevadas, el caos en sus distintas formas. Lo único extraordinario es la vocación de Magdalena Alvarez por pisar charcos y, llegado el caso, romper la capa de hielo con unas botas de tacón duro para gobernar en contra de los elementos.

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El Gernika de los palestinos, de Sami Naïr en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 enero, 2009

He aquí lo que el Gobierno israelí ha reservado al pueblo palestino: la muerte. Podemos emprender en pleno siglo XXI la agresión a poblaciones civiles, destruir sus escuelas, hospitales, casas, lugares de culto, campos de deporte. Podemos arrasar sus aldeas, pueblos, ciudades. En el mayor silencio de la buena conciencia. Y también de la cobardía.

Podemos hacerlo si somos un Estado que dispone de uno de los más formidables arsenales militares de todos los tiempos, que cuenta con la complicidad de los poderosos de este mundo, de sus medios de comunicación, de la horda de plumíferos siempre dispuestos a justificar lo injustificable con el pretexto de combatir el integrismo. Podemos hacerlo contra este pueblo sobre todo si éste es musulmán.

Podemos hacerlo cuando nos hemos acostumbrado a violar la legalidad internacional, las leyes más elementales de la guerra, el simple principio de humanidad.

Los dirigentes israelíes están en guerra. Lo están desde hace tiempo, mucho tiempo. Con toda impunidad. Cuentan con la complicidad de todos: de los europeos, de los asiáticos, de los rusos, de los africanos y aun de ciertos países árabes, desde hace tanto tiempo arrodillados, envilecidos y revolcados en el fango del sometimiento al imperio americano, el cual lo permite todo, y ayuda incluso a escondidas a perpetrar el crimen. ¡Pobre pueblo palestino! ¿Cómo no enloquecer de rabia? Algunos de tus hijos se convierten en terroristas que se hacen saltar por los aires asesinando a civiles israelíes. Es un crimen que hay que condenar, como el lanzamiento de cohetes sobre la población civil israelí. No es la respuesta correcta a tu tragedia. Pero sabemos lo que decís en Palestina. ¿Qué pensarían los europeos si se instalaran en su casa, les confiscaran sus tierras, y levantaran horribles y enormes muros en sus propias ciudades para encerrarlos en ellas? ¿Qué dirían si vieran a colonos, alentados por el ejército, atacar a los civiles palestinos, arrancar los olivos, cortar el agua de los barrios que quieren invadir, humillar a la gente en los pasos fronterizos?

El Gobierno israelí practica el cinismo político, intentando convertir al pueblo palestino en el chivo expiatorio de sus problemas políticos internos. Ya que esta guerra emprendida de modo tan desproporcionado contra el pueblo palestino obedece a sórdidos motivos electorales, en la base de los cuales está la idea de que el partido político que mate a más palestinos ganará las próximas elecciones en Israel. Esto es un insulto para los israelíes por parte de sus cínicos dirigentes. ¿Se quiere hacer creer que el pueblo israelí está ávido de muerte, él que ha escapado a la muerte? ¿Se quiere confirmar la idea de que estaría sediento de sangre palestina? El método consiste luego en hacer pagar colectivamente a los civiles palestinos los actos de un partido político concreto, no menos irresponsable, como es en este caso Hamás. El principio de la responsabilidad colectiva está prohibido por el derecho de la guerra. Con la liquidación de los Acuerdos de Oslo y la continuación de los “asesinatos selectivos” de los dirigentes de Hamás, ¿cabía esperar que los islamistas se quedasen de brazos cruzados?

La intención, por último, de hacer creer que actuando de esta manera el Estado israelí combate el integrismo. Qué justificación tan lamentable y pobre. ¿Por qué este régimen israelí, que ha organizado la democracia dentro de sus fronteras, salvo, todo hay que decirlo, para los árabes israelíes que son tratados como ciudadanos de segunda, rechaza esta misma democracia cuando es practicada por los palestinos? Fue el pueblo palestino en su mayoría el que eligió democráticamente bajo supervisión internacional a Hamás. Y estas elecciones, ¿no eran una de las exigencias de la Hoja de Ruta apoyadas por las potencias internacionales, entre ellas Europa?

¿No gusta el resultado? Pero entonces, ¿por qué se acepta que en Israel la extrema derecha religiosa, fanática y racista esté en el poder, imponga su chantaje para llevar a cabo una guerra a ultranza y la construcción de un Israel imperial? ¿Por qué no se exige a los israelíes que neutralicen a esta gente? Ya que todos sabemos que mientras sigan teniendo peso dentro de la democracia israelí, no habrá paz en Oriente Medio.

¿Acaso no se exige porque se respeta la soberanía popular? Pues entonces también hay que respetar la de los palestinos, ya que la soberanía de los pueblos es indivisible e inalienable. Hay que someterse a ella, a menos que se desprecien los valores democráticos a los que se hace referencia con tanta demagogia en Europa, Israel o EE UU.

En realidad, con el bombardeo sobre Gaza y su posterior invasión el Gobierno de Israel hará florecer el islamismo en Palestina y en el mundo musulmán. Es la manera más irresponsable de alimentar el odio. Serán numerosos los jóvenes palestinos que sueñen con la venganza. Serán numerosas las víctimas inocentes israelíes que paguen la locura de sus dirigentes.

Estas afrentas a los principios más elementales de la humanidad y de la democracia son terribles. E imperdonables.

El enviado especial de la ONU para los derechos humanos en Palestina, Richard Falk, ha declarado que lo que está haciendo Israel al millón y medio de palestinos de Gaza es “un crimen contra la humanidad”. Ha dicho que el castigo colectivo infligido a este pueblo es una flagrante violación del artículo 33 de la cuarta Convención de Ginebra. Ha pedido que se constituya urgentemente una corte criminal internacional para averiguar y determinar las responsabilidades de los dirigentes civiles y militares israelíes, y juzgarlos.

Richard Falk es judío, judío americano. Para nosotros Richard Falk representa el honor de los judíos porque defiende, ante lo intolerable, a la humanidad en su conjunto.

Ante estos bombardeos sólo nos queda nuestra indignación. Sólo tenemos nuestras lágrimas para las lágrimas de estas madres que gritan sobre los cuerpos despedazados de sus hijos. Ya sean palestinas o israelíes. Sólo tenemos nuestro dolor ante tanto dolor. Al empezar este año, nos encontramos ante la guerra del fuerte contra el débil. Y ya es medianoche en el siglo para los palestinos. Como lo fue ayer para los pacíficos habitantes de Gernika.

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Previsiones para 2009, de José Luis Leal en El País

Posted in Economía by reggio on 10 enero, 2009

Las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional y de la OCDE postulan para España en 2009 una caída del PIB del orden del 1%. Por su parte, las cajas de ahorro prevén una caída del 1,5% y el Deutsche Bank, hace unos días, pronosticaba que el descenso podría llegar hasta el 2,5%.

La mayoría de las previsiones apuestan por una reducción de la demanda interna de más de dos puntos. La principal caída se registrará en la inversión como consecuencia del ajuste de la construcción y de la cancelación de inversiones en bienes de equipo por parte de las empresas. Hay que señalar que el auge de la construcción estos últimos años no impidió que las empresas siguieran invirtiendo en maquinaria, lo que constituye un factor de esperanza para años venideros.

También caerá el consumo. No hay previsiones detalladas sobre la renta disponible de las familias, aunque hay dos factores que justifican una reducción del consumo. Se trata, por una parte, de la disminución del empleo, que podría superar el 2% de la población activa (unas 400.000 personas) y que vendría a reducir la renta de los hogares a pesar del fuerte incremento previsto de las transferencias. A ello hay que añadir la posibilidad de un aumento de la tasa de ahorro de las familias: los datos de la Contabilidad Nacional trimestral correspondientes a la primera mitad del año reflejan un ascenso de la misma que es muy probable haya seguido a lo largo de los últimos meses y que se prolongue en 2009.

La caída de la demanda interna se verá parcialmente compensada por la aportación del sector exterior tras la previsible caída de las importaciones. Es razonable suponer que la elasticidad de estas últimas en relación con la demanda interna no cambie mucho en la fase descendente del ciclo económico. Por lo que se refiere a las exportaciones, también es razonable suponer que los problemas de la demanda interna forzarán a las empresas a buscar fuera de España mercados para sus productos.

Es cierto que la crisis internacional reducirá la demanda, pero también es cierto que en los últimos meses nuestras exportaciones han mostrado un cierto dinamismo que es de esperar que se mantenga. El déficit por cuenta corriente, que ha llegado a alcanzar el 10% de nuestro PIB, podría descender uno o dos puntos.

