Reggio’s Weblog

El fraude más grande, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Economía by reggio on 27 febrero, 2009

Ha habido records en la materia. El reciente del “mago de Wall Street”, Bernard Madoff –50.000 millones de dólares–, habrá hecho palidecer de envidia a Nick Leeson, que en 1995 segó la ancianidad del británico Barings Bank –233 años de existencia– haciéndole perder 1300 millones de libras esterlinas. El grupo financiero holandés ING compró entonces el Barings, de funesta memoria en el Cono Sur de América, por una libra esterlina solitaria. Otro muerto de envidia ha de ser Jérome Kerviel, que en 2008 defraudó 4900 millones de euros a Société Générale, el segundo banco más importante de Francia. Sir Robert Allen Stanford –el primer estadounidense nombrado caballero del Reino Unido y sospechado de lavar dinero del narco– no puede aspirar al primer puesto de la lista: apenas malversó 8 mil millones de dólares.

Los grandes fraudes disimulan los pequeños, que poco espacio consiguen en la prensa. Una dependencia del Departamento del Tesoro de EE.UU., la Red de aplicación de la ley a los delitos financieros (FinCEN, por sus siglas en inglés), informó el año pasado que los casos de fraude hipotecario denunciados por los bancos del país se multiplicaron por diez, y con creces, del año 2001 (4696) al 2007 (52.868) (www.fincen.gov, 3/4/08). Pocos llegan a la Justicia: un tercio de los agentes del FBI que investigaban estos temas han pasado a tareas de seguridad desde el 11/9. Cabe recordar que la punta del iceberg económico que actualmente enfría al mundo fue, precisamente, la burbuja hipotecaria.

Hay un fraude que le está ganando a Madoff: La Oficina del inspector general especial de EE.UU. para la reconstrucción de Irak (Sigir, por sus siglas en inglés), sucesora de la Autoridad Provisional y encargada de supervisar el manejo de los fondos destinados al destruido país, ha comenzado a investigar a los jefes militares y funcionarios civiles norteamericanos estacionados en Irak que se encargaron y encargan de administrar los 125.000 millones de dólares invertidos desde la invasión de 2003. Nunca se sabrá con exactitud qué proporción de esa suma fue malversada, pero un informe de la Sigir sugiere que puede superar los 50.000 millones de dólares (www.sigir.mil/reports, febrero 2009). Madoff ha sido destronado.

Los auditores de la Sigir descubrieron, por ejemplo, que el contralor estadounidense para el centro sur de Irak, Robert Stein Jr., había recibido 57,8 millones de dólares en billetes de 100 junto a los cuales, de pie, se fotografió triunfal. Es de los pocos condenados por fraude y lavado de dinero. Los dirigentes políticos iraquíes están convencidos de que el robo o la pérdida de ingentes sumas de dólares norteamericanos y de dinares iraquíes no pudieron tener lugar sin la participación corrupta de militares estadounidenses de alto rango. En 2004/2005, todo el presupuesto militar iraquí para la compra de armas, unos 1300 millones de dólares, fue invertido en helicópteros rusos de 28 años de edad incapaces de volar y de vehículos cuyo “blindaje” era pulcramente atravesado por una bala de fusil.

Ninguna grúa interrumpe el cielo de Bagdad, salvo las que funcionan en la amurallada Zona Verde para terminar la construcción de la Embajada de EE.UU. –la más grande del mundo– y las que enmohecen detrás de media mezquita gigante que nunca llega a serlo porque cesó cuando Saddam Hussein fue derrocado. Una de las pocas señales de inversión en Bagdad son las palmeras y las flores plantadas en los camellones del centro de la ciudad. Cada pocos meses las quitan y las vuelven a plantar (The Independent, 16/2/09).

Una investigación de las que exploran los fraudes y robos cometidos por personal estadounidense en los primeros años de la ocupación de Irak atañe al coronel (R) Anthony B. Bell, responsable de la contratación de obras en 2003/2004, y al teniente coronel de la fuerza aérea Ronald W. Hirtle, encargado de la misma tarea en Bagdad durante el 2004. Los auditores de la Sigir han retomado las revelaciones que, en su momento, les hiciera llegar Dale Stoffel, un vendedor de armas y contratista norteamericano que pidió y obtuvo una inmunidad limitada en sus negocios a cambio de informar sobre la red de corrupción en la Zona Verde. Stoffel dibujó un panorama digno de novela negra: decenas de miles de dólares llegaban furtivamente en envases de pizza o bolsas de papel a las oficinas de contratación (International Herald Tribune, 15/2/09). Hubo más de pulp fiction: en el 2004, Stoffel y uno de sus socios fueron acribillados en un tiroteo que nunca se aclaró.

Militares, funcionarios y contratistas de EE.UU. en Irak han ido más lejos que Madoff. Muchos siguen impunes, mientras Bernie padece arresto domiciliario: sus íntimos amigos cuando él era mago no quisieron aportar los 10 millones de dólares de la fianza que, durante el juicio, lo dejaría en libertad.

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El Atlántico no alcanza, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 febrero, 2009

El Océano Atlántico es el segundo en extensión y volumen del planeta: 106,4 millones de kilómetros cuadrados y 323,6 kilómetros cúbicos. Pero el submarino nuclear británico “HMS Vanguard” y su semejante francés “Le Triomphant” consiguieron un casi milagro: chocar en aguas oceánicas profundas el 6 de febrero pasado. El hecho sólo se conoció diez días después y el milagro completo fue que no se produjo una catástrofe inédita: el “Vanguard”, con 135 hombres a bordo, portaba 16 misiles intercontinentales con 48 cabezas nucleares en total; “Le Triomphant” –101 de equipaje–, otro tanto. Cada navío cargaba una potencia nuclear equivalente a la de 1248 bombas atómicas como la arrojada en Hiroshima. Una explosión habría contaminado definitivamente el Atlántico y arrasado ciudades enteras. Entre otras cosas.

Nadie sabe cómo los dos submarinos lograron colisionar en un espacio pariente de la inmensidad. Por fortuna, navegaban a poca velocidad: las tripulaciones no sufrieron daño y el arsenal nuclear quedó intacto, aunque reparar los navíos llevará meses e insumirá fondos que ascenderán a unos 100 millones de dólares. Otra incógnita es por qué no se detectaron mutuamente, equipados como están con modernísimos equipos de sonar. Tal vez se encontraban en estado de “sonar pasivo”, lo que les permite moverse en silencio sin emitir ondas detectables por otro buque, un avión o algún sistemas de vigilancia marina. Es irónico que gran parte de los esfuerzos técnicos en la materia se hayan centrado últimamente en diseñar submarinos que produzcan el menor ruido posible. “El operativo de detección fue demasiado tardío o no se puso en marcha”, señaló el especialista Stephen Saunders (The Independent, 17-2-09). “Distracciones” como ésta, azares como éstos, pueden provocar una tragedia humana irreparable. Ante esta posibilidad notoria, los gobiernos de los países nucleares siguen impasibles.

El Primer Lord del Almirantazgo británico, Sir Jonathan Band, y el ministro de Defensa francés, Hervé Morin, trivializaron el “percance”. Una síntesis de sus declaraciones sería “finalmente, nada pasó”. En conferencia de prensa surgió una pregunta sobre el tema y Sir Jonathan afirmó –con gesto fastidiado– que el choque no había afectado a las tripulaciones, que los submarinos “sólo habían sufrido rasguños” y que la seguridad nuclear no había corrido riesgos. Hervé Morin –que días antes sostuvo que “Le Triomphant” había tropezado con un container– incursionó en comparaciones marinas: “Se trata de una problemática tecnológica extremadamente simple: estos submarinos son indetectables. ¡Hacen menos ruido que un camarón!” (Le Monde, 17-02-09). No es el caso, obvio, de un estallido atómico.

Estas versiones no conformaron a Angus Robertson, líder parlamentario del Partido Nacional Escocés. Exigió que el ministro de Defensa británico explicara “cómo es posible que un submarino con armas de destrucción masiva choque con otro submarino con armas de destrucción masiva en medio del segundo océano más grande del mundo” (The Guardian, 16-2-09). Otras preguntas: ¿Qué hacían esas naves rebosantes de armas nucleares en las profundidades del Atlántico? El almirante Band indicó que se trataba “de patrullajes de rutina”, pero ¿cuál será esa “rutina”? ¿Por qué ocultaban su presencia? ¿Con qué regularidad los envían a dar vueltas por ahí? ¿Los aliados no se intercomunican los itinerarios? Parecería que priva el secreto de tales operaciones entre los miembros de la OTAN, cualquiera fuere el peligro que esto entraña para la humanidad.

