Reggio’s Weblog

La igualdad de oportunidades es eficaz, de Félix Ovejero y José V. Rodríguez Mora en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 31 octubre, 2008

Como nosotros, habrán ustedes reparado en que cuando llegan las recesiones algunos aprovechan para atizarle al Estado de bienestar. No dudan en reclamar dinero público para salvar los muebles, como en estos días, pero el Estado redistribuidor ya es otra cosa. Una antigualla, una rémora. Desempleo e ineficiencia. No es que en tiempos de prosperidad se relajen pero, cuando vienen mal dadas el personal se pone cainita, sobre todo cuando los de abajo andan como andan, cautivos y desarmados.

Las andanadas más primitivas equiparan al Estado con Vito Corleone, por ladrón y prepotente. Parece presumirse un paisaje de libertad anterior a la horma de las instituciones. Una ingenuidad. El único paisaje sin instituciones, el paisaje natural, si es que algo así tiene sentido, es el que llevaría a que los energúmenos, solos o en bandería, impusiesen su voluntad. A partir de ahí todo es artificio, incluida la compleja trama que garantiza las transacciones y los derechos en el mercado. Una trama que en ningún caso nos permite hacer lo que queramos con lo nuestro, como lo puede comprobar cualquiera que intente alojar su cuchillo jamonero (incluso el legítimamente adquirido) en el espinazo de algún conciudadano. Los intercambios, los derechos de propiedad y la libertad misma resultan inimaginables sin intromisiones públicas; sin ley.

Pero hay también críticas refinadas. Casi siempre andan a vueltas con un supuesto dilema entre eficacia y equidad donde la izquierda preferiría igualdad en la pobreza a cualquier desigualdad, aun a costa de un mayor nivel de bienestar material generalizado. Una majadería, preferir menos a más. El Estado de bienestar, se aduce, distorsiona acciones e incentivos. Se invierte menos y peor, y se produce menos riqueza de la que podría producirse. Esta cosmovisión entiende la vida como la ascensión a una montaña y la eficiencia como el tiempo empleado. El Estado, en su afán igualador, establecería unas reglas absurdas: lastrar a los veloces y librar de peso a los lentos. Con tales incentivos nadie daría un palo al agua. La ascensión duraría una eternidad y todos llegaríamos frustrados. Hasta aquí el mensaje liberal: el coste de la igualdad es demasiado alto. En el mensaje hay importantes posos de verdad, pero la historia es incompleta y la metáfora engañosa.

Para empezar, aun si se acepta la metáfora y se cree que los costes son importantes, no es insensato preferir un Estado redistribuidor. Primero, porque no se elige ser poco productivo, y no parece decente penalizar por lo que no se es responsable, por el mal fario de venir al mundo en la orilla inconveniente. Segundo, porque pudiera suceder que muchos individuos, incluso una mayoría,estuviesen mejor si se redistribuye: aun si el pastel resulta más pequeño, muchos pedazos serán más grandes. Se puede juzgar valioso mitigar las disparidades a costa de cierta riqueza. Entre otras razones porque no pocas veces nunca llega la hora en la que los de abajo puedan disfrutar de esa mayor riqueza que su pobreza relativa hace teóricamente posible, porque cada vez que preguntan si ha llegado la hora de repartir, el argumento se repite: si no somos ricos no habrá nada que redistribuir.

Pero hay más. No es obvio que los costes económicos de la redistribución sean altos. La metáfora alpinista parte de una visión equivocada de qué es y qué objetivos debería tener el Estado de bienestar. Y es que éste no va sólo de llegar juntos, sino también (y sobre todo) de salir juntos. Pero en serio. Es así, porque asegurar igualdad de oportunidades no es sólo justo, sino que además es enormemente eficiente. Este razonamiento siempre se escamotea.

Una sociedad es más eficiente si la asignación de recursos humanos a tareas está basada en los talentos relativos. Estirando la metáfora: importa no sólo cuánto empuja el que va delante de la cordada, sino también quién es. Si es el más capaz, todos irán más rápido. Pero hay ventajas, muchas y sustanciales, que algunos individuos heredan, sin ser resultado ni de sus talentos ni de sus esfuerzos, sino de buena suerte en el dónde nacer. Son cartas ganadoras que ayudan a algunos a llegar los primeros, pero que no hay que esperar que estén en manos de los mejores jugadores. Los hijos de una pareja rica y afanosa pueden tener talento o no, incluso es muy posible que en términos medios tengan más talento que la mayoría, pero ciertamente tienen ventajas derivadas de que sus padres fueron ricos, no de su talento. Ventajas de las que carecen los hijos de los pobres, tanto si son lumbreras como si son ceporros, y que inducen a gente sin particulares talentos a ser líderes de la cordada.

Ventajas y desventajas que el mercado puede hacer poco por corregir. En un mundo imaginario, con mercados de capitales perfectos, donde no hubiese problemas de acceso al crédito, podrían, en principio, mitigarse las derivadas de diferencias en riqueza… pero ése es un país de Nunca Jamás porque no basta con tener talento para pedir prestado, te tienen que saber con talento. En todo caso, con el mercado a palo seco no hay manera concebible de arreglar la inmensa mayoría de desventajas consecuencia de nacer en el lugar equivocado: la red de amigos, la educación recibida, la accesibilidad a la información, la socialización, el valor que se otorga al trabajo y al esfuerzo, etcétera.

En suma, resulta discutible la equiparación entre Estado de bienestar e ineficiencia. Sus problemas, que los tiene, deben ponderarse por los efectos dinamizadores de corregir las desigualdades de origen. Al disminuir la distancia entre los que llegan antes y los demás minimiza también las desventajas que los hijos de los segundos sufren frente a los hijos de los primeros y asegura que los miembros de la siguiente generación encuentren una comunidad más justa, donde los méritos y esfuerzos determinen quién es qué y qué hace quién; que la arbitrariedad del pasado no descarte a nadie del juego social.

El saldo neto es difícil de ponderar, pero resulta improbable que los efectos positivos de la redistribución sean despreciables. El nivel de movilidad social (la probabilidad de que los humildes asciendan en el escalafón de la riqueza, y viceversa) es una medida de cuán superables son las desventajas asociadas a nacer en la familia equivocada. Existe la creencia extendida de que es enorme en EE UU y baja en Europa y no falta quien achaca esa circunstancia a la presencia del Estado de bienestar en esta orilla. Una creencia sin fundamento. Sabemos sin sombra de duda que la movilidad social es notoriamente más baja en EE UU que en los países del Norte de Europa, quedando los países del Sur de Europa en un punto intermedio: los datos disponibles indican que el principal determinante de la movilidad social es el grado de igualdad en la sociedad. Lo cual bien podría explicar por qué las sociedades del Norte de Europa, donde el papel del Estado es notorio, alcanzan sistemáticamente un mayor nivel de vida. Exactamente lo contrario de lo que debería suceder según los conservadores.

El Estado de bienestar hace posible una sociedad más justa y más cohesionada, y lo hace con costes económicos que, en la peor hipótesis, son escasos. El buen funcionamiento de la sociedad difícilmente puede prescindir de los incentivos, y algunas redistribuciones pueden tener efectos perniciosos. Todo eso es cierto, pero aún lo es más que “liberalizar” no garantiza eficiencia. La debilidad del Estado de bienestar lo único que asegura es la fuerza de los privilegiados.

Este artículo lo firman Félix Ovejero, profesor de la Universidad de Barcelona, y José V. Rodríguez Mora, catedrático de Economía de la Universidad de Edimburgo y profesor de la Universidad Pompeu Fabra.

