Reggio’s Weblog

Apagar el televisor, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Derechos, Medios by reggio on 21 febrero, 2009

LA BALSA DE LA MEDUSA

Ayer, a las tres, sintonicé el Telediario de La 1, apareció la presentadora, comenzó a hablar del asesinato de Marta del Castillo y apagué el televisor. Me niego.

Pero me afirmo: es preciso evitar que la televisión pública se contamine más de la pestilencia de las televisiones privadas.Es preciso reconstruir y fortificar una televisión pública que responda plenamente a criterios políticos, culturales, cívicos y morales responsables y útiles para evitar el naufragio de la sociedad. Su ahogamiento en un cenagal.

Puede que no le interese a nadie, pero digo: si Zapatero y el Parlamento no reconducen el rumbo de la televisión pública, no votaré al PSOE en las próximas elecciones. No votaré a nadie. Me abstendré activamente. No tiene sentido añadir tu voto a una cazuela donde humea el caldo de una devastación del criterio y de una inmensa aniquilación de las ideas. El fundamento de la democracia está en peligro.

Nunca en la Historia se ha dispuesto de un medio tan vigoroso para formalizar el fin de la ignorancia de amplias capas de la población, para caminar hacia la igualdad, la dignidad y la ilustración, y nunca se ha utilizado un instrumento con tales posibilidades para hundir todavía más en la miseria a la gente que chapotea en ella. Hablo, claro, de la televisión.

¿Elitista? Todo lo contrario, al menos en cierto aspecto. Las minorías tienen recursos. El llamado profesional urbano con formación académica se salva (de momento). Tal vez mete sus narices y sus vísceras unos minutos en el pozo negro, se pega un revolcón y se sale. Indignado, un poco hipócrita, sí. Pero no es consciente de hasta qué punto ese vertedero móvil se está llevando por delante pueblos y barrios enteros. Ancianos, amas de casa, jubilados, chicos y chicas -del antiguo campesinado y clase obrera-, que alimentan sus aspiraciones protagónicas con los antimodelos de ese detritus y en carencia de educación. Estamos echando a los leones a una mayoría de la población. Los supervivientes se devorarán entre ellos y vendrán a por todos con un demagogo populista al frente.

Hace 20 años, aproximadamente, llegó aquí una televisión que no conocíamos. Ha contagiado a la televisión pública, a las otras televisiones, a los periódicos y a los digitales. La peste se extiende. El país donde prosperó esa televisión está roto, desventrado, desencuadernado. El magnate de esa televisión es su Presidente.¿No es un aviso?

El siglo XX conoció los campos de exterminio y los gulags. Ahora, en nombre del mercado, del ocio, del negocio y de la libertad de expresión prosperan coloristas prisiones catódicas con alambradas rosas y negras. ¿Libertad de expresión? ¿Quién va a expresar qué cosa si está inundado de emociones y famélico de ideas? ¿De verdad vamos a discutir sobre la cadena perpetua?

Las televisiones programan sus contenidos. Obvio. En sus contenidos abundan los delincuentes, los corruptos, los charlatanes, los frívolos, los buscavidas, las busconas y los asesinos. No tengo más espacio para explicarme, pero ya está dicho.

© Mundinteractivos, S.A.

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Las manías y los niños, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 14 febrero, 2009

LA BALSA DE LA MEDUSA

Si Rajoy «ordenó» en 2004, como dice este periódico, que su partido no contratara a las empresas de Correa, tal vez sería bueno para la celeridad y concreción del trámite que Rajoy explicara por qué dio tal orden. Una orden, nada menos, lo que es más que una recomendación o un consejo. ¿Qué sabía Rajoy, ya en 2004, de Correa?

Pero Rajoy, naturalmente, no explica, de momento -veremos luego-, lo que sabía o se maliciaba de Correa hace ya cinco años. Por el contrario, lo que dice es que el juez que investiga ahora a Correa y al resto de los conectados -con cinco años de retraso sobre la quizá no óptima opinión de Rajoy sobre el imputado- le tiene manía a su partido. ¿Le tenía manía Rajoy a Correa cuando dio la orden al partido de no hacer negocios con él o sabía -o se maliciaba- lo mismo que el juez cazador trata ahora de esclarecer? Y así, todo.

La concurrencia en la cacería del juez y del ministro tiene una mala resolución estética. No queda bien la vecindad de puesto amistosa entre los poderes del Estado. Tampoco quedan bien las amistades entre políticos y periodistas. No es mejor -incluso es peor- la holganza despreocupada en tiempos de crisis de personajes públicos privilegiados. Pero, bueno, cualquiera se va de finde para coger aire. Incluso yo tengo un amigo carpintero que dispara a los corzos y que nunca se ha cruzado con Ernesto de Hannover.

Lo que me llama la atención de todo esto es cómo los políticos viven al día y a la que salta. Lo hacen siempre, como gatos panza arriba. Como niños que le dicen a su mamá que el profe les tiene ojeriza y que por eso les ha endilgado un cero, y luego, cuando la mamá va al colegio a protestar, se descubre que dejaron el examen en blanco y faltaron tres mañanas en la última semana.

Cuando aparecen encuestas electorales desfavorables, los políticos dicen que la única encuesta que vale son las urnas. Cuando en la noche electoral se adelantan resultados catastróficos, los políticos concernidos dicen que queda mucha noche por delante.Cuando se destapa algún asunto de corrupción, incluso de los que hacen temblar el misterio, los políticos apelan a la presunción de inocencia y a la inconveniencia de hacer juicios paralelos y anticipados: a ver qué dice la Justicia, dicen.

No estoy comparando, ¿eh?, pero cuando el GAL y Filesa también se dijo desde el PSOE: que hable la Justicia. Y habló. ¿Tenía entonces la Justicia una intención política? La Justicia, no, cabe pensar. Pero había intención política -siempre la hay- en poner los trapos sucios de un partido o de un Gobierno sobre la mesa de un juez.

Ahora el PP da un salto en este infantil proceder consistente en vivir al día.

No dice que hable la Justicia, sino que quiere callar a un juez. Porque -piensa- está demostrado que le tiene manía. Coincidió en una fea cacería con un ministro, como si no hubiera discretos domicilios privados en los que reunirse para dar rienda suelta a las manías antes y después de 2004.

© Mundinteractivos, S.A.

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Estados de ánimo, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Medios, Política by reggio on 31 enero, 2009

LA BALSA DE LA MEDUSA

En su show televisivo, Zapatero sugirió la conveniencia de acceder a un estado de ánimo más positivo y optimista -o algo por el estilo- como medio y remedio para salir de la crisis. Como es natural, le han llovido los mojicones. Del presidente y su Gobierno esperamos soluciones técnicas a los problemas, no consejitos de autoayuda.

De acuerdo. Pero Zapatero tiene razón. Es curioso que, en términos económicos, se llame «Depresión» al fenómeno de disminución o hundimiento de la actividad económica. Es la misma palabra que designa, en términos de psicopatología, a la pérdida del interés por vivir, por actuar, por seguir adelante. El deprimido, víctima del desánimo, experimenta una radical pérdida de deseo y de ganas de hacer.

No quiero defender aquí a Zapatero. Quiero salir en defensa de la inteligencia y de la voluntad, y me gustaría discutir sobre esto con Alvaro Pombo y lo que ayer decía en El Cultural. Se desacredita a la inteligencia cuando se la considera, únicamente, productora de realismo y de pesimismo. La inteligencia es una potencia creadora más versátil. El realismo -como la verdad- es útil, pero no siempre. Es una herramienta a tener en la mano, pero eso no quiere decir que haya que usarla en todo caso. En cuanto al pesimismo, me parece un mal negocio atribuirlo a la inteligencia y creer que los optimistas son tontos. Así nos va.

Hace tiempo que la medicina ha decretado la importancia de la voluntad y del deseo en el proceso de curación de enfermedades graves, cáncer incluido. ¿Por qué no iba a ser importante el papel de la voluntad y el deseo en la salida de la crisis? La voluntad es un junco firme que crece en el cañaveral del deseo.Ambos generan movimiento -el deprimido propende a estar quieto- y señalizan inmediatamente un camino, el comienzo de un recorrido.

El deseo no basta para conseguir algo, pero -como también y tan bien sabe el enamorado, por ejemplo- sin deseo nada se consigue.Con sólo el deseo yo no puedo volar -y puedo estrellarme si pretendo hacerlo-, pero sólo el deseo de volar me permite inventar el avión. El deseo me da alas.

La voluntad no es que sea en sí misma optimista. Más bien, se desentiende del optimismo y del pesimismo, aunque es obvio que, si estuviera afectada por el pesimismo, no sería nada. No sería.

La voluntad -como el deseo- genera optimismo. O, al menos, algo que se le parece: echar a andar en la dirección del objeto -del objetivo- deseado. Si a eso queremos llamarlo «optimismo de la voluntad», para entendernos, pues vale.

Que Zapatero y sus asesores encuentren las soluciones acertadas para la crisis. Con la ayuda de todos. Pero no echemos en saco roto la connivencia de nuestro estado de ánimo. La Oposición prefiere ahondar en la negrura del pozo para exaltar su condición de alternativa. La Prensa no para de dar noticias negativas de la economía, porque si no son negativas -ya se sabe- no son noticia. Nos toca avivar el deseo por nuestra cuenta. Y riesgo.

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Mensajes, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Sociedad by reggio on 27 diciembre, 2008

SABATINA SABATICA

El año pasado la fiebre del sms se desbordó de su recién estrenado cauce natural de Nochevieja y arrasó las mesas de la Nochebuena. El personal sostenía el turrón con una mano y con la otra achicaba respuestas ante el oleaje de mensajes recibidos. Hubo atascos en los satélites, y, en la madrugada del día de Navidad, todavía seguían pitando los telefonillos con los buenos deseos rezagados. Este año la cosa no ha sido para tanto. Más que una riada anegante, lo que ha habido es un arroyuelo controlable.

Seguimos sin recibir mensajes claros sobre la crisis y qué hacer con ella. A falta de ideas, recetas y consignas, el instinto nos lleva al ahorro, aunque nos digan que el consumo es un deber patriótico y la única forma de remover el perol de la economía, que ha cuajado sus líquidos y sus sólidos por exceso de grasa.

El Rey nos ha sugerido que tiremos todos del carro, pero cada uno atiende su propio carro, y a algunos se lo han robado la otra noche mientras dormían soñando con sus fondos de inversión.

No hay mensajes eficaces sobre la crisis, digo, y no ha habido tantos sms navideños por causa de la crisis. En realidad, la crisis es el mensaje.

No es que tengamos muy claro lo que tenemos que hacer para afrontar la crisis, sino que la crisis nos indica lo que tenemos que hacer para afrontar nuestras vidas. La crisis no activa un conocimiento científico de las soluciones, pero sí una intuición que lleva a la acción, aunque, mejor dicho, en la mayoría de los casos, lleva a la omisión: no hacer esto, no hacer lo otro.

Si cometimos errores que nos trajeron hasta aquí, podemos cometer otros que nos impidan salir de aquí. A falta de estadísticas ciertas, corren leyendas urbanas sobre el comportamiento de la gente: que si nos hemos puesto todos a leer más porque la lectura es un ocio barato y nos mantiene en casa a salvo del exterior, que es siempre más caro; que si vamos de repente más al cine, lo que contradice lo anterior, porque salimos menos de fin de semana… Sin embargo, se anunciaron 17 millones de desplazamientos para estas Navidades. Bueno, la gente está entre la renuncia y lo irrenunciable, y hay gente para todo, y todos no tenemos la misma idea ni el mismo sentimiento sobre a qué renunciar y sobre qué es lo irrenunciable. Eso va por barrios, por clases -que vaya sí existen- y por mentalidades.

La renuncia al papel se está generalizando en todos los frentes. El libro sobrevive milagrosamente, y es impresionante comprobar los cientos de novedades que se agolpan en las librerías. ¿Todo eso lee la gente? No hace falta, parece estar comprobado que un buen pelotazo con un libro compensa a una editorial de la inversión que hace con los demás. ¿O eso es también una leyenda urbana? De todos modos, se anuncia una restricción de novedades para el año próximo.

Como decía, la acción está siendo omisión, y mandar un christma de papel, cosa de pringados. Los mensajes han llegado por el correo electrónico, que es por donde llega casi todo para salvar los árboles y el bolsillo.

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¿Ayudas?, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 20 diciembre, 2008

SABATINA SABATICA

A los que importan, a los que exportan, a los que venden, a los que compran, a los que alquilan esto o lo otro, a los que amplían y a los que reducen, a los que se equipan con tal o con cual material, a los que contratan a esta clase de trabajadores o a esta otra, a los ganaderos, a los agricultores, a estos comerciantes o a aquellos otros, a los que conservan, a los que restauran, a los que invierten en tal cosa, a los emprendedores que quieren montar una tienda o una empresa pequeña, mediana o grande, a los de aquí y a los de más allá, el Estado les ayuda y les subvenciona. Basta ver las webs de ministerios, comunidades autónomas y ayuntamientos: miles de posibilidades de ser auxiliado por el dinero público para fines privados.

Hay becas, bolsas e infinidad de socorros financieros. Hay un lógico sistema de licencias, adjudicaciones, patrocinios, concesiones, concertaciones y exenciones de impuestos que supone la concurrencia del dinero público en la posibilidad de efectuar un negocio o llevar a cabo un propósito particular. Y de todo ello, de todo lo que implica a millones de ciudadanos en su beneficio, de lo único que se habla con mala prensa y mala leche es del apoyo del Estado al cine español, una parte ridícula del total de ayudas que el Estado dispensa.

La imagen de España, la marca España, se sustenta hoy en el mundo con el Deporte, el Jamón, la Gastronomía, el Sol (Turismo), el Flamenco y la Cultura, y, dentro de la Cultura, con el Cine, justamente por ser el arte de la imagen y por su carácter popular.

No se sabe dónde están los periodistas, los químicos, los ingenieros, los médicos, los abogados o cualesquiera otros profesionales de Nobel o fama mundial, dónde los fabricantes de coches, electrodomésticos y mil productos de tecnología que tengan patente y fabricación españolas y sirvan para crear imagen y marca de España en el extranjero. En ninguna parte, no existen. Somos un país de servicios que se lleva el aire.

Pero la inquina de los que trabajan y reciben ayuda en todos estos sectores -con nulo brillo visible en el exterior- se la lleva el cine español. Si todo el dinero que el Estado destina al cine español fuera a parar -que ni es ni debe ser- a una película de Pedro Almodóvar, aparte de que supondría menos dinero del que ha costado la última de James Bond, haría más por la imagen de España en el mundo que todo lo que se destina a mil actividades subvencionadas.

Ayer ví en los foros una reacción endiablada al anuncio de las candidaturas de los Goya, todo con la vieja monserga de la subvención, el amiguismo y el politiqueo. ¡El cine español no tiene subvenciones directas anticipadas! Del ladrido a Barceló a esto, no hay caso igual en país ninguno. Y quieren gratis por internet -y sin SGAE- las películas y la música. ¡Y yo la ropa, la comida, el loro, el café, el mueble, el periódico, el coche, el informe, el diagnóstico, el empaste, el arreglo, el proyecto o el mismo ordenador que vendéis tu padre o tú! ¡Al paro íbais a ir (subvencionado, como debe ser)!

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Crucifijos, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Educación, Política, Religión by reggio on 29 noviembre, 2008

SABATINA SABATICA

Con pereza y miedo, me dispongo a escribir sobre el asunto de los crucifijos en los colegios públicos, tomando como premisa que una iniciativa particular y la sentencia de un juez han puesto en situación la controversia, pero no ningún vendaval antirreligioso presuntamente impulsado por el Gobierno o sus belicosos votantes.

Mi débil sometimiento a la razón me indica que las aguas bajaban mansas para todos -durante cerca de 30 años-, cuando el radical posicionamiento de ciento y pico emisoras de titularidad episcopal contra las siglas de la izquierda, la connivencia callejera de los obispos con el partido de la derecha -que hoy lo lamenta- y los beligerantes posicionamientos de algunos circunstanciales y muy activos dirigentes de la Iglesia -Rouco, Cañizares, Martínez Camino- en temas que conciernen al libre y voluntario criterio sobre salud y felicidad de los ciudadanos, bien han podido suscitar algunas reacciones de hostilidad que hasta ahora no se habían dado por no mediar agresión de parte y porque el pasado quedaba lejos.

Quitar los crucifijos de las aulas públicas es, obviamente, una medida acorde con la constitucional aconfesionalidad del Estado, pero, también, descristianiza el espacio público y anula posiciones alcanzadas por la Iglesia y la religión católicas desde cuando, en contra del precepto evangélico, y para estupor de los testigos imparciales, las cosas del Dios (presuntamente liberador) y del César (siempre opresor) comenzaron a ir juntas y, en España, juntas siguieron hasta hace 33 años más lo que, sin deber colear, colea. La libertad de la que, como es lógico, disfruta la Iglesia para exhibir sus símbolos en sus escenarios privados -colegios, templos, recintos varios-, siempre con vistas a la calle, y en sus salidas públicas -celebraciones, procesiones, publicaciones- es total y muy amplia.

Pudiera ser que no pocos padres y ciudadanos pensaran, lejos del odio antirreligioso, que no desean que la vida de sus hijos esté diariamente presidida por una figura ensangrentada y torturada de la que emana un discurso a favor del valor de la muerte, del martirio, del sufrimiento, de la autoinmolación, de la mortificación y del dolor. Sin disponer humildemente de una visión sobrenatural, ni de una inquina anticlerical, sencillamente preferirían -modestos creyentes, agnósticos, ateos o variopintos- que sus hijos no interiorizaran, en la escuela pública -en el espacio vacío, concurrente y común- esa visión de la existencia y de la condición humanas. Eso podría ser todo, y ajustado a Derecho.

Me pregunto ingenuamente, y por poner un poco de picante a este texto pacífico y beatífico, cuántos ciudadanos partidarios del crucifijo en las aulas públicas lo tienen colocado en lugar preferente en la pared de sus dormitorios y de los de sus hijos, en sus cuartos de estar, en sus carteras, en sus coches o en sus despachos. Cuántos lo llevan en su corazón, en su conducta y en su ejemplo de perdón y amor al prójimo y al enemigo. Se vería más que en cien mil paredes.

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La purga, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 22 noviembre, 2008

SABATINA SABATICA

Hay quien dice que esta crisis es algo así como un doble episodio de empacho y sobrepeso. El capitalismo sería un cuerpo devenido fondón por su gula incontinente y sus hábitos sedentarios. Había acumulado grasa y kilos, retenía líquidos, el perímetro de su tripa rebasaba medidas compatibles con la elasticidad, se fatigaba al andar, respiraba con dificultad, padecía hipertensión, presentaba papada y piel purpúrea. Había que ponerlo a plan. Los ilusos se han puesto a dar saltos pensando que se avecina el fin del sistema del mercado y creyendo que se vislumbra un nuevo resurgir del estatalismo protector e igualitario.

Y no es eso. La crisis tiene dos partes: un fenómeno de soponcio -cuando el cuerpo avisa de que algo va mal- y una inmediata puesta en práctica de una terapia purgante. El ayuno y la lavativa son fórmulas complementarias de una eficaz tarea de depuración. La lavativa se la están endosando a unos más que a otros, depende del lugar que cada uno ocupe en el cuerpo. Pero el ayuno se está extendiendo como tránsito obligado hacia el adelgazamiento, que es de lo que se trata. Si bien se mira, todo está adelgazando: adelgaza el consumo y el número de créditos, adelgaza el valor de las acciones, adelgazan las empresas mediante la evacuación a la calle de parte de sus empleados, adelgazan las compras de pisos y automóviles. Adelgazan hasta los periódicos. Adelgaza casi todo, excepto algunos precios, pero podría entenderse que los que engordan lo hacen con el objetivo secreto de disuadirnos de la tentación de engordar nuestro gasto.

Supongo que los economistas no explicarán así la naturaleza de esta crisis. Ni menos aún los políticos, que se ven obligados como siempre a reproches recíprocos que acaban por ocultar el verdadero cariz de todo acontecimiento.

Pero, en un arranque de optimismo, y entre la nebulosa de razones y sinrazones que los expertos nos dan para arrojar luz cegadora sobre la crisis, casi lo mejor es pensar que el cuerpo de la actividad económica ha decidido dar un aviso y autorregularse, desoyendo al tripartito de sus principales órganos rectores: el cerebro político, el corazón financiero y el estómago laboral.

Iban un poco por libre, cada uno a su bola y a su exceso, estos tres órganos capitales, y el cuerpo ha decidido tomar su propio camino, lo que incluye un cierto desorden escatológico: mezcla alternante de vómito, diarrea y estreñimiento. Ayunando, bebiendo mucha agua, tomando el aire y dando paseítos cortos seguidos de reposo, la cosa volverá a su ser y se recuperará el juego de cintura.

Lo tienen más crudo quienes, sabiéndolo o sin saberlo, integraban, en este organismo desaforado, la parte inerte de la grasa o del líquido sobrante. Creían ser proteínas y minerales, pero nadie les había dicho que el cuerpo no los metabolizaba correctamente.

Las dudas vienen de no saber a ciencia cierta si, como dijimos, el organismo ha abordado esta purga por instinto o si son otros organismos quienes han dado la orden.

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Lo que vuelve, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Cultura, Historia by reggio on 25 octubre, 2008

SABATINA SABATICA

Se vuelve a hablar del destape, del Opus Dei, de García Lorca, del paro, de Franco, de Abba. Se vuelve a hablar de lo que siempre se ha hablado. También es verdad que la mayor parte de la gente no habla de lo que se dice que se vuelve a hablar. Ni siquiera de lo que siempre se hablado. Es todo muy raro.

La tendencia al revival es acusadísima. Nace de la nostalgia, quizás. Nostalgia de lo mejor y de lo peor, que, en cualquier caso, no es sino nostalgia de la juventud perdida. También puede ser una variante del síndrome de Peter Pan. No queremos crecer y, para no crecer, hay que mantener el paisaje vital y emocional de cuando éramos pequeños.

La prensa es la que dice que vuelve esto o que vuelve lo otro. A veces, no vuelve nada. O no vuelve del todo. Pasa por delante de las narices, nos lo pasan para ver si picamos. Y, si no picamos, a otra cosa. Mañana mismo volverá otra cosa. También es un problema de falta de imaginación.

Y de miedo a lo nuevo. Mira que suceden nuevas cosas y que surgen nuevos problemas para resolver. Pero no, ya teníamos el juicio hecho a lo de siempre. La conversación sobre lo de siempre nunca falla, es cómoda, tiene un guión preestablecido y conocido, se sabe cuándo deriva en discusión y cómo llega a bronca. Se está mejor conociendo el terreno. La vida, sabido es, presenta una fuerte tensión entre pasado y futuro. Hay que mirar al futuro, dice el buen consejo tópico. Lo pasado, pasado, añade otro. Sin embargo, el pasado no deja de ser un lecho sobre el que recostarse con cierta comodidad -aunque duela-, mientras que el futuro exige cierta vitalidad, ponerse en pie, actuar. Sí, el futuro exige acción, innovación. Y eso, como es natural, da más pereza.

La Historia es un poco como el ciclo de las cuatro estaciones. Va hacia adelante, pero, tarde o temprano, nos espera lo que habíamos dejado atrás. No sé, tal vez eso sea tranquilizador para la especie humana. Ir hacia la primavera para volver al invierno. En el futuro más inminente nos esperan el Día de Difuntos, el Don Juan, la Lotería, la Navidad, los Reyes, en fin, ya saben. ¿Pero todo eso no volvió el año pasado, hace 10, hace 20 años? Sí, pero es que vuelve. ¿Vuelve todo eso o somos nosotros los que volvemos hacia todo eso? Dios mío, ¿y ahora qué va a suceder? Bueno, probablemente, lo que ya sucedió antes. El eterno retorno, que dijo el griego.

Estamos como Penélope, tejiendo, destejiendo y volviendo a tejer. Con la misma lana y las mismas agujas. O parecidas. ¿Y Ulises vuelve? Está volviendo.

No diga usted eso, por favor. ¿Acaso el mundo no ha cambiado muchísimo?, ¿no vivimos un tiempo que nuestros abuelos -por no ir más lejos- no llegaron ni a oler? También es verdad, y por eso digo que todo es muy raro. Cambia el decorado, como en el teatro. El don Juan es el de siempre, pero el sofá es ahora estilo minimalista. Sólo que para que funcione, doña Inés tendrá que enseñar una teta. Como la Venus de Botticelli (siglo XV). El destape, que vuelve. ¿O será el Quattrocento? Ya nos dirán.

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El enfermero, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Derechos, Política, Religión by reggio on 18 octubre, 2008

SABATINA SABÁTICA

Esta crisis del capitalismo es una crisis del socialismo. El capitalismo vive una crisis, pero no parece ser de identidad, sino de funcionamiento. ¿Cuál es la identidad del socialismo hoy? ¿Ser el bombero, el policía de tráfico o la unidad de cuidados paliativos del capitalismo? Algunos lanzan las campanas al vuelo: se nota, se siente la necesidad del Estado. Vale. ¿Es ésa la victoria final, que el Estado saque pecho como unidad de emergencias con tubos de oxígeno financiero para que el capitalismo siga vivo? Los bancos había que nacionalizarlos, decía el socialismo. Nada de insuflarles vitaminas, ni medio comprarlos, ni socorrerlos. El socialismo renunció al marxismo, hubo aplausos, y ahí mismo nació su grave crisis de personalidad.

El logro de la igualdad, el reconocimiento de la lucha de clases, el internacionalismo, la colectivización de los medios de producción y la nacionalización de la banca eran algunos de los pilares del pensamiento socialista.

Ahora, un notable énfasis en el papel del Estado, la filosofía del bienestar amparado, el auxilio a los más desfavorecidos y la corrección homeopática de las desigualdades ostensibles parecen ser las reliquias de la doctrina socialista. Salvo que los liberales más brutos se empeñan en adelgazar el protagonismo del Estado y reducir -incomprensiblemente- los derechos relacionados con las libertades personales, lo demás ha sido asumido -a nariz tapada, quizás- por los llamados liberales conservadores. ¿Qué pinta el socialismo si no es otra opción?

Los socialistas se llaman socialistas, pero no hablan de socialismo. Como antes: futuro, meta, estado de las cosas, alternativa de sistema. Son gestores y correctores, ya se dijo, de los errores y enfermedades del capitalismo hegemónico. El capitalismo ha vencido de momento, porque ha embaucado con sus golosinas a la clase media de todo color y, atención, a buena parte de la antes llamada clase obrera -la cualificada y con empleo-, que deriva hacia el voto conservador por esas cosas que pasan en los barrios: inmigración, drogas, delincuencia, malestar, nostalgia del autoritarismo en quien tiene algo que preservar.

Pero vamos a tener un trauma, si no llamamos a las cosas por su nombre. Si los partidos socialistas son el enfermero del capitalismo, ¿por qué no cambian su denominación? Progresistas, socialdemócratas, reformistas, radicales -y otros- serían adjetivos más adecuados -mezclados- para evitar la esquizofrenia y la melancolía. Los partidos conservadores están apegados al voto católico, aunque no observan -en la intimidad- las normas católicas. Los católicos se enardecen con el Papa, pero no siguen al Vaticano. Algunos liberales son criptofachas. Y los socialistas no son socialistas. ¿Estamos todos locos?

Alguien vendrá pronto para argumentar orgánicamente y con sistema la revuelta contra esta farsa. Un Marx sin marxismo, quizás. No sé. Los pobres de Occidente, los inmigrantes y el Tercer Mundo le están esperando. Los bancos, no. La clase media, tampoco. ¿Ha nacido ya?

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Discutir, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Libertades, Política, Sociedad by reggio on 4 octubre, 2008

SABATINA SABATICA

Sería bueno aprender a discutir. Para ello, sería necesario, en primer lugar, tener una idea adecuada de lo que es una discusión. Una discusión no es una pelea con el deseo inconfesable de que, al final, y a modo de botín, un punto de vista se imponga a los demás. Una discusión no busca el menoscabo ni la derrota de nadie de cuantos intervienen en la discusión. Una discusión no exige que se exalten los ánimos, se hinchen las venas y afluya la sangre al rostro. Una discusión no requiere cadáveres en el campo, vencedores y vencidos. Una discusión no se emprende con la secreta intención de reafirmarse en la posición de partida propia ni de convencer al otro para que la haga suya.

Una discusión adecuada tiene como objetivo aproximarse entre varios a una verdad, no aporrear a los demás con una verdad subjetiva y precedente. Una discusión adecuada no se inicia para que los otros conozcan nuestro modo de ver las cosas, sino para llegar entre todos a conocer mejor las cosas. Una discusión adecuada necesita de la aportación de los datos, hechos y pruebas que pueden avalar las razones de quien discute y no debe tomar el atajo de utilizar desde el principio las personales conclusiones, puesto que de lo que se trata es de llegar a conclusiones con las aportaciones de todos.

Estamos viendo todos los días que en España ni sabemos lo que es una discusión ni, en consecuencia, sabemos discutir. Las causas son históricas y bien profundas. En primer lugar, durante siglos se nos impusieron -con la intervención inefable de la Iglesia y de los más que frecuentes regímenes autoritarios- unas normas y líneas de pensar -de no pensar, en realidad- que no admitían discusión bajo el poder coactivo de la represión, la censura y, en casos extremos, el patíbulo. En segundo lugar, los mismos agentes negaron el acceso a las fuentes del conocimiento -experiencia, experimentación, investigación, duda, libertad de orientación hacia las hipótesis-, por lo que, a su vez, se cegaba, sin necesidad de esfuerzos complementarios -que, por si acaso, también se practicaban- el camino a las genuinas condiciones de la discusión.

Y llegó la democracia, y saltó el tapón. Gas acumulado en burbujas durante décadas y décadas. La democracia pone en un altar, como es preceptivo, la libre opinión. La libre opinión se transforma en la superstición irrenunciable del ciudadano en democracia. No sólo fluye, sino que inunda. Es claro que, cuando nos aproximamos a tener las condiciones, nadie hace la pedagogía de recordar qué es una discusión y cómo se discute. Los griegos distinguían entre ciencia y opinión, que eran categorías opuestas. Sin llegar a tanto, deberíamos entender que la opinión, en rigor, viene detrás de la ciencia. O sea, del conocimiento. Pero es arduo el trabajo que lleva al conocimiento, y leve y corto el recorrido que, a la ligera, nos coloca en la descarada condición de opinantes. Además, ¿es que no te interesa mi opinión?, ¿es que mi opinión no vale de nada? ¡Por Dios! ¡Si fuera tuya!

© Mundinteractivos, S.A.

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El anonimato, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Derechos by reggio on 27 septiembre, 2008

SABATICA SABATINA

Del gigantesco vertedero de Internet se puede decir mucho. Algo me preocupa especialmente: el potencial configurador del anonimato. A propósito de blogs, foros y chats, y antes de entrar en el contenido de lo que se dice, destaca, por su propiedad de crear actitudes -y también discursos-, el generalizado carácter anónimo de quien lo dice.

En una adecuada construcción de la personalidad -individual, cívica, moral-, siempre se ha considerado que dar la cara, atenerse a las consecuencias, asumir la relación entre los propios actos y sus efectos, no esconder la mano caso de tirar la piedra, estar en condiciones de responder de los posicionamientos y acciones personales y etcétera, eran condiciones de la respon-sabilidad, regla atenuante de las posibles asperezas de la convivencia, ingrediente del necesario coraje y sustrato ético elemental de lo que quiera que vaya a hacerse o decirse.

Internet es el reino del anonimato. Entrar, mirar, hablar y salir puede hacerse bajo la máscara, el pasamontañas y el embozo de quien no muestra su identidad y, por tanto, de quien se atrinchera en la doble cualidad de impune e inmune, cualidad exenta de calidad porque desconoce y evita asumir el yo que se expresa y las responsabilidades y resultados de esa expresión.

Por primera vez en la Historia disponemos de un instrumento que, mucho más allá de los libelos y de los anónimos, está permitiendo hablar desde uno mismo, pero desplazando a lo borroso e indiscernible la identidad de quien habla. Enturbiando, por retroalimentación, ese uno mismo.

Habla uno -con nombre y apellidos-, pero se expresa -lejos de su valor y responsabilidad- otro agazapado en él. Con frecuencia, ese otro es el cobarde que no osaría manifestarse como se manifiesta si pudiera ser identificado.

El anonimato de internet genera, desde luego, que muchas expresiones tengan la característica del anónimo, del insulto, la agresión o la amenaza sin firma identificable. Lo que por ahí aparece, desde luego, es un desolador panorama de vileza, falta de valentía, rencor, ignorancia, ociosidad, resentimiento y malestar con uno mismo y con la vida que produce escalofríos. Y, ahora sí, acabo de entrar un poco en lo que se dice.

Pero, siendo esto mucho, lo que internet está propiciando es una profunda esquizofrenia. Está configurando una disociación. Está permitiendo la proliferación masiva de individuos escindidos entre Jekyll y Hyde. Jekyll, en su actuación cotidiana, se atiene, por convicción o por la disuasión de las normas, a un comportamiento transparente -que incluye, por supuesto, cierta represión- y Hyde se permite decir/hacer cuanto quiere sin calibrar.

Lo grave no es que Hyde actúe irresponsablemente, lo grave es, y vuelvo a las primeras líneas, que Internet está permitiendo la misma creación de Hyde, de la mentalidad de Hyde. ¿Qué hace Hyde cuando, en el día a día de su vida, no tiene más remedio que comportarse como Jekyll? Comenzar a enfermar.

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Preguntas, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 20 septiembre, 2008

SABATINA SABATICA

Oiga, tengo entendido que hay una crisis económica de cierta envergadura, y quisiera hacer una pregunta: ¿está en mi mano hacer algo para sobrellevarla mejor? Lo digo porque, habitualmente, recibo toda clase de instrucciones para guiar mi comportamiento en los más variados terrenos, por no hablar del sinfín de leyes que me obligan a muy determinadas actuaciones, y resulta que, con ocasión de esta crisis, nadie me ha dado todavía un consejo o, en fin, una orden -si fuera el caso-, para que yo pueda capear mejor el temporal.

Ahora viene, como siempre, una gripe muy gorda, y yo ya sé que pronto me recomendarán que beba mucha agua, guarde reposo, no tome antibióticos, me vacune si soy mayor de 65 años o pertenezco a un grupo de riesgo y que no colapse las urgencias. Pues bien, le repito la pregunta: ¿puedo yo hacer algo ahora mismo para que no me afecte tanto esta crisis econó-mica? Oiga, ¿hay alguien ahí? Bueno, la pre-gunta tal vez sea demasiado egoísta. Haré otra: me gustaría preguntar si, olvidándome de mí, puedo yo hacer algo para aliviar la crisis en ge-neral. O sea, si puedo hacer algo por los demás.

¿Sí? ¡Oiga! ¿Puede alguien contestarme? ¿Acaso estas preguntas no van con usted, señor entendido o señor mandamás, o es que esta crisis no va conmigo? No sé, tal vez exista la escalofriante posibilidad de que nadie tenga la más zorra idea ni del diagnóstico ni de la terapia, al menos en lo que a mi problema con la crisis se refiere. Soy un sujeto económico que vengo trabajando, produciendo, ganando un dinero, ahorrando, pagando impuestos, gastando, invirtiendo, consumiendo…Soy uno más entre miles de millones, desde luego. No quiero ni pensarlo, ¿pero mi actuación es una de las causas de la crisis o es que sólo padezco los efectos?

Verá usted, señor gobernante o señor experto, acostumbro a tener una preocupación moral, a interrogarme sobra la ética y la validez de mis actos. También, por supuesto, sobre su estricta idoneidad. ¿He hecho yo algo mal en los últimos años para que ahora se organice la que se está organizando? ¿Debí trabajar el doble de lo que trabajaba, no salir tanto a cenar, no haber cogido vacaciones ni puentes, no haber comprado un coche nuevo ni una segunda -modestita- vivienda? ¡Oiga! Como nadie me contesta, ni me orienta, como nadie ni siquiera me riñe ni me sugiere hacer algo, empiezo a pensar, una de dos, que yo no pinto nada en esta crisis -salvo que la estoy sufriendo-, ni en el sistema que la genera, o que quien está al cargo no tiene nada que decirme porque no sabe por dónde le da el aire.

Siempre me ha parecido un poco raro que todo el tinglado del mercado hubiera de funcionar a su bola -dejar pasar, dejar hacer, esto va solo-, sin cerebro rector -podríamos decir- y que su corazón, la Bolsa, sea una mezcla de casino y lotería. ¿Bebo mucha agua?, ¿guardo reposo? En Apocalipse Now, un oficial drogado preguntaba en un zafarrancho: «¿Quién está aquí al mando?». Y un soldado herido contestaba: «¡Usted, mi capitán!». Pues eso.

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