“Es una pesadilla nuclear de nivel superlativo”, calificó Kate Hudson, directora de la Campaña por el Desarme Nuclear (CND, por sus siglas en inglés), organismo internacional de Gran Bretaña que lucha para alcanzar esa meta desde hace más de medio siglo. “Es el incidente más grave desde el hundimiento del ‘Kursk’ y la primera vez desde la Guerra Fría que se sabe del choque de dos submarinos nucleares”, subrayó (www.cnduk.com, 16-2-09).

El submarino misilero ruso “Kursk” explotó y zozobró en el Mar de Barents en agosto del 2000. Murieron sus 118 tripulantes.

Persiste el silencio sobre las razones que causaron la colisión y no cabe esperar que alguna vez se aclaren públicamente. Se ignora si fue una casualidad inconcebible o la consecuencia de una decisión estratégica que terminó mal. Lo cierto es que este “azar extraordinario”, como lo calificó el ministro Hervé Morin, abre interrogantes graves sobre la seguridad del planeta. ¿Qué lo amenaza más? ¿El terrorismo? ¿Esta clase de azar?

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Fantasmas, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 30 enero, 2009

El presidente Barack Obama acaba de encargar al ex senador demócrata George Mitchell que procure un arreglo a la cuestión palestina. Es un hábil negociador: encabezó la comisión que logró pacificar Irlanda del Norte, pero su visión del problema difícilmente coincida con la de Dennis Ross, designado enviado especial a todo el Medio Oriente, o con la de Richard Holbrook, hoy representante de Obama en Pakistán y Afganistán, países en los que el nuevo mandatario se propone centrar la guerra “antiterrorista”. Meses antes de las elecciones estadounidenses, Holbrook –un diplomático de turbio desempeño en Kosovo– publicó un artículo en el que señala: “La situación en Afganistán está lejos de ser desesperada. Pero como la guerra entra en su octavo año, hay que decir la verdad a los estadounidenses: durará mucho tiempo, más que la guerra más larga que libró EE.UU. hasta ahora, el conflicto de Vietnam: se prolongó catorce años (1961-1975)” (Foreign Affairs, septiembre-octubre 2008). El fantasma de Lyndon Johnson se pasea por la Casa Blanca.

Barack tardó poco en aplicar su nueva estrategia: tres días después de que asumiera, dos aviones estadounidenses no tripulados arrojaron misiles en una zona tribal paquistaní que linda con Afganistán. El número de muertes ascendió a 22. El ataque fue autorizado “en virtud de un plan de actividades encubiertas aprobado por Obama”, declaró un funcionario norteamericano de alta jerarquía (www.timesonline.co.uk, 25-1-09). Un detalle: las víctimas eran civiles.

La reacción de los pobladores, de la que poca cuenta dieron los medios, muestra la indignación que EE.UU. despierta: “Miles de habitantes asistieron a las oraciones fúnebres por las víctimas, condenaron las muertes y demandaron al presidente Obama que gaste el dinero en el bienestar de las tribus en vez de asesinar a sus miembros con armas avanzadas. Líderes religiosos del lugar censuraron los ataques aéreos y señalaron que los caídos eran aldeanos locales inocentes”, informó la edición en inglés del diario paquistaní The News (25-1-09). Hasta el gobierno de Islamabad, que el general David Petraeus –jefe del comando central de EE.UU.– visitó y presionó el mismo día de la asunción de Obama, subrayó que esos bombardeos eran “contraproducentes y deben cesar” (AP, 24-1-09). Difícil que cesen.

Pareciera que Obama ha adoptado el plan de acción que Holbrook propone en su artículo: éste afirma que una debilidad fundamental de EE.UU., algo que debe superar a fin de jugar su papel de líder mundial, es la caída de su prestigio en todo el planeta. BO declaró el martes 27 a la TV Al Arabiya que desea ser amigo de los países árabes, una meta ardua si las hay después de Gaza.

Y luego: continúa la matanza de civiles en Afganistán: el cuarto día presidencial de BO, las fuerzas invasoras anunciaron el aniquilamiento de un comando talibán que realizaba “actividades terroristas” en la provincia de Laghman: quince “militantes” muertos. Sólo que el presidente del concejo municipal local informó que las víctimas eran 21 civiles, incluidos dos mujeres y dos niños (AFP, 24-1-09). Miles de pobladores de la capital de esa provincia recorrieron sus calles exigiendo que los ocupantes dieran término a una intervención militar que ha costado ya la vida de unos 1100 civiles en el 2008. Hamid Karzai, el débil presidente afgano, confirmó el hecho y expresó una obviedad: “La muerte de inocentes está fortaleciendo al terrorismo” (msnbc.msn.com, 25-1-09).

Holbrook formula la necesidad de reducir la dependencia energética de EE.UU.. BO habló del tema en los mismos términos. También, de afrontar los riegos del cambio climático. Obama lo dijo. Idem respecto del programa nuclear iraní. Si es verdad que el primero dicta las políticas del último –quizá fue al revés–, el proyecto es peligrosamente ambicioso. Holbrook subraya que la columna vertebral de los desafíos geopolíticos de la Casa Blanca radica en cinco países que tienen fronteras en común –Turquía, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán– y constituyen el centro del arco crítico que amenaza la seguridad nacional de EE.UU. Agrega que las políticas del Departamento de Estado hacia Afganistán y Pakistán han carecido de coordinación (bajo W. Bush) y creado situaciones confusas. Ahora conoce la satisfacción de articularlas.

“Afganistán puede definir rápidamente el gobierno de Obama”, opinó The New York Times (25-1-09). En medio de una crisis económica que no apagan los billones de dólares arrojados a las fauces de los bancos, BO quiere invertir más recursos duplicando el número de efectivos estadounidenses en Afganistán. Como dijera el periodista Bob Herbert (www.nytimes.com, 6-1-09): “Enviar miles de hombres y mujeres adicionales (algunos, a morir, otros a ser heridos horriblemente) a un vagabundeo disparatado por el paraíso guerrillero de las montañas de Afganistán sería locura”. Lo loco de las locuras es que se dan. A veces.

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¿Cambios?, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 enero, 2009

El flamante presidente de EE.UU. aseveró en su discurso inaugural que las cuestiones de seguridad nacional no deben afectar la vigencia de los derechos humanos. Bien dicho. Sus primeras medidas fueron el cierre de la base de Guantánamo en un año, la suspensión de los procesos incoados por tribunales militares a algunos de los 245 detenidos que allí siguen y la suspensión del régimen de torturas al que han sido sometidos. Bien hecho, sobre todo lo último. Los presos seguirán presos en otros campos de concentración que el Pentágono instaló ya en distintos países y Obama no dispuso que sus casos pasen a tribunales civiles, como demanda Amnesty. Estas decisiones sin duda interrumpirán el declive del más que dañado prestigio de EE.UU. en el mundo.

No parece que se modificará la política exterior: la estrategia del nuevo mandatario no entraña el cese de la guerra “antiterrorista” que la Casa Blanca de-sató, apenas un cambio de acento. Habló de una retirada de Irak “responsable” y no reiteró su intención de hacerlo en 18 meses, anuncio de campaña electoral que le atrajo muchos votos. Tampoco la mencionó al cabo de su reciente reunión con los capitostes del Pentágono para tratar el asunto y los comentarios del general Ray Odierno, comandante en jefe de las tropas estadounidenses en Irak, indican que tal vez Obama le da otro peso ahora a la palabra “responsable” (www.mccclatchydc.com, 21-1-09). El general señaló que la retirada dependía de las elecciones nacionales que se llevarán a cabo en Irak a fin de año. Imposible completarla en 18 meses.

La idea, por lo demás, no es sacar hasta el último hombre del país invadido. Más bien no. Colin Kahl, importante asesor de Obama durante la campaña electoral, señaló que EE.UU. debía mantener en Irak una fuerza de 60.000 a 80.000 efectivos al menos hasta fines del 2010 (www.prorev.com, 4-4-08). El New York Times (13-12-08) subrayó la “aparente evolución” del mandatario afroamericano en este tema, sólo que no la hubo: BO siempre mencionó la necesidad de dejar una “fuerza residual” en Irak, aunque nunca indicó la cuantía del “residuo”. Si se cumpliera la observación de Kahl, los muchachos tardarán en volver a sus hogares. Dicho de otra manera: la ocupación de Irak seguirá.

