Reggio’s Weblog

Para que todo siga igual, de Ángel Gabilondo en La Vanguardia

Posted in Ciencia, Educación, Libertades, Política, Sociedad by reggio on 2 marzo, 2009

Es evidente que no se insiste lo necesario en los mecanismos y procedimientos, en las coartadas, de los expertos en paralizar, en frenar toda iniciativa. Determinadas acciones sólo persiguen perpetuar el actual estado de cosas, “cambiar para que nada cambie”, dicen manidamente. Quizá, pero es llamativo que para algunos lo que se propone sea siempre insuficiente, inadecuado, inoportuno. Habría que hacer otra cosa, que no se concreta y que, en su caso, es de tal alcance e importancia que lo que la define es que resulta inviable. Hegel caracteriza así al alma bella,que, entusiasmada por los grandes ideales, no acaba de encontrar ninguna acción que esté a su altura y no hace nada, salvo deshacerse “en una nostálgica tuberculosis”.

Necesitamos los grandes planteamientos, las visiones globales, los análisis de alcance, pero no es cuestión de organizar en cada caso un simposio. Cuando hay una propuesta concreta, una posibilidad de hacer, irrumpen los peritos en bloquear. Debería antes resolverse no sé qué otro asunto, o tener en cuenta otros aspectos, o protegerse ante posibles efectos, o esperar a momentos más oportunos. No es la previsión o el cuidado lo que incomoda, sino esa reiterada actitud, en nombre de la realidad, que disfraza de prudencia lo que es temor y consagración del statu quo. No cuestionamos la buena voluntad de quienes desalientan toda iniciativa. No es eso lo que ahora nos ocupa. Supongamos, como un indicio más de nuestra poca picardía, que siempre la tienen. Aun así, y con independencia de su intención, funcionarían como un permanente obstáculo. Ni estimulan, ni incentivan, ni promueven, ni motivan. Hablan, y una nube grisácea lo invade todo. Quizá entonces podríamos proseguir la letanía de denuncias, de lamentos que irrigan desazón. Debería haber sido desde el principio de otro modo, ahora mismo no está bien orientado, de depender de ellos sería mejor, pero no hay manera de construir, de articular, de vertebrar nada sobre sus intervenciones, que adoptan la forma de discursos para desalentar. No es necesario que sean apocalípticos. Basta que constituyan una mezcla indiscriminada de reflexiones y de ocurrencias, aderezadas con casos prácticos, para ofrecerse como supuestamente más realistas.

En muchas ocasiones, los agoreros se limitan a estimular la resignación, la rendición. Lo que se puede hacer se frena en nombre de lo que sería ideal, en nombre, dicen, de lo que debería hacerse. Desconocen el ir paso a paso, poco a poco, sorbo a sorbo. Siempre todo ha de ser de una vez y disfrazan de contundencia su falta de insistencia, persistencia, consistencia, resistencia. Como lo perfecto no está a nuestro alcance, quedémonos como estamos. Dicen ser críticos, pero son conservadores. Comprenden los deseos de los que propician cambios y transformaciones, pero para eso, señalan, no merece la pena. Resulta interesante su aportación como estímulo, como aliciente, como límite, como desafío, y han de tenerse en cuenta, pero no es fácil contar con ellos. De darles la razón, simplemente todo se detendría. Tal vez en caso de ignorarles sería peor, pero de imponerse su supuesto realismo nunca modificaríamos la llamada realidad, por cierto ni insuperable, ni magnífica. Y lo que aún es más decisivo, ni justa. Es tal el alcance y radicalidad de su posición que en definitiva parece ser que no hay nada que hacer, sobre todo si se desea que suceda a la vez, es decir, nunca.

Por eso estimamos tanto la acción seria y rigurosa, el trabajo cuidadoso y continuo, la dedicación permanente y coherente frente a otras modalidades más espectaculares que, en definitiva, con el rostro de la audacia y del arrebato, son formas de entorpecimiento y de vagancia. No debemos ignorar que, en ocasiones, las dificultades no provienen de quienes se oponen radicalmente a los proyectos, sino de quienes diciendo perfilarlos, matizarlos, problematizarlos, reabrirlos, en lugar de procurar un debate desautorizan cualquier iniciativa. Entre otras razones, porque ese necesario cuidado previo se convierte para ellos no en un lugar de paso, sino en un lugar de residencia. Y siempre deberían ser las cosas de otra manera. Y siempre no se ha hecho como cabe hacerse. Y siempre no ha ocurrido lo preciso. Y siempre, siempre, nos quedamos donde estamos. Y en nombre de lo que sería mejor hacer.

Desde la constatación de que en muchos ámbitos es indispensable modificar el actual estado de cosas, no por afán de novedades, sino porque simplemente no están bien, es preciso procurar programar los tiempos, impulsar un espacio en el que quepan los discursos sin necesidad de coincidir. No es aceptable que no demos con el modo de que haya un consorcio de las buenas voluntades, de lo que alguien denominó no la buena voluntad de poder, sino el poder de la buena voluntad. Hemos de lograr que sea además de bienintencionada, eficiente y transformadora. De lo contrario, tantas palabras, tantas reuniones, tantas presentaciones, tanta explicación sin comprensión, sin efectiva conversación, ofrecerían la coartada a quienes se empeñan en la brocha gorda de los argumentos grandilocuentes e ignoran el necesario pincel de los buenos motivos. Sus precauciones, sin pretenderlo, colaborarían también para que todo siga igual.

ÁNGEL GABILONDO, rector de la Universidad Autónoma de Madrid.

Tagged with:

La cuestión universitaria, de Gregorio Peces-Barba Martínez en El País

Posted in Ciencia, Educación, Política by reggio on 14 febrero, 2009

De nuevo aparecen problemas en la Universidad. Son muy distintos de los del siglo XX. Ahora no hay juramento de respeto a los dogmas de la religión católica y el acatamiento de la legalidad tiene como referencia central a la Constitución de 1978. No hay expulsión de catedráticos por sus ideas y el miedo al mono del que hablaba con humor Julio Caro Baroja ya no está presente en aquel rechazo al darwinismo.

Hoy los problemas están en la comprensión o incomprensión ante el proceso de Bolonia para la creación de un espacio universitario europeo, para aumentar nuestra competitividad con las universidades americanas y modernizar las técnicas de estudio e impulsar el aprendizaje, como una forma más activa de participación de los estudiantes en su enseñanza.

A mi juicio, no hay ningún motivo real para favorecer a un movimiento crítico que va de la suspicacia al rechazo total del sistema. Esas tesis de que se privatiza la Universidad y de que se entrega atada de pies y manos a las empresas no son ciertas. Aun así calan en algunos sectores del alumnado y favorecen posiciones radicales de grupos antisistema. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué estas reacciones no ocurren tan seriamente en otras partes de Europa sometidas al mismo proceso?

Aunque pertenezco a una generación ya amortizada para la política activa, esa marginación no afecta de momento a mis capacidades intelectuales ni a la larga experiencia en materia universitaria. Así, desde el margen y desde un gran cariño por la institución universitaria, por sus valores insustituibles para el desarrollo de la docencia y de la investigación superior en España, me permito estas reflexiones sobre la Universidad y sobre su futuro necesario.

Creo que ha existido culpa in eligendo y culpa in vigilando, y que los escenarios universitarios han sido manchados por intereses ajenos. La limpieza de los ámbitos en que actúa nuestra alma mater es un presupuesto imprescindible para recuperar la normalidad. Finalmente, creo que Bolonia como proceso de modernización y de excelencia de nuestras universidades, no ha sido bien explicado. Incluso diría que ha habido poco interés en explicarlo.

Cuando hablo de culpa in eligendo quiero decir sobre todo que se ha ocultado el perfil de la Universidad, a la hora de adscribirla a un ministerio y que ese oscurecimiento es el punto de partida de todos los males, de las incomprensiones de los malentendidos, y de los orígenes de la opacidad y de la falta de transparencia.

Creo que separar la enseñanza primaria y secundaria de la universitaria y situar a esta última en un Ministerio de Cienciae Innovación induce a confusión al ignorar a la Universidad en la denominación del ministerio. Si a eso añadimos que la ministra no procede del campo universitario y que la Secretaría de Estado de Investigación está ocupada por un ilustre miembro que ha presidido el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, hay que reconocer que la Universidad no queda bien parada. Sólo dos excelentes nombramientos para la Secretaría de Estado de Universidades y para la Dirección General equilibran el diagnóstico inicial.

Como la responsabilidad última del tema universitario corresponde a la ministra, señora Garmendia, ésta tendrá que dedicarse directamente mucho más al tema universitario, a explicar Bolonia y a deshacer todos los malentendidos y las mentiras sobre el significado del nuevo planteamiento. De su esfuerzo y de su acierto, que tendrá un apoyo adecuado en la Secretaría de Estado y en la Dirección General, dependerán en gran parte los resultados. En todo caso, es necesario completar el ingente esfuerzo de los rectores, y de la CRUE presidida por el profesor Ángel Gabilondo, hasta ahora quienes llevan la carga principal del nuevo rumbo de las universidades.

Otro elemento complementario para la solución del problema es un diálogo sincero y claro con los estudiantes y con sus representantes. Ellos serán los principales beneficiados por la mejora que sin duda vendrá de una buena aplicación de Bolonia. En mi etapa de rector siempre he confiado en su buena fe y en su sentido de la responsabilidad, y mi experiencia es que nunca han fallado en su compromiso y en su defensa de la Universidad pública.

En este nivel se interfieren los ejecutores políticos de la actividad universitaria, las comunidades autónomas, que en algunos casos, como los de Madrid y Valencia, favorecen descaradamente a las universidades privadas, y se desentienden del cuidado -por supuesto, incluido el económico- de las universidades públicas. Trabajan para el rey de Prusia, es la conocida expresión francesa, y además lo hacen con gusto.

Hay además que distinguir a los estudiantes, que tienen intereses respetables, que en lo posible hay que atender y, en su caso, apoyar, de otras personas infiltradas en el movimiento, que tienen intereses ajenos a los universitarios para crear el desorden y descalificar al sistema.

Son los propios estudiantes los que deben tener interés en distinguir el grano de la paja y excluir de sus debates a gentes que se benefician de los descontentos y de las protestas con otros fines más generales, descalificadores del sistema parlamentario representativo que nos dimos en 1978 al aprobar la Constitución. Sobre todo, deben rechazar tajantemente una forma de actuar que esas personas traen a la Universidad, la de la violencia, el insulto, la descalificación y la ocupación de edificios, desde una recuperación de la dialéctica del odio, incompatible con la cultura universitaria.

Por otra parte, la pureza del espíritu de nuestra institución no se pierde en el contacto y la colaboración con las empresas. La experiencia práctica, el empleo y el contacto con la vida potencian la formación y la abren al mundo real, aunque la Universidad es mucho más que eso, es espíritu, civismo, educación para la ciudadanía, moralidad individual y colectiva, cultura desinteresada y saber por el saber. De la combinación de la técnica y de la práctica, de la sabiduría y de la experiencia, del amor a la verdad y del pragmatismo proceden los buenos universitarios, formados por buenos profesores, docentes e investigadores al mismo tiempo. Y todo eso exige inversión económica que el Estado debe asumir e impulsar, completando en su caso la reticencia, la falta de interés o la ignorancia de la política de las comunidades autónomas que no creen en las universidades públicas. La ciudadanía debe tomar nota de esas carencias allí donde existan y castigar con su voto a aquellos Gobiernos autónomos que presenten esos malos perfiles.

En el fondo, el amor y el respeto por la Universidad y la firme convicción de que es la conciencia ética de la vida deben fortalecer nuestra voluntad y esclarecer nuestra inteligencia para dar sentido al apoyo a la Universidad pública, uno de los estamentos más válidos y sólidos para construir la igualdad y la solidaridad en las sociedades libres y para enseñar a pensar. ¡Sapare Aude! debe ser nuestra preocupación principal, “siempre todavía”.

Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

Neoevolucionismo, de Pedro G. Cuartango en El Mundo

Posted in Ciencia by reggio on 29 diciembre, 2008

TIEMPO RECOBRADO

Si Charles Darwin pudiera levantarse de su tumba, quedaría estupefacto de algunas interpretaciones del evolucionismo. Me refiero a las teorías que intentan dar un sentido religioso al darwinismo con el argumento de que el azar no puede explicar la evolución.

Fue el astrofísico Alfed Hoyle quien intentó demostrar matemáticamente la imposibilidad de la evolución al azar. Siguiendo esta línea argumental, el profesor Herrero Brasas escribía hace pocos días en estas páginas lo siguiente: «cada una de los millones de coincidencias fortuitas, mutaciones y combinación de mutaciones al azar que han tenido que ocurrir para dar lugar a la extrema sofisticación del organismo humano (…) implican una posibilidad menor que la aparición de To be or not to be en un teclado al azar».

De ahí a sostener, como hacía Teilhard de Chardin, que la evolución confluye hacia un punto cósmico con Dios o que el Universo ha sido creado por un relojero como un mecanismo perfecto va un pequeño paso porque, si el azar no explica el proceso, sólo nos queda recurrir a una lógica inteligente, llamada Supremo Hacedor.

Estoy en absoluto desacuerdo con estas tesis -muy cercanas al deísmo- por tres razones. En primer lugar, porque la evolución no solamente está determinada por el azar sino también por la necesidad. Ahí esta el magnífico trabajo de Jacques Monod sobre la herencia genética. Richard Dawkins en El gen egoísta explicaba muy bien con ejemplos concretos como las especies van perfeccionando sus capacidades genéticas en el afan por adaptarse al medio. La araña inventa la tela para poder desplazarse por el aire.

En segundo lugar, los trabajos de Hoyle y otros matemáticos sobre las posibilidades de aparición de vida en nuestro planeta me parecen muy discutibles por el sesgo ideológico que introducen a sus planteamientos teóricos. Nada más relativo que el cálculo cuando se aplica a fenómenos naturales altamente complejos.

Y, en tercer lugar, estoy en desacuerdo con que la evolución tiene un fin teleológico porque ello parte de una idea del hombre como centro y culminación del Universo, lo cual es mirarse demasiado al ombligo.

En el año en el que se cumple el 150 aniversario de El origen de las especies hay que reivindicar el pensamiento de Darwin, como el de Marx, como puramente materialista en el sentido que la palabra tenía en la filosofía presocrática. Darwin y Marx querían interpretar la realidad a la luz de la razón y rechazaban todo tipo de explicaciones místicas.

Me siento muy cerca de ellos en un mundo donde surge de nuevo la tentación de visiones pseudorreligiosas y metafísicas de los fenómenos sociales y científicos. No estoy en contra de la religión, pero sí de quienes la utilizan como falsa moneda para entender lo que ya tiene una explicación sin necesidad de recurrir a la irracionalidad.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

El evolucionismo y sus ramificaciones: ciencia y religión, de Juan A. Herrero Brasas en El Mundo

Posted in Ciencia by reggio on 26 diciembre, 2008

TRIBUNA LIBRE

En el año que ahora termina se cumple el 150 aniversario de la publicación de El Origen de las especies, obra sobre la que Charles Darwin sustentó su teoría de la evolución. La extraordinaria influencia que dicha teoría ha ejercido en la sociedad occidental a lo largo de más de un siglo es algo que tan sólo en la actualidad estamos empezando a vislumbrar en sus auténticas dimensiones.

La teoría de la evolución de Darwin, como es sabido, no surgió en un vacío (Jean B. Lamarck y otros ya habían propuesto sus propias teorías evolucionistas). La idea estaba en el aire, por así decir, pero en El origen de las especies, con sus minuciosas observaciones, Darwin le dio su formulación más sólida y convincente. La teoría darwiniana de la evolución prendió en la mentalidad popular y en las esferas intelectuales con una rapidez y fuerza pasmosas, e influyó decisivamente sobre el clima intelectual y político de la segunda mitad del siglo XIX y primera del XX. Su influencia está presente de un modo central, por ejemplo, en la teoría marxista (El Capital apareció publicado nueve años después de El origen de las especies), como también lo está, entre muchos otros autores decimonónicos, en el pensamiento de Nietzsche y hasta en el del poeta norteamericano Walt Whitman.

En la evolución darwiniana el hombre moderno creyó ver revelada por la naturaleza misma la dirección del progreso, y entendió que lo racional y adecuado era colaborar con ese impulso evolutivo por todos los medios a su alcance. Tal convicción encontró su punto de eclosión en la ideología nazi. Pero para el momento en que el nazismo adquirió su monstruosa forma política, el mundo occidental estaba ya infectado por la ideología del darwinismo social, una ideología de cooperación racional con la evolución de la naturaleza. Racismo y darwinismo social han ido de la mano a lo largo del siglo XX.

La idea de la supervivencia del más fuerte, versión original de la teoría de la evolución darwiniana, entendida como mecanismo exclusivo, carece de suficiente fuerza explicativa. Por ello daría paso en la segunda mitad del pasado siglo a la más sofisticada noción de mutación genética por azar (random genetic mutation). Las mutaciones genéticas, que se producen por azar, pueden ser positivas (las que favorecen una mejor adaptación al medio y proporcionan ventajas reproductivas), indiferentes o negativas. Las mutaciones favorables ocurridas al azar -estadísticamente muy improbables- se habrían ido acumulando hasta dar lugar al estado actual de la naturaleza. Por supuesto, según la teoría, el proceso es más complejo de lo que es posible explicar en un par de líneas, pero lo que subyace en definitiva es la noción del puro azar.

La idea de que, dada la suficiente cantidad de tiempo, el azar es capaz de dar lugar a todo tipo de combinaciones ha sido defendida por los teóricos más radicales del evolucionismo. Es famoso el planteamiento del astrónomo Sir Arthur Edington, que en 1929 afirmó que, dado el tiempo suficiente, un batallón de chimpancés tecleando al azar acabaría escribiendo todas las obras que hay en el Museo Británico. Hoy, sin embargo, una rama de las matemáticas, la probabilística, valiéndose de los últimos avances de la informática, ha demostrado la práctica imposibilidad de la predicción de Edington, y con ello, sin pretenderlo, ha planteado un imponente reto a la teoría de la evolución. Un ejemplo concreto que ponen matemáticos y expertos en probabilidad, como Michael Starbird, de la Universidad de Texas, es el análisis de las probabilidades que hay de que a base de teclear una combinación de 18 caracteres y espacios al azar surja de modo fortuito la shakespeareiana frase To be or not to be.

Este es el resultado: si tuviéramos mil millones de chimpancés tecleando al azar una vez por segundo una combinación de 18 letras y espacios (los que ocupa dicha frase) desde el inicio mismo del universo, hace aproximadamente 13.700 millones de años, la probabilidad de que para el momento actual en alguno de esos tecleos al azar hubiera surgido To be or not to be es una de entre mil millones. Es decir, pese a ese inimaginable número de tecleos, la aparición de dicha frase al azar es infinitamente más improbable que ganar la más difícil de las loterías a base de comprar tan sólo un billete.

Cada una de los millones de coincidencias fortuitas, mutaciones y combinaciones de mutaciones al azar que han tenido que ocurrir para dar lugar a la extrema sofisticación del organismo humano y del resto de la naturaleza implican una probabilidad menor que la aparición de To be or not to be en un tecleado al azar. No hará falta decir más para hacerse idea del descomunal problema que este hallazgo representa para una teoría de la evolución puramente ciega, al azar: dicho de modo simple, no ha habido, ni remotamente, tiempo suficiente desde que hay vida en el planeta Tierra para que se produzcan y acumulen al azar semejante cantidad de mutaciones.

Este problema ya había sido intuido por los grandes físicos del siglo XX. A Einstein se debe la famosa frase de que «Dios no juega a los dados con el Universo», a lo que Niels Bohr replicó: «Quién eres tú, Einstein para decirle a Dios lo que tiene que hacer». Dando aún más la vuelta a la tuerca, Stephen Hawking sentenció: «Dios no sólo juega a los dados, sino que los echa donde no los podemos ver».

El problema no es creacionismo bíblico frente a big bang y evolución. Ese es un dilema ficticio generado a partir de ciertos grupos fundamentalistas norteamericanos. El big bang y la evolución no son de por sí cuestiones que planteen un problema para la religión. El big bang fue descubierto por George LaMaitre, científico belga y sacerdote católico de la primera mitad del siglo XX. Hasta tal punto la teoría del big bang no se veía (ni se ve) como una amenaza para la religión, que Pío XI condecoró a LaMaitre por su descubrimiento. Es más, la teoría del big bang conduce fácilmente a la noción de un poder superior que ha creado el universo a partir de la nada. Precisamente porque esta teoría se veía como tan conveniente para la religión (y especialmente sospechosa, claro, procediendo de un sacerdote católico), Sir Alfred Hoyle, prestigioso matemático, ateo militante y evolucionista convencido, se burló de la misma bautizándola «el big bang», nombre con el que se ha quedado. Poco antes de morir, en 2001, Hoyle, a la vista de los últimos descubrimientos en probabilidad, publicó The Mathematics of Evolution, un libro en que demuestra matemáticamente la imposibilidad de la evolución al azar, por las razones expuestas anteriormente. En su libro, todavía desde un ateísmo militante, Hoyle hace un urgente llamamiento al mundo de la ciencia para que encuentre un nuevo soporte explicativo para la teoría de la evolución antes de que ésta, en su formulación actual, se desplome o caiga en el desprestigio. Un complicación añadida es que, cuando se observan los procesos de azar a gran escala (algo que es posible ahora gracias a los avances informáticos) se observan regularidades. Esto parece sugerir que, en última instancia, incluso si la evolución se hubiera producido por azar, sólo habría sido por un azar aparente.

Son precisamente estos descubrimientos en probabilidad y en física los que están generando entre algunos pensadores una auténtica hipótesis científica de la existencia de un poder e inteligencia supremos, es decir, lo que habitualmente llamamos Dios. Es el caso de intelectuales como Antony Flew, exponente máximo del ateísmo en la segunda mitad del siglo XX. En sus numerosos libros, artículos y debates públicos, Flew argumentó incansablemente a lo largo de décadas a favor de las tesis del ateísmo. En 2004, para perplejidad general, ante una audiencia que esperaba escuchar sus más sofisticadas argumentaciones en defensa del ateísmo, Flew anunció que, basado en la más reciente evidencia científica, había llegado a la inevitable conclusión de que existe Dios. El proceso de su conversión intelectual lo explica en detalle en su reciente libro There Is a God. Pero entiéndase que Flew no estaba necesariamente refiriéndose al Dios bíblico, sino tan sólo a la existencia de un Ser supremo que ha creado el universo y ha guiado la vida sobre la Tierra a su punto actual. De hecho, Flew sigue sin creer en la vida después de la muerte ni en otros postulados que se asocian con el Dios bíblico.

A 150 años de la publicación de El origen de las especies, a 141 de la publicación de El Capital y a poco más de cien de las principales obras de Freud, si una lección debemos sacar es la de ser prudentes y no asumir ciega o fanáticamente lo que la ciencia, y los intereses que subyacen a ella en cada momento histórico, nos presentan como absolutamente evidente e incontrovertible.

Juan A. Herrero Brasas es profesor de Etica Social en la Universidad del Estado de California.

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

La política exterior de la ciencia, de Ignacio Sotelo en El País

Posted in Ciencia, Economía, Educación by reggio on 5 diciembre, 2008

Acorde con las muchas transformaciones que el Estado ha sufrido a lo largo de su historia, se han ido modificando las maneras de relacionarse. En un mundo globalizado, tal vez sea en el servicio exterior donde se constate el mayor desfase entre las formas heredadas de organización y las tareas a las que tienen que hacer frente.

En las primeras etapas del Estado moderno como monarquía absoluta, la misión principal de la diplomacia era informar sobre lo que ocurría en la corte, en especial en la cabeza del monarca y en su entorno, así como negociar, desde alianzas a bodas dinásticas, cuestiones de enorme peso para el destino del reino. Con el fabuloso desarrollo de los medios de comunicación en la segunda mitad del siglo XX, esta función informativa ha quedado en manos de los medios y de los servicios secretos para los temas más delicados, de modo que la información que las embajadas mandan a sus respectivos ministerios podría ir directamente al cubo de la basura.

Libres de las dos funciones tradicionales de la diplomacia, informar y negociar, las embajadas han centrado su actividad en mejorar la imagen del país que representan, conectando con las instituciones oficiales y sobre todo con las privadas que destacan. En esta segunda etapa se han ocupado de potenciar las relaciones económicas, que en buena parte se creían dependientes de la imagen que se tuviera del país. Este objetivo económico ha perdido relevancia en las misiones diplomáticas, tanto por el papel creciente de la UE, como por el hecho de que hayan surgido multitud de organismos que se encargan de estos asuntos.

La promoción de la lengua y la cultura, decisiva para mejorar la imagen del propio país, se consolidó con la creación de institutos de cultura que han terminado por independizarse de la actividad diplomática en sentido estricto, aunque los consejeros culturales a veces incidan en actividades propias de los institutos de cultura, como el Goethe o el Cervantes. La política exterior de cultura necesita de expertos, preparados para esta función, así como de autonomía para proyectar la cultura real -en el ámbito cultural la propaganda surte tan sólo efectos negativos-, que no suele coincidir con la oficial, separación que no pueden hacer las embajadas.

Empero, para medir el rango que un país ocupa a escala internacional, más que la importancia de la lengua y los valores de su cultura literaria y artística, en los que nuestro país, sin estar en la cumbre, ocupa una posición muy digna, el criterio fundamental es la capacidad científica y tecnológica, ligada al nivel educativo desde la preescolar a la enseñanza universitaria. La política exterior de la ciencia, título de un seminario de expertos que la Fundación Ebert organizó en Berlín el 13 de noviembre, es sin duda el nuevo pilar que hay que añadir a la política exterior de nuestro tiempo. Cae por su peso que el factor, ciencia y tecnología, que marca la categoría de un país influya sobre la política exterior, que, al tener que ocuparse de promocionar en el exterior a la ciencia que se hace en el país, adquiere una nueva dimensión.

Tradicional en la política exterior de la ciencia ha sido atraer al mayor número de estudiantes extranjeros, tanto porque al final de los estudios cabe intentar retener a los mejores, como porque se logra expandir la ciencia y tecnología propias entre los países de origen. Pese a la dificultad de la lengua y el golpe brutal que para la ciencia significó el nazismo y la derrota, Alemania se enorgullece de ser todavía el tercer país del mundo, después de Estados Unidos y Reino Unido, en recibir estudiantes extranjeros. Ahora se ensaya con fundar universidades alemanas en el Tercer Mundo, una funciona ya en Vietnam, con costos altos y resultados discutibles. Pero la verdadera innovación ha consistido en crear en el exterior casas de la ciencia. Existe una en Nueva York, en la que los científicos alemanes conectan directamente con los del país, intercambian conocimientos y sobre todo estancias de investigación con el fin de ampliar en lo posible el mercado científico-laboral.

Más que el producto social bruto, la renta per cápita, las inversiones en el extranjero, lo que garantiza el rango internacional de un país es su capacidad científica y tecnológica. Medido con este rasero, Estados Unidos sigue a la cabeza del mundo, aunque se resienta del hecho de que esté ligado en buena parte a la industria de guerra. En un mundo globalizado, más allá de razas y culturas, la ciencia es el único y principal bien verdaderamente global que nos permite entrever el futuro de un país. No es el más halagüeño el de aquel que exporta científicos e importa futbolistas.

Cuando los diplomáticos españoles, apelando a que somos la octava potencia económica del mundo, buscaron apoyos para que España participase en la conferencia de Washington que sentaría las bases de un nuevo orden financiero, a menudo se encontraron con la pregunta inmisericorde de qué universidad de las vuestras está entre las 100 mejores del mundo, y cuál es el nivel científico del país, medido por su aporte tecnológico, tal como lo refleja el número anual de patentes.