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Un reflejo mesiánico, de Joan B. Culla i Clarà en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 31 octubre, 2008

Tal vez quepa atribuirlo al profundo sustrato católico, pero lo cierto es que, en la cultura política española contemporánea, la búsqueda del taumaturgo, el anhelo de un valeroso redentor moral que resolviera con sus propias manos y su propio genio los problemas colectivos, ha sido una pulsión intensa y recurrente, y no sólo desde el campo de la derecha. Al fin y al cabo, la metáfora del “cirujano de hierro” -cuyo bisturí extirparía y amputaría los tumores y gangrenas de la patria- no salió de la pluma de ningún reaccionario, sino del más ilustre de los regeneracionistas, Joaquín Costa.

He pensado en ello a la vista de la acogida entusiasta que ha merecido, entre la opinión publicada de perfil progresista, el auto del juez Baltasar Garzón en el que se declara competente para investigar y perseguir en términos penales la represión franquista. Ya me perdonarán si yerro, pero, de los incontables comentarios elogiosos sobre la audacia y el coraje del magistrado de la Audiencia Nacional, me ha parecido deducir un común denominador tácito: un nostálgico “sería estupendo que un juez justiciero lograse ahora aquello que, entre todos, no pudimos o no supimos conseguir en su día”.

Repasemos brevemente qué es lo que, bien a nuestro pesar, no fuimos capaces de lograr entre todos. A despecho del abnegado sacrificio de tantos antifranquistas, la dictadura se extinguió por causas biológicas y en el pleno control de los aparatos del Estado. No hubo lugar, por tanto, ni a unos procesos de Núremberg ni a una depuración como la francesa o la italiana de 1945-46. Después, no pudiendo imponer tampoco la ruptura democrática, hubimos de tragarnos y aplaudir la sórdida amnistía de 1977, que ponía en el mismo saco a las víctimas del franquismo y a los verdugos franquistas. Más tarde, durante los casi 14 años de gobierno de Felipe González, toleramos en silencio la clamorosa ausencia de una política de reparación jurídica o moral de los fusilados, los encarcelados, los torturados bajo la férula del superlativo general ferrolano. Y hemos aceptado con fatalismo la tenaz resistencia del Partido Popular a condenar sin ambages ni equívocos la sublevación de 1936 y el régimen subsiguiente. Y hemos asistido, impotentes, a la negativa de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo a anular los consejos de guerra que condenaron a muerte a Lluís Companys y a Salvador Puig Antich. Por último, a fines del año pasado, apenas si refunfuñamos un poco ante la aprobación de una Ley de Memoria Histórica “pacata” y de “parco alcance”, según la calificaba con mucha razón en estas mismas páginas, anteayer, el profesor Joan J. Queralt.

Y bien, todas estas debilidades de origen y de ejercicio que la democracia española ha acumulado en tres décadas, los complejos y los miedos de la izquierda, el rechazo freudiano de la derecha a reconocer su genealogía, la reluctancia de la alta judicatura a renegar de la seudojusticia franquista por temor a deslegitimarse…, ¿todo esto lo va a curar y resolver don Baltasar Garzón Real, él solito, con su ya célebre auto a modo de varita mágica? En el terreno jurídico, resulta muy dudoso. En términos políticos, no me parece ni siquiera deseable: es contrario a cualquier pedagogía democrática transferir a un individuo redentor el ejercicio de responsabilidades colectivas que corresponden a los gobiernos, a los parlamentos, a los partidos políticos, a las organizaciones sociales y, en última instancia, al conjunto de la ciudadanía. Saldar cuentas con el pasado es una de ellas.

Con la mejor intención, algunos de los defensores de la iniciativa de Garzón han dado a entender que su recorrido judicial es lo de menos; de lo que se trata -dicen- es de sentar, simbólicamente, al franquismo en el banquillo de los acusados. Pues justo ahí, en ese banquillo, es donde la historiografía solvente lo tiene clavado desde hace varios lustros, sin posibilidad de escapatoria. Mientras los políticos urdían amnesias consensuadas y los jueces se atrincheraban detrás del respeto a la cosa juzgada, decenas, cientos de historiadores ajenos a pacto de la transición alguno se pateaban España pueblo a pueblo en busca de una memoria oral amordazada por décadas de miedo acumulado; hurgaban en los registros civiles, parroquiales y penitenciarios; pugnaban por acceder a los archivos judiciales y, en particular, a los sumarios de los consejos de guerra, y con todo ello reconstruían el puzzle de la interminable y multiforme represión franquista.

En mi opinión, no es con resoluciones judiciales, sino divulgando este arsenal de investigaciones rigurosas sobre el rastro sangriento de la dictadura, como se ganará la batalla de la memoria frente a panegiristas y trivializadores de aquel régimen nefasto. ¿O acaso alguien cree que son los autos de Garzón los que neutralizarán el revisionismo de medio pelo de Pío Moa y corifeos, los que desmentirán esa “extraordinaria placidez”, esa “naturalidad y normalidad” con que el ex ministro Jaime Mayor Oreja caracterizó al franquismo hace apenas un año?

Por lo demás, y pensando en los muchos miles de ciudadanos de buena fe, familiares de víctimas, que han visto en Garzón al vengador de sus agravios, conviene subrayar una cosa: para devolver a esas víctimas el honor y la dignidad arrebatados, para abrir fosas, identificar restos y localizar desaparecidos, no se precisa al hiperactivo juez. Para todo ello, basta con la voluntad política y los medios públicos que, hasta ahora, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha aplicado con tanta parsimonia.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

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La crisis, una pesadilla, de Carlos Sentís en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 31 octubre, 2008

VIEJO ESPECTADOR

Es posible que otros hayan experimentado parecida pesadilla a la que sufrí hace unos días. Ignoro si se prolongó en el tiempo o fue una ráfaga en el sueño, como suele suceder. Recuerdo mi presencia en un jardín, antesala de un gran edificio público, donde iba a celebrarse una cumbre internacional. Yo no estaba allí como representante de nada ni de nadie. Mi papel era simplemente el de periodista. Pero no tenía los papeles. Faltaban unas credenciales que no conseguía. No sé dónde era ni en qué tiempo, aunque sí me veía bastante más joven.

Trasladado a un plano de conocimiento más profesional, es indudable que mi mal sueño se relacionaba con la próxima cumbre de Washington, donde, según las predicciones, España no iba a estar invitada.

Ciertamente después de unas declaraciones oficiosas del rey Juan Carlos en Perú diciendo que estaríamos allí, la cosa cambió. De no estar presentes hubiera constituido una paradoja porque los hechos han querido que España sea uno de los escasos países donde la banca no ha presentado debilidad ni amenaza alguna. En nuestro país existían desde hace unos años unas regulaciones, sobre todo las del Banco de España, que han impedido lo que tantos bancos importantes del mundo han resultado ser: bolsas de irresponsabilidad con manejo de créditos baldíos. Los primeros en fallar han sido los norteamericanos, especialmente los que se mueven en Wall Street. Por sus especiales lazos la situación pasó a Inglaterra, donde el Gobierno de Brown actuó con rapidez metiendo dinero del Estado para estrangular la hemorragia bancaria que se había iniciado. Después ocurrió, en menor escala, en Francia, Alemania, Bélgica, Holanda… En todas partes el gobierno ha tenido que salir a atajar la caída de unos bancos que hubieran arrastrado a gran parte de la economía de sus respectivos países. Precisamente de ese contagio, tan generalizado también en otras partes del mundo, España se mantuvo a salvo. La regulación bancaria española ha quedado, pues, como un posible ejemplo para otros países similares.

Justamente cuando esta excepción se ponía de manifiesto, se produjo lo que parece fue una negativa personal del todavía presidente Bush, que nada quiere saber de Zapatero. No le ha perdonado que retirase de Iraq las tropas españolas tan pronto fue elegido, ni su actitud alejada de Estados Unidos en las vicisitudes de la política internacional.

Se ha dicho que el presidente Zapatero y su vicepresidente Solbes negaban la crisis cuando esta era inminente. Pudo existir un equívoco. Zapatero y Solbes respondían en razón a la crisis bancaria y, en efecto, en esa no estábamos. Lo que sí, en cambio, nos pillaba, era la crisis de mercado y mucho desempleo derivada de la burbuja inmobiliaria. Esto es lo que no supo prever el Gobierno de Zapatero. Esta amenaza se hacía especialmente visible en la costa levantina, donde una sola urbanización, Marina d ´ Or, ha puesto en la calle alrededor de mil empleados.

Lo malo es que las crisis pueden ser de distinto origen, pero de parecidos efectos.

Hay crisis de la economía de mercado, que algunos llaman capitalismo porque escasea el movimiento económico, por miedo del inversor o por retraimiento del consumista. Con todo ello la anemia comercial se instala. Las reuniones de gran nivel, como la próxima del día 15 de noviembre en Washington o la pasada de Pekín, son necesarias precisamente para tranquilizar una situación globalizada. Pero con ello se demora demasiado la aplicación de las regulaciones concretas y, mientras tanto, las bolsas especulan y mantienen la inestabilidad. De todas maneras esta semana, que empezó con un “lunes negro” en casi todas las bolsas, se ha promediado ya con rebotes como el de la Volkswagen en la Bolsa de Frankfurt. Ahora veremos algunas recuperaciones locas que harán perder dinero a más de uno. Aparentemente lo peor de la crisis ha pasado. Hay que saludar la inminente rebaja de tipos de interés anunciada por el presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet. En estos días de opiniones prolijas y algunas disparatadas, cabe recordar el nombre de Nouriel Roubini, que, mientras no se demuestre lo contrario, anunció dos años antes el crac para el 2008. Pasó por Madrid días atrás y se reunió con una audiencia del IESE. El economista que pronosticó lo sucedido debería tener crédito para vaticinar lo que puede ocurrir en un próximo futuro. Roubini dijo que la crisis durará en América unos tres años y en Europa uno menos.

La crisis será menor o mayor, según puedan desarrollar su trabajo los agentes económicos. Para ello se requiere fluidez monetaria. Se está mirando la manera de producirla para que alcance a empresas, pequeñas o no, pero sólidas y productivas. Y ese es el camino que ahora hay que resolver para que el mercado tenga liquidez, sin la cual las operaciones pierden también fluidez.

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Euskadiko Aurrezki Kutxa (o el pragmatismo vasco), de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 31 octubre, 2008

NOTAS DE MADRID

Uno de los proyectos estratégicos del País Vasco acaba de ponerse en marcha. No es la consulta popular sobre el “derecho a decidir”. No es el plan Ibarretxe-3. No. Es la fusión de las cajas de ahorro vascas. La Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK) y la Gipuzkoa Donostia Kutxa (Kutxa) acordaron ayer su fusión, a la espera de que se sume a la misma la Caja Vital de Vitoria, cosa que muy posiblemente ocurrirá pasadas las elecciones autonómicas vascas, previstas para el mes de marzo.

La nueva entidad se llamará Euskadiko Aurrezki Kutxa (Caja de Ahorros de Euskadi) y contará –cuando la Vital se haya sumado- con unos activos de 49.943 millones de euros, un patrimonio neto de 7.434 millones y unos beneficios de 523 millones. Será la sexta caja de España por activos totales y la tercera en patrimonio y beneficio. Su presidente será, muy probablemente, el ingeniero Xabier de Irala, actual presidente de la BBK y antiguo manager de Iberia.

La fusión parece fruto de la actual coyuntura de crisis financiera, pero no es exactamente así. Es un proyecto en el que el nacionalismo vasco lleva trabajando varios años. La BBK y la Kutxa se hallan bajo el control político del Partido Nacionalista Vasco, a través de las diputaciones forales de Vizcaya y Guipúzcoa y los ayuntamientos. Caja Vital, por el contrario, se halla en estos momentos bajo la órbita del PSOE. Ello explica que la caja alavesa no haya querido acelerar la fusión. Por tamaño, la jerarquía es la siguiente: 1) BBK, 2) Kutxa, 3) Vital.

El PNV tiene prisa, el PSOE, no. Las elecciones se presentan muy inciertas para el nacionalismo vasco, de manera que el PNV ha querido poner en marcha la unificación estando en el poder. El PSOE negociará la entrada de la Caja Vital en la nueva entidad pasadas las elecciones, de las que espera salir reforzado. El PSOE aspira a gobernar Euskadi. Y posiblemente lo hará en coalición con los nacionalistas. Aunque algunos comentaristas y observadores sostienen que el PNV puede perder las elecciones, soy de la opinión de que volverá a ganarlas –por poco- y gobernará en coalición con los socialistas, con el consiguiente alivio para José Luis Rodríguez Zapatero. No es seguro que Juan José Ibarrtexe repita como lehendakari (para presidir el Gobierno vasco no hace falta ser diputado).

Y una vez cerrado el acuerdo en Vitoria, los nacionalistas vascos asegurarán la estabilidad del Gobierno en el Congreso de los Diputados (¡Ay, ConvergÈncia i Unió!). El candidato socialista Patxi López es un hombre tenaz y disciplinado, pero le falta fuelle para tumbar a los de Sabin Etxea, que están acusando la ausencia de Josu Jon Imaz, el mejor político que podría tener España en estos momentos.

Brevemente, algunos detalles más sobre la fusión.

La unificación ha sido posible porque las tres cajas vascas apenas compiten entre sí. Cada una opera exclusivamente en su territorio. Será una fusión, por tanto, sin costes laborales.

El principal competidor de la nueva entidad es “la Caixa” catalana, que posee una formidable red de oficinas en el País Vasco.

Después de dar su apoyo a los presupuestos generales del Estado de 2009, el PNV logra enviar a la sociedad vasca otra señal de pragmatismo y seriedad (mientras Ibarretxe sigue predicando en solitario la autodeterminación de baja intensidad).

Ahora se entiende mejor el nerviosismo de la Unión del Pueblo Navarro. ¿Resistirá la bien nutrida Caja de Ahorros de Navarra los cánticos de sirena de la Euskadiko Aurrezki Kutxa, el día que se produzcan? El tablero vasco-navarro se mueve.

La fusión fue anunciada el mismo día que en Barcelona se descartaba (por el momento) una fusión de cajas catalanas, y en Valladolid se cerraba un acuerdo para la fusión “virtual” de las seis cajas de ahorro de Castilla y León (Grupo Cajas de Castilla y León), que compartirán servicios y estrategias comunes, conservando cada una su propia estructura.

Gran telón de fondo: la posibilidad de que, a medio plazo, se puedan llevar a cabo fusiones de cajas de ahorro de distintas autonomías, decisión de gran importancia que alteraría sustancialmente la actual e íntima relación entre finanzas y poder político regional.

Las cajas tienen en sus depósitos el 50% del ahorro de los españoles. Y algunas, atrapadas por el desplome inmobiliario y la morosidad, lo están pasando mal.

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Mientras hablaba de Libertad, de Rafael Domingo en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 31 octubre, 2008

TRIBUNA LIBRE

Como otros días de este otoño, anduve en medio de una llovizna tenaz por la explanada de la Universidad de Navarra, mi hogar desde hace ya bastantes años, consciente de que la próxima hora de mi vida la dedicaría a analizar con mis alumnos de la Facultad de Derecho el invencible amor a la libertad que profesaban los juristas romanos.

Mientras me disponía a disertar ante los ojos de un joven auditorio lleno de esperanza y futuro, sucedió lo que nadie esperaba: una bomba de ETA desafió a las palabras y nos hundió en el silencio. Permanecimos serenos, arropados por el claustro del saber, mirándonos fijamente, sorprendidos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada. El mismo gusto de otras veces -un sabor almizclado de dolor y repugnancia- inundó mi paladar. He pasado por esto antes, en varias ocasiones, desde que era un estudiante, hace lustros, en las mismas aulas, y siento perfectamente cuándo la barbarie toca nuestras puertas. Y cómo hemos de reaccionar ante su espantoso pregón. La metodología del horror es fácilmente diseccionable. El odio es pueril, carece de imaginación y emplea armas rústicas. Esta vez, por desgracia, no ha sido la excepción.

Seis veces la Universidad de Navarra ha tenido que soportar estoicamente el peso de la sinrazón. Seis veces el saber superior se ha visto desafiado por «el viejo yo» kantiano, por el terrorismo irracional y el fracaso del consenso. Esta lucha dialéctica entre la razón y el prejuicio adquiere tintes metafísicos cuando es escenificada en el campus de una universidad. Y ello es así, porque no existe nada tan paradigmático como un claustro universitario para representar el permanente anhelo humano de sabiduría, verdad y libertad. Y nada tan horrendo como el terrorismo vesánico para encarnar su Némesis. Sólo un matarife convicto y confeso es capaz de dinamitar los muros académicos en un fútil intento de establecer el imperio del caos en el templo de la summa auctoritas. Esta vez, como en todas las anteriores, un milagro ha evitado víctimas mortales. Todo indica que existía voluntad de matar: el lugar, la hora y la torpeza calculada del aviso denotan el perfil asesino del atentado en Navarra.

Mientras algunos -pocos, gracias a Dios- sostienen que una sociedad ácrata puede labrarse a sangre y fuego, otros, los más, apostamos por la democracia y las instituciones, que no son otra cosa que la ciudadanía en movimiento, la libertad en acción. Sí, la libertad. Porque una universidad es, ante todo, una auténtica fábrica de libertades. Y el último reducto frente a la tiranía de la metralla. Es por ello que los enemigos de una sociedad abierta se afanan en destruir la materia prima aquí, precisamente aquí, en los mismos laboratorios en que ésta es creada. La libertas, para los romanos, era la capacidad de vivir sin dueño. Y así vivimos los que trabajamos en la universidad. Sin dueños. Sin déspotas. Alejados de Siracusa.

Es triste contemplar cómo un grupo de fanáticos se someten voluntariamente a un ídolo coyuntural -el nacionalismo exacerbado- que termina dominándolos, esclavizándolos, destruyendo su libertad. Y consumiendo sus entrañas. Porque no son libres aquellos que piensan que con la fuerza bruta lograrán amedrentarnos, cumpliendo de paso con una serie de objetivos políticos, por lo demás inconexos y reaccionarios. No son libres quienes sostienen un discurso ambivalente cuando propios y extraños se enzarzan en una guerra de baja intensidad en la que ninguna regla es respetada. No son libres quienes bombardean una academia con el propósito de demostrar la operatividad renqueante de una organización mermada ideológica y materialmente. La verdadera libertad construye, jamás destruye. Levanta, no aniquila. ETA no pasa de ser un Leviatán terrorista que devora cualquier bocado de independencia y autonomía. Y las universidades encarnan todo lo que ETA detesta en la vida: unión, armonía, concordia, solidaridad, verdad. Y, por supuesto, Libertad, palabra que hoy debemos escribir con mayúscula.

La universidad es semillero de libertades y un faro de progreso. ETA lo sabe. Es consciente, en medio de su anarquía, de la importancia de silenciar las ideas y conoce que el repudio a su praxis letal es cada vez más extenso y oneroso. Además, comprende que las voces que condenan su política fratricida se elevan con fuerza en los claustros universitarios. La educación en los valores democráticos ha surtido efecto en nuestra sociedad. Las universidades han jugado un papel determinante en la mejora de la calidad de nuestra democracia. España rechaza la caverna oscura en la que moran los etarras. La fatuidad de su posición, las ucronías que defienden y las utopías que enarbolan no tienen asidero en el mundo real. Ni defensa ideológica posible. La batalla de las ideas la hemos ganado los demócratas hace tiempo, hace ya bastante tiempo. La democracia, que nadie lo dude, también se forja en nuestras Facultades. Quizás más que en los parlamentos fagocitados por una partitocracia enfermiza.

Mientras ETA continúe anclada en sus dogmas mortíferos, el diálogo será poco menos que improbable. No es un problema de disposición o buena voluntad. De eso, sobra y basta. Se trata, por el contrario, de una cuestión de códigos. La razón puede transmitir un mensaje coherente, pero la sinrazón es incapaz de descifrarlo. Triunfa, infelizmente, «el viejo yo». El cúmulo de obsesiones y manías viscerales que alimentan el engendro etarra termina por imponerse. Entre demócratas, pactar es posible. Y conversar. Sin embargo, todo se derrumba cuando, en vez de una idea revolucionaria o una propuesta asequible, bombardean tu casa con el único fin de que te sometas. Pero si algo tiene claro la auctoritas del saber es que nunca quedará atrapada por el metus de la violencia.

La explosión ha ocurrido en la misma explanada en la que el fundador de la Universidad de Navarra, San Josemaría Escrivá, proclamó la unión indisoluble entre universidad y libertad, entre verdad y ciencia. Podemos esclavizarnos a una ideología o entregarnos a los diversos fundamentalismos que pululan en nuestro tiempo. O, por el contrario, tenemos la posibilidad de luchar libremente por un mundo en el que triunfe la paz. Para ello, es preciso someter la fuerza al derecho. Ojalá este atentado sirva para que los partidos políticos replanteen su estrategia contra el terrorismo. Y ojalá el dolor y la indignación que hemos padecido contribuya a unirnos a todos, una vez más, contra el despotismo del terror.

Iba a hablar de libertad. Y qué mejor imagen para evocarla que un recuerdo que quedó grabado a fuego en mi mente de estudiante. En junio de 1981, una parte del Edificio Central de la Universidad de Navarra quedó seriamente dañado por unas bombas amigas del fanatismo. En medio de un auténtico caos, surgió la figura querida de Ismael Sánchez Bella, primer rector de nuestra Universidad. Con una sonrisa en los labios y derrochando serenidad, Sánchez Bella cogió lo primero que tuvo a mano y empezó, allí mismo, la reconstrucción.

No hubo arengas. Tampoco consignas. Mucho menos un bosque de puños cerrados en señal de venganza. Sánchez Bella nos dio un ejemplo de entereza y valentía. Pero sobre todo de perdón. Así, contemplando como un viejo maestro dominaba la destrucción comprendí que ni la metralla del odio, ni la pólvora de la incomprensión quebrarían jamás el espíritu sobre el que está construida la Universidad de Navarra. Y con ella, todas las universidades del mundo. Un espíritu que, pese a los años, se ha mantenido incólume, y que hoy, con orgullo, he visto reflejado en los rostros de todos y cada uno de los miembros de mi Universidad, desde el rector hasta el más joven de nuestros alumnos. Se trata, en suma, de la manifestación de la más genuina e incorruptible libertad. La bendita, indestructible y apasionante libertad. Esa que, aunque se desplome el universo, permanecerá erguida. Como la universidad. Como toda universidad.

Rafael Domingo es catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Navarra.

© Mundinteractivos, S.A.

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El secreto, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 31 octubre, 2008

EL RUIDO DE LA CALLE

El parné, tan cristiano como moro, quebranta leyes, se esconde entre caimanes en bermudas, protegido por el hermetismo de los poderes, mientras una izquierda boba se preocupa de la escarcha en vez de exigir la abolición de los paraísos fiscales y del secreto bancario. El dinero es la nueva fe, aunque sea obra del saqueo o de la mandanga. La fe que infunden los banqueros es superior a la que inspiraron los clérigos, porque se basa en la razón. También los banqueros necesitan rodearse de un nimbo de misterio, estar en lo inextricable. El secreto de Estado, como el de la banca, es la base de su perpetuidad.

