Reggio’s Weblog

El cuarto Rey Mago, el miedo, de Gregorio Morán en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 3 enero, 2009

SABATINAS INTEMPESTIVAS

No era fácil ser niño y feliz en la España de los años cuarenta y cincuenta. Pero al menos había una jornada, en general limitada a una mañana, que concentraba la mayor y quizá única felicidad del año. No creo que hubiera un día más feliz en nuestra infancia que el de Reyes y si haciendo un esfuerzo por llegar un poco más allá de la superficie de las cosas tuviéramos que definir en qué consistía la felicidad de entonces, yo no dudaría un momento en la palabra definitoria: la sorpresa.

Porque la sorpresa lo era todo; ni los regalos que aparecían ante nosotros tenían nada que ver con los que habíamos pedido en rigurosa carta, ni sabíamos muy bien si incluso tendríamos regalos o carbón de verdad -esa mariconada del carbón de azúcar llegó con la estupidez y la adolescencia-.

La sorpresa de los regalos de Reyes, el arte con el que lo sencillo se transformaba en insólito, tenía alguna relación con los milagros. No sólo porque era un milagro pensar de dónde se sacaban los fondos para pagar la quincallería, sino porque nada o casi nada se correspondía con nuestros deseos, y sin embargo colmaba nuestras intenciones. La mezcla de fe y de candor que rodeaba los Reyes Magos, con el larguísimo y enrevesado proceso de escribir la carta, de entregarla, de confiar en que alguien la leyera. Todo estaba volcado en un día mágico, que prácticamente se limitaba a la mañana de Reyes -era raro que sobreviviera algún juguete hasta la tarde de autos, en lo que se mezclaba la deleznable calidad de los objetos y nuestra concienzuda manera de agotarlos por la vía de saber “qué llevaban dentro”-.

Desconozco absolutamente cómo se celebran ahora los Reyes, salvo en una cosa, la muerte natural de la sorpresa. No debe de ser fácil sorprender a un niño; no digamos a un adolescente. La retirada de la sorpresa, que viene ya de lejos, ha sido sustituida por un nuevo elemento, que parecía desterrado desde hacía décadas, el miedo. Es el cuarto Rey Mago de estas fechas, el más presente de todos. Y lo más curioso es el dominio del lenguaje por parte de los que mandan. Resulta que eso que la gente siente como miedo ha de denominarse crisis, que es una palabra que hace referencia a quienes están viviendo un momento delicado en sus vidas y en sus negocios. La gente habla de algo que no sólo le es ajeno, sino que ni siquiera tiene idea de sus consecuencias. Cuando un obrero o un empleado se están refiriendo aque vivimos una crisis, está transfiriendo algo aplicable a sus jefes y dueños. Ellos sí que están pasando una crisis, nosotros no vivimos ninguna crisis, estamos haciendo lo mismo que hacíamos antes de que los jefes entraran en crisis, y lo único que vivimos es el miedo a cómo nos va a castigar a nosotros la crisis que viven ellos. Pocas cosas hay más ridículas que el ama de casa apenada diciendo compungidamente que “este año estamos en crisis”.

Este año, señora, nosotros no estamos en crisis, nosotros tenemos miedo a que la crisis de ellos nos ponga en una situación diferente a la que estamos. Si estuviéramos en crisis sería señal de que hemos colocado mal nuestro dinero en bolsa y que la liquidez de nuestros negocios tiene problemas en el relanzamiento de las ventas. Si la gente consume menos, no se debe a que esté en crisis, sino a que está acojonada pensando en que quizá pasado mañana no podrá afrontar la vida tal como la encara actualmente. Y eso no se llama crisis, sino miedo. Los que cobran un salario no están en crisis; son los que pagan quienes viven una situación crítica, por diferentes razones pero ninguna es debida a nuestra torpeza o incompetencia, sino a la suya, y por tanto no hay motivo que nos obligue a utilizar sus mismas expresiones. ¿Desde cuándo puedo yo acompañar al señor Botín, expresándole que le acompaño en la crisis y en sus sentimientos? La crisis del señor Botín me va a afectar a mí, de eso estoy seguro, pero no es mi crisis, es mi miedo. Porque cuando el señor Botín deje de hablar de la crisis, mi situación será prácticamente la misma, salvo que se me quitará el miedo. Él no tiene miedo, al contrario, sabe que juega con el nuestro y por tanto cuando dice crisis parece que nos mire con un guiño de complicidad.

Vivimos una situación entre patética y surrealista, según la cual hasta ayer éramos unos mierdas dogmáticos, anquilosados, viviendo del borrascoso pasado, incapacitados para dar un salto a la modernidad y descubrir que la vida es competencia y que el mercado no es algo que se limite a las mercancías, sino a todo, las personas, los valores (los pocos que no cotizaban en bolsa), que detrás de la inseguridad -la nuestra, por supuesto- estaba la salvación, la imaginación, la invención, los recursos del intelecto. Y sale el jefe de los empresarios españoles, el vocero de las almas en crisis, y nos dice a un conjunto inmenso de población acojonada que se debería hacer “un paréntesis en la sociedad de mercado” y que el despreciado abuelito, el Estado, les subvencione las pérdidas porque se farrearon las ganancias.

Digo farreado con absoluto conocimiento de causa. ¿Se ha limitado alguno de esos caballeros, hoy en crisis, mientras las cosas les marchaban viento en popa? No, padre. Entonces, a qué viene esa amenaza brutal sobre nuestra sociedad, tan delictiva como un chantaje, según la cual “si no nos dais los dineros del Estado, y rápido, os haremos crujir”.

Y lo digo sin rubor, yo entiendo a Botín, conocí a su padre, y yo a los Botín -lo digo como símbolo- los he conocido toda mi vida. Ellos no me sorprenden, porque hacen lo que hicieron siempre, lo que sí me pasma hasta el colodrillo es que los muchachos de la pluma, es decir, nosotros, hablemos de la crisis como si fuera nuestra. Pero, bueno, ¿usted está en crisis, o está acojonado? Porque yo conozco a muchos con contratos blindados que ni están en crisis ni están acojonados, todo lo más expectantes para ver dónde colocar sus fichas en el instante previo a caer la bola.

Ahora es cuando le vemos las orejas al lobo, porque es un lobo, no es la abuela de Caperucita. Y después de tantos años derrochando palabrería sobre la izquierda moderna y el ecologismo, descubrimos acojonados que esos chicos ya talluditos, ambiciosos de todo menos del talento, también viven la crisis. ¿Dígame en qué se diferencia la política de Zapatero de la de Rajoy? En que uno nos cae menos mal que el otro, pero con la absoluta convicción de que ellos también son la crisis. ¿Y la izquierda? En pleno combate decisivo por la humanidad castigada en el doble frente de las bolsas de plástico y las bicicletas iluminadoras.

Fíjense si estarán seguros de su impunidad, en esta crisis tan suya y en este miedo tan nuestro, que el banquero Alfredo Sáez ha tenido el tupé de exigir que las ayudas del Estado no se hagan públicas porque eso crearía problemas de imagen. Resumiendo, que el jefe de los empresarios nos pide un paréntesis en la sociedad de libre mercado para cubrirse de sus errores y el subjefe de los banqueros, que le subvencionemos en la intimidad.

¿Ahora entienden por qué el ecologismo en política es siempre conservador? Y no está mal que lo sea, pero lo ingenuo es que eso pase por izquierdista. Por más radical que pretenda ser, el ecologismo nunca cuestiona el poder, sino los efectos del poder. ¿Se dan cuenta de que en el momento en que ha quebrado el capitalismo arrolladoramente victorioso, el que se jactó de haber finiquitado hegelianamente la historia, no queda otro remedio a nuestros gobernantes, audaces vendedores de humo, que plantearnos la crisis? ¿De qué crisis me habla usted? Ustedes se han arruinado solos y tras suculentos beneficios, y además ni siquiera tienen la inquietud en el cuerpo de que alguien pueda destronarles. El miedo es nuestro porque no hay alternativa. Entre tanta reivindicación de la naturaleza, a nuestros modernos amigos se les ha olvidado empezar exigiendo el fin de los paraísos fiscales. Es significativo que sólo puñados de jóvenes no tengan miedo. Quizá porque tampoco tienen futuro, y el que no tiene futuro que organizar no conoce las aplastantes evidencias del miedo. Y entiendo que lo rompan todo, en esa versión cutre del carpe diem.Se ha perdido el futuro, y los genios que gobiernan nuestras vidas y nuestras economías proponen volver al pasado.

Tagged with:

El año del nuevo mundo, de Mariano Aguirre en La Vanguardia

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 3 enero, 2009

A medida que se agrava la crisis financiera hay una confluencia entre economistas y analistas de la política internacional: los primeros dicen que el mundo neoliberal llega a su fin y que es necesario regresar a la regulación estatal, acuerdos globales y controles. Los segundos indican que hay cambios profundos y nos adentramos en un sistema multipolar. Dos factores serán relevantes en este escenario: el papel de Estados Unidos y las consecuencias de la crisis en los 50 países más frágiles.

La intersección entre el mundo que se derrumba y el que emerge es la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama. Hecho político que paradójicamente anida esperanza en el cambio, realismo ante el hecho de que su gobierno no podrá hacer todo e incertidumbre ante la recesión y el impacto sobre productividad, empleo, vivienda y servicios.

El año 2009 será el primero del reconocimiento sobre el nuevo papel de Estados Unidos en el mundo.

Incluso Obama, con su retórica del liderazgo positivo luego de la desastrosa era Bush, reconoce los límites. Los indicadores de producción, comercio, inversiones, demografía y peso geopolítico muestran que Estados Unidos deja de ser la única superpotencia global. China, la Unión Europea, India, Brasil y Rusia son ya potencias regionales y algunos de ellas con alcances progresivamente mundiales. Estados Unidos será uno entre varios. Fareed Zakaria, autor de The post American world, escribe que es un nuevo mundo y que “no volveremos a un sistema dominado por un puñado de países noratlánticos”.

Pese a su poderío militar, Washington tendrá serias dificultades para enfrentar solo situaciones como la guerra en Afganistán, la crisis violenta en Pakistán o el conflicto palestino-israelí. El Gobierno de George W. Bush fue un intento desesperado y coercitivo de limitar el cambio social y las libertades en Estados Unidos al tiempo que buscaba dinamitar el sistema multilateral. Liderazgo mediante la fuerza que estuvo simbolizado por la guerra de Iraq, Guantánamo, Abu Graib y el rechazo al acuerdo de Kioto.

En el verano del 2008 Moscú mostró en Georgia y Osetia del Sur los límites de Washington y de los aliados de la OTAN. En el 2009 veremos que Estados Unidos no puede gestionar sin ayuda la salida de Iraq, las tensiones regionales en Asia sudoriental, más las relaciones con Rusia, negociar con Irán y armonizar la lucha contra el cambio climático con el modelo energético actual. Tampoco Washington tendrá la última palabra sobre la dictadura de Mugabe en Zimbabue o el envío de fuerzas internacionales a la República Democrática de Congo y a Darfur que solicita el secretario general de la ONU. En estos casos Washington será un actor más en negociaciones entre los actores locales, potencias y organismos regionales, la ONU y otros países con peso geopolítico o diplomático. En Europa muchos añoran que Estados Unidos vuelva a mandar para no tener que asumir responsabilidades, pero eso es cosa del pasado.

Mientras los jugadores de bolsa globales pierden los fondos de otros y se marchan a sus casas con fortunas blindadas, se pierde de vista el impacto terrible que tiene la crisis en países del Sur: aumento del precio de los alimentos, la caída de los envíos de remesas de los emigrantes desde el Norte hacia el Sur (debido a que hay menos empleo), menos fondos para ayuda al desarrollo, disminución de los precios de sus materias primas y destrucción de empleo tanto formal como precario.

La falta de ideas y decisiones por parte de los países más ricos en la Asamblea General de la ONU y en la reunión del G-20 (el G-8 más potencias emergentes y algunos de la OCDE) en septiembre y en noviembre mostraron la carencia de una visión estratégica por parte del Norte, mientras que Brasil, India y otros tratan de ganar espacio para defender sus intereses, no totalmente coincidentes con la última periferia del Sur.

En este momento de transición es importante que Estados Unidos, Europa y otros países industrializados recuerden que cuanta más pobreza y desigualdad haya en la periferia más graves serán los problemas para todos. El dilema económico no debería centrarse sólo en cómo salvar las empresas y bancos del Norte, sino también en cómo lograr que los nuevos y viejos actores del poder multipolar asuman un plan común contra el impacto de la crisis en los más pobres. Un plan que requiere replantearse los modelos de crecimiento y comercio hasta ahora vigentes.

MARIANO AGUIRRE, director del Norwegian Peacebuilding Centre (Noref), Oslo.

Tagged with:

El buen profesor, de Rafael Martínez-Simancas en El Mundo

Posted in Derechos, Educación, Libertades, Política by reggio on 3 enero, 2009

INSOLENCIA PASAJERA

La última lección de Derecho la ha impartido Jesús Neira a los pies de una cama en un hospital de Madrid. Está más delgado pero vivo, las manos más huesudas pero firmes, y la mirada igual a la que aparece en una vieja foto vestido de catedrático en un acto universitario. Sobre la cabeza no lleva un birrete sino un tubo de oxígeno. El golpe traicionero que le dio el todavía presunto agresor, Antonio Puerta, le tumbó en el suelo pero no consiguió derribar sus ideas. Pedro Blasco, autor de la exclusiva para EL MUNDO, nos ha traído la mente intacta del profesor que afirma que volvería a mediar en una agresión contra una mujer. Y lo dice quien ha sufrido una de sus peores consecuencias, una persona que no teme al miedo.

Neira, que ha estado a las puertas del limbo durante cinco largos meses, no dudaría en volver a actuar de la misma forma, aún sabiendo que no es posible repetir la misma suerte y que actuaciones como la suya se suelen pagar con la vida. Lo que nos podemos preguntar es cuántas veces la mujer agredida volvería a denostar la actitud valiente del profesor, y cuántas veces más está dispuesta a cobrar en televisión por decir que su pareja es un buen chico aunque algo atolondrado (repetir con voz nasal el eslogan de aquel anuncio: «¡Las cosas que tiene mi novio!»). Ha hecho falta que Jesús Neira saliera del coma para que nos dijera que las agresiones crecen cuando nadie reacciona contra ellas, y que es en el entorno laboral, familiar y vecinal donde se cuecen odios ciertos que nadie se atreve a denunciar, salvo cuando aparecen los micrófonos para preguntar datos sobre la víctima. Entonces es cuando mucho hipócrita de pacotilla sostiene que eran unos vecinos normales que aparentaban llevarse bien, y hay hasta quién justifica la agresión basada en un arrebato pasional transitorio. Fariseos que engolan la voz para aparecer en programas de las tardes de la tele, cuyos testimonios cómplices se alternan con unas recetas para hacer un buen roscón de Reyes.

Si quiere Bibiana Aído hacer campaña de prevención de los malos tratos ya puede distribuir la entrevista de Pedro Blasco por todos los buzones y así aprenderemos que hay que reforzar a la Cultura frente a la violencia, tal y como admite el profesor. Y de paso muchos tomarán nota de que no hay maltrato que sea inocente ni bronca de la que uno se pueda inhibir. Y de esa manera podremos llegar a la conclusión de que convertimos a Jesús Neira en héroe en la medida en la que no somos capaces de imitar su gesto. Tenemos por héroe a una persona normal que resuelve una situación extraordinaria; Neira no está por recibir medallas sino por repetir que cualquiera debería haber actuado igual. Esa distancia entre lo ideal y la realidad se paga con cinco meses de cama. Jesús Neira es un español coherente y de principios, por lo tanto alguien extraordinario.

© Mundinteractivos, S.A.

Dos por una, de Santiago González en El Mundo

Posted in Política by reggio on 3 enero, 2009

A CONTRAPELO

El lehendakari reunió ayer a su Gobierno para tomar la decisión que dio a conocer al mediodía: convocar elecciones para el próximo 1 de marzo. No le hacía falta; disolver el Parlamento y convocar elecciones es algo que, al revés que la convocatoria de referendos, sí está dentro de sus exclusivas competencias.

Quizá por eso, los miembros del Gobierno vasco se repartieron la tarea: una parte se quedó para disolver y la otra fue a concentrarse ante la sede de EiTB para protestar por el atentado. El populismo, signo de los tiempos, llevó a los gobernantes a secundar un llamamiento del sindicato ELA, en lo que la portavoz Azkarate considera «la mejor respuesta que se le puede dar a ETA tras el atentado», como si manifestarse disfrazados de pueblo llano fuera más pertinente que investirse de gobernantes para detener a los terroristas y perseguir a sus cómplices.

Produce un efecto raro ver a un Gobierno tras el lema: «Porque somos trabajadores y abertzales. No estamos de acuerdo», levísima forma de disentimiento que parece buscar la complicidad de LAB y el ilegalizado partido de las nekanes. Killing me softly with his song, telling my whole life with his words (Suavemente me mata con su canción, contando mi vida entera con sus palabras), cantaba Roberta Flack en los años 70, sin saber que estaba describiendo la historia de este amor entre abertzales resuelto en maltrato doméstico.

El caso es que Ibarretxe ha convocado para el mismo día en que se van a celebrar las autonómicas gallegas. Dos elecciones por una es oferta razonable para una peña en tiempo de rebajas. Puede parecer sorprendente que sigamos la estela de lo que Arzalluz llamó «las autonomías de la envidia», pero hay razones para ello. La primera es la coincidencia en el tiempo de la campaña con el juicio al lehendakari. Es verdad que también está procesado su principal contrincante, pero éste todavía está un poco verde en la práctica del victimismo.

La segunda es que los apoyos exteriores del PSE van a tener que repartirse entre respaldar a López (Alvarez) y defender a Pérez (Touriño). Esto puede llevar a cierto estrés al presidente Zapatero, además de obligarle a practicar un discurso esquizofrénico, elogiando la colaboración con el nacionalismo en Galicia y reclamando sustituirle en Euskadi. Este argumento no tiene mucho peso, la verdad. Los nacionalistas no se han dado cuenta de que no tienen nada que enseñar al presidente del Gobierno en el arte de sostener una cosa y su contraria al mismo tiempo.

La tercera es que el Gobierno vasco ha copiado la estrategia de Zapatero frente a la crisis: primero negarla, decir después que a nosotros no nos afecta, que nuestra economía es muy sólida, etcétera. Qué gran frase la de la vicelehendakari Zenarruzabeitia, al adornar hace 20 días sus dotes predictivas con su exquisita sintaxis: «La economía vasca ni está decreciendo ni mucho menos en recesión, ni lo va estar». El 1 de marzo votaremos sin conocer los datos económicos de febrero, mucho menos aún el terrorífico balance del primer trimestre; hasta el momento del cierre de campaña se van a poder incorporar algunas fantasías al discurso. Como la de Ibarretxe en su comparecencia de ayer: «Nadie va a parar a este país. Ni ETA, ni los atentados, ni la crisis económica». Se nota que no es partidario de ninguna de las dos (ni ETA, ni la crisis), pero eso no debería impedirle percibir la diferencia política y moral entre un Expediente de Regulación de Empleo y un coche bomba. ¿No comprende, lehendakari, que la misma comparanza jode?

© Mundinteractivos, S.A.

Tagged with:

Llamamiento para una tregua en Gaza, de David Grossman en El País

Posted in Internacional, Política by reggio on 3 enero, 2009

Ahora, tras el duro golpe infligido por Israel en la Franja de Gaza, nos convendría detenernos y dirigirnos a los jefes de Hamás para decirles: “Hasta el sábado, Israel se ha contenido ante el lanzamiento de miles de cohetes Kassam desde la Franja de Gaza. Ahora sabéis lo dura que puede ser nuestra reacción. Para no añadir más duelo y destrucción, tenemos intención de proclamar un alto el fuego unilateral y total durante las próximas 48 horas. Aunque sigáis disparando contra Israel, no reaccionaremos, no reanudaremos las hostilidades”.

“Apretaremos los dientes, como hicimos durante la última época, y no nos dejaremos arrastrar a una reacción de fuerza. Además, invitamos a todos los países interesados, próximos y lejanos, a que medien entre nosotros con el fin de establecer de nuevo la calma. Si vosotros también detenéis el fuego, nosotros no lo reanudaremos. Si seguís disparando mientras nos autoimponemos la moderación, cuando pasen las 48 horas habrá una respuesta, pero todavía dejaremos abierta la puerta a las negociaciones para recobrar la calma e incluso para un acuerdo general más amplio”.

En este momento, eso es lo que debería hacer Israel. ¿Es posible, o somos ya prisioneros del famoso y familiar ritual de guerra?

Hasta el sábado, Israel -bajo la dirección militar de Ehud Barak- se había comportado con una sangre fría extraordinaria. No debemos permitir que esa sangre fría se pierda ahora, en el torbellino de la batalla. No debemos olvidar ni por un momento que los habitantes de la Franja de Gaza seguirán siendo nuestros vecinos más próximos y que, tarde o temprano, querremos tener buenas relaciones de vecindad con ellos.

Debemos abstenernos de atacarlos con tanta violencia, pese a que Hamás lleve años haciendo sufrir de modo insoportable a los habitantes del sur del país y por mucho que sus jefes hayan rechazado todos los intentos israelíes y egipcios de llegar a un compromiso, con el deseo de evitar el incendio. Es preciso seguir manteniendo la moderación y el deber de defender la vida de los habitantes inocentes de Gaza, precisamente porque el poder de Israel, comparado con el de ellos, es prácticamente ilimitado. Israel tiene la obligación de vigilar sin descanso si la fuerza que está aplicando no sobrepasa el límite de una reacción útil y legítima cuyo fin sea la disuasión y el restablecimiento de la calma, y a partir de qué momento nos encontramos una vez más inmersos en la habitual espiral de violencia.

Los líderes israelíes saben perfectamente que, en la situación reinante en la Franja de Gaza, es muy difícil lograr una solución militar absoluta e ine-quívoca. Una posible consecuencia de esa solución frustrada sería quizá una situación indefinida y permanente como en la que nos encontramos: Israel ataca a Hamás, golpea y sufre, sufre y golpea, y continúa metiéndose, a su pesar, en todas las trampas asociadas a una situación así, sin poder alcanzar sus verdaderos objetivos fundamentales. Podría descubrir muy pronto que se ha dejado arrastrar -por una fuerza militar grande y, aun así, incapaz de desembarazarse de las complicaciones- a una oleada irresistible de violencia y destrucción.

Así, pues, detengámonos. Contengámonos. Por una vez, tratemos de actuar en contra del reflejo condicionado habitual. En contra de la lógica letal de la agresividad. Siempre tendremos ocasión de abrir fuego de nuevo. La guerra -como dijo Ehud Barak hace dos semanas- no va a irse a ninguna parte. Y el apoyo internacional a Israel no disminuirá, sino todo lo contrario, si mostramos esa moderación calculada e invitamos a la comunidad internacional y a la comunidad árabe a hacer de intermediarias.

Es cierto que, de este modo, Hamás dispondrá de un intervalo en el que podrá reorganizarse, pero ya ha tenido muchos años para hacerlo, de todas formas, y otros dos días más no van a cambiar su situación. Al contrario, una tregua calculada como ésta podría alterar las reacciones de Hamás ante la nueva situación. Podría incluso ofrecerle una manera honorable de salir de la trampa en la que ellos mismos se han metido.

Y una reflexión más, que es inevitable: si hubiéramos adoptado esta estrategia en julio de 2006, tras el secuestro de los soldados por parte de Hezbolá, si nos hubiéramos detenido entonces, tras el golpe de nuestra reacción inicial, y hubiéramos declarado el alto el fuego durante un día o dos, con el fin de permitir la mediación y el regreso a la calma, es muy probable que la realidad actual fuera completamente distinta.

Ésta es otra lección que le conviene extraer al Gobierno israelí de aquella guerra. Es más, tal vez sea la lección más importante que debe aprender.

David Grossman es escritor israelí.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

© David Grossman, 2008.

Tagged with:

Las aguas vuelven a su cauce, de Javier Pérez Royo en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 3 enero, 2009

La financiación es el único momento de ejercicio del derecho a la autonomía que no se articula exclusivamente mediante el juego conjunto de la Constitución y el Estatuto de Autonomía, sino que entre la primera y el segundo se interpone la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA). Es la interpretación que hace la LOFCA de la Constitución y de los estatutos la que acaba estableciendo la financiación de las comunidades autónomas. En esto la financiación se diferencia de todos los demás momentos de ejercicio del derecho a la autonomía.

La interpretación que hace la LOFCA de la Constitución y los estatutos es, además, una interpretación que, aunque formalmente la hacen las Cortes Generales, que son las que tienen que aprobarla como ley orgánica, materialmente la hace el Consejo de Política Fiscal y Financiera, que es un órgano no contemplado en la Constitución sino creado por la propia LOFCA, integrado por los ministros de Economía y Hacienda y de Administraciones Públicas y por los consejeros de Economía y Hacienda de las comunidades autónomas. El modelo de financiación se define en el Consejo, y las Cortes se limitan después a darle el carácter de ley orgánica.

De esta manera se ha ido dando respuesta al problema de la financiación del Estado Autonómico desde la entrada en vigor de la Constitución. De ahí que se pueda considerar prácticamente irreversible este procedimiento. No está establecido por la Constitución, pero es la interpretación ininterrumpida que se ha acabado imponiendo del contenido y alcance del artículo 157.3 de la Constitución. Tendría que producirse un cataclismo inimaginable para que se hiciera de manera diferente.

Esta es la razón por la que la definición del modelo de financiación no puede ser resultado de una negociación bilateral, sino que tiene que serlo siempre de una negociación multilateral. El ruido sobre el bilateralismo ha sido tan ensordecedor desde que se inició el proceso de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña que ha hecho que se perdiera de vista lo esencial en lo que a la definición del modelo de financiación se refiere.

Al final, cuando se tiene que llegar a la decisión definitiva, las aguas están volviendo a su cauce. Tanto en lo que a las reuniones preparatorias entre el presidente del Gobierno de la nación y los presidentes de las comunidades autónomas se refiere, como en la fijación definitiva del modelo que el vicepresidente presentará al Consejo de Política Fiscal y Financiera para su aprobación.

Llegados a este punto, se impone la reflexión de que la presión que se ha ejercido desde Cataluña para mejorar su financiación no le ha beneficiado a ella sola, sino que ha beneficiado a todas las demás comunidades autónomas. Es lo que ha venido ocurriendo desde 1993. Sería conveniente, en consecuencia, que en el futuro, puesto que el modelo que se va a aprobar tendrá que ser revisado en algún momento, no se volviera al anticatalanismo tan primario que hemos padecido en estos últimos años. El impulso para la reforma ha sido catalán, pero las consecuencias de la misma se han extendido por toda España. La valoración de Esperanza Aguirre del nuevo modelo habla por sí misma.

Creo que también resulta oportuno recordarle a los dirigentes del Partido Popular que las reglas de negociación de la financiación autonómica son las mismas que presidieron la financiación de 1996 y 2001, cuando ellos ocupaban el Gobierno de la nación. Tanto Mariano Rajoy como Cristóbal Montoro, que participaron personalmente en aquellas negociaciones, saben que la negociación de la financiación no es una negociación entre partidos, sino una negociación entre Gobiernos, el de la nación, por un lado, y los de las comunidades autónomas, por otro.

En lo que a la financiación se refiere, el Consejo de Política Fiscal y Financiera es una suerte de cámara territorial. Son el Estado y los diferentes territorios los que tienen que consensuar una respuesta común a la financiación del Estado Autonómico, que es tanto financiación del Estado como de las comunidades autónomas.

No es razonable, por tanto, que los dirigentes populares reclamen ahora que la negociación del modelo de financiación sea una negociación entre PSOE y PP y que se dé traslado después del resultado de esa negociación a las comunidades autónomas como un hecho consumado. Eso choca contra toda la lógica que preside la descentralización política de nuestro Estado. Las reglas hay que aceptarlas no solamente cuando se está en el Gobierno sino también, y sobre todo, cuando se está en la oposición. Es más agradable hacerlo en un caso que en otro, pero las cosas son como son.

Tagged with:

Política monetaria ‘versus’ política fiscal, de José Barea en Cinco Días

Posted in Economía by reggio on 3 enero, 2009

La crisis financiera desatada a nivel mundial ha dado lugar a que muchos e importantes países hayan entrado en recesión: EE UU, Japón, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y España. Todos han utilizado la política monetaria como instrumento para salir de la recesión, a cuyo efecto sus bancos centrales han ido rebajando de manera acelerada los tipos de interés, en Europa más pausadamente.

En EE UU, la Reserva Federal (Fed) ha bajado los tipos de interés del 5,25% al 1% desde septiembre de 2007, y para impedir un colapso crediticio ha concedido préstamos y nuevas líneas de crédito a la banca por un importe superior al billón de dólares. A pesar de todo el crédito escasea. En un entorno de dura recesión los bancos hacen acopio de fondos y endurecen las condiciones crediticias. Junto a tales actuaciones de la Reserva Federal, el Tesoro, a través del Fondo de Apoyo a Activos Sin Liquidez, ha inyectado 335.000 millones de dólares a la corriente monetaria. La política fiscal de apoyo a empresas y familias ha sido igualmente empleada, si bien en mucha menor intensidad que la política monetaria, dado el alto déficit público de EE UU y a que la crisis tuvo su origen en la economía financiera y no en la economía real, aunque después la primera ha tenido efectos devastadores sobre la segunda.

Bien por la ineficiencia del sistema bancario de EE UU, incapaz de transformar la reducción de tipos de interés en un aumento del crédito, bien por el comportamiento de las empresas y las familias insensibles a las rebajas de los tipos de interés en su consumo o inversión, dadas las lóbregas perspectivas de futuro, la Fed ha implantado una nueva política monetaria para hacer frente a la recesión y alejar al país de una deflación.

En el comunicado de su última reunión dice que su objetivo en el futuro es apoyar el funcionamiento de los mercados financieros y estimular la economía a través de operaciones de mercado abierto y otras medidas que incrementarán el balance de la Fed a niveles muy altos. Establece tres medidas: mantener el nivel de tipos de interés de 0% a 0,25%, que dichos tipos se mantengan durante un cierto tiempo, y compras de bonos de titulización y deuda del Tesoro con vencimiento a largo plazo, con la finalidad de aplanar la curva de tipos de interés a corto y medio plazo. La eficacia de estas medidas está por ver. Puede, como decía Milton Friedman, que se esté pidiendo a la política monetaria objetivos que no puede cumplir, y Keynes decía que cuando una economía está cogida en la trampa de la liquidez, la política monetaria deja de ser efectiva para influir en la actividad económica. Pienso, sin embargo, que la nueva política monetaria de Ben Bernanke, unida a impulsos de la política fiscal, puede tener resultados positivos. Que así sea.

Y en España, ¿que medidas se pueden tomar para salir de la recesión? Se estima que 2008 acabe con un crecimiento del 1% del PIB en términos reales, si bien con los dos últimos trimestres con crecimiento intertrimestrales negativos, lo que técnicamente nos sitúa en recesión. El paro habrá superado los tres millones. Para 2009, el Fondo Monetario Internacional había previsto que España continuaría en recesión todo el año (-1% del PIB) pero en la reunión de Madrid el pasado mes de diciembre para conmemorar el 50 aniversario de la incorporación de España al Fondo, su director gerente manifestó que la revisión que se estaba realizando ensombrecía aún más la previsión para nuestro país. La estimación de la Fundación de las Cajas de Ahorros es una caída del PIB del -1,5%; las dos estimaciones dan para España una recesión continuada de seis trimestres.

El paro podría sobrepasar los cuatro millones, el 16,5% de la población activa; el déficit público puede estar cercano al 6% del PIB; la inflación continuaría en descenso, situándose en el 0,6% como tasa media del año; el consumo caerá el 2%; el déficit exterior rondará el 8% del PIB, y experimentará un fuerte ascenso el déficit público por la entrada en vigor del nuevo sistema de financiación de las comunidades autónomas. El FMI considera que si no hay reformas, España puede quedarse estancada en un proceso de baja productividad, bajo crecimiento y un largo reequilibrio de los balances, en el que será difícil retornar a una deuda pública baja, con la posibilidad, estimo yo, de deflación.

Paso a analizar las reformas urgentes a realizar para salir de la recesión antes de que entremos en deflación. España tiene una doble crisis: la de la economía real, que es una crisis propia a consecuencia del hundimiento del sector de la construcción, y una crisis financiera importada, consecuencia de la crisis global de tal naturaleza.

Al BCE corresponde la política monetaria. El Gobierno ya ha tomado, a través de la política fiscal, medidas para incrementar la liquidez de la banca a través de la compra de activos no líquidos de los mismos y hacer posible la apertura del grifo crediticio a las pymes y a los trabajadores autónomos. Este sistema está funcionando con ineficiencia, lo que requiere un urgente control del mismo por el Banco de España o miles de empresas desaparecerán a corto plazo con efectos sobre el paro. Al ICO, como agente financiero del Estado, se le han ampliado sus dotaciones para aumentar sus préstamos y créditos, el problema es que tal organismo no tiene red para operar directamente con las pymes, autónomos y familias, teniendo que utilizar el sistema bancario.

La crisis real de nuestra economía sólo se corregirá con un plan de inversiones en infraestructuras que aumente la demanda interna global, complementario al dotado en el Presupuesto 2009 y al que el Gobierno ha aprobado a fines de noviembre del pasado año por 8.000 millones de euros para la realización de proyectos de obras por los ayuntamientos. Dado el elevado déficit que se prevé para 2009, la financiación del plan complementario de infraestructuras al que nos hemos referido se efectuaría con bajas en gastos corrientes del Presupuesto 2009. A tal efecto se congelarían los sueldos de los funcionarios y los aumentos de plantillas y de altos cargos, se darían de baja todos los aumentos de crédito habidos en el capítulo 2o: compra de bienes corrientes y de servicios, y en el capítulo 4o, por subvenciones a empresas públicas y privadas, y se retrasaría a 2010 la entrada en vigor del nuevo proyecto de Ley de Financiación de Comunidades Autónomas; es decir, algo parecido a lo que se hizo en el Presupuesto 1997 para ingresar en la Unión Monetaria.

El presidente del Gobierno debería salir en televisión explicando las razones de estas medidas: detener el crecimiento del paro. Como final, aunque no por su importancia, hacer que todos los altos cargos tengan un comportamiento ético y austero en sus actuaciones y el que se desvíe de esta línea cese de inmediato.

Simultáneamente, el Gobierno aprobará las siguientes reformas estructurales que no suponen aumento del gasto: flexibilidad del mercado de trabajo, mayor competencia en los mercados de bienes y servicios y una reforma de la educación con el objetivo de mejorar su calidad. Estas medidas son el inicio de un plan para cambiar nuestro modelo productivo, junto a otras que sí requieren aumento del gasto público, que ya expuse en el artículo publicado en este diario el 20 de diciembre.

José Barea. Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid.

Tagged with:

Marx ha vuelto, de Esteban Hernández en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 3 enero, 2009

Si las previsiones para 2009 se cumplen, es muy probable que, entre el empobrecimiento de la clase media, el paro creciente y el aumento de la conflictividad social comience a hablarse, más que de fallos en el sistema, de la misma quiebra del capitalismo. Y es que, si la crisis se hace más profunda, la vuelta de Marx será inevitable. De momento, El Capital está vendiendo mucho más desde que comenzó a hablarse de las hipotecas basura,  sus obras son invocadas en ámbitos académicos y los partidos de izquierda ya no tienen reparos a la hora de pronunciar su nombre en voz alta. En España, el Partido Comunista vuelve a regir IU justo en el instante en que nace un partido anticapitalista (Izquierda Anticapitalista); en Francia hay un giro a la izquierda en el Partido Socialista  mientras que Olivier Besancenot, el líder troskista, continúa siendo la figura más popular más allá del PSF; en Alemania, Marx es reivindicado de nuevo en la política cotidiana; y en Grecia, un buen número de anticapitalistas han tenido papel preponderante en las revueltas.

Aunque, en realidad, afirma Augusto Zamora, profesor de Derecho internacional público en la Universidad Autónoma de Madrid y embajador de Nicaragua en España, no podía afirmarse que Marx hubiera dejado de estar entre nosotros. “Marx siempre ha sido muy estudiado: desde las facultades de economía japonesas hasta las universidades británicas o alemanas, a Marx se le tiene por un gran teórico, sin el cual es imposible explicar nuestro mundo. Lo que sucede es que antes se le había relegado a un rincón poco visible del salón mientras que ahora, con la crisis, se le ha vuelto a situar en el centro de la estancia”. Así, Marx está dejando de ser una referencia sólo utilizable en los ámbitos docentes para convertirse de nuevo en un nombre vivo para la política cotidiana.

Y ese giro marxista se nota especialmente en que la izquierda está volviendo a los postulados materialistas, en desuso últimamente, como lugar central de sus políticas. En los últimos años, el apoyo a las minorías, las luchas ecologistas y las cuestiones morales (aborto, bodas gays, etc.) se convirtieron en el núcleo de las acciones de izquierda en detrimento de la clase obrera, sus reivindicaciones salariales y el horizonte de otro modelo estatal. En ese viraje influyó, según Zamora, la desorientación producida en las filas izquierdistas tanto por la consolidación del Estado de Bienestar y de las clases medias que aparejaba (lo que dejaba sin lugar al proletariado)  como la desaparición de la URSS (lo que le dejaba sin modelo alternativo).

Y en la búsqueda de una nueva identidad, la izquierda perdió pie: “Los socialdemócratas dejaron de diferenciarse de la derecha, convirtiéndose en opciones políticas muy similares” y quienes estaban un paso más a la izquierda “no supieron adaptarse a las nuevas realidades sociales”. En ese contexto, las cuestiones postmateriales se convirtieron en una salida sencilla del atolladero. La crisis, sin embargo, está obligando a resituar las cuestiones económicas en el centro de las propuestas y reivindicaciones de la izquierda. Según Zamora, “es inevitable que Europa piense de nuevo en lo material; Quizá ya no tengamos proletariado pero sí una gran masa de jóvenes condenados a una vida precaria que hacen imprescindible un nuevo modelo de redistribución de la riqueza”.

La nueva cuña anticapitalista

En ese contexto, el término “anticapitalista” está resurgiendo con enorme fuerza. Lo que supone un indicador muy evidente, según Carlos Fernández Liria, profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y autor de Educación para la ciudadanía, (ed. Akal), de que la izquierda está girando hacia Marx. Es por esa misma razón que el nuevo partido político, Izquierda Anticipalista (IA), “está teniendo una aceptación muy sorprendente”.

Un hecho que podría explicarse, sin duda, por la timidez ideológica de la IU de los últimos años: “Desde la dirección de Anguita, IU no ha tenido una postura anticapitalista clara; ha preferido pactar con el PSOE y con Prisa, lo que consiguió que sus votantes naturales se abstuvieran o les apoyaran a regañadientes”. Y como, en lugar de afirmarse en sus ideas, “ha optado por hacer el juego al sistema”, es normal que haya otros jugadores que traten de arrebatarle el lugar que le era propio. Pero ese pequeño éxito inicial también viene causado porque “muchos intelectuales de izquierdas, que han estado marginados y que no sabían con qué alternativa quedarse, han depositado en el nuevo partido esperanzas muy importantes”.

Aunque desde una posición ideológica diferente, también percibe Jorge Verstrynge, profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, esa necesidad de que la izquierda recobre su posición en el panorama político. En ese sentido, Verstrynge señala cómo la renuncia de la izquierda a sus postulados básicos la ha llevado a tener “una terrorífica responsabilidad en la situación actual. Los partidos de izquierda aceptaron que los salarios perdiesen poder adquisitivo y estuvieron de acuerdo con las políticas de privatización masiva. Y ahora nos encontramos con que hemos entregado todas las palancas de las que disponía el Estado para hacer frente a crisis como la presente”.

Una vez asentado cierto consenso sobre la necesidad de que regresen las cuestiones materiales al centro de la escena, hay que ver cómo se articulan esas nuevas opciones y a qué escenarios nos llevan: porque no es lo mismo que regrese Marx que lo haga el Estado soviético; no es lo mismo que se pretenda regresar a postulados comunistas clásicos o que se traten de impulsar nuevas prácticas a partir de la vieja teoría. En primera instancia, hay quienes aseguran que todo este movimiento no irá más allá de la recuperación de algunas recetas de corte keynesiano, ligadas al clásico Estado del bienestar.

¿Sin alternativas al Capitalismo?

En ese terreno se mueve Verstrynge, quien asegura que “hoy no parece haber alternativa al capitalismo, a excepción del caso de Chávez, que no es fácilmente aplicable en Europa”. Por eso, sus recetas, y más en una situación de crisis como la presente, consistirían en “la utilización de instrumentos públicos para forjar el empleo y relanzar la máquina; en acabar con los paraísos fiscales; en volver a la circulación regulada de capitales; en crear una potente banca pública y en el regreso a políticas proteccionistas”.  Eso sí, los postulados keynesianos ya no podrían llevarse a cabo desde territorios estrictamente nacionales. Verstrynge coincide con Emmanuel Todd, quien acaba de proponer en su obra Àpres la democratie, “la conversión de Europa en una fortaleza comercial, desconectándola de la economía de EEUU. Y de la británica”.

Fernández Liria señala que la izquierda del futuro cercano será claramente anticapitalista y que, además, habrá perdido cierto complejo antiestatalista que la animó en los últimos años. Desde esa perspectiva, Liria dice tener esperanzas “en cuanto a la posibilidad de la refundación de la izquierda, porque si bien la crisis va  a ser un desastre sin referentes, percibo una gran madurez que no existió en los años siguientes al 68, donde se confundieron de enemigo. El problema no es el Estado de derecho sino el capitalismo. Es éste el que hace imposible el derecho y la democracia, el que vuelve abyecto al Parlamento, el que vuelve inoperantes y contraproducentes las instituciones”. Es en ese sentido que Fernández Liria afirma que “las tendencias anarquistas me parecen muy peligrosas porque su reacción contra las instituciones coincide punto por punto con el discurso neoliberal”.

Y, por último, hay quienes piensan que de esta crisis saldrá una nueva izquierda, alejada tanto de los parámetros socialdemócratas como del marxismo clásico. Según Carlos Prieto del Campo, de la Universidad Nómada, director de la colección Cuestiones de Antagonismo, de la Editorial Akal, “los cambios en IU y el nacimiento de IA son interesantes, pero no creo que sean expresiones de lo que la izquierda va a construir en los próximos 20 años. El proceso de refundación va a ser va a ser mucho más radical”. Para Prieto, es esencial repensar las bases teóricas de la izquierda para darlas una formulación mucho más acorde con nuestra época. Así, la puesta en marcha de formas de acción reales pasa por “una nueva lectura de cómo funciona el capitalismo; por pensar espacios de actuación europeos y no nacionales; por un nuevo sindicalismo que identifique las nuevas formaciones de clase, con las cuencas de trabajo migrante, precario, cognitivo, etc., no representado por las grandes centrales sindicales…Se van a crear nuevas escenarios de lucha que sorprenderán al establishment”.

Tagged with:

El año que ha cambiado el mundo, de Alfons Quintá en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 3 enero, 2009

Hace un año y una semana, Tony Blair manifestaba que “las diferencias entre la derecha y la izquierda han dejado de existir. La diferencia reside en la apertura o la cerrazón respecto de la globalización. La diferencia reside en la respuesta que se dé a la globalización”.

Era la vigilia de Navidad del 2007. Blair hablaba en Venecia, en una conferencia organizada por un empresariado italiano. “El siglo XXI -dijo también Blair- es una era nueva y requiere una nueva política. Los políticos de hoy permanecen en su tribu como si estuviesen dentro de la cáscara de un huevo, pese a que las diferencias entre la derecha y la izquierda han dejado de existir. Yo sostengo la importancia de la apertura, porque cerrarse significa oponerse a una fuerza implacable. Es necesario aceptar la globalización como una fuerza liberadora de potencialidades enormes, si bien los beneficios que se podrán sacar de la misma están en proporción con el grado de preparación de la sociedad. Habrá una modernización permanente y será premiado sólo aquel que estará en condiciones de adaptarse a este cambio constante.”

Después de afirmar que los gobiernos no deben concentrarse en la legislación, ni en la reglamentación, pero si en la formación, Blair recalcó, en el mismo sentido, que los gobiernos “deben interferir lo menos posible, no deben prever el futuro de la economía apoyando a ésta o a aquella empresa, sino que deben invertir en infraestructuras, ciencia, investigación e instrucción”. Esta última frase es la antítesis de lo afirmado por Nicolás Sarkozy el pasado septiembre: “Lo de la autorregulación para resolver todos los problemas, se ha acabado, lo del mercado que tiene siempre razón, se ha acabado”.

Ha pasado un año y una semana, así como bastantes más cosas. Todo lo dicho por Blair debe ser puesto entre paréntesis. Lo afirmó cuando todo el mundo creía o decía creer que el 2008 sería un gran año. No lo ha sido. Los presagios para 2009, a pocos meses vista, aún son peores. Los meses de febrero y marzo son designados como desastrosos. Nadie imagina algo bueno antes de la reunión del G20, en Londres, a comienzos de abril. Hoy predomina el criterio de que pueda resultar un fracaso como el encuentro de noviembre en Washington.

Como son días de felicitaciones telefónicas, hablo con un amigo británico que trabaja en Dubai. Me habla de crisis en la construcción, de un inmenso proyecto multimedia que hace aguas y de la creación de fondos soberanos como norma. Esto último es una venganza de la política respecto de la economía. Otro amigo residente en Sudáfrica me explica la crisis minera en ciernes. Un amigo irlandés me narra la crisis de dos grandes bancos de su país y de un tercero de menor entidad. En un caso las acciones han perdido el 97% de su valor. Respecto a uno de ellos, dos “hedge funds” han expresado el deseo de controlarlo. El mero planteamiento tiene visos de locura.

En todos mis amigos encuentro tristeza, incertidumbre y algo de amargura. No son sentimientos que presagien la disminución de la conflictividad política y social ni, por lo tanto, la desaparición de las divisiones -ciertamente poco modernas- entre derecha e izquierda, apuntadas por Blair.

La traca llega con la cena de final de año. Estamos reunidos diversos amigos. Predominan las parejas de economistas y de abogados, seguidas de las de médicos. Oímos el buen discurso de Sarkozy en el Telediario de France 2. De repente se nos muestra a una familia catalana que ha decidido gastarse 42.000 euros (casi siete millones de pesetas) en el alquiler, por sólo una semana (sic) de un chalet en Meribel (en la Saboya francesa). Viene a ser un millón diario. La cámara los muestra muy contentos y habladores. Se nos informa de que se trata de la familia Carulla, de Barcelona. Habla Mariona Carulla, hija del fallecido industrial agroalimentario Lluís Carulla. También lo hace otro miembro de la familia, Guillermo Sagnier, al parecer miembro del grupo Europraxis, filial de Indra.

El reportaje de France 2 nos deja aturdidos. Nos miramos apenados. Creemos que los radicalismos políticos -de derecha o de izquierda- nunca han resuelto ningún problema. Pero lo mostrado por la cadena gala no nos ha estimulado la moderación. Horas después sabremos que sólo en aquella misma noche han sido quemados en Francia, por vandalismo, 1.147 coches, un 30% más que la noche de Fin de Año del 2007, en que “sólo” fueron quemados 878 automóviles. Recordamos los “Felices Veinte” que desembocaron en la crisis del 1929. Tenemos claro que la radicalización de los discursos políticos que en 2008 hemos sufrido en España representa un grave inconveniente para la superación de la actual crisis. La mezcla de irresponsabilidad, inconsciencia, arrogancia, radicalismo y crisis económica puede producir cócteles incendiarios.

Tagged with:

Qué es lo que la mayoría del electorado de EE.UU. entiende por cambio, de Vicenç Navarro en Rebelión

Posted in General by reggio on 3 enero, 2009

Sistema

El día 4 de noviembre la población que participó en las elecciones presidenciales de EEUU votó por el cambio, apoyando la candidatura que más se identificó con la imagen del cambio. Y aunque tal candidato vencedor, el Sr. Barack Obama, subrayó la necesidad de cambio, nunca especificó en detalle lo que él quería decir al utilizar el término “cambio”. Más claro es, sin embargo, lo que la mayoría del electorado deseaba y entendía por cambio. Y una manera de saberlo fue a través de las encuestas a pie de urna en las que se preguntó a la población que votaba sus deseos y prioridades. Paso a hacer una lista, sin necesariamente definir una prioridad en este deseo.

La mayoría del electorado (el 74%) desea un cambio del sistema de financiación del proceso electoral, eliminando la enorme influencia de los grupos de poder económico y financiero en la vida política del país, influencia que se realiza a través de la financiación privada de las campañas electorales de los candidatos a los puestos elegidos de la democracia estadounidense. Tal influencia es la característica de su sistema electoral que determina una imagen de Washington como el maridaje entre la clase política por un lado y el mundo financiero y empresarial del país por el otro. Tal maridaje es enormemente impopular, como lo atestigua que todos los candidatos en las últimas elecciones presidenciales tuvieron que presentarse como anti-Washington para tener un mínimo de credibilidad política.. El candidato Obama es el que más se benefició de este sentir anti-Washington, ampliamente extendido entre la población, al haber sido Senador sólo durante dos años. El hecho de que fuera, sin embargo, el candidato que consiguió más dinero privado del mundo empresarial y financiero (y del 20% de renta superior del país) dificultará que pueda cambiar esta situación. En realidad, no ha hecho ninguna propuesta de anular la privatización del sistema electoral, la mayor causa de la baja calidad de la democracia estadounidense.

Otra demanda popular (68% de la población) es exigir del estado la garantía de que los ciudadanos estadounidenses tengan unos derechos universales (es decir, que abarquen a toda la población), tales como el derecho de acceso a los servicios sanitarios en tiempo de necesidad. El Presidente no ha incluido tal propuesta en su programa, aun cuando retóricamente habla de tal universalización. El estudio detallado de sus propuestas de reforma sanitaria no permite concluir que va a universalizar tal derecho.

La mayoría del electorado (64%) también pide que este aumento de los derechos sociales (que incluyen no sólo la universalización de los derechos de acceso a la sanidad, sino también la universalización del derecho al trabajo) incluya también el aumento de los derechos laborales, favoreciendo la aprobación de una ley que elimine las barreras que pone el empresariado para que la fuerza laboral se sindicalice. El candidato Obama prometió el apoyo a tal ley. El jefe de su gabinete, el Sr. Emanuel, preguntado por el diario liberal The Wall Street Journal si el Presidente Obama apoyaría tal Ley, no respondió, y ello a pesar de que se le preguntó repetidamente.

La mayoría del electorado (62%) también desea que haya un recorte muy acentuado del gasto público militar, transfiriendo tal gasto a las áreas sociales. EEUU gasta un trillón de dólares al año en gasto militar, lo cual significa el 57% de los gastos disponibles del gobierno federal (gasto disponible –discretionary funds- son los gastos que, como la Seguridad Social, no son predeterminados y fijos). Tal gasto es responsable de cinco millones de puestos de trabajo, un número que podría triplicarse si en lugar de gastarse en áreas militares se gastara en áreas sociales, tales como escuelas de infancia, servicios domiciliarios o servicios públicos de sanidad, que crean más empleo que los gastos militares. Es más, la inversión en tales servicios públicos favorece la integración de la mujer al mercado de trabajo, lo cual crea a su vez una demanda de nuevos puestos de trabajo al tener que producirse en el mercado aquellos servicios que realizaba antes la mujer como ama de casa (servicios como restaurantes, servicios de limpieza, lavandería y otros). El nuevo Presidente Obama no se ha comprometido a reducir el gasto militar. Se ha comprometido a modernizar la industria militar, pero no a reducir tal gasto. Por otra parte, se ha comprometido a aumentar sustancialmente el gasto público en aquellos servicios públicos como medida de estimular la economía, medida altamente popular (el 82% la favorece).

El 64% de la población favorece reformas fiscales progresistas que reviertan la regresividad fiscal introducida por la administración Bush. El candidato Obama tenía en su programa propuestas fiscales progresistas, incluida la eliminación de las ventajes fiscales (para el cinco por ciento de nivel de renta superior del país) aprobadas por la administración Bush. El nuevo Presidente Obama ha hecho declaraciones recientes indicando que pospondrá algunas de estas reformas.

Una última observación. La mayoría de estas posturas no coinciden con las posturas del establishment empresarial y financiero de Washington, que controla los medios de información y persuasión de aquel país. Ejemplo de este control es que Noam Chomsky, el intelectual estadounidense más leído en el mundo, y una de las escasas voces críticas de tal establishment (ver Navarro V., Entrevista a Noam Chomsky. La situación política de EE.UU. Anagrama. 2008), no aparece, por estar vetado, en los medios televisivos más importantes del país (NBC, BBC, CBS y CNN) o en las páginas del New York Times o del Washington Post ¿Cómo puede explicarse que en un país con un control tan elevado de los medios de información, la mayoría de la ciudadanía tenga posturas contrarias a las del establishment? La respuesta es que la población nunca repite miméticamente lo que el establishment político-mediático desea que piense. La información que le llega a la población desde “arriba” (desde los medios de información y persuasión) compite con la información que le llega de “abajo”, es decir, de su práctica y experiencia diaria que le llega en su cotidianeidad. Ello explica que si a la población en EEUU se le pide si considera que el sector público sirve a sus necesidades mejor que el sector privado, contestará que favorece al sector privado reproduciendo el mensaje que le llega constantemente de “arriba”. Pero si a la ciudadanía se le pregunta en términos que puede relacionarse a su experiencia cotidiana (como por ejemplo las pensiones de sus padres) y se le pide si prefiere la Seguridad Social a una compañía de seguros privada para atender a su pensión de jubilación, la mayoría responde (72% vs 32%) a favor del aseguramiento público. Es también interesante señalar que en EEUU nada menos que el 58% de la población responde afirmativamente a la pregunta “¿desearía usted vivir en una sociedad en que los recursos se distribuyeran según la necesidad de cada persona y se pagaran según los recursos que cada persona tuviera?”. Si la pregunta, sin embargo, se planteara de manera distinta, tal como si “preferiría vivir en una sociedad regida por principios socialistas”, el 89% respondería que no, resultado de la demonización del discurso y prácticas socialistas en aquel país.

Pero independientemente de la narrativa que se escoja, el hecho más importante a señalar es que hoy la mayoría de la población estadounidense desea cambios significativos en el sistema político-económico del país, cambios que son más progresistas que los que sostiene el establishment político-económico-mediático del país. Que el nuevo Presidente Obama responda a este deseo de cambio dependerá de la presión que la población realice para forzarlo.

Tagged with:

2009 puede ser el año sudamericano, de Raúl Zibechi en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 3 enero, 2009

Ya no quedan dudas del tamaño de la crisis mundial. Incluso el FMI asegura que hasta 2011 no se esperan mejoras. El último informe del europeo LEAP/2020 sostiene incluso que lo peor llegará en marzo, que la recesión en Estados Unidos y el Reino Unido puede abarcar una década entera y que seguramente habrá inestabilidad sociopolítica global con riesgo de estallidos sociales, como los que conocemos de sobra en Sudamérica desde el caracazo de febrero de 1989.

Esta región comienza poco a poco a percibir de qué va la cosa. Apenas tres meses atrás, Lula se ufanaba de que el tan temido tsunami financiero era apenas “una olita” en las costas de Brasil. En el último mes comenzaron a aplicarse algunas medidas importantes que, si bien no llegan a producir el viraje necesario, son un síntoma de que los gobiernos comienzan a tomar medidas de fondo. Y en la “combocumbre” de Bahía, como el ecuatoriano Rafael Correa bautizó la cuádruple reunión del Mercosur ampliado; el Grupo de Río, la Unasur y la Cumbre de América Latina y el Caribe, que reunió a 33 países al sur del río Bravo, se diseñaron caminos que excluyen a Estados Unidos y Canadá, pero incluyen a Cuba.

Argentina tomó dos medidas importantes. La estatización de las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP), creadas en el cenit del neoliberalismo e impulsadas por Carlos Menem, supuso la transferencia al Estado de 24 mil millones de dólares. Es una decisión de carácter estratégico que se anticipa al probable colapso global de los fondos de jubilación por capitalización. Una segunda medida estratégica fue el plan Obras para Todos los Argentinos que implica inversiones en infraestructura por 32 mil 600 millones de dólares hasta 2011. En paralelo, el gobierno de Cristina Fernández intenta incentivar el retorno de capitales en el exterior con un favorable tratamiento fiscal.

Brasil también toma decisiones de largo aliento. Hasta ahora se había limitado a inyectar dinero en la economía para favorecer el crédito y facilitar la venta de automóviles rebajando impuestos, ya que la sexta industria automotriz del mundo atraviesa serias dificultades. También se liberaron fondos para ayudar a empresas endeudadas. Pero lo más importante ha sido el anuncio de un vasto plan de vivienda que prevé construir 12 millones de casas en 15 años con una inversión de 123 mil millones de dólares.

Esta importante decisión pretende mantener el crecimiento y a la vez convierte la vivienda social en una política de Estado, destinada a familias que tengan ingresos menores a 630 dólares. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística informó a mediados de diciembre que una de cada tres ciudades está rodeada por favelas y que 53 millones (25 por ciento de la población) habitan viviendas inhumanas. Así y todo se calcula que en los próximos años se necesitarán 30 millones de viviendas. Además se creará un fondo con aportes estatales, al que podrán acudir las familias que no puedan pagar sus mensualidades por haber perdido el trabajo, sin perder la vivienda.

Otros países como Perú lanzaron planes de obras públicas, mientras Ecuador decidió una moratoria de cerca de 40 por ciento de su deuda externa por considerarla ilegítima. En conjunto, se trata de medidas de corte keynesiano que buscan limitar los impactos de la recesión global y mantener la cohesión social.

Por otro lado, la región se va perfilando como actor autónomo en el escenario internacional. Así lo percibió The New York Times, pues el 17 de diciembre aseguró que Washington se sintió “despreciado” en las cumbres de Bahía, ya que los 33 países latinoamericanos y caribeños tomaron decisiones sin consultar a la ex superpotencia, que ya no puede dictar órdenes en lo que algún día fue su patio trasero. El influyente diario remarcó que “Estados Unidos se está convirtiendo en un jugador cada vez más distante en los asuntos de la región”, y que “ya no es y no va a volver a ser el mayor interlocutor de los países de la zona”. La incorporación de Cuba al Grupo de Rio puso en negro sobre blanco esas distancias.

Pese a que varios presidentes se mostraron confiados en que la región pueda superar los efectos de la crisis, fortalecer la integración y mantener altos niveles de crecimiento, no faltaron nubarrones. Las ausencias más destacadas fueron las del peruano Alan García y el colombiano Álvaro Uribe, los dos mayores aliados de Washington en Sudamérica. Aunque se insisitió en la necesidad de impulsar el comercio sur-sur, las dificultades que enfrenta el país líder de la región, Brasil, con sus vecinos Paraguay, Ecuador y Bolivia sobrevolaron las cumbres. Del mismo modo, el Mercosur no pudo llegar a un acuerdo para que las mercancías que ingresan al área de libre comercio paguen una sola vez la tarifa externa común, pero que no se vuelva a cobrar cuando es rexportada a otro país del bloque.

No son dificultades menores. Tienen suficiente importancia para poner más trabas aún al proceso de integración regional, que avanza demasiado despacio para las necesidades de muchos países. Avanzar en ese proceso supone que el país que pretende ser el líder regional, Brasil, resuelva algunas asimetrías, como las que mantiene con Paraguay por la compra de su energía a precios muy por debajo del mercado, gracias a un tratado firmado por ambas dictaduras. O que el gobierno de Lula deje de defender a las empresas brasileñas incluso cuando incumplen contratos, como sucedió con Odebrecht en Ecuador.

Pero lo más trascendente es que las medidas adoptadas hasta ahora no alcanzan para modificar el núcleo del modelo neoliberal. Salvo los países que promueven el ALBA, nadie cuestiona el libre comercio, piedra angular del modelo vigente.Ya no se habla del Banco del Sur, que puede armar una arquitectura financiera diferente. Si una región que busca su autonomía y cuenta con ocho de diez gobiernos que se proclaman progresistas y de izquierda no es capaz de cuestionar el modo de comerciar asentado en la rapiña, ¿quién y cuándo podrá hacerlo?

Tagged with:

En la vanguardia de la historia, de Atilio A. Boron en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 3 enero, 2009

Los mitos que rompió la Revolución Cubana. Su lugar en la historia latinoamericana y su relación con los países de la región. La lucha contra el bloqueo y los principales desafíos que enfrenta en la actualidad.

Es una tarea ciclópea resumir en unas pocas líneas el significado de algo tan especial como la Revolución Cubana, que el viejo Hegel no hubiera dudado un instante en caracterizar como un acontecimiento “histórico-universal”. Una revolución que destruyó mitos y prejuicios profundamente arraigados: que la revolución jamás podría triunfar en una isla situada a 90 millas de Estados Unidos; que el imperialismo jamás permitiría la existencia de un país socialista en su patio trasero; que la revolución era impensable en un país subdesarrollado y, para colmo, sin el protagonismo de un partido “marxista-leninista” conduciendo la insurrección de las masas. Todos estos pronósticos, y muchos otros que sería largo enumerar, fueron refutados por el triunfo, la consolidación y la heroica sobrevivencia de la Revolución Cubana.

Ha sido –y sigue siendo– una hazaña resistir a medio siglo de un bloqueo económico sin precedentes en la historia de la humanidad y que año a año es condenado por casi todos los países de la ONU, con la excepción de Estados Unidos y un puñado de “estados-clientes”. Pensemos simplemente lo que hubiera ocurrido en la Argentina ante un bloqueo de apenas un año, limitando drásticamente desde la importación de bienes esenciales hasta el ancho de banda de la Internet: este país se habría desintegrado producto de la conmoción social que tal política habría desencadenado. Por eso quien no quiera hablar del imperialismo norteamericano y sus políticas de permanente bloqueo y agresión, debería abstenerse de formular cualquier tipo de crítica a la revolución. Es bien importante marcar esta postura porque tanto dentro como fuera de Cuba no son pocos quienes disparan sus dardos contra las asignaturas pendientes de la revolución sin hacer la menor mención al influjo profundamente desestabilizador de la política del imperio. Es cierto que hay mucho por hacer todavía en Cuba, pero ¿cómo comprender esas falencias al margen de un bloqueo de medio siglo cuyo costo, según cálculos muy conservadores, oscila en torno de los 93.000 millones de dólares, una cifra dos veces superior al Producto Bruto de Cuba, más allá de otras consecuencias que trascienden lo económico y que se miden en vidas humanas y en sufrimientos innecesarios e indiscriminados de toda la población?

A las restricciones propias del bloqueo habría que agregar, entre muchas otras, el humillante servilismo de la casi totalidad de los países de la región, con la honrosa excepción de México, que ante un úkase del imperio cortaron relaciones con la patria de Martí a partir de 1962, profundizando los efectos deletéreos del bloqueo. Pese a ello, los cincuenta años de la revolución encuentran a Cuba sólidamente a la cabeza en una amplia diversidad de índices de desarrollo social. Este es un asunto que ya se da por descontado pero conviene recordarlo, puesto que tales logros se alcanzaron bajo la hostilidad permanente de Estados Unidos y debiendo además sobreponerse a las tremendas consecuencias derivadas de la implosión de la Unión Soviética y la desaparición del Comecón. Los otros países de la región, rutinariamente cubiertos de elogios por la prensa imperialista y sus voceros en el mundo político, registran índices de desarrollo social muy inferiores –en algunos casos vergonzosamente inferiores– a los cubanos pese a que a lo largo de este medio siglo contaron con el apoyo financiero y político de Washington. Un solo indicador basta con su elocuencia: la tasa de mortalidad infantil por cada 1000 nacidos vivos coloca claramente a Cuba por encima de cualquier otro país de las Américas, con un nivel semejante al de Canadá (5/1000) y aventajando a Estados Unidos (7/1000), para no hablar de países como Argentina, Brasil, México, en donde estas tasas triplican o cuadruplican a las cubanas.

La revolución se encuentra ahora ante renovados desafíos originados en: a) los grandes cambios que caracterizan a la economía mundial y que provocan la obsolescencia del viejo modelo de planificación ultra-centralizada; b) la creciente beligerancia de un imperialismo que se enfrenta con renovadas resistencias a lo largo y ancho del globo, sobre todo luego de la crisis global estalló pocos meses atrás; y, c) de la necesidad de renovar el impulso revolucionario y, sobre todo, transmitirlo a las nuevas generaciones. Desafíos que requieren de respuestas innovadoras pero, como el mismo Fidel lo recordara, para nada significa caer en el “error histórico” de creer que “con métodos capitalistas se puede construir el socialismo”. En otras palabras: la reforma no puede significar la reintroducción de métodos capitalistas en la gestión de la economía, como se hizo en China o Vietnam. Se deberá transitar por un estrecho sendero en donde se mantenga la planificación de las actividades económicas y el papel rector del estado pero apelando a estructuras más flexibles de planificación y control y a procesos más ágiles de conducción y ejecución. De lo contrario, las desigualdades se multiplicarían y la corrupción resultante de las mismas podría, al cabo de un tiempo, debilitar irreparablemente el impulso revolucionario y favorecer los planes de la reacción imperialista. Por eso Cuba está a la vanguardia de la historia, realizando un experimento sin precedentes: reformar al socialismo pero profundizando el socialismo. Al igual que antes, Cuba rompe con todos los manuales y con el saber convencional. Estamos seguros de que ahora también el éxito rubricará su valiosa osadía.

Una reflexión final: imaginemos lo que habría sucedido en América latina si la Revolución Cubana hubiese sucumbido ante las agresiones del imperialismo o a consecuencia del derrumbe de la Unión Soviética. La respuesta es clara y contundente: en tal hipotético caso nuestra historia habría sido radicalmente diferente. Sin la antorcha prometeica sostenida heroicamente por Cuba durante medio siglo, los pueblos de las Américas difícilmente habrían tenido la audacia para resistir la renovada opresión y explotación de que eran objeto y para rebelarse en contra del imperio y sus lugartenientes locales. Fue su vibrante ejemplo el que incendió la pradera de América latina en los años sesenta, lo que alimentó las grandes movilizaciones que impulsaron el ascenso de la Unidad Popular en Chile y el triunfo de Héctor Cámpora en la Argentina; abrió el espacio para el giro radical de Juan Velasco Alvarado en el Perú; facilitó la instauración de la Asamblea Popular y el gobierno de Juan José Torres en Bolivia y nutrió la insurgencia constitucionalista del coronel Francisco Caamaño Deñó en la República Dominicana ultrajada por el invasor yankee. Fue la inconmovible lealtad y solidaridad de Cuba con todos los pueblos en lucha lo que hizo posible resistir las atrocidades de las dictaduras que asolaron la región en los años setenta y, entre tantas otras cosas, asegurar el triunfo del sandinismo en Nicaragua y, con el sacrificio de sus hijas e hijos, derrotar al apartheid sudafricano y garantizar la independencia de Angola. Fue la inconmovible fortaleza de Cuba la que la convirtió en referencia obligada cuando, a mediados de los ochenta, el continente retomaba el escarpado –¡y aparentemente interminable!– sendero de la “transición democrática” agobiado por el peso de una deuda externa “incobrable e impagable”, como la definiera Fidel en 1985. Ejemplo que adquirió dimensiones gigantescas cuando Cuba demostró ser capaz de resistir a pie firme el derrumbe de los mal llamados “socialismos realmente existentes”, desplomados precisamente por no ser socialismos. Es en este escenario, que lleva la marca indeleble de la resistencia de Cuba como una de sus señas de identidad, que irrumpe la Revolución Bolivariana y la figura excepcional de Hugo Chávez, mientras que más al sur Rafael Correa ponía en marcha su Revolución Ciudadana y en la Bolivia del Che un abnegado dirigente cocalero, Evo Morales, se proyectaba como el líder de un pueblo en pos de una reivindicación que se le debía desde hacía más de cinco siglos. Hay también otros procesos en marcha en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y, en general, en casi toda nuestra geografía. Con características externas diferentes según los casos, pero invariablemente –al menos en el espíritu de los pueblos, si no en su dirigencia– como expresión de un intransigente rechazo al imperialismo, el capitalismo y las políticas neoliberales. Todo esto no habría sido posible si Cuba hubiera sido derrotada en Girón, o si sus hombres y mujeres hubiesen defeccionado, abandonando sus ideales, ahogando la antorcha que con tanto esfuerzo y dignidad sostuvieron en alto durante medio siglo. Por eso la deuda de los pueblos latinoamericanos con la Revolución Cubana es inmensa. Una revolución cuyo internacionalismo la llevó a derrotar a los fascistas sudafricanos y que, como si la hazaña anterior no fuera suficiente, inunda al Tercer Mundo de médicos, enfermeros, maestros, instructores deportivos; una revolución que siembra educación, salud y vida, contra un imperio que hace lo propio con la ignorancia, la destrucción y la muerte. Por eso, y por tantas otras cosas que sería imposible siquiera nombrar, vaya nuestra eterna gratitud para con el pueblo y el gobierno cubanos, para Fidel y para Raúl, y antes para el Che, para Camilo, para Haydée y tantos otros héroes anónimos, cubanas y cubanos que con su lucha cotidiana y su tenacidad de hierro hicieron posible este renacimiento de las perspectivas del socialismo en América latina.

© 2000-2009 www.pagina12.com.ar|República Argentina|Todos los Derechos Reservados.

Tagged with: