Reggio’s Weblog

Por la culata, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 12 febrero, 2009

BARRA BRAVA EN EL CONGRESO

De pronto, las gaviotas comenzaron a disparar a las escopetas.Para encontrar la fuerza de un viento nuevo cuando están al pairo, hay hombres que necesitan el estímulo de un agravio. Mariano Rajoy, y con él todo el PP que le arropó, apretadas las mandíbulas, en la rueda de prensa posterior al Comité Ejecutivo, ha hecho el hallazgo de su agravio en la puerca estampa de los conspiradores escopeteros de Jaén: dos de los tres poderes hacen sangre juntos, y convierten uno de los principios éticos vertebrales en democracia -la independencia judicial- en poco menos que la estaca con la que los batidores levantan la pieza política para anillarla luego con esposas policiales y sospechas. Aún les queda, a Garzón y Bermejo, un rastro de la altanería que conceden la impunidad habitual y la protección del poder. Por eso Bermejo, el hortera del «hecho cinegético», se pone tan zumbón como para decir que a una cacería se va a triscar por la naturaleza, como un señorito contemplativo de los de la generación del 27, y «a disfrutar».Esto podemos aceptárselo a Bermejo si él admite la sospecha de que, igual que Garzón, no haya nada con lo que disfrute tanto como con la intriga política, mejorada por los trofeos de caza, metafóricos en la inminencia de las detenciones.

Grosera es la tradición, ahora renovada, de la cacería como atributo de poder al que sucumben incluso los moralistas de izquierda, equipados como aquel Sazatornil de Berlanga que a lo que iba a la naturaleza era a ingresar en la pomada. Escandalosos son los indicios de politización de la Justicia que revelan que Garzón, como cuando el proceso etarra y la orden de busca y captura a Franco, sigue pensando que el cumplimiento de la Ley ha de adaptarse a las «circunstancias» del cálculo político y, en su caso, a una insaciable ambición personal que arrambla con todo y le hace temible, peligroso: su cargo es su otra arma, la de los días laborables, y es harto más poderosa que la escopeta. Si Fernández de la Vega se refirió a los actuales avatares populares como «una película de espías», ¿en qué género cinematográfico habría que ubicar la trama en Jaén de esos dos Fouchés de huevo Kinder?

Algo no cambia: el PP deberá ocuparse, y lo hará como acusación particular, del boquete que le han abierto sus cargos municipales imputados por corrupción. Pero puede dejar de hacer el muflón, puede sacudirse los complejos y la resignación, incluso el sopor de un líder que sólo ayer apareció con la contundencia en defensa de sus siglas maltratadas que desde hace tiempo se le estaba esperando. Porque lo que ha hecho la cacería de Jaén es enviar la razón moral al otro lado del tajo que desgarra la vida política.Ha surgido el PP unido como no lo estaba desde la derrota electoral y harto de los empujones al exilio interior que no cesan desde que fue definido como «gótico» igual que si lo hubiera creado Bram Stoker. Lo que se va sabiendo del Comité habla de una efervescencia indignada, de un basta ya, de una Rita Barberá azuzando a los suyos para dar la cara y librar la pelea, y de un Rajoy que al fin pegó el grito de Tarzán para recusar a Garzón y bloquear a Bermejo, los escopeteros intrigantes que acaso pusieron los resortes del Estado al servicio de un partido. Si encima se mofan es porque están habituados a la impunidad.

© Mundinteractivos, S.A.

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Luto por un presidente, de David Gistau en El Mundo

Posted in Economía, Laboral, Política by reggio on 11 febrero, 2009

BARRA BRAVA

Poco antes de la llegada de Cristina Kirchner a la Carrera de San Jerónimo, Mariano Rajoy se entretuvo con un par de periodistas en los pasillos del Congreso. Traía el iPhone en la mano, y cierta expresión de susto. Acababa de saltarle un SMS con la noticia de la detención en Francia de los etarras: «Pero es que cada vez que me llega un mensaje con la palabra ‘detenidos’, corro a ver a quién nos han imputado ahora…». No es mala terapia, la del humor, para aliviar los infortunios de un PP tan tocado que ya hay quien se refiere al partido como la Zona Cero.

El patio del Congreso estaba erizado de banderas albicelestes para honrar a la visitante/telonera. Por todas partes era posible escuchar la parla porteña y descubrir los rostros bronceados del verano austral. Kirchner, con el rostro neumático y muy consciente de sí, hizo una entrada comparable a la bajada de escaleras de Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses. Luego abrumó con un largo discurso, lleno de fatuidad adolescente y del populismo de camping-gas que caracteriza su versión del peronismo, en el que propuso derribar con boleadoras el trote maligno de la globalización con su perfidia capitalista. Antes, José Bono le dedicó un emotivo discurso sobre la hermandad de los dos pueblos, pero en el que, desde Borges a los futbolistas argentinos, no se dejó un tópico sin decir. Bueno, sí: faltaron las menciones a Gardel y el dulce de leche. Cada jota de Bono sonaba como una carrera en la media de Kirchner.

