Reggio’s Weblog

La insoportable gravedad del Código Penal (II), de Enrique Gimbernat en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia by reggio on 23 enero, 2009

TRIBUNA  DERECHO

Al autor le parece muy grave que el legislador no haya distinguido entre pena y medida de seguridad. Considera también un despropósito establecer la responsabilidad penal de las personas jurídicas

De entre los numerosos defectos politicocriminales y técnicos del Anteproyecto del Código Penal de 2008 aprobado por el Gobierno, quiero ocuparme aquí de dos de ellos.

En primer lugar de la nueva «pena de libertad vigilada», que se extiende hasta los 20 años y que se empieza a ejecutar una vez cumplida la prisión, con lo que, en el supuesto de los delitos más graves -de los sancionados con 40 años de cumplimiento íntegro de prisión- la pena efectiva alcanza una duración de 60 años: por consiguiente, quien es condenado a los 30 años de edad habrá extinguido su pena con 90, y el condenado a la edad de 40 años, cuando haya cumplido los 100. Esa «pena», según la Exposición de Motivos, obedece a consideraciones de «prevención especial», es decir: se impone a los delincuentes potencialmente peligrosos para impedir que cometan nuevos hechos punibles.

Con ello, el prelegislador español está desconociendo la elemental distinción -acogida unánimemente tanto por la legislación de los países democráticos como por la doctrina- entre pena y medida de seguridad. La pena, independientemente de que debe estar orientada a la reinserción, tiene un carácter aflictivo, ya que se impone por un delito efectivamente cometido, mientras que la medida de seguridad se aplica, una vez purgada la pena, en función de la peligrosidad del delincuente y no puede tener carácter aflictivo alguno, sino solamente uno terapéutico y cautelar para que el autor no vuelva a reincidir, lo que se entiende por sí mismo: la sociedad tiene todo el derecho a poner los medios para que el violador que ha extinguido la pena no vuelva a cometer ulteriores delitos contra la libertad sexual -internándole incluso, si ello es absolutamente necesario, y hasta que cese su peligrosidad, en un establecimiento de terapia social-, pero esa medida (de seguridad) no es una pena: porque el autor no tiene la culpa de ser peligroso y porque lo único por lo que se le puede castigar es por un hecho que ya ha cometido, y no por otro que ni ha ejecutado ni tal vez nunca iba a ejecutar.

Ignorando esa distinción elemental, los autores del Anteproyecto llaman «pena» a lo que técnicamente es una «medida de seguridad» y obligan al juez a imponerla en el momento de dictar sentencia, lo que supone desconocer el sentido y el fin de esa consecuencia jurídica, porque si la «libertad vigilada», como reconoce la E de M, tiene su fundamento en la «prevención especial», ¿dónde está la bola de cristal que ha permitido al legislador adivinar que un delincuente va a seguir siendo peligroso 40 años después de haber sido condenado?

La medida de seguridad basada en la peligrosidad sólo tiene sentido imponerla una vez extinguida la condena, porque ese es precisamente el momento en el que hay que elaborar el pronóstico de si mantiene o no la tendencia a cometer ulteriores delitos, medida que desde siempre he defendido que se debe aplicar -cuando el pronóstico sea desfavorable- a los delincuentes sexuales, y ello por dos motivos: en primer lugar, porque se trata de infracciones especialmente graves y, en segundo lugar, por el alto índice de reincidencia en esa clase de delitos. En cambio, la imposición preceptiva a los terroristas de la «libertad vigilada» está en contradicción con la razón de ser -peligrosidad- de esa «medida de seguridad», porque en los delitos contra la vida, como demuestran las estadísticas, el riesgo de reincidencia del autor en esa clase de delitos es prácticamente nulo, y nulo sin más cuando a quien se le quiere aplicar es a un anciano que, después de la reforma de 2003, sólo puede salir de la cárcel cuando ha cumplido ya los 70 o los 80 años de edad.

Siguiendo el modelo anglosajón, ampliamente criticado por la doctrina continental, el Anteproyecto establece ahora la responsabilidad penal de las personas jurídicas, lo que vulnera los principios de responsabilidad personal y de culpabilidad, principios que fueron consagrados como una gran conquista en la reforma penal de 1983. Me resisto a creer que los autores del Anteproyecto hayan sido conscientes de la trascendencia que implica esa reforma.Porque, según el artículo 430.2 del Anteproyecto, si el administrador de una sociedad anónima comete un delito de cohecho o de tráfico de influencias, la responsabilidad penal no sólo le alcanza al autor, sino también a la entidad a la que haya beneficiado esa conducta penalmente ilícita.

Es decir: que si un apoderado del Banco de Santander soborna a un funcionario, el tribunal, imperativamente, tiene que suspender todas las actividades de esa entidad financiera y clausurar igualmente todas sus sucursales. Pero ¿en qué cabeza cabe que por la actuación individual de una administrador desleal tengan que responder los miembros del consejo de administración que ignoraban esa actividad delictiva, los millones de accionistas, empleados y depositantes del banco y, en definitiva, todos los españoles que resultarían afectados por el terremoto financiero y económico que supondría la clausura del primer banco nacional?

Como he tratado de exponer a lo largo de esta Tribuna, el Anteproyecto de 2008 es tan politicocriminalmente funesto y técnicamente equivocado como coherente con las predominantemente desastrosas anteriores reformas de populares y socialistas.

Enrique Gimbernat, es catedrático emérito de Derecho Penal en la Universidad Complutense y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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Unir EEUU y dividir al mundo, de Timothy Garton Ash en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 enero, 2009

NUEVA ERA EN LA CASA BLANCA: La opinión

Al 44º presidente le han tomado juramento en un día de enero excepcionalmente caluroso para esta época del año. La presidenta, Gloria Evangelista, el primer hispano y la segunda mujer en llegar a la Presidencia de Estados Unidos, ha prestado juramento sobre una Biblia en versión española que sostenía su marido, Victor Chu. Ha quedado aparcada temporalmente la polémica acerca de los sustanciosos contratos que la labor de cabildeo de Chu ha reportado a empresas chinas. El ex presidente Barack Obama, al que no le han desaparecido las canas desde los traumáticos últimos meses de su segundo mandato, ha sido uno de los que han seguido atentamente la ceremonia, flanqueado por su predecesor, el republicano George W. Bush, y su sucesora, Kitty McFarlane. El tiempo tan impropio de este 20 de enero de 2025 se atribuye al recalentamiento global que el Gobierno de Obama se esforzó en vano por aminorar. En su discurso de toma de posesión, pronunciado parte en inglés y parte en español, la presidenta Evangelista ha rendido un homenaje quizás exagerado a la asociación estratégica entre chinos y norteamericanos, coloquialmente conocida como el G2.

Se ha hablado hasta la saciedad de que se considera «histórico» (¡Qué pesadez de calificativo!) el día de la toma de posesión de Obama dentro de la larga trayectoria de la historia de EEUU, pero deberíamos analizarlo en la perspectiva de un futuro probable.Según la más reciente proyección del propio National Intelligence Council de EEUU, «en 2025, el sistema internacional será multipolar y global; seguirán estrechándose las diferencias de poder de las naciones entre los países desarrollados y los países en desarrollo».Eso no implica que EEUU deba entrar en decadencia, sino sólo que los demás seguirán haciéndose más fuertes. Había un punto casi de resistencia terca y melancólica en la proclama del discurso de toma de posesión de Obama: «Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la tierra. Seguimos siendo…». En un discurso francamente bueno, aunque no el magnífico discurso a lo Lincoln que tanto se había cacareado, el presidente Obama no sólo se dirigió a su país, sino también al mundo. Tengo la impresión de que salió bien parado en el plano de la oratoria, y es posible que también salga bien parado en la práctica con la primera de esas audiencias, a pesar de las dificultades actuales, pero no estoy tan seguro de que sea así con la segunda. De hecho, hay una tensión casi inapreciable entre la forma en que habla para, de cara a y sobre EEUU y la forma en que habla para y sobre el mundo.

El gran tema de toda su vida hasta este momento (incluyendo la literatura que sabemos que lee con mayor dedicación; el mejor libro que ha escrito, Dreams from My Father, y su mejor discurso hasta la fecha, el de Filadelfia sobre «la raza») es la mezcla de múltiples identidades en unos Estados Unidos que terminarán por reconciliarse consigo mismos. El no sólo es fruto de esa mezcla, sino que se presenta a sí mismo como la apoteosis del sueño americano. Promete ya no sólo superar, por fin, la contradicción fundacional de EEUU entre libertad y esclavitud, sino incluso preparar al país para un nuevo orden de diversidad racial.

Su núcleo familiar, Michelle y las niñas, personifica lo primero: un día sí y otro también nos facilitarán alguna fotografía de una familia negra en la Casa Blanca. Su familia en sentido amplio, de una diversidad casi enciclopédica, en la que los idiomas que se hablan son, según se ha dicho, francés, chino cantonés, alemán, hebreo, suahili, luo e igbo, representa lo segundo. Como todo artífice de la palabra, Obama es un maestro en el empleo de un lenguaje que evoca esta mezcolanza norteamericana. Con el tiempo, este sentimiento de un «nosotros» en que todo el mundo se vea mejor representado será capaz de insuflar nuevas energías entre los miembros menos privilegiados de la sociedad norteamericana.«La diversidad de nuestra tradición es uno de nuestros puntos fuertes, no una debilidad», dijo. Y es capaz de conseguir que así sea. Aunque han sido las locuras financieras de EEUU, tanto privadas como públicas, lo que originariamente nos ha metido en esta desastrosa situación, este país está probablemente mejor colocado para sacarnos de ella que la mayor parte de los europeos.Quizás no resulte justo, pero, ¿quién dijo que la vida fuera justa? Es más, está en condiciones de aprovechar la oportunidad de la crisis para realizar inversiones transformadoras en energía, educación e infraestructuras.

¿Hablamos de la reconstrucción de EEUU? Sí, él puede. No hay nada seguro en el futuro, excepto la muerte y los impuestos, pero Obama tiene algo más que la mera posibilidad de llevarla a cabo, especialmente si se le otorga un segundo mandato. Ahora bien, ¿reconfigurar el mundo bajo el liderazgo renovado de EEUU? Ahí soy más escéptico.

Las cosas irán mejor que durante los últimos ocho años, eso con toda seguridad. Lo contrario sería verdaderamente difícil (aparte de ver a Bush de espaldas, una de las gozadas -de tipo carencia freudiana- de la transferencia de poder del 20 de enero fue, francamente, ver al ex vicepresidente, Dick Cheney, en silla de ruedas y con un aspecto cada vez más parecido al doctor Strangelove).

Obama tocó muchas notas que el mundo quería oír de Washington, y las tocó con la elegancia que le caracteriza. Habló de «las cualidades atemperadas de la humildad y la moderación». Indicó algunas prioridades: combatir la proliferación de armamento nuclear y el cambio climático, contribuir en mayor medida al desarrollo de las «naciones pobres». Envió una oferta especial al «mundo musulmán», un nuevo camino hacia el futuro, «basado en el interés y en el respeto mutuo».

El pasaje clave fue éste: «Por eso mismo, que todos los demás pueblos y gobiernos que nos están viendo hoy, desde las más grandes capitales a la pequeña aldea en que nació mi padre, sepan que EEUU es amigo de toda nación y hombre, mujer y niño que persiga un futuro de paz y dignidad, y que una vez más estamos dispuestos a asumir el liderazgo».

Unas ideas magníficas, pero la pega está al final. Es posible que EEUU esté dispuestos a asumir el liderazgo «una vez más», pero, ¿qué ocurriría si el mundo ya no estuviera dispuesto a seguirlo? ¿Qué ocurriría si el mundo creyera que en los últimos ocho años, Estados Unidos ha perdido parte de su derecho moral a dirigirlo, que ya no tiene el poder que tenía y que, de todos modos, nos estamos moviendo hacia un sistema global multipolar, como pronostica el propio National Intelligence Council de Washington?

Estoy impresionado por las pocas pegas y peros apuntados por los dirigentes mundiales en sus acostumbradas palabras de bienvenida.La canciller de Alemania, Angela Merkel, ha enviado sus felicitaciones afables y cristianas, pero ha añadido que «ningún país en solitario está en condiciones de resolver los problemas del mundo». Nicolas Sarkozy ha dicho: «Esperamos con ilusión que se ponga a trabajar para que junto con él podamos cambiar el mundo». Ya lo ven, Francia está dispuesta a asumir el liderazgo una vez más. Cuando tengamos las reacciones de China, Rusia o un mundo árabe encolerizado por el silencio de Obama sobre Gaza, los reproches no adoptarán la forma de delicados alfileres sino de obuses de artillería.

Cualquiera podrá consolarse con que, a buen seguro, Obama es, de entre todos, quien mejor entiende la enorme complejidad del mundo. Yo personalmente creo que es así, y que ésa es nuestra gran esperanza. Al mismo tiempo, el relato que quiere contar a los norteamericanos exige una versión mejorada de las ideas tradicionales de excepcionalidad, misión y liderazgo de EEUU.El patriotismo norteamericano, ligado también a esa idea de una misión que hay que asumir como líderes, es el pegamento con el que va a unir una nación, la suya, cada vez más dispar. Cuanto más diferente sea, más pegamento se necesitará. Y no se trata de un recurso. Este relato y esta misión son también, si me guío por los elementos de juicio de los que dispongo, un relato y una misión en los que él cree de verdad, porque, ¿acaso no es su trayectoria personal una prueba más que palpable de la autenticidad del relato y la justicia de su misión?

Se produce, por tanto, una tensión entre la idea de un renacido liderazgo de EEUU en el mundo, de aires kennedianos, que Obama ha expuesto a su país, y lo que el resto del mundo quiere oír o está dispuesto a aceptar ahora. Una tensión, repito, no una contradicción flagrante. La manera en que gestione esa tensión será otro de los muchos problemas complejos a los que deberá hacer frente este todavía joven maestro de la complejidad.

Timothy Garton Ash, prestigioso historiador y analista británico, es columnista de The Guardian. Su último libro publicado es Mundo Libre.

© Mundinteractivos, S.A.

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Salve, jefe: un saludo alternativo, de Norman Birbaun en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 enero, 2009

No hay nada que ejemplifique tanto el carácter monárquico de la presidencia de Estados Unidos como los rituales de investidura, en los que se oye el himno presidencial Hail To The Chief (Salve, jefe). Ahora bien, una hipotética composición alternativa tendría muchas notas disonantes: nuestra monarquía no es absoluta.

El presidente Obama ha nombrado ministros del Gabinete y a los asesores de la Casa Blanca que los supervisarán. Ha negociado con los líderes del Congreso y el Senado la posibilidad de asignar más dinero para ayudar a los grandes bancos norteamericanos con problemas, y no cabe duda de que tiene planes (aún no revelados) para hacer algo respecto a nuestro autodestructivo Estado amigo, Israel. El sector financiero, los legisladores y el omnipresente lobby israelí le habrán recordado que su poder tiene límites. Tal vez cuenta ahora con una aprobación general del 70% en las encuestas de opinión pública (su miserable predecesor tiene alrededor del 27%), pero eso no garantiza necesariamente los triunfos legislativos y políticos.

La ciencia política estadounidense sabe que hay un triángulo de hierro que enlaza el Congreso, los ministerios y el poder organizado de los grupos ideológicos y económicos. Los presidentes vienen y van; el sistema permanece.

De hecho, el presidente de un grupo de demócratas conservadores de la Cámara (llamados los Perros azules, tal vez porque ladran y muerden) recordó en público al presidente electo que podrían unirse a los republicanos para detener cualquier propuesta que él haga. Por supuesto, añadió, no era una amenaza: estaba seguro de que Obama coincidía con ellos en la necesidad de disciplina fiscal.

Obama ha intentado hacer su plan económico de emergencia de 850.000 millones de dólares más agradable a los ideólogos de mercado de los dos partidos mediante la asignación de una tercera parte a recortes de impuestos e incentivos al capital, en vez de inversiones a largo plazo o ayuda al número, en rápido aumento, de ciudadanos en paro.

Además, las mayorías demócratas en el Congreso y el Senado fueron mucho más amplias bajo otros presidentes recientes, tanto demócratas como republicanos. Si los demócratas obtienen finalmente 59 de los 100 escaños del Senado, todavía les faltará un voto para poder aprobar leyes, y hay unos cuantos demócratas que no están en sintonía con las tradiciones reformistas del New Deal ni la Gran Sociedad.

Lo que consiga hacer el nuevo presidente dependerá, más que de su impresionante talento político y retórico y su evidente dominio de gran parte de la política moderna como obra de arte total, del equilibrio de fuerzaspolíticas y sociales en el país. Al fin y al cabo, el envejecido e intelectualmente limitado McCain y su ignorante y resentida candidata a la vicepresidencia obtuvieron el 46% de los votos. Un buen 25% del país se considera perjudicado por tener que soportar a la familia Obama en la Casa Blanca.

Los medios de comunicación estadounidenses están llenos de exhortaciones al presidente para que no preste atención a la “izquierda”; como si nuestro semanario de izquierdas, The Nation, vendiera dos millones de ejemplares, en vez de unos modestos 200.000. El grupo progresista del Congreso tiene unos 80 miembros -la mitad de ellos, afroamericanos apegados por razones obvias a nuestro Estado de bienestar-, de 435 escaños en la Cámara de Representantes. Hay alrededor de 25 senadores (de un total de 100) que son el equivalente norteamericano a los socialdemócratas. La izquierda estadounidense es una alianza desordenada de grupos de intereses culturales, económicos, ambientales, étnicos y raciales sin ningún denominador común ni proyecto histórico unificador.

La mayoría de los ciudadanos estaba de acuerdo, ya antes de la crisis económica actual, en que el Gobierno tuviera un papel regulador y de redistribución importante, pero no se organizó para transformar en leyes esa opinión pública. Los asesores electorales de Obama, que van a trabajar con él en la Casa Blanca, son maestros de la comunicación y la movilización por Internet, pero sólo ven su funcionamiento en una dirección, la suya.

Obama acaba de señalar que no va a respaldar el plan de los sindicatos para aprobar una ley que facilite el reclutamiento de miembros y la obtención de derechos de negociación, después de haber dicho lo contrario durante la campaña. Sus asesores legales han insinuado que se va a cerrar Guantánamo, pero no de inmediato. El nuevo presidente no enviará la Sexta Flota en misión humanitaria a Gaza, ni suspenderá las entregas de armas a Israel para examinar si es legal, con arreglo a las leyes nacionales e internacionales, que se utilicen contra los palestinos.

En cambio, es posible que haya un progreso muy lento hacia la racionalidad en nuestra política para Oriente Próximo, pero no una liberación inmediata de nuestra extraña versión del cautiverio en Babilonia… con los israelíes como dueños de la situación.

El otro día, el ministro británico de Exteriores, David Miliband, reclamó el fin de las simplificaciones vulgares de la “guerra contra el terror”. No parece que Obama vaya a emprender rápidamente una terapia política para curar al país de sus obsesiones imperiales. John Kennedy esperó para hacerlo hasta cinco meses antes de su muerte, posiblemente causada por su valentía (recuérdese su discurso del 10 de junio de 1963 sobre la necesidad de terminar con la guerra fría).

Existen profundos argumentos económicos para reducir nuestro hinchado presupuesto de armamento. La CIA advierte en el informe del Consejo Nacional de Inteligencia, Global 2025, que el fin de la hegemonía de Estados Unidos es ya una realidad. Obama, que ha leído mucho y es muy inteligente, es perfectamente consciente de la situación (como lo son su brillante secretaria de Estado y el muy preparado general que es su Consejero Nacional de Seguridad). Obama ha decidido claramente que la crisis del capitalismo norteamericano, cada vez más aguda, es su principal preocupación. Ha llegado a la conclusión de que nuestras instituciones políticas disfuncionales no permiten que se comuniquen demasiadas verdades inquietantes al mismo tiempo.

En su autobiografía relata que, cuando era estudiante, dedicaba noches y días enteros a leer los clásicos contemporáneos en relación con la posibilidad de transformación social. Expresémosle nuestros mejores deseos en el momento más difícil de su vida y confiemos en que el estadista de mediana edad que se sumerge en las turbulencias de la historia no olvide al joven que buscaba la esperanza.

Norman Birnbaum es catedrático emérito en la Facultad de Derecho de la Universidad de Georgetown.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

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El remedio sueco, de Ángel Ubide en El País

Posted in Economía by reggio on 23 enero, 2009

Esta semana, además de la proclamación del presidente Obama, ha sucedido un acontecimiento que potencialmente puede cambiar de manera drástica el panorama económico. Los gobiernos británico y americano acaban de admitir que tienen una crisis bancaria y, por tanto, van a tomar finalmente las medidas necesarias para resolverla. Hace más de 18 meses que reventó la burbuja crediticia, pero hasta ahora los gobiernos se han comportado como si el problema fuera una crisis de liquidez, una crisis de confianza donde los agentes económicos se han asustado, con el corolario de que, una vez que retorne la confianza, todo volverá a la normalidad.

La receta para la resolución de una crisis bancaria sistémica es bien conocida y la hemos discutido en esta columna varias veces, siguiendo el modelo sueco de principios de los años 90, aplicado con éxito en las múltiples crisis bancarias de los mercados emergentes en 1997-98: acometer una evaluación rigurosa de las pérdidas, cerrar los bancos insolventes, recapitalizar los bancos solventes pero con problemas (o los insolventes pero demasiado grandes para poderlos cerrar de manera ordenada) y transferir los activos tóxicos fuera del balance para que los bancos puedan retomar la actividad crediticia. Si los activos tóxicos permanecen en el balance los directivos de los bancos dedican una gran parte de su tiempo a gestionar los activos con problemas -en otras palabras, los bancos se dedican a minimizar perdidas, en lugar de maximizar las ganancias- y por tanto actúan de manera muy conservadora. Por tanto, aunque los bancos reciban infusiones de capital, serán muy cautos a la hora de prestar.

Hasta ahora, las autoridades mundiales han optado por recapitalizar los bancos y proveer garantías para las emisiones de deuda. A su vez, se han dedicado a proclamar que la causa principal de la crisis ha sido la imprudencia de los bancos, que tenían poco capital y eran poco cuidadosos a la hora de prestar (el comunicado del G20 del pasado noviembre es un claro ejemplo). La conclusión es que los bancos, en el futuro, tendrán que tener unos niveles de capitalización superiores. ¿Si usted fuera un banco, escuchara a las autoridades hablar de esta manera, viera la situación económica actual incierta como es, tuviera millones de euros de activos de dudosa calidad en su balance, y recibiera una inyección de capital, qué haría? Lo racional sería “ahorrar” este capital, es decir mejorar la capitalización del banco y continuar con una actitud muy prudente hasta que tenga una mayor certeza de las perdidas que aflorarán de los activos dudosos de su balance. Y esto es exactamente lo que están haciendo los bancos, lógicamente, por mucho que las autoridades se lamenten de que los bancos no están “colaborando”.

El crédito no fluye porque las autoridades, hasta ahora, no han querido seguir el modelo sueco de resolución de crisis bancarias. Y la razón es sencilla: por una parte, implica reconocer que existe una crisis sistémica del sistema bancario; por otra parte, el coste fiscal ex-ante (no ex-post, ya que en muchos casos los gobiernos acaban generando beneficios de la gestión de estos activos) es elevado, ya que hay que capitalizar una institución pública que se haga cargo de los activos tóxicos. El debate en EE UU ha completado el círculo: en octubre pasado se anunció que se comprarían activos tóxicos, luego que se recapitalizarían los bancos, finalmente han entendido que hay que hacer las dos cosas a la vez.

En Gran Bretaña se van a dotar 300.000 millones de libras para este plan, en Estados Unidos el montante tendrá que ser bastante superior. Es una operación complicada y que implica un aumento importante de los pasivos públicos, pero necesaria para restablecer el flujo crediticio. ¿Y en Europa? Pues, como siempre, vamos a remolque. Hay actuaciones puntuales, como en Alemania donde se han intervenido múltiples bancos, pero no hay un proceso sistemático de resolución de esta crisis. Si hubiera un organismo de supervisión bancaria a nivel europeo, y la voluntad política de dotar los recursos necesarios, se podría organizar un “remedio sueco”, identificando los bancos con problemas y forzándoles a reconocer las pérdidas y recapitalizarse adecuadamente. Pero hay bancos demasiado grandes para el tamaño de sus países de origen, y bancos con actividades en múltiples países que requieren una actuación multinacional de difícil coordinación. Así que, debido a las deficiencias de nuestro sistema de resolución de crisis financieras -deficiencias que se han sabido desde el inicio de la Unión Monetaria pero que no se han querido resolver- Europa seguirá adoptando las medidas posibles, no las adecuadas, para resolver esta crisis.

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Por un liderazgo blando de Obama, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 enero, 2009

A lo máximo que podemos aspirar es a dejar un mundo algo mejor del que encontramos. No a transformarlo radicalmente, sino, en primer lugar, a recuperar la prosperidad dañada, la confianza extraviada, y en segundo lugar a dar algunos pasos hacia la concordia o, por lo menos, hacia un modo de paliar conflictos que mantenga alejadas las más graves amenazas que se ciernen sobre nuestra civilización y las demás.

Con estas o parecidas, y sin duda mejorables palabras, puede definirse una aspiración sensata y compartida. Ya conocemos lo peligroso de los atajos hacia la Arcadia. Sabemos cómo es de inexorable el límite de Montaigne a las aspiraciones de transformar la condición humana en otra cosa o suprimir sus defectos constitutivos: quienes pretenden elevarse como ángeles acaban arrastrándose como diablos. Reformismo, pues, y prudencia.

Combinación de ilusión y paciencia. Abandonar un mal camino no equivale a encontrarse de pronto en el bueno.

Así pretendo justificar mi aversión por los grandes liderazgos o liderazgos fuertes, y convencerles, en la medida de lo posible, para que prefieran un liderazgo blando, reflexivo, con una mesurada y limitada capacidad de arrastre, a la alternativa cegadora o visionaria del entusiasmo adocenado (ni que sea por una buena causa). El propio Obama habló en su discurso de contención, introdujo la máxima dosis de racionalidad y modestia que es posible imaginar en el interior de una ola emocional como la que levantó el martes los ánimos universales. Sin embargo, la misma inclusión de personas que no piensan como él en su gobierno podría tener una lectura en clave de exceso de autoconfianza y, más que dotes persuasivas y dialogantes, voluntad de crear una corriente de tal intensidad que se lleva las discrepancias por delante.

Incluso iría más allá, previniendo contra el peligro de los liderazgos fuertes. En situaciones que no sean de excepcionalidad, mejor buenos e imaginativos gestores que auténticos líderes. El líder, además de mermar la autonomía personal de quienes le siguen, se propone dejar las cosas en una situación muy distinta a la que ha encontrado. Por ahí puede llegarse a confundir el mundo con un calcetín ¿Y si el mundo no se deja cambiar? Espanta la inevitable sobredosis de autoconvencimiento de los grandes líderes. La verdad está esparcida en fragmentos, y del mismo modo debe estarlo el poder, por lo que en ambos casos es aconsejable limitar las concentraciones: ni demasiada verdad, ni demasiado poder, y menos aún mucha verdad y mucho poder en una sola mano. Evidentemente, convienen líderes en cualquier presente malo o indeseable. Sin líderes no saldríamos de las ciénagas. Pero con líderes fuertes pueden los colectivos humanos adentrarse más en ellas creyendo estar a punto de salir.

De momento, Obama construye su liderazgo con tiento, pero también asoma el mesiánico. En cualquier caso, es imprescindible advertir, y recordar, que el ejercicio de la autoridad convierte inexorablemente la modestia en egolatría; tiende por naturaleza a cerrar los oídos más abiertos; acaba, si no se abandona a tiempo, convirtiendo el propio poder en un fin en sí mismo. Incluso en los casos excepcionales, como el de Obama, para quien el poder es hoy por hoy un medio para conseguir propósitos beneficiosos.

Llevamos tanto tiempo sin líderes, es tanta la necesidad de liderazgo fuerte, que Estados Unidos, sus socios y el orbe sienten que no es momento de echar agua al vino, y menos cuando se comparten tanto las expectativas despertadas como la imperiosa necesidad del cambio de ciclo. Así que este artículo tiene la intención de describir el tipo de liderazgo que conviene, esperando que Obama no se proponga ir más allá, más que la de recortar el entusiasmo compartido.

Cuando alguien con las extraordinarias capacidades oratorias y la clarividencia de Obama alcanza la cima del poder, el peligro consiste en utilizarlas para subyugar e imponer en vez de proponer, escuchar, calibrar y al fin convencer (o dejarse convencer). El líder fuerte tiene tanta fe en sí mismo que no se permite dudas o titubeos. El líder blando ejerce su liderazgo de modo adaptativo. Lejos de presuponer que los demás deben cargar con todo el trabajo de adaptarse al liderazgo, procura adaptarse a las circunstancias, a la pluralidad de miradas y perspectivas propuestas por la inteligencia colectiva. Si existe la Providencia, seguro que no es de este mundo, por lo menos de la humanidad en esta dificultosa etapa de su desarrollo.

Por un entresacar un par de cuestiones entre sus primeros movimientos, una pregunta sobre la prisa en recuperar la economía para pasar a mayores, y otra sobre la decisión de enfrentarse a los lobbies. ¿Y si la economía no le hace caso y tarda más de la cuenta? ¿Y si el sistema de las influencias de los grupos de presión en la política es algo tan arraigado que resulta imposible de arrancar? La imprudencia puede ser letal.

Más que nunca en los últimos decenios, el mundo necesita que Obama sea un líder reflexivo, abierto y humilde, flexible y honrado, es decir, un líder blando.

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Europa y Guantánamo, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 enero, 2009

A menudo, desde Europa, nos preguntamos por qué los norteamericanos -republicanos y demócratas, antes y ahora- nos miran raro. “No acaban de entender nuestro sistema”, despachamos para quedarnos tranquilos. La Europa comunitaria y civilizada que emite directivas cada día, la que tanto denunció los vuelos secretos de la CIA, la que reclama un retorno al multilateralismo, la misma que se ha visto sumida en los peores totalitarismos de la historia y ha necesitado al Tío Sam para salvarse, la que hace gran bandera del pacifismo, esta Europa feliz no está muy dispuesta a ayudar a Barack Obama a desmantelar la prisión de Guantánamo. El español y socialista Javier Solana, alto representante de Política Exterior de la Unión Europea, ha declarado que “el problema de Guantánamo es un problema americano”. Asimismo, muy pocos son los estados europeos que consideran la posibilidad de acoger a estos presos. Las cabezas pensantes de Bruselas reciben de este modo al líder mundial.

Queremos que Obama haga su magia deprisa, pero a los europeos nos cuesta arrimar el hombro, preferimos usar el papel de fumar para lo que ustedes ya saben. Nos chifla Obama pero no queremos hacer nada que pueda complicarnos mucho la vida. Es esa actitud infantiloide, presente en partidos de derecha y de izquierda, que emite quejas de oficio por la presencia militar estadounidense en nuestro suelo, pero nunca se atreverá a explicar a los ciudadanos que, si el paraguas militar yanqui se cierra, habría que triplicar los presupuestos dedicados a defensa. Es esa actitud cínica y moralizante a la vez que olvida que, dos veces durante el siglo XX, los jóvenes norteamericanos vinieron a morir a Europa para frenar el peor mal. Es esa actitud irresponsable y miope que, finalmente, tuvo que contar con los bombardeos de la OTAN impulsados por Clinton para poner fin al genocidio planificado por Milosevic.

No nos gusta el limbo penal de Guantánamo pero le decimos a Obama que esa patata caliente se la coma él solito. Anhelamos los milagros. Es normal, en Europa todavía hay mucha gente que cree, erróneamente, que los atentados islamistas de Madrid y Londres sólo fueron una “reacción lógica” contra Aznar y Blair por la invasión de Iraq. Como si la obsesión de Al Qaeda con Al Ándalus fuera lo mismo que la patraña del PP sobre ETA y el 11-M. Una mentira no debería combatirse con otra mentira.

¿Qué pasará cuando Obama nos pida más tropas para Afganistán? Empiezan a surgir las voces que repiten la inutilidad de luchar contra los talibanes, por no mentar a los que -obviando el mandato de la ONU- ponen esta campaña militar al mismo nivel que la de Iraq. Veremos si Zapatero, tan provincianamente ansioso de ser el mejor amigo de Obama, se compromete de verdad o prefiere tocar el pífano de su alianza de civilizaciones.

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Triunfalistas de la catástrofe, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 23 enero, 2009

En España la propia desgracia se vive con verdadero triunfalismo y, si es avalada por la prensa extranjera, tanto mejor, asegura el autor. En su opinión, se impone menos beatería ante los foráneos, menos ingenuidad y más conocimiento de lo que cada uno se alivia quitando competidores de en medio

Es un fenómeno admirable la fruición y el entusiasmo, el triunfalismo, que genera en España la propia desgracia. Aparece renovado el afán de hozar que el desastre presentido suscita entre nosotros, el prestigio que sirve de aureola a los fracasos hispánicos. Todavía los mayores de la clase recordarán con qué tonos épicos hablaban ante los micrófonos quienes referían las vicisitudes de nuestra peseta, cuando su cotización descendente aumentaba las probabilidades de que fuera excluida del sistema monetario europeo. Aquello parecía la retransmisión de la final de la Copa de Europa de fútbol cuando la roja se impuso a sus adversarios alemanes. Estábamos a punto de despeñarnos y nos lo contaban como si estuvieran conectando en directo con la llegada del almirante Cristóbal Colón a las Indias equivocadas del Nuevo Mundo. Daban la impresión de que los oyentes también podían colaborar con sus esfuerzos a semejante daño y esperaban de la audiencia su decidida colaboración.

Primero se reclamó del Gobierno que hincara la rodilla y pronunciara la palabra crisis. Cuando lo hizo se le recriminó el retraso. Después se exigió la adopción de medidas y se quiso hacer del caso español, inserto en el tsunami general que afecta a todas las economías, una excepción separada. El modelo de nuestros liberal-nihilistas, los Estados Unidos de América, iba sumando quiebras, intervenciones, escándalos, estafas avaladas por Wall Street, paro, caída en picado de la industria automovilística, pero para nuestros analistas el problema no era ése sino el presidente Zapatero, conminado a comparecer en el Congreso de los Diputados, como único origen de nuestras dificultades. Llegaron las cifras del desempleo y estalló una ola de celebraciones. Por fin alcanzábamos una cifra récord a la que se añadían vaticinios de sucesivos empeoramientos. Cualquier intento de situar la realidad española en el contexto de la economía mundial era recibido con gritos de tongo.

Como en los antiguos vagones de la Renfe, quedaba prohibido asomarse al exterior. Sólo valía extasiarse con las informaciones o columnas aparecidas en la prensa extranjera cuando sus referencias a la economía española eran críticas o desfavorables en sus pronósticos. Ningún análisis sobre su procedencia o sus particulares intereses era aceptado. Volvíamos a las actitudes de los tiempos de la censura y las consignas cuando la prensa extranjera era la única ante la que la dictadura se sentía emplazada. Porque si bien el preámbulo de los Principios Fundamentales del Movimiento empezaba afirmando: ‘Yo, Francisco Franco, caudillo de España, responsable ante Dios y ante la Historia’, en la práctica el autócrata acababa respondiendo también ante la prensa extranjera, habida cuenta de que la de aquí permanecía amordazada y sólo expresaba mugidos de adhesión, sin los cuales su existencia se hacía imposible, como se comprobó con el cierre del diario Madrid en fecha tan distante de los avatares bélicos como el 25 de noviembre de 1971.

Todavía en días muy recientes la decisión de rebajar la calificación de nuestra deuda pública que anunció Standard & Poor’s fue recibida con indecible alborozo e incorporada a los argumentarios del Partido Popular que sirven de estribo a los tertulianos más adictos. Todo ello como si las agencias de calificación, después del espectáculo que han dado con su comportamiento errático y mercenario, fueran una referencia válida y estuvieran en condiciones de pedir cuentas en vez de obligadas a darlas ante todos aquellos que les ofrecieron confianza y fueron llevados al precipicio, donde vieron evaporadas sus inversiones en papeles envueltos en triple A. Nos quieren vender la mula ciega como si estas calificaciones fueran dictadas por los santos inocentes en lugar de estar trufadas de intereses opacos que los periodistas deberían empeñarse en explicitar.

Por eso un buen amigo periodista explicaba en el programa Hora 25 de la Cadena SER, que dirige Àngels Barceló, cómo en los antiguos exámenes de ingreso de la Escuela de Arquitectura, cuando llegaba la prueba del dibujo lavado, prolongada en sesiones a lo largo de varias jornadas, si alguno de los examinandos sufría un percance al principio intentaba avivarse para recomenzar en un nuevo pliego de papel Guarro, pero si el accidente sucedía sin tiempo útil para recomenzar, en el aula se escuchaba el grito unánime de ‘¡uno menos!’, expresión del general alivio porque los que habían de ingresar eran numerus clausus. Así que menos beatería ante los foráneos, menos ingenuidad y más conocimiento del terreno y de lo que cada uno se alivia quitando competidores de en medio. Vale.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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Arraigo, posesión y desempeño económico, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 23 enero, 2009

De pequeño, tres eran tres: ser, estar y, a veces, parecer. En la era de las apariencias, en cambio, continente es contenido, la imagen deviene esencia y lo que ves es lo que obtienes. Ser es tener, y si el individuo no tiene nada, no es nadie. Empero, la satisfacción ilimitada de los deseos no produce bienestar, ni es el camino de la felicidad.

Tras la magistral argumentación de S. McCoy hace apenas diez días, ahorro contexto y me embarco, con su venia, rumbo a las aparentes relaciones entre arraigo, posesión y desempeño económico.

La reflexión parte de un ser humano que prescinde de sus raíces naturales en la medida en que descubre nuevas raíces humanas, evitando así el aislamiento y desamparo. El alejamiento de la naturaleza obliga a desarrollar la razón, a levantar un mundo de ideas, principios y cosas que la reemplacen como base de la existencia y la seguridad. Así, el talento patrio esboza la evolución de un ser humano circunstancial, inadaptado al medio natural, sumido en una sensación de soledad e indefensión. Impulsado a la construcción de un entorno artificial y a rodearse de cosas propias, adapta el medio y la realidad a su conveniencia.

Ávido de procurarse seguridad y confort para sí y los suyos, emigra a la tecnópolis que nunca duerme y donde todo va muy deprisa. Demasiado. El ahora urbanita gira e gira, se deja llevar, sucumbe a los encantos de la gigantesca mole donde lo que acontece no es cosa de nadie. Los vacíos de soledad y desencanto se llenan con bagatelas y, la alienación ciudadana, con sobrecarga de estímulos.

Ser libre quiere decir carecer de identidad constitutiva, no estar adscrito a un ser determinado, poder ser otro del que se era y no poder instalarse de una vez y para siempre en ningún ser determinado. Lo único que hay de ser fijo y estable en el ser libre es la constitutiva inestabilidad.

La búsqueda de la libertad y la huída de la infelicidad discurren parejas por los caminos de las posesiones materiales. Ser es parecer, parecer es tener y, para tener, hay que poder. Y si no se puede, se recurre al crédito. Entramparse para vivir por encima de posibles aparentando dicha y libre albedrío. Pero lo que no son cuentas, son cuentos. De hadas o cocos. Otros, y éstos son los más señores y todos los que lo quieren parecer, enferman de deudas; y por no pagar sus trampas se huyen, fingiendo una melancolía, a una aldea, y desde allí hacen el coco a los acreedores.

Un mecanismo psicosocial que combina deseos de arraigo, seguridad, próspera estabilidad y riqueza material con inmoderado animus lucrandi, histeria colectiva y un cóctel de culpas in vigilando e in comitendo. Una y otra vez, el inconsciente colectivo cultural repite patrones de conducta irracionales, ya sean burbujas de tulipanes neerlandeses, de acciones de los mares del Sur o de soleados bienes raíces en Florida, sin que nadie ponga pie en pared ni, aún peor, se den por enterados. Aventado el éxtasis, El Dorado ladrillero deja paso a la tragicómica interiorización social de pasapiseros, pepitos y visilleras.

Spain is different

Sin embargo, los efectos perversos de la desilusión y el fracaso colectivos se trasladan al ámbito socioeconómico con virulencia renovada. Dado el componente móvil de cualquier grupo social, habitualmente integrado por jóvenes inquietos, adaptables y sin excesivas ataduras, el enraizamiento generalizado a través de la propiedad inmobiliaria cercena agilidad y dinamismo. Las estructuras productivas se vuelven menos flexibles y, a medida que desciende la movilidad de factores, los incentivos económicos para atraer trabajadores desde sectores recesivos hacia sectores expansivos se vuelven ineficaces. Factores relativamente inmóviles generan ofertas inelásticas a corto plazo. Elemental.

A las dificultades propias de cualquier cambio de localización, se une la imposibilidad de liquidar, en un mercado colapsado, el bien inmobiliario y la financiación aparejada. Quitarse el marrón, glacé, no es fácil. El arbitraje, casi exclusivo de las clases pasivas que ganan con cambios residenciales, y el insufrible coste adicional de un alquiler, cierran el círculo vicioso de arraigo, propiedad, inmovilidad y rigidez. Un círculo fomentado desde los poderes públicos, a todos los niveles, mediante políticas de suelo, vivienda protegida y ventajas fiscales. Discriminación positiva en detrimento último de la movilidad y la competitividad.

De media, ocho de cada diez cotizantes trabajan en su comunidad autónoma de nacimiento y siete de cada diez lo hacen en la misma provincia en la que iniciaron su actividad laboral. Más de la tercera parte de la población concentrada en sólo cuatro núcleos urbanos y áreas de influencia. Según el último censo de población y vivienda (2001), casi nueve de cada diez viviendas familiares lo son en propiedad, el 80% del parque inmobiliario español frente a la media comunitaria del 66%. Espectaculares cambios en la tenencia de activos y deudas entre 2002 y 2005.

Sólo la movilidad de los trabajadores extranjeros ha aportado una mínima flexibilidad a nuestra estructura productiva, si bien las diferencias culturales y de integración social producen fenómenos de asentamiento dispares, cuyos efectos a largo plazo son desconocidos pero conjeturables.

Castigo en propiedad

Además, la insuficiente movilidad laboral lastra nuestra característica escasa competitividad, en un contexto internacional convulso y cambiante que exige decisión, agilidad y adaptabilidad. Una España en el seno de una UEM construida en torno a las proposiciones del Informe Emerson, una moneda común circulando en un Área Monetaria Óptima que dista de serlo, y el modelo de crecimiento neoclásico de Solow, según el cual el estado estacionario, el equilibrio a largo plazo, no depende de la tasa de ahorro, ni del tipo de interés ni de la entidad del stock de capital, sino del incremento de la mano de obra y su eficiencia productiva debida al progreso tecnológico. Mal andamos.

La Vieja Europa se rejuvenece pasando por quirófano en sucesivas ampliaciones y abriendo sus fronteras para incorporar nueva mano de obra competitiva en costes. Esto genera cash para las arcas públicas y mejora, temporalmente, las tasas de reemplazo generacional y los ratios de dependencia, maquillando la insuficiencia fiscal y los deficitarios e insostenibles sistemas de protección sociales. Muertas las devaluaciones cambiarias, sólo queda la alternativa de rescatar la desinflación competitiva, basada en aumentos de productividad, austeridad fiscal y moderación salarial. Acabáramos.

Aunque el progreso tecnológico incrementa la productividad en el sector de los bienes exportables, abaratando costes y ganándose competitividad, en el caso de los bienes no exportables, como vivienda y servicios personales, la menor productividad genera mayor rigidez estructural en costes y precios cuanto mayor sea el peso de dichos bienes en la economía, debido a la ausencia de competencia internacional efectiva sobre los mismos. Efecto Balassa-Samuelson.

Estos diferenciales de productividad, costes y precios forjan un descenso de competitividad, medido a través de la apreciación del Tipo de Cambio Efectivo Real (TCER). En situación de moneda única, la competitividad española puede deducirse a través del IPC o del deflactor del PIB, dejándonos en penúltimo lugar de la eurozona, o mediante el coste laboral unitario, donde factores como el dumping social y la economía sumergida mejoran nuestra posición relativa.

En apenas tres generaciones, hemos pasado del si tú me dices ven, lo dejo todo, mano delante, mano detrás y hatillo al hombro, al anquilosamiento e inmovilidad de quedarse a verlas venir, bajo techado y hartos de cachivaches. Indolente comodidad, exceso de confianza. Sin posibilidad de competir fiscalmente, siempre quedan las ayudas de Estado, el déficit público sin temor al exceso y el inagotable endeudamiento soberano. Un panorama desolador para una España cada vez menos vertebrada y más abocada a la fractura social, económica y financiera.

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¿Cuántos diputados son compatibles?, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 23 enero, 2009

Crece la sensación de que cada día que pasa más miembros del legislativo tienen cara de gestoría de intereses particulares. Las normas de incompatibilidades son adorno, incluso algunos no se recatan con las formas y no se cortan un pelo a la hora de exhibir sus trabajos adicionales al de parlamentarios que en no pocas ocasiones tienen punto de llegada y de término en el propio Parlamento.

Y no digamos respecto al Ejecutivo entendido como terminal de recomendaciones que vienen de los despachos y los aparatos de los partidos. Gobiernos y oposiciones en todos los ámbitos de la política se reparten influencias y capacidades y se van apañando. No es mala inversión dedicar unos años a la política o que los dedique algún amigo, socio o pariente que se ocupe de mover influencias. Pasados los furores iniciales la preocupación y los escrúpulos éticos se guardan en el armario hasta mejor ocasión.

Detrás y delante del follón del torpe espionaje que tiene en ascuas a al gobierno de la Comunidad de Madrid y al partido que le sustenta se huele ese tipo de conflicto de intereses e influencias. Les ocurrió a los socialistas tras los dos primeros gobiernos de González, empezó a parecerles normal lo anormal y al final vino Perote con el ventilador.

El discurso del presidente Obama a su staff inmediato el primer día de gobierno (el miércoles), muy poco destacado en al prensa española, más allá de la congelación de las retribuciones más altas, giró en torno a dos ejes complementarios: primero la ética y segundo la transparencia.

Sobre la ética el mensaje fue corto y claro: venimos a servir intereses generales y no particulares de cualquier tipo, incluso ideológicos. Y sobre la transparencia, más aun: la ley de información (y la democracia) obliga a explicar y no a tapar.

¿Qué piensan sobre estas dos materias los políticos españoles de cualquier partido o gobierno? Pues sencillamente no piensan, tanto que les empieza a parecer normal lo anormal. El número de diputados con despacho abierto y a pleno funcionamiento es elevado; los hay que lo hacen a cara descubierta, y otros más decorosos y más desvergonzados lo hacen por interpuesto, aunque los clientes saben con quién se gastan los cuartos.

Antes o después saltará un escándalo irritante a la palestra. En cuanto algún decepcionado decida venganza. Y en ese momento vamos a sorprendernos de la cantidad de gente que va desnuda y que no se ha dado cuenta, o no quiere darse, al menos mientras dure la fiesta.

Obama, que llega fresco y prevenido, ha puesto a los “cabilderos” en el punto de mira desde el primer día, como advirtiendo que el que se pase de la raya lo pagará. ¿No es hora de que por aquí alguien levante la mano y advierta que demasiados se están pasando?

Obamismo español, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Política by reggio on 23 enero, 2009

En la exaltación española de Obama ha cristalizado la misma aberración social que la impuesta, durante el franquismo y la Monarquía de Partidos, con la obligatoriedad política de expresar en público la condena de cada atentado de ETA, para no parecer sospechosos de simpatías con el terror. Lo obvio ha sido excluido del terreno de la conciencia privada y sometido a la necesidad de ser incluido en el consenso de lo público. El rechazo del crimen y el parabién a la virtud se dan por supuestos en toda sociedad sana. Pero han de ser explicitados en una sociedad criminal y viciosa, donde las conciencias normales se refugian en el silencio del pudor. La exageración en el elogio de Obama traduce, en España, la necesidad de que el consenso antidemocrático, la corrupción de los partidos estatales y la mentira de los medios sobre la naturaleza de este Régimen, parezcan contener los valores éticos y los nobles fines de la democracia. La bella retórica de Obama y las promesas alentadoras de su discurso no han traspasado, hasta ahora, las fronteras naturales de la libertad, en una democracia asustada de los errores y brutalidades a donde la condujo el abandono de sus principios fundadores y el desprecio de la verdad. La catarsis negra la retorna a la normalidad.

La hiperbólica recepción de Obama en la opinión española oficial, el obamismo, delata el complejo de inferioridad que late en el cuerpo oligárquico del Estado de Partidos. Especialmente en el PSOE, acrítico partido del gobierno que, sin temor al ridículo, presume de haber anticipado una esperanza similar a la despertada en EEUU, olvidando que Zapatero humilló en Madrid la bandera que ha hecho posible a Obama. Y también en el PP, que no comprenderá el alcance político de lo allí sucedido, si ignora aquí la condena de la canallada internacional que Bush fraguó, con Aznar, en las Azores. Del mismo modo que la moderación en el elogio de lo grandioso, lo sublime o lo creador, es signo de mediocridad envidiosa, la exageración laudatoria de lo natural, en una democracia verdadera, sólo puede acaecer en las sociedades que no sólo desconocen la libertad política y la de pensamiento, sino que están educadas en la servidumbre voluntaria al poder estatal sin control, y en la admiración servil de todo lo poderoso.

florilegio

“Si no hay libertad, no puede haber naturalidad de gestos ni de opiniones. Si lo oficial es falso, no hay espacio público que ose dar cabida a la sinceridad inherente a lo verdadero. Si no existe libertad política ni de pensamiento, todo es propaganda. Si se disimula la miserabilidad moral de la vida propia, los juicios sobre la ajena están viciados de hipocresía, cinismo y miedo. La hipérbole elogiosa de lo lejano denota la pobreza espiritual de lo cercano.”

EU: justicia y reconstrucción moral, del Editorial en La Jornada

Posted in Política by reggio on 23 enero, 2009

La recién concluida era de George W. Bush ha significado para Estados Unidos y para el mundo una profunda catástrofe en los terrenos político, económico, diplomático, social, legal y moral. En el ámbito interno, los saldos de esta devastación se expresan en la actual crisis financiera –consecuencia del desastroso y corrupto manejo de la economía por la administración saliente– y en el avance de aberraciones legales violatorias de los derechos humanos y las libertades ciudadanas, como la denominada Ley Patriótica, impulsada por Bush a instancias del ex titular del Departamento de Justicia, Albert Gonzales, que legaliza, entre otras cosas, el espionaje telefónico, la apertura clandestina de correspondencia, la intercepción de correo electrónico y la sustracción secreta de documentos personales sin que se requiera orden judicial.

Por añadidura, durante los dos periodos de gobierno de Bush la comunidad internacional presenció un auge del unilateralismo, el injerencismo y la arbitrariedad en la nación más poderosa del mundo, y el consecuente colapso de la paz, la seguridad y la legalidad internacionales. Baste mencionar, como ejemplos célebres de esta destrucción, las atrocidades perpetradas en Abu Ghraib, en Guantánamo y otros centros de detención de las fuerzas armadas estadunidenses; la institucionalización, en el marco de la “guerra contra el terrorismo”, de la tortura aplicada a quienes fueran considerados, en forma discrecional, “combatientes enemigos”; la creación de una vasta red gubernamental dedicada al secuestro y el traslado aéreo de sospechosos de terrorismo, así como las agresiones militares a Afganistán e Irak y la reciente masacre en Gaza perpetrada por Israel, el principal aliado de Estados Unidos en Medio Oriente, que dejaron en conjunto un saldo de decenas de miles de civiles inocentes muertos y pérdidas materiales incalculables.

Ante este escenario, queda de manifiesto la urgencia de una reconstrucción nacional e internacional en todos los órdenes, como afirmó anteayer el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante su discurso de investidura; una reconfiguración del papel de Washington en el panorama internacional, basada en la sensibilidad hacia las realidades multilaterales de la actualidad, y una nueva proyección del gobierno estadunidense ante sus propios ciudadanos y ante los habitantes de todo el planeta. En particular, y por lo que hace a los ámbitos legal y ético, es ineludible que, como señaló ayer el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, en referencia a la reciente masacre cometida por Tel Aviv en Gaza, se esclarezcan los crímenes cometidos por fuerzas militares regulares en las regiones mencionadas y se castigue a los responsables.

En esta perspectiva, es sin duda alentador que una de las primeras acciones oficiales del nuevo mandatario estadunidense haya sido la suspensión de los procesos judiciales en la prisión de Guantánamo, en consecuencia con el propósito –manifestado por el propio Obama en reiteradas ocasiones– de cerrar ese campo de concentración. Tal medida, sin embargo, no resultará suficiente; debe recordarse que en ése y otros enclaves estadunidenses, como Abu Ghraib, se cometieron documentados crímenes de lesa humanidad que permanecen impunes y que deben ser investigados y sancionados.

Es necesario que el nuevo gobierno de Estados Unidos comience a resarcir, a la brevedad, el cúmulo de agravios cometidos por la administración Bush en contra de los ciudadanos de ese país, los habitantes de los territorios ocupados por su maquinaria bélica y la humanidad en su conjunto. Si no se procede de esa forma, la reconstrucción propuesta por Obama sería, en lo moral, un ejercicio de simulación, y la honestidad y la veracidad del nuevo mandatario quedarían en entredicho en forma prematura.

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Curar el alma, de Michael Moore en Página 12

Posted in Política by reggio on 23 enero, 2009

Queridos amigos,
¡Qué día feliz!

Luego de atravesar la Edad Media, aquí estamos, en uno de los momentos con mayor carga emotiva que la historia haya presenciado. Barack Obama es nuestra esperanza más grande para tratar de hacer las cosas bien, para tratar de curar el alma de este país y para tender una mano al resto del mundo que contenga una rama de olivo en lugar de un garrote.

Quiero aprovechar esta oportunidad para agradecer a cada uno de ustedes por hacer este día posible. Para muchos, la época de locura que acaba de pasar no empezó hace ocho años, sino hace 20, aquel trágico día en que Ronald Reagan juró como presidente para luego desmantelar nuestro tan querido “gobierno del pueblo” así como nuestra forma de vida.

Para todos ustedes quienes alzaron sus voces y se hicieron oír, que escribieron cartas y marcharon por la paz en todas partes del mundo, que nunca se rindieron: ustedes son los héroes. Muchos de ustedes sufrieron grandes pérdidas económicas. Algunos vieron a sus seres queridos partir en barcos hacia guerras absurdas y brutales en el otro lado del planeta, y muchos vivieron para volverlos a ver ya sin vida. Han sido tiempos duros.

Pero el sol volvió a salir. El infame presidente saliente se fue por la puerta lateral de la historia y ahora seguramente se encuentra en su rancho en Crawford, Texas, listo para venderlo como set hollywoodense y así instalarse en algún barrio exclusivo de Dallas. Me hubiera gustado que, antes de dejar el mando, Bush hubiese emitido un último indulto: el suyo propio y el de Cheney, Rumsfeld y toda la pandilla por todos los crímenes que cometieron desde el 2001 hasta la fecha. Demasiadas leyes fueron violadas; una guerra fue lanzada en nombre de una mentira. Ahora, lo único que necesitamos es justicia.

Es nuestro deber seguir adelante y arreglar el tremendo lío que armamos. Tenemos suerte de tener un nuevo presidente que es inteligente y comprometido a servir a su país. Les pido a todos que se tomen un momento y piensen en qué podemos ayudarlo a que haga mejor su trabajo. Estamos todos juntos en esto. Nuestro país viene de ser destrozado por una administración que decidió violentar la Constitución estadounidense como pocas veces para, finalmente, antes de irse, tratar de robar la mayor cantidad de dinero posible para sus amigos de Wall Street.

Aquí va mi ruego: no dejemos a Obama solo para arreglar tremendo lío. El ya tomó juramento; tomemos uno todos nosotros para tratar de trabajar más duro y así poner fin a estas guerras, implementar un servicio de salud gratuito y universal, salvar al planeta combatiendo el cambio climático, terminar con la pobreza, mejorar la educación y, además, recuperar nuestro gobierno para que éste sea del y para el pueblo, en lugar de y para los lobbistas, banqueros y vendedores de armas.

Finalmente, y como nota al pie, quiero decirles que, si bien no es ningún secreto la avalancha de ataques y odio que recibí por hacer mi trabajo, hoy prefiero callarlas, porque hoy es un día para celebrar, para ser optimistas y tener esperanzas. Otro día les contaré acerca de ello. Simplemente estoy contento de que estemos aquí para vivir este momento.

Les agradezco a todos por su constante apoyo y defensa de la democracia.

Sinceramente, Michael Moore.

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