Reggio’s Weblog

Contaminando la vida social de Euskal Herria, en el Editorial en Gara

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 18 febrero, 2009

Ese era, según la Fiscalía de la Audiencia Nacional, el efecto que tendría la presencia de la izquierda abertzale en los comicios del 1 de marzo: «contaminar la vida social» vasca. Atendiendo a ese argumento, que muestra la visión antropológica y sociológica que sostienen las autoridades y los tribunales españoles respecto a la realidad vasca, pero que no aporta la más mínima base jurídica a un proceso de ilegalización de partidos y proyectos políticos como el que está en marcha en el Estado español, el juez Baltasar Garzón decidió anoche suspender oficialmente las actividades de la plataforma electoral Demokrazia 3 Milioi (D3M) y el partido político Askatasuna. Asimismo, ordenó que la Consejería de Interior de Lakua y la Jefatura Superior de Policía de Iruñea supervisen el cumplimiento del veto establecido. También aquí dejan claro que su visión sobre la realidad vasca supera a menudo los límites que ellos mismos establecen.

En una primera y somera lectura del auto llama la atención, además de la utilización de una lógica que se adapta siempre al objetivo confeso o a la conclusión buscada de antemano, las referencias a la jurisprudencia que en este terreno han establecido los tribunales europeos. Por un lado, no parece que compararse con Turquía -una reconocida potencia mundial en la salvaguarda de los derechos políticos, civiles y, en general, humanos- sea la mejor estrategia para evitar las críticas de los organismos internacionales. Por otro, se utiliza esa jurisprudencia a la inversa, utilizando la excepción para convertirla en norma. No cabe duda que los últimos informes internacionales no han surtido el efecto buscado por sus autores, pero han obligado a equilibrios retóricos por parte de los tribunales españoles que darán qué hablar en esas otras instancias.

Con autos como éste la judicatura española no sólo contamina gravemente la vida social, sino que pretende desfigurar la realidad y los parámetros reales del conflicto vasco. Es de prever que antes, durante y después de las elecciones esa realidad y esos parámetros se impondrán.

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Patinazos en el auto del Tribunal Supremo, del Editorial de Gara

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 10 febrero, 2009

Al Tribunal Supremo español, a falta de pruebas, le bastan la «convicción jurídica» y un contingente apresurado de «hechos indiciarios» para emitir resoluciones que tienen como grave consecuencia la anulación de las candidaturas electorales de Askatasuna y D3M. Un detenido análisis del centenar de folios de que consta cada escrito deja al descubierto que su redacción se ha llevado a cabo en orden inverso a la paginación. Es decir, los magistrados adoptaron primero la decisión y posteriormente se han ocupado, en el corto lapso de tiempo del que han dispuesto y con los escasos mimbres que se les ha facilitado, de tejer la argumentación jurídica. Y el resultado no tiene desperdicio.

Tal y como GARA desvela hoy, en la página 54 del auto se hace mención a «una serie de documentos intervenidos el día 23 de enero de 2009, en la sede de Gateiz Izan Herri Ekimena» que figura en un auto del magistrado Baltasar Garzón. Entre estos documentos, que engordan el listado de «hechos concretos» sobre los que asienta el tribunal su decisión, se cita: «cartelería de Askatasuna con el texto PNV `traidores’», «cartelería de Askatasuna con fotografía del colectivo de presos», «documento de Askatasuna sobre presos enfermos»… Pero lo que evidencian estos documentos no es la tan traída «transversalidad del complejo ETA/Batasuna», sino que el Tribunal Supremo confunde a Askatasuna, partido cuyas candidaturas quiere anular, con otra Askatasuna de sobra conocida en Euskal Herria: el organismo antirrepresivo cuya ilicitud dictó el juez Baltasar Garzón el 5 de enero de 2002.

Este «patinazo» y otros como acabar poniendo en boca de Arnaldo Otegi unas declaraciones que la propia Guardia Civil atribuye a Jokin Aranalde -detenido en marzo de 2002, y que denunció torturas ante Garzón- son pruebas, éstas sí, de la profunda sima en la que se ha precipitado el alto tribunal en su baldío esfuerzo por dotar de ropaje jurídico a lo que no es sino una decisión política de honda inspiración antidemocrática.

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Ilegalizar partidos en lo que se tarda en ordeñar una vaca no es ni democrático ni serio, del Editorial en Gara

Posted in Derechos, Política by reggio on 9 febrero, 2009

La célebre frase del premier británico Winston Churchill en la que señala que «democracia es el sistema político en el cual, cuando alguien llama a la puerta a la seis de la mañana, se sabe que es el lechero» suele ser profusamente citada en Euskal Herria y ha pasado a formar parte de la cultura popular. Con la excepción de algunas localidades los lecheros hace años que dejaron de repartir y, sin embargo, a menudo un puño, un ariete o una manada de personas encapuchadas blandiendo armas arremeten contra las puertas de casas de ciudadanos vascos para llevárselos en medio de la noche esposados y en régimen de incomunicación.

Normalmente, conviene recordarlo, se trata de casas en las que habitan personas con sus familias y llevan una vida totalmente pública y normal. Tan pública y normal que reivindican su postura política a cualquiera que les quiera escuchar, lo mismo ante sus vecinos que ante los medios de comunicación. De hecho, son detenidos por hacer ese tipo de vida pública y normal, tal y como sucedió con los promotores de la plataforma Demokrazia 3 Milioi (D3M) hace tan sólo dos semanas.

