Reggio’s Weblog

La financiación y una ópera de Donizetti, de Francisco Sosa Wagner en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 30 enero, 2009

TRIBUNA: DESCENTRALIZACION POLITICA

El autor ironiza sobre nuestro modelo autonómico y el deseo de Zapatero de agradar a cada presidente regional – Analiza cómo funciona la descentralización en Alemania y las reformas para garantizar la unidad y la solidaridad

Nuestro genio organizativo carece de fronteras que puedan apreciarse a simple vista. Esta observación se constata con el sistema que estamos inventando para la reforma de la financiación de las comunidades autónomas. Hasta ahora, los Estados federales habían ensayado y practicado diversos modelos, pero tan original como el nuestro no existe ejemplo en el Derecho comparado.

Este ir y venir de los presidentes autonómicos al Palacio de la Moncloa -donde son recibidos por un presidente del Gobierno que, por su buena disposición de ánimo, quiere contentar a todos-, recuerda a la magnífica figura de Dulcamara de la ópera de Donizetti L’elisir d’amore, que contaba con un elixir para cada avería como ahora hay un fondo para cada necesidad.

Creo que el sistema Dulcamara es un sistema como cualquier otro. La política tiene mucho de invención, de manera que las mugas a la imaginación las instalan los propios protagonistas. Con todo, y por si puede servir de algo, que no creo, voy a contar sumariamente lo que está ocurriendo, precisamente en estos momentos, en Alemania.

El lector cómplice que me siga sabrá que he aireado por estos pagos -a través de libros y de las páginas de EL MUNDO- los trabajos de la reforma federal llevada a cabo en aquel país. Un proceso que fue complejo y que acabó en el verano de 2006, momento en el que el Parlamento federal alemán estuvo en condiciones de aprobar una nueva versión de parte de la Constitución de 1949 destinada a modernizar un sistema federal que hacía agua por muchos costados.

Subrayé el método empleado. Una Comisión donde tenían asiento todos los protagonistas de la política federal y federada -más unos cuantos expertos en Derecho público- fue la encargada de revisar el sistema político y sus intimidades: funciones futuras del Bundesrat, reparto de competencias entre la Federación y los Länder, presencia de estos en la política europea… Al final, como he adelantado, el retoque de unos cuantos artículos de la Constitución federal que allí todos acatan y cumplen.

Se ultimaba así la primera parte de la reforma. Porque hay dos más. Vamos a verlas. La segunda, conocida como Föderalismuskommission II, es la que se ocupa de la financiación de los Länder. Habrá una III, también muy interesante, ya me referiré a ella.

Pues bien, ¿de qué va la segunda comisión? Obviamente de dinero, de su reparto. En primer lugar, se ha constatado que las relaciones entre la Federación y los Länder son poco transparentes. El derecho tributario es competencia de la Federación; los Länder, en asuntos que les afectan, codeciden, pero en general hay pocos impuestos -y no muy relevantes, la segunda vivienda, por ejemplo-, que éstos pueden establecer autónomamente. El impuesto de la renta se reparte entre la Federación, los Länder y los municipios; los ingresos por el valor añadido, por su parte, se los llevan la Federación y los Länder.

Hay conflictos cuando la Federación aprueba leyes cuyas consecuencias financieras soportan los Länder o los municipios: una previsión federal, verbigracia, respecto a las plazas de guardería infantil.En este caso, a partir de ahí, son los Länder los que han de prestar el apoyo económico a los municipios que las gestionan.Se dan otros muchos casos que convierten a estas formas mixtas de ejercicio de competencias y de financiación en ejemplos de prácticas burocráticas poco eficaces, que, además, desdibujan las responsabilidades políticas y limitan el control democrático.

En segundo lugar, en este sistema, para garantizar el equilibrio interterritorial, se reparten cada año 30.000 millones entre cinco Länder ricos y 11 pobres. Son cantidades destinadas a compensar a los más desfavorecidos pues la Constitución obliga a los poderes públicos a asegurar a todos los alemanes unas iguales condiciones de vida. Los Länder que pagan se consideran castigados y, al final, en peores condiciones que los que reciben, lo que conduce a que también, por esta vía, se haga borrosa la responsabilidad de las autoridades de tales Länder. Hay otro fondo de solidaridad que llega hasta 2019 y que está destinado a los Länder incorporados desde la antigua RDA, pero de éste nadie trata porque es un tema tabú.

En fin, los esfuerzos realizados en los últimos 15 años para limitar el endeudamiento de la Federación, de los Länder y de los municipios han fracasado. El Sarre es el Land más endeudado pero Berlín no le anda a la zaga y lo mismo ocurre con la Baja Sajonia y con la mayoría de los Länder ex-RDA. El Tribunal Constitucional de Karlsruhe anda enredado en varios pleitos con las consecuencias jurídicas de esta situación.

Hay diversas propuestas sobre la mesa para resolver todo este embrollo que sumariamente he descrito. Los Länder han adquirido mucho poder político porque los sucesivos gobiernos federales han dependido de ellos en el Bundesrat para aprobar sus leyes.Por eso de lo que se trata con la reforma I y con esta II es limitar ese poder para conjurar el peligro de que el Estado alemán, privado de mecanismos eficaces para garantizar la unidad y la solidaridad, se convierta en una simple agregación de Länder.

Para solucionar estos problemas es para lo que existe la Comisión II a que he hecho referencia. ¿Cuántos y quiénes pertenecen a la misma? Hay 32 comisionados: 16 han sido nombrados por el Parlamento federal (Bundestag) y 16 por el Senado (Bundesrat). El Parlamento ha enviado a varios miembros del Gobierno federal y hay varios diputados de la mayoría y de la oposición. Están, asimismo, representados los presidentes de los Länder y de los municipios. La presidencia la ostentan conjuntamente el presidente del grupo parlamentario socialdemócrata y el presidente del Land de Baden-Württemberg, que pertenece a la democracia cristiana (ahora en la oposición).

todos ellos empezaron a trabajar a principios de 2007, han celebrado varias reuniones y sus debates pueden seguirse a través de los correspondientes sitios de internet. El compromiso es terminar a lo largo de esta legislatura pero, en estos momentos, las perspectivas no son muy alentadoras pues hay por medio elecciones regionales que complican el panorama y dificultan los pactos. Hay que tener en cuenta que, para alcanzarlos, han de ponerse de acuerdo todos los participantes, la Federación y los Länder, y que los que reciben cuentan con una clara mayoría en el Senado (Bundesrat), de manera que es impensable su respaldo a soluciones que puedan perjudicarles.

Dejé adelantado que hay una III Comisión en el horizonte, aún no concretada. ¿De qué se ocuparía? Pues de la disminución del número de Länder, porque se estima que 16 son demasiados y que muchos de ellos carecen de la pertinente consistencia poblacional y económica. Al final quedarían alrededor de seis para los 80 millones largos de habitantes de la República Federal Alemana.

Para afrontar esta operación existe resistencia por parte de muchos políticos -de todos los partidos- y por parte de algunas poblaciones, cuyo voto es necesario porque la Constitución prevé el referéndum. Pero, incluso, se piensa en una posible reforma constitucional para suprimir este requisito de la participación popular. En cualquier caso, esta Comisión III está aún muy verde aunque hay ya muchos estudios publicados -económicos, geográficos, etcétera- acerca de la dimensión ideal de un Land y del camino que habría de tomar una reforma de esta envergadura.

Al llegar ahora al final me pregunto para qué me habré molestado en escribir este artículo porque, bien mirado, ¿qué tenemos que ver nosotros con los alemanes?

Francisco Sosa Wagner, es catedrático y cabeza de la lista de UpyD al Parlamento Europeo. Su último libro es Carl Schmitt-Ernst Forsthoff: coincidencias y confidencias (Marcial Pons, 2008).

© Mundinteractivos, S.A.

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¿Adoctrinar en esta escuela?, de Santiago González en El Mundo

Posted in Educación by reggio on 30 enero, 2009

A CONTRAPELO

El Tribunal Supremo ha rechazado por 22 votos contra siete que Educación para la Ciudadanía (EpC) vulnere el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. La asignatura responde a una recomendación de la UE y si el nuestro fuera un país normal, debería impartirse con la misma naturalidad con que se hace en otros de la Unión, en los que la nación se articula sobre consensos básicos. Pocos, pero duraderos. Uno de ellos es el educativo.Ningún otro país ha conocido cinco leyes de Educación en 25 años, con sólo dos partidos alternándose en el Gobierno. En ningún otro país se introducirían en la educación criterios morales que estuvieran bajo discusión en la sociedad.

Tanto entusiastas como detractores sobreestiman la capacidad adoctrinadora de la escuela. La transición fue obra de generaciones de españoles educados en la dictadura franquista, sin que el monolitismo del régimen pudiera oponer más resistencia a la voluntad social de cambio que las murallas de Jericó a los trompetazos del pueblo elegido. Comprenderán ustedes que en estos momentos no ofrezca detalles identificativos.

La escuela franquista y nacionalcatólica no impidió que muchos españoles (y españolas, claro) nos hiciéramos antifranquistas y no creyentes. La escuela no es el único ámbito educativo, ni siquiera en los regímenes totalitarios. Cuánto menos en una sociedad democrática, abierta y permeable en estos tiempos de internet.Incluso en casos en los que el ideario obligatorio de la escuela hacía juego con el ambiente doctrinal que aquellos españoles respiraban en sus casas. Hijos de padres falangistas y educados con la Enciclopedia Alvarez son hoy espejo de izquierdismo en sus cargos de ministros.

El temor a una asignatura adoctrinadora en la escuela pública tras la LOGSE es un alarde de confianza en el Estado por parte de la Iglesia. No es que falte voluntad adoctrinadora. Es que el mecanismo es inservible, no hay más que ver los resultados del informe PISA, que nos sitúan en un desahogado puesto del pelotón de cola en materia educativa y en la expulsión por la vía del fracaso escolar de uno de cada tres alumnos. Ah, si al menos pudiera servir para adoctrinar.

Hace tres meses tuvimos noticia de que todos los alumnos de dos institutos de Alicante habían suspendido el examen de EpC, que en la Comunidad Valenciana se imparte en inglés, una extravagancia autonómica para sabotearla. Los resultados acreditan el nivel de nuestro sistema educativo y de la enseñanza de lenguas extranjeras antes que ninguna otra cosa.

No va a ser una asignatura muy popular entre los estudiantes.Para que tuviera capacidad doctrinal habría que acompañarla de un relato. La Iglesia acertó al colgar la asignatura de Religión de la Historia Sagrada. En tiempos de la tele, Verano azul fue a la España de la Constitución lo mismo que Crónicas de un pueblo a la España del desarrollismo y la Ley Orgánica del Estado. Sin el relato apropiado, los estudiantes asistirán a las clases de Educación para la Ciudadanía con el mismo desapego que sus padres, y aún sus abuelos en algunos casos, asistíamos a Formación del Espíritu Nacional.

© Mundinteractivos, S.A.

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Autobuses doctrinarios y EpC, de Fernando Vallespín en El País

Posted in Educación, Política by reggio on 30 enero, 2009

El Tribunal Supremo ha desestimado la objeción contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC). A la espera de leer la sentencia con calma, tengo para mí que es la decisión correcta. De no haber sido así, el alto tribunal hubiera tenido que justificar que los principios, derechos y valores fundamentales reconocidos en nuestra Constitución no vinculan a determinados ciudadanos. Se podrá alegar que aquello contra lo que se objeta no son estos valores, sino la forma torticera a través de la cual se presentan en algunos manuales, o la capacidad adoctrinadora que, en una dirección o en otra, puedan tener determinados docentes. Pero esto, la forma concreta en la que eventualmente puede ser aplicada, no invalida la cuestión de principio, la necesidad de que los alumnos conozcan dichos valores, sepan operar críticamente con ellos, y se acerquen al funcionamiento del entramado institucional de la Constitución.

Parece, sin embargo, que lo que preocupa a quienes fomentaron la objeción no es ya sólo la asignatura de marras, sino la misma existencia de una moral pública por encima de su propia moralidad privada. Tienen una gran dificultad en interiorizar algo que es el abecé de las democracias contemporáneas, la neutralidad del Estado respecto a las diferentes concepciones del bien. O, lo que es lo mismo, que lo que se considera “verdadero” desde dentro de una de ellas -la doctrina católica, por ejemplo- no ha de recibir por ello el marchamo de verdad moral oficial. Se respetan y protegen las convicciones y las opciones vitales personales, pero eso no significa que algunas deban tener el derecho a convertirse en la perspectiva oficial de una comunidad, por muy generalizadas que estén. Bajo las condiciones de un amplio pluralismo moral, de lo que se trata, por el contrario, es que todos podamos converger hacia principios cuya labor consiste precisamente en mediar en este pluralismo. Y son estos principios, como la tolerancia o la laicidad, los que al final acaban dotando de contenido a la moral pública, que, insisto, no sólo no ataca a ninguna concepción del bien en particular, sino que, al contrario, permiten su coexistencia con otras. Sobre esta idea tan sencilla se ha articulado el difícil equilibrio del ya insoslayable pluralismo valorativo de nuestras sociedades modernas, algo que, claro está, tendrá que ser impartido en EpC.

Que hay una confusión entre cuáles deban ser los límites entre moral pública y privada se ha visto claro en la pintoresca disputa a la que estamos asistiendo con los autobuses con mensajes ateos. Puede ser un buen estudio de caso para EpC. Soy contrario al “ateísmo doctrinario” que hoy tiende a florecer, porque, por definición, el ateísmo debería alejarse de todo proselitismo para no convertirse en una doctrina más. Pero ésta no es la cuestión. La cuestión es la sorprendente reacción del cardenal Rouco, cuando afirmó que ello significa utilizar “espacios públicos para hablar mal de Dios ante los creyentes”; o, y esto ya sí que es chocante, que “no es justo obligar a quienes tienen que hacer uso de esos espacios, sin alternativa posible, a tener que soportar mensajes que hieren su sentimiento religioso”; y que “los medios públicos no deberían ser utilizados para socavar derechos fundamentales”. O sea, los ateos no pueden decir públicamente lo que piensan, pero ellos, que no dejan de reclamar un todavía mayor acceso al espacio público, si estarían plenamente legitimados para lanzar sus mensajes. No olvidemos que, a la postre, estas manifestaciones de ateísmo doctrinario no son más que una débil y casi anecdótica señal de resistencia ante las continuas apariciones públicas de lo religioso.

La libertad de expresión debe tener un límite, pues, no ya en las graves injurias a la religión, algo que en el Reino Unido se ha tipificado recientemente como delito, sino siempre que “hiera” algún sentimiento religioso. Y, al parecer, afirmar públicamente que “probablemente Dios no exista” y que, por tanto, hemos de disfrutar más la vida, provoca este tipo de sentimiento. Un derecho fundamental, incorporado al patrimonio de la moral pública, se hace depender así de lo que desde una confesión se interprete como lesivo a su sensibilidad.

Es muy posible que haya casos difíciles en este tipo de confrontaciones -recordemos la disputa de las caricaturas de Mahoma-, pero situaciones como la descrita ponen de manifiesto la dificultad de un sector de nuestro catolicismo para absorber las nuevas reglas bajo las que han de convivir en una sociedad plural. ¿Lo resolverá la EpC?

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¿Uno de los nuestros?, de Joan B. Culla i Clarà en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 30 enero, 2009

Hay días, como hoy, en que la responsabilidad del articulista es particularmente ardua e ingrata. Son ocasiones en las cuales el modesto opinador siente que debe rasgar el velo del templo, desvelar el secreto que muchos han guardado celosamente durante largo tiempo, y hacerlo a sabiendas de que nadie se lo agradecerá. Al contrario: unos lo tacharán de bocazas y otros de cínico, éstos dirán que está vendido al enemigo, y aquéllos que corroe la moral colectiva en unos tiempos tan críticos. Sin embargo, ahí va: estoy en condiciones de asegurar, sin sombra de duda, que Barack Hussein Obama no es del PSOE.

Comprendo que una revelación tan sensacional suscite la incredulidad de muchos ciudadanos de buena fe. ¿Acaso, la misma madrugada del 4 al 5 de noviembre pasado, no pudimos escuchar a José Blanco glosar desde Washington la victoria de Obama como si se tratase de la de un correligionario? ¿Acaso, en los tres meses transcurridos desde entonces, toda suerte de portavoces del partido socialista y del Gobierno español -y, en primer lugar, el presidente Rodríguez Zapatero- no han alimentado la idea de que el nuevo inquilino de la Casa Blanca era uno de los nuestros? Bien, pues a pesar de todo, permítanme que insista: Barack H. Obama no militó jamás en las Juventudes Socialistas, ni pertenece a una agrupación del PSOE infiltrada dentro del Partido Demócrata norteamericano, no escuchó nunca las arengas de Alfonso Guerra en la fiesta minera de Rodiezmo ni ha cantado en su vida La Internacional. Peor aún: ni siquiera sabe quiénes son Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Leire Pajín.

¿Que cómo se ha alimentado, pues, tal equívoco, se preguntan ustedes? Sin duda, su primer inductor -involuntario, pero crucial- fue José María Aznar. Frente al entusiasmo con que éste hizo suyas, desde 2001, las tesis de la Administración republicana de George W. Bush en todos los terrenos (desde el discurso neocon de la FAES hasta la foto de las Azores y el envío de tropas a Irak), el PSOE entonces en la oposición agudizó su gestualidad antinorteamericana. Luego, de regreso al poder en 2004, purgó por ello mientras anhelaba que ocurriese en Washington un cambio político como el que acaba de producirse: si el nefasto Bush era casi del PP, el mirífico Obama será casi del PSOE, han razonado en Ferraz y en La Moncloa.

Es decir, que Rodríguez Zapatero sigue con su buena estrella, y tampoco es el primer político que trata de capitalizar pro domo sua un resultado electoral extranjero en el que no ha tenido arte ni parte. Ahora bien, una cosa es brindar innecesario respaldo a la victoria de Obama, o precipitarse a “garantizar” que las relaciones con su Administración serán “muy buenas”, o sugerir que Zapatero puede ser al nuevo líder norteamericano lo que Tony Blair fue a Bush -esto es, el interlocutor europeo preferencial-. Y otra cosa muy distinta es creer o hacer creer que el 44º presidente de Estados Unidos va a gobernar su país y el mundo como un mandatario socialista europeo y, más específicamente, español.

Por lo que se refiere a la política interior, ver en las ideas inaugurales de Obama -como ha hecho el presidente Zapatero- “una seña de identidad socialdemócrata muy pura” ya resulta atrevido, y tal vez confunde la socialdemocracia con algunas de las recetas que Franklin D. Roosevelt ya aplicó a partir de 1933. Sin embargo, es en materia de política exterior y defensa donde quienes conciban al nuevo usuario del Despacho Oval como un discípulo aventajado del zapaterismo hispano van a sufrir las más crueles decepciones.

Sí, porque nada augura, en el nuevo Washington de Obama, la adopción del beatífico pacifismo que el PSOE abandera entre nosotros. No lo hace, desde luego, la personalidad del secretario de Defensa, el mismo Robert Gates, que ha dirigido el Pentágono con Bush desde 2006. Tampoco apuntan en esa dirección los planes de redespliegue militar en el Oriente Medio, donde las tropas se irán marchando de Irak -quizá en unos plazos algo más cortos que los convenidos por Bush- pero, en buena parte, para trasladarse a Afganistán y reforzar allí la lucha contra los talibanes. Una lucha eminentemente militar, según subrayaba Gates esta misma semana ante el Senado, y como lo prueban los 18 muertos causados por misiles made in USA en la frontera afgano-paquistaní apenas 72 horas después de que Obama jurase el cargo.

Luego está el enconado conflicto israelo-palestino, sobre el cual casi todo el mundo confía en que el nuevo líder ejerza un influjo pacificador. Suscribo con entusiasmo esta esperanza, pero, justamente por eso, me creo en el deber de advertir sobre algunas cosas que no ocurrirán. No veremos al presidente Obama comparecer en ningún acto público con una kufia palestina al cuello; y el Partido Demócrata norteamericano no participará en ninguna manifestación en la que se tache a Israel de Estado “genocida”; y ningún miembro de la Administración entrante sugerirá siquiera a Israel que deje sin respuesta las provocaciones de Hamás: todavía este martes, la secretaria de Estado Hillary Clinton reiteraba “el derecho de Israel a la autodefensa”. En cuanto al flamante mediador, George Mitchell, es un hombre competente, íntegro e imparcial; basta recordar que su informe de mayo de 2001 sobre los orígenes de la segunda Intifada concluía: “la visita de Sharon (a la Explanada de las Mezquitas) no causó la Intifada de al-Aqsa, aunque se produjo en un mal momento…”.

O sea que, más allá del refrescante cambio de estilo y de discurso, la novedad mayor del Gobierno de Obama parece ser la política energética y medioambiental. Y ahí a Zapatero no le valen eslóganes; ahí tiene a Miguel Sebastián…

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

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Ampliar el sueño o restringirlo, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 30 enero, 2009

Obama atrae porque es un héroe imprevisto. Para conquistar la presidencia tuvo que pasar más pruebas que Hércules. Su victoria no es solamente la de su persona, como habría sido la de Mac-Cain. Es la victoria de los americanos sin pedigrí. De repente, manda en América alguien cuya piel tiene el color de la exclusión. Hércules Obama no podrá superar los obstáculos de nuestro desarbolado mundo. Pronto muchos de los besos que le llueven serán púas. Pero ya ha demostrado algo esencial: el valor de la palabra en la sociedad de la imagen.

Nosotros acostumbramos a despreciar lo que, despectivamente, llamamos “retórica”. Ponemos el acento en los hechos y las obras (el eslogan de José Montilla, sin ir más, enfatizaba tal idea). Pues bien, la ascensión de Obama demuestra que la palabra tiene una función capital en política: recrear el espacio comunitario. Obama siempre implica al auditorio en su discurso. Con sus palabras favorece la comunión y reedifica el ágora de la comunidad americana. Obama sabe quien es Cicerón, pero es continuador de la oratoria de las iglesias de la negritud, una tradición emotiva que, en un contexto de humillación y adversidad, perseguía establecer nexos de familiaridad, protección, exigencia y esperanza entre la comunidad negra. Obama no encanta a su auditorio: con su palabra da sentido a las angustias, necesidades, esperanzas e ideales de su auditorio. En lugar de atacar el sueño americano para destruirlo y edificar sobre sus ruinas un modelo alternativo, lo ha revivificado.

Evo Morales defiende la preeminencia de los indígenas, excluidos durante siglos. Pero lo hace encauzando el resentimiento. Propone invertir los papeles, doblegar el criollismo y entronizar el indigenismo. La idea de desbancar para cambiar la tortilla está también en Chavez. Tiene su origen en el castrismo, versión marxista del irrendentismo español. El patriotismo del PP da mucho valor a la palabra patriótica, una palabra que, sin embargo, constriñe a muchos españoles a pasar por un aro insoportable. El PSOE, por su lado, no da valor a la palabra como creación de espíritu comunitario, porque las élites culturales de la izquierda desprecian la idea de comunidad, que consideran premoderna. Desde que se jubiló el flautista Felipe de Hamelín, encantador de masas (que no revificador del espacio comunitario español), el PSOE solo usa la palabra como ariete. Señala enemigos. Contra la derecha, contra el pujolismo, contra la iglesia. Contra los malos. El único momento en el que ZP se fregó las manos con los telespectadores fue cuando presentaron a un participante como sacerdote. “Esto se anima”, dijo, antes de escuchar la pregunta. El nacionalismo catalán, en su debilidad, no quiere ser menos. Obama ofrece otra perspectiva: cada victoria de los excluidos es una nueva raíz para el árbol comunidad. Nuevos protagonistas para el viejo sueño de los fundadores.

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Ciudadanías varias, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Derechos, Educación by reggio on 30 enero, 2009

Según el fallo del Tribunal Supremo, no es válida la objeción de conciencia contra la asignatura denominada educación para la ciudadanía. Los magistrados dejan claro que, a efectos legales, esta materia es igual que matemáticas, lengua o ciencias, ni más ni menos. Ningún tribunal aceptaría que los padres de una criatura objetaran contra las clases de aritmética u ortografía, pues se entiende que la instrucción básica de los ciudadanos es un bien superior que debe ser protegido contra los intereses particulares, incluso si estos son los de la familia del estudiante. Pero, si el debate existe y ha llegado tan lejos, más allá del partidismo de unos y otros, es porque esa asignatura entra de lleno en una serie de realidades que van unidas a los valores, ideologías, puntos de vista y creencias que conviven en una sociedad. Y esta convivencia de criterios y sensibilidades se articula tanto sobre el consenso como el disenso, de otro modo no hablaríamos de una sociedad realmente plural y democrática.

Si educación para la ciudadanía fuera únicamente una explicación del marco legal del Estado y sus leyes básicas, tal vez no quedaría mucho espacio para la controversia. Pero esta materia propone el estudio de una serie de fenómenos y tendencias cuya descripción y análisis es inseparable de la política en su sentido primigenio: no hay una única respuesta ante la mayoría de los problemas y desafíos del mundo contemporáneo. Nada tiene que ver el consenso tácito en los valores básicos enunciados de forma abstracta (por ejemplo, el respeto a la vida) con su concreción en una agenda gubernamental de prioridades (por ejemplo, reformar la ley de interrupción del embarazo o tener una actitud más o menos vigilante y estricta acerca de la tortura). La Constitución española de 1978 asume la Declaración de los Derechos Humanos, pero su despliegue en leyes y normas no está sujeto a unanimidades incuestionables. Al contrario. De otro modo, por citar dos casos que han sido ampliamente discutidos en el plano legal y parlamentario, prohibir partidos o cerrar publicaciones sería algo sobre lo que nadie discreparía.

La izquierda más combativa ve esta asignatura como una forma feliz de asegurarse la hegemonía cultural por ley, extremo que la derecha y la Iglesia más movilizadas leen de la misma manera, pero en sentido negativo. En medio, los pragmáticos aceptan esta nueva materia, pero subrayan que cada centro puede adaptarla a su ideario. ¿Quién se engaña más? Si la solución para que todo el mundo esté contento es hacer una educación de ciudadanías varias (incluso en abierto choque entre sí), está claro que esta asignatura es un camelo propagandístico innecesario, una mera reedición posmoderna de eso que llamaban formación del espíritu nacional, ahora en versión roja o azul, según los barrios y el gusto del consumidor.

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¿Se acabó la fiesta en Davos?, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 30 enero, 2009

En España, oficialmente ya en recesión, se ha acabado la fiesta, como también se ha terminado en los países de nuestro entorno, subraya el autor. En su opinión, ha concluido asimismo en el Foro de Davos, donde muchos de sus conspicuos figurantes de antaño guardan hoy ominoso silencio

Nos están dando la vara repitiendo hasta la saciedad que en España se acabó la fiesta. Reconozcamos que aquí, como en otros muchos países, estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades dentro de una burbuja, en nuestro caso, inmobiliaria, cuya perennidad contravenía la inexorable ley de la gravedad. En el campo de los más avisados se enfrentaban dos escuelas de pensamiento, la de los que pronosticaban un aterrizaje suave y la de los que predecían otro más brusco. Al final se ha comprobado, como escribió Julio Cerón, que ‘la ley de la gravedad no es nada en comparación con lo que nos espera’. El caso es que nos gustaría vivir como vivíamos pero pudiendo, y ahí en ese pudiendo reside la dificultad.

Registremos el gran alivio producido aquí cuando por fin se ha confirmado que estamos en recesión, según dictamina con toda su autoridad el propio Banco de España. Una recesión que compartimos con quienes nos vienen dedicando sus más acerbas críticas. Porque, queridos lectores, sepamos que la fiesta también se ha terminado en los demás países de nuestro entorno. Sin que se vea por parte alguna quién puede cantar victoria o proclamarse como la venturosa excepción. Ni nuestra admirada Islandia en el océano, ni Francia con su Sarkozy y su Carla, ni el Reino Unido con sus bancos nacionalizados, ni la Italia del admirado Berlusconi y Briatore, ni Portugal, ni los Países Bajos y su ING, ni la Rusia de Putin. No hay donde poner los ojos.

Y en éstas, el calendario, que no perdona, nos traslada al Foro de Davos. La murga que nos han dado con Davos ha sido de aúpa. Una verdadera feria de las vanidades, siempre preparada para encumbrar a las figuritas más o menos inventadas de la economía, de la política, de la banca, de los medios de comunicación. Hemos aguantado más que unos buzos la sarta continuada de despropósitos para el lucimiento del pensamiento único de los liberal-nihilistas. Había que terminar con el lastre de la economía de progreso, es decir con el Estado del bienestar, al que se atribuían todas las dificultades de la Unión Europea para competir con la modernidad de Estados Unidos, siempre ejemplar en el dinamismo económico y la creación de empleo.

Pero amigos, llegaron las vacas flacas, traídas precisamente por los norteamericanos con las hipotecas subprime y las estafas de Wall Street, donde parecía residir el no va más de la regulación. Se vinieron abajo los gigantes de la banca, del coloso Greenspan no quedaron ni los cascotes y todos los analistas, empresas auditoras y agencias de rating quedaron en paños menores cuando apareció Madoff con su estafa a cuestas y todos los enanitos que a su escala iniciaban el mismo itinerario sin que nadie pusiera coto a sus abusos. Así que menos lobos Caperucita y menos papanatismo y bobaliconería admirativa hacia un supuesto modelo que hace agua por todos lados. Que esto nos haya pasado en Wall Street es el equivalente a la publicación de un número monográfico de Play Boy dando cuenta de una orgía en la Capilla Sixtina del Vaticano. Nos han faltado al respeto.

Pero volvamos al Foro de Davos, desde donde tantos nos adoctrinaron, incluido Pedro José y compañeros del más acrisolado liberalismo. Cuenta el diario Herald Tribune que este año muchos de estos conspicuos figurantes guardan un ominoso silencio. La columnista Katrin Bennhold, en su análisis de primera página, señala que la cuestión a dilucidar ahora es si el denostado welfare system europeo terminará por convertirse en el modelo del siglo XXI. Desde luego, las cuatro páginas del special report que el Herald dedica a comparar lo que algunos de los próceres con tribuna en Davos dijeron hace un año y lo que ahora apuntan son de aurora boreal. Atentos.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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Los deberes de Obama: poner orden en casa antes de afear el galimatías ajenos, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 30 enero, 2009

Hoy vengo suave y algo travieso. Casi mejor, intuyo, al final de un enero difícil y atípico, plagado de hitos históricos, eventos variopintos y sinuosos toboganes. Margen de confianza para la esperanza generada. Sean indulgentes, que llega el fin de semana.

El cambio presidencial al otro lado del Atlántico nos ha legado numerosas estampas y anécdotas para el recuerdo. Una de ellas, la carta que el Presidente saliente le dejaba, sobre el escritorio, al nuevo inquilino de la Casa Blanca. Me recuerda la historieta, harto inverosímil pero simpática, respecto de otro relevo presidencial. Se cuenta que Nikita Khrushchev recibió dos cartas de Stalin, con la instrucción de abrir cada una de ellas en sucesivos problemas de gobierno y así poder salvar la situación. Ante su primera crisis política, el Premier abrió la correspondiente que decía: écheme a mí la culpa. Solventado el lance, y agotada la estrategia de eludir responsabilidad en la gestión inculpando al antecesor, al cabo de un tiempo enfrentó su segundo gran aprieto. Abrió la misiva restante y leyó: siéntese y escriba dos cartas.

Tal vez la epístola del número 43 al 44 contenga simples recomendaciones sobre la temperatura ideal del despacho oval para cada estación o sobre el tanteo de la pista de bolos presidencial, incluyendo el ranking histórico de sus ilustres predecesores. Secretillos de Estado, ya saben. Aunque bien pudiera incluir una escueta nota para momentos tumultuosos venideros: Apaga y Obámonos.

La nueva administración norteamericana, no obstante, ha comenzado su andadura dando una de cal y otra de arena. De un lado, con renovada incertidumbre sobre los indubitados planes de rescate y estímulos fiscales, despertando la zozobra en los mercados, ávidos de borrón y cuenta nueva. Cansina letanía del Yes, we can. De otro, asumiendo los postulados de un dólar fuerte y reiterando la culpabilidad de China en la manipulación de su divisa y sus efectos perniciosos sobre el déficit por cuenta corriente norteamericano. Llegar y besar el santo.

Nada que no estuviera previsto, atado y bien atado. La obsesión por la adulteración cambiaria del yuan contrasta con la laxitud demostrada con el yen, también históricamente infravalorado para ganar competitividad exportadora, obviando centrarse en el verdadero problema norteamericano: exceso de consumo, déficits de producción y ahorro. Se culpa a los demás de los propios problemas, el típico mecanismo psicológico de proyección, en lugar de abogar por desmantelar el sistema fiduciario del dollar standard y corregir los desequilibrios que permiten que China y Japón sean los mayores tenedores mundiales de deuda USA y reservas de divisas.

William Poole, presidente hasta hace unos meses de la Reserva Federal de St. Louis, reflexionaba en 2005 acerca del peligro del déficit por cuenta corriente:

Un error común es tratar los flujos internacionales de capital como respuesta pasiva ante lo que acontece en la cuenta corriente. El déficit por cuenta corriente, dicen algunos, es financiado por EEUU tomando prestado en el extranjero. Pero el hecho es que los inversores internacionales compran activos de EEUU no con el propósito de financiar el déficit norteamericano, sino porque creen que son sólidas inversiones prometedoras de una buena combinación de seguridad y rentabilidad.

Argumento repetido, idéntico párrafo al de su discurso, dos años antes, sobre libre comercio, proteccionismo y la posición internacional de EEUU. Pensaba, quizá, que a fuerza de reiterar la falaz relación de causa-efecto, ésta sería aceptada como verdad irrefutable. La realidad, sin embargo, es que los norteamericanos se han acostumbrado, mucho y mal, a vivir por encima de sus posibilidades a costa de quienes financian su american way of life acumulando promesas de pago a futuro que cada vez valen menos.

China, por su parte, se siente cómoda paladeando el poder de su posición acreedora, una fortaleza frente al deudor amparada en factores culturales que se está debilitando por dos motivos fundamentales. Primero, porque tantas reservas de dólares y treasuries dificultan su liquidación o traspaso sin destruir su valor en el intento ni provocar un cataclismo global; y, segundo, porque, a diferencia del estado post-industrial de la economía japonesa, la economía del gigante dormido, ya bien despierta, mantiene una brutal sobreinversión y sobreexplotación de recursos productivos cuyas consecuencias, en el actual contexto internacional, empiezan a ser críticas.

El parche del proteccionismo

En medio de una recesión global cuya pretendida cura se basa en tipos cero, déficit-deuda, devaluaciones competitivas y otras medidas no cooperativas, culpar a China, la fábrica del mundo, de todos los males es, me temo, injusto y peligroso. EEUU está lanzando piedras sobre su propio tejado, viendo cómo el dólar, a pesar de todo y contra toda lógica, se convierte a corto plazo en divisa refugio, se aprecia y lastra la competitividad norteamericana. Peajes y tributos del dollar standard, mon ami. Aunque el espejismo de divisas fuertes y débiles, medidas por su tipo de cambio nominal, se desvanecerá, insisto, con el tiempo. Todas las cosas que viven mucho se empapan poco a poco de razón.

Los efectos de una devaluación pueden ser replicados mediante subvenciones a la exportación y aranceles a la importación. Con absoluta flexibilidad de precios, estos artificios no tienen efectos reales a largo plazo, dando por válida la ley del único precio, según la cual, sin barreras comerciales ni costes de transacción, un mismo bien se vende por un importe equivalente en cualquier sitio. Las subvenciones a la exportación alientan la movilización de recursos productivos hacia el sector exportador, desincentivando el consumo interno del bien exportable respecto del importable. De manera análoga, los aranceles a la importación estimulan la aplicación de recursos al sector importador, desanimando el consumo doméstico del bien importable respecto del exportable. Cuando ambas políticas son de igual magnitud, sus efectos se anulan exactamente.

Los desequilibrios comerciales, cualquiera que sea su origen y magnitud, tratan de combatirse con una creciente ola de proteccionismo, nacionalizaciones y ayudas de Estado, dibujando un panorama donde el libre mercado va dejando paso a la autarquía y economías dirigidas. También en nuestra piel de toro: es comprar un abrigo, un traje o los juguetes fabricados en España, en vez de fabricados en el exterior. Al parecer, la cosa va de jugosas citas presidenciales, a tenor de la similitud con el abrigo de Abraham Lincoln: No sé mucho acerca de aranceles. Pero sé que si compro un abrigo de Inglaterra, tengo el abrigo e Inglaterra tiene el dinero. Pero si compro un abrigo en América, tengo el abrigo y América el dinero. La cuestión de qué puedo hacer por mi país se contesta resucitando al adalid del proteccionismo decimonónico. Esfuerzo colectivo lo llaman. Ver para creer.

Change we can believe in. Suena bien y se ha vendido mejor, aunque dudo que sea exportable. En cualquier caso, el equipo económico entrante, sin estar todos los que son ni ser todos lo que están, debería ir haciendo prácticas de Fed Gurú con el helicóptero de Bernanke; de Budget Hero para cuadrar el presupuesto y evitar el default del tándem déficit-deuda; o dar una vuelta de reconocimiento, a los mandos de un volquete cargadito de parné, por el tablero de los pufos, ayudas y rescates. Asumir la gestión del caos interno, erradicar las manipulaciones domésticas y poner orden en casa propia, previamente a afear el galimatías ajeno. Lo primero es antes.

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Suprema inconsciencia, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Derechos, Educación, Justicia, Libertades, Política by reggio on 30 enero, 2009

Aunque el diccionario académico confunda la conciencia moral con la consciencia mental, y no admita, en consecuencia, que inconciencia sea una voz tan correcta como inconsciencia, el TS estaba obligado a saber con exactitud lo que significa “objeción de conciencia”, contra la “Educación para la Ciudadanía”, antes de emitir un fallo contrario a que los padres de familia puedan oponerse, por exclusivas razones de conciencia moral, a que sus hijos menores sean conscientemente adoctrinados, por una asignatura obligatoria, en una determinada ideología política, como sin duda lo es la que sostiene a esta Monarquía de Partidos. Esa legítima objeción contra la formación en los centros de enseñanza de un ejército de súbditos, sin libertad de pensamiento ni de elección, tiene fundamentos aún más sólidos que los admitidos contra el servicio militar y que los no reconocidos contra la obligación de participar en las mesas electorales. Pero el espíritu del franquismo continúa inspirando al alto tribunal de la inconsciencia política.

La Sala cree que el adoctrinamiento se puede evitar recurriendo, en vía contencioso-administrativa, contra cada texto de la asignatura. Incurre así en tres tipos de inconsciencia mental. 1. Ignorar que lo fundamental, en la instrucción de los menores, son los maestros o profesores. 2. No saber que todos los textos de educación para la ciudadanía, salvo que sean elementales normas de urbanidad, son tan forzosamente ideológicos y adoctrinadores como los de educación política en la dictadura. 3. Confundir la objeción católica a recibir doctrina socialdemócrata, en colegios privados religiosos, con el derecho de los padres a que sus hijos sean instruidos en materia política, con libertad de pensamiento y de juicio externo, para que lleguen a ser ciudadanos conscientes, y no meros súbditos adultos, que aceptan ser tratados políticamente como menores de edad.

La instrucción pública debe procurar a los menores claro discernimiento entre votación a listas de partido o elección de representantes personales; entre partitocracia o democracia; entre justicia en nombre del Rey, dependiente de los partidos, o ejercida en nombre de la Ley, independiente del poder ejecutivo; entre libertad política para todos o exclusiva de los partidos estatales; entre sindicatos estatales o de la sociedad civil; entre Estado centralizado o dividido en Autonomías; entre decisión por consenso o por mayoría. En resumen, entre libertad y servidumbre voluntaria.

florilegio

“La conciencia de sí mismo, primera conquista de la inconsciencia, es el último grado de la sabiduría que pretende traspasar el umbral del misterio.”

El Guantánamo español, de Antonio Alvarez-Solís en Gara

Posted in Derechos, Economía, Laboral by reggio on 30 enero, 2009

Alvarez-Solís maneja una definición muy amplia de la tortura: «La tortura está también en la guerra, en el hambre, en la enfermedad desatendida, en el desequilibrio social, en la ruin separación de clases, en la imposición ideológica, en el atentado al pensamiento, en la simulación de la libertad…». En su opinión, quedan en el mundo muchos guantánamos por clausurar y pone como primer ejemplo el español: mientras la crisis aprieta, Zapatero se inhibe e implora al empresariado que «mantenga todo el empleo que pueda».

Según la Encuesta de Población Activa, en España hay 827.000 hogares en los que ninguno de sus miembros tiene trabajo. Es decir, que si suponemos que cada hogar esté formado por cuatro personas el resultado es que 3.300.000 seres viven en una total desolación económica y, por ello, víctimas de una terrible desmoralización, que es enfermedad atroz. La cifra aún resulta más estremecedora si contamos esos seres condenados a la nada sobre una población del Estado que ronda los cuarenta y seis millones de almas. Si tomamos conciencia clara y cierta del dolor que ha de atenazar a esos desposeídos del sustento -el sustento es mucho más que la sopa de caridad y el obsequio de algunas prendas- no es hiperbólico hablar del Guantánamo español. Y no es hiperbólico porque los sufrimientos no se reducen sólo a los que se enmarcan en la escalofriante acción de la Policía o los tribunales, con ser ésta voluminosa y de aterradora brutalidad. Hago esta simple observación porque el prometido cierre del Guantánamo norteamericano ha producido una cálida onda de afecto hacia el presidente Obama, al que Dios guarde de banqueros, militares, prelados, jueces y otro personal por el estilo, ya que vemos en su inicial política una posible reposición de los derechos humanos, aniquilados por tantos poderes actuales.

Es urgente que finalicen las torturas en los centros policiales inferidas con dos propósitos: el primero y más importante, la fabricación de culpables sin base alguna en la inmensa mayoría de las ocasiones, y después con el objetivo de entregar esos culpables a las masas -¿a quién preferís a Jesús o a Barrabás?- como prueba de los horrores que esperan a la ciudadanía si no ofrece sumisión ciega a los grandes sacerdotes, torturadores empecinados. Obama trata de extirpar la violencia institucional, simbolizada en esas torturas, como prenda de una nueva era que regrese a lo mejor del liberalismo burgués que, con todos sus defectos, despierta -¡quién lo diría!- nostálgicos recuerdos ¿Pero basta con eso? No. No basta. La tortura está también en la guerra, en el hambre, en la enfermedad desatendida, en el desequilibrio social, en la ruin separación de clases, en la imposición ideológica, en el atentado al pensamiento, en la simulación de la libertad, en el comercio obsceno, en el lenguaje arrogante, en la misérrima sacralidad de las instituciones, en la indecencia de la verdad sin razón…

Oigamos, como pequeña prueba de lo que antecede, lo que opinan los gobernantes españoles de esos tres millones y medio de seres sin esperanza alguna de trabajo y, por tanto, de sustento. En primer lugar escuchemos a la cínica vicepresidenta del Gabinete: el Gobierno vigilará -dice- la situación de los hogares en total desempleo para cumplir con el compromiso de «no abandonar a nadie a su suerte». Subrayemos: el Gobierno «vigilará»… Tiempo de futuro. ¿Y qué va a vigilar? Cuando llegará la elemental ayuda fruto de esa vigilancia? No se sabe. Es más, al parecer no se había vigilado esa enfermedad social. Prueba de esa falta de vigilancia es la referencia del secretario de Estado de Economía del Gobierno de Madrid, Sr. Vergara, al recordar el compromiso del Ejecutivo de aportar las dotaciones suficientes a fin de que «no haya carencia». No enumera el secretario de Economía qué clase de dotaciones cabe esperar, aunque el jefe del Gobierno, Sr. Zapatero, materializa la intención en la petición a los empresarios para que «mantengan todo el empleo que puedan». Petición tierna, ruego educado. Pero ¿no tiene poder el Gobierno para mejorar los salarios y cambiar la catastrófica dirección económica? No. Una vez más: no puede. Pertenecemos a una economía de mercado y las reglas de la libertad económica son sagradas, ya que al parecer constituyen el marco en que se realiza el individuo. Pero ¿qué clase de individuo? Sin embargo ¿no han quebrantado los gobiernos la respetada libertad económica cuando han destinado cantidades ingentes a sostener a las instituciones financieras y a las gigantescas empresas que desangraron a la sociedad? ¿Por qué gobiernos que intervienen en tan benéfico rescate -a agentes económicos que además no transfieren a la producción y al consumo las ayudas recibidas- son incapaces de decretar un razonable nivel de salarios para ayudar a los asalariados? ¿Es que el Supremo Hacedor decidió tan cruel desigualdad cuando abrió la puerta a la creación futura de las VPO tras la expulsión del Paraíso? La conversión del dinero en la única mercancía del sistema apoyada nada menos que por los que se autodenominan socialistas… ¡Santo cielo qué cinismo! ¡Qué unión de la contumacia con la contumelia!

Lo que exaspera aún más al observador honrado de este inhumano tejemaneje -hasta el punto de conducirle a la entendible violencia- es que se persiga a todos los que quieren recuperar el socialismo real para enfrentarse a la consagrada minoría. Cuando llega la hora electoral, como sucede ahora en Euskadi -cabeza, fuerza y antemural del pueblo de Euskal Herria, con frase prestada por el escudo municipal de A Coruña-, parece obligado entregar la conciencia a pensamientos comunistas y nacionalistas a fin de rescatar la nación como voluntad política libre frente al Estado. La nación genuina, la que tiene su infalsificable aguja de marear. La nación no contaminada por el poder estatal contemporáneo, que siente en sí el latido de lo colectivo y que es capaz de edificar una economía orgánica y decente donde el trabajador, el consumidor y la financiación formen parte de un mundo abarcable y dominable por la calle frente a la trampa globalizadora. ¿No habrá querido usted, ministro Sebastián, referirse a ello cuando recomienda el consumo de productos nacionales como forma de estimular el empleo y fortificar la infraestructura social? ¿A ese punto de arrepentimiento le ha conducido su pecado globalizador? Los nacionalistas y los comunistas -a los que me gustaría ver de la mano en la complicada marcha tan acosada por las fuerzas del orden y zarandeada por los tribunales- deberían aprovechar estos momentos para incitar a una construcción mundial en que los trabajadores, -desde su verdadera realidad nacional y conscientes de la necesaria socialización de lo que es social por naturaleza de las cosas- marcharan junto a otros trabajadores y otros pueblos en un verdadero internacionalismo libre de la peste globalizadora.

Yo no sé si todo esto que digo es lícito, ilícito o paralícito. Algo de heterodoxia debe tener cuando una especie de temor indefinible se apodera de mí al decir lo que digo. De cualquier forma me consuela la sensación de que vamos dejando atrás esa historia en que, como decía William Hazlitt, «el pueblo no es capaz de ofrecerse voluntario para una rebelión por simple prestigio de lo nuevo». Quizá sea que lo que era nuevo hace tantos años ya no es nuevo y ha producido el aparente milagro de sentar en el despacho oval a un negro, descendiente de aquellos que entonaban los espirituales junto al fuego del anochecer para mostrarle al amo -el lord, dios temido en los galpones- que les sangraban las manos.

Hay muchos Guantánamos por clausurar. No se trata, sólo, repito, de la tortura bestial en un cuartel o un descampado, sino de rescatar para la vida a aquellos que la sufren en despaciada muerte. Esos Guantánamos en que mueren niños de hambre y de metralla. Pero, como dice el proverbio, «amanecerá Dios y medraremos», sobre todo si sabemos marchar unidos ante las urnas y sostener esa unidad en la calle. Luego se revolverá el Fumanchú de los ojos oblicuos, pero ahí estaremos.

Antonio Alvarez-Solís. Periodista.

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La prensa, pilar de la democracia, de Patrick Apel-Muller en l’Humanité

Posted in Derechos, Libertades, Medios by reggio on 30 enero, 2009

Original francés artículo : La presse, pilier de la démocratie

Translated jeudi 29 janvier 2009, par Vivian Olivera

El tiempo apremia. Los periódicos nacionales están perdiendo dinero y la mayoría son censurados. Algunos acuden a los bancos, donde no abunda el crédito. Otros negocian propuestas recibidas para capitalizar de nuevo a un precio más elevado, y quizá en un futuro al precio de su libertad. Algunos reciclan el dinero ganado rápidamente cuando se desmoronó Rusia con la llegada de Boris Yeltsin. « Observe los Estados Unidos, tome como modelo Gran Bretaña », exclamaban, perentorios, los turiferarios del mercado. Ya no se les oye… Los monumentos de la prensa americana cierran la puerta con llave, la prensa británica pide ayuda a gritos y un oligarca moscovita vino de compras. La crisis desnuda la ilusión de una democracia sustentada exclusivamente por los mecanismos de la competencia. Cuando se les deja actuar por sí solos, el pluralismo perece y la información se estrella contra los intereses de los más poderosos. La prensa se encuentra en estado de urgencia.

Nicolas Sarkozy presentó ayer su respuesta a los estados generales comprometidos desde hace cuatro meses, un « plan de modernización y de inversión » en tres años que preconiza « importantes reformas estructurales ». Es, dice él, el « deber » del Estado « velar por la existencia de una prensa independiente, libre y plural ». Una excelente resolución que no obstante exige encontrar aplicaciones más precisas que las que ha anticipado el Elíseo. Sin embargo, es necesario resaltar el interés de una moratoria – de solamente un año – al aumento de las tarifas postales ; a las mejoras de remuneración a los comerciantes de periódicos ; al acceso al diario de su preferencia destinado a todos los jóvenes a partir de los 18 años de edad ; al aviso de que una gran parte de la comunicación institucional será destinada a la prensa ; a la decisión de que las donaciones de particulares a los periódicos-nuestros lectores ya han abonado 2,1 millones de euros a la suscripción para salvar a l’Humanité – otorga el derecho a una reducción de impuestos de un 66 %… La lógica de la ayuda a la modernización e innovación que inspiran estas propuestas requiere sin embargo muchas más garantías que, una vez más, esos granitos no llenen el buche de esa gallina que ya es capaz de invertir masivamente.

Mas, quizás se deba a la vajilla rota durante el examen del proyecto de ley sobre el audiovisual lo que le ha persuadido para que escuche, Nicolas Sarkozy se ha distanciado un poco con los liberales, en el seno de la prensa o en la UMP, que no han obtenido la revocación de la ley Bichet – que asegura la continuidad de un sistema cooperativo de distribución equitativo a todos los periódicos – ni la desaparición del límite de concentración que circunscribe el dominio de carteles. Sin embargo, las medidas se esfuerzan para eludirla y las condiciones de generalización de reparto pueden poner en entredicho la presencia nacional de un diario como el nuestro. « El diablo está en los detalles », dice un proverbio. Es decir, cuan necesaria resulta la atención de todos los que no confunden el pluralismo con la pluralidad, la movilización del que no se resigna al reino del pensamiento único, la intervención de los ciudadanos que no reducen la información a una simple mercancía. La solidez de un pilar esencial es imprescindible para construir la democracia.

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Fantasmas, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 30 enero, 2009

El presidente Barack Obama acaba de encargar al ex senador demócrata George Mitchell que procure un arreglo a la cuestión palestina. Es un hábil negociador: encabezó la comisión que logró pacificar Irlanda del Norte, pero su visión del problema difícilmente coincida con la de Dennis Ross, designado enviado especial a todo el Medio Oriente, o con la de Richard Holbrook, hoy representante de Obama en Pakistán y Afganistán, países en los que el nuevo mandatario se propone centrar la guerra “antiterrorista”. Meses antes de las elecciones estadounidenses, Holbrook –un diplomático de turbio desempeño en Kosovo– publicó un artículo en el que señala: “La situación en Afganistán está lejos de ser desesperada. Pero como la guerra entra en su octavo año, hay que decir la verdad a los estadounidenses: durará mucho tiempo, más que la guerra más larga que libró EE.UU. hasta ahora, el conflicto de Vietnam: se prolongó catorce años (1961-1975)” (Foreign Affairs, septiembre-octubre 2008). El fantasma de Lyndon Johnson se pasea por la Casa Blanca.

Barack tardó poco en aplicar su nueva estrategia: tres días después de que asumiera, dos aviones estadounidenses no tripulados arrojaron misiles en una zona tribal paquistaní que linda con Afganistán. El número de muertes ascendió a 22. El ataque fue autorizado “en virtud de un plan de actividades encubiertas aprobado por Obama”, declaró un funcionario norteamericano de alta jerarquía (www.timesonline.co.uk, 25-1-09). Un detalle: las víctimas eran civiles.

La reacción de los pobladores, de la que poca cuenta dieron los medios, muestra la indignación que EE.UU. despierta: “Miles de habitantes asistieron a las oraciones fúnebres por las víctimas, condenaron las muertes y demandaron al presidente Obama que gaste el dinero en el bienestar de las tribus en vez de asesinar a sus miembros con armas avanzadas. Líderes religiosos del lugar censuraron los ataques aéreos y señalaron que los caídos eran aldeanos locales inocentes”, informó la edición en inglés del diario paquistaní The News (25-1-09). Hasta el gobierno de Islamabad, que el general David Petraeus –jefe del comando central de EE.UU.– visitó y presionó el mismo día de la asunción de Obama, subrayó que esos bombardeos eran “contraproducentes y deben cesar” (AP, 24-1-09). Difícil que cesen.

Pareciera que Obama ha adoptado el plan de acción que Holbrook propone en su artículo: éste afirma que una debilidad fundamental de EE.UU., algo que debe superar a fin de jugar su papel de líder mundial, es la caída de su prestigio en todo el planeta. BO declaró el martes 27 a la TV Al Arabiya que desea ser amigo de los países árabes, una meta ardua si las hay después de Gaza.

Y luego: continúa la matanza de civiles en Afganistán: el cuarto día presidencial de BO, las fuerzas invasoras anunciaron el aniquilamiento de un comando talibán que realizaba “actividades terroristas” en la provincia de Laghman: quince “militantes” muertos. Sólo que el presidente del concejo municipal local informó que las víctimas eran 21 civiles, incluidos dos mujeres y dos niños (AFP, 24-1-09). Miles de pobladores de la capital de esa provincia recorrieron sus calles exigiendo que los ocupantes dieran término a una intervención militar que ha costado ya la vida de unos 1100 civiles en el 2008. Hamid Karzai, el débil presidente afgano, confirmó el hecho y expresó una obviedad: “La muerte de inocentes está fortaleciendo al terrorismo” (msnbc.msn.com, 25-1-09).

Holbrook formula la necesidad de reducir la dependencia energética de EE.UU.. BO habló del tema en los mismos términos. También, de afrontar los riegos del cambio climático. Obama lo dijo. Idem respecto del programa nuclear iraní. Si es verdad que el primero dicta las políticas del último –quizá fue al revés–, el proyecto es peligrosamente ambicioso. Holbrook subraya que la columna vertebral de los desafíos geopolíticos de la Casa Blanca radica en cinco países que tienen fronteras en común –Turquía, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán– y constituyen el centro del arco crítico que amenaza la seguridad nacional de EE.UU. Agrega que las políticas del Departamento de Estado hacia Afganistán y Pakistán han carecido de coordinación (bajo W. Bush) y creado situaciones confusas. Ahora conoce la satisfacción de articularlas.

“Afganistán puede definir rápidamente el gobierno de Obama”, opinó The New York Times (25-1-09). En medio de una crisis económica que no apagan los billones de dólares arrojados a las fauces de los bancos, BO quiere invertir más recursos duplicando el número de efectivos estadounidenses en Afganistán. Como dijera el periodista Bob Herbert (www.nytimes.com, 6-1-09): “Enviar miles de hombres y mujeres adicionales (algunos, a morir, otros a ser heridos horriblemente) a un vagabundeo disparatado por el paraíso guerrillero de las montañas de Afganistán sería locura”. Lo loco de las locuras es que se dan. A veces.

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