Reggio’s Weblog

Neocolonialismo agrario, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (nº 160 febrero de 2009)

Posted in Derechos, Ecología, Economía, Justicia, Medio ambiente, Política by reggio on 4 febrero, 2009

Una de las grandes batallas del siglo XXI será la de la alimentación. Muchos países, importadores de comida, se ven afectados por el aumento de los precios. Los Estados ricos lo venían soportando; hasta que, en la primavera de 2008, se asustaron por la actitud proteccionista de naciones productoras que limitaron sus exportaciones. A partir de ahí, varios Estados con crecimiento económico y demográfico -pero desprovistos de grandes recursos agrícolas y de agua- decidieron asegurarse reservas de comestibles comprando tierras en el extranjero.

Al mismo tiempo, muchos especuladores se pusieron igualmente a comprar terrenos para hacer negocios. Convencidos de que la alimentación será el oro negro del futuro. Según ellos, de aquí a 2050, la producción de alimentos se duplicará para satisfacer la demanda mundial. “¡Invertid en granjas! ¡Comprad tierras!” repite Jim Rogers, gurú de las materias primas. George Soros apuesta asimismo por los agrocarburantes y ha adquirido parcelas en Argentina. Un grupo sueco ha comprado medio millón de hectáreas en Rusia; el hedge fund ruso Renaissance Capital, 300.000 ha. en Ucrania; el británico Landkom, 100.000 ha. también en Ucrania; el banco estadounidense Morgan Stanley y el grupo agro-industrial francés Louis Dreyfus, decenas de miles de hectáreas en Brasil, etc.

Pero quienes se han lanzado a comprar tierras por todo el mundo, son principalmente los Estados con petrodólares y divisas. Corea del Sur, primer comprador mundial, ha adquirido 2.306.000 hectáreas; le sigue China (2,09 millones), Arabia Saudí (1,61 millones), los Emiratos Árabes Unidos (1,28 millones) y Japón (324.000 ha .). Total: cerca de 8 millones de hectáreas de tierras fértiles compradas o alquiladas en el exterior. Regiones enteras han pasado a estar bajo control extranjero en países con escasa densidad demográfica y cuyos gobernantes están dispuestos a ceder partes de la soberanía nacional. Un fenómeno que preocupa. En un informe alarmante, la ONG Grain denuncia “un acaparamiento de tierras a nivel mundial” (1).

Sin campos fértiles ni agua, los países del Golfo son los que más pronto se han lanzado. Kuwait, Qatar y Arabia Saudí buscan parcelas disponibles donde sea. “Ellos poseen tierras, nosotros dinero”, explican los inversores del Golfo. Los Emiratos Árabes Unidos controlan 900.000 ha en Pakistán; y están considerando proyectos agrícolas en Kazajistán. Libia adquirió 250.000 ha. en Ucrania a cambio de petróleo y gas. El grupo saudí Binladen ha conseguido terrenos en Indonesia para cultivar arroz. Inversionistas de Abu Dhabi compraron decenas de miles de hectáreas en Pakistán. Jordania producirá comestibles en Sudán. Egipto obtuvo 850.000 ha. en Uganda para sembrar trigo y maíz…

China es el comprador más compulsivo, pues debe alimentar a 1.400 millones de bocas cuando sólo dispone del 7% de las tierras fértiles del planeta. Además, la industrialización y la urbanización le han destruido unos 8 millones de hectáreas. Y algunas regiones se están desertificando. “Tenemos menos espacio para la producción agrícola, y es cada vez más difícil elevar el rendimiento”, explicó Nie Zhenbang, jefe de la Administración Estatal de Granos (2).

China detenta tierras en Australia, Kazajistán, Laos, México, Brasil, Surinam, y sobre todo en África. Pekín ha firmado unos treinta acuerdos de cooperación con Gobiernos que le dan acceso a tierras. A veces, las autoridades de Pekín envían desde China la mano de obra; pagada a menos de cuarenta euros al mes, sin contrato de trabajo y sin cobertura social.

Por su parte, Corea del Sur ya controla en el extranjero una superficie superior a la totalidad de sus propias tierras fértiles… En noviembre de 2008, el grupo Daewoo Logistics, estableció un acuerdo con el Gobierno de Marc Ravalomanana, presidente de Madagascar, para alquilar 1,3 millones de hectáreas, o sea la mitad de las tierras cultivables de esa gran isla…

El Gobierno surcoreano también ha comprado 21.000 hectáreas para cría de ganado en Argentina, país en el cual el 10% del territorio (unos 270.000 kilómetros cuadrados) se encuentra en manos de inversores extranjeros, quienes “se han beneficiado de la actitud de los diferentes Gobiernos para adquirir millones de hectáreas y recursos no renovables, sin restricciones y a precios módicos” (3). El mayor terrateniente es Benetton, industrial italiano de la moda, que posee unas 900.000 ha. y se ha convertido en el principal productor de lana. También el millonario estadounidense Douglas Tompkins tiene unas 200.000 ha . situadas próximas a importantes reservas de agua.
En general, la cesión de tierras a Estados extranjeros se traduce en expropiaciones de pequeños productores y aumento de la especulación. Sin olvidar la deforestación. Una hectárea de bosque procura un beneficio de cuatro a cinco mil dólares si se plantan en ella palmas de aceite; o sea de 10 a 15 veces más que si se dedica a producir madera (4). Ello explica por qué los bosques de la Amazonia, de la cuenca del Congo y de Borneo están siendo sustituidos por plantaciones.

Es un retorno a odiosas prácticas coloniales, y una bomba con efecto retardado. Porque la tentación de los Estados extranjeros es la de saquear los recursos, como lo hace China, con mano de obra importada y poco beneficio local… Pero la resistencia se organiza. En Pakistán, los campesinos ya se están movilizando contra el desplazamiento de aldeas si Qatar compra terrenos en la región de Penyab. Paraguay ha aprobado una ley que prohíbe vender parcelas a extranjeros. Uruguay se lo está planteando; y Brasil estudia cambiar su legislación.

El neocolonialismo agrario le arrebata el trabajo al campesinado y crea un “riesgo de pauperización, tensiones sociales extremas y violencias civiles” (5). La tierra es un asunto muy sensible. Siempre ha provocado pasiones. Representa una parte de la identidad de los pueblos. Tocar ese símbolo podría terminar mal.

Notas:

(1) www.grain.org/m/?id=213
(2) China Daily, Pekín, 9 de mayo de 2008.
(3) Daniel Enz y Andrés Klipphan, Tierras SA. Crónicas de un país rematado, Alfaguara, Buenos Aires, 2006.
(4) Le Nouvel Observateur, París, 23 de diciembre de 2008.
(5) Le Monde, París, 23 de noviembre de 2008.

Anuncios
Tagged with:

Así será el año 2009, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique nº 159 de enero 2009

Posted in Derechos, Economía, Laboral, Política by reggio on 4 enero, 2009

“Balas para los jóvenes, dinero para los bancos”. Este expresivo grito de ira de los amotinados de Grecia bien podría oírse, a lo largo de 2009, en otras ciudades europeas. Porque el año que empieza se va a caracterizar, como consecuencia de los despidos masivos que está causando la crisis, por un fuerte descontento social. Y éste desembocará en huelgas, manifestaciones y enfrentamientos que las elecciones europeas de junio próximo no calmarán.

Numerosos jóvenes -estudiantes o no-, son conscientes de que su destino es ir a dar a la mar de la precariedad (“generación 700 euros”) o del desempleo. Desean hacer tabla rasa. Algunos se sienten de nuevo atraídos por los movimientos libertarios. En la atmósfera de lucha social que se avecina, las filas del anarquismo podrían engrosarse (1). Como en los años 1930…

Aunque en materia de política internacional no caben supersticiones, los años terminados en 9 son a menudo convulsivos. Basta con observar que, a lo largo de éste, se conmemorarán: los 10 años de la revolución bolivariana de Venezuela (febrero); los 20 años de la caída del muro de Berlín y de la implosión del bloque soviético (noviembre); los 30 de la “revolución islámica” de Irán (febrero); los 40 de la “revolución libia” del coronel Gaddafi (septiembre); los 50 de la revolución cubana (enero); los 60 de la revolución china (octubre); los 70 de la derrota de la República española en la Guerra Civil (abril); y los 80 de la crisis de 1929 y de la Gran Depresión…

Sin duda, la recesión económica será también la principal característica del año que comienza. Porque los efectos del triple crac de la construcción, de los bancos y de las Bolsas golpearán de lleno la economía real.

En ese contexto de descontento social, ¿representa el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, una luz de esperanza? Menos de lo que creímos. Porque su equipo económico, en el que figuran varias personalidades ultraliberales responsables en parte de la crisis actual -como Robert Rubin, Lawrence Summers o Timothy Geithner-, no estará a la altura para cambiar las cosas.

