Reggio’s Weblog

América Latina, una década del siglo XXI, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 9 febrero, 2009

Muchos fueron los que en los años 60 y comienzos de los 70 del siglo XX se formaron en la teoría del desarrollo del subdesarrollo. Por primera vez sus postulados tenían eco en la nueva izquierda anticapitalista. Era un punto de apoyo para definir los proyectos anticapitalistas frente a las visiones anquilosadas de los partidos comunistas defensores del feudalismo latinoamericano y las sociedades duales. El MIR chileno, los Tupamaros uruguayos, el ERP en Argentina o el ELN en Bolivia fueron algunos de sus seguidores. Pero también los hubo en otros lares de la izquierda. A los efectos, pocas veces una formulación teórica ha logrado tanta influencia en partidos y movimientos políticos. Unos y otros se disputaban la nueva fórmula para interpretar la evolución de las estructuras sociales y de poder en América latina.

Si bien hubo trabajos pioneros, los de Sergio Bagú: La estructura social de la colonia (1949); de González Casanova, La democracia en México, o Las siete tesis equivocadas, de Stavenhagen, la síntesis de Gunder Frank fue feliz. Englobaba un emergente debate frente a las teorías eurocéntricas del desarrollo. Desde las ciencias sociales se aportaba una explicación convincente y razonada del carácter capitalista de la conquista, la colonia y de las estructuras de poder imperantes en la región. Así, su éxito radicó en la manera de presentar el problema. La historia de América Latina se vio en una forma bipolar, la relación metrópoli-satélite.

André Gunder Frank tuvo la virtud y la desgracia de presentar América Latina como lo que es: una parte del proceso de acumulación de capital y del capitalismo colonial del siglo XVI, factores inseparables del propio desarrollo del capitalismo. La crítica se hizo fuerte: los países industriales nunca fueron subdesarrollados, no hay pasado por etapas similares ni se les puede adjudicar fases. La arremetida contra las teorías eurocéntricas de Rostow y sus etapas del crecimiento económico le valió su reconocimiento en todos los círculos académicos y en la izquierda latinoamericana. Es cierto que tuvo detractores y los sigue teniendo. Muchos de sus argumentos no logran el nivel de precisión exigido a quien se decía gran lector de Marx, lo cual le resta solidez a los planteamientos. Sea como fuese su aporte es un acervo del pensamiento crítico e incluso hay quienes lo consideran un adelantado a la teoría de la dependencia.

Si hoy las afirmaciones de Gunder Frank pueden resultar simplistas, en 1967 eran de grueso calibre. Afirmar que los países desarrollados nunca tuvieron subdesarrollo, aunque pueden haber estado poco desarrollados, era enfrentarse a las doctrinas hegemónicas, tanto como contravenir en la actualidad los dogmas del mercado, el neoliberalismo y su mano invisible. No fue una batalla fácil. Pero lo que quiero destacar es el sentido que orienta y articula su pensamiento. Tras de la visión del desarrollo capitalista como una relación que genera el subdesarrollo, Frank subrayó una primera variable. Cuando los lazos con la metrópoli son fuertes hay un menor desarrollo relativo del satélite y cuando los lazos son débiles existe mayor posibilidad de desarrollo del satélite. Para corroborar dichas tesis no hubo de ir muy lejos. Le bastó recurrir a la historia colonial y constatar la existencia de zonas hoy atrasadas, antaño de alto desarrollo, en función de las necesidades del capitalismo mundial, Potosí en la colonia.

Si hubiese dudas expresó la misma relación en la etapa imperialista inglesa y estadunidense. Manaos con el caucho o Iquique con el nitrato. Relatos inapelables. Lentamente dejó de ser un problema aceptar que el subdesarrollo era parte del desarrollo capitalista. Asumir que América Latina era capitalista y que nunca podría ser desarrollada como las metrópolis tenía consecuencias. Romper el subdesarrollo supondría luchar contra el capitalismo y constatar su inviabilidad.

Celso Furtado escribiría un texto clave: El desarrollo económico: un mito. Su tesis era sencilla y contundente: “el estilo de vida promovido por el capitalismo industrial ha de ser preservado para una minoría, pues toda tentativa de generalizarlo para el conjunto de la humanidad provocará necesariamente un colapso global del sistema. Esta conclusión es importantísima para los países del tercer mundo, pues pone en evidencia que el desarrollo económico que viene siendo preconizado y practicado en esos países es un simple mito. Sabemos que las naciones del tercer mundo jamás podrán desarrollarse, si por desarrollo debe entenderse ascender a las formas de vida de los que ya están desarrollados”.

Hoy, las tesis de Frank y Celso Furtado vuelven a estar de actualidad. Si los lazos con las metrópolis en tiempos de crisis han favorecido mayor desarrollo relativo y mejores condiciones para su expansión, ¿significa que saldremos mejor parados de la crisis? Lo veremos en estos años. ¿Pero ello no significará romper con el subdesarrollo? Si la afirmación se complementa con lo dicho por Celso Furtado, el horizonte no atisba mejoras. En esta primera década del siglo XXI hemos visto aumentar la desigualdad, el hambre y la miseria. En otras palabras, el capitalismo ha sido incapaz de generar con o sin recesión un proyecto inclusivo para las grandes mayorías. Ése no es su objetivo. Por el contrario, se articula como un orden excluyente y concentrador cuyo fundamento es el cálculo racional de la explotación. Así, desde su perspectiva, una salida razonable será un mayor aumento de la pobreza y la explotación, generando un orden propio de la neo oligarquización totalitaria del poder político.

En esta lógica, la crisis ha dejado al pairo las teorías del neoliberalismo, del capitalismo popular o del liberalismo social. Ninguna de las vertientes, sea vía militar o por vía electoral representativa, han dado una solución inclusiva. Más bien podemos constatar su fracaso. Ahora no es una tozudez mental: es una afirmación fundada en los hechos. Para que América Latina pueda realmente ser un continente con posibilidades debe construir un proyecto liberador, fundado en la justicia social, la libertad y la democracia, y debe apoyarse en una alternativa anticapitalista, por tanto socialista.

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¿Qué ha sido de los derechos humanos?, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Derechos, Internacional, Justicia by reggio on 19 diciembre, 2008

Hay celebraciones que enrojecen. Con un quinto del planeta en condiciones de pobreza y padeciendo hambre se rinden homenajes al 60 aniversario de la declaración de la carta de los derechos humanos. En sí constituye un acto de cinismo. Con ello no quiero afirmar que es mejor que no existiera. Pudiera ser que en su momento quienes manifestaron la necesidad de crear un prototipo de ciudadanía política tenían en mente la Segunda Guerra Mundial y las consecuencias del Holocausto nazi.

La mala conciencia de un mundo que no quería verse reflejado en los campos de concentración, en la tortura o las cámaras de gas, llevó por el sendero de redactar un decálogo de la dignidad humana. El tribunal de Nuremberg sintetizó el camino que seguirá la redacción de la carta de los derechos humanos. Sin embargo, las buenas intenciones han quedado presas de la dinámica de un orden político, de un sistema de dominio y explotación donde es inviable ponerlos en práctica, ya sea en su vertiente social, política, cultural y económica. Es la gran paradoja. Derechos virtuales, no reales. Como señalaba Durkheim, trate usted de ejercer la libertad y será reprimido. Mutatis mutandi demande la práctica de los derechos humanos y terminará, en el mejor de los casos, acusado de alterar el orden, y si reincide pasará a la cárcel, considerado un antisistema, pudiendo sufrir torturas o considerado un problema, remitirle al exilio.

En el capitalismo, independientemente de sus formas, ninguno de sus enunciados se cumple. De realizarse entraría en un colapso, más allá de sus crisis internas. No puede generar trabajo, educación, vivienda o producir alimentos para todos los seres del planeta. Menos aún repartir la riqueza. En otras palabras, se torna inviable. No representa una alternativa para homo sapiens sapiens. El capitalismo es un orden represivo incapaz de evolucionar hacia una democracia donde vivir una vida digna. En otras palabras bloquea la libertad de realización: poder ejecutar y convertir en realidad aquello que hemos elegido y decidido. Este concepto de Luis Villoro identifica el límite de un régimen excluyente y concentrador de la riqueza en todos los órdenes, inclusive antes del nacimiento. En un estudio del Instituto de Investigaciones de Naciones Unidas para el Desarrollo Social y el Grupo de Investigaciones Agrarias sobre el hambre en las economías agroalimentarias de exportación realizado por Gonzalo Martner a fines de los años 80 se constataron algunas de las consecuencias del cambio de la dieta alimenticia en las futuras madres y en los futuros niños. “En el caso de los niños, los efectos a corto y largo plazos de la subalimentación son devastadores. No obstante la protección a la vida intrauterina, dichos efectos comienzan a manifestarse antes del nacimiento a raíz de la carencia de elementos nutritivos aportados por las madres insuficientemente alimentadas. Ello se traduce en aumentos de peso frecuentemente inferiores a los normales y por último en un peso insuficiente del niño desde el nacimiento, en trabas a la producción de leche materna y en efectos sobre la evolución cerebral: en el caso de la subalimentación de la madre el número de neuronas producidas hasta el séptimo mes disminuye, junto con las conexiones neuronales y a la mielinización de las neuronas, una de cuyas funciones es la transferencia de información… Cabe así subrayar que los daños cerebrales, cuyo carácter es irreparable, hacen imposible cualquier futura igualdad de oportunidades, se producen desde la concepción al tercer año de vida.”

