Reggio’s Weblog

Rescate: control y canal, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 21 octubre, 2008

Ya están aprobados los dos decretos de apoyo o rescate del sistema financiero con un amplísimo apoyo parlamentario. El presidente del Gobierno se ha comprometido, como parte de la negociación con el PP, a que la transparencia y el control sean mayores que los previstos cuando se anunciaron. Aún falta, sin embargo, pasar de las declaraciones formales a la concreción de cómo se va a hacer efectivo. Las pretensiones de la oposición son, en este punto, lógicas y no debería cejar un ápice en la exigencia de pactar y conocer -el PP y los ciudadanos- el detalle tanto de la transparencia y el control público. Lógico es también el propósito de que estas medidas sirvan para que el crédito llegue a los ciudadanos, familias y empresas, y no sólo para solucionar problemas de las entidades financieras u operaciones corporativas en las que el intercambio de acciones y la especulación están por encima, a veces muy por encima, de la creación de riqueza y empleo. No es fácil seguramente, pero de nada servirá este monumental esfuerzo si no se va notando, aunque sea lenta pero paulatinamente, en la economía real.

El Gobierno y su partido optaron por el realismo urgente después de quedar al margen de la realidad, intencionadamente, durante mucho tiempo. No tuvieron sino que seguir la estela de otros países europeos, los que tienen problemas en su sistema financiero, a pesar de que no se ha modificado un ápice la teoría de que el nuestro es imponente. La vida demuestra lo contrario. Pero, a partir de ese momento, todo vuelve a la retórica, como demostró ayer el presidente en el Congreso con un discurso deslavazado, abstracto y con pretensiones de teorizar sobre las finanzas mundiales. Corresponde a la oposición, por tanto, empeñarse en bajar de esta particular nube de verborrea y satisfacción al Gobierno, para el que parece más importante la imagen (ser convocado por Gordon Brown a las “reuniones mundiales”) que el asunto mollar, que es la eficaz utilización de los recursos propios.

No le resultará sencillo a una oposición a la que el Gobierno quiere poner en un brete -en vez de buscar sus aportaciones- con el invento de apoyar Presupuestos sin discusión ni debate serio. Tendrá que aguzar el ingenio y aprovechar al menos las instituciones en las que gobierna para hacer patente una alternativa convincente. Y, además de exigir, explicar cómo a su juicio debe lograrse la transparencia, el control y el acceso de familias y empresas a la liquidez y los créditos que se quieren salvar o potenciar. Las decisiones que se tomen en sus comunidades autónomas pueden tener un carácter de ejemplo y de pedagogía política y, aunque no tenga el Gobierno de la nación, tampoco son instituciones sin importancia a la hora de obligar a las cajas de ahorro a la ortodoxia, o al saneamiento en su caso, y a la de reducir el gasto público que, además de ser un impuesto más, no ayuda nada a combatir la recesión. Es, desde luego, una oportunidad para sostener una unidad de criterio, es decir, de política, y anunciar el abandono de aventuras tan curiosas y absurdas como la salida a Bolsa del 49% del Canal de Isabel II anunciada por la comunidad de Madrid. Se trata de que la liquidez llegue a las empresas y, la verdad, el empeño no casaría muy bien con la utilización de las garantías, los avales y los dineros para que determinadas entidades, obligadas o no, acudan a esta particular operación.

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¿Son todas las medidas indiscutibles?, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 14 octubre, 2008

Quien padece la crisis (y cada día son más: parados, empresarios, familias, hipotecados, corporaciones locales, etc.) no sabe de paradojas y no tiene más remedio que apechugar, aguzar el ingenio y esperar que, por el paso del tiempo o las medidas de los gobiernos, las cosas mejoren. La crisis en cuanto tal sí las tiene porque, como se va viendo, lo que para unos son dificultades para otros son oportunidades, pero los sabios que las aprovechan, además de sabiduría, no están del todo agobiados por ella. La reina de las paradojas son las medidas arbitradas por los gobiernos y los bancos centrales. De hecho, cambian a velocidad sorprendente, lo que ayer era inconveniente hoy se convierte en la solución esperada, incluso si contienen contradicciones o parámetros difíciles de cuadrar.

En España lo hemos visto incluso más claramente que en otros sitios: el aumento de los Fondos de Garantía era innecesario e inconveniente (no sólo en opinión del Gobierno y la oposición, sino también en la de las entidades financieras) y, poco más tarde, un acierto. Inyectar dinero en el sistema financiero tampoco parecía adecuado, ya que era el más poderoso del mundo, y después se convertía en urgente y necesario. Adquirir acciones de entidades financieras, o abrir esa posibilidad, era una locura y, de pronto, se convierte en una garantía más que adecuada. El descalabro de las cuentas y el dinero que hay que poner sobre la mesa, por otra parte, no parecen afectar a las previsiones presupuestarias para el próximo año, según el Gobierno, pero sí para la oposición que, por aquello de no dar malas noticias, dice por el momento que los recortes corresponden al Gobierno y no a quien le controla. Todo, al menos, sorprendente.