Además, parece evidente que la nueva Administración de Obama será de centro-derecha, es decir más a la derecha que el nuevo Congreso surgido de las elecciones del 4 de noviembre (2). Lo cual augura tensiones más fuertes de lo previsto entre el Ejecutivo y el Legislativo. Los nuevos congresistas demócratas no dejarán de hacerse eco de las impaciencias de los electores duramente afectados por la crisis y profundamente irritados por el gigantesco fraude del estafador Bernard Madoff, así como por las ayudas masivas ofrecidas por el Gobierno a los banqueros. En suma, el entusiasmo de hoy hacia el nuevo Presidente podría, a lo largo del año, cambiarse en decepción, frustración… y cólera.

Su equipo de política exterior   -constituido por Hillary Clinton, Robert Graves y el general Jim Jones- también resulta muy conservador para quien ha prometido dejar de imponer la democracia a punta de bayoneta.

El “foco perturbador” del mundo seguirá siendo Oriente Próximo, como lo han mostrado los recientes acontecimientos trágicos de Gaza. En Irak, las fuerzas británicas y las de todos los demás aliados de Estados Unidos, se retirarán en primavera. Por su parte, las tropas estadounidenses de combate dejarán de patrullar en pueblos y ciudades para replegarse en sus cuarteles. Y su retirada se acelerará. Rebrotará la violencia. El zapatazo del periodista Muntazer Al Zaidi al presidente Bush, el pasado 14 de diciembre en Bagdad, da una idea de la rabia de una parte del pueblo iraquí contra la ocupación estadounidense. ¿Conseguirá el nuevo y corrupto ejército iraquí impedir la dislocación del país?

Habrá elecciones decisivas en Israel, para la función de Primer Ministro, el 10 de febrero; y en Irán, para la Presidencia, el 12 de junio. La tensión entre estos dos países alcanzará niveles incandescentes ¿Desembocará en un conflicto abierto? Nadie debe desearlo pues las consecuencias geopolíticas serían imprevisibles. También económicas, ya que los precios del petróleo volverían a rondar los 150 dólares. Lo cual agravaría más aún la crisis actual…

En cuanto a Afganistán, país que Barack Obama desea convertir en la prioridad militar de su mandato, si Washington intensifica su intervención tendrá que multiplicar los ataques ilegales contra Pakistán, gigante demógrafico y a la vez potencia nuclear. Eso provocará una posible desestabilización de Asif Zardari, presidente de este Estado en quiebra, amenazado además por su poderoso vecino indio, después de los atentados de Bombay del 26 de noviembre pasado. Washington entraría entonces en un nuevo engranaje intervencionista que podría favorecer el rápido retorno al Pentágono de los “halcones”, partidarios de un imperialismo duro y dominador. En Kabul, los estadounidenses tratarán de imponer a un “dictador presentable”. Lo cual significará un regreso al realismo político (o sea, al cinismo) y el abandono del proyecto ético que ha defendido Obama durante su campaña electoral.

Otro gigante que puede reservar sorpresas es China. Porque la crisis -que se va a traducir en un aumento general del proteccionismo en el mundo y la consiguiente reducción de las exportaciones- le golpeará con mayor rudeza. Miles de fábricas cerrarán despidiendo masivamente a trabajadores desprovistos, en su mayoría, de seguridad social y de atención médica. Las protestas crecerán. ¿Conseguirán las autoridades de Pekín mantener la paz social? ¿A qué precio?

En América Latina, la incógnita principal será saber si Barack Obama aceptará el ramo de olivo que le ha ofrecido el presidente de Cuba, Raúl Castro, y si negociará por fin el cese del embargo comercial de la isla. Lo sabremos el 17 de abril cuando, con ocasión de la Cumbre de las Américas en Puerto España (Trinidad y Tobago), el mandatario estadounidense defina su nueva política para el hemisferio.

Entre tanto la crisis climática seguirá agravándose. Todo indica que el año 2009 será el de todos los peligros. Porque agoniza una era, la del neoliberalismo, y comienza, a tientas, un nuevo paradigma. Debiera también ser el momento de todas las oportunidades. Para empezar a edificar, por fin, un mundo mejor.

Notas:

(1) Este 15 de enero se celebra el II centenario del nacimiento, en Besançon (Francia), de Joseph Proudhon, padre del anarquismo.

(2) Moisés Naim, El País , Madrid, 30 de noviembre de 2008.

Tagged with:

Obama, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (diciembre 2008 – nº 158)

Posted in Economía, Política by reggio on 6 diciembre, 2008

Cuando el próximo 20 de enero, el nuevo Presidente de Estados Unidos Barack H. Obama tome posesión de su cargo en el Capitolio de Washington, quizá recuerde que ese edificio fue construido por esclavos negros. Y cuando, horas más tarde, se aloje con su familia en la Casa Blanca, probablemente rememore que esa residencia también fue edificada por esclavos.

Él no desciende de esclavos. Ni forma parte de lo que algunos llaman los “negros furiosos” que asustan a los blancos. Si una sola vez, durante la campaña electoral, el candidato demócrata hubiese alzado la voz para denunciar el racismo hacia la minoría de color, al instante hubiese sido acusado de resentido o de rencoroso. Y perdido la elección.

Por eso, su táctica consistió en repetir que la identidad racial no era su bandera, que ser negro no significaba ser el representante de los negros. Ello no le impedirá pensar, en el momento de su toma de posesión, que cuando él nació, en 1961, aún existían leyes racistas en varios estados de su país y que muchos afroamericanos ni siquiera podían ejercer su derecho de voto. Medirá el camino recorrido. Marcado por sangrientas luchas y por líderes de excepción como Malcolm X y Martin Luther King, asesinados ambos por grupos racistas.

La elección de Barack Hussein Obama es también un signo del vitalismo de la sociedad estadounidense. Una demostración de que el “sueño americano” sigue vivo. Que allí casi “todo es posible”. Un momento de aire fresco después de ocho años de hedores putrefactos y de prácticas repugnantes de la Administración de Bush. Por eso, prohibir la tortura y cerrar el penal de Guantánamo serán las primeras decisiones del nuevo Presidente.

Su singular biografía, su porte elegante, su oratoria mágica y sus dotes de líder carismático le han convertido en breve tiempo en una estrella política para la opinión pública mundial. Por vez primera, un Presidente de Estados Unidos (todavía sin gobernar) es popular en el mundo árabe-musulmán, en África y en América Latina. Regiones donde, por experiencia histórica, existe una desconfianza bastante generalizada hacia el Tío Sam. Muchos intelectuales críticos, dentro y fuera de Estados Unidos, han celebrado su elección ( léanse por ejemplo, pp. 6 y 7, las opiniones de Howard Zinn, Michael Moore y Tariq Alí ). Nelson Mandela, primer Presidente negro de Sudáfrica, en un mensaje de enhorabuena le declaraba: “Estamos convencidos de que usted va a poder finalmente realizar su sueño de convertir a Estados Unidos en un socio verdadero de la comunidad internacional que se consagrará a la paz y a la prosperidad para todos. Confiamos en que luchará usted en todas partes contra los flagelos de la pobreza y de la enfermedad” (1).

Unas esperanzas tan colosales y tan universales no podrán ser sino defraudadas. Por eso, en base a su experiencia de haber bregado con nada menos que diez Presidentes estadounidenses, Fidel Castro ha sugerido calmar los ánimos: “Sería sumamente ingenuo creer que las buenas intenciones de una persona inteligente podrán cambiar lo que siglos de intereses y egoísmo han creado. La historia humana demuestra otra cosa” (2).

Y es que lo más duro para Obama empieza ahora. En primer lugar, porque el inicio de su mandato coincide con el peor colapso económico en un siglo. Los estadounidenses esperan de él y de su equipo que consigan sacar al país del enredo de la crisis (inmobiliaria, bancaria, bursátil) en el que la  Administración de Bush lo ha sumido. También le suplican que evite el naufragio industrial de los tres grandes fabricantes de vehículos, Ford, General Motors y Chrysler. Y la pérdida de millones de empleos.

Además, él mismo ha prometido instaurar un seguro médico universal que ansían como agua de mayo los más de 40 millones de ciudadanos desprovistos de cobertura médica. Sin contar el trabajo de Hércules que significará el lanzamiento de un ambicioso “Green New Deal”. Un gran plan de desarrollo de nuevas tecnologías verdes para romper la petróleo-dependencia. Y para acelerar un salto hacia la innovación técnica que vuelva obsoleto el uso de energías fósiles. Como cuando, hacia 1880, la electricidad sustituyó al vapor y al carbón.

Todo eso no se hará de la noche a la mañana. Costará muy caro y los beneficios no serán evidentes a corto plazo. Habrá impaciencias en un contexto social duramente afectado e irritado por las crisis. El entusiasmo de hoy podría entonces cambiarse en decepción, frustración y cólera.
Tampoco le será fácil al nuevo Presidente aplicar sus ideas de cambio en la política exterior estadounidense. La era Bush marcó quizá el apogeo de la hegemonía mundial de Estados Unidos. Un poder que ha resultado efímero y en definitiva poco eficaz. Porque las guerras en Irak y Afganistán han puesto de manifiesto que la supremacía militar no se traduce automáticamente en victoria política. Por otra parte, el auge de China y de la India permite deducir que los días de Estados Unidos como primera economía están contados.