Si el estudio se proyecta sobre el último informe de la FAO de 2008, donde se señala el aumento del hambre, de los precios de los alimentos y de mil millones de personas en condiciones de subalimentación en África, Asia y América Latina, estamos hablando de un retroceso de la condición humana. El primer derecho de igualdad y de libertad en el feto deja de cumplirse antes de nacer, a pesar de lo que dicen la iglesia y las asociaciones pro vida, tanto como las antiabortistas. ¿Dónde están los derechos humanos previos al nacimiento? Ahora están en manos de las trasnacionales de la soya y los agrocombustibles. Un quinto de los futuros habitantes del planeta tendrán inteligencia limitada. Clínicamente padecerán idiotez y, por ende, no podrán desplegar una vida digna. Son las consecuencias de la mielinización neuronal, apuntada por Martner. Hoy resultado voluntario de las políticas alimenticias diseñadas por los países dominantes y empresas como Monsanto. El uso de transgénicos, el alto costo de las semillas, el control monopólico de sus precios, por poner otro caso de violación de los derechos humanos, ha conllevado sólo en India al suicidio en un año, denunciado por el príncipe Carlos de Inglaterra, de 150 mil campesinos con raticida e insecticidas ante la imposibilidad de pagar las deudas con las financieras.

Los derechos humanos no son violados por estados o gobiernos en abstracto, lo son por banqueros, empresarios, militares, trasnacionales. Tienen nombres y apellidos. Ellos cuentan con el aval de los estados, los gobiernos y el Vaticano, quienes en nombre de la cruz y la espada, las libertades del mercado y de las leyes de la oferta y la demanda, asesinan a un quinto de la población mundial. Como ejemplo del cinismo del primer mundo, en medio de la recesión, grandes almacenes de Madrid han bajado sus precios, el resultado es óptimo. Más beneficios que en todo el año. El negocio es el negocio. El primer derecho humano: apoyar el consumo. Que otros se suiciden con insecticida es mera estadística. No resulta extraño que las encuestas en América Latina reflejen alarmantemente preferencias de ciudadanos por regímenes autoritarios con tal de tener seguridad y poder consumir. Orden y progreso. Para este viaje no hacen falta los derechos humanos.

La digna rabia en América Latina, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Política by reggio on 9 diciembre, 2008

Mientras sus pensamientos envuelven los pasos sobre los que ya no podrán volver, se desplazan. Otras se quedan; también hay quienes optan por una solución drástica. Mientras tengan la capacidad de ejercer sus derechos ante las violaciones del enemigo, el acto de amor es evitar sufrimiento. Se han apoderado de su territorio, no de su dignidad. Optan por el aborto. Es la respuesta a una infamia.

Durante años los paramilitares, los terratenientes y el gobierno se comprometen con el exterminio de los pueblos indígenas. El ejército entra sin contemplación alguna. Arrasa poblaciones enteras de campesinos mayas. Los descuartiza. Algunos soldados juegan al futbol con la cabeza de sus víctimas. Otros prefieren el canibalismo. También empalar no es mala opción, supone un ejemplo de machismo a la tropa. Mientras tanto, las ONG de ayuda al desarrollo buscan dinero en Europa para construir puentes y carreteras en medio de la selva. Es la forma de llevar la “civilización”. Senderos de gravilla para mantener comunicadas las aldeas. Sin mala intención podrán obtener recursos y pasar algunos años de su juventud en un país “exótico”. Es la otra cara de la moneda. Desconocen los usos que darán las autoridades a sus proyectos. Han hecho el trabajo sucio a las fuerzas armadas. El genocidio puede comenzar gracias a la buena voluntad de las ONG. Son los efectos no deseados de la acción. Los daños colaterales. Jeeps fabricados en Estados Unidos, financiados con la ayuda al desarrollo, entrarán semanas más tarde a los poblados antes casi inaccesibles sin muchos contratiempos. En pocos minutos nadie queda vivo.

De esta guisa fueron exterminados en Guatemala, según consta en las conclusiones de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Naciones Unidas, a manos del ejército, 180 mil civiles. La mayoría campesinos indígenas de cuatro regiones pobladas por cinco grupos étnicos, mayas-q’anjob’al, maya cluj, maya ixil, maya-kiche’ y maya-achi’. El informe fue demoledor y se definió su actuación como genocidio. “Agentes del Estado de Guatemala, en el marco de las operaciones contrainsurgentes, ejecutaron actos de genocidio en contra de los grupos del pueblo maya…” Sin embargo, esta realidad fue conscientemente ocultada. La política del olvido y el pragmatismo se impone.

Los procesos de paz de los años 80 acaban por reducir las matanzas a reflejos de una época de violencia donde las bajas fueron consecuencia de la guerra fría y de la lucha anticomunista. Pero hoy se sigue exterminando a los pueblos mayas. Son miles los desplazados. En la frontera con México se ve transitar a cientos de familias guatemaltecas en campamentos de refugiados que han perdido todos sus bienes. Están olvidados, tienen miedo y no regresan. Su futuro es arrebatado por las multinacionales agroalimentarias. Sobreviven en medio de la indigencia. Los pueblos indios llevan en esta situación desde la conquista. No es necesario incidir en el colonialismo interno, tan bien expuesto por Pablo González Casanova y Rodolfo Stavenhagen. En dicha realidad, la sociedad blancomestiza se siente cómoda explotando y dominando. Es el exterminio de una cultura.

El etnocidio como la solución final les evitará una guerra interna, como en Chiapas o el sur de Chile con los mapuches, donde se mandan el ejército y las fuerzas armadas aplicando la ley antiterrorista de 1984, es decir, creada durante la dictadura de Pinochet. En la cárcel más de 200 mapuches acusados por dicha ley. Una realidad que se generaliza a todo el continente. En la mayoría de los países latinoamericanos los pueblos indios sufren las consecuencias de un poder político racista, fundado en teorías de la superioridad étnico-racial del siglo XVI.

La conquista trazó sus límites y puso sobre la mesa la cosmovisión del colonizador, más adelante mutado en criollo, transformado en oligarca en el siglo XIX y reconvertido en neoliberal por obra del proceso de trasnacionalización del capital. De gustos toscos y comportamientos impropios de cristianos viejos, se convirtieron de porqueros en hacendados, luego en grandes mineros, financistas e industriales, y hoy travestidos en gerentes de la Monsanto, Endesa, Telefónica, Iberdrola o Repsol. Herederos de los Alvarado, Coronado, Pizarro, Valdivia, Alvear son los actuales forjadores de las dinastías de los conquistadores. No han variado un ápice sus mentalidades primitivas. Así se explican las matanzas y el odio profundo contra los pueblos indios. Mapuches, mayas, chibchas, yanomamis, guaranís, quichuas o aymaras. No de otra manera se comprende que emerja en Chiapas una rabia en forma de resistencia y se organice traspasando fronteras. Que su presencia se extienda y que amerite un debate. Esa defensa frente a la explotación, la muerte, la tortura y la codicia. No hay épica en la resistencia, hay perseverancia, y un nuevo modo de construir el futuro. Es la otra historia, la de la digna rabia, aquella que abre caminos y se presenta de manera irreverente, sin pedir permiso a las clases dominantes, a sus partidos, a sus intelectuales y, sobre todo, a sus aliados de la izquierda neoliberal.

Hoy, más que nunca, es obligado escuchar la voz de quienes en su resistencia incorporan nuevas formas de actuar y pensar desde los principios de la dignidad, la justicia, la democracia, sin renuncia a su identidad. Única manera de construir un proyecto donde la soberanía y la independencia se reúnen en la lucha contra la explotación capitalista.

Estados Unidos, Obama y América Latina / II y última, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Política by reggio on 21 noviembre, 2008

“La administración de Bush fracasó al apoyar un estilo de vida consumista y hoy vemos que gastamos una fortuna y compramos petróleo a países que apoyan al terrorismo”, ha señalado Frank Pérez respecto a Venezuela, lo cual no es muy diferente de lo que dijo Obama cuando acusó a Venezuela de apoyar a las FARC y al presidente Chávez de ser un “demagogo” con “peligrosa retórica antiestadunidense”.

No se entiende que intelectuales del pensamiento crítico se posesionen al lado de Obama tildando al político de anti status quo y vean su triunfo como un logro de las fuerzas progresistas de la humanidad. Sus tanques de pensamiento y el establishment adoptan una actitud hostil hacia los países antimperialistas, cuyas políticas antioligárquicas, nacionalistas y socialistas, como es el caso boliviano, ecuatoriano, cuestionan la estrategia estadunidense. Con Cuba, su opción es abrir un camino de diálogo para el envío de remesas a las familias y facilitar las visitas de familiares, lo cual no eliminaría el bloqueo. Respecto a Brasil, buscará apoyar a los productores de etanol con un arancel a la importación, medida popular en los estados productores estadunidenses.

Igualmente, sus asesores le aconsejan el nombramiento de un procónsul para dar mayor fluidez a la relación con la región en su conjunto. Así, la estrategia diseñada se presenta como un liderazgo positivo y una inversión del unilateralismo, aunque los intereses de Estados Unidos sean solucionar su crisis interna y entre sus prioridades estén los conflictos en Asia y Medio Oriente.

No obstante, el eslogan de campaña –Un cambio en el que puedes creer– es el comienzo de una etapa histórica. El ave Fénix renace de sus cenizas, gracias a un hombre cuyo carisma encarna la emergente América mestiza, y el imperialismo se moviliza gracias a la idea del Destino Manifiesto: “idea tan extraña como visionaria que ha penetrado en los espíritus de la generalidad de los hombres: el imperio avanza hacia el oeste y todo el mundo aguarda con impaciente expectación y ansia el momento destinado a que América dicte las leyes al resto del mundo”.

Los enviados especiales se dejan llevar, presa de las emociones, de la política espectáculo y del marketing de las campañas. Describen el desborde popular del candidato demócrata y el despertar de las minorías oprimidas. Fueron constantes sus alusiones al carácter afroestadunidense de Obama. Hicieron hincapié de forma cansina en su condición étnica. Incluidos McCain y Bush resaltan el triunfo bajo la perspectiva étnico-racial de una nueva América. Una catarsis. La liberación de negros, las minorías asiáticas y latinas, el fin de un camino. Un discurso sentimental, pero sin recorrido.

No sin razón, Obama, conocido el triunfo, refleja el ansia de libertad en el voto de Ann Nixon Cooper, una mujer de 106 años que simboliza el largo recorrido del ciudadano estadunidense en la lucha por sus derechos. Su voto comprime el del Destino Manifiesto. La memoria de la esclavitud, unida a los inmigrantes, los discapacitados, los excluidos, los pobres. De ellos es la victoria, dirá emocionado. Pero esta interpretación, síntesis manipulada de la historia estadunidense, olvida a otros afroestadunidenses como Condoleezza Rice y sus guerras fraudulentas, a militares infringiendo torturas, jueces prevaricando, senadores favoreciendo desfalcos financieros, inmobiliarios. Poner el acento en el color de piel del nuevo presidente es ocultar el verdadero debate. ¿La condición étnica determina una política exterior?

En las primarias, a Hillary Clinton no le pasaron inadvertidas las alusiones de Obama a Ronald Reagan. Lo reivindicó como hombre de pro. Y se vio obligado a salir del atolladero en un debate público. Dijo aludir a los sentimientos patrióticos manifestados por Reagan: su orgullo de pertenecer a Estados Unidos. Su equipo asumió la percepción visionaria de Ronald Reagan en los años de guerra fría. El triunfo fue aplastante: 489 delegados contra 49 de Carter en 1980 y 525 frente a los 13 de Mondale en 1984. Con un discurso confeccionado ex profeso aludió a la pérdida de liderazgo y buscó cerrar las heridas de la guerra de Vietnam, proyectando una nueva hegemonía internacional. Acusó a los demócratas de ceder territorio a los soviéticos y comunistas. Cuestionó los tratados Torrijos-Carter, culpabilizó a la administración de Carter del triunfo de la revolución sandinista y de la crisis de Irán. Finalmente, Reagan y su plataforma republicana se comprometieron a salvar los Estados Unidos de la debacle.

El llamado fue explícito: intervenir para revertir la realidad. Recuperar el orgullo de sentirse estadunidense. “La defensa de la soberanía de una nación y la preservación de la identidad cultural de un pueblo son fundamentales para su supervivencia. Estos dos elementos están siendo suprimidos por el comunismo internacional. Sólo una política estadunidense dirigida a preservar la paz, a promover la producción y a lograr la estabilidad política puede salvar al Nuevo Mundo y preservar la posición global de poder de Estados Unidos, la cual descansa sobre una América Latina segura y soberana. El continente americano se encuentra bajo ataque. ¿Duda Washington?

Para América Latina fue una etapa negra. La invasión de Granada en 1983, la desestabilización en Jamaica, Nicaragua y las guerras de baja intensidad. Hillary Clinton increpó a Obama diciendo que ella nunca pondría de ejemplo a Reagan, pero Obama sostuvo el argumento: era un patriota que sacó al país de la crisis. Obama se refleja en Reagan.

Si hacemos caso a Robert Pastor, ex director de Asuntos Latinoamericanos y del Caribe, en el Consejo de Seguridad Nacional de Carter puso en el tapete que “Estados Unidos es la nación más poderosa del hemisferio, responde a impulsos nacionalistas, pero es reacia, como cualquier otra, a renunciar a sus facultades soberanas. Lo que hace falta es un liderazgo que explique que no se está cediendo poder, y que más bien se está elevando la capacidad para resolver problemas.

Resulta esencial un nuevo enfoque de la antigua cuestión de la soberanía para calmar el remolino y afirmar la democracia. “Obama y sus asesores saben que el debate del unilateralismo y el paso al multilateralismo es más bien cuestión de maquillaje”. Lo cierto es que rehacen la Alianza para el Progreso. Bajo el lema: “Lo que es bueno para Estados Unidos es bueno para América Latina”, reditan la política del garrote, la zanahora y del buen vecino. “Dios bendiga América”.

Estados Unidos, Obama y América Latina / I, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 16 noviembre, 2008

Nunca antes la elección a presidente de Estados Unidos levantó tantas expectativas, a la par que ha sido huera en debate político. Pareciera ser que las diferencias entre demócratas y republicanos se esfumaron en beneficio de culpar a la administración Bush de todos los males que la aquejen. Un sobrecargado escenario de guerras espúreas, hipotecas basuras, crisis financiera, ecológica y global ameritaba esta decisión. Las mil y una plaga, en una sociedad carente de liderazgo, requería un plan estratégico. Lo más adecuado era buscar un chivo expiatorio y fundar la nación en el marco de un nuevo orden mundial. Los dardos se dirigieron hacia George W. Bush. Así, los jefes de campaña enfilaron el problema con un debate anodino. Grandes proclamas y poca enjundia. Lo más sobresaliente, acusaciones de socialista y musulmán al candidato demócrata.

En estas elecciones se jugó recuperar la confianza en el sistema. Que la maltrecha clase media, a quien se dirigió Obama constantemente, creyese en Estados Unidos como la tierra de las oportunidades bendecida por la divina providencia. En ella se cumplieron los sueños de Jefferson, Hamilton, Franklin, Grant y Lincoln. Se trataba de reeditarlos con la grandeza de un siglo XXI globalizado. El perfil político y cultural afroamericano de Obama se construye con este significado. Su voluntad se presenta al gran público como el afán de superación del hombre hecho a si mismo. A su adversario, John McCain, se le visualiza como un patriota ex combatiente de Vietnam. Su elección supondría continuidad y retrasar la salida a la crisis. Perspectiva nada halagüeña. Con estos argumentos, Obama obtiene un primer triunfo. Gozar de la simpatía de una buena parte de aliados occidentales, inclusive en América latina, Asia, África y Oceanía le ven con buenos ojos. El mundo lo aclama. Un plus que le permite reorganizar la política exterior a su antojo, con un vicepresidente experimentado y un proyecto asentado en el viejo ideario de recuperar la hegemonía mundial lo antes posible.

Para el establishment estadunidense el camino está despejado, América Latina se mantendrá bajo el nuevo orden panamericano; emergente en los años 90 y cuya concepción la encontramos en el concepto de seguridad hemisférica, remodelada tras la guerra fría. Charles Shapiro, actual coordinador principal de Libre Comercio de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental declaraba el 17 de agosto: Evidentemente habrá algunos cambios… dependiendo de quien resulte electo y quien sea el próximo secretario de Estado –pero subrayaba– serán cambios sutiles y de énfasis, estoy seguro de que en lo que respecta a la forma general de la política estadunidense hacia América Latina y el Caribe, ésta continuará en los parámetros que previos Presidentes han seguido durante los pasados 30 años.

Esta visión fue expuesta por José Miguel Insulza, actual secretario general de la OEA, cuando dijo que la seguridad hemisférica era fruto del consenso estratégico entre demócratas y republicanos. A Al margen de la retórica que muchas veces preside los documentos oficiales, todos los participantes en el debate parecen coincidir en la definición general de que los objetivos primarios de la política exterior norteamericana son los de autoconservación, la seguridad y la existencia continua en las mejores condiciones sociales, políticas y económicas posibles. A partir de 1945 la pugna entre aislacionistas e internacionalistas no volvió a producirse, en el sentido de que nadie está en contra de que Estados Unidos asuma un papel hegemónico en los asuntos mundiales y de que en un plano general todos están de acuerdo en que nada de lo que ocurra en el mundo es ajeno al interés de seguridad nacional de Estados Unidos.

Este consenso se observa en las tres anteriores administraciones. En efecto, sin negar las diferencias, todas trabajaron para revitalizar el sistema de dominación. Con tal fin George H. Bush continuó luchando para ganar “conflictos de baja intensidad” que entonces se desarrollaban en Colombia, Guatemala y Perú, así como la “guerra contra el narcotráfico iniciada por Reagan”. También proclamó la Iniciativa para las Américas (dirigida a “crear una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego”) e impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (ALCA) con Canadá y México y el compromiso de Santiago de Chile con la Democracia Representativa y la Modernización de la OEA, aprobado por esa organización en 1991. Todas esas estrategias fueron ratificadas por William Clinton. En su mandato se promulga la Ley Helms-Burton, profundizando el bloqueo hacia Cuba.

Hoy los asesores para América Latina del ahora presidente electo, Barack Obama, Dan Restrepo, miembro de número del Centro para el Progreso de las Américas, y Frank Sánchez, ex subsecretario de Transportes con Clinton, continúan esta tradición. El primero explica que Obama buscará reeditar un lan similar a la Alianza para el Progreso con el fin de exportar democracia, oportunidades y seguridad, de forma que se combatan los retos que encara el pueblo de las Américas, de modo tal que lo que sea bueno para América Latina sea bueno para Estados Unidos.

Versión posmoderna del cliché “Lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”, eso sí, en el contexto del nuevo orden panamericano, definido en las administraciones republicanas. Mientras tanto, Frank Pérez es más contundente. A pregunta sobre la posición de Obama sobre Colombia se despacha de la siguiente manera: El Plan Colombia continuará y queremos agregarle más dinero para fortalecer la democracia, la justicia y el desarrollo económico. Obama ha apoyado fuertemente a Uribe en su lucha contra las FARC, fue uno de los únicos políticos en Estados Unidos que apoyó a Uribe en su incursión a Ecuador. Ni Bush fue tan abierto con el apoyo en ese ataque.

Sin embargo, estas declaraciones pasan inadvertidas para los analistas, desconociéndose que las decisiones sobre el subcontinente las toman la Secretaría de Estado, de Defensa, la comisión del Senado, la Cámara de Representantes y el establishment político, además de los lobbys.

El consenso funciona bajo el unilateralismo y manda la aplicación de la lucha contra el narcoterrorismo, el Comando Sur, la DEA, con su plan Iniciativa Antinarcóticos Andina, y los Tratados de Libre Comercio. Los dos asesores no alterarán el itinerario, salvo pequeños retoques. Del tratado de libre comercio, Pérez se desplaza al concepto de una vocación de comercio justo, aunque no aclara su significado. Es más contundente al manifestar la ayuda militar para luchar contra la subversión y el narcotráfico. Lo dicho debe interpretarse como mantener las bases en Perú y el Caribe. Tampoco se oponen a militalizar la frontera con México y consolidar los centros de operativos de avanzada en Honduras y El Salvador y otorgar continuidad al Plan Puebla Panamá. En definitiva, continuidad.

En la crisis: reservado el derecho de admisión, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 9 noviembre, 2008

Marx, al comenzar El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, con su ironía y estilo literario señaló que los grandes hechos, si se repiten, no tendrían el carácter de grandeza o tragedia, y lo harían en su modalidad de farsa o caricatura. La actual crisis no contradice su postulado. De forma grotesca, el ansia de acumulación de los capitales financieros especuladores que actúan en las bolsas del mundo es parte de esta caricatura. Si la tragedia se produjo con el crack del 29 y la crisis de entreguerras del siglo XX, la farsa está representada por el adoctrinamiento económico liberal desatado en los años 70 del mismo siglo.Tratando de hacer comulgar con ruedas de molino, se cayó en el mismo mal: se repitió el mismo error. Sólo que en esta ocasión se cumplió la profecía marxista. Ha sido una estampa única observar a los banqueros jugando contra la banca. Pareciera que no les importó declararse en quiebra. Su convencimiento altanero deviene de sentirse controlados por los gobiernos formales y ser parte del poder transversal. Estaban seguros de que el Estado saldría en su auxilio. Para ellos el mundo pasó a convertirse en un casino con una ruleta. Una gran ruleta en la cual se puede jugar y apostar hasta el infinito. No hay peligro. Si cae uno, ya vendrá otro. Juegan todos contra todos y en beneficio propio.

Resulta obsceno verificar cómo los gobiernos de la derecha y socialdemócratas salen en defensa de sus corruptas elites financieras. Desde Estados Unidos hasta Holanda, pasando por Alemania, Italia, Francia, España o Canadá. Miles de millones de euros y dólares son entregados a los bancos para mantener abierto el casino. Hay que seguir apostando a la ruleta. Se trata de mantener la fiabilidad en el sistema y dar rienda suelta a los ludópatas. Cualquier cosa antes que poner en entredicho el orden financiero y económico mundial. De no hacerlo estarían corroborando que el capitalismo está en crisis. Y semejante afirmación es una herejía. Hoy, las bolsas siguen siendo un gran negocio. Comprar en momentos de baja permite obtener pingües beneficios a medio plazo. Pero sólo quienes poseen grandes sumas de dinero pueden invertir. Mientras tanto, a cara descubierta o de manera soterrada se ejerce una fuerte presión sobre las clases explotadas y dominadas, aprovechando para flexibilizar aún más el mercado laboral, despedir a los trabajadores, a cientos y miles, acosar a los sindicatos, privatizar y conceder mayores prerrogativas a las trasnacionales en su afán por recortar los derechos sindicales y laborales, ya de por sí disminuidos en estas dos últimas décadas. En pocas palabras, aumentar el grado de explotación del capital sobre el trabajo. Empresas como Monsanto, Bayer, Repsol, Iberdrola, son un ejemplo del nuevo tipo de actuación en el orbe. Convirtiéndose en grandes latifundistas participan de procesos desestabilizadores. Sin escrúpulos contratan paramilitares en Colombia y desplazan a los campesinos de sus territorios para plantar soya y transgénicos. Otras apoyan a gobiernos corruptos en su ansia de mantener en el poder a sus aliados al ver afectados sus intereses. Inyectan fuertes sumas de capital a partidos políticos, caso de México, recibiendo a cambio la palabra de los gobernantes ilegítimos a la hora de hacerse más adelante con los sectores estratégicos, antes en propiedad del sector público.

Verificar la caricatura de refundación del capitalismo no es un consuelo. La muerte cada dos segundos de un niño en el mundo no es una farsa. El aumento de suicidios entre los campesinos en los países de América Latina, Asia y África se relaciona con la falta de créditos y la incapacidad para hacer frente a las deudas contraídas con los bancos. Desesperanza, frustración e impotencia. La lucha es parte de la estrategia de sobrevivencia, aunque también la muerte acaba transformándose en una mala salida cuando se reprime la organización política y popular. Así, los empresarios se frotan las manos. Se quedan con sus propiedades y, como si fuera poco, piden para ellos exenciones fiscales, límites al pago del IVA y anular las multas contraídas con Hacienda. Es el momento para optimizar su situación. Pero los trabajadores no gozan de los mismos privilegios. Para ellos, el discurso y la política es la de ajustarse el cinturón, pagar el IVA y ser buenos ciudadanos, es decir, pagar 100 por ciento de los impuestos, las hipotecas, los préstamos, los intereses bancarios y las deudas. No hay aplazamientos posibles. De no comportarse adecuadamente, el embargo, la pérdida de los bienes, el despido y la cárcel son el horizonte más probable.

Mientras tanto, George W. Bush, en un ataque de apoyo a las políticas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, ofrece a sus amigos miembros del G-8 y países emergentes una reunión para hablar de la recesión. Con un carácter entre nostálgico por la despedida de su mandato, ha reservado el derecho de admisión. Seguramente en medio de cenas opíparas, los asistentes darán un tirón de orejas a los desbocados especuladores por haber roto las leyes del mercado. Igualmente, estarán convencidos de que las aguas volverán a su cauce dentro de unos años y que es hora de capear el temporal. Así, apostarán por seguir apoyando el desmantelamiento del sector público, la privatización de la salud, la educación, la desregulación del mercado laboral, el despido libre, la apertura comercial y financiera. Ninguno de ellos pondrá en duda la viabilidad del capitalismo. Ahora recurrirán al viejo lord Keynes para salvar los muebles, cuestión que no es incompatible para evitar el colapso.

Como colofón de este esperpento, el presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, llora por no ser convocado. En un provincianismo propio del subdesarrollo cultural y social que caracteriza a la España del siglo XXI, al decir de Vicent Navarro, el reino moviliza todas las fuerzas para estar presente como uno de los invitados donde está reservado el derecho de admisión. Pobre bagaje para un gobierno que debería estar más preocupado por evitar que sus trasnacionales no cometan genocidio, etnocidio ni desestabilicen gobiernos democráticos en América Latina.

Ni Hayek ni Keynes, hoy más que nunca Marx, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Política by reggio on 12 octubre, 2008

Vivimos tiempos de incertidumbre. Quienes valoran la extensión de la crisis del capitalismo son los movimientos alternativos, sus gestores y causantes. Los diagnósticos y proyecciones sobre la globalización neoliberal lanzados hace 20 años por los movimientos antiglobalización o antisistémicos han dado en la diana. Las políticas de privatización, apertura comercial, financiera y flexibilidad laboral escondían un enorme grado de explotación y especulación. El resultado sería inevitablemente el colapso general del planeta. Nada hacía presagiar otro sendero. Sin embargo, resulta extraño que los economistas neoliberales se queden perplejos y apunten a pecados bíblicos como la tacañería y la avaricia para explicar la crisis. ¿Acaso piensan en otra racionalidad del capitalismo? Su incultura parece situarse en las mismas cotas que la crisis. Son de hondo calado. De nada les ha servido obtener master o doctorados en Chicago o la fundación Heritage. Lo recomendable hubiese sido darles a leer los cuentos de Charles Dickens y poner sobre su mesa los estudios históricos de Sombart relacionando el burgués con la propensión al lujo y el origen del capitalismo. Pero la mala memoria de los actuales tecnócratas de las finanzas coincide con la derrota de su doctrina del libre mercado. No les gusta reconocer que el derroche es parte de la mentalidad plutocrática de la evolución del capitalismo. No hay banquero que no haga ostentación de su riqueza en forma de yates, coches de lujo, organice viajes de placer, comidas opíparas, orgías, adquiera ropas de marca, participe de prostitución de alto copete, y se vanaglorie de comprar y vender obras de arte. De otra manera no serían capitalistas. El robo y la piratería es consustancial a los orígenes del capitalismo y precede la globalización neoliberal. Baste recorrer las calles de Florencia o de Venecia para saber de qué hablamos. Los Medici y los Sforza. Palacios y riquezas en diferentes arquetipos muestran su poder y el de sus repúblicas. Sorokin lo ejemplarizó con una metáfora. El capitalismo no puede vivir en una sociedad de credo comunista, se debe al lujo. El capitalismo no tiene salida al margen de sus parámetros de consumo y de organización económica. Requiere tragar, engullir, es violento y necesita un mayor grado de fuerza bruta para apuntalarse. Se mantiene gracias a la eficiente acción de las clases dominantes y de las elites económicas, verdaderas controladoras del Estado y de sus aparatos de dominación política. Hipótesis comprobable si vemos el itinerario que se pretende seguir al “donar” millones de dólares o euros a quienes han provocado la mayor crisis social y económica hasta ahora conocida debido a su falta de escrúpulos para obtener un plus y engordar sus cuentas corrientes a costa del contribuyente. No podía ser de otra manera.

Marx tenía razón. Cuando los gobiernos conservadores y neoliberales se prestan a rejuvenecer el sistema financiero por medio de un intervencionismo estatal se refuerza el carácter de clase del Estado. Es el capitalista global el que está representado en su forma equivalente general. En momentos de necesidad emerge su esencia. Inyectar millones y millones de dólares o euros para evitar una catástrofe financiera o una caída espectacular de los valores bursátiles, supone orientar políticamente las decisiones. Pero igualmente, conlleva salvar a los grandes empresarios y las trasnacionales. El horizonte es reflotar el sistema. No se busca una crítica sobre las causas que han motivado llegar hasta aquí. No se preguntan sobre los orígenes de un orden social fundado en la expoliación de los recursos naturales, en la degradación del medio ambiente, y en una continuada y constante pérdida de derechos sociales, políticos y económicos de las grandes mayorías. Es decir, no se trata de dar un giro de 180 grados. La respuesta a la crisis consiste en velar su causa, la irracionalidad de la explotación del hombre por el hombre y del hombre hacia la naturaleza. En ocultar el beneficio de las empresas trasnacionales, dueñas de las tecnologías y las patentes capaces, primero, de crear hambrunas en continentes enteros y, después, de llevar a la muerte a miles de niños obteniendo pingües beneficios para aumentar rendimientos en condiciones de monopolio. Empresas patrocinadoras de guerras espurias, de venta de armas, de trabajo infantil y de inmigración ilegal. Factores que coadyuvan para abaratar costes de producción y aumentar su control sobre gobernantes corruptos y dóciles.

No nos llamemos a engaños. Insuflar dinero a los grandes bancos y salir en defensa de sus consejeros y altos cargos es parte de una estrategia pendular. Cuando no resulta oportuno tejer con Hayek, se teje con Keynes. Unas veces desde la oferta y otras desde la demanda. Tanto monta, monta tanto. En cualquier caso, el resultado es el mismo. La relación capital-trabajo se asienta sobre la expropiación del excedente económico producido por el trabajador en condiciones de apropiación privada. Así, quienes pagan los platos rotos de esta estrategia son los de siempre. Las clases explotadas y oprimidas del campo y la ciudad. Salvar el orden económico, sin modificar su estructura y su organización, conlleva un aumento de la desigualdad social y la explotación. Pero el discurso de la cohesión social recubre esta opción bajo el eufemismo de apoyar una estrategia de aumentar prestaciones a los más débiles. Políticas para los desamparados y los pobres de solemnidad. Así, se soslayan las indemnizaciones millonarias a los ejecutivos de los bancos y las empresas trasnacionales cuyos contratos blindados se gestionaron con anterioridad. Los impuestos de todos irán a los bolsillos de unos pocos y servirán para pagar una buenas vacaciones y aligerar el estrés de su ineficaz gestión. Ninguno pasará por la cárcel, previo juicio. Tampoco se verá sometido al escarnio público ni se avergonzará. Seguirán en sus trece, para ellos, nada ha fallado; esperarán agazapados la siguiente oportunidad. Su relato será simple: han sido unos pocos inescrupulosos los causantes del desastre. Las aguas deben volver a su cauce. El capitalismo retomará su rumbo y otra vez se podrá robar a manos llenas. Por este camino el planeta desaparecerá. Ni Hayek ni Keynes, hoy más que nunca Marx.

La estrategia de España ante Bolivia, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Derechos, Economía, Internacional, Política by reggio on 26 septiembre, 2008

Es habitual encontrarse en España con un rechazo generalizado a la actuación de los gobiernos de izquierda, mejor dicho democráticos, en América Latina. Éstos gozan de una mala prensa. El concepto calza como anillo al dedo. Se trata de un lenguaje de la desestabilización creado por ideólogos, periodistas y comunicólogos. En el caso de Bolivia se busca justificar un golpe de Estado cívico-prefectural como el vicepresidente Álvaro García Linera denomina a la conspiración de las políticas autonomistas encabezada por los prefectos de los departamentos de la media luna: Santa Cruz, Beni, Tarija, Chuquisaca y Pando. Todos amotinados obstruyendo el desarrollo del proceso democrático constituyente.

En Europa, y en especial en la España subdesarrollada social y culturalmente, es decir la actual, se presenta una realidad donde aparecen bandos enfrentados que pugnan por imponer sus alternativas en medio de una falta de consenso. Sobre este relato se avala la actuación de actores pacificadores exteriores y se ofrecen sus favores. España juega dentro de este itinerario. Su papel se incorpora a la estrategia de Estados Unidos para la región, es decir, busca socavar el proceso político inaugurado con el triunfo del MAS y su presidente Evo Morales, en tanto participan de un proyecto antimperialista y anticapitalista. De esta guisa se suma al carro de la condena por la expulsión del embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, considerada una falta de sesera y un tirar “balones fuera” al culpar a los yanquis de todos los males que aquejan a Bolivia. Es una salida en falso para no responder a las demandas de autonomía de las provincias de la media luna y una manera de solapar sus propios errores, manifestados en un empate técnico entre partidarios de unos y otros en el referendo. En este relato, no hay ninguna alusión al papel de Goldberg jugado en la división de Kosovo en su etapa de embajador. Se encubren y silencian sus reuniones con los gobernadores sediciosos a los cuales presta ayuda logística, económica y política para urdir su trama. Muchas armas se compran con el dinero que sale de la embajada estadunidense y se financian los paramilitares que han terminado por generar la matanza de Pando del 11 de septiembre.

En España no hay manera de enterarse de estos hechos. Todos los medios de comunicación, sin excepción, distorsionan la realidad y asumen el lenguaje de la desestabilización, apoyando el discurso del prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, al solicitar observadores internacionales y señalar que las turbas armadas eran simpatizantes del MAS. Se miente en la información. Los medios se comprometen con la oligarquía y las trasnacionales heridas por las políticas de nacionalizaciones. En esta dirección, el ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, con la misma celeridad que Rodríguez Zapatero apoyó la elección de Felipe Calderón en medio del fraude electoral en México, expresa el deseo de mediar en el conflicto y la crisis entre las partes.

Si se refiere a Bolivia, no existen dos partes. Hay un gobierno constitucional y golpistas. Un alzamiento contra el estado de derecho por quienes se apropian de las instituciones para asesinar a campesinos armando a grupos paramilitares y con ello generar una red de apoyo internacional hacia sus reivindicaciones secesionistas. Desde sus sitios de privilegios, prefectos, alcaldes, diputados atacan la Constitución y se declaran insumisos frente a la ley. No se trata de una crisis de institucionalidad ni una pérdida de legitimidad. Hablamos de un complot para derrocar a un gobierno y de una conspiración armada con resultado de muertes y asesinatos a la población civil.