Tagged with: ,

Preguntas detrás del ´big bang´, de Josep Maria Puigjaner en La Vanguardia

Posted in Ciencia by reggio on 23 octubre, 2008

El acelerador de partículas (LHC), ahora en reparación, fruto del ingente trabajo del Laboratorio Europeo de Física de Partículas, dio hace días el primer paso hacia la investigación de cómo se produjo el big bang,es decir, el momento inicial del universo, hace 15.000 millones de años. Es obvio que los resultados que obtenga ese acelerador gigante van a comportar nuevas preguntas filosóficas e imprevistos problemas teológicos, con sus consecuencias en la vida de las religiones.

No sé si los filósofos y los teólogos tendrán demasiado tiempo para pensar, porque el físico Stephen Hawking, que estuvo hace poco en Galicia, vaticinó que entre todos podríamos destruir la Tierra en unos cien años. La proliferación de armamento nuclear, las consecuencias del cambio climático y los desequilibrios económicos y sociales entre las zonas del hambre y las de la opulencia, tienen una capacidad mortífera planetaria. No creo que Hawking haya querido revestirse de ángel del Apocalipsis, pero sus razones son poderosas. Fue el mismo Hawking quien, en su obra Historia del tiempo,se hacía estas reflexiones: “La formulación habitual de la ciencia, basada en la construcción de un modelo matemático, no puede contestar por qué tiene que haber un universo que obedezca a tal modelo. Ni tampoco puede responder a la pregunta de por qué el universo existe. ¿La teoría unificada sobre el origen del universo tiene tanta fuerza como para conllevar el origen de su existencia? ¿O bien necesita un creador?

Y si es así ¿quién creó al creador?”. Estas preguntas le dejan a uno perplejo ante el destino de la Tierra y el sentido de la vida.

Ante la búsqueda del big bang y los interrogantes de Hawking, a algunos todavía nos sirve el planteamiento totalizador de Teilhard de Chardin, el evolucionista cristiano de mayor calado intelectual. El mundo ha ido siempre adelante, desde las fórmulas primitivas del ser vivo hasta la aparición del hombre. En consecuencia el hombre está llamado a seguir siendo el eje y la flecha de la evolución.

Para Teilhard, aun con fracasos y retrocesos, el universo conseguirá la plenitud total, fruto de la confluencia definitiva con el punto Omega, es decir, Dios. Esta afirmación se sale del ámbito de la ciencia y entra en el ámbito de la fe, pero ahuyenta el miedo.

JOSEP MARIA PUIGJANER, escritor y periodista

Tagged with:

Seremos invisibles, de Sergio Ramírez en El País

Posted in Ciencia, Política by reggio on 30 agosto, 2008

Volverse uno invisible ha sido, a través de la historia de la humanidad, la ambición de no pocos. Cuento de primeros en esta lista a quienes lo desearían por necesidad de su profesión, como los magos y prestidigitadores, que hasta ahora deben valerse de trucos de espejos, cajas de doble fondo y otras falsedades para crear ante los espectadores la ilusión de que desaparecen y se vuelven transparentes como el aire. En la misma categoría profesional pondría a los espías que quisieran entrar en los despachos privados para revisar a gusto la correspondencia secreta del enemigo, o los ordenadores; y a los detectives que buscan sorprender por encargo a las parejas de infieles, y podrían así colarse en el mismo lugar de los hechos, es decir, las alcobas clandestinas.

Están también, no podemos decir que faltos de razones profesionales, los ladrones que sueñan con penetrar las cajas blindadas de los bancos y de las joyerías; y ¿por qué no?, los novelistas, que siempre queremos escuchar las conversaciones ajenas con toda impunidad, y así mismo ser testigos de las escenas íntimas que nos están vedadas. Y no olvidemos a los tímidos, que prefieren pasar siempre desapercibidos.

El asunto ha sido resuelto. Un equipo científico de la Universidad de Berkeley, encabezado por el doctor Xiang Zhang, bajo financiamiento del Ejército de Estados Unidos y la Fundación Nacional de Ciencias, ha dado con la clave para ocultar a las personas de la luz visible, y, por supuesto, también a los objetos. Están pensando, por supuesto, en soldados, comandos o batallones enteros, con sus armas e impedimentas, pero, como los inventos militares nunca tardan en pasar a los usos civiles, seguro que un amante podrá llegar pronto sin que nadie lo vea hasta el lecho de la amada.

Un metamaterial -mezcla de metal y placas con circuitos impresos- será capaz de desviar la luz que cae sobre la materia, igual que ocurre con el agua que gira alrededor de una piedra en medio de una corriente. Así, el poder del ojo de percibir el reflejo de la luz quedaría anulado. Volverse invisible significa que alrededor de uno no se creen ni reflexiones ni sombras, y es lo que los científicos de Berkeley han logrado. ¿Dónde se había anunciado ya ese procedimiento científico? Por supuesto, en una novela, El hombre invisible, de H. G. Wells, publicada en Inglaterra en 1897, en plena época victoriana, la época de los inventos fantasiosos.

El científico de la novela, Jack Griffin, descubre que si el índice refractivo de una persona es reducido a la exacta proporción que tiene el del aire, y, por tanto, su cuerpo no absorbe ni refleja la luz, entonces esa persona se volverá invisible a los ojos de los demás. No me cabe duda de que el doctor Xiang Zhang y los miembros de su equipo son devotos lectores de H. G. Wells, en el que han encontrado su fuente de inspiración imaginativa, porque la ciencia necesita de imaginación. Todo un siglo de espera para hacer posible lo que la invención literaria ya había concebido. Desaparecer de la vista, no a consecuencia de un acto de magia bajo la carpa de un circo ambulante, sino de la manipulación científica, alterando las leyes de la materia.

Las novelas son las que crean primero la realidad y son capaces de predecir el futuro. Por lo menos, podemos decir eso respecto a los novelistas del XIX, que tenían todo el lejano futuro por delante, y la conciencia de vivir en un presente que se deslizaba lentamente hacia el pasado, sin aspavientos ni premuras. Los grandes inventos eran pocos, aunque trascendentales: la fotografía, la máquina de vapor, el ferrocarril, el cable transatlántico, y los primeros atisbos del cine y la aviación.

Hoy, el concepto de futuro ha cambiado, e invade de manera vertiginosa el presente, que se deshace en nuestras manos. No es posible contar los inventos que transforman a diario la vida práctica porque se suceden en multitud, y sustituyen a otros recién inventados, volviéndolos obsoletos. Todo es provisional en nuestras vidas y, por tanto, nadie puede imaginar portentos, pues serán desmentidos de inmediato, o rebasados, por los dueños de la nueva imaginación, que en lugar de escribir novelas sobre artilugios e invenciones del futuro, los ponen en práctica, dejando desnuda, o al menos en harapos, a la vieja ciencia ficción.

Por eso es que escritores como Julio Verne o H. G. Wells podían adelantarse al futuro con alguna ventaja, porque vivían en un presente más despejado, en el que las novelas tenían aún más peso que la realidad, en ese género que entonces se llamó futurismo. Verne concibió en el lejano siglo XIX las exploraciones submarinas, los descensos al centro de la tierra, los cohetes espaciales, los viajes alrededor del mundo. Wells, al primer hombre en la Luna, la máquina del tiempo, los híbridos entre hombres y animales, gracias a la manipulación genética, en La isla del doctor Moreau, las invasiones extraterrestres en La guerra de los mundos; y al hombre invisible. Algunas de sus profecías faltan por cumplirse.

Lo único malo es que el pobre Griffith, el personaje de Wells que se vuelve invisible, no goza de los beneficios de su invento, que se convierte más bien en una fuente de continuas desgracias, persecución, desesperación y locura, atormentado por el hecho de que ya nunca más podrá regresar a su estado original. De allí las ventajas incomparables de poder mirarse uno al espejo, en lugar de deshacerse en el aire.

Sergio Ramírez, escritor, fue vicepresidente del Gobierno de Nicaragua en los años ochenta.

Tagged with:

Fiasco nuclear en Finlandia, de Carlos Bravo en El Periódico

Posted in Ciencia, Ecología, Economía, Energia, Medio ambiente by reggio on 22 agosto, 2008

LOS MODELOS ENERGÉTICOS Y LA VIABILIDAD FINANCIERA

La central nuclear de Olkiluoto 3, en construcción en Finlandia, el buque insignia del tan cacareado renacimiento nuclear, hace aguas por todos lados: oficialmente, se admiten grandes retrasos sobre el calendario previsto y sobrecostes multimillonarios. Y eso que lleva sólo dos años de construcción.

En efecto, el European Pressurized Reactor (EPR), el nuevo modelo de reactor nuclear que la compañía francesa Areva, de titularidad estatal, está construyendo en Finlandia, es un clarificador ejemplo de lo caro y arriesgado que resulta invertir en este tipo de energía. En el 2001, Areva hizo grandes promesas sobre el EPR de Olkiluoto 3. Aseguró que sería construido en un tiempo récord de cuatro años (pese a que el tiempo medio de construcción de los reactores nucleares terminados entre 1995 y 2000 fue de 116 meses, es decir cerca de 10 años), que tendría un coste de 2.500 millones de euros, y que no se necesitaría recurrir a apoyos económicos estatales ni a subsidios. La industria atómica repitió entonces, hasta el hastío, que la construcción de este reactor era el punto de partida de un imparable “renacimiento nuclear”.

Pero, siete años después, la realidad pinta muy diferente. La construcción del reactor empezó en el 2005, y tan solo dos años más tarde, en el 2007, la propia Areva anunciaba en su página web que su terminación se retrasaría dos años con respecto a lo previsto (por lo que tendrá 2.200 millones de euros de penalización). Ya se reconoce de forma oficial un sobrecoste de 1.500 millones sobre lo inicialmente presupuestado. Informaciones recientes afirman que si Olkiluoto 3 estuviese terminada para el 2011, que es la fecha que ahora maneja Areva, le habrá costado a esta más de 5.200 millones.
A pesar de las declaraciones previas de Areva y toda la industria nuclear de que este reactor no requeriría apoyos financieros estatales, los bancos públicos de Suiza y Francia han tenido ya que realizar grandes préstamos para su construcción. Y, por si fuera poco, lo que empeora la situación, se han detectado ya más de 1.500 defectos de diseño y desviaciones de calidad en el reactor, lo que genera preocupaciones sobre su seguridad.

Así pues, el EPR es ya un gran fiasco económico. De hecho, el pasado mes de mayo, el presidente ejecutivo de la gigante eléctrica alemana E.On, Wulf Bernotat, advirtió que las nuevas centrales nucleares que algunos pretenden construir en Europa, costarían entre 5.000 y 6.000 millones de euros cada una (excluyendo la gestión de residuos radiactivos).

Son costes prohibitivos. Ciertamente, la energía nuclear perdió ya hace muchos años la batalla de la competitividad económica en unos mercados energéticos cada vez más liberalizados. No en vano, vista la experiencia en EEUU, la prestigiosa revista Forbes calificó a la energía nuclear como “el mayor fiasco en la historia económica norteamericana”. Asimismo, el Banco Mundial y otros bancos multilaterales no financian desde hace tiempo proyectos nucleares por no ser una opción eficiente en coste.

En la Unión Europea, aparte de Finlandia, solo Francia está construyendo actualmente un reactor, en estado aún incipiente. Por otro lado, Alemania y Suecia tienen programas activos de abandono de la energía nuclear. En el caso de España, el Gobierno ha anunciado la intención de cerrar el parque nuclear existente y no construir nuevas centrales.

En efecto, el PSOE ganó las pasadas elecciones generales con una serie de promesas, como la de cerrar las centrales nucleares de forma progresiva y sustituirlas por “energías limpias, seguras y menos costosas”, como reza su programa electoral. El abandono de la energía nuclear en España será una realidad si el PSOE y José Luis Rodríguez Zapatero cumplen su compromiso y no terminan defraudando a los ciudadanos, quienes, como han demostrado de forma reiterada los sondeos de opinión, desean mayoritariamente que se abandone la energía nuclear.

Zapatero lo tiene fácil, si quiere, pues la viabilidad técnica y económica de un sistema de generación eléctrica basada al 100% en energías renovables, que nos permitiría luchar de forma eficaz contra el cambio climático al tiempo que se abandona la energía nuclear, es un hecho ya comprobado científicamente. Un informe del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IIT) de la Universidad Pontificia de Comillas, encargado por Greenpeace, ha demostrado, mediante un profundo análisis técnico, que existen numerosas combinaciones de las distintas tecnologías renovables (solar termoeléctrica, eólica terrestre, eólica marina, biomasa, solar fotovoltaica, hidroeléctrica, energía de las olas y geotérmica) que permitirían satisfacer al 100% la demanda eléctrica peninsular, las 24 horas del día y los 365 días del año, a un coste menor que el de un sistema basado en las tecnologías convencionales.

Lograr un modelo energético sostenible, libre de energía nuclear, basado en las energías limpias, es factible técnica y económicamente, y es lo más deseable desde el punto de vista medioambiental y de salud. El único gran obstáculo en ese camino es la falta de voluntad política: cada día que pasa sin cerrar las nucleares, Zapatero pierde un poco de su cada vez más escasa credibilidad.

Carlos Bravo. Responsable de temas nucleares de Greenpeace.

Tagged with:

El cambio climático debe acercar a EE.UU. y China, de Joseph Nye en Clarín

Posted in Ciencia, Ecología, Medio ambiente by reggio on 14 agosto, 2008

DEBATE

El calentamiento global es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y, también, de seguridad.

Algunos científicos predicen que el cambio climático causará desastres naturales vinculados con el clima, sequías y hambrunas, que pueden derivar en una cuantiosa pérdida de vida. El calentamiento global en las próximas tres décadas haría crecer los niveles del mar en medio metro. Este es un cálculo conservador, y si el calentamiento avanza más rápidamente por la pérdida de la reflectividad del hielo del Artico podría conducir al sumergimiento de islas bajas y, por ende, amenazar la supervivencia de naciones enteras. En Africa y Asia central, el agua se volverá más escasa y las sequías reducirán el suministro de alimentos.

Los shocks externos producidos por el cambio climático afectarán directamente a las economías avanzadas. Si los crecientes niveles del mar inundan las Islas Maldivas, los efectos serían tan devastadores como una bomba nuclear, y hasta para EE.UU. y Europa, el daño ocasionado, digamos en Florida u Holanda, podría ser igualmente costoso. Pero estos shocks externos también pueden tener efectos indirectos al agravar las disparidades entre países desarrollados y en desarrollo y crear incentivos adicionales para la migración masiva a regiones ricas, menos afectadas y más adaptables. Por otra parte, el cambio climático ejercerá presión sobre los gobiernos débiles en los países pobres, y puede generar un incremento en la cantidad de estados fallidos así como convertirse en una fuente indirecta de conflicto internacional.

Este tipo de efectos directos e indirectos de la actividad humana, si bien no tienen intenciones malevolentes como el terrorismo, son un argumento para la ampliación de nuestro concepto de seguridad y la adopción de nuevas políticas. Existen instrumentos básicos para reducir las emisiones de carbono y, por ende, mitigar el calentamiento global. La innovación tecnológica y la mayor eficiencia energética tienen un potencial considerable.

Pero la innovación tecnológica por sí sola tal vez no sea suficiente. El otro instrumento básico incluye incentivos y desincentivos económicos. El llamado sistema de intercambio de emisiones apunta a controlar las emisiones de carbono asignando permisos comerciables.

No todos adoptarán este tipo de instrumentos. En 2007, China superó a Estados Unidos como el principal emisor de CO2 del mundo. Pero China señala que, sobre un cálculo per capita, las emisiones norteamericanas son cinco veces superiores. China, India y otros países sostienen que el desarrollo económico en los países ricos causó la mayor parte del problema existente, y que es injusto que los países en desarrollo tengan que reducir sus emisiones hasta alcanzar los niveles de emisiones de los países ricos. Pero se trata de una fórmula para el desastre global.

El clima del mundo se ve afectado por las emisiones totales, no importa su origen. Dado que las bombas, las balas y los embargos de la política de seguridad tradicional son irrelevantes, ¿qué pueden hacer EE.UU. y otros países ricos respecto de esta amenaza a la seguridad? Para impedir un cambio climático peligroso y promover su propia seguridad, EE.UU. y otros países ricos quizá tengan que forjar una sociedad con China, India y otros países para desarrollar ideas creativas, tecnologías y políticas. Cada vez se reconoce con más frecuencia que el cambio climático es uno de los desafíos transnacionales con mayores implicancias ambientales, económicas y de seguridad. Los primeros pronunciamientos de McCain y Obama son alentadores, pero buscar un acuerdo internacional seguirá siendo un desafío no importa quién resulte electo.

Joseph Nye; profesor de relaciones internacionales (Universidad de Harvard)

Copyright Clarín y Project Syndicate, 2008.

Traducción de Claudia Martínez

Tagged with:

El bicentenario de Darwin, de Esteban J. Morcillo en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Ciencia, Historia by reggio on 25 junio, 2008

Hace exactamente 100 años, Santiago Monmeneu, estudiante de Medicina de la Universitat de València, tuvo una idea que puso a nuestra ciudad en el epicentro científico del país. Mientras leía, en sus vacaciones estivales, El origen de las especies cayó en la cuenta de que el centenario de Charles Darwin tendría lugar en solo unos meses, en febrero de 1909, y se puso manos a la obra. Con el inicio del nuevo curso, comenzó a preparar junto con sus compañeros de la asociación estudiantil Academia Médico-Escolar lo que se convertiría en la única conmemoración en todo el país y en un acto singular en el panorama académico de la Europa del momento. Y, también, cabe añadir, en motivo de una encendida polémica en la prensa, más ideológica que científica, dicho sea de paso. El acto conmemorativo se hizo en el paraninfo de la Universitat bajo la presidencia de Miguel de Unamuno, que por aquel entonces ya era rector de la Universidad de Salamanca. Además, se publicó un número especial de la revista Tribuna Médica dedicado a Darwin y se le dedicó una placa conmemorativa.

Todo ello no nacía en el vacío ni era solo el producto de una original idea de unos estudiantes avanzados a la sociedad de su tiempo. En la Facultad de Medicina de la Universitat, el que fue su decano y catedrático de anatomía Pelegrí Casanova i Ciurana se había destacado por ser un riguroso evolucionista. A su vez, Casanova había sido discípulo del biólogo alemán Ernst Haeckel, uno de los difusores más potentes y originales del darwinismo en toda Europa.

Cien años más tarde de aquel evento, la Universitat ha preparado otra conmemoración con la intención de que sea igualmente un foco de reflexión y difusión científica. Pero, por suerte, ahora el motor no es solo la feliz idea de un estudiante y la inquietud entusiasta de un grupo de alumnos. Desde hace unos años la Universitat de València ha iniciado a conciencia las actividades preparatorias de la doble celebración que tiene lugar el 2009, pues, aparte de los 200 años del nacimiento de Darwin, se conmemora también 150º aniversario de la publicación de la obra que cambió el rumbo de la ciencia: El origen de las especies.

Como vicerrector de Investigación, tengo el honor el presidir una comisión asesora para un programa que aspira a tener una relevancia similar a la que en su momento tuvo el acto de 1909 pero ahora primando especialmente la reflexión científica y su difusión a la sociedad sobre la estricta conmemoración.

El programa está todavía abierto a nuevas iniciativas universitarias y posibles colaboraciones con otras instituciones; entre otras, la Fundación Española de Ciencia y Tecnología, el Consell Valencià de Cultura, l’Institut d’Estudis Catalans, y la inestimable participación de nuestro principal patrocinador en nuestra Cátedra de Divulgación de la Ciencia, Caja Mediterráneo (CAM). No obstante, la línea la tenemos bien definida: ofrecer un abanico lo más diverso posible de actividades a la comunidad universitaria y también a la sociedad en general.

Como hace 100 años con la chispa de Monmeneu al leer El origen de las especies de Darwin, la Universitat comenzará el programa con otro libro del naturalista inglés. Pero ahora no será solo con su lectura sino con la publicación de un libro con documentos excepcionales para entender la génesis del evolucionismo. El próximo 1 de julio se presentará en el Jardín Botánico el libro que recoge los textos de la comunicación conjunta que Darwin ofreció, junto con Alfred R. Wallace, sobre la teoría de la selección natural a la Sociedad Lineana de Londres. Ese día se cumplirán los 150 años de aquella comunicación, y Publicacions de la Universitat de València ya ha preparado lo que creemos será una excelente edición de ese texto, junto con cartas y otros documentos de los dos padres del evolucionismo. Cien años más tarde, la Universitat de València vuelve a ser el epicentro científico y un estimulante para el conocimiento y su extensión a la sociedad.

Esteban J. Morcillo es vicerrector de Investigación y Política Científica de la Universitat de València.

Tagged with:

No se debe minimizar un incidente nuclear, del Editorial en Gara

Posted in Ciencia, Ecología, Energia, Medio ambiente by reggio on 6 junio, 2008

Un día después del incidente en la central nuclear eslovena de Krsko que hizo que saltará la alarma europea sobre riesgos radiactivos, nadie, a excepción de los vecinos de la región y los opositores a este tipo de energía, parecía ayer preocupado por este hecho. Por ejemplo, diferentes responsables políticos, tanto desde Ljubljana como desde Bruselas, continuaron minimizando la gravedad del vertido y asegurando que en ningún momento había habido riesgo ni para las personas ni para el medio ambiente. Los grandes medios de comunicación tampoco hacían ayer mención de una noticia que, dicho sea de paso, el día anterior también pasaron por alto.

Todo ello transmite a la sociedad un mensaje que pretende ser tranquilizador, pero que en realidad debería alarmar a cualquier persona mínimamente neutral. Y es que ese mensaje está encaminado a ocultar la lógica preocupación social que genera este tipo de energía. Sin ir más lejos, las personas que viven dentro del radio de cualquiera de las centrales nucleares existentes a lo largo del planeta -y cabe recordar que una zona importante de Euskal Herria lo está- no encontrarán en las palabras de esos responsables institucionales o en el silencio de los medios alivio alguno. Entre otras cosas porque tras el desastre de Chernóbil nadie puede obviar, ni tan siquiera minimizar, la importancia del control y la transparencia en relación a las plantas nucleares. Tampoco antes de la hecatombe en la central ucraniana, por supuesto, pero es que a estas alturas esas posturas suponen un grado inaceptable de prevaricación e irresponsabilidad. Unas posturas que ocultan intereses económicos que nada tienen que ver con una idea racional del bienestar social.

En un momento en el que importantes líderes políticos promueven nuevas centrales y en el que influyentes grupos de presión organizan falsos debates y utilizan diversas pantallas para condicionar a la opinión pública -cabe destacar, por ejemplo, la figura de un Felipe González convertido en adalid de la energía nuclear en Europa-, ha llegado la hora de que la sociedad presione a la clase política y empresarial con un mensaje claro: control y transparencia sobre las centrales existentes dentro de un plan de desmantelamiento y oposición frontal a nuevos proyectos nucleares.

Tagged with:

Plastilina en la universidad, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Ciencia, Cultura, Educación by reggio on 29 mayo, 2008

Hace ya muchos años que en la enseñanza primaria los juegos con figuras de plastilina tienen tanta o más importancia que aprender a leer, escribir y las cuatro reglas de la aritmética. La pretensión ha sido que los niños, envueltos en mimos y algodón, no aprendieran casi nada pero fueran felices. Los conocimientos propiamente dichos se dejaban para la enseñanza secundaria.

Con el tiempo, sin embargo, a la segunda enseñanza le llegó también esta filosofía pedagógica y la Logse fue su más clara expresión. Los adolescentes también debían ser, ante todo, felices en el instituto. Se partía de que los suspensos traumatizaban a las cándidas almas juveniles en una edad difícil y había que educarlos en la no competencia con los demás compañeros, la sociedad, más adelante, ya los obligaría a ello. Así, los trabajos escolares empezaron a sustituir a los exámenes, considerados pruebas represivas; los esfuerzos en recordar cosas de memoria resultaron ser métodos anticuados, y las máquinas de cálculo sustituyeron el ejercicio mental que suponía sumar, restar, multiplicar y dividir.

En la actualidad, siguiendo esta vía, aun arrastrando cuatro suspensos se puede pasar de curso para así seguir con los mismos compañeros, ya que la amistad y la formación sentimental son considerados bienes superiores a la adquisición de conocimientos. La pedagogía de la plastilina se había apropiado también de la enseñanza secundaria.

Todo ello ha provocado que una buena parte de los estudiantes, sin culpa por su parte, sino debido al sistema pedagógico de moda, lleguen a la universidad indefensos ante lo que se les viene encima. Durante los últimos diez o quince años, las escabechinas en primer curso de carrera han sido morrocotudas. Los alumnos acceden a la universidad sin ni tan siquiera haber aprendido el hábito de estudiar, es decir, a poner lo codos sobre la mesa, leer página tras página de un libro, saber sintetizar lo leído y así poder extraer los conceptos fundamentales, relacionar tanto las diversas partes de una asignatura como los conceptos aprendidos en una asignatura con los de otra. El problema ya no es que no sepan escribir, sino que el simple hecho de leer les supone un esfuerzo insuperable. El problema, por tanto, está en la formación recibida a través de la pedagogía de la plastilina. Los más avispados pueden superarlo, el resto, totalmente desorientado, se queda por el camino. Total: una injusticia.

En estos momentos, esta pedagogía de la plastilina está llegando a la universidad y es de prever que en los próximos años la invada por completo. El llamado plan de Bolonia será la ocasión adecuada para ello: los pedagogos que ya habían dejado su nefasta huella en las enseñanzas primaria y secundaria comienzan a tener influencia en la enseñanza universitaria, aportando sus métodos a las aulas de la enseñanza superior. Para ellos lo más valioso no es el conocimiento -cuya importancia, por supuesto, no niegan-, sino, sobre todo, aquello que llaman “destrezas y habilidades”.

El profesor, así, no es la fuente de la cual se aprende, sino que su papel consiste en ser el “facilitador del conocimiento y cada alumno es gestor de su propio aprendizaje”. Así, lo que debe proporcionar el profesor es “destrezas en la búsqueda de la información, criterios de selección del conocimiento, habilidades de evaluación de los datos, capacidades organizativas y de gestión crítica del conocimiento, técnicas de estudio individual, habilidades de pensamiento crítico, discusión colectiva del conocimiento, técnicas de investigación, oratoria y técnicas de argumentación”.

Habrá observado el lector que ciertas partes del párrafo anterior están entrecomilladas. La razón está en que forman parte de unas suculentas conclusiones de la XIII conferencia de decanos de facultades de Derecho de universidades españolas, celebrada en Zaragoza el 22 y 23 de mayo del año pasado con el fin de suministrar criterios para elaborar los nuevos planes de estudio al objeto de obtener el título de grado -lo que antes se denominaba licenciatura- en Derecho, adaptado al plan de Bolonia. No cabe duda de que la música suena bien: pensamiento crítico, técnicas de investigación, argumentación. Ahora bien, ¿seguro que son capaces los estudiantes que cursarán Derecho entre los 18 y 22 años de proezas tan exquisitas cuando lo que necesitan, tras una deficiente secundaria, es aprender cosas concretas y sólo después de aprendidas -y digeridas y reflexionadas- pueden estar en condiciones de criticar, investigar y argumentar?

De nuevo, se empieza la casa por el tejado y, menos estudiar en serio, aquello que en el argot popular se llama empollar, para así tener unas bases mínimas desde las cuales poder tener un juicio propio sobre las cuestiones que plantea una determinada disciplina, los alumnos harán de todo. Porque, vamos a ver, la práctica es la aplicación de la teoría, no algo independiente de ella. Y las habilidades y destrezas que se proponen son, en el fondo, práctica sin teoría, es decir, la inversión de lo que es razonable. Desgraciadamente, la pedagogía de la plastilina ha llegado a la universidad.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

Tagged with: