Reggio’s Weblog

Al pasar la barca, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Política by reggio on 20 febrero, 2009

Al pasar la barca/ me dijo el barquero/ las niñas bonitas/ no pagan dinero’, como cantábamos de pequeños. Es decir que ‘las niñas bonitas’ gozan de ventajas excepcionales con los barqueros que las eximen de pagar el transbordo, de donde se infiere que todos somos iguales pero algunas resultan más iguales que otras, según acertó a escribir Orwell. Veamos cómo con sumo acierto se deslizó por esa pendiente de las imágenes el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, durante la conferencia que pronunció al inaugurar el pasado 11 de febrero en Zaragoza las IV Jornadas sobre la singularidad de las cajas de ahorros españolas, que organizaba la Federación de Usuarios de las mismas.

El título de la conferencia, La economía española después de la crisis, suponía ya una proclamación optimista, un reconocimiento de que habrá un después de la crisis, que nos encontraremos entre los supervivientes y que la economía española tendrá en esa otra orilla una andadura. El gobernador se valía de una imagen que permanece en la retina del público. Se refería al suceso del mes pasado cuando un avión, tras despegar del aeropuerto de Nueva York, perdió altura pero la increíble pericia del piloto permitió que se evitara la catástrofe, yendo a posarse sobre el río Hudson. Señalaba el conferenciante que el umbral del desastre igualó durante algunos minutos a todos los pasajeros, pero que una vez a salvo, acabada la crisis, las distintas circunstancias de cada uno de los pasajeros relativas a su salud, familia, fortuna, edad o educación, volvían a recobrar toda su relevancia y las prescripciones médicas particulares sobre la dieta o el colesterol quedaban de nuevo vigentes con el relieve anterior a las pasadas angustias.

De ahí el interés de las reflexiones del gobernador sobre qué va a suceder después, porque el carácter mundial de la crisis homogeneiza temporalmente las distintas economías, enmascara sus diferencias e impide advertir los deberes pendientes que subyacen para cada una de ellas. Reconozcamos que nadie se ha librado de la crisis, tampoco aquellos que actuaron prudentemente sin endeudarse en exceso ni deteriorar su competitividad. Para los virtuosos tampoco ha habido alivio y se les ha visto también afectados por la galerna. Pero se calmará la tempestad y entonces volverán a ser relevantes las diferencias, igual que entre los pasajeros del avión antes mencionado, una vez a salvo sobre el río.

En el análisis más lúcido y mejor escrito de cuantos se hayan hecho en los últimos meses sobre la economía española, Fernández Ordóñez repasa la senda del crecimiento por la que hemos transitado desde 1985 a pesar de nuestras desventajas en términos de nivel educativo, stock de capital, tecnologías e instituciones laborales ineficientes. El gobernador, creyente en el sector privado, le atribuye un dinamismo creciente a partir de las privatizaciones hechas al 100%, lo cual considera esencial para romper la relación entre empresas y Gobiernos.

También pondera la importancia de que nuestro país consiguiera hasta 2007 avanzar notablemente en términos de equilibrio fiscal y reducción de deuda pública. Enseguida Fernández Ordóñez se pregunta cómo ha sido posible la senda del crecimiento de los últimos 23 años a pesar de ir perdiendo competitividad, con su reflejo en un abultado déficit por cuenta corriente. Al responderse, menciona el recurso a las devaluaciones y después de que fueran imposibles con la entrada en el euro, la estabilidad y el margen de flexibilidad notable que ha introducido la inmigración en la economía española. Pero, sobre todo, desde 1999 resalta el aumento extraordinario del endeudamiento de las familias y las empresas, que ha permitido un crecimiento de nuestra demanda interna a doble velocidad que el de la UE.

Claro que el endeudamiento no puede crecer, ni tampoco caben devaluaciones, de modo que la nueva salida hay que buscarla en la mejora de nuestra productividad a través de las reformas en numerosos campos. El gobernador fue muy prudente en particular por lo que se refiere a las de las instituciones laborales y dio cuenta de algunos hallazgos de los investigadores del Banco de España. Adujo el interés de los modelos austriaco y danés, descartó el despido libre y subrayó que sin una conciencia generalizada sobre el perjuicio de las actuales inercias del sistema será imposible emprender su reforma. Todo inútil, los periodistas dieron en atribuir fantasías a Fernández Ordóñez y al gobernador le llovían felicitaciones y denuestos por lo que no había dicho. Cualquier intento de salir a dar aclaraciones hubiera derivado en agravamiento. Volvamos al estribillo: al pasar la barca…

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

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Golfos apandadores, de Miguel Ángel Aguilar en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 17 febrero, 2009

El poder, todo poder, genera un magnetismo que atrae merodeadores y descuideros, especializados en facilitar la vida de quienes se encuentran en la cúspide, abstraídos en afanes de servicio público y sin tiempo de atender los propios asuntos domésticos cotidianos. Porque los titulares del poder tienen hijos que escolarizar, parientes que colocar. Necesitan encontrar una residencia donde pasar las vacaciones, deben preparar la vivienda que les acoja cuando dejen sus responsabilidades y hayan de abandonar sus residencias oficiales y así sucesivamente. Además, los reglamentos administrativos con los que se manejan los fondos públicos son muy estrictos y las urgencias se compadecen mal con los plazos y condiciones exigidos. Esa es la brecha por la que se introducen los especialistas en resolver.

Por eso, alrededor de todos los presidentes del Gobierno, de las autonomías, de los alcaldes, de los cardenales del sacro colegio, de los obispos o de los presidentes de los clubes de fútbol, pululan esta clase de especialistas a los que se piden resultados sin entrar casi nunca en detalles sobre los procedimientos. La eficacia se sobrepone a cualquier otra valoración, porque debajo de los oropeles subyacen las necesidades inmediatas. Estos activistas, fuera del organigrama de las Administraciones, de la jerarquía eclesiástica o de las sociedades deportivas, aparecen revestidos del desinterés pero enseguida buscan compensaciones interesadas. Exhiben la cercanía del poderoso para agilizar sus negocios y se ofrecen como vía rápida de acceso a los mismos. Esta peculiar dinámica en absoluto es exclusiva de una coloración política o teológica, crece por todas partes y todos se la tendrían que hacer mirar.

Su descripción puede consultarse en dos libros básicos: El arte de medrar. Manual del trepador, de Maurice Joly (Galaxia Gutenberg, 2002) y Diccionario razonado de vicios, pecados y enfermedades morales, de Jorge Vigil Rubio (Alianza Editorial, 1999). Escribe Joly que se tiende a creer que los cargos encumbrados dependen de grandes talentos, lo mismo que se atribuyen grandes causas a los acontecimientos y que un pueblo que no tuviese esa ilusión sería ingobernable. Pero, enseguida, añade que es sencillamente imposible y contra natura que el mérito personal desempeñe un papel siquiera secundario en los conflictos de la ambición y que salta a la vista de cualquiera que es la ley de las simpatías y no la de las capacidades lo que hace que los hombres se presten o se nieguen ayuda. Sostiene que los hombres que necesitan a los demás sólo tienen un medio de utilizarlos para su interés: gustarles. Esto basta, escribe, para explicar en todas las latitudes y en todas las épocas el éxito de la mediocridad.

Por su parte, Vigil Rubio cita a Sloterdij en su Crítica de la razón cínica, donde sostiene que, como hijos de la civilización anal, todos tenemos una relación más o menos difícil con nuestra propia mierda y que disociar nuestra conciencia de nuestra propia mierda es el efecto del amaestramiento más radical para poner todo en orden; porque de ahí deriva nuestra idea de lo que hemos de hacer a escondidas y en privado. Más adelante, Vigil nos pone en guardia frente a los ineptos entusiastas a los que considera como gente muy peligrosa. Esta gente sabe que avergonzarse de su inmoralidad es un peldaño en la escalera a cuyo final se avergonzarían también de su moralidad y por eso se resisten a dejarse invadir por la propia vergüenza y prefieren afiliarse al cinismo. Son hombres que conocen bien el arte de abandonar las causas perdidas, como ahora se está poniendo de manifiesto de manera espectacular.

Muchas estaciones anteriores a esta en la que nos encontramos, de la mano de Correa y “el bigotes”, alguien debería haber reparado en el inexplicable tren de vida de estos golfos apandadores, émulos aventajados de los protagonistas de las historias del Pato Donald. Les hubiera bastado para ello atender algunas recomendaciones elementales como las incluidas en la Cartilla del Guardia Civil fechada el 20 de diciembre de 1845, cuyo artículo 23 señala a los guardias que “para llenar cumplidamente su deber, procurarán conocer muy a fondo y tener anotados los nombres de aquellas personas que por su modo de vivir holgazán, por presentarse con lujo, sin que se les conozcan bienes de fortuna, y por sus vicios, causen sospecha en las poblaciones”. Claro que quienes cumplen ahora con la anterior definición, en lugar de infundir sospechas, suscitan admiración y reciben reverencia pública, son los famosos. Comprobamos que en estado de “naturaleza caída”, como le dice Pascal joven a Descartes en su encuentro del Teatro Español, se prefieren los atajos suculentos. Continuará.

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Los problemas de la luz se resuelven a oscuras, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Energia, Política by reggio on 13 febrero, 2009

Seguimos a vueltas con los recibos del suministro eléctrico. Las compañías han sido obligadas a facturar cada mes en lugar de hacerlo bimensualmente y además han conseguido desconcertar a los consumidores hasta el punto de que la Comisión Europea ha tomado cartas en el asunto.

Mientras, el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, competente en materia de energía, sigue adelante sus conversaciones con las compañías eléctricas para acordar la manera en que se resolverá la cantidad embalsada pendiente de pago que conocemos con el nombre de déficit tarifario, estimada en más de 17.000 millones de euros. El esquema de solución que ha trascendido incluye unas nuevas tarifas sociales, la electricidad de los pobres, a precios muy bonificados, a la que tendrán derecho quienes se encuentren por debajo de ciertos niveles de renta. Los expertos consideran que se trata de una chapuza en la que se rehúye el nuevo cálculo que debería hacerse de los costes de generación y el ajuste de lo que las eléctricas han ingresado de más como consecuencia de los llamados costes de transición a la competencia (CTC).

Una vez más queda de manifiesto el axioma de que los problemas de la luz se resuelven a oscuras. Es decir, que sólo cuando se hace la oscuridad, porque se interrumpe el fluido eléctrico y el público queda gravemente damnificado, se adoptan las decisiones de inversión que venían demorándose.

Claro que el lema de que los problemas de la luz se resuelven a oscuras también es de aplicación a la forma por completo opaca en que se establecen los acuerdos del ministerio con las compañías eléctricas, cuyas bases quedan fuera del escrutinio público. La situación raya en el absurdo porque la propia ley encomienda a la Comisión Nacional de Energía que formule unas recomendaciones sobre unas bases preceptivas que luego el Gobierno desautoriza sin modificar la norma que la CNE está forzada a aplicar. Estamos ante un mercado muy particular donde reina la confusión y la competencia brilla por su ausencia.

En efecto, sucede que nadie puede entrar a construir nuevas centrales nucleares y que sus actuales detentadores ocupan una posición de privilegio después de haber amortizado hace años sus instalaciones. Otro tanto cabe decir de las centrales hidráulicas, porque nadie puede ya proyectar nuevos embalses y las empresas que los explotan vieron prorrogadas por el Gobierno Aznar sus concesiones por 75 años adicionales.

En cuanto a las renovables, conviene saber que dependen de variables fuera de control. Ni los parques eólicos ni los huertos fotovoltaicos tienen garantizada su entrada en acción porque ni el viento puede hacerse soplar a voluntad ni el sol o los nublados están bajo nuestro control, mientras que la demanda tiene unas curvas horarias muy estrictas que ha de satisfacerse porque el consumidor en absoluto aceptaría quedar expuesto a eventualidades climáticas.

De manera que el aporte de las energías renovables, tan de agradecer por ser energías limpias y por el ahorro en gas y carbón que suponen, tienen que tener una alternativa de la misma cuantía cada vez mayor que puedan suministrar centrales obedientes, es decir, de ciclo combinado a base de gas y carbón que tomen el relevo siempre que sea necesario sin que el consumidor padezca en la recepción del suministro.

A todos nos entusiasman estas energías renovables que se presentan como el bálsamo de fierabrás y nos libran de las emisiones de CO2 o de los problemas de los residuos radiactivos pero ya han salido los paisajistas para poner sus objeciones. Nadie quiere que le falte la electricidad pero todos prefieren que esas contraindicaciones las padezcan otros.

Claro que para recibir la energía producida a distancia es preciso transportarla mediante las líneas de alta tensión, por las que el electrón viaja a la velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, y esos tendidos apoyados en torres metálicas tampoco gustan. Así que abrumados por la solidaridad instantánea del electrón y convencidos del principio de que los problemas de la luz se resuelven a oscuras, aquí tampoco se abre el debate energético pendiente. Continuará.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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Televisiones de pago y pago de televisiones, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Medios by reggio on 6 febrero, 2009

Pensábamos que las televisiones de pago eran canales privados a los que era preciso suscribirse instalando aquellos descodificadores que el inolvidado ministro de Fomento, Paco Cascos -premiado con el chirimoyo de oro en Granada cuando el chapapote ennegrecía las playas de Galicia-, quería reinventar simultáneamente a la declaración en el BOE del fútbol como asunto de interés nacional.

Pero el pago por visión, el pay per view para entendernos en castellano, se ha venido abajo con la caída de la Liga de los galácticos y la entrada en liza de La Sexta y su oferta deportiva en periodo de gratis total irresistible para el espectador doméstico, a quien una vez captado se intentará después reconducir hacia el canal de pago de TDT que se espera merecer de Moncloa.

Mientras tanto están pendientes de evaluarse los efectos sobre los establecimientos de hostelería, porque si bien la gratuidad elimina un incentivo para esos clientes deseosos de ahorrarse la compra del partido con cargo a la economía doméstica, hay otro sector afiliado al principio de que como fuera de casa en ninguna parte, para el cual es además irrenunciable el ejercicio de compartir emociones en el bar de la peña donde se concentra la hinchada.

Repetimos, pensábamos que las televisiones de pago eran los canales privados pero acabamos de descubrir que nuestro pensamiento era erróneo y que las verdaderas televisiones de pago son los canales públicos. Con la interesante diferencia de que el pago de las televisiones públicas resulta obligatorio, se carga a la cuenta de los Presupuestos Generales del Estado, de la comunidad autónoma o del municipio de que se trate, según su alcance. Es decir, que carece de la voluntariedad característica del abono libre cuyo importe sólo grava sobre quien desea suscribirse.

Ahora observamos que son los canales públicos los que hemos de pagar de nuestro bolsillo, incluso sin querer. Semejante situación es denunciada por los empresarios de las televisiones privadas, que salen al proscenio para lanzar declaraciones incandescentes, reclamando la desaparición de quienes bajo esa condición de públicos les arruinan al competir de manera ventajista acogidos a la doble financiación de las subvenciones y de la publicidad comercial.

En todo caso, que nadie espere en las líneas que siguen encontrar una apología de los canales privados, cuya ejecutoria considero más que discutible, entregados en ocasiones al ejercicio circense del más abyecto todavía, bajo el principio de todo por la audiencia, de la que se hace la interpretación más degradada. La misma que tenía aquella novelista, buena amiga mía, para quien los hombres eran como las gallinas porque aunque les echaran trigo preferían irse a la mierda. Una tendencia en la que luego se hace hincapié para otorgar los únicos certificados de calidad cuando los expertos interesados dictaminan que no hay buena o mala televisión, que sólo hay dos clases de televisión: la que tiene espectadores y la que no los tiene. O como señalaba nuestro Cuco Cerecedo: millones de moscas no pueden equivocarse cuando señalan la superioridad de la basura.

Pero que nadie suponga tampoco que aquí va a encontrarse con un ataque furibundo a los canales privados. Primero, porque han demostrado otras virtudes, como la de haber dado cierta cancha al pluralismo.

Segundo, yendo a un plano personal, porque les tengo el agradecimiento de que hayan acogido muchas veces mis colaboraciones y las tendencias suicidas en el ámbito laboral deben ser mantenidas a raya, con mayor motivo cuando se presentan situaciones de crisis agudas como sucede en el momento presente.

Tercero, porque empieza a faltar espacio disponible. Así que las líneas finales buscarán ese ten con ten entre el Evangelio y el Remy Martin, que se decía cuando los tecnócratas encabezados por Laureano López Rodó marcaban estilo y nos llevaban ‘por el desarrollismo hacia Dios’ mientras atenuaban los efectos de aquella ‘revolución pendiente’ de los falangistas auténticos,

El próximo viernes atenderemos otras cuestiones pendientes y pediremos las explicaciones que nos son debidas por los 100 millones de pérdidas al cierre del ejercicio de 2008 que calcula la corporación de RTVE, sin que contra lo previsto en la ley de la radio y televisión de titularidad estatal de 5 de junio de 2006 y en el mandato marco para esa misma corporación de 4 de diciembre de 2007 este incumplimiento acarrea las consecuencias legales anunciadas. Continuará.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

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¿Se acabó la fiesta en Davos?, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 30 enero, 2009

En España, oficialmente ya en recesión, se ha acabado la fiesta, como también se ha terminado en los países de nuestro entorno, subraya el autor. En su opinión, ha concluido asimismo en el Foro de Davos, donde muchos de sus conspicuos figurantes de antaño guardan hoy ominoso silencio

Nos están dando la vara repitiendo hasta la saciedad que en España se acabó la fiesta. Reconozcamos que aquí, como en otros muchos países, estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades dentro de una burbuja, en nuestro caso, inmobiliaria, cuya perennidad contravenía la inexorable ley de la gravedad. En el campo de los más avisados se enfrentaban dos escuelas de pensamiento, la de los que pronosticaban un aterrizaje suave y la de los que predecían otro más brusco. Al final se ha comprobado, como escribió Julio Cerón, que ‘la ley de la gravedad no es nada en comparación con lo que nos espera’. El caso es que nos gustaría vivir como vivíamos pero pudiendo, y ahí en ese pudiendo reside la dificultad.

Registremos el gran alivio producido aquí cuando por fin se ha confirmado que estamos en recesión, según dictamina con toda su autoridad el propio Banco de España. Una recesión que compartimos con quienes nos vienen dedicando sus más acerbas críticas. Porque, queridos lectores, sepamos que la fiesta también se ha terminado en los demás países de nuestro entorno. Sin que se vea por parte alguna quién puede cantar victoria o proclamarse como la venturosa excepción. Ni nuestra admirada Islandia en el océano, ni Francia con su Sarkozy y su Carla, ni el Reino Unido con sus bancos nacionalizados, ni la Italia del admirado Berlusconi y Briatore, ni Portugal, ni los Países Bajos y su ING, ni la Rusia de Putin. No hay donde poner los ojos.

Y en éstas, el calendario, que no perdona, nos traslada al Foro de Davos. La murga que nos han dado con Davos ha sido de aúpa. Una verdadera feria de las vanidades, siempre preparada para encumbrar a las figuritas más o menos inventadas de la economía, de la política, de la banca, de los medios de comunicación. Hemos aguantado más que unos buzos la sarta continuada de despropósitos para el lucimiento del pensamiento único de los liberal-nihilistas. Había que terminar con el lastre de la economía de progreso, es decir con el Estado del bienestar, al que se atribuían todas las dificultades de la Unión Europea para competir con la modernidad de Estados Unidos, siempre ejemplar en el dinamismo económico y la creación de empleo.

Pero amigos, llegaron las vacas flacas, traídas precisamente por los norteamericanos con las hipotecas subprime y las estafas de Wall Street, donde parecía residir el no va más de la regulación. Se vinieron abajo los gigantes de la banca, del coloso Greenspan no quedaron ni los cascotes y todos los analistas, empresas auditoras y agencias de rating quedaron en paños menores cuando apareció Madoff con su estafa a cuestas y todos los enanitos que a su escala iniciaban el mismo itinerario sin que nadie pusiera coto a sus abusos. Así que menos lobos Caperucita y menos papanatismo y bobaliconería admirativa hacia un supuesto modelo que hace agua por todos lados. Que esto nos haya pasado en Wall Street es el equivalente a la publicación de un número monográfico de Play Boy dando cuenta de una orgía en la Capilla Sixtina del Vaticano. Nos han faltado al respeto.

Pero volvamos al Foro de Davos, desde donde tantos nos adoctrinaron, incluido Pedro José y compañeros del más acrisolado liberalismo. Cuenta el diario Herald Tribune que este año muchos de estos conspicuos figurantes guardan un ominoso silencio. La columnista Katrin Bennhold, en su análisis de primera página, señala que la cuestión a dilucidar ahora es si el denostado welfare system europeo terminará por convertirse en el modelo del siglo XXI. Desde luego, las cuatro páginas del special report que el Herald dedica a comparar lo que algunos de los próceres con tribuna en Davos dijeron hace un año y lo que ahora apuntan son de aurora boreal. Atentos.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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Seguimientos, ‘dossiers’ y chantajes, de Miguel Ángel Aguilar en El País

Posted in Política by reggio on 27 enero, 2009

Los seguimientos que se han hecho a determinadas figuras políticas de la Comunidad de Madrid, del Ayuntamiento y de Caja Madrid parece que no hubieran sido posibles sin la colaboración de los entornos de los espiados. Quién puede conocer el número de vuelo, la fecha, el hotel, la habitación de un responsable político que viaja a Colombia, se preguntaba un ingenuo. Pues por ejemplo los escoltas que le protegen que en ocasiones pueden ser de doble uso. El trabajo de los escoltas se ha caricaturizado diciendo que es una forma de ociosidad sin descanso, según expresión acuñada en tiempos del servicio militar obligatorio, al que algunos caracterizaban también diciendo que era el lugar donde no se hacía nada pero más deprisa.

Los escoltas pueden ser miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad o también de empresas de seguridad cuando el servicio de protección se ha externalizado. Esas empresas de seguridad, que deben constituirse conforme a unas normas estrictas impuestas por el Ministerio del Interior, han proliferado de forma exponencial. Algunas de ellas sobrepasan en efectivos armados los 82.000 de la Guardia Civil. A sus filas uniformadas se han incorporado en buena proporción agentes del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil que buscan mejoras salariales sustanciosas y la manera de liberarse de la estricta disciplina y la penosidad del servicio a que venían obligados. Las tareas que pasan a cumplir son a veces iguales o más tediosas y repetitivas, pero tienen otras compensaciones. El marcaje a sus protegidos tiende a derivar en una cierta simbiosis. Acaban asumiendo tareas que no les incumben, como ayudarles con el equipaje, llevar los niños al colegio, renovarles el pasaporte, sacarles los billetes de avión o anticipar las tarjetas de embarque.

Aceptarlas son distintas maneras de merecer mayor consideración por parte del o de la protegida. A partir de ahí se han dado casos de intimidad o incluso de enamoramientos. Así, el de la reina regente Cristina de Borbón dos Sicilias con el sargento de la Guardia de Corps Agustín Muñoz, que terminó en matrimonio prolífico del que nacieron ocho hijos con la elevación del cónyuge a duque de Riansares.

Así también la princesa monegasca Estefanía vivió un idilio apasionado con su guardaespaldas, Daniel Ducruet, al que llevó hasta el altar después de tener dos hijos. Nuestra Estefanía se separó pero fue reincidente y la tuvimos con otro guardaespaldas, de nombre Jean Raymond Gottieb, que le dio un tercer vástago. A estos casos citados por su lejanía en el tiempo o en el espacio podrían añadirse otros mucho más recientes y cercanos. En el cine baste citar El guardaespaldas, un filme de Mick Jackson del año 92 protagonizado por Kevin Costner y Whitney Houston.

Los escoltas, bien por su pertenencia en activo a los cuerpos y fuerzas de seguridad o por haber servido en ellos, continúan manteniendo relaciones de trato y amistad con sus compañeros o ex compañeros y se apoyan en esas relaciones para cumplir su trabajo o incluso rebasarlo cuando es el caso. La protección contra las amenazas configura un quehacer profesional que imprime carácter. Es un campo en el que impera el compañerismo y que además ofrece facilidades colaterales. Porque las tareas policiales y de seguridad se expanden mediante sucesivos círculos concéntricos, que acaban siendo tangentes como es inevitable con la delincuencia, donde reclutan según es su deber muchos de sus mejores colaboradores, los cuales, una vez que pasan a estar más o menos incentivados, damos en llamar confidentes.

En breve, nadie mejor para hacer un seguimiento sin infundir sospechas que los propios guardaespaldas. Sus anotaciones repetidas a diario pueden parecer inservibles pero cuando menos se espera salta la excepción valiosa. Su interés se procesa más arriba, allí donde se fabrican los dossiers y los elementos para el chantaje. Siempre más contundente si ofrece perfiles sentimentales.

El objetivo es desembarazarse de un competidor, inutilizar a un rival, eliminar a un insolente, lograr la docilidad de un insubordinado. Son recursos expeditivos de los que se sirven los zapadores para allanar obstáculos a sus jefes. Pero a los jefes no debería valerles la excusa de haber sido ajenos a esas extorsiones porque han de responder también de cuanto otros sin escrúpulos hacen en su entorno. Además de los resultados deben interesarse por los procedimientos.

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Triunfalistas de la catástrofe, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 23 enero, 2009

En España la propia desgracia se vive con verdadero triunfalismo y, si es avalada por la prensa extranjera, tanto mejor, asegura el autor. En su opinión, se impone menos beatería ante los foráneos, menos ingenuidad y más conocimiento de lo que cada uno se alivia quitando competidores de en medio

Es un fenómeno admirable la fruición y el entusiasmo, el triunfalismo, que genera en España la propia desgracia. Aparece renovado el afán de hozar que el desastre presentido suscita entre nosotros, el prestigio que sirve de aureola a los fracasos hispánicos. Todavía los mayores de la clase recordarán con qué tonos épicos hablaban ante los micrófonos quienes referían las vicisitudes de nuestra peseta, cuando su cotización descendente aumentaba las probabilidades de que fuera excluida del sistema monetario europeo. Aquello parecía la retransmisión de la final de la Copa de Europa de fútbol cuando la roja se impuso a sus adversarios alemanes. Estábamos a punto de despeñarnos y nos lo contaban como si estuvieran conectando en directo con la llegada del almirante Cristóbal Colón a las Indias equivocadas del Nuevo Mundo. Daban la impresión de que los oyentes también podían colaborar con sus esfuerzos a semejante daño y esperaban de la audiencia su decidida colaboración.

Primero se reclamó del Gobierno que hincara la rodilla y pronunciara la palabra crisis. Cuando lo hizo se le recriminó el retraso. Después se exigió la adopción de medidas y se quiso hacer del caso español, inserto en el tsunami general que afecta a todas las economías, una excepción separada. El modelo de nuestros liberal-nihilistas, los Estados Unidos de América, iba sumando quiebras, intervenciones, escándalos, estafas avaladas por Wall Street, paro, caída en picado de la industria automovilística, pero para nuestros analistas el problema no era ése sino el presidente Zapatero, conminado a comparecer en el Congreso de los Diputados, como único origen de nuestras dificultades. Llegaron las cifras del desempleo y estalló una ola de celebraciones. Por fin alcanzábamos una cifra récord a la que se añadían vaticinios de sucesivos empeoramientos. Cualquier intento de situar la realidad española en el contexto de la economía mundial era recibido con gritos de tongo.

Como en los antiguos vagones de la Renfe, quedaba prohibido asomarse al exterior. Sólo valía extasiarse con las informaciones o columnas aparecidas en la prensa extranjera cuando sus referencias a la economía española eran críticas o desfavorables en sus pronósticos. Ningún análisis sobre su procedencia o sus particulares intereses era aceptado. Volvíamos a las actitudes de los tiempos de la censura y las consignas cuando la prensa extranjera era la única ante la que la dictadura se sentía emplazada. Porque si bien el preámbulo de los Principios Fundamentales del Movimiento empezaba afirmando: ‘Yo, Francisco Franco, caudillo de España, responsable ante Dios y ante la Historia’, en la práctica el autócrata acababa respondiendo también ante la prensa extranjera, habida cuenta de que la de aquí permanecía amordazada y sólo expresaba mugidos de adhesión, sin los cuales su existencia se hacía imposible, como se comprobó con el cierre del diario Madrid en fecha tan distante de los avatares bélicos como el 25 de noviembre de 1971.

Todavía en días muy recientes la decisión de rebajar la calificación de nuestra deuda pública que anunció Standard & Poor’s fue recibida con indecible alborozo e incorporada a los argumentarios del Partido Popular que sirven de estribo a los tertulianos más adictos. Todo ello como si las agencias de calificación, después del espectáculo que han dado con su comportamiento errático y mercenario, fueran una referencia válida y estuvieran en condiciones de pedir cuentas en vez de obligadas a darlas ante todos aquellos que les ofrecieron confianza y fueron llevados al precipicio, donde vieron evaporadas sus inversiones en papeles envueltos en triple A. Nos quieren vender la mula ciega como si estas calificaciones fueran dictadas por los santos inocentes en lugar de estar trufadas de intereses opacos que los periodistas deberían empeñarse en explicitar.

Por eso un buen amigo periodista explicaba en el programa Hora 25 de la Cadena SER, que dirige Àngels Barceló, cómo en los antiguos exámenes de ingreso de la Escuela de Arquitectura, cuando llegaba la prueba del dibujo lavado, prolongada en sesiones a lo largo de varias jornadas, si alguno de los examinandos sufría un percance al principio intentaba avivarse para recomenzar en un nuevo pliego de papel Guarro, pero si el accidente sucedía sin tiempo útil para recomenzar, en el aula se escuchaba el grito unánime de ‘¡uno menos!’, expresión del general alivio porque los que habían de ingresar eran numerus clausus. Así que menos beatería ante los foráneos, menos ingenuidad y más conocimiento del terreno y de lo que cada uno se alivia quitando competidores de en medio. Vale.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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La reconstrucción es cosa de la Unión Europea, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Internacional, Política by reggio on 16 enero, 2009

La UE está entregada en Palestina a emular el mito de Sísifo en versión bélica, asegura el autor. Primero se produce el arrasamiento de las infraestructuras para aparecer luego, con el alto el fuego, los agentes de la reconstrucción, que son sobre todo europeos, con la convocatoria de una nueva conferencia de donantes

Escribe Isabel Kershner en la primera página del Herald Tribune de ayer que con cada bomba lanzada por Israel sobre la franja de Gaza el apoyo a Hamás crece. Como decía ayer un periodista amigo en su telegrama para el informativo Hora 14 de la Cadena SER, el primer ministro israelí Ehud Olmert se siente urgido a completar el trabajo de destrucción y a redondear la cifra de muertos, disparando a mansalva sin respeto al horario, ni a las costumbres, ni a las instalaciones de Naciones Unidas, bombardeadas otra vez en Gaza. Señala que se trata de un oficio de tinieblas con una oscuridad informativa asegurada al vetar el acceso de los periodistas y ahorrarse testigos incómodos hasta que reine la paz de las ruinas y los cementerios. Entonces comenzarán las tareas de reconstrucción y aparecerá la Unión Europea.

En Palestina estamos entregados a emular el mito de Sísifo en versión bélica. Primero se produce el arrasamiento de las infraestructuras que canalizan el agua, el gas, la electricidad y que hacen posible el transporte de viajeros y mercancías, así como las viviendas. Porque tras la dinamita sólo subsisten los sistemas clandestinos de aprovisionamiento de armas y misiles que la artillería ha sido incapaz de obturar o que han sido rehabilitados con presteza por los combatientes.

Luego se logra un alto el fuego y aparecen los agentes de la reconstrucción, por supuesto europeos, con una inmensa tarea por delante. Hay que levantar de nuevo las viviendas, el alcantarillado, las canalizaciones para el agua, el tendido eléctrico, las carreteras, las escuelas, los hospitales, las comisarías de policía, las instalaciones de Naciones Unidas, los edificios de la Autoridad Nacional Palestina, las mezquitas y todo lo demás.

Para ello se habla de nuevo de convocar una conferencia de donantes primordialmente europeos. La última vez que una conferencia así se celebró tuvo lugar en París en diciembre de 2007. Allí se acordó entregar 5.154 millones de euros a los palestinos para financiar el plan de reconstrucción durante los tres años siguientes, según informó el ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner. La cifra superaba la petición de los palestinos, que estaba cifrada en 3.800 millones de euros. Aquella conferencia trataba de recaudar fondos para ‘evitar una catástrofe total en los territorios’, según declaró el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, e impulsar la creación de un Estado palestino conforme fue establecido en la Conferencia de Anápolis un mes antes, en noviembre de 2007, y que debería estar en funcionamiento antes de 2009. Propósitos dinamitados como estamos viendo estos días.

El diario El País, al dar cuenta de la Conferencia de París, mencionaba que el primer escollo surgido entonces era el anuncio israelí de ampliar una de las colonias de Cisjordania. Añadía que los esfuerzos de recaudación serían inútiles en ausencia de medidas israelíes para facilitar la vida de los palestinos, ‘ahogados por el embargo económico y encerrados en los territorios siempre rodeados de controles militares que les impiden salir a sus trabajos, a sus campos, vender sus productos o incluso ir a la escuela o a la universidad’ y que esta situación era ‘especialmente grave en Gaza, desde que fue conquistada violentamente por Hamás en junio de 2007’.

Todas esas ayudas para la reconstrucción han quedado ahora pulverizadas y estamos a la espera de las últimas ruinas para volver a empezar. España era ya el segundo país europeo por importancia de sus donaciones. En el año 2004 nuestro país donó 15,24 millones de euros; en 2005, fueron 31,5; en 2006, llegamos a los 46,8 millones, y en 2007, el montante alcanzó los 60 millones. Para el trienio 2008-2011 el compromiso estaba cifrado en 240 millones de euros. Todo ha sido pasto para la artillería y la aviación israelí. Habrá que darse mucha prisa en reconstruir porque la próxima sacudida bélica empezará a planearse en cuanto ésta termine.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

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La realidad como resultado, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Laboral by reggio on 9 enero, 2009

La crisis agrava el desempleo. Los datos de paro registrado y afiliación en 2008 han confirmado los peores pronósticos sobre la evolución del mercado laboral español, que suma ya 3,1 millones de desempleados. Los autores analizan la evolución de dichas cifras, así como lo que cabe esperar para este año.

Volvemos al viejo profesor Enrique Tierno Galván y a su libro La realidad como resultado, en este caso la realidad del paro. Así que el desempleo, en lugar de aparecer como sorpresa, debería ser visto como una consecuencia previsible. Veamos además que se trata de una realidad creciente a tenor de los registros del conjunto de servicios de empleo correspondientes al mes de diciembre que recogen un incremento de 139.694 personas (4,6%) respecto al mes anterior y sitúan la cifra total en 3.128.963 desempleados. Se confirma así que el paro, más que una cifra, es un proceso, una tendencia acusada que todavía empeorará en los primeros meses de 2009.

Sabios profesores y expertos se aplicarán al análisis pormenorizado en estas mismas páginas con referencia a los términos interanuales, la incidencia por sectores de actividad, por sexos, por franjas de edad, sobre la población inmigrante o por comunidades autónomas. También discriminarán los nuevos contratos que hayan tenido lugar según su naturaleza de carácter fijo, fijo discontinuo, a tiempo parcial o temporal. Establecerán ratios sobre la población activa que se ha multiplicado en las últimas décadas. Compararán el paro en España y su evolución con la de otros países de nuestro entorno, en particular con los socios de la Unión Europea y Estados Unidos. Otros se adentrarán en la influencia estacional así como en las garantías establecidas para la protección por desempleo. Fijarán sus repercusiones sobre el gasto en los Presupuestos Generales del Estado y el déficit fiscal.

Las líneas que siguen se limitan a consideraciones elementales conforme a tres aproximaciones del mayor interés. Las formuladas por David Anisi en su libro Creadores de escasez y las de Richard Sennett en La cultura del nuevo capitalismo y John Kenneth Galbraith en La economía del fraude inocente. Explica Anisi las consecuencias que derivan del principio según el cual sólo existen derechos económicos derivados de la propiedad y el prestigio que se asocia a la escasez. Como escribe Rafael Sánchez Ferlosio en el apéndice de su libro God & Gun a propósito del hecho de que habiendo cada día en el mundo más ‘creación de riqueza’ no acabe de verse disminuir de modo relevante el hambre de las gentes en los países que la sufren, el caso es que hay un antagonismo irreductible entre lo que se llama creación de riqueza y el remedio de las carencias vitales, o sea entre los valores y los bienes. En su argumentación aduce algo tan conocido como la destrucción material de los excedentes, de modo que la destrucción de una parte de la producción salva el valor de la no destruida.

Para Sennett la fragmentación de las grandes instituciones ha dejado en estado fragmentario la vida de mucha gente y los lugares en los que trabajan se asemejan más a estaciones de ferrocarril que a pueblos, la vida familiar ha quedado perturbada por las exigencias del trabajo y la migración se ha convertido en el icono de la era global con más movimiento que asentamiento. El desmantelamiento de las instituciones no ha producido más comunidad. En definitiva, la generación de nueva riqueza está conectada a la desarticulación de las rígidas burocracias gubernamentales y empresariales y el crecimiento se paga en términos de mayor desigualdad económica y mayor inestabilidad social. De ahí los tres desafíos a que debe hacer frente el hombre moderno. El primero, el tiempo, porque el individuo se ve obligado a improvisar el curso de su vida; el segundo dice relación al talento porque los trabajadores necesitan reciclarse a razón de un promedio de entre cada ocho y doce años, con una idea de meritocracia que celebra más la habilidad potencial que los logros del pasado, y el tercero se refiere a la renuncia, es decir a cómo desprenderse del pasado porque el servicio prestado no garantiza al empleado la continuidad en la institución.

Luego aparece Galbraith para subrayar que las causas de los malos resultados corporativos son conocidas e invariablemente las mismas: las fuerzas impersonales del mercado, la ausencia de controles públicos, el simple robo. Y que el remedio es universal: las reducciones enérgicas de plantilla, el despido de los que tienen menor responsabilidad en los resultados. De modo que cuanto mayor sea el número de trabajadores despedidos, mejores serán las perspectivas financieras de la empresa. Por ahí llegamos al prestigio empresarial medido en términos de empleos suprimidos. Pero nos dicen que en el 2009 volverá a reír la primavera. Veremos.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista.

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La Unión Europea que nos espera, de Miguel Ángel Aguilar en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 6 enero, 2009

El Consejo de Ministros del próximo viernes día 16 abordará el programa de la presidencia española de la Unión Europea que nos corresponde el primer semestre de 2010. Ahora, concluida la presidencia francesa que tanto ha movido Nicolás Sarkozy, acaba de empezar el turno del checo Vaclav Klaus, y debemos prepararnos a padecer. Ya en las vísperas de estrenarse tuvo la delicadeza de grabar la entrevista que mantuvo en el Castillo de Praga con el presidente y otros dirigentes del Parlamento Europeo. Enseguida ha procedido a retirar la bandera de la Unión Europea de todas las instituciones públicas de su país. Desde entonces, todas sus manifestaciones han ido en la dirección del euroescepticismo.

Recordemos que las instituciones no permanecen inalteradas con el paso de las personas que pueden añadir o sustraer valor a las mismas. La monarquía española registró la diferencia entre Carlos III, Carlos IV o el felón de Fernando VII. La presidencia del Gobierno acusó las diferencias entre Adolfo Suárez, Felipe González o José María Aznar y tampoco la Guardia Civil resistió impasible los latrocinios de Luis Roldán. Al Reino Unido le añadió valor la premier Margarita Thatcher; a la República Federal de Alemania, el canciller Helmut Schmidt y a Austria, Bruno Kreisky. En sentido contrario, puede señalarse a John Major, a Kurt Waldheim o a Silvio Berlusconi. Sus países les sobreviven pero dejan la marca de la erosión causada.

Así sucede también en la Unión Europea, donde la presidencia de algunos líderes ha sido un activador que ha brindado posibilidades a la Unión de funcionar como un actor decisivo en la escena internacional y de aportar iniciativas relevantes frente a la actual crisis económica. Nuestro checo de ahora mismo se presenta desde el inicio de sus responsabilidades en el polo opuesto. Se prefigura como una penosa pérdida de tiempo en un semestre que se inaugura atizado por graves problemas como la guerra de los israelíes en Gaza, los desastres de Irak y Afganistán, las estafas de Wall Street o la vulnerabilidad del abastecimiento de energía. Cuestiones que a todos convendría enfrentar con más Europa y que reclaman para ello la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, pendiente aún del nuevo referéndum irlandés y de la ratificación última de Polonia y Chequia, que andan empeñadas todavía en la martingala de posponer su última firma a la decisión de Dublín, cuando tanto contribuiría que la anticiparan para favorecer el voto de los irlandeses.

Sabemos que ni el fervor, ni el entusiasmo, ni el crecimiento económico siguen la curva del progreso indefinido en contra de lo proclamado por Cristóbal Montoro en sus tiempos de ministro de Economía, cuando declaró abolidos los ciclos de vacas gordas y vacas flacas, que aparecían en los sueños del faraón y fueron interpretados con tanto acierto por José, servidor de su casa.

Pero cuánta diferencia entre las actitudes de España y Portugal, al adherirse el 1 de enero de 1986 a las Comunidades Europeas, y las de Chequia y Polonia cuando llegaron en 2004 a la UE. Los países ibéricos, dieron un mentís a los recelos, se convirtieron en locomotoras del nuevo europeísmo, se apuntaron a todos los proyectos, colaboraron en todos los tratados, formaron parte de todas las cooperaciones reforzadas, cumplieron todos los criterios para incorporarse a la moneda única, propusieron iniciativas valiosas, como la de los fondos de cohesión o la ciudadanía europea, y supieron emplear con eficiencia las ayudas recibidas en aras de un desarrollo ejemplar en la construcción de infraestructuras, en la transformación de la industria subsidiada en otra competitiva o en la modernización de la agricultura. En definitiva, la adhesión, sobre todo la de España, ha sido una historia de éxito, que ha merecido admiración frente a la inercia inexplicable advertida en cualquier pasada por Grecia o por Sicilia.

En Chequia y en Polonia hubo desencanto desde la primera hora de su incorporación a la Unión Europea, cultivo de desconfianzas, alineamientos preferentes con Washington en detrimento de Bruselas, entreguismo a los intereses norteamericanos para la instalación de radares y misiles sin validez estratégica y pura señal de sometimiento político.

La nueva sombra rusa, de Putin en adelante, les ha devuelto el miedo a las incertidumbres. Después de Praga, el segundo semestre de 2009 será la presidencia sueca y el 1 de enero de 2010 llegará el presidente Zapatero, al que le habría nacido una nueva pasión internacional, que ayer parecía desmentida con la cancelación de la visita a Siria. Atentos.

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Ni uno más en Afganistán, de Miguel Ángel Aguilar en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 30 diciembre, 2008

Llegan las Navidades y demás fiestas conexas como Año Nuevo y Reyes. Se desencadena un movimiento sísmico de reagrupación familiar, acorde con aquel empadronamiento decretado por César Augusto del que habla Lucas en el capítulo segundo de su evangelio. Pero la fuerza centrípeta polarizada en la familia, subraya también la visibilidad de los distantes y de los desarraigados. Entre los primeros siempre hay un recuerdo encabezado por el Rey para quienes deben anteponer el cumplimiento del servicio que el país les ha encomendado. Es el caso de las fuerzas militares, con especial acento en las que se encuentran a mayor distancia o enfrentadas a mayores riesgos. Por ejemplo, las destacadas en Afganistán dentro de la misión de ISAF.

Sobre su número fue interrogado el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, durante la conferencia de prensa que ofreció el pasado viernes en La Moncloa para trazar un balance del año. El periodista Fernando Jáuregui sugería haber detectado una contradicción entre las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, según las cuales “ni un soldado más iría a Afganistán” y otras posteriores de la ministra de Defensa, Carme Chacón, sobre “un aumento de tropas en misiones en el exterior en un 140%”, para las que el colega imaginaba un posible destino en Afganistán. Además, quería saber si el cambio en las declaraciones ministeriales obedecía a sugerencias procedentes de la nueva Administración norteamericana.

La respuesta del presidente Zapatero huyó esta vez de las vaguedades sinuosas para cristalizar con las aristas propias del sistema regular y el respeto al escarnecido principio de contradicción. Aclaró que la ministra de Defensa había explicado cómo, por aplicación de la Ley Orgánica de la Defensa, había perdido sentido establecer un tope anual en el número de efectivos militares asignados a las misiones en el exterior. En realidad ese tope, fijado en 3.000 por iniciativa del primer Gobierno socialista de Zapatero, carecía de sentido porque el número de cada uno de los contingentes destacados en los diferentes países debe determinarse de un lado en función de los compromisos aceptados con Naciones Unidas y con nuestros aliados y, de otro, según la masa crítica que sea preciso desplegar para cubrir las necesidades y garantizar la eficacia de quienes están sobre el terreno.

Además, por primera vez desde que el presidente Aznar procediera a la abolición improvisada y chapucera del servicio militar obligatorio y se incurriera en la plena profesionalización de las Fuerzas Armadas, se ha pasado del déficit de aspirantes respecto a las plazas ofertadas de tropa y marinería a más de cuatro candidatos por cada puesto. A partir del ministro Eduardo Serra en adelante había sido imposible reclutar la cifra fijada en el llamado objetivo de fuerza conjunto. Apenas se lograba alistar al 70% de los previstos y eso pese a las rebajas sucesivas de las condiciones de estudios, de las aptitudes físicas y del cociente intelectual y al incremento de la edad máxima aceptada para incorporarse o permanecer en filas.

Pero volvamos a la comparecencia ante la prensa del presidente del Gobierno para dejar constancia de su pronunciamiento en torno a la previsión de incremento de las tropas españolas en Afganistán, del que se venía hablando con insistencia. Zapatero dijo, de entrada, que no. Añadió que “nuestro compromiso está muy medido en lo que debemos y podemos aportar” y concluyó que, desde luego, “la posición del Gobierno no es favorable al incremento de las tropas españolas en Afganistán”. De manera que quienes apostaban por la continuidad del síndrome compensatorio, que se le atribuye a partir de aquella decisión súbita de retirada de nuestras fuerzas militares en Irak nada más asumir la presidencia, deberán proponer otra clase de expiaciones si es que todavía las consideran necesarias.

En el plano de los compromisos inmediatos respecto al envío de tropas al exterior, Zapatero sólo reconoció Somalia a propósito de la operación de protección de los pesqueros, también españoles, que faenan en las aguas del Índico. Una operación que en su día fue reclamada por España y que promueve la Unión Europea con el respaldo de Naciones Unidas, y en cuyo despliegue participamos coligados con otros países.

En resumen, sabemos que el presidente Obama se inclina por la retirada progresiva de las fuerzas en Irak bajo un calendario acordado y por intensificar al mismo tiempo la presencia militar en Afganistán de Estados Unidos y de sus aliados. La actitud de Zapatero ya ha sido anticipada de manera contundente. Continuará.

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Al campo a trabajar, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Política by reggio on 19 diciembre, 2008

Heigh-ho, heigh-ho al campo a trabajar’ rezaba el estribillo, que cantaban los enanitos de Blancanieves en la película de Walt Disney, a quien en mérito por el conjunto de su filmografía alguna vez llegó a tildar como el mayor corruptor de menores nuestro Rafael Sánchez Ferlosio. La escena de los enanitos cantores marchando por el bosque venía a confirmar el papel que desempeñan los cánticos para templar los ánimos. Porque siempre han servido de preparación y acompañamiento ritual para propiciarnos el favor de los dioses, enardecer a los soldados antes de la batalla -recordemos cómo en la de Salamina el canto del Pean invirtió las expectativas en favor de los griegos pese a encontrarse en grave inferioridad de condiciones frente a los persas- o soportar las penalidades del trabajo, como era el caso de los enanitos del cuento o el de los prisioneros británicos en El puente sobre el río Kwait con Alec Guiness de protagonista.

El soniquete de ‘al campo a trabajar’ nos llegaba impregnado de recuerdos ancestrales sobre la dureza de las faenas agropecuarias. De sol a sol, sin descansos ni vacaciones, porque cada jornada hay que aviar al ganado, proceder al ordeño si es el caso, sembrar justo en los días propicios y recoger sin demora las cosechas siempre en peligro por las adversidades de la meteorología y así sucesivamente. Las penosidades del trabajo, traían causa última de la maldición aquella de ‘ganarás el pan con el sudor de tu frente’, dictada por el Señor al expulsar de aquel parque temático jamás igualado que era el Paraíso a nuestro primer padre por desobediencia. Cabe imaginar la expresión atónita de Adán, a quien le hablaban del pan muchos siglos antes de que alguien empezara a amasarlo. A menos que debamos trascender de la literalidad de la palabra pan referida en la letra del Génesis para entenderla, según la recomendación de los exégetas autorizados, como figura literaria de otra dieta alimenticia disponible cuando entonces, a base por ejemplo de manzanas, cordero o trucha salvaje, sin crianzas en granjas o piscifactorías.

Luego surgió la sindicación de los proletarios como instrumento para mejorar las condiciones en que vendían su fuerza de trabajo. A partir de ahí se establecieron límites en la contratación, en los horarios laborales, se fijaron periodos de vacaciones, remuneraciones regladas, sistemas de protección social frente a la enfermedad y al paro y pensiones de jubilación. Todas estas normas fueron aceleradas en Europa como compensación ineludible a los trabajadores, a quienes se había apelado desde los Gobiernos para que antepusieran sus deberes con la Nación a los muy sentidos derivados de su posición en la escala social.

Los trabajadores acudieron a la defensa a la que se les convocaba, dieron o arriesgaron sus vidas y cuando llegó la desmovilización se sentían acreedores a unas compensaciones que era imposible negarles. Así que el modelo europeo de protección social es el resultado de un proceso histórico y no ha surgido como un invento en el vacío del laboratorio. Vinieron luego los liberal-nihilistas acompañados de los Chicago-boys y de los neocons con el intento de impugnar esos logros presentándolos como lastres para la competitividad y el progreso. Dijeron que se trataba de ‘antiguallas’ sin sentido y Europa empezó a dudar de si misma y a emular el sistema ultraliberal americano presentado como horizonte de todos los avances.

Nuestros libertadores, avanzaron entre otras propuestas la de elevar el límite del tiempo de trabajo semanal de las 48 horas actuales a las 65. La iniciativa venía impulsada por el Gobierno laborista del Reino Unido, siempre propenso a dar a los obreros su merecido, y fue secundada por los otros Gobiernos acomplejados de la Unión Europea, pero el miércoles resultó derrotada en el Parlamento Europeo en abierta rebelión democrática. Al eurodiputado socialista español Alejandro Cercas se le atribuye ser artífice de esa derrota que da la victoria a los trabajadores. El Europarlamento merece la pena y habrá que acudir a las elecciones de junio para su renovación.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

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