Reggio’s Weblog

Una aproximación a la crisis española, de Manuel Lagares en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 12 enero, 2009

TRIBUNA / ECONOMIA

Dos terceras partes de nuestro sistema productivo lo representan los servicios y la construcción – Las exportaciones han ido perdiendo terreno hasta suponer sólo el 79% de las importaciones.

Las predicciones que anunciaban una crisis particular y profunda de la economía española se están cumpliendo, aunque su coincidencia con la crisis financiera internacional haya servido para que nuestro Gobierno se escude en esta última negando su existencia y prestándole, además, escasa atención hasta ahora. Pero quizá no sea el momento de asignar culpas sino de buscar soluciones.El punto de partida debería encontrarse en la creciente incapacidad de los productos españoles para colocarse en el exterior e, incluso, en el interior, pues mientras que entre 1995 y 1998 nuestras exportaciones superaron en valor a las importaciones, a partir de ese último año las exportaciones fueron perdiendo terreno hasta suponer en 2007 sólo un poco más del 79% de las importaciones.Salvo en Estados Unidos y en el Reino Unido, que siempre han importado más de lo que exportaban, esa situación resulta poco frecuente en los países desarrollados y demuestra que nuestros productos son poco competitivos.

Las causas quizá se encuentren en los cambios producidos durante los últimos años en el peso relativo de los sectores que generan nuestro PIB y en sus consecuencias. Así, la agricultura, la energía y, sobre todo, la industria, perdieron posiciones frente al fuerte crecimiento de la construcción y al mantenimiento del peso relativo de los servicios. En 1997 la construcción representaba el 6,5% del PIB, pero en 2007 suponía ya el 11%. Una ganancia de ese calibre implica un crecimiento muy fuerte de ese sector y cambios sustanciales en todo el sistema productivo. Si a ello se unen los más de 60 puntos porcentuales respecto al PIB que, de forma muy estable, han venido representando los servicios, nos encontramos con una estructura productiva que, en casi sus dos terceras partes, se ha especializado en producciones que utilizan mucha mano de obra y poco capital y eso explica que hayamos generado más empleo que otros países y que ahora, en la crisis, la caída el empleo sea también mucho más rápida y concentrada en la construcción y los servicios, como los recientes datos de paro demuestran.

La situación anterior tiene su origen en los intensos cambios en la demanda y oferta de los sectores señalados. En la construcción, la demanda de viviendas se ha visto fuertemente impulsada por el crecimiento de la renta disponible y por un aumento impresionante de la población -casi seis millones de personas en los últimos siete años- derivado de una inmigración descontrolada. Esa demanda también ha crecido intensamente en zonas turísticas, favorecida por los residentes estables de otros países y por los españoles que han accedido a niveles de vida más altos, generando además la demanda de mayores servicios turísticos y contribuyendo así al mantenimiento del peso relativo del sector servicios. En la demanda de viviendas existe un componente de uso directo, normal respecto a precios, y otros dos adicionales con un comportamiento anómalo. Como la vivienda constituye un depósito de valor frente al futuro, una subida de sus precios puede aumentar su demanda por motivos de precaución. Igual ocurre con las viviendas que se adquieren para la especulación, pues la continuada subida de sus precios exacerba esa demanda en lugar de disminuirla.Los datos de la oferta justifican igualmente el aumento del peso relativo de la construcción y el mantenimiento de los servicios.El extraordinario crecimiento de la población activa de estos años se ha debido básicamente a la entrada masiva de inmigrantes que, salvo contadas excepciones, poseían escasas capacidades para trabajos complejos y especializados, lo que les convertía en la mano de obra apropiada para actividades como la construcción y los servicios de más bajo nivel.

Tambien le ha influido el escaso impulso que la fuerte inversión de estos años ha proporcionado a nuestra producción industrial.La cuantía relativa de nuestras inversiones totales sólo ha sido superada en la última década por Corea del Sur y ha llegado a representar, una vez descontada la que se materializaba en viviendas, entre un 15% y un 23% del PIB. Pero, pese a su importancia, nuestras inversiones han impulsado muy débilmente la producción, que ha crecido casi exclusivamente por la aportación masiva de mano de obra, como señalan los análisis econométricos. Da la impresión de que nuestras inversiones están poco orientadas a producciones de primer nivel tecnológico. Además, tampoco se han correspondido con volúmenes parecidos de ahorro, por lo que para financiarlas hemos tenido que endeudarnos fuertemente en el exterior, dejando en una situación precaria a nuestros bancos y cajas de ahorros precisamente cuando la crisis financiera internacional cerraba los mercados de fondos líquidos.

Es posible que, al menos en parte, ese reducido impulso de nuestras inversiones a la producción se haya debido a su apreciable componente de inversiones públicas, que han representado una quinta parte de las inversiones totales excluidas las viviendas. Como las inversiones públicas se han orientado casi siempre al bienestar social y poco a facilitar la producción, han contribuido poco también al crecimiento futuro de esa producción, a la mejora del nivel tecnológico de nuestros productos o a su colocación en el mercado interior y exterior, aunque hayan hecho más felices a los ciudadanos de hoy e, incluso, hayan podido servir para aumentar las clientelas políticas.

En este contexto, el rápido ascenso del sector de la construcción y el mantenimiento de los servicios de bajo nivel, frente a la debilidad creciente de la industria y la pérdida de impulso de nuestras exportaciones, han resultado casi irremediables debido a la relativa cortedad de nuestro stock de capital productivo, a la orientación de una parte considerable de nuestras inversiones hacia el bienestar de los ciudadanos, a la escasa capacitación de la nueva mano de obra y a la fuerte apetencia de viviendas que han mostrado residentes y no residentes. No hemos elegido nuestra actual estructura de producción sino que ésta se ha impuesto irremediablemente debido a tales circunstancias, algunas de ellas inducidas por la política económica.

La crisis era inevitable. Como la vivienda tiene un periodo muy largo de maduración, origina excesos futuros de oferta en épocas de auge que impiden su ajuste rápido en las crisis. Por eso hemos acumulado un fuerte stock de viviendas no vendidas, lo que habría ocurrido igualmente incluso sin la crisis financiera internacional y aunque ésta haya acelerado ese proceso por la subida de tipos de interés y las restricciones de créditos. Los servicios también hubieran padecido intensamente en un contexto de desempleo iniciado en la construcción, aunque hayan empeorado aún más por la crisis que igualmente afecta a nuestros visitantes.

Con el fuerte stock actual de viviendas no vendidas y sin que puedan repetirse las circunstancias del pasado, nuestro modelo de producción tiene poco futuro. Tendremos crecimientos muy bajos y con fuertes tasas de desempleo, incluso cuando se supere la crisis internacional, se reduzcan los intereses y se normalicen los créditos. Los altos crecimientos que puedan conducir al pleno empleo volverán sólo cuando se aborden reformas difíciles y complejas que exigirán de cambios importantes en las inversiones públicas y privadas, aumentándolas notablemente y acercándolas más a la producción. También cuando se controle mejor la inmigración y se capacite mucho más a nuestros trabajadores, lo que llevará bastante tiempo. Necesitaremos, además, de mercados más libres, más eficientes y menos fragmentados que los actuales. Y reducir las cargas empresariales sin comprometer el equilibrio futuro de las cuentas públicas, para lo que tendremos que ahorrar mucho en gastos públicos corrientes.

Todos esos objetivos parecen, sin embargo, lejanos a nuestra política económica, que entrega la mayor parte de sus débiles recursos a unas corporaciones territoriales que frecuentemente los aplican a gastos poco orientados a estos fines, aunque puedan elevar el bienestar ciudadano; que a lo largo de décadas ha sido incapaz de definir líneas educativas mínimamente eficientes; que, además, convive a diario con mercados imperfectos sin mejorarlos y que consiente impasible una creciente fragmentación de nuestro propio mercado interior. Poco podremos lograr así, salvo prolongar una crisis profunda con una recuperación lenta y difícil que puede terminar minimizando nuestro crecimiento no por años sino por décadas. Pero no perdamos la esperanza en estos primeros días del año. De otras hemos salido con éxito.

Manuel Lagares es catedrático de Hacienda Pública y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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Lo que Zapatero sabía de la crisis de 2008, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 12 enero, 2009

A FONDO

El paro. Una lacra, un drama, un desastre, una bomba de relojería…Se agotan los adjetivos, los sinónimos, las imágenes. Cuando utilizamos para la foto de la portada de EL MUNDO del pasado 9 de enero a parados con nombres y apellidos para destacar la cifra de desocupados que estaban apuntados al Inem al 31 de diciembre de 2008 (¡3.128.963!) lo hicimos porque, a veces, las cifras, que se utilizan constante, abusivamente, son el mejor anestesiante para ocultar una realidad. Tres millones, tres millones y medio, cuatro millones…

No. La diferencia con otros números es que el paro tiene carné de identidad. Hay personas que se ven abocadas a levantarse cada día sin tener nada que hacer, forzadas a renunciar a su cualificación, a su categoría profesional, a aceptar cualquier cosa con tal de estar ocupados. Hay familias que ya no podrán pagar su hipoteca o que tendrán que cambiar a sus hijos de colegio. Hay un mundo que se derrumba y unas perspectivas sombrías que se agrandan con la angustia del final del subsidio.

