Reggio’s Weblog

El triunfo del cambio, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 2 marzo, 2009

A FONDO: VUELCO ELECTORAL

Triunfó el cambio. En Galicia y en el País Vasco. Los nacionalistas salen derrotados en una jornada histórica que permitirá, por primera vez en democracia, establecer un gobierno no controlado por el PNV en Euskadi.

El triunfo del PP en Galicia y, en menor medida, la resistencia de Antonio Basagoiti en el País Vasco (donde el PP obtiene 13 escaños) suponen un balón de oxígeno para Mariano Rajoy, que ha revalidado con estos resultados su triunfo en el congreso de Valencia. El líder del PP encara ahora las elecciones europeas con moral de triunfo y se quita de encima las especulaciones sobre su futuro a corto plazo.

Si alguien pensó que el caso Gürtel, la investigación sobre una supuesta trama de corrupción en el PP, iba a ser la puntilla para el principal partido de la oposición, ha errado el tiro.Los electores no han castigado a Rajoy porque la instrucción de Garzón y la falta de ética de Bermejo han pesado más que las sospechas sobre la financiación irregular de su partido. Zapatero no sólo ha tenido que destituir a su ministro de Justicia, sino que no ha obtenido ninguna rentabilidad política del acoso judicial al principal partido de la oposición.

Sin embargo, lo que sí parece que ha pesado, y mucho, sobre todo en Galicia, ha sido la crisis económica. Estas han sido las primeras elecciones en las que los ciudadanos han podido calificar con su voto la gestión económica del Gobierno. El fuerte aumento del paro y la sensación de que las medidas adoptadas por Zapatero no han servido de mucho, han llevado a los electores a castigar a un PSOE que se veía como triunfador en Galicia hace tan sólo unas semanas.

Lo que ha ocurrido en el País Vasco merece un análisis detenido.Eran los primeros comicios en los que no había ningún partido filial de ETA. En el Parlamento vasco hay todavía nueve representantes de EHAK (Partido Comunista de las Tierras Vascas), ilegalizado por el Tribunal Supremo y que pudo pasar el filtro de la legalidad hace cuatro años gracias a que el Gobierno tenía ya previsto iniciar negociaciones con ETA.

No se sabía qué podía ocurrir con ese caudal de votos. Ibarretxe ha hecho su campaña pensando en pro ahijar en el PNV a los huérfanos de Batasuna. El PNV obtuvo 29 escaños en 2005. Con que sólo la mitad de los votantes radicales hubiera decidido apoyar a Ibarretxe como voto útil, el lehendakari habría salvado los muebles. Es decir, habría podido formar gobierno en coalición con EA-EB y, eventualmente, con Aralar (por cierto, uno de los grandes triunfadores de la noche, porque Patxi Zabaleta sí que ha sabido encandilar al voto proetarra).

Sin embargo, eso no ha sido posible. A pesar de que el PNV ha apelado al voto del miedo; a pesar de que sus bases se han movilizado febrilmente a lo largo y ancho de todo el País Vasco, especialmente en Vizcaya; a pesar de la fuerte ofensiva mediática, los nacionalistas no han conseguido su objetivo: lograr al menos 38 escaños.

Esta ha sido la mejor demostración de que lo que la Euskal Herria que tiene Ibarretxe en su cabeza tiene poco que ver con la realidad del País Vasco. Después de casi 30 años ininterrumpidos de gobierno, después de tres décadas de clientelismo político, los nacionalistas no han conseguido lograr su sueño más querido: conformar una sociedad adicta a sus postulados, uniforme y recelosa de España.

Los no nacionalistas han ganado por fin. Felicidades para el PSE, para Patxi López y, por qué no, para Zapatero, que ha diseñado una estrategia que ha dado sus frutos con el tiempo.

El PP al que muchos auguraban una dura derrota, tras la crisis interna que supuso la salida de su figura más carismática, María San Gil, ha resistido bastante bien las embestidas de sus contrincantes.Basagoiti ha salido consolidado de estos comicios, a pesar de no ser un dirigente con suficiente fuerza y experiencia como hubieran requerido los retos a los que se enfrenta la comunidad autónoma más conflictiva de España.

También hay que felicitar a Rosa Díez y a su partido, UPyD, que ha logrado un valioso escaño que puede ser fundamental para el gobierno del País Vasco. De todas formas, sea o no el escaño que proporcione ese número mágico de 38, su posición va ser muy importante de cara al futuro. Ya se ha visto cómo Díez sabe sacarle jugo a su escaño en el Parlamento español. Sin duda, la opinión de UPyD será esencial para el diseño de la nueva mayoría que debe gobernar Euskadi.

Patxi López y Zapatero tienen ahora una enorme responsabilidad.Pueden obrar un cambio histórico para Euskadi. ¿Se atreverá el PSE a conformar una mayoría sin el PNV?

El PSE puede intentar gobernar con los nacionalistas, pero con López como lehendakari, lo que significaría que Ibarretxe perdería el poder en favor de las posiciones más templadas de Urkullu, el presidente del partido.

Si esa opción cuaja, lo importante serán las políticas a aplicar a partir de entonces. Sin duda, el plan Ibarretxe ha pasado a mejor vida, pero ¿y el proyecto nacionalista que pasa por establecer una educación plenamente en euskara?

Mandar al PNV a la oposición tal vez sería la mejor medicina para desterrar el proyecto independentista que ha querido poner en marcha Ibarretxe con el apoyo de los partidos afines a ETA.

La mayoría absoluta del PP en Galicia tiene un primer nombre propio: Núñez Feijóo. El líder gallego del PP reaccionó muy bien al principio de la campaña cuando echó al candidato Luis Carrera, que se había olvidado de declarar unos ingresos en un paraíso fiscal. Después, ha peleado hasta el último minuto, castigando a Touriño no sólo por los supuestos casos de despilfarro, sino, sobre todo, por la crisis económica.

Rajoy sabía que se jugaba su futuro en Galicia y ha echado el resto. El acoso contra el partido, con su epicentro en la Audiencia Nacional y con la colaboración inestimable del ministro del Interior, ha acallado las voces internas que cuestionaban su liderazgo dentro del partido y, por contra, ha logrado lo que parecía imposible hace tan sólo una semanas: la unidad.

Al PSdeG no sólo le ha hecho daño la crisis, sino su alianza con el BNG. Muchos votantes socialistas no entienden cómo Touriño se ha dejado llevar al huerto por las posiciones nacionalistas de Quintana en asuntos tan sensibles como la lengua.

Al PSdeG le ha salido muy caro su matrimonio con los nacionalistas, y esa es una lección que debe servirle al PSOE para toda España.A pesar de que Zapatero hizo todo lo posible por lograr revalidar el éxito del bipartito en Galicia, cambiando incluso su agenda, sus esfuerzos fueron en vano.

El PP ha demostrado que Fraga no era necesario para recuperar Galicia. Un mensaje moderado y moderno, de cambio, ha sido suficiente para desalojar a un gobierno cuya cuenta de resultados ha sido más bien escasa.

Los que pensaban que la abstención favorecía al PP y la elevada participación era la garantía del triunfo de la izquierda en Galicia, se han equivocado. Con más del 70% de participación, el triunfo del PP no ha sido sólo claro por el porcentaje, sino también por el número de ciudadanos que lo han propiciado.

En fin, bienvenido sea el cambio en Galicia y, sobre todo, en el País Vasco.

© Mundinteractivos, S.A.

Bermejo, solo, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 24 febrero, 2009

A FONDO

No estaba previsto que Bermejo acudiera ayer a Moncloa. Es decir, no estaba previsto que se marchara justo seis días antes de las elecciones en Galicia y País Vasco.

El ministro de Justicia y el presidente del Gobierno, reconocen en Moncloa, habían hablado varias veces en los últimos días a cuenta de la cacería con Garzón y de los sucesivos traspiés que le habían convertido en la mejor arma del PP para defenderse de las acusaciones de corrupción.

El jueves, dicen las fuentes oficiales, Bermejo le ofreció su dimisión a Zapatero. Pero éste le pidió que continuase. No era el momento de hacer una crisis. Bermejo sabía que él estaba en la lista negra de cara a una próxima remodelación del Gobierno, que el presidente pensaba hacer dentro de unos meses.

Sin embargo, los acontecimientos se precipitaron. Patxi López, en una entrevista en este periódico, le dejó a los pies de los caballos: «A ningún socialista le gusta la cacería de Bermejo».Por si eso fuera poco, el presidente del Congreso, José Bono, remachó en Onda Cero: «Yo creo que Patxi López ha dicho lo que piensa la mayoría».

Bermejo, que es capaz de aguantar cualquier ataque del PP o de los medios de comunicación a los que considera hostiles, no soporta que los suyos no le apoyen. Ayer, en Moncloa, se lo hizo saber al presidente del Gobierno. Era la gota que colmaba el vaso.Su «ya no aguanto más».

Y Zapatero hizo de la necesidad virtud. Aunque la salida de Bermejo le trastoca sus planes, aunque no le viene bien en el sprint final de dos elecciones en las que el PSOE se juega mucho, le aceptó la dimisión al ministro. Las fuentes oficiales la santificaron: «El presidente no toma decisiones en función de intereses electorales, sino en función del buen funcionamiento del Gobierno».