Y por fin, muy superada la hora taurina, comenzó el debate económico.Una amiga me hizo notar la tristeza indumentaria de Zapatero, como si portara luto por sí mismo o se le hubiera antojado que el país no está para corbatas de color chillón. Si el calamar suelta tinta para ocultarse, él largó números, una trinchera estadística inexpugnable. Pero apenas aportó medidas concretas, más allá del recorte de los 1.500 millones de euros ya propuesto por el PP en una enmienda a los presupuestos. Y, sobre todo, por el grosero intento de ganarse la voluntad de los millones de parados. Por una parte, cautivándoles con una retórica sentimental que evocaba la comprensión de los porvenires cercenados. Y, por otra, anunciando el aumento de los subsidios por desempleo. Esto permitiría después a Rosa Díez señalar que de la promesa electoral del pleno empleo se ha pasado a la de la plena cobertura, lo cual es un modo de reconocer que no hay soluciones para interrumpir la fabricación de parados a siete mil por día.

Rajoy estuvo enérgico y motivado como lo está a menudo entre las paredes del Parlamento, el escenario donde más cómodo se siente. Su bancada le arropó con entusiasmo, como si todo ellos, orador y diputados, necesitaran darse una tarde de gloria con la que compensar el granizo que les cae. Afeó la ambigüedad respecto del crash que Zapatero frecuentó durante la campaña, su canto falaz al mejor de los mundos posibles, y ajustó cuentas por todas las veces en que pronunciar la palabra crisis fue propio de apocalípticos y antipatriotas.

A las llamadas a la unión proclamadas por Zapatero, Rajoy respondió negándole complicidad con el desastre, como si el presidente del Gobierno fuera un montañero a punto de caer que pidiera voluntarios para atarse a su cuerda. Lo cierto es que, de las intervenciones de los demás portavoces, algunos muy vinculados al PSOE hasta hace poco, quedó un retrato deprimente del Gobierno: noqueado, escondido como el avestruz, superado, abrasado por el incendio, desorientado, y con un ministro de Economía que enviaría mensajes SOS en una botella para que alguien le saque de ahí.

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Rajoy habla y despeja dudas, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 10 febrero, 2009

AL ABORDAJE

Igual que le ocurría a Neruda con la mujer que le inspiró el poema, nos gusta Rajoy cuando está como ausente. Es cierto que, callado como permaneció en los últimos tiempos, corría el riesgo de pasar por un mal líder, apocado ante la galerna, fugitivo de las decisiones.Pero es que ayer habló y despejó dudas.

Más allá de las especulaciones sobre su oportunismo electoral, ante el caso de la corrupción en Boadilla aventado por Garzón sólo le cabían al PP dos reacciones posibles. Negar y pretenderse víctima, lo cual es difícil cuando hay imputados y denuncias ante la fiscalía anti-corrupción de los funcionarios municipales.O aceptar y apechugar, purgando a quien lo merezca y aplazando el narcisismo de la honradez hasta mejor ocasión. Lo que no se puede es incurrir en la contradicción de ensayar al mismo tiempo las dos líneas de defensa antagónicas. Es decir, si estamos ante un intento de «liquidación del PP» por parte de resortes del Estado malévolos y politizados, el alcalde de Boadilla, González Panero, es inocente y la víctima de la conspiración, y entonces hay que sostenerlo en vez de exigirle la dimisión. Pero si sobre el alcalde de Boadilla recaen suficientes sospechas como para que Rajoy considere que su dimisión es higiénica para el partido, entonces no estamos ante una conspiración de las cloacas del Estado, sino ante un caso fundamentado.

Justo después de considerarle inocente, Rajoy quiso dejar atrás al alcalde de Boadilla igual que se abandona a un herido en los westerns: con una sola bala, la de la salida honrosa, en el cargador del revólver. Y fue entonces cuando hizo el ridículo de dar por dimitido al mismo alcalde que negaba estar dispuesto a irse en unas declaraciones recogidas a apenas unos metros de la calle Génova. El alcalde al final dimitió, qué remedio. Pero erosionó con su primera negativa el liderazgo de Rajoy.

Amotinarse contra Rajoy no da derecho al trato de rey que se atribuyó el alcalde de Patones después de alzarse contra Napoleón.Pero sí da fe de la actual estatura del presidente del PP: si hay que medirla por la de sus enemigos, la de Rajoy ya ni siquiera es comparable a la de Zetapé o Esperanza Aguirre. Sino por la de un ignoto politicastro municipal atrapado en una sucia trama de comisionistas con coartada política. Y ni siquiera a éste logra imponer su autoridad. El Rajoy que osó imitar la retórica de Obama porque aún se sentía convocado por un destino mayor no es capaz siquiera de impedir el colapso de su partido ni la rebelión de vuelo gallináceo de un alcalde que ha confundido Boadilla con El Alamo porque estaba poco dispuesto a sacrificarse ni por sus siglas o por su presidente.

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Añoranza del ‘¡No a la guerra!’, de David Gistau en El Mundo

Posted in Cultura, Política by reggio on 3 febrero, 2009

AL ABORDAJE

Suspense, emociones, conflicto y personajes. Para el zapeador de televisión, ayer era más fácil encontrar cumplidas estas promesas del cine en el partido del Sporting que en la gala de los Goya. Los actores buscaron pasiones vindicativas con las que ejercitarse, tales como la tabarra de la piratería, que no vale un «¡No a la guerra!»: contra un negrito que vende dvd’s en el Metro no puede la conciencia ponerse igual de estupenda que contra Bush. Pero lo cierto es que la relación clientelar con el poder les tiene interrumpida la segregación de bilis y así, tan vacías de contenido político y de abajofirmancia, las reuniones de actores se convierten en una cuchipanda onanista que debería empezar con la inmortal frase de Torrente: «¿Nos hacemos unas pajitas?». Para futuras ediciones, que la gala la presente Aznar, y los actores subirán al atril como saliendo de toriles en vez de amansados por el ingenio menestral de esa Carmen Machi que parece pensada para cantar coplas al tender la ropa y que ya cursó su petición de ingreso al club leyendo el manifiesto por Palestina en la última salida urbana. Y ahí la tienen, incluida en el reparto de la secta que anula con ferocidad a cualquier creador que no se avenga al sometimiento ideológico. Hecha toda una intelectuala y una presentadora fetén a pesar de las carencias y del intento fallido de implantarle una prótesis de lo que los cronistas llaman glamour con cara de decir yogur.

La expectación política es algo que los propios actores crearon cuando se atribuyeron la misión de castigadores morales. Pero como sólo reaccionan contra el PP, y el gobierno de los suyos es intocable, decidieron fingir que no existen los casi cuatro millones de lunes al Sol aunque fuera a costa de pasar por frívolos endogámicos que, sin que proteste la conciencia, pasean modelitos de Dior aun con lo que cae fuera de su minifundio subvencionado, mantenido entre otras cosas por esos pizzos sicilianos a las televisiones y a los contribuyentes que Vasile llamó ayer «impuesto revolucionario». Y lo peor es que el compromiso selectivo ni siquiera obtiene siempre las recompensas que esperaba. Que se lo pregunten al enojadísimo José Luis Cuerda: tanto mover la ceja, tanto llamar «turba de imbéciles» a los votantes del PP, tanto esforzarse por diseñar, con Los girasoles ciegos, la perfecta película de Régimen a la que no le falta un solo tópico maniqueo ni un matiz revisionista, para al final sólo cazar la calderilla de un triste Goya sobre quince posibles. Buen vasallo si tuviera buen señor, pensará de sí mismo este Cuerda de ceja mal pagada.

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El barrido, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 26 diciembre, 2008

AL ABORDAJE

Al Aznar que salió del poder nos habría cabido imaginarle como un alma en pena, un no-muerto político. El que revisaba en el último búnquer mapas desfasados, como lo describió Umbral en uno de sus postreros fogonazos de ingenio. O el que, al sonar la aldaba, abría el portalón de FAES vestido con el batín y tocado con el moño oriental con los que el Drácula de Gary Oldman recibía a las visitas en el castillo transilvano.

Lo que no suponíamos es lo que últimamente denuncia el Gobierno. Que el palacio de la Moncloa está embrujado como el de Canterville. Que por sus pasillos pasa Aznar arrastrando una bola. Y que tienen lugar fenómenos paranormales de los que reclaman el interés de los estudiosos de los poltergeist. No es que se muevan vasos en la cocina pero, cinco años después de la victoria electoral socialista, todavía desaparecen documentos fundamentales porque una mano procedente del más allá hace misteriosos barridos informáticos.

