Reggio’s Weblog

El estímulo económico de Obama, de Vicenç Navarro en Público

Posted in Economía by reggio on 27 febrero, 2009

Los reportajes que aparecen sobre EEUU en la prensa española reproducen con excesiva frecuencia la interpretación de aquella realidad que aparece en los principales medios de información de aquel país (y muy en particular en la cadena televisiva CNN). Se ha establecido así una imagen de que el candidato, más tarde presidente Obama, es el motor del cambio en EEUU, al atribuirle haber creado un movimiento deseoso de transformar la situación política y económica de aquel país. Esta interpretación ha alcanzado en España la categoría de dogma (y como tal se reproduce más a base de fe que de evidencia). Tal imagen, además de no corresponder a la realidad, dificulta la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Lo más importante de aquella realidad es la movilización de las clases populares en contra de los establishments económicos, políticos y mediáticos del país, movilización que antecede al fenómeno Obama. Hay un enfado generalizado en EEUU en contra de Washington, que representa el maridaje entre la clase política y el mundo empresarial y financiero (que se conoce en EEUU como la Corporate Class). La privatización del sistema electoral estadounidense determina que la mayoría de fondos que financian las campañas electorales de los candidatos provengan de los grandes grupos financieros, empresariales y corporativos. Y la ciudadanía es plenamente consciente de ello. De ahí el enorme descrédito de Washington.

Este enfado y movilización han hecho posible a Obama. El hecho de que no procediera de Washington (había sido senador por tres años) y que se opusiera a la guerra de Irak facilitó su identificación con la imagen de cambio. Ahora bien, para poder llegar a ser presidente necesitaba mucho dinero que procedió en su mayoría del mundo empresarial y financiero. Obama recibió 745 millones de dólares, de los cuales sólo el 25% vino de contribuciones de 200 dólares o menos (The New York Times, 06-01-09). La privatización en la financiación del sistema electoral estadounidense elimina la posibilidad de que un candidato de izquierdas pueda ganar la Presidencia en aquel país, pues la Corporate Class nunca le financiaría. Ello explica que Obama no sea una persona de izquierdas. Ahora bien, sí que es sensible a las presiones de las izquierdas, incluyendo los sindicatos.

Una vez elegido presidente, Obama ha quedado algo desbordado por la intensidad en el deseo de cambio expresado por las clases populares. Se sorprendió, por ejemplo, de la protesta popular que surgió a raíz de su propuesta de nombramiento del ex senador Thomas A. Daschle (muy próximo a las compañías de seguro sanitario privado que aportaron 414.863 dólares a la campaña de Obama) para el puesto de ministro de Salud. La protesta popular fue tal que tuvo que retirar su candidatura. Algo semejante ha ocurrido con el nombramiento del equipo económico constituido por conocidos economistas liberales (heredados de la época Clinton) que habían protagonizado la desregulación de la banca, causa de la crisis financiera. Nombró a Larry Summers director del National Economic Council, y a Tim Geithner, Treasury Secretary (ministro de Hacienda), los dos próximos a la banca. Summers y Geithner fueron los que han estado asesorando a Obama en su programa de apoyo a la banca (Wall Street), apoyo que está generando un enfado popular, debido a la gran impopularidad de esta institución.

Una de las fuerzas que lideraron la movilización popular a favor del cambio fueron los sindicatos, los cuales comunicaron en términos muy contundentes su desacuerdo con tales medidas. Ello hizo que Obama nombrara a Ron Bloom, experto financiero que trabajaba para el sindicato del acero, para que, junto con Summers y Geithner, supervisara tales ayudas. Fueron también los sindicatos los que propusieron que se estableciera una comisión para supervisar el impacto de las políticas federales en la calidad de vida de la clase trabajadora (en EEUU a la clase trabajadora se la llama clase media). Tal Comisión, presidida por el vicepresidente Biden, tiene como director al economista Jared Bernstein, del Economic Policy Institute, uno de los centros de economía más progresistas de EEUU. Bernstein es uno de los autores del famoso informe The State of Working America, sobre las condiciones de la clase trabajadora en EEUU, al cual hice referencia en un artículo anterior (“Las condiciones de la clase trabajadora”, Público, 05-02-09), y fue el que propuso, junto con la nueva dirección del partido demócrata (más a la izquierda que Obama) el primer plan de estímulo económico que enfatizó la inversión en obras públicas y en servicios públicos del estado del bienestar como manera de crear empleo. Estas propuestas fueron diluidas considerablemente por Summers y Geithner, y, sobre todo, por el partido republicano, que ha enfatizado la reducción de impuestos como la manera de estimular la economía.

Es esta movilización popular la que ha influenciado al presidente Obama, quien, en la introducción de la Comisión citada anteriormente, indicó que “hasta ahora se nos ha dicho que el movimiento obrero (labor movement) era un problema. Nosotros creemos que, al revés, es parte de la solución. Nosotros necesitamos de los sindicatos y de los trabajadores, pues ellos han sido los motores que garantizaron la existencia de las clases medias. No podemos tener una clase media fuerte sin un movimiento obrero y sindical fuerte”.

Este discurso no se puede entender sin comprender esta movilización popular (que los medios llaman “populista”) que existe en EEUU. Incluso Summers indicó recientemente que el problema mayor existente hoy en EEUU es el que deriva de la mala distribución de la renta en aquel país. Es impensable que Summers hiciera esta declaración con la ausencia de esta movilización de las clases populares. Fijarse sólo en Obama sin ver lo que está pasando en el país es un error que no permite entender qué está pasando en EEUU.

Vicenç Navarro es  Catedrático de Políticas Públicas e la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Estudios Políticos en Johns Hopkins University.

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La banca y el desempleo, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 21 febrero, 2009

Ha sido una constante en la historia de nuestra democracia que cuando el desempleo aumenta en España la comunidad bancaria, dirigida por el Banco de España, lo atribuye siempre a las supuestas rigideces del mercado de trabajo, consecuencia del excesivo proteccionismo promovido por los sindicatos.

De ahí que fuera predecible que al aumentar el desempleo en España (mayor que en cualquier otro país de la Unión Europea) haya habido una respuesta del gobernador del Banco de España, el Sr. Miguel Angel Fernández Ordóñez (conocido por su pensamiento económico liberal) que ha centrado sus recetas de cómo resolver la crisis de empleo en la necesidad de flexibilizar todavía más el mercado de trabajo. Estas declaraciones han contrastado con un silencio ensordecedor sobre la enorme responsabilidad que la banca ha tenido en la crisis financiera y económica del país, causa mayor del elevado desempleo. Veamos los datos.

Durante la década y media siguiente a la Transición, dos de los hechos que llamaban más la atención eran el elevado precio del dinero que prestaba la Banca (uno de los más altos en la Comunidad Europea), y la exhuberancia de sus beneficios (la tasa de beneficios netos de la Banca española fue casi tres veces mayor que la tasa de beneficios netos de la Banca francesa, casi el doble que la Banca alemana, más de cuatro veces que la Banca belga, casi el doble de la Banca italiana, casi tres veces mayor que la Banca holandesa y casi el doble de la Banca británica (ver “La Economía Política de la Banca Española” en Navarro, V., Globalización Económica, Poder Político y Estado del Bienestar”. Ariel Económica. 2000). Tales beneficios no se basaban en su mayor eficiencia, sino en un comportamiento oligopolístico, resultado de unas políticas del Estado altamente proteccionistas de la banca española, la cual se opuso exitosamente a la apertura del sector bancario al capital extranjero. Como consecuencia de ello, el coste de pedir el dinero a la banca por parte del empresariado español era el más elevado de Europa. El empresariado de la manufactura en España tenía que pagar casi el doble que el empresario de la manufactura en EE.UU., y más del doble que el empresariado japonés. Ello explica, en parte, las enormes dificultades que experimentó la manufactura, con la consiguiente destrucción de empleo y elevado crecimiento del desempleo. Este fue uno de los orígenes de la desindustrialización de España y del establecimiento de una economía especulativa basada en el matrimonio banca-industria inmobiliaria. Como bien dijo entonces el Finantial Times (15 marzo 1991), “Durante los años expansivos de la economía española, se vio un gran crecimiento en las inversiones financieras que en su mayor parte derivaron hacia actividades de tipo especulativo –principalmente hipotecario- en lugar del incremente del tejido productivo”. No podía haberse escrito más claro. Estas políticas fueron bendecidas por el Banco de España con la aprobación de los sucesivos gobiernos españoles. Este complejo banca-inmobiliarias y empresas constructoras han sido el eje del crecimiento económico de España desde entonces.

El mundo empresarial de la manufactura y de los servicios intentó compensar la enorme carestía del dinero prestado por la Banca mediante la reducción de los salarios, intento exitoso puesto que el crecimiento anual real salarial por persona trabajadora creció durante aquel periodo sólo un 1,8% comparado con el promedio de la UE-15, que fue de 5,2%.

El elevado coste del dinero implicaba también una peseta sobrevalorada que dificultaba las exportaciones españolas. El origen de la elevada negatividad de la balanza del comercio exterior se basa precisamente en aquel hecho. La entrada de España en la zona euro ha eliminado esta situación, pero tal entrada se ha realizado (en la década de los años noventa) de manera beneficiosa a la banca y a costa de un gran sacrificio de la población asalariada y de un considerable subdesarrollo de nuestro estado del bienestar. Como he demostrado en otro lugar (“El Subdesarrollo Social de España: causas y consecuencias. Anagrama. 2006), la reducción del déficit del presupuesto del Estado (exigido por el Pacto de Estabilidad), se hizo a costa de que los recursos que durante los años ochenta iban a corregir el enorme retraso del gasto público social de España se gastaran en los años noventa en reducir el déficit del presupuesto del Estado de manera tal que cuando las cuentas del Estado se equilibraron (para alcanzar incluso más tarde un superávit), el déficit social de España, medido por la diferencia del gasto público social por habitante entre España y la UE-15 (el grupo de países de desarrollo económico más semejante al nuestro) había aumentado considerablemente. Esto quiere decir que nosotros gastamos cada vez menos (en términos proporcionales) en nuestras escuelas, en nuestros servicios sanitarios, en nuestra vivienda social y en nuestras pensiones que el promedio de países de la UE-15. La integración monetaria se hizo a costa de nuestro estado del bienestar. Y también a costa de una reducción de la masa salarial (porcentaje que las rentas del trabajo representan de toda la renta nacional). Ello ha ido acompañado de un incremento exuberante de las rentas del capital, y muy en especial de las rentas de la Banca, la cual continúa siendo una de las que muestran beneficios mayores en el mundo. Ahora bien, la burbuja inmobiliaria (estimulada por el comportamiento especulativo del complejo banca-inmobiliaria) explotó. La mitad del desempleo creado se debe al colapso de la construcción sostenido por aquel complejo. Es más, el pánico creado en la Banca ha determinado también la dificultad de conseguir crédito, causa mayor de la recesión y de la destrucción de empleo, atribuida por el Gobernador del Banco de España (como era de esperar) a una inexistente rigidez del mercado laboral.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra.

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La situación de la clase trabajadora, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Política by reggio on 7 febrero, 2009

Público

El Economic Policy Institute (EPI) es uno de los centros de investigación económica y social más importantes de EEUU. Elabora cada dos años un informe sobre la situación de la clase trabajadora en EEUU, The State of Working America, que incluye la información más detallada que existe sobre las condiciones laborales y sociales de la población trabajadora en EEUU, comparándola con las condiciones existentes en otros países de la OCDE incluyendo España. En este artículo comparo la situación de la clase trabajadora de España con la clase trabajadora de EEUU basándome en los datos del informe del EPI, complementado por los datos del Observatorio Social de España, colaborador del EPI en España.

