Reggio’s Weblog

El PP y la derecha política, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 29 enero, 2009

El viento ha sido el protagonista de los últimos días en España. Pero en política, el huracán se ha desatado en Madrid entre las filas del PP: escuchas telefónicas, seguimientos y dossiers, lealtades y traiciones, cajas de ahorros y medios de comunicación, división y enfrentamiento, amigos, enemigos y, en el límite extremo de la hostilidad, como ya dijo Conrad Adenauer, compañeros de partido. Esta es la situación. Toda lucha interna es letal para cualquier formación política. No creo que este caso sea una excepción, veremos cómo acaba.

Ahora bien, más allá de la anécdota, está la categoría: la derecha política todavía no ha encontrado su lugar en la España constitucional y democrática posterior a 1978. ¿Por qué?

Vamos a ver. Aglutinar a un conjunto amplio de ciudadanos con un determinado perfil para convertirlo en una fuerza social e ideológica que constituya la base de un partido político exige algunas condiciones: saber entroncar con una determinada tradición, definir los contornos de un ideario, asimilarse a algún referente internacional y no estar ni electoral ni internamente dividido. Puedes no cumplir alguna de estas condiciones, pero no conculcarlas todas. Con mayor o menor intensidad, este último es el caso del PP.

El PP no ha logrado encontrar sus raíces en una tradición política española. Ciertamente no lo ha tenido fácil: históricamente la derecha española ha sido escasamente liberal y casi nada democrática, por tanto es difícil encajar sus ideas en los actuales presupuestos constitucionales y en la Europa de hoy. Difícil, pero no imposible: se podría haber utilizado a don Antonio Maura y a don José Canalejas, a Melquíades Álvarez, a Alcalá-Zamora, a Gil-Robles e, incluso, al Lerroux viejo. Y en el plano intelectual, no se debería haber desechado la tradición de la Institución Libre de Enseñanza y de los escritores del 98, pero sobre todo a Ortega y Gasset, el único gran maître à penser de nuestro siglo XX, o a algunos ex falangistas liberales del tipo Ridruejo o Laín. Pero nada, Aznar quiso, de forma errática, apropiarse de Cánovas del Castillo y de Azaña, dos extremos inconciliables y difícilmente adaptables, el primero a nuestra época, el segundo a los militantes del PP. Primer fracaso.

Tampoco el PP ha sabido apostar por una ideología clara. Se ha movido entre un sugestivo liberalismo de raíces diversas (Hayek y Friedman, Popper, Berlin, Aron), un humanismo cristiano sin referentes concretos (aunque muchos militantes se reclamen de él y se encuentren sin orientación alguna) y un conservadurismo que en los años de Fraga se sobraba este para darle contenido pero que más recientemente se inclinó de manera imprudente hacia algo tan evanescente y anecdótico como han resultado ser los neocon del equipo de Bush o los sectores más ortodoxos del episcopado. La síntesis teórica de todo ello no puede resultar muy coherente, pero el ideario de un partido debe ser lo suficientemente amplio como para que todos -militantes y votantes- puedan reconocerse en él. Tampoco nadie ha sabido hacer esta síntesis, difícil pero posible. En el plano internacional, se ha seguido también esta estela tan confusa: a pesar de que con Aznar el PP pasó a formar parte del Partido Popular Europeo, la inclinación del antiguo presidente por Blair y Bush -no por los conservadores británicos, alemanes o franceses- dio una imagen que al partido le hizo perder un perfil definido en el plano internacional.

Las divisiones de la derecha política en el mapa electoral español quizás no son atribuibles al PP, sino que este se ve condicionado por ellas. En todo caso, la competencia electoral en Catalunya y País Vasco con CiU y PNV le resta mucha fuerza al conjunto de la derecha española. Si a ello añadimos la creciente proliferación de partidos regionalistas, especialmente en Navarra, Andalucía, Galicia, Aragón, Cantabria, Baleares y Canarias, la pérdida de influencia en los parlamentos y gobiernos autonómicos socava la implantación del PP a escala nacional y refuerza casi siempre al PSOE. Probablemente, este es el problema estructural más importante que tiene hoy la derecha española. Quizás algunos lamenten ahora los fracasos del PDP de Óscar Alzaga, del CDS de Adolfo Suárez y del Partido Reformista de Miquel Roca y Antonio Garrigues, a mediados de los ochenta. Eran un necesario colchón centrista que posibilitaba un reconocimiento del pluralismo de la derecha política.

Por último, las luchas internas cainitas han desgarrado a los dos grandes partidos de la derecha española en estos treinta años. Primero a la UCD, que optó por disolverse. Hasta el férreo liderazgo de Aznar, la entonces AP tampoco pudo cuajar como un partido unido. Tras Aznar, estamos en las mismas, ello se hace más visible que nunca en estos días y dudo que Rajoy, a pesar de sus buenos propósitos, pueda resolverlo. Lo que sucede en el PP de Madrid, con repercusiones en toda España, no es una circunstancia coyuntural, sino estructural: por eso perdió en el 2004, en el 2008 y seguirá así pese a la desconfianza que infunde el Gobierno Zapatero tras sus fracasos en la legislatura pasada y en el incierto enfoque actual.

No se trata de si Esperanza o si Gallardón, o si Rajoy podrá ponerlos de acuerdo. Se trata de algo más profundo que la derecha política aún no ha resuelto: saber que es más amplia que el PP y que está desunida. Al contrario que la izquierda.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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Inmigración y cohesión social, de Montserrat Guibernau en La Vanguardia

Posted in Cultura, Derechos, Economía, Laboral, Sociedad by reggio on 29 enero, 2009

La inmigración representa el 15% de la población catalana. De 5 millones de extranjeros en España, 1.097.966 viven en Catalunya. Aunque la inmigración ha contribuido a dinamizar la economía y ha supuesto un fuerte incremento del PIB, cada día es más evidente que plantea serios retos en términos de cohesión social; una cuestión que preocupa profundamente a los países occidentales convertidos en destino de un contingente de inmigrantes de procedencia diversa en busca de mejores condiciones económicas, escapando de la miseria, la guerra o la persecución.

En Francia, Reino Unido, Holanda o EE. UU. han surgido comunidades étnicas cerradas, aisladas de la cultura social y política dominantes. Son comunidades definidas por la pobreza, la exclusión social y el resentimiento que, en algunas ocasiones, ya ha desembocado en violencia; por ejemplo, en las banlieues de París, y en Birmingham, en el Reino Unido.

Cuando en Catalunya nos planteamos cómo mantener la armonía social en una sociedad en transformación es útil examinar algunas políticas desarrolladas en otros países pioneros en la recepción de inmigrantes y la gestión de la diversidad cultural y étnica. Citaré tres modelos distintos: el “contrato laboral limitado”, la asimilación y el multiculturalismo.

En los sesenta, Alemania y Austria optaron por contratar inmigrantes por un periodo de tiempo limitado para hacer frente a la escasez de mano de obra tras la Segunda Guerra Mundial. El “trabajador invitado” (Gastarbeiter)era un miembro “temporal” de la sociedad de acogida y su integración no se planteaba. Pero cumplido el contrato, decidieron quedarse y continuaron siendo percibidos como “temporales”, creándose una brecha en la cohesión social de estos países, donde comunidades paralelas siguen coexistiendo sin llegar a integrarse. Francia apostó inicialmente por la asimilación, de forma que la aceptación del ideal republicano, la cultura y la lengua francesas garantizaban la bienvenida a los inmigrantes. También EE. UU. optó inicialmente por la asimilación a una cultura dominante definida por el “credo americano” -lengua inglesa, cultura anglosajona y gran influencia de la religión protestante- como mecanismo de integración. La asimilación de italianos, irlandeses o polacos, entre otros, respondió a este proceso.

En los ochenta se extendió el multiculturalismo como modelo ideal para regular la relación inmigrantes-autóctonos. Francia adoptó el droit à la différence. Un proceso similar hubo en EE. UU., donde el multiculturalismo se erigió en ideología dominante. Pero el nuevo milenio ha planteado el retorno a la asimilación, tanto en Francia (droit à la ressemblance) como en EE. UU., al extenderse la idea de que el multiculturalismo dificulta la cohesión social. Descubrir que se puede ser americano sin integrarse a la cultura dominante y sin hablar inglés, como demuestran millones de hispanos, ha iniciado un debate intenso sobre la identidad estadounidense.

El Reino Unido promovió activamente, e incluso financió, el multiculturalismo desde los ochenta. Pero el acceso del nuevo laborismo al poder (1997) supuso una defensa matizada de la tolerancia. La preocupación por la cohesión social saltó a la palestra al descubrirse que los autores de los atentados terroristas de Londres (julio 2005) eran ciudadanos británicos que defendían una forma de fundamentalismo islámico para justificar sus acciones. A partir de ese momento, el Gobierno se dedicó a impulsar la “identidad británica”, instaurando exámenes de lengua y cultura británicas para acceder a la ciudadanía y un juramento de lealtad a la monarca.

Ninguno de los tres modelos ofrece una solución óptima pero sí manifiesta la necesidad de establecer el equilibrio entre el respeto a la diferencia y la necesidad de un cierto grado de integración en la sociedad de acogida, de ahí el denominado “retorno del asimilacionismo”.

Preservar la cohesión social para mantener un sentimiento de solidaridad y de comunidad exige respeto a la cultura y voluntad de asumir los valores y conocer la lengua de la sociedad de acogida, sin que esto suponga renunciar a la identidad de origen.

Pero si Francia, Alemania, EE. UU. o el Reino Unido -con recursos y capacidad de regular los flujos migratorios y legislar en la materia- están preocupados por la cohesión social de sus sociedades, sus culturas y sus lenguas, ¿cuál es la situación de Catalunya? ¿Cuáles son las posibilidades de mantener la cultura y la lengua catalanas con limitadísimas competencias en inmigración y escasos recursos? Precarias, por eso es imprescindible no sólo la acción y la creatividad de la sociedad civil, sino lograr las competencias políticas y recursos que permitan una gestión de la diversidad; respetuosa con los inmigrantes pero respetuosa con la sociedad receptora, sus valores y su lengua.

MONTSERRAT GUIBERNAU, catedrática de Política, Queen Mary College y ´visiting fellow´ en el Centre for Global Governance, London School of Economics.

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Por fin habló el Tribunal Supremo, de José Antonio Marina en El Mundo

Posted in Educación by reggio on 29 enero, 2009

EDUCACION PARA LA CIUDADANIA

La campaña contra Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos ha sido desdichada. Ha creado confusión y temor en muchos padres y ha impedido un serio debate ético, que hubiera sido muy provechoso para todos. Podría haber animado a los padres a acercarse a la escuela, para ayudarnos e impartir una educación en valores que ellos mismos son los más interesados en reclamar.Pero no. Ha servido para extender la desconfianza y ha dificultado -como en el ridículo caso de la Comunidad Valenciana- la normal marcha de la asignatura. ¡Cuantas energías desperdiciadas!

Los argumentos en contra de la asignatura se resumen en dos: atenta contra el derecho de los padres a elegir la educación moral y religiosa de sus hijos; e introduce una ideología de género que a los objetores les parece peligrosa e inmoral. El Tribunal Supremo no ha encontrado nada que justifique las objeciones.En EpC explico a los alumnos lo que todos los ciudadanos deberían saber: la importancia que tiene la objeción de conciencia, porque es un último mecanismo de seguridad aceptado por las democracias avanzadas, para evitar posibles injusticias legales. Obliga a una relectura cuidadosa de las leyes, para comprobar que no ofenden injustamente las creencias morales y religiosas de los ciudadanos.Por eso ha hecho bien el Tribunal Supremo en releer cuidadosamente los decretos de esta asignatura. Y la conclusión es que no hay razones que justifiquen la objeción.

El estudio obligatorio de los derechos humanos y de las normas básicas de convivencia no atenta contra la libertad de los padres.Son valores comunes que todos tenemos que respetar. Los padres olvidan que su derecho a educar, así como la libertad de conciencia y creencia, están protegidos por la Declaración de Derechos Humanos.Son derechos que proceden de una ética universal y laica, que las religiones han tardado en admitir. No hay peligro de adoctrinamiento en una sociedad democrática, porque ésta tiene sus mecanismos de defensa. Sí lo hay, en cambio, en gobiernos dictatoriales, como el franquista, donde, por cierto, se enseñó obligatoriamente la religión católica en todos los niveles de la enseñanza.

El segundo argumento en contra se basa en la supuesta defensa de la «ideología de género», que, según algunos críticos de EpC, es obra del feminismo radical que amenaza a España. Pero la ideología de género -que no es más que la afirmación de que las diferencias entre varón y mujer son culturales, y no meramente biológicas- no figura en el currículo y, por lo tanto, no tiene nada que ver con la asignatura.

Para mí, lo más grave es que desde altas instancias religiosas se ha dicho que no corresponde a la escuela formar la conciencia de los alumnos. ¿No debemos entonces procurar que sean honrados, justos, responsables, veraces, respetuosos, no violentos, no discriminadores, no corruptos? La escuela pública debe formar buenos ciudadanos. Su obligación es, precisamente, educar una conciencia cívica responsable, crítica, ilustrada, conocedora de los derechos y también de los deberes, que reconozca los vínculos y responsabilidades sociales en una época de individualismo feroz.¿Cómo no va a ser necesaria una educación en valores cuando las encuestas nos dicen que más del 40% de los españoles creen que no hay normas morales universales y que cada cual elige las suyas?

La educación cívica es el fomento de las virtudes ciudadanas necesarias para vivir en una democracia. Y la democracia es un proyecto político profundamente ético. Cuando oigo a los objetores decir que estarían de acuerdo con que se estudiara sólo»» la Constitución, olvidan que ésta se basa en unos valores superiores, que son éticos: libertad, igualdad, justicia, pluralismo político y, dando unidad a todos, la dignidad humana.

De todo este asunto, no me duele la agresividad de ciertos medios de comunicación, sino la confusión que han provocado en muchos padres; y el perjuicio que se ha podido causar a muchos alumnos.Acabo de oír al presidente del Foro de la Familia decir que hay profesores y libros de texto que enseñan cosas diferentes del currículo. Pues entonces, que no objeten a la asignatura, sino a un profesor o a un texto. En mi caso, me gustaría que los padres me ayudaran a mejorar mis libros de EpC. Me comprometo a estudiar sus sugerencias. Pueden enviármelas a jamarina@telefonica.net. Sus hijos son lo importante. Es hora de empezar a construir.

José Antonio Marina es escritor y catedrático de Filosofía.

© Mundinteractivos, S.A.

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Una cuestión de límites, de Rafael Navarro-Valls en El Mundo

Posted in Educación by reggio on 29 enero, 2009

EDUCACION PARA LA CIUDADANIA

EL MUNDO me solicita amablemente una valoración de urgencia de la decisión del Tribunal Supremo hecha pública hace unas horas.Ciertamente, ha de ser de urgencia, dado lo escueto de la nota emitida por el TS, sin aclarar motivación alguna ni matices explicativos, salvo uno al que luego me referiré.

La cuestión fundamental que late en el debate político y jurídico que ha confluido en la sentencia del TS es la de los límites del Estado en la imposición obligatoria de contenidos educativos.En mi opinión -ya lo dije al inicio de estos tres años de debates-, el principio de intervención democrática autoriza al Estado a buscar un acuerdo constitucionalmente correcto acerca de los saberes mínimos que han de transmitirse a las nuevas generaciones.Pero cuando se da un desacuerdo razonable sobre cuál sea la mejor manera de preparar a los alumnos para participar en la vida política o asegurar su desarrollo moral. no puede el Estado decidir por sí mismo.

En estos supuestos -hace tiempo lo dijeron Charles Fried (Harvard) y Pablo da Silveira (Lovaina)-, no puede estipular, contra la voluntad de los padres, cuál sea la mejor manera de asegurar el desarrollo de las competencias morales, cívicas y políticas de las nuevas generaciones. El derecho a elegir el tipo de educación que queremos dar (o no dar) a nuestros hijos forma parte de nuestro propio derecho a elegir una concepción del bien y a ponerla en práctica, sin sufrir la interferencia de los poderes públicos.

Esta fue la contundente postura del Tribunal Supremo estadounidense en el caso Wisconsin versus Yoder: «El interés del Estado por la escolarización obligatoria debe ceder ante la libertad de los padres para marcar la orientación moral de sus hijos». Postura también presente en el subsconsciente jurídico de Europa, ya que la Carta de Derechos fundamentales de la Unión Europea (artículo 14) garantiza «el derecho de los padres a asegurar la educación y enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas».

De ahí que, de entrada, sorprenda la decisión del TS español al obviar sólidos planteamientos jurídicos y de conciencia. Me da la impresión de que, en la delicada operación de ponderar conflictos de intereses entre aquellos dos segmentos de la Constitución en los que, respectivamente, se inserta un derecho fundamental (el de los padres de determinar la formación religiosa y moral de sus hijos) y un factor competencial (el del Estado de hacer una programación general de la enseñanza), se ha decantado por un principio organizativo sobre un derecho fundamental.

Consciente de ello -y este es el matiz que ha dejado entrever en la nota a la que antes me referí-, ha dejado la puerta abierta a que, en el futuro, se puedan suscitar de nuevo objeciones de conciencia, sustentadas en planteamientos jurídicos diferentes a los ahora examinados, lo cual es buena muestra de la indefinición que en la actualidad se detecta en los contenidos de la asignatura.

El desenfoque en que, en mi opinión, incide la sentencia es no haber analizado detenidamente la lesión que esta inseguridad jurídica provoca en el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus propias convicciones. Probablemente -habrá que comprobarlo en la redacción de la sentencia-, el TS se ha centrado en si existe en las normas examinadas un afán «indoctrinador» por parte del Estado. Al concluir, en la opinión de una mayoría de magistrados, que no es posible demostrarlo, ha entendido que no se conculca el artículo 27 de la Constitución ni el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Pero esto no es estrictamente exacto.El Convenio Europeo y la Constitución lo que exigen es que el Estado respete las convicciones de los padres, sin que haya la menor referencia a la finalidad perseguida por la organización pública del sistema de enseñanza.

En fin, creo que nos encontramos con lo que viene llamándose una «sentencia interpretativa», que, si abre la puerta a argumentaciones de cierta altura jurídica, no siempre deja definitivamente cerrado el asunto litigioso. Veremos lo que sucede en posteriores recursos o instancias.

Rafael Navarro-Valls es catedrático de la Universidad Complutense y coautor del libro Las objeciones de conciencia en el Derecho español y comparado.

© Mundinteractivos, S.A.

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¿Zapatero 2-Municipios 1?, de Joan Subirats en El País de Cataluña

Posted in Política by reggio on 29 enero, 2009

El pasado fin de semana se cerró el plazo para que los municipios españoles presentaran sus proyectos para beneficiarse del Fondo Estatal de Inversión Local. Este fondo es una de las medidas estrella y más directas del Gobierno de Zapatero para combatir la crisis y el desempleo, con una dotación de 8.000 millones de euros con los que se piensan generar unos 400.000 empleos, entre directos e indirectos. La acogida ha sido entusiasta. Los 31.000 proyectos pendientes de valorar han sido presentados por la práctica totalidad de los ayuntamientos españoles. Sólo cinco de los 8.112 municipios no han acudido a la convocatoria: un triunfo a la búlgara. No sabemos si el éxito y la buena acogida se deben al acierto de la medida o más bien reflejan la patética situación en que se encuentran las finanzas municipales en buena parte del país. Lo cierto es que a nadie le amarga un dulce. Es importante destacar que los 8.000 millones dedicados a este plan extraordinario duplican los fondos estatales previstos para los municipios en los Presupuestos Generales de 2009. De hecho, la Federación de Municipios y Provincias llevaba mucho tiempo reclamando que se incluyera a los gobiernos locales en el debate de financiación entre Administración central y comunidades autónomas, y buenas palabras al margen, lo cierto es que las previsiones presupuestarias de 2009 dedicadas a los municipios rebajaban lo que se había obtenido en el año 2008. Y de pronto, como si el Gobierno de Zapatero hubiera recibido una señal del cielo, en el último Consejo de Ministros del pasado mes de noviembre se anunció la lluvia de millones a los ayuntamientos.

Es evidente que la alternativa adoptada por el Ejecutivo resulta a todas luces inteligente. Por una parte, articula una medida generalizable a todo el conjunto del país, a la que puede acogerse si quiere cualquier municipio, sea cual sea la fuerza política gobernante. Ergo, difícilmente van los partidos de la oposición a enfrentarse a una medida que beneficia directamente a la capacidad de ejecutar proyectos y realizar mejoras del conjunto de los gobiernos locales del país, desde los gobernados por el PP hasta los liderados por ANV. Por otra parte, las condiciones exigidas para presentarse a la convocatoria aseguran una ejecución rápida y, por tanto, se pueden obtener en pocos meses efectos significativos en empleos generados, sin que el Ejecutivo se despeine. Mientras, en cambio, los más de 30.000 millones de euros previstos en infraestructuras de gran calado, cuya responsabilidad recae directamente en el Gobierno central, incorporan una complejidad tal en su licitación y contratación, que sólo podremos valorar su conveniencia a partir de 2010 o 2011. Evidentemente, en caso de que las cosas no funcionen, el Gobierno del Estado no tiene por qué sentirse responsable. La buena obra está hecha, la oportunidad servida, y en todo caso, lo que puede fallar es la capacidad de los municipios de aprovechar la operación. Una de las condiciones que obligatoriamente deberán cumplir los municipios es colocar un cartel en cada obra que ejecuten a cargo de los fondos mencionados, en el que se haga constar que la obra es posible gracias al “Gobierno de España”. Finalmente, el Gobierno del Estado sigue los consejos de expertos progresistas de todo el mundo, liderados por Paul Krugman, que aconsejan utilizar la capacidad inversora de los poderes públicos para invertir en empleos y en proyectos enraizados localmente, que generen sinergias positivas y difícilmente deslocalizables.

Los municipios tampoco pueden quejarse. Peor no están. Siguen con sus problemas endémicos de subfinanciación, de un minifundismo técnico y administrativo que, si tienen menos de 25.000 habitantes, los sitúa en una clara inferioridad técnica y de capacidad de implementación con relación a otros municipios de mayor tamaño y con mejor estructura de gestión. Pero al menos ahora tienen dinero fresco e imprevisto para hacer cosas en mitad de su legislatura que seguro que, de hacerlas mínimamente bien, los sitúan en mejor posición que antes para la reelección. El problema es averiguar si muchos tienen la capacidad de gastar en tiempo y forma lo que se les ha concedido. No tenemos aún datos concretos sobre el tipo de proyectos presentados, pero las restricciones de la convocatoria (proyectos de un máximo de cinco millones, vinculados a tamaño de población y que ya estuvieran mínimamente pensados para afrontar la urgencia) auguran que encontraremos de todo y mucho. Seguro que hay mucha vialidad, mejora de espacios públicos, eliminación de fronteras para discapacitados y pequeñas obras o mejoras en infraestructuras. Oía el otro día al alcalde de Zugarramurdi, en Navarra, a quien llamaron como representante de uno de los cinco municipios que no presentaron proyecto alguno a la convocatoria, afirmando que sí lo habían presentado y que el problema probablemente era administrativo. Al ser un pueblo de 200 habitantes, les correspondían 39.000 euros, cantidad que pensaban invertir en mejorar su centro de asistencia médica. Pero L’Hospitalet de Llobregat ha anunciado que gracias a los recursos obtenidos se acabarán las barreras urbanísticas para los discapacitados. En casi todas partes el plan de Zapatero ha sido recibido en forma de “solución busca problema” y, evidentemente, nadie ha perdido mucho tiempo pensando si les convenía o no aceptar la lluvia de euros que les correspondía.

Deberíamos ir un poco más allá de la coyuntura y pensar si a medio plazo esta medida resuelve los problemas estructurales que padecen desde hace décadas los municipios españoles que celebran este año su 30º aniversario de democracia. El problema es estructural y no se resuelve con una lluvia de millones que quizá no reaparezca en 2010. Tanto el Gobierno central como los gobiernos autónomos (incluido el catalán, tan aparentemente municipalista) mantienen a los gobiernos locales en una posición de minoría de edad permanente. La lógica es clara: “Sois pobres y lo seguiréis siendo, pero gracias a nosotros vais a subsistir a base de subvenciones, siempre que vuestro comportamiento sea el correcto”. Al final, 8.000 millones de euros gastados por una causa noble, como es la búsqueda de respuestas a la crisis y el desempleo, convierten a todos en ganadores.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

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Lejos de Davos, de Lluís Bassets en El País

Posted in Economía, Política by reggio on 29 enero, 2009

Una semana. Quizás sólo las primeras cien horas. Muy poco tiempo ha bastado para que Estados Unidos regresara al mundo real. Con la fachada revocada por una impecable operación de imagen realizada durante la campaña electoral, y ahora con todos los andamios desplegados para reparar a fondo el edificio, en muy pocos días, en horas, se ha empezado a notar que hay vida en esta mansión inmensa y poderosa, y que lo que hagan sus moradores despierta la máxima atención y vuelve a ser decisivo para toda la aldea global. El vacío de poder se ha terminado. La ventana de oportunidad, o de los oportunistas, por la que se han colado unos cuantos durante estos últimos meses, notablemente el mejor atisbador de ellas que hay en estos momentos en la política mundial como es Nicolas Sarkozy, ha quedado cerrada desde que Barack Obama ha tomado las riendas. Gordon Brown vuelve a sus horas bajas, después de aparecer como el ideólogo de la salvación financiera. El presidente francés se muerde los puños de celos ante las numerosas portadas y telediarios que se lleva el afroamericano. Israel ya retiró sus carros de combate de Gaza y deberá calcular muy bien los pasos que se atreva a dar ahora. Y por una extraña ley de los vasos comunicantes los que bajaban hace unas semanas, Angela Merkel por ejemplo, suben cuando regresa el normal estado de las cosas.

La Casa Blanca lleva ya la velocidad de crucero en cuanto a decisiones y a rectificaciones, por lo que puede decirse que en propiedad la transición toca a su fin. El paquete de nuevas medidas tomadas desde la erupción de entusiasmo patriótico del gélido 4 de noviembre es ya muy abultado. Quienes se empeñan, a derecha e izquierda (más bien extremas), en decir que nada ha cambiado, que EE UU es una potencia inmutable y conservadora y que Obama terminará haciendo la política de Bush, pueden ir tomando nota. Prohibición de la tortura y de las cárceles secretas, cierre de Guantánamo dentro de un año, limitaciones para los lobbistas, implantación de normas de transparencia en la Casa Blanca, anulación de prohibiciones sobre investigación de células madre, reanudación de subvenciones a las ONG dedicadas a la planificación familiar, cambio de 180 grados en medio ambiente, lanzamiento de la nueva política exterior, y finalmente una intensa negociación para sacar el paquete de estímulo económico en pocos días, en la primera prueba sobre cómo funcionará la correlación de fuerzas entre la Casa Blanca y el Capitolio. Estos arranques de caballo siciliano no se producen sin fricciones: las ha habido ya con la prensa, y el presidente ha demostrado su carácter y su dureza. No será un presidente fácil ni amable cuando lleguen los momentos difíciles.

Como corolario de este arranque espectacular, insólito desde hace 70 años, el Gobierno norteamericano ha reducido al mínimo su presencia en Davos, plataforma ideal durante años para acompañar su acción diplomática oficial: está demasiado ocupado. Los congresistas tendrán que conformarse con que Valerie Jarrett, la consejera y amiga del presidente, rivalice con Wen Jiabao, Putin o Gordon Brown. La agenda de Davos e incluso algunas de sus discusiones pertenecen a la fase de la transición presidencial, al momento del vacío de poder. A diferencia de EE UU, Rusia y China defienden sus puntos de vista al máximo nivel, muy adecuado al mundo multipolar que tanto había avanzado en la última etapa de Bush. También se esperan guiños y mensajes dirigidos a la nueva Administración. En el nuevo mapa no se sabe muy bien todavía qué papel jugarán esos EE UU obámicos, abiertamente multilateralistas pero con clara vocación de reinventar el liderazgo norteamericano.

Quien está produciendo noticias estos días es Obama. El Foro Económico Mundial, como máximo, podrá reflejar un poco del fulgor que surge de la otra orilla atlántica. Y a pesar de esto costará porque hay demasiadas malas noticias como para mantener la cabeza fría. Se ha pasado de la exuberancia irracional a la desesperación irracional, según el reportero de la BBC Tim Weber. El presidente del foro, Klaus Schwab, ha evocado el sanatorio para enfermos de tuberculosis donde Thomas Mann situó su Montaña mágica para pedir una cura para los problemas del mundo. A juzgar por estos debates alpinos, el sanatorio debería ser mental, para tratar este caso de depresión y desorientación profundas, que aqueja a empresarios, economistas y políticos. Davos ha sido siempre un excelente observatorio, un promontorio para augures y gurús dispuestos a vaticinar el destino del universo económico. Es también cancha de juego, donde se discute y negocia, a veces incluso se concluye, como ha sucedido en varias ocasiones en su historia. Pero este año, sin el principal jugador y con el síndrome depresivo encima, es dudoso que adquiera un relumbre especial o consiga crear nuevos y decisivos consensos. Davos mira a Washington, a la espera de su entrada en juego; pero Washington no mira por el momento a Davos. Costará poner los relojes a hora antes de que empiece el juego de nuevo.

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Las cuentas claras del Santander, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 29 enero, 2009

Menudas 24 horas que nos ha dado el Santander. Nos acostamos el martes con la Operación Madoff encima de la mesa y almorzamos el miércoles con el anuncio precipitado de la línea principal de su cuenta de resultados. Y, de por medio, unos resultados del BBVA que, morosidad aparte, son sorprendentemente buenos en lo que a los parámetros principales de negocio se refiere: margen de intermediación, margen básico y margen ordinario. No sólo mejora los diferenciales de la actividad recurrente sino que logra, sorpresa sorpresa, mantener las comisiones netas, uno de los elementos más cíclicos de cualquier cuenta de resultados bancaria. Veremos a ver la capacidad de aguante en 2009 donde el balance y su gestión van a jugar un papel esencial. Por encima incluso del propio beneficio atribuible. Servidor, que ha sido crítico con los vaivenes de gestión de la entidad, su pesada apuesta estructural por la innovación y la transformación y la tardía compra de Compass ha de reconocer que, salvo el último de los elementos, en lo demás su atonía directiva se ha probado acertada. Otra cosa es que el mercado discrimine, que no lo hace, y que sea inevitable, como parece, que antes o después tenga que acudir al recurso del mercado para consolidar su solvencia. El deterioro económico es muy rápido y afectará por igual a empresas (deterioro sustancial de la capacidad de utilización que invita a plegar velas) y ciudadanos (desempleo).

Pero indudablemente la gran estrella de estas particulares 24 horas de la banca española ha sido el Santander. En primer lugar, por el intento precipitado de cierre del Caso Madoff que se había convertido, aparentemente, en la única alternativa posible para evitar que la Rebelión en la Granja que se vio en la Junta fuera a mayores, por una parte, y para tratar de cubrir las posibles responsabilidades penales del equipo gestor, por otra. Lo que ha demostrado, en cualquier caso, la entidad cántabra es que el último principio fijado por el gorrino Napoleón en el Animal Farm de George Orwell sigue vigente intrínsecamente en la filosofía de la firma: “todos los animales son iguales; pero unos son más iguales que otros”. Entiendan, por favor, que es una metáfora. Esa es la interpretación que dan igualmente los abogados de Cremades y Calvo Sotelo que llevan la causa de unos cuantos afectados, según se desprende de la comunicación pública que ayer hicieron. De ahí que no haya nada definitivo y que, por el contrario, haya que esperar hasta el 5 de febrero para ver cuáles de los damnificados se apuntan a la oferta de Botín y compañía y qué ocurre después. Claro que ya tiene delito que una firma jurídica de la categoría que se supone a la mencionada caiga en un error demagógico de parvulario al criticar al banco por provisionar sólo 500 millones de los 2.330 de pérdida reconocidos, cuando dicho cargo se refiere tan sólo a las preferentes emitidas y son el resultado de traer a valor presente el importe de las mismas, que asciende a 1.380 millones de euros.

De hecho, esta sencilla operación financiera nos revela un dato extraordinariamente interesante y es cómo el Santander valora el coste de sus recursos propios: al 10,68% (habría que matizar algo, pero poco, no tratándose de acciones ordinarias). No está mal para como está el patio. Más allá de su utilización para la determinación del coste medio ponderado de capital, junto con lo que la sociedad paga por la financiación minorista y por la deuda mayorista, se trata de un elemento conceptualmente interesante ya que determina el retorno mínimo que teóricamente cualquier inversor exige por meter su dinero en el banco y no en otra entidad. Por debajo de ese umbral esperado la inversión no compensaría los riesgos asumidos, al menos sobre el papel. Sería la otra cara del RoE, Return on Equity, tan cuestionado estos días en el sector bancario debido a que gran parte de las maravillosas cifras dadas a conocer en los últimos años se debían a unos insostenibles R o beneficios y a una insuficiente E o solvencia. Salvo en banca minorista, de hecho, para servidor este es un ratio muerto salvo reconversión industrial creíble, cosa que habrá que ver. En cualquier caso, siempre el coste del capital es superior al de la deuda toda vez que la situación del propietario es más vulnerable que la del acreedor, riesgo que se compensa con una potencial mayor rentabilidad.

Dicho rendimiento se puede obtener a través de dos vías: revalorización y dividendo. Es decir plusvalía y cupón anual, si es que existe, a las que se podría añadir, algo que no se da normalmente en el sector bancario, las recompras de acciones para amortizarlas que permiten distribuir el mismo resultado entre menos valores aumentándose por tanto, la cuota individual que corresponde a cada una. Lo contrario a lo que ocurre cuando se produce una ampliación de capital, siendo esto lo que conocemos como dilución. Precisamente para evitar cualquier confusión el Santander habla tanto de pay out o porcentaje del beneficio destinado a remunerar al accionista como de una cuantía fija, de 0,65 euros por acción con cargo a 2008. Muerto el perro se acabó la rabia. Lo que resulta cuando menos curioso es que el coste de capital arriba mencionado se aproxime sospechosamente con la promesa de pago realizada por la firma a sus propietarios. Al cierre del martes, 5,75 euros, el dividend yield ofrecida era del 11,30% antes de impuestos que se quedó en un 9,96% al final de la sesión de ayer. Suponiendo, que a estas alturas de la película de terror financiero que estamos viviendo no deja de ser un arduo suponer, que Botín decide mantener dividendo, el mensaje está claro: a los precios actuales el riesgo de la entidad lo cubro con el pago anual y, sobre la cotización, Dios dirá. Todo es pura contabilidad, error garrafal de los reguladores en la crisis actual, hasta que se produce la venta. Es así.

Todo lo cual para concluir que lo que hizo ayer el Banco de Santander no es sino un profit warning en toda regla. Es la única definición decente para calificar el hecho de que una empresa cotizada en bolsa se aleje de los objetivos que inicialmente tenía fijados. Se puede argüir que se debe a factores imponderables. Bien, en el sueldo de los ejecutivos va también ese riesgo. El carácter extraordinario de los elementos que afectan negativa o positivamente a la cuenta de resultados no exime en ningún caso la responsabilidad colectiva de los gestores sobre la misma. Y más en supuestos que dependen de su pericia profesional como es el del caso Madoff. Dicho esto, casi 9.000 millones de euros en el escenario en el que nos movemos en estos meses, no deja de ser una cifra espectacular ante la que no hay que dejar de quitarse el sombrero. Ojalá que no fuera un mero Carpe Diem, aprovecha el momento que la cosa pinta malita. Pero parece que sí. A mi juicio el Santander ha leído mal la desaceleración cíclica, que va a ser más larga y profunda de lo que piensa, se ha precipitado en determinadas compras que aumentan su exposición a países especialmente vulnerables en el espectro residencial, ha errado parcialmente el tiro estratégico en los últimos años con su apuesta por la financiación al consumo y depende en exceso de un Brasil donde la divisa, pese a que tiene su inversión en libros cubierta, no pasa por su mejor momento, señal de desconfianza. En cualquier caso, disfrutemos del espejismo y, si finalmente no lo es, les aseguro que seré el primero en alegrarme.

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¿Es la Unión Europea una gran unión política o una laxa asociación de naciones?, de Ramón Tamames en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 29 enero, 2009

Y II. Un plan anticrisis comunitario… y veintisiete posibles variantes

En la miniserie para ESTRELLA DIGITAL que iniciamos el pasado jueves 22 y que hoy termina ya tuvimos ocasión de abordar la sucesión de encuentros que se produjeron durante el 2008 entre los Estados miembros de la UE, y a escala más reducida en la Eurozona, en el intento de disponer al menos de una caja de herramientas, como útiles de política económica para contrarrestar los efectos de la crisis.

Además, y hoy nos referimos a ello, se exploró la posibilidad de un programa común, a partir de la reunión de Bruselas del 26 de noviembre del 2008, tras la Conferencia del G-20 celebrada en Washington el 15 del mismo mes.

En ese nuevo encuentro, el presidente de la Comisión Europea cifró el monto del Plan de Recuperación Económica de la UE-27 en unos 200.000 millones de euros, equivalentes al 1,5 por ciento del PIB de toda la Unión. Y de esta cuantía, 170.000 millones se estimó que deberían aportarse por los Estados miembros a través de recortes fiscales reactivadores del consumo, e inversiones públicas para fomentar el empleo. Los restantes 30.000 procederían de fondos estructurales comunitarios para actuaciones europeas de interés para dos o más países de la Unión.

Según explicó Durão Barroso, presidente de la Comisión, la mayor parte de las medidas previstas en el plan se pondrían en marcha a principios del 2009, y se aplicarían hasta el 2010. En todo caso, se trataría de ajustes coherentes con la Estrategia de Lisboa-2000, que la UE adoptó ese año para impulsar el crecimiento y el empleo, basándose, entre otras cosas, en las nuevas tecnologías y en la innovación.

En Bruselas se abogó también por aumentar los recursos a efectos de ampliación del periodo de paro como consecuencia eventual de una prolongación de la crisis, así como la inversión en infraestructuras. Igualmente se plantearon fórmulas para compensar la caída de la recaudación fiscal en los países más afectados.

Sin embargo, en el encuentro del 26 de noviembre no se llegó a un acuerdo definitivo, por la resistencia de Alemania a entrar en un proceso intervencionista. Pero los ánimos para ese rechazo fueron decayendo por el deterioro de la economía de la propia República Federal, y también por la presión de los socialdemócratas dentro del Gobierno de coalición de Angela Merkel.

Así las cosas, el 12 de diciembre del 2008 se alcanzó un acuerdo en el que por lo menos en cierto ámbito los keynesianos del Reino Unido y Francia aparcaron sus rencillas con los neoliberales germanos y de algunos países de la más reciente incorporación del Este. Un consenso al que solamente se llegó sobre todo porque en el fondo no acabó siendo un plan comunitario.

Está claro, a la vista de lo que hemos visto en el anterior artículo y en éste, que la UE no termina por encontrar su propia senda, ni es previsible en los próximos tiempos que pueda balizar el curso a seguir. En parte porque se ha alcanzado una dimensión tal de la UE-27, que resulta muy difícil definir el área secante de planteamientos de la casi treintena de Estados miembros para delimitar un repertorio de instrumentos válido a escala comunitaria y aún más para la Eurozona. En relación con ese desconcierto comunitario, pesa mucho, no solamente la aludida dimensión alcanzada, sino también la americanización del Este europeo, y la continuidad del Reino Unido, más en la órbita de Washington que de Bruselas. Aunque todo es o puede experimentar cambios importantes como consecuencia de la propia crisis.

Termino este segundo artículo de la miniserie, al volver del Campus de Móstoles de la Universidad Rey Juan Carlos, donde estuve en la colación del grado de Doctor Honoris Causa a favor de Rodrigo Rato. Quien entre otras muchas cosas interesantes recordó que la UE es muy criticada por su falta de decisiones y de organización. Pero -se preguntó- ¿qué otra área supranacional tiene las capacidades que ya ha conquistado la UE? Pues puede tener, al menos una parte de la razón, el Doctor Don Rodrigo.

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Moderando expectativas, de Augusto Zamora R. en Público

Posted in Economía, Política by reggio on 29 enero, 2009

Anchas y caudalosas expectativas circundan al ya presidente demócrata Barack Obama. En EEUU, su toma de posesión adquirió carácter ritual, como si un nuevo mundo fuera a surgir de la Casa Blanca a partir del 20 de enero. Pero no ocurrirá tal. El propio Obama ha indicado la perspectiva adecuada, al designar un gabinete de color “clintoniano”, empezando por su secretaria de Estado, Hillary Clinton. Por demás, no ha sido Obama el único presidente en despertar expectativas enormes con su elección. La historia ayuda a atemperar ánimos y poner hielo a las expectativas.En 1913, tras varios gobiernos republicanos, ganó la presidencia el demócrata Woodrow Wilson quien, durante su campaña electoral, había criticado duramente la violenta política exterior de sus predecesores, esto es, el gran garrote de Teddy Roosevelt y la diplomacia del dólar de Howard Taft. No obstante los discursos, Wilson fue el presidente más intervencionista de EEUU. Envió tropas a México e invadió Nicaragua, Haití, República Dominicana y Cuba, intervino en China y participó en la coalición que invadió la Rusia soviética, donde soldados estadounidenses combatieron de 1918 a 1920. Wilson llevó –tardíamente, es cierto– a EEUU a la Primera Guerra Mundial, pero fue el republicano Calvin Coolidge quien auspició el pacto de renuncia a la guerra de 1928, primero que condenaba el recurso a la violencia.

El sucesor de Franklin D. Roosevelt, el también demócrata Harry Truman, posee el dudoso honor de ser el único presidente que ha ordenado el uso del arma atómica, contra Hiroshima y Nagasaki, en 1945. Truman intervino en la guerra civil griega, en 1947, y llevó a EEUU a la guerra en Corea en 1950. Bajo su mando se inició la Guerra Fría y se creó el cinturón de fuego que rodeó a la Unión Soviética, con una serie de tratados militares del que sólo sobreviven la OTAN y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), aunque el TIAR está, hoy, enterrado de facto.

Hay quienes quieren ver en Obama un nuevo John F. Kennedy. Kennedy ha sido, sin duda, el presidente más popular desde Franklin D. Roosevelt; pero Kennedy inició la intervención estadounidense en Vietnam, en 1961, aprobó la Doctrina de la Seguridad Nacional (que llenó América Latina de dictaduras fascistas, exiliados y cadáveres), ordenó la invasión de Bahía de Cochinos (o Playa Girón) en 1963 e impuso el bloqueo contra Cuba, elevado desde entonces a dogma de política exterior en EEUU. Con Lyndon Johnson, también demócrata, la cifra de soldados estadounidenses en Vietnam alcanzó, en 1966, el millón y medio de hombres, y la guerra adquirió su mayor extensión. Johnson ordenó también invadir República Dominicana en 1965.

El republicano Richard Nixon llenó Latinoamérica de dictaduras atroces, pero firmó la paz en Vietnam y retiró sus soldados de Indochina. El demócrata Bill Clinton, ordenó invadir Haití en 1994 y atacar Yugoslavia en 1999. Dispuso, además, bombardeos contra Sudán y Afganistán y los mayores sobre Irak. Suya fue la decisión de convertir en ocupación la misión humanitaria en Somalia, en 1993, que terminó en desastre.

Por otra parte, el complejo militar-industrial (sobre el que advirtió el presidente Dwight Eisenhower), mueve unos 950.000 millones de dólares anuales. Demasiados millones para que su manejo pueda ser puestos en solfa por una persona, por muy presidente que sea. Creer que Obama terminará las guerras en Irak y Afganistán, pondrá fin al “escudo antimisiles”, reducirá el inmenso gasto militar y hará renacer a la ONU es conocer poco los entresijos del poder en ese país. Los intereses del complejo militar-industrial son casi sagrados y en ello concuerdan demócratas y republicanos. Distinto menester es la política interior. En el ámbito doméstico las diferencias pueden ser muy notables, sobre todo en campos como seguridad social, trabajo o impuestos.

Obama, como Kennedy en 1960, recibe un país en crisis. La diferencia es de grado. Kennedy enfrentó una recesión que solventó sin problemas. En 1960 EEUU era el 45% de la economía mundial y su hegemonía económica era casi total. Obama recibe un poder imperial en franco declive. La economía estadounidense es apenas el 19% de la economía global y su crack financiero es colosal. EEUU necesita del mundo para salvar su economía y el mundo debe auxiliarlo para evitar que la actual crisis termine en catástrofe. Kennedy tenía como único rival a la URSS. A Obama le sobran, como China (sin cuyas reservas se asfixiaría), India y Rusia. La UE y Japón son, a la vez, aliados estratégicos y rivales económicos, comerciales y tecnológicos. Latinoamérica no es la obediente de Kennedy, sino una región gobernada por una mayoría abrumadora de gobiernos progresistas y de izquierda, más lejos de EEUU y más cerca de China. Kennedy, en fin, iniciaba con muchos recursos económicos una guerra en Vietnam; Obama recibe dos, en Irak y Afganistán, con el país en virtual bancarrota.

La tarea esencial del presidente Obama no será tanto la imposible de restablecer un poder imperial que ya no existe, sino administrar, de la mejor manera posible, la decadencia de EEUU, de forma que le permita a su país conservar un máximo de poder, desde la dura realidad de que será un poder disputado por aliados y no aliados. Obama pasará a la historia no sólo por ser el primer presidente “negro” de EEUU. Lo hará por haber sido el presidente que inaugure oficialmente el mundo multipolar y entierre el sueño de un siglo XXI estadounidense. Un siglo nacido con el sello made in China.

Augusto Zamora es Profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid

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La URSS, Afganistán y el prosovietismo de los años ochenta en Catalunya, de Salvador López Arnal en Rebelión

Posted in Historia, Internacional, Política by reggio on 29 enero, 2009

Durante el siglo XX Afganistán ha estado en el punto de mira y atención de las grandes potencias occidentales por su situación geoestratégica, por ser país lindante con la Unión Soviética. Ya en 1950, en la revista norteamericana Current History, se señalaba: “Uno de los motivos por los que América [Estados Unidos] le interesa Afganistán es la probable significación futura de este país como plaza de armas para agredir a Rusia [Unión Soviética]”. Antes incluso, en abril de 1949, la revista inglesa Contemporary Review apuntaba que posiblemente Afganistán adquiriera una importancia análoga a la que entonces tenían los países lindantes “con el telón de acero de Europa”. En su edición de 1 de junio de 1955, el New York Herald Tribune sostenía igualmente que eran pocas las regiones del mundo que tuvieran más interés para los expertos militares y políticos estadounidenses que Afganistán.Rebelión editó el pasado sábado 24 de enero de 2009 un artículo de Vicenç Navarro sobre “Las raíces de la guerra de Afganistán” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=79600) publicado previamente en Sistema, una revista de teoría social próxima a una de las familias del PSOE, donde nuevamente se hacía referencia a la historia del país afgano. Deseo detenerme en una parte de su relato y de su argumentación, la relacionada con las razones de la intervención militar de la URSS a finales de 1979, a la que añadiré algunas informaciones complementarias.

Antes de ello vale la pena recordar que Vicenç Navarro no ha militado nunca o cuanto menos no lo ha hecho desde hace más de 25 años en organizaciones sindicales o políticas herederas o influenciadas por la III Internacional, mucho menos por la IV. El profesor Navarro transita, en ocasiones con mucha intensidad militante, en el ámbito de la socialdemocracia o lugares afines, una socialdemocracia que, si bien no cree posible superar el marco civilizatorio capitalista en un plazo de tiempo políticamente efectivo, cree en cambio urgente defender y ahondar en el denominado Estado de bienestar; atender, cuidar y dotar las aristas más sociales de la Administración pública; colocar y manejar con coraje unas bridas muy ajustadas para las actuaciones del mercado y de sus mercaderes más destacados, conjeturando, teorizando en sus buenos momentos que no son el conjunto vacío, que acaso esa serie de medidas, y otras actuaciones complementarias, vayan debilitando sustantivamente, poco a poco pero eficazmente, el modo de producción y vida mercantil-capitalista posibilitando la explícitamente deseada irrupción de nuevas formas de cooperación social y económica.

Vicenç Navarro, por lo demás, no es ningún intelectual marginal. Es catedrático de salud pública en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y es igualmente catedrático, o lo ha sido hasta hace muy poco, de la Universidad Johns Hopkins, una institución privada de Baltimore, Maryland, fundada el 22 de febrero de 1876. Allí, en Estados Unidos, han sido alumnos de él, y colaboradores en momentos posteriores, científicos naturales y sociales de la talla de Joan Benach, uno de los grandes especialistas mundiales en asuntos de salud pública, amén de una mente ennoblecida y enrojecida.

Navarro recordaba en el artículo referenciado que el nuevo Presidente de EE.UU desea pedir a sus aliados de la OTAN que aumenten su contribución a la guerra en Afganistán. Dado que España es parte de la OTAN -mediante referéndum ratificador convocado y manipulado por el PSOE-, es bueno, incluso necesario, señalaba el profesor de la Pompeu Fabra, que la ciudadanía conozca brevemente la historia de aquel país.

Una de las primeras veces que Afganistán apareció en los medios de información españoles fue en los años ochenta, “cuando tales medios se refirieron a la intervención de EE.UU. para parar la invasión de aquel país por parte de la Unión Soviética”. Afganistán corría el peligro, se dijo, de transformarse en otra colonia del imperio soviético, lo que fue impedido por la intervención usamericana en apoyo a “las fuerzas de liberación” que luchaban en contra de un gobierno satélite de la dirección política de la Unión Soviética. Las reflexiones de los entonces llamados nuevos filósofos franceses –destacadamente de Bernard-Henry Lévy o André Glucksmann- coincidían punto por punto con lo apuntado. La segunda vez que Afganistán apareció en tales medios, prosigue Vicenç Navarro, fue un mes después del ataque a las Torres Gemelas. Las fuerzas armadas estadounidenses atacaron el régimen talibán, sin autorización previa de la ONU, provocando su caída y sustitución por virreyes y gobiernos designados por el mando imperial

Hasta aquí la versión oficial, señala Navarro, reproducida en los medios de información y persuasión españoles. Pero tales versiones -y muy en particular la primera, en esta nos detenemos- no se corresponden con la realidad. ¿Qué pasó en Afganistán a finales de los setenta?

1.El 27 de marzo de 1919, mientras se desarrollaba la tercera guerra anglo-afgana (del 3 de mayo al 3 de junio de 1919), en plena guerra contra el terror blanco, el gobierno soviético fue el primer gobierno en el mundo que reconoció la independencia y soberanía de Afganistán. Al término de esta guerra, Gran Bretaña se vio obligada a firmar un tratado de paz, reconociendo por primera vez la independencia de Afganistán, aunque los británicos exigieron reiteradamente la ruptura de relaciones diplomáticas entre Afganistán y la URSS -en 1923 presentaron a la URSS el “ultimátum de Curzón”, una de cuyas principales exigencias era revocar el personal diplomático soviético en Afganistán- y en enero de 1929, Bachha-i-Saqao ocupó Kabul, derrocando el Gobierno legítimo y se proclamó emir de Afganistán con al apoyo y financiamiento del imperio británico.

Sin embargo, en junio de 1955 se firmó el acuerdo soviético-afgano sobre tránsito comercial: las mercancías de Afganistán podían transitar libremente, exentas de derechos aduaneros, por territorio soviético con destino a terceros países. Por esas mismas fechas, el gobierno de Afganistán pidió ayuda para ampliar sus fuerzas armadas al gobierno soviético, que envió asesores y instructores militares a este país.

2. Afganistán, en todo caso, uno de los países más pobres del mundo, estuvo regido hasta la década de los ‘70 por un sistema feudal, gobernado por una monarquía, “en el que el 75% de la tierra era propiedad del 3% de la población rural”.

3. En los ‘70 las fuerzas opositoras a aquel régimen feudal fundaron un Partido, el Democrático Popular (PDP), que lideró la resistencia. El movimiento forzó el derrocamiento de la Monarquía en 1973, siendo sustituida por un gobierno que fue igualmente ineficaz, corrupto, autocrático y poco popular. El PDP acumuló fuerza para exigir la destitución y abdicación del Rey pero no tuvo entonces suficiente energía para cambiar las características esenciales del sistema político afgano.

4. Sin embargo, la insatisfacción con situación alcanzó tal nivel que en 1978 las movilizaciones populares forzaron la dimisión del gobierno. Una parte del Ejército no sólo no reprimió las movilizaciones sino que las apoyó, estableciéndose el primer gobierno popular en la historia de Afganistán dirigido por el PDP y liderado por un poeta y novelista, Noor Mohammed Taraki, el denominado “Gabriel García Márquez de Afganistán”.

5. El PDP, señala Navarro, inició gran número de reformas incluyendo la legalización de los sindicatos, el establecimiento de un salario mínimo, una fiscalidad progresiva, una campaña de alfabetización y reformas en las áreas sanitarias y de salud pública que facilitaron el acceso de la población a tales servicios. En las áreas rurales, facilitó el establecimiento de cooperativas agrícolas.

    Una reforma que también tuvo un enorme impacto fue la de favorecer la liberación de la mujer, abriendo la educación pública a las niñas además de a los niños, y facilitando la integración de la mujer al mercado de trabajo y a la universidad.

Algunas mujeres ocuparon puestos gubernamentales y siete de ellas fueron elegidas miembros al Parlamento afgano. Las mujeres, que viajaban libremente, llegaron a constituir el 57% de los estudiantes universitarios del país.

6. El gobierno, por lo demás, eliminó también el cultivo del opio. Afganistán producía en aquellos años el 70% del opio consumido para la producción de heroína. Ni que decir tiene que el porcentaje actualmente es incluso mayor.

7. Como no podía ser de otra forma las citadas reformas revolucionarias generaron enormes resistencias entre aquellos grupos cuyos intereses estaban siendo afectados. Tres de esos grupos dirigieron el enfrentamiento: los terratenientes propietarios de grandes explotaciones agrícolas, los líderes religiosos, que se opusieron por todos los medios a los avances en la emancipación de la mujer, y los traficantes de opio. En su ayuda acudieron raudos Arabia Saudí, el ejército del Pakistán, temeroso del contagio que las reformas podían producir entre las clases populares del propio Pakistán y, como era de esperar, el gobierno imperial de Estados Unidos.

8. La CIA, señala Navarro, había reconocido el carácter autónomo del PDP y nunca durante los años en que luchó contra el régimen feudal afgano se refirió al PDP como “organización agente o al servicio de Moscú”. La CIA era consciente que el PDP respondía a una demanda propia “que tenía su propia independencia y autonomía”. Sin embargo, y antes de que la URSS interviniera en Afganistán, el gobierno imperial estaba financiando las fuerzas extremistas y fundamentalistas afganas que estaban intentando sabotear las reformas del gobierno. Como es sabido, Zbigniew Brzezinski, el Consejero Nacional de Seguridad del Presidente Carter, un político de origen polaco neta y abiertamente anticomunista, admitió posteriormente que el gobierno estadounidense financió a las guerrillas extremistas que realizaron actos de sabotaje quemando, por ejemplo, las escuelas públicas.

    Es más –señala Navarro- el gobierno federal de EE.UU. alentó un golpe miliar en contra del gobierno PDP que tuvo lugar brevemente en 1979 y que asesinó a Tarak y a miles de dirigente del PDP antes de que militares próximos al PDP retomaran el poder.

9. La alianza de EE.UU, Arabia Saudí y Pakistán era enormemente poderosa y amenazaba la continuidad del gobierno popular. De ahí que la administración afgana pidiera ayuda a la Unión Soviética, ayuda que, por cierto, no fue concedida inmediatamente, hasta que, finalmente, el gobierno de la URSS aceptó enviar fuerzas armadas en ayuda del ejército afgano leal al PDP que estaba luchando contra las guerrillas fundamentalistas de las Mojahidden, las fuerzas apoyadas y sostenidas por la traída EE.UU, Arabia Saudí y Pakistán. La petición se amparaba en lo establecido por el “Tratado de amistad, buena vecindad y colaboración”, concertado entre Afganistán y la URSS el 5 de diciembre de 1978, tratado que se basaba en el derecho de todo Estado, según el artículo 51 de la Carta de la ONU, a la autodefensa individual o colectiva.

10. En 1979, la Unión Soviética aceptó la petición del gobierno del PDP. Es muy probable que, dialécticamente, esa fuera la finalidad última del gobierno federal de EE.UU. y que la URSS cayera en una trampa orquestada por diversos servicios secretos: inmediatamente se tomó la invasión como excusa para movilizar el mundo musulmán en contra del apoyo de la URSS a un gobierno laico, progresista y deseoso de modernizar el país. EE.UU. y Arabia Saudí, recuerda Navarro, gastaron unos 40 billones de dólares -¡40 billones de $USA!- en apoyo de los Mojahidden, a los cuales se unieron 100.000 fundamentalistas procedentes de Pakistán, Arabia Saudí, incluido Bin Laden, Irán y Argelia, todos ellos armados y asesorados por la CIA.

11. Diez años más tarde, enero de 1989, las tropas soviéticas abandonaron Afganistán. La caída del muro se produjo meses después y la desaparición de la URSS dos años después. No es imposible pensar que una de las causas determinantes de la derrota de los países del llamado socialismo real esté directamente relacionada con el desastre que significó para la Unión Soviética la trágica y ruinosa década de Afganistán.

La guerra, sin embargo, continuó tres años más. A pesar de haber perdido el apoyo de su gran aliado, el gobierno del PDP se mantuvo en el poder hasta 1992, año en el que fue derrocado por los rebeldes y fue reemplazado por un debilitado gobierno interino.

Dejemos el relato en este punto. Con algún aditamento añadido, está es la explicación de Vicenç Navarro sobre lo sucedido en Afganistán en una primera fase. El profesor de la Pompeu Fabra concluye esta parte de su explicación señalando:

    En todo este proceso, se ha olvidado de que si se hubiera permitido que el gobierno PDP hubiera hecho las reformas que el país necesitaba, no habría habido “invasión” soviética de Afganistán, no habría habido guerra de Afganistán, no hubiera habido Bin Laden y Al Quaeda y no hubiera habido un 11 de Septiembre. Y es esta precisamente la verdad que se oculta. La historia habría seguido otros derroteros. Probablemente habría surgido Al Quaeda, pero el lugar y el formato habrían sido diferentes. En el fondo del conflicto está la resistencia del gobierno federal de EE.UU. (y sus aliados y muy en especial Arabia Saudí), y su oposición a las reformas progresistas y laicas. Ni que decir tiene que existen otras causas de la existencia del terrorismo islámico.

Interesa señalar aquí que los argumentos esgrimidos hoy por Vicenç Navarro, con algún matiz al que luego me referiré, fueron usados y expuestos a inicios de los ochenta por sectores del comunismo catalán que fueron tildados, casi sin discusión ni contraargumentación, de estalinistas, desinformados, ideólogos de la URSS imperial, de gente trasnochada y anclada en el pasado más negro. Largo etcétera. La descalificación no tuvo límites.

No estoy presuponiendo que el análisis de Navarro sea correcto en todas sus aristas ni que la URSS tuviera sólo un interés internacionalista en su intervención. Ni siquiera presupongo éste y no desecho otras razones de orden interno: evitar el auge en sus fronteras asiáticas de fuerzas fundamentalistas alimentadas por agentes internos y externos. Tampoco pretendo ocultar que en sectores marxistas revolucionarios se seguía mirando muy acríticamente la política interna y externa de la URSS.

Pero sí quiero remarcar que la descalificación de esos sectores comunistas que, insisto, sin duda estuvieron en ocasiones muy cegados ante la evolución de la URSS, no tiene parangón ni razón. No se trata de negar el lado oscuro de la política exterior de la URSS durante la guerra fría1, durante la III guerra mundial. Basta pensar en Budapest o en Praga, por ejemplo, o incluso en el voto favorable de la URSS a la formación del Estado de Israel en 1948. Pero no hay en la historia de la Unión Soviética nada –nada- comparable a lo que fue Vietnam, Chile, Bolivia, Grecia, España, Guatemala, Cuba o Argentina en el ámbito de la política exterior de Estados Unidos.

Algunos ejemplos de ello, todo ellos conocidos por lo demás:

1. Se solía afirmar, como burda propaganda ideológico-cultural, que las actitudes de las potencias occidentales durante la guerra fría fueron una respuesta a lo que se llamó el golpe de Praga, la toma de poder por el Partido Comunista en Checoslovaquia. Manuel Sacristán refutó la acusación con claridad:

    Pero eso es falso. Porque el comienzo de la guerra fría, si alguna fecha de comienzo tiene, es un célebre discurso de Churchill en marzo de 1946 en la Universidad norteamericana de Fulton, mientras que lo que se llama golpe de Praga es de dos años después, de abril del 48. Asimismo cuando se dice que la OTAN es la contrapartida del Pacto de Varsovia se olvida que la OTAN está fundada el 4 de abril del 48, mientras que el Pacto de Varsovia es de siete años después, del 55. Lo mismo, por ejemplo, el mecanismo de la tensión internacional que provocó la constitución de las dos mitades de Alemania en estados: la primera mitad de Alemania que fue constituida en estado fue la occidental; la constitución de la Alemania oriental en estado es posterior y es una réplica.

2. Paul Warnke, negociador americano en las SALT II, señaló con toda claridad: “No conozco dirigente militar alguno que, en su sano juicio, estuviera dispuesto a cambiar las fuerzas de combate americanas por las soviéticas”. La resistencia en contra de los SALT II muestra, añadía, “…un descontento con el actual equilibrio nuclear estratégico, en el cual no somos los suficientemente superiores”

Por lo demás, Colin Gray, en su artículo “Victory is possible”, Foreign Policy, 39, 1980, señalaba con no menor claridad:

    Sólo hay seguridad cuando se es algo superior. No hay ninguna capacidad ni posibilidad de maniobra cuando la propia fuerza está completamente compensada por la del enemigo. Sólo hay posibilidades para la política exterior cuando se tiene una ventaja en el poderío militar de la que se puede disponer libremente…Occidente debe encontrar caminos que le permitan utilizar armas atómicas como medio de presión reduciendo a la vez la potencial y paralizante autodisuasión a un mínimo”

Por su parte, Vernon A. Walters2, uno de los políticos más insoportables de la historia de Estados Unidos, señalaba lleno de gozo y prepotencia:

    Se lo explicaré. Poco después de ser nombrado presidente, Ronald Reagan convocó a una serie de reuniones sobre, digamos, el estado del mundo. Yo asistía a ellas como subdirector de la CIA. Cuando sus asesores empezaron a hablarle de Rusia, él les empezó a preguntar. “¿Podemos utilizar con ellos el arma nuclear?”. Los asesores, como él esperaba, lo desaconsejaron: moriría demasiada gente. Reagan preguntó entonces: “¿Ganaríamos una guerra convencional?”. La opinión general era que el ejército convencional soviético era extremadamente poderoso y que nadie podía garantizar una victoria. Entonces Reagan les preguntó que era lo que Estados Unidos tenía y Rusia no tenía. Él mismo se lo contestó: dinero. Y el dinero acabó con Rusia (…) Claro. Era simple. Sí se puso en marcha la guerra de las galaxias que salió carísima, y otras iniciativas paralelas. Aunque el proceso de arruinamiento había empezado mucho antes. Recuerdo que, según las estadísticas que manejábamos, Rusia tenía un producto interior bruto que era la mitad del nuestro. Pero estábamos equivocados. Reclutamos a alguien que nos demostró que el PIB de Rusia era una sexta parte del de los Estados Unidos.

Yo luché contra el comunismo, proseguía un satisfecho y chulesco Walters, y ganamos, ganamos la guerra fría concluía.

3. Además de ello, los matices estuvieron presentes, muy presentes, aunque fueran ocultados en la discusión pública, en la argumentación de aquellos años por parte de sectores comunistas críticos pero no antisoviéticos. En una nota editorial de 1980 (“Misiles, socialdemocracia e imperialismo, o el final de l distensión”, mientras tanto, nº 2, pp. 9-12), Miguel Candel, militante del PSUC en aquellos años, de un sector del PSUC no dispuesto a bailar con el cuento de una transición inmaculada ni a renunciar a todo lo que desde Palacios de Moncloa y Oriente se exigía con apremio, finalizaba su reflexión crítica sobre las posiciones defendidas en aquel entonces por la socialdemocracia alemana en torno a los nuevos misiles otánicos que se deseaba instalar en Europa señalando:

    La intervención de la URSS en Afganistán ha suscitado hondas preocupaciones en varios destacamentos revolucionarios del Tercer Mundo y abiertas críticas en diferentes ambientes comunistas. Aquellas preocupaciones y estas críticas han de ser compartidas, sin duda, por los revolucionarios de Occidente capitalista. Pero al mismo tiempo hay que saber distinguir las causas de los efectos: hay que saber que lo que el imperialismo anuncia ahora como represalias a la intervención de la URSS en Afganistán son medidas que estaban en marcha desde bastante tiempo atrás: suministro de armas a Pakistán y apoyo a la dictadura militar que lo gobierna para que a su vez mantenga encendida la antorcha de la guerrilla afgana; reforzamiento de la base aeronaval de Diego García y de la presencia militar en todo el Índico; establecimiento de bases militares en Egipto; intento de bloqueo de Irán; aplazamiento de la ratificación del acuerdo SALT, etc. Por eso, una vez más, suena a falso el clamor de corresponsales y agencias de prensa sometidos a la hegemonía norteamericana denunciando el cinismo de las explicaciones oficiales soviéticas, según las cuales la intervención en Afganistán se habría hecho en nombre del “honor, la independencia y la continuidad” de la segunda revolución afgana [la cursiva es mía].

Insisto: preocupaciones y críticas que tenían que ser compartidas por los revolucionarios que intervenían en el Occidente capitalista

Dirán ustedes y sin duda dirán bien: es un desahogo, un simple y visceral desahogo. De acuerdo, lo es, pido disculpas por ello. Pero acaso acordarán conmigo que algunos eslabones de la argumentación desplegada no son un simple disparate y forman parte de una aproximación asintótica a la verdad, a una verdad que nuevamente nos ha sido extraída por ladrones milenarios de vida e historia de los pueblos.

NOTAS:

[1] Guerra fría, muy caliente por lo demás. En sus apuntes depositados en Reserva de la Biblioteca Central de la UB, Sacristán recordaba: “De 1945 a 1980 ha habido 127 guerras que han producido más víctimas que las de la segunda guerra mundial” [Fichero “Pacifismo”].

[2] “Ganamos la guerra fría”. Entrevista con Arcadi Espada. El País, 25/8/2000.

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El desafío de la nueva era, de Emir Sader en Página 12

Posted in Economía, Internacional by reggio on 29 enero, 2009

El Foro Social Mundial surgió como alternativa al Foro Económico de Davos, en medio del auge mundial del neoliberalismo. Primero hubo manifestaciones antiDavos en Suiza; luego los movimientos de resistencia al neoliberalismo –siguiendo la iniciativa de Bernard Cassen– se propusieron organizar un Foro Social Mundial (FSM) antagónico al de Davos. Porto Alegre fue escogida como sede, por estar en la periferia del capitalismo en América latina, víctima preferida de las políticas neoliberales y donde se desarrollaba una importante resistencia a éstas, como la de los zapatistas, el brasileño Movimiento Sin Tierra (MST), los de indígenas de Bolivia y Ecuador, entre otros. Elegir a Brasil reconocía, a la vez, la acción de las más destacadas formaciones de su izquierda –el Partido de los Trabajadores, la Central Unica de Trabajadores, el MST– y al hacerlo en Porto Alegre las políticas inauguradas allí de presupuesto participativo.

Los foros se caracterizaron por la afirmación de que “otro mundo es posible”, frente a los intentos de imponer un “pensamiento único”, del Consenso de Washington y del “fin de la historia”, sumándose a la percepción de que las alternativas políticas habían perdido vigencia ante un modelo que se pretendía incontrolable, basado en los “ajustes fiscales”. La adhesión de muchas fuerzas políticas a este modelo –primero de la derecha, luego los nacionalistas y los socialdemócratas– inducía a confirmar la existencia de una única vía.

El FSM se oponía frontalmente a esa interpretación reduccionista proponiéndose agrupar a todas las fuerzas de oposición al neoliberalismo –cuya capacidad para abarcarlas había quedado confirmada con las manifestaciones contra la Organización Mundial de Comercio, que comenzaron en Seattle y se extendieron a otras ciudades–, intercambiar experiencias y coordinar sus luchas.

En una primera etapa, se trató de la resistencia contra la “libre circulación del capital”, la dictadura de la economía sobre la esfera social, el mundo unipolar imperial estadounidense, la devastación ambiental, el monopolio privado de los medios de comunicación. Las movilizaciones contra la guerra en Irak fueron el punto culminante de esa etapa, aunque las organizaciones no gubernamentales –predominantes en la organización de los foros– se resistían a incluir los temas de la guerra y la paz entre las cuestiones principales de los encuentros.

Las sucesivas crisis neoliberales –desde la mexicana a la argentina, pasando por la asiática, la rusa y la brasileña– llevaron al agotamiento del modelo neoliberal, lo que coincidió con el surgimiento de gobiernos electos en Latinoamérica en una dimensión que expresaba la disputa por la hegemonía, que pasaba a colocarse como central en la lucha contra el neoliberalismo –que inició Hugo Chávez en 1988 y continuó la impresionante sucesión de Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Tabaré Vázquez, Evo Morales, Rafael Correa, Fernando Lugo–.

Los foros pasaron a tener que enfrentarse a nuevos dilemas: ¿qué actitud se toma frente a esos gobiernos, representantes de la avanzada en la confrontación al neoliberalismo y por la construcción de alternativas a su modelo? No estaban preparados, porque se habían organizado para la fase de resistencia limitando su acción a una supuesta “sociedad civil”, excluyendo la esfera política y, con ella, a los partidos políticos, el Estado, los gobiernos, la estrategia. En ese contexto, los foros fueron girando en falso, dejando de ser el centro de la oposición antineoliberal, transferida ésta a los gobiernos, que pusieron en práctica niveles mayores o menores de ruptura con el modelo.

El foro que comenzó ayer, que significativamente se realiza en América latina (Belem, Brasil) –el eslabón más débil en la cadena neoliberal–, tiene la posibilidad de superar esa descomposición y redefinir su esfera de actuación, tanto en relación con el restablecimiento –de otra forma– de relaciones entre la esfera social y la política –única manera de disputar una nueva hegemonía, de enfrentar realmente la construcción de “otro mundo posible”– como en la lucha contra las guerras imperialistas estaodunidenses. El escenario latinoamericano favorece la fuerte impronta regional que debe tener la reunión, con análisis y balances de los diez años transcurridos desde la elección del primer gobierno alternativo en el subcontinente.

Por eso, serán temas centrales del Foro de Belém una nueva arquitectura financiera internacional, la definición de plataformas posneoliberales, la construcción de procesos de paz justos en los epicentros de las “guerras infinitas” –Irak, Afganistán, Palestina, Colombia–; el avance en la organización de una prensa pública alternativa y los caminos de tránsito hacia un mundo multipolar. Es el momento de la construcción de alternativas concretas al neoliberalismo, a escala mundial, regional y local. Es la ocasión del foro para reciclarse y estar a la altura del mayor desafío al que se coloca a la izquierda en el comienzo del nuevo siglo. América latina ha avanzado significativamente en esa dirección. Resta al FSM aceptar el desafío y reinsertarse claramente en la construcción de “otro mundo posible”, que ya comenzó en esta parte del mundo, justamente donde el FSM escogió para darse su sede privilegiada.

Emir Sader. De La Jornada de México. Especial para Página/12.

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Davos-Platz, la montaña mágica, de Alejandro Nadal en La Jornada

Posted in Economía by reggio on 29 enero, 2009

En 1924 Thomas Mann publicó su novela La montaña mágica, una poderosa reflexión sobre la burguesía europea, la enfermedad, la sexualidad y las tendencias destructivas de la “civilización”. El sitio en el que se desarrollan los acontecimientos es Davos, en ese tiempo dominado por el Waldsanatorium, especializado en curar enfermos de tuberculosis. Hoy esa pequeña ciudad alpina es la sede del Foro Económico Mundial y la ironía es inmediata: la economía mundial está muy enferma, pero no es seguro que vaya a encontrar su cura en Davos.

A pesar de que los indicadores económicos se deslizan cuesta abajo más rápido que los experimentados esquiadores en las pistas de Davos, los participantes en el Foro Económico Mundial buscarán remendar las cosas y relanzar una ofensiva ideológica. El tema de la reunión es colosal: “Moldear el mundo para después de la crisis”. Y el orden del día incluye rubros como la redefinición de las instituciones y sistemas. No está mal. Después de todo, los sistemas financieros y bancarios de Estados Unidos y de Gran Bretaña están al borde de la nacionalización.

Davos siempre ha sido presentada como la reunión más importante del planeta, a la que asistían los personajes más influyentes. Y cada año tuvimos que soportar un alud de propaganda mientras el mundo avanzaba inexorable hacia la crisis financiera, económica y ambiental. Lo cierto es que los ricos y famosos se durmieron en el timón del barco y ahora quieren convencernos de que pueden “moldear el mundo” para después de la crisis.

En Davos siempre se dijo que la globalización era la panacea, el camino natural, no había alternativas al neoliberalismo y estábamos en la época del pensamiento único. No importaban las crisis (México o Brasil, Tailandia o Rusia). Ni las malas noticias en el frente ambiental: emisiones de gases invernadero, deforestación, erosión de suelos, sobrexplotación de acuíferos o extinción masiva de especies. El mensaje que siempre salía de Davos era una variante de la visión del doctor Pangloss: sí, las cosas no están perfectas, pero estarían peor sin nuestra versión de la globalización.

Ahora que la peor crisis del mundo capitalista les explotó en la cara, a los habituados de Davos se les ha ocurrido una estupenda idea: encontrar la horma de la economía mundial que más le conviene al capital. Después de todo, el razonamiento es que el mundo seguirá siendo de los poderosos y su tarea en Davos consiste en definir los contornos de los nuevos pactos sociales que permitirán otro ciclo largo de acumulación de capital.

Los organizadores del Foro informan con orgullo que este año la mayor parte de los participantes serán políticos (incluyendo a Putin y Hu Jintiao, lo que dice algo sobre la redistribución de poder). Los financieros están demasiado ocupados salvando sus bonificaciones de retiro y no podrán asistir. Quizás no los van a echar de menos. El objetivo en Davos es delinear nuevos sistemas de regulación capitalista, quizás con tintes keynesianos y de social democracia, para seguir impulsando la ideología de la globalización. El príncipe de Lampedusa estaría orgulloso: que todo cambie para que todo siga igual.

No importa que la crisis apenas esté comenzando. En Davos se preparan la ceremonia de su funeral. ¿Es esto prematuro? Juzguen los lectores.

En Estados Unidos la política monetaria no está funcionando. A pesar de la tasa de interés cero y la flexibilización cuantitativa (las llamadas medidas no convencionales), el crédito sigue sin fluir. Por otra parte, la administración Obama está negociando un paquete de 825 mil millones de dólares y los republicanos le están regateando su voto. Pero ni siquiera es seguro que ese monto sea suficiente para reanimar a la economía.

La Unión Europea y Japón están en recesión. China ya acusa una fuerte reducción en su tasa de crecimiento. El Fondo Monetario Internacional, otrora tan optimista, considera que el mundo entero tendrá un crecimiento cercano a cero por ciento en 2009. Los participantes en el Foro de Davos no deben aventurarse en las pistas solitarias, no sea que los sepulte una avalancha de malas noticias económicas.

En La montaña mágica, el joven Hans Castorp toma el pequeño tren de cremallera para subir a Davos y visitar a su primo, internado en el sanatorio Berghof. Castorp no está enfermo, pero su corta visita se convierte en una estadía de siete años, a lo largo de los cuales conoce varios personajes. Uno de ellos es el radical Naphta, quien en un debate llega a exclamar: ¡lo que nuestra era necesita es el terror! Si las crisis desembocan en guerras, habría que tener presente la exclamación de ese personaje. Después de todo, esa profecía se hizo realidad en Europa a mediados del siglo XX. Ojalá el futuro no sea tan negro para después de esta crisis.

Los participantes en el foro de Davos, ricos y famosos, no se van a curar de nada. Mucho menos de la soberbia. Pero pueden vivir con las ilusiones de la montaña mágica. Después de todo, tienen la mejor crisis que su dinero les pudo comprar.

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