Obligar al cumplimiento de la ley y declarar el Estado de sitio no es un problema de abuso de poder: es defensa democrática en momentos de asonada y amotinamiento. Cuestión de orden público. Sin embargo, el gobierno del PSOE considera que Bolivia está inmersa en una etapa de pre guerra civil, siendo necesario una mediación internacional, de carácter neutral. De forma implícita, otorga legitimidad a los conspiradores. Su discurso oficial es bien conocido. Justifica las reivindicaciones autonomistas de la oposición al gobierno de Evo Morales al tildarlas de luchas democráticas con arraigo ciudadano, proveniente de las elecciones. Visión que comparte la derecha. Este maniqueísmo se expande gracias a los medios de comunicación, cuyos periodistas se empapan de una fraseología y tópicos sobre Bolivia donde lo más parecido a la realidad es una caricatura. Sin embargo, cumplen su objetivo de desvirtuar el proceso político hasta revertir una imagen favorable y aislar a Evo.

El terrorismo informativo se asienta en la idea de ingobernabilidad, en la persecución de su inteligencia y sus clases medias, agobiadas y con miedo a una venganza de los “indios”. Las políticas “indigenistas”, “populistas” y “nacionalistas son las culpables de esta degeneración. En ellas se encuentra el origen del problema. No hay que ir muy lejos. La salida es simple: Evo Morales debe renunciar, dejar en paz a los bolivianos. Su presidencia genera odio, crispación, disenso. Hay que retomar el diálogo, volver a los tiempos donde se mandaba con clase y con responsabilidad. Las nacionalizaciones, la reforma agraria, los cambios en la administración pública, el control sobre las riquezas básicas, las políticas sanitarias, la autonomía de los pueblos indígenas perturban la razón. Hablan de un poder caudillista ajeno a la modernización. Evo Morales es la cara del resentimiento de los “indios”. Por ello, los periodistas y avezados tertulianos hablan de un racismo indígena. Quieren una vuelta de la tortilla, no desean educación, sino aprender inglés, castellano y seguir las buenas costumbres. Así, descalifican el gobierno. Es el tiempo para hacer circular los viejos rumores: Evo Morales quiere retornar a Bolivia al pasado, destruir el mundo moderno. Se opone al buen entendimiento. Además pertenece a una raza enferma, como la describió Alcides Arguedas. Desconfiados, vagos, dados a la bebida, violentos y pendencieros. Carecen del espíritu del capitalismo, por eso Bolivia no avanza. Ahora, se añade, el origen sindical cocalero de su presidente, un poder oscuro. Así se completa el círculo contra el gobierno democrático del MAS.

Por suerte, la reunión de los presidentes de América del Sur en Santiago de Chile, dando todo su apoyo al presidente Evo Morales y a su gobierno, llamando golpistas a los prefectos y mostrando su rechazo a la división de Bolivia, por primera vez en la historia del continente, da al traste con esta política imperialista diseñada por el Pentágono y la Casa Blanca. Ya era hora.

Memoria y democracia, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Internacional, Memoria, Política by reggio on 12 septiembre, 2008

Las tiranías han dejado una estela de muerte y un conjunto de estructuras sociales y de poder cuya pervivencia se sitúa por encima de nostálgicos que buscan un retorno al pasado. Ellos no son capaces de percibir el alcance de los proyectos políticos dictatoriales. Sus fundamentos han socavado los órdenes democráticos contra los que lucharon borrando las huellas de un sistema emancipador e igualitario. Éstos han sido los casos del franquismo en España o del pinochetismo en Chile.

Ambos son resultado de conspiraciones y alzamientos militares que devienen en golpes de Estado en pro de una cruzada que enarbola el discurso de una patria amenazada por enemigos externos identificados con el socialismo, el comunismo y la participación del pueblo en el proceso de toma de decisiones. En definitiva una lucha contra el saber, la educación laica, la libre enseñanza y la cultura cívica. Su parafernalia cotidiana está ligada a movilizar recursos propagandísticos en dicha dirección. Su resultado más perverso se traduce en generaciones de jóvenes, cuya única visión del mundo ha sido la recibida en las aulas del franquismo y del pinochetismo. Bajo esta lógica, el sistema educativo se mantuvo 40 años en la España de Franco y 17 en el Chile de Pinochet.

Sin embargo, la salida de las tiranías no modifica los planes y programas de estudios, siguen los mismos parámetros, sólo se añaden más temas. Para dichas generaciones, ambos tiranos pasan a formar parte de un proyecto de reconstrucción frente a una sociedad sumida en la degradación moral y la decadencia material. Considerados portadores de un aura liberadora, su destino consistió en salvar el país. La historia les debe valorar su entrega a la patria. No pueden ser cuestionados. Es de mal gusto poner en tela de juicio su honor. Su imagen pública se construye recurriendo a un supuesto liderazgo carismático. Franco por la gracia de Dios; Pinochet por revelación divina, pero son héroes en su tiempo. Su camino supone una peregrinación, sufren y ven la luz. Escuchan la voz, reciben la llamada y cumplen; su espada es justicia. Están por encima del bien y del mal. Sus regímenes no pueden ser juzgados. Hay que entender su papel en la historia. Restablecen el orden. Tras la oscuridad, la luz. Su fuerza se traduce en proponer obras y trascender el tiempo. Por ello se dedican a realizar megaproyectos. Inauguran carreteras, pantanos, torres comerciales, estadios, etcétera. Se convierten en padres fundadores de un revolucionario orden social. Ejercen un populismo que encubre su tiranía. Anticomunistas en un periodo de guerra fría, apoyados por la institución eclesiástica, las elites dominantes, las oligarquías locales, las burguesías trasnacionales y los sectores medios reconstruyen el país mostrando odio profundo a la ciencia, el arte, el saber y la cultura.

Lamentablemente, la nueva identidad se forja despolitizando, con una población que asume sin cuestionarse represión, tortura o desapariciones. Hubo luchas, rebeldía, dignidad, el pueblo no se doblegó. Pero no nos llamemos a engaño: era una minoría. En España, a medida que transcurría la dictadura, los responsables de los crímenes de lesa humanidad se fueron a la tumba con honores y medallas. En Chile, el tiempo no lo ha permitido del todo. Algunos torturadores han sido juzgados a pesar de las elites en el poder. Los más siguen en las fuerzas armadas, son diputados, senadores, cobran pensiones y se mofan de las víctimas. Hablamos de las consecuencias de invernar la memoria y sustracción de la democracia.

Para salvar a los dictadores y no dañar los procesos de transición, se inventaron las reformas políticas y los pactos “de caballeros” dentro de las dictaduras. En Chile se otorgó a Pinochet el mérito de sacar a Chile del subdesarrollo, por ende, su figura se torno intocable en la nueva etapa. Se argumentó que era un peaje. Impunidad a cambio de economía de mercado. La gobernabilidad se encauzaba, gracias a dos décadas de torturas y represión. En España sucedió algo similar. La idea de una reconciliación nacional, tras la muerte biológica del tirano, abrió la puerta a la necesidad de olvidar y perdonar. La fórmula de una reforma sin ruptura democrática se antoja adecuada. Los vencedores de la guerra civil se frotaban las manos y siguen mandando. La oposición democrática fue arrinconada y desplazada. La sucesión monárquica pactada por Franco con la banca, la burguesía y el nacional-catolicismo se impuso. Igualmente, el criterio de la modernización franquista se hizo dominante y puso tierra por medio para defenestrar el mito de las dos Españas. De esta guisa se alza un poder oligárquico cuyo barniz modernizador posterga hasta hoy los cambios democráticos. Reforma agraria, acuerdos con la iglesia, por ejemplo.

Los comportamientos inhibidores de una cultura democrática construidos en las tiranías subsisten. Cuando emerge una alternativa democrática se pone en funcionamiento el llamado tiempo de paz social precedente. Es el argumento para impedir las movilizaciones y las protestas. Discurso complementado con la estrategia del miedo, la represión y las técnicas del social-conformismo. Gracias al apoyo de la izquierda institucional que participó de la reforma cumple sus objetivos. Son las secuelas de un orden cuyo lenguaje ha sido culpabilizar y deshumanizar al vencido. Son los momentos álgidos de toda tiranía representados en la tortura. Su ejercicio construye un mensaje capaz de purificar a quienes la practican. Lo transforma en un trabajo decente, con un objetivo racional: obtener información o acabar con el problema. Tal como en tiempos de la Inquisición, sirve para limpiar el alma de los herejes. Así, cuando se quiere rescatar la memoria histórica o preguntar por los desaparecidos y luchar contra la impunidad, se está torciendo la dirección de un poder perversamente antidemocrático fundado en la incultura, la sinrazón y la miseria humana. Es hora de romper los mitos de la transición en España y en Chile para vivir en libertad, con dignidad y en democracia.

La izquierda liberal y la democracia, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Historia, Política by reggio on 24 agosto, 2008

La memoria histórica se tiñe de negro cuando se construye un relato político entre izquierda y democracia. Los operadores del sistema se han esmerado en elaborar un discurso negando toda relación entre luchas democráticas, socialismo, comunismo y los principios teóricos que inspiran dichas propuestas, el marxismo y las tradiciones del humanismo cristiano.

Una manera espuria de salvar el escollo ha sido crear el concepto socialismo democrático. Un sinsentido. Para liarla aún más, se plantea la vacuidad social de la democracia. El argumento es mediocre. Dicho relato se correspondería con dos tipos de excrecencias de la modernidad emergentes en el siglo XX y cuyos efectos, plantean, han sido devastadores para el desarrollo de las libertades del individuo: el fascismo y el comunismo. En dichos sistemas políticos, anomalías superadas por la concepción del Estado social de derecho, se dirá con sorna, se constriñe el ejercicio de las libertades ciudadanas como parte de la negación del orden democrático. Sólo se salva el capitalismo al cual se adscribe el adjetivo democrático, por definición.

Sus defensores presentan la relación entre democracia, revolución burguesa y libertades individuales como un conjunto de pautas provenientes de la revolución inglesa, estadunidense y francesa. Un sincretismo del cual obtienen la esencia del régimen representativo parlamentario. Así, homologan las tres revoluciones en su vertiente reaccionaria a una dinámica democrática de la cual carecen en origen, salvo la francesa. En este sentido, nada queda del tercer Estado ni de los fundamentos emancipadores jacobinos. La derecha y los partidos políticos conservadores se han sacudido los derechos provenientes de una ciudadanía libertaria inspiradora, entre otras experiencias, de la revolución haitiana y anticolonialista de América Latina.

El orden napoleónico circunscribió el Estado y las constituciones liberales a la fórmula acartonada: igualdad, fraternidad y libertad. Tridente subsumido en la retórica del Estado de derecho bajo la republicana libertad de reunión, asociación y expresión. La evolución de dichos principios se han extendido y sumado nuevos derechos provenientes de las luchas sociales. Pero ninguno ha sido concedido por la generosidad de las clases dominantes. Por el contrario, son resultado de tensiones, desgarros y movilizaciones de las clases populares, del movimiento obrero, campesino y sindical. Su aplicación conlleva un sinnúmero de actos represivos ejercidos por el Estado y sus fuerzas de seguridad. Matanzas, exilios, cárcel, clandestinidad y muerte. En otras palabras, la democracia política no forma parte del capitalismo, aunque verbigracia, puede ser estudiada en sus entrañas. Sin embargo, para sus “intelectuales” es la expresión unívoca de su entramado interno. De esta manera se le mitifica estableciendo una relación directa entre el ejercicio del derecho de huelga, el descanso dominical, el seguro social, la educación gratuita y obligatoria y el capitalismo como si fueran sinónimos y hubiesen nacido al unísono. La falsa imagen de una gratuidad de los derechos como la salud, la educación o algunas subvenciones al transporte público y la vivienda solventan, en la actualidad, políticas regresivas y actitudes antidemocráticas. Los patrones parecen olvidar el pago de impuestos. De ellos se obtienen los fondos y la financiación para construir hospitales, escuelas, carreteras, viviendas sociales, pagar los salarios de los funcionarios públicos y en gran medida acrecentar las fortunas de los empresarios que se benefician de los préstamos del Estado para sus megaproyectos y sus intereses monopólicos. Nada es gratis en el capitalismo. Pero las mediaciones crean muros que impiden ver la realidad y bloquean el verdadero origen de la riqueza y las relaciones sociales capitalistas. Sin embargo, el discurso del poder cala el tuétano haciendo creíble la mentira de la gratuidad y del déficit público en los servicios sociales. Son muchos quienes creen las trolas, interiorizando sus mensajes. Hoy se lanzan otras patrañas. Los políticos de la derecha y la izquierda liberal buscan desposeer a los trabajadores de sus conquistas ganadas en el ardor de la lucha de clases. Así, derechos sindicales vigentes por generaciones, incluso siglos, son presentados a la opinión pública como privilegios pasados de moda. De esta manera se les puede esquilmar y arrebatar. Lo lamentable de esta falacia estriba en el apoyo que encuentra para su despliegue en una izquierda institucional nacida en los años 80 del siglo pasado como consecuencia de la caída del Muro de Berlín. Anclada en una repulsa al socialismo revolucionario, el marxismo y el comunismo se consideran agentes modernizadores de un capitalismo renovado. Una tercera, cuarta o quinta vía. Lo mejor de Keynes y Hayek. Izquierda que entona un mea culpa, volviéndose ferviente divulgadora de la ideología de la globalización. De tal guisa asume intrínsecamente los valores del liberalismo. Se mimetiza con los empresarios y adhiere al proyecto de privatizaciones en medio de un capitalismo salvaje, si alguna vez fue civilizado.

Se trata de la bitácora del converso. Abjura del valor democrático del socialismo y el comunismo. Señala el carácter irresponsable e indolente de los trabajadores aduciendo la necesidad del látigo en la mano como un arma disciplinaria. Quiere redimirse, nadar en las leyes de la oferta y la demanda, flexibilizar el mercado de trabajo. En definitiva declamar que ha vivido en el error. Reniega del anticapitalismo por ser contrario al proyecto democrático. Defiende el retorno a las 60 horas, la semiesclavitud y la eliminación de las garantías sindicales y laborales. Bajo esta dinámica, confunde la igualdad con las ofertas de trabajo en el mercado. Considera de justicia ser explotado en una fábrica, en una maquila, una empresa trasnacional y morir lentamente con un sueldo de miseria en medio de la orgía de la desigualdad. Transforma la fraternidad en una cuestión de confianza de los subordinados a la razón de Estado y la llama eufemísticamente “cohesión social”, concepto cuyo significado busca garantizar la competitividad del estilo trasnacional de desarrollo en medio de un “sálvese quien pueda, pero yo el primero”. Ni la propia derecha pensó tener un aliado tan sumiso. Se vendieron por unos escaños, perdieron la dignidad y su propia conciencia.

El comercio de las Olimpiadas, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 10 agosto, 2008

Pekín 2008 continúa la saga inaugurada en los años 80 del siglo XX. Si recordar es un ejercicio intelectual de mal gusto para los pragmáticos del deporte de competición, las Olimpiadas constituyen el mejor ejemplo del abandono de los referentes éticos y la llegada del deporte mercancía en su más alta expresión. Celebrar Olimpiadas constituye una orgía para el comercio de las grandes marcas deportivas y un escaparate de los deportistas profesionales atiborrados de dinero cuyos domicilios fiscales están en Andorra, Suiza, Mónaco o Islas Caimán. Los mismos que gozan de becas de alto rendimiento y se preparan a costa del erario mostrando su patriotismo en momentos de las Olimpiadas o la Copa Davis. Todo cambia de sitio. Rafael Nadal, Federer, Messi, Sastre, Contador, Gasol, Ronaldinho, son profesionales sin espíritu olímpico, salvo el atribuido simbólicamente para cuantificar el medallero de sus respectivas delegaciones nacionales. Los principios abandonan las causas. Ello sucede en todo los órdenes de la vida. Por ejemplo, el camino de Santiago Matamoros. En sus orígenes buscó contrarrestar la fuerza de El Corán y el peregrinaje a La Meca. Santiago desenfundó su espada, cortó cabezas y degolló infieles. Una reconquista para la Iglesia. Hoy, el camino de Santiago lo realizan agnósticos, ateos, católicos, cristianos, protestantes, judíos, incluso algunos musulmanes. Se puede iniciar desde cualquier parte del mundo. Es un viaje turístico que transita entre hoteles, paisajes, comidas, buenos vinos, sexo, fotos y recuerdos de viaje. La ruta se hace en función de la Xunta de Galicia y el papado anunciándose en los medios de comunicación social como tours en función del número, edad, del tiempo disponible, el país, el acercamiento a la fe, lo que otorga prioridad en alberges y rango compostelano. Eso sí, hay que llegar, besar el santo y entrar en la Catedral.

En las Olimpiadas de 2008 ocurre algo parecido, todo está decidido de antemano. Los patrocinadores sacan sus cuentas para rentabilizar sus inversiones. Los fabricantes de estampitas están pensando en su agosto. No pueden fallar. Los atletas tienen que cumplir con las expectativas. Incluso deberán producirse descalificaciones por dopaje y alguna que otra anomalía. Las luchas por los derechos humanos y la crítica a China entran en lo previsto, nada está fuera del guión. Incluso algún deportista podrá ser increpado por declaraciones sobre el Tíbet. Para las grandes marcas deportivas, los atletas son un portaestandarte de sus últimas creaciones. En definitiva, un pie, una mano, un torso, una cabeza o un muslo. Constituyen un maniquí donde exhibir la moda. Incluso algunos irán firmados por alta costura. Jugadores tendrán su propia línea. Gorra, camisa, sudadera, muñequera, calzoncillo, pantalón. Ellos se presentan como un producto. Se venden, ganen o pierdan. En las Olimpiadas se mide el caché, del cual obtienen y se reparten beneficios. Para todos aquellos que pululan a su alrededor, cada uno de ellos desea llevarse una parte. Pero el maniquí, en medio de esta vorágine, se siente un profesional de los pies a la cabeza. Un ser con talento natural, dotado físicamente, cuyo trabajo y constancia lo llevan a transformar su cuerpo en un objeto de deseo del cual sacar provecho. Ha sido su sacrificio la razón del éxito. Horas y horas de pegarle a la pelota, lanzar la jabalina o saltar vallas. Pero en la actualidad, su actividad, su disciplina, se desnaturaliza. Sólo tiene valor de cambio, un precio, y lo pone el mercado. Él debe ser un buen negociante. Su carrera es corta. Se prepara para llegar a las Olimpiadas y ser poseedor de medalla. Las marcas deportivas deben apostar por él. Si hay suerte y su formación es adecuada, el resultado será optimo. La complicidad con los medios de comunicación asegura la audiencia en los momentos estelares. El corte publicitario preciso justo antes de iniciar la carrera de los 100 metros, tirar el penalti, etcétera. Si el deporte que practica el maniquí elegido es de masas, la pugna por conseguir la exclusiva puede ser de órdago, llamese como se llame. Las Olimpiadas son escaparates de ventas, sus participantes un producto. En esta lógica se diseña una estrategia de mercadotecnia para lograr objetivos. ¿Y el espíritu olímpico? El mercado lo engulle y lo copa todo. Un agujero negro cuyo centro de gravedad, el dinero, está en todas y ninguna parte.

Las Olimpiadas del amateurismo, creadas para mostrar facultades de los atletas, no perviven en China 2008 ni estarán presentes en Londres ni cualquiera que sea su afincamiento futuro. En los actuales juegos hay tenistas, futbolistas, yudokas, baloncestistas, nadadores profesionales, con cuentas de millones de dólares. Objetos de veneración y culto por las casas comerciales de artículos tan variados como prendas de vestir, condones, coches, bancos, empresas turísticas. Ellas se disputan sus servicios. Cuando los gobiernos de los países imperialistas deciden enviar como emisarios a los Juegos Olímpicos a profesionales cuyas ganancias superan los dos dígitos en millones de euros no hacen sino mostrar su avaricia y dejar patente cuál es su condición en el orden mundial. Y al revés, cuando otros gobiernos crápulas de países pobres los emulan y despilfarran cientos de miles de dólares en delegaciones para obtener una medalla de oro por la vía de atletas profesionales de dudosa reputación y no invierten en deporte de base es chovinismo lo que aflora. Obtener una mayor cantidad de oro en medallas es sinónimo de codicia. Pan y circo.

Bajo el espíritu de negar el carácter económico de las Olimpiadas modernas se esconde la hipocresía del Comité Olímpico Internacional. Su realidad sería diferente si se celebraran manteniendo como referente el amateurismo y se pusiese en entredicho la política neoliberal y la falta de democracia que son la base de la actual organización del olimpismo internacional. Pero pensar de esta forma es proponer otra manera de entender el deporte. Volver a competir sobre la base de mejorar la condición humana y no buscando el egoísmo individual del éxito asentado en el dinero.

El desastre energético, de Marcos Roitman Rosenmann en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 20 julio, 2008

El calentamiento del planeta no es un tema menor. La preocupación por el efecto invernadero pone en cuestión la forma de aprovechamiento de los recursos naturales y la manera en que el ser humano se apropia de ellos. El desarrollo del capitalismo encubre la irracionalidad de la explotación del trabajo y para poder devastar el planeta en nombre de la libertad de mercado. Hoy, las nuevas tecnologías y la concentración de la riqueza se unen en la lógica del capitalismo salvaje.

La constante avaricia, la piratería y la insensatez constituyen la seña de identidad del estilo trasnacional de crecimiento económico. Su probable desenlace, si no se cambia el rumbo, es la extinción de la especie. Pero, según los defensores del neoliberalismo, no debemos preocuparnos: la vida seguirá existiendo bajo otras formas. Las bacterias poblarán, junto con los insectos, la faz de la Tierra hasta que el Sol se transforme en una estrella gigante roja.

Mientras el calentamiento del planeta, obra de los seres humanos, no provoque mutaciones, la piel no se torne blanquecina, los pulmones resistan o los virus no terminen generando diarreas y convulsiones, seguramente no se tomarán decisiones políticas, y quién sabe si en la dirección adecuada. En cualquier caso, pasarán siglos. La degradación de la especie, por ahora, es ciencia ficción. Hay que ser optimista y ver el vaso medio lleno.

El discurso dominante juega con esta moneda trucada. El anverso: imponer tratados disuasorios tendientes a controlar la emisión de gases tóxicos y contaminantes de anhídrido carbónico, por ejemplo el Protocolo de Kyoto. El reverso: las investigaciones para el desarrollo de energías “limpias”, adjetivadas alternativas o renovables. Es su respuesta dentro de los parámetros de una economía social de mercado. Incluso ponen en el tapete como opción la energía nuclear, soslayando, además de los residuos radiactivos, la dependencia del uranio, mineral con reservas limitadas. Tanto monta, monta tanto.

En otro orden de cosas, la elite política y las empresas trasnacionales, dueñas de la producción de energía, buscan trasladar el siguiente mensaje. Ellos son responsables y se comportan con rigor frente al cambio climático. Producen neveras, coches, aerosoles, etcétera, reciclables y poco contaminantes. Son empresarios que apuestan por el futuro de las nuevas generaciones. Vuelven la vista hacia el planeta y se tornan altruistas. De la noche a la mañana han dejado de ser capitalistas. Renuncian a los beneficios. Buscan un mundo mejor. Pero la realidad es otra. Han instrumentalizado las energías renovables y transformado una alternativa en mercancía. Se trata de seguir despilfarrando sin límite. Su sistema se fundamenta en el consumo ligado a la rentabilidad. Buscan obtener el máximo provecho de la energía, sea solar, eólica, acuífera o proveniente de la biomasa.

Hoy, las empresas privadas ven en el calentamiento del planeta un gran negocio, y por ello impulsan megaproyectos en el campo de las energías renovables, en connivencia con el capital financiero y con la complicidad de los gobiernos neoliberales o socialdemócratas. Las presas hidroeléctricas, los postes eólicos y las agroindustrias latifundistas de biocombustibles son un nicho de oportunidades. De ellas se derivan patentes, innovaciones y subproductos, siendo sus utilidades reinvertidas para seguir devastando el planeta y profundizar la brecha entre países dominantes y dependientes, o ricos y pobres, según se prefiera.

Si consideramos América Latina, las grandes trasnacionales, Repsol YPF, Endesa, Iberdrola, British Petroleum, Exxon o Monsanto se reparten un buen trozo del pastel. Fagocitan todo cuanto está a su alrededor. La Patagonia, el Orinoco, la Amazonia, la selva subtropical. Su expansión ha modificado el manto del subcontinente. El Plan Puebla-Panamá es otra de sus apuestas de medio plazo, más ahora que incorpora a Colombia.

En esta lógica, tampoco debemos despreciar su “mecenazgo” a la investigación. Forma parte de su lavado de cara, amén de facilitar la deducción de impuestos. Sus aportes se centran en apoyar experimentos cuyo objetivo es reconstruir las condiciones de vida terrestre en planetas o en satélites cercanos con el fin de garantizar una pronta colonización, recreando un mundo similar al que hoy se vive en Europa, Estados Unidos o Japón. Todo para preparar el éxodo una vez que la vida en nuestro mundo se torne inviable. Clonar el error: depredar, explotar y consumir.

La idea de progreso lineal emergente con la Revolución Industrial, propia del capitalismo, debe ser cuestionada. Nada más gráfico del error en el cual podemos caer al consumir energía sin límite lo encontramos en uno de los pasajes de la obra de Julio Verne La vuelta al mundo en 80 días. Para cumplir el objetivo de llegar a puerto, el protagonista hubo de proveerse en el trayecto de la madera que formaba el esqueleto del barco. Devorado por su ambición, obtuvo el éxito personal, pero el barco fue consumido en su “epopeya”. El hombre lo poseyó sin remordimiento. Podía construir más barcos.

Sobre dicha base, el actual orden político levanta su mito de irreversibilidad histórica. Sin embargo, con la destrucción de la Gaia demuestra su falsedad, su ineficacia en la gestión de las fuentes energéticas y en la protección de la vida y la naturaleza. Su único afán sigue siendo obtener dinero a cambio de quemar energía de forma espuria.

Pero existe otra quema de energía: la humana. La podemos definir como la enajenación del trabajo en la producción. Energía consumida bajo la forma de explotación, cuyo principio es mantener la esclavitud solapada. El ser humano está siendo devorado por el capitalismo. Roto el vínculo entre la naturaleza y la producción, el nuevo imperialismo se alza dueño del mundo. Creador de un orden deshumanizador y totalitario, obtiene su poder destruyendo el planeta y despilfarrando las energías, sean éstas renovables o no. La alternativa sigue siendo anticapitalista y socialista.