Los datos del informe cuestionan gran número de supuestos liberales que dominan gran parte de las culturas económicas y políticas de España. Por ejemplo, uno de los dogmas que se reproducen con mayor frecuencia en los círculos liberales del país es que los salarios en España son demasiado altos, habiéndose afirmado incluso que una de las causas de que la intensidad de la crisis económica sea particularmente acentuada en España es la elevada cuantía de las retribuciones salariales. Los datos, sin embargo, no confirman este supuesto. El salario por hora de los trabajadores españoles (incluso entre los trabajadores de la manufactura, que son los mejor pagados) es uno de los más bajos de la UE-15 y de la OCDE. Si el nivel de los salarios de la manufactura de EEUU se toma como punto de referencia (llamándole 100), entonces, el salario de los trabajadores mejor pagados (los de la manufactura) es el 79% del de EEUU. Los mejor pagados son Suecia (136%), Finlandia (126%), Dinamarca (149%) y Holanda (130%). En realidad, la mayoría de países de la UE-15 tienen mayores salarios que EEUU, y mucho más elevados que España.

Se dice con frecuencia que los salarios son bajos en España porque la productividad laboral es baja. Los datos, sin embargo, no muestran una relación clara entre productividad laboral y salario. En realidad, la diferencia en la productividad de los trabajadores de la manufactura entre los países de la UE-15 es menor. La diferencia de los salarios entre los países, sin embargo, es muy acentuada. Esto muestra que el nivel de productividad no es el factor determinante del salario recibido por el trabajador. Una causa mayor es la fortaleza de los sindicatos y de las izquierdas en el país, como lo atestigua que sean los países nórdicos donde los sindicatos y las izquierdas son fuertes, donde los salarios son más altos. En el sur de Europa, incluyendo España, donde los sindicatos y las izquierdas son más débiles, los salarios son más bajos. Es más, la baratura de los salarios (facilitada por una gran abundancia de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes), no motiva al mundo empresarial y al Estado a invertir en los puestos de trabajo y en los trabajadores para incrementar su productividad. No es, pues, que los salarios sean bajos porque la productividad es baja, sino, al contrario, la productividad es baja porque los salarios son bajos. Recortar todavía más los salarios contribuiría más al descenso de la productividad. Y dificultaría en gran manera la recuperación económica al disminuir la demanda doméstica, cuya debilidad es la causa mayor de la crisis que atraviesa España.

Esta insuficiencia salarial en España va acompañada de una exhuberancia de las rentas superiores. En España la decila inferior de familias recibe una renta que es el 61% de la renta familiar promedio (uno de los porcentajes más bajos de la UE-15) mientras que la decila superior ingresa el 214% del nivel de renta familiar promedio, el porcentaje mayor de la UE-15 y de la OCDE (después de EEUU). Estas desigualdades sociales se reproducen a base de unas políticas públicas escasamente redistributivas, siendo el Estado español uno de los menos redistributivos de la UE-15. Contribuyendo a esta regresividad está la tolerancia que exhibe el Estado hacia el fraude fiscal (uno de los más altos existentes en la UE-15) que alcanza a ser un 10% del PIB (según los expertos de la Agencia Tributaria del Estado), y que procede en su gran mayoría de las rentas superiores.

Tal regresividad fiscal explica la escasez de ingresos al Estado y el subdesarrollo de su estado del bienestar. España es uno de los países de la UE-15 que tiene un porcentaje menor de la población adulta trabajando en educación pública (5,5%) y en sanidad y servicios sociales públicos (6%). El promedio de la UE-15 es de 7% y 10,6% respectivamente. Tal subdesarrollo de los servicios públicos del estado del bienestar, explica también el escaso porcentaje de las mujeres en el mercado de trabajo, 54%, uno de los más bajos de la UE-15. En Suecia es el 72%. España tiene una de las infraestructuras de servicios de atención a las familias –escuelas de infancia y servicios domiciliarios– menos desarrollados de la UE-15. Tal infraestructura juega un papel clave en facilitar la integración de la mujer al mercado del trabajo (España es uno de los países que tiene un número menor de niños en escuelas de infancia y un gasto público menor en escuelas de infancia por alumno).

Estas cifras, procedentes de aquellos informes, traducen una insuficiente concienciación por parte de los equipos económicos de los sucesivos gobiernos españoles de que los servicios públicos del estado del bienestar son una inversión tan o más importante que la inversión en infraestructura física del país. En realidad, una de las causas mayores de la menor riqueza en España es la todavía baja participación de la mujer en el mercado de trabajo. Facilitar la integración de la mujer a tal mercado debería haber sido (junto con el aumento salarial) una de las mayores estrategias de desarrollo económico del país.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y director del Observatorio Social de España.

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Solbes está equivocado, de Vicenç Navarro en El Plural

Posted in Economía by reggio on 26 enero, 2009

EL PLURAL

La discusión sobre la financiación autonómica en España se ha centrado hasta hace poco en la distribución de los fondos estatales entre las CC.AAs., habiéndose creado grandes tensiones entre ellas que han sido aprovechadas por las fuerzas conservadoras para fines electorales, presentándose a sí mismas como las defensoras de la unidad de España, unidad que, por cierto, pocos cuestionan. De ahí que el debate se haya centrado hasta ahora en la distribución de la tarta nacional ocultando que el problema mayor en España es el tamaño de la tarta que es enormemente insuficiente. Ello explica que la lucha por su distribución sea incluso más acentuada de lo que debiera ser. El gasto público como porcentaje del PIB es de los más bajos de la Unión Europea de los Quince, el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico al nuestro. Lo mismo ocurre con el gasto público social, que cubre los servicios y transferencias del Estado del Bienestar español, tales como sanidad, educación, vivienda, escuelas de infancia, servicios de dependencia, ayudas a las familias y otros. Tal gasto es de los más bajos de la UE-15.

Las CC.AAs. son las que sufren más estas insuficiencias, pues son las responsables de gestionar la mayoría del estado del bienestar. Excepto la Seguridad Social, todos los servicios y transferencias de tal estado los gestionan las CC.AAs. Esta ha sido la característica mayor del estado de las Autonomías. Pero el Estado Central no ha descentralizado la financiación, escudándose en la necesidad del Gobierno Central de redistribuir los fondos públicos estatales entre las CC.AAs. para garantizar la equidad. Pero tal situación ha ocultado un problema mucho mayor, que es la falta de voluntad política de los sucesivos gobiernos españoles en recaudar los recursos necesarios para que España se gaste en su estado del bienestar el gasto público que debiera gastarse en tales servicios y transferencias para alcanzar el nivel que le corresponde por el grado de desarrollo económico que tiene. El nivel de riqueza de España es semejante al del grupo de países de la UE-15. El PIB per capita es el 92% del promedio de la UE-15. Y en cambio, el gasto público social por habitante continúa siendo uno de los más bajos de la UE-15 (sólo un 62% del promedio de la UE-15). Si en lugar de un 62% nos gastáramos un 92% del promedio de la UE-15, representaría un incremento de 52.000 millones de euros. Este es, a grosso modo, el déficit del gasto público social de España. (ver Navarro, V. (coord.) La Situación Social en España. Volumen II. Biblioteca Nueva. 2008). Treinta años después de la muerte del dictador, y todavía estamos a la cola de la UE-15. Y las CC.AAs. son las que ahora sufren en carne viva tales déficits.

El Ministro Solbes, por lo visto, no ha sido consciente de la gravedad de tal déficit social. Su trayectoria política así lo demuestra. Cuando fue el Ministro de Economía en el periodo 1993-1996 redujo el gasto público por habitante de una manera muy notable. Cuando fue Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios de la Unión Europea fue el encargado de guardar la  ortodoxia liberal de tal institución reflejada en el Pacto de Estabilidad que dificulta el aumento del gasto público, incentivando a la vez la disminución de los impuestos. Indicó en más de una ocasión que “bajar impuestos era más estimulante para la economía que aumentar el gasto público” (lo cual no es cierto, ver mi artículo Como estimular la economía, publicado en la revista TEMAS, Noviembre 2008), y cuando ha sido Ministro de Economía del Gobierno Zapatero dijo en una entrevista en El País el 22 de julio de 2007, que “la política de la cual estoy más orgulloso es la de no haber aumentado el gasto público” (dicho en uno de los países que tiene el gasto público más bajo de la UE.15). Ha sido siempre -como lo fue Rato en el gobierno Aznar- partidario de ejercer de freno del gasto público de manera tal que el gran debate entre las dos grandes opciones políticas en las últimas elecciones fue entre disminuir todavía más el gasto público –la propuesta del PP- o mantenerlo tal como está, cuando en realidad lo que el país necesitaba -y continúa necesitando ahora más que nunca- es un aumento muy sustancial del gasto público, y ello no solo para estimular la economía, sino para corregir los enormes déficits de capital físico (en infraestructuras) así como del capital humano y del capital social que existe en España. La baja productividad del país se basa precisamente en ello. Y son las CC.AAs. las que sufren con mayor intensidad este enorme déficit. La lucha entre ellas para conseguir más migajas de la tarta debiera canalizarse para presionar que haya una tarta mayor.

Los recursos del Estado obtenidos por los sucesivos gobiernos españoles, han procedido predominantemente del crecimiento económico y del aumento de la población activa. Ello ha sido necesario pero insuficiente. Lo que se requería y continúa requiriéndose son más reformas fiscales conducentes a incrementar tales recursos, lo cual puede hacerse si hay voluntad política. Una es la necesidad de corregir el escandalosamente alto fraude fiscal que alcanza la cifra de 85.000 millones de euros (según los expertos del propio Ministerio de Hacienda). Esta cantidad sería más que  suficiente para cubrir el déficit social de España y sus CC.AAs. Otra fuente es el aumento de los impuestos del 10% de renta superior del país (que ha visto sus rentas incrementadas a unos niveles sin precedentes en los últimos veinte años de manera que España es hoy uno de los países europeos con mayor número de personas que ingresan (pero no declaran) más de un millón de euros. Otra fuente es el aumento del pago por parte de las Mutuas Patronales de los costes que los servicios autonómicos de sanidad incurren en atender las enfermedades laborales (y que representa aproximadamente el 15% del gasto total de tal sanidad), y que por ley debieran ser cubiertas por tales Mutuas Patronales (tal ley no se respeta), y así un largo etcétera.

Los equipos que han dirigido la política económica y fiscal de España no han tenido la voluntad política de tomar estas medidas. Y lo mismo ocurre hoy. Y el equipo económico en el mayor partido de la oposición tiene incluso menor voluntad de hacerlo. De ahí que seria aconsejable que el gobierno Zapatero cambiara su equipo económico, y pusiera a un equipo con vocación keynesiana en lugar del liberal que facilitara corregir el déficit de gasto público y social del país, y con ello el mayor problema que tienen las CC.AAs.

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Las raíces de la guerra de Afganistán, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Internacional, Política by reggio on 25 enero, 2009

Sistema

El nuevo Presidente de EE.UU., el Sr. Barack Hussein Obama, ha indicado que una de sus intenciones es pedir a sus aliados de la NATO que aumenten su contribución a la guerra del Afganistán. De ahí la urgencia de que la población española esté informada sobre el origen de aquel conflicto. Por desgracia, la gran mayoría de los medios de información españoles han dado una versión sesgada de lo ocurrido en aquel país.

La primera vez que Afganistán apareció en los medios de información españoles fue en los años ochenta cuando tales medios se refirieron a la intervención de EE.UU. para parar la invasión de aquel país por parte de la Unión Soviética. Afganistán corría el peligro de transformarse en una colonia más del imperio soviético, lo cual fue impedido por la intervención estadounidense en apoyo a las fuerzas de liberación que luchaban en contra de un gobierno títere, satélite del existente en la Unión Soviética. Esta es la versión más generalizada de lo que ocurrió en Afganistán en la década de los años ochenta y después.

La segunda vez que Afganistán apareció en tales medios fue cuando, menos de un mes después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de Septiembre de 2001, las fuerzas armadas de EE.UU. atacaron el régimen talibán existente en aquel país, provocando su caída y sustitución por un gobierno, nombrado en la práctica por el gobierno federal de EE.UU. Hasta aquí la versión oficial, reproducida en los medios de información y persuasión españoles. Tales versiones, sin embargo, (y muy en particular la primera) no se corresponden con la realidad. Y es de una enorme importancia y urgencia que se corrija tal versión, dando a conocer la historia real de aquellos hechos. Existen varios libros que han informado críticamente de la versión de los hechos promovida por los medios de persuasión e información dominantes en EE.UU. y Europa. Entre ellos destaca el informe Afganistán, Another Untold Story, de Michael Parenti, publicado en Znet.