Conviene recordarlo no porque en el resto de casos se puedan permitir razzias como las que amenizan los noticiarios, sino porque a estas alturas el problema español es tan de fondo que a menudo se olvidan los elementos formales, procesales, mínimos si se quiere, que no determinan pero sí clarifican la diferencia entre una democracia y algo que se le parece pero no lo es.

En ese terreno, sin entrar a la cuestión de fondo -lo antidemocrático de la norma en sí-, los plazos que otorga la Ley de Partidos para determinar la ilegalización de candidaturas o formaciones vacían al Derecho de su esencia. Parafraseando a Churchill, un sistema político que ilegaliza partidos en lo que se tarda en ordeñar una vaca, además de no ser democrático, no es serio. Hasta el Tribunal Supremo español es consciente de ello. También es probable que sea consciente de que, sin entrar tampoco a cuestiones jurídicas de fondo, el desastre procedimental y de garantías que conlleva esa Ley puede traerles problemas a medio plazo en instancias internacionales. Si ese día llega no podrán aducir que no les avisaron. Hasta la ONU lo ha hecho.

Proyectos e ideas ilegalizadas

Entrando, ahora sí, a la cuestión de fondo, los portavoces del PSOE llevan varios días insistiendo en el lema de que los procesos de ilegalización abiertos no suponen la ilegalización de ideas, sino la prohibición de defenderlas a través de «la violencia». Obvian así, por un lado, el origen del debate -que «violencias» hay muchas y que la cuestión es determinar su grado de legitimidad en un contexto político determinado, no en abstracto-, también las causas del conflicto vasco en sus parámetros actuales. Por otro lado, niegan la evidencia. Existen proyectos políticos que están de partida excluidos por la Constitución española, como son el independentismo de las naciones que conforman el Estado español o el republicanismo y el federalismo reales, no discursivos. Y es que la gran diferencia entre el caso vasco y el resto de opciones políticas legítimas mencionadas estriba en que en Euskal Herria existe una base social potente y un movimiento político estructurado en torno a un programa y una estrategia clara para la consecución de la independencia. Eso es lo que intenta atajar el Estado español a cualquier precio.

Por su parte, el PNV dice que se opone a las medidas que promueven desde Madrid, pero además de no cuestionar de ningún modo el hecho de que en estas condiciones las elecciones son cuando menos fraudulentas, insiste en repetir una y otra vez que con la izquierda abertzale no comparte ni medios ni objetivos. Y de ese modo ofrece un marco ideológico para comprender la involución política del Estado español y justifica el fundamento de su aparato represivo: que el pecado original de la izquierda abertzale es independiente de lo que hace, y que consiste en lo que piensa o en lo que dice. Sostiene, por ejemplo, que nadie puede pensar como ETA -de ahí la mencionada ilegalización de ideas-, sea en relación a Palestina -mencionada en su último comunicado-, a la figura histórica de José Miguel Beñaran Argala -borrado por ley de la plaza de su pueblo pese a la oposición hasta de su alcalde jeltzale-, al agotamiento del marco estatutario -que también defienden las centrales sindicales abertzales- o al Tren de Alta Velocidad -criminalizando al movimiento ecologista-.

¿Quién se guía por el odio y la venganza?

El propio Churchill también dejó dicho que «los españoles son vengativos y el odio les envenena». Las generalizaciones de ese tipo, de las que los vascos suelen ser víctima a menudo por parte precisamente de los vengativos españoles, no tienen demasiada base científica y, a diferencia de la primera cita, no se deben tomar demasiado en serio.

Lo que no quiere decir que en un aspecto concreto no pueda ser real. El odio y la venganza son dos de lo únicos sentimientos que pueden explicar la saña de los líderes de PSOE y PNV contra quienes defienden una Euskal Herria independiente.

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EU: justicia y reconstrucción moral, del Editorial en La Jornada

Posted in Política by reggio on 23 enero, 2009

La recién concluida era de George W. Bush ha significado para Estados Unidos y para el mundo una profunda catástrofe en los terrenos político, económico, diplomático, social, legal y moral. En el ámbito interno, los saldos de esta devastación se expresan en la actual crisis financiera –consecuencia del desastroso y corrupto manejo de la economía por la administración saliente– y en el avance de aberraciones legales violatorias de los derechos humanos y las libertades ciudadanas, como la denominada Ley Patriótica, impulsada por Bush a instancias del ex titular del Departamento de Justicia, Albert Gonzales, que legaliza, entre otras cosas, el espionaje telefónico, la apertura clandestina de correspondencia, la intercepción de correo electrónico y la sustracción secreta de documentos personales sin que se requiera orden judicial.

Por añadidura, durante los dos periodos de gobierno de Bush la comunidad internacional presenció un auge del unilateralismo, el injerencismo y la arbitrariedad en la nación más poderosa del mundo, y el consecuente colapso de la paz, la seguridad y la legalidad internacionales. Baste mencionar, como ejemplos célebres de esta destrucción, las atrocidades perpetradas en Abu Ghraib, en Guantánamo y otros centros de detención de las fuerzas armadas estadunidenses; la institucionalización, en el marco de la “guerra contra el terrorismo”, de la tortura aplicada a quienes fueran considerados, en forma discrecional, “combatientes enemigos”; la creación de una vasta red gubernamental dedicada al secuestro y el traslado aéreo de sospechosos de terrorismo, así como las agresiones militares a Afganistán e Irak y la reciente masacre en Gaza perpetrada por Israel, el principal aliado de Estados Unidos en Medio Oriente, que dejaron en conjunto un saldo de decenas de miles de civiles inocentes muertos y pérdidas materiales incalculables.

Ante este escenario, queda de manifiesto la urgencia de una reconstrucción nacional e internacional en todos los órdenes, como afirmó anteayer el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante su discurso de investidura; una reconfiguración del papel de Washington en el panorama internacional, basada en la sensibilidad hacia las realidades multilaterales de la actualidad, y una nueva proyección del gobierno estadunidense ante sus propios ciudadanos y ante los habitantes de todo el planeta. En particular, y por lo que hace a los ámbitos legal y ético, es ineludible que, como señaló ayer el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, en referencia a la reciente masacre cometida por Tel Aviv en Gaza, se esclarezcan los crímenes cometidos por fuerzas militares regulares en las regiones mencionadas y se castigue a los responsables.

En esta perspectiva, es sin duda alentador que una de las primeras acciones oficiales del nuevo mandatario estadunidense haya sido la suspensión de los procesos judiciales en la prisión de Guantánamo, en consecuencia con el propósito –manifestado por el propio Obama en reiteradas ocasiones– de cerrar ese campo de concentración. Tal medida, sin embargo, no resultará suficiente; debe recordarse que en ése y otros enclaves estadunidenses, como Abu Ghraib, se cometieron documentados crímenes de lesa humanidad que permanecen impunes y que deben ser investigados y sancionados.

Es necesario que el nuevo gobierno de Estados Unidos comience a resarcir, a la brevedad, el cúmulo de agravios cometidos por la administración Bush en contra de los ciudadanos de ese país, los habitantes de los territorios ocupados por su maquinaria bélica y la humanidad en su conjunto. Si no se procede de esa forma, la reconstrucción propuesta por Obama sería, en lo moral, un ejercicio de simulación, y la honestidad y la veracidad del nuevo mandatario quedarían en entredicho en forma prematura.

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Después de las palabras llega la hora de los hechos, del Editorial en Gara

Posted in Internacional, Política by reggio on 21 enero, 2009

En su discurso de investidura, dirigido no sólo a sus connacionales, sino a todo el mundo, con mención expresa «al mundo musulmán», y escuchado dentro y fuera de las fronteras de EEUU por más ciudadanos que ningún otro presidente hasta ahora, Barack Obama volvió a dejar patente su disposición al cambio, y más clara aún su distancia respecto de George W. Bush. Ese desmarque del nuevo presidente se corresponde con la gran distancia entre la mínima popularidad con que su antecesor abandona del cargo y las grandes expectativas que la elección de Obama creó. Quizá el indicador del rumbo del Gobierno de Barack Obama sea precisamente esa distancia respecto de Bush, una referencia ineludible debido a sus nefastos mandatos, que han conllevado un enorme retroceso en materia de derechos y libertades a nivel mundial.

El reto de Obama en materia económica y de justicia social no es menor, y la situación de grave crisis en la que accede a la Casa Blanca lo agranda, si bien ésta fue motivo para exponer su deseo de estar vigilante para que la prosperidad no lo sea únicamente para quienes más tienen. La reforma sanitaria prometida puede ser un indicador de las prioridades del nuevo gobierno en cuanto a política interior se refiere.

En lo concerniente a la política exterior, además del discurso de ayer, en el que dejó clara su intención de rectificar en lo referente a decisiones unilaterales -algo que la ONU agradecerá por los bochornos que puede evitarle-, además de las promesas de retirada de Irak y de cerrar el centro de reclusión de Guantánamo, son conocidos algunos síntomas que podrían marcar su práctica. El significativo silencio ante la masacre israelí en Gaza -difícilmente explicable y en cualquier caso no justificable con el argumento de que aún no era presidente, toda vez que esa circunstancia no había sido óbice para pronunciarse sobre otras cuestiones como la crisis financiera-, las anunciadas intenciones respecto a las relaciones con Israel -que apuntan más a la continuidad que a un cambio de rumbo- o el mantenimiento de Robert Gates como secretario de Defensa dan cabida al escepticismo. Su postura ante el conflicto en Afganistán, extensible a Pakistán, tampoco resulta demasiado esperanzadora.

De momento el principal cambio ha sido de orden simbólico, sin obviar su importancia. Una persona de raza negra preside el país más poderoso de la tierra y habla otro lenguaje que el de Bush. Sin embargo, tras las palabras, es la hora de los hechos.

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Detener el terrorismo de Israel, del Editorial de La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 17 enero, 2009

En una jornada particularmente violenta de la incursión militar contra la franja de Gaza, y en momentos en que en Tel Aviv el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, procuraba convencer de la urgencia de un cese del fuego a la canciller de Israel, Tzipi Livni, el ejército israelí lanzó ayer disparos de artillería y bombas de fósforo blanco contra una sede de la agencia de la ONU para los refugiados en la que se encontraban, además de 700 personas, parte de las escasas provisiones que la población civil necesita en forma desesperada. Asimismo, las fuerzas agresoras bombardearon e incendiaron un hospital de la Media Luna Roja en el que había medio millar de individuos, incluido personal médico y paramédico, y atacó un edificio que alberga las corresponsalías en Gaza de la agencia Reuters y de las cadenas televisivas Al Arabiya, MBC, Sky News, Fox y RTL; en otra acción criminal, los ocupantes asesinaron a Said Siam, quien fungía como ministro del Interior en la franja. Ayer mismo, la marina de guerra israelí impidió la llegada a esa región del barco Free Gaza, cargado con varias toneladas de ayuda humanitaria destinada a la población cercada y diezmada.

El mensaje que las autoridades de Israel envían al mundo con estos atentados bárbaros, que merecen cabalmente la calificación de terroristas, es nítido: el objetivo de su aparato militar no son únicamente los dirigentes y militantes de Hamas, sino el conjunto de la población palestina. En Gaza, A Tel Aviv no le basta con asesinar civiles, sino que está dispuesto, además, a dejarlos sin alimentos, sin hospitales ni medicinas, sin médicos, enfermeras y ambulancias, sin agencias de ayuda internacional capaces de auxiliarlos y sin medios informativos que puedan dar testimonio del exterminio en curso. Por otra parte, no puede ignorarse que el ataque al local de la ONU en Gaza, perpetrado justo en momentos en que el máximo funcionario del organismo se entrevistaba con los gobernantes que han planificado y ordenado la carnicería, constituye una bofetada a la comunidad mundial y a los más elementales principios de legalidad internacional. Con la cadena de atentados realizados ayer en Gaza, el régimen de Tel Aviv confirma que para él no existe en el planeta otra norma que no sea el imperio de la fuerza.

Semejante mensaje, procedente de un gobierno dotado de un arsenal nuclear y de un aparato bélico tan arrasador como se ha visto en Gaza, tendría que encender los focos de alarma en los gobiernos que, por su abierta complicidad con Israel (Estados Unidos) o por su pusilanimidad pragmática (Unión Europea, Rusia, China) se han negado a desempeñarse con firmeza ante la furia genocida que se aplica contra los habitantes de Gaza, los cuales han sido entregados por el que se proclama “mundo civilizado” a una maquinaria bélica tan poderosa como homicida.

Los principales estamentos del poder planetario deben abandonar a la brevedad la complacencia y la doble moral con que han venido actuando ante el Estado israelí y darse cuenta de que la masacre en curso en Gaza sienta un precedente nefasto y peligroso a partir del cual Tel Aviv podrá consumar el exterminio físico del pueblo palestino o, cuando menos, reducirlo a algunas reservas territoriales como las que los anglosajones establecieron en el actual territorio de Estados Unidos para enjaular a los indígenas originarios de América. Más allá del conflicto de Medio Oriente, cualquier gobierno podrá, con este precedente, atentar contra dirigentes de otra nación y alegar que se trata de una medida de “autodefensa”; podrá atacar a personal y a sedes de organismos internacionales y aducir, a posteriori, que se trató de un “grave error”, como afirmó ayer mismo el ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak; podrá diezmar e incluso exterminar a las poblaciones que le venga en gana; todo ello, a condición de que cuente con los medios materiales para realizar ésos y otros propósitos criminales y que cuente con el respaldo financiero, diplomático y militar de Estados Unidos para perpetuar su impunidad.

Si existe algún interés por impedir semejante regresión a la barbarie, es urgente que sociedades y gobiernos del mundo manifiesten por todos los medios lícitos su repudio a los crímenes de guerra de Tel Aviv, cuya gravedad justifica incluso la adopción de medidas tales como la suspensión de relaciones diplomáticas y la congelación de los intercambios comerciales con Israel. De otro modo, se estará dando carta blanca al terrorismo como instrumento de gobierno y al exterminio como herramienta de relaciones exteriores.

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Urge definir cuanto antes las características y la naturaleza de las diferentes crisis actuales, del Editorial en Gara

Posted in Derechos, Libertades by reggio on 31 diciembre, 2008

El pensador alemán G.W. Hegel, al formular su concepción sobre la historia -en la que entre otras cuestiones, imbuido por el espíritu de la época, consideraba la civilización europea como la más desarrollada-, sentenció que la función de la filosofía de la historia no era pronosticar qué ocurriría en el futuro. No obstante, acto seguido, planteó que era posible que los recién conformados Estados Unidos de América llegasen a ser la futura potencia mundial. Una contradicción evidente que, sin embargo, puede ser considerada una suerte de profecía.

De la misma manera, es evidente que la función del periodismo y de los periodistas no consiste en especular sobre el futuro. Pero también es cierto que, al coger el periódico en el quiosco, el lector espera encontrar elementos informativos, análisis, artículos de opinión y reportajes que le ayuden a entender, a juzgar, a valorar mejor el mundo que le rodea. También pide elementos para prever, dentro de las limitaciones obvias, cómo evolucionarán esas noticias, esas realidades, ese mundo.

Sin ánimo de caer en falsos oráculos, el extenso Eguneko Gaia que precede a está página pretende establecer cuáles serán algunos de los temas que marcarán la agenda política, económica, mundial, deportiva o cultural durante el año que comienza.

Un 2009 en el que GARA cumple diez años llenos de ilusión y de esfuerzo. Con aciertos y errores, durante ese tiempo hemos intentado retratar lo mejor posible la realidad que viven Euskal Herria y el mundo. Diez años en los que hemos sido la voz de los sin voz, el eco de aquellos sobre los que se ejerce un apagón informativo general, estructural y premeditado.

¿Crisis de gobierno o crisis del marco?

En Euskal Herria el año comenzará marcado por las elecciones autonómicas en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. La presión ejercida por el PSOE sobre el PNV se va disipando según aparecen perspectivas de acuerdo a posteriori. El enésimo intento por excluir de las instituciones a la izquierda abertzale puede alterar el mapa administrativo, pero no el mapa social y político del país. Negar, o aún más, prohibir la realidad no conduce a nada.

En ese sentido, en 2009 se cumplen cincuenta años del nacimiento de ETA y, si los oráculos del Ministerio de Interior estuviesen en lo cierto, este año -o el anterior, o el primero de esos 50- sería el último de la organización armada. Sin embargo, la Moncloa no es Delfos.

Los elementos centrales del conflicto y de su resolución están más claros que nunca y urge, en este terreno también, acertar en el análisis y en los pasos a seguir para superar esta fase del conflicto político.

¿Crisis económica o crisis del sistema?

Todos los expertos coinciden en señalar que será en 2009 cuando la crisis económica adquiera carácter generalizado en los países desarrollados. Hasta este momento la población vive agazapada ante la expectativa de que la crisis les alcanzará. Y es probable que durante este año les alcance. La bajada de impuestos a los beneficios empresariales mientras se mantiene la presión fiscal a los asalariados, la sucesión de expedientes de regulación y las noticias de cierre de empresas, junto a unas nefastas previsiones de paro, son indicadores que empujan a prever un escenario crítico para los trabajadores y las clases más desfavorecidas.

Los defensores del capitalismo, sea en su versión más despiadada o en sus versiones más dúctiles, están planteando falsas alternativas a diario. Se trata de cambiar las formas para mantener la esencia de un sistema que, además de cruel e injusto, se ha demostrado inviable. Mientras tanto, quienes deberían plantear una alternativa integral mantienen un discurso que tiene más de profecía que de programa sociopolítico. 2009 debería marcar un antes y un después en este terreno también.

¿Crisis de liderazgo o fin de la hegemonía?

El denominado «fenómeno Obama» caracteriza la crisis política de EEUU como una crisis de liderazgo, consecuencia directa del infame mandato de Bush. Pero es evidente que los cambios en las relaciones internacionales van más allá.

La hegemonía yanqui parece tocar a su fin, al menos tal y como se ha desarrollado durante los últimos veinte años. Sin embargo, las alternativas reales son demasiado periféricas al sistema mundial como para restablecer una política de bloques. En todo caso, las potencias emergentes como China, India o Brasil pueden exigir cierto multilateralismo. Junto con una revitalizada Rusia, pueden ejercer de contrapoder en algunas materias, pero también es evidente que esas potencias no plantean a día de hoy alternativa alguna al sistema.

Ante esa perspectiva, injusticias como las que ocurren actualmente en Palestina, Somalia, Irak o Afganistán continuarán sucediendo y, desgraciadamente, seguirán llenando páginas de periódico.

En conclusión, urge determinar -al menos desde un punto de vista de izquierda, internacionalista y nacional vasco- cuáles son las características de cada una de las crisis enunciadas. Ésa es la única manera de poder plantear alternativas. Ese trabajo, por supuesto, corresponde sobre todo a otros. Quizá los análisis ofrecidos hoy puedan aportar algo de luz a esa labor.

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Un SMI que condena a la pobreza, del Editorial en Gara

Posted in Derechos, Economía, Laboral by reggio on 28 diciembre, 2008

La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) aprobada ayer por el Gobierno español supone que miles de trabajadores del Estado, hombres y mujeres, sobre todo mujeres, cobrarán 624 euros mensuales, por lo que difícilmente habrán acogido la noticia de tan insignificante incremento con alborozo, pues en modo alguno se puede siquiera sugerir que supondrá el más mínimo alivio en sus economías.

Esos 624 euros hasta los que se ha incrementado el SMI están muy lejos de los 800 que el Gobierno de Rodríguez Zapatero prometió para el final de legislatura, por lo que ese salario anuncia el incumplimiento de esa promesa electoral. En cualquier caso, esa cantidad se encuentra aún más lejana del umbral de la pobreza, situado por la plataforma contra la exclusión social Elkartzen en 1.030 euros para el año 2008. Es decir, el salario mínimo continúa muy por debajo del necesario para atender las necesidades básicas, ahora además en situación de crisis, a la que precisamente las economías más precarias son más sensibles. Y conviene recordar que satisfacer esas necesidades es un derecho de toda persona. Sin embargo, los gobiernos con sus políticas económicas dan a entender, especialmente en situaciones como la actual, que los derechos de ciertos sectores de la población no merecen el esfuerzo económico que dedican a reflotar un sistema responsable de tanta precariedad. Así, esta subida del SMI deja en evidencia, una vez más, las medidas del Gobierno español para afrontar la crisis: mientras da facilidades fiscales a las rentas del capital, a los trabajadores, en este caso a quienes tanto en crisis como en tiempos de «bonanza» no pueden cubrir sus necesidades más elementales, les aplica la contención salarial.

No conviene perder de vista, por último, la dependencia que los trabajadores de Euskal Herria tienen de ésta y cualquier otra decisión del Gobierno español en materia laboral. El día a día demuestra que el marco laboral, al igual que el político y jurídico, tiene una importancia que va más allá de lo simbólico.

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Saldos de Bush, prueba para Obama, del Editorial de La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 16 diciembre, 2008

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, cosechó ayer, en su visita furtiva a Bagdad, una pequeña muestra simbólica del repudio que genera su figura entre los pueblos árabes: los zapatos, los insultos y las recriminaciones que le lanzó un periodista del país ocupado durante una rueda de prensa que tuvo lugar en la fortificada zona verde de la capital iraquí. Pareciera que con ese incidente y con una mentira orwelliana, la de calificar la catástrofe de Irak como “uno de los éxitos más grandes en la historia militar estadunidense”, Bush dio por cerrada la aventura sangrienta que emprendió –sustentada también en mentiras– en 2003. Para Irak y Estados Unidos, sin embargo, esta historia trágica dista de haber terminado. Barack Obama, quien asumirá la presidencia del país vecino el mes entrante, deberá hacer frente a los pormenores de una retirada militar difícil y compleja, y encontrar los términos adecuados para que la sociedad estadunidense asimile ese “gran éxito” que es, en realidad, una derrota histórica para la gran potencia mundial.

En términos militares, las fuerzas invasoras encabezadas por Washington han sido incapaces, en cinco años y medio, de derrotar a la resistencia iraquí, a pesar de la represión masiva, la destrucción de ciudades y las masacres perpetradas con ese propósito; de hecho, los ocupantes han fracasado en su empeño por controlar el territorio del país árabe, y si el ritmo de sus bajas ha descendido en forma significativa durante el año que está por terminar, se debe más bien a que los soldados estadunidenses, británicos y de otras nacionalidades renunciaron a salir de sus fortalezas y han transferido la tarea de los patrullajes a fuerzas compuestas por iraquíes. De esa forma se ha logrado reducir las muertes de soldados estadunidenses a “sólo” 83 en el segundo semestre de 2008. Fuera de Irak, la guerra emprendida por Bush tiene como saldos el fortalecimiento de Irán, la dispersión de los fundamentalismos islámicos armados por diversos países y el inopinado resurgimiento de Al Qaeda y los talibanes –supuestamente derrotados en 2001– en Afganistán y Pakistán. Hasta el día de ayer las bajas mortales de Estados Unidos en Irak ascendían a 4 mil 209, y los heridos a entre 30 y 40 mil. muchos con secuelas y discapacidades permanentes.

El dinero invertido en esta aventura bélica es realmente incalculable, pero, según investigaciones estadunidenses, decenas o cientos de miles de millones de dólares han desaparecido en un mar de corrupción, burocratismo e ineptitud. Sólo por lo que hace a los gastos de “reconstrucción”, un documento oficial titulado Lecciones duras: la experiencia de la reconstrucción iraquí, dado a conocer ayer por The New York Times, señala que los planificadores del Pentágono dilapidaron 100 mil millones de dólares debido a las rivalidades burocráticas, la espiral de violencia y “la ignorancia de los elementos básicos de la sociedad y la infraestructura de Irak”.

Por añadidura, la agresión bélica contra el país árabe dañó en forma perdurable la credibilidad de las instituciones y de los medios informativos de la nación vecina; hoy en día, el estadunidense medio no sabe si fueron peores las mentiras urdidas desde el Poder Ejecutivo para lanzar la guerra o la obsecuencia del Legislativo y de los grandes conglomerados informativos que se plegaron a las falsedades –armas de destrucción masiva, amenazas inminentes a territorio estadunidense, vínculos de Bagdad con los terroristas afganos–, las legitimaron y las presentaron, sin el menor escrúpulo, como la verdad.

Pero el saldo más desastroso de la “guerra contra el terrorismo”, en la que se incluyeron la invasión, el arrasamiento y la ocupación de Irak, fue, sin duda, el moral: en nombre de la “libertad”, la “seguridad” y la “democracia”, Washington asesinó a miles de civiles inocentes, instauró centros de tortura y exterminio, organizó una red internacional de secuestros, traslados clandestinos y homicidios, y operó, de esa manera, una regresión histórica en su propio territorio y en el mundo. Con el pretexto de prevenir nuevos ataques como los del 11 de septiembre de 2001, civiles y militares de Estados Unidos perpetraron graves y abundantes crímenes de lesa humanidad, la mayor parte de los cuales permanece impune hasta la fecha, y en los que es por demás presumible la responsabilidad política y penal del propio Bush, del vicepresidente Dick Cheney, del ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld y de otros altos funcionarios y ex funcionarios de la administración saliente.

La recuperación de la autoridad moral del gobierno estadunidense ante su población y ante el mundo requeriría, por parte de Barack Obama, un ejercicio de esclarecimiento y de justicia por esos crímenes. Antes que en el manejo económico y social de la crisis legada por Bush, será en ese desafío donde podrá verse la consistencia de las promesas de cambio con las que el próximo presidente de Estados Unidos conquistó el cargo.

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Declaración vigente, del Editorial en El País

Posted in Derechos by reggio on 10 diciembre, 2008

Como en 1948, los derechos humanos deben seguir siendo una aspiración y una exigencia

Hace hoy 60 años, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 217 A (iii), que contenía la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Como tantos otros documentos de la época, empezando por la Carta de Naciones Unidas, la Declaración emanaba de un decidido compromiso internacional con la paz tras los horrores vividos durante la Segunda Guerra Mundial. La Carta articuló un sistema para la convivencia pacífica entre los Estados que, con más o menos dificultades, ha contribuido a evitar el estallido de un nuevo conflicto generalizado o que considere la destrucción total como una alternativa. La Declaración se proponía, a su vez, subrayar el vínculo que existe entre la paz internacional y el reconocimiento de un núcleo de derechos y libertades irrenunciables de los individuos. Esta voluntad fue resultado de la experiencia vivida en el momento de la aprobación: antes de desarrollar su proyecto expansionista, las potencias totalitarias que desencadenaron la guerra más mortífera de la historia empezaron por negar los derechos y libertades de sus ciudadanos.

A lo largo de su más de medio siglo de vigencia, la Declaración se ha enfrentado a las mismas dificultades que otros textos fundacionales del orden internacional de nuestros días. Sus disposiciones han sido ignoradas tanto en el plano interno -según hicieron las incontables dictaduras de la segunda mitad del siglo XX- como también en las disputas entre Estados, más mortíferas en muchas ocasiones para las poblaciones civiles e indefensas que para los propios contendientes. Pero la paradoja que ha hecho de la Declaración un texto excepcional es que las incontables violaciones que ha padecido y que, por desgracia, sigue padeciendo no han impedido que se consolide como un referente moral de nuestro tiempo y como un imperativo capaz de trascender las fronteras y las ideologías.

No existe Constitución democrática posterior a 1948 que no se haya inspirado en sus artículos. Como tampoco se sabe de muchas dictaduras que se hayan atrevido a rechazarlos abiertamente, sin recurrir a subterfugios que van desde la celosa ocultación de las violaciones de los Derechos Humanos a la elaboración de teorías sobre la necesidad de interpretar la totalidad de la Declaración en virtud de las diversas tradiciones. Si este último fue uno de los riesgos que hubo que conjurar a finales del siglo XX para evitar que los Derechos Humanos se convirtieran en papel mojado, el nuevo peligro que se ha manifestado en los albores del siglo XXI es el de imaginar que la Declaración encarna una causa tan justa como para ser servida por cualquier medio, incluido el uso unilateral de la fuerza.

Los 60 años transcurridos desde su aprobación no han hecho envejecer un texto que contiene el más noble legado de una época trágica. La Declaración Universal de los Derechos Humanos sigue vigente y debe seguir estándolo. Como aspiración y también como exigencia.

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La importancia de una reflexión que siente las bases para una nueva fase política, del Editorial en Gara

Posted in Derechos, Política by reggio on 7 diciembre, 2008

El impasse político creado tras el fracaso del último proceso negociador debería ceder en algún momento. Pero en medio de una sucesión de demostraciones de fuerza por ambas partes a la ciudadanía vasca le resulta difícil entrever salidas. A esos hay que sumarle la creciente falta de credibilidad de una clase política que no está a la altura de los problemas y las prioridades del país y que parece incapaz de generar estrategias políticas que solucionen esos problemas. Estrategias que en lo político no pivoten sobre la retórica de la derrota del enemigo y que en lo socioeconómico no se basen en la resignación de los trabajadores, de los explotados o los de pauperizados por el actuar de esos mismos políticos.

Ayer la izquierda abertzale hizo publico un documento en el que establece algunas de las bases para abrir un nuevo ciclo, junto con una mínima agenda política y un amplio llamamiento a la reflexión de carácter estratégico. Una reflexión a desarrollar entre quienes comparten la convicción de que el actual marco estatutario está agotado, entre quienes desean establecer las bases para la construcción de un Estado vasco en Europa, entre quienes creen que la resolución del conflicto político vasco vendrá de la negociación y el diálogo basados en el reconocimiento de Euskal Herria y el respeto a la voluntad de sus ciudadanos, y entre quienes consideran que la violación sistemática de los derechos civiles y políticos por parte de los Estados requiere mecanismos e iniciativas que condicionen la escalada represiva instaurada por el PP y desarrollada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Es decir, un debate a abrir en una masa social muy importante de la sociedad vasca.

No faltará quien considere que no hay «nada nuevo bajo el sol», quien diga que es un paso en la dirección positiva aunque insuficiente o quien defienda que no merece comentario. La valoración de esas opiniones dependerá de en qué medida quienes las formulan hayan estado o no siempre al sol que más calienta, no estén instalados en el más estático de los inmovilismos o no sean mudos, ciegos y sordos. Quienes pretendan comprender las dinámicas políticas que marcan la realidad vasca deberán atinar más en su análisis.

El diagnóstico: la fuerza de los hechos

Lo diga Agamenón o su porquero, es un hecho empírico que a treinta años de la puesta en vigencia de la Carta Magna española ninguna de las potencialidades que desde un punto de vista nacional vasco podía haber tenido el pacto estatutario y constitucional se ha desarrollado. En eso la izquierda abertzale acertó y el tiempo le ha dado la razón. El mundo se ha «desarrollado», ha «avanzado» y esos cambios, lógicamente, también se han dado en todas las esferas de la sociedad vasca. Pero en términos exclusivamente políticos la nación vasca sigue dividida administrativamente, atada política y económicamente a dos estados retrógrados e inmovilistas, y supeditada a intereses ajenos. No vale por tanto evaluar en qué medida se ha «avanzado», en abstracto, sino en qué medida nuestro avance como pueblo permanece supeditado a los intereses y deseos de otros.

Incluso quienes no acepten la naturaleza fraudulenta del autonomismo constitucional español deberían asumir el fraude en su desarrollo. Hasta quienes sostengan que el Estado de las Autonomías tiene en teoría una lectura federalista deberían aceptar que su desarrollo práctico ha sido absolutamente centralista y ligado a los intereses unionistas.

Así las cosas, a estas alturas resulta inasumible el empecinamiento de los líderes del PNV en reivindicar su posición en los Pactos de la Moncloa. Una de dos, o les engañaron o ellos engañaron a su pueblo. Defender lo contrario podía parecer plausible cuando los golpes represivos de todo grado se centraban en la izquierda abertzale y cuando el discurso de los estados se concentraba en la ilegitimidad de los medios («todo es posible sin violencia»). Pero hoy en día, toda vez que los tribunales españoles han encausado y humillado a varios de sus parlamentarios, una vez que el Tribunal Constitucional ha establecido que los objetivos también son punibles reduciendo el cerco de «la alambrada» hasta las fronteras del vacío -por no entrar a la involución democrática general que nunca pareció preocupar en demasía a los altos cargos jeltzales-, ni los más fieles de la parroquia ven otros caminos que la claudicación defini- tiva o la rebelión.

Parece lógico que ante ese panorama y la inanidad jeltzale se conforme un «polo alternativo» que a partir de una reflexión de calado desbloquee la situación actual.

Objetivo: construir una estrategia eficaz

A nadie escapa la dificultad del camino, ni los obstáculos externos e internos. Pero ningún otro agente político ha hecho propuesta alguna en términos parecidos. Ni siquiera de cara a buscar un «escenario de paz justa, estable y duradera», tal y como afirma el documento.

La izquierda abertzale persevera así en recuperar el patrimonio utópico que atesora el pueblo vasco, en mantener su espíritu crítico y rebelde, en ejercer de contrapoder y construir alternativas políticas y sociales. En definitiva, llama a poner en valor el capital acumulado en estos treinta años de resistencia y lucha política. Quizás en ese sentido sí que no hay nada nuevo bajo el sol.

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McCain y economía, en caída libre, en el Editorial de La Jornada

Posted in Economía, Política by reggio on 10 octubre, 2008

Sin margen para echar mano de la munición argumental que le queda y que consiste principalmente en ataques personales contra su rival demócrata, Barack Obama, el candidato republicano a la presidencia estadunidense, John McCain, experimentó en el debate televisado de ayer un nuevo descalabro y otra reducción en sus posibilidades, de por sí menguantes y escasas, de suceder en la Casa Blanca a su correligionario George W. Bush. Así lo consideraron la mayoría de las encuestadoras y las cadenas televisivas del país vecino, con base en sondeos de opinión realizados en los minutos posteriores al encuentro. El dato resulta reconfortante para México, América Latina y el resto del mundo, no porque Obama represente una opción de cambio radical, sino porque McCain ha demostrado que carece de propuestas en la nueva circunstancia estadunidense e internacional creada por la crisis financiera que alcanza ya una escala global.

En efecto, la dimensión del quebranto económico, originado precisamente en Estados Unidos, ha dejado sin argumentos a los neoliberales puros y duros del Partido Republicano, quienes, tras negarse de manera sistemática y pertinaz a hacer intervenir al Estado para paliar los desastres sociales creados por su propio modelo, ahora adoptan medidas estatistas con tal de salvar a las corporaciones privadas de la debacle causada por su propia voracidad. McCain, férreo promotor de la desregulación financiera y del “sálvese quien pueda”, característico del neoliberalismo, aparece incoherente y poco verosímil ahora, cuando se ve obligado a improvisar promesas sobre programas gubernamentales de apoyo a los deudores. A pesar de su empeño por deslindarse del presidente saliente, la desastrosa gestión económica de los pasados ocho años –Bush recibió unas finanzas públicas superavitarias y las entregará con un déficit de cientos de miles de millones de dólares– constituye un lastre para su campaña, y sus probabilidades de obtener un triunfo en las elecciones del mes entrante se hunden junto con la economía.

Resulta significativo que la perspectiva de un cambio político en Washington, por modesto que sea, coincida con el réquiem por las actuales reglas del sistema financiero mundial, pronunciado esta semana por el presidente del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, quien tuvo que reconocer, muy a su pesar, que “el nuevo multilateralismo debe tender a la responsabilidad compartida por el Estado”.

Aunque incierto y hasta angustioso, el escenario generado por la crisis es mucho menos cómodo para el republicano que para el demócrata, quien, por filiación partidista y convicción personal, parece dispuesto a emprender una política económica próxima a posiciones neokeynesianas y que parece, hoy por hoy, la única tabla de salvación posible para el capitalismo global.

En los ámbitos de la política internacional y la defensa, que McCain presume como sus puntos fuertes frente a Obama, el republicano tampoco convenció: su discurso se fundamenta, de manera inevitable, en las mentiras “patrióticas” urdidas por el gobierno de Bush para invadir Irak, mentiras que hace cinco años y medio fueron creídas por la mayor parte de la sociedad, pero que se han ido erosionando hasta dejar meridianamente claras, hasta para el grueso de los estadunidenses, la indecencia político-empresarial y la avaricia criminal que motivaron la invasión y la ocupación de esa infortunada nación árabe.

Cuando esa aventura genocida empieza ya a convertirse en una resaca moral en Estados Unidos, la circunstancia política resulta desfavorable a McCain. Y es que el senador por Illinois no será precisamente un pacifista, pero su adversario republicano se exhibió como un halcón: “La seguridad de sus hijos en el campo de batalla es mi responsabilidad principal”, dijo el veterano de Vietnam, acaso sin reparar en que, a estas alturas, la mayoría de los estadunidenses ya no quiere que los campos de batalla sean “seguros” –disparates aparte–, sino clausurar los que fueron abiertos por el belicismo corrupto del gobierno de Bush.

Desde el 11 de septiembre de 2001, el mundo ha padecido más de siete años de barbarie bélica, impulsada en primer lugar por el gobierno de Estados Unidos; un deterioro sostenido de los derechos humanos y las libertades básicas, y un deslizamiento a la inestabilidad, la incertidumbre y la zozobra. Los electores del país vecino tienen ante sí y ante el planeta el deber de poner fin a esa insensatez y de propiciar, de esa forma, un cambio en las prioridades planetarias: la recuperación económica y ambiental, así como el combate al hambre, a las epidemias globales, al atraso y a la desigualdad entre naciones y entre individuos.

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