Se está haciendo largo el tránsito de Aznar hacia la historia, hacia la galería de retratos de las reinas madre de la democracia a la que incluso el mismo Felipe ya se ha resignado. Ocurre en parte porque lo prolonga el propio Aznar, empeñado en corregir lo que señaló su dedo índice cuando designó al sucesor. Pero también porque el Gobierno muestra un interés casi obsesivo por conservarlo entre nosotros como un personaje de actualidad. Las filtraciones sobre los vuelos de la CIA, que no son precisamente noticias frescas, y la ocurrencia del barrido informático constituyen intentos de mantenerlo atrapado en titulares para que no se escurra hasta la posteridad, donde las faltas que un hombre cometió en su tiempo son indultadas o al menos cauterizadas por la distancia: Felipe y el GAL. A Zetapé le conviene la vigencia de Aznar porque a cualquier gobierno lo hace bueno la comparación con un personaje tan vapuleado, del que apenas se recuerdan los aciertos de la primera legislatura pero sí la megalomanía de la última hora y el paseíllo en Azores.

Y porque Aznar es el comodín parlamentario que permite eludir sin contestarlas las preguntas más incómodas que delatan a un Gobierno ya doblado por el peso de muchos fracasos. Aznar representa la posibilidad de culpar de un pasado a una generación que no lo tiene, la que acaba de saltar en el PP alrededor de Rajoy. Aznar permite usar el desgaste de poder contra un partido que no está en el poder. Por eso no le permitirán ir disolviéndose en la historia, sino que le seguirán inventando errores de los que no hubo noticia en cinco años para que al oír la palabra Aznar, como en un reflejo pavloviano, el PP siga percibiéndose como el partido de la guerra, de los pies sobre la mesa de Bush y del 11-M.

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Lo imprevisto, de David Gistau en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia, Libertades by reggio on 12 diciembre, 2008

AL ABORDAJE

El intelectual fracasa cuando intenta adaptar la realidad a sus prejuicios, y no al revés. Cuando convierte una idea refutada por los acontecimientos en una isla como aquellas en las que se quedaban atrapados soldados japoneses que libraban una guerra sin saber que había terminado. Dos noticias en apariencia distantes delatan que algo parecido ocurre con el aliento moral de dos de las leyes más comentadas de las promovidas por el Gobierno. La de Memoria Histórica y la de Violencia de Género. Ambas arrancan de un prejuicio que considera a un bando culpable por definición. Y ambas se bloquean cuando la realidad lo complica todo con matices inesperados, no previstos por la visión reductora del burócrata.

Primer caso. La asociación para la recuperación de la memoria histórica Pozos de Caudé busca en Singra, un pueblo de Teruel, los restos de una docena de republicanos fusilados durante la guerra. Lo que encuentra es una fosa donde están mezclados los huesos de casi 40 combatientes de ambos bandos ultimados, no en ejecuciones, sino en combate. Esos huesos que no pueden volverse contra nadie, que no argumentan el prejuicio de la maldad natural de una de las dos Españas, son abandonados en cajas de cartón en condiciones tan precarias que el alcalde de Singra teme que acaben siendo alimento de las alimañas. No los reclaman parientes. Tampoco encajan en el único arquetipo que interesa a los revisionistas, el del republicano asesinado en un paseo. Nadie sabe por tanto qué hacer con ellos ni de qué sirvió remover la tierra con la que ya se habían conformado. Para salvar el prejuicio, con los regulares muertos en batalla van a tener que hacer lo mismo que con los ejecutados por el Frente Popular: borrarlos de la memoria y, por supuesto, no meter la pala, no ahí.

Segundo caso. Amaya García y Pedro Simón firmaron ayer un reportaje sobre la indefensión de los homosexuales que sufren agresiones domésticas. No fueron previstos, la visión burocrática no les vio venir ni imaginó que pudiera ser un hombre el que apareciera en comisaría golpeado. Tampoco que la agresora de una mujer pudiera ser otra mujer. Nadie lo previó porque el supuesto en que se basa la ley sólo concibe, e incluso lo considera algo inherente a su naturaleza, que un hombre emplee la violencia contra una mujer. Para salvar este otro prejuicio, tiene que ser un hombre el que pegue, y tiene que ser una mujer la que sufra, cualquier otra combinación confunde tanto al sistema que se cortocircuita e impide el acceso a la defensa jurídica gratuita, a las órdenes de alejamiento, a las casas de acogida e incluso a la compasión pública y la atención del periodismo, que ya acude por automatismo a cualquier suceso de lo que se ha dado en llamar violencia de género apegado al reglamento ministerial.

El Gobierno sólo atiende aquello que confirma su propia visión de las cosas.

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El biombo, de David Gistau en El Mundo

Posted in Derechos, Política by reggio on 5 diciembre, 2008

AL ABORDAJE

Terry Gilliam, cineasta y miembro de los Monty Python, vio una vez a un obrero derrengado después de horas en el tajo que escuchaba en un transistor Aquarela do Brasil, la pieza de Ary Barroso. Se le ocurrió que la música le transportaba a una ensoñación de la libertad imposible, y ese pensamiento le inspiró la película Brazil: el retrato de una sociedad burocratizada, represiva y asfixiante con sobrados mecanismos para convertir a sus habitantes en seres sometidos que, como hacía el protagonista, como mucho podían soñarse unas alas para levantar el vuelo hacia otra parte.

Ignoro en qué medida la claustrofobia contada en Brazil es comparable a la vocación endogámica vasca. La que define como agentes contaminantes tanto internet, como el McDonald’s, como el tren de alta velocidad, cualquier resquicio de ventilación y de circulación de matices. Porque a los vascos, como dijo Otegui, ha de bastarles con la contemplación de «las montañas sagradas» y con la empalizada mental. Pero en la Azpeitia de ANV, como en el Brazil de Gilliam, sí existen ciudadanos claudicantes que creen que un vecino puede ser un informador, que se resignan a la violencia correctora como si toda muerte, incluso la de un amigo, fuera consecuencia de un poder infalible, vigilante, y hubiera sido decidida por la frialdad de un tecnócrata que puede tocar a cualquiera con su ala de cuervo.

En Brazil, donde la violencia está aceptada como rutina y no mueve a escándalo, encuentran una solución higiénica para que los crímenes no alteren el discurrir de una jornada. Si durante una cena, en un restaurante, una bomba estalla y despedaza a los comensales de las tres mesas del fondo, enseguida un camarero oculta la tragedia con un biombo y ya depende de los violinistas que la velada recupere el ambiente agradable en el que es posible fingir que nada ha ocurrido. Y sí, tomaremos vino.

Esta capacidad de abstracción, que lo mismo ha sido entrenada por el miedo, que por la costumbre de la muerte, que por el instinto de supervivencia, ya ha sido emulada en Azpeitia con el resultado de una portada espectacular en la edición de ayer de este diario. Si en la puta calle es abatido a tiros un hombre que por no ser culpable ni siquiera lo era de escuchar Aquarela do Brasil en un transistor ni de soñarse volando hacia otra parte, los parroquianos del bar que le esperaban para la partida de tute son capaces de ocultar el crimen con un biombo y de invitar a otro a que ocupe la silla del ausente. Y ya está. El tute sigue, la vida sigue, ETA sigue. Y el sometimiento continúa para lubricar los mecanismos de un mundo tan cerrado que ha arruinado con su contenido trágico la anécdota etnocéntrica de Belmonte y el tren: «Qué va a estar lejos Sevilla. Sevilla está donde tiene que estar. Lo que está lejos es La Coruña». Las montañas sagradas están donde tienen que estar. Lo que ha de permanecer lejos es todo lo demás.

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Enemigo a las puertas, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 27 noviembre, 2008

BARRA BRAVA EN EL CONGRESO

En cada sesión de control, más o menos a las 9.15 horas, a la vicepresidenta Fernández de la Vega se le pone cara de ir en moto. La ventolera que casi desbarata su peinado a lo ‘Piolín’ procede de la bancada popular, y la origina el hipogrito huracanado de Soraya Sáenz de Santamaría, con quien tiemblan los vasos. La enérgica diputada lleva tiempo intentando capturar a la vice metiéndole en la madriguera preguntas como hurones. Las de ayer estaban referidas al supuesto ánimo rasante de un Gobierno abrumado por los acontecimientos y falto de pellizco. Ocurre, sin embargo, que la técnica de caza con hurones sólo es eficaz si primero se han sellado todas las salidas menos aquélla en la que aguarda la red. Y De la Vega siempre se escabulle por una que permanece abierta y que le permite incluso esquivar las preguntas a modo de comodín: la del «liberalismo trasnochado», la del y tú más basado en el estilo de gobierno popular en Madrid y Valencia.

Más allá de esto, y de que, por primera vez y no sin cierta condescendencia, De la Vega reprochara a Sáenz ser demasiado joven y libre del peso de un pasado, la sesión de ayer estuvo marcada por los rusos de Lukoil entendidos como enemigo a las puertas. Las velas piratas ya visibles en el horizonte, más la sospecha de que el Gobierno estuviera actuando como un remedo del conde Don Julián que hubiera cursado invitación a los invasores para solucionar un asunto personal, sin importarle meter la bicha en casa, están tensando los ánimos y las dialécticas. Tanto es así, que un Miguel Sebastián iracundo se revolvió a una pregunta de Alvaro Nadal que le insinuaba como oscuro muñidor de operaciones empresariales y se hizo avalar la honestidad con un patrimonio privado inmutable desde su entrada en política.

En los pasillos, llevó más lejos su argumentación, se declaró hastiado de infamias e insinuaciones y por poco no improvisó un código de conducta que impidiera los «ataques personales» en política: «Yo nunca lo he hecho». Tan indignado estaba, que casi da pena tener que recordarle que en los tiempos en que aún se llamaba Miguel ‘Sebaostiar’, durante un debate electoral televisado con el alcalde de Madrid, levantó como si de una puntuación en gimnasia se tratara, un retrato de Montserrat Corulla, protagonizando una de las insinuaciones más sucias, uno de los ataques personales más indignos de los que haya memoria en democracia. Qué fue de la honra entonces, y de qué le sirvió al ministro malbaratarla.

El enganchón de Rajoy y ‘Zetapé’ a propósito de Lukoil reveló una vez más que los principios del presidente son reversibles a conveniencia, como ciertas cazadoras. El intervencionismo por el cauce del ICO que favoreció al presidente de Sacyr ha sido sustituido por una devoción por el mercado libre que permite al Gobierno borrarse en el órdago ruso para seguir favoreciendo al empresario de cámara metido en apuros mayúsculos: la consigna es salvarle a toda costa, así sea dejando sembrado un problema de Estado, una inmensa debilidad energética. Más relajado estuvo el presidente durante la recepción a los héroes de la Davis, donde improvisó la creación de un futuro Ministerio de Deportes: el éxito del deporte español es demasiado grande como para que Zetapé no invente un pretexto institucional que le permita atribuirse la autoría de todos los títulos y medallas que están por ser ganados.

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Dos estrenos, de David Gistau en El Mundo

Posted in Política by reggio on 25 noviembre, 2008

AL ABORDAJE

La productora de Rubalcaba estrenó en el prime time de la semana pasada dos series nuevas, valoradas de distinto modo por el público y la crítica. Ambas son de argumento policial con trasfondo político, género al que Producciones Rubalcaba debe éxitos como Salvar al señor X y, sobre todo, Pásalo, premiada con el Ondas.

La primera de las series está inspirada en la captura en Francia de un jefe terrorista al que acompaña en la clandestinidad una moza con la que comparte porros y foie. El casting está muy logrado, así como el retrato psicológico del malvado y la narración del rápido ascenso desde la cantera urbana hasta la jefatura de la banda de un carácter avalado por la crueldad. Salen hasta los servicios secretos americanos y una trama tecnológica de correos electrónicos interceptados que compensa la cutrez barrial del hachís y otorga una aureola sofisticada muy a lo Ridley Scott. Al público le ha convencido la eficacia de las Fuerzas de Seguridad, así como el canto a la esperanza de una sociedad trabada en la lucha contra el terrorismo y que recibe la ayuda de las naciones de su entorno. Pero la crítica ha señalado un error de guión francamente grosero: la precipitación, sin duda efectista, con que es mostrado al espectador el rostro actual del jefe terrorista y que perjudica el desenlace judicial al sabotear las ruedas de reconocimiento por un asesinato en Capbreton.

La segunda trata sobre la desarticulación de una banda criminal compuesta por veteranos de las guerras del Este que asaltó el chalé de un conocido ventrílocuo y empresario de televisión que resultó herido de un hachazo. La pareja protagonista no es muy creíble: ¿el cuervo Rockefeller y Rubalcaba unidos contra el crimen como Batman y Robin? Tampoco es verosímil incorporar al productor a las conferencias de prensa del Ministerio como si él mismo fuera un muñeco por cuya boca habla un ventrílocuo -el oscuro jefe de Policía-; este personaje indudablemente enérgico aporta desparpajo y luz de neón, una conexión frívola que enriquece la trama con el testimonio de su propio dolor. Tampoco hay que desdeñar las hipótesis sobre los contenidos de las cajas fuertes, que introducen una mirada morbosa en los barrios altos de la ciudad.

El público ha apreciado esto, así como el análisis social de una ciudad asustada por la delincuencia rampante. Pero a la crítica no le ha gustado que las Fuerzas de Seguridad de un país democrático aparezcan convertidas poco menos que en policía privada de los ricos y poderosos, de aquellos cuyos entuertos obtienen gran repercusión mediática, ahondando la sensación de que al desvalido, al ciudadano anónimo, ya puede venir un ángel de la guardia a socorrerle y a invitarle a café sobre moqueta, porque lo que es el ministro… Para próximos estrenos de Producciones Rubalcaba, consulten la cartelera.