¿QUÉ PASÓ EN AFGANISTÁN?

Afganistán, uno de los países más pobres del mundo, estuvo regido hasta la década de los años setenta por un sistema feudal en el que el 75% de la tierra era propiedad del 3% de la población rural. Era un sistema basado en una enorme explotación, causa de la enorme pobreza de su población. Pero donde hay explotación suele haber también resistencia. Y en los años sesenta las fuerzas opositoras a aquel régimen feudal (gobernado por una monarquía) establecieron el Partido Democrático Popular (PDP) que lideró la resistencia que forzó el derrocamiento de la Monarquía en 1973, siendo ésta sustituida por un gobierno que fue, además de ineficaz, corrupto, autocrático y poco popular. El PDP había tenido la fuerza para exigir la destitución y abdicación del Rey pero no había tenido la suficiente fuerza para cambiar el régimen. La insatisfacción con el régimen, sin embargo, alcanzó tal nivel que en el año 1978 hubo gran número de movilizaciones populares que forzaron la dimisión del gobierno. Y parte del Ejército no resistió tales movilizaciones. Antes al contrario, las apoyaron, estableciéndose así el primer gobierno popular dirigido por el PDP y liderado por un poeta y novelista nacional, Noor Mohammed Taraki, (el García Márquez de Afganistán). El PDP fue el partido gobernante que inició gran número de reformas incluyendo la legalización de los sindicatos, el establecimiento de un salario mínimo, una fiscalidad progresiva, una campaña de alfabetización, y reformas en las áreas sanitarias y de salud pública que facilitaron el acceso de la población a tales servicios. En las áreas rurales, facilitó el establecimiento de cooperativas agrícolas. Una reforma que también tuvo un enorme impacto fue la de favorecer la liberación de la mujer, abriendo la educación pública a las niñas además de a los niños, y facilitando la integración de la mujer al mercado de trabajo y a la universidad. Como escribió el diario San francisco Chronicle (17 de Noviembre de 2001) “bajo el gobierno PDP, las mujeres estudiaron agricultura, ingeniería y comercio en la Universidad. Algunas mujeres tuvieron puestos en el gobierno y siete de ellas fueron elegidas al Parlamento. Las mujeres conducían coches, viajaban libremente y constituían el 57% de los estudiantes universitarios”. El profesor John Ryan de la Universidad de Winnipeg, experto en economía agrícola y conocedor de Afganistán ha indicado que la reforma agraria iniciada por aquel gobierno tuvo un enorme impacto en el bienestar de las poblaciones rurales. Tal gobierno eliminó también el cultivo del opio (Afganistán producía el 70% del opio consumido para la producción de heroína).

Ahora bien, tales reformas generaron unas enormes resistencias por parte de aquellos grupos cuyos intereses estaban siendo afectados negativamente. Entre ellos, tres grupos dirigieron la oposición. Uno fueron los terratenientes propietarios de grandes explotaciones agrícolas; el otro fueron los líderes religiosos, que se opusieron por todos los medios a que las mujeres se emanciparan; y un tercer grupo fueron los traficantes de opio. En ayuda de tales grupos vinieron Arabia Saudí, el estado fundamentalista que aporta ayuda a los fundamentalistas islámicos; el Ejército del Pakistán, temeroso que las reformas afganas contaminaran a las clases populares del propio Pakistán y, como no, el gobierno federal de los Estados Unidos.

¿POR QUÉ EL GOBIERNO FEDERAL DE EEUU?

Hay que subrayar que incluso la CIA, la agencia de espionaje del gobierno federal de EE.UU. había reconocido el carácter popular y autónomo del PDP y nunca (durante el periodo que tal fuerza política batalló en contra del régimen feudal) se refirió al PDP como “agente de Moscú”. Era plenamente consciente que tal fuerza política respondía a una demanda propia que tenía su propia independencia y autonomía. A pesar de ello, y antes de que la Unión Soviética interviniera en Afganistán, el gobierno federal de EE.UU. estaba financiando las fuerzas extremistas y fundamentalistas afganas que estaban intentando sabotear las reformas que el gobierno PDP (incluyendo las escuelas públicas en las zonas rurales que educaban a las niñas). El señor Brzezinski, del Consejo Nacional de Seguridad del Presidente Carter, ha admitido que el gobierno estadounidense financió a las guerrillas extremistas que realizaron tales actos de sabotaje, quemando, por ejemplo, las escuelas públicas. Es más, el gobierno federal de EE.UU. alentó un golpe miliar en contra del gobierno PDP que tuvo lugar brevemente en 1979 y que asesinó a Tarak y a miles de dirigente del PDP antes de que militares próximos al PDP retomaran el poder.

La hostilidad del gobierno federal de EE.UU. hacia las reformas del gobierno PDP se basaba, en parte, en la oposición del gobierno de EE.UU. hacia la nacionalización de la tierra y otras intervenciones que entraban en conflicto con el ideario del gobierno federal estadounidense, reformas que, además, contaban con el asesoramiento de técnicos procedentes de la Unión Soviética. El gobierno de EE.UU. estaba preocupado por la posible expansión de la influencia soviética. Detrás de tal apoyo había un anticomunismo fundamentalista, reflejado en la figura de Brzezinski (un polaco anticomunista fundamentalista), que consideraba que el objetivo fundamental de la política exterior de EE.UU. debiera ser eliminar la influencia de la Unión Soviética en el mundo, a costa de lo que fuera, incluyendo a costa de apoyar algunas de las fuerzas más retrógradas y reaccionarias existentes en el mundo, como eran los fundamentalistas musulmanes afganos.

La alianza de EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán era enormemente poderosa y amenazaban la continuidad del gobierno del PDP. De ahí que el gobierno pidiera ayuda a la Unión Soviética, ayuda que fue rechazada en varias ocasiones, hasta que por fin, el gobierno de la URSS aceptó enviar fuerzas armadas en ayuda del Ejército Afgano (leal al PDP) que estaba en contra de las guerrillas fundamentalistas de Mojahidden (Islamic guerrilla fighters) apoyadas por EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán.

LA ENTRADA DEL EJÉRCITO SOVIÉTICO EN AFGANISTÁN

Por fin, en 1979, el gobierno de la Unión Soviética aceptó la petición del gobierno PDP de enviar tropas en ayuda del ejército en contra de aquella movilización de fuerzas internacionales que estaban cuestionando su estabilidad y viabilidad. En parte esto era también lo que deseaba el gobierno federal de EE.UU. pues inmediatamente se tomó tal invasión como excusa para movilizar el mundo musulmán en contra del apoyo de la URSS a un gobierno lacio, progresista y deseoso de modernizar el país. EE.UU. y Arabia Saudí, las fuentes de la reacción, gastaron 40 billones de dólares en apoyo de los Mojahidden, a los cuales se unieron 100.000 musulmanes fundamentalistas procedentes del Pakistán, Arabia Saudí (incluido Bin Laden), Irán y Argelia, armados y asesorados por la CIA.

Diez años más tarde las tropas soviéticas abandonaron Afganistán. La guerra, sin embargo, continuó tres años, período en el que el gobierno PDP continuó siendo popular, y ello a pesar de los enormes destrozos de la infraestructura del país, resultado de la gran hostilidad de la alianza reaccionaria. Incluso después del colapso de la URSS, el gobierno continuó gobernando un año más, a pesar de no recibir armas que pudiera utilizar para defenderse de las fuerzas extremistas apoyadas por los gobiernos de EE.UU., Arabia Saudí y Pakistán. Una vez más, tal como ocurrió en la República Española, la falta de armas fue la causa de que la oposición venciera aquel conflicto, iniciándose un gobierno de los Mujahidden que iniciaron una enorme represión, pillaje, con ejecuciones en masa, cerrando las escuelas públicas, oprimiendo a las mujeres en campañas de violación sistemática, destruyendo las zonas urbanas. En un informe de Amnistía Internacional del 2001 esta acusó a los Mujahidden de “violar sistemáticamente a las mujeres como manera de aterrorizar a las mujeres y a la población, y como recompensa a las tropas”. El gobierno inició de nuevo el comercio del opio, con la ayuda de los servicios de inteligencia paquistaníes y de la CIA (que trabajaron conjuntamente, en apoyo de los mujahidden) convirtiendo Afganistán en el mayor productor de heroína del mundo. Varias de las fuerzas militares Mujahidden dejaron Afganistán y fueron a luchar a Algeria, Chechenia, Kosovo y Cachemira iniciándose así la red terrorista en defensa del fundamentalismo musulmán.

Una fracción de los Mujahidden fueron los talibanes, el grupo más fundamentalista de tal alianza, que por su fanatismo, disciplina y crueldad se impusieron acabando con gobernar amplias zonas del país y por último tomaron el poder. Prohibieron la música, las escuelas, la educación lacia, las bibliotecas y cualquier síntoma de modernización. Establecieron orden, ejecutando a todos aquellos que creaban desorden desde oponentes políticos a ladrones comunes. Impusieron las Burkas como vestimenta a las mujeres y prohibieron a los hombres que se afeitaran. Mujeres fueron privadas de derechos, incluido el de educarse, y aquellas que fueron consideradas inmorales eran apedreadas y quemadas vivas. Por otra parte terminaron las violaciones de las mujeres por los Mujahidden y también la producción de opio. Este gobierno talibán contó con el apoyo del gobierno federal del Presidente Clinton. Según Ted Rall (“it is about oil”. San Francisco Chronicle. Nov.2, 2001), el gobierno de EE.UU. pagó hasta el año 1999 el salario de los funcionarios talibanes y no fue hasta el año 2001, cuando a raíz del ataque a las torres gemelas, que el presidente Bush -a fin de movilizar el apoyo de la población estadounidense al bombardeo de Afganistán- denunció el tratamiento de las mujeres en Afganistán. Más tarde, incluso la señora Laura Bush se convirtió en feminista y denunció tales abusos. El 11 de Septiembre significó el fin de la alianza talibán-U.S. y la caída del gobierno talibán sustituido en Diciembre 2001 por otra facción pro-US de los Mujahidden que inició la lucha contra los talibán. La producción de opio apareció de nuevo.

Una pregunta que exige respuesta es ¿cómo podía EE.UU. apoyar al gobierno talibán, sabiendo de su apoyo a Bin Laden y al grupo de terroristas (que había sido financiado en su origen por EE.UU.)? ¿Cómo es que el gobierno talibán nunca había sido declarado “un gobierno que apoyaba el terrorismo”? Una de las razones es que de haber hecho esto hubiera significado que las compañías pretolíficas estadounidenses no pudieran haber firmado un acuerdo con el gobierno talibán para construir un oleoducto que permitiera el transporte del petróleo de Kazajstán y Turkmenistán al Océano Índico. En realidad, el apoyo hubiera continuado de no haber ocurrido el 11 de Septiembre. Y desde entonces la historia es bien conocida.

En todo este proceso, se ha olvidado de que si se hubiera permitido que el gobierno PDP hubiera hecho las reformas que el país necesitaba, no habría habido “invasión” soviética de Afganistán, no habría habido guerra de Afganistán, no hubiera habido Bin Laden y Al Quaeda y no hubiera habido un 11 de Septiembre. Y es esta precisamente la verdad que se oculta. La historia habría seguido otros derroteros. Probablemente habría surgido Al Quaeda, pero el lugar y el formato habrían sido diferentes. En el fondo del conflicto está la resistencia del gobierno federal de EE.UU. (y sus aliados y muy en especial Arabia Saudí), y su oposición a las reformas progresistas y laicas. Ni que decir tiene que existen otras causas de la existencia del terrorismo islámico. Pero esta resistencia hacia las reformas necesarias y urgentes lideradas por grupos laicos y progresistas es una de las causas más importantes. La oposición a la enorme explotación que existe en el mundo musulmán se ha canalizado a través de fuerzas enormemente reaccionarias en las que el fundamentalismo religioso se ha promovido para parar las movilizaciones populares laicas que habrían reducido y eliminado tal explotación.

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La Administración Obama, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 18 enero, 2009

Sistema

Cuando llegué a EE.UU. en el año 1965, una de las facetas de aquel país que me causó una impresión más desagradable fue la tensión claramente visible entre las razas blanca y negra. Tal tensión la puede ver cuando un día no me dejaron entrar en un restaurante de la ciudad de Baltimore (donde está ubicada la universidad The Johns Hopkins University donde impartía docencia) por ir acompañado por mi secretaria, que era afro americana. La indignación que me causó tal experiencia me motivó a militar en el mayor movimiento de derechos civiles en EE.UU., el Rainbow Coalition, liderado por Jesse Jackson senior, al cual asesoré por muchos años, incluyendo en su campaña para la presidencia de EE.UU. en las primarias del Partido Demócrata de 1984 y 1988. De ahí que la elección de un afro americano como Presidente es motivo de una enorme alegría compartida por millones de personas en EE.UU. y en el mundo. Es una gran victoria para todas las fuerzas progresistas. A esta alegría se añade el alivio de que la elección del candidato Obama termina con la Administración Bush, una de las más nefastas de las muchas que han existido en la historia de aquel país. Esperemos que la Administración Obama mejore lo que Bush dejó.

Habiendo hecho esta introducción, me veo en la necesidad de expresar mi profunda preocupación y alarma de lo que estoy viendo en España, donde se ha idealizado, incluso en amplios sectores de las izquierdas, tanto el proceso electoral que ha hecho posible la elección de Obama, como la figura de Obama, exagerando el potencial que la nueva administración tiene para generar el cambio que tales sectores desean. Soy consciente de que tales sectores no ven a Obama como una persona de izquierdas (aunque algunos autores de centro izquierda así lo hayan definido) pero insisten en que puede convertirse en una fuerza progresista a nivel internacional. Y ahí están en un error. Desconocen la realidad de EE.UU. como lo demuestra cuando presentan al proceso electoral estadounidense como modélico, ignorando que la privatización del proceso electoral imposibilita la aparición de candidatos de izquierda. No se dan cuenta de las fuerzas económicas y políticas que configuran la política tanto doméstica como exterior de EE.UU.

Entre ellas están las que el Presidente Eisenhower definió como el complejo militar industrial que tiene un enorme poder en configurar la política exterior de EE.UU. y que Obama se ha comprometido en mantener e incluso reforzar. Tal complejo está en el centro del desarrollo industrial del país. EE.UU. se gasta un billón de dólares en lo que se llama Defensa, representando el 48% de todo el gasto militar mundial, con 770 bases militares en 130 países. EE.UU. se gasta en armas ocho veces más que en educación, 4,5 veces más que en pensiones, catorce veces más que en vivienda, treinta y dos veces más que en formación profesional, y así un largo etcétera. Es un gigante militar con unas raíces sociales de barro. El gasto militar representa más de la mitad del gasto federal en los gastos que no son fijos (non discretionary funds) como lo es la Seguridad Social. Una de las voces más críticas del enorme coste social que implica el gasto militar fue Martin Luther King, quien indicó que “las prioridades nacionales son perversas, pues la preparación para la guerra con fines imperialistas (término que utiliza Martin Luther King) se hace a costa del enorme sacrificio de las clases populares y humildes de nuestro país”. No se capta en España que una de las primeras víctimas de aquel sistema de prioridades es el propio pueblo estadounidense, prioridades que no concuerdan con las prioridades expresadas por la gran mayoría de la población. Según las encuestas más recientes, sólo el 23% de la población está de acuerdo con la expansión del gasto militar en EE.UU., un porcentaje que contrasta con un 79% que favorece la expansión del gasto público sanitario, un 69% que favorece la expansión del gasto educativo público, y un 69% que favorece la expansión del gasto público en pensiones. En EE.UU., lo que decide el gobierno federal no suele coincidir con lo que la población desea, lo que explica la gran alienación política de las clases populares hacia la clase política percibida como cautivada por los grandes grupos financieros y empresariales (incluyendo los pertenecientes al complejo militar-industrial) que financian sus campañas. El apoyo de tal clase política al capital financiero es la última muestra de este maridaje. Goldman Sachs, uno de los grupos financieros que recibieron más ayuda del gobierno federal (ayuda liderada por el Ministro de Hacienda, Sr. Paulson, que había sido director de tal grupo financiero antes de incorporarse a la administración Bush) dio 824.252 dólares a la candidatura de Obama. Con este sistema de financiación electoral es imposible que una voz crítica de tal establishment financiero y empresarial pueda ser Presidente de EE.UU. Y me refiero a una voz coherente y dispuesta a enfrentarse a tales intereses, a diferencia del discurso retórico, realizado durante las campañas electorales en los que frecuentemente se hacen referencias críticas a tal establishment, pero que desaparecen rápidamente al día siguiente de las elecciones. Hemos podido ver como el Presidente electo Obama ha escogido un equipo en política exterior caracterizado por su claro compromiso en defender y expandir las políticas exteriores a favor de aquellos intereses financieros empresariales, presentando tales intereses como intereses “nacionales”, transformando intereses particulares en intereses nacionales. En apoyo a tal proyecto, existen los medios de información y persuasión que trabajan 48 horas al día en promover aquella visión de que los intereses económicos de aquellos establishments son los intereses nacionales de la población, proyecto que no es tan exitoso como desearan, pues las encuestas muestran como la mayoría de las clases populares no siempre comulgan con las “verdades” del establishment. Su propia experiencia cotidiana les facilita información que contrasta con la que les llega desde arriba. Por cierto, según las últimas encuestas, la mayoría de la población estadounidense está en desacuerdo con el apoyo incondicional del gobierno federal a Israel, y señalan que tal gobierno debiera haber presionado para interrumpir la invasión a Gaza.

“¿Un equipo de política exterior pragmático?”

Las personas clave del equipo de política exterior son el Vicepresidente Joe Biden (que fue el Senador Demócrata que, como Presidente de la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado, apoyó más activamente la invasión y ocupación de Irak); la Ministra de Asuntos Exteriores (Hilary Clinton), que se caracterizó en el Senado por su dureza en apoyo de la utilización de la fuerza militar como instrumento de política exterior, pidiendo incluso la “aniquilación nuclear” de Irán, en caso de que este país atacara Israel, el país del cual es profundamente leal, no conociéndose ninguna crítica de ella hacia tal Estado; el asesor principal en Seguridad Nacional al Presidente, el general James C. Jones, antiguo jefe de la NATO y promotor de la disgregación de la antigua Yugoslavia; Ministro de Defensa, el Sr. Robert Gates, que fue Ministro de Defensa con el Presidente Bush junior; el embajador de EE.UU. en las Naciones Unidas, la Sra. Susan Rice, que fue una de las voces dentro del partido Demócrata que apoyó más el mito de que Hassan Hussein poseía armas de destrucción masiva; y el Jefe del Gabinete del Presidente, el Sr. Rahm Emanuel, el congresista que recibió más fondos de Wall Street y un fundamentalista pro Israel que incluso luchó en bases voluntarias en la guerra de Israel contra Líbano. Esperar que este equipo siga unas políticas distintas a las que históricamente ha realizado EE.UU. es esperar que un naranjo produzca peras. Es lógico que los medios de información del establishment hayan alabado los nombramientos de Obama que han sido aplaudidos en términos muy positivos incluso por figuras de la derecha estadounidense como Henry Kissinger, Karl Rove (asesor de Bush) y otras figuras del aparato internacional del Partido Republicano.

Es importante señalar que, como dijo el candidato Obama en su día, “la elección de un candidato afro americano, cuya abuela paterna vive en un pueblo africano, al lado del lago Victoria, y cuya hermana es mitad estadounidense, mitad indonesia, casada con un canadiense de origen chino, dará la sensación de que tal candidato tendrá una visión internacional distinta de lo que han tenido otros Presidentes”. Esta percepción de internacionalización en la nota biográfica del candidato jugó un papel muy importante en su candidatura y así lo han visto los centros y fundaciones que configuran la política internacional de país, y que consideran que tal elección presenta una oportunidad única de cambiar la imagen tan negativa que tiene EE.UU. hoy en el mundo. Como dijo Blake Hounshell, director de la versión digital de la revista del establishment estadounidense Foreign Policy, “tenemos que construir una figura internacional, un icono, que contrarreste la imagen que hoy tiene Che Guevara en el mundo, y Obama puede ser este icono”. Ha sido también Scout Kronick, director de una de las empresas publicitarias más importantes de EE.UU., quien ha subrayado que la elección de Obama “ha enviado un enorme mensaje a todo el mundo de que, en contra de lo que se dice, EE.UU. es un modelo de democracia, digno para ofrecer el liderazgo progresista hoy en el mundo”. Otros, algo más cínicos, definen el cambio de una manera más funcional. Así, David J. Rothkopf, asesor al Presidente Clinton y hoy director de la compañía de asesoría internacional establecida por Henry Kissinger, indica que el valor de Obama es que, como buen tocador de violín “apoyará el violín con la mano izquierda que le permita sostener el instrumento, pero utilizando la mano derecha para tocarlo y producir el resultado”. El problema será cuando las bases de izquierdas dejen de apoyar el violín, hecho que atemoriza enormemente a tal establishment, el cual es consciente de que hoy hay que cambiar la imagen de EE.UU. enormemente deteriorada por las políticas de Bush. Y Obama representa tal esperanza.

Una última observación. Es casi imposible hoy publicar artículos críticos de Obama en la prensa española, la cual reproduce miméticamente lo que dice el New York Times o la CNN. De ahí que tengo que pedir al lector que, en caso de que consideren este artículo de interés, lo distribuya lo más ampliamente posible. Es urgente y necesario que la población española tenga una visión más acertada de aquella realidad de la que proveen los medios de persuasión y desinformación que tenemos.

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Por qué el desempleo es mayor en la Unión Europea que en EE.UU., de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 4 enero, 2009

El Plural

Si usted lee las revistas económicas o las páginas económicas de la prensa diaria de los países de la Unión Europea (UE.), incluyendo las de España, verá gran número de artículos de economistas liberales que atribuyen el elevado desempleo en la mayoría de países de la UE a una supuesta “rigidez” de los mercados laborales europeos y a lo que consideran ser una “excesiva” generosidad de la protección social en aquellos países. Lo que hay que hacer para disminuir tan elevado desempleo es, según tales autores, seguir el “modelo liberal” de EE.UU., es decir, desregular los mercados de trabajo (disminuyendo los costes del despido del trabajador, entre otras medidas desreguladoras) y reducir la protección social, tal como hace EE.UU., donde el gasto público social (18% del PIB) es mucho más bajo que el promedio de los países de la Unión Europea de los Quince (28%). La desregulación de los mercados de trabajo y la escasa protección social existentes en EE.UU. es la causa –según tales economistas liberales- de que el desempleo en EE.UU. sea menor que el existente en el promedio de los países de la UE-15. El problema que tal explicación tiene es que los datos no lo confirman. Ello no es obstáculo, sin embargo, para que tal interpretación de las causas del desempleo en la UE-15, incluyendo España, haya adquirido la categoría de dogma en los círculos económicos y financieros europeos (incluyendo los españoles). Y como todos los dogmas, se reproduce a base de fe, en lugar de evidencia empírica. Veamos los datos.

El primer dato, de carácter aclaratorio, es que el Estado de EE.UU. no es un estado liberal. Hablar de “modelo liberal” cuando se habla del gobierno federal de EE.UU. es mostrar un profundo desconocimiento de tal estado. El estado federal estadounidense es profundamente intervencionista en las áreas económicas, teniendo un comportamiento típicamente keynesiano. Y ello ha sido así desde tiempos del Presidente Roosevelt, cuando éste estableció el New Deal como manera de resolver la Primera Gran Depresión Mundial a principios del siglo XX. El New Deal fue la intervención federal que se basó en un gran crecimiento del gasto público como manera de aumentar la demanda de productos y servicios por parte de la población –y muy en particular de las clases populares- a fin de estimular el crecimiento económico (el gasto público en el New Deal alcanzó un 56% del PIB). Tal estímulo fue facilitado por el establecimiento del Banco Central Estadounidense (el Federal Reserve Board) que siempre tuvo como objetivo el estimular el crecimiento económico y la creación de empleo a partir de garantizar intereses bancarios bajos, fácilmente accesibles a las empresas y a las personas. Es más, el aumento del gasto público se hizo, en parte, a base de aumentar el déficit del presupuesto del estado, permitiendo un incremento de la deuda del estado. Y el New Deal inició otra práctica keynesiana, la intervención de apoyo a las empresas incluyendo medidas altamente proteccionistas.