Entiendo perfectamente que Zapatero tema más que a cualquier otra cosa los datos del paro. Independientemente de que el PP parezca incapaz de aprovechar la situación para acortar distancias con el PSOE, el Gobierno no puede sentirse satisfecho cuando ve que el resultado de su gestión se mide en número de desocupados.

Es verdad que hay una crisis mundial, que ese mal de muchos ayuda a diluir la responsabilidad. Pero también lo es que España es el país en el que el desempleo ha aumentado más, significativamente más, de la zona euro, más que cualquiera de nuestros socios homologables.Mucho más que en Reino Unido, que en Francia o incluso que en Italia. Y no digamos Alemania, donde incluso se ha reducido durante 2008.

Y es que los gobiernos sí pueden hacer algo contra el paro. No pueden hacer milagros. Eso no. No pueden convertir el agua en vino. Pero pueden, deben, están obligados a paliar las situaciones difíciles, sobre todo aquéllas que llevan a los ciudadanos a sentirse inútiles, desesperados, desamparados.

Recordábamos también en esa portada del día 9 de enero una frase del presidente del Gobierno de hacía justo un año: «Hemos derrotado la lacra del paro», pronunciada ya en plena precampaña electoral.Una pugna política que se centró en la economía, claro. Y en la que, a los que pronunciaban la palabra crisis, los líderes del PSOE les llamaron «antipatriotas».

Zapatero ganó sobre la base de que no estábamos en una crisis.La previsión de crecimiento, hace un año -recordémoslo- era del 3,1%. Parece mentira, ¿verdad?

Ahora, como no podía ser de otra forma, se ha rectificado. El Gobierno, Zapatero, Solbes, etcétera… dicen que nadie podía prever lo que sucedió durante 2008. Nadie podía pensar que un banco como Lehman Brothers se derrumbaría, y con él toda la banca de inversión de Wall Street.

La pregunta del millón es si Zapatero se equivocó entonces porque los datos que le pusieron sobre la mesa sus asesores estaban tan equivocados que le nublaron la vista o si el presidente ocultó la verdad, manipuló la realidad para que los ciudadanos siguieran confiados en un crecimiento alto, estable y duradero, en que las cifras de desempleo, que empezaban ya a apuntar penalidades futuras, no eran más que un contratiempo pasajero.

Acusar a alguien -más cuando se trata del presidente de un Gobierno- de mentir es duro. Pero me temo que Zapatero engañó y tal vez se engañó a sí mismo durante algunos meses al hacer su diagnóstico sobre la coyuntura económica española.

Ya en febrero de 2008, el Boletín Económico del Banco de España advirtió de que los últimos datos apuntaban a una «desaceleración más pronunciada» de lo previsto.

Organismos internacionales como el FMI o la OCDE también habían encendido la luz de alarma sobre España y pronosticaban un crecimiento menor que el contemplado por los Presupuestos Generales del Estado.

Inasequible al desaliento, Zapatero no varió ni un ápice sus previsiones. Es más, en el primer Comité Federal del PSOE que se celebró tras las elecciones generales (el 26 de marzo de 2008), Zapatero se permitió el lujo de afirmar que «la peor previsión de paro que podemos tener por delante será siempre una previsión de paro mejor que la que tuvo el PP en su última legislatura».

¿Es que nadie de su entorno le informó de qué estaba ocurriendo?

Sí. Justo dos días antes de esa inaudita declaración, la AEB, que ya verbalmente había transmitido al Gobierno su enorme preocupación por las perspectivas a corto plazo, entregó al Ministerio de Economía y al Banco de España una nota cuya información, vista ahora, tiene un valor inestimable. El contenido de dicha nota fue remitido a Moncloa.

En dicha nota se le decía al Gobierno que el exceso del mercado inmobiliario se elevaba hasta las 800.000 viviendas. Y se avisaba de una pérdida de empleo en ese sector de 260.000 personas.

Es más, se constataba que la economía española podía entrar durante ese ejercicio en recesión.

Y se le daban datos espeluznantes como, por ejemplo, que la banca española iba a tener unas necesidades de financiación de 350.000 millones de euros, a los que había que añadir unos vencimientos de deuda durante el 2008 de 210.000 millones de euros.

Aunque la AEB dejaba claro que la situación de la Banca española era de plena solvencia, se le hacía saber al Gobierno que la pérdida de confianza de los mercados internacionales en la economía española (que había provocado ya un ensanchamiento del diferencial con la deuda alemana de 40 puntos básicos) y la falta de liquidez de los mercados podían llevar en 2008 a un credit crunch.

Esa nota, que llegó a Moncloa y que pedía ya en marzo que se tomaran medidas para paliar la situación, no se tomó en cuenta.El presidente no le prestó atención, como tampoco su ministro de Economía.

No. No es que el PP hiciera de agorero para aprovechar electoralmente la crisis. No es que no hubiera nadie con la capacidad para vaticinar lo que estaba a punto de suceder. Es que, sencillamente, al Gobierno, a Zapatero, no le interesó escuchar esos mensajes.

Y ahora, ahí están las consecuencias. Terribles, no en forma de guarismos, sino en forma de rostros, de personas que ya no tienen empleo, y lo que es aún peor, de gente que ya ha perdido hasta la esperanza de volverlo a encontrar.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Del ‘crash’ de 1929 a la crisis de 2008, de Ramon Marimon en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 12 enero, 2009

Por muchos paralelismos que existan entre las dos grandes quiebras financieras, estudiar las diferencias podría servir para evitar una recesión duradera. La política central debe facilitar crear empleo privado estable

Algunos años, como algunos poetas y políticos… alcanzan fama muy por encima de los demás, y 1929 fue claramente uno de estos años”. Así abría, en 1954, John Kenneth Galbraith su libro The Great Crash 1929. La misma frase podría utilizarse para el 2008. En 1929 el índice industrial de la Bolsa de Nueva York (Times) bajó ¡un 32,3%! En 2008 no sólo el Dow Jones ha perdido un 36,0%, sino que todas las principales Bolsas del mundo han superado las pérdidas bursátiles del 29 (el Ibex35 -39,4%, y el récord es Rusia -67,8%). Entonces, como también ahora, la pregunta es: ¿por qué el crash?

Pero como señala Galbraith lo que distingue el crash del 29 es que la crisis no se acabó con el crash. A pesar de las palabras alentadoras del presidente Hoover (“Hemos pasado lo peor y con continuado esfuerzo y unidad nos recuperaremos rápidamente”, decía en mayo de 1930), del 1929 al 1933 en Estados Unidos el empleo se redujo cerca de un 25% y el output de un 30%. El crash no fue una anticipación de esta fuerte recesión (el propio índice Times bajó un 74,1%, de noviembre de 1929 a julio de 1932). Mas bien al contrario, el crash fue un factor determinante -difícil de cuantificar- de dicha recesión. Entonces -y, desgraciadamente, parece que ahora también- la pregunta es: ¿por qué la crisis económica se agudiza tanto tras el crash?

En 1933, el recuerdo inmediato del crash, en contraste con la dialéctica oficial republicana, de “optimismo y laissez-faire”, llevó a Franklin D. Roosevelt a la presidencia de Estados Unidos, dando paso al New Deal. Éste es el tercer recuerdo que conlleva el crash del 29. El recuerdo de que ante el fracaso de los mercados -a menudo ejemplificados en escándalos y engaños financieros- y ante la caída de la demanda privada, es la política económica del Gobierno la que debe enderezar la economía, y es el gasto público el que debe impulsar la demanda agregada. Este recuerdo keynesiano ha reaparecido con fuerza a finales del 2008, y no en boca de viejos melancólicos sino en boca del novel presidente Barack Obama, del nuevo premio Nobel Paul Krugman, y de un largo etcétera.

Sin embargo, aquí el recuerdo parece confuso. La tercera pregunta que el crash del 29 ha suscitado es: ¿por qué la recuperación, a partir del 1933, fue tan lenta y débil? Esta es la pregunta que, en relación a 2008, no debería hacerse. 1929 se recuerda por la Gran Depresión del 1929-1939; 2008 no debería recordarse por abrir una década de depresión. Pero para que no sea así, mejor esclarecer recuerdos confusos y entender una diferencia importante del 2008. Aunque la ocasión sea breve, y detalles importantes se deban dejar de lado, voy a intentarlo.

Tanto a principios del siglo XX, como del siglo XXI, la innovación financiera ha permitido inversiones a largo plazo, afrontar y diversificar riesgos a inversores y ahorradores, impensables sin dicha innovación; pero también ha contribuido de forma decisiva a abrir la brecha entre el precio de los activos y el valor presente de sus retornos (en un mundo ideal ambos deberían ser iguales). Contribuyendo, tanto a su boom como a su crash. En 1929, al caer los precios de las acciones, los “innovadores financieros” tuvieron que hacer frente a sus deudas, “desapalancar” sus posiciones, responder a clientes de fondos impacientes, y no pudieron hacer otra cosa que vender de forma indiscriminada sus activos. A principios del siglo XXI, la innovación financiera ha sido más sofisticada (securitizada) y globalizada pero el “problema básico” ha sido el mismo: tanto en periodos de boom como de crash financiero, la Bolsa no cumple (o cumple muy mal) su tarea de diseminar la información sobre el valor relativo de las empresas.