Estas previsiones son coherentes con las tendencias de fondo que condicionarán la evolución económica en 2009. Entre los factores expansivos hay que señalar la caída del precio del petróleo, que podría representar un impulso del orden de dos puntos del PIB, la reducción de los tipos de interés (en torno a un punto o punto y medio), y la política presupuestaria. De esta última tenemos pocas noticias, y, menos aún, estimaciones actualizadas, pero en el reciente informe del FMI, consultado con nuestras autoridades, se habla de dos puntos adicionales de impulso presupuestario para 2009, lo que llevaría el déficit público al 5% del PIB a lo largo del año. Por lo que se refiere a los factores recesivos hay que señalar, en primer lugar, la caída de la construcción, cuyos efectos plenos se dejarán sentir en 2009 y que podrían superar los cuatro puntos del PIB, la disminución de la demanda externa (un punto del PIB) y los efectos de la parálisis del crédito, muy difíciles de estimar.

Estos cálculos, estáticos y necesariamente aproximados, tienen sin embargo la virtud de señalar un aspecto importante del problema. El bloqueo de los mecanismos normales de crédito ha agudizado las ya de por sí graves dificultades de la economía. Es preciso recordar que los desequilibrios de la balanza por cuenta corriente han provocado un fuerte endeudamiento de nuestra economía que depende, mucho más que otras, de la financiación exterior.

Cada día que pasa se complica la situación de las empresas, cualquiera que sea su tamaño, como consecuencia de los problemas financieros. Éstos no proceden, como a veces parece sugerirse, de la mala voluntad de las entidades de depósito, sino de las dificultades que éstas encuentran para financiarse en los mercados mayoristas. No es un problema sencillo, pero lo que se ha hecho hasta ahora para resolverlo (los 10.000 millones de compras de activos financieros por parte del Tesoro) es insuficiente. Se trata de una cuestión prioritaria y lo que cabe esperar es que con el nuevo año se reconozca su urgencia y se avance tan rápidamente como sea posible en su solución.

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Sobre la propuesta de financiación del Gobierno, de Ángel de la Fuente en El País

Posted in Economía by reggio on 10 enero, 2009

Hace unos días, el Gobierno hizo pública su propuesta de bases para la reforma de la financiación autonómica. El documento propone aumentar significativamente el peso de las cesiones tributarias en relación con las transferencias estatales como fuente de financiación regional y esboza un sistema complejo de reparto con tres grandes bloques de fondos. Los dos primeros, los Fondos de Garantía y de Suficiencia, estarían ligados respectivamente a la financiación de los servicios públicos considerados fundamentales (sanidad, educación y servicios sociales) y a la del resto de las competencias autonómicas, mientras que el tercero incluiría recursos complementarios que se repartirían con criterios muy diversos.

El objetivo del Gobierno es que el documento sirva de base para consensuar la estructura del sistema antes de pasar a concretar sus detalles. La estrategia es acertada, porque, una vez haya números sobre la mesa, la atención de los gobiernos regionales se centrará únicamente en cuánto le toca a cada uno. Antes de llegar a este estadio, parece razonable intentar acotar la discusión, fijando al menos el esqueleto del sistema.

El documento contiene elementos muy positivos. El incremento de los porcentajes de cesión tributaria supone una mejora importante en el nivel de autonomía financiera de los gobiernos regionales y es también una condición necesaria, aunque no suficiente, para aumentar su grado de responsabilidad fiscal, mejorando así la rendición de cuentas a sus ciudadanos. La estructura básica del Fondo de Garantía que se dibuja en la propuesta es razonable y supone un avance significativo sobre la situación actual. Este fondo, que absorberá el grueso de los recursos del sistema, se financiará con un porcentaje de los ingresos tributarios cedidos a las autonomías y se repartirá basándose en criterios objetivos actualizados anualmente, con el fin de asegurar que todas las comunidades disfruten de la misma financiación por unidad de necesidad en cada momento, eliminando así muchas de las distorsiones del sistema actual. También se mejora apreciablemente la fórmula utilizada para calcular las necesidades de gasto, introduciendo la población en edad escolar como criterio básico de reparto para las competencias educativas y mejorando el indicador que se utiliza para distribuir la financiación sanitaria.

Otras partes del documento son menos satisfactorias. En primer lugar, el diseño del nuevo Fondo de Suficiencia queda demasiado en el aire. El documento sugiere que las comunidades se quedarán con la parte de los tributos cedidos no destinada al Fondo de Garantía y que el Estado complementará la financiación de las que obtengan menos recursos por esta vía y garantizará que nadie pierda financiación en relación con el sistema actual, pero no especifica cómo se determinarán las necesidades de gasto en competencias no consideradas básicas o hasta qué punto se nivelará este componente del sistema. Dependiendo de cómo se resuelvan estas cuestiones, podemos terminar con sistemas muy diferentes.

En segundo lugar, resulta preocupante la proliferación de fondos ad hoc con objetivos contrapuestos dentro del tercer bloque del sistema. En la propuesta se habla de recursos adicionales para regiones pobres y para regiones con niveles de financiación per cápita inferiores a la media o a su capacidad fiscal tras el reparto de los dos grandes fondos. A esto hay que añadir recursos para “compensar” (no se sabe muy bien por qué) a las regiones con mayores y menores tasas de crecimiento de la población y a todas aquellas que no tengan acceso a otros fondos especiales. Dejando de lado el coste de todo ello y el hecho de que resulta muy difícil contentar a todos cuando lo que les preocupa en muchos casos es su posición relativa y no absoluta, el problema fundamental con esta estrategia es que el intento de hacer a cada región un traje a medida puede desvirtuar los esfuerzos de racionalización que han guiado el diseño del Fondo de Garantía y amenaza con terminar perpetuando el principal vicio del sistema actual: la arbitrariedad de sus resultados.

Finalmente, el documento no entra en dos temas espinosos. El primero es la dinámica de la cláusula de statu quo. Está bien que nadie pierda dinero con el cambio de sistema, pero no debe permitirse que esta garantía congele el reparto sine die, como ha sucedido hasta ahora. El segundo es el cálculo de la llamada recaudación normativa, esto es, de la recaudación teórica por tributos cedidos que se utiliza para realizar los cálculos del sistema. Tal como ésta se fija actualmente, su importe es muy inferior a la recaudación real, lo que deja fuera del sistema muchos miles de millones de euros que, además, se reparten de forma muy desigual entre comunidades, contribuyendo muy notablemente a aumentar la arbitrariedad del reparto.

Para que el documento del Gobierno pueda cumplir su propósito, la propuesta tiene que ofrecer un margen suficiente de flexibilidad, pero también debería concretar la arquitectura del sistema con claridad. La tentación de posponer los asuntos más complicados es comprensible, pero, mientras éstos no se aborden, resulta difícil determinar si realmente hemos avanzado algo. Espero equivocarme, pero me temo que el acuerdo está más lejos de lo que el Gobierno piensa.

Ángel de la Fuente es investigador del Instituto de Análisis Económico (CSIC).

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Una nueva burbuja a punto de estallar, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 10 enero, 2009

Muchos inversores aún no se han dado cuenta, pero el 2009 viene marcado en el calendario financiero internacional como el Año del Bono. Por mucho que los estrategas se empeñen en seguir jugando a la lotería de los pronósticos, y traten de establecer con el mayor grado de exactitud posible los niveles a los que cerraran los distintos índices bursátiles mundiales en el ejercicio que ahora comienza, el campo de batalla en el que se va a decidir qué carteras resultan victoriosas al cabo de doce meses no va a ser el del mercado de acciones, sino el de la renta fija y, en especial, en el de la deuda soberana, donde puede haber notables sorpresas. Se inicia un curso financiero en el que la preservación del patrimonio, tras lo vivido en 2008, va a ser clave. Hay que evitar a toda costa contratiempos inesperados. Y el bono estatal puede convertirse, sin lugar a dudas, en la mayor fuente de ellos para todos aquellos que tienen que hacer ajuste a precios de mercado periódicos de sus posiciones. Tomen nota.

Y es que son cada día más las voces que advierten de la construcción de una burbuja en los instrumentos emitidos por los distintos gobiernos de los países desarrollados, con particular referencia al estadounidense. Sobrevaloración que sería consecuencia de las compras masivas de estos activos financieros en los últimos meses, adquisiciones que impulsan sus precios y minoran los retornos a obtener. No hay que olvidar que los bonos del tesoro norteamericanos lo han hecho, ni más ni menos, que un 53% mejor que las acciones en 2008. Casi nada. La extrema aversión al riesgo, con su consecuente huida hacia la calidad, y la amenaza deflacionaria que se cerniría sobre la economía mundial estarían detrás de esta fiebre por lo aparentemente seguro que amenaza ahora con mostrar su cara más oscura.

Tal y como recordáramos el pasado 13 de noviembre en este mismo Valor Añadido (“Obviedades McCoy, los Bonos del Tesoro son activos de riesgo”), “la deuda soberana con la mejor calificación crediticia es un activo teóricamente sin riesgo a vencimiento. Pero con una incertidumbre brutal de tipos de interés y, por ende, valoración, durante su vida. Y más cuando se acude a ella en periodos de cotizaciones aparentemente extremas (que no digo que no estén justificadas) como el actual”. Pues bien, este mensaje de cautela de hace un par de meses ha ido ganando cuerpo con el paso de los días.