Estos componentes keynesianos han estado presentes en todas las políticas públicas de todos los gobiernos federales tanto republicanos como demócratas. Franklin Roosevelt y Harry Truman aumentaron el gasto público permitiendo un elevado déficit del estado federal, con el consiguiente crecimiento de la deuda pública. Más tarde, el Presidente Eisenhower combatió la recesión a base de establecer el Programa Federal de Carreteras, el Federal Aid Highway Act, que construyó la red de carreteras federales existentes en EE.UU., red que se construyó, en parte, a base de aumentar el déficit público hasta un 6% del PIB.

Un tanto semejante ocurrió con el Presidente Nixon, que explícitamente se definió como keynesiano. E incluso el mal llamado padre de la revolución liberal, el Presidente Reagan, aumentó el gasto público significativamente (primordialmente en la industria militar), aumentando los impuestos (no sólo una, sino dos veces), siendo el Presidente que los aumentó más en tiempos de paz en los últimos cincuenta años. Disminuyó los impuestos del diez por ciento de renta superior del país, pero los aumentó para la mayoría de la población. Y financió el aumento del gasto público también a través del incremento del déficit público que alcanzó un 6% del PIB. Tal como indicó su Ministro de Defensa, el gobierno federal tenía la política industrial más avanzada del mundo capitalista, lo cual realizaba a través del gasto público militar. Un tanto semejante ocurrió con los presidentes republicanos Bush padre y Bush hijo, cuando el déficit federal alcanzó (en ambas administraciones) niveles superiores al 6% del PIB. Durante todos estos años las ayudas públicas a las empresas y al mantenimiento de la infraestructura del país alcanzaron un 7,1% del PIB, el porcentaje mayor en la OECD. Y hoy estamos viendo como el Presidente electo Obama está proponiendo (resultado de una enorme presión popular) como medida de resolver la enorme recesión un enorme incremento del gasto público federal (de hasta 800.000 millones de dólares), gasto que tendrá lugar no en las áreas militares, sino en infraestructuras de transporte y en servicios públicos como sanidad y escuelas públicas, así como en empresas de carácter ecológico, financiándose tal aumento con impuestos sobre los sectores más pudientes de la sociedad y con un incremento del déficit del estado que alcanzará más de un 7% del PIB. Por lo general, el keynesianismo estadounidense ha sido más militar que social. Es decir, el gasto público social se ha invertido en las industrias militares, pero el sentir popular antimilitar está forzando un cambio de las inversiones hacia las empresas sociales y ecológicas.

Es este aumento del gasto público en inversiones en tiempos de recesión, permitiendo un elevado déficit, lo que ha permitido a EE.UU. tener un desempleo relativamente bajo a lo largo de su historia en el siglo XX. Ahora bien, estas políticas keynesianas contrastan con las políticas liberales de la Unión Europea que a través del Pacto de Estabilidad limita el gasto público, no permitiendo un déficit del Estado por encima del 3% del PIB, y que (junto con la política de disminuir los impuestos) ha forzado una reducción del gasto público. Esta reducción de gasto y la política del Banco Central Europeo de mantener unos intereses bancarios altos, son la causa del bajo crecimiento económico y alto desempleo en la UE-15. Esta es la razón de que la UE tenga un desempleo mayor que EE.UU. Y la mejor prueba de ello es que los países miembros de la UE-15, que durante el periodo 1950-1980 habían tenido un desempleo menor que EE.UU., pasaron a tener un desempleo mayor a partir del establecimiento del Pacto de Estabilidad y de la creación del Banco Central Europeo. El hecho de que EE.UU. no haya seguido las políticas liberales de la UE (a EE.UU. no se le hubiera permitido entrar en la UE) es la causa de que su desempleo sea menor.

El mantenimiento del liberalismo en la estructura institucional de la UE es la causa de que el desempleo aumentará mucho más en la UE durante la crisis actual que en EE.UU. Conociendo la fortaleza del dogma liberal de la UE en los medios económicos y financieros europeos (y españoles), puedo predecir que el Consejo de la UE, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo continuarán diciendo que hay que desregular el mercado de trabajo y reducir la protección social para disminuir el desempleo, intervenciones que empeorarán en lugar de mejorar la situación actual. Lo que se requiere es un cambio muy sustancial de las prácticas liberales institucionalizadas en la Comisión Europea y en el Banco Central Europeo, para recuperar las prácticas que abandonaron cuando se estableció la Unión Europea.

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Qué es lo que la mayoría del electorado de EE.UU. entiende por cambio, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in General by reggio on 3 enero, 2009

Sistema

El día 4 de noviembre la población que participó en las elecciones presidenciales de EEUU votó por el cambio, apoyando la candidatura que más se identificó con la imagen del cambio. Y aunque tal candidato vencedor, el Sr. Barack Obama, subrayó la necesidad de cambio, nunca especificó en detalle lo que él quería decir al utilizar el término “cambio”. Más claro es, sin embargo, lo que la mayoría del electorado deseaba y entendía por cambio. Y una manera de saberlo fue a través de las encuestas a pie de urna en las que se preguntó a la población que votaba sus deseos y prioridades. Paso a hacer una lista, sin necesariamente definir una prioridad en este deseo.

La mayoría del electorado (el 74%) desea un cambio del sistema de financiación del proceso electoral, eliminando la enorme influencia de los grupos de poder económico y financiero en la vida política del país, influencia que se realiza a través de la financiación privada de las campañas electorales de los candidatos a los puestos elegidos de la democracia estadounidense. Tal influencia es la característica de su sistema electoral que determina una imagen de Washington como el maridaje entre la clase política por un lado y el mundo financiero y empresarial del país por el otro. Tal maridaje es enormemente impopular, como lo atestigua que todos los candidatos en las últimas elecciones presidenciales tuvieron que presentarse como anti-Washington para tener un mínimo de credibilidad política.. El candidato Obama es el que más se benefició de este sentir anti-Washington, ampliamente extendido entre la población, al haber sido Senador sólo durante dos años. El hecho de que fuera, sin embargo, el candidato que consiguió más dinero privado del mundo empresarial y financiero (y del 20% de renta superior del país) dificultará que pueda cambiar esta situación. En realidad, no ha hecho ninguna propuesta de anular la privatización del sistema electoral, la mayor causa de la baja calidad de la democracia estadounidense.

Otra demanda popular (68% de la población) es exigir del estado la garantía de que los ciudadanos estadounidenses tengan unos derechos universales (es decir, que abarquen a toda la población), tales como el derecho de acceso a los servicios sanitarios en tiempo de necesidad. El Presidente no ha incluido tal propuesta en su programa, aun cuando retóricamente habla de tal universalización. El estudio detallado de sus propuestas de reforma sanitaria no permite concluir que va a universalizar tal derecho.

La mayoría del electorado (64%) también pide que este aumento de los derechos sociales (que incluyen no sólo la universalización de los derechos de acceso a la sanidad, sino también la universalización del derecho al trabajo) incluya también el aumento de los derechos laborales, favoreciendo la aprobación de una ley que elimine las barreras que pone el empresariado para que la fuerza laboral se sindicalice. El candidato Obama prometió el apoyo a tal ley. El jefe de su gabinete, el Sr. Emanuel, preguntado por el diario liberal The Wall Street Journal si el Presidente Obama apoyaría tal Ley, no respondió, y ello a pesar de que se le preguntó repetidamente.

La mayoría del electorado (62%) también desea que haya un recorte muy acentuado del gasto público militar, transfiriendo tal gasto a las áreas sociales. EEUU gasta un trillón de dólares al año en gasto militar, lo cual significa el 57% de los gastos disponibles del gobierno federal (gasto disponible –discretionary funds- son los gastos que, como la Seguridad Social, no son predeterminados y fijos). Tal gasto es responsable de cinco millones de puestos de trabajo, un número que podría triplicarse si en lugar de gastarse en áreas militares se gastara en áreas sociales, tales como escuelas de infancia, servicios domiciliarios o servicios públicos de sanidad, que crean más empleo que los gastos militares. Es más, la inversión en tales servicios públicos favorece la integración de la mujer al mercado de trabajo, lo cual crea a su vez una demanda de nuevos puestos de trabajo al tener que producirse en el mercado aquellos servicios que realizaba antes la mujer como ama de casa (servicios como restaurantes, servicios de limpieza, lavandería y otros). El nuevo Presidente Obama no se ha comprometido a reducir el gasto militar. Se ha comprometido a modernizar la industria militar, pero no a reducir tal gasto. Por otra parte, se ha comprometido a aumentar sustancialmente el gasto público en aquellos servicios públicos como medida de estimular la economía, medida altamente popular (el 82% la favorece).

El 64% de la población favorece reformas fiscales progresistas que reviertan la regresividad fiscal introducida por la administración Bush. El candidato Obama tenía en su programa propuestas fiscales progresistas, incluida la eliminación de las ventajes fiscales (para el cinco por ciento de nivel de renta superior del país) aprobadas por la administración Bush. El nuevo Presidente Obama ha hecho declaraciones recientes indicando que pospondrá algunas de estas reformas.

Una última observación. La mayoría de estas posturas no coinciden con las posturas del establishment empresarial y financiero de Washington, que controla los medios de información y persuasión de aquel país. Ejemplo de este control es que Noam Chomsky, el intelectual estadounidense más leído en el mundo, y una de las escasas voces críticas de tal establishment (ver Navarro V., Entrevista a Noam Chomsky. La situación política de EE.UU. Anagrama. 2008), no aparece, por estar vetado, en los medios televisivos más importantes del país (NBC, BBC, CBS y CNN) o en las páginas del New York Times o del Washington Post ¿Cómo puede explicarse que en un país con un control tan elevado de los medios de información, la mayoría de la ciudadanía tenga posturas contrarias a las del establishment? La respuesta es que la población nunca repite miméticamente lo que el establishment político-mediático desea que piense. La información que le llega a la población desde “arriba” (desde los medios de información y persuasión) compite con la información que le llega de “abajo”, es decir, de su práctica y experiencia diaria que le llega en su cotidianeidad. Ello explica que si a la población en EEUU se le pide si considera que el sector público sirve a sus necesidades mejor que el sector privado, contestará que favorece al sector privado reproduciendo el mensaje que le llega constantemente de “arriba”. Pero si a la ciudadanía se le pregunta en términos que puede relacionarse a su experiencia cotidiana (como por ejemplo las pensiones de sus padres) y se le pide si prefiere la Seguridad Social a una compañía de seguros privada para atender a su pensión de jubilación, la mayoría responde (72% vs 32%) a favor del aseguramiento público. Es también interesante señalar que en EEUU nada menos que el 58% de la población responde afirmativamente a la pregunta “¿desearía usted vivir en una sociedad en que los recursos se distribuyeran según la necesidad de cada persona y se pagaran según los recursos que cada persona tuviera?”. Si la pregunta, sin embargo, se planteara de manera distinta, tal como si “preferiría vivir en una sociedad regida por principios socialistas”, el 89% respondería que no, resultado de la demonización del discurso y prácticas socialistas en aquel país.

Pero independientemente de la narrativa que se escoja, el hecho más importante a señalar es que hoy la mayoría de la población estadounidense desea cambios significativos en el sistema político-económico del país, cambios que son más progresistas que los que sostiene el establishment político-económico-mediático del país. Que el nuevo Presidente Obama responda a este deseo de cambio dependerá de la presión que la población realice para forzarlo.

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¿Hará falta una Tercera Guerra Mundial para resolver la crisis económica?, de Vicenç Navarro en El Plural

Posted in Economía, Política by reggio on 30 diciembre, 2008

En contra de lo que se está escribiendo en la mayoría de páginas económicas de la prensa diaria, el mayor problema hoy no es la falta de liquidez en los bancos. El que los bancos no presten dinero no se debe a que no tengan dinero. Tienen, y mucho. Lo que pasa es que no se fían. Tienen miedo de que si lo prestan no lo vean de nuevo pues tienen fuertes dudas de que el que pide el préstamo les devuelva el dinero. Y les preocupa también que si prestan tal dinero terminen perdiendo en lugar de ganar dinero, pues el valor del aval de los que piden préstamos (tales como las viviendas) bajará mucho más de lo que vale ahora con lo que están muy reacios a prestar dinero. En todos los países el número de familias que se declaran en bancarrota está subiendo rápidamente. Y también sube el número de familias que no pueden pagar tales préstamos. La mayoría de la población está profundamente endeudada y los bancos son plenamente conscientes de ello. Los bancos no prestan dinero, en general, a personas o instituciones que están ya superendeudadas. Y para complicar las cosas y hacerlas incluso más difíciles, el sistema financiero está fuertemente contaminado por los productos como derivativos de alto riesgo, promocionados por los famosos hedge funds. La situación es semejante a la de una persona sedienta que tiene enfrente de sí cinco botellas de agua. Sabe, sin embargo, que una de ellas contiene arsénico pero no sabe cuál. Está supersediento pero no puede beber. El problema no es que no tenga agua para beber. El problema es que no sabe qué botella está contaminada. Y así estamos. Hay dinero de sobras pero los bancos no se fían. Y de ahí que pidan ayuda a los Estados para atenuar el riesgo. La única manera de resolver este problema es que los Estados intervengan para averiguar qué está pasando y obtener información (sobre los contaminantes) de la que incluso carecen los propios bancos.

Pero el hecho de que la gente esté superendeudada tiene otro problema. No compran. Y la economía que llaman real padece, y las empresas corren al Estado a pedir ayuda también. Se habla ahora de las ayudas a las empresas automovilísticas y otras empresas. En EE.UU. la compra de coches ha disminuido un 40%. Como resultado, las acciones de General Motors bajaron esta última semana a valer sólo 3 dólares, haciendo exclamar al banco alemán Deutsche Bank que la novena compañía más importante del mundo (emplea 2.5 millones de personas) estaba al borde del colapso. En España. Las ventas de automóviles han caído un 25%, habiendo perdido 16.000 puestos de trabajo de los 72.000 que la industria automovilística emplea. Y dentro de poco veremos los gobiernos prestando más y más dinero a empresas de otros sectores que también estarán en peligro de quiebra. En todas ellas, la causa común es que la gente no compra. Y la razón es porque está superendeudada. Está con deudas hasta el cuello. Y la causa de ello es el mayor secreto guardado en los medios. La enorme redistribución de la renta que ha ocurrido en el mundo (entre países y dentro de cada país) en los últimos treinta años, como consecuencia de las políticas públicas neoliberales que han beneficiado enormemente las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo.

La polarización de rentas como una causa del problema de la escasa demanda.

En la mayoría de los países de la OECD, comenzando por EE.UU., el porcentaje de las rentas derivadas del capital (sobre la renta total nacional) ha aumentado enormemente (rompiendo records sin precedentes históricos, como resultado de los exuberantes beneficios principalmente del capital financiero, la manera técnica de referirse a la banca) y ello a costa de las rentas del trabajo que están en unos porcentajes bajos, también sin precedentes. Y ahí está el problema. La gente, la mayoría de la cual adquiere su renta del trabajo, está perdiendo capacidad adquisitiva y ha estado pidiendo préstamos para poder mantenerse a flote. Están superendeudadas y más de la mitad de las familias tienen dificultades para llegar a fin de mes.

La solución pasa por dar dinero a la población para que aumente tal capacidad adquisitiva. Y las propuestas de reducir impuestos (la solución preferida por las derechas), es dramáticamente insuficiente. Y en España tenemos ejemplos de ello. El impacto estimulante de esta vía ha sido relativamente escaso. La otra vía es la de aumentar el gasto público y que éste se utilice para crear empleo a través de inversiones en infraestructuras y en servicios. Esto es lo que ha hecho la China que va a invertir 586.000 millones de dólares en inversiones, transferencias y servicios como medida de estimular su economía, uno de los motores de la economía mundial. Y hace unos días el próximo Presidente de EE.UU., el Sr. Obama, instruyó a su nuevo equipo económico a que prepare un plan de choque incluso mayor, de 700.000 millones de dólares, en transferencias, obras públicas y servicios. El objetivo de tales expansiones del gasto público es crear empleo y aumentar la demanda, sobre todo de las clases populares para estimular el crecimiento económico. Tales países han aprendido que la Gran Depresión de principios del siglo XX se resolvió mediante el gasto público que significó la II Guerra Mundial. El gasto de sostener tal guerra fue lo que sacó al mundo de la depresión. Es un indicador de salud mental el que varios países están alcanzando aquel nivel de gasto público sin necesidad de tener una nueva guerra mundial.

Lo que debiera ocurrir en España.

La respuesta en España ha sido lenta e insuficiente. Y el problema mayor es que el terreno económico lo ha definido durante muchos años la derecha española, una derecha dura que incluso ahora está pidiendo que se reduzca el gasto público, algo que prácticamente ninguna derecha europea o estadounidense está pidiendo. Merkel y Sarkozy (e incluso Bush) están ahora pidiendo un aumento del gasto público. Vimos ya durante las últimas elecciones que el PP pidió una disminución del gasto público, frente a la cual, el PSOE propuso mantenerlo cuando debiera haber propuesto aumentarlo. Treinta años después de que se estableciera la democracia, España continúa siendo uno de los países con un gasto público más bajo y un estado del bienestar menos desarrollado. El PSOE tenía que haberse comprometido a alcanzar en dos legislaturas el nivel de gasto público por habitante del promedio de la UE-15. No lo hizo así. Se comprometió a mantener el que teníamos. Y ahora, cuando se enfrenta a una de las crisis mayores que España se ha enfrentado, el Sr. Solbes es reacio a subir el déficit del estado a una cifra mayor que un 2% del PIB. Menos mal que el Sr. Zapatero ha apuntado que igual es un 4%. En realidad, si España hiciera lo que ha estado haciendo EE.UU. y lo que hará la Administración Obama, el déficit total sería un 7%. Pero además de la insuficiencia en el déficit considerado, existe otro problema con las propuestas del gobierno, y es limitar la inversión pública a obras públicas e investigación y desarrollo. Existe un enorme déficit social de España, que debiera corregirse, creándose, a través de ello, empleo en los servicios públicos como escuelas de infancia, servicios de dependencia, servicios sanitarios, servicios sociales, y muchos otros. La excelente Ley de Dependencia está paralizada por falta de fondos y las CC.AAs. están lamentándose, con razón, de que les faltan fondos para gestionar sus estados del bienestar. Durante años las CC.AAs. han estado batallando sobre la distribución de la tarta nacional, olvidándose que el problema mayor es que la tarta es muy pequeña. Y ahí está el problema. Se necesita una tarta mucho más grande que debe financiarse primordialmente por el estado central, bien a través de la corrección del fraude fiscal (que es 85.000 millones de euros, el mismo tamaño que el déficit social de España) y a través del crecimiento del déficit del Estado, alcanzando una cifra mucho mayor que la que se está considerando. Moderación, en este momento, no es una virtud.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra.

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Los niños perdidos del franquismo, de Vicenç Navarro en El País

Posted in Historia, Memoria, Política by reggio on 24 diciembre, 2008

La Acción Social de la Falange y la Iglesia desempeñaron un papel muy importante en una poco conocida ‘depuración’ de la raza por la que se robaron miles de niños, hijos de padres asesinados y madres ‘rojas’

Una de las sorpresas que me encontré a la vuelta de un largo exilio fue el ver que mis estudiantes (gente joven, despierta y curiosa intelectualmente, horrorizados por las barbaridades realizadas por las dictaduras chilenas y argentinas -tales como el robo de niños de padres asesinados por aquellas dictaduras-) desconocían que todos aquellos horrores habían ocurrido también en España durante la dictadura franquista, incluyendo el robo de niños de madres republicanas asesinadas por el Ejército golpista. Recordaré siempre su respuesta al excelente documental de la televisión catalana Els nens perduts del franquisme, de Montse Armengou y Ricard Belis, que documentaba tales robos durante la dictadura. Al entrar en el aula al día siguiente de haberse proyectado tal documental, noté un silencio ensordecedor. Los estudiantes estaban sorprendidos, avergonzados e indignados de que se les hubiera ocultado parte de la historia de su país. Sabían lo que había ocurrido en Argentina y Chile, pero desconocían lo que había ocurrido en España.

Fue así como pude explicarles que no sólo lo que había ocurrido en aquellos países, sino incluso muchas de las cosas que habían ocurrido en la Alemania nazi, se habían dado también en España. En realidad, parte de los experimentos realizados por la Gestapo en los campos de concentración nazis se habían iniciado en España bajo la supervisión de la misma Gestapo. (Ver Michael Edwards A time of silence. Civil War and the Culture of Repression in Franco’s Spain. 1936-1945. Cambridge University Press, 1998). No se lo podían creer. ¿Cómo es que nadie se lo había contado? Y así se lo expliqué.

En contra de lo que se ha dicho y escrito, el régimen militar liderado por el general Franco era racista. Los militares golpistas se consideraban parte de una raza hispánica superior (el día nacional se llamaba el día de la Raza), superioridad que le otorgaba el derecho de conquista y sometimiento sobre otras razas inferiores, entre las cuales incluían la raza de los republicanos rojos (término utilizado por la dictadura hacia aquellas poblaciones que se opusieron al golpe militar y a la dictadura). El ideólogo de tal doctrina era el militar psiquiatra Vallejo Nájera, que dirigía los Servicios Psiquiátricos del Ejército. Parte de su formación había tenido lugar en Alemania, habiendo estudiado las teorías racistas nazis de las cuales era un ferviente admirador. Su interpretación de la raza, sin embargo, contenía un fuerte componente político-cultural y psicológico más que étnico, aunque incluía elementos antisemíticos en su definición. Fue nombrado por el dictador director del Gabinete de Investigaciones Psicológicas con el objetivo de estudiar la raza española y su superioridad, con la intención de purificarla eliminando cualquier forma de contaminación que diluyera su pureza. Sus teorías quedaban reflejadas en sus libros, incluyendo Eugenesia de la Hispanidad y regeneración de la raza, en el que definía raza como espíritu. “La raza es espíritu. España es espíritu. La Hispanidad es espíritu… Por eso hemos de impregnarnos de Hispanidad… para comprender nuestras esencias raciales y diferenciar nuestra raza de las extrañas”. Este espíritu lo definía como “militarismo social, que quiere decir orden, disciplina, sacrificio personal, puntualidad en el servicio, porque la redoma militar encierra esencias puras de virtudes sociales, fortaleza corporal y espiritual”. Y para mejorar la raza era necesaria “la militarización de la escuela, de la Universidad, del taller, del café, del teatro, de todos los ámbitos sociales”. Su purificación de la raza incluía el resurgimiento de la Santa Inquisición en contra de las personas que consideraba antipatrióticas, anticatólicas y antimilitares que corrompían la raza española. Afirmó que parte del problema racial de España era que había demasiados Sanchos Panzas (físico redondeado, ventrudo, sensual y arribista), y pocos Don Quijotes (casto, austero, sobrio e idealista), personajes imbuidos en un militarismo, identificando la cultura militar como la máxima expresión de raza superior. (Para expansión de este análisis, ver el excelente libro de Enrique González Duro Los Psiquiatras de Franco. Los rojos no estaban locos. Península, 2008).

Vallejo Nájera tenía un gran desprecio para las personas corrientes y creía que la sociedad moderna necesitaba de una “minoría selecta… con espíritu aristocrático… imbuido en una misión especial de salvar al país y a la raza”. Era también profundamente anti-mujer, considerando que “las hembras no estaban facultadas para la lectura de libros”. Desaconsejaba a las niñas que leyeran libros excepto los de carácter religioso, y alertaba que la debilidad mental de las mujeres las hacía especialmente vulnerables al marxismo, el máximo exponente del deterioro de la sociedad. Hablaba del marxismo como de una peste transmitida a partir de los centros urbanos, los centros industriales de la costa de España.

Vallejo Nájera estableció un campo de experimentación en Málaga, “Málaga que ha importado toda clase de ideas”, ciudad costera que él consideraba proclive a tal enfermedad. En aquel campo hizo todo tipo de experimentos, asesorado por agentes de la Gestapo, incluyendo un estudio de 40 malagueñas, milicianas republicanas, consideradas todas ellas como “casos de anormalidad psíquica, exaltadas por sentimientos pasionales… que se sumaron al saqueo para satisfacer impunemente rencores y venganzas personales”. Dentro del campo de concentración agrupaba a los rojos en varias categorías, siendo una de ellas (considerada de las más degeneradas) las mujeres marxistas y catalanas. Fue en estos campos de concentración donde se realizaron tales estudios que generaron la información de la que Vallejo- Nágera concluía que el marxismo era la máxima forma de patología mental, siendo “el marxismo español una mezcla judeo-masónica que la distingue del marxista extranjero, semita puro”.

Tal señor no era una figura menor en el edificio ideológico del Ejército franquista y del régimen militar que estableció. Sus teorías se transformaron en la ideología del régimen. Eran profundamente racistas, contraponiendo la raza española (que se caracterizaba por su masculinismo, canto a la fuerza física, nacionalismo extremo y un profundo catolicismo) a la raza roja inferior, compuesta de subdesarrollados mentales, psicópatas y degenerados, contaminados por un marxismo, judaísmo y masonismo al cual eran vulnerables las clases populares por su subdesarrollo mental.

Tal inferioridad de raza podía corregirse, sin embargo, a la temprana edad de la infancia. De ahí que se requiriese que a las madres rojas se les quitaran los infantes para evitar su contaminación y degeneración. La Acción Social de La Falange y la Iglesia jugaron un papel muy importante en esta depuración de la raza “salvando” a los infantes de tal patología que podía transmitirse de madres a hijos. Tales robos eran frecuentemente hechos para el beneficio de parejas afines al régimen que deseaban tener niños. Miles de niños fueron sustraídos de sus madres rojas.

Esta política de robos era, tal como escribe Enrique González Duro, política del Estado. El Ministerio de Justicia tenía como responsabilidad robar (el término que se utilizaba era recoger) a todos los hijos de los asesinados, encarcelados o desaparecidos, a fin de “liberarles de la miseria material y moral que suponía su distanciamiento del nuevo Estado español”. En 1943 los hijos de presos bajo tutela del Estado eran 12.043.

Estos hechos se han ocultado al pueblo español. El documental Els nens perduts del franquisme, ampliamente galardonado internacionalmente, ha sido mostrado en la televisión sólo en Cataluña, en el País Vasco y en Andalucía (a la 1 de la madrugada). Recientemente se hizo una presentación de una versión abreviada en TV2. Por lo demás no se ha presentado en ninguna otra televisión, sea pública o privada, contribuyendo al olvido de los horrores de aquella dictadura cuyo conocimiento es muy escaso en nuestro país, y que el auto del juez Garzón hubiera podido ayudar a remediar. Su retiro del caso ha aumentado las posibilidades de que aquel horror continúe desconociéndose.

Vicenç Navarro es catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra.

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¿El fin de la Europa liberal?, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Política by reggio on 14 diciembre, 2008

Sistema

Un dato que ha tenido gran relevancia para explicar la evolución de la Europa Social es la evolución del desempleo en el promedio de la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de países con mayor nivel de desarrollo económico de la Unión Europea. Históricamente el desempleo en los países que más tarde serán los países miembros de la UE-15, había sido más bajo que el nivel de desempleo de EE.UU. Ello fue cierto desde la Segunda Guerra Mundial hasta los años ochenta. A partir de entonces, sin embargo, el desempleo en el promedio de la UE-15 ha sido mayor, no menor que EE.UU. Ha sido una constante desde entonces que el porcentaje de la población activa en paro ha sido mayor en la UE-15 que en EE.UU.

Los economistas liberales (que gozan de grandes cajas de resonancia en los medios de información y persuasión en España) han atribuido este hecho a la mayor desregulación de los mercados de trabajo y menor protección social existentes en EE.UU. que en la UE-15. De ahí sus propuestas que para disminuir el desempleo en la UE-15 debiera copiarse las supuestamente exitosas políticas públicas de EE.UU. y desregular los mercados de trabajo europeos y disminuir la protección social en este continente. Estas posturas liberales se han generalizado en Europa y se han convertido en dogmas y como tales se han reproducido a base de fe, y con escasa evidencia científica que las apoyen. Este dogma de fe se ha promovido también en este lado del Atlántico por la Comisión Europea y por el Banco Central Europeo, que han reproducido el consenso de Bruselas, y en EE.UU. por el Fondo Monetario Internacional y por el gobierno federal de EE.UU., que han reproducido el consenso de Washington. El informe del Fondo Monetario Internacional sobre España reproduce, frase por frase, tal dogma.

Los datos, sin embargo, no apoyan el dogma. En realidad, en los países que constituirían a partir de 1980 la Unión Europea, la regulación de los mercados laborales y el nivel de protección social en el periodo 1950-1980 eran más elevados que durante el periodo 1980-2000, el periodo en que el desempleo fue mucho mayor en tales países. Una característica de este último periodo en aquellos países ha sido precisamente el aumento de la desregulación de sus mercados de trabajo y un descenso de su protección social. Fue más fácil despedir a un trabajador (un indicador de desregulación del mercado de trabajo) en los países de la UE.15 durante el periodo 1980-2000 que durante el periodo 1950-1980, siendo el nivel de precariedad mayor en el segundo que en el primer periodo. Y el grado de cobertura del seguro de desempleo, del seguro de enfermedad y del seguro de accidente laboral es menor en el periodo 1980-2000 que en el periodo 1950-1980, siendo la tasa de crecimiento del gasto público per capita en protección social menor en el segundo que en el primer periodo (ver Navarro, V. “Cómo está evolucionando la situación social de la Unión Europea”, en Borrell, J. Europa en la Encrucijada. 2008). Según las tesis liberales, el desempleo tendría que haber disminuido en la UE en la medida que los mercados laborales se han ido desregulando y la protección social ha ido disminuyendo. Pues no ha ocurrido así. Antes al contrario, el desempleo ha aumentado, coincidiendo con la institucionalización de aquellas políticas liberales en las agencias y organismos de la UE, lo cual ocurrió precisamente durante el periodo 1980-2000. En realidad, el desempleo tiene poco que ver con el mercado de trabajo y con el nivel de protección social. En la propia UE, los países nórdicos de tradición socialdemócrata tenían mercados de trabajo altamente regulados y con elevada protección social, y así y todo, tenían un desempleo menor incluso que el de EE.UU.

La causa de que la UE-15 tenga mayor desempleo que EE.UU. durante el periodo liberal 1980-2000 no ha sido por lo tanto ni la menor regulación del mercado de trabajo, ni la menor protección social existentes en EE.UU. La causa, ignorada por los economistas liberales, es que el gobierno federal durante la totalidad del periodo 1950-2000 ha sido mucho más keynesiano que el gobierno de la UE-15 durante el periodo 1980-2000. Soy consciente que esta frase entra en conflicto con la visión muy extendida en círculos económicos y políticos europeos (incluyendo los españoles) que asumen que el gobierno federal de EE.UU. es el gobierno liberal por antonomasia, caracterizándose por su escaso desarrollo y escasa intervención en el espacio económico de aquel país. Y como prueba de ello se suele referir al hecho de que el gasto público como porcentaje del PIB de EE.UU. es más bajo que el de la mayoría de países de la UE-15 (36% del PIB comparado con el promedio de la UE-15, 43%, España es sólo un 38%). Pero tal dato es un indicador muy insuficiente del intervencionismo del sector público en aquel país. El gasto público incluye el gasto público social (compuesto por las transferencias públicas y gastos en los servicios públicos del estado del bienestar) y el gasto público no social (en el que hay los servicios y transferencias a las empresas así como el desarrollo de las infraestructuras públicas del país y la administración del estado). El primero se llama gasto social (que incluye la protección social y la educación), y el segundo es lo que se llama en la literatura anglosajona el core, el gasto esencial del Estado, que incluye como elemento fundamental los servicios y transferencias a la economía, es decir, a las entidades y agencias económicas, así como el desarrollo y mantenimiento de la infraestructura federal del país. Pues bien, el primero, el gasto público social, es muy bajo en EE.UU., más bajo que en la mayoría de países de la UE-15, y ello como consecuencia de la debilidad del movimiento obrero y ausencia de un partido laborista o social demócrata que defendiese sus intereses. Tales intereses se reflejan predominantemente a través de las izquierdas en el Partido Demócrata, sin que tal partido, sin embargo, pueda definirse como socialdemócrata.

El estado central o core sin embargo es mucho mayor en EE.UU. que en todos los países de la UE-15. Representan el 7,1% del PIB en EE.UU., comparado con un 6,7% en Suecia y un 5,7% en España. Y dentro de este core, el gasto militar representa casi el 50% de tal gasto público, jugando un papel clave en el desarrollo industrial del país, constituyendo la política industrial más avanzada existente en la OECD. Es más, dentro del gasto público social, un porcentaje elevado es en la investigación médica (que incluye los famosos Institutos Nacionales de Salud del gobierno federal, que son los institutos de investigación sanitaria más importantes de EE.UU. y del mundo) que ha sido un elemento clave para el desarrollo de la industria biotecnológica de aquel país, de las más avanzadas del mundo.

Referirse al estado de EE.UU. como un estado liberal no intervencionista es desconocer la realidad de aquel país. Aquel estado es de los más intervencionistas existentes en la OECD. Y lo ha sido así desde el establecimiento del New Deal por el Presidente Franklin D. Roosevelt. La respuesta a todas las crisis económicas por parte del gobierno federal de EE.UU. ha sido un aumento considerable de este core gasto público. Sólo unos pocos ejemplos. El New Deal invirtió el equivalente al 56% del PIB, la Segunda Guerra Mundial, el 129% del PIB, la crisis financiera del 2008, el32% del PIB, y así un largo etcétera. Tales medidas entre otras, convierten las políticas públicas de aquel estado en profundamente keynesianas. Complementando este incremento del gasto público, existe la política del Banco Central de EE.UU., el Federal Reserve Board, que tiene como objetivo no sólo el control de la inflación, sino también la creación de empleo a partir del estímulo del crecimiento económico. De ahí que la bajada del precio del dinero junto con el crecimiento del gasto público hayan sido las políticas keynesianas tradicionales que el estado de EE.UU. ha seguido desde el establecimiento del New Deal. La propuesta de Obama es aumentar el gasto público (unos 700.000 millones de dólares) en no sólo el core del gasto sino también en el gasto público social (en construcción de escuelas y centros sanitarios y en establecer un sistema electrónico sanitario) junto con la bajada de intereses es típicamente keynesiana y también típicamente estadounidense. Es muy importante y urgente que se cambie esta percepción del estado de EE.UU. como un estado liberal, pues ha sido este propio estado el que ha ido promoviendo a través del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial durante los últimos treinta años, unas políticas liberales que nunca se han aplicado a su propio país. Tal como reconoció John Williamson, uno de los gurus del consenso liberal de Washington (que cristalizaba la doctrina liberal que Washington promovía a nivel internacional) “EE.UU. no practica en su casa lo que promueve fuera de ella”. No podría haberse dicho mejor.

El consenso de Bruselas ha sido tan negativo como el consenso de Washington.

El problema es que el consenso liberal de Bruselas ha hecho lo que ha dicho, al revés del consenso de Washington. Las políticas liberales en la Unión Europea se han institucionalizado primordialmente a través del Pacto de Estabilidad y a través del Banco Central Europeo. El primero ha significado un obstáculo a las políticas expansivas del gasto público, al no permitir a los estados a endeudarse por encima de un 3% del PIB. Tanto por su cantidad (3% del PIB), como por su nula sensibilidad hacia los diferentes tipos de déficit (agrupando indiscriminadamente el gasto en inversiones con el gasto corriente), el Pacto de Estabilidad es una medida anti-keynesiana, de tipo neoliberal, que ha sido responsable del elevado desempleo en la UE. La otra política liberal ha sido el comportamiento del Banco Central Europeo, que ha mantenido unos intereses excesivamente altos (más altos históricamente que los del Federal Reserve Board estadounidense), consecuencia de priorizar el control de la inflación, a costa de una mayor destrucción de empleo. No es un objetivo prioritario del Banco Central Europeo el crear empleo a partir del estímulo de la economía. Esta política dificulta, cuando no imposibilita, el crecimiento de la demanda, base de las políticas keynesianas. El consenso de Bruselas, que se basa en la aplicación de las políticas neoliberales desarrolladas en las instituciones europeas cuyos pilares son el Pacto de Estabilidad y las políticas monetarias del Banco Central Europeo, son los responsables del enorme desempleo en la UE y el bien documentado deterioro de la situación social de la UE. Esta es la realidad ignorada, cuando no desconocida, por el pensamiento neoliberal que se ha reproducido, no sólo en los círculos conservadores, cristiano demócratas y liberales, sino también socialistas y laboristas europeos.

En realidad, los guardianes de la ortodoxia liberal han sido personas socialistas o propuestas por partidos socialistas. El Sr. Pedro Solbes, que había sido Ministro de Economía del gobierno socialista español (responsable del mayor recorte de gasto público que haya habido en la España democrática durante el periodo 1993-1995, cuando el gasto público social por habitante descendió en términos absolutos pasando de 3.039 euros estandarizados en 1993 a 2.931 euros estandarizados en 1995, mientras que el promedio de la UE-15 pasó de 4.677 a 4.989 durante el mismo periodo) fue el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios en la UE-15, máximo guardián de la ortodoxia liberal responsable del cumplimiento del Pacto de Estabilidad. Y le ha sucedido el Sr. Almunia, también socialista que, incluso ahora, en un momento de crisis profunda, insiste en la necesidad de que se respete el Pacto de Estabilidad, permitiendo una mínima flexibilización. Ambos han sido también defensores de las políticas monetarias del Banco Central Europeo. El Sr. Solbes, Ministro de Economía del Gobierno Socialista (después de abandonar la Comisión Europea), ha sido uno de los economistas más resistentes a aumentar el gasto público en España, habiendo declarado en una entrevista a El País que la medida de la cual estaba más orgulloso era precisamente el de no haber aumentado el gasto público, y ello en el país que tiene el gasto público más bajo de la UE-15. E incluso hoy, en medio de una enorme crisis, el Sr. Solbes ha presentado gran resistencia a aumentar el déficit del estado para permitir un mayor crecimiento del gasto público que facilitara un mayor estímulo de la economía. Tal resistencia ha sido responsable de que la respuesta del gobierno Zapatero a la crisis haya sido tan tardía y tan moderada. Compárense los 550.000 millones de dólares del gobierno Obama en inversión pública destinada a crear empleo en nuevas inversiones públicas con los 15.000 millones de euros del gobierno Zapatero para el mismo fin, y ello en un país que tiene una tasa de desempleo de casi el doble que EE.UU. La cifra equivalente para España de lo que Obama propone, serían alrededor de 100.000 millones de euros. En realidad, ningún país europeo ha propuesto tal cifra para crear empleo a través del gasto público. De ahí que es probable que EE.UU. mantenga un desempleo menor que la UE-15, lo cual será explicado, una vez más, por los economistas neoliberales como consecuencia de la mayor desregulación del mercado de trabajo y menor protección social en EE.UU. que en la UE.

Dos últimas observaciones. Una es que no parece haber consciencia entre sectores socialistas europeos (incluyendo los españoles) del grado de institucionalización de las políticas liberales en la UE Es sorprendente que en el programa a las elecciones europeas del Partido Socialista Europeo, no se proponga un cambio en el ordenamiento institucional de la UE en aquellos elementos, como el Pacto de Estabilidad y el Banco Central Europeo, que sostienen el neoliberalismo en la UE. No se puede decir que se está a favor del reforzamiento de la Europa Social –tal como el programa indica- y a la vez dejar sin modificar aquellas instituciones.

Y la segunda observación es que en España hemos tenido unas enormes discusiones sobre la distribución de la tarta nacional entre las CC.AAs. Dirigentes políticos de todas las sensibilidades políticas (incluyendo barones socialistas) han sacado pecho en defensa de su CC.AA., y en cambio ha habido un silencio ensordecedor (también por parte de barones socialistas) sobre el problema mayor que es el hecho de que el tamaño de la tarta sea excesivamente bajo. Y ello como consecuencia, en parte, de la ortodoxia liberal encuadrada en las instituciones de la Unión Europea. ¿Hasta cuando continuará este silencio que rige todavía hoy la UE? Sería también urgente que hubiera más voces dentro del socialismo europeo (incluyendo el español) y del sindicalismo europeo (incluyendo el español), criticas de la orientación neoliberal de las instituciones económicas y monetarias europeas.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra.

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El papel de las movilizaciones populares, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in Economía, Política by reggio on 3 diciembre, 2008

Existe una tendencia entre historiadores conservadores y liberales de presentar a grandes personajes (la mayoría varones) como los agentes responsables de la evolución de los hechos, reduciendo la historia a la narrativa de lo que han hecho grandes figuras históricas. Así la transición de la dictadura a la democracia en España se ha presentado como resultado de la visión y protagonismo de grandes personajes liderados por el Rey y el Presidente Suárez, que dirigieron aquel proceso, presentándoles como los responsables de tal transición de un régimen político a otro. Esta versión histórica de nuestro pasado, centrándose en grandes personajes, despolitiza el hecho histórico, ignorando el contexto político y social que determinó que estos personajes y no otros fueran los que aparecieran en el escenario histórico y que las decisiones que tomaran fueran las que tomara y no otras. Así, tales versiones ignoran las grandes movilizaciones de las clases populares y muy en particular de la clase trabajadora española, que fueron las fuerzas mayores en la configuración de aquel proceso forzando constantemente la abertura de aquella dictadura y la adopción de decisiones por parte de los supuestos protagonistas (el Rey y el Presidente Suárez) que no habían incluido en sus programas iniciales. Los documentos disponibles (y accesibles) muestran, por ejemplo, que los planes iniciales que el Rey tenía para España no incluían precisamente el establecimiento de una democracia con plena pluralidad de sensibilidades políticas representadas en las Cortes Españolas. No se pensaba incluir, por ejemplo, al Partido Comunista, a partidos republicanos y a partidos independentistas. Los mismos documentos muestran que tampoco Suárez tenía tal intención. Y sin embargo ambos tuvieron que ir adaptando sus programas abriendo el abanico democrático en respuesta a las enormes movilizaciones que existieron en España (las más amplias que han existido en Europa en la segunda mitad del siglo XX). En 1976, por ejemplo, hubo 1.438 días de huelga por cada 1.000 trabajadores, (la media de la Comunidad Económica Europea fue de 390 días). Y en el sector industrial hubo 2.085 días (el promedio en la CEE fue de 595). De ahí que aunque el dictador murió en la cama, la dictadura murió en la calle. Esta realidad, ampliamente conocida fuera de España (el New York Times escribió que la agitación social hacía peligrar la Monarquía en España), ha estado ocultada en España, donde la historiografía conservadora y liberal dominante, ha hecho gran hincapié en el papel que grandes personajes tuvieron en la transición, ignorando la historia real que consiste en la protesta de la población hacia aquel régimen. El hecho de ignorar la historia real no ha sido un hecho inocente. Antes al contrario, ha sido parte de un proyecto político (al cual han colaborado algunos personajes de izquierda que han exagerado su propio protagonismo en aquella transición) que ha intentado hacer olvidar o relativizar aquellas movilizaciones populares, enfatizando en su lugar el papel del Monarca en el cambio y los personajes de la transición. Es bien sabido que el que escribe la historia tiene un enorme poder. Y ello se ha demostrado en España, en que ha habido un intento exitoso de hacer olvidar a la juventud que lo que consiguieron sus padres y abuelos (hacer caer aquella dictadura) a través de movilizaciones muestra que el poder viene también de la ciudadanía anónima cuando se moviliza.

Estamos ahora viendo una situación semejante en EE.UU. Naturalmente que el cambio político no es tan marcado como España. No es un cambio de régimen. Pero sí que es un cambio político importante. Lo que los medios están explicando en el cambio político de EE.UU. es lo grande y extraordinario que es Obama, que ha creado una gran movilización a favor del cambio que él lidera, ignorando que en EE.UU. ya existía un movimiento de protesta frente a la clase política, percibida ésta como cautiva del mundo financiero y empresarial, estableciéndose así un maridaje clase política-mundo empresarial y financiero (que es el que financia las elecciones de la clase política) que se conoce como Washington y que es enormemente impopular en aquel país. Obama se ha beneficiado de este sentir anti-Washington al no ser parte de aquel establishment y haber votado en contra de la guerra de Irak. La enorme impopularidad de Bush (visto como un mero instrumento del mundo empresarial) y la magnitud de la crisis financiera y económica han ayudado a la victoria de Obama, que hizo el punto central de su campaña el cambio, sin nunca especificar qué tipo de cambio. En realidad, lo poco que podía verse de su programa electoral eran sus propuestas escasamente reformistas.

¿Quiere esto decir que no habrá cambio? No necesariamente. Pero que haya cambio o no no dependerá primordialmente de Obama, sino de la movilización popular, si ésta continúa y se radicaliza. Hay un antecedente histórico en EE.UU.: la primera elección del Presidente Franklin D. Roosevelt en 1934 en medio de la Gran Depresión. La plataforma del Partido Democrático en 1932 no era progresista. Parecida a las plataformas del mismo partido en 1924 y 1928, sus propuestas eran muy moderadas y en absoluto estaban al nivel de lo que la situación social y económica del país requería. Pero en 1932 la clase trabajadora estaba en la calle con revueltas y agitaciones sociales que estaban amenazando el orden social. Las revueltas obreras en Chicago, por ejemplo, habían dejado a tres obreros muertos y siete policías heridos gravemente en conflictos entre la policía y vecinos de barrios obreros que se movilizaron para paralizar el desahucio de las familias que no pudiendo pagar la vivienda iban a ser expulsadas de sus casas por la policía. Los partidos comunista y socialista eran poderosos y atemorizaron el establishment estadounidense. Como había dicho el gobernador del Estado del Mississipi, Gobernador Teodoro Bilbo, “el pueblo está muy agitado y los comunistas están expandiéndose muy rápidamente. Aquí en mi estado hay gente desesperada a punto de salir a la calle”. Nunca antes había habido tanta agitación contra el establishment político, financiero (algunos bancos fueron incendiados) y empresarial (algunas fábricas fueron tomadas por los obreros). Fueron estas movilizaciones populares que determinaron que también Roosevelt, sólo unas semanas después de salir elegido propusiera legislación al Congreso Estadounidense, que incluía un enorme incremento del gasto público en inversiones públicas, en gasto social, en subvenciones a las pequeñas empresas y a los agricultores y un programa de política industrial. Y en 1935 propuso y el Congreso aprobó, la Ley Nacional de Relaciones Laborales que reforzó a los sindicatos, en respuesta a la postura adoptada entonces por el Presidente de que “hasta ahora nos habían dicho que lo que es bueno para el empresario es bueno para el trabajador. Lo que nosotros queremos subrayar es que creemos que lo que es bueno para el trabajador es bueno para la economía y para el país”. Esto era durante la Gran Depresión.

¿Ocurrirá algo semejante ahora en la Gran Depresión de nuestro tiempo? Las clases populares están claramente descontentas y frustradas pero las izquierdas son muy débiles en EE.UU. Y los sindicatos están divididos. La movilización (por Internet) ha sido cuantiosa, pero está muy limitada a sectores amplios de la juventud. Ahora bien, el grado de impopularidad del sistema político y económico, y el riesgo de un populismo de ultraderecha capitaneado por el Partido Republicano está ejerciendo presión para que la Administración Obama tome medidas más radicales que las que estaban en su programa. Y su última propuesta de gastar 700.000 millones de dólares en un plan de estímulo económico, con el objetivo de crear empleo en obras públicas y servicios públicos (incluyendo sanidad, educación, servicios sociales y transferencias sociales) puede ser un indicador de ello. Ninguna de estas propuestas estaba en su programa. Un ejemplo más que no son los grandes personajes los que hacen la historia, sino que es la ciudadanía la que al movilizarse la hace posible.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra.

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