O sea, que a Obama le va a tocar gestionar la “nueva decadencia” (3) de su país. Lo cual siempre resulta peligroso. Porque puede encontrarse a la merced de escaladas y sobrepujas. En América Latina las cosas podrían ir rápidamente mejor si Washington aliviara o suprimiera el embargo comercial a Cuba y restableciera una relación constructiva con Venezuela y Bolivia. Aunque no será tan sencillo ( léase, pp.1 y 20, el artículo de Marcos Roitman ).

Pero es en Oriente Próximo donde la situación seguirá siendo muy peligrosa. Y hasta puede empeorar. Por ejemplo, si retira las tropas estadounidenses de Irak, como ha prometido hacerlo, el vencedor de la guerra será objetivamente Irán pues los chiíes, aliados de Teherán, quedarán al mando en Bagdad. ¿Lo aceptará Arabia Saudí, gran enemigo de Irán al que acusa de expansionismo? ¿Lo admitirá Israel, amenazado de aniquilación por Teherán, y donde en febrero próximo se celebran elecciones que podrían ver la victoria del ala más dura de la derecha en torno a Benjamín Netanyahu y sus amigos “halcones”?

¿Qué hará Obama si estos dos Estados se las arreglan para obstaculizar la retirada de Washington?

Notas:

(1) Le Monde, París, 8 de noviembre de 2008.
(2) Fidel Castro, “La reunión de Washington”, Granma, La Habana, 14 de noviembre de 2008.
(3) The Financial Times, Londres, 18 de noviembre de 2008.

Tagged with:

Impacto global, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Noviembre 2008. Número 157)

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 4 noviembre, 2008

El apocalipsis financiero no ha terminado. Se está transformando en recesión global. Y todo indica que vamos hacia una Gran Depresión. Por espectaculares que sean, las medidas adoptadas en Europa y en Estados Unidos no van a provocar el final de las dificultades. Lo admitió el propio Henry Paulson, Secretario del Tesoro estadounidense: “A pesar de nuestro gran plan de rescate, más instituciones financieras van a ir a la quiebra”.

En un informe sobre las crisis de los últimos treinta años, el Fondo Monetario Internacional (FMI) confirma que las que tienen a los bancos y al sector inmobiliario como protagonistas son especialmente “intensas, largas, profundas y dañinas para la economía real”. Las efectos ya se extienden por los cinco continentes: en unas semanas, el real brasileño ha perdido el 30% de su valor; el zloty polaco, un 22%; la rupia india, un 10%; el peso mexicano, un 14%. Presiones similares afrontan Indonesia, Filipinas o la República Checa.

Las autoridades estadounidenses ya han inyectado más de billón y medio de euros (equivalente al doble de lo que ha costado, desde 2001, las guerras de Afganistán y de Irak) en sus diferentes planes de rescate de bancos, cajas de ahorros y compañías de seguros. Y los grandes bancos del mundo aún necesitan varios miles de millones de euros… Lo cual les conduce a restringir el crédito a las empresas y a los particulares. Con las consecuencias muy negativas que eso está teniendo en la economía real.

Los países avanzados, entre ellos España, que han recurrido a la innovación financiera para garantizar altas rentabilidades a los inversores, son los que encajan el golpe más duro. El FMI estima que la economía de esos países tendrá el avance más débil desde hace 27 años. El mundo va camino de sufrir su peor pesadilla desde 1929.

Por sus inéditas dimensiones, esta crisis pone fin al periodo neoliberal basado en las tesis monetaristas de Milton Friedman que dominaron, durante tres décadas, el campo capitalista. Y encandilaron también a la socialdemocracia internacional. El repentino derrumbe de ese credo deja a la mayoría de los dirigentes políticos desamparados. El patético espectaculo de responsables multiplicando de modo disparatado las reuniones y las “medidas de rescate” da una idea de su despiste.

En Estados Unidos, los bancos han trabajado en unas condiciones de libertad absoluta concedidas en nombre de fundamentos ideológicos. Por ello, la clase política norteamericana tiene la responsabilidad del caos actual. El dogma del mercado infalible se ha autodestruido. En cambio, el modelo de los países que han mantenido algún tipo de control de cambio -China o Venezuela, por ejemplo- se ve ahora reivindicado. Y aunque el impacto de la crisis se hará sentir en todo el planeta, esas economías que no adoptaron la desregulacion ultraliberal saldrán mejor paradas. Algunos analistas resaltan, para América Latina, el interés de mecanismos como la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), el Banco del Sur, o la idea de un banco de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) recientemente propuesta por el presidente venezolano, Hugo Chávez.

Es un momento histórico (1). Se derrumba no sólo un modelo de economía sino también un estilo de gobierno. Eso altera el liderazgo de EEUU en el mundo. En particular su hegemonía económica. Sus finanzas dependen de que sigan entrando fuertes sumas de capital extranjero. Y los países de donde procede ese dinero -China, Rusia, petromonarquías del Golfo- van ahora a influir en su futuro.

En 2006, China y Oriente Próximo financiaron, a partes iguales, el 86% del déficit de los países industriales. En 2013, el superávit chino excederá la totalidad del déficit de los países industriales. Todo ello otorga a Pekín un papel decisivo en el mantenimiento de la estabilidad del sistema financiero internacional. Y es probable que, a cambio, China trate de obtener concesiones en asuntos como los de Taiwan o el Tíbet.

El declive de la economía anuncia, en general, la decadencia de los imperios (2). ¿Podrá la debilitada economía estadounidense seguir asumiendo la costosísima guerra de Irak? El conflicto de Vietnam acabó con la equivalencia entre el dólar y el oro, e hizo tambalear el sistema de Bretton Woods. La guerra de Irak, por su coste, ha provocado una transferencia de riqueza de EEUU a sus competidores. La influencia de los fondos soberanos y de China se ha reforzado. La crisis actual refuerza ese movimiento, y provoca un reequilibrio fundamental: el centro de gravedad del mundo se desplaza de Occidente hacia Oriente.

Pero tal desplazamiento desencadena consecuencias en cascada como las que plantea el ensayista británico John N. Gray: “Si EEUU se retira de Irak, Irán quedará como vencedor regional. ¿Cómo reaccionará Arabia Saudí? ¿Habrá más o menos probabilidades de una acción militar para impedir que Irán adquiera armas nucleares?” (3). Es evidente que Washington está perdiendo poder. La guerra de Georgia, en agosto pasado, mostró a Rusia rediseñando el mapa geopolítico del Cáucaso, sin que EEUU pudiera hacer nada.

La situación económica es tan grave que muchos Gobiernos echan por la borda sus creencias ideológicas, y están dispuestos a adoptar medidas que ellos mismos habrían tachado de heréticas hace poco. Por ejemplo, aumentar el gasto público. Y relanzar las inversiones en obras de infraestructura importantes como estímulo económico. El propio FMI aboga por una intervención pública más radical.

El modelo de capitalismo, diseñado por los Estados del Norte para el mayor provecho de los países ricos, ha muerto. La nueva arquitectura de economía social de mercado la definirán, a partir de la reunión del 15 de noviembre en Washington, no sólo los Grandes del G8 sino también, por primera vez, potencias del Sur como Argentina, Sudáfrica, Brasil, China, la India y México. Ya era hora.

Notas:

(1) John N. Gray, “Mucho más que una crisis financiera”, El País , Madrid, 11 de octubre de 2008.
(2) Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias , Debolsillo, Barcelona, 2004.
(3) Op. cit .

http://www.monde-diplomatique.es/

Tagged with:

La crisis del siglo, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Octubre 2008. Número 156)

Posted in Derechos, Economía, Internacional, Política by reggio on 6 octubre, 2008

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado “septiembre negro” han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de Economía: “Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo”. Se termina el periodo abierto en 1981 con  la fórmula de Ronald Reagan: “El Estado no es la solución, es el problema”. Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La “edad de oro” de Wall Street se ha acabado. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, “amos del universo” denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes. Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas a corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca “burbuja” ha reventado.

El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200.000 millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se han desmoronado: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero se ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditoras contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las “hipotecas basura” (subprime) era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado -en estas columnas- desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La Administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddie Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañía de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (ex presidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones “tóxicas” procedentes de las “hipotecas basura” por un valor de unos 500.000 millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado -las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los banksters (“banquero gangster”) a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un coste de 4.000 millones de euros. Lo consideró un gasto inútil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen “plan B” para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuánto durará la crisis? “Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme”, vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo “New Deal” basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Notas:

(1) Financial Times , Londres, 23 de septiembre de 2008.