El ministro, por su parte, se portó como era esperable. Nada de arrepentimiento; nada de reconocer errores (que los hay, y no sólo por su afición cinegética); nada de pedir disculpas.

Bermejo atribuye su marcha a la utilización que se está haciendo de su caso para hacer daño a un proyecto que dice seguirá defendiendo desde la bancada socialista, aquélla que le saludó como «torero» cuando aseguró que no dimitiría para «seguir trabajando por España».

Lo peor de este país no es que casi nadie dimita; es que cuando alguien lo hace, lo hace como víctima, por culpa de otros.

Pero hay algo positivo: Bermejo ha descubierto que se puede trabajar por España sin ser ministro, como hace la mayoría de los mortales.Hasta incluso sin ser diputado se puede trabajar por este país y por cualquier proyecto político.

Zapatero ha pagado caro su error, que fue nombrar como ministro de Justicia a un fiscal conocido -incluso por sus propios compañeros- por su incorregible sectarismo.

Esta es la primera vez, desde que gobierna Zapatero, en la que no ha sabido manejar los tiempos, en la que alguien se le rebela sin que él pueda hacer nada por evitarlo.

¿Será este el síntoma del principio del fin de una forma de entender la gobernación del Estado?

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Cajas en estado de ‘shock’, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 19 febrero, 2009

CRISIS FINANCIERA: El análisis

La guerra ha comenzado. Desde hace meses los expertos venían anunciando el progresivo deterioro de los balances de algunas cajas de ahorros. El Banco de España ha seguido su evolución con la misma preocupación que el médico que atiende a un enfermo en fase terminal. Miguel Angel Fernández Ordóñez, puesto en guardia por los servicios de inspección, ha estado a punto de recurrir al último recurso: la intervención.

Sin embargo, las presiones políticas han evitado, de momento, que se adopten medidas extremas. El sector financiero español afronta su mayor crisis del último cuarto de siglo bajo el signo de la concentración. La fusión de entidades buenas con entidades malas se presenta como la solución menos traumática. Pero ¿quién y cómo se financiará ese saneamiento?

En la primera operación que se ha puesto sobre el tapete, la absorción de Caja Castilla La Mancha por la andaluza Unicaja, se estima en más de 1.000 millones de euros el dinero público que será necesario para que la entidad presidida por Braulio Medel pueda digerir a la capitaneada por Juan Pedro Hernández Moltó, que en su día fustigó al ex gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, con una humillante intervención parlamentaria («Míreme a los ojos», le espetó antes de lanzarse a su yugular).

Esta será la primera, pero no la última fusión. Y la broma nos va a salir a los contribuyentes por un ojo de la cara.

Fuentes del sector financiero estiman que el agujero de las cajas va a requerir una capitalización de 40.000 millones de euros: casi siete veces el volumen que tiene a su disposición el Fondo de Garantía de Depósitos. Es decir, que van a hacer falta, al menos, unos 35.000 millones de dinero público para sacar adelante a las cajas sin riesgo para sus clientes.

Ese proceso de capitalización masiva deberá ir en paralelo con un proceso de reducción de tamaño; es decir, de fuerte ajuste de costes. Según datos del Banco de España, para que las cajas tuvieran el mismo ratio de activo por empleado que los bancos tendrían que reducir su personal en un 35%. Ese cálculo en relación a la red, implicaría que las cajas deberían cerrar el 54% de sus oficinas para estar al mismo nivel que los bancos.

Por tanto, el problema del sector financiero en España no es tanto la banca como las cajas de ahorros, que en los años del boom han crecido desaforadamente y se han metido de hoz y coz en el sector inmobiliario como una forma rápida de engordar sus balances.

Desde 2006, las cajas han abierto 1.600 nuevas oficinas y han contratado 6.000 nuevos empleados, hasta alcanzar la cifra de casi 132.000.

De los créditos que se han concedido al sector inmobiliario (unos 350.000 millones, según el Banco de España), las cajas han concedido unos 200.000 millones. Se estima que el 25% de esa cantidad puede convertirse en fallidos. Es decir, 50.000 millones de euros, lo que casi coincide con la cantidad de capital que necesita el sector.

La Caja Castilla La Mancha es un buen botón de muestra. De sus 20.000 millones en créditos, 8.500 están concentrados en el sector inmobiliario.

El deterioro de la solvencia de las cajas no afecta a todas por igual, por supuesto. Hay cajas que han tenido una gestión más prudente (como la Caixa, Caja Navarra o Ibercaja, por ejemplo) y eso ahora se nota.

El mejor termómetro para medir la imprudencia de la gestión está en la tasa de morosidad. Es decir, en los créditos de dudoso cobro. La campeona en ese penoso ránking es Caja Madrid, con una tasa de mora, a finales de 2008, del 4,87% (la media del sistema -bancos y cajas- es del 3,18%). Le siguen Caja Castilla La Mancha (4,57%), Caixa Catalunya (4,29%) y Caja Mediterráneo (CAM) (3,96%).

Curiosamente, la caída en picado de la solvencia de algunas cajas coincide con una ofensiva en toda regla del Gobierno para lograr que bancos y cajas den más créditos a empresas y familias como contraprestación a las medidas de apoyo adoptadas el pasado mes de octubre.

La pretensión de Zapatero no puede ser más contraproducente.Lo que necesita la economía española es reducir su endeudamiento, no aumentarlo, lo cual no quiere decir que no se den créditos a clientes solventes: ese es el negocio de los banqueros.

Según los datos que mostraron los representantes de la Banca en su reunión con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, del pasado 2 de febrero, la reducción del crédito al sector privado será del 4,9% durante este año y del 1,2% en 2010.En términos reales, el crédito no volverá a crecer hasta 2011 y en una modesta tasa del 0,7%.

Esto el Gobierno lo sabe. Sin embargo, la furia contra la banca tiene un objetivo político. A Bertolt Brecht se le atribuye una frase que ahora puede ponerse de moda: «Es mucho más grave fundar un banco que robarlo».

Arremeter contra la Banca, cuando todos estamos más o menos endeudados y cuando muchos han sufrido algún tipo de abuso, es rentable.Políticamente, al Gobierno le viene de perlas echarle la culpa a los banqueros de la parálisis económica que está llevando el paro a cifras desconocidas.

Pero esa construcción demagógica, a parte de no ser cierta, entraña graves riesgos. Los banqueros no sólo temen el efecto que ese mensaje puede tener sobre la seguridad de sus oficinas (pronto veremos cristales rotos), sino sobre la imagen de sus marcas.

El pistoletazo de salida de esa batalla neogauchista contra la banca lo dio el ministro de Industria, Miguel Sebastián.

Tras la dulce reunión del lunes 2 de febrero en Moncloa, el martes 3 recibieron la bofetada de Sebastián: «Al Gobierno se le está acabando la paciencia con la Banca». Aunque José Blanco salió al quite («la paciencia del PSOE es ilimitada») instruido por el presidente, ese mismo día, nada casualmente, Javier Gómez Navarro (amigo del ministro de Industria) hizo pública la encuesta que manejó Zapatero en su reunión con los banqueros y que da sustento teórico al argumento de que las empresas españolas tienen dificultades por la falta de crédito.

Acertadamente, Jordi Sevilla hizo mención en su blog al «efecto madrastra» que provoca la declaración de Sebastián. Es decir, la imitación del efecto simpatía que despertó el ex presidente Adolfo Suárez cuando acusó a la banca («la madrastra») de no dar créditos a su recién creado partido, el CDS.

Posteriormente, Gómez Navarro ha pedido sin tapujos la intervención del Estado en la banca, como han hecho otros gobiernos europeos (habría que añadir que con un resultado desastroso para sus economías).

Esa campaña no es casual y tiene un objetivo: justificar las ingentes ayudas públicas que van a necesitar las cajas de ahorros.

Sebastián, Gómez Navarro y, en la sombra, José Pérez (ex director de inspección del Banco de España), agitan el árbol para que las nueces las vuelvan a recoger los mismos.

Enfrente tienen al ministro Solbes y al gobernador del Banco de España, que se oponen al control público de la banca. El pulso promete ser interesante. El caso de Caja Castilla La Mancha es el primer asalto de un apasionante combate en el que el futuro económico de España está en juego.

© Mundinteractivos, S.A.

Cuando lo peor es no hacer nada, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 9 febrero, 2009

A FONDO

A perro flaco, todo se le vuelven pulgas. El PP vive momentos de zozobra justo cuando el Gobierno de Zapatero pasa por sus peores momentos, en plena recesión económica y con el paro batiendo récords.

A la guerra del espionaje desatada en Madrid se ha sumado la operación de Garzón sobre una trama de corrupción que tiene como centro a Francisco Correa. Para colmo, el candidato a la Presidencia de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, ha tenido que destituir al cabeza de lista por Orense, Luis Carrera, por no haber declarado a Hacienda ingresos desde un paraíso fiscal.

¡Y todo a tres semanas de las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco!

Correa llevaba más de cinco años sin ser el organizador de los actos del PP, aunque uno de sus hombres de confianza, Alvaro Pérez (alias Alvarito o El bigotes), se ha hecho fuerte en la Comunidad Valenciana y su patrimonio ha crecido en paralelo con su influencia en la organización de los actos del PP y los de la Generalitat.

El apartamiento de Correa de las actividades de Génova, coincidiendo con la llegada de Rajoy, fue una medida más que acertada. Sobre todo, a la vista de sus actividades extracongresuales y sus métodos mafiosos.

Sin embargo, el PP pudo haber evitado que las andanzas de Correa por los pueblos cercanos a Madrid terminasen por convertirse en un problema para Génova.

En noviembre de 2006, un concejal de Boadilla fue llamado a la sede central del partido en Madrid. Alvaro Lapuerta, entonces tesorero del partido, le interrogó sobre el alcalde, Arturo González Panero. La cuestión era saber si el edil tenía propiedades en Miami. El concejal contestó que él había oído algo, pero que no tenía constancia de que su jefe político fuera un corrupto.

Lapuerta le informó de que Sebastián González (responsable de Organización del PP) estaba investigando ese asunto. González, en efecto, trató de averiguar si el alcalde de Boadilla tenía un patrimonio injustificado, pero no logró sacar nada en claro.«Me habían llegado rumores, hablé con varias personas, pero no llegué a descubrir nada. Me dio la impresión de que las habladurías podían proceder de una venganza, de una lucha de facciones, dado que era el momento de elaborar las listas para las elecciones municipales de 2007», confiesa el hombre de confianza de Acebes.

A pesar de que la confirmación de su candidatura se retrasó hasta el límite, finalmente repitió como candidato del PP.

Pero los rumores no cesaron. En la primavera de 2008 llegaron a oídos de Pío García-Escudero, y en el otoño fue el secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, el que trató de averiguar qué había detrás del súbito enriquecimiento de un hombre cuyos ingresos apenas superan los 80.000 euros al año, y cortó de raíz todas las relaciones del PP con Correa y sus socios.

Por esas fechas, un dossier sobre el alcalde de Boadilla fue puesto en circulación por una diputada a la Asamblea de Madrid próxima a Lapuerta. EL MUNDO publicó su parte más jugosa el pasado mes de octubre.

Para entonces, Manos Limpias ya había dado traslado del mismo a la Fiscalía Anticorrupción. La investigación, dadas sus ramificaciones, pasó a la Audiencia Nacional.

Según fuentes solventes, Garzón tenía previsto comenzar las detenciones en el mes de mayo, justo unas semanas antes de las elecciones europeas. Pero las detenciones se adelantaron porque la Policía tenía fundadas sospechas de que Correa tenía previsto abandonar España.

Conociendo a Garzón, resulta evidente que el juez ha actuado teniendo en cuenta la repercusión política de su redada. Así lo denunció ayer la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.

Probablemente las del 1 de marzo sean las elecciones más importantes para Mariano Rajoy, incluso más que las generales. Así opinan algunos dirigentes del partido, que afirman que un mal resultado (perder dos o más escaños en Galicia y otro tanto en el País Vasco) sería motivo suficiente para exigirle cuentas al hombre que el pasado mes de junio ganó con holgura el congreso de Valencia.Los malos resultados de las encuestas a primeros de año, en las que el PSOE aumentaba su distancia hasta tres puntos sobre el PP, no son un buen augurio. ¿Qué efecto electoral tendrán el caso del espionaje o la detención de Correa? Pronto lo sabremos.

El deadline para Rajoy, que algunos gerifaltes populares habían situado en las elecciones europeas, se ha adelantado ahora a las autonómicas, síntoma de una creciente desconfianza que parece afectar a sus otrora defensores más acérrimos.

El problema es que el grupo de dirigentes autonómicos que hicieron piña con Rajoy en el congreso de Valencia ven ahora que el deterioro del partido puede afectar sus expectativas de ganar en su propio terreno.

Ese distanciamiento ha sido evidente en el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, que fue el mayor defensor de la candidatura de Rajoy hace menos de un año.

El líder del PP está siendo víctima de su principal pecado: la falta de liderazgo. O, lo que es lo mismo, la repulsión por tomar decisiones que supongan sacrificios.

Rajoy ha sido incapaz de pacificar la situación de Madrid: el enfrentamiento entre Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre no sólo no ha amainado tras el congreso, sino que ha subido de tono a cuenta de la disputa por el control de Caja Madrid.

En lugar de poner orden, Rajoy ha apelado a la intervención del Banco de España. La institución presidida por Miguel Angel Fernández Ordóñez seguramente ha tomado nota y no es de descartar alguna medida drástica justificada no sólo por el descontrol interno, sino por una gestión que ha llevado a la caja (cuarta entidad financiera de España) a tener el doble de morosidad que la media de su sector.

Harto de los líos de Madrid, el influyente Javier Arenas ha llegado a proponer a Rajoy que pidiera las cabezas de los números dos de la Alcaldía y la Comunidad (Manuel Cobo e Ignacio González, respectivamente) como un golpe de autoridad.

Es probable que las indecisiones de Rajoy estén provocadas por su repulsa a provocar enfrentamientos internos, pero, al final, acaban por minar su autoridad dentro y fuera del partido.

Parece claro que el objetivo del caso Correa es identificar al PP con la corrupción. Sin embargo, Correa es un corruptor al margen de la dirección del PP. Si Rajoy quiere cortar por lo sano, debería tomar medidas y expulsar a los que se han enriquecido a costa del partido.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Trasfondo político de la guerra de los espías, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 2 febrero, 2009

A FONDO

Unos días antes de que estallara el escándalo de los espías, un ministro del área económica comentó en público: «Con la que nos está cayendo encima, menos mal que en la oposición tenemos a Rajoy».

Se acababan de conocer los datos de paro, Almunia ya había comunicado al Gobierno que la UE no se iba a limitar a empeorar las previsiones de Solbes para 2009, sino que iba a prolongar el escenario de recesión en España hasta 2010. Y, sin embargo, Zapatero respiraba tranquilo. Había decidido retrasar su comparecencia hasta el 10 de febrero en un gesto muy criticado por la oposición. ¿Por qué? ¿Acaso esperaba que los datos económicos mejorasen? No parece que esa fuera la causa.

Nuestro ministro, ajeno a lo que ya por esos días se estaba preparando entre bambalinas, concluyó: «Si con la crisis más grave que ha sufrido España, el PP está a tres puntos en las encuestas, cuando remontemos la situación, no sé hasta dónde vamos a aumentar nuestra ventaja».

Mientras el equipo de asesores de Rajoy repartía mandobles con los datos del paro y la mala gestión de Magdalena Alvarez en la nevada que paralizó la capital de España, una cruenta batalla se libraba por el control de Caja Madrid. Por increíble que parezca, los contendientes no eran el PP y el PSOE, sino Alberto Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre. El PSOE madrileño, de la mano de Tomás Gómez, había respaldado la aplicación de la nueva ley aprobada a finales de 2007 por la Asamblea de Madrid. El alcalde se había decantado por respaldar al presidente de la entidad, Miguel Blesa, y había logrado los apoyos de CCOO y de IU. La política hace extraños compañeros de cama. El ex presidente del Gobierno José María Aznar, que fue quien propuso a Blesa para el cargo hace 12 años, había movido los hilos para que su amigo siguiera en su puesto cuatro años más. Personalmente habló con diversos dirigentes del PP para que cesara el acoso a Blesa. Dicen que su argumento es que el presidente de la caja es uno de los pocos amigos que le quedan. Endeble razón para tanto empeño.

Y en esto estalló el escándalo. Mediáticamente, la operación es casi perfecta. Primero, El País publicó el 19 de enero que el consejero de Interior de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, había contratado al ex policía Marcos Peña para hacer trabajos de espionaje.

Al día siguiente, el mismo diario publicó que el vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González, había sido espiado, insinuando que esas actividades pudieron realizarse desde la propia Comunidad, y reprodujo fotografías del mismo en un viaje a Colombia y unos billetes de avión a Johannesburgo, ambos llevados a cabo durante la pasada primavera.

Al día siguiente, 21 de enero, El País publicó en su portada que la Comunidad de Madrid espió al vicealcalde Manuel Cobo.Ese mismo día, Cobo dio credibilidad a los hechos y anunció acciones legales. También ese mismo día, el alcalde compareció en televisión en el programa 59” y reforzó la sospecha de que los seguimientos habían sido hechos por funcionarios de la Consejería de Interior de la Comunidad. El día 22, el citado diario publicó a cuatro columnas en su portada que la Comunidad también espió a su ex vicepresidente Alfredo Prada. El domingo 25, El País publicó que el ex tesorero del PP Alvaro Lapuerta le había dicho a Rajoy que se sintió espiado en el mes de mayo de 2008.

Como el mismo diario ha revelado en un editorial, la información sobre la contratación de Peña por Granados se descubrió cuando su periodista investigaba un dossier contra González.

¿Por qué se publicó entonces ese dato antes que el resto de las informaciones? Sencillamente, porque se pretendió hacer creer que toda la trama del espionaje partía del equipo a las órdenes del ex policía contratado por el responsable de Interior de la Comunidad.