Cuentan que Miguel Angel pintó unos ángeles sin sandalias y, al ver el cuadro, preguntó el cardenal: «¿Quién ha visto un ángel sin sandalias?». Miguel Angel respondió: «¿Y quién ha visto a unos ángeles con sandalias?». Miguel Angel ya estaba en el secreto, no como Ruiz Jiménez cuando era embajador de España en El Vaticano. Según Gustavo Bueno, algunos cardenales, desde lo alto, se sorprendieron al ver la actitud del orante; uno de ellos, acercándose al embajador, le preguntó: «¿Perdone usted, señor embajador, me han encargado que le formule esta pregunta: ‘Se arrodilla realmente vuestra Excelencia movido por la piedad o está en el secreto?’».

Los banqueros cierran tanto la cremallera como los canónigos, aunque éstos lleven botones encendidos de bragueta; ambos practican el secreto de confesión; si la gente supiera cuantas fechorías se esconden detrás de los dividendos, asaltaría las sucursales. La leña necesita del sermón del misterio para que sigan ocultos los quince billones de dólares que se enjuagan en los money laundering.

Si el Gobierno Zapatero les da cincuenta mil millones de panoja a los banqueros hay que exigir transparencia y control. El secretario de Estado David Vegara y Alfredo Sáenz dicen que hacer públicos los nombres de quienes se acogieron al plan del Gobierno de compra de activos sería estigmatizarlos. El estigma, cosa seria, lo que Miguel Catalán en su Anatomía del secreto llama el poder mortífero de la habladuría. El origen de este término alude a unas letras que los romanos marcaban al rojo vivo en la frente de los usureros, convertidos en esclavos, porque ya hubo burbujas en Roma cuando Augusto, vuelto de Egipto, puso mucha moneda en circulación. Los precios se desbocaron. Tiberio puso en marcha un plan de ajuste y la gente se apelotonó para retirar los caudales.

Publicar ahora los nombres de los bancos boqueras podía hacer pensar a los inversores que su entidad está al borde de la quiebra; pero el dinero público ya no se esconde en los bancos-templo, soterrado en el roquete de los sacerdotes. El secreto y el engaño son inherentes al poder; la democracia es control y transparencia.

Además, tiene razón el Banco de España, que parece Delfos, cuando pide a los banqueros que no cacareen presumiendo de forrarse con la ruina que tenemos encima.

© Mundinteractivos, S.A.

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¿De verdad vale algo nuestro dinero? Historia del Sistema Monetario Moderno (I), de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 31 octubre, 2008

Iniciamos con éste una serie de artículos que, a la luz de cómo ha evolucionado el Sistema Monetario Internacional a lo largo del último siglo y medio, pretenden responder a una pregunta fundamental que se hacen muchos de ustedes: ¿Vale algo el dinero?

Hubo un tiempo en el que el estándar de riqueza, el activo de reserva internacional capaz de saldar deudas, de ser intercambiable por cualquier otra cosa, era el oro. Las naciones adheridas al gold standard se habían comprometido a fijar el tipo de cambio de sus respectivas divisas en términos de una determinada cantidad de oro, el cual iba y venía en respuesta a los precios relativos entre países. Aunque el papel moneda se utilizaba en la vida cotidiana como medio de pago, con absoluta movilidad de capitales, cualquiera podía canjear sus billetes por oro, salir del país y, allá donde fuese, dirigirse a un banco simpático, hacer un depósito en metálico y obtener a cambio billetes en moneda local.

Puesto que las reservas de oro de un país eran finitas y sólo podían aumentar a través de un superávit de la balanza de pagos (exportador neto) o por producción interna de oro, tanto el proceso de emisión de moneda respaldada con oro como la pérdida de reservas tenían un límite natural. Así, un descenso en las reservas de un país, consecuencia del exceso de sus importaciones sobre sus exportaciones, ocasionaba una bajada general de precios como resultado de la contracción monetaria (salida de oro para enjugar el déficit). El efecto contrario se producía en los países exportadores netos quienes, ante el aumento de sus reservas, perdían competitividad por la subida interna de precios.

El flujo del oro funcionó para mantener la paridad del poder de compra (PPP, Purchasing Power Parity) a través de una cantidad equivalente de oro entre las naciones, evitando que los desequilibrios comerciales (déficits) perpetuos se acumularan.

El mecanismo de control esencial del flujo del oro era la política de tipos de interés: cualquier déficit de la balanza de pagos que redujese las reservas debía acompañarse de una subida del tipo de descuento que, de un lado contuviese la salida de capitales a corto plazo y, de otro, desincentivase el consumo, el gasto de inversión y, finalmente, redujese el nivel general de precios. Cuando operaba un superávit, el proceso era el inverso. Algunos bancos centrales, no obstante, hacían trampas recurriendo a operaciones de mercado abierto, esterilizando el aumento de reservas mediante la venta de títulos de deuda pública, impidiendo de esta forma un incremento indeseable de la oferta monetaria.

Debido a que las divisas estaban ligadas en términos de oro, su valor se mantenía estable en torno a los puntos de importación/exportación del metal, esto es, cualquier tensión en los mercados de cambio (exceso de demanda/oferta) quedaba corregida, vía arbitraje, por los costes de exportación/importación. Si la demanda de tenedores de A que quisieran cambiar por B excediese la demanda de tenedores de B que quisiesen cambiar sus cromos por A, B tendería a subir. Pero sólo hasta alcanzar un tipo de cambio tal que compensase convertir la divisa A en oro y enviarlo hasta donde lo cambiasen por B. El resultado, relativa estabilidad cambiaria, comercial, financiera, muy baja inflación media de largo plazo, aunque volátil a corto, y florecimiento económico mundial apoyado en la revolución industrial y el capitalismo weberiano.

Llegan los peros… El problema de los tipos de cambio fijos es que los ajustes macro se realizan directamente sobre las variables: inflación, empleo, producción, renta. La ventaja de una muy baja inflación media de largo plazo se veía contrarrestada por movimientos acusados en empleo, producción y renta por motivos varios, caseros o forasteros, ya que los shocks, las crisis de origen diverso sufridas en un país, se transmitían, vía comercio exterior, a través del flujo del oro. La inoperancia de la política monetaria trasladaba el peso del ajuste a la fiscal, con un coste social, político y económico considerable, impopular y al contado.

Con todo, baja inflación, reducidas expectativas de inflación a largo plazo medidas a través de los rendimientos de la deuda pública, mantenimiento del poder adquisitivo y un crecimiento real robusto1. No dejen de consultar los gráficos que aparecen enlanzados para ver la comparativa histórica.

La cosa se complica

Reino Unido, potencia mundial decimonónica, abandonó de facto el patrón oro con el bloqueo de los albores de la Gran Guerra, al quedar sin suministros, sufrir pánicos financieros, revueltas, moratoria de deudas y la suspensión de la Bank Charter Act, el alma del gold standard. La emisión de papel moneda sin respaldo para financiar gasto bélico y corriente estoqueó la economía del Imperio Británico y el sucedáneo de reinstauración tras la Conferencia de Génova de 1922, sin previa devaluación de la esterlina, la apuntilló con una depresión deflacionista anterior a la Gran Depresión.

Estados Unidos, a la sazón potencia novel ávida del testigo británico, adoptó la Gold Standard Act en 1900. Los convulsos pasos para estabilizar su joven y errático sistema financiero dotándole de un banco central conveniente terminaron en el Sistema de la Reserva Federal, un consorcio interbancario compuesto por 12 bancos comerciales y que oficialmente empezó a funcionar en diciembre de 1913.

La FED emitía notes, papel moneda denominado en dólares y respaldado por apenas dos quintas partes de oro; notes que servían, a su vez, como reservas fraccionarias para que los respectivos Bancos Nacionales expandiesen depósitos y los Bancos Estatales ofreciesen créditos respaldados por los depósitos de los Bancos Nacionales.

Este esquema, conocido como la Triple Pirámide Invertida de Jekyll, representa una gran pirámide invertida (el sistema) compuesta de tres filas o niveles de pirámides invertidas más pequeñas: el de la Reserva Federal (base), el de los Bancos Nacionales (nivel intermedio) y el de los Bancos Estatales (nivel superior), permitiendo la emisión de papel moneda convertible en oro y la expansión del crédito bancario con requisitos muy bajos de reservas/encaje metálico.

El abandono formal u oficioso de la disciplina monetaria impuesta por el gold standard, el exceso de papel moneda y de crédito para financiar gasto público, políticas de estabilización y guerras, terminó pagándose con la Gran Depresión.

El gold-exchange standard, adoptado tras la Conferencia de Génova, fue un paripé de disciplina ficticia a través de un dólar respaldado por oro, una libra convertible en dólares (y en oro, pero sólo en lingotes y por bancos centrales), mientras el resto de divisas eran convertibles en libras. Un fiasco equivalente a una pirámide de monedas sobrevaloradas, convertibles entre sí y, en última instancia, en el dorado metal. A esos precios, no había oro en el mundo para aplicar la convertibilidad. La pirámide de dinero y crédito se vino abajo. Crash. Gran Depresión. Hoover Vs. FDR, Presidenciales USA de noviembre de 1932.

En 1933, ya con Franklin Delano Roosevelt como Presidente, New Deal mediante, quedaron aprobadas las leyes que oficialmente sacaron a EE.UU del gold standard, imponiendo un sistema monetario fiduciario elástico para combatir la depresión y obligando a separar las actividades de banca comercial y de inversión, además de asegurar los depósitos y autorizar la confiscación del oro de ciudadanos y empresas, a cambio del cual se recibía papel moneda oficial que tardó poco en ser devaluado por el gobierno y jamás recuperó su adorada convertibilidad.

[Próxima semana: Del Gold Standard al dinero fiduciario (II)…]

1 Michael D. Bordo, William G. Dewald:BOND MARKET INFLATION EXPECTATIONS IN INDUSTRIAL COUNTRIES: HISTORICAL COMPARISONS” (NBER Working Papers, 2001)

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La banca amenaza con no acudir al fondo de rescate del Gobierno si tiene que ‘retratarse’, de Eduardo Segovia en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 31 octubre, 2008

La polémica por la opacidad del plan de rescate de la banca, desvelada por El Confidencial el día 23, ha provocado una fuerte presión a favor de que se conozcan las entidades que vendan sus activos al Fondo de Adquisición (FAAF), a la que se han sumado Mariano Rajoy y, con matices, el consejero delegado de BBVA, José Ignacio Goirigolzarri. Pero en privado los bancos lo tienen claro: ellos prefieren la opacidad y, si al final tienen que retratarse, la mayoría no piensa acudir salvo que se haga como en EEUU, donde todas las entidades están obligadas a acudir al rescate para que no se pueda distinguir las buenas de las malas.

“O todos o ninguno”, afirman gráficamente fuentes de un banco mediano. “Si vamos a un modelo como el alemán, en el que se hacen públicas las entidades que acuden al fondo, no va a ir ningún banco porque nos pueden hundir en bolsa. Preferimos seguir buscando la liquidez en el BCE o hacer emisiones con el aval del Estado”, añade. En este sentido, Goirigolzarri ya advirtió el miércoles que “no hay que estigmatizar a las entidades que acudan al fondo” y Alfredo Sáenz, consejero delegado de Santander, se mostró el martes contrario a la publicación de los nombres por el “riesgo reputacional” que conlleva.

En caso de que se publiquen los nombres, las únicas entidades que acudirían al fondo serían aquellos bancoa tan agobiados por los venmcimientos de deuda que no tengan otra opción y, por supuesto, el conjunto de las cajas “porque no cotizan en bolsa y no corren ningún riesgo”, según otras fuentes bancarias. Ahora bien, eso no es del todo cierto, y en algunas cajas piensan que el riesgo reputacional se puede trasladar a sus emisiones de deuda, que serán castigadas en los casos de las entidades que acudan al fondo en busca de liquidez. Y no sólo eso: “En el clima de desconfianza generalizado en el sistema financiero en el que nos encontramos, puede bastar el anuncio de que tal caja ha acudido al fondo para ver una retirada masiva de depósitos”, según una de estas entidades que pone el reciente ejemplo de ING con la entrada del Estado en su capital.

De momento, el Gobierno sigue en sus trece de que el fondo de los 30.000 millones de euros (ampliables a 50.000) sea opaco y no se conozcan las entidades que venden sus activos -cédulas o titulizaciones- al Tesoro. Así lo reiteró el miércoles David Vegara, secretario de Estado de Economía, que al mismo tiempo aseguró ser partidario de la transparencia. Pero Vegara niega que se trate de un plan de rescate porque el Estado no compra capital de las entidades, sino que es un esfuerzo para reabrir el mercado interbancario.

Los bancos se contradicen

No obstante, distintas fuentes creen que toda esta presión y la mala imagen que está dando el Gobierno ante los ciudadanos -que no entienden muy bien que se ayude a una banca que presume de fortaleza, y mucho menos que se haga en secreto- acabe por torcer la mano del regulador. Fuentes del entorno del propio Solbes admiten que “la opacidad no tiene defensa alguna”. Claro que, en ese caso, se podría optar por el modelo americano de obligar a todas las entidades a vender activos al fondo aunque sea en pequeñas cantidades. Y estaríamos en las mismas.

Con esta actitud, los bancos “están mirando únicamente su cotización a corto plazo, pero a medio sería mucho mejor para ellos una transparencia total porque generaría confianza en el mercado hacia las entidades que admitan acudir a esta vía de liquidez”, opina un experto en el sector. Porque este fondo no es más que una vía más de liquidez para suplir a las que están cerradas -interbancario, emisiones mayoristas- y para complementar las subastas del BCE. “Con el oscurantismo, se abona más la idea de que esto es un regalo de fondos públicos a la banca para tapar sus agujeros”, añade este experto.

De hecho, la propia AEB (Asociación Española de Banca) ha insistido desde el principio de la crisis en pedir transparencia absoluta a los bancos extranjeros sobre su exposición a los activos tóxicos y otras fuentes de pérdidas para devolver la confianza en el sector y que se pudieran reabrir los mercados de crédito. La actitud actual de los bancos sobre la transparencia del FAAF contradice radicalmente estas peticiones.

Llueven las críticas al plan

Aparte de esta cuestión, los economistas cada vez ponen más pegas al plan. La citada fuente cercana a Solbes afirma que “no estoy seguro de que adquirir los activos buenos de los bancos sea la mejor solución,sino más bien sería comprar los activos tóxicos. Además, tiene más sentido garantizar en vez decomprar (es decir, el segundo plan de rescate que destinará 100.000 millones a avalar emisiones de deuda de las entidades). El plan que se ha planteado en España no es el mejor que sepodía hacer”.

Otros especialistas añaden que el dinero del fondo puede ser utilizado por algunas entidades para superar a su competencia. Una situación anticompetitiva que ya han criticado varias entidades españolas respecto a las extranjeras que han sido rescatadas/nacionalizadas/inyectadas por sus respectivos Gobiernos.

Y el sector bancario cada vez pone más pegas al plan de rescate. Aparte de pedir que sea secreto, distintas entidades han criticado en los últimos días la escasez de las compras previstas para 2008 (10.000 millones), la imposibilidad de trasladar ese dinero a nuevos créditos o la valoración de los activos que va a comprar el Tesoro (que no podrá ser superior al precio de la deuda pública al mismo plazo).

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Noviembre histórico, de José Antonio Zarzalejos en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 31 octubre, 2008

Comienza mañana un mes de noviembre que se presenta cargado de hitos llamados a constar en la historia. Un capítulo entero merecerá la elección presidencial en Estados Unidos si, como parece, Obama se instala a partir de enero del 2009 en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Con él, un hombre de raza negra -un afroamericano, es decir, miembro de una minoría étnica y otrora de un colectivo de esclavos- llegaría por vez primera en más de doscientos años a la más alta magistratura del país más potente del planeta.

Y como los astros se alinean en la historia sólo muy de vez en cuando, será inmediatamente después de esas elecciones americanas del día 4 cuando se reúnan en Washington los Estados del G20 para “refundar el capitalismo” en el ojo del huracán de la crisis financiera y económica más profunda y fulminante que pueda recordarse.

No será irrelevante quién haya salido elegido presidente de Estados Unidos cuando el día 15 se encuentren los líderes del mundo para torcer el mal curso de los acontecimientos. Obama ha alcanzado una fuerza simbólica tal que su posible triunfo se vincula en el imaginario colectivo a valores positivos tales como renovación, regeneración, nuevo orden económico, renovado esfuerzo de equilibrio entre libertad y seguridad, una distinta política internacional para con Europa y Asia, una posibilidad de pacificación en determinadas regiones del mundo… todo un cúmulo de atributos y esperanzas que han hecho afirmar a la revista -tan de culto- The Economist que el demócrata es su candidato porque él encarna la esperanza de cambio.

El efecto sicológico de una eventual elección de Obama tendrá repercusión sobre el estado de ánimo mundial, pero afectará también a una vieja concepción política y económica en los países desarrollados. El candidato demócrata ha elaborado todo un nuevo lenguaje público, ha empleado masivamente los medios de comunicación con una habilidad extraordinaria, ha demostrado que internet es, no ya una opción, sino una obligación en la comunicación electoral y ha introducido un nuevo protocolo de relación entre los electores y los líderes políticos.

Este noviembre es histórico para todos. También para España, políticamente enmarasmada y económicamente perpleja. No sabemos aún si Rodríguez Zapatero estará o no en Washington el día 15 participando en la cumbre con el apoyo de muchos países latinoamericanos -véase los apoyos de la Cumbre Iberoamericana que se celebra en El Salvador-. Pero de lo que ocurra en las urnas americanas el día 4 y, después, en esa “refundación” del capitalismo, el 15, depende la marcha de los acontecimientos en nuestro país por las repercusiones tangibles y meramente sicológicas de esos acontecimientos que serán convulsivos, casi revolucionarios y necesariamente quirúrgicos. Aprestémonos a vivir intensamente el mes de noviembre más intenso de hace décadas. Dejará huella en los libros de historia.

El IPC puede ir al 2,5% en diciembre, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 31 octubre, 2008

El riesgo de estanflación (nulo crecimiento y alta inflación) que acogotó las economías a principios de los años setenta puede evitarse, quedará el de una recesión que, en el peor de los casos, se convierta en depresión, aunque tampoco parece probable. La crisis actual suma varias tempestades acumuladas de oferta y de demanda. La que parece más severa ahora es la segunda, para la cual conocemos recetas que han dado buenos resultados. Las crisis de oferta son más complicadas y requieren más audacia y un liderazgo político que no es ahora abundante.

Desde el lado de los precios, de la inflación, convertida en severa amenaza a medidos de año, llegan datos más tranquilizadores. “Con permiso del petróleo”, decía esta semana el secretario de Estado de Economía, David Vegara, que aunque es persona de perfil bajo suele hablar con criterio, el IPC a fin de año puede estar por debajo del 3%. No sólo puede sino que es lo más probable.

El dato anticipado de inflación de octubre facilitado ayer apunta un recorte de casi un punto. En este caso juega el efecto escalón. El pasado año, octubre fue el mes más inflacionista en mucho tiempo, el IPC saltó ese mes del 2,7 en septiembre al 3,6, nueve décimas en un mes por el efecto simultáneo del encarecimiento de combustibles y alimentos. Ahora ocurre lo contrario y el IPC puede caer casi un punto, del 4,5% del mes anterior al 3,6% que anticipa el INE.

Y para los dos últimos meses del año el efecto puede ser similar, frente a las seis décimas añadidas durante ese periodo el pasado año puede reducirse el IPC en un punto.

Las estimaciones del instituto Flores de Lemus (Universidad Carlos III) apuntan para diciembre un IPC interanual al 2,4% (2,7% en noviembre que es que se utiliza para revisar las pensiones) con tendencia a la baja para el siguiente semestre. Hay razones para dar validez a esas estimaciones que, si se producen, tendrán consecuencias muy favorables para la gestión de la crisis, entre otras las oportunidades que otorga para una mayor beligerancia de la política monetaria, que está demostrado que tiene efectos bastante rápidos.

A quienes les planeta un problema una tasa de inflación baja es a los propietarios de inmuebles a la venta, que se resisten a bajar los precios para evitar el efecto contable de ese reconocimiento. Tienen que entender que un horizonte de baja inflación impide enmascarar el efecto burbuja con el paso del tiempo. Es un factor nuevo que no tienen bien registrado en el sector y que cuanto más tarden en procesar será peor para ellos, ya que alargarán el periodo hasta salir del actual agujero.

Los precios van a menos, al menos en el horizonte de un año, hacia el nivel objetivo de los bancos centrales. Y los tipos de interés también irán a menos con el paso de los días. Si además se normalizan los mercados de crédito las posibilidades de que la recesión se convierta en muy larga o en una depresión tenderán a diluirse.

Crisis sistémica, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Economía, Política by reggio on 31 octubre, 2008

Los medios informativos, incluso los de mayor prestigio en EEUU y Reino Unido, han popularizado el culto concepto de “crisis sistémica”. No son conscientes de que si hablan del carácter sistémico de la crisis actual, sin explicar por qué razón, están suponiendo tanto que ésta ha sido producida por una causa endógena y estructural del sistema financiero, como que este sistema es autónomo, por no ser un subsistema del sistema económico, ni del sistema estatal o político. Atribuyen la catástrofe a una crisis sistémica del sector financiero, para dejar a salvo el sistema político, como si fuera una evidencia no necesitada de ser diferenciada de las crisis sistemáticas definidas por la generalidad de sus efectos. Cuando toda crisis sistémica por su causa, es sistemática por sus efectos en el sector, pero no toda crisis sistemática es de naturaleza sistémica.

La gravedad de la situación pide una atención científica al descubrimiento de la naturaleza real de la crisis, sin dejar su diagnóstico en las exclusivas mentes de economistas asesores de gobiernos y bancos, que solo son especialistas en análisis de la coyuntura, sin hábito de afrontar la síntesis de un sistema que engloba la producción, el consumo y la financiación de la actividad económica, dentro de un sistema político o estatal, para lo que se requieren amplios y profundos conocimientos interdisciplinarios. La teoría de sistemas, esbozada inicialmente en la biología, fue elaborada y extendida a las ciencias sociales por Bertalanffy, en la década 30-40 del siglo pasado.

Según esa teoría, lo decisivo para entender el funcionamiento, o el fracaso, de un sistema social no es el análisis de cada elemento, ni la unión de todos en el compuesto que los engloba, sino la interacción consciente o inconsciente entre ellos, o sea, la relación entre la estructura y la dinámica del sistema. Esta teoría deja desnuda en la simpleza las distinciones entre capital financiero y capital industrial, en tanto que entidades autónomas susceptibles de establecer relaciones de jerarquía funcional en la pirámide escalonada del sistema de dominio estatal. La crisis ha puesto de relieve que todo el subsistema financiero depende del sistema estatal. Si la crisis fuera sistémica no se podría salir de ella con remedios coyunturales, por eficaces que fueran a corto plazo. Gobiernos y banqueros -centrales o privados- han atribuido la crisis a comportamientos abusivos y a defectuosa regulación externa del sistema, es decir, a causas no sistémicas.

florilegio

“Montesquieu creó la teoría de sistemas: si una causa particular arruina a un Estado, había una causa general que lo haría perecer por una sola batalla.”