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El rincón, de David Gistau en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 18 noviembre, 2008

AL ABORDAJE

En lo que coinciden Aznar y Fernández de la Vega es en creer que del «rincón de la historia» se sale consiguiendo una foto junto a Bush, ya sea en Azores o en Washington. Supone combatir la intrascendencia con una solución parasitaria, a lo Forrest Gump, que consiste en salir de extra, chupando cámara justo detrás del hacedor del porvenir, para robar un prestigio comparable al que pretenden los restaurantes que cuelgan en las paredes los retratos de sus visitantes ilustres. Lo hizo Aznar con su vasallaje en vísperas de una guerra. Y lo ha hecho Zetapé en esa Cumbre en la que, disciplinado y segundón, olvidó levantar el banderín de enganche ideológico para ayudar a sostener el mercado libre a modo de costalero. En ambos casos, el planeta alrededor del cual orbitaron fue Bush, que debe de empezar a confundir el Gobierno español con su club de gruppies. En cuanto a la reconciliación de caracteres tan antagónicos como los de Zetapé y Bush, ya ha dejado escrita Santiago González la ingeniosa imagen de Rick Blaine y el capitán Renault dando por comenzada una gran amistad en el aeropuerto de Casablanca.

No hay por qué añorar, ya que sería de una incorrección política suprema, los tiempos en que los españoles salían del rincón de la historia pasándose al otro lado de una raya trazada a espada sobre la arena de una playa. Es, por otra parte, lo que hizo Aznar, para no hallar sino la incomprensión de un pueblo que prefería la irrelevancia a las fatigas y que se cohesionó alrededor de escrúpulos morales. Aun desestimada la vía Pizarro, convendría rebajar la euforia y la apetencia de posteridad cuando la forma de salir del rincón ha consistido en que Zetapé viaje, asomando las orejitas, en el bolso de Sarkozy, igual que el chihuahua en el de Paris Hilton. Ha sido conseguida la imagen, la apariencia, la inclusión de Zetapé en la manada de los machos alfa sin recurrir siquiera al photoshop. Pero en ningún sentido fue modificada la condición gregaria que además asume que a partir de ahora hay deudas contraídas: «Te daré lo que me pidas», dijo Zetapé a Sarkozy, consciente de que firmaba un contrato fáustico como el de Homer Simpson cuando vendió el alma al Diablo a cambio de un donut.

Vito Corleone recomendaba hacer favores para convertir a los débiles en clientes, para sembrar obligaciones. Y es en ese sentido por lo que ahora ha de tenernos en vilo lo que pueda llegar a pedir Sarkozy cuando canjee su cheque en blanco arrebatado a la debilidad española. Démonos por atrapados en la red clientelar francesa, que en vez de emanciparnos en nuestra salida del rincón añade una nueva sumisión a las que ya existieran. Y conformémonos con que Carla Bruni no se encapriche con la Giralda para el jardín del Elíseo, porque no habría modo de negarse a transportarla piedra a piedra igual que los gringos de la United Fruit empacaban el mar de Macondo y se lo llevaban sólo para ejercitar su superioridad.

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La cúpula y el gato, de David Gistau en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 14 noviembre, 2008

AL ABORDAJE

A pesar de la mentecatez con que Moratinos se dio mus en la polémica sobre la cúpula de Barceló, el arte sí tiene precio, y lo determina el mercado. Otra cuestión es que el gasto no duela cuando procede del dinero público, ése que, según dijo Carmen Calvo, «no es de nadie», sino que flota a la deriva espacial esperando a que algún cargo le dé sentido. El arte, por tanto, tiene precio. Y en cuanto a su valor, fue Giacometti quien jugó a preguntarse cuánto estaría cada uno dispuesto a concederle con una boutade ya gastada: «En el incendio de un museo, de tener que elegir entre salvar un rembrandt o un gato, salvaría el gato».

Compartimos la preferencia de Giacometti por la vida antes que por el objeto. Aunque es cierto que, al proponer un gato, tal vez pusiera el listón un poco bajo: menos dudas nos asaltarían si hubiera que escoger entre rescatar un Rembrandt o a un miembro del equipo brasileño de voley-playa femenino. En fin. El caso es que el Gobierno de Zetapé se encontró en una encrucijada moral como la que plantea el incendio de Giacometti. La pregunta, apenas renovada, es la siguiente: de disponer de 500.000 euros asignados al presupuesto del FAD, ¿en qué los invertirías? ¿En aliviar el hambre de los negritos del Africa, que es por otra parte para lo que fueron concebidos y aprobados? ¿O en subvencionar un gigantesco capricho de arte orgánico firmado por Barceló? El Gobierno de la conciencia, el que asaltó no hace tanto tiempo las portadas de las revistas femeninas para proclamar el advenimiento de un paladín de los menesterosos, lo tuvo clarísimo. Y eligió pagar el precio de Barceló para que el artista llorara estalactitas desde su bóveda multicolor, como el país de la abeja Maya, de la que se dice -de la cúpula, no de Maya- que está inspirada en las cuevas del Drac, pero que más parece la caverna de Platón, donde hombres anudados a la soberbia contemplan sombras proyectadas en una pared dando la espalda al mundo real y sus gritos.

Por más que el despilfarro afee los propósitos de austeridad de la administración Zetapé, queda la esperanza de que no hayan dejado sin filetes a los famélicos a sabiendas. Sino que aún crean en el ideal romántico de los artistas como pobres de buhardilla, y entonces lo percibido por Barceló sería ayuda humanitaria. Es improbable. De hecho, el mensaje lanzado es mucho más desesperanzador, porque lo que la cúpula sugiere es que el Régimen no repara en gastos cuando se trata de premiar a los artistas que le pusieron la ceja de aquella manera durante la campaña electoral. Barceló curvó el índice a la altura de la ceja derecha, y ahí lo tienen, pasando por caja y fingiendo ahora que le han pillado un remordimiento por haber arramplado con lo que pertenecía al tercer mundo. Y le resultaría tan fácil reparar la conciencia herida: nada cómo donar la talegada a una ONG de las que, como Giacometti, prefieren la vida al objeto y no han convertido el hambre de Africa en retórica falaz.

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La guerra tabú, de David Gistau en El Mundo

Posted in Internacional, Política by reggio on 11 noviembre, 2008

AL ABORDAJE

En las películas de género negro, los malevos suben el volumen de la música para que el vecino no oiga los gritos y los disparos. Algo parecido está haciendo el Gobierno con las tropas españolas desplazadas a Afganistán. Sube el volumen de la propaganda que tañe melodías pacifistas, himnos de un credo ong como acompañados por una guitarra en una parroquia, para que la opinión pública no escuche el ruido de una guerra en la que estamos metidos. Así sea con la puntita nada más, con una contención y un velo de clandestinidad que ningunea el sacrificio de los militares e incluso enturbia su prestigio. La falacia sólo la desmiente, de vez en cuando, la terrible noticia de los soldados asesinados. Como ahora.

Zetapé es cautivo del repliegue electoralista, del ¡No a la guerra! en la solapa, de las tardes echadas detrás de una pancarta, de la ocurrencia de la Alianza de Civilizaciones, de aquella declaración de Túnez en la que invitó a la deserción general. Está maniatado por el denuesto de Azores, aquel precio que Aznar estuvo dispuesto a pagar para ubicar a España en la jerarquía global y contra el cual el actual presidente reaccionó con una equidistancia flower-power convertida en principio vertebral de su mandato. Es por ello que a Zetapé le cuesta resolver la contradicción del Irak no pero Afganistán sí. Es cierto que el escenario de Irak tiene menos brillo moral, pues lo forzó Bush por pulsiones indignas entre las cuales no hay que descartar la demencia y la codicia. Pero, a estas alturas, en ambos territorios se trata exactamente de lo mismo: estabilizar un limes a la romana, una primera línea de defensa contra el terrorismo islámico. Y como Zetapé no puede superar la contradicción, se ampara, como en tantas otras ocasiones, en la mentira: somos repartidores de magdalenas para un pueblo que nos ama y recibe con confeti. Y entonces, ¿por qué los muertos? ¿Por qué el asesinato de esos soldados que a buen seguro no comparten la idea aerofágica de Bono de que en la milicia es preferible morir a matar?

El Gobierno debería atreverse a dejar de mentir respecto de Afganistán. En parte, porque no debe temer amotinamiento alguno de los pancarteros: es una casta esclava del poder que se la envainaría, sumisa, aunque Zetapé cabalgara un misil Tomahawk igual que el cowboy de Dr. Strangelove. Y también porque, delatada la intrascendencia española por el asunto de la cumbre de Washington, habrá aprendido que la jerarquía global depende de un intercambio de favores por deberes, de la implicación en los frentes mundiales, con Obama como con Bush. Salgan del armario y digan conmigo: aunque no exista una foto tan explícita como la de Azores, en Afganistán estamos librando una guerra junto a los demonios imperialistas. Y nos cuesta vidas que merecen el homenaje de la sinceridad, y no la mentira que mercadea hasta con las condecoraciones.

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