Reggio’s Weblog

Estados de ánimo, de Manuel Hidalgo en El Mundo

Posted in Medios, Política by reggio on 31 enero, 2009

LA BALSA DE LA MEDUSA

En su show televisivo, Zapatero sugirió la conveniencia de acceder a un estado de ánimo más positivo y optimista -o algo por el estilo- como medio y remedio para salir de la crisis. Como es natural, le han llovido los mojicones. Del presidente y su Gobierno esperamos soluciones técnicas a los problemas, no consejitos de autoayuda.

De acuerdo. Pero Zapatero tiene razón. Es curioso que, en términos económicos, se llame «Depresión» al fenómeno de disminución o hundimiento de la actividad económica. Es la misma palabra que designa, en términos de psicopatología, a la pérdida del interés por vivir, por actuar, por seguir adelante. El deprimido, víctima del desánimo, experimenta una radical pérdida de deseo y de ganas de hacer.

No quiero defender aquí a Zapatero. Quiero salir en defensa de la inteligencia y de la voluntad, y me gustaría discutir sobre esto con Alvaro Pombo y lo que ayer decía en El Cultural. Se desacredita a la inteligencia cuando se la considera, únicamente, productora de realismo y de pesimismo. La inteligencia es una potencia creadora más versátil. El realismo -como la verdad- es útil, pero no siempre. Es una herramienta a tener en la mano, pero eso no quiere decir que haya que usarla en todo caso. En cuanto al pesimismo, me parece un mal negocio atribuirlo a la inteligencia y creer que los optimistas son tontos. Así nos va.

Hace tiempo que la medicina ha decretado la importancia de la voluntad y del deseo en el proceso de curación de enfermedades graves, cáncer incluido. ¿Por qué no iba a ser importante el papel de la voluntad y el deseo en la salida de la crisis? La voluntad es un junco firme que crece en el cañaveral del deseo.Ambos generan movimiento -el deprimido propende a estar quieto- y señalizan inmediatamente un camino, el comienzo de un recorrido.

El deseo no basta para conseguir algo, pero -como también y tan bien sabe el enamorado, por ejemplo- sin deseo nada se consigue.Con sólo el deseo yo no puedo volar -y puedo estrellarme si pretendo hacerlo-, pero sólo el deseo de volar me permite inventar el avión. El deseo me da alas.

La voluntad no es que sea en sí misma optimista. Más bien, se desentiende del optimismo y del pesimismo, aunque es obvio que, si estuviera afectada por el pesimismo, no sería nada. No sería.

La voluntad -como el deseo- genera optimismo. O, al menos, algo que se le parece: echar a andar en la dirección del objeto -del objetivo- deseado. Si a eso queremos llamarlo «optimismo de la voluntad», para entendernos, pues vale.

Que Zapatero y sus asesores encuentren las soluciones acertadas para la crisis. Con la ayuda de todos. Pero no echemos en saco roto la connivencia de nuestro estado de ánimo. La Oposición prefiere ahondar en la negrura del pozo para exaltar su condición de alternativa. La Prensa no para de dar noticias negativas de la economía, porque si no son negativas -ya se sabe- no son noticia. Nos toca avivar el deseo por nuestra cuenta. Y riesgo.

© Mundinteractivos, S.A.

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