La artimaña de la globalización, de Antonio Álvarez Solís en Gara

Posted in Economía, Política by reggio on 31 octubre, 2008

Según el autor, la globalización se ha mostrado como una forma de neocolonialismo dirigido por una potencia imperial y, tras evidenciar las consecuencias de la misma, tales como la corrupción de la democracia y de la libertad, preconiza «regresar a las naciones sin contaminar por lo estatal», convencido de la capacidad de evolución y poder de lo múltiple.

Uno de los dogmas que la presente y dura crisis mundial ha liquidado es la globalización y todo el sistema de razón, o más bien de razones, que comporta. Obviamente entiendo por crisis su significación clásica de conclusión final de un proceso, en este caso con la dramática destrucción de pretendidos valores morales y de actividad económica. El pregonado advenimiento de una cultura universal, o al menos de una civilización común liberadora -es decir, de un mundo integrado- ha demostrado su falsedad con los recientes y gravísimos acontecimientos mundiales, tanto de carácter financiero como económico y social, que han mostrado la globalización como una forma vulgar y muy dolorosa de neocolonialismo dirigido por la potencia imperial y por las naciones con poder delegado que giran en su órbita. Fracasado el colonialismo formal del sistema liberal-burgués, o colonialismo territorial, ante los movimientos de liberación nacional, se promovió este colonialismo que hoy naufraga como una atractiva oferta de participación general en los valores adoptados por el gran centro de decisión. La revolución desde arriba. Para ello se habilitó el dogma de la globalización, ofrecido bajo capa de la adhesión voluntaria. El colonialismo se hizo con ello menos visible y mucho más activo. Incluso más sangriento mediante guerras inducidas por la potencia que protagoniza el liderazgo y participadas por un turbión de estados cuyos dirigentes y clases directivas se arrodillan en el comulgatorio norteamericano. La globalización se reduce así a una dominación que introduce un nuevo factor en el hecho colonial: el de la autoservidumbre o servidumbre complacida. La maniobra se protege con la afirmación apodíctica de que no hay más que un único camino para alcanzar el futuro si se quiere residir fructuosamente en la gran comunidad internacional.

De la globalización se desprenden una serie de consecuencias que han arruinado en muchos casos la capacidad de renovación nacional así como la posibilidad de que los pueblos afirmen y desarrollen su propia personalidad al tributar sus capas sociales dirigentes a la dogmática globalizadora. Es más, la absorción de la personalidad de esos pueblos por la potencia que gobierna el proceso globalizador los deja inanes e indefensos tanto en lo espiritual como en el terreno de la tecnología y de la producción material. Lo que parece indudable, pues, es que la globalización no produce una cultura única ni concede acceso al gran club de los poderosos sino que subordina en todos los terrenos a la cultura dominante.

La primera y más perjudicial consecuencia de la globalización es la corrupción de la democracia, que pasa de ser, al menos hasta cierto punto, un fenómeno horizontal para convertirse en una sumisión vertical. Ahora que personajes tan volátiles como el presidente francés pretenden «refundar» la democracia, ha de advertirse que no hay rescate posible de formas políticas en el marco globalizador. La potencia dominante sabe perfectamente que la principal captura lograda por ella es precisamente la de la democracia liberal para convertirla en actitudes puramente formales. La aportación de Francis Fukuyama en este sentido ha sido determinante: la evolución tanto social como ideológica ha consumado su tránsito y el resultado final lo encarna un poderoso estado y una única sociedad que poseen la clave de la vida.

La segunda y peligrosa consecuencia de la globalización está en la corrupción de la libertad, que queda convertida en una dinámica de rígidas aceptaciones o contrato de adhesión. Esto último supone reducir a la casi totalidad de los pueblos a una dependencia férrea en los terrenos de la soberanía ya sea económica o política. Ni siquiera escapa al control globalizador la tan repetida I+D, ya que todo lo novedoso, sobre todo si es importante, es absorbido rápidamente por la gran potencia que dirige el mundo globalizado. Las novedades posibles son uncidas al yugo económico de esa gran potencia o son convertidas en iniciativas peligrosas para el equilibrio y la paz mundiales. Innovar al margen del proceso globalizador conduce en no pocas ocasiones al encontronazo bélico o al repudio. Innovar soslayando el poder globalizador es un acto juzgado fácilmente como terrorista, como es terrorismo toda protesta o acción encaminada a conseguir unas determinadas libertades fuera del ámbito controlado. Es delito toda pretensión que se hurte al gran poder.

La globalización persigue, aunque inútilmente, recluir a la humanidad en un gran campo de concentración custodiado por ángeles blasfemos. El río de sangre que circula en torno al mundo refleja esa brutalidad de los grandes dirigentes. Una sangría que revela al mismo tiempo la voluntad de dominio y la incapacidad de conseguirlo en plenitud. La justicia y la libertad son ideas platónicas que no pueden ahormarse con leyes perversas ni con armas embrazadas por el crimen supuestamente legal. Las ideas profundas de la libertad o de la justicia residen en campos que la humanidad ha labrado en el espíritu indestructible.

La crisis actual, que ha herido a la globalización en la misma médula, es fruto de un quehacer financiero y político contra natura, si no fuera tan peligroso usar esta expresión en una sociedad donde los grandes dominantes han degrado a dogma elemental y absurdo, a disparate metafísico, a retórica antimoderna la posibilidad de «hacer» alma, como quiere Hillman. Porque el alma de cada pueblo la ha hecho cada pueblo en el curso de una dialéctica donde uno se construye a sí mismo en concurso con los demás que caminan como nación en idéntica aventura. La riqueza se ha vuelto perversa y destructiva porque ha negado, en boca de los poderosos, que se debe a las ciudadanías que nacieron y se desarrollaron al margen de dañinos procesos globalizadotes.

Amanece ahora, entre sangre y truenos, la desglobalización. Los pueblos empiezan a regresar hacia sí mismos. Saben, al margen de la barahunda del perverso «modernismo» de botellón, que adviene la época en que los estados policiacos -de múltiple policía sobre los seres, las ideas, los valores y las riquezas- han llegado al final de su camino a pesar de las leyes prevaricadoras, de las armas sin derecho y del dédalo de los partidos que los alimentan y protegen. No hay que refundar nada; hay que fundar. No hay que darle la vuelta al viejo manto sino estrenar manto nuevo. La universalidad que se precisa en el viejo y ya chico planeta que habitamos ha de brotar de la concordia de los pueblos libres en que cada cual pueda vivir del otro y hacerlo vivir al mismo tiempo. En eso consiste la paz y no en la quietud mortecina que proclaman quienes defienden una inmovilidad que ampara sus acciones perversas.

La globalización nos asfixia. Tendremos que regresar a lo abarcablemente humano. A las naciones sin contaminar por lo estatal. A la economía coherente en que la creación, la producción, el trabajo y el consumo se entiendan como lados de un poliedro sólido y lógico. Sí, habrá que recuperar la igualdad con los demás pueblos, en los que respetemos sus tradiciones, su trabajo y su comercio libre y noble. Desde luego, su cultura. Y su capacidad de ser.

Habrá que renunciar a la creencia en globalizaciones elaboradas en los laboratorios del poder y retornar a la creencia en la evolución y el poder de lo múltiple. No creo que la emergencia de los epígonos -como son los Sarkozi, las Merkel, los Berlusconi, los Blair o los Bush- nos lleve a ningún paraíso. Ya hemos visto que ese paraíso precisa una limpieza municipal, con escobón y pala de dientes.

Antonio Álvarez Solís. Periodista.

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