Reggio’s Weblog

Recuerdos propios frente a olvidos (y derribos) ajenos, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Política by reggio on 27 febrero, 2009

Divagaciones sobre la parcela del Vasco tras la propuesta de crear allí un Palacio de Justicia

Frente al mirador de mi niñez, el Caserón de Santa Clara, que se estaba transformando entonces en Delegación de Hacienda. Al lado del edificio donde transcurrió gran parte de mi infancia se encontraba la Caja de Previsión. Jovellanos y Argüelles, a pesar de los dictados de aquellos tiempos, se daban, como ahora, la mano en el callejero, no así la plaza donde vivía que, según atestiguaba la correspondencia familiar, se había llamado en su momento plaza del Progreso. Lo cotidiano y lo presente se emplazaban frente a la fachada principal de la casa, y el pasado, sin embargo, habitaba en su parte posterior, desde donde podían verse galerías de edificios de la calle de la Luna con sus maderas arrasadas por el paso del tiempo, como las arrugas y las estrías en los rostros de las personas. Y, por otro lado, si (con perdón) se giraba a la izquierda, se accedía a la calle Jovellanos, a la estación del Vasco, otra inequívoca representación del pasado donde tuve la oportunidad de ver viejos coches de trenes de madera que ya no estaban en servicio. No olvidaré nunca el tránsito por el pasadizo que evitaba las vías y, sobre todo, los andenes con sus legendarios anuncios que daban cuenta de otra época con verdadera voluntad de estilo.

Calle Jovellanos, estación del Vasco, Mesón del Labrador, cuya vida se prolongaría aún largos años. Calle Jovellanos que, pasado el tiempo, vería admirablemente descrita al inicio de la novela ayalina «La pata de la raposa», que tan excelente opinión le mereció a Unamuno. Calle Jovellanos donde también se encontraba una confitería que fabricaba excelentes pasteles y merengues de sabores diversos. Pasaron los años, casi el período de una generación, según los parámetros orteguianos, y, viviendo ya en la calle Toreno, justo en la esquina con Marqués de Pidal, me tocó ver el derribo del palacete de Concha Heres. De nada sirvieron entonces las protestas, pues la piqueta hizo su trabajo. Lo que entonces no me podía imaginar era que no transcurriría una década completa para que la vieja estación del Vasco corriese idéntico destino.

Y es el hecho que ambos derribos son dignos de formar parte de la historia universal de la infamia. Y es el hecho que doña Paloma Sainz, al hacer la propuesta de la construcción de un palacio en la antigua parcela del Vasco, consiguió remover en mí, con innegable desasosiego, recuerdos siempre presentes y olvidos aún rescatables. Ya que no se puede hacer justicia poética frente a aquellas demoliciones que nunca se tendrían que haber producido, plantea la jefa de la oposición municipal vetustense un Palacio de Justicia.

Ya que quedaron en nada una serie de proyectos, sobre todo, para fortuna de la ciudad el de las «trillizas» calatraveñas, hágase un Palacio de Justicia, pues los que actualmente a ello se destinan en Oviedo presentan, al parecer, deficiencias. Garantiza la edil socialista que se crearán muchos puestos de trabajo. Cuenta con el apoyo de Areces, mientras que el regidor vetustense da el visto bueno, siempre que su Consistorio no tenga que contribuir económicamente a su edificación.

Nada de pedir cuentas acerca de lo que gastó en esos edificios donde se ubican actualmente los juzgados en Oviedo. Nada de preguntarse a qué empresa y a qué intereses se favorece con la iniciativa de doña Paloma. En España, en Asturias y, sobre todo, en Vetusta, de lo que se trata es de construir palacios último modelo, dado que no se supo o no se quiso conservar parte importante de lo que había: léase el Vasco, léase el palacete de Concha Heres, léase el Fontán.

La Ciudad de los Palacios, que aún no tienen pedigrí para ser encantados, porque lo que contaba con empaque fue en gran parte derruido. La Ciudad de los Palacios que no se plantea qué habría que hacer entonces con lo que hay. La Ciudad de los Palacios que no se cuestiona si los graves problemas que padece de la Justicia, aunque el cinegético Bermejo haya dimitido, se resolverán con la construcción que doña Paloma propone.

La Ciudad de los Palacios, el ladrillo o vaya usted a saber qué nobles materiales, como principal forma de hacer política, con lo que doña Paloma parece ecualizarse con su adversario político. ¿Cómo no recordar que la principal apuesta de su antecesor, Leopoldo Tolivar, no estuvo del lado del ladrillo, sino de otra forma de entender la política, así como de unas conmemoraciones históricas que ya se ve en qué dieron? ¿Cómo no inquietarse, en fin, ante el hecho de que se pretende edificar un Palacio de Justicia sobre una parcela en la que está radicada una gran injusticia poética, un derribo contraproducente de algo que merecía ser conservado?

Por eso, no puedo no hablar de recuerdos propios frente a derribos ajenos que quieren ser olvidados con el pretexto de un nuevo palacio en una ciudad que algunos quieren convertir en una especie de Camelot sin la magia y sin la «t», donde lo mayúsculo es el dislate continuo y el permanente estado de obras.

Del relato a la escena, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Justicia, Política by reggio on 20 febrero, 2009

De un tiempo y un país en donde la corrupción es algo más que episódica

Más que de las musas al teatro, la actualidad política ofrece en sus últimas horas el paso del espacio narrativo al escenario teatral. Del acontecimiento a su representación con algunas variables inquietantes, a decir verdad. El evento de esa trama urbanística instruida por Garzón a resultas de la cual hay detenidos y dimisiones más que forzosas. La escenificación del juez estrella cazando en compañía, entre otros, del Ministro de Justicia. Sabido esto último, la consiguiente escandalera. Actualidad narrada y representada. Literariamente, esto es mucho.

Un juez estrella, una división de poderes en la que no es fácil creer. Un país con continuos episodios de corrupción. Un PP que va de sobresalto en sobresalto, desde espionajes en la Comunidad de Madrid al ritmo de chotis hasta tramas urbanísticas encausadas. Un Gobierno que se frotaba las manos con lo uno y con lo otro hasta que se tuvo noticia de la cacería. A partir de aquí, entre el ruido y la furia, la serenidad no encuentra acomodo.

Hay que dar por sentado, mientras no se demuestre lo contrario, que las detenciones hechas por Garzón se ajustan a Derecho. Poner eso en duda nos situaría en un discurso de república bananera en este reino que se declara parlamentario y democrático. Dicho lo cual, resulta inevitable alarmarse por el hecho de que el juez que tantos casos con trascendencia viene instruyendo adolece de un grave problema de falta de perspectiva, sin duda, por su afán de protagonismo, que, en muchos casos, parece desmedido.

Alguien dijo, con mucho ingenio, que para analizar una época histórica había que ponerse a una distancia tal que no nos permitiese verle la nariz a la bella Cleopatra. Parece perogrullesco poner de relieve que juzgar implica, entre otras cosas, un distanciamiento obligado, así como una discreción más que conveniente.

A Montesquieu no le hubiera gustado ver juntos en una cacería al ministro de Justicia y a un juez que se ocupa de asuntos con gran repercusión en la vida pública. Poderes divididos y separados, o, al menos, mínimamente distanciados.

Por mucho que se diga que tan ilustres compañeros de caza apenas hablaron, el espectáculo, hablando de narices, nos obliga, también inconscientemente, a hacer un mohín que expresa desagrado.

