Reggio’s Weblog

Los sangrientos renglones de la historia de Israel, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Internacional, Política by reggio on 17 enero, 2009

Además de con sangre –la ajena, mucho más abundante que la propia- la historia reciente de Israel está escrita con arreglo a un plan minuciosamente trazado de construcción nacional en el que pocas cosas se improvisan. Es por ello que sólo los ingenuos o los acólitos se atreven a defender a estas alturas que el ataque a Gaza y la masacre de palestinos resultante sea, simplemente, un acto de legítima defensa ante los cohetes de Hamás, como machaconamente invoca la diplomacia hebrea.

En un trabajo publicado esta semana en el Real Instituto Elcano, Haizam Amirah, investigador principal del centro para el Mediterráneo y el Mundo Árabe, estima que el ataque era poco menos que inevitable. Interesaba a la coalición que gobierna Israel, ansiosa por presentarse a las elecciones de febrero después de haber ajustado cuentas con Hamás en un momento de transición en EEUU; a algunos países árabes, que recelan de Hamás por su condición de fuerza islámica democráticamente elegida y que han mirado para otro lado mientras caían las bombas; a la propia Autoridad Nacional Palestina (ANP) que, expulsada de Gaza, ha supuesto que puede reimplantarse sobre las cenizas de los islamistas; e, incluso, a la propia Hamás, que pensó en encontrar legitimidad a costa del sufrimiento de los habitantes de la franja.

Si la preocupación real de Israel hubiese sido la caída de cohetes palestinos en poblaciones israelíes vecinas (preocupación comprensible por otro lado), ¿acaso no se podría haber limitado a cortar el flujo de armas a través de los túneles que conectan Gaza con el Sinaí? No parece imposible controlar poco más de 10 kilómetros de frontera ni parece que exista una incapacidad técnica para semejante colaboración israelo-egipcia”, sostiene Amirah.

Respecto a los dirigentes palestinos, la estrategia de Israel se ha mantenido invariable a lo largo de los años: o se les califica de terroristas con los que la negociación es imposible –la misma consideración que ahora recibe Hamás es la que tuvo en su día el propio Arafat– o se trata de debilitarles para que acepten los hechos consumados. A esta última práctica cabe atribuir tanto el aliento israelí a la formación de la “terrorista” Hamás –una manera eficiente de menoscabar a Fatah, el sustento de la ANP-, como su demonización actual, mientras se evitaba militar y políticamente que Abbas consolidara un cierto liderazgo entre la población palestina.

Una vez constatada la imposibilidad de constituir la Gran Israel con la que soñaron los pioneros del sionismo, el nuevo plan nacional, cuya paternidad cabe atribuir a Sharon, perfila los contornos de un Estado, que estará forzado a convivir con una entidad palestina, bien es cierto que reducida a la mínima expresión si se cumplen sus previsiones, y en el que la tarea mas urgente ha sido la de separar físicamente a las dos comunidades, la judía y la árabe.

Y ello para evitar que la demografía imponga su ley en las urnas. “Si llega el día en que la solución de los dos Estados fracasa y afrontamos una lucha al estilo surafricano por la igualdad del derecho al voto, el Estado de Israel estará acabado”, confesaba el primer ministro Ehud Olmert. ¿Acaso podría permitirse un Estado que presume de ser la única democracia de Oriente Medio negar el derecho de voto a sus residentes de origen palestino?

En este motivo, y no en la prevención del terrorismo y del tráfico de armas desde Cisjordania, está el origen de la construcción del oprobioso muro de 700 kilómetros que atraviesa una pequeña parte de Jerusalén, y del que la actual ministra de Exteriores, Tzipi Livni, ya dijo que dibujaba las fronteras deseadas por Israel. El apartheid aplicado a los árabes ha ido acompañado de la retirada unilateral de algunos pequeños asentamientos de colonos, que han sido reubicados en otras zonas, de la pretendida anexión definitiva de los más grandes, y de la cantonalización de los palestinos en un territorio discontinuo, fácilmente controlable desde el punto de vista militar.

Para cumplir estos objetivos, Israel precisa ganar tiempo con la esperanza de que lo realizado se entienda irreversible, y a ello se ha dedicado con la inestimable ayuda de Estados Unidos, cuyo presidente saliente, George Bush, ya comprometió el respaldo de su Administración a los asentamientos construidos en Cisjordania por considerar que el retorno a las fronteras de 1967, esto es, la devolución de los territorios palestinos ocupados, era imposible de acometer. Todo ello regado con una generosa ayuda militar y con la promesa de que Washington no aceptaría jamás la división de Jerusalén.

La última vez que Israel se sentó a una mesa de negociación fue en la Conferencia de Anápolis, a finales de 2007, con un Mahmud Abbas que no había sido capaz de impedir la pequeña guerra civil que dejó Gaza en manos de Hamás. Lo firmado daba pruebas de la debilidad del negociador palestino, que aceptó que la declaración final no hiciera referencia alguna al regreso a las fronteras de 1967 a cambio de alcanzar la meta de los dos Estados antes del final de 2008, algo inverosímil como la realidad ha demostrado.

Con el ataque a Gaza se pretende proseguir con esta táctica dilatoria, porque no se puede negociar con quien no existe o no está facultado para ser interlocutor porque no representa al conjunto de su pueblo. Como apuntaba el pasado jueves en El País Akiva Eldar, editorialista del diario israelí Haretz, la irrelevancia a la que Israel ha conducido a la Autoridad Nacional Palestina y su descrédito entre la población empuja a los más jóvenes a las mezquitas y a los campos de entrenamiento que forman terroristas. “Hamás es parte intrínseca del sistema democrático en Palestina, y la única vía para apartarla del poder es la misma por la que llegó a él: las urnas, no las balas”.

De las dos caminos posibles que se abren ante Israel –prolongar el conflicto de manera indefinida o retomar la iniciativa de paz de 2002 en la que todos los países ofrecían la normalización de sus relaciones a cambio de la retirada de los territorios ocupados y de una solución aceptable para los refugiados-, los dirigentes hebreos parecen haber optado por el primero. La historia de Oriente Medio seguirá escribiéndose con sangre porque los milagros no existen ni Obama es Merlín.

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Elogio de la Judicatura, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 27 diciembre, 2008

Para dar la razón a Bertolch Brecht cuando decía que algunos jueces son tan incorruptibles que no hay manera de convencerles para que hagan justicia, el Consejo General del Poder Judicial ha perseverado en su decisión de imponer una multa de 1.500 euros al juez Tirado, un señor tan desbordado por el trabajo y la falta de medios que dejó sin ejecutar la sentencia contra el presunto asesino de la pequeña Mariluz, razón por la cual, la niña cría hoy malvas en vez de jugar con la PlayStation 3. Simultáneamente, el gremio de la toga quiere ir en febrero a la huelga para expresar lo mucho que sufren sus integrantes por lo mal que está la justicia, una situación en la que sus ilustrísimas no tienen ninguna responsabilidad por si no se habían dado cuenta.

La decisión sobre el juez Tirado tendría que crear jurisprudencia, de manera que otras profesiones tan estresantes como la de juez, que es un sinvivir, puedan beneficiarse de la comprensión de la Judicatura. Así, si a un ingeniero se le cae una presa y ahoga a cuatro pueblos, habrá que valorar antes de condenarle cuántos proyectos tenía sobre su mesa, porque es humano distraerse y tener un error en una suma. De la misma forma, si un médico ocupadísimo se deja el teléfono móvil en el interior de un paciente estaremos obligados a ser indulgentes, aunque la alarma del despertador suene en el entierro y distraiga de su dolor a la familia.

Gracias a Montesquieu, que estará fiambre como decía Alfonso Guerra pero sigue de cuerpo presente, hemos confiado el tercer poder del Estado a 4.500 personas a los que no exigimos que tengan sentido común ni sensibilidad social, ni siquiera que no cometan la estupidez de decretar un año de alejamiento para una madre que reprendió a su hijo con un bofetón. Según parece, nos basta con que hayan aprobado una oposición muy dura y sean capaces de recitar de memoria algún artículo del Código Civil, que eso sí que es prueba de capacidad y mérito. Es decir, que nos hemos puesto en manos de unos sujetos muy aplicados en sus estudios, algo que, aunque a ellos pueda resultarles extraño, no es vacuna suficiente contra la imbecilidad.

Para protegerse de una posible incomprensión, los sesudos funcionarios que componen nuestra Justicia han entablado entre sí lazos de solidaridad que van más allá de lo imaginable. De hecho, se han conjurado para que nada de lo que ocurra a su alrededor puede achacarse a sus deficiencias sino a las de los demás. A los jueces no se les olvida prorrogar la fecha de prisión de los narcotraficantes; si éstos salen en libertad por la puerta falsa es porque no hay ordenadores o por la mala cabeza de algunos secretarios judiciales. No es que sus togadas eminencias trabajen lo justito, jueguen mucho al golf y, a consecuencia de ello, se les acumulen los expedientes, sino que hay mucho interino que no distingue una providencia de un auto, y así es que no se puede, oiga. En definitiva, que nunca hay dejación de funciones sino insuficiencias estructurales ajenas a estos vigorosos servidores públicos.

Injerencia inadmisible

Admitida esta tesis, afear las conductas de estos destajistas del Derecho ha de considerarse una injerencia inadmisible, por mucho que a Zapatero le molesten algunas de ellas, haga comparecer en el Congreso a Carlos Dívar, que es un santo varón o, al menos, muy católico, y amenace, como hizo este viernes, con reformas legales para evitar que al juez Tirado sólo le cueste 1.500 euros irse de rositas. ¿Acaso a Noé se le puede hablar impunemente de lluvia?

Si de algo han pecado nuestros jueces ha sido de prudencia. Hasta que no murió la pequeña Mariluz no supimos que había 270.000 sentencias no ejecutadas en España, dato que el Consejo General del Poder Judicial debía conocer, pero que, seguramente, no aireaba para que no nos preocupáramos innecesariamente. Sufrían sin proferir queja alguna, callaban para no llenar de nubarrones nuestro venturoso Estado de Derecho, y en pago a su silencio criticamos su corporativismo. No tenemos perdón de Dios.

Molestos por nuestra displicencia, los hacedores de Justicia preparan una huelga el 18 de febrero, que es más bien un cierre patronal ya que quienes llaman a la movilización no son las asociaciones de magistrados sino las propias Juntas de Jueces. Bastaría con imaginarnos que es por la tarde todo ese día, ya que sus señorías no pisan un juzgado en horario vespertino ni en defensa propia, pero no podremos ignorar el mensaje de que se rebelan porque sus desvelos no son apreciados.

La culpa de que la Justicia sea decimonónica, lenta, ineficiente, un cachondeo y, en muchas ocasiones, manifiestamente injusta es culpa, por este orden, del Gobierno y de la oposición, que no ponen medios, de los ordenadores de IBM que son una castaña, de los becarios de los Juzgados, del personal de plantilla, de los secretarios, de los abogados que son unos zotes, de los delincuentes que no dejan de delinquir, de los ciudadanos que se creen víctimas de delitos inexistentes y hasta de San Raimundo de Peñafort, que no hace el milagro de dar curso divino a los legajos. Los jueces son inocentes y cobran poco. Es bueno saberlo.

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Las cenizas de Rajoy, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 8 noviembre, 2008

La última encuesta del CIS sobre intención de voto en la que otorga un empate técnico al PSOE y al PP ha vuelto a agitar las aguas de la derecha hasta dejar a Rajoy calado hasta los huesos. Al parecer, haber recortado la distancia que separaba a los populares de los socialistas y obtener el mejor resultado en un sondeo de los últimos cuatro años no es suficiente con la que está cayendo en el país, a juicio, sobre todo, de quienes siguen pensando que el drama del partido es la insuficiencia del líder, que ahora se ha vuelto Bambi, como hizo Zapatero en tiempos, a ver si cuela.


Es cierto que los resultados del barómetro podían haber sido mejores, que el desgaste del Ejecutivo no es aprovechado íntegramente por los populares y que, a su vez, un pequeño partido como es la UpyD de Rosa Díez está sacando provecho de la moderación reinante en el PP. Pero también es lógico pensar que hay que dar tiempo al tiempo para que la transformación del ogro en príncipe sea apreciada por los electores. Con el mismo argumento que ahora utilizan los críticos con Rajoy cabría preguntarse por qué cuando España se rompía, Navarra se entregaba a Euskadi, Zapatero se arrodillaba ante ETA y la familia se disolvía ante el empuje homosexual, hechos todos muy dramáticos, el PP tampoco logró superar al PSOE en intención de voto ni su líder aumentar en valoración.


Lo que sí resulta cada vez más evidente es que el PP no cerró su crisis en el Congreso de Valencia y que desde dentro del partido pero, sobre todo, desde fuera, se pretende despachar a Rajoy por la vía rápida, porque el gallego, flojo y todo, representa un enorme obstáculo para sus intereses y, lo que es peor, un lastre para algunas cuentas de resultados.

En este sentido, los ataques constantes que El Mundo y la COPE han dirigido contra Rajoy han acabado por volverse como un boomerang contra ambos. Basta con echar un vistazo a las cifras de difusión de los diarios para comprobar que, frente al crecimiento experimentado por ABC y La Razón en el último año (13,81% y 11,57%, respectivamente), el periódico de Ramírez cayó en ese mismo período un 5,22%. O que la emisora de los obispos ha cedido a lo largo de ese período el segundo puesto en las audiencias a Onda Cero mientras Losantos, el látigo matutino de Rajoy, hacía lo propio ante Carlos Herrera. Parafraseando a Brecht, se puede insultar un día al político al que han votado quienes te escuchan y te leen y que no pase nada, pero no se le puede someter a una lapidación permanente, porque una parte del público experimenta el maltrato en su propia piel y huye en estampida hacia medios más proclives y educados.


De lo anterior se deduce que nada les haría más felices que quitarse a Rajoy de en medio lo antes posible o firmar la paz, algo a lo que no parecen dispuestos ni los tirios ni el troyano. Es evidente que al PP le perjudica la descalificación permanente de dos medios de la derecha rotunda, pero no lo es menos que a ellos les pasa factura en euros contantes y sonantes.


Las maniobras internas tampoco han cesado, toda vez que la presidencia de la Comunidad de Madrid debe de dejar mucho tiempo libre a Esperanza Aguirre para seguir conspirando. A la causa se unió hace algún tiempo el estadista de FAES, que últimamente se dedica a cuestionar el mensaje de su partido por catedrático interpuesto. Por cierto, ¿desde cuando no se ven juntos a Rajoy y a Aznar en un mismo acto?


Al gallego le esperan con el cuchillo entre los dientes y no hay vicisitud que no sea aprovechada para zaherirle. Si apoya al Gobierno en la lucha antiterrorista, es porque Zapatero ha vuelto a engañarle ya que sólo un ciego no vería que volverá a negociar; si manifiesta que es posible hablar con todo el mundo, incluidos los partidos nacionalistas, es porque tiene principios de quita y pon; si llega a un acuerdo sobre el plan de rescate financiero en un momento de urgencia nacional es porque ha renunciado a ser oposición; si trata de evitar la ruptura con UPN es que es un débil; si rompe es que no ha sido inteligente; y así.


Rajoy da mucho menos miedo y causa menos rechazo. La legislatura es larga, y salvo inesperada debacle en las citas electorales que tiene pendientes –europeas, gallegas y vascas-, tendrá una última oportunidad de llegar al Gobierno.

Tiene un buen equipo: la portavoz Soraya Sáenz de Santamaría lleva dando sopas con onda a la vicepresidenta desde que se constituyeron las Cámaras; la secretaría general, Dolores de Cospedal, cumple su papel y no es Acebes, lo cual representa un avance sideral; Esteban González Pons es un tipo brillante, que ha sido capaz de decir, a propósito de la metedura de pata regia, algo que tendríamos que haber oído en boca de algún socialista: que la Reina no puede ofender a sus ‘subditos’ homosexuales porque ellos también le pagan el yate, y que si piensa así es porque es muy católica y bastante antigua.

Es demasiado pronto para la rendición de cuentas. Si la crisis económica es larga el desgaste de Gobierno irá en aumento y Zapatero terminará carbonizado. Y Rajoy, sin las estridencias que han sido habituales y con un mensaje de este siglo, quizás pueda fumarse un puro en Moncloa y esparcir por el suelo sus propias cenizas.

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¡Qué difícil es ser liberal!, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 20 septiembre, 2008

Lo único divertido de esta crisis que va a acabar con los atascos de Wall Street está siendo observar la actitud de nuestros liberales de cabecera ante los acontecimientos que se viven en Estados Unidos. Otros hubieran corrido avergonzados a esconderse al sótano de sus casas –un liberal que se precie suele tener casa con sótano y techos altos, como Esperanza Aguirre– después de contemplar el combinado de nacionalizaciones, rescate de instituciones y cheques fiscales con los que la Meca del laisser-faire está afrontando la actual emergencia económica. Cualquiera hubiera naufragado en la contradicción de defender a ultranza el libre mercado y, al tiempo, aplaudir el keynesianismo de la Administración norteamericana. Pero estos liberales de hoy están hechos de otra pasta. Son inquebrantables.

El caso es que advertidos estaban. Antes de que se transformara en Porfirio Rubirosa y le acosaran insólitos rumores de paternidad, el propio Aznar, que a liberal no hay quien le gane, habló alto y claro de los peligros de ese demonio llamado Estado, pero se ve que Bush andaba distraído y no le escuchó. “Lo peor de este modelo estatista que busca cubrirlo todo y, de rondón, controlarlo todo, es que desprecia a la persona. La desprecia y mucho”, aseguraba en febrero de este año nuestro latin lover presidencial en una de sus habituales conferencias.

Inicialmente, debió de cundir el desconcierto. ¿Era posible estar de acuerdo con el mejor estadista que España ha dado al mundo desde Isabel la Católica y, al mismo tiempo, dejar de criticar el intervencionismo de Washington y sus neoconcitos? Más aún, ¿se podía poner conceptualmente a salvo lo que aquí se denostaba? ¿Acaso no representa un deprecio a la persona, cuando menos al contribuyente, usar fondos públicos para tapar agujeros privados usados, eso sí, con mucha liberalidad? ¿No constituye una desfachatez preconizar la privatización de los beneficios y la socialización de las pérdidas?

Como se ha dicho, a cualquier otro grupo de personas le hubiera resultado imposible mantener la cabeza alta y un discurso coherente, pero a nuestros liberales, por lo general preparadísimos, muchos de ellos con dos carreras y un MBA en Harvard, no les ha costado escapar del laberinto. El argumento teórico ha llegado de la mano de Juan Velarde, insigne economista y liberal de pro, además de premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, algo que siempre viste mucho: “En el mundo financiero la intervención del sector público es obligada para evitar el elemento de pánico”.

En conclusión, los 260.000 millones de dólares de fondos públicos con los que se han nacionalizado las hipotecarias Fannie y Freddie y la aseguradora AIG han estado bien empleados porque nos han quitado el temor de raíz. En cambio, no hay que pestañear ante algunas de las últimas ideas liberales del profesor Velarde: privatizar la educación y aligerar la “insoportable” nómina de empleados públicos para ahorrarnos unos duros. ¿Quién dijo miedo?

El liberalismo es flexible como un junco. Un liberal pata negra, por principio, estará a favor del despido libre pero considerará lógico que Manuel Pizarro, uno de los suyos, se lleve unos kilitos de nada de indemnización al dejar la presidencia de Endesa porque, al fin y al cabo, ha hecho ganar dinero a los accionistas de la eléctrica y éstos, agradecidos, han de premiarle como se merece.

¿Qué me dicen de las pensiones? Nuestros más afamados liberales llevan años alertando de que el sistema público de reparto representa un coste inasumible, más todavía si el manirroto de Zapatero sube un 6% las pensiones mínimas. Hay mucho viejo y dar a los ancianos 20 euros más al mes nos sale por un pico. Otra cosa es que se jubile Amusátegui en el BSCH y se embolse unas decenas de millones de euros. Al fin y al cabo se lo pagan los accionistas del banco, entre ellos alguno de los pensionistas que van a hundir al Estado con su voracidad insaciable.

Los liberales son tan independientes que no se casan con nadie. Véase si no el concienzudo trabajo de Alberto Recarte titulado La crisis financiera internacional y el crack financiero español. Por si no le conocen, Recarte es socio de Federico Jiménez Losantos, otro acreditadísimo liberal, y, en opinión de esté, nos hallamos ante el intelectual más preclaro que habita en la piel de toro. He aquí una de las conclusiones de su ensayo: “Parece difícil que sobreviva, en su forma actual, el sistema de cajas de ahorro, lo que puede ser una buena noticia si se logra convencer al legislador de que esa forma jurídica ha quedado obsoleta, por más que haya funcionado admirablemente bien hasta ahora”. Él lo sabe de primera mano porque entró en el consejo de Caja Madrid y en su comisión ejecutiva de la mano de Gallardón –a quien ponía a escurrir en la COPE porque la liberal era Esperanza y repartía licencias de TV- y no ha habido manera de que soltara esa ubre.

Hablando de la presidenta de Madrid, últimamente se ha descolgado con dos propuestas eminentemente liberales. La primera ha sido anunciar que, en cuanto pueda, privatizará Telemadrid, ese paraíso del periodismo independiente y apartidista. La privatización es un imposible metafísico ya que lo prohíbe la ley del Tercer Canal, y es una vieja cantinela que ya tarareó en su día su amigo el alcalde de la capital. Uno no sabe qué es más liberal, si querer privatizar la cadena en la que ejerce su magisterio Curry Valenzuela o haber fundado un nuevo canal –La Otra- a costa del Erario público. Así podrá privatizar los dos a la vez y ser liberal al cuadrado.

La segunda se ha conocido esta semana y consiste en dar entrada al capital privado pero sólo hasta el 49% en el Canal de Isabel II, la empresa de aguas de Madrid. La medida se asemeja como dos gotas de ídem a la pretensión de Zapatero, que es un intervensionista y un desnortado, de privatizar en la misma proporción AENA, la empresa que gestiona los aeropuertos españoles.

Ser liberal no es sencillo. Provoca incluso problemas de conciencia de difícil resolución. Fijémonos en Luis de Guindos, ex secretario de Estado de Economía con Aznar y, a la sazón, presidente de Lehman Brothers España. De Guindos se ha quedado sin trabajo porque el liberal de Bush y la Reserva Federal no han acudido al rescate del banco, a diferencia de lo que han hecho con el resto de entidades moribundas. Ahora bien, ¿qué hubiera tenido que hacer De Guindos si dicho auxilio se hubiera producido? ¿Continuar como si nada, cobrando un pastizal al mes, aun sabiendo que se trataba de una maniobra intervencionista que golpeaba sus convicciones liberales más profundas? He ahí el dilema.

En estos días de confusión, los liberales andan como el alma de Garibay, ese vasco bondadoso que se emparejó con la mujer más fea y canalla del mundo, y que una vez muerto no le dejaron entrar en el cielo por pecador ni en el infierno por imbécil. Es por ello que merecen nuestra admiración y nuestro respeto.

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La lista de Garzón, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Derechos, Historia, Política by reggio on 6 septiembre, 2008

Garzón se creerá una starlette o una musa del Folies Bergère, querrá el Nobel de la Paz o la presidencia del Tribunal Penal Internacional, le habrá hecho el favor de su vida a Zapatero, que andaba muy distraído contando parados, o a Sebastián, que no da abasto a fabricar bombillas de bajo consumo, será un pésimo juez que instruye los sumarios con los pies y hasta es posible que tenga halitosis. Sin embargo, de su decisión de elaborar un censo de desaparecidos en la Guerra Civil y en el franquismo sólo cabe decir una cosa: ya era hora de que se empezara a hacer justicia.

No hay duda de que la democracia es lenta y muy mirada o que a Franco nadie le recomendó no mirar al pasado para cerrar unas heridas que nunca dejaron de sangrar. Quizás por ambas razones, el camino que a nuestro sistema de libertades le ha costado tres décadas iniciar al dictador le ocupó apenas un año. Una Orden de 1 de mayo de 1940 sobre exhumaciones e inhumaciones de “cadáveres de asesinados por rojos” establecía con claridad el procedimiento. Los afectados que quisieran desenterrar a sus allegados “asesinados por la horda roja” e inhumarlos en el cementerio únicamente debían solicitarlo al gobernador civil de la provincia. Es curioso que entonces fuera el Estado franquista el que asumiera la tarea y que ahora ese mismo Estado –recuérdese que aquí hubo transición y no ruptura- encomiende este trabajo a las ONG, muy voluntariosas siempre que el alcalde de turno allegue las excavadoras.

Ni que decir tiene que la disposición fue aplicada y, junto a ella, se documentó la “barbarie roja” y se instituyó un Registro Central de Ausentes. La memoria de las víctimas del bando nacional fue honrada y hasta esculpida en las lápidas que alicatan todas las iglesias del país. Entre los familiares de quienes cayeron por Dios y por la patria se repartieron estancos y despachos de loterías. A los vencedores se les resarció con creces de las incautaciones de las que fueron objeto por parte de la República, mientras los jerarcas del Régimen se repartían lo expoliado a los vencidos. La dictadura recompensó a los suyos como la democracia nunca supo ni quiso hacer.

Al margen de otras motivaciones, incluida la pasión que el papel prensa despierta en Don Baltasar, la iniciativa del juez da alguna esperanza a quienes han comprobado que Zapatero trascendió hace tiempo del rojo al colorado y que su Ley de Memoria no era sino una celada para mostrar a Rajoy y a la derecha como los más fachas de la clase –con gran ayuda por su parte, todo hay que decirlo-. Rajoy, que sigue en la inopia el pobre, continúa repitiendo la cantinela de que hay que mirar siempre hacia adelante, una estrategia que debe cumplir a rajatabla, y de ahí que las puñaladas por la espalda de sus adversarios en el PP le pillaran siempre a la luna de Valencia.

Por mucho que los populares se empeñaran entonces y ahora en facilitarle al PSOE el trabajo, la de la Memoria es una ley para olvidar. Lo lógico hubiera sido que anulara unas condenas dictadas en juicios sumarísimos por órganos militares subordinados al poder ejecutivo sin garantías de defensa. En lugar de eso, se limita a proclamar su injusticia y se inventa el diploma del represaliado, un papelito que el Gobierno dará casi automáticamente a quien lo solicite para que lo cuelgue en el salón de casa junto al cuadro del ciervo herido. Eso sí, las víctimas del franquismo seguirán figurando en los archivos oficiales como criminales y delincuentes para mantener la seguridad jurídica del Estado, mientras se preserva la identidad de quienes ordenaron su muerte, de sus denunciantes o de sus torturadores.

La pretendida reparación a las víctimas de la dictadura no incluye ninguna compensación económica por los bienes que les fueron arrebatados, un expolio que está perfectamente acreditado en cada uno de los expedientes, porque si algo tuvo el franquismo fue su meticulosidad en la represión y en el latrocinio. De esta forma, los particulares no ven un euro, a diferencia de los partidos políticos y sindicatos, que ya van por el segundo reparto. Devolver lo robado a miles particulares reabriría heridas; eso, seguro.

En este país de paradojas nos hemos puesto a la cabeza en la defensa de la jurisdicción universal, aplaudimos que los crímenes contra la humanidad nunca prescriban y felicitamos a Chile y Argentina cuando anulan las leyes de punto y final que daban inmunidad a sus demonios particulares. Aquí, en cambio, mostramos la Ley de Amnistía como ideal de la reconciliación entre españoles cuando, en realidad, lo que hizo fue perdonar a una inmensa mayoría cuyo único delito fue oponerse a la dictadura y dejar impune a quienes tenían las manos manchadas de sangre. Menos mal que en breve la incombustible Victoria Prego y El Mundo nos contarán en fascículos los aciertos y errores de nuestra Transición. Estamos salvados.

Es tan improbable que la lista de Garzón –si es que alguna vez llega a concluirse- derive en responsabilidades criminales para alguien –los principales criminales están muertos- como que César Vidal, el sucesor de Herodoto, la utilice para alguna nueva recreación histórica que tantos ingresos le proporciona. Pero bien podría servir para establecer de una vez para siempre que el franquismo fue un régimen asesino que dejó en una oscuridad densa a dos generaciones de españoles. Sin duda, produjo crímenes horrendos. Si el Ejército rojo estaba el 1 de abril de 1939 cautivo y desarmado, ¿por qué el ensañamiento duró 40 años?

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Zapatero está en crisis, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 5 julio, 2008

SIN ENMIENDA

Será el síndrome de la Moncloa, una alergia al polen o un severo estreñimiento, pero a Zapatero se le nota entre distante y distinto, sublimado y ascendido a la altura imaginaria de un pedestal, desde donde mira al personal con condescendencia y bastante desgana. Desde un promontorio semejante nos observaba Aznar, y aún lo hace mientras luce melena al viento y unas pulseras de colores. A esa distancia del suelo la realidad siempre es distinta o, al menos, se llama de otra forma: no hay guerras ilegales sino extensión de la democracia; no hay crisis económica sino desaceleración.

Entre el Zapatero que se hizo con las riendas del PSOE en 2000 y el que por segunda vez preside el Gobierno hay diferencias notabilísimas, aunque el interfecto se niegue a reconocerlas. Gaspar Llamazares le dijo el miércoles que había perdido frescura y su respuesta fue cortante y desabrida, como si lo que hubiera empezado a perder fuera su sempiterno talante. Le falta frescura, sí, y le sobra algo de soberbia, otro de los adornos que se llevo puesto en el debate en el Congreso sobre la situación económica. ¿Estará en crisis?

A estas alturas es justo reconocer que fue el PP quien antes dio la voz de alarma sobre lo que se avecinaba. ¿Que lo hizo porque pretendía sacar ventaja ante las elecciones? Quizás. ¿Que exageró sin conocer el alcance real de la crisis? Es posible, pero acertó. ¿Por qué tendríamos que estar seguros de que el PSOE describía de buena fe la situación cuando preveía un renovado crecimiento en 2008, que se seguiría creando empleo a buen ritmo o, incluso, que la inflación retrocedería en primavera?

Partamos de esta hipótesis: Zapatero creyó sinceramente que las circunstancias económicas se tornarían favorables, que el deterioro sería leve y pasajero, que la actividad en la construcción se reduciría lentamente y que los mercados financieros se recuperarían de su particular crisis de liquidez. Con esas premisas, encargó a Miguel Sebastián que ideara una oferta electoral que compitiera con la rebaja de impuestos que proponía el PP. Fue así como se gestó la idea de devolver a todos los asalariados y pensionistas, y a todos por igual, 400 euros de sus impuestos, un gigantesco cheque regalo de 5.000 millones de euros muy poco socialdemócrata, lo diga Rajoy o su porquero.

A partir de aquí sería preciso establecer en qué momento Zapatero o su vicepresidente económico, Pedro Solbes, fueron conscientes de que su análisis estaba equivocado y que la crisis era imparable. ¿Fue en marzo, tras las elecciones? ¿En abril? ¿En mayo, tal vez? Si el análisis que permitió poner esta cantidad sobre la mesa estaba equivocado, ¿fue prudente hacer efectivo este compromiso? ¿Cómo es posible que, de la noche a la mañana, la guinda de un programa electoral se transforme en la principal medida de choque contra la “acelerada desaceleración”? ¿Es por eso que el presidente sigue llamando “rápido empeoramiento” a una crisis de caballo?

En consecuencia, antes o después ha habido un error consciente por parte del Gobierno con el que se ha reducido notablemente su margen de maniobra. Y con ese lastre a cuestas se ha elaborado un conjunto de medidas bastante deslavazadas con el que se pretende transmitir la imagen de que nos hallamos ante el Gobierno de la UE que más iniciativas ha tomado para paliar los efectos del “frenazo”, dicho sea en palabras de Zapatero. La contradicción es evidente: si, como asegura el presidente, estamos mejor preparados que el resto para afrontar la situación, ¿por qué diseñamos “el plan más ambicioso” de Europa? ¿Acaso nuestros vecinos se cruzan de brazos pese a su desventaja de partida?