En todo caso, eso no es lo importante. La pregunta es por qué una información diversa y con orígenes distintos, que se recabó hace un año, justo en los prolegómenos del Congreso del PP donde se suponía que Esperanza Aguirre iba a presentar una alternativa a Rajoy, se publica justo ahora.

Aunque al presidente del PP le pueda interesar el desgaste de la presidenta de la Comunidad, es evidente que ni él ni su equipo pueden estar detrás de la filtración. Hacerlo a unas semanas de las elecciones vascas y gallegas es un suicidio, como puede comprobarse por las últimas encuestas, que elevan la distancia del PSOE a casi ocho puntos.

Es verdad que al PSOE todo este escándalo le ha venido de perlas.De hecho, Rubalcaba ha seguido de cerca e incluso ha alentado algunas de las cosas que ha publicado El País. Pero, en todo caso, el Gobierno o el PSOE son beneficiarios indirectos de lo que está ocurriendo en el PP. Nada apunta a que personas ligadas al PSOE estén en el origen de los seguimientos, aunque sí hayan podido alimentar su filtración justo ahora.

El único beneficiario directo de todo este lío es el alcalde, que, además, ha aparecido como víctima de una sórdida operación.¿Significa esto que Ruiz-Gallardón esté detrás del espionaje a González? No. Además, no lo creo. Lo que apunta es a que puede estar detrás de la filtración. Eso es más que probable.

Y ahora, el papel de Rajoy. El presidente del PP, al abrir una información interna sobre el caso, ha puesto en cuestión implícitamente a la Comunidad de Madrid.

Pero, ¿le interesa realmente a Rajoy que Esperanza Aguirre sea la pagana de todo esto y que el triunfador sea Ruiz-Gallardón? Sencillamente, no. Porque Rajoy sabe que, en el horizonte, el alcalde es aún un enemigo más temible que la presidenta de la Comunidad. Sobre todo, después de comprobar su alianza (vía Caja Madrid) con el ex presidente Aznar. El dúo Gallardón-Aznar es más temido en Génova, en estos momentos, que cualquier otra cosa.

Decía con agudeza Pedro G. Cuartango que Cospedal tiene el mismo difícil papel que el espía Smiley, protagonista de la novela de Le Carré El topo. No le falta razón.

Cospedal conoce el percal y sabe que ir hasta el fondo puede suponer el estallido del partido. Por eso le ha ofrecido a Aguirre un pacto: que sea ella la encargada de cortar cabezas y, a cambio, el PP la respaldará con contundencia frente a los ataques del alcalde. Pero la presidenta de la Comunidad ha decidido defender a los suyos a muerte. Si se equivoca o no, lo sabremos muy pronto.

© Mundinteractivos, S.A.

Tirón de orejas a los banqueros, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 26 enero, 2009

A FONDO

El presidente del Gobierno ha mantenido una luna de miel con los banqueros, cimentada en su especial relación (algunos lo llaman «química») con Emilio Botín, presidente del Santander.

Zapatero, como recordarán, ha convocado dos veces a los presidentes de las principales entidades (bancos y cajas) españolas a Moncloa.Escuchó atentamente sus argumentos y no tuvo inconveniente en poner en marcha el pasado mes de octubre mecanismos para facilitar la liquidez en un momento en el que nadie se fiaba de nadie en el mercado financiero.

Sin embargo, en las últimas semanas las cosas han cambiado. En dos intervenciones públicas recientes (dos entrevistas radiofónicas en Onda Cero y la Ser), el presidente ha endurecido su discurso (dijo no estar «satisfecho con su forma de actuar ante la crisis») y ha amenazado veladamente a los banqueros con tomar medidas si no se abre el grifo del crédito a empresas y familias.

El cambio de táctica no sólo se ha percibido en el tono de dureza de Zapatero. La vicepresidenta Fernández de la Vega también se empleó a fondo en una entrevista en Radio Nacional en la que recriminó la falta de colaboración de los banqueros: «Vamos a exigirles que cumplan con su papel fundamental… Tienen que arriesgar un poquito».

Por si esto fuera poco, el PSOE se sumó a una petición de Izquierda Unida para que los banqueros comparezcan ante el Parlamento.Mientras los socialistas maniobraban para retrasar la comparecencia del presidente hasta mediados de febrero, urgían, en iniciativa insólita, la de los hombres que manejan las finanzas.

En los próximos días, Zapatero recibirá en Moncloa por tercera vez a presidentes de bancos y cajas. Y esta vez la reunión promete ser bastante menos relajada que las anteriores. El presidente les dirá a la cara que no está de acuerdo con su actitud, que no están ayudando al país a salir de la peor crisis que se recuerda desde la muerte de Franco. De la reprimenda sólo se salvará el Santander, que, en sintonía con la preocupación del Gobierno, ha lanzado una agresiva campaña publicitaria mostrando su disposición a prestar.

La dureza con la Banca siempre le ha dado buenos resultados a la izquierda. Un poquito de demagogia nunca viene mal. Sobre todo cuando todas las promesas económicas que se hicieron hace menos de un año se han esfumado como por encanto. Ya saben, el pleno empleo, el fin de la lacra del paro, la mejor posición de España para superar las dificultades y cosas por el estilo.

A esta razón política se suma la estadística. Visto que los bancos argumentaban que no daban más créditos porque las empresas y las familias no los solicitaban, el Gobierno ha encargado una encuesta que se realizará de forma periódica entre 400 empresas de todos los tamaños y distribuidas por todas las comunidades autónomas.

El primer sondeo se realizó a primeros de enero. El resultado, inapelable. La inmensa mayoría se queja de que la Banca no da créditos de tesorería y ha aumentado hasta límites poco razonables la exigencia de garantías para financiar inversiones. Algunos proyectos rentables, dicen, no se han podido llevar a cabo por falta de financiación.

Ese será uno de los argumentos que manejará el presidente frente a los banqueros. Y, aunque no pondrá medidas coercitivas sobre la mesa, sí ha encargado el estudio de algunas fórmulas para forzar la concesión de créditos.

Eso, dicen los afectados, «es una locura». «Cuando uno de los principales problemas de la economías española», razonan los banqueros, «es la excesiva necesidad de financiación exterior (un 10% del PIB), lo que hay que hacer es reducir el crédito, no hacerlo crecer artificialmente».

Además, la Banca española afronta un año extraordinariamente difícil. La caída de los grandes bancos americanos, la nacionalización de los bancos británicos o alemanes y las ayudas del Gobierno francés a sus entidades ponen a la Banca española en inferioridad de condiciones. «Cuando la morosidad va a subir hasta tasas del 7% no se puede forzar a aumentar el riesgo si no se quiere poner en riesgo la solvencia de nuestro sistema», concluye el consejero de un gran banco.

Sin embargo, Zapatero no ve el panorama tan negro. Incluso está enfadado con Joaquín Almunia por haber hecho públicos los datos de la UE para 2010 en los que España aparece claramente como el farolillo rojo europeo.

«En esta situación, ¿quién es capaz de hacer previsiones a dos años?», se pregunta un alto funcionario.

No. Zapatero, que tampoco está muy de acuerdo con el panorama negro que ha pintado Solbes ni mucho menos con su demoledora sentencia de que «el Gobierno ha agotado su margen de maniobra», sigue pensando que el final del túnel lo veremos en el segundo semestre de este año.

El informe económico del que más se fía aporta algunos datos que, en los próximos días y seguramente en su comparecencia ante el Congreso, manejará para contradecir a los que sitúan la salida de la recesión a finales de 2010.

Según dicho informe, el ahorro financiero en 2009 por la caída del euribor para la deuda externa española supondrá 25.231 millones de euros. Al mismo tiempo, el ahorro por la caída de los precios del petróleo va a suponer para el Estado este año 13.796 millones de euros. Es decir, entre los dos efectos, un impacto positivo de 39.000 millones de euros, lo que supone el 3,7% del PIB.

Además, los hogares se verán beneficiados ya en los primeros meses de este año por la caída de los tipos hipotecarios. Según el informe del Gobierno, cada punto de bajada de euribor supone un ahorro de 6.500 millones de euros para las familias, lo que durante todo el año implicará una inyección de renta de 19.000 millones de euros.

Por todo ello, piensa Zapatero, a partir del segundo semestre, el consumo se recuperará y el paro, su principal dolor de cabeza, comenzará a reducir su ritmo de crecimiento.

El presidente, como pueden observar, no pierde el optimismo ni en los peores momentos. Así las cosas, Zapatero cree que un buen tirón de orejas a los banqueros no vendrá mal para animar la situación y, de paso, para recordar a los votantes que el PSOE sigue siendo un partido de izquierdas. ¡Faltaría más!

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

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El cuestionado jefe de los espías, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in General by reggio on 19 enero, 2009

A FONDO

En la tradicional copa de Navidad que se celebra en la sede del CNI (Centro Nacional de Inteligencia), situada en la madrileña Cuesta de las Perdices, cerca del hipódromo, y que el pasado año tuvo lugar el 12 de diciembre, los corrillos de nuestros conspicuos espías fueron un hervidero de rumores. Y, en ciertos casos, de indisimulados deseos. «El año que viene será mejor que éste, porque espero que sea su último año», se le oyó comentar discretamente a uno de los altos responsables de la Casa.

No hacía falta dar nombres. Los que le escucharon sabían que se estaba refiriendo a Alberto Saiz, el director general del Centro, cuyo mandato, teóricamente, concluye el próximo 20 de abril.

En una institución cuyos mandos proceden mayoritariamente de las Fuerzas Armadas, en la que la disciplina, el respeto al orden jerárquico y la obediencia son norma, llama la atención la aversión, casi unánime, que ha generado la gestión de Saiz.

Un mes antes de la reunión navideña, el director del CNI había destituido al director técnico de Inteligencia, Agustín Cassinello, del que dependen las subdirecciones esenciales de nuestros servicios de información: Inteligencia Exterior, Contrainteligencia y Contraterrorismo.

Cassinello (hijo del teniente general y ex jefe de Información de la Guardia Civil) llevaba poco más de tres meses en el cargo, al que había accedido desde su relevante puesto en Londres.

Cassinello, un hombre con los nervios templados, perdió la paciencia cuando el 15 de noviembre de 2008 se echó a la cara la portada de ABC, donde se daba cuenta de su destitución por presuntos «fallos de información» en el ataque de un talibán suicida llevado a cabo el 9 de noviembre en Afganistán, que costó la vida al brigada Juan Andrés Suárez y al cabo Rubén Alonso.

Su respuesta, sin precedentes, fue fulminante. Mandó una carta al citado diario en la que calificaba de «errónea» la noticia y negaba que su destitución tuviera que ver con «ningún déficit de información».

Fuentes conocedoras del incidente apuntan a la dirección del CNI como responsable de la filtración al rotativo.

En realidad, Saiz le había pedido la dimisión a Cassinello en el mes de octubre. Es decir, al menos 15 días antes de que se produjera el atentado suicida. «Mañana quiero tu carta de dimisión en mi despacho», le dijo. Pero Cassinello se negó: «Si quieres que deje mi puesto, destitúyeme». Desde entonces no se dirigieron la palabra. El día 12 de noviembre se produjo el relevo. Raquel Gutiérrez ocupó su puesto.

El enfrentamiento con el director fue consecuencia de las diferencias entre Cassinello y el director técnico de Apoyo a la Inteligencia, Francisco Montes, en la gestión de la información en una operación tan importante como la detención de ‘Txeroki’, el pasado 17 de noviembre. Según las fuentes consultadas, Cassinello quería que los datos sobre el terrorista se transmitieran tanto a la Policía como a la Guardia Civil, mientras que Montes quería que la operación se compartiera en exclusiva con este último cuerpo.

La realidad es que nadie sabe con exactitud cuál ha sido la causa esgrimida por Saiz, ya que las resoluciones por las que se nombran o se separan de sus cargos a los directores técnicos son secretas.De hecho, según las fuentes, la ministra de Defensa, Carmen Chacón, se enteró por los periódicos de ese importante relevo. Y eso que el CNI depende de su ministerio.

Saiz llegó al CNI de la mano de José Bono, quien antes le había nombrado consejero de Industria y Empleo cuando era presidente de la Junta de Castilla-La Mancha.

Sin experiencia en asuntos de seguridad o información, el mejor (y algunos añaden que único) activo de Saiz para ocupar su puesto al frente del servicio de Inteligencia español era precisamente su afinidad con el ex ministro de Defensa.

Saiz no puede quejarse de falta de medios. El CNI, que ya fue reforzado en la etapa de Dezcallar, recibió, como consecuencia de los fallos detectados tras la masacre del 11-M, una fuerte inyección económica y de personal. La plantilla del CNI ha aumentado en 1.200 personas (casi un 50%) y su presupuesto para este año supone 255 millones de euros (42.500 millones de pesetas, de los que casi 3.000 millones se corresponden a fondos reservados).

El CNI ha cosechado indudables éxitos en la lucha contra ETA (ejemplo: arresto de Txeroki), así como en la detención de células islamistas. Sin embargo, durante la etapa Saiz, su dirección ha estado sometida a continuos y desestabilizadores cambios.

Durante su mandato, que comenzó en abril de 2004, Saiz ha relevado, en sucesivas etapas, a 31 altos cargos del CNI: 20 subdirectores y 11 directores técnicos. «No admite la más mínima crítica y ve fantasmas en todos lados», dice un agente del Centro.

Nunca se había producido tal movilidad de personas clave en el servicio de Inteligencia, donde el acceso a la información es reservado.

Desde que Saiz llegó al CNI ha habido tres responsables de la Secretaría General (María Dolores Vilanova, Esperanza Castellano y Elena Sánchez), cuatro directores técnicos de Inteligencia (Miguel Sánchez, Felipe Carrera, Agustín Cassinello y Raquel Gutiérrez) y cuatro directores técnicos de Recursos (Juan Luis Repiso, Myriam Serrano, Felipe Carrera y Antonio de Cea). En mayo de 2006, un Real Decreto modificó la estructura del Centro, creándose una tercera dirección técnica, la de Apoyo a la Inteligencia, al frente de la cual está Francisco Montes.

Imagínense lo que supone el relevo en cadena no sólo de los responsables de área, sino de los subdirectores que tienen a su cargo labores como la lucha contra ETA.

Las relaciones de Saiz, tras la salida de Bono de Defensa, fueron algo menos que frías con el anterior responsable del departamento, José Antonio Alonso. Aunque durante una época (la tregua de ETA) fueron muy fluidas con el titular de Interior, Pérez Rubalcaba.Con Chacón no hay química. De hecho, la ministra no asistió al acto conmemorativo, que se celebra todos los años en la sede del CNI, por los ocho muertos en el atentado del 30 de noviembre de 2003.

Su mejor apoyo, se comenta, es la vicepresidenta Fernández de la Vega, a quien le ha ayudado en los asuntos de inmigración.Saiz quiere seguir en el cargo y ha encargado un dictamen que avala sus deseos. Algunos miembros de la Casa, no partidarios, comentan: «Si la prensa le critica, eso le ayudará seguir en el cargo». Pero: ¿es Saiz la mejor opción para dirigir el CNI?

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

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El día que vivimos peligrosamente, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 13 enero, 2009

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Han pasado casi 100 días y ahora podemos contarlo con cierto detalle.El propio Zapatero, como recoge hoy Marisa Cruz, ha comentado que, a principios de octubre de 2008, «el sistema estuvo al borde del colapso». ¡Y vaya si lo estuvo!

Recordarán que fue el día 6 de octubre cuando el presidente convocó por sorpresa en Moncloa a los representantes de los bancos y cajas más importantes de España.

Hacía apenas tres semanas del hundimiento de Lehman Brothers y del colapso de la mayor aseguradora del mundo (AIG), lo que provocó el desplome de todas las bolsas.

El pánico se había extendido por toda Europa como una nube tóxica.Irlanda había decidido garantizar el 100% de los depósitos de sus bancos. Justo un día antes de la reunión de Moncloa, Alemania había imitado a Irlanda (aunque previamente Merkel había criticado la decisión).

Ese día, el Ibex cayó más de un 6% y Wall Street abrió con fuertes pérdidas, cerrando con un recorte de casi 5 puntos.

Zapatero (acompañado por Javier Vallés y José Enrique Serrano, que no abrieron la boca durante la reunión), se había aprendido la lección. En resumen: era consciente de la gravedad del momento.

Los banqueros fueron al grano. Alfredo Sáenz (Botín no acudió a la cita) no se anduvo por las ramas. La Banca española, a pesar de su solvencia, estaba sufriendo las consecuencias del miedo irracional. Y puso un ejemplo. El día anterior, cuando Alemania acordó garantizar todos los depósitos de sus bancos, la multinacional Siemens decidió no renovar los certificados de depósito que tenía con el Santander, lo que significó la retirada de unos 1.000 millones de euros de sus cuentas.

Pero eso no era lo peor. De manera inaudita, agencias e instituciones públicas españolas habían retirado sus depósitos de la Banca para meter su dinero en letras del Tesoro. Es decir, que mientras que el Gobierno presumía de que la Banca española era la más solvente del mundo, sus instituciones le retiraban miles de millones de euros para cobijarse en la seguridad de la deuda del Estado.

Realmente, la situación era dramática, porque hacía muchos, muchos años que no se veía a los clientes acercarse a las ventanillas para retirar sus ahorros y llevárselos a casa o meterlos en cajas de seguridad.

Zapatero reaccionó de inmediato. Las instituciones públicas que habían retirado su dinero de los bancos (como, por ejemplo, Adif) rectificaron.

El presidente se comprometió con los banqueros a que se elevaría la garantía de los depósitos, independientemente de la decisión que se adoptara en el Ecofin que al día siguiente iba a celebrarse en Luxemburgo.

En la reunión de Moncloa se pergeñaron las dos medidas que días después anunció el presidente: los avales de liquidez y la constitución de un Fondo de Adquisición de Activos para la Banca.

Afortunadamente, la situación ha mejorado mucho más de lo que pensaban los más optimistas. De hecho, la semana pasada el BBVA colocó una emisión de 1.000 millones en apenas dos horas. ¡Quién lo iba a decir hace tres meses!

Las cacareadas ayudas a la Banca sirvieron como terapia. Es decir, que actuaron como tranquilizante para los clientes. Por fortuna, la solvencia de nuestro sistema financiero (con alguna excepción) sirvió para superar aquel trauma.

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Lo que Zapatero sabía de la crisis de 2008, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 12 enero, 2009

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El paro. Una lacra, un drama, un desastre, una bomba de relojería…Se agotan los adjetivos, los sinónimos, las imágenes. Cuando utilizamos para la foto de la portada de EL MUNDO del pasado 9 de enero a parados con nombres y apellidos para destacar la cifra de desocupados que estaban apuntados al Inem al 31 de diciembre de 2008 (¡3.128.963!) lo hicimos porque, a veces, las cifras, que se utilizan constante, abusivamente, son el mejor anestesiante para ocultar una realidad. Tres millones, tres millones y medio, cuatro millones…

No. La diferencia con otros números es que el paro tiene carné de identidad. Hay personas que se ven abocadas a levantarse cada día sin tener nada que hacer, forzadas a renunciar a su cualificación, a su categoría profesional, a aceptar cualquier cosa con tal de estar ocupados. Hay familias que ya no podrán pagar su hipoteca o que tendrán que cambiar a sus hijos de colegio. Hay un mundo que se derrumba y unas perspectivas sombrías que se agrandan con la angustia del final del subsidio.

Entiendo perfectamente que Zapatero tema más que a cualquier otra cosa los datos del paro. Independientemente de que el PP parezca incapaz de aprovechar la situación para acortar distancias con el PSOE, el Gobierno no puede sentirse satisfecho cuando ve que el resultado de su gestión se mide en número de desocupados.

Es verdad que hay una crisis mundial, que ese mal de muchos ayuda a diluir la responsabilidad. Pero también lo es que España es el país en el que el desempleo ha aumentado más, significativamente más, de la zona euro, más que cualquiera de nuestros socios homologables.Mucho más que en Reino Unido, que en Francia o incluso que en Italia. Y no digamos Alemania, donde incluso se ha reducido durante 2008.

Y es que los gobiernos sí pueden hacer algo contra el paro. No pueden hacer milagros. Eso no. No pueden convertir el agua en vino. Pero pueden, deben, están obligados a paliar las situaciones difíciles, sobre todo aquéllas que llevan a los ciudadanos a sentirse inútiles, desesperados, desamparados.

Recordábamos también en esa portada del día 9 de enero una frase del presidente del Gobierno de hacía justo un año: «Hemos derrotado la lacra del paro», pronunciada ya en plena precampaña electoral.Una pugna política que se centró en la economía, claro. Y en la que, a los que pronunciaban la palabra crisis, los líderes del PSOE les llamaron «antipatriotas».

Zapatero ganó sobre la base de que no estábamos en una crisis.La previsión de crecimiento, hace un año -recordémoslo- era del 3,1%. Parece mentira, ¿verdad?

Ahora, como no podía ser de otra forma, se ha rectificado. El Gobierno, Zapatero, Solbes, etcétera… dicen que nadie podía prever lo que sucedió durante 2008. Nadie podía pensar que un banco como Lehman Brothers se derrumbaría, y con él toda la banca de inversión de Wall Street.

La pregunta del millón es si Zapatero se equivocó entonces porque los datos que le pusieron sobre la mesa sus asesores estaban tan equivocados que le nublaron la vista o si el presidente ocultó la verdad, manipuló la realidad para que los ciudadanos siguieran confiados en un crecimiento alto, estable y duradero, en que las cifras de desempleo, que empezaban ya a apuntar penalidades futuras, no eran más que un contratiempo pasajero.

Acusar a alguien -más cuando se trata del presidente de un Gobierno- de mentir es duro. Pero me temo que Zapatero engañó y tal vez se engañó a sí mismo durante algunos meses al hacer su diagnóstico sobre la coyuntura económica española.

Ya en febrero de 2008, el Boletín Económico del Banco de España advirtió de que los últimos datos apuntaban a una «desaceleración más pronunciada» de lo previsto.

Organismos internacionales como el FMI o la OCDE también habían encendido la luz de alarma sobre España y pronosticaban un crecimiento menor que el contemplado por los Presupuestos Generales del Estado.

Inasequible al desaliento, Zapatero no varió ni un ápice sus previsiones. Es más, en el primer Comité Federal del PSOE que se celebró tras las elecciones generales (el 26 de marzo de 2008), Zapatero se permitió el lujo de afirmar que «la peor previsión de paro que podemos tener por delante será siempre una previsión de paro mejor que la que tuvo el PP en su última legislatura».

¿Es que nadie de su entorno le informó de qué estaba ocurriendo?

Sí. Justo dos días antes de esa inaudita declaración, la AEB, que ya verbalmente había transmitido al Gobierno su enorme preocupación por las perspectivas a corto plazo, entregó al Ministerio de Economía y al Banco de España una nota cuya información, vista ahora, tiene un valor inestimable. El contenido de dicha nota fue remitido a Moncloa.

En dicha nota se le decía al Gobierno que el exceso del mercado inmobiliario se elevaba hasta las 800.000 viviendas. Y se avisaba de una pérdida de empleo en ese sector de 260.000 personas.

Es más, se constataba que la economía española podía entrar durante ese ejercicio en recesión.

Y se le daban datos espeluznantes como, por ejemplo, que la banca española iba a tener unas necesidades de financiación de 350.000 millones de euros, a los que había que añadir unos vencimientos de deuda durante el 2008 de 210.000 millones de euros.

Aunque la AEB dejaba claro que la situación de la Banca española era de plena solvencia, se le hacía saber al Gobierno que la pérdida de confianza de los mercados internacionales en la economía española (que había provocado ya un ensanchamiento del diferencial con la deuda alemana de 40 puntos básicos) y la falta de liquidez de los mercados podían llevar en 2008 a un credit crunch.

Esa nota, que llegó a Moncloa y que pedía ya en marzo que se tomaran medidas para paliar la situación, no se tomó en cuenta.El presidente no le prestó atención, como tampoco su ministro de Economía.

No. No es que el PP hiciera de agorero para aprovechar electoralmente la crisis. No es que no hubiera nadie con la capacidad para vaticinar lo que estaba a punto de suceder. Es que, sencillamente, al Gobierno, a Zapatero, no le interesó escuchar esos mensajes.

Y ahora, ahí están las consecuencias. Terribles, no en forma de guarismos, sino en forma de rostros, de personas que ya no tienen empleo, y lo que es aún peor, de gente que ya ha perdido hasta la esperanza de volverlo a encontrar.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Las banderas rojas del ‘escándalo Madoff”, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 29 diciembre, 2008

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No lo podía creer. Pero estaba en la portada del Financial Times del 24 de diciembre. Bill Brodsky, el presidente del Chicago Board Options Exchange, el mayor mercado de opciones de Estados Unidos, decía en una entrevista que el escándalo de Madoff había sido posible porque los inspectores de la SEC (la Comisión de Valores norteamericana) no tenían suficiente experiencia. «Los encargados de hacer las investigaciones no tienen ni idea de qué preguntar. Son jóvenes, con frecuencia no ganan mucho dinero y no saben cómo funcionan los instrumentos que investigan. ¿Cómo es posible que se contrate a jóvenes que acaban de salir de la Universidad y se les ponga a trabajar con cosas con las que nunca han tenido contacto?». Eso decía el bueno de Brodsky. Y, por increíble que parezca, tal vez tenga razón. Les diré por qué.

Yo había leído la historia de Harry Markopolos en The Wall Street Journal (19-XII-2008), el broker de una firma rival que había investigado a Madoff durante años y que en noviembre de 2005 remitió un escrito a la SEC denunciando sus malas prácticas. Pero no había tenido ocasión de ojear sus sabrosos 19 folios hasta hace unos días.

Si después de examinarlos con detenimiento, la SEC no puso inmediatamente fuera de juego a Madoff, o bien los que le investigaron eran los más imberbes de su curso, o bien ese año cobraron un bonus extra y no precisamente de su empresa.

En su documento, Markopolos da 29 razones (él las llama red flags, banderas rojas) para llegar a una conclusión con dos posibles y únicos escenarios:

– Madoff actúa como broker utilizando la estrategia conocida como front running, que consiste en utilizar la información de las órdenes de sus clientes para posicionarse y obtener así un beneficio ilícito según la ley americana (Sección 21 A -e- de la 1934 Act).

– Madoff Securities es el mayor fraude piramidal del mundo (Ponzi scheme, conocida así en EEUU por el fraude montado por Ponzi a principios del siglo pasado).

Ya hace tres años, Markopolos estimaba que Madoff gestionaba entre 30.000 y 50.000 millones de dólares. Acertó de pleno: según confesó el magnate a sus propios hijos, el fraude organizado por él se elevaría a 50.000 millones de dólares.

¿Cuáles eran esas banderas rojas que Markopolos agitaba ante la SEC para que el regulador se pusiera manos a la obra y evitar así que la pirámide siguiera creciendo?

Madoff no detallaba a sus clientes las comisiones que cobraba. Es decir, que, haciendo cuentas, si daba una rentabilidad anual en torno al 12%, la rentabilidad real -restando esas comisiones- tendría que haber sido del 16%.

Otra cosa sospechosa. Los fondos manejados por Madoff, por ejemplo el Fairfield Sentry, que aquí en España vendía a los ricos españoles Andrés Piedrahita, no especificaban quién los gestionaba. Su nombre se mantenía en secreto. Markopolos se pregunta si tanto secretismo no sería porque Madoff quería mantenerse oculto ante la SEC.

Pero sigamos. Madoff tenía que haber acaparado todo el mercado de opciones para obtener la rentabilidad que declaraba para fondos que alcanzaron los 50.000 millones de dólares. No se puede entender cómo obtuvo rentabilidades constantes durante la crisis asiática de 1997, durante la crisis de deuda de Rusia y el batacazo del Long Term Capital Management, de 1998, o durante el estallido de la burbuja tecnológica entre 2000 y 2002. «Es increíblemente bueno para ser cierto», asevera Markopolos en su informe a la SEC.

Matemáticamente es imposible (utilizando una estrategia de split-strike conversion: posicionarse con opciones de compra y de venta con los valores más líquidos de la bolsa) acertar prácticamente siempre. Durante los 14,5 años que investigó Markopolos, Madoff sólo registró pérdidas en siete meses y la mayor fue de 0,5 puntos. «O es el mejor gestor del mundo o es un fraude», afirma Markopolos.

Otra bandera roja la constituyen dos artículos publicados a principios de la pasada década: uno de Erin Arvedlund en Barron’s y otro de Michael Ocrant en MAR Hedge, que concluían que Madoff era un fraude.

Markopolos asegura que los únicos ingresos reales de Madoff los obtenía con operaciones de front running, pero que esto no es incompatible con su convicción de que el negocio en su conjunto era una gigantesca pirámide en la que las inversiones de unos clientes pagaban las rentabilidades de otros.

Con ironía, el denunciante, que afirma sentirse como el protagonista de la historia de Pedro y el lobo, cuenta que algunos de los colocadores de los fondos que gestionaba Madoff le dijeron que éste, para asegurar la nula volatilidad, subsidiaba a sus clientes cuando bajaba la bolsa. En todo caso, eso sería un fraude por engañar a la SEC. Pero, naturalmente, Markopolos no es tan ingenuo como para creerse ese cuento: «Me gustaría creer en la historia del rantoncito Pérez, pero dejé de creer en ella cuando vi a mi madre poner dinero debajo de la almohada una noche», bromea Markopolos.

Ahora todo el mundo se echa las manos a la cabeza cuando se ha conocido la falta de transparencia de la trama. Pero el denunciante ya advirtió en su informe que la firma de Madoff no tenía auditorías externas. Y cuenta cómo un fondo con base en Londres que movía dinero de países árabes pidió auditar las cuentas y en Nueva York le dijeron que sólo su cuñado tenía acceso a ellas por «razones de confidencialidad». Por absurdo que parezca, tras la conversación, dicho fondo invirtió 200 millones de dólares en Madoff Investment Securities.

«Sólo la familia Madoff tiene acceso a su estrategia». ¿Acaso no es eso sospechoso?

Markopolos, que mantuvo diversas conversaciones con expertos en hedge funds, aportó a la SEC algunos nombres que podían confirmar sus sospechas siempre que se mantuviera la confidencialidad: Leon Gross (director general de Citigroup); Joanne Hill (vicepresidente de derivados de Goldman Sachs) y Walter Hastlett (dueño de Write Capital Management).

Markopolos, que no firmó su informe para proteger su seguridad personal, y que sólo estuvo dispuesto a revelar su identidad ante el responsable regional de la SEC de Nueva York, pedía una acción inmediata del regulador y advertía de los peligros del derrumbe de la pirámide para el mercado de opciones y la industria de los hedge funds.

Aunque parezca mentira, la investigación de la SEC se cerró en 2006 con un ligero tirón de orejas para Madoff. En su informe, la SEC reconoce que el financiero jugaba al despiste y que sus fondos ocultaban que él era quien los gestionaba y que había violado varias disposiciones regulatorias. Pero ahí acabó todo.

Seguramente Brodsky tenga razón y los inspectores de la SEC no fueran más que unos pardillos. Pero uno no deja de sorprenderse de cómo en un mercado tan sofisticado, en el que se supone que todo está medido y gestionado por personas de grandes conocimientos, pueden pasar estas cosas. Cómo nadie ha podido sospechar que el milagro de la rentabilidad constante y segura no podía esconder más que un gigantesco fraude.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

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Conversación privada sobre el ‘caso Madoff’, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 22 diciembre, 2008

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Mi fuente se dedica a gestionar fondos de renta fija para instituciones financieras. Ha trabajado muchos años en Nueva York para bancos de inversiones. Vive en Madrid, no muy lejos de donde tiene su domicilio Andrés Piedrahita. Entre los inversores que suelen recurrir a él en ciertos momentos está George Soros.

No les diré su nombre. El prefiere mantener el anonimato. Tampoco su nombre les diría nada. No es una persona conocida. No asiste a muchas fiestas y sus amigos forman parte de un reducido grupo de personas con las que mantiene relación desde que era un chaval.

Lo que sí les adelanto es que del negocio del dinero sabe mucho, y la prueba de ello es que le va muy bien a pesar de cómo está el patio.

Mi fuente conocía de la existencia del mito Madoff desde hace mucho tiempo. Hace 10 años invirtió en uno de sus fondos 100.000 dólares, tan sólo para ver si, efectivamente, la cosa era tan segura como se decía en los círculos más informados. Desde entonces, hasta ahora, los rendimientos no han variado de un margen del 10% al 12% anual. Y eso que han sucedido cosas en los últimos 10 años: explosión de la burbuja tecnológica; 11 de septiembre; hipotecas subprime… Nada, como un reloj, tic-tac, los intereses ingresaban en su cuenta cada mes.

En 2001, nuestro hombre fue a las oficinas del Fairfield Greenwich Group (el fondo que, desde hace cuatro años, comercializa Piedrahita en España) en Nueva York. Se pusieron exquisitos. Si quería entrar en Fairfield tenía que comprar participaciones en otros fondos que vendía la firma.

Lo que más llamaba la atención a mi interlocutor era conocer en qué se basaba el secreto de Madoff para lograr una casi nula volatilidad pasara lo que pasara en el entorno.

«En el fondo», me confiesa, «un gestor cree que su éxito está en ser más listo que el mercado: eso es lo que vendemos a nuestros clientes».

O sea, que Madoff había logrado lo que todo el mundo lleva buscando durante decenas, tal vez centenares, de años: ganar dinero siempre pase lo que pase.

Fue la curiosidad o tal vez la sana envidia la que llevó a nuestro experto a indagar aquí y allá para conocer el truco.

Por fin logró información precisa de las personas de Fairfield que decían conocer el sistema. Lo que hacía Bernard Madoff, le confesaron, era operar con opciones de compra (call) y de venta (pull) de los 25 títulos más líquidos de la Bolsa de Nueva York. Madoff se ahorraba el bid offer spread en la compra venta de opciones y ese ahorro le permitía tener una especie de colchón para garantizarles las ganancias a los clientes.

Es decir, era como si un mayorista renunciara a la ganancia de su margen para tener más contentos a sus clientes.

Le dijeron que con la comisión que cobraba como gestor (el asset management fee), que representa entre el 1% y el 1,5% del volumen de inversión que gestionaba, tenía suficiente.

«Pero yo no conozco a ningún judío, ni a ningún cristiano tampoco, que regale el dinero», dice con socarronería.

Algún malicioso le susurró que Madoff también hacía lo que en el argot bursátil se llama front running: cuando su firma recibía órdenes voluminosas de compra o de venta, él se posicionaba primero para comprar o vender y así aprovecharse de la subida o de la bajada de los títulos que esas órdenes iban a provocar en el mercado. En fin, una forma segura y eficaz de ganar dieron con información privilegiada sin que te pillen.

Pero nuestro hombre lo intentó desde el punto de vista teórico y los números nunca le salían. Porque, además de todo eso, para que surtiera efecto la fórmula, tenías que acertar siempre con la tendencia del mercado.

Y eso es prácticamente imposible. «Los hedge funds son como una orgía en la que entras con los ojos tapados. Nunca sabes lo que va a pasar», bromea mi fuente.

Por mucho que uno sea muy listo, siempre hay algún momento en el que se equivoca. Y Madoff no se equivocaba nunca, ni siquiera en ese proceloso mundo de los hedge.

Los ranking de fondos más rentables del mundo son como la canción del verano. Cada temporada cambian. Lo que demuestra que no hay nadie que pueda mantener elevados índices de rentabilidad de forma permanente.

Es más, advierte mi fuente tirando piedras contra su propio tejado: «A la larga no hay ningún fondo tan rentable como el índice de la Bolsa».

O sea, que Madoff no es que fuera el más listo de Wall Street, donde están los más listos de todos los listos del planeta, sino que montó un sistema que consistía lisa y llanamente en engañar a sus clientes haciéndoles creer que podía darles rentabilidades más modestas que otros pero más seguras en el tiempo.

¿Por qué lo hizo? «Yo no creo que lo hiciera para ganar mucho dinero. De hecho, por lo que se sabe, su fortuna ahora no pasa de los 300 o 400 millones de dólares. Eso no es nada teniendo en cuenta el volumen de dinero que movía. Más bien creo que lo hizo por el reconocimiento social que conlleva ser el responsable de una firma de prestigio que ha hecho ganar dinero durante muchos años, que tiene una clientela fija y que aparece ante la sociedad como un benefactor que, además, dona su dinero para causas justas».

De hecho, si no le hubieran reclamado de repente el reembolso de 7.000 millones de dólares tal vez nunca se hubiera descubierto el pastel. Un pastel que, por lo que parece, ni siquiera sus hijos conocían.

Pero en el asunto Madoff aún nos faltan muchas cosas por conocer.

Sólo sabemos, como decía el gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, en la entrevista que publicaba ayer El País, lo que ha contado él: «Y lo que cuenta un delincuente vale poco».

Nuestro hombre se hace una pregunta: «¿Qué ocurría con el dinero que entraba en Madoff. Al margen de pagar la rentabilidad, ¿dónde iba el resto? ¿Cuáles eran las cuentas bancarias donde se ingresaba ese dinero? ¿Había ingresos financieros? Es imposible que se hayan esfumado 50.000 millones de dólares así como así».

Otra pregunta interesante es saber quiénes estaban al tanto de la trama fraudulenta.

¿Es creíble que ni siquiera sus hijos -que son los que han denunciado el caso ante el FBI- lo supieran?

Es más: ¿Es creíble que su socio desde hace más de 20 años, Walter Noel -el creador de Fairfield Greenwich-, no supiera nada de nada?

Uno de lo hombres que conoce a Piedrahita y que ha tenido la suerte de no caer rendido ante sus encantos bromea: «Al final, los ricos españoles son los que han soportado durante los últimos años la pirámide de Madoff. Cuando habían engañado ya a los ricos de Nueva York y de Londres vinieron a engañar a los españoles, que son bastante pardillos».

Si nuestra fuente, finalmente, no recomendó a sus clientes entrar en Madoff porque no se fiaba (como hizo también, por cierto, Credit Suisse), ¿por qué otros gestores creyeron en Madoff sin preguntar?

Más aún, de todo el dinero perdido por los multimillonarios en esta aventura, ¿qué porcentaje es dinero blanco y qué parte es inconfesable para Hacienda?

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¿Qué hay de cierto en la crisis de Gobierno?, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 15 diciembre, 2008

A FONDO

El anuncio de una crisis de Gobierno provoca siempre un seísmo cuya intensidad es directamente proporcional a la veracidad de la noticia. Medida por su repercusión en los afectados, los ministros, a la información publicada el pasado lunes en este periódico por Marisa Cruz y Manuel Sánchez cabría apuntarle un siete en la particular escala de Richter de la política.

Todos los miembros del Gobierno saben que el presidente está decidido a hacer cambios profundos. El problema, como casi todo en la vida, es saber cuándo llevará a cabo la renovación.

Los nervios afloraron tras el comentario de Rodríguez Zapatero de que pensaba crear un Ministerio de Deportes en una próxima remodelación del Gobierno, aprovechando la visita a La Moncloa del equipo español de Copa Davis el 26 de noviembre.

Justo por esos días, un hombre cercano a Zapatero, el consejero ejecutivo de Telefónica Javier de Paz, comentó en una cena que el presidente iba a adelantar los cambios en el Gobierno que, en principio, pensaba llevar a cabo tras la Presidencia española de la UE (2010).

Por si eso fuera poco, el vicesecretario general del PSOE, José Blanco, le ha hecho llegar al presidente su opinión de que en estos momentos es necesario dar un golpe de efecto, una señal que demuestre vitalidad frente a una situación económica catastrófica. «El Gobierno está quemado». A tan sólo ocho meses de su constitución tras las elecciones generales, ésa es la sensación que tienen algunos dirigentes del partido, entre los que destaca el propio Blanco.

Una fuente bien informada me comentó esta semana: «Yo creo que alguien interesadamente ha soltado lo de la crisis. Mi impresión es que Zapatero, que de este asunto no habla con nadie, podría hacer cambios antes del verano, probablemente después de las Europeas. Pero no en estos momentos. Ahora no toca».

Si alguien tenía interés en los efectos de la noticia, ha logrado su objetivo. La amplitud de la rumoreada crisis ha provocado en todo el gabinete una inusitada actividad. Contrariamente a lo que recomendaba Alfonso Guerra, ahora parece que el que no se mueva no saldrá en la foto.

Las crisis de Gobierno son casi un subgénero dentro del periodismo político. Hay que ser cauto y no confundir los deseos de las fuentes, siempre interesadas, con la realidad. No hay que olvidar que éste es el terreno abonado para lanzar maliciosos globos sonda.

Con todas las cautelas que requiere el trato de este material altamente inflamable, les contaré lo que en los círculos del poder se dice sobre la actual alineación del equipo de Zapatero.

Un hombre al que todas las fuentes dan como baja segura en el próximo Gobierno es al vicepresidente económico. Pedro Solbes, el héroe del debate frente a Manuel Pizarro, ya le dijo a Zapatero que su idea era abandonar a mitad de legislatura. Pero ahora, con la que está cayendo, sus deseos pueden convertirse en realidad antes de tiempo.

«Solbes no es el hombre adecuado para esta situación», coinciden diversas fuentes. «Se ha mostrado dubitativo, no supo prever la recesión y su excesivo conservadurismo le lleva a congelar cualquier iniciativa que proceda de otras áreas del Gobierno», dice un alto funcionario.

Zapatero está muy preocupado con el aumento del paro. Es su prioridad número uno. Por ello, cuando se elaboró el plan que presentó ante el Congreso, primó la medida que garantizaba una más rápida y mayor contratación de mano de obra: los 8.000 millones para los ayuntamientos.

Solbes se ha mostrado reacio a aumentar el déficit público y no cree que medidas como ésa ayuden de verdad a solucionar el problema de productividad y competitividad de la economía española. Pero el vicepresidente no está en situación de pelear. En su círculo dicen que, en la práctica, «ha tirado ya la toalla».

Otra persona que concita el consenso en torno a su pérdida de influencia es la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega. Otrora vencedora en su pugna con Pérez Rubalcaba, que quiso ser vicepresidente del Gobierno e incluso llegó a insinuar su retirada como medida de presión, ahora la vice vive sus horas más bajas. Le achacan fallos en la política de comunicación. «No transmite bien los mensajes del Gobierno», argumentan sus críticos. ¡Cómo si ése hubiera sido un defecto adquirido recientemente!

Es verdad que algunos ministros le quieren pasar ahora factura por su exceso de celo en el papel de coordinadora de las llamadas políticas horizontales. «No ha tenido mano izquierda», sostienen las fuentes. Lo que sí está claro es que ha dejado de ser una de las favoritas del presidente. Su número no es el primero que marca Zapatero cuando tiene un problema. Eso es letal. Sobre todo, cuando uno o una es vicepresidente del Gobierno.

El tercero que reúne más papeletas para dejar el banco azul es el ministro de Exteriores. Desde hace tiempo, Moratinos ya no fija las prioridades de la política exterior. El fichaje de Bernardino León como secretario general de la Presidencia ha reducido enormemente su papel. El presidente considera que él ha sido el auténtico muñidor de la asistencia de España a la Cumbre del G-20. Zapatero, que ahora es consciente de que España ha perdido peso internacional durante su primer mandato, cree que el hombre ideal para recuperar el terreno cedido es el anterior número dos en Exteriores, ahora convertido en niño mimado de Moncloa, incluso para abordar temas tan espinosos como la entrada de Lukoil en Repsol.

Y después viene el paquete de los que siempre están en la cuerda floja. Se da por segura la salida de Bermejo del Ministerio de Justicia y de Magdalena Alvarez de Fomento. Eso por sólo mencionar los ministerios importantes.

Sin duda, las crisis son la ocasión ideal para que afloren las ambiciones de algunos y para que se definan con mayor claridad los perfiles ideológicos del Ejecutivo, menos relevantes en tiempos de bonanza.

La vieja guardia tiene en Rubalcaba su mejor baza. El ministro del Interior ha hecho una buena labor en la lucha contra ETA. Sus activos están claros y cuenta con personas de su confianza en puestos clave como José Enrique Serrano o Elena Salgado (a la que en su día quiso promover a la cartera de Defensa).

Sin embargo, no es ése el perfil que desea Zapatero para su futuro dream team. Menos vieja guardia y más caras nuevas. Otra generación más en sintonía con el presidente. Esa es la consigna.

Miguel Sebastián, Bernardino León, David Vegara, etcétera, conforman el arquetipo del ministro ideal para un Gobierno que tendrá que hacer frente a la que se augura como la peor crisis económica de la democracia española.

Esa fisonomía tendrá necesariamente que estar trufada por personajes que nos recuerden que estamos ante un Gobierno de izquierdas. Zapatero no puede olvidar los vínculos con el partido y con la UGT.

Pero, para ese papel, siempre tendremos a un hombre dispuesto a los mayores sacrificios en aras del triunfo del ideario socialista: José Blanco. «Blanco sería un buen ministro de Fomento», dijo la semana pasada su paisano Pérez Touriño, presidente de la Xunta. «Efectivamente», pensará para sí su amigo Luis del Rivero.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es

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