Hay para todos los gustos. Desde el sensacionalismo de la última edición de Barron’s que, fiel al estilo que le caracteriza, ha lanzado un contundente Get out now! a sus lectores, advirtiendo de notables minusvalías en sus posiciones en caso de permanecer invertidos en renta fija soberana, hasta la elegancia con que John Hussman lo describe en su siempre instructiva carta semanal a sus clientes al concluir que “con la rentabilidad del 30 años por debajo del 2,5% y del 10 años cerca del 2%, es difícil de creer que los tenedores de los bonos no tengan en mente poder colocarlos a un tercero antes de que los precios caigan”. Bonito eufemismo para describir una burbuja que podría conducir a “pérdidas del 10% en el 10 años y por encima del 20% en el 30 años en un periodo muy corto de tiempo”. Minusvalías que podrían ser mucho mayores si se cumple una de las 10 predicciones establecidas por Byron Wien, antiguo estratega de Morgan Stanley, para 2009: a cierre del año, el Treasury rondará el 4%.

¿Es inevitable? ¿Cuál puede ser el catalizador para un movimiento de ese calibre? Los distintos analistas encuentran una profusión de razones tal que se hace prácticamente imposible no creer que se vaya a tratar de una profecía de inevitable cumplimiento. Yendo de lo genérico a lo específico, bastaría, en primer lugar, con que mejorara la propensión al riesgo de los inversores, lo que les llevaría a deshacer el camino andado y sustituir estos activos gubernamentales por otros menos seguros. Igualmente, si la economía norteamericana va recuperando tracción a lo largo del ejercicio, modificando las expectativas sobre inflación y tipos de interés, las ventas podrían llegar en masa al mercado de renta fija soberana. Como ocurriría si el ingente aumento de la masa monetaria en circulación cogiera velocidad de circulación.

Si, por el contrario, el entorno continuara siendo débil, sería el exceso de oferta de papel para financiar los planes públicos de actuación los que se llevarían por delante los precios y harían subir las rentabilidades. Eso por no hablar de la necesidad de retornos más atractivos para captar dinero en un entorno de competencia por los recursos escasos (miren, si no, el resultado de la subasta del miércoles en Alemania, desierta en una tercera parte ante el poco más del 3% de retorno ofertado, o la aparente reticencia de China a seguir financiando el déficit US, que recoge este revelador artículo del NYT de ayer mismo). Un tema, por cierto, extraordinariamente bien estudiado en este extenso análisis del Financial Times publicado esta semana. Por último, si el dólar empieza a ser castigado con dureza ante el riesgo de impago de Estados Unidos, la amenaza de pérdida de valor de lo invertido traería inevitablemente de la mano una fuerte liquidación de posiciones. Sería un salto del Return on Investment al Return of Investment al que hacíamos referencia en el primer párrafo.

No todos están de acuerdo.

Sin embargo, no todos los estrategas comparten esta visión. De hecho, la distinta opinión sobre esta cuestión ha provocado la primera discrepancia de opiniones en ocho años entre James Montier, estratega de Societe General muy seguido en el mundo anglosajón, y su alter ego en el banco Albert Edwards, cuyas tesis son compartidas, entre otros, por David Rosenberg de Merrill Lynch (¿o he de decir BoA?). De hecho el banco de inversión norteamericano está apreciando, entre sus clientes más acaudalados, una importante demanda de oro físico como cobertura. En cualquier caso, en el debate de los franceses, recogido por FT Alphaville, cada uno da sus argumentos. Mientras que Montier señala, parafraseando a ese Benjamin Graham que ha inspirado entre otros a Warren Buffet, que la deuda estatal estadounidense se podría mantener con carácter especulativo pero no es una inversión en términos de diferencial precio-valor, Edwards se centra, es poco consuelo, en el elemento deflacionario de la ecuación toda vez que espera muevas escenas de pánico financiero y económico en el primer semestre de este ejercicio. Se trata, por tanto, de un debate abierto en que la balanza parece, no obstante, inclinarse hacia las tesis de Montier.

Concluye el extenso artículo de Barron´s con una larga enumeración de activos alternativos de renta fija que ofrecerían a los precios actuales notables rentabilidades: estamos hablando de bonos corporativos, cuyos diferenciales determinarán en primera instancia la credibilidad o no de los movimientos al alza en el mercado de acciones, obligaciones convertibles, bonos municipales, acciones preferentes o los propios TIPS o activos soberanos cuyo principal se encuentra protegido ante el potencial repunte de la inflación y que descuentan inflación cero cada uno de los próximos diez años. Una lista que, por cierto, sospechosamente coincide con la recogida en el último artículo de Bill Gross colgado en la página web de PIMCO. Lleguen a los párrafos finales y verán. Pieza, por cierto, imprescindible, que no duda en afirmar cómo el exceso de oferta monetaria no dejaba de ser un esquema piramidal en toda regla -tesis defendida igualmente por Fernando Suárez en su Teatro del Dinero de ayer– que ha terminado por estallar. Cualquier cosa menos la deuda estatal. Porque, mi amor ya tu sabes, cuando algo ofrece poca rentabilidad y mucho riesgo es de todo de todo menos un activo seguro, por mucho que se venda como tal. Y es que el Año del Bono, soberano, amenaza disgustos. Cuidadín.

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A las puertas del infierno, otra vez, de Robert Fisk en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 enero, 2009

UN HISTORIAL DE MATANZAS DE CIVILES

Líderes occidentales avalan la idea de que Israel se cuida mucho de evitar víctimas cuando emprende una ofensiva militar. En doce días de operación, la cifra de muertos asciende a 760. Después Occidente se pregunta “¿por qué nos odian?”.

Una vez más, Israel abrió las puertas del infierno para los palestinos. Cuarenta refugiados civiles muertos en una escuela de Naciones Unidas, otros tres en otro plantel de este tipo. No está mal para una noche más de trabajo en Gaza a cargo del ejército israelí, que cree en la “pureza de las armas”. ¿Debería sorprendernos?

Ya se nos olvidaron los 17.500 muertos –casi todos civiles, la mayoría mujeres y niños– durante la invasión de Israel a Líbano, en 1982; los 1700 palestinos muertos durante la matanza de Sabra y Chatila; la masacre de Qanaen en que murieron 106 civiles libaneses refugiados, más de la mitad de ellos niños, en una base de la ONU; la matanza de los refugiados de Marwahin, a quienes Israel ordenó salir de sus casas en 2006 para luego ser asesinados por helicópteros israelíes; los mil muertos en el mismo bombardeo del mismo año y en la invasión a Líbano, y lo mismo, casi todos civiles.

Lo que es sorprendente de los líderes occidentales, tanto presidentes como primeros ministros y, me temo, directores de medios y periodistas, es que se han tragado la vieja mentira de que Israel se cuida mucho de evitar víctimas civiles. “Israel hace todo el esfuerzo posible para evitar afectar a civiles”, aseguró de nuevo otro embajador israelí horas antes de la matanza en Gaza.

Y cada presidente y primer ministro que ha repetido esta mendacidad como excusa para no exigir un cese del fuego tiene en las manos la sangre de la carnicería de anoche. Si George W. Bush hubiera tenido el valor de exigir un cese del fuego hace 48 horas, todos esos ancianos, mujeres y niños, esos 40 civiles, estarían vivos.

Lo que ocurrió no sólo es una vergüenza: fue una desgracia. ¿Sería exagerado llamarlo crimen de guerra? Porque así es como llamaríamos a esta atrocidad si Hamas la hubiera cometido. Por lo tanto, me temo, estamos ante un crimen de guerra.

Después de cubrir tantos asesinatos masivos a manos de ejércitos de Medio Oriente –por soldados sirios, iraquíes, iraníes e israelíes–, supongo que debería yo reaccionar con cinismo. Pero Israel proclama que está combatiendo en la guerra “internacional contra el terror”. Los israelíes aseguran luchar en Gaza por nosotros, por nuestros ideales occidentales, por nuestra seguridad y para salvarnos, de acuerdo con nuestras normas. Y así somos cómplices de las salvajadas que se cometen en Gaza.

Ya he reportado las excusas que en el pasado ha dado el ejército israelí por estos atropellos. Como está claro que serán recalentadas en las próximas horas, aquí les obsequio algunas: los palestinos mataron a sus propios refugiados, los palestinos desenterraron cuerpos de los cementerios y los plantaron en las ruinas. Y al final de cuentas, los palestinos tienen la culpa por haber apoyado a una facción armada, y además porque los palestinos armados deliberadamente utilizan a refugiados inocentes como escudos humanos.

Cuando la derechista Falange libanesa, aliada de Israel, perpetró la matanza de Sabra y Chatila, los soldados israelíes se quedaron ahí, observándolos durante 48 horas, sin hacer nada, y esto fue revelado por una investigación a cargo de una comisión israelí.

Posteriormente, cuando Israel fue acusado de esa matanza, el gobierno de Menachem Begin acusó al mundo de calumniar con sangre a su país. Después de que la artillería israelí disparó bombas contra una base de la ONU en Qana, en 1996, los israelíes afirmaron que hombres armados de Hezbolá también se refugiaban en dicha base. Era mentira. Los más de mil muertos en 2006 en una guerra que comenzó cuando Hezbolá capturó a dos soldados israelíes en la frontera simplemente se achacaron a Hezbolá.

Israel aseguró que los cuerpos de niños asesinados en la segunda matanza de Qana fueron tomados de un cementerio. Esa fue otra mentira.

Nunca hubo excusas para la masacre en Marwahin. Se ordenó a los pobladores de la aldea que huyeran y ellos obedecieron sólo para ser atacados por barcos artillados israelíes. Los refugiados tomaron a sus niños y los colocaron en torno de los camiones en que viajaban, para que los pilotos israelíes pudieran ver que eran inocentes. Fue entonces cuando los helicópteros israelíes les dispararon a corta distancia. Sobrevivieron sólo dos personas, haciéndose pasar por muertos. Israel ni siquiera ofreció disculpas por este episodio.

Doce años antes, otro helicóptero israelí atacó una ambulancia que llevaba civiles de una aldea a otra –de nuevo obedeciendo órdenes de Israel– y mató a tres niños y dos mujeres. Los israelíes aseguraron que había un combatiente de Hezbolá en la ambulancia. Era mentira. Yo cubrí todas estas atrocidades, investigué, hablé con sobrevivientes. Lo mismo hicieron varios colegas. Nuestro destino, desde luego, fue enfrentar la más vil de las calumnias: se nos acusó de antisemitas.

Y escribo lo siguiente sin la menor duda: escucharemos de nuevo estas escandalosas fabricaciones. Nos repetirán la mentira de que Hamas tiene la culpa. Dios sabe que éste es culpable de suficientes cosas sin tener que añadir este crimen. Probablemente nos salgan también con la mentira de “los cuerpos sacados del cementerio”, y seguramente también escucharemos de nuevo la mentira de que “Hamas estaba dentro de la escuela de la ONU”. Y definitivamente, nos dirán de nuevo la mentira del antisemitismo. Y nuestros líderes soplarán y resoplarán y le recordarán al mundo que fue Hamas el que rompió el cese del fuego.

Sólo que no fue así. Israel lo rompió primero, el 4 de noviembre, cuando dio muerte a seis palestinos durante un bombardeo a Gaza, y de nuevo el 17 de noviembre, al matar con otro bombardeo a cuatro palestinos más.

Sí, los israelíes merecen seguridad. Veinte israelíes muertos en los alrededores de Gaza en 10 años es, desde luego, una cifra horrible. Pero 760 palestinos muertos en diez días y miles de muertos desde 1948, a partir de cuando la matanza israelí de Deir Yassin impulsó el éxodo palestino de esa parte de Palestina que se convertiría en Israel, es una escala totalmente distinta.

Esto recuerda, no lo que sería el normal derramamiento de sangre en Medio Oriente, sino una atrocidad del nivel de la guerra de los Balcanes en los años ’90.

Desde luego, cuando un árabe se levante y con furia sin freno arroje hacia Occidente su ira incendiaria y ciega, diremos que eso nada tiene que ver con nosotros. “¿Pero por qué nos odian?”, nos preguntaremos. No vayamos a decir que no sabemos la respuesta.

Robert Fisk. De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Israel y su relación colonial, de Gilberto López y Rivas en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 10 enero, 2009

La polémica iniciada sobre el presunto antisemitismo de un colega en las páginas de nuestro diario cobró una dimensión distinta con la agresión militar de Israel a la población palestina en la franja de Gaza durante el fin de año y la posterior invasión terrestre todavía en curso. En todo el mundo se han desarrollado manifestaciones de protesta por la masacre que ha causado centenares de muertos y miles de heridos, con una alta proporción de civiles y no pocos infantes entre las bajas palestinas.

El Partido Comunista de Israel y el Frente por la Paz y la Igualdad de ese país exigieron a poco de iniciados los bombardeos aéreos el inmediato cese “de la criminal ofensiva militar israelí”, y uno de sus diputados, Mohamed Barakeh, emplazó al gobierno a “detener de inmediato el crimen de la franja de Gaza” y denunció que “la escalada no traerá la calma y la tranquilidad. Es inconcebible para los palestinos de Gaza vivir entre la hambruna y el bombardeo. El gobierno y el ministro de Defensa intentan sacar rentabilidad política con vistas a las (próximas) elecciones a costa de la sangre palestina”. El analista Tariq Alí coincide con la idea de la utilización macabra de la guerra como un recurso politiquero: “Los palestinos asesinados son poco más que un triunfo electoral en la lucha desvergonzada entre la derecha y la extrema derecha en Israel” (“El gueto de Gaza y la hipocresía occidental”, La Jornada Morelos, 7 de enero de 2009).

En otra de las manifestaciones en el interior de Israel, la ex diputada comunista Tamar Gozansky reiteró: “sólo una solución política basada en una paz justa que reconozca el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino pondrá fin a las hostilidades. No estamos de acuerdo con el bombardeo de poblaciones civiles, tanto israelíes como palestinas, pero todo el tiempo que continúe la ocupación, continuará la violencia. Nuestro partido proclama que es menester poner fin a la ocupación de los territorios palestinos, acabar con el cerco impuesto a la franja de Gaza, desmantelar los asentamientos israelíes en los territorios y resolver la cuestión de los refugiados palestinos acorde con las decisiones de las Naciones Unidas. Sólo un Estado palestino soberano e independiente, con Jerusalén oriental como capital, podrá garantizar la paz para los dos pueblos” (Agencia Digital Independiente de Noticias).

Sin embargo, la agresión militar de fin de año tiene antecedentes importantes que parecen ser soslayados por quienes arremeten contra los críticos de Israel con la acusación de “antisemitismo”. El Buró Nacional de la Unión de Judíos Franceses por la Paz denunció la responsabilidad directa de Francia y de la Unión Europea en el mantenimiento por años de un criminal bloqueo de la franja de Gaza por parte de Israel –como potencia ocupante–, que viola deliberadamente todas las leyes internacionales, y describía: “Un millón y medio de civiles son prisioneros del ejercito israelí y son privados de todo: alimento, carburantes, electricidad, medicamentos, material escolar. Menos de una decena de camiones necesarios para el abastecimiento normal de la población han llegado a pasar. El aeropuerto y el puerto han sido destruidos antes de haber podido funcionar. Está prohibido pescar. Sólo unos cuantos barcos fletados por militantes solidarios han podido romper el bloqueo. La población sufre un castigo colectivo despiadado por haber votado ‘mal’ (por Hamas). La comunidad internacional deja hacer, alienta el sitio. El ocupante ha expulsado a Robert Falk, el enviado especial de la ONU sobre derechos humanos” (27 de diciembre de 2008). Recordemos que varios intelectuales encabezados por Noam Chomsky, Howard Zinn y Eduardo Galeano, hicieron pública una declaración en agosto de 2006, en la cual afirmaban: “El terror de Estado que se inflige a Líbano se ve reproducido en el gueto de Gaza, mientras la ‘comunidad internacional’ observa en silencio. Mientras tanto, el resto de Palestina es anexada y desmantelada con la participación directa de Estados Unidos y la aprobación tácita de sus aliados” (Rebelión).

Este bloqueo ilegal por parte de Israel y la campaña sistemática contra el gobierno democráticamente elegido de Hamas son los factores desencadenantes de los cohetes lanzados por sus milicias a territorio de Israel. Numerosos analistas señalan la imposibilidad de la simetría entre la capacidad militar de Hamas y el Estado de Israel, que en el caso de Gaza se muestra dramáticamente comparando las 15 bajas de un lado y las 3 mil del otro, entre muertos y heridos; lo mismo se aplica para el tema de la “seguridad de Israel” versus la del pueblo palestino.

La diferencia cualitativa radica en el estatus de Israel como potencia ocupante de territorios ajenos a lo acordado en múltiples resoluciones de la ONU, desde la resolución 181, de 1947, que debiera dar lugar al establecimiento de dos estados, el de Israel y el de Palestina, y que nunca fue acatada. Israel es un Estado expansionista que establece una relación colonial con la población palestina, a la cual somete a un régimen muy similar al apartheid, o de limpieza nacional (que incluye muros, fronteras, retenes, controles, etcétera), con la complicidad de gobiernos árabes como los de Egipto, Arabia Saudita o Kuwait e, incluso, el de autoridades palestinas corrompidas dentro de los territorios ocupados.

Identificar la política de Israel como “terrorismo de Estado” es congruente con la condena del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial; reprobar el carácter colonialista de la relación de Israel con el pueblo palestino es consistente con la condena de los actos de neonazis en contra de judíos en la Europa actual y en cualquier otra parte del mundo; como también lo es reconocer el derecho a la legítima defensa del pueblo palestino contra un ejército ocupante.