¡Parece mentira! Se escribió, sin demasiada originalidad, que el cazador era sobre todo un hombre alerta. ¡Qué poco lo han demostrado esta vez el ministro del ramo y el juez estrella!

Del relato a la escena. De un tiempo y un país en donde la corrupción es algo más que episódica, por mucho que uno quisiera equivocarse. De un tiempo y un país donde el afán de notoriedad de un juez estrella que, con mayor o menor grado de voluntad y conciencia, parece, de una parte, seguir el guión del costista cirujano de hierro para todo tipo de asuntos: desde terrorismo de Estado hasta política internacional, pasando por la más reciente historia y llegando a eso que llaman rabiosa actualidad. Pero que, de otro lado, no marca las distancias ni tampoco rehúye el protagonismo excesivo.

Un país que se encuentra con el principal partido de la oposición ofreciendo espectáculos de espionaje entre sí, demostrando su líder falta de autoridad en su seno, poniéndose de relieve que no hay un irrenunciable afán por depurar responsabilidades cuando las hay, ni tampoco por extirpar la podredumbre en la que presuntamente incurren algunos de sus militantes encausados.

Un país que tiene un gobierno que va dando tumbos ante una crisis internacional que le supera con creces, que improvisa de continuo. Un país que tiene un gobierno cuyo presidente no se decide a relevar a dos ministros como doña Magdalena y sus despropósitos, y como el señor Bermejo y sus soberanas meteduras de pata, caracterizadas por una prepotencia que insulta a la lógica más elemental.

El PP no puede escudarse en la cacería para asumir sus responsabilidades como partido que aspira a gobernar este país. El Gobierno no debe pasar por alto que la escenificación del espectáculo cinegético no lo deja precisamente en buen lugar. Y el juez Garzón necesita, con urgencia, un descanso mediático.

Aquel título de una obra de Schopenhauer que, para Ortega, era grosero, «El Mundo» como representación, podría parodiarse fácilmente en lo que es el discurso de la actualidad: la cacería como representación de un tiempo y un país donde el desquiciamiento y las estridencias parecen presidirlo casi todo.

Del relato a la escena. Cuando con el pretexto del 23-F la televisión resucita de nuevo el NODO como género periodístico, cuando lo acontecido en el Gobierno madrileño se convierte en materia de comisión parlamentaria que, mucho nos tememos, poco esclarecerá, llega un nuevo caso de Garzón y, tras él, la cacería.

Lo que acaba de ocurrir, la trama puesta al descubierto y la cacería, son, al pie de la letra, obscenidades. No vale silenciar una y vocear la otra. No vale resaltar una y tapar la otra. No vale seguir el rastro de una y obviar la otra. Todas ellas ofenden, no sólo pero sí también, al oído, a la vista y al olfato.

¡Días de obscenas sinestesias!

El prerrománico como aviso, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Cultura, Memoria by reggio on 12 febrero, 2009

¿Acaso sería plausible pensar que situarse en el Naranco como atalaya para contemplar Oviedo vendría a ser –mutatis mutandis- algo que tiene innegable similitud con el famoso episodio de La Regenta en el que don Fermín de Pas, con la ayuda de su catalejo, avista esa Vetusta a la que considera dominio suyo? ¿No es el Naranco la ubicación ideal y preferida para todo aquel que quiera disfrutar de la observación de Oviedo a vista de pájaro?  ¿Por qué se dará, además, la circunstancia de que ambas cosas, el Prerrománico y la novela clariniana son, sobre todo, las pruebas palpables  más inequívocas de la Asturias que, muy de vez en cuando, tuvo la dicha de incurrir en universalismo? ¡Cuántas miradas confluyentes en Oviedo desde el Naranco! ¡Cuántas búsquedas de ese edificio, de esa calle, de ese rincón, tan omnipresentes en las biografías de quienes quisieron abarcarlos desde esa distancia mágica que el monte vetustense brinda! Y es el hecho que, entre todas las escandaleras a las que venimos asistiendo, un día salta la noticia del abandono tan preocupante que sufre San Miguel de Lillo, con una humedad que supone una amenaza más que inquietante para un monumento que es una de las principales joyas del patrimonio cultural de Asturias. No me corresponde entrar en cuestiones técnicas en torno a lo que procede hacer con urgencia. Pero, desde la indignación, no puedo dejar de preguntarme cómo es posible que hayamos alcanzado tal estado de desidia con respecto a nuestra riqueza artística. ¿No es ya, cuando menos atípico, que, al lado de otro monumento tan importante como San Julián de los Prados haya una autopista y que gran parte de su entorno lo abofetee estéticamente? ¿No es desquiciante que, tras discusiones bizantinas como aquellas trillizas calatraveñas, que, con el dispendio con que se actúa en muchos de los chiringuitos de poder del Gobierno autonómico, un día nos encontremos con el abandono de San Julián de los Prados, y otro, semanas después, con el estado en que se encuentra San Miguel de Lillo? ¿En qué se están gastando los sagrados dineros públicos? ¿En qué se están empleando las energías de los debates en nuestra tierra? Miren, es obvio, demasiado obvio, que aquí las responsabilidades no están igualmente repartidas. Pero, siendo esto así, no basta con el dedo acusador que señale a quienes están al cargo, oficialmente, de ello. Hay que ir mucho más allá, habría que haber ido. Antes de dar la voz de alarma, sería obligación de todos conocer el estado de la cuestión y denunciar antes de que la ruina apodere a nuestros monumentos, y, con ello, a nosotros, en tanto sociedad y pueblo. ¿Qué es lo que está ocurriendo en esta Asturias nuestra, que maltrata al medioambiente, que crea chiringuitos sin cesar, que la oposición política, en la mayor parte de los casos, ni está, ni se le espera, ni sabe, ni contesta? ¿Alguien en la Asturias oficial se ha tomado la molestia de pensar en el verdadero significado del monte Naranco y sus monumentos? ¿Hay algo más imprescindible que eso para ser conservado? Monumentos prerrománicos, testigos de un universalismo que nos consuela cuando vemos tanto localismo, cuando vemos tanto discurso de campanario. Monte Naranco, mucho más que una geografía, mucho más que esa atalaya a la que tantos y tantos nos hemos asomado en multitud de ocasiones. Mucho más que las vivencias acumuladas. La intrahistoria, en el sentido unamuniano, y la historia artística se dan la mano y se citan. Y, sin embargo, la Asturias oficial sólo se ocupa de ello cuando tienen que acudir como bomberos, cuando el aviso de peligro nos conmociona a todos. Hay algo mucho peor que perder el tiempo, y es perder, por inconsciencia y por incompetencia, aquello que con mejor estética da cuenta y atestigua eso a lo que seguimos llamando historia, tan nuestra y tan universal. Todo lo demás son bravuconadas de chigre, mezquindades y villanías, eso sí, hinchadas y aumentadas con un discurso megalómano que entre nosotros recibe el nombre de grandonismo. Retórica de campanario, y, mientras tanto,  el Prerrománico desasistido. ¡Cuán satisfechos han de sentirse algunos!

Educación para la Ciudadanía: hablemos claro, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Educación by reggio on 3 febrero, 2009

¿Qué es la LOGSE? ¿Acaso un frenesí que tanto encandiló al PP, hasta el extremo de que durante sus ocho años de Gobierno apenas la modificó? ¿Qué es la LOGSE? ¿Tal vez, una ilusión encaminada a que la sociedad española siga siendo «mansurrona» y «lanar», como alguien escribió en 1930, en el que fue quizás el artículo de opinión más influyente de toda la historia del columnismo en nuestro país? Desde luego, pretender forjar ciudadanos dentro de un sistema educativo donde el esfuerzo está proscrito y donde los contenidos de filosofía son manifiestamente ampliables es poco menos que la cuadratura del círculo.