La decisión anunciada ayer por el presidente Rodríguez Zapatero acerca de abrir la posibilidad, por el momento sólo posibilidad, de que el Estado adquiera títulos de entidades financieras, es, en toda regla, una rectificación de lo que oficialmente se nos venía diciendo. Parece que, además de ir al rebufo de otros países con más iniciativa, la única peculiaridad española es que el Gobierno pide a la oposición que se sume a sus decisiones por un, también paradójico, sentido de la responsabilidad o del patriotismo. Por eso, y aunque sólo sea por eso para sus críticos, está muy bien que, ayer mismo, se concediera el Premio Nobel de Economía a Paul Krugman, azote de Bush y de su Administración y enemigo de las medidas del secretario del Tesoro, Henry Paulson, que han terminado siendo bendecidas por Obama y los demócratas y esperadas en todo el mundo como absolutamente necesarias. Está muy bien, insisto, que no se tomen las decisiones como dogmas y que se vea que el debate es bueno y conveniente, además de constatar que las críticas al plan Bush no sólo vienen de recalcitrantes republicanos sino que también proceden de la izquierda intelectual norteamericana.

¿Hay que aceptarlo todo por patriotismo o un “sentido común” obligado? Nada más triste y paralizante. Por ejemplo, la posibilidad abierta ayer de adquirir títulos de entidades financieras, ¿no estaría mejor planteada si se canalizara mediante -y sólo mediante- ampliaciones de capital de los bancos en dificultades que pudiera suscribir el Estado de forma temporal, es decir, con el compromiso de que esas participaciones sean privatizadas posteriormente? De ese modo, el Estado no utilizaría sus recursos en solucionar problemas de accionistas, causados por ellos o por sus administradores, sino que aseguraría que sirvieran para mejorar la liquidez de esas entidades. Otro ejemplo, si el sistema financiero español es tan sólido, ¿no cabía la posibilidad de que, en todo o en parte, los fondos de emergencia fueran creados por las propias entidades financieras? ¿Y qué pasa con las cajas de ahorros, que no tienen títulos para ser adquiriros por fondo alguno? No todo puede ser aceptado sin discusión y, desde luego, nada sin explicaciones más concretas y amplias. Está bien que el presidente se reúna con Mariano Rajoy, pero todo lo que se ha hecho y se va a seguir haciendo, por su importancia y la debida trasparencia, debería ser discutido cuanto antes en el Parlamento.

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Finanzas en la cuerda floja, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 3 octubre, 2008

Entre las constataciones de la realidad (no hay liquidez, ni hay crédito, no hay viabilidad para muchas empresas) y una cuestión más psicológica (pero no por ello irreal) como es la confianza de los mercados, de los inversores y de los ahorradores, el sistema financiero pasa por un momento delicado. En algunos lugares, importantes entidades financieras se van al garete, como ya se ha visto y como se sigue temiendo. Ahí está el patético discurso de ayer del presidente Bush. Ya sabemos que, dando por sentado lo inevitable de los ciclos económicos, la suerte de algunos de estos bancos está directamente vinculada a los abusos de sus directivos, a la pasividad acaparadora de sus accionistas y a una lamentable actuación de las firmas que evalúan y auditan fondos, cuentas, inversiones y productos financieros. Pero estamos ahora en el momento en el que, sin olvidar lo anterior, es decir, con la obligación de revisar y asegurar el marco regulatorio y la supervisión de estas operaciones, tenemos que afrontar, más allá de los juicios y las lamentaciones, los graves problemas de liquidez y confianza.

Irlanda ha dado una suerte de escopetazo estableciendo la garantía de todos los ahorros en sus entidades financieras. Por el momento le ha dado buen resultado, aunque en un mundo interconectado hasta el máximo, si la garantía supone una riada de ahorros de otros países y la correspondiente quiebra de la confianza en otros países europeos (o la correspondiente quiebra real y contable), el procedimiento puede ser efímero para garantizar, a la postre, la buena marcha de la economía de ese país, el empleo y el futuro. No conozco las cuentas públicas irlandesas, pero no creo, por otra parte, que se alejen de las líneas maestras de las españolas. Aquí, desde luego, una garantía de esa naturaleza sería una ficción, es decir, puede tranquilizar a algunos, pero el Estado no dispone de fondos tangibles para que la garantía sea eficaz sin la quiebra, esta vez en todos los sentidos, del país mismo.

Más razonable, sin embargo, es la propuesta de que los fondos de garantía europeos respondan a normas y a cantidades comunes a todos los socios. En este momento, España está a la cola, aunque hay que añadir que los coeficientes de caja impuestos a las entidades financieras son mayores y más serios que en otros países y que los fondos de garantía están realmente dotados, lo que no ocurre en otros países que garantizan a los ahorradores cantidades superiores o muy superiores. Pero como estamos ante una cuestión de confianza, de la que se deriva la mayor o menor liquidez, la elevación del tope de garantía en España (20.000 euros, cuando en Italia, por ejemplo, son 100.000, cuando se ha incluido una medida similar entre las aprobadas por el Senado norteamericano) no parece algo descabellado.

No todos son partidarios. Rajoy se mostró ayer abierto a esta posibilidad. Montoro dijo que no le parecía que fuese necesaria ni que estuviésemos en el momento más oportuno. En el Gobierno ocurre lo mismo: se niega que se vaya a hacer aunque se apostilla que podría estudiarse, en el marco europeo, si no se tiene que rechazar con ello nuestro sistema de aportación. La patronal de la banca y la Confederación de Cajas de Ahorro se oponen también alegando que no hay peligro alguno. Pero hay miedo y, si no es así, tendrán que buscar unos y otros no solamente las medidas económicas necesarias, sino también el modo de generar la confianza que más que flaquear falta.

Desde luego, si el Gobierno dice que nuestro sistema financiero es el mejor del mundo y no hace nada, malo. Y si la oposición alega que eso es una exagerada machada del presidente y a continuación añade que no hace falta cautela alguna, también malo.

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Un demagogo en Rodiezmo, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 8 septiembre, 2008

Tranquilos, no pasa nada. Lo que define el momento que vivimos no es la crisis, por muchas dificultades que quieran verse en el panorama, sino la fortaleza de España. Es lo que ha querido transmitir el presidente del Gobierno en su particular inauguración del curso político en Rodiezmo, localidad minera en la que mezcla el localismo leonés y lo que le queda de “obrerismo”, por mucho dirigente con aire chic, pero desenvuelto, que le acompañe en la tribuna. Porque es de justicia, dice, y por nuestra hipotética fortaleza, las pensiones mínimas subirán un seis por ciento. También el gasto en infraestructuras, al menos en la zona más próxima al lugar en el que hablaba. Y la cooperación internacional. Nadie debe temer que todo el firmamento de la protección social se vea alterado. No pasa nada, tranquilos…

Seguramente es de justicia subir las pensiones mínimas, aunque lo justo sea para el presidente que aumenten un veinticinco por ciento, que es la promesa para toda la legislatura. Así que los beneficiarios tendrán que esperar un poco para que se haga justicia de verdad y conformarse con avanzar hacia ello. Pero resulta esperpéntico que se diga que, precisamente ahora, se hace porque la economía española, a pesar de los agoreros y de los prudentes, está fuerte. Si el PSOE, con este anuncio, quiere plantear el debate sobre lo que hay que hacer ante la crisis económica como un conjunto de trampitas, se equivoca de lleno porque no nos estamos jugando la imagen de unos y otros en un ejercicio de ingenio retórico, sino el futuro económico del empleo y la riqueza de los ciudadanos.

Todo parece inclinado a plantear la discusión sobre el necesario ahorro en el gasto público en el terreno de acusar a los partidarios de éste de no querer atender a los pensionistas más desfavorecidos. La cuestión no es ésa. La cuestión es que si hay que hacer justicia a esos pensionistas, precisamente en circunstancias de grave debilidad económica, lo que resulta obligado es disminuir el gasto en otras partidas, ajustar los presupuestos, iniciar las reformas necesarias. La disyuntiva no es no pagar pensiones o pagarlas, sino ver qué no debe gastarse para pagarlas. La disyuntiva tampoco es mantener la protección social o no mantenerla, sino ver qué reformas aseguran la competitividad y la creación de riqueza para que esa protección sea posible en el futuro próximo.

Lo ridículo es vivir como si las disyuntivas fueran las citadas y las elementales opciones aquí apuntadas no estuvieran sobre la mesa. Los políticos caen a menudo en la tentación de que su éxito es poder decir mental o verbalmente a sus adversarios “a ver qué me respondes ahora”, y no resolver eficientemente los problemas reales, no los de los suyos en el Congreso, sino los de los ciudadanos. Zapatero, rodeado una vez al año por militantes de UGT en Rodiezmo, se ha precipitado en ella. La demagogia del presidente Rodríguez Zapatero no está en hacer justicia a los pensionistas ni en pensar en el número de votantes a los que afecta, que no son tantos, sino en ese empeño por dar palmaditas en vez de ofrecer soluciones, de mirar al tendido y guiñar el ojo tras hacer una pretendida trampita dialéctica a sus adversarios políticos en vez de enfrentarse con la incómoda realidad económica.

No paga él las pensiones. Las pagan los impuestos de los contribuyentes a los que, sin presentar alternativas a las dificultades, trata de anestesiar con nuestra “fortaleza”.

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El Estatuto catalán en el Constitucional, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Derechos, Política by reggio on 7 agosto, 2008

Vuelven a aparecer los rumores en torno a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Son, como se podía esperar, dispares, algunos intencionados, otros de carácter político y no exactamente jurídico, como los que hacen referencia a si la resolución será hecha pública antes o después de la renovación de ciertos miembros del Constitucional. Parece haber, de todos modos, una coincidencia acerca de que el Tribunal considerará inaceptable, desde el punto de vista constitucional, la “bilateralidad” en las relaciones entre el Estado y aquella comunidad autónoma, asunto que hace referencia al debate actual sobre la financiación pero que afecta también a otros ámbitos competenciales.

La inconstitucionalidad de la “bilateralidad” es una evidencia: no sólo un privilegio no respaldado por la ley, sino la consideración de una comunidad autónoma como lo que realmente no es en nuestra estructura constitucional y también una traba inaceptable a las necesarias políticas generales que, según este planteamiento, acabarían necesitando en muchos casos el previo acuerdo con las instituciones catalanas mientras las políticas transferidas se llevarían a cabo independientemente de los criterios de las instituciones estatales.

Un detalle adicional pero que revela como el fraude interesado de un razonable Estado de las Autonomías puede volverse absurdo, desde el punto de vista legal y desde el punto de vista de la coherencia de la acción de Gobierno, es decir, también desde la perspectiva de los intereses generales. En el último Debate de Investidura, tanto los nacionalistas catalanes como los vascos criticaron que el presidente Rodríguez Zapatero hablara de una política general de protección civil argumentando que atentaba contra las competencias autonómicas. Cuando una política lógica, teniendo en cuenta que las comunidades autónomas no son islas incomunicables y autosuficientes, se ve trabada por una cierta concepción de lo autonómico estamos en el estadio –incluso más allá de la Constitución- en el que se prefiere salirse con la suya, aunque la suya sea atrabiliaria, que ser razonables. Los problemas que han llevado a Alemania a buscar una reforma de los vetos de los lander para poder desarrollar políticas democráticas generales no es algo relacionado con uno u otro concepto de la nación, pero sí revela el callejón sin salida que debe, para ser eficientes, ser abierto definitivamente.

En España, el asunto se complica por los nacionalismos, a los que falta la lealtad constitucional para que el sistema funcione correctamente. El laberinto de las “balanzas fiscales” (que es un dato parcial y no definitivo), como si pagaran impuestos los territorios o, más bien, los gobierno autonómicos, es un epígono de este “egoísmo” lamentable. El asunto no es, como dicen ahora algunos dirigentes nacionalistas catalanes, que lo que es malo para Cataluña (que no haya bilateralidad en el acuerdo de financiación, que se compense un supuesto déficit, etc.) es malo para todos, sino, sencillamente, que lo que es malo para todos es malo, sin duda, para Cataluña.

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El Gobierno, en un cuello de botella, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in General by reggio on 4 agosto, 2008

El Gobierno, al parecer, debate sobre las grandes líneas de la política económica. Al menos hasta el comienzo de este mes de agosto, en el que las vacaciones suponen un alto en las discusiones y la continuación de la política económica que se ha venido desarrollando. Al fin y al cabo —no hay más que escuchar al presidente—, confía más en lo que pueda llegar de fuera (el fin de la crisis financiera internacional, el milagroso descenso del precio del petróleo, etc.) que en lo que su Gobierno pueda hacer, sobre todo con urgencia. Mientras, el vicepresidente Solbes se siente a gusto en el debate, como si el Ejecutivo, ineficiente con las soluciones y pasmosamente equivocado en las previsiones, pudiera mutar en un animoso grupo de análisis, en un discutidor grupo de estudios.

No quiere el Gobierno “devolver” dinero a las empresas y particulares, lo que, en todo caso, debería hacerse mediante una adecuada bajada de impuestos y no por el habitual sistema de subvenciones arbitrarias. Y no quiere hacerlo porque no sabe qué partidas recortar si los ingresos del Estado disminuyen y no se quiere aumentar el déficit. Está en un cuello de botella y no encuentra la salida. Para empezar, las rebajas fiscales no suponen automáticamente menos ingresos como la propia economía española ha demostrado en los últimos decenios. Si se plantea como una medida de cara a la evolución de los mercados y no como un favor a determinados sectores, puede dar lugar a un incremento de la actividad, ahora paralizada, que lleve consigo mayores ingresos. Y, para terminar, la parálisis gubernamental termina significando que la solicitud de rigor y de “apretarse el cinturón” es algo para los ciudadanos y las empresas y no para las cuentas públicas. Curiosa paradoja, ya que el déficit —que ya tenemos— y el aumento del gasto público —que ya se ha aprobado— son, en definitiva, impuestos que pagan todos los ciudadanos y especialmente los más desfavorecidos.

Si la necesidad de actuar con urgencia, y de otro modo, no surge del peculiar debate gubernamental, debería surgir de la desafección de los ciudadanos, como revelan las últimas encuestas. Para gabinete de análisis se basta el PP con su comisión de seguimiento de la crisis, una idea interesante que debería haber servido para incorporar especialistas ajenos al núcleo duro de la dirección del partido, como una suerte de gabinete en la sombra, aunque sólo fuese en materias relacionadas con la economía. El PP se ve ahora beneficiado en los sondeos por la parálisis gubernamental, pero la ventaja recortada no es un seguro, sino una posibilidad que se aprovechará en la medida en que la derecha despliegue la pedagogía política para explicar sus propuestas y soluciones.

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Crisis, crisis, crisis, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 10 julio, 2008

Bajan los precios de la vivienda pero el mercado inmobiliario sigue estancado. El descenso del consumo, en algunos sectores alarmantes, hace que muchos comercios rocen el peligro, algunos se cierran. En el consumo básico, la alimentación por ejemplo, estamos en la fase en la que se eligen los productos más baratos con el correspondiente detrimento de la facturación y las expectativas. Suben las hipotecas. El aumento de los tipos de interés nos afecta más que a otros. No crecemos. Sencillamente no crecemos y vislumbramos la recesión en el horizonte próximo. En estas circunstancias, cuyos detalles podrían ampliarse, resulta de todo punto ridículo el debate sobre si se acierta con la palabra “crisis” o si hay que evitarla, ya sea porque se pretende con ello tranquilizar a los ciudadanos o deteriorar menos al Gobierno. Lo que se está viendo es que tan absurda pretensión no consigue generar confianza, que se desploma, y sume a los gobernantes en la comicidad: ahora el presidente Rodríguez Zapatero dice ¡crisis!, ahora se le escapa al vicesecretario del PSOE y se lamenta de haber sido contagiado por el lenguaje de otros, etc.

Los eufemismos no ayudan, desde luego, al diagnóstico adecuado y, sin él, es complicado poner en marcha la medicina adecuada. Lo sería en todo caso, pero más si no reparamos en que la economía española, además de las medidas urgentes y las restricciones presupuestarias precisas, necesita reformas estructurales. El sinsentido se formula claramente cuando el Gobierno parece hacernos creer que la política económica debe ser la misma en periodos de fuerte crecimiento que en los de crisis, como ahora. La única necesidad común, porque es estructural, es mejorar las instituciones económicas para lograr mayor competitividad y menores restricciones intervencionistas y lo que hace la situación presente es acelerar y subrayar la urgencia.

El recurso retórico a que nada va a ser limitado (que afecta a las prestaciones sociales, pero no sólo a ello) y que tenemos una suerte de “reserva” del pasado reciente lleva con frecuencia, como estamos viendo últimamente, a apelar al déficit como solución para todos los males. Debe tenerse en cuenta que el uso del Presupuesto (es decir, del gasto) para paliar la crisis no es una pomada mágica, sino que supone un impuesto adicional para todos los contribuyentes sin distinción. Si se añade a que la política asistencial de la última fase de la anterior legislatura, quizá por su carácter electoralista o por las prisas, ha adolecido de la tópica arbitrariedad que termina por no tener realmente presentes a los realmente necesitados, sino también a los más ricos, el efecto perverso es, más que un cierto peligro, un peligro cierto.

Mientras el Banco de España piensa que la crisis va a ser incluso más larga de lo esperado, el Gobierno parece confiar en el verano como distracción general, en las buenas palabras y en ese punto infantil con el que el presidente se presenta ante la opinión pública diciendo que dedica muchas horas al asunto. Ya dijo lo mismo, por cierto, en pleno “proceso” y lo de ETA terminó como terminó. Ni se logra generar confianza así, ni se resuelven las incógnitas, ni se afrontan las necesarias reformas. Si el Gobierno no da los precisos pasos por no reconocer el tiempo perdido o por temer la mala imagen del reconocimiento, debería pensar al menos cómo se desangra el apoyo popular que tiene por su escasa iniciativa.

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Las cuentas de Zapatero, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 3 julio, 2008

No quería pero, forzado por la oposición, el presidente del Gobierno tuvo que comparecer ayer en el Congreso para hablar de la crisis económica. Tan no quería, que no utilizó esa palabra maldita —crisis— en un discurso de más de una hora (24 páginas), al menos como descripción general de la situación, aunque tuvo que reconocer que es “ciertamente difícil y complicada”. Tan no quería, además, que empleó casi la mitad del discurso en tratar de convencer a los diputados de lo bien que se habían hecho las cosas la pasada legislatura y de la “fortaleza” que eso implicaba para encarar el “empeoramiento de la situación económica”. Tanto se le notaba que se resistía a la palabra crisis que, de pronto, la utilizó repetidamente, aunque fuese para dibujar las causas —ajenas, claro— de la adversidad: “La crisis del petróleo y otras materias primas y la crisis financiera”.

En la bancada socialista se notaba que el escaso entusiasmo era forzado. Aplaudieron cuando comparó el superávit y la deuda española con el déficit y la deuda de otros países europeos, cuando se refirió al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, cuando dijo que ha cumplido, cuando aseguró que no quedarán en suspenso los compromisos en política social. Era como un desahogo: esto pinta muy mal pero no está todo perdido. Hubo aplausos también, para que se vea el tono, cuando Rodríguez Zapatero habló del Programa de Promoción de Lámparas de Alta Eficiencia Energética. La desazón debió de alcanzar también al presidente, que, aunque tenía escrito que el bloque de medidas “es el más ambicioso que se ha adoptado en nuestro país”, terminó diciendo sólo que “es un bloque ambicioso”. Porque el meollo de la zozobra está en las soluciones propuestas, la mayoría ya conocidas, otras incluso planteadas como continuación a las políticas de la anterior legislatura, gran parte señalada como grandes objetivos sin concreción, las más timoratas e insuficientes para la urgencia y para los problemas estructurales y de competitividad de nuestra economía. Si Rodríguez Zapatero cree que los problemas concretos de los ciudadanos se amortiguan con la retórica, es decir, hablando de “políticas socialdemócratas” en los momentos de bonanza y en los de dificultades, se equivoca. Está ante una cuestión fundamental, que afecta a todos y directamente a la percepción de su Gobierno, y no puede ni edulcorar el diagnóstico, ni andarse por las ramas ni aplicar una farmacopea para el dolor de cabeza cuando el mal es mucho más grave. No basta, desde luego, con la contabilidad imaginativa oficial.

Y allí estaba Mariano Rajoy, enfrente, rodeado de los suyos (incluso de la secretaria general y el portavoz en el Senado). Se le ve más tranquilo. Seguro. No ha perdido, claro, ese aire que le viene de vez en cuando más de registrador de la propiedad que de parlamentario eficaz, pero en esta ocasión daba la impresión de que, como el del chiste, podía decirle a su adversario que “no puedo darle la razón porque es lo único que tengo”. Estuvo bien cuando explicó que, en contra del optimismo antropológico del presidente, no estamos mejor que otros para afrontar la crisis, sino incluso peor por el endeudamiento de las familias, el déficit exterior, la dependencia energética, el efecto en nuestra economía de las subidas de tipos de interés y el peso del sector inmobiliario. En su ataque al Gobierno tuvo la delicadeza de no acusarle de las causas, sino de no haber reconocido el problema en periodo preelectoral y, en consecuencia, no haber hecho los deberes precisos. Estuvo irónico cuando, en contra de la visión edulcorada oficial, planteó la gravedad del momento y estuvo acertado al señalar que la solución debe ser compartida y consensuada, tanto porque el Gobierno necesita ayuda en ello como porque los españoles “no deben pagar el pato de nuestras diferencias”.

Tras el diagnóstico, Rajoy enarboló un documento de medidas económicas propuestas por su partido sin referirse al contenido del mismo. Es cierto que pueden ser conocidas por diputados y algunos ciudadanos, pero quizá perdió la oportunidad de concretar su crítica constructiva exponiendo, al menos, las líneas generales de las mismas. Hay un problema, es verdad, en la conversión del forzado optimismo gubernamental en una suerte de mistificación cada día más ridícula, pero el problema más grave es responder no al Gobierno, sino a la realidad.

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Ganar a la realidad, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 24 junio, 2008

Don José Blanco, secretario de Organización del PSOE, tenía mal día el domingo, no hay duda. Lo peor que le puede ocurrir a un personaje público, sea o no político, es querer hacerse el gracioso a costa de otros y, además, convertirse en grosero. Los chistes del dirigente socialista sobre el Congreso del PP fueron una falta de educación con el adversario político y, además, una prueba de debilidad. El respeto a la renovación y al proceso congresual del PP habrían sido, por el contrario, una manifestación de que el PSOE se siente seguro, capaz de pactar con la derecha en lo que es preciso pactar, y dispuesto a imponerse en la discusión política en lo que entra en la lógica confrontación democrática entre adversarios. Pero le dio por hacer gracias, que no es su fuerte, y terminó revelando que, en la medida en que el PP haga una oposición tranquila, razonada y razonable, el Gobierno y el partido gubernamental se ven abocados a mostrar sus deficiencias.

Para Blanco, Rajoy sólo gana si no tiene adversario. Es una afirmación poco elegante y alejada de la realidad porque si alguien ha tenido, no ya adversarios, sino enemigos en los últimos tiempos ha sido el presidente del PP. La comparecencia de ayer del presidente del Gobierno, que es lo que debería preocupar a José Blanco, viene a confirmar que el ejecutivo sale airoso cuando no se topa con la realidad. No es fácil estar de espaldas a ella mucho tiempo y menos en materia económica, que afecta directamente a todos y cada uno de los ciudadanos.

El baño de realismo, para el presidente y el Gobierno, ha sido catastrófico y lo peor es que resulta perturbador para todos. Acaba de aprobar el Congreso el techo de gasto con una previsión de crecimiento superior al 2% y, sin que la decisión haya sido tratada aún en el Senado, Rodríguez Zapatero, en la presentación de su informe económico, advierte que el crecimiento no llegará a ese 2%. El Gobierno se ha venido equivocando en casi todas las previsiones y el marco de su política presupuestaria se ve, incluso en ese estado de optimismo, corregido en unos días. Pasmoso.

Algunas de las medidas propuestas ayer estaban ya previstas y anunciadas. Otras, que afectan a la liberalización de las estructuras económicas, son demasiado timoratas. Lo serían en cualquier circunstancia, pero más en el escenario de crisis en el que nos encontramos. A pesar de las bromas de Blanco, no hay manera mejor de dar la razón al PP —que consideró excesivo el techo de gasto aprobado en el Congreso— que reconocer una semana después que no crecerá la economía española como se dijo. O se corrige urgentemente el gasto o la contradicción gubernamental se convertirá en patética y, además, la declinante confianza en el Gobierno se disparará.

Ni podemos permitirnos el déficit, que es un impuesto más contra la actividad económica, ni podemos seguir con el que tenemos con el exterior, fruto de un problema de competitividad de la economía española que hay que afrontar con seriedad. No valen ni los diagnósticos edulcorados ni las medidas a medio gas. Está bien que el presidente haya propiciado, un poco a trompicones, el diálogo social. Necesita ahora que ponga en marcha, para dar con una adecuada política económica, el diálogo con el principal partido de la oposición, al que no se le puede pedir que se implique sin darle voz y capacidad de aportar sus soluciones y propuestas. Porque el Gobierno —y todos nosotros tras él— necesita, para frenar la oposición de la realidad, contar con la oposición parlamentaria. Y hay que reconocer que esta ha estado más avisada que la izquierda gobernante.

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Aburrimiento, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 20 junio, 2008

Se ha tardado tanto en saber los nombres principales del equipo de Mariano Rajoy, por mucho que algunos de ellos hayan estado en los mentideros desde el principio, que la tardanza anula cualquier sorpresa. Una cierta pesantez se añade al constatar, en el comienzo del Congreso, que los críticos, ya sean pretendidamente renovadores o abiertamente reaccionarios, se han consumido en los amagos y las maniobras de distracción: atacar al jefe para disimular su impotencia. El equipo, por tanto, es un recurso, no el rostro de un proyecto contrastado en el debate.

Y, sin duda, es el ámbito de las ideas en el que la política española es cada día más aburrida. En el PP ha habido, soterrado, ligero, a menudo poco serio, un cierto debate sobre el discurso, sobre el modo de dirigirse a los ciudadanos que en estos últimos cuatro años no les han dado el respaldo necesario para gobernar, pero de ideas nada. Por eso se ha refugiado la refriega en aparentes principios y valores y se ha hurtado la discusión allí donde debe estar sometida a la contradicción entre iguales y a la falibilidad de las proposiciones. Con esos mimbres se llega al Congreso.

En la izquierda el panorama es igual o más descorazonador. A la arbitrariedad intelectual del PSOE durante el primer mandato de Rodríguez Zapatero ha seguido, amasada por una ola de hipotético realismo, la inanidad. La izquierda española no tiene, como se está viendo, las ideas precisas para proponer una determinada política económica en momentos de crisis ni, en el ámbito internacional, un proyecto original. Andan organizando un laboratorio de ideas, es decir, que, por el momento, no hay ideas ni laboratorio. Más allá, en una Izquierda Unida abonada al desconcierto, más que inanidad hay parálisis.

Hay en España, sin duda, aportaciones intelectuales interesantes para las grandes cuestiones políticas y sociales de este comienzo del siglo XXI. Algunas de ellas tienen como protagonistas a personas que viven en el ámbito de la política. Y, sin embargo, los partidos y sus aledaños parecen refractarios no ya al debate serio, sino a la formulación atractiva de proyectos con una cierta profundidad, aunque no fueran precedidos del citado debate. Si repasamos lo que se oye en el escenario de la política española sobre la crisis de Europa, sobre la aconfesionalidad del Estado y la laicidad, sobre la educación, sobre el papel y el significado de la Justicia –ý se podría alargar la lista- la conclusión no es otra que aburrimiento y frivolidad. Seguramente por eso hay que hablar tanto de nombres, y entre los nombres de integración, y en medio de la integración, de ausencia de debate. Y, en tan clamorosa ausencia, de aburrimiento.

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Oposición necesaria, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 6 junio, 2008

Como en el PP va habiendo —al menos hasta el siguiente susto— una cierta tranquilidad, se atisba levemente una cierta actividad opositora. Quizá el más grave de los problemas para la dirección del partido, y para Mariano Rajoy en concreto, no han sido las críticas de algunos de sus correligionarios y el acoso de otros (o de los mismos), sino la coincidencia de esa crisis con la paralización del partido. Si un grupo de personas de su confianza se hubieran dedicado al seguimiento y control del Gobierno, la marabunta habría sido menor y hasta se podría haber visualizado el modo de hacer oposición que Rajoy dice querer inaugurar.

Pero no ha ocurrido así y el Gobierno, a falta de una oposición vigorosa, ha tenido unos meses de propaganda y vacaciones que parecen terminar. Más por la realidad que por el PP, ha de reconocerse, y habrá que ver si este partido la aprovecha. No para salirse con la suya, que habría sido uno de los fallos de las maneras de la anterior legislatura, sino para conformar y hacer visible una alternativa. Ha de tenerse en cuenta, también como enseñanza del primer mandato socialista, que el partido opositor no puede recuperar en el último tramo, o solamente en la campaña electoral, el terreno que no se ha avanzado durante toda la legislatura.

Una de las noticias de más impacto de esta semana ha sido la subida de las tarifas eléctricas. Aunque, como dijo el presidente Rodríguez Zapatero, está más cerca del IPC que de otras cifras con las que se especulaba, la subida es superior al IPC y, salvo los hogares con muy bajo consumo, se notará sin duda en las economías familiares. Además, no será la última subida. Es cierto que hay un “déficit tarifario” difícilmente justificable, pero la situación plantea, incluso más allá de la oportunidad del momento, la existencia de un bien escaso en el que tenemos una dependencia exterior exagerada. Convendría, por tanto, que el PP expusiera su modelo, abriera razonablemente el debate de la energía nuclear, etc. Asimismo, ayer fue aprobada en Bruselas, pendiente ahora del Parlamento europeo, una normativa sobre inmigración que está más cerca de las posiciones de la derecha que de los socialistas. El PP no puede dejar pasar una cuestión en la que ha insistido tanto, y no porque sea un punto de debilidad del Gobierno, sino porque es una de las grandes cuestiones políticas y sociales del momento presente.

Son dos ejemplos entre los muchos que, ahora, la realidad opone al optimismo antropológico del Gobierno y su presidente. El contraste de las soluciones, que corresponde a la razonable confrontación democrática, es una responsabilidad de la oposición y el PP no debería olvidarla a causa de sus problemas e incertidumbres internas. Incluso atenderla puede hacer estos últimos más digeribles o, al menos, menos nocivos para su futuro.

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PP: candidaturas alternativas, de Germán Yanke en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 27 mayo, 2008

En el esperpento interminable del PP —cada día hay un susto, aunque algunos serían hasta risibles si no estuviera la derecha española en esta situación de crisis— se van perfilando tres grupos de adversarios de Rajoy. Hay un grupo de integristas que, sencillamente, se enfrentan a los demócratas del partido. Otro son los negociantes, que hicieron de su capa un sayo durante la anterior legislatura, financiaron y se apoyaron en los integristas y, ahora, al ver que termina el ciclo, se cabrean. La nefasta gestión de la oposición al presidente Rodríguez Zapatero durante su primer mandado es fruto de la simbiosis de unos y otros. El tercer grupo es de los que, por motivos distintos y con propósitos diversos, dudan de que Rajoy sea la persona para ganar las elecciones del 2012.

Todo ello se mezcla en la batalla y no sólo ante la opinión pública (que ve enemigos de Rajoy en general), sino en sus propias estrategias que, por el momento, son rabietas —muchas— o enfados más serios —los menos— que no terminan de concretarse para que no se pierda el efecto de que los críticos son más de los que se piensa. Como hasta ahora la respuesta de los fieles al actual presidente ha sido mantenerse en sus posiciones y decir que los críticos, de uno en uno, son personas maravillosas e íntegras, todos ellos grandes aportaciones al partido, la marabunta se sostiene confusa, como si sus contradicciones no tuvieran mayor importancia.

Lo que falta para que la sublevación deje de ser gomosa y estrafalaria es que los críticos presenten sus candidaturas para el próximo congreso del PP. Amagó Esperanza Aguirre pero insiste ahora en que no lo va a hacer. Es improbable —y hasta un poco ridículo— que la presidenta madrileña vaya de seguidora de Juan Costa, impulsado por El Mundo, y que, por el momento, se dice que le retiene el sistema de avales del congreso. Pero, si desea ser una alternativa a Rajoy, debería plantearlo abiertamente y reclamar los avales o el cambio de los mismos después. Algún malvado dice que Gustavo de Arístegui tenía ya asesores para ser candidato y hasta cartelería. Pues que se anime. A Elorriaga, caído del caballo, ya no le parece un líder adecuado Rajoy, pero, tras anunciarlo de modo tan pasmoso, debería decirnos qué alternativa encuentra.

¿Costa? Pero Costa, mientras preparaba el programa, era el maldito para los integristas y los negociantes que le reprochaban que hablara del cambio climático cuando había que hablar de la nación. Y ahora, perdida la confianza en Rajoy porque no habla de la nación, ¿quiénes apoyarían a Costa para hablar del cambio climático? Quizá Elorriaga, pero no otros, le darían su respaldo, y, seguramente, el protegido diputado que se envalentona ahora no se lo daría a Arístegui, como tampoco le respaldaron muchos de los que se han colocado ahora junto a María San Gil. Hay que ver, por ejemplo, si Zaplana se suma a los que defienden el humanismo cristiano como base del pensamiento político del PP. O si Jaime Mayor Oreja se coloca del lado de los que piensan que el partido reaccionó, cuando menos, de modo muy antiguo en la oposición a la ley de matrimonios homosexuales. Y así hasta el infinito.

Están enfadados, es evidente. Pero a los políticos es conveniente pedirles soluciones o, al menos, planteamientos claros. Por eso es urgente que se presente una candidatura alternativa a Rajoy. O varias. Clarificaría la situación mucho más que saber el quipo del que todavía es el único candidato.

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