Reggio’s Weblog

Pasión por las montañas mágicas, de Gregorio Morán en La Vanguardia

Posted in Ecología, Medio ambiente, Sociedad by reggio on 31 mayo, 2008

SABATINAS INTEMPESTIVAS

Anteayer hubiera cumplido 41 años Iñaki Ochoa de Olza Seguín -no sé por qué le quitan siempre el segundo apellido, como si los himalayistas no tuvieran madre-. Había nacido un 29 de mayo, que es como estar marcado por el destino de montañero en su más alto concepto; tal día como ese de 1953 pisaron la cima del Everest dos leyendas, Hillary y Tensing. Si hay una historia que aún no tiene quien la escriba, que yo sepa, es la de los himalayistas; un puñado de personas obsesionadas con un reto humano que no está al alcance sólo de una gran voluntad, sumada a una aguzada inteligencia y una descomunal preparación física, sino de algo más complejo que suma voluntad, inteligencia y excepcionales condiciones físicas, algo indescriptible hasta el día de hoy y que lo suma todo. El arte de subir ¡y bajar! los 14 picos superiores a los 8.000 metros de altitud que conforman la cordillera del Himalaya.

Sí, es verdad que hace unos días la cima del Everest tuvo poco menos que implantar turnos para que cerca de cien escaladores la hollaran, como si se tratara de la Pica d´Estats (pico más alto de Catalunya, 3.143 m) en un puente veraniego, y que hay montones de basuras montañeras, aseguran, en algunas rutas nepalíes. Pero eso son esclavitudes de la época que nos ha tocado vivir, porque somos muchos y muy mal educados, y basta que un rico tenga veleidades de alpinista para que le monten una tournée por el Everest con sherpas de película y helicópteros de apoyo. No estamos hablando de eso, sino de otro mundo, el de aquellos que viven de y para la montaña, para quienes una cordada, un ascenso, una expedición, incluso fallida, sin coronar nada que no sea el agotamiento, constituye no sólo lo más hermoso y vivo y solidario, sino su forma de ser, aquello para lo que creen haber nacido. Su máxima pasión, su única fe inquebrantable.

Estoy hablando de Iñaki Ochoa de Olza, muerto el viernes de la semana pasada, a las doce y media, hora de Nepal, en una angosta tienda de lona, acompañado por otra leyenda del himalayismo, el suizo Ueli Steck, que ya no podía hacer nada por él salvo verle morir reventado por dentro con un edema cerebral primero, que lo dejó mudo e inmóvil, y otro pulmonar que le cerró el fuelle. Estaba a 7.400 metros de altura y acababa de hacer su segundo intento de coronar el Annapurna, por mal nombre traducido Diosa de la Abundancia, la que los grandes del himalayismo dejan para el final, como hizo Iñaki. El año pasado había atacado por el norte, pero no llegó. Esta vez lo hizo por el sur y se quedó a cien metros de la cima, cien, exhaustos los dos compañeros de cordada. Lo contó el superviviente, un dentista rumano, Horia Colibasanu.

Ochoa de Olza era un montañero que además escribía. Y es sabido que entre subir ochomiles y escribir artículos, lo segundo es lo más fácil. Recuerdo una de sus máximas, impresionante en su eficacia cesariana: la rapidez es seguridad. Avanzar despacio en la altísima montaña es aumentar las probabilidades de riesgo. Inolvidable también su manera de enfocar el fracaso. El relato de su caída libre mientras subía al K2 en 1994 es un prodigio de sensibilidad y sentido del ridículo: se quejaba de la abultada mochila y fue gracias a ella que salvó la vida, por más que se le partiera el cuerpo y quedara colgando durante muchas horas, muchas.

Sólo faltaban cien metros pero los síntomas de congelamiento, el mal de altura y la meteorología les hicieron bajar hasta los 7.400, donde metidos en la tienda el dentista rumano vivió cuatro jornadas de las que no se olvidan. A Ochoa de Olza le estalló la cabeza, se volvió mudo y ya no pudo moverse. Si los días aseguran que tienen 24 horas, estando metido en una tienda a tal altura podría aventurar que las horas se hacen infinitas y los minutos duran eternidades. Este héroe fraterno, el rumano dentista, fue derritiendo hielo y dándoselo a Iñaki, siguiendo como podía las instrucciones telefónicas que le llegaban desde Pamplona, donde la familia y los amigos de la fraternidad montañera trataban de hacer lo posible para que la sangre no se haga pasta y sobrevenga el final. Trato de imaginar lo que deben ser cuatro días en una tienda con un moribundo lleno de vida, con el sentimiento de que si sigues allí te vas a morir tú también y que no te queda otra opción que calcular hasta dónde llegan tus fuerzas, para marchar en el último minuto, cuando hayas garantizado que alguien se va a hacer cargo de aquel a quien tú dejas exhausto e inerte.

Esta odisea necesitaría espacio, talento y una pluma de excepción para contarla en toda su grandeza. ¿Qué resorte saltó entre los implacables hombres de las nieves, los himalayistas, para que en número de catorce, la misma cifra mágica y nada cabalística, que indica otros tantos picos obsesivos, se lanzaran a la tarea de hacer lo imposible para salvar a Iñaki Ochoa de Olza Seguín? El kazajo Denis Urubko que se reponía de otra ascensión se echó al monte, nunca mejor dicho, en una temeraria ascensión con bombonas de oxígeno que hubieran podido ser la última oportunidad. Los suizos Ueli Steck y Simon Anthamatten acudieron al reclamo y en un tiempo récord ascendieron hacia la tienda del campo 2, a tal ritmo que Anthamatten sufrió un ataque y hubo de abandonar. El canadiense, el mismo que se había separado de la cordada del navarro y el rumano, volvió sobre sus pasos para echar una mano. Quizá tratar de bajarle. ¿Cómo se baja a un tipo que no puede moverse? Se le mete en el saco de dormir y se le lleva arrastrando, pero cuando llegan los desniveles pronunciados ahí es Troya. No hay helicópteros que puedan acceder hasta 7.000, salvo algunos del ejército, pero los militares de Nepal, donde acaban de derribar la monarquía, no están para montañeros. Incluso el ruso Sergei Bolotov, que había conseguido llegar hasta la cima del Annapurna y que tras coronarla se zumbó y bajó a trompicones, volvió a subir tratando de acercarle una cámara hiperbárica. Y así hasta catorce. Sin contar Pamplona, donde debieron colocar las agujas del reloj en la parte menos blanda del corazón.

El único que logró llegar a tiempo, es un decir, fue el suizo Steck que hubo de recoger al rumano que bajaba ya con el edema pulmonar a cuestas y ayudarle a llegar al campo 3. Hay que tener una resistencia física más allá de lo excepcional para luego volver a subir hasta la tienda de Iñaki y en contacto por satélite con el grupo de Pamplona, ir suministrándole Edemox y Dexametasona, que poco efecto podía hacerle ya. Quizá le hubiera servido el oxígeno que llevaba el kazajo Denis Urubko a marchas forzadas, pero aún le faltaban cinco horas de ascensión, ¡nada más que cinco horas!, decía un montañero experto. Cinco horas de ascenso a 7.000 metros las medimos los ciudadanos de a pie en infinitos. Falleció a mediodía del viernes, 23 de mayo, y con buen criterio la familia decidió que se quedará allí entre las nieves perpetuas. Ni un riesgo más para los catorce avezados escaladores del Himalaya; o hay vida o no la hay, el resto es literatura. Había muerto un hombre cabal, vegetariano sin fundamentalismos, sensible, con más de 30 expediciones a la cordillera nepalí, que había hecho 15 ochomiles (subió por tres veces el Cho Oyu). Sólo le faltaban dos de las mágicas montañas, el Kangchenjunga y el Annapurna en el que se le fue la vida.

La última foto que conozco de Ochoa de Olza -uno de esos tipos atractivos que no hacen ningún esfuerzo por parecerlo, con una sonrisa algo retadora, como si te preguntara con una mirada cómplice “¡Qué! ¿Te animas?”-se la hicieron en Nepal mientras se preparaba para este segundo intento de coronar el Annapurna. Está delante de la lápida que recuerda a quien había sido su amigo, el montañero ruso Anatoli Boukreev, que murió en la escalada funesta de 1997. Detrás de Iñaki se pueden ver unos versos en ruso a modo de epitafio firmado por el propio Boukreev: “Las montañas no son metas donde satisfago mi ambición, son las catedrales donde practico mi religión”.

A mí de todo lo que conozco del montañero navarro la idea que más me gusta es un comentario banal y profundo que le retrata. “Los niños son los únicos que no me preguntan nunca por qué lo hago. Lo ven natural”.

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Visiones de Solana y Felipe sobre Europa, de Lluís Foix en Los Blogs de La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 31 mayo, 2008

He asistido a las sesiones del 50 aniversario del Cercle d’Economia, un foro de pensamiento, de intelectuales y empresarios, que ha impulsado muchas de las transformaciones que ha vivido España en el último medio siglo.

Voy a referirme a las intervenciones de Javier Solana y Felipe González. El primero, europeísta en acción, trabajador y preparado, ha dado cuatro pinceladas que han situado la magnitud de los cambios que están en marcha y que difícilmente son detectables.

El mundo occidental, argumenta Solana, lleva el piloto automático puesto con la geoeconomía cabalgando sobre la geopolítica. El mercado es universal, sin trabas y sin fronteras, sin reglas, y es imparable, no se le puede atrapar, porque no está envuelto con ropaje jurídico internacional.

Es necesaria la política para que la globalización no caiga en el precipicio de los nacionalismos económicos que empiezan a asomarse en varios países industrializados. Los ganadores son los que están gestionado la globalización, los que más consiguen con ello, al margen de que otros se pierdan en el camino o, incluso, queden descolgados de la riqueza que generan esos monstruos financieros sin cara y sin ideas que no sean las de obtener más beneficios.

Vuelve el proteccionismo, advierte Solana, hasta el punto que la campaña electoral norteamericana, uno de los debates más interesantes y más de fondo es cómo servirse de la globalización sin ser globalizado.

El poder es un bien escaso que hay que repartirlo en unos tiempos en los que está cambiando de manos. El colectivo de países emergentes, desde China a India y desde Brasil a México y Rusia, piden un plato en la mesa de los grandes de este mundo. Y no se les puede negar porque tienen fuerza económica y superioridad demográfica.

El llamado mundo occidental cuenta con uno de cada seis ciudadanos del planeta. De los 400 millones de nuevos humanos que vendrán hasta el año 2020, sólo 40 estarán en Occidente. Pensar que este desequilibrio demográfico y económico no tendrá consecuencias en nuestra economía y en el poder occidental, es desconocer la realidad.

Cinco años después del fracaso de la guerra de Iraq, ya no hay crisis entre Europa Y Estados Unidos sobre la invasión. Lo inquietante es que ni siquiera juntos se sabe cómo se puede salir de Iraq ni tampoco cómo se puede permanecer indefinidamente en la región con tantos efectivos militares.

Hay pesimismo en Estados Unidos y en Europa sobre la crisis económica, generada por la globalización que ha dado peso y fuerza a países los países emergentes. A pesar de todo, Solana es optimista como cualquier hombre de acción y de pensamiento.

Rusia es un gigante pero también es una incógnita. No se tiene la seguridad de que sabrá administrar con inteligencia sus grandes recursos energéticos. Es muy importante lo que ocurra en Georgia y en toda la región que rodea al Mar Caspio, por donde puede pasar la energía de Oriente a Occidente sin el control de Rusia.

Qatar, por ejemplo, tiene un millón de habitantes y unas reservas petrolíferas y financieras que le convierten en una pequeña gran potencia que, además, ha tenido el acierto de desarrollar una televisión global en árabe, Al Jazzeera, que distribuye con criterios occidentales toda la información relativa al mundo árabe.

Israel, por ejemplo, está negociando un posible pacto con Siria, al margen de Europa y de Estados Unidos. Es Turquía el país que está sirviendo de puente entre esos dos países antagónicos y enemigos.

La posición de Felipe González es más desinhibida y más libre porque sólo tiene que presidir una comisión de sabios para dar un veredicto sobre la situación en Europa para el año 2010. Felipe ha abierto su intervención diciendo que Europa está distraída, rígida, sin ahorros, sin ejércitos y con “el futuro a nuestras espaldas”.

Se queja González por qué Europa no es una potencia tecnológica tal como se aprobó en la agenda de Lisboa hace ocho años. Europa crece poco desde hace tiempo. No se puede aguantar una rigidez corporativa, de las empresas y de los sindicatos, en un mundo competitivo.

Qué hace Europa con el desafío energético. Poco. La dependencia de Rusia, dice Felipe, es excesiva y es hora de que se abra de nuevo el debate sobre la energía nuclear “yo, que firmé la moratoria nuclear”. Vivir para ver. Puede darse la circunstancia que España y Alemania sean dos islas sin energía nuclear propia pero que la importan de los países vecinos.

Otra preocupación de González es cómo afrontar los flujos migratorios que se han planteado en Europa como una necesidad pero también como un problema.

La última cuestión que plantea son las amenazas que se ciernen sobre la Unión Europea cuando ha caído el Muro de Berlín y estamos todavía pensando en cómo defender los territorios. González sostiene que o hay una política exterior y de seguridad comunes, o perderemos la batalla. No es preciso que sea una política única, sino común.

Son dos reflexiones de dos europeístas de gran nivel, en plena actividad Solana, y con la libertad de Felipe que ha ironizado diciendo que la libertad es inversamente proporcional al poder que se tiene.

Felicidades al Cercle d”Economía, a la junta saliente presidida por José Manuel Lara o a la entrante con Salvador Alemany al frente.

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El socialismo liberal / 4, de José Vidal-Beneyto en El País

Posted in Política by reggio on 31 mayo, 2008

Los textos son casi siempre generadores de ambigüedad y con frecuencia de confusión. En especial los periodísticos. Esto es lo que está sucediendo con mi contribución al tema al que vuelve este artículo. Conviene pues que diga que yo no defiendo, no he querido defender la corriente ideológica-política que cubre la designación socialismo liberal sino que habiendo vuelto a encontrar, 30 años después, los fecundos e ignorados textos de Carlo Rosselli, Guido Calogero, Jean Matouk, Rainer Eisfeld y Aldo Capitini he comprobado que la problemática que les era común conservaba toda su centralidad. Pues la necesidad de instalar la libertad en el corazón mismo de la igualdad y de establecer entre ambas una indisociabilidad radical tiene hoy mayor vigencia, si cabe, que cuando Bobbio la postulaba en Quale Socialismo? -Einaudi 1976-.

Los escapismos individualistas y las exquisiteces hedonistas del pensamiento postmoderno han dejado intacta la estructura de la dominación: los ricos cada vez más poderosos y los poderosos cada vez más ricos. Los promotores de la libertad perdidos en su burbuja personal, los defensores de la justicia social dispuestos a sacrificarlo todo en el altar de lo colectivo. Frente a esta doble renuncia, el sincretismo de las conciliaciones blandas de la Tercera Vía a que nos invita Giddens es un más de lo mismo, absolutamente condenable porque confirma, querido colega Antonio González, el primado de lo híbrido, que acompaña el vivir contemporáneo y subraya lo incongruente de un antagonismo que funciona como desencadenante de múltiples reacciones casi inútiles en la misma dirección.

Entre ellas, en estos días, aquí en Francia, dos en forma de libros-entrevista. Uno de un joven cuarentón franco-catalán, hijo de un gran pintor barcelonés, Xavier Valls, que proclama al mismo tiempo su moderación y su impaciencia de poder, exigiendo una renovación total pero sin romper nada, sin agravios ni sangre. Manuel Valls en las casi 200 páginas de su diálogo con Claude Askolovitch, proclama una y otra vez su pragmatismo, que con los resultados de su acción como alcalde de la ciudad de Evry, son su única credencial política. Un pragmático que quiere cambiarlo todo, hasta el nombre de su partido que dejaría de llamarse socialista. Lo mejor de Manuel Valls, con sus prisas y su simpática ingenuidad, es que no engaña, comenzando por el título de su libro Para acabar con el viejo socialismo… y ser por fin de izquierdas. El autor, de un extremo posibilismo, reivindica, con las debidas precauciones, los OGM y la energía nuclear así como su convencimiento de que “no se puede ser progresista, si no se es liberal”. No tiene sentido, porque no es su propósito, buscar en el libro de Valls una profundización de estos términos y de la posible fecundidad de su conjunción. A él le basta con proclamarse renovador.

La otra reacción también de un alcalde, pero esta vez de París, es la de Bertrand Delanoë, al que el actual director del diario Libération, Laurent Joffrin, somete a una larga entrevista, que acaba de ser publicada en forma de libro con el título de De l’audace! Después de siete años al frente de la alcaldía parisina y de un balance que se considera, en términos generales, positivo, Delanoë es un serio candidato a la jefatura del Partido Socialista francés, y más allá a la presidencia de la república de su país, ya en competencia abierta con Ségolène Royal y la larga lista de rivales potenciales: François Hollande, Lionel Jospin, Strauss-Kahn, etc., razón que aconseja dejar su tratamiento en detalle para mejor ocasión.

Hoy y aquí sólo insistir en su vocación y capacidades de gestión desde la izquierda que profesa y ejerce. Delanoë el antigauchista militante, totalmente alérgico al comunismo, para quien la economía de mercado no es una opción ni un debate sino un hecho, sólo se interesa por los proyectos que conducen a la acción como es propio de quien se considera parte de la izquierda de gobierno. Lo que quiere decir, según él, aceptar las exigencias de la gestión e introducir los métodos del management privado en la administración pública, o sea, conocer y adoptar la cultura de la empresa. Todo esto lo dice y hace el alcalde de París con la serenidad y autoridad con la que se declaró públicamente homosexual. Delanoë se manifiesta como liberal porque considera la libertad como algo irrenunciable en un demócrata socialista. Pero sin ahondar tampoco en esta necesaria coexistencia.

Por lo demás, la implacable redundancia mediática vuelve al tema, una y otra vez. En Le Monde de ayer dos referencias: una de Thomas Ferenczi en su crónica Las socialdemocracias en busca de renovación y otra de Christian Salmon en su columna de la última página.

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El juez en el columpio, de Enrique Cerdán Tato en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 31 mayo, 2008

Se puede tener un sueño o más propiamente una pesadilla, y a la mañana siguiente tratar de evocarla y aun de explicarla, lo que ya resulta un esfuerzo que te puede dejar quebrado. Es el caso de la reciente imputación de María José Contreras, a cargo del titular del Juzgado de Instrucción número 19 de Valencia, por un supuesto delito de aborto. Personalmente, considero que este respetable funcionario es un Tirofijo de la Justicia o un exabrupto de Hans Arp o Francis Picabia o cualquier otro dadaísta perdido en una arruga del tiempo. Un Tirofijo porque se requiere mucha paciencia y más puntería para acertar, entre cientos y aun miles de mujeres que, en una campaña de solidaridad con las abortistas y las clínicas autorizadas a practicar las interrupciones voluntarias de embarazos, en supuestos legales, se autoinculparon, en un acto genérico y de carácter simbólico. Pues de entre aquellos cientos y aun miles de mujeres de toda España, movilizadas por asociaciones feministas, por lo que se ve, la única imputable era María José Contreras, y el juez ha atinado, a la primera. Buen ojo. Y qué pulso. Por descontado, estando como estaban contra toda lógica y toda parálisis del pensamiento, Arp o Picabia o Duchamp, con su precisión matemática, nos hubieran dejado de este episodio la pintura de un juez con su toga columpiándose en un jardín helado, sobre un fondo de enebros. En su reciente comparecencia en el juzgado, María José Contreras, haciendo uso de sus derechos, se ha negado a declarar, y ante determinadas preguntas solo ha dicho que considera que hay cosas que pertenecen a la más absoluta intimidad de su vida y que, en consecuencia, no daba explicación alguna. Concluyente.

En esta actuación judicial, sorprenden varios aspectos. Uno de ellos, la prisa, y otro, la singularidad. Si la campaña de solidaridad con las abortistas se produjo en febrero, la diligencia del respetable funcionario resulta elogiosa, mayormente cuando conocemos, y así se ha aireado en los medios de comunicación, las lamentables deficiencias de la Justicia, desde la falta de personal a su urgente adecuación informática, para agilizarla en beneficio de todos. Pero esa misma diligencia levanta suspicacias, toda vez que en otros casos, como los de violencia doméstica, se mueven con lentitud, y la imputada que participó en aquellas manifestaciones durante el periodo electoral era candidata de EUPV, donde milita, y esta afiliada a CC OO. Circunstancias que han motivado la preocupación, la sospecha y la protesta de diversos partidos y plataformas, como la del 14 de abril, que consideran que María José Contreras es víctima de una persecución política. Desde EUPV, su coordinadora, Glòria Marcos, estima necesaria una reforma del Código Penal que despenalice el delito de aborto y que “permita a las mujeres decidir de manera libre sobre su cuerpo y también sobre su maternidad”. Por su parte, Marga Sanz, secretaria general del PCPV, ha calificado de esperpento esta situación, que tiene de surreal más que de dadá. Mientras un juez se columpia, sube al frontispicio valenciano de la solidaridad la única abortista simbólica de toda España. Qué panorámica.

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Hipermodernidad, de Lucía Méndez en El Mundo

Posted in Política by reggio on 31 mayo, 2008

ASUNTOS INTERNOS

La obra del sociólogo Gilles Lipovetsky es un referente obligado para explicar el mundo en el que vivimos. Los tiempos hipermodernos es una de sus obras más conocidas. En ella, el intelectual francés asegura que «el principio de ‘todo lo nuevo es bello’ se impone como amo y señor del presente». Lipovetsky define la hipermodernidad como «una sociedad caracterizada por el movimiento, la fluidez, la flexibilidad, más desligada que nunca de los grandes principios estructuradores de la modernidad, que han tenido que adaptarse al ritmo hipermoderno para no desaparecer». La novedad como religión.Hay que modernizar la modernidad misma.

Desconozco si después de un sesudo análisis político o sin querer, el presidente Zapatero supo descubrir que Cristina Garmendia era una mujer hipermoderna y por eso la nombró ministra de Ciencia e Innovación. Según la última encuesta del CIS, esta mujer ha logrado situarse la tercera en la lista de ministros mejor valorados, después de María Teresa Fernández de la Vega y Carme Chacón.La vicepresidenta se ha currado el primer puesto más que de sobra.Y la ministra de Defensa tres cuartos de lo mismo, viajando embarazada a Afganistán. Pero, ¿qué ha hecho Cristina Garmendia para sacar mejor nota que políticos de la talla de Alfredo Pérez Rubalcaba o Pedro Solbes?

Es verdad que sólo la valora el 13,7% de los encuestados. Pero la valoran extraordinaria-mente bien, con una nota de 5,46. Se puede decir que Cristina Garmendia ha aprobado al examen sin presentarse. O, siguiendo las enseñanzas de Lipovetsky, la ministra de Ciencia e Innovación es buena por la sencilla razón de que es nueva.

Habría que saber cómo preguntan los encuestadores del CIS. Si la pregunta fuera ¿cómo valora a la ministra de Ciencia e Innovación?, la buena nota estaría justificada porque la palabra innovación suena muy bien. Ahora bien, si preguntaron directamente por Cristina Garmendia, entonces la cosa se complica. En el tiempo que lleva en el cargo, la ministra está inédita. No ha comparecido en el Parlamento, ni se ha prodigado en ruedas de prensa, ni ha hecho declaraciones llamativas, ni ha respondido a ninguna pregunta en la sesión de control, ni siquiera ha salido mucho en la tele.¿Qué es lo que ha visto en ella ese 13,7% de los encuestados que le pone una nota de 5,46? Sólo hay una explicación: han valorado únicamente su atractivo físico, su estilo de ejecutiva hipermoderna dedicada a la biotecnología. Poca gente sabe lo que es, pero suena muy bien.

«El universo del consumo y la comunicación de masas se presenta como una fantasía, un mundo de seducción y de movimiento incesante cuyo modelo no es otro que el sistema de la moda», dice Lipovetsky.Gracias a estas y otras cosas, los cien días de gracia del Gobierno no son sólo de gracia, sino de música celestial. Y ahora la pregunta.¿Cuántos encuestados dirían que el PP es un partido hipermoderno? Pues eso.

© Mundinteractivos, S.A.

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La caída, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 31 mayo, 2008

SABATINA SABATICA

El Rey se ha caído, y la secuencia del traspiés se ha repetido en todos los medios con relevancia desproporcionada. ¿Sí? El poderoso es quien está arriba, por encima, sobre los demás, en un pedestal, en un podio, en una tarima, en una tribuna, en una peana, quien mira y habla hacia abajo. El suelo es el terreno de los iguales insignificantes. Cuando el poderoso cae, viene a nosotros, abandona por accidente su lugar dominante y preponderante, se nos iguala. Las revoluciones, lo primero que hacen, es abatir estatuas, tirar por tierra a los que, como Dios, nos miran desde lo alto y nos hacen más pequeños todavía.

Pero hay un gusto y una atracción por la caída que no concierne sólo a la leve complacencia de ver al poderoso desdibujado, perdiendo la solemnidad que le hace superior. El gran elemento del cine cómico, desde la época muda, fue la caída. La caída del otro nos hace reír aunque el otro no sea el poderoso, el superior, sino nuestro igual. La caída de cualquiera nos provoca una risa inmediata. ¿Qué explicación tiene esa risa tan automática?

Cuando tropezamos y caemos ante la vista de otros, nos avergonzamos súbitamente. Miramos, instintivamente, hacia todas partes para comprobar si hemos sido observados, si hay testigos de nuestro mal paso. La caída, con la desnudez, son las dos vergüenzas automáticas del hombre. Ambas implican, al parecer, una pérdida simbólica de la dignidad. Somos más vestidos y rectos, como si desandar la distancia con nuestra lejana condición animal -gatear, andar a cuatro patas y en desnudez- fuera el colmo de nuestro rebajamiento.Caer, en terminología religiosa, es incurrir en la tentación y en el pecado. En la degradación de una condición más alta.El diablo es el ángel caído. Quien cae es, según esto, quien se degrada y empeora. El infierno de los malos y los réprobos está abajo.

Por tanto, hay miedo a la caída, al largo vacío de la caída desde lo más alto. El vértigo. El miedo a las alturas. Desde la altura se cae más y más bajo. La fobia de tanta gente.

Y, sin embargo, en contradicción, la atracción por el abismo.La atracción por medirse con la posibilidad de la caída. La cornisa, el acantilado, la terraza. Hace rato que estamos lejos de la risa. Estamos en un campo de oscura intensidad. De tensión. Y nos lanzamos desde aviones, desde puentes, desde trampolines.Caer, medirse con la caída, y que no pase nada. Caer de pie.Caer y volver a subir. Caer para estar con quienes ya están abajo, lejos del pedestal, del poder y de la virtud. Descender. Preferir el infierno y quienes lo habitan. La fascinación del niño y del adulto por lo que se derrumba. El edificio, la montaña, el andamio.Lo que muere, cae. El infartado, el tiroteado. El suicida elige, con frecuencia, dejarse caer desde lo alto.

En sueños, soñamos que caemos. Y el despertar es brusco. Y soñamos que volamos, y queremos volar, burlar la inevitabilidad de caer si estamos altos y sobre el vacío. Gusto por el avión, miedo a volar. Bueno, el Rey se levantó. Lo importante es levantarse.Cada día.

© Mundinteractivos, S.A.

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Lecciones de Pedro J., de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Derechos, Medios, Política by reggio on 31 mayo, 2008

SIN ENMIENDA

El juicio que se sigue contra el locutor de la COPE, Federico Jiménez Losantos, por injurias graves contra el alcalde Ruiz-Gallardón, ha derivado en una lección magistral acerca de la libertad de expresión y la censura impartida por ese honoris causa en la materia llamado Pedro J. Ramírez. Da gusto escuchar al director de El Mundo hablar sobre estos asuntos tan principales porque se nota que sabe un rato y, además, se pone estupendo y cita al descuido a columnistas del New York Times tan liberales como él para apoyar sus siempre bien fundadas opiniones.

En su biografía lo oculta, posiblemente por modestia, pero Ramírez puede presumir de ser el único director de periódico al que el Tribunal Constitucional ha condenado por vulnerar la libertad de expresión de un periodista de su medio, lo que explica su hondo conocimiento acerca de este derecho fundamental, así como de sus límites y sus transgresiones. Cuando alguien como él nos habla de libertad de expresión lo hace con la misma pasión que un entomólogo usaría para referirse a las cucarachas y con similar erudición. Y eso merece un respeto.

A tenor de lo anterior, surge la primera conclusión: Losantos, por ejemplo, puede afirmar que el ABC da pelotazos inmobiliarios para desviar las plusvalías a paraísos fiscales, puede llamar “rata” a un colega o afirmar muy convencido que los dirigentes de Esquerra son “pistoleros no arrepentidos”, porque todo ello, incluido llamar “hijo de Satanás” a Gallardón constituyen simples escaramuzas o, en su defecto, ardides radiofónicos para mantener la tensión en seis horas de programa. Pero si un periodista de El Mundo opina en una tertulia de televisión que el responsable del periódico ha hecho todo lo posible para vulnerar el derecho de huelga de los trabajadores y afirma que ha utilizado furgones policiales para sacar los ejemplares del diario de la rotativa, se le debe impedir volver a esa tertulia para evitarle los madrugones.

Hay que proteger la libertad de expresión, pero sólo la de los periodistas que saben expresarse, esencialmente Ramírez y Losantos, una pareja de hecho deontológicamente pura. La Constitución no lo dice –se supone que por economía del espacio- pero cuando recoge este derecho ampara únicamente a los profesionales mejor informados y más ricos. Por lo general, una cosa lleva a la otra. Pongamos otro ejemplo de lo anterior: Ramírez conoce, porque es un periodista de una pieza, que los accionistas italianos de su medio van a comprar en un plazo de meses acciones del periódico con una prima del 500%. ¿Qué hace el avispado informador? Ofrece a algunos trabajadores de El Mundo, a través de una sociedad instrumental en la que figura él mismo, comprar esos mismos títulos al 200%. La libertad de mercado es uno de los pilares de la libertad de expresión.

Para los neófitos es preciso recordar que este derecho es unidireccional, de forma que a Losantos, que es muy ocurrente, le ampara la ley para decir que Moratinos es “la nada con sobrepeso”, que Gallardón es un “bandido” o que el instructor del 11-M “se ha tragado las pruebas falsas como los antiguos tragasables del circo Price”. Lo contrario es un ataque a la libertad de expresión, es decir a la suya. Así, quienes se encadenaron ante la sede de la COPE para exigir que se retirara la licencia a la emisora en Cataluña, además de ser unos maleantes secesionistas, no ejercían ningún derecho sino que atentaban contra el de Losantos, que es de Teruel y patriota.

Nos tiene que entrar en la cabeza que en este envite nos jugamos el sistema democrático y que su defensa ha de ser tan contundente como la que el director de El Mundo ha hecho de esa piscina de Mallorca construida en suelo público de la que es propietario, un símbolo hídrico de la unidad de España amenazada por el independentismo rampante. Nótese aquí cómo un tema personal sirve de acicate a la libertad de expresión, manifestada en decenas de páginas de periódico dedicadas a las supuestas corruptelas del ex diputado de Esquerra que osó entrar en la bañera de Ramírez con un meyba de indiscutible mal gusto. La defensa del derecho no quedó ahí: el periodista visitó ministros e hizo que su alberca fuera contemplada in situ por destacados políticos de la oposición para que certificaran la calidad de sus aguas y se libraran a un tiempo de su libertad de expresión. Como culminación, Ramírez llevó al malandrín de Esquerra a los tribunales como sólo él sabe hacerlo: haciendo que el periódico costee el pleito.

Pero no nos desviemos del caso que nos ocupa. Sostuvo Ramírez ante el Tribunal que si la querella contra Losantos saliera adelante “sería introducir un elemento de censura” y “todos los periodistas sufriríamos una restricción” Nuevamente, nos hablaba con datos palpables, con la experiencia de quien ha visto de cerca la censura y ha llegado a abrazarla para luego contar fielmente lo que se siente al bailar pegado con las tijeras.

Citemos un nuevo ejemplo. Un redactor de El Mundo entra a su despacho y pisa la moqueta de nubes diseñada por su esposa. Le manifiesta que obra en su poder un manual de los servicios secretos de tiempos de la UCD en el que aparecen párrafos textuales de lo que luego se denominó acta fundacional de los GAL. “El GAL se lo come el PSOE; no estoy dispuesto a manchar a la UCD con esto”, le dice enojado. ¿Alguien cree que no sufrió al evitar que la verdad resplandeciera y censurar su publicación? Sintió dolor, no hay duda.

De todos los males que aquejan hoy a la libertad de expresión, quizás el principal haya sido la irrupción de Internet. Antes las cosas funcionaban relativamente bien. Con unos miles de millones se montaba un medio de comunicación y la gente rica y de bien era libre para expresarse, porque es sabido que los menesterosos no tienen nada que decir. Ahora, el sistema se tambalea porque cualquier sujeto te monta una página web y te suelta sus tonterías. Y Losantos tiene que insultar para mantener su audiencia. Y Ramírez tiene que defenderle. Y los dos querrían que ganara el PP para que les montara un grupo multimedia, pero Gallardón es un traidor y Maricomplejines Rajoy otro. Y así nos va.

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No saben, sí contestan, de Javier Ortiz en Público

Posted in Política by reggio on 31 mayo, 2008

Hay sondeos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) cuya lectura me deja en un estado de ánimo que deambula entre la perplejidad y la melancolía.

Del último de los que se han dado a conocer, me han llamado particularmente la atención las valoraciones sobre los políticos (y las políticas) que registra: que si Carme Chacón esto, que si Teresa Fernández de la Vega lo otro, que si Solbes lo de más allá. (Éste aprueba, la otra suspende, y todo en ese plan.)

Cuando leo los resultados de ese tipo de informes, me pregunto algo elemental: ¿con qué base de conocimientos técnicos evalúa la inmensa mayoría la gestión concreta de unas y otros en tanto que responsables de la cosa pública? Me pregunto eso y me doy una respuesta tirando a obvia: la gente opina sin apenas información y con muy magros fundamentos teóricos. Lo que el personal acaba juzgando es si Fulano parece solvente, si Zutana tiene aire de sensata, si Perengana resulta simpática… Aspectos no necesariamente estúpidos, pero sí superficiales.

En el fondo no es el problema de los estudios del CIS, sino el del sistema democrático, en su conjunto: buena parte del electorado se pronuncia empujado por una mezcla de querencias propias y apariencias ajenas.

Alguna vez he sugerido la posibilidad de que el CIS realice un macrosondeo en el que pregunte a los españoles, en masa, si consideran que E es igual a mc2 , como sostiene la célebre pero no muy sencilla teoría de Albert Einstein. Supongo que una parte de los encuestados respondería sensatamente que no tiene ni idea, pero me juego lo que sea a que habría un montón que contestaría con un sí o con un no.

La experiencia me ha probado que a muchísimas personas les cuesta una barbaridad reconocer su ignorancia sobre determinados asuntos, pero a otras tantas les choca todavía más que alguien se abstenga de opinar sobre algo. Te preguntan, alegas que no sabes lo suficiente como para pronunciarte y te miran como si trataras de evadirte del asunto por alguna razón inconfesable.

Lo normal –como participante y escuchante de tertulias lo sé de sobra– es que haya la tira de gente que no sabe, pero sí contesta.

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Renegados-abnegados, de Antonio García Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Derechos, Política by reggio on 31 mayo, 2008

El gobierno Ibarreche ha propuesto a su Parlamento que legitime, mediante ley, una consulta al pueblo vasco para que éste exprese su aprobación o su rechazo del derecho a decidir su futuro, o sea, a su autodeterminación. Este término filosófico no equivale a independencia. En el campo de la política significa, exactamente, derecho a la independencia. Lo que el nacionalismo vasco quiere, por ahora, no es independizarse de España, sino el derecho de hacerlo cuando lo considere oportuno o posible.

Para entender la propuesta sustantiva de Ibarreche hay que separarla del tema adjetivo de ETA, cuyo desarme, a cambio de que sea legalizado el derecho de autodeterminación, solo es un anzuelo para incautos ignorantes de que el terrorismo vasco se basa en la visión de la independencia como derecho natural de liberación, frente a un ocupante extranjero, y no como derecho positivo derivado de la existencia legal en el pueblo vasco del derecho a decidir su futuro. Pero Ibarreche no es el creador de la amalgama de lo sustantivo -el derecho de los vascos a decidir su futuro- con lo adjetivo -la negociación con ETA para que se desarme, como contrapartida al reconocimiento por el Estado español de ese derecho. La consulta popular propuesta por Ibarreche se limita a copiar, casi al pie de la letra, la fórmula ideada por Zapatero en la frustrada negociación directa con ETA. La única diferencia está en que ahora el negociador quiere ser el PNV. La igualdad de la fórmula no expresa, sin embargo, un mismo sentimiento reaccionario contra la identidad y la integridad de España. En el PSOE predomina la ambición de prolongar indefinidamente su hegemonía, mediante la confederación de autogobiernos territoriales en un solo Estado. El PNV quiere retirar al terrorismo la exclusiva de la independencia estatal del País Vasco, asumiendo la causa de ETA, pero no los efectos de su acción terrorífica .

La diferencia sentimental que separa al PSOE del PNV es la que existe entre la abnegación y la renegación. Mientras que el renegado nacionalista expresa la doble negación de España y de lo español, para dotarse de una nueva identidad mediante la construcción de una nueva nación con Estado propio, el abnegado socialista realiza el doloroso sacrificio de negarse a sí mismo, para afirmarse en el poder gubernamental que los nacionalismos le propicien en un Estado laico en cuestión de nacionalidades.

florilegio

“El sacrificio que implica la abnegación no depende de la aparente nobleza o vileza de la causa a que se inmola. En realidad, no hay tipo alguno de altruismo que, sin ser monstruoso, pueda justificar la negación de sí mismo.”

Dos apuntes sobre la carta abierta de una muchacha del siglo pasado, de Salvador López Arnal en Rebelión

Posted in Política by reggio on 31 mayo, 2008

Nada hubiera quebrantado el sentimiento que nos embargaba cuando talaron los seis árboles y luego el séptimo. Un minúsculo triunfo, sin duda, en medio de nuestra impotencia de prisioneros uniformados. Pero un triunfo al fin, que nos hizo tomar conciencia de nuestra propia fuerza, esa fuerza que nosotros mismos habíamos considerado una de tantas fuerzas de la tierra, a pesar de ser en realidad la única que puede agigantarse de pronto hasta lo inconmensurable.

Anna Seghers, La séptima cruz.

El inolvidable, y recientemente fallecido, Volodia Teitelboim publicó en 1997 Un muchacho del siglo XX. Ignoro si la fundadora de Il Manifesto llegó a inspirarse en el título de las memorias del intelectual y dirigente político chileno pero la coincidencia es significativa (y hermosa a un tiempo).

Rossana Rossanda, la “vieja comunista”, la muchacha de nuestro siglo, ha escrito una carta abierta a la izquierda alternativa 1. Magnífica, excelente, imprescindible, como todo lo suyo, un escrito de lectura obligada que debería guardarse en el archivo de lecturas obligadas, y que habrá que tener muy a mano en la mesa de estudio y releer con frecuencia. Como en sus conferencias, como en sus ensayos, como en sus artículos en Il Manifesto, la autora de Una muchacha del siglo pasado demuestra, una vez más, que es una intelectual comunista imprescindible y que sigue siendo una filósofa política decisiva de nuestra contemporaneidad.

Me propongo argumentar aquí en torno a un breve paso, por lo demás marginal, de la carta y a señalar, brevemente, alguna consideración sobre algunos de los ámbitos de análisis que en ella se apuntan.

Ya en sus compases iniciales escribe Rossana Rossanda sobre la convulsión en que se halla Refundación Comunista tras la contienda electoral italiana y señala: “[…] ¿por qué, la muy desgraciada [Refundazione], tuvo que participar en el gobierno? No tendría que haber entrado, se dice; debería haberlo apoyado desde fuera. No veo qué habría cambiado: o votaba una y otra vez las leyes del gobierno, renunciando a aportar desde dentro incluso lo poco que consiguió introducir, o no votaba con el gobierno, y el gobierno habría caído entre un estrépito de voces clamando contra la “irresponsabilidad” de la izquierda. Como en 1998. No fue sino tras esa ruptura que Refundación Comunista empezó a crecer”.

No conozco suficientemente la situación política italiana para poder valorar con prudencia esta reflexión, pero sí creo que vale la pena aquilatar una consecuencia que puede extraerse de la consideración de Rossanda, inferencia que, sin embargo, la autora italiana en ningún momento colige: no existe norma política razonable que pueda defender en estos momentos, sin consideraciones ulteriores, que de entrada sea correcto o incorrecto participar en gobiernos estatales de centro izquierda (o incluso en gobiernos más decantados a la derecha). El difícil don de la oportunidad política, el análisis detallado y ponderado de la situación, el análisis concreto de la situación concreta decíamos tiempo atrás, deberá ayudarnos a decidir. Éste sería, pues, el principio de actuación que podría extraerse de la reflexión de Rossanda –repito: no digo que ella extraiga ni que se infiera necesariamente de sus palabras-: el dependerá, digámoslo así, será la norma para la abierta toma de posición en tales o cuales circunstancias.

Lo que intento defender aquí precisamente es la tesis contraria; esto es, que en la actual correlación de fuerzas, por decirlo en términos clásicos, la izquierda alternativa en el ámbito europeo2 no debería pretender participar en tareas gubernamentales de ámbito estatal –no me pronuncio sobre su participación en estados federados, comunidades, gobiernos municipales o poderes de alcance similar-, salvo en casos de extremísima necesidad que no parecen vislumbrarse hoy por hoy en el horizonte político más inmediato.

De hecho, en mi opinión, la izquierda alternativa debería renunciar explícitamente a ello, y señalar públicamente que, hoy por hoy, una de sus finalidades, en el ámbito institucional, de esto estoy hablando aquí únicamente, es presionar, controlar, reconducir desde el exterior, cuando tal pretensión no sea simple ensoñación, la política de las fuerzas políticas con tradición y aspiración gubernamentales, y con mayorías sociales y parlamentarias a su favor. Este sería, si se me permite, un principio político de precaución que debería guiar a la izquierda alternativa.

Doy mis razones en su defensa:

1. La participación en esos gobiernos, en posiciones siempre muy minoritarias, obliga a la izquierda alternativa a ser copartícipe, lo quiera o no, de políticas totalmente alejadas, o incluso contrarias, a su ideario. Consecuencia inevitable (y, por lo demás, positiva e indicativa de buena salud poliética): la ciudadanía más activa, más próxima al proyecto que se defiende, se desilusiona, se siente traicionada y se aleja con ira y desconfianza de la organización.

2. Es igual que la izquierda alternativa bascule políticamente en torno al principio normativo, justo y razonable, del “programa, programa y programa”. Cualquier negociación, en las actuales circunstancias, obligará a aceptar una parte sustantiva (y la acción de gobierno subsiguiente, por lo general, prepotente y autista y en ocasiones clientelar) del ideario electoral de las fuerzas que aspiran como horizonte máximo a gestionar el sistema, intentando poner en algún caso controles al deseo de dominación absoluta sin ninguna interferencia que es, como es sabido, el actual programa mínimo y máximo de las fuerzas representativas del Capital, y del Capital mismo claro está.

3. Apoyar puntualmente al gobierno del Estado en determinados asuntos, sólo en casos puntuales y con luz y taquígrafos, y sin que ello conlleve forzosamente ganancias ni prebendas partidistas propias, permite alejarse de otras decisiones no compartidas, y empuja a las fuerzas que dirigen esos gobiernos a aliarse con formaciones afines a su ideario y posición políticas, mostrando ante la ciudadanía de forma mucho más nítida sus pretensiones y alianzas. Ejemplo hogareño, provinciano si se quiere, pero muy ilustrativo: el apoyo de CiU al PSOE en la votación parlamentaria de 20 de mayo de 2008 oponiéndose a la moción crítica, presentada por ICV, del escandaloso comportamiento público del señor David Taguas, antiguo director de la oficina económica del Gobierno de Rodríguez Zapatero (indemnización 60.000 euros; sueldo por su trabajo en SEOPAN, la patronal (de)constructora: 300.000) muestra bien a las claras quienes y cuáles son las peligrosas (y esenciales) amistades del actual gobierno. Recuérdese que el señor Duran i Lleida se las da de duro (ante su clientela conservadora) y de honesto (ante su electorado catalanista), aunque su partido –digámoslo así-, Unió Democrática, esté acusado de mil y una corruptelas.

4. Participar en gobiernos de naturaleza “centrada” y “reformista”, en las actuales circunstancias de escasísima militancia y muy limitada capacidad organizativa, puede ser origen, acostumbra a ser causa, del surgimiento de un grupo político privilegiado y autónomo (es decir, de un sector de políticos profesionales), alejado crecientemente de las corrientes sociales más críticas, más activas, menos entregadas, que con el tiempo devienen incluso una rémora para el funcionamiento autónomo y “libre” de las propias formaciones políticas. Ejemplo de libro-manual: la participación de ICV-EUiA en el gobierno de la Generalitat dirigiendo políticamente la actuación de las fuerzas policiales catalanas y defendiendo el trasvase de las aguas del Ebro, con ocultación a la ciudadanía (y pacto de silencio con el gobierno central en campaña electoral) de lo que previamente ya se había decidido, además de su indecisión actual para dar marcha atrás cuando la situación de sequía parece superada y sin decir en ningún momento, ni señalar nunca, el papel activísimo y netamente interesado de la empresa Agbar en la gestión y desarrollo de la crisis (La red de distribución de agua de Cataluña pierde el 25% del caudal conducido, y, más en concreto, la cañería que provee a Barcelona de agua el Ter pierde 11 millones de litros al día por doce fugas, según informaciones extraídas de diarios tan respetables como El País y La Vanguardia).

5. La participación en gobiernos de esa naturaleza es, por lo demás, otra vía más de deslumbramiento cultural, ideológico, de aceptación acrítica de valores extendidos que, como sostenían los clásicos con razones que sigue siendo atendibles, acostumbran a ser los valores de las clases y grupos dominantes. Otro ejemplo en la misma dirección y con el mismo marco político-cultural: la pasividad de las fuerzas de izquierda catalanas (incluyendo esta vez los sindicatos descaradamente oficialistas de la UGT y CCOO) para enfrentarse al proyecto de bases de la nueva ley de Educación y la supresión de los estudios de bachillerato nocturno según aspiración y deseo políticos de un consejero de Educación del gobierno del que se forma parte, consejero que, además de las amenazadas vertidas, ha mentido en más de una ocasión a la ciudadanía sobre sus planes y decisiones.

En síntesis: las fuerzas de izquierda alternativa deberían ser, en el ámbito institucional, fuerzas abiertas a acuerdos puntuales (y a su seguimiento posterior) en determinados asuntos sin pretensiones gubernamentales en su agenda.

Rossana Rossanda afirma también que está convencida de que no se construirá un nuevo sujeto político dentro de los muros de un partido y de que: “[…] sólo podrá lograrse un sujeto político que esté a la altura de la derrota sufrida, si se es capaz de dar cuenta y razón de lo que ha significado concretamente la mundialización para nosotros, cortados de y aun salpicados por nuestra propia historia, pero obligados, a fin de cuentas, a bailar al son de la música planetaria. Si no somos capaces de verlo y de hacerlo ver, no se hace, creo, sino generar engañosas ilusiones”.

Probablemente tenga razón. No estoy seguro en cambio que sea tan sólo –tampoco Rossanda defiende exactamente una cosa así- una cuestión de estudio y análisis. La izquierda, las izquierdas, han avanzado mucho en ese terreno y los estudios, acaso no siempre suficientemente concretos, sobre la globalización y sus consecuencias no son asuntos marginales ni un páramo de investigación en nuestro ámbito. En cambio, creo que la izquierda necesita cambios sustanciales en sus formas organizativas internas, en la manera de defender sus ideas ante la ciudadanía y en la originalidad e intensidad de sus propuestas. Telegráfica, esquemáticamente.

De lo primero: nadie en su sano juicio, y con corazón limpio, saca provecho de reuniones mal organizadas, mal planteadas, en atmósferas nada afables, sin apenas liturgia política laica, con exceso de pragmatismo y con la vista puesta en frecuentes ocasiones, repetidamente denunciadas, en listas y posiciones supuestamente ganadoras, y con desconfianza sistemática del camarada, al que se suele juzgar siempre como hábil manipulador de un doble o triple lenguaje (en ocasiones, admitámoslo, con razones de peso y reiteradas experiencias corroboradoras).

De lo segundo: los métodos tradicionales de papeles, revistas, encuentros y manifestaciones deben ampliarse, no digo anularse, e incorporar otras formas y procedimientos: contrapublicidad; incidir en sectores que no están convencidos de nuestro ideario y que se manifiestan muy alejados de él (con la didáctica necesaria, especial y paciente, para el caso); aprovechar adecuadamente y de manera original la presencia en los medios; cambiar nuestro lenguaje desgastado y hablar, por ejemplo, cuando sea el caso de despotismo empresarial o violencia patronal como hablamos de violencia de género; pensar en acciones directas y decididas que hagan tambalear caminos trillados. Etc. La huelga de los trabajadores de SEAT y de los conductores de autobuses de Barcelona pueden enseñarnos mucho en este terreno. Aunque, sin duda, en este ámbito el porvenir está abierto y mucho está por hacer y experimentar.

De las propuestas y a título de ejemplo: P. Fernández Liria señalaba en la sección “Cartas al director” de Público, del pasado 26 o 27 de mayo, una medida razonable para mejorar la sanidad y la educación públicas: proponer que se obligue por ley a los representantes políticos a usar la sanidad pública y a llevar a sus hijos e hijas a escuelas, institutos y universidades públicos. No es descabellado, no es un absurdo, no es izquierdismo, no es ningún irrealismo cegado. Senderos similares están llenos de buenas y atendibles ideas, propuestas, por lo demás, comprensibles para la ciudadanía menos politizada..

La muchacha del siglo finaliza su carta a la izquierda alternativa señalando: “Las formas del estar juntos nacen del hacer y en el hacer. El gobierno está ya lanzado a la ofensiva, no podemos permitirnos el error. Una identidad no consiste, desde luego, en reempaquetar el pasado (por otro lado, nunca revisado de manera verdaderamente genuina), sino en leer el hilo, o en recoger los hilos, del presente, exponiéndose a interpretaciones y propuestas, ordenando y sosteniendo con severidad, y todos de consuno, el telar. Sí, con severidad; es decir, no demagógicamente, no arrogantemente, no apresuradamente. No cerrando, no escurriendo el bulto, no poniendo entre paréntesis. Exponiéndose.”

Sin que sirva de precedente, creo que Rossana Rossanda yerra en el punto del error: debemos permitirnos el error aunque gobiernos de derecha y poderes afines sigan en una ofensiva declarada. Es indudable, como afirma la muchacha del pasado y presente siglo, que debemos exponernos sin arrogancia y sin escurrir el bulto. Sin perder viejas y razonables aspiraciones y el espíritu de rebeldía que es, no lo olvidemos, la sal de la tierra de una izquierda que no haya olvidado, siguiendo a un joven revolucionario llamado Karl Marx, que sigue siendo decisivo no sólo interpretar sino transformar el mundo.

1 Véanse: http://www.sinpermiso.info, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67614.

2 Dudo en el caso de “Die Linke”, pero creo que también es aplicable a su caso esta versión política del principio de precaución. La trágica (e impensable años atrás) experiencia de Los Verdes alemanes enseña mucho en este asunto. O eso creo.

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Cómo fabricar una crisis global, de Walden Bello en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 31 mayo, 2008

Cuando cientos de miles de personas se manifestaron en México el año pasado contra un incremento al precio de la tortilla, muchos analistas culparon a los biocombustibles. A causa de los subsidios del gobierno estadunidense, los granjeros de ese país dedicaban más hectáreas al maíz para etanol que para alimento, lo cual disparó los precios. Esta desviación del uso del maíz fue sin duda una causa de la elevación de precios, aunque probablemente la especulación de intermediarios con la demanda de biocumbustible tuvo mayor influencia. Sin embargo, a muchos se les escapó una pregunta interesante: ¿cómo es que los mexicanos, que viven en la tierra donde se domesticó el maíz, han llegado a depender del grano estadunidense?

La erosión de la agricultura mexicana

No puede entenderse la crisis alimentaria mexicana sin considerar que en los años anteriores a la crisis de la tortilla la patria del maíz fue convertida en una economía importadora de ese grano por las políticas de “libre mercado” promovidas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y Washington. El proceso comenzó con la crisis de deuda de principios de la década de 1980. México, uno de los dos mayores deudores del mundo en desarrollo, fue obligado a implorar dinero del banco y del FMI para pagar el servicio de su deuda con bancos comerciales internacionales. El precio de un rescate fue lo que un miembro del consejo ejecutivo del BM describió como “intervencionismo sin precedente”, diseñado para eliminar aranceles, reglamentaciones estatales e instituciones gubernamentales de apoyo, que la doctrina neoliberal identificaba como barreras a la eficiencia económica.

El pago de intereses se elevó de 19 por ciento del gasto federal total en 1982 a 57 por ciento en 1988, en tanto el gasto de capital se derrumbó de 19.3 a 4.4 por ciento. La contracción del gasto gubernamental se tradujo en el desmantelamiento del crédito estatal, de los insumos agrícolas subsidiados por el gobierno, los apoyos de precio, los consejos estatales de comercialización y los servicios de extensión.

Este golpe a la agricultura campesina fue seguido por uno aún mayor en 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Aunque dicho tratado consideraba una prórroga de 15 años a la protección de productos agrícolas, entre ellos el maíz, pronto comenzó a fluir maíz estadunidense altamente subsidiado, lo cual redujo los precios a la mitad y hundió al sector maicero en una crisis crónica. En gran medida a causa de ese acuerdo, México se ha consolidado como importador neto de alimentos.

Con el cierre de la entidad gubernamental comercializadora de maíz, la distribución de importaciones maiceras de Estados Unidos y del grano nacional ha sido monopolizada por unas cuantas comercializadoras trasnacionales, como Cargill. Eso les ha dado tremendo poder para especular con las tendencias del mercado, de modo que pueden manipular y magnificar muchas veces los movimientos de demanda de biocombustibles. Al mismo tiempo, el control monopólico del comercio doméstico ha asegurado que una elevación en los precios internacionales del maíz no se traduzca en precios significativamente más altos a pagar a los pequeños productores.

Cada vez resulta más difícil a los productores mexicanos de maíz eludir el destino de muchos otros pequeños productores en sectores como arroz, carne de res, pollo y cerdo, quienes se han venido abajo por las ventajas concedidas por el TLCAN a los productos subsidiados estadunidenses. Según un informe del Fondo Carnegie de 2003, las importaciones agrícolas de EU han dejado sin trabajo a 1.3 millones de campesinos, muchos de los cuales han emigrado al país del norte.

Las perspectivas no son buenas, pues el gobierno mexicano continúa en manos de neoliberales que desmantelan sistemáticamente el sistema de apoyo al campo.

Creación de la crisis del arroz en Filipinas

Que la crisis global de alimentos se origina en la restructuración de la agricultura por el libre mercado resulta más claro en el caso del arroz. A diferencia del maíz, menos de 10 por ciento de la producción mundial de arroz se comercializa. Además, en el arroz no ha habido desviación del consumo hacia los biocombustibles. Sin embargo, en este solo año los precios se han triplicado, de 380 dólares por tonelada en enero a más de mil dólares en abril. Sin duda, la inflación deriva en parte de la especulación de los cárteles mayoristas en una época de existencias escasas. Sin embargo, el mayor misterio es por qué varios países consumidores de arroz que eran autosuficientes se han vuelto severamente dependientes de las importaciones.

Filipinas ofrece un triste ejemplo de cómo la restructuración económica neoliberal transforma un país de exportador neto a importador neto de alimentos. Es el mayor importador mundial de arroz. El esfuerzo de Manila por asegurarse provisiones a cualquier precio se ha vuelto nota de primera plana, y las fotos de soldados que resguardan la distribución del cereal en comunidades pobres se ha vuelto emblemática de la crisis global.

Los trazos generales de la historia de Filpinas son similares a los de México. El dictador Ferdinando Marcos fue culpable de muchos crímenes y malos manejos, entre ellos no llevar adelante la reforma agraria, pero no se le puede acusar de privar al sector agrícola de fondos gubernamentales. Para paliar el descontento de los campesinos, el régimen les otorgó fertilizantes y semillas subsidiadas, impulsó mecanismos de crédito y construyó infraestructura rural. Durante los 14 años de su dictadura, sólo en uno, 1973, se tuvo que importar arroz debido al extenso daño causado por tifones. Cuando Marcos huyó del país, en 1986, había 900 mil toneladas métricas de arroz en los almacenes del gobierno.

Paradójicamente, los siguientes años de gobierno democrático vieron encogerse la capacidad de inversión gubernamental. El BM y el FMI, actuando por cuenta de acreedores internacionales, presionaron al gobierno de Corazón Aquino para que diera prioridad al pago de la deuda externa, que ascendía a 26 mil millones de dólares. Aquino accedió, aunque los economistas de su país le advirtieron que sería “inútil buscar un programa de recuperación que sea consistente con el pago de la deuda fijado por nuestros acreedores”.

Entre 1986 y 1993, entre 8 y 10 por ciento del PIB salió de Filipinas cada año en pagos del servicio de la deuda. Los pagos de intereses en proporción al gasto gubernamental se elevaron de 7 por ciento en 1980 a 28 por ciento en 1994; los gastos de capital cayeron de 26 a 16 por ciento. En suma, el servicio de la deuda se volvió la prioridad del presupuesto nacional.

El gasto en agricultura cayó a menos de la mitad. El BM y sus acólitos locales no se preocupaban, porque un propósito del apretamiento del cinturón era dejar que el sector privado invirtiera en el campo. Pero la capacidad agrícola se erosionó con rapidez, el riego se estancó, y hacia finales de la década de 1990 sólo 19 por ciento de la red caminera del país estaba pavimentada, contra 82 por ciento en Tailandia y 75 por ciento en Malasia. Las cosechas eran anémicas en general; el rendimiento promedio de arroz era de 2.8 toneladas por hectárea, muy debajo de los de China, Vietnam y Tailandia, donde los gobiernos promovían activamente la producción rural. La reforma agraria languideció en la era posterior a Marcos, privada de fondos para servicios de apoyo, que habían sido la clave para las exitosas reformas de Taiwán y Corea del Sur.

Como en México, los campesinos filipinos enfrentaron la retirada en gran escala del Estado como proveedor de apoyo. Y el recorte en programas agrícolas fue seguido por la liberalización comercial; la entrada de Filipinas en la Organización Mundial de Comercio (OMC) tuvo igual efecto que la firma del TLCAN para México. La membresía en la OMC requería eliminar cuotas en las importaciones agrícolas excepto arroz, y permitir que cierta cantidad de cada producto ingresara con bajos aranceles. Si bien se permitió al país mantener una cuota en importaciones de arroz, tuvo que admitir el equivalente a entre uno y 4 por ciento del consumo doméstico en los 10 años siguientes. De hecho, a causa del debilitamiento de la producción derivado de la falta de apoyo oficial, el gobierno importó mucho más que eso para compensar una posible escasez. Esas importaciones, que se elevaron de 263 mil toneladas en 1995 a 2.1 millones en 1998, deprimieron el precio del cereal, lo cual desalentó a los productores y mantuvo la producción a una tasa muy menor a la de los dos principales proveedores del país, Tailandia y Vietnam.

Las consecuencias del ingreso de Filipinas a la OMC barrieron con el resto de la agricultura como un tifón. Ante la invasión de importaciones baratas de maíz, los campesinos redujeron la tierra dedicada a ese cultivo de 3.1 millones de hectáreas en 1993 a 2.5 millones en 2000. La importación masiva de piezas de pollo casi acabó con esa industria, en tanto el aumento de importaciones desestabilizó las de aves de corral, cerdo y vegetales.

Los economistas del gobierno prometieron que las pérdidas en maíz y otros cultivos tradicionales serían más que compensadas por la nueva industria exportadora de cultivos “de alto valor agregado” como flores, espárragos y brécoles. Poco de eso se materializó. El empleo agrícola cayó de 11.2 millones en 1994 a 10.8 millones en 2001.

El doble golpe del ajuste impuesto por el FMI y la liberalización comercial impuesta por la OMC hizo que una economía agrícola en buena medida autosuficiente se volviera dependiente de las importaciones y marginó constantemente a los agricultores. Fue un proceso cuyo dolor fue descrito por un negociador del gobierno filipino durante una sesión de la OMC en Ginebra: “Nuestros pequeños productores agrícolas son masacrados por la brutal injusticia del entorno del comercio internacional”.

La gran transformación

La experiencia de México y Filipinas se reprodujo en un país tras otro, sujetos a los manejos del FMI y la OMC. Un estudio de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en 14 países descubrió que los niveles de importaciones agrícolas en 1995-98 excedieron los de 1990-94. No era sorprendente, puesto que uno de los principales objetivos del acuerdo agrícola de la OMC era abrir mercados en países en desarrollo para que absorbieran la producción excedente del norte.

Los apóstoles del libre mercado y los defensores del dumping parecieran estar en extremos opuestos del espectro, pero las políticas que propugnan producen el mismo resultado: una agricultura capitalista industrial globalizada. Los países en desarrollo se integran en un sistema en el que la producción de carne y grano para exportación está dominada por grandes granjas industrializadas como las manejadas por la trasnacional tailandesa CP, en las que la tecnología es mejorada continuamente por avances en ingeniería genética de firmas como Monsanto. Y la eliminación de barreras tarifarias y no tarifarias facilita un supermercado agrícola global de consumidores de elite y clase media, atendidos por corporaciones comercializadoras de granos como Cargill y Archer Daniels Midland, y minoristas trasnacionales de alimentos como la británica Tesco y la francesa Carrefour.

No se trata sólo de la erosión de la autosuficiencia alimentaria nacional o de la seguridad alimentaria, sino de lo que la africanista Deborah Bryce-son, de Oxford, llama la “descampesinación”, es decir, la supresión de un modo de producción para hacer del campo un sitio más apropiado para la acumulación intensiva de capital. Esta transformación es traumática para cientos de millones de personas, pues la producción campesina no es sólo una actividad económica: es un modo de vida milenario, una cultura, lo cual es una razón de que en India los campesinos desplazados o marginados hayan recurrido al suicidio. Se calcula que unos 15 mil campesinos indios han acabado con su vida. El derrumbe de precios por la liberalización comercial y la pérdida de control sobre las semillas ante las empresas de biotecnología son parte de un problema integral, señala Vandana Shiva, activista por la justicia global: “En la globalización, el campesino o campesina pierde su identidad social, cultural y económica de productor. Ahora un campesino es ‘consumidor’ de semillas y químicos caros que venden las poderosas corporaciones trasnacionales por conducto de poderosos latifundistas y agiotistas locales”.

Agricultura africana: de la sumisión al desafío

La descampesinación se encuentra en estado avanzado en América Latina y Asia. Y si el Banco Mundial (BM) se sale con la suya, África marchará en la misma dirección. Como correctamente señalan Bryceson y sus colegas en un artículo reciente, el Informe mundial de desarrollo para 2008, que hace extensa referencia a la agricultura en África, es prácticamente un proyecto de transformación de la agricultura del continente, basada en campesinos, en una explotación agrícola comercial en gran escala. Sin embargo, como ocurre en muchos otros lugares hoy día, los pupilos del banco pasan del hosco resentimiento al abierto desafío.

En tiempos de la descolonización, en la década de 1960, África era en realidad exportadora neta de alimentos. Hoy el continente importa 25 por ciento de sus alimentos; prácticamente todos sus países son importadores netos. La hambruna se ha vuelto un fenómeno recurrente; sólo en los tres años pasados han surgido emergencias alimentarias en el cuerno de África, el Sahel y en las partes sur y centro del continente.

La agricultura en África se encuentra en profunda crisis, y las causas van desde las guerras hasta el mal gobierno, falta de tecnología agrícola y propagación del VIH/sida. Sin embargo, como en México y Filipinas, parte importante de la explicación es la cancelación de controles y mecanismos de apoyo gubernamentales conforme a los programas de ajuste estructural impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el BM para apoyar en el servicio de la deuda externa.

El ajuste estructural acarreó descenso de la inversión, aumento del desempleo, reducción del gasto social, disminución del consumo y baja producción. Levantar los controles de precios a los fertilizantes y reducir al mismo tiempo los sistemas de crédito agrícola sencillamente condujo a una reducción en el uso de fertilizantes, cosechas menos abundantes y menor inversión. Además, la realidad se negó a conformarse a la expectativa doctrinaria de que el retiro del Estado abriría el camino para que el mercado dinamizara la agricultura. El sector privado, percibiendo correctamente que la reducción del gasto gubernamental crearía más riesgo, se abstuvo de entrar al quite. En un país tras otro, la partida del Estado alejó la inversión privada en vez de atraerla. Si bien los comerciantes privados sí remplazaron al Estado, indica un informe de Oxfam, “a veces lo han hecho en términos sumamente desfavorables para los campesinos pobres”, con lo cual los campesinos “han quedado en mayor inseguridad alimentaria, y los gobiernos, atenidos a los flujos de ayuda internacional, que son impredecibles”. The Economist, por lo regular inclinado hacia el sector privado, está de acuerdo, pues reconoce que “muchas de las empresas privadas llevadas para remplazar a los investigadores del Estado resultaron ser monopolistas en busca de ganancias”.

El poco apoyo que se permitió acopiar a los gobiernos africanos fue canalizado por el Banco Mundial a la agricultura de exportación con el fin de generar divisas necesarias para el pago de la deuda. Pero, como en Etiopía durante la hambruna de la década de 1980, esto condujo a dedicar tierra buena a cultivos de exportación, y los de alimentos se desplazaron a suelo menos apropiado, lo cual exacerbó la inseguridad alimentaria. Además, como el BM alentó a varias economías a enfocarse en los mismos cultivos de exportación, con frecuencia el resultado fue la sobreproducción, que generó caídas de precios en los mercados internacionales. Por ejemplo, el éxito mismo de la expansión de la producción de cacao en Ghana provocó un descenso de 48 por ciento en el precio internacional entre 1986 y 1989. En 2002-03, un colapso de los precios del café contribuyó a otra emergencia alimentaria en Etiopía.

Como en México y Filipinas, el ajuste estructural en África no se refirió sólo a la baja inversión estatal, sino también al desvío de esa inversión. Pero hubo una importante diferencia: en África el BM y el FMI ejercieron una microadministración, tomando decisiones referentes a con qué rapidez cancelar los subsidios, cuántos empleados públicos despedir y hasta, como en el caso de Malawi, cuántas de las reservas de granos del país había que vender y a quién. En otras palabras, los procónsules del banco y el FMI penetraron en la entraña misma de la participación estatal en la agricultura para desmantelarla.

En el impacto negativo del ajuste tuvieron parte las injustas prácticas comerciales de Estados Unidos y la Unión Europea. La liberalización permitió que carne de res subsidiada de la UE arruinara a los ganaderos de Sudáfrica. Con subsidios legitimados por la OMC, productores estadunidenses saturaron los mercados mundiales de algodón a entre 20 y 55 por ciento del costo de producción, lo que llevó a la bancarrota a campesinos de África occidental y central.

Según Oxfam, el número de africanos subsaharianos que viven con menos de un dólar al día casi se duplicó, a 313 millones, entre 1981 y 2001: 46 por ciento del continente. El papel del ajuste estructural en crear pobreza era difícil de negar. Como reconoció el economista en jefe del BM: “No creímos que los costos humanos de estos programas pudieran ser tan grandes, y que las ganancias económicas tardaran tanto en llegar”.

Malawi representa la tragedia africana desencadenada por el FMI y el BM. En 1999 el gobierno de ese país lanzó un programa para dar a cada familia de pequeños propietarios un paquete inicial de fertilizantes y semillas. El resultado fue un superávit nacional de maíz. Lo que vino después es una historia que debería ser consagrada como un clásico estudio de caso de una de las mayores metidas de pata de la economía neoliberal.

El Banco Mundial y otros donadores obligaron a reducir y a la larga eliminar el programa, alegando que el subsidio distorsionaba el comercio. Sin los paquetes gratuitos, la producción decayó. Entre tanto, el FMI insistió en que el gobierno vendiera gran parte de sus reservas de granos para permitir que la dependencia encargada de las reservas pagara sus deudas comerciales. El gobierno cedió. Cuando la crisis alimentaria dio lugar a la hambruna de 2001-02, ya no quedaban reservas. Unas mil 500 personas perecieron. El FMI no mostró arrepentimiento; de hecho, suspendió sus desembolsos de un programa de ajuste sobre la base de que “el sector paraestatal continuará representando riesgos a la exitosa aplicación del presupuesto 2002-03. Las intervenciones gubernamentales en los alimentos y otros mercados agrícolas desalientan otras inversiones más productivas”.

Para cuando se desarrolló una crisis aún peor, en 2005, el gobierno había tenido suficiente de la estupidez del BM y el FMI. Un nuevo presidente reanudó el subsidio para fertilizantes, permitiendo a 2 millones de familias comprarlo a la tercera parte de su precio al menudeo, y adquirir semillas con descuento. El resultado: cosechas abundantes durante dos años, un superávit de un millón de toneladas de maíz y la transformación del país en proveedor de grano al sur de África.

Hace 10 años, el desafío de Malawi al BM habría sido un acto de resistencia heroico, pero inútil. Hoy el entorno es diferente, porque el ajuste estructural ha ganado descrédito en toda África. Incluso algunos gobiernos y ONG donantes que solían apoyarlo se han distanciado del banco. Tal vez la motivación sea prevenir que su influencia en el continente se vea más erosionada al asociarlo con un enfoque fallido e instituciones impopulares en momentos en que la ayuda china fluye como alternativa al Banco Mundial, el FMI y los programas de ayuda de los gobiernos occidentales.

Soberanía alimentaria: ¿paradigma alternativo?

No sólo el desafío de gobiernos como el de Malawi y el disenso de antiguos aliados socavan al FMI y al BM. Organizaciones campesinas de todo el planeta se han vuelto cada vez más militantes en su resistencia a la globalización de la agricultura industrial. De hecho, la presión de los grupos campesinos ha llevado a los gobiernos del Sur a negarse a otorgar mayor acceso a sus mercados agrícolas y a exigir un cuantioso recorte a los subsidios agrícolas de Estados Unidos y la Unión Europea, lo cual condujo al estancamiento de las negociaciones de la ronda de Doha de la OMC.

Los grupos campesinos tienen ahora redes internacionales; una de las más dinámicas que han surgido es Vía Campesina, que no sólo busca “sacar a la OMC de la agricultura” y se opone al paradigma de una agricultura industrial globalizada, sino también propone la soberanía alimentaria como alternativa.

La soberanía alimentaria significa, en primer lugar, el derecho de una nación a determinar su producción y consumo de alimentos y la exclusión de la agricultura de regímenes de comercio global como el de la OMC. También significa consolidar una agricultura centrada en los pequeños productores protegiendo al mercado doméstico contra las importaciones baratas, fijando precios competitivos para campesinos y pescadores, suprimiendo todos los subsidios directos e indirectos y suspendiendo las subvenciones domésticas que promuevan una agricultura no sustentable. La plataforma de Vía también demanda poner fin al régimen de derechos de propiedad intelectual relativos al comercio (TRIP, por sus siglas en inglés), que permite a las corporaciones patentar semillas; se opone a la agrotecnología basada en la ingeniería genética, y demanda una reforma agraria. En contraste con un monocultivo integrado global, Vía ofrece la visión de una economía agrícola internacional compuesta de diversas economías agrícolas nacionales que comercien entre sí, pero enfocadas sobre todo a la producción doméstica.

Alguna vez considerados reliquias de una era preindustrial, los campesinos encabezan ahora la oposición a una agricultura capitalista industrial que los enviaría al basurero de la historia. Se han vuelto lo que Karl Marx describió como una “clase para sí misma”, políticamente consciente, lo cual contradice sus predicciones de extinción. Con la crisis global de alimentos, se han colocado en el centro del escenario y cuentan con aliados y partidarios. Porque a la vez que los campesinos se niegan a desaparecer y luchan contra la descampesinación, los sucesos del siglo XXI revelan que la panacea de la agricultura industrial capitalista globalizada es una pesadilla. Conforme se multiplican las crisis ambientales, se acumulan las disfunciones sociales de la vida urbana industrial y la agricultura industrializada crea mayor inseguridad alimentaria, el movimiento campesino cobra mayor relevancia no sólo para ese sector, sino para todos los que se ven amenazados por las consecuencias catastróficas de la visión capitalista global de organizar la producción, la comunidad y la vida misma.

Este artículo aparece en la edición de The Nation (Nueva York) del 2 de junio. Se reproduce con permiso del autor.

Walden Bello es analista y ex director ejecutivo del instituto de investigación y activismo Enfoque en el Sur Global, con sede en Bangkok.

Traducción: Jorge Anaya

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La vida de un cabecita negra, de Luis Bruschteinen en Página 12

Posted in Cultura, Historia, Internacional, Literatura, Memoria, Política by reggio on 31 mayo, 2008

El domingo pasado se agotó la película de Pino Solanas Los hijos de Fierro, que distribuyó Página 12. Todos los argentinos son devotos del Martín Fierro, pero hay muchos que no lo entienden.

Hay un país sonámbulo. Un país que declama su devoción por el Martín Fierro sin darse cuenta de que es su propia historia. El mismo país que reniega de sus cabecitas negras, que levanta monumentos a los genocidas de la conquista del desierto, ama sincera y ciegamente, esa historia de un cabecita negra que se pasa la mitad de su vida exiliado entre sus hermanos, los indios. La devoción por el Martín Fierro es un monumento a la esquizofrenia cultural argentina.

Pero la historia camina con los ojos abiertos, aunque la mayoría la lea con los ojos cerrados para tropezarse una y otra vez con los cordones que la van trenzando. Porque la historia de ese gaucho también fue escrita en el exilio, en Brasil, por José Hernández.

Hernández fue proclamado como el escritor emblemático de la cultura nacional. Pero si algo representaba era una cultura que había sido derrotada por la que finalmente lo entronó. ¿Poder de síntesis o de negación? Porque se ocultó prolijamente que el autor del Martín Fierro había sido el rostro intelectual de la montonera más vilipendiada de la historia oficial, la del general entrerriano Ricardo López Jordán, una montonera con ideas de avanzada que se oponía al centralismo porteño y al mismo tiempo luchaba por la patria grande latinoamericana. En 1871, López Jordán fue derrotado por Sarmiento y se exilió en Brasil, junto a José Hernández. En 1872 se publicó la primera edición del Martín Fierro y se vendieron 20 mil ejemplares, un éxito editorial espectacular. El triunfo de un derrotado.

En 1978, Pino Solanas presentó su película Los hijos de Fierro. También estaba en el exilio. Pero la había filmado entre 1973 y 1975 para hablar de una victoria y no de una derrota. Quería contar el fin de los 18 años de exilio de Perón y debió terminarla él mismo en el exilio. Cuando terminó la película, tres de los actores, entre ellos Julio Troxler, el “Hijo Mayor” de Fierro, ya habían sido asesinados. Como si la película no pudiera escapar a la realidad, como si fuera imposible hablar de ella sin sufrirla, como si estuviera maldecida por hablar de lo que se reniega.

En la película, la resistencia peronista, el sindicalismo rebelde, la gloriosa Jotapé son los hijos de Fierro. En 1978, esos hijos de Fierro eran buscados para la tortura y la desaparición, para asesinar a sus familias, para apropiarse de sus hijos, para borrar del mapa el más mínimo testimonio de que alguna vez hubieran existido. Otra vez la ferocidad y la sangre con ropa civilizada, otra vez el genocidio patriótico y occidental. La misma ola brutal que en la historia del país se había alzado una y otra vez.

Es difícil entender la forma en que se las han arreglado para contar la historia argentina ocultando la sangre y la ferocidad que la atraviesa. Es tan fuerte esa idea que hasta los mismos protagonistas de la historia de los ’70 no se daban cuenta de que eran producto de esa matriz. Es tan fuerte esa idea que después de la dictadura se habló de dos demonios porque decían que el grueso de los argentinos y su historia eran pacíficos.

Julio Troxler, el “Hijo Mayor”, era uno de esos demonios que crucificó el sentido común de la época. Militante de la resistencia peronista, sobrevivió a los fusilamientos de José León Suárez. Tras el ’73, fue por un breve período jefe de la policía que antes había intentado fusilarlo. En 1975 fue acribillado a mansalva por la Triple A. Era un tipo cálido, reflexivo y muy querido por sus compañeros. Antes de morir había actuado como actor de su propia historia en la película Operación Masacre y en Los Hijos de Fierro, haciendo de un perfecto Hermano Mayor. Es una de las tantas historias de este país que siempre fue tan pacífico si no fuera por sus demonios. Hablar de los demonios siempre resulta cómodo aunque deje la sensación de que alguien se perdió una parte de la película, por cerrar los ojos, por dejar hacer, por no haber hecho lo necesario, o por el odio secreto a los que sí hicieron.

Los Hijos de Fierro es el contradiscurso, como lo fue el Martín Fierro, y duele porque habla de nuestra historia.

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