Que la principal apuesta en materia de enseñanza por parte de un Gobierno que se llama socialista sea una ñoñez como ésta resulta, en el más benévolo de los supuestos, paradójico. Y, de otro lado, que el campo de batalla dentro del ámbito de la enseñanza donde el PP pone más carne en el asador sea la referida materia se antoja, en el mejor de los casos para el partido del señor Rajoy, afrentoso y hasta insultante.

Si algo demuestra el llamado «informe Pisa», si hay una realidad que se constata cada vez más, es el deterioro de la enseñanza en este país que pasa, entre otras cosas, por un bajón en conocimientos más que inquietante. Y resulta que nadie quiere ver este panorama que se presenta ante las mismas narizotas de todo el mundo.

El parto de los montes es esta asignatura. ¿Cómo se puede esgrimir una discusión tan banal? Porque es el caso que, quitando o confirmando la referida materia, los datos del «informe Pisa» seguirán siendo igual de alarmantes.

¿Qué nos cabe concluir entonces? O bien los partidos mayoritarios sufren una inconsciencia tal que alcanza de lleno la estulticia, o bien se alberga en su discurso un cinismo hiperbólico, al estar por la labor de que la población sea lo más borreguil posible.

Y esto es lo primero que debe ponerse sobre la mesa a la hora de delimitar la discusión en torno a esta asignatura. A partir de aquí, hay otras consideraciones obligadas.

No es sostenible que se esgrima que son los padres los que deben decidir acerca de los contenidos ético-morales que se deben impartir en la enseñanza. Eso es cosa del Estado. ¿Podría, por ejemplo, llegarse a la situación de que se objetase en contra de que fueran impartidas las teorías de Darwin, puesto que en casa se apuesta por el creacionismo? ¿Se consideraría admisible que ciertas corrientes económicas o filosóficas no pudieran figurar en los programas de enseñanza, por considerar que colisionan con la moral de la familia de turno? ¿No estaría el Estado obligado, llegado el caso, a defender los derechos de los niños y adolescentes frente a teorías o preceptos que impidiesen, sin ir más lejos, tratamientos a través de transfusiones de sangre, y así sucesivamente?

Hay una distinción fundamental de la que nadie parece querer percatarse, fundamental y perogrullesca: una cosa son los conocimientos y otra muy distinta los mal llamados valores en el ámbito de la ética y de la moral. Los conocimientos deben ser impartidos y aprendidos, mientras que los valores serán asumidos, aceptados, o rechazados por cada cual en el ejercicio de su libertad. Los conocimientos son evaluables académicamente; lo valores, no. Es algo muy obvio, lo sé, pero parece que hay que decirlo.

Y, de otro lado, hay un aspecto que también se soslaya inexplicablemente. ¿Cómo debe ser «educada» la ciudadanía? Primero, que la educación ciudadana no sólo se forja en la escuela, sino también en el ámbito familiar y, en no pequeña parte, en los medios de comunicación. También es de Perogrullo tener que recordar que, en lo que a la Escuela se refiere, se forja ciudadanía a través del esfuerzo y de la disciplina, vocablo éste que, como tengo dicho, tiene que ver con «discípulo» y no con látigo. No se forja ciudadanía sobre la base de considerar que la ciencia infusa existe. Tampoco se sostiene formar ciudadanía sobre la creencia, puesta en práctica, de que se puede reventar el desarrollo de una clase sin que eso apenas tenga repercusión alguna, porque, de hecho supone aceptar que es lícito vulnerar el derecho de la persona que está al frente de la clase a desarrollar su trabajo, así como del resto de compañeros, que no la pueden recibir en condiciones dignas.

Y, por último, hay otra vertiente que debe ser mencionada. Si los programas de las llamadas materias humanísticas, sobre todo de Filosofía, fueran lo suficientemente ambiciosos, el alumnado podría tener un bagaje de conocimientos mínimo para hacerse una idea de qué es ciudadanía y qué es democracia. A esto, también se renuncia.

¿Entonces, no es esta polémica una pantomima y una falacia que hurta lo esencial acerca de los problemas que tiene hoy planteados la enseñanza?

¿Sí o no?

Cuando Dios viaja en autobús, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Opinión de La Coruña

Posted in Libertades, Política, Religión by reggio on 20 enero, 2009

La discusión sobre la existencia de Dios no se libra en los libros, ya no se ubica ni en el ámbito teológico, ni en el filosófico, ni en el científico. La cosa se ha vulgarizado tanto y tanto que se encuentra ya a pie de calle. Sabíamos de la omnipresencia de Dios, de su ubicuidad, que lo hacía estar también en los pucheros. Pero nunca nos hubiésemos imaginado que tan eterna discusión terminase con leyendas andantes en el transporte público. Ya no se trata de divulgar la idea de Dios frente a la defensa del ateísmo o viceversa: de lo que se trata es de democratizarlo, de simplificar la cuestión a una frasecita andante, frasecita sin argumentos. Sólo un eslogan. Hasta aquí hemos llegado, oiga.

¿Cómo no recordar que hubo un tiempo en que muchos vivíamos libro a libro aquello que nos llegó, como siempre con retraso, del existencialismo? ¿Cómo olvidar a aquel Unamuno estremecido que buscaba, aun a sabiendas de que el intento era baldío, conciliar la razón la y la fe? ¿Cómo olvidar al don Miguel que veía en la Ética de Spinoza, una especie de poema elegíaco y en la Crítica de la Razón Práctica kantiana una búsqueda de imposibles y trágicas respuestas? ¿Cómo no tener presente el pathos que expresaba Kierkegaard en sus principales libros? ¿Cómo no evocar la propuesta de un existencialismo ateo de mano de Sartre? ¿Cómo no rescatar aquellos versos de Blas de Otero en que ni Dios se salvaba porque también lo habían asesinado? ¿Cómo no refrescar la lectura de ¿Por qué no soy cristiano?, de Bertrand Russell, que tanto y tanto transitamos? ¿Cómo soslayar la valentía de Hume cuando planteaba sus tesis en contra de los argumentos más socorridos que pretendían justificar la existencia de Dios? ¿Cómo no regresar a aquella solemne negación de Nietzsche al final de su libro Así habló Zaratrusta? ¿Cómo no acudir al momento de la lectura de Dostoievski cuando un personaje advertía de las inquietantes consecuencias de dejar de creer en Dios?

Cuando Dios viaja en autobús. Negarlo o afirmarlo en un spot que viaja en el transporte público. Propagar su existencia o inexistencia de tal guisa muestra, sobre todo, que estamos instalados en lo frívolo y en lo vulgar. Creer, en última instancia, que tal campaña va a tener eco en las gentes, más allá del chascarrillo, supone, antes que ninguna otra cosa, un insulto a la inteligencia ciudadana.

Lo más grave de todo es que se da por hecho que las gentes no piensan, que no llegan a conclusiones tras un proceso de reflexión, sino que somos seres receptivos a consignas que, en modo alguno, sometemos a análisis.

¿Qué diría Unamuno ante una propaganda andante que le asegura que puede vivir más tranquilo por el hecho de que Dios no existe? ¿Se imagina alguien su ira ante semejante mentecatez? ¿Cómo reaccionaría el mismo don Miguel ante la afirmación contraria sin consistencia alguna? Seguro que de forma muy similar.

Ese Dios al que el hombre le ha erigido gigantescas y soberbias construcciones, que fue motivo de eternas obras de arte. Ese Dios, al que también creó (como concepto) el hombre, viaja, negado o reafirmado, en autobús. Ese Dios que tanto estremeció a pensadores y poetas, que fue usado como pretexto para las mayores atrocidades que imaginarse cabe, ya no es trascendente, ya no es un asunto de hondo calado académico, ni siquiera existencial; es un mero pretexto propagandístico a favor o en contra.

En el hipermercado de la actualidad, todo, hasta la misma idea de Dios y su antítesis, se han convertido en mercancía banal. ¿Qué se hizo de aquel conmovedor verso de Blas de Otero: Ronco río que revierte? ¿Quién repara en los lorquianos nardos de angustia dibujada en el paisaje urbano de cada día?

El Dios que no gusta de jugar a los dados, la religión como opio del pueblo. ¿Qué potentes argumentarios tiene tras de sí afirmar o negar la existencia de Dios en esos eslóganes que tanta polémica están provocando?

¿Cabe mayor ataque a aquello que nos eleva como especie, cabe mayor chabacanería que una discusión sobre la existencia de Dios sobre la base de lemas propagandísticos con moralina no menos populachera que el refranero?

Sólo cabe presentar batalla ante semejante ordinariez sobre la estrategia de atrincherarse en aquellas borgianas bibliotecas de los sueños que nos dieron, a la vez, los libros y la noche. Porque sin, ellos, sin los libros, no se hubiera formulado el carpe diem al que no puede llegarse desde la ignorancia más supina, desde el analfabetismo más ofensivo, desde la estupidez más afrentosa.

Hablemos del Estado, de Luis Arias Argüelles-Meres en El Faro de Vigo

Posted in Política by reggio on 14 enero, 2009

No olvidaré nunca unas declaraciones de Tarradellas, cuando se estaba gestando el Estado de las Autonomías, en las que dijo que Cataluña, en materia de autogobierno, no podía ser tratada como Castilla. La polémica fue mayúscula. Convendría preguntarse con serenidad si no tenía en gran parte razón el político catalanista.

Ruego al lector que repare en lo que cuenta Armas Marcelo en su libro “Los años que fuimos Marilyn”, hablando de una cena que tuvo lugar en 1984, entre cuyos asistentes se encontraban José Hierro, Torrente Ballester, Juan Benet y Rafael Conte, donde el invitado estrella era Adolfo Suárez: “Recuerdo cómo Adolfo Suárez fue explicando, mecanismo a mecanismo, error a error, y pieza a pieza, a un Benet absorto y curioso ante la magia verbal de Suárez (al menos en esa noche la tuvo), las razones de alta política que hicieron necesario ese camino de las autonomías por donde al final se han colado las más excelsas mediocridades de la vida española en la actividad política contemporánea. Los demás comensales seguimos atentos las explicaciones de Suárez, que se extendió en razonamientos cuya argumentación resultaba en esos momentos irrefutable para todos nosotros. Clavero Arévalo no había sido más que un instrumento sintáctico de Suárez para cerrar el puzzle sorprendente de las autonomías y el mapa de la España política de las décadas posteriores. Suárez dijo que los socialistas mantuvieron la teoría contraria de las autonomías antes del año 80. Eran, recuérdese, federalistas y, por tanto, todo lo contrario de lo que fueron después: autonomistas. Dijo que el centralismo español era, como todos sabíamos, el responsable máximo de los desequilibrios constantes entre las regiones y las reivindicaciones históricas de los distintos territorios de España. Dijo que todo se había cerrado mal, que España era una gran cicatriz a la que había que intervenir con una cirugía de guantes de seda. Y dijo que la autonomía en todo caso, era un artefacto que iba a funcionar algunos años, quizá más de lo que pensábamos, pero que tal vez habría que refundar en futuro a España como Estado federal. Depende de las circunstancias y de cómo vayan funcionando las autonomías, no sólo en la política, sino en la mentalidad de la gente, dijo Suárez”.

¿No son más pertinentes que nunca estas consideraciones de Suárez? ¿Es políticamente incorrecto preguntarse si hubiera sido mejor partir de un Estado con tres grandes autonomías, Cataluña, Galicia y el País Vasco, y descentralizar el resto?

¿Por qué la izquierda sigue sin poner sobre el tapete una concepción de España integradora y democrática, distinta a aquella España de charanga y pandereta a la que se refirió Machado en un poema inolvidable? ¿O es que la fórmula de Clavero Arévalo era la suya? Cuesta aceptar eso, ciertamente.

Américo Castro supo ver la procedencia histórica del problema territorial en España de una forma lúcida y rigurosa: “La angustia española de los subnacionalismos y los separatismos no tendrá alivio mientras los capítulos de agravios y dicterios no cedan el paso al examen estricto de cómo y por qué fue lo acontecido. El convivir de los individuos y las colectividades se basó en Occidente en un almohadillo de cultura moral, científica y práctica, pues en otro caso hay opresión y no convivencia. Castilla no supo inundar de cultura de ideas y cosas castellanas a Cataluña, como hizo Francia con Provenza y luego con Borgoña”.

¿Se resolvió esa “angustia” de la que habla don Américo? ¿Se consiguió en estas tres décadas de democracia hacer de la España plural ese “sugestivo proyecto de vida en común”, que es una nación, al decir de Ortega, siguiendo a Renan? ¿Se eliminó del sentir colectivo aquello que señaló Gabriel Jackson en el sentido de que España, desde los Borbones, trató a sus regiones como si fueran colonias?

¿Puede Galicia olvidar el sentimiento de marginación que reflejó Rosalía de Castro en sus escritos? ¿Puede Cataluña pasar por alto la persecución que vino sufriendo su idioma y su cultura? ¿Puede -y aquí el problema es mucho más complejo- el País Vasco encontrar una respuesta que permita convivir en sus territorios a los que no desean la ruptura con España con aquellos otros que dicen apostar por la independencia, al margen de la mayor o menos sostenibilidad histórica de este discurso?

Llegados a este punto, es necesario citar de nuevo a Ortega: “Pocas cosas hay tan significativas del estado actual como oír a vascos y catalanes sostener que son ellos pueblos “oprimidos” por el resto de España. La situación privilegiada que gozan es tan evidente que, a primera vista, esa queja hará de parecer grotesca. Pero a quien le interese no tanto juzgar a las gentes como entenderlas, le importa más notar que ese sentimiento es sincero, por muy injustificado que se repute. Y es que se trata de algo puramente relativo. El hombre condenado a vivir con una mujer a quien no ama siente las caricias de ésta como un irritante roce de cadenas. Así, aquel sentimiento de opresión, injustificado en cuanto pretende reflejar una situación objetiva, es síntoma verídico del estado subjetivo en que Cataluña y Vasconia se hallan”.

Pásmese el lector ante el hecho de que esto lo escribió Ortega en 1921.

Ni se ha terminado con la angustia de la que hablaba Américo Castro, ni tampoco con el sentimiento de opresión al que se refirió Ortega. Ergo, el Estado de las Autonomías no ha resuelto, tampoco en términos existenciales, el problema.

Hay quien, yendo más allá, propugna como solución el federalismo. A este respecto, yo tampoco pasaría por alto lo dicho también por Ortega: que un Estado federal es el resultado de un pacto entre territorios que nunca estuvieron unidos y que buscan un proyecto común. No tendría sentido, según el filósofo, federar territorios que no estuvieron separados.

El problema sigue irresoluto. Y, por si esto fuera poco, la solución ideada en la transición hace aguas por todas partes en un momento en que la clase política es más mediocre que nunca. Lo peor de todo es que a veces la realidad demanda respuestas en momentos muy poco propicios.

La Asturias que pone la mano, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Economía, Política by reggio on 13 enero, 2009

Así es y así nos parece. Asturias no puede alegar crecimiento de la población para recibir más dineros al Estado porque lo que sucede es justamente lo contrario: no sólo envejecemos, sino que además cada vez somos menos. Asturias tampoco encuentra asidero para recibir un plus financiero sobre el pretexto de la dispersión de sus habitantes, puesto que casi todos residen en el área central. Asturias no dispone de un conejo en la chistera como el que acaba de sacar el Presidente gallego: aquí la lengua autóctona no tiene carácter oficial y, en consecuencia, no vale demandar dinero al Estado para el desarrollo del bable.

Ante todo ello, en Asturias, Gobierno, sindicatos y patronal parecen estar de acuerdo en argumentar que debemos ser recompensados a resultas de las grandes reconversiones que tuvieron que hacerse en los últimos años: minería, industria y agricultura. Me pregunto cuántos han sido los que, tan pronto leyeron esto, reaccionaron, saltando de la silla, golpeando la mesa, o haciendo un gesto de indignación. ¿Tan grande es la desmemoria, tan hiperbólica es la desfachatez? Primero, ¿no es cierto que, desde las instancias de poder, se vino esgrimiendo un discurso en virtud del cual ya habíamos superado la crisis resultante de las reconversiones? Segundo, ¿no es indiscutible que todas las reconversiones de los últimos años fueron negociadas por nuestros representantes políticos y sindicales, con la anuencia, en más de un caso, de los empresarios? ¿Están dispuestos los sucesivos gobiernos que hemos tenido a reconocer, en consonancia con este último discurso, que se han negociado mal las reconversiones? Ítem más: ¿tendrán a bien admitir que no se han administrado debidamente los fondos que aquí llegaron para paliar esas reconversiones, fondos que fueron una especie de liquidación, aceptada, de un modelo industrial, de un modelo de explotación del campo?

¿Qué responsabilidades asumen ante su ciudadanía los gobiernos autonómicos, en este caso, el de Asturias? ¿Va a resultar que todo depende de la mayor o menor generosidad del Gobierno central de turno?

Y otra cosa: si la nueva financiación del Estado, que tanta preocupación genera en Asturias, es una consecuencia, entre otras, del nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, ¿por qué todos los representantes asturianos del PSOE en el Parlamento español lo votaron afirmativamente? ¿En qué quedamos?

En todo esto hay más de un problema y más de un ámbito de responsabilidad. El primero de ellos es el nuevo modelo de financiación, que, de entrada, no parece contentar a nadie, aunque el mohín de desaprobación desaparece casi por completo en los responsables de las autonomías tan pronto concluyen la entrevista con Zapatero. Puede que, en efecto, sobren territorios sagrados y falte ciudadanía, es decir, visión de Estado, tanto por parte de los llamados gobiernos centrales como del lado de las administraciones autonómicas. En todo caso, en términos estatales, estamos poco menos que en un callejón sin salida, porque casi nadie está por la labor de reformar la Constitución, aunque casi todo el mundo se muestra dispuesto, con mayores o menores reservas, a aceptar el dinero que Zapatero y Solbes les ofrecen. Esto no son más que parches e improvisaciones que, andando el tiempo, pasarán factura.

¿Y qué decir de Asturias? ¿Qué decir de esta especie de mendicante «movimiento regional» de políticos, sindicatos y empresarios, que piden compensaciones económicas por unas reconversiones a las que dieron su aquiescencia? ¿Qué decir de una FSA tan poco resuelta a defender en el Parlamento español los intereses específicos de Asturias? ¿Qué decir de don Álvaro Cuesta, aquel candidato socialista al Congreso que se presentaba ante el electorado como un dirigente del PSOE que tenía comunicación fluida con Zapatero para trasladar al Presidente los problemas y necesidades de Asturias? ¿Ha abierto la boca desde que surgió el debate de la financiación? Seguro que tiene que atender asuntos de mayor importancia que los de su tierra. ¿Qué decir del PP, que no está de acuerdo con la financiación que se avecina, aunque parezca mostrarse satisfecha su carismática y chiripitifláutica lideresa madrileña? ¿Qué decir de unos sindicatos que negociaron y aceptaron las reconversiones por las que ahora se pide una compensación ulterior? ¿Qué decir de todos aquellos empresarios, asociados a partidos y sindicatos con los que tanto viajan, que asumen ese mismo discurso? ¿Qué decir de una opinión pública y publicada adormecidas hasta lo preocupante?

La Asturias que pone la mano ante una nueva financiación que no nos beneficia, ante la que guardaron silencio hasta que la cosa es poco menos que irreversible. ¿Se ha preguntado alguien cómo se piensa afrontar el momento en que concluyan las grandes obras del Estado aquí? ¿Se pedirán más «hospitalones» y más «muselones»? ¿Se ha preguntado alguien si deben rendir cuentas a consecuencia de la forma en que se administraron los fondos de las reconversiones? ¿Se ha preguntado alguien si no va siendo hora de iniciativas parlamentarias en Madrid por parte de nuestros representantes socialistas ante lo que se nos viene encima? ¿Se ha pronunciado alguien acerca de la humillación que supuso para Asturias la forma en que fue recibido nuestro presidente en la Moncloa para tratar el tema de la financiación?

La Asturias que pone la mano por no haber sabido defenderse a sí misma, ni durante las reconversiones ni ante la nueva financiación del Estado. La Asturias que pone la mano, que se despuebla y que continúa dormida.

Sobre el mensaje regio, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Política by reggio on 28 diciembre, 2008

Loa a los años de paz y prosperidad vividos desde la Constitución a esta parte. Parece que los nacionalistas se quejan por el discurso regio, pues no hubo un mensaje explícito de reconocimiento de hechos diferenciales y diferenciados. El nuevo líder de IU, por su parte, pone de relieve la lejanía de los problemas, así como la falta de compromiso. Y, como estaba en el guión, los dos grandes partidos del régimen se muestran encantados con el mensaje navideño del Monarca. Para mostrar su conformidad con las palabras del Rey, aluden a expresiones como «arrimar el hombro» o «tirar del carro». Desde luego, ni al jefe del Estado le pierde su facilidad por la oratoria, ni tampoco los partidos mayoritarios demuestran sentir debilidad por los grandes discursos. (Entre paréntesis: ¿cabría recordar aquí y ahora que la prueba más inequívoca de la decadencia de Roma fue el deterioro que sufrió el latín en aquellos tiempos?)

Lo que más me llama la atención es que, en pleno debate sobre la financiación de las autonomías, metidos de lleno en una polémica resultante de no haber hecho una política de vertebración territorial, ni siquiera se haya apuntado en el discurso regio la conveniencia de mínimos retoques encaminados a la resolución de esa papeleta. Y es que, a estas alturas, tras haberse cumplido 30 años de vigencia de la actual Constitución, entre las muchas cosas que podrían decirse del llamado Estado autonómico, es que las comunidades gobernadas por PSOE y PP vienen a ser una suerte de virreinatos con respecto a sus centros de poder y decisión, mientras que aquellas otras donde lo preponderante son las fuerzas nacionalistas la impresión que da, desde lejos, es que se trata poco menos que de reinos taifas. Para unos, se rompe España. Para otros, sus aspiraciones se frustran. Y, en el medio, están aquellas otras autonomías donde hay coalición entre el PSOE y partidos nacionalistas, que, sobre el papel, serían las más llevaderas, siempre que para las siguientes elecciones la ciudadanía implicada les renueve su confianza. Es una contradicción poder compaginar un criterio de financiación para todo el Estado que no colisione con las exigencias autonómicas de turno.

En cualquier caso, es preocupante que desde el discurso regio ni siquiera se apunte otro pacto constitucional encaminado a resolver el llamado problema territorial. Su necesidad es palmaria a poco que profundicemos en las polémicas políticas de cada día.

Otro asunto abordado por el Monarca, tópicos aparte de buenos deseos contra la crisis, fue la enseñanza o, como quiere llamarse, la educación. Estando sobre la mesa los resultados del llamado «Informe PISA», habiendo constancia pública del deterioro que se sufre en las aulas de Primaria y, sobre todo, de Secundaria, uno no puede dejar de preguntarse cómo es posible que, tampoco en este campo, se haya ni siquiera insinuado la necesidad de cambios o reformas. Y ello por no hablar del descontento, más o menos discutible, entre los estudiantes universitarios por lo de Bolonia. ¿Se puede tener confianza en una sociedad cuyo sistema educativo arroja unos resultados tan alarmantes?

Se diría que, a juzgar por el discurso navideño del Rey, estaríamos en el mejor de los mundos posibles, si no fuera por la crisis económica internacional y por el terrorismo. En cuanto a lo primero, es indudable que no sólo se puede combatir desde el ámbito del propio país. Y, en cuanto a lo segundo, es una obviedad que hace falta la unidad de los demócratas para hacerle frente. En todo caso, hablamos de lo esperado, sin previsión de señalar caminos para descubrir Mediterráneo alguno.

Estuvo en su papel al mostrar sus condolencias, tanto a las familias de las víctimas del terrorismo como a las que perdieron seres queridos en misiones militares, como sucedió recientemente. Lo que habría que preguntarse es si es destacable, o digno de encomio, que esté en su papel en asuntos como éstos.

Y, siguiendo con mensajes solidarios, bien está que se acuerde de quienes sufren el drama del paro. Empero, puede que no sobrase un mensaje de apuesta por los más desprotegidos económicamente. Los parados no necesitan pésames, sino voluntades de políticas que los saquen de su drama.

Más de un columnista se ha preguntado, también esta vez, por el margen de maniobra que tiene la institución monárquica en sus discursos, es decir, qué hay en ellos propio y qué hay en ellos que obedece a las directrices del Gobierno de turno.

En cualquier caso, aunque el Monarca no esté muy sobrado de recursos expresivos, alguien podría asesorarle acerca de cómo plantear sugerencias, insinuaciones e inquietudes que pudieran ser captadas por una ciudadanía que, en realidad, está muy acostumbrada a los tópicos que, además, están muy alejados de los compromisos necesarios y verdaderos.

«Tirar del carro», «arrimar el hombro», seguro que unos más que otros. Y, sin palabras, con la foto, el «¡oé, oé, oé!» del triunfo de la Eurocopa.

Yo, si fuera monárquico, me preocuparía.

Noticia de 2008, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Ecología, Medio ambiente, Política by reggio on 27 diciembre, 2008

En la comarca, lo más destacable de este año es todo lo que rodea al proyecto de don Victorino Alonso en Tineo

Ahora que estamos casi con un pie en el estribo de 2009, lo más destacable de 2008 es todo lo que rodea al proyecto de don Victorino Alonso en Tineo, sobre todo, la resistencia y el coraje de su Alcalde, frente al silencio, más que inquietante, del Gobierno asturiano ante ello. Tengo para mí que aquí se está dilucidando algo más que una mina a cielo abierto, que aquí se dirime la contestación ciudadana ante unas amenazas medioambientales que el occidente de Asturias viene padeciendo en los últimos tiempos.

Entre las muchas cosas que la historia enseña está el hecho de que hay momentos en que, inesperadamente, la ciudadanía deja de ser sumisa. Puede que algo de esto se atisbe. ¿Por qué no? Por lo demás, las cosas se siguen repitiendo. Retrasos en las autovías, tanto en la de La Espina como en la de la costa, proliferación de parques eólicos que va en aumento, según anuncia este periódico, así como promesas que en algún momento se hicieron y que, de momento, no llevan camino de cumplirse. Por ejemplo, los saneamientos. Por ejemplo, la mejora de las comunicaciones a través de internet. Noticia de 2008 para el occidente asturiano. ¿Con qué nos quedamos? Hay asuntos que emergen de nuevo. Por ejemplo, la votación municipal que se hizo en torno al futuro de Salave, ante el planteamiento de la empresa de cómo llevar a cabo la explotación. ¿Sostiene el Gobierno autonómico una postura clara al respecto? Noticia de 2008. Tenemos casi recién estrenado un Gobierno de coalición en el que entró IU. Ya se sabe: doña Noemí heredando una Consejería, y esa misma coalición en Agricultura.

¿Se habrá hecho el señor Martín cargo de la situación? Tras todas las políticas que se vinieron llevando a cabo, desde el ámbito europeo, nacional y asturiano, el declive del campo asturiano vino siendo continuo.

¿Mandará parar la coalición? ¿Seguirá políticas que puedan ayudar a que el occidente asturiano sea algo más que envejecimiento, despoblación, canteras y cierre de explotaciones ganaderas? ¿Y qué decir de los verdes?

¿Conseguirán que las medidas que se tomen a partir de ahora no colisionen con aquellos planteamientos conservacionistas que están en su discurso político? Caso de que lleguen las ayudas prometidas por Zapatero a los ayuntamientos, ¿tienen los gobiernos municipales respectivos proyectos de inversión claros que redunden en algo más que en cosmética de mobiliario urbano, como en gran parte sucedió con aquellos fondos hace unos años en las comarcas de las Cuencas? Noticia de 2008.

Año de la crisis económica en el mundo. Puede que aquí haya sido menor novedad que en otros lugares, dado lo que viene aconteciendo en los últimos años. Noticia de 2008 en el occidente asturiano. Con todo, el pesimismo, los vaticinios catastrofistas, las profecías de vacas flacas, etc., son, como recurso intelectual, afrentas contra la inteligencia. El modo de combatirlo pasa por la ironía y por la dignidad necesariamente. A propósito de la ironía, alguien me maliciaba hoy, que si nos preguntásemos qué llegaría antes: el fin de la autovía de la Espina, o la hipotética proclamación de la tercera República, lo más probable sería que la conclusión de la autovía a la Espina aconteciese primero. Sin embargo, si hablásemos de la finalización la autovía hasta Cangas y ese advenimiento político, no estaría tan claro vaticinar el orden cronológico de tan lejanos eventos, al menos sobre el papel. A propósito de la dignidad, no vendrá mal, una vez, el recordatorio de aquello que Jovellanos dejó sentado en el sentido de que el bienestar inmediato no justifica en ningún caso poner en riesgo el futuro de las generaciones venideras. Y es que, se mire como se mire, si no se utilizan anteojeras y demagogias facilonas, la apuesta verdadera por el futuro pasa por conservar y administrar lo mejor posible la herencia recibida. En el caso del occidente asturiano, es mucho y muy variado lo que hay que preservar. Por ejemplo, su paisaje.

Por ejemplo, su extraordinaria riqueza natural. Y si hablamos de referentes, de ejemplos a seguir, nunca está de más recordar a aquellas grandes figuras que, desde Riego hasta Maldonado, pasando Augusto Barcia y Álvaro de Albornoz, hicieron de esta parte de Asturias vivero de personajes ilustres que jalonan vidas públicas ejemplares. Noticia de 2008. ¿Por qué no quedarnos con lo mejor, con el deseo de que la ironía y la dignidad sean instrumentos cargados de futuro para esta parte de Asturias en la que deseamos seguir viviendo con dignidad ciudadana, frente a sumisiones y vasallajes? ¿Por qué no decir, alto y claro, también nosotros, que no queremos resignarnos, enlazando así, negándonos a la resignación, con el discurso de la que fue la madre de las noticias en este año que se va?

¿Por qué no pasar, así, de noticia a notición?

Un expolio literario, de Luis Arias Argüelles-Meres en El Faro de Vigo

Posted in Cultura, Historia, Literatura, Memoria by reggio on 25 diciembre, 2008

La Xunta de Galicia rechaza, según se publica profusamente en la prensa, las 105 alegaciones de la familia Franco en contra de que el Pazo de Meirás sea declarado Bien de Interés Cultural. Así pues, tan notable edificación que perteneciera a doña Emilia Pardo Bazán tendrá, al menos, un control público. Y es que, más allá de otras muchas consideraciones acerca de cómo llegó a ser propiedad de Franco el Pazo, se da la circunstancia de que asistimos, sobre todo, a un expolio literario.

Confronte el lector el significado de dos figuras tan dispares: la mejor novelista del siglo XIX en lengua española frente a un general dos generaciones más joven que ella que sometió a este país a una dictadura que duró cuatro décadas un siglo después de aquél en que doña Emilia escribió sus mejores obras.

La autora de Los Pazos de Ulloa, una mujer adelantada a su tiempo, frente a un general a quien el siglo XIX, lo que conocía de él, tenía que resultarle profundamente antipático, sobre todo, por su liberalismo más o menos tamizado, aunque, para él, taimado. La escritora que miraba a Francia y que tan inteligentes análisis llevó a cabo de la literatura que entonces se estaba haciendo en aquel país, frente a aquel general que aisló a España y que veía en el resto del Continente, sobre todo después de la 2ª Guerra Mundial, una geografía donde habitaban los más terribles enemigos de España: masones, liberales, demócratas, marxistas y otras gentes del mal vivir.

¿Tendrían conocimiento el caudillo y su familia de que Unamuno estuvo en aquel Pazo, visitando a doña Emilia, en 1903? ¿Tendrían noticia de que la torre que mira a Sada fue llamada, como una de las novelas de la condesa, La Quimera?

Al término de la guerra civil, parece que la prensa oficial de entonces publicó la siguiente proclama: “Galicia lo dio todo en la Cruzada del 18 de julio. El mártir, José Calvo-Sotelo; el traidor, Manuel Portela Valladares; el asesino, Santiago Casares Quiroga, y el caudillo liberador, Francisco Franco”. ¡Qué retórica, Dios mío, qué retórica! Lo que probablemente no podían sospechar los autores de la proclama era que, en efecto, en el orden literario, Galicia sí que lo dio todo en los siglos XIX y XX. En el XIX a Rosalía y a doña Emilia. En el XX, Valle-Inclán publicó la mayor parte de su obra; parte nada desdeñable de ella tuvo como escenario la Galicia decimonónica.

Quiso el azar, decidió la historia, que, para desgracia de todos, se perpetrase en el Pazo de Meirás un expolio literario. Fue ocupado por un dictador que escribió textos tan infames como Raza, que, de seguro, de haberse visto en tal lance, a doña Emilia se le hubiese caído de las manos.

La atmósfera de la obra de doña Emilia frente al tufillo cuartelero del dictador y los suyos. La negación del progreso y de las libertades habitando en la casa de una mujer que se adelantó, no sólo en lo estético, a su tiempo.

Bien de interés cultural. ¿Será posible para el visitante del futuro discernir qué fantasmas recorren el Pazo? Porque lo más paradójico de todo es que el tema de fondo que aquí nos trae muestra que a veces la historia desanda, camina hacia atrás.

Si alguien hubiese osado hablarle a Franco de libertad y de literatura naturalista, acaso, más que desenfundar la pistola, intentaría combatir el aquelarre con “Raza”.

A decir verdad, nauseabundo.

¿Hubo una cuarta España?, de Luis Arias Argüelles-Meres en El Faro de Vigo

Posted in Historia, Memoria, Política by reggio on 18 diciembre, 2008

Estos días la figura de Alcalá-Zamora ocupa parte importante de los titulares de prensa, gracias a la recuperación de unos documentos suyos de gran relevancia histórica sustraídos en plena guerra civil. La historia de esta sustracción nos la cuenta el propio don Niceto en sus Memorias redactadas en el exilio: “Cuando el 6 de julio de 1936 para realizar el viaje proyectado hacía mucho tiempo que consistía en un crucero por los mares árticos, sentimos ante la anarquía imperante y las violencias que el Gobierno excitaba contra mí, el temor de dejar las Memorias en nuestra casa… Preferimos como solución más segura dejar las Memorias en la agencia madrileña del Crédit Lyonnais, banco extranjero del que yo había sido abogado desde 1915 a 1930…. El 13 de febrero de 1937 los sabuesos de Galarza encontraban las Memorias al dar con las cajas alquiladas por mi mujer en el Crédit Lyonnais… La última y vana pista que tengo al escribir estas líneas, el 8 de marzo de 1940, es que mis Memorias, después de arrebatadas y de rodar de mano en mano, fueron a parar a las juventudes socialistas, y aún me puntualizaron que de ello debía tener la clave “. (1)

En el libro aludido, también don Niceto da cuenta de cuáles fueron las obras sustraídas, así como de sus contenidos: “Dentro de varios sobres grandes se encontraban mis Memorias que debían formar varios volúmenes al imprimirse. El primero se titulaba sencillamente eso, Memorias íntimas. Abarcaba toda mi vida hasta el fin de la primera dictadura… La segunda parte debía titularse Recuerdos de la victoria republicana… La parte final, la más importante, llamábase Dietario de un Presidente… Fue el libro-registro de todo mi mandato… El primer volumen comprendía los 22 días finales de 1931 y el año 1932. Luego, 1933, 1934 y 1935 tenían cada uno su volumen, siempre con índice alfabético por personas y asuntos que remitía a cada efeméride. Los 100 días escasos de mi mandato en 1936 formaban un apéndice breve y movido, reflejo de aquellas turbulencias, prólogo inmediato a la tragedia que siguió a mi destitución”. (2)

Si una parte de las Memorias de su gran adversario, Azaña, permanecieron largos años fuera del conocimiento público, otro tanto ocurrió con las de don Niceto. De canallada en canallada. Aquélla publicación infecta de Arrarás, titulada Memorias íntimas de Azaña dio en parte importante la medida del odio y del veneno que puede alcanzar la especie humana. Pues bien, algo no menos despreciable sucedió con la obra de Alcalá-Zamora.

La documentación rescatada no sólo llega en pleno debate sobre la llamada memoria histórica, sino que además viene a coincidir con la publicación de la última biografía sobre Azaña a cargo de Santos Juliá. Una vez más, don Niceto y don Manuel frente a frente, dos hombres que coincidieron sólo en el tiempo; todo lo demás fueron desencuentros. Azaña despreciaba intelectualmente a Alcalá- Zamora; éste se sintió traicionado e injustamente tratado por el personaje que cobraría más protagonismo y popularidad que él. Acaso llegue el día en que se acometa un estudio acerca de las imposibles y tortuosas relaciones entre ambos.

Y, por situarlo generacionalmente, nacido en 1877, podría ser considerado, en lo político, un epígono de la generación del 98, pues Unamuno y Melquíades Álvarez nacen en 1864. Si se confronta su oratoria con la de Azaña, con independencia de la calidad literaria y de la profundidad de pensamiento, don Niceto es de una escuela anterior. Su confesada admiración por Castelar es un indicativo nada desdeñable al respecto.

Para quienes no hayan leído a Alcalá-Zamora, conviene advertir que no esperen encontrar una gran talla como escritor, ni tampoco unas memorias tan amargamente lúcidas como las de Azaña, lo que no implica en modo alguno que su obra carezca de importancia. Tienen que ser de un interés enorme su anotaciones durante el llamado bienio negro, singularmente su oposición a la CEDA, así como su visión del 34 en Asturias.

Y, más allá del interés historiográfico, indudable, no hay que perder de vista que nos encontramos ante un hombre coherente, patriota, y con la suficiente grandeza como para no incidir en las acusaciones que con mayor ensañamiento se lanzaron contra su principal rival político. Así, en las Memorias que rescribió en el exilio, anotó cosas como éstas acerca de Azaña: “He creído siempre injustas las acusaciones lanzadas contra Azaña con motivo del trágico episodio de Casas Viejas… Creo que ignoró completamente los asesinatos cometidos por la fuerza pública contra los presos de Casas Viejas”. (3) Si reproduzco esto, es para dar cuenta de la grandeza moral de un hombre que intenta ser justo con alguien a quien consideró enemigo.

Llegado el momento, será interesante el cotejo del material memorialístico rescatado frente a lo que escribió pasados los años. Lo que se perdió en precisión pudo ganarse en perspectiva.

De otro lado, es deseable que este hallazgo sirva para que el país tenga un mayor conocimiento de la figura de Alcalá-Zamora, sin duda, en la derecha de la República, lo que no le convirtió en admirador de personajes conservadores de su época, por ejemplo, de Gil Robles a quien trata con indisimulable dureza. Asimismo, jamás tuvo la más mínima simpatía por los vencedores de la guerra civil.

Si hubiese que hablar de una “cuarta España”, es decir de una España de derechas, opuesta a la figura de Alfonso XIII, opuesta a la CEDA y opuesta al franquismo, acaso su figura principal fuese don Niceto Alcalá-Zamora, personaje, insisto, que es digno de estudios serios y profundos.

(1) Niceto Alcalá-Zamora. Memorias. Planeta, 1977. Páginas 15 y 16.
(2) Ibídem obra anterior. Página 14.
(3) Ibídem nota anterior. Página 234.

La autovía de nunca acabar, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Política by reggio on 17 diciembre, 2008

Interminables fueron los años en que el acceso a Oviedo desde el Occidente de Asturias a través de Trubia se antojaba tercermundista. Pensar, no ya en una autovía, sino simplemente en una vía rápida, parecía, más que un sueño, una quimera. Bien es verdad que hubo una iniciativa ciudadana surgida en Grao que se tomó la cosa en serio, hasta que, por fin, con la ayuda de los fondos mineros, la cosa se puso en marcha. Siempre habrá que recordar con gratitud a los integrantes de aquella plataforma que tanto y tanto luchó para que las comunicaciones del occidente con el centro de Asturias se pusiesen a la altura de los tiempos.

Habrá muchos lectores que recuerden que en las elecciones autonómicas y municipales de 2007, cuando ni siquiera había concluido la autovía hasta Grao, se hablaba de que tenía que llegar, al menos, a Ponferrada; también hubo quien puso «la pica» de papel, no en Flandes, pero sí en Portugal.

Habrá muchos lectores que recuerden que en febrero del presente año, cuando la ministra de Fomento tuvo a bien inaugurar la última variante de Grao, al tiempo que recogía un galardón en Cudillero, anunció que, tanto la primera calzada del tramo Salas-La Espina, como el tramo Grao-Doriga, estarían concluidos en 2008. Como pitonisa, doña Maleni no tendría precio. Y es que, sin ir más lejos, en julio de este año, se cumplió el plazo de ejecución del tramo Grao-Doriga, y, ya entonces, se vio que, en el mejor de los casos, habría un año largo de retraso. ¿Tan fallida fue la previsión de la señora Ministra, o, antes bien, se dejó llevar, según podría maliciarse, por la cercanía de las elecciones para aventurar algo que, en el mejor de los casos, fue un error de bulto, y, en el peor de los supuestos, una tomadura de pelo a los ciudadanos del occidente de Asturias?

Recordarán muchos lectores que, entonces, estando en campaña electoral Gabino de Lorenzo, como cabeza de lista de su partido al Congreso de los Diputados, el candidato a parlamentario y regidor de Vetusta criticó la distinción que le hizo el Ayuntamiento de Cudillero a doña Magdalena. De inmediato, el primer edil pixueto salió al paso, recordándole a Gabino lo que la Ministra había hecho a favor de su municipio, frente a lo que Cascos no había querido llevar a término en su etapa al frente de Fomento.

Pues bien, voy a dar por cierto lo que en este mismo periódico escribió don Francisco González Méndez, y no me cuestiono que la Ministra se hiciese acreedora a la distinción que recibió. Pero a continuación añado que, en lo que respecta a estas comarcas y a toda la ciudadanía afectada por los retrasos de esta autovía, doña Magdalena se merece todo lo contrario, pues no ha mostrado la más mínima consideración hacia nosotros, pues no sólo anunció plazos que están muy lejos de cumplirse, sino que además ni siquiera tuvo a bien, cuando se inauguró el tramo Trubia- Llera asistir, como creo que estaba anunciado, en compañía de los alcaldes del suroccidente que, por aquello de la pertenencia al mismo partido en la mayor parte de los casos, no se mostraron indignados. La agenda no debió permitírselo. Y el caso fue que allí sólo se presentaron los más importantes: los representantes de la plataforma que vieron cumplido parte importante de su sueño.

¿Y ahora? En verano, se cerró al tráfico la carretera que comunica Doriga con Grao, en teoría por seis meses. ¿Podemos seguir siendo ingenuos y creer que se cumplirá ese plazo? ¿Y ahora? El tramo Grao- Doriga que supondrá evitar la Cabruñana no sabemos cuándo se va a concluir. ¿Y ahora? Hasta oficialmente, se admite que habrá dos años de retraso: de aquel «horizonte de 2009», pasamos ya al horizonte de 2011, y hay quien piensa que no son descartables retrasos sobre este último vaticinio.

Es ésta la autovía de nunca acabar.

Como principal consuelo el dato que sigue: en la edición digital de este periódico del 10 de diciembre, hay 17 comentarios a la noticia que da cuenta de los retrasos de los que venimos hablando.

¿Alguien tomará nota? ¿Alguien se sonrojará?