El demócrata Obama, que votó contra la invasión a Irak, se reunió asiduamente a lo largo de los últimos tres meses con su vencido contrincante republicano John McCain, que votó a favor, para solicitarle asesoramiento y opinión sobre las guerras en curso y sobre los futuros encargados de la política exterior. McCain les dijo a varios colegas republicanos que “muchos de esos nombramientos los habría hecho yo mismo” (www.newsmax.com, 19-1-09). No sorprende esa declaración: empezando por la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, y pasando por el reconfirmado jefe del Pentágono Robert Gates –otra herencia de W. Bush–, el equipo que seleccionó BO en este delicadísimo campo está integrado por demócratas partidarios de la guerra y no hay signos de que se hayan vuelto pacifistas.

Es notorio que BO se comprometió a aumentar el número de tropas norteamericanas en Afganistán: el Pentágono ha pedido el envío de 30.000 soldados más en un lapso de 12 a 18 meses y Washington presiona a la OTAN desde hace meses para que incremente también sus efectivos en ese país (Reuters, 20-1-09). Varios gobiernos de la Unión Europea se muestran remisos a aceptar la gentil invitación. Francia la ha rechazado ya, Alemania enfrenta un año electoral difícil, aunque es posible que todo cambie luego de la primera reunión de Obama con sus contrapartes europeas. Continuamos.

Obama reiteró en su campaña que EE.UU. debe atacar las bases de Al Qaida y de los talibán en Pakistán con o sin el consentimiento del gobierno paquistaní. “Si llegamos a tener información confiable sobre objetivos terroristas importantes –dijo– y el (entonces) presidente Musharraf no actúa, actuaremos nosotros” (Reuters, 1-8-07). Cada tanto un avión no tripulado de EE.UU. deja caer misiles en la zona de Pakistán limítrofe con Afganistán. La pregunta clave es cuál será la magnitud del ataque anunciado.

El mandatario ya en funciones llamó por teléfono al presidente de la Autoridad Palestina y al primer ministro de Israel afirmando que no escatimará esfuerzos para desarmar un conflicto que acaba de costar la vida de 1300 palestinos, en su mayoría civiles y sobre todo niños. Pero si Obama insiste en el reclamo de una “Jerusalén única” y capital de Israel –-que formuló ante el poderoso lobby judío proisraelí que recorre infatigablemente los pasillos de la Casa Blanca y del Capitolio–, fracasará como Bill Clinton en la cumbre de Camp David del 2000. Y se verá qué distancia media entre su discurrir de campaña y la realidad de sus actos.

BO no preocupa a Tel Aviv. Como señalara al diario israelí Yediot Ahronot el ex embajador de Israel en Washington, Daniel Ayalon, “en cuanto a las relaciones Israel/EE.UU., tengo la impresión de que no habrá cambio alguno. Al contrario: el mapa de los intereses estadounidenses no depende de la identidad de la persona sentada en la Casa Blanca y EE.UU. seguirá tratando a Israel como un aliado leal” (www.ynetnews.com, 20-1-09). Re-claro, ¿verdad?

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“¡Mentira! ¡Mentira! ¡No tiene perdón!”, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 16 enero, 2009

Es un verso del tango “Mentira” que Celedonio Flores y Francisco Pracánico compusieron en 1932. Carlos Gardel lo cantaba sin falsa emoción y sin el teatro que propinan hoy algunos tangueros. Se trata, claro, de un hombre que apostrofa a la mujer que lo engañaba y no por eso se privaba de llorar de amor en sus brazos. La frase es desde entonces, y aun antes, aplicable a numerosos políticos y gobiernos del mundo. Por ejemplo, al gobierno israelí y a su primer ministro, Ehud Olmert.

Llevan a cabo en Gaza una matanza que ha causado ya la muerte de casi mil palestinos y miles de heridos: un 60 por ciento eran o son civiles y casi 300 fueron niños. El pretexto: defensa propia en razón de los continuos ataques con misiles de Hamas. La verdad: “Cualquiera que observe con honestidad el desarrollo de los acontecimientos en los dos últimos meses descubrirá que los (cohetes) Kasam tienen un contexto. Fueron casi siempre arrojados después de operativos de asesinato de las FDI, y de éstos hubo muchos. La pregunta de quién empezó no es infantil en este contexto. Las FDI volvieron a las operaciones de exterminio y en gran escala. Y su consecuencia fue el incremento de los disparos de Kasam”. Este análisis puede leerse en el diario israelí Ha’aretz del 9 de febrero del 2007. Está firmado por Gideon Levy, el periodista también israelí que Vargas Llosa elogió por su valentía intelectual.

Otra del gobierno Olmert: Hamas no respetó la tregua acordada a mediados de junio del 2008 que expiraba en diciembre. La verdad: tropas israelíes la rompieron el 4 de noviembre irrumpiendo en Gaza y matando a seis palestinos (www.guardian.co.uk, 5-11-08). Las FDI volvieron a romper la tregua el 17 de noviembre matando a un líder de Hamas. La respuesta palestina: más Kasam. Y luego: Tel Aviv no se cansa de repetir que Hamas usa escudos humanos para combatir a las FDI. Parece que es al revés. Un comunicado de Amnesty International detalla: “Nuestras fuentes en Gaza informan que soldados israelíes han entrado y tomado posición en varios hogares palestinos, obligando a las familias a permanecer en la planta baja mientras ellos usan el resto de sus casas como base militar y en posición de francotiradores” (www.amnesty.org, 7-1-09).

La Franja de Gaza contiene en sus 360 kilómetros cuadrados a una población de casi millón y medio de palestinos. Si los cohetes de Hamas llegaran a Tel Aviv y alcanzaran el barrio residencial donde está ubicado el Ministerio de Defensa israelí, ¿sería justo decir que Israel usa escudos humanos para defenderse de los Kasam? Vaya una observación interesante de Malcolm Smart, miembro del Programa de Amnesty para el Medio Oriente y el norte de Africa: “El ejército israelí tiene plena conciencia de que los tiradores palestinos suelen abandonar el lugar después de haber disparado. Cualquier ataque de represalia contra esas casas dañará a los civiles, no a los tiradores, en la mayoría de los casos”. El comunicado de Amnesty agrega que la ocupación de casas palestinas por soldados israelíes ha sido una práctica frecuente en el pasado y que “en otros casos, han obligado a civiles palestinos, a punta de fusil, a entrar delante de ellos en los edificios donde temían que pudiera producirse un ataque”.

El gobierno Olmert justificó el bombardeo de una escuela de la ONU instalada en el campo de refugiados de Jabaliya arguyendo que desde allí habían hecho fuego contra sus efectivos. Después de unos días, tuvo que rectificar: las FDI habían cañoneado sin más trámite a quienes se guarecían en la escuela matando a 40 civiles. Lo mismo sucedió –entre otros– con el ataque a un camión que transportaba gas y no Kasam, como Tel Aviv adujo al principio. En verdad, Israel desató una guerra de exterminio.

“¿Sucede acaso que esta guerra es el laboratorio de los fabricantes de muerte? ¿Acaso es posible que en el siglo XXI se pueda encerrar a un millón y medio de personas y hacer de ellas todo lo que se quiera llamándolos terroristas?” Es una pregunta que formularon los médicos noruegos Mads Gilbert y Erik Fosse –hace 20 años que prestan asistencia en Gaza como miembros de la ONG Norwac– al salir de la Franja vía Egipto (Le Monde, 12-1-09). Habían atendido a “víctimas de lo que tenemos todas las razones para pensar que se trata de un nuevo tipo de arma, ensayada por los estadounidenses, conocida con el acrónimo DIME (Explosivo de Metal Inerte Denso)”. Los DIME son poderosos, su radio de acción es de 10 metros, a quien está a tres metros de la explosión le parten el cuerpo en dos, a los ocho, le cortan limpiamente las piernas.

Human Rights Watch ha denunciado el posible empleo de bombas de fósforo blanco contra los palestinos. Son de uso militar permitido para crear cortinas de humo, pero no en zonas pobladas, según establece el convenio de la ONU sobre armas convencionales (www.hrw.org, 10-1-09). Preguntado al respecto, el mayor israelí Avital Leibovitch aseguró que las FDI “no utilizan armas que el derecho internacional prohíbe. Otras naciones usan bombas de fósforo y tenemos el derecho a no hacer comentarios sobre el tema”. Es cierto, las FDI tienen ese derecho. Y los palestinos, el derecho a no ser desollados vivos. Ni siquiera a ritmo de tango.

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Sharon, Barak, Gaza, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 9 enero, 2009

Es cada día más evidente que la invasión israelí a Gaza no es una mera represalia: las tropas de Tel Aviv bombardean sin piedad blancos civiles y los “daños colaterales” de niños palestinos se estimaban, hasta el domingo pasado, en un 20 por ciento de los muertos y un 10 por ciento de los heridos (edition.cnn.com, 4-1-09). Por lo demás, Hamas no es el único movimiento que arroja misiles al territorio del vecino: lo hacen también las brigadas de Los Mártires de Al Aqsa, grupo armado afín a la Autoridad Palestina (AP) asentada en Cisjordania y bendecida hoy por EE.UU. e Israel (Michel Warschawski, Programmer le désastre, ediciones La Fabrique, París 2008, págs. 11-12). Es un hecho confirmado por Amnesty International (www.amnesty.org, 31-12-08). Al Fatah, base política de la AP, sufrió una derrota aplastante ante Hamas en las elecciones del 2006 en Gaza y es su ríspido adversario declarado.

La operación Plomo Fundido, que Israel inició el 27 de diciembre, no es una improvisación: “Fuentes militares revelaron que el ministro de Defensa, Ehud Barak, ordenó hace más de seis meses a las fuerzas de Defensa de Israel que prepararan esa operación, aun cuando Israel había comenzado a negociar un cese del fuego con Hamas”. Esto no lo denuncia un diario árabe, sino el periódico israelí Ha’aretz (27-12-08) y subraya el doble discurso de Olmert y Cía. En realidad, el plomo de la operación se viene fundiendo hace años y su objetivo es echar a los palestinos de su tierra. Los cuatro millones de desalojados desde 1948 ya no le bastan a Tel Aviv.

Ariel Sharon, a poco de asumir el cargo de primer ministro de Israel, en febrero del 2001, ordenó un operativo en el que los cazas F-16 de fabricación estadounidense se utilizaron por primera vez para bombardear ciudades palestinas: “Un plan de contingencia –su nombre codificado es Operación Venganza Justificada– fue diseñado en junio pasado (del 2001) para reocupar toda Cisjordania y tal vez la Faja de Gaza” (The Washington Times, 19-3-2002). El propósito del plan era lanzar un ataque en gran escala para aplastar a la autoridad palestina, “sacar del juego” a su líder Yasser Arafat “y matar o detener a los efectivos de su ejército” (The New York Times, 12-7-01). El presidente egipcio completó el cerco israelí de Gaza, de consuno con Tel Aviv: ordenó el cierre de los pasos fronterizos que permitirían huir de la matanza a miles de civiles palestinos. Al parecer, la voluntad de exterminio no sólo está dedicada a Hamas.

Esa operación se conoció también como el Plan Dagan, por el general (R) Meir Dagan, entonces asesor de Sharon y actual jefe del Mossad. El ataque se desencadenaría “después de un atentado suicida palestino que causara muchos muertos y heridos civiles en Israel, esgrimiendo la justificación del derramamiento de sangre” (www.MiddleEast.org, diciembre 2001). El Plan Dagan incluía una suerte de cantonización de los territorios palestinos, aislando completamente a Gaza de Cisjordania y negociando por separado con cada “gobierno” de ambos territorios y con los respectivos responsables de la seguridad y de los servicios de inteligencia (Le Monde, 17-12-01). Hay más.

El asesinato de Yasser Arafat estaba sobre la mesa de las autoridades israelíes desde 1996 y era otro componente del Plan Dagan. En un documento preparado por los servicios de seguridad en octubre del 2000 a pedido del entonces primer ministro Ehud Barak –del que publicó detalles el diario israelí Ma’ariv (6-7-01)– se indicaba que “Arafat, la persona, es una grave amenaza a la seguridad del estado (de Israel) y los perjuicios que causaría su desaparición son inferiores a los que su existencia origina”. El gabinete israelí decretó su “remoción” a mediados de septiembre del 2003 por considerarlo “un obstáculo para la paz”. El sentido de la palabra “remoción” quedó claro: el entonces ministro de Defensa Shaul Mofaz declaró: “Elegiremos el medio correcto y el tiempo correcto para matar a Arafat” (www.mehrnews.com, 9-11-05). Un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU condenando la decisión israelí fue vetado por EE.UU. (news.bbc.co.uk, 16-9-03). Cuándo no.

El mundo asiste hoy a la aplicación del Plan Dagan tal como se diseñó en el 2001: establece “una invasión del territorio palestino por unos 30.000 soldados israelíes con la misión claramente definida de destruir la infraestructura del liderazgo palestino… y de expulsar o matar a su comando militar” (www.globalresearch.ca, diciembre 2001). La idea tiene un rancio abolengo ya señalado en esta columna (ver Página/12, 4-1-09). Como dijera el legislador árabe-israelí Jamal Zahalka: “El dilema del sionismo en 1948 era, en realidad, elegir un sistema de apartheid o la guerra y la expulsión de los palestinos”. Y una cosa antes de la otra o las dos juntas, ¿por qué no?

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Einstein, Israel, Gaza, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Derechos, Política by reggio on 5 enero, 2009

El pasado sábado 27, a las 11.30 hora local, 50 cazas de combate israelíes demolieron unos 50 puntos de Gaza en tres minutos. Fue una violación de los Diez Mandamientos y de la santidad del sabbath, pero tal vez no se apliquen cuando de matar palestinos se trata: centenares en esta ocasión y más de mil heridos. Hay diferentes puntos de vista sobre las razones de esta matanza brutal. Tel Aviv asegura que es una represalia por la ominosa práctica de Hamas de lanzar cohetes al territorio israelí. Analistas varios opinan que más bien tiene que ver con las próximas elecciones en Israel, donde todavía es primer ministro –interino y renunciante por corrupción– Ehud Olmert. Los hechos históricos indicarían otra cosa: se trata del nunca olvidado intento de reconstruir el “Gran Israel” echando a los palestinos de su tierra.

Ben Gurion, que inauguró el cargo de primer ministro del flamante Estado de Israel, aceptó la partición de Palestina en territorios israelíes y territorios palestinos que la ONU estableció en 1947. Pero tenía un viejo pensamiento de fondo: en carta a su mujer confió que un Estado judío “parcial” –un proyecto de 1937 del ocupante británico que nunca se llevó a cabo– era sólo un comienzo y que planeaba organizar un ejército de primera y utilizar la coerción o la fuerza para absorber toda la extensión del país (Letters to Paula and the Children, David Ben Gurion, University of Pittsburg Press, 1971, carta de fecha 5-12-37, págs. 153-57). Esto se cumplió con la ocupación militar israelí de los territorios palestinos desde 1967 a la fecha. En el 2006, Tel Aviv se “retiró” de Gaza, a la que impuso un cerco implacable. El triunfo de Hamas en las inobjetables elecciones de ese año disgustó a Israel: un Estado que se dice democrático no tenía por qué respetar la democracia cuando de palestinos se trata.

Olmert es del partido Kadima, una escisión del derechista Likud, del que no se diferencia mucho, como prueban las guerras que sigue desatando. El Likud, a su vez, desciende del Herut, organismo que dio forma política al grupo paramilitar de Menahem Begin, también primer ministro de Israel (1977-1983). Los nombres cambian, pero la contumacia no. En diciembre de 1948, a siete meses de la declaración de independencia de Israel, Begin visitó EE.UU. y causó reacciones dispares. Por ejemplo, la de Albert Einstein, Hannah Arendt, el rabino Jessurun Cardozo y otros 26 destacados intelectuales judíos estadounidenses. Consta en una carta abierta que el New York Times publicó el 4-12-48.

El texto comienza así: “Entre los fenómenos políticos más inquietantes de nuestra época figura la aparición, en el recién creado Estado de Israel, del ‘Partido de la Libertad’ (Tnuat Herut), un partido político estrechamente emparentado con los partidos nazifacistas por su organización, sus métodos, su filosofía política y su demanda social. Fue creado por los miembros y partidarios de la ex Irgun Zvai Lemi, una organización terrorista de extrema derecha y chauvinista en Palestina. La visita actual a EE.UU. de Menahem Begin, jefe de ese partido, ha sido evidentemente calculada para dar la impresión de un sostén estadounidense a su partido y para cimentar los lazos políticos con los elementos sionistas conservadores de EE.UU.”.

Continúa así: “Muchos norteamericanos de reputación nacional han prestado su nombre para acoger esa visita. Es inconcebible que quienes se oponen al fascismo en el mundo entero, muy correctamente informados sobre el pasado y las perspectivas políticas de M. Begin, puedan sumar sus nombres y apoyar al movimiento que él representa”. Señala que es preciso informar a la opinión pública del país sobre el pasado y los objetivos de Begin –“uno de los que han predicado abiertamente la doctrina del Estado fascista”– para no dar la impresión en Palestina de “que una mayoría de EE.UU. respalda a elementos fascistas en Israel”. A continuación menciona la matanza que las fuerzas israelíes provocaron en la aldea árabe de Deir Yassin, “que no había participado en la guerra y que incluso había combatido a las bandas árabes que querían convertirla en su base de operaciones”. Precisa: “El 9 de abril (de 1948), bandas de terroristas (israelíes) atacaron esa pacífica aldea, que no era un objetivo militar, asesinaron a la mayoría de sus habitantes –240 hombres, mujeres y niños–- y dejaron a algunos con vida para hacerlos desfilar por las calles de Jerusalén. Invitaron a todos los corresponsales extranjeros a ver las montañas de cadáveres y los destrozos causados en Deir Yassin”. El texto acusa a Herut de preconizar en el seno de la comunidad judía una “mezcla de ultranacionalismo, misticismo religioso y superioridad racial”, signo indudable de un partido fascista para el cual el terrorismo “es un medio para alcanzar su objetivo de ser un ‘Estado líder’”. Agrega: “Es más trágico aún que la alta dirección del sionismo estadounidense se haya negado a hacer campaña contra los designios de Begin”. Han pasado 60 años desde que se publicó esta carta que Einstein firmó. ¿Habrá perdido actualidad? Muchas cosas cambiaron en Israel desde entonces. Su objetivo central, no.

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De hacer lo que se puede, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 29 diciembre, 2008

El Pentágono anunció con cierto orgullo que había alcanzado y aun superado sus metas de reclutamiento para el año fiscal 2007/08. En efecto: a fines de julio de este año lo había logrado ya en las cuatro armas –marines incluidos–, la guardia nacional y los cinco cuerpos de reservistas, con un total de más de 200.000 novatos incorporados. Lo que no declara es la calidad de los que se convertirán en soldados: por cuarto año consecutivo, el ejército estadounidense no consiguió que éstos posean el nivel de educación requerido, el bachillerato. No en vano siguen las bajas en Irak y Afganistán.

Ingresa, en cambio, otra clase de gente. Más del 11 por ciento de los reclutas necesitó permisos especiales porque había tenido o tiene diferentes problemas con la ley, un aumento del 8 por ciento en relación con el año anterior y el doble de la tasa registrada en el 2003, cuando EE.UU. invadió Irak (www.alternet.org, 22-12-08). “Es la receta del desastre –señaló Lawrence Korb, ex subsecretario del Pentágono durante el gobierno Reagan–. A largo plazo, puede crear un problema grave para los militares.” Pero metas son metas y hay que cumplirlas. Como sea. Tomando sobre todo en cuenta que el número de desertores se incrementó un 80 por ciento desde el 2003.

Abundan los alicientes económicos: más de la mitad de los reclutados en el período julio/septiembre del año pasado recibieron bonificaciones por valor de 20.000 dólares cada uno, con la obligación de presentarse al cuartel 30 días después del enganche para recibir entrenamiento básico (archives.chicagotribune.com, 11-10-07). Se juega con la pobreza de los jóvenes carenciados y haciendo espejear la posibilidad de una carrera. No sorprende que afroamericanos, latinos, asiáticos y nativos ocupen el 20 por ciento de esa nueva fuerza. La edad de la mayoría va de 18 a 24 años. Pero no sólo.

La Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) ha denunciado que se busca atraer a filas a menores de 17 años, violando la Convención de los Derechos del Niño de la ONU: “El Pentágono recluta sobre todo en escuelas secundarias sin límites de edad de los estudiantes que contacta (informe ‘Soldiers of Misfortune’, www.aclu.org, 13-5-08). En el texto de esa investigación se subraya que el Pentágono invierte 6 millones de dólares por año en un videojuego llamado Ejército Estadounidense destinado a menores de hasta 13 años para ‘entrenarlos a usar armas y participar en combates virtuales y otras misiones militares’, enseñarles a disparar rifles automáticos y lanzagranadas y a saltar de un avión”. En septiembre del 2006 ya había 7,5 millones de inscriptos en el juego, con nombre y domicilio. Es un sitio que ofrece la lista ordenadita de potenciales reclutas.

Los líderes de algunos de los más de cien grupos de skinheads, neonazis y supremacistas blancos que medran en EE.UU. aprovechan el bajo nivel de las exigencias militares y alientan a sus miembros a enrolarse. Es un medio para adquirir capacidades operativas que de otro modo no tendrían, financiadas además por el Estado. Los fines de ese entrenamiento pueden verse en el blog www.arianwear.com utilizado por Aryan Wear Forum 14: un neonazi del grupo que firma “Sobibor’s SS” dice que tiene sus razones para ingresar al ejército, pero “por temor a que el gobierno me identifique no las puedo compartir aquí”. Meses antes las había explicado: “El día que se acaben los judíos, el mundo comenzará a arreglarse”. Sobibor fue el nombre de un campo de concentración nazi instalado en Polonia.

La banda skinhead Vinlanders Social Club (VSC) sube fotos a su web y puede verse la de un miembro con vestimenta de combate y manejando un Humvee en algún punto de Irak: “En otra misión de reclutamiento para VSC”, dice el epígrafe. El fundador de Militares de Piel Blanca se presenta como “cabo Burton”, habla de él en www.newsaxon.com y se explaya: “Amo disparar eficazmente a los hachies (iraquíes) con mi M16A2 de servicio”. El neonazi “88Soldado88” escribe en el sitio Sangre & Honor: “Espero que el entrenamiento me prepare para lo que deseo que venga”. El anónimo “Jacob Berg” agrega: “Sí, maté mujeres, sí, maté niños y sí, maté ancianos (en Irak). Pero la razón principal por la que estoy tan orgulloso de eso es porque matando a un tipo de piel oscura, muchos blancos vivirán para ver un nuevo amanecer” (www.splcenter.org, 15-12-08). No comments.

El atentado del neonazi Timothy McVeigh contra un edificio federal de Oklahoma City en 1995 causó la muerte de 168 personas y heridas a más de 500. Fue un ataque al gobierno central ejecutado por un veterano de la guerra de Vietnam. Washington no necesita importar terroristas. Los forma en las guerras que desata y los tiene en casa.

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“El lamento del cabrón”, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 22 diciembre, 2008

Es el título de una conocida canción del trío español de rock pesado Orthodox, pero nadie piense mal: se refiere al macho cabrío o cabra muy grande y no el adjetivo en que el uso común ha convertido al sustantivo. Uno de los versos de la letra dice “oye al cabrón que llora”. Claro que, en castellano, es difícil separar las dos acepciones. El cabrón-caprino estuvo presente en la mitología y las religiones desde tiempos muy lejanos. Artemisa lo consideraba un animal sagrado y un atributo dionisíaco. En el Antiguo Testamento es símbolo de la adoración de falsos dioses (Isaías, 13:21 y 34:14). El sumo sacerdote del templo de Júpiter tenía prohibido tocarlo. Pero éstas son divagaciones.

El presente artículo se refiere más bien a declaraciones recientes de W. Bush. Cuando un periodista de TV le preguntó cuál era, a su juicio, el mayor fracaso de su gestión, el mandatario saliente explicó (abcnews.go.com, 1-12-08): “Lo que más lamento de mis dos presidencias serían las fallas de (los servicios de) inteligencia en Irak”. Dicho de otra manera: los servicios de espionaje le informaron que Saddam Hussein tenía un arsenal de armas de destrucción masiva (ADM) y no le quedaba otro remedio que desatar la guerra. No se compunge por lo que hizo, que cuesta ya más vidas estadounidenses que el atentado contra las Torres Gemelas y un número de víctimas iraquíes que tal vez asciende a centenares de miles, sino por lo que presuntamente le hicieron. Que el victimario se haga la víctima es un viejo tic de nuestra civilización y exige mucho olvido, propio y ajeno.

El 7 de octubre del 2002, W. advertía en Cincinnati que “no se debe permitir al dictador iraquí que amenace a EE.UU. y al mundo con venenos, enfermedades terribles y gases y armas atómicas”. Ya olvidaba entonces que ocho meses antes un informe de la CIA no encontraba “evidencias de que Irak esté comprometido en acciones terroristas contra EE.UU. desde hace casi una década, y que está asimismo convencida de que el presidente Sa-ddam Hussein no ha proporcionado armas biológicas o químicas a Al Qaida y grupos afines” (The New York Times, 17-2-02). Es que la decisión de invadir Irak se había tomado ya en Camp David durante el fin de semana que siguió al 11/9.

El presidente Bush acentuó su no responsabilidad en la entrevista de la cadena ABC: “Mucha gente arriesgó su reputación y dijo que la posesión de ADM era una razón para derribar a Saddam Hussein. No sólo personas de mi administración opinaron así, muchos miembros del Congreso, antes de mi llegada a Washington D.C., en el debate sobre Irak, y muchos líderes de naciones de todo el mundo se basaron en los mismos datos de inteligencia… y yo habría deseado que la inteligencia hubiera sido diferente, supongo”. Dicho de otra manera: W. no tuvo más remedio que plegarse a la idea imperante sobre Saddam. Qué desmemoria: Thomas Ricks, corresponsal de guerra del Washington Post, relató en su libro Fiasco (The Penguin Press, Londres, 2006) que sólo cinco parlamentarios habían leído la evaluación clasificada de la comunidad de espías. Habrán encontrado luego –se supone– que la Casa Blanca había mutilado el texto del informe que se hizo público para convencer al pueblo estadounidense del peligro iraquí: desaparecieron advertencias y pruebas contrarias a lo que Bush quería demostrar (New Republic, 30-6-03). Un olvido más qué le hace al tigre.

El mensaje del gobierno norteamericano se volvió cada vez más intimidante en el 2000: el 26 de agosto, el vicepresidente Cheney –que mucho hizo para ocultar la realidad– subrayaba en Nashville que Saddam poseía “un arsenal de armas terroríficas que constituyen una amenaza para nuestros amigos de toda la región y que podrían someter a EE.UU. y a cualquier otra nación al chantaje nuclear”. Los analista de la CIA no estaban de acuerdo: en general daban por buenos los resultados de las inspecciones de la Organización Internacional de Energía Atómica acerca del programa nuclear iraquí: no existía, según el organismo de la ONU. Hasta el departamento de inteligencia del Pentágono elaboró una evaluación que señalaba: “No hay información fidedigna acerca de si Irak está produciendo o almacenando armas químicas o si ha restablecido, o se propone restablecer, sus instalaciones de producción de armas químicas” (www.dia.mil, septiembre 2002). La Casa Blanca no tomó en cuenta el informe: su voluntad política no quiso.

La invasión de Irak y Afganistán obedeció a planes de los “halcones-gallina” muy anteriores al 11/9 y su olor a petróleo y designios imperiales se extendió por el planeta. Los históricos olvidos de la historia que perpetra W. Bush tienen precedentes muy antiguos. Hace 25 siglos, la sangrienta oligarquía de Los Treinta prohibió en Atenas por decreto recordar la derrota militar que le infligiera Esparta. Hoy, la repetición de las versiones oficiales torna innecesarios los decretos.

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Desplazamientos, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Derechos, Internacional, Libertades, Medios, Política by reggio on 12 diciembre, 2008

Aparece información que despierta reflexiones sobre el ominoso atentado terrorista que castigó a Bombay. Un ejemplo: se sabe ahora que cuando finalizaban los ataques un señor anónimo llamó por teléfono al presidente paquistaní, fingió que era el ministro de Relaciones Exteriores de la India y lo amenazó con declararle la guerra. Pakistán puso su fuerza aérea en estado de alerta durante un día entero (Los Angeles Times, 7-12-08). Esa guerra era el objetivo de los terroristas, pero surge una pregunta: ¿cómo logró el señor anónimo conocer los códigos necesarios para ser atendido por el presidente paquistaní? ¿Tal vez fue alguien bien ubicado en Nueva Delhi? Lo cierto es que un detallecito como éste puede provocar la catástrofe: los dos países, que se disputan Cachemira, tienen armas nucleares.

Otro interrogante: ¿por qué la policía india se mostró bastante pasiva durante las 60 horas que duraron los ataques de sólo diez hombres? Algo más: los servicios de inteligencia de la India fueron advertidos el 18 de noviembre –ocho días antes– de que militantes con base en Pakistán preparaban el desastre. “Agentes de inteligencia indios y europeos manifestaron que la información reunida era lo suficientemente específica: mencionaba amenazas a los principales hoteles de Bombay y la posibilidad de que los islamistas atacantes pudieran emplear lanchas para penetrar las débiles defensas costeras de la ciudad” (www.cbsnews.com, 2-12-08). Esta “ignorancia” se asemeja a la de W. Bush, al que los servicios estadounidenses le informaron el 6 de agosto de 2001, más de un mes antes del 11/9, de lo que se venía (The New York Times, 10-5-04). A la Casa Blanca no le importó: murieron tres mil personas en las Torres Gemelas, pero el pretexto para invadir Irak fue servido.

Abundan los hechos curiosos. Según las declaraciones del gobierno indio, los terroristas, olvidadizos ellos, dejaron un teléfono móvil en la lancha que secuestraron, lo cual permitió identificar al menos a tres miembros de Lashkar-e-Taiba (LeT), el Ejército de los Píos, un grupo fundamentalista musulmán que rechaza el control indio de Cachemira y que mantendría contactos con Al Qaida y los talibán por intermedio de los servicios de inteligencia de Pakistán (ISI) (www.telegraph.co.uk, 30-11-08). Nueva Delhi involucró además a Jamaat ud Dawa, organización madre del LeT, que al parecer no era terrorista cuando sus miembros trabajaron codo a codo con militares norteamericanos para ayudar a las víctimas del terrible sismo que afectó a la India y Pakistán en el 2005 (counterterrorism.blog.org, 30-4-06). Es una trama oscura, pero se recuerda que la CIA, por conducto de ISI, financió y entrenó a los talibán para echar a los soviéticos de Afganistán y que se alimentó económicamente del tráfico de drogas procedentes de ese país. La colaboración de los dos servicios continuó a lo largo de los años ’90 en Chechenia, Yugoslavia y la India. Es notorio que la CIA y el Pentágono arman y entrenan a Jundullah, grupo terrorista de la zona tribal de Pakistán, para que incursione en Irán. Pareciera que Irán es la cuestión.

El electo presidente Obama, rodeado de un equipo en el que abundan los halcones que eligió, ha reiterado su intención de convertir a Afganistán en centro de la llamada lucha antiterrorista, lo cual ha creado ya un conflicto con Pakistán por los bombardeos estadounidenses de su territorio. Ha mencionado a Cachemira como foco terrorista y todo indica que la intervención militar de EE.UU. se desplaza hacia el sur de Asia. Esto confluye con los objetivos del partido indio de la guerra, el Bharativa Janata (PBJ) –versión chauvinista y nacionalista del hinduismo tradicional–, que propugna una alianza más estrecha con EE.UU. y que probablemente gane las elecciones del 2009 por el fracaso del Partido del Congreso gobernante en cohesionar al país. Los atentados de Bombay le han venido de perillas al PBJ, que despliega una ideología muy particular: afirma que la raza hindú fue originariamente una tribu que bajó del Polo Norte. Subraya que sus miembros eran arios, rubios y tenían ojos azules (www.geocities.com/indianfascism, 23-2-00). Se propone rescatar la gloria de un pasado mítico y restaurar el antiguo imperio hindú.

El énfasis de Obama en Pakistán no es gratuito: el país limita con Irán, Afganistán, India, China y no está lejos de las ex repúblicas soviéticas ricas en petróleo y gas natural. Por otro lado, una fuerte presencia militar estadounidense en Afganistán –con la OTAN, claro– sería una advertencia para China y Rusia, que tienen fuerte influencia en la región. Ambos movimientos, además, fortalecerían el cerco a Irán. Es la triste geopolítica de la guerra en curso: los beneficiarios de los atentados de Bombay son conglomerados petroleros y grandes bancos con sede en Londres y Nueva York.

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“El infierno no termina al cerrarse las puertas del campo de concentración”, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Derechos, Historia, Justicia, Libertades, Memoria, Política by reggio on 10 diciembre, 2008

Juan Gelman escribe contra “los organizadores del olvido”

El Ministerio de Cultura español promovió el Primer Encuentro Internacional de Memoria Histórica en la Universidad de Salamanca, la misma donde Miguel de Unamuno enfrentó al dirigente franquista Millán de Astray cuando éste entró a los claustros pistola en mano gritando “Viva la muerte, abajo la inteligencia”. En esa reunión, de la que participaron delegaciones de Chile, Argentina, República Dominicana, Portugal y Alemania, el poeta y columnista de Página/12 fue el encargado de realizar la conferencia inaugural sobre “el imperativo moral de la memoria colectiva”.

Soy padre de un hijo de 20 años secuestrado, torturado, asesinado en 1976 por la más reciente dictadura militar argentina, que también desapareció sus restos. Fueron hallados, gracias a la infatigable labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, 13 años después. Soy suegro de su esposa, secuestrada cuando tenía 19 años, trasladada de Buenos Aires a Montevideo encinta de ocho meses y medio y asesinada por la dictadura militar uruguaya dos meses después de dar a luz. Sigue desaparecida y su hija fue entregada a un policía de matrimonio estéril. Soy abuelo de una nieta de la que me robaron sus primeros 23 años de vida y que mi mujer, Mara La Madrid, que no es la madre de mis hijos, y yo buscamos y encontramos al cabo de una larga investigación. Nada de esto hubiera sido posible sin el testimonio oral de sobrevivientes uruguayos y argentinos, sin expedientes judiciales y aun militares, sin ese archivo tan particular que es el banco de datos sanguíneos de familiares de desaparecidos del Hospital Durand de Buenos Aires, sin una campaña internacional de denuncia que tuvo la solidaridad de decenas de miles de poetas, escritores, artistas y gente de a pie de 122 países, sin libros, sin documentos, sin Internet, sin videos y, sobre todo, sin la voluntad imperiosa de encontrar la verdad.

Hablo desde la experiencia argentina. ¿Por dónde empezar? ¿Por la madre de un desaparecido que año tras año y día tras día arreglaba el cuarto de su hijo y a la noche le preparaba la sopa que él solía tomar al regreso del trabajo? La sopa se enfriaba en la mesa sin remedio. ¿Por el sueño de la hija de una desaparecida? Este sueño: “Mamá vive en el departamento de la calle 47. Voy a visitarla. Tengo miedo de que me abrace y al hacerlo se convierta en fantasma”. Ha pasado mucho tiempo desde la de-saparición de ese hijo y de esa madre, pero no hay final del duelo todavía. No lo habrá mientras no se encuentren sus restos y descansen en un lugar de recuerdo y homenaje. No lo habrá mientras esa madre y esa hija no sepan toda la verdad sobre su sufrimiento. No lo habrá mientras esa verdad no conduzca a la Justicia.

El infierno no termina cuando se cierran las puertas del campo de concentración y los hornos se apagan: hace un cuarto de siglo que cesó el infierno militar en la Argentina y centenares de miles de personas –hijos, padres, hermanos, familiares, amigos de los desaparecidos– viven esa segunda parte del infierno que crepita en la memoria y no hay modo de apagar. “Desde entonces, a una hora incierta/esa agonía vuelve/y hasta que mi cuento espantoso sea contado/mi corazón sigue quemándose en mí”, dice el viejo marinero de un poema de Coleridge que recordó Primo Levi. Para muchos argentinos, uruguayos, chilenos, centroamericanos y nacionales de tantas otras latitudes del mundo esa estrofa poética es vida real y quema cada día.

“En nuestro país el olvido corre más ligero que la Historia”, dijo el escritor Adolfo Bioy Casares. Pues no sólo en la Argentina. Desaparecen los dictadores de la escena y aparecen inmediatamente los organizadores del olvido. “¿Para qué renovar las penas? –dice Ismene a Edipo–. El dolor se sufre al recibir las penas y se vuelve a sufrir al recordarlas.” El Día de Muertos, el pueblo mexicano acude a los cementerios, se sienta alrededor de sus difuntos, toca la guitarra y les canta, les pide que sigan muriendo en paz y que dejen en paz a los vivos para que los recuerden sin terrores. Pero los familiares de los desaparecidos no tienen dónde hablarles y ellos son fantasmas inciertos que vuelven a doler en la memoria.

“Los padres quedaron sin hijos y no terminan sus quejas. Conocen al fin cuál es el dolor total sin remedio”, dice Esquilo. ¿Cada recuerdo trae un dolor que se amontona, capa sobre capa, y se convierte en una geología del dolor? ¿Es posible dialogar con el dolor, fingir que tiene rostro y que no es una potencia que viene y va y protesta contra la muerte del ser querido y le da cuerpo y la afirma negándola? ¿La locura sería la última puerta del dolor, una manera de convertirse en dolor para no padecerlo y desaparecer en el dolor? ¿No será ésa una forma de fundirse con la víctima y así morir con ella? Los familiares de los desaparecidos están en otro lugar. “Un loco, solamente un loco que perdió la mente olvidar puede la muerte de su padre”, dice Electra. O la muerte de un hijo. No es ésa la locura de los familiares: su única “locura” consiste en exigir verdad para las víctimas y justicia para los victimarios. Es un camino lleno de obstáculos con los que se tropieza día a día. Los comisarios del olvido tienen recursos y conocen su trabajo.

Un pacto de silencio sella la boca de los militares argentinos, con pocas excepciones. Cuando sus camaradas conocen que alguno está dispuesto a hablar, lo callan con una buena dosis de cianuro: le ocurrió al prefecto naval Héctor Febres, a punto de ser condenado por los crímenes que cometió durante la dictadura militar. O desaparecen a testigos importantes de los juicios por delitos de lesa humanidad, como desaparecieron a Julio López, para agitar el miedo en las víctimas testimoniantes. La policía facilita la huida del represor atrapado o quema archivos de sus operaciones. La jerarquía de la Iglesia Católica argentina que, a diferencia de la chilena, santificó la matanza –un obispo del Vicariato llegó a decir “cuando hay derramamiento de sangre, hay redención”–, la jerarquía de la Iglesia Católica argentina, que ordenó tranquilizar a militares desasosegados porque venían de tirar prisioneros vivos al océano, se niega a abrir sus muy prolijos archivos de la época, que permitirían recuperar al menos los restos de numerosos desaparecidos.

Ciertos jueces, ciertos fiscales y ciertas instancias judiciales como la Corte de Casación argentina encajonan procesos contra los represores, quienes pueden quedar en libertad por la falta de sentencia. Y lo peor, verdaderamente lo peor, es la perversión que mancha a sectores políticos y sociales que, de un modo o de otro, por acción o por omisión, fueron cómplices de la matanza y callan lo que saben y niegan al Otro lo que saben. Y luego, por qué omitirlo, la actitud pasiva de ciertos familiares que, ante todo por falta de medios, y luego por desánimo, cansancio, resignación, desesperanza o temor, todavía temor, depositan su no hacer en los organismos de derechos humanos. Y también, por qué omitirlo, ciertos organismos argentinos de derechos humanos que burocratizan el dolor o militan contra la búsqueda de los restos de los desaparecidos “para que sigan con sus compañeritos”. Así hacen tabla rasa de la historia personal de las víctimas y del lugar que ocuparon en la historia. Es la continuidad civil, bajo otras formas, del pensamiento militar.

La voluntad de corregir la memoria, como es notorio, viene de muy lejos. En el siglo V antes de Cristo, la sangrienta oligarquía de los Treinta prohibió en Atenas por decreto recordar la derrota militar que le infligiera Esparta. Cada ciudadano fue obligado a pronunciar el juramento “No recordaré las desgracias”. Pasan los siglos y los vencedores siguen reorganizando el pasado a voluntad. En el año de gracia de 1040 el monje Arnold von Saint Emmeram explicaba así el método que había elegido para escribir la historia del ducado de Baviera: “No sólo es pertinente que las nuevas cosas modifiquen las viejas; también es correcto, si las viejas son desordenadas, el de-secharlas por completo, e incluso, aunque estén bien ordenadas pero sean poco útiles, el enterrarlas con reverencia”. La voz de los vencidos es “desordenada y poco útil” en los manuales de historia al uso, cuyo marco de referencia esencial es el Estado. Numerosas víctimas de crímenes contra la humanidad fueron y son carne de olvido, “ese acuerdo con aquello que se oculta”, al decir de Blanchot. Los que falsifican la historia así, falsifican la vida y están presentes y activas las antiguas herencias de nuestra tan moderna, o posmoderna, civilización occidental, en la que los extraordinarios avances tecnológicos conviven o malviven codo a codo con genocidios nunca vistos.

Proliferan las teorías sobre la historia como relato y otras sobre todo lo contrario. De lo primero hay pruebas más que suficientes, algunas francamente ridículas. La historia del Partido Comunista soviético ha sufrido continuos liftings con el correr del tiempo y se convirtió en un acto de predicción del pasado. Es famosa la fotografía del estado mayor bolchevique tomada días después del triunfo de la Revolución Rusa, con Lenin en el centro, a su derecha una escalera y luego Stalin. El lugar de la escalera lo ocupaba Trotski, excomulgado por el Termidor stalinista. El acto tiene pretensiones mágicas y la voluntad de abolir la historia. De ahí la importancia fundamental de los archivos de la memoria. De ahí la importancia fundamental de esta reunión. La pretensión de mutilar la memoria cívica de todos los días corrompe su salud y despeja el camino a nuevos autoritarismos.

El imperativo moral de la memoria colectiva tiene hoy más urgencia que nunca y no faltaron en la Argentina y en otros países quienes entendieron esto muy temprano y crearon y ordenaron personalmente, sin apoyo oficial alguno y movidos por su moral ciudadana, informaciones utilísimas que se pueden ver por Internet. Estos archivos contribuyen a deshacer las artimañas de los asesinos de la memoria, como ésas que pretenden que no hubo cámaras de gas y que el primer pueblo ocupado por el nazismo fue el pueblo alemán. Si queremos que la barbarie no se repita y pase al reino del nunca más, no deberían, creo, ser archivos mudos para la sociedad civil y viceversa: habría que acercar sus contenidos a sectores sociales y políticos en los que hay no poco a despejar todavía.

¿Y se podrá alguna vez despejar mentes en el estamento militar para que obedezcan a lo ético y opongan la desobediencia debida a órdenes criminales? El capitán de navío Juan Carlos Rolón, miembro de un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada de Buenos Aires donde la marina desapareció a 5000 personas, declaró impávido: “Nos enseñaron que la tortura era una forma moral de combatir al enemigo”. Se recuerda el diálogo que Hannah Arendt sostuvo con un oficial nazi que admitió haber gaseado y enterrado a prisioneros con vida en el campo de concentración de Maidanek. La pregunta de la filósofa: “¿Se da cuenta de que los rusos lo van a colgar!”. La respuesta del nazi: “¿Por qué? ¿Yo qué hice?”.

Las dictaduras suprimen el testimonio de las víctimas, pero llevan sus propios archivos. En Auschwitz hay gruesos volúmenes que registran la muerte de los prisioneros gaseados. En la primera columna de cada página figuran el nombre, la edad y la nacionalidad de la víctima; en las dos restantes, hora y causa de la muerte. La hora es la misma a lo largo de páginas enteras, las 8.15, o las 8.30 o las 9.00 de la mañana. También se repite la causa de la muerte, “influenza” casi siempre. Este no es sólo un acto burocrático; sustituye la vida por una mentira de papel y muestra abismos de la condición humana. Se impone abrir esa clase de archivos. Pero ésta es una decisión de Estado y, lamentablemente, todavía hay gobiernos democráticos que no se atreven a disponer que se dé ese paso indispensable. Los familiares de los desaparecidos sólo conocen la dolorosa mitad del crimen. La otra yace oculta, custodiada por centinelas militares, policiales, eclesiásticos. Jacques Derrida habló del “mal de archivo”, pero ésos son los archivos del mal.

Que se me perdone la insistencia en subrayar la importancia de los testimonios orales, vehículos de una memoria que en ocasiones se transmite de generación en generación. Frente a Panamá –narra el periodista José María Pasquini Durán– hay una isla llamada San Blas en la que vive una etnia indígena. Una vez al año todos se reúnen y los ancianos cuentan a los jóvenes la historia de la etnia, que arranca del casamiento del Sol con la Luna, para que su memoria perdure. Los jóvenes comenzaron a emigrar y a quedarse en Panamá, pero mandan grabadoras a la isla para registrar el relato de los ancianos. Ahora la maravillosa historia que comienza con el Sol y la Luna está en casete y los jóvenes lo tienen en su casa entre los discos más recientes de pop norteamericano. Menciono esto porque en muchas sociedades del mundo no hay casete todavía.

En el año 1987 seguía yo exiliado en Francia y el diario recién nacido entonces para el que trabajo, Página/12, me pidió que cubriera el proceso a Klaus Barbie, el ex jefe de la Gestapo en Lyon, bautizado “El carnicero”. A una víctima que le detallaba sus crímenes, Barbie dijo: “Yo no me acuerdo de nada. Si se acuerdan ustedes, el problema es de ustedes”. Efectivamente: recordar y denunciar los crímenes contra la humanidad y exigir su castigo es un problema nuestro.

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Promesas, promesas, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 8 diciembre, 2008

El presidente electo Barack Obama prometió varias cosas antes de serlo. Por ejemplo, terminar la guerra con Irak, que en 2002, en la Plaza Federal de Chicago, calificó de “estúpida”, “imprudente” y “basada en la pasión, no en la razón”. Fue un eje principal de su campaña y, sin duda, le ganó millones de votos. La promesa se está diluyendo: esta semana declaró: “Dije que retiraría de Irak nuestras tropas de combate en 16 meses, en el entendimiento de que podría ser necesario –probablemente necesario– mantener una fuerza residual a fin de proporcionar entrenamiento y apoyo logístico para proteger a nuestros civiles en Irak” (The New York Times, 4-12-08). “El residuo”, al parecer, no será pequeño: el ex secretario de Marina Richard Danzig –uno de los asesores de Obama en materia de seguridad– había ya declarado que sería de 30 mil a 55 mil efectivos. Algunos dicen que la cifra podría llegar a 70 mil, casi la mitad del número actual. Hay residuos así.

Pocos creen que la retirada se llevará a cabo en el lapso prometido y que el último soldado norteamericano dejará suelo iraquí el 31 de diciembre del 2011, según lo pactado con el gobierno de Bagdad. Unos 20 halcones demócratas –la mayoría de la vieja guardia clintoniana de los años ’90– dominan el equipo de seguridad y política internacional de Obama y no falta un legado significativo de W. Bush: el reconfirmado jefe del Pentágono Robert Gates, un insistente partidario de ganar la guerra en Irak como objetivo mínimo. Ahora está “menos preocupado” –dijo– por las promesas de campaña del presidente electo, dado que éste comentó que la retirada de Irak se haría de manera “responsable” y que dependerá de la opinión de los jefes militares (rawstory.com, 2-11-08). En esas condiciones, tal vez no haya sido un trabajo pesado tranquilizar a un belicista de la talla de Gates.

El senador Lindsey Graham, el almirante Nike Mullen, jefe de Estado Mayor Conjunto, y otros “halcones-gallina” republicanos elogiaron estos nombramientos de Obama (www.timesonline.co.uk, 1-12-08). No es para menos: tienen un firme bastión en Hillary Clinton, la nueva secretaria de Estado, acérrima partidaria de la invasión a Irak y Afganistán y de atacar a Irán con bombas nucleares. Se recuerda su propia confesión: “Llamé por teléfono (a su esposo presidente) y lo urgí a bombardear (Yugoslavia)” en el marco de la OTAN; los bombardeos duraron 74 días y a nadie perdonaron. Cabe señalar que la era de Bill no fue precisamente pacifista: a poco de instalarse en la Casa Blanca bombardeó Irak en 1993; logró que la ONU le impusiera a Saddam Hussein un embargo que costó la vida de medio millón de niños iraquíes; atacó a Sudán y Afganistán; desestabilizó a Haití; militarizó la ambigua lucha contra los narcotraficantes que se ha convertido en contrainsurgencia y que no ahorra vidas de civiles inocentes en América latina; apoyó la privatización de las operaciones militares norteamericanas otorgando enjundiosos contratos a la industria armamentista; autorizó la venta de armas a países como Indonesia y Turquía, utilizadas en el genocidio de kurdos y habitantes de Timor Oriental. Un record que el olvido suele abrigar.

Obama nombró jefe del staff de la Casa Blanca a Rahm Emanuel, admirador de las ejecuciones extrajudiciales israelíes, impulsor del servicio paramilitar obligatorio para todos los estadounidenses de 18 a 25 años de edad, del aumento de los efectivos de las fuerzas armadas y de la creación de un sistema de espionaje semejante al MI5 británico. Está en buena compañía: el general (R) James L. Jones, ex comandante del cuerpo de marines y amigo personal del derrotado candidato republicano John McCain, será el asesor jefe de seguridad nacional y es difícil suponer que el hecho de pertenecer al directorio de Boeing no influirá en sus decisiones. Susan Rice, la próxima embajadora de EE.UU. ante la ONU, apoya una intervención militar en Sudán por la crisis de Darfur, de preferencia con la participación de la OTAN. Etc., etc.

Barack mismo ha anunciado objetivos de guerra que poco cambian las políticas de Clinton y de ambos Bush: el incremento de la guerra en Afganistán; el eventual mantenimiento por largo rato de un número ingente de efectivos en Irak; la intervención unilateral en Pakistán; el empleo de ejércitos privados en las zonas donde combate EE.UU.; entre otras cosas. Su vice Jose Biden no es un demócrata cualquiera: como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, sostuvo las mentiras de W. desestimando en el 2002 los testimonios de expertos que señalaban que Irak no tenía armas de destrucción masiva ni constituía una amenaza para la región “y mucho menos para EE.UU.” (www.alternet.org, 20-11-08). Rara vez un cambio se ha parecido tanto a una continuidad.

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