Tagged with:

El polvorín Marruecos, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Septiembre 2008. Numero 155)

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 3 septiembre, 2008

Se llama Zahra Budkur, tiene veinte años, es estudiante en la Universidad de Marrakech. Por haber participado en una marcha de protesta fue golpeada por la policía, encarcelada junto con centenares de compañeros en la siniestra comisaría de la Plaza Jamaâ El Fna (visitada a diario por miles de turistas) y salvajemente torturada. Los guardias la obligaron a permanecer desnuda, mientras tenía sus menstruaciones, durante días, delante de sus camaradas. Para protestar, Zahra inició una huelga de hambre, y se halla en estado de coma. Su vida pende de un hilo (1).

¿Ha oído alguien, en Europa, hablar de esta joven estudiante? ¿Nuestros medios de comunicación han citado acaso la trágica situacion de Zahra? Ni una palabra. Ninguna tampoco sobre otro estudiante, Abdelkebir El Bahi, arrojado por la policía desde lo alto de un tercer piso y condenado para el resto de sus días a la silla de ruedas por fractura de la columna vertebral.

Cero información también sobre otros dieciocho estudiantes de Marrakech, compañeros de Zahra, que, para protestar contra sus condiciones de detención en la prisión de Bulmharez, están asimismo en huelga de hambre desde el 11 de junio. Algunos ya no se pueden poner en pie, varios vomitan sangre, otros están perdiendo la vista y unos cuantos, en estado comatoso, han debido ser hospitalizados.

Todo ello ante la indiferencia y el silencio general. Sólo los familiares han manifestado su solidaridad. Lo cual ha sido considerado como un gesto de rebelión. Y también ellos han sido odiosamente apaleados.

Todo esto no ocurre en un país lejano, como pueden serlo el Tíbet, Colombia u Osetia del Sur. Sino a tan sólo catorce kilómetros de Europa. En un Estado que millones de europeos visitan cada año y cuyo régimen goza, en nuestros medios de información y entre nuestros propios dirigentes políticos, de una extraña tolerancia y mansedumbre.

Sin embargo, desde hace un año, por todo Marruecos se multiplican las protestas: revueltas urbanas contra la carestía de la vida e insurrecciones campesinas contra los abusos. El motín más sangriento ocurrió el 7 de junio en Sidi Ifni cuando una apacible manifestación contra el paro en esa ciudad fue reprimida con tal brutalidad que provocó una verdadera insurrección con barricadas callejeras, incendios de edificios e intentos de linchamiento de alguna autoridad pública. En respuesta, las fuerzas de represión actuaron con una desmedida ferocidad. Además de causar decenas de heridos y de detenidos (entre ellos, Brahim Bara, del comité local de Attac), Malika Jabbar, de la Organización Marroquí de Derechos Humanos, ha denunciado “las violaciones de mujeres” (2), y la cadena árabe de noticias Al Jazeera ha hablado de “uno a cinco muertos”.

Las autoridades lo niegan. Han impuesto una “versión oficial” de los hechos, y toda información que no coincida con ésta es sancionada. Una Comisión parlamentaria investiga lo ocurrido, pero sus conclusiones sólo servirán, como de costumbre, para enterrar el problema.

Las esperanzas nacidas hace nueve años con la subida al trono del joven rey Mohamed VI se han ido desvaneciendo. Si unas pinceladas de gattopardismo han modificado el aspecto de la fachada, el edificio, con sus sótanos siniestros y sus pasadizos secretos, sigue siendo el mismo. Los tímidos avances en materia de libertades no han transformado la estructura del poder político: Marruecos sigue siendo el reino de la arbitrariedad, una monarquía absoluta en la que el soberano es el verdadero jefe del Ejecutivo. Y donde el resultado de las elecciones lo determina, en última instancia, la corona que nombra además “a dedo” a los principales ministros, llamados “ministros de soberanía”.

Tampoco ha cambiado, en lo esencial, la estructura de la propiedad. Marruecos sigue siendo un país feudal en el que unas decenas de familias, casi todas cercanas al trono, controlan -merced a la herencia, el nepotismo, la corrupción, la cleptocracia y la represión-, las principales riquezas.

En este momento la economía va bien, con un crecimiento del PIB previsto para 2008 del 6,8% (3), gracias en particular a los millones de emigrantes y a sus transferencias de divisas que constituyen el principal ingreso, junto con el turismo y las exportaciones de fosfatos. Pero los pobres son cada vez más pobres. Las desigualdades nunca han sido tan grandes, el clima de frustración tan palpable. Y la explosión de nuevas revueltas sociales tan inminente.

Porque existe una formidable vitalidad de la sociedad civil, un asociacionismo muy activo y atrevido que no teme defender derechos y libertades. Muchas de estas asociaciones son laicas, otras son islamistas. Un islamismo que se nutre de la gran frustración social y que, de hecho, es políticamente la primera fuerza. El movimiento Al Adl Ual Ijsán (no reconocido, pero tolerado), que dirige el jeque Yassín y que no participa en las elecciones, junto con el Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD), el más votado en las últimas legislativas de septiembre 2007, dominan ampliamente el mapa político. Pero no se les permite gobernar.

Lo cual empuja a grupos minoritarios a elegir la vía de la violencia y del terrorismo. Que las autoridades combaten con mano férrea. Con el apoyo interesado de la Unión Europea y de Estados Unidos (4). Esta alianza objetiva es la que conduce a taparse los ojos ante las violaciones de los derechos humanos que allí se siguen cometiendo. Es como si las cancillerías occidentales le dijesen a Rabat: a cambio de vuestra lucha contra el islamismo, se os perdona todo, incluida vuestra lucha contra la democracia.

Notas:

(1) Le Journal hebdomadaire, Casablanca, 26 de julio de 2008.
(2) Ídem , 12 de julio de 2008.
(3) Le Monde, París, 10 de agosto de 2008.
(4) Washington está construyendo una inmensa base militar en la región de Tan-Tan, al norte del Sáhara Occidental, para instalar la sede del Africom, el Comando África de sus ejércitos, con misión de controlar militarmente el continente.

Tagged with:

Belén y Belem, de Ignacio Ramonet en El País de Galicia

Posted in Internacional, Política by reggio on 13 agosto, 2008

Por esas casualidades de la existencia, me ha tocado estar, a pocas semanas de distancia, en las dos ciudades del planeta que llevan por nombre Belén. Recorriendo Palestina, visité primero la legendaria localidad del pesebre, donde cuentan los Evangelios que nació Jesús. Y donde por poco fallezco yo, en los sótanos angostos de la Basílica de la Natividad, espachurrado por una caterva de fanáticos peregrinos, cristianos de la India, emperrados en tocar con sus manos el último y diminuto trozo de la gruta primitiva. Por efecto de supersticiones y fetichismos acumulados a lo largo de dos milenios, esa gruta se halla hoy tapizada de oro, plata, piedras preciosas y otras múltiples opulencias que hubieran ciertamente disgustado al que quiso “ser fiel a los pobres hasta el final”.

Esta Belén da pena. Situada en los arrabales de Jerusalén, se encuentra cercada por el avance de los asentamientos ilegales de colonos, y en gran parte asfixiada por la infame “barrera” de separación. Sólo unos pocos puestos de control, controlados por militares israelíes, permiten el acceso a la ciudad cada día más aislada, en donde ya casi no residen cristianos. Hay que recordar que la superficie total de Israel y Palestina (27.290 kilómetros cuadrados) es inferior a la de Galicia (29.512 kilómetros cuadrados), y que allí viven cerca de 11 millones de personas (menos de tres millones en Galicia). En tan áridas tierras, propicias al misticismo religioso, la lucha por el escaso territorio y por los insuficientes recursos hídricos se han convertido, desde hace varios decenios, en una guerra a muerte.

En la otra Belem, la de Brasil, también hay una guerra, aunque de distinto tipo. Porque aquí, en materia de espacio y de agua, todo es diametralmente diferente por su descomunal abundancia. Situada a orillas del grandioso Amazonas -más ancho que el estrecho de Gibraltar-, esta ciudad de unos dos millones de habitantes con sus decenas de rascacielos, sus favelas miserables, sus autopistas y su clima ecuatorial ha ido ganando terreno a expensas de la selva y se extiende ya sobre más de mil kilómetros cuadrados.

Todos los días, al caer la tarde, un aguacero feroz en forma de avalanchas de trombas de agua nos viene a recordar el castigo que debió ser aquel diluvio universal del que habla el Antiguo Testamento. Por ello quizá, aquí también las supersticiones (portuguesas, africanas, indígenas) están tan presentes y se manifiestan sobre todo en las coloridas procesiones a la iglesia de la patrona de la ciudad, Nuestra Señora de Nazaret (otra alusión a la Palestina bíblica).

Para tener una idea de la inmensidad del espacio, recordemos que Belem, es la capital del Estado de Pará, y que la superficie de éste es de casi 1.250.000 kilómetros cuadrados, ¡dos veces y media la de España! Enteramente recubierto al principio por la jungla amazónica, el Estado de Pará posee el mayor yacimiento de hierro del mundo, y las principales reservas brasileñas de bauxita (aluminio) y de cobre. También está entre los principales productores de piña, de yuca, de coco, de aceite de palma y de plátanos. Y es el mayor exportador de madera de Brasil.

Por sí mismos, estos datos económicos deberían entusiasmar, pues traducen el despegue de un gran país como es Brasil. En realidad no dejan de preocupar, porque significan que el desarrollo de estas actividades se hace a expensas de la selva amazónica, la mayor reserva de biodiversidad del planeta.

La sección brasileña de la ONG Greenpeace ha constatado que el 18% del bosque amazónico ya ha sido destruido, y afirma que cuando se alcance el 40% será demasiado tarde para salvar al pulmón del mundo.

La gobernadora de Pará, Ana Julia Carepa, del Partido de los Trabajadores (el del presidente Lula) se muestra muy consciente del peligro. Denuncia sobre todo la tala ilegal, principal responsable de la deforestación la deforestación salvaje de este inmenso territorio. Propone un plan ambicioso: ¡plantar mil millones de árboles! Y lo quiere tener listo para anunciarlo en el próximo Foro Social Mundial que tendrá lugar en enero de 2009, precisamente en Belem.

Según los Evangelios, en la Belén de Judea nació el que vino a “salvar al hombre”. Esperemos que, 2.000 años después, en la Belem amazónica nazca por fin el modo de salvar el planeta.

Tagged with:

Las tres crisis, de Ignacio Ramonet en Le Monde diplomatique (Julio 2008. Numero 153)

Posted in Economía, Internacional by reggio on 9 julio, 2008

No había ocurrido jamás. Por vez primera en la historia económica moderna, tres crisis de gran amplitud -financiera, energética, alimentaria- están coincidiendo, confluyendo y combinándose. Cada una de ellas interactúa sobre las demás. Agravando así, de modo exponencial, el deterioro de la economía real.

Por mucho que las autoridades se esfuercen en minimizar la gravedad del momento, lo cierto es que nos hallamos ante un seísmo económico de inédita magnitud. Cuyos efectos sociales apenas empiezan a hacerse sentir y que detonarán con toda brutalidad en los meses venideros. Lo peor nunca es seguro y la numerología no es una ciencia exacta, pero el año 2009 bien podría parecerse a aquel nefasto 1929…

Como era de temer, la crisis financiera sigue agudizándose. A los descalabros de prestigiosos bancos estadounidenses, como Bear Stearns, Merrill Lynch y el gigante Citigroup, se ha sumado el desastre reciente de Lehman Brothers, cuarta banca de negocios que ha anunciado, el pasado 9 de junio, una pérdida de 1.700 millones de euros. Por ser su primer déficit desde su salida en Bolsa en 1994, esto ha causado el efecto de un terremoto en una América financiera ya violentamente traumatizada.

Cada día se difunden noticias sobre nuevos quebrantos en los bancos. Hasta ahora, las entidades más afectadas han reconocido pérdidas de casi 250.000 millones de euros. Y el Fondo Monetario Internacional estima que, para salir del desastre, el sistema necesitará unos 610.000 millones de euros (o sea, el equivalente de ¡dos veces el presupuesto de Francia!).

La crisis comenzó en Estados Unidos, en agosto de 2007, con la morosidad de las hipotecas de mala calidad (subprime) y se ha extendido por todo el mundo. Su capacidad de transformarse y de extenderse mediante la proliferación de complejos mecanismos financieros hace que esta crisis se asemeje a una epidemia fulminante imposible de atajar.

Las entidades bancarias ya no se prestan dinero. Todas desconfían de la salud financiera de sus rivales. A pesar de las inyecciones masivas de liquidez efectuadas por los grandes bancos centrales, nunca se había visto una sequía tan severa de dinero en los mercados. Y lo que más temen algunos ahora es una crisis sistémica, o sea que el conjunto del sistema económico mundial se colapse.

De la esfera financiera la crisis se ha trasladado al conjunto de la actividad económica. De golpe, las economías de los países desarrollados se han enfriado. Europa (y en particular España) se halla en franca desaceleración, y Estados Unidos se encuentra al borde de la recesión.

Donde más se está notando la dureza de este ajuste es en el sector inmobiliario. Durante el primer trimestre de 2008, el número de ventas de viviendas en España cayó el ¡29%! Cerca de dos millones de pisos y de chalets no encuentran comprador. El precio del suelo sigue desmoronándose. Y el alza de los intereses hipotecarios y los temores de recesión hunden el sector en una espiral infernal. Con feroces efectos en todos los frentes de la enorme industria de la construcción. Todas las empresas de estas ramas se ubican ahora en el ojo del huracán. Y asisten impotentes a la destrucción de decenas de miles de empleos.

De la crisis financiera hemos pasado a la crisis social. Y vuelven a surgir políticas autoritarias. El Parlamento Europeo ha aprobado, el pasado 18 de junio, la infame “directiva retorno” (1). Y las autoridades españolas ya han proclamado su voluntad de favorecer la salida de España de un millón de trabajadores extranjeros…

En medio de esta situación de espanto se produce el tercer choque petrolero. Con un precio del barril en torno a los 140 dólares. Un aumento irracional (hace diez años, en 1998, el barril costaba menos de 10 dólares…) debido no sólo a una demanda disparatada sino, sobre todo, a la acción de muchos especuladores que apuestan por el alza continua de un carburante en vías de extinción. Los inversores huyen de la burbuja inmobiliaria y desplazan masas colosales de dinero porque apuestan ahora por un petróleo a 200 dólares el barril. Se está así produciendo una financiarización del petróleo.

Con las consecuencias que vemos: formidable subida de los precios en las gasolineras, y estallidos de ira por parte de pescadores, camioneros, agricultores, taxistas y todos los profesionales más afectados. En muchos países, mediante manifestaciones y enfrentamientos, estas profesiones reclaman a sus Gobiernos ayudas, subvenciones o reducciones de la fiscalidad.

Por si todo este contexto no fuese lo bastante sombrío, la crisis alimentaria se ha agravado repentinamente y ha venido a recordarnos que el espectro del hambre sigue amenazando a casi mil millones de personas. En unos cuarenta países, la carestía actual de los alimentos ha provocado levantamientos y revueltas populares. La Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) del pasado 5 de junio en Roma sobre la seguridad alimentaria fue incapaz de alcanzar un acuerdo para relanzar la producción alimentaria mundial. También aquí, los especuladores en fuga del desastre financiero tienen una parte de responsabilidad porque apuestan por un precio elevado de las futuras cosechas. De modo que hasta la agricultura se está financiarizando.

Éste es el saldo deplorable que deja un cuarto de siglo de neoliberalismo: tres venenosas crisis entrelazadas. Va siendo hora de que los ciudadanos digan: “¡Basta!”.

Notas:

(1) Sami Naïr, “Europa se blinda ante los inmigrantes”, El País, Madrid, 18 de junio. de 2008.

Tagged with:

Orgullo marinero, de Ignacio Ramonet en El País de Galicia

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 18 junio, 2008

Se agudizan las protestas de los pescadores. Galicia está en primera línea por su secular tradición marítima. Y numerosos gallegos han respaldado, en A Coruña y Vigo, las manifestaciones de marineros exasperados. Muchos otros ciudadanos avalan el paro total de la flota gallega. La indignación de nuestros trabajadores del mar está más que justificada. Pero se equivocan cuando apuntan el origen de su desventura. Según ellos, la crisis tiene dos causas: la carestía del gasóleo y el derrumbe de los precios por la incontrolada importación de pescado procedente del sureste asiático. Ésas son sólo las apariencias del problema.

Es cierto que las ganancias de las petroleras, en este período de crisis, resultan escandalosas (Repsol tuvo en 2007 unos beneficios de 3.188 millones) y que el Estado debería gravar más esos dividendos. Pero no se debe olvidar que el aumento del coste del carburante afecta a todos los sectores de la economía y a los hogares privados. Y ese aumento se debe a la especulación de los fondos de inversión que, huyendo del desastre immobiliario, apuestan por una subida de los hidrocarburos. Las reservas se agotan y el petróleo nunca más volverá a ser barato. Pensar que los carburantes fósiles regresarán a los ridículos precios de antaño es creer en los Reyes Magos.

La importación de pescado procedente de zonas donde los marineros son explotados como modernos esclavos es una de las razones por las que la pesca ya no es rentable. La causa la tiene, por una parte, la globalización neoliberal que enfrenta a los trabajadores peor pagados contra nuestros productores con sueldos dignos, siempre a expensas de estos últimos. Por otra parte, el mercado de la alimentación está muy concentrado. Las grandes superficies tienen un poder de compra enorme. Y prefieren importar pescado barato congelado, aunque proceda de muy lejos.