Así se puede argumentar que la Bolsa de Nueva York a principios de los años 30 del siglo pasado sufría de una subvaloración de activos generalizada, y lo mismo se puede argumentar de muchas Bolsas (incluida la española) a principios del 2009. Entonces, como ahora, la pregunta es: ¿por qué no se remonta la Bolsa rápidamente, empezando por las acciones más subvaloradas? El problema es, que no puede ser, porque no hay capacidad de compra para poder discernir.

El “problema básico” tiene trampa: la misma crisis afecta al valor de las empresas (como valor presente de sus dividendos), porque sus activos, con los que tienen que avalar créditos, están directamente ligados a la evolución financiera, sus ventas dependen de la situación global de la economía, sus políticas de empleo dependen de la situación del mercado laboral, y la misma productividad de las empresas no es independiente de la crisis. Es esta incertidumbre, que hace difícil descifrar cuáles son los activos más subvalorados, porque no es una historia de buenos y malos (aunque malos los haya) sino de contagios. En este contexto, es la aversión a la incertidumbre la que frena al inversor y al acreedor, ahondando la recesión.

En este panorama de recesión, es comprensible y necesario que se requiera la intervención de una política económica decidida. Pero es ingenuo -por no decir peligroso- pensar que el sector público va a resolver la crisis del sector privado, por ejemplo, creando el empleo y la inversión pública necesaria. Los Gobiernos pueden, de forma marginal, acometer tareas pendientes que corresponden al sector público (como en parte se hizo en el New Deal o como Obama quiere hacer ahora renovando infraestructuras, o se podría hacer en España invirtiendo más en educación), pero ni tienen mejor información que el sector privado para saber en qué es necesario invertir, ni incentivos para hacerlo adecuadamente y, a fin de cuentas, el gasto público debe pagarse con impuestos privados. Pueden y deben, asimismo, afrontar con decisión las políticas económicas que les corresponden para reducir la incertidumbre, recuperar la confianza. Aquí hay errores del pasado a evitar.

El crash del 29 abrió un periodo de proteccionismo. Entre 1929 y 1932 el comercio internacional disminuyó un 65%, lo que imposibilitó que la recuperación se apoyase en la exportación. Más perniciosas fueron las políticas de empleo e industriales que favorecieron el aumento de precios y de salarios reales en diversos sectores industriales en Estados Unidos. El New Deal tuvo un importante elemento de favorecer a los insiders, en las empresas-cartel, a costa de los outsiders, en las colas del paro. Cuando en 2009 de nuevo arremeten vientos proteccionistas, se abre el coto a las “ayudas industriales”, y la destrucción de empleo es mayoritariamente de precarios-outsiders. Estas lecciones no se deben olvidar.

Por último, hay que resaltar una peculiaridad del 2008: por primera vez en la historia, la crisis ha sido simultáneamente global. No sólo ha afectado prácticamente a todas las Bolsas, sino también a todos los mercados de activos, sean acciones, bonos, viviendas u obras de arte. Detrás de esta globalización está el hecho de que nuestra economía global cuenta con unos pocos-grandes hedge-funds. Cuando sus portafolios diversificados pasan a la venta, la diversificación deja de ser sinónimo de seguridad: todos los precios caen. La globalización del crash y de la recesión pueden hacer pensar que 2008 va a abrir un periodo peor del que abrió 1929. Pero, de la misma forma que en 2008 hemos tenido “rebajas antes de Navidad”, la crisis global tiene un componente importante de “descuento global”. Esto puede ayudar. Una vez aplicado dicho descuento -digamos, del 30%- lo importante es la posición relativa de cada empresa y país.

En este contexto las políticas que se adopten en 2009 son esenciales. La mayor liberalización del comercio internacional, la regulación de los mercados financieros, el facilitar el crédito o reducir impuestos, pueden ayudar a recuperar la confianza, el consumo y la inversión. Pero muchos de los planes de inversión pública-keynesiana -como el español- no dejan de ser “intentar parar un tsunami lanzándole piedras”. Una distracción… cuando la política central debe ser el facilitar la creación de empleo privado estable y para ello las reformas del mercado laboral -de sus formas de negociación, etcétera- son inaplazables. Esta es la confianza que hay que recuperar.

Ramon Marimon es director del Programa Max Weber y profesor de Economía en el European University Institute y la Universitat Pompeu Fabra.

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“Nosotros, los líderes…”, de Joaquín Estefanía en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 12 enero, 2009

Esta semana se cumplen dos meses de la reunión del G-20 en Washington, convocada para crear una nueva arquitectura financiera global y luchar contra la recesión. Desde entonces, apenas hay noticias de las decisiones que allí se tomaron mientras avanza, con rapidez y profundidad desconocidas, una crisis que por primera vez no hace excepciones con parte alguna del planeta. La siguiente cumbre del G-20 tendrá lugar en el mes de abril, en Londres, y la pasada semana el primer ministro francés, Nikolas Sarkozy, y la canciller de Alemania, Ángela Merkel, anunciaron que los miembros europeos de ese club se verán previamente en Berlín para que Europa tenga una voz única en aquella.

Sarkozy y Merkel se juntaron en París para asistir a un seminario titulado Nuevo mundo, nuevo capitalismo. En su intervención, la canciller germana explicó que de la misma forma que existe un Consejo de Seguridad en la ONU (el que ha sido incapaz de detener la masacre de palestinos en el campo de concentración de Gaza), debería haber una suerte de Consejo Económico Mundial que vele por la estabilidad financiera, o una Declaración Universal para una Economía Razonable, similar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Seguramente sin saberlo, Merkel copiaba de modo literal una propuesta inatendida que, justo 10 años antes, también en París, hizo el ex presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors, padre de la actual líder del socialismo francés, Martine Aubry. Así pues, una década perdida en lo relacionado con la regulación de las finanzas internacionales que, de haberse estudiado entonces, quizá hubiese evitado los efectos más lacerantes de la crisis actual.

En un seminario sobre el euro, organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo, Delors propuso la creación de ese Consejo, que “establezca las bases del sistema económico de la era de la mundialización, para el que todavía no se ha encontrado una solución satisfactoria”. En él estarían representados no sólo los países del G-7 (todavía no se había añadido Rusia), sino organismos regionales tales como el Mercosur, en América Latina, o la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (ASEAN), etcétera. No podría ser una especie de G-7 ampliado, pues no lo toleraría el mundo, ya que se daba la contradicción de que entre EE UU, la UE, Canadá y Japón poseían alrededor del 75% del PIB mundial pero representaban a menos del 20% de la población.

En cuanto a la Declaración Universal para una Economía Razonable, eso es lo que pretendió el Consenso de Washington con los resultados conocidos por todos. La dificultad está en que en economía es difícil consensuar lo que se entiende por razonable, si a ello se incorporan materias tan centrales como la redistribución de la renta y la riqueza.

La reunión del G-20 en Washington hizo a su final un comunicado, iniciado por el ampuloso encabezamiento de “Nosotros, los líderes del grupo de los veinte”, en el que se establecía un catálogo de propuestas, divididas en dos fases: medidas inmediatas y a medio plazo. De las primeras, no se sabe nada: el gasto de los gobiernos para combatir la crisis es insuficiente y no está coordinado; la ronda de Doha para liberalizar el comercio internacional sigue desactivada; no hay nuevas normas contables; de la regulación financiera, ni rastro; las agencias de calificación de riesgo siguen autorregulándose (hiperactivas ahora, frente a su pasividad de antes); el Fondo de Estabilidad Financiera, que parecía llamado a jugar un papel más significativo, continúa sin ampliar el número de sus socios (no está España, como tampoco está en el G-20); etcétera.

Antes de morir, en abril de 1945, el presidente demócrata de EE UU, Franklin Delano Roosevelt, propició dos conferencias con las que trató de crear el nuevo orden internacional, tras las guerras mundiales: la de Bretton Woods, que significó la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial; y la de Dumbarton Oaks, que dio lugar a la Organización de las Naciones Unidas (ONU). A la luz de los conflictos en este comienzo del año (Gaza, la guerra del gas, la recesión económica, etcétera) no parece que las estructuras que gobiernan al mundo desde mediados del siglo pasado sean hoy eficaces ni representativas. ¿Tendrá tiempo Obama, hijo político predilecto de Roosevelt, de abordar también este problema?

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El diplomático y el nativo, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política, Sociedad by reggio on 12 enero, 2009

Hace algunas semanas, almorcé con un diplomático extranjero que tenía interés en comprender un poco las relaciones entre Catalunya y Madrid así como los singulares contornos de la política y la sociedad catalanas. Esta persona, representante de un país rico y desarrollado, con una acreditada cultura democrática a años luz de la española, hizo algo que resulta muy sensato pero que no es, me temo, demasiado frecuente: quiso saber de primera mano qué es Catalunya, más allá de lo que los medios madrileños de comunicación recogen y difunden, más allá también del clima político propio de la capital del Estado. Este diplomático no se desplazó a Barcelona para confirmar una tesis preestablecida ni lo hizo para documentar sus prejuicios. Tan sólo buscaba romper la burbuja y acceder directamente a una realidad distinta, hablando con personas de perfiles profesionales e ideológicos diversos. Sus preguntas eran inteligentes y su actitud abierta, como corresponde a un profesional de la diplomacia. El encuentro fue muy agradable e, inmediatamente, pensé lo siguiente: ¿por qué es tan difícil, por no decir imposible, mantener una charla tranquila y franca sobre estos asuntos con españoles de fuera de Catalunya, incluso con personas cultas, informadas y tolerantes?

El nativo catalán acostumbra a hacerse esta pregunta varias veces al año. Incluso si el nativo catalán es ajeno a toda militancia o sentimiento catalanista, como le ocurrió a un amigo que, durante las pasadas vacaciones navideñas, se lo pasó en grande con unas chicas que viven en Madrid y proceden de varias provincias. Todo fue como una seda hasta que se mentó a las bichas habituales: el Estatut, la financiación y la lengua catalana. Aquellas muchachas, con empleos de alto nivel y acostumbradas a moverse en un mundo marcado por la globalización y la diversidad de mentalidades y culturas, se transformaron en fanáticas juezas de la Santa Inquisición, capaces de condenar en cinco minutos a todo aquel que no encaje en su esquema sagrado, inmutable y único de lo que debe ser España. ¿Por qué resulta imposible hablar con esas chicas como hablé yo con el diplomático extranjero? La respuesta tiene que ver con el respeto. Y el respeto tiene que ver con la percepción del otro. ¿Podemos aceptar que el otro no sea ni se conduzca según el patrón que se trata de imponer? Al final del debate, siempre aparece lo mismo: lo catalán como anomalía sospechosa, insoportable. De ahí derivan opiniones muy arraigadas que sirven de poderoso filtro a todas las noticias: hablan catalán para que no les entendamos, quieren quedarse con todo el dinero, se creen superiores a los demás…

El encuentro con el diplomático extranjero, más allá de constatar lo impracticable de un diálogo civil atenazado por una cultura política reaccionaria basada en el uniformismo, me llevó a otra conclusión. Estamos tan cansados de hablar de ciertas cosas que sólo nos anima hacerlo con aquellos que, observando el problema desde lejos, consiguen aportar preguntas nuevas y observaciones originales que airean el debate. El proceso del nuevo Estatut y la inacabable negociación de la financiación autonómica nos han aburrido a todos, incluso a los que, por convicción y profesión, no podemos desconectar. Esta fatiga del catalanismo, que algunos van anunciando como un mantra cada cierto tiempo, esta vez es más real que nunca, lo cual es paradójico: Catalunya necesita hoy disponer con urgencia de instrumentos legales y recursos suficientes para impedir el colapso de una sociedad que ha crecido por encima de toda previsión y que, además, es un destino preferido de la nueva inmigración que llega a España. Pero este cansancio catalanista, que es más propio del mundo de las ideas que otra cosa, no debería bloquear la toma de decisiones políticas ante los retos que se nos avecinan. Y no lo digo tanto por la inexistencia de un plan B si nos recortan el Estatut o nos ofrecen una financiación de pena. Lo digo por lo previsible y mediocre del juego táctico diario de los partidos, donde sobran defensas que sólo saben romper piernas y faltan delanteros goleadores.

Con todo, y a pesar de lo dicho, hay algo peor que la sensación de estar removiendo cada día las mismas expectativas frustrantes. Es mucho más preocupante ese tipo de derrotismo indiscriminado que sentencia, malhumorado, que “tot és una merda”. Desde hace algunos meses, he escuchado esta frase a catalanistas y a no catalanistas, y a votantes de varios partidos, tanto de los que están en el Govern como en la oposición. Los primeros que adoptaron esta frase fueron los que confundieron su suerte personal con la del conjunto del país. Luego, otros muchos, de buena fe, también han repetido y repiten que todo es un desastre. La tentación de sumarse a esta opinión es alta, ciertamente. Pero este diagnóstico no sirve de nada. Para poner fin a la mediocridad política hace falta distinguir y matizar en la crítica.

Cuando ya tomábamos el café, el diplomático me preguntó por mi familia. Le conté que mi abuelo paterno había nacido en Torre Pacheco, en Murcia, y que había venido a Catalunya para trabajar en las obras de la Exposición Internacional de 1929. Marcos Álvaro Hortelano, mi abuelo, si todavía viviera, no me permitiría decir que “tot és una merda”. Tal vez me preguntaría qué es lo que yo estoy dispuesto a hacer para cambiar este panorama.

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Esto se lía, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 12 enero, 2009

Casi tiene razón el PP. No se puede tener contentos a todos los presidentes autonómicos con el nuevo modelo de financiación. Alguien tiene que salir perdiendo. No será el gasto disponible para el Gobierno central, porque se reserva un muy holgado e injustificado cincuenta por ciento. El déficit aumentará de entrada, pero la financiación de las administraciones públicas debe ser equilibrada, no a medio plazo sino a la corta. Así que quedan las dos mayores, Andalucía y Catalunya. El presidente andaluz no se queja porque vendrá luego con la enésima deuda histórica y cobrará lo que le plazca, como siempre ha sido y ya debe de estar contado, o descontado en las cuentas verdaderas, que danzan bajo llave. Por eliminación, queda Catalunya. ¿Será posible? ¿Habrán tenido la osadía de pergeñar un sistema en el que la gran perjudicada histórica siga siéndolo, mientras todas las demás avanzan, tanto las que ya salían ganando como las otras esquilmadas? ¿No se ha originado toda esta movida por las protestas catalanas, a fin de paliar nuestro abultado e insostenible déficit fiscal? Estaríamos frescos. ¿Lo estamos?

Pasemos a la política, pues quienes deciden se mueven ante todo por criterios, mejor dicho conveniencias políticas. ¿Qué le conviene a Zapatero? Lo de antes. Que caiga Montilla – antes Maragall-,que suba Mas y a intercambiar apoyos entre PSOE y CiU, mientras Catalunya se fastidia, mientras el PSC se debilita y desacredita hasta convertirse de nuevo en una maquinaria electoral del PSOE. La única zancadilla de la que dispone el PSOE para que Montilla tropiece es la financiación. Que la oferta provoque, por baja y hasta vejatoria, la ruptura del tripartito, elecciones anticipadas y CiU al poder. Es de libro. La dificultad, la única (descartando que Esquerra e Iniciativa traguen con cualquier cosa), estriba en el plante del presidente catalán.

Llegados a este punto, la pregunta sólo puede ser una: ¿puede Zapatero llevar adelante unos acuerdos de los que todos participen, hasta con entusiasmo, mientras Catalunya dice no? En clave española, la respuesta es que le iría de perillas. Sería la coronación, la glorificación, la entronización. Rabo catalán cortado y diez vueltas al ruedo hispánico. ¿Y en clave catalana? El precio que pagar sería el distanciamiento del PSC. Cuya gravedad dependería de la traducción en votos y escaños en las generales. A ojo de buen cubero y ante la imposibilidad de las pertinentes comprobaciones, es probable que saque más en el resto de las comunidades de lo que pudiera perder en Catalunya… anoser que se produjera una situación de empate con el PP, ante el cual los catalanes volverían a volcarse a favor de Zapatero para frenar a Rajoy o a quien le suceda.

Se mire como mire, y contando con que solamente perjudicando a los catalanes salen las cuentas del Reino a satisfacción de todos los demás, el lío está servido. Esquilarnos no es gratis: es el gran negocio.

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Pongamos fin, de una vez, al disparate autonómico, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 12 enero, 2009

Les invito a que echen un vistazo a este documento que les adjunto. Está en castellano y son apenas 17 páginas de Power Point de letra grande y texto inteligible. Que no les dé pereza, que estamos a lunes. Se trata de un documento extraído de la web del Ministerio de Economía y Hacienda en el que se explican las bondades que se derivan para nuestra nación de la trasposición al ordenamiento jurídico patrio de la Directiva Europea sobre Servicios, norma que fundamentalmente persigue una mayor liberalización sectorial con todo lo que implica en términos de potencial aumento de la competencia y mejora de la competitividad. De hecho, la página tres del informe es un ejercicio de examen de conciencia de los que pocas veces veremos en boca de la Administración Pública. No se la pierdan.

La importancia de la ley es esencial ya que, como se encargan de recordarnos las cifras oficiales, el llamado sector terciario aporta dos terceras partes de nuestro PIB y genera un porcentaje similar del empleo. Bueno, de lo que queda de él. Y lo cierto es que en su Exposición de Motivos la norma promete, toda vez que apuesta por la libertad de establecimiento y la simplificación administrativa a la vez que refuerza los mecanismos de protección a los consumidores. Su conveniencia, por tanto, y al contrario con lo que ocurre con otros muchos Proyectos de Ley, tiene amplia justificación ex ante pues entra de lleno en uno de los problemas estructurales de la economía española y propone medidas estables para su solución. Siendo así, cuanto antes entre en vigor, la fecha límite es finales de este ejercicio, mejor. ¿Estamos de acuerdo, no?

Pues bien: en estas estábamos cuando llegó el cáncer autonómico convirtiendo en arena del desierto el espejismo de oasis de sensatez que ante nosotros se presentaba. Porque miren ustedes, ¿saben la cantidad de disposiciones que van a tener que ser modificadas para que el nuevo ordenamiento entre en vigor? Frente a las 4.500 que estimaba Solbes en marzo, este hombre es un hacha, que ya estaban bien, ni más ni menos que 7.000 de las que ochenta son leyes estatales, 370 Reales Decretos y, el resto, normativa autonómica. Nada más y nada menos que 6.550 instrucciones a cambiar en el ámbito regional. Una propuesta que requeriría de una tramitación urgente, al tener impacto inmediato positivo sobre nuestra deprimida situación macro y micro económica, se topa con el absurdo de un modelo nacional que prima a la región frente al territorio y que se ha convertido en uno de los hándicaps principales para que nuestro país recupere la senda de la prosperidad. Y que retrasa los plazos.

A nadie se le escapa, a estas alturas de la globalización, el absurdo que supone la fragmentación de ese mercado interior español que, por otra parte, tantos siglos se tardó en completar. Mientras España se regocijaba en la ilusión de su propia riqueza, en lo que en los libros de Historia se terminará conociendo como la década pérdida, tiempo al tiempo, se iban sentando las bases para uno de los mayores errores, si no el mayor, de la Transición hacia la democracia de nuestro país. Una equivocación comúnmente aceptada y sobre la que poco se reflexiona. Hasta ese punto de anestesia ha llegado la conciencia colectiva. Vivimos el mundo al revés y nos quedamos tan panchos. Hasta hoy. Sirva como muestra un botón. El más paradójico de todos ellos. En un momento en el que lo que reclama a gritos nuestra patria es la unificación de esfuerzos para tratar de salir cuanto antes del agujero en el que, por méritos propios y ajenos, nos hemos metido, lo que marca la agenda del presidente del gobierno, esclavo de esas servidumbres electorales y absurdas promesas que contribuyeron a su victoria en los feudos más nacionalistas, es la financiación autonómica. Pensar que va a ser la cesión adicional de recursos a las comunidades lo que nos va a ayudar en el futuro es de una inmadurez intelectual apabullante. Y de una inconveniencia temporal manifiesta.

Y en esas estamos: en el juicio de si éste gobernante se lleva más o aquél otro sale perjudicado. De verdad, qué pobreza de miras. Hay que entrar, oportunidad perdida de una oposición que ha adoptado como norma de actuación esa tibieza que a la divinidad le genera náuseas, en la cuestión de fondo: ¿tiene viabilidad el modelo? Puede que la respuesta no sea tan evidente. De hecho creo que, si nos salimos de los que viven a costa de las nuevas instituciones regionales y sus prebendas, para muchos de ustedes, cuya opinión espero como nieve de enero, sí que hay una contestación inequívoca, y no precisamente afirmativa. Como dicen en la tele, abrimos las líneas de nuestro concurrido foro.

Toda crisis supone, como hemos dicho hasta la saciedad, una oportunidad. A lo mejor hay que plantarse y empezar a decir que no. No sólo está en juego el capital productivo de un país que, paradójicamente, mira unitariamente hacia afuera y de forma segmentada dentro de sus fronteras. Poco importa fuera de las fronteras el riesgo local mientras crezca bajo el paraguas del Estado. Ni siquiera serviría el argumento de la austeridad como valor en boga, lo que implica invertir eficientemente los recursos escasos y fomentar la aparición de economías de escala. Se trata de cuidar aquellos valores indelegables que hacen que una nación ocupe un lugar preeminente en el mapa mundial: la educación, el conocimiento y su aplicación práctica, temas todos ellos que descuidadamente hemos dejado en manos de los gestores regionales. La vuelta atrás siempre es dolorosa. Y requiere valentía política, ésa de la que España carece. Pero hay que luchar por ello. El silencio de los corderos tiene final de matadero. Buena semana a todos.

Alberto Artero (S.McCoy), nuevo director de Cotizalia.

Alberto Artero, 37 años, licenciado en ICADE, ha sido nombrado director de la pagina financiera COTIZALIA, en la que desde hace dos años y medio escribe una columna diaria, titulada “VALOR AÑADIDO”, bajo el seudónimo de S.McCoy. Casado y padre de cuatro hijos, antes de incorporarse a EL CONFIDENCIAL trabajó durante una década en los mercados financieros, fundamentalmente en áreas de intermediación de renta variable y banca privada de grandes patrimonios, en entidades como BCH, Argentaria y Deutsche Bank.

Esta decisión de la compañía editora de EL CONFIDENCIAL responde al deseo de dar un nuevo impulso a la información financiera y de calidad, en un momento en que adquiere una relevancia especial a cuenta de la crisis económica en curso. En esta línea, tanto EL CONFIDENCIAL como COTIZALIA ampliarán la nómina de expertos dedicados al análisis, la información y la opinión de lo que ocurre en los mercados financieros, con la incorporación de nuevas firmas de prestigio.

Artero compatibilizará este cargo con las funciones de Director General de Titania Compañía Editorial que, además de COTIZALIA, publica VANITATIS Y EL CONFIDENCIAL, el diario digital más leído exclusivamente en Internet. La sociedad editora ha decidido también la incorporación a su departamento comercial de David Grijalba. Licenciado en Ciencias de la Información en la rama de Publicidad, ha realizado funciones comerciales en OndaCero, El País y en los últimos tiempos como Director Comercial de El Economista. Se suma ahora al equipo que dirige Manuel Tereixa.

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España enfila la peor recesión en 50 años, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 12 enero, 2009

Decía Pedro Solbes hace poco más de medio año -mayo de 2008- que no se debía “impedir artificialmente el necesario ajuste de la construcción”. Y si lo que pretendía el vicepresidente segundo con esa estrategia era favorecer un ajuste rápido e intenso en el sector, con la vista puesta en una rápida recuperación, no hay ninguna duda de que el tiempo ha bendecido esas palabras, al menos en su primera parte. El ‘ladrillo’ cae a plomo sin intervención relevante por parte del Estado. Tres ejemplos: el consumo de cemento se hunde un 41,5% (noviembre sobre noviembre); los visados de obra nueva retroceden un 47,6% respecto del año anterior; mientras que hoy la Seguridad Social cuenta con 487.335 afiliados menos en el sector de la construcción (tan sólo el régimen general) que hace un año. Lo peor, sin embargo, es que el ‘ladrillo’, en su caída, está arrastrando a toda la economía nacional, que se enfrenta, al inicio de 2009, a la recesión más acusada desde el Plan de Estabilización de 1959. La crisis financiera internacional -con el estrangulamiento del crédito- ha hecho el resto.

“Yo nunca había visto nada parecido”, asegura un experto en coyuntura que desde hace más de 35 años escudriña a diario todos los indicadores macroeconómicos del país”, unas veces dentro de la Administración y otras fuera, lo que le ha permitido observar de cerca las cuatro recesiones que ha vivido la economía española desde el fin de la autarquía franquista (1975, 1978-79, 1981 y 1993). Una característica común de esas recesiones, como sostiene el Servicio de Estudios de la Caixa- ha sido su duración: entre nueve y doce meses, es decir han sido “relativamente breves”. Por debajo de lo que han durado en el resto de las economías de la OCDE. La economía española es, por lo tanto, una de las que menos tiempo ha estado en recesión en los últimos cuarenta años, aseguran los economistas de la Caixa.

Pero como dicen los folletos financieros, rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras, y con sólo echar un vistazo a los últimos indicadores disponibles, se observa la dimensión del problema que se avecina. La producción industrial está cayendo un 15,1% -una tasa jamás alcanzada por la economía española-; las ventas de las grandes empresas (las que facturan más de seis millones de euros al año) retroceden un 13,2%; el comercio al por menor (deflactado) se ha hundido un 8%; la matriculación de turismos, nada menos que un 47,8%, pero es que en el caso de los vehículos de carga el desplome es del 65,9%. Y si se observa lo que está ocurriendo en el mercado laboral, las cifras son elocuentes. No necesitan ser adjetivadas.

El paro registrado crece a ritmos del 46,9%, mientras que, en paralelo, la Seguridad Social ha perdido un 4,3% de todos sus afiliados a lo largo de 2008. O lo que es lo mismo, más de 840.000 trabajadores que cotizaban hasta el pasado 31 de diciembre, han dejado de hacerlo. Y como consecuencia de ello, como no podía ser de otra manera a la vista del deterioro del mercado de trabajo, el sistema público de protección social ha acabado con la senda virtuosa iniciada en 1997. Desde entonces, siempre había crecido más el número de cotizantes que de pensionistas, lo que ha permitido elevar a 2,71veces el número de activos respecto de los pasivos; pero en 2008 se ha quebrado esa tendencia. Hasta 2,60 veces. Se trata de una relación todavía alta respecto del pasado inmediato de la economía española (el mínimo se alcanzó en 1996, cuando la relación se hundió hasta 2,06 trabajadores en activo por cada pensionista), pero lo ocurrido en 2008 es un cambio de tendencia. Un aviso para navegantes.

Se da por descontado que el mercado laboral continuará deteriorándose de forma virulenta hasta bien entrado 2010, y aunque la economía comience a coger algo de tono a partir del último trimestre de 2009, no parece probable que hasta dentro de dos o tres años vuelva a recuperar tasas de creación de empleo suficientes para cubrir la entrada de nuevos pensionistas (en torno al 2% anual). Con todos estos datos sobre la mesa, no es de extrañar que los ciudadanos españoles sean lo que menos confían en la marcha de la economía. Hasta el punto de que el Indicador de Sentimiento Económico (diferencia entre opiniones positivas y negativas) se ha desplomado hasta los 57 puntos, un verdadero hundimiento teniendo en cuenta que en 2007 se cerró en niveles de 97,7 puntos, lo que da idea del deterioro de las expectativas.

¿Estamos, por lo tanto, ante la peor recesión en 50 años? Una simple comparación con lo sucedido en los anteriores periodos recesivos despeja casi todas las dudas. Como recuerda el último informe de coyuntura de la Caixa, en las tres últimas recesiones el desempleo creció en 170.000 personas (1979), 284.000 (1981) y 625.000 (1993), lo que quiere decir que esos registros ya han sido pulverizados, y no sólo debido al crecimiento demográfico. En 2008, el paro registrado aumentó en casi un millón de personas, y la mayoría de los analistas prevé otros millón adicional de desempleados a medida que avance la contracción económica.

En cuanto a la producción industrial, el peor comportamiento fue el del bienio 1992-93, pero entonces cayó un máximo del 4%, casi la cuarta parte de lo que está retrocediendo ahora. Mientras que el descenso en la venta de coches marcó un máximo de -16,9% en 1981, una tasa que hoy se antoja ridícula con el -50% que se registra actualmente. Es más. En el último medio siglo, ninguna recesión ha durado más de cuatro trimestres, periodo que hoy parece escaso teniendo en cuenta que ya en los dos últimos trimestres de 2008 se ha alcanzado esa situación. Y todo indica que al menos hasta el último de 2009 el PIB continuará dando registros negativos. Y todo ello sin contar el agravamiento de la crisis internacional, la mayor desde 1929. De hecho, nunca el conjunto de la OCDE había registrado tasas negativas de crecimiento, como sucederá, previsiblemente, en 2009.

La intensidad del ajuste español, en cualquier caso, se observará con toda crudeza el próximo 12 de febrero, que es cuando el Instituto Nacional de Estadística (INE) dará el avance de crecimiento del PIB del cuarto trimestre. Está descontado que se oficializará la entrada de España en la recesión (dos trimestres consecutivos con crecimiento negativo), pero el debate no acaba ahí toda vez que desde muchos sectores se cuestiona abiertamente la metodología del INE, que suaviza tanto las series (tanto hacia arriba como hacia abajo) que acaba por no reflejar la realidad económica.

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España camino de perdición, de Jesús Cacho en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 12 enero, 2009

Me llamó ayer tarde un amigo socialista que suele estar al tanto de lo que ocurre en la zahúrdas de Moncloa para decirme que, oh sorpresa, Rodríguez Zapatero, el de la dulce sonrisa, estaba deprimido, y que pocas veces la gente de su entorno le había visto con gesto tan desolado, tan superado por los acontecimientos, como este fin de semana. Días para olvidar. Datos de desempleo el jueves, medio millón de nuevos parados en solo tres meses, último terrorífico trimestre del año ocho; demoledor dato de Producción Industrial al día siguiente, viernes, con la caída más pronunciada en 16 años, y Madrid sitiado ese mismo viernes, literal y anímicamente colapsado por un nevadita de tres al cuarto, y esa sensación de frustración e ira que en otras épocas solía apoderarse de unos españoles llenos de complejos y que ya creíamos superada, porque, coño, éramos una gran potencia, lo recitaba antes Aznar como un mantra, y nos lo repite ahora Zapatitos, cuando lo cierto y verdad es que nada funciona, todo está manga por hombro, nadie asume su responsabilidad, las instituciones parecen no existir y sus líderes están desaparecidos en combate. “Como la Venus de Milo, España es una bella estatua, pero sin brazos”, que decía Joaquín Costa.

Y en esto que sale doña María Teresa por la tele, recién llegada de unas vacaciones que los españoles le hemos pagado en India, bien acompañada por una cohorte de periodistas, para pedir “tranquilidad” a esos mismos sufridos españoles, monísima ella, como siempre, con los últimos aderezos de su poblado ajuar: tranquilidad ante el colapso de Madrid, pide, y tranquilidad también, sugiere, ante la crisis abisal que se cierne sobre un país en estado de shock. Sensación general de que estamos ante algo desconocido para la inmensa mayoría de los españoles. Esto no tiene nada que ver con lo ocurrido en el 92/93. Esto es algo distinto, de una profundidad desconocida. El ritmo de destrucción de empleo es tan violento que cabe concluir que una parte importante de la Economía está colapsando, y eso contando con que, al decir de gente sabia, el daño se circunscribe de momento a la construcción y el inmobiliario, porque el verdadero ajuste no ha empezado aún en sectores tales como el turismo, la hostelería, el comercio, bancos y cajas, etcétera.

Lo cual que vuelve mi amigo monclovita a la carga para decirme que le ha extrañado mucho el súbito cambio de humor de ZP, porque en las últimas semanas parecía más contento consigo mismo que nunca, disfrutando en su papel de maquinista de La General dándole a la manivela de hacer billetes, gozando como un niño con el gasto público, gustándose en el uso y abuso de la deuda pública, deuda para que Gallardón pueda levantar por enésima vez la calle Serrano, para que los reyezuelos de los taifas autonómicos puedan seguir dilapidando a manos llenas, para aumentar el salario mínimo el doble que la inflación prevista, para… ¿Cabe escenario más idílico para un populista sin formación que el poder tirar del gasto sin que nadie le ponga colorado? Nuestro hombre es muy capaz de anunciar un día de estos una mejora de las prestaciones por desempleo, y no me extrañaría que mañana mismo, para superar el bache anímico, reúna de nuevo en Moncloa a sus banqueros favoritos y nos anuncie, tras pedirle a Pepe Pérez (Intermoney) otro par de folios para explicarlo en directo por TVE, un nuevo plan de salvamento multimillonario con cargo a las futuras generaciones de españoles. ¡Ánimo, José Luis, campeón, tú sí que puedes! Viva el gasto público. Zapatero en su salsa y España camino de perdición.

En Estados Unidos, con una tasa de desempleo situada en el 7,2%, el nuevo presidente Obama, ídolo de nuestro Zapatero remendón, se ha manifestado consternado ante la posibilidad de que el paro llegue al 10%, un guarismo insoportable para el sistema de valores de esa sociedad norteamericana tan sedicentemente individualista. En España, en cambio, los tres millones y pico de parados (13,4%) no parecen producir gran conmoción, como si esta sociedad anestesiada fuera capaz de tragarse cualquier sable sin pestañear. Y vamos camino de tasas de paro de entre el 17% y el 18% (más de cuatro millones) para finales del año nueve, con PIB negativo de entre el 2% y el 2,5%, y déficit público del 8%. En realidad, todo apunta a que 2008 se ha cerrado ya con un déficit del 3,5% para el conjunto de las Administraciones Públicas. Un desastre sin parangón en términos de empobrecimiento colectivo.

Colapso económico y crisis democrática

Empieza a resultar tedioso afirmar que la recesión de caballo a la que estamos abocados nos ha llegado en el peor momento posible: con la clase política más feble de las últimas décadas y con el propio sistema democrático en la fase más baja de su prestigio, víctima del tironeo de unos nacionalismos solo interesados en su corralito y de la incuria dolosa de las elites españolas, incapaces, si no abiertamente contrarias, a forzar un movimiento de regeneración democrática capaz de insuflar aires nuevos a la Constitución del 78. Acusamos una clamorosa falta de liderazgos. Lo del presidente del Gobierno en ejercicio es sencillamente una desgracia colectiva. Un líder digno de tal nombre hubiera creado un comité de crisis o algo parecido, un grupo reducido integrado por personas del máximo prestigio, a ser posible independientes, para, con un ministro de Economía creíble a la cabeza, y desde luego con el propio ZP, entregarse sin tregua a la tarea de adoptar iniciativas y transmitir confianza, empezando por decir la cruda verdad, convencidos todos de la urgencia histórica del momento que vivimos.

Lo que hoy tenemos, por el contrario, es un Gobierno que sigue empeñado en enmascarar la realidad, en engañar, en disfrazar la dimensión del problema. Ahora resulta que en marzo todo estará resuelto, o casi. En la tarea de expandir esta mercancía averiada se emplean a fondo a través de los medios de comunicación. Ha tomado sí, alguna medida interesante, como los avales del Estado para la emisión de deuda de bancos y cajas, una medida, además, básicamente gratis, y dieciocho iniciativas descabelladas, gasto público sin sentido de Estado ni de futuro, como la compra de activos a bancos y cajas, innecesaria, o los 9.000 millones para los Ayuntamientos, puro despilfarro. Las toman con el único argumento de fondo de que también lo hacen en otros países, y encima no las saben gestionar. Es el caso de la obra pública, asunto que ahora se antoja clave, un departamento al frente del cual sigue una señora que convierte en caos lo que toca, que no se entera de casi nada, y se ha enfrentado en bloque al sector privado.

Y lo mismo cabe decir de la oposición, cuyo estado de postración apunta firmemente a la necesidad de refundar una derecha moderna, sin adherencias del pasado. El escándalo en curso en torno al control de Caja Madrid, explica bien lo que hoy es el PP. Pero esto no le va a salir gratis a ninguno de los grandes partidos dispuestos a seguir viviendo de la sopa boba. Este guiso se va a poner muy caliente. Esta recesión, reflejo de la profunda crisis de nuestra democracia, va a tener un coste social y político importante. Ningún país, por muy narcotizado que esté por el ridículo buonismo de moda, puede soportar durante mucho tiempo un panorama como el que se cierne sobre España. En 1907, otro Roosevelt, Theodore, escribió que “cuando el hombre común pierde su dinero, se comporta sencillamente como una serpiente herida, y ataca a derecha e izquierda a todo lo que, inocente o no, atrae su atención”. Esto tendrá consecuencias trascendentes, porque todos, empezando por las clases medias, vamos a ser más pobres, lo somos ya, y algunos millones ni siquiera podrán seguir creyéndose parte de un sistema cuyos patrones siguen empeñados en perpetuarse en el Poder sobre la base de la mentira reiterada, la corrupción generalizada, la manipulación de la Justicia, el control de los medios de comunicación y el panem et circenses.

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No es una guerra, es una matanza (II), de Luis de Velasco en Estrella Digital

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 12 enero, 2009

Si habíais creído llegar al límite de horror, la respuesta es no, es posible aún más. La cita, no es literal, es del Calígula de Camus.

La matanza en Gaza, por tierra, mar y aire, va rápido, camino de novecientas bajas palestinas, cerca de un tercio mujeres y niños, varias veces familias enteras, más de tres mil heridos en hospitales miserables, resultado del bloqueo permanente. Los muertos israelíes son una docena. Pero, para muchos, la desproporción no existe. Frente a ello, el enviado especial de Naciones Unidas, Richard Falk, judío americano, ha dicho que la actuación de Israel es “un crimen contra la humanidad” porque se trata de un castigo colectivo prohibido por las Convenciones de Ginebra. Israel lleva muchos años aplicando castigos colectivos contra los palestinos en los territorios ocupados, sólo que esta vez es mucho más brutal.

Nada se respeta. Edificios de la agencia de Naciones Unidas, UNRWA, han sido bombardeados con más de cuarenta muertos palestinos, mujeres y niños, con la mentira de que era base de lanzamiento de cohetes de Hamas. No es la primera vez que esto ocurre: en el 2006, la aviación israelí bombardeó otra sede de esa organización en Qana y mató a 106 palestinos, la mitad niños. Según El País (10 de enero del 2009), “la ONU denunció ayer al Ejército de Israel por la matanza deliberada de 31 palestinos refugiados en un edificio junto a otras 79 personas por orden de los propios soldados israelíes”. (El lector interesado puede ampliar esta información sobre la familia Samouni por ejemplo en www.haaretz.com y www.newyorktimes.com de ese día.) El Gobierno israelí ha prometido investigar. Respuesta igual a la de similares acciones que nunca lleva a nada. Tantos civiles muertos ¿son fallos de una operación definida por los agresores como “quirúrgica” (al margen de la prensa internacional, que tiene prohibido el acceso a la Franja) o responde a un objetivo claro? El Estado de Israel tiene un origen terrorista y practica, no sólo en esta ocasión, terrorismo de Estado, algo que consiste en aterrorizar poblaciones para conseguir determinados objetivos. Muchas veces ha sido así denunciado. La última, a cargo del ministro de justicia turco, para quien “Israel es el principal generador de terrorismo en el mundo” ( El País, 10 de enero).

En www.ft.com (Financial Times) del 8 de enero se afirma que los ataques israelíes han devastado la infraestructura de Gaza, una “economía ya destruida mucho antes de estos ataques” por el bloqueo desde hace ocho años, incrementado tras la victoria de Hamas. Los enormes destrozos recuerdan aquello que dijo la Administración norteamericana cuando el bloqueo y la guerra de Iraq de llevar a ese país a la Edad de Piedra.

Se ha argumentado por las autoridades israelíes que este ataque de Israel responde a que Hamas interrumpió la tregua pactada. Eso es, una vez más, mentira. Israel rompió esa tregua el pasado 4 de noviembre (día de la elección presidencial en EEUU, lo que aseguraba escasa notoriedad) cuando mató a seis milicianos de Hamas en un ataque contra un túnel. Además, Israel incumplió su compromiso de levantar el bloqueo, acción que es un verdadero acto de guerra (véase, entre otros, el artículo del ex presidente Carter en Washington Post y la columna de Uri Avnery en www.zope.gush-shalom.org). No sólo eso, sino que esta ‘operación Plomo Fundido’ estaba planificada hace mucho tiempo y es un paso más en la política de agresión y expansionista que es elemento inherente al sionismo desde sus orígenes. Una vez más, el fuerte machaca al débil con el apoyo o la indiferencia culpable de los dirigentes de Occidente y del mundo árabe, lo que le asegura algo clave como es la impunidad.

Después del Primer Congreso Sionista en Basilea en 1897, en el que se propuso, por vez primera, establecer un Estado judío en Palestina, los rabinos de Viena enviaron a dos representantes a estudiar sobre el terreno la viabilidad de la idea. Al terminar su misión, informaron a Viena: “La novia es hermosa, pero está ya casada con otro hombre”. No había, contrariamente a lo que luego se afirmó, “Una tierra sin un pueblo para un pueblo sin tierra”. Ahí empezó esta tragedia que hoy sigue todavía (Ghada Karmi: Married to another man.)

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Boicotee a Israel, de Naomi Klein en Rebelión

Posted in Derechos, Economía, Internacional, Política by reggio on 12 enero, 2009

¿Quiere acabar con la violencia en Gaza?

The Nation

Traducido para Rebelión por LB

Ha llegado el momento. Hace mucho que llegó. La mejor estrategia para poner fin a la cada vez más sangrienta ocupación es convertir a Israel en objetivo del tipo de movimiento mundial que puso fin al régimen de apartheid en Sudáfrica.

En julio del 2005 una gran coalición de grupos palestinos diseñó planes para hacer justamente eso. Hicieron un llamamiento a “la gente de conciencia de todo el mundo para imponer amplios boicots y adoptar contra Israel iniciativas de desinversión similares a las adoptadas contra Sudáfrica en la época del apartheid”. Había nacido la campaña Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

Cada día que Israel aplasta a Gaza más conversos se adhieren a la causa del BDS y las pláticas de alto el fuego no hacen que disminuya el ritmo de ese movimiento.

La campaña de boicot a Israel está comenzando a recibir apoyos incluso entre los judíos de Israel. En pleno ataque a Gaza unos 500 israelíes, decenas de ellos conocidos artistas y académicos, enviaron una carta a los embajadores extranjeros destacados en Israel. En ella hacían un llamamiento para “la inmediata adopción de medidas restrictivas y sanciones” y dibujaban un claro paralelismo con la lucha antiapartheid. “El boicot contra Sudáfrica fue eficaz, pero a Israel se la trata con guantes de seda… Este respaldo internacional debe cesar”.

Sin embargo, incluso ante estos inequívocos llamamientos muchos de nosotros no podemos ir allí. Las razones son complejas, emocionales y comprensibles. Y simplemente no son lo suficientemente buenas. Las sanciones económicas son las herramientas más eficaces de que dispone el arsenal de la no violencia. Renunciar a ellas raya en la complicidad activa. A continuación exponemos las cuatro principales objeciones que se hacen a la estrategia del BDS, acompañadas de sus correspondientes refutaciones.

1. Las medidas punitivas no servirán para persuadir a los israelíes sino para acrecentar su hostilidad.

El mundo ha intentado lo que solía llamarse “compromiso constructivo” y ha fracasado estrepitosamente. Desde 2006 Israel ha ido aumentando constantemente su nivel de criminalidad: ampliando asentamientos, iniciando una atroz guerra contra el Líbano e imponiendo un castigo colectivo a Gaza a través del brutal bloqueo. A pesar de esa escalada Israel no ha sufrido ningún castigo, sino todo lo contrario. Las armas y los 3.000 millones de dólares anuales de ayuda que los USA envían a Israel son solo el principio. A lo largo de este período clave Israel se ha beneficiado de una notable mejora en sus actividades diplomáticas, culturales y comerciales con gran número de aliados. Por ejemplo, en 2007 Israel se convirtió en el primer país no latinoamericano en firmar un acuerdo de libre comercio con Mercosur. En los nueve primeros meses del 2008 las exportaciones israelíes a Canadá aumentaron el 45%. Un nuevo acuerdo comercial con la Unión Europea duplicará las exportaciones israelíes de alimentos procesados. Y el 8 de diciembre los ministros europeos “mejoraron” el Acuerdo de Asociación UE-Israel, una recompensa por la que Israel suspiraba desde hace mucho tiempo.

Este es el contexto en el que los dirigentes israelíes comenzaron su última guerra confiando en que no les iba a suponer costos significativos. Es notable que tras más de siete días de guerra el índice de referencia de la Bolsa de Valores de Tel Aviv haya subido un 10.7%. Cuando no funcionan las zanahorias es preciso recurrir a los palos.

2. Israel no es Sudáfrica.

Por supuesto que no lo es. La relevancia del modelo sudafricano es que demuestra que las tácticas del BDS pueden ser eficaces cuando medidas más suaves (protestas, peticiones, cabildeos) han fracasado. Y en los territorios palestinos ocupados se detectan inequívocos y profundamente angustiosos ecos del “apartheid” de Sudáfrica: documentos de identidad y permisos de viaje de colores distintos, viviendas arrasadas y expulsiones forzosas, carreteras para uso exclusivo de los colonos judíos. Ronnie Kasrils, un destacado político de Sudáfrica, dijo que la arquitectura de segregación que observó en Cisjordania y Gaza es “infinitamente peor que el apartheid”. Eso fue en el 2007, antes de que Israel comenzara su guerra total contra la prisión a cielo abierto que es Gaza.

3. ¿Por qué elegir a Israel como único objetivo de la campaña BDS, cuando los Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países occidentales hacen lo mismo en Irak y Afganistán?

El boicot no es un dogma sino una táctica. La razón por la que la estrategia del BDS deba ser intentada contra Israel es de tipo práctico: en un país tan pequeño y dependiente del comercio podría dar resultados.

4. Los boicots cortan los canales de comunicación; lo que necesitamos es más diálogo, no menos.

Voy a responder a esta objeción con una historia personal. Durante ocho años mis libros han sido publicados en Israel por una casa comercial llamada Babel. Pero cuando publiqué The Shock Doctrine quise respetar el boicot. Con el asesoramiento de activistas de BDS, entre ellos el maravilloso escritor John Berger, me puse en contacto con una pequeña editorial llamada Andalus. Andalus es una editorial militante profundamente involucrada en el movimiento de lucha contra la ocupación israelí y la única editorial israelí dedicada exclusivamente a la traducción al hebreo de libros árabes. Redactamos un contrato para garantizar que todos los ingresos procedentes de la venta del libro sean destinados al trabajo de Andalus, sin reservarme nada para mí. En otras palabras, estoy boicoteando la economía israelí pero no a los israelíes.

Sacar adelante nuestro modesto plan de publicación requirió docenas de llamadas telefónicas, correos electrónicos y mensajes instantáneos entre Tel Aviv, Ramallah, París, Toronto y la ciudad de Gaza. Lo que quiero decir es lo siguiente: desde el momento en que se empieza a aplicar una estrategia de boicot el diálogo aumenta dramáticamente. Y ¿por qué no debería hacerlo? Para construir un movimiento se requiere un flujo de comunicación incesante, como recordarán muchos activistas de la lucha antiapartheid. El argumento de que apoyar los boicots significará romper los lazos entre unos y otros es particularmente engañoso habida cuenta de la variedad de tecnologías de la información que tenemos al alcance de las manos a precio módico. Estamos inundados de formas para transmitir nuestros argumentos a través de las fronteras nacionales. No hay boicot que nos pueda detener.

Justamente ahora muchos orgullosos sionistas se están preparando para obtener beneficios récord. ¿Acaso no es cierto que muchos de esos juguetes de alta tecnología proceden de parques de investigación israelíes, líderes del mundo en infotecnología? Sí, es cierto, pero no todos ellos van a salir beneficiados. Varios días después de iniciado el asalto israelí contra Gaza, Richard Ramsey, director gerente de una empresa británica de telecomunicaciones especializada en servicios de voz via Internet, envió un correo electrónico a la empresa de tecnología israelí MobileMax: “Como consecuencia de la acción emprendida por el gobierno israelí en los últimos días ya no estamos en condiciones de considerar seguir haciendo negocios con usted o con ninguna otra empresa israelí”.

Ramsey dice que su decisión no fue política. Simplemente, no quieren perder clientes. “No podemos permitirnos el lujo de perder a uno solo de nuestros clientes”, explica, “de modo que se trata de una decisión comercial puramente defensiva”.

Fue este tipo de frío cálculo empresarial lo que llevó a muchas empresas a retirarse de Sudáfrica hace dos décadas. Y es precisamente el tipo de cálculo sobre el que se asienta nuestra esperanza más realista de lograr la justicia negada durante tanto tiempo a Palestina.

Fuente: http://www.alternet.org/story/118332/

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Con Gaza, e Imaginemos, de José Saramago en su Cuaderno

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 12 enero, 2009

Con Gaza

Las manifestaciones públicas no son estimadas por el poder, que a veces las prohíbe o las reprime. Afortunadamente no es el caso de España, donde se han visto en la calle algunas de las mayores manifestaciones realizadas en Europa. Honra le sea dada por eso a los habitantes de un país en que la solidariedad internacional nunca ha sido una palabra vana y que ciertamente así lo expresará en el acto multitudinario previsto para el domingo en Madrid. El objeto inmediato de esta manifestación es la acción militar indiscriminada, criminal y atentatoria de todos los derechos humanos básicos, desarrollada por el gobierno de Israel contra la población de Gaza, sujeta a un bloqueo implacable, privada de los medios esenciales de vida, desde los alimentos a la asistencia médica. Objeto inmediato, pero no único. Que cada manifestante tenga en mente que la violencia, la humillación y el desprecio del que son víctima los palestinos por parte de los israelíes llevan ya sesenta años sin interrupción. Y que en sus voces, en las voces de la multitud que sin duda estará presente en Madrid, irrumpa la indignación por el genocidio, lento aunque sistemático, que Israel viene ejerciendo sobre el martirizado pueblo palestino. Y que esas voces, oídas en toda Europa, lleguen también a la franja de Gaza y a toda Cisjordania. No esperan de nosotros menos quienes en esos lugares sufren cada día y cada noche. Interminablemente.

Esta entrada fué posteada el Enero 11, 2009 a las 12:26 am.

Imaginemos

Imaginemos que, en los años treinta, cuando los nazis iniciaron su caza a los judíos, el pueblo alemán hubiera bajado a la calle, en grandiosas manifestaciones que quedarían en la Historia, exigiéndole a su gobierno el final de la persecución y la promulgación de leyes que protegiesen a todas y cada una de las minorías, ya fueran de judíos, de comunistas, de gitanos o de homosexuales. Imaginemos que, apoyando esa digna y valiente acción de los hombres y mujeres del país de Goethe, los pueblos de Europa desfilaran por las avenidas y plazas de sus ciudades y unieran sus voces al coro de las protestas levantado en Berlín, en Munich, en Colonia, en Francfort. Ya sabemos que nada de esto sucedió ni podría haber sucedido. Por indiferencia, apatía, por complicidad táctica o manifiesta con Hitler, el pueblo alemán, salvo alguna rarísima excepción, no dio un paso, no hizo un gesto, no dijo una palabra para salvar a quienes iban a ser carne de campo de concentración y de horno crematorio, y, en el resto de Europa, por una razón u otra (por ejemplo, los fascismos nacientes), una asumida connivencia con los verdugos nazis mantendría el orden o castigaría cualquier veleidad de protesta.

Hoy es diferente. Tenemos libertad de expresión, libertad de manifestación y no sé cuantas libertades más. Podemos salir a la calle miles o millones que nuestra seguridad siempre estará asegurada por las constituciones que nos rigen, podemos exigir el final de los sufrimientos de Gaza o la restitución al pueblo palestino de su soberanía y la reparación de los daños morales y materiales sufridos a lo largo de sesenta años, sin mayores consecuencias que los insultos y las provocaciones de la propaganda israelí. Las imaginadas manifestaciones de los años treinta serían reprimidas con violencia, en algún caso con ferocidad, las nuestras, como mucho, contarán con la indulgencia de los medios de comunicación social y luego entrarán en acción los mecanismos del olvido. El nazismo alemán no daría un paso atrás y todo acabaría igual a lo que luego iba a ser y la Historia ha registrado. Por su parte, el ejército israelí, ése que el filósofo Yeshayahu Leibowitz, en 1982, acusó de tener una mentalidad “judeo-nazi”, sigue fielmente, cumpliendo órdenes de sus sucesivos gobiernos y comandos, las doctrinas genocidas de quienes torturaron, gasearon y quemaron a sus antepasados. Podría decirse incluso que en algunos aspectos los discípulos adelantaron a los maestros. En cuanto a nosotros, seguiremos manifestándonos.

Esta entrada fué posteada el Enero 12, 2009 a las 12:25 am.

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