Algunas de estas medidas son ciertamente rocambolescas. Se elimina el Impuesto del Patrimonio, algo muy socialdemócrata que repercutirá en los sectores más desfavorecidos; se contratará a 15.000 orientadores para aconsejar sobre su futuro a los parados de la construcción (¿serán parados de la construcción los orientadores?); se sustituirán los semáforos del país porque gastan un riñón (¿cuánto costará cambiar los semáforos?); nos iluminaremos con bombillas de bajo consumo en unos años; se renovará la Formación Profesional para que en una década en vez de fontaneros tengamos expertos en molinos de viento y placas solares; y, fundamentalmente, cambiaremos rápidamente nuestro modelo productivo basado en la construcción por otro orientado a la nanotecnología y la biotecnología, que aquí sí que somos punteros.

Es evidente que el Gobierno no es responsable de que el petróleo no deje de subir o de que los tipos de interés hagan lo propio. Tampoco lo es de la crisis de liquidez de los mercados financieros o del alza de algunas materias primas. Pero se espera de él algo más que vagos enunciados. Saldrán reformas del diálogo entre empresarios y sindicatos. Vale. ¿Hasta dónde alcanzarán? ¿Está el Gobierno por la reforma de las pensiones y por ampliar su período de cálculo?

Lo que contemplan los ciudadanos es que mientras el paro les amenaza, banqueros como Botín, el predilecto del Gobierno, anuncian beneficios récord, o que sube el recibo de la luz de manera vertiginosa por segunda vez en este año mientras las compañías eléctricas siguen disfrutando de suculentos márgenes. Hay que apretarse el cinturón, de acuerdo. Pero esto valdrá para todos, ¿no?

Entre tanto, Zapatero presume de su gestión socialdemócrata ante “las condiciones adversas”. Dice que subirán las pensiones, a cuya actualización obliga el Pacto de Toledo; que las más bajas lo harán por encima de la inflación, y eso está muy bien; que elevará el SMI, que seguirá desarrollando la Ley de Dependencia y que mantendrá la cobertura al desempleo. Faltaría más.

Si en algún momento descendiera de las alturas, si cesara en su contumaz negación de la evidencia o si dejara de disfrazarla de eufemismos, nos iría a todos mejor. Es estupendo que Zapatero nos recuerde que hemos desbancado a Italia en renta per capita y que tenemos a Francia a tiro de piedra. Habrá desempleados que se sientan orgullosos.

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Rajoy mata al padre en legítima defensa, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 21 junio, 2008

SIN ENMIENDA

Lo más interesante del proceso que vive el PP, congreso incluido, es la liberación que ha experimentado Mariano Rajoy, que por primera vez parece ser dueño de su propio destino y se dispone a asesinar de una vez por todas al padre -si no lo ha hecho ya-, con el que dice que se lleva bien sin llegar a tener una relación intensa. Lo de matar al progenitor debió de ponerse de moda al mismo tiempo que Saturno se zampaba a sus retoños, y ha de considerarse legítima defensa. En este sentido, Rajoy y Aznar llevan más de cuatro años perdonándose la vida, y a sus últimos encuentros ya sólo les faltaba una ambientación adecuada, como la banda sonora de Terror en Amytiville, para comprender que se mascaba la tragedia.

De lo primero que se ha liberado Rajoy ha sido del miedo, hasta el punto de que tras perder las elecciones todos suponían que perdonaría el bollo por el coscorrón y, sin más, rendiría el fuerte, y Esperanza Aguirre izaría su bandera, y esta foto sería portada en El Mundo, y el injuriador de la COPE lo comentaría en su tertulia después de la publicidad de Cepsa. Pero, hete aquí, que al gallego le salió el carácter entre las volutas del habano y decidió resistir el asedio con el resultado ya conocido. Las de Villadiego, ni loco; bien está San Pedro en Roma.

En realidad, sólo el miedo puede explicar el comportamiento de este hombre a partir de 2004. Miedo a plantar cara a Aznar entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 por la gestión de los atentados, miedo a incomodar a quien le designó digitalmente, miedo a ser un flojo, miedo a barrer a su debido tiempo al equipo de su antecesor, miedo, en definitiva, a no ser capaz de infundir ese mismo miedo en sus diarias descripciones del infierno socialista que se nutrían del España se rompe, la familia se acaba o Navarra se entrega. Este hombre se ha pasado varios años dentro de La noche de los muertos vivientes, con Acebes y Zaplana en los papeles protagonistas, y es probable que hasta la niña que mencionó en su cara a cara con Zapatero fuera la de El Exorcista. Demasiado terror junto para muchos votantes.

Quizás la reacción de hacer frente a todo haya sido también producto del miedo, una actio metus causa que ya recogía el Derecho Romano, un pánico cerval a convertirse en un simple registrador de la propiedad, que en Pontevedra, dicho sea de paso, no viste tanto como ser presidente del PP. Liberado del miedo por un miedo aún mayor, ha surgido este nuevo Rajoy, que es un poco vampiro y al que los suyos le aguardan con una estaca en el bolsillo de la americana para cuando acabe esta película, allá por 2011.

¿Hasta dónde llegará la transformación de Rajoy? Es obvio que nunca será el candidato ideal, que no es guapo, que es un poco estrábico y arrastra la eses, pero nadie es perfecto. No lo era Aznar, un señor engominado que exhibía su mediocridad como virtud para llegar al Gobierno, ni Zapatero, del que aún siguen diciendo que su vacío es insondable. La pregunta tendría que ser otra: ¿el sempiterno segundo está preparado ahora para asumir realmente el mando?

Sus últimos movimientos así lo sugieren. Se ha pulido a Zaplana y le ha sustituido por Soraya Sáenz de Santamaría, una mujer de 37 años que parecía una mosquita muerta y contra la que habrá que emplear más que cañonazos para abatirla. Y en el lugar de Acebes ha colocado a otra abogada del Estado, María Dolores de Cospedal, una ex consejera de Esperanza Aguirre que se fue a hacer las Castillas y ha resucitado al PP de la región. ¿Acaso no es un cambio radical sustituir a un legionario de Cristo por una madre soltera que optó por la inseminación en vez de por el matrimonio?

La catarsis está siendo completa. La revolución se ha instalado en un PP, que ya no habla de rendición ante ETA sino de la parálisis del Gobierno ante la crisis y que propone pactos hasta sin venir a cuento. Los socialistas harían bien en tentarse la ropa porque hay trucos que ya no les valen, singularmente ese de la igualdad o el del laicismo, esgrimidos para escorar a la derecha a los populares y aflorar su patrimonio más casposo. ¿Va a dar la ministra Aído una clase a Cospedal sobre las nuevas formas de familia? ¿Podrá tildar de machista a Sáenz de Santamaría la vicepresidenta De la Vega en alguno de sus enfrentamientos en el Congreso?

Si algo no dan las dos lugartenientes elegidas por Rajoy es miedo, salvo a algunos sectores del propio partido, para quienes era cuestión de tiempo contemplar cómo el cadáver político del gallego pasaba delante de sus narices. Si la jugada le sale bien, si lo del centrismo es algo más que simple retórica, el muerto al que casi todos han matado podría recuperar la salud súbitamente, mientras el padre, que sigue dando verdadero espanto, cría malvas en la fosa común de los sacrosantos principios. Así de dura es la vida.

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Lecciones de Pedro J., de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Derechos, Medios, Política by reggio on 31 mayo, 2008

SIN ENMIENDA

El juicio que se sigue contra el locutor de la COPE, Federico Jiménez Losantos, por injurias graves contra el alcalde Ruiz-Gallardón, ha derivado en una lección magistral acerca de la libertad de expresión y la censura impartida por ese honoris causa en la materia llamado Pedro J. Ramírez. Da gusto escuchar al director de El Mundo hablar sobre estos asuntos tan principales porque se nota que sabe un rato y, además, se pone estupendo y cita al descuido a columnistas del New York Times tan liberales como él para apoyar sus siempre bien fundadas opiniones.

En su biografía lo oculta, posiblemente por modestia, pero Ramírez puede presumir de ser el único director de periódico al que el Tribunal Constitucional ha condenado por vulnerar la libertad de expresión de un periodista de su medio, lo que explica su hondo conocimiento acerca de este derecho fundamental, así como de sus límites y sus transgresiones. Cuando alguien como él nos habla de libertad de expresión lo hace con la misma pasión que un entomólogo usaría para referirse a las cucarachas y con similar erudición. Y eso merece un respeto.

A tenor de lo anterior, surge la primera conclusión: Losantos, por ejemplo, puede afirmar que el ABC da pelotazos inmobiliarios para desviar las plusvalías a paraísos fiscales, puede llamar “rata” a un colega o afirmar muy convencido que los dirigentes de Esquerra son “pistoleros no arrepentidos”, porque todo ello, incluido llamar “hijo de Satanás” a Gallardón constituyen simples escaramuzas o, en su defecto, ardides radiofónicos para mantener la tensión en seis horas de programa. Pero si un periodista de El Mundo opina en una tertulia de televisión que el responsable del periódico ha hecho todo lo posible para vulnerar el derecho de huelga de los trabajadores y afirma que ha utilizado furgones policiales para sacar los ejemplares del diario de la rotativa, se le debe impedir volver a esa tertulia para evitarle los madrugones.

Hay que proteger la libertad de expresión, pero sólo la de los periodistas que saben expresarse, esencialmente Ramírez y Losantos, una pareja de hecho deontológicamente pura. La Constitución no lo dice –se supone que por economía del espacio- pero cuando recoge este derecho ampara únicamente a los profesionales mejor informados y más ricos. Por lo general, una cosa lleva a la otra. Pongamos otro ejemplo de lo anterior: Ramírez conoce, porque es un periodista de una pieza, que los accionistas italianos de su medio van a comprar en un plazo de meses acciones del periódico con una prima del 500%. ¿Qué hace el avispado informador? Ofrece a algunos trabajadores de El Mundo, a través de una sociedad instrumental en la que figura él mismo, comprar esos mismos títulos al 200%. La libertad de mercado es uno de los pilares de la libertad de expresión.

Para los neófitos es preciso recordar que este derecho es unidireccional, de forma que a Losantos, que es muy ocurrente, le ampara la ley para decir que Moratinos es “la nada con sobrepeso”, que Gallardón es un “bandido” o que el instructor del 11-M “se ha tragado las pruebas falsas como los antiguos tragasables del circo Price”. Lo contrario es un ataque a la libertad de expresión, es decir a la suya. Así, quienes se encadenaron ante la sede de la COPE para exigir que se retirara la licencia a la emisora en Cataluña, además de ser unos maleantes secesionistas, no ejercían ningún derecho sino que atentaban contra el de Losantos, que es de Teruel y patriota.

Nos tiene que entrar en la cabeza que en este envite nos jugamos el sistema democrático y que su defensa ha de ser tan contundente como la que el director de El Mundo ha hecho de esa piscina de Mallorca construida en suelo público de la que es propietario, un símbolo hídrico de la unidad de España amenazada por el independentismo rampante. Nótese aquí cómo un tema personal sirve de acicate a la libertad de expresión, manifestada en decenas de páginas de periódico dedicadas a las supuestas corruptelas del ex diputado de Esquerra que osó entrar en la bañera de Ramírez con un meyba de indiscutible mal gusto. La defensa del derecho no quedó ahí: el periodista visitó ministros e hizo que su alberca fuera contemplada in situ por destacados políticos de la oposición para que certificaran la calidad de sus aguas y se libraran a un tiempo de su libertad de expresión. Como culminación, Ramírez llevó al malandrín de Esquerra a los tribunales como sólo él sabe hacerlo: haciendo que el periódico costee el pleito.

Pero no nos desviemos del caso que nos ocupa. Sostuvo Ramírez ante el Tribunal que si la querella contra Losantos saliera adelante “sería introducir un elemento de censura” y “todos los periodistas sufriríamos una restricción” Nuevamente, nos hablaba con datos palpables, con la experiencia de quien ha visto de cerca la censura y ha llegado a abrazarla para luego contar fielmente lo que se siente al bailar pegado con las tijeras.

Citemos un nuevo ejemplo. Un redactor de El Mundo entra a su despacho y pisa la moqueta de nubes diseñada por su esposa. Le manifiesta que obra en su poder un manual de los servicios secretos de tiempos de la UCD en el que aparecen párrafos textuales de lo que luego se denominó acta fundacional de los GAL. “El GAL se lo come el PSOE; no estoy dispuesto a manchar a la UCD con esto”, le dice enojado. ¿Alguien cree que no sufrió al evitar que la verdad resplandeciera y censurar su publicación? Sintió dolor, no hay duda.

De todos los males que aquejan hoy a la libertad de expresión, quizás el principal haya sido la irrupción de Internet. Antes las cosas funcionaban relativamente bien. Con unos miles de millones se montaba un medio de comunicación y la gente rica y de bien era libre para expresarse, porque es sabido que los menesterosos no tienen nada que decir. Ahora, el sistema se tambalea porque cualquier sujeto te monta una página web y te suelta sus tonterías. Y Losantos tiene que insultar para mantener su audiencia. Y Ramírez tiene que defenderle. Y los dos querrían que ganara el PP para que les montara un grupo multimedia, pero Gallardón es un traidor y Maricomplejines Rajoy otro. Y así nos va.

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Rajoy apura el bebedizo, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 24 mayo, 2008

A Pedro Arriola, en tiempos de Aznar, se le admiraba porque con sólo mojar un dedo en las encuestas era capaz de predecir por dónde soplaban los vientos y por dónde los bebería el electorado. Ahora su brujería está muy mal vista en el PP, al punto de que se le supone culpable de que Rajoy haya modificado sus principios y hasta el timbre de su móvil. Según esta creencia, Arriola habría dado al incauto un bebedizo de realidad que le habría hecho dejar de defender a destajo la unidad de España para intercalar mensajes altamente subversivos acerca de la crisis económica o –Aznar no lo quiera- sobre el diálogo con los nacionalistas.

José Luis Zárraga, que es el chamán de Zapatero, publicó este miércoles en Público un análisis electoral en el que concluía que, pese al avance de los socialistas en número de diputados, los resultados deberían inquietar profundamente al PSOE, y ello por varias razones. La primera porque experimentó una pérdida de su clientela tradicional y su crecimiento se produjo a costa de IU y de los nacionalistas; la segunda, porque el PP mejoró en la mayoría de las circunscripciones y en la demás se sostuvo con pérdidas pequeñas de votos; y en tercer lugar, porque en el flujo entre ambos partidos fue claramente favorable al PP: 650.000 electores socialistas se pasaron al PP frente a los 350.000 populares que recorrieron el camino inverso.

La radiografía muestra que el crecimiento del PP se debió a la movilización de su electorado clásico y a la ganancia obtenida en los caladeros de los socialistas y andalucistas. Y que el PSOE hubiera debido de retroceder, y si no lo había hecho fue porque se benefició del hundimiento de IU y de la atracción de electores nacionalistas, que trataban de impedir a toda costa la vuelta del PP al poder. En resumen, si el miedo a los populares no lo hubiera evitado, es posible que en estos momentos estuviéramos hablando de otro resultado, de otra oposición y de otra crisis.

Quizás exista una conjura sociológica para desviar al PP de algunos de sus sacrosantos principios –España se rompe, la familia se rompe y Zapatero es un traidor- en la que participan Arriola, Zárraga, el CIS y hasta Malo de Molina -que alguna vez acierta pese al apellido-, pero parece evidente que un simple cambio de estrategia podría ser muy beneficioso para el PP. ¿Un partido puede defender su ideario sin que parezca que está rodando Viernes 13? ¿Es posible estar en contra de la negociación con ETA si acusar al Gobierno de arrodillarse ante los terroristas? ¿Atenta contra el proyecto reconocer que el islamismo estuvo detrás del 11-M en vez de sugerir que hubo una conspiración del PSOE, ETA, los servicios secretos de Marruecos y el dibujante de Mortadelo? ¿Es imposible pronunciarse contra el Estatuto de Cataluña sin recurrir a una pintoresca recogida de firmas desde las Alpujarras hasta Argamasilla de Alba? Pues eso.

Ya sea por la pócima de Arriola, al que seguro que Mayor Oreja ha visto recogiendo sapos y ojos de lechuza, o por convencimiento propio, Rajoy apunta en esa dirección, para desesperación de ese grupo de inamovibles, que no se atreven a defender sus posiciones a campo abierto en el Congreso del partido porque lo que realmente temen es la jubilación anticipada.

El numantinismo sólo sería posible si el PP pudiera oponer una política económica diferenciada, pero resulta que Zapatero no es completamente “bobo” y se ha apropiado de la que puso en práctica Rato. Y, además, como Zárraga juega en casa, nadie quiere llevarle a la hoguera junto a Arriola y algo de atención le presta Zapatero, el PSOE ha iniciado su propio giro al centro, consciente de que los votos nacionalistas que ha cosechado son prestados y que el partido ha de recuperar a los suyos y comerle terreno al centro. Es decir, que mientras unos discuten si dan un pequeño paso o siguen abrazados a la bandera por tiempo indefinido, los adversarios se mueven a toda prisa endureciendo la política de inmigración y –se reconozca o no- bajando impuestos.

De ahí que la ‘sorayización’ del PP, tan criticada por los santones de la derecha, sea más necesaria que nunca. La nueva portavoz parlamentaria, por cierto, cuenta con una ventaja adicional respecto a Zaplana, felizmente amparado por la generosidad de Telefónica, y es que no transmite la impresión de que miente cuando habla, algo que, seguramente de manera involuntaria, le ocurría a su antecesor en sus comparecencias públicas.

El proceso requiere una renovación de caras y una modulación de tonos, y en eso esta Rajoy, al que algunos piden que se depure a sí mismo y deje paso, cuestión ésta que debería ventilarse en el cónclave de junio. Tras Zaplana y Acebes, la última en apearse en marcha del tren ha sido María San Gil, una mujer que tiene dudas de fe, algo que, según se ha sabido hace poco, atormentaba también a Teresa de Calcuta por otros motivos. Habrá más bajas, y tan sonoras como la de Ortega Lara, aunque Aznar no gane para disgustos y encargue a Mayor Oreja más operaciones de guerra sucia en el partido. Arriola, entre tanto, tendría que preparar al líder varias garrafas de láudano por si siente dolor.

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Cuestión de confianza, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Política by reggio on 17 mayo, 2008

Lo del PP, desde antiguo, es una cuestión de confianza. Esperanza Aguirre nunca se fió de Gallardón ni éste de aquella; Arenas no se fiaba de Cascos; Acebes sólo de fiaba de Zaplana; Zaplana sólo confiaba en Armani; y Aznar no se fiaba de nadie. Los últimos episodios de desconfianza han sido protagonizados por María San Gil, que ya ha dicho que no le tiene fe a Rajoy, al que muchas cosas le pasan por confiado. Finalmente, la mayoría de los diputados vascos del PP acaba de decirle a su ‘presidenta coraje’ que es de ella de la que no se fían y que el numerito que ha montado con la ponencia política del partido ha sido lamentable y estaba de más.

El hombre más desconfiado del PP siempre fue Mayor Oreja, que desde que acuñó aquella frase sobre la tregua-trampa de ETA no ha dejado de ver ardides y tramoyas por donde pisa. Mayor fue uno de los tres tenores que aspiraban a la sucesión en el aznarato y contaba con las bendiciones apostólicas de Ana Botella, pero perdió todas sus opciones aquella mañana del 27 de diciembre de 2002 en la que llegó tarde a votar al Parlamento vasco y permitió que Ibarretxe sacara adelante sus Presupuestos. ¿Se puede confiar en alguien tan poco puntual?

Truncada su carrera en el bel canto, Mayor debió de empezar a acumular algún resentimiento contra Rajoy, a pesar de que el gallego jamás le mostró inquina y hasta se avino a hacer el ridículo en su compañía y en la de los hermanos Oreja con motivo de una demanda que juntos presentaron contra Xabier Arzalluz. Fue en 2002, después de que el entonces presidente del PNV relacionara la renuencia del Gobierno del PP a aumentar la plantilla de la Ertzaintza en 200 efectivos con los intereses de Jaime y su familia en empresas de seguridad. El juzgado de primera instancia y la Audiencia Provincial de Vitoria tiraron del Registro Mercantil, comprobaron que dichas vinculaciones empresariales existían y desestimaron la demanda.

Sin que se sepa muy bien por qué el vasco no se fía del gallego, y eso que Rajoy puso su cara en los carteles de las europeas y le envió a Estrasburgo con la beca de europarlamentario. Quizás fue por eso. Ahora, su mano se atisba moviendo los hilos de algunas marionetas, gente de su entera confianza, un titirimundi del que sobresalen María San Gil y Gustavo de Arístegui, a quien Mayor Oreja prohijó desde que una bomba siria matara a su padre, embajador en el Líbano, en 1990.

Es posible que Mayor lidere ese sector del PP que comparte su negativa a condenar el franquismo y que, como él, describe la dictadura como “una situación de extraordinaria placidez” a la que se colgó el sambenito de la represión. En su visión de lo que ha de ser el PP no se admiten pasos atrás, ni estar “entre Pinto y Valdemoro”, porque sus votantes no están para que les cuenten rollos económicos sino para que se les hable de España. “Si no sirve ni para defender la nación ni para hacer frente al laicismo radical, no servirá a millones de españoles”, asegura en una impagable entrevista en la televisión de Losantos.

El PP de Mayor Oreja no tiene por qué cambiar después de perder dos elecciones consecutivas ni abrirse a otros electores, sino que ha de seguir siendo la fuerza capaz de oponerse “al cambio de régimen”, porque a los principios no se renuncia así porque sí. Advierte que los peligros son dos, la ruptura o el vacío, y por su tono se desprende que, puestos a elegir, prefiere el primero. En Valencia, durante el Congreso de los populares, se puede confiar en que este hombre no estará en la playa sino en el monte.

Frente a esta visión de Santiago y cierra España se supone que está la de Rajoy, aunque por el momento sea tan virtual como el ciberespacio. La ponencia política que tanto hizo desconfiar a María San Gil es más de lo mismo, un compendio de frases célebres pronunciadas en los últimos cuatro años y un manual de cómo hacer amigos entre los nacionalistas mientras se les patea el hígado. “No hay que fiarse de la literalidad” ha asegurado Mayor Oreja de esta ‘ponencia-trampa’.

Para complicarlo todo aún más, Rajoy ha escenificado la vuelta a la unidad con el Gobierno en la lucha contra ETA y después se ha cogido del brazo de Gallardón como si quisiera dar celos a sus otras novias, algunas muy despechadas. ¿Tendrá decidido que el alcalde sea el secretario general? ¿Confiará en él Aznar después de que, de rebote, Botella se convierta en alcaldesa? ¿Desactivará Aznar a Mayor Oreja? Como para fiarse.

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El señor juez está ocupado, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Derechos, Justicia by reggio on 10 mayo, 2008

Resulta que, de repente, de un día para otro, como al descuido, se nos ha paralizado la Justicia. Los señores que la gobiernan en animado Consejo encargaron un informe a raíz de los trágicos errores cometidos en el caso de la niña Mari Luz Cortés y descubrieron con asombro que había 270.000 sentencias no ejecutadas y que disponían de menos informática que los habitantes de Altamira. Esto debió de ser un martes porque el lunes iba todo como la seda ya que, en caso contrario, el susodicho Consejo hubiera actuado con la celeridad que le caracteriza.

El informe en cuestión ha dado las recetas oportunas para solventar el súbito caos, que consisten, básicamente, en unos ordenadores del Media Markt conectados en red y formar a los interinos de los juzgados, que son un poco zotes, y luego hacerles fijos, porque los que ya están en plantilla son profesionales como la copa de un pino. Con esas dos recomendaciones el enojoso asunto puede darse por resuelto.

Los inspectores del Consejo sólo observaron “cierta descoordinación” en el personal titular e insuficiencias estructurales en la gestión de los juzgados, lo que traducido al castellano quiere decir que el esquema de un magistrado y un secretario se queda corto. Por supuesto, y salvo las excepciones que salen en la Prensa, sus señorías son aplicadísimos y probos funcionarios, esforzados destajistas del Derecho, que despachan los asuntos sin desmayo 24 horas al día a mayor gloria de esa mujer de los ojos vendados y su balanza. Por eso, en todos los Juzgados de España hay siempre una luz por la noche, como en la habitación de Franco en el Pardo.

Por resumir, no es que muchos jueces curren menos que el ángel de la guarda y que no conozcan lo que es el horario vespertino, sino que los becarios tienen poca experiencia. No es que, en clara dejación de funciones, no se apunte en una agenda las fechas límites para evitar que los asesinos queden en la calle; lo que falta es un sistema, que habrá que encargar a Microsoft, para que el ordenador genere automáticamente una alerta del tipo “o prorrogas la prisión de fulanito o la cagas”, y que lo haga por la mañana, que siempre hay más gente pendiente de la pantalla.

A raíz del concienzudo trabajo dado a conocer por el Consejo General del Poder Judicial, las miradas se han vuelto hacia el ministro de Justicia, que tendrá sus cosas el hombre, que ha podido estar distraído con la reforma del piso ministerial que hemos pagado entre todos, pero que, con seguridad, se ha visto sorprendido por el colapso provocado en cuestión de horas. No hay caos sino retrasos injustificados ha venido a decir Bermejo, devolviendo la pedrada al Tercer Poder.

Vaya por delante que cualquier reforma que se plantee en el futuro ha de partir de la base de que los magistrados forman, esencialmente, un colectivo de seres puros junto a otros también puros aunque olvidadizos. Por eso, no les han de ser aplicables las reglas del común. Esto es, si un médico mata por error a un paciente, según en qué casos, puede acabar en la cárcel; si un juez deja suelto a un criminal y éste mata a una niña, se le aparta de carrera temporalmente para que reflexione y así aumenten las sentencias no ejecutadas de su negociado.

Por otra parte, culpar a los jueces de la situación de la Justicia es un disparate. ¿Acaso no se recuerdan sus movilizaciones constantes para reclamar más medios y hacer la vida más sencilla a los ciudadanos? ¿Alguna vez han pedido algo para sí mismo, ya sea más sueldo o más plus de productividad?

Por poner un pero al laborioso ejercicio contable ejecutado –éste sí- por los servicios del Consejo cabría reseñar un tema menor como es de la igualdad ante la ley, ya que es evidente que la lentitud la sufrimos todos. ¿No ha tenido que esperar una ristra de años el mismísimo Emilio Botín a que se proclamara su inocencia en ese asunto tan desagradable como las cesiones de crédito en la que se usaban muertos como titulares de depósitos? ¿Cuántos más tendrá que esperar ahora que se investiga un presunto ‘donativo’ a la familia Rato en forma de agua mineral para que su nombre vuelva a quedar impoluto y bajo en sodio?

Es cierto que con el principio de igualdad ante la ley siempre se exagera. En algunas ocasiones, además, ello redundaría en el atasco judicial. Supongamos por un momento que la Fiscalía Anticorrupción, que ha de estar ocupadísima, hubiera decidido intervenir en el fichaje de David Taguas, ex responsable de la Oficina Económica de Zapatero, por SEOPAN. Alguna mente retorcida puede establecer que el ofrecimiento del cargo no se debe a futuras intervenciones del amigo de Miguel Sebastián ante la Administración a favor del gremio de constructores, sino a favores ya realizados desde su puesto en Moncloa. ¿Sería justificable ante los contribuyentes que el señor fiscal perdiera tiempo y dinero por una mera suposición sin fundamento?

Sea como fuere no hay por qué alarmarse. Casos como el Mari Luz o el de la devolución de la patria potestad al padre que abusó sexualmente de sus hijas son anecdóticos. Estadísticamente, es muy difícil que nos toque, aunque sea de refilón, vivir situaciones semejantes. ¿Para qué preocuparse?

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El nacimiento de España, de Juan Carlos Escudier en El Confidencial

Posted in Historia, Política by reggio on 3 mayo, 2008

El gran problema al que se enfrenta España no es el paro, que aumenta sí pero Zapatero ha prometido que no llegará a los niveles de cuando gobernaba el PP, lo cual siempre es un alivio para quienes perderán el trabajo; ni los precios, que tendrán que bajar como la manzana de Newton por efecto de la gravedad; ni siquiera el déficit exterior, porque desde el martes ya se pueden comprar letras del Tesoro desde las Islas Caimán sin tributar por los intereses. Lo que nos tiene en vilo es determinar la fecha exacta, y hasta la hora si se puede, en la que los españoles fuimos conscientes de que éramos una gran nación.

Sobre el particular hay ciertas discrepancias formales. Según nos explicó Aznar en su día, España nació con la Reconquista, y por eso estamos en el punto de mira de Al Qaeda. Sin embargo, la moderna historiografía acaba de sentenciar que, si bien la nación pudo alumbrarse en Calatañazor o antes, con Vermudo II de cuerpo presente, la conciencia de que había llegado al mundo la tuvimos hace exactamente dos siglos, dando navajazos a los soldados de Murat y recibiendo plomo de sus arcabuces.

Estamos ante uno de esos debates intensos que acalora a la gente en los bares y no le deja tomarse en paz el café. ¿Desde cuándo somos? Se trata de una pregunta que, por su importancia, ocupa espacio propio entre las grandes preocupaciones metafísicas del individuo hispano, junto a las de por qué estamos y la de si existe Dios. Millones de personas se mueren de hambre en el mundo, un loco mantiene a su hija encerrada dos décadas en un sótano y tiene siete hijos con ella, hay países cuyo estado natural es la guerra, sí, pero, ¿a partir de qué momento esta realidad rojigualda que nunca pasa de cuartos en los Mundiales es una nación?

Es comprensible que esta inquietud centre nuestra atención de manera prioritaria. Lo cotidiano es despreciable. No te puedes casar porque las listas de espera de los juzgados parecen de hospital; no te puedes operar porque las listas de espera de la Sanidad parecen de juzgado; no puedes llegar al trabajo a tu hora porque están en huelga los autobuses, se ha hundido el tren de cercanías o porque te acabas de quedar sin trabajo. No te compras una casa porque Botín no te da el crédito y si te lo diera dejarías de pagarlo porque te has quedado sin trabajo. Botín ya no da créditos pero se sigue forrando (bueno, eso también es metafísica). Sólo al trascender de lo nimio, la vida tiene sentido. Y es entonces cuando se alcanza la plenitud neuronal y el ser ibérico se cuestiona sobre su mismidad. ¿Desde cuándo soy español, carajo?

Hay sujetos, los más sensibles, que ven alteradas las funciones del sueño. La ciudadanía destripa la historia buscando el punto alfa, el origen de los toros, de la siesta, de las tapas y hasta de las sevillanas para poner sobre la tele. Queremos el dato, la revelación definitiva, que libere nuestra mente unos instantes para llevar a los niños con la abuela porque no hay plazas de guardería suficiente, y de paso, que nos deje ir al supermercado y comprobar así si la leche está más barata que en Alemania o nos mentía Zapatero.

Se teme que la indefinición sea aprovechada por otros que no tienen nada que hacer y se pasan la vida pariendo naciones inexistentes. Pero vamos a ver, ¿a quién puede interesar si los vascos tienen el Rh negativo o si sus txapelas son anteriores a los Reyes Godos? ¿Por qué Ibarretxe no se dedica a escribir recetas de bacalao al pil-pil como le pide ahora su partido? ¿Pero qué demonios es eso de que Cataluña es una nación si les tenemos que llevar una cañería hasta Barcelona para que se duchen en Barcelona?¿Nos hallamos acaso ante un trasvase internacional?

Y luego están los más peligrosos, a los que esto de la nación se la suda, los relativistas, los que opinan que lo importante es vivir cada vez mejor, los que disfrutan yéndose al parque con los niños o haciendo una paella con el vecino, sea vasco o calagurritano, los que se toman el vermú los sábados y, si pueden los domingos, los que se fuman el 59 segundos porque Zapatero se repite más que la fabada y les importa un bledo la crisis del PP o si Esperanza Aguirre quiere liquidarse al gallego de la barba, los que creen que este país no está del todo mal y que podría estar mejor si los políticos a los que pagamos se dedicaran a lo irrelevante: la educación, la sanidad, las pensiones, la justicia y el medio ambiente. Esos, que han sido incapaces de entender la importancia de la nación aunque paguen sus impuestos religiosamente, y que tendrían que adorar al Estado, pese a que nunca recibieron una beca, ni cheques por hijo, ni ayudas al alquiler, son los peores.

Por todo ellos es prioritario establecer el momento, saber con exactitud si los ajusticiados que pintaba Goya eran españoles o sólo madrileños. Estamos en un sinvivir. Si alguien puede ayudarnos, que nos diga ya la fecha y dejémonos de historias.

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