Lo que nuestros pescadores deben entender, es que algunos están pescando demasiados peces y usando métodos que destruyen todo a su paso. Esa es la verdadera causa del problema. Empresas pesqueras industriales aran el fondo del mar con redes de arrastre removiendo el sedimento y destruyendo la fauna emergente. Con técnicas como jábegas, palangres, traínas o las mortales redes de arrastre la mayoría de los peces atrapados mueren y luego muchos de ellos son devueltos al mar. La sobrepesca ha destruido así ecosistemas marinos completos. Un estudio publicado por la revista Science estima que el conjunto de las pesquerías mundiales se agotará antes del año 2048. Según otros estudios, el 90% de los grandes peces (atunes) ha desaparecido en el último siglo. La producción pesquera ha estado descendiendo desde principios de 1990. Se estima que sólo queda el 20% de la biomasa de peces que había a principios del siglo XX. En aguas comunitarias europeas más del 80% de los caladeros se encuentran ya agotados o sobreexplotados.

Más de 500 empresas de numerosos países, entre los que destaca España, abanderan sus buques en naciones no firmantes de los tratados de pesca, para no dar explicaciones. En el caso de España, 116 empresas (algunas de ellas gallegas) han creado compañías fantasma en países como Guinea Ecuatorial, Honduras, Belice o San Vicente y las Granadinas, desde donde envían a alta mar barcos con tripulaciones mal pagadas, sin reglas laborales, pero con altísimos beneficios.

¿Qué hacer? La solución consiste en establecer reservas que permitan restaurar la biodiversidad marina en áreas protegidas. En estas zonas, en las que está prohibida la pesca, la riqueza de especies aumenta como media en un 23%. El verdadero orgullo marinero consistiría en reclamar una importante extensión de las reservas marinas. El mar y los pescadores necesitan su propio Protocolo de Kyoto.

Tagged with:

El Nobel de ecología, de Ignacio Ramonet en El País de Galicia

Posted in Ecología, Medio ambiente, Política by reggio on 4 junio, 2008

Pocos lo saben, pero existe un Premio Nobel de ecología. Este año lo ha ganado Jesús León Santos, de 42 años, un campesino indígena que lleva realizando en los últimos 25 años un excepcional trabajo de reforestación en su región de Oaxaca, México. El verdadero nombre de la recompensa es Premio Ambiental Goldman. Fue creado en 1990 por dos generosos filántropos y activistas cívicos estadounidenses Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Goldman. Consta de una dotación de 150.000 dolares (unos 100.000 euros) y se entrega cada año, en el mes de abril, en la ciudad de San Francisco, California (Estados Unidos). Hasta ahora ha sido otorgado a 126 defensores del medioambiente de 72 países. En 1991, lo ganó la africana Wangari Maathai, quien luego obtuvo el Premio Nobel de la paz en 2004.

A Jesús León Santos se lo han dado porque, cuando tenía 18 años, decidió cambiar el paisaje donde vivía en la Mixteca alta, la “tierra del sol”. Aquello parecía un panorama lunar: campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de semejantes páramos y de esa vida tan dura.

Con otros comuneros del lugar, Jesús León se fijó el objetivo de reverdecer los campos. Y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas. ¿Cómo llevar el proyecto a cabo? Haciendo revivir una herramienta indígena también olvidada: el tequio, el trabajo comunitario no remunerado.

Reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos, se lanzaron en la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: la erosión. En esa región mixteca existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI. La cría intensiva de cabras, el sobrepastoreo y la industria de producción de cal que estableció la Colonia deterioraron la zona. El uso del arado de hierro y la tala intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos dominicos contribuyeron definitivamente a la desertificación.

Jesús León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación. A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras vivas para impedir la huida de la tierra fértil. Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo titánico, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua.

Después se fijaron la meta de conseguir, para las comunidades indígenas y campesinas, la soberanía alimentaria. Desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región. Sembrando sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es de las más resistentes a la sequía. Se planta entre febrero y marzo, que es allí la época mas seca del año, con muy poca humedad en el suelo, pero cuando llegan las lluvias crece rápidamente.

Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido. Hoy la Mixteca alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no emigra.

Actualmente, Jesús León y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200.000 árboles anuales. Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación. Con la madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba desapareciendo: la elaboración, en talleres familiares, de yugos de madera y utensilios de uso corriente. Además, se han enterrado en lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares organicos.

El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas, que también han creado viveros comunitarios y organizan temporalmente plantaciones masivas.

En un mundo donde las noticias, con frecuencia, son negativas y deprimentes, esta historia ejemplar ha pasado desapercibida. Una prueba más del desastre mediatico en el que vivimos.

Tagged with:

Mayo del 68, una pop-revolución, de Ignacio Ramonet en Público

Posted in Política by reggio on 20 mayo, 2008

En aquel reguero de protestas que marcaron el año 1968 hay algo de enigma histórico. Ya había ocurrido en 1848. Por distintas causas, en varios países de Europa estallaron entonces una serie de revoluciones sin relación aparente entre sí. Pero Carlos Marx demostró que tan dispares motines se ajustaban a un esquema común, y lo calificó de “primavera de los pueblos”.

¿Qué poseen en común las revueltas del 68? ¿Por qué, al mismo tiempo, se producen en sitios tan alejados como California, Tokyo, Inglaterra, Alemania, Polonia, Italia, Uruguay, París, España, Praga y México? ¿Por qué, como símbolo de una protesta universal, sólo ha quedado el “mayo francés”?

Con la lucidez que otorgan los cuatro decenios transcurridos, se puede afirmar que en aquel año 1968 entra en escena una categoría social hasta entonces desprovista de estatuto político: la juventud. Igual que en la segunda mitad del siglo XIX se inventó la infancia, y que en el periodo 1880-1920 se concibió la adolescencia, en los años 1960 se creó lo que llamamos juventud. O sea, una categoría social de contorno impreciso cuyos miembros tienen una edad correspondiente al periodo que va del fin de la adolescencia hasta la entrada en la vida activa. Y que coincide, en nuestros países, con los años de estudios superiores.

Los estudiantes eran antes unos señoritos. Existían como coartada (para la reproducción de la clase dominante) pero no como verdadera categoría social capaz de influir en la política. Eso cambia después de la Segunda Guerra Mundial. Se produce una masificación de la enseñanza superior. Y tremendos atascos a la entrada de las escasas universidades existentes. Surgen entonces dos causas comunes de malestar.

La primera tiene que ver con el estatuto del estudiante y la degradación de sus condiciones materiales de estudios. La segunda corresponde a su inscripción social y a la toma de conciencia de que lo que se le enseña sirve para reproducir el sistema de alienación y de dominación de clase que oprime a sus propios padres. Esa doble constatación –profesional y política– es la yesca que, una vez encendida, hará estallar la furia del estudiantado.

Hay que recordar que, gracias a la generalización del cine en color, del transistor y del tocadiscos, la cultura de masas vive entonces su gran esplendor. Y lleva ya más de un decenio difundiendo la figura del “joven rebelde”. Desde películas de gran éxito como Salvaje, con Marlon Brando, o Rebelde sin causa, con James Dean. Hasta canciones-protesta de Joan Baez o Bob Dylan (en España, Raimon) y de cantantes míticos como Elvis Presley, los Beatles, los Rolling Stones o Jimi Hendrix.

La gran crisis internacional de aquella época es la guerra de Vietnam. En 1968, Estados Unidos lleva ya seis años en ese lodazal donde más de medio millón de sus jóvenes soldados combaten, con unas pérdidas que sobrepasan los quinientos muertos por mes. Un conflicto muy impopular. Sobre todo en los campus universitarios donde, desde 1964, los estudiantes de izquierda vienen organizando monumentales manifestaciones con un inusitado eco internacional.

En América Latina, Ernesto Che Guevara, en plena lucha internacionalista en tierras bolivianas, en su “Mensaje a la Tricontinental” de abril de 1967 (antes de ser asesinado en octubre de ese mismo año), lanza su célebre consigna : “Crear dos, tres… muchos Vietnam”. Y las protestas de los estudiantes latinoamericanos se generalizan contra el imperialismo estadounidense. Aquí el compromiso es directamente político. Y muchos estudiantes, en Argentina, en Venezuela, en Uruguay, optan por la lucha armada y sus riesgos. Violeta Parra les canta : “Me gustan los estudiantes / porque son la levadura / del pan que saldrá del horno / con toda su sabrosura, / para la boca del pobre / que come con amargura. / Caramba y zamba la cosa / ¡viva la literatura!”.

En cambio en Francia, la revuelta de los estudiantes en mayo del 68 no es tanto una rebelión política sino, sobre todo, una revolución cultural. Presenta apariencias políticas: jerga revolucionaria, consignas subversivas, barricadas, enfrentamientos con la policía, exhibición de iconos insurrectos (Lenin, Mao, Ho Chi Minh, Che Guevara). Pero en ningún momento los estudiantes se proponen seriamente la toma del poder, modo principal de llevar a cabo una revolución política, de modificar las estructuras de la propiedad y de cambiar la relaciones de dominación. El sibaritismo prevalece como lo muestra el eslogan: “La revolución cesa a partir del momento en que hay que sacrificarse por ella”.

Impregnados de marxismo, y más aún de freudismo, de surrealismo, de situacionismo y de espíritu libertario, nutridos de publicidad y adictos a la cultura de masas, los jóvenes insurgentes franceses elaboran en caliente (“en vivo”, diría la televisión) lo que podríamos llamar una pop-revolución (por alusión al pop-art). Esa creatividad, y el hedonismo que la impregna, es lo que les vale la simpatía universal.

Ponen en crisis la autoridad y todos los sistemas jerarquicos verticales: familia, escuela, Iglesia, Ejército, partido, fábrica, empresa. Ninguna de esas instituciones será ya nunca igual (piénsese en la descompostura del Partido Comunista).

Despejan nuevos territorios, desconocidos por la política: feminismo, igualdad de géneros, liberación homosexual, ecología. Reclaman el derecho a la utopía (“¡La imaginacion al poder!”). Y anuncian (y denuncian) la inexorable tiranía de la sociedad de consumo (“Consumid más, viviréis menos”).

Mayo del 68 parecía responder al requerimiento de Marx de “transformar el mundo”. En realidad respondió al postulado de Rimbaud de “cambiar la vida”.

Ignacio Ramonet es director de Le Monde diplomatique en español. Acaba de publicar, con Ramón Chao, París rebelde.

Tagged with:

Algunos momentos, algunas palabras, de Ignacio Ramonet en Rebelión

Posted in Internacional, Política by reggio on 8 mayo, 2008

Prólogo al libro de Hernando Calvo Ospina “Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado”

Dada la actualidad, y con la autorización del autor y las editoriales, publicamos el prólogo de Ignacio Ramonet al libro de Hernando Calvo Ospina sobre la historia del terrorismo de Estado en Colombia

Según la historia, a partir de la segunda mitad del siglo XIX existen en Colombia dos partidos políticos, el Liberal y el Conservador. No es falso. Pero ello no es suficiente. En realidad, desde esa época, el país está dividido entre aquellos que lo poseen todo y aquellos que nada tiene.

No entraré en los detalles de la tragedia colombiana, que Hernando Calvo Ospina desarrolla aquí ampliamente y con gran talento. A modo de introducción, me contentaré con recordar algunos hechos significativos, emblemáticos de esta penosa historia.

Elegido al Congreso en 1929, el liberal Jorge Eliécer Gaitán decidió combatir a lo que él llamó la oligarquía: los ricos de ambos partidos. Con el paso del tiempo sus discursos se hacen incendiarios. Desde la tribuna, en mangas de camisa, él remata sus arengas con “¡Contra la oligarquía, a la carga!”. A pesar de ello, aboga por un cambio pacífico. Cuando se le daba como favorito a la presidencia de la república, el 9 de abril de 1948 es asesinado en Bogotá.

Un detalle insólito: La ley estadounidense permite a sus ciudadanos examinar, después de ciertos años, los documentos que poseen organismos públicos como la CIA, el FBI, o el Departamento de Estado. La CIA tiene información sobre la muerte de Gaitán pero hasta el día de hoy se niega a revelarla.

El asesinato de Gaitán provoca una insurrección generalizada -que Washington atribuye al “comunismo internacional”-, y una guerra civil a la que se ha llamado “La época de la violencia” (1948-1957): unos 300 mil muertos quedan tirados en los campos. En ese tiempo de horror y Apocalipsis los liberales y comunistas, señalados como objetivo, son destinados al suplicio.

Como complemento del poder, políticos y terratenientes utilizan a policías que, en uniforme o en civil, demuestran una crueldad sin límite. Se les conoce como chulavitas. También a sueldo de los mismos, los llamados pájaros van “volando” de región en región haciendo del terror su compañera.

Condenados a muerte, casi vencidos, y dispersos en un primer tiempo, los opositores entienden que una lucha gigantesca ha empezado. Han sido abofeteados, tratados de hez de la sociedad, perseguidos como a vagabundos importunos. Los miles de miserables que no poseen nada, y para quienes el respeto a la vida y un pedazo de tierra es suficiente, se suman a otros perseguidos que, armados de escopetas y machetes, se están organizando en incipientes grupos. Esos, que en realidad sólo tratan de subsistir y defender la vida de sus pequeñas comunidades, ahora van a combatir. Influidos por la revolución cubana, varios intelectuales y estudiantes los apoyan.

En 1964, para acabar con esta revuelta, la de esa guerrilla de campesinos insumisos a los cuales se les denominó “moscovitas”, Estados Unidos dona 300 millones de dólares, envía asesores y armamento. Se implementa la Operación Marquetalia. En 1999, Estados Unidos aportó 1.600 millones de dólares para impulsar el llamado “Plan Colombia”. Hasta el 2006 ya había gastado 4 mil millones de dólares en el Plan. Sin más resultados que en 1964.

Se sigue diciendo que la inmensidad de las llanuras, los obstáculos naturales, la presencia de selvas inexploradas, hace imposible aniquilar a los guerrilleros. Pero no a la población civil.

Al año siguiente, 1965, para luchar contra esos “subversivos”, los consejeros militares estadounidenses sugieren la creación de organizaciones civiles armadas. Ya no se les llama pájaros o chulavitas, sino “autodefensas”, legalmente reconocidas.

En una fecha tan lejana como es el 2 de septiembre de 1958, esos campesinos guerrilleros le hacían llegar una carta al presidente Alberto Lleras Camargo: « la lucha armada no nos interesa, y estamos dispuestos a colaborar por todas las vías a nuestro alcance en la empresa pacificadora que decidió llevar este gobierno. » Entre los firmantes, Manuel Marulanda Vélez, actual jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

En carta al Parlamento, con fecha del 20 de julio de 1984, y mientras negociaban con el presidente Belisario Betancur, las FARC anuncian el lanzamiento de un movimiento político nacional, la Unión Patriótica, UP. La intención de esa guerrilla era, junto a otros partidos y movimientos democráticos, ir ingresando a la vida política legal. Este trabajo de Hernando Calvo Ospina cuenta en detalle cual fue su destino. Una tragedia para tres mil militantes, simpatizantes y dirigentes de la UP, víctimas de escuadrones paramilitares… Pocos, realmente, pertenecían a las FARC. Una intransigencia política total de la clase dirigente.

Se dice que Colombia constituye una excepción notable en América Latina: sólo ha vivido cinco golpes de Estado desde su independencia de la Corona española. En 1958 se depuso al general Gustavo Rojas Pinilla, y desde entonces el gobierno ha estado siempre en manos de civiles. Rige cierto modelo democrático. Sin embargo, tan solo en cuatro años fueron asesinados cuatro candidatos a la presidencia: Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos Galán (1989), Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo (1990). Con sus particularidades, todos reclamaban reformas. Extraña concepción de lo que es una democracia…

Es que, sobrealimentados y avaros, incapaces de confrontar la realidad, ricos y poderosos piensan que los civilizados dignos de ese nombre pueden, para reducir y acabar con los “bárbaros”, utilizar bárbaros más bárbaros que ellos. Así lanzan las hordas de paramilitares, que son las mismas “autodefensas”, y les permiten que hagan alianza con los barones de la cocaína para que ayuden a financiar “su” guerra. Las Fuerzas Armadas los convierte en parte de su cuerpo, corazón y alma. Por eso los equipa, los instruye, los informa, los apoya… Con el pláceme de un gran sector de la clase política y de los gremios económicos.

Los paramilitares se ensañan con la población civil rural. Sistemática y calculadamente van acabando con la oposición política legal. Así estos seudo clandestinos, que se hacen llamar Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, bajan uno a uno todos los escalones que separan lo humano de la bestia. El terror tiene que golpear en el corazón de quien pueda ser enemigo en potencia. Asesina a uno y asustarás a mil.

En diciembre de 1997, el presidente Ernesto Sámper Pizano anuncia la creación de un “bloque especial de búsqueda” para capturar a los jefes paramilitares. Promete que esos grupos “serán perseguidos hasta en el infierno.” Todo queda en intenciones. Tres años después, Phil Chicola, jefe de la oficina de Asuntos Andinos en el Departamento de Estado, estima que “según la ley de Estados Unidos, estos grupos deben cometer actos que amenazan los intereses nacionales estadounidenses para poder ser incluidos formalmente en la lista [de grupos terroristas].” [1] En cambio, en 1982 el embajador estadounidense en Bogotá, Lewis Tambs, sin pruebas, trató de “narcoguerrilla” a las FARC. Por decisión del presidente George W. Bush, esa guerrilla y el otro grupo insurgente, el Ejército de Liberación Nacional, ELN, se convierten en “narcoterroristas” después del 11 de septiembre 2001. Dos pesos, dos medidas.

¿“Narcoguerrilla”? ¿“Narcoterroristas”? ¿Ex revolucionarios descarriados? Provocando el empobrecimiento de importantes sectores de la población, los sucesivos gobiernos han favorecido el cultivo de la coca y las actividades ligadas al tráfico de cocaína. Pero son muchos los que tienen las manos metidas en el “negocio”: los militares, bastantes políticos de derecha y los sectores económicos. Bien metidas las tienen los paramilitares. Y aunque en una muy mínima medida, algún sector de la guerrilla también se ha untado con el pretexto de ayudar a financiar la causa.

Me conformaré con citar las palabras de Daniel García Peña, quien en 1997 dirigió una Comisión exploratoria para definir los términos y condiciones de posibles conversaciones de paz, bajo la presidencia de S

Sámper: “El discurso mil veces repetido sobre una guerrilla sin ideales y convertida en organización mafiosa es falso. Se trata de una organización político-militar que, como la guerra cuesta caro, impone su impuesto revolucionario sobre la cosecha [de coca], pero no tiene ninguna participación en el tráfico. Si se tratara de un cartel, no tomaría pueblos ni adelantaría operaciones militares.” Un poco más tarde, el 18 de mayo de 2003, el enviado especial del secretario general de Naciones Unidas, James Lemoyne, afirma: “La columna vertebral de la principal guerrilla del país se compone de personas comprometidas ideológicamente.”

Todo conflicto político se termina en una mesa de negociaciones. Y por qué no, ya que son necesarias, con reformas sociales. Eso no sucede en Colombia. Con un empecinamiento en extremo sorprendente, cada gobierno le ha declarado la guerra a las guerrillas; ha multiplicado los gastos militares; les ha subido el sueldo a las Fuerzas Armadas… Y cada presidente, desde mediados de la década de los sesenta, ha prometido acabar con la guerrilla antes del final de su mandato. Para constatar, al partir, ¡qué la oposición armada es más fuerte que cuatro años antes! La injusticia social la ha nutrido. Y, también, sin duda, la represión indiscrimada y ciega.

Nada. Aquí nada se debe al azar. La “limpieza” política realizada por el ejército y los paramilitares ha vaciado de campesinos pobres a muchas regiones colombianas. Hombres y mujeres que cometieron uno de estos “errores”, o todos juntos: vivieron en territorios inmensamente ricos; se organizaron para exigir sus derechos; militaron o dieron su voto a formaciones políticas de oposición; o quizás -quizás- simpatizaron con las guerrillas. Sus tierras pasaron a manos de terratenientes, jefes paramilitares, y de representantes de poderosos intereses económicos.

El azar no existe. En 1997, evocando el futuro de las relaciones comerciales entre Colombia y Estados Unidos, el embajador estadounidense Myles Frechette declaraba: “Mi gobierno invita con insistencia al gobierno colombiano a que abra lo más ampliamente posible el mercado de las telecomunicaciones en el marco de la ley colombiana, o de ser necesario que cambie la ley para adoptar las reglas adecuadas y efectivas de competencia.” [2] Luego reclamó lo mismo para el petróleo, la energía y la agricultura. Dos años más tarde, una de las exigencias de la enmienda al Plan Colombia que imponen algunos senadores estadounidenses, es que se les dé la prioridad a las inversiones extranjeras, y en particular al sector de la industria petrolera. El Consortium US Columbia Business Partnership –Occidental Petroleum Company, BP, Caterpillar, Bechtel & Pfizer- defendía con toda fuerza la adopción del Plan.

Todo fue aceptado. Y más: las Fuerzas Armadas y sus paramilitares se encargaron, con el apoyo del Plan y de los asesores estadounidenses, de incrementar el vaciado de campesinos e indígenas en las extensas zonas petroleras.

Dando también entera satisfacción a quienes “ordenan”, el presidente Álvaro Uribe Vélez, “negocia” desde el 2006 un Tratado de Libre Comercio con Washington. Su firma será como un asesinato a la economía colombiana…

Este mismo presidente le ofrece una reinserción “suave” a los paramilitares. Washington no se opone, aunque ya los tiene incluidos en su lista de organizaciones terroristas. Al contrario, sus diplomáticos participan en varios actos públicos con jefes paramilitares, cuya extradición pide su gobierno por narcotráfico. Es que no sólo han masacrado poblaciones: los paramilitares se han convertido en el cartel de droga más poderoso de Colombia. Washington se contenta con hacer esporádicas declaraciones. Los paramilitares no han atacado ni el mínimo de sus intereses estratégicos en Colombia: los han cuidado como si fueran suyos.

Entonces el presidente Uribe Vélez ha tenido manos libres para firmar la ley de Justicia y Paz, 21 de junio de 2005. Esta les otorga a los “paras”, también acusados de crímenes de lesa humanidad, una casi impunidad, la legalización de sus fortunas y una jubilación dorada. A pesar de que en cuatro años, desde que firmaron un “cese al fuego” el 15 de julio de 2003, hayan cometido unos 3 mil asesinatos más.

Pero, ¿este gobierno hubiera podido ser menos bondadoso con el paramilitarismo? Fue este gobierno, como los que le precedieron, quien derramó esa plaga sobre el pueblo. Fue el Estado quien formó, fomentó, animó y protegió al paramilitarismo. Porque el paramilitarismo es una estrategia estatal, avalada y apoyada por Washington, para el beneficio de los poderosos conglomerados económicos. Han sido aliados en la destrucción y la muerte para compartir el botín.

Pero se dejó que los paramilitares se convirtieran en poderosos señores de la guerra. Y esos jefes mafiosos, que casi ni aceptan el mínimo castigo, y menos aún ser los únicos en cargar con toda la culpabilidad, lanzan una amenaza a quienes los criaron y dirigieron: si la justicia se “encarniza” con ellos, podrían revelar sus inmensos secretitos.

A partir de documentos confiscados a uno de ellos, “Jorge 40”, marzo 2006, se llevó a cabo la detención de varios diputados y senadores de la costa atlántica, todos ligados a los partidos que apoyan al presidente Uribe Vélez. Desde ese momento el fuego se extendió sobre hierba seca, porque comenzó el escándalo conocido como la “Parapolítica”. Por culpa de su padre y hermano, inculpados de relaciones con los paramilitares, la ministra de Relaciones Exteriores, Maria Consuelo Araujo, ha debido renunciar. Por las mismas razones Jorge Noguera, ex jefe de la policía política -Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, que depende de la presidencia de la República-, uno de los protegidos del presidente, fue encarcelado.

Son unas muestras. Pero la lista que señala acusadoramente a la clase política tradicional colombiana, en especial a los aliados del presidente Uribe Vélez, es muy grande. La hecatombe judicial continúa, y toca a senadores, diputados y muchos altos funcionarios de Estado. Sin dejar por fuera a mandos militares y de policía.

Cierta cantidad de “personalidades” tiene cada día más dificultad en tragar saliva. Han descubierto que el perro que los cuidaba ayer, los amenaza hoy. Para impedir posibles revelaciones, 59 jefes paramilitares fueron trasladados, de repente, del centro vacacional donde habían sido concentrados, hacia una prisión de alta seguridad. Entonces anunciaron, el 7 de diciembre 2006, que consideraban el “proceso de paz” como terminado. El presidente Uribe dice que debe seguir.

Acorralado por las constantes revelaciones, el presidente Uribe responde con ataques, y se ensaña en quienes no debe. Acusa a los movimientos de defensa de los derechos humanos y a la izquierda legal, como al Polo Democrático Alternativo, de pactar “con los terroristas”. Parece que no le importa que con ello haga correr a sus miembros inmensos peligros: Al menos que sea algo deliberado. Desde hace algunos meses nuevos escuadrones de la muerte surgen por todo el país, que ya amenazan y van asesinando a los opositores…

Sin parar la arremetida, el jefe de Estado se fue contra la Corte Suprema de Justicia. Su presidente, Cesar Julio Valencia, se vio obligado a reaccionar en octubre 2007, rechazando acusaciones de Uribe Vélez. Le dijo al presidente que con ellas pretendía obstruir la acción de la justicia, en el cuadro de las investigaciones adelantadas sobre “parapolítica”. Es que los jueces estaban pisando huellas profundas de las relaciones existentes entre jefes narco-paramilitares y demasiados parlamentarios: 17 presos y más de 40 judicializados, todos pertenecientes a grupos políticos pro-Uribe. Sin contar a gobernadores y alcaldes presos “uribistas”.

No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las importantes revelaciones hechas en este libro por Hernando Calvo Ospina, sobre los mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o mediano plazo confirmadas por los propios implicados? Por tanto este trabajo es sumamente valioso. Más aun, su atenta lectura es indispensable para entender la tragedia del pueblo colombiano.

Traducción del francés: Karine Álvarez.

“Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado”. Editorial Akal-Foca. Madrid. “El terrorismo de Estado en Colombia”. Fundación Editorial El Perro y la Rana. Caracas.

[1] El Tiempo, Bogota, 1 de mayo 2000.

[2] Apolinar Díaz Callejas, “Colombia bajo doble fuego: crisis interior y señorío de EE UU”. Papeles de cuestiones internationales, N° 62, Madrid, 1997.

Tagged with: