Reggio’s Weblog

Los motores del cambio en España, de Ferran Gallego en El País

Posted in Historia, Libertades, Memoria, Política by reggio on 26 enero, 2009

El proceso constituyente fue el resultado de movilizaciones sociales durísimas en los primeros meses de la monarquía que bloquearon la cautelosa reforma de Fraga y propiciaron un suarismo más aperturista

A 30 años de la aprobación del texto constitucional, los comentarios dedicados al momento de su aprobación se han referido a la apertura de un nuevo ciclo político en España. Las sociedades buscan un referente originario de su sistema de vertebración, de su propio reconocimiento social, que puede hallarse en el acuerdo generalizado sobre una declaración de derechos y deberes, así como una articulación de los mecanismos de su regulación. Los análisis acerca de las insuficiencias o incumplimientos del texto constitucional no han dejado de manifestar un entusiasmo que rebasa el texto mismo, para referirse a las condiciones en que éste se redactó y, más allá del periodo constituyente, al proceso de la transición en su conjunto. Existe una simplificación retroactiva que lleva a trasladar a las condiciones de 1977-1978 las que caracterizan nuestra sociedad actual. Pero tal simplificación no sirve solamente al objetivo de desautorización del proceso de la transición. Puede operar en un sentido contrario, que consiste en exaltar la Carta Magna por la vía de ignorar o edulcorar el trayecto político conflictivo que llevó hasta él, atenuando el antagonismo crucial existente en aquel momento: el que separaba a quienes no sabían hasta que podrían conseguir cambios democráticos y quienes se planteaban hasta dónde sería preciso ceder a las presiones de la movilización social que hiciera inevitable realizarlos.

Ambas actitudes acaban coincidiendo en la infravaloración de tales resistencias y en la envergadura de los cambios obtenidos por dichas movilizaciones. De modo que la visión que ha ido proyectándose es la de una sociedad que parte de un consenso que luego es canalizado, en lugar de hacer de la negociación el resultado de un periodo de confrontaciones políticas tan radicales como las que deben suponerse entre el franquismo y la oposición democrática, liderada por los partidos de la izquierda obrera y por el movimiento sindical y vecinal. Las insuficiencias de la oposición en una correlación de fuerzas adversa y los errores cometidos en una u otra fase de la transición pasan a contemplarse como concesiones gratuitas que cedieron la iniciativa a los dos primeros gobiernos de la monarquía al margen de las posibilidades políticas existentes. Algo que acaba por hacer del reformismo franquista no sólo el sector beneficiado de un proceso político que no era el que habría deseado, sino que convierte a la élite del régimen -lo cual significa que al régimen mismo- en el voluntarioso protagonista de la democratización, una tesis que no han dejado de enarbolar los analistas de la derecha española de aquellos y de estos momentos.

Las condiciones de asimetría en que se encontraba la oposición democrática y el reformismo franquista permitieron el control inicial del proceso por éste. Sin embargo, lo condicionaron de una forma radical que no dio satisfacción a las expectativas de la ruptura democrática inmediatamente, pero sí obligó a llevar un proceso de democratización que no se encontraba en la agenda gubernamental. El examen detallado de un periodo breve, pero atestado de improvisaciones y de modificación de las correlaciones fuerzas, es el único medio de evitar una visión que puede acabar por arrebatar su inicio y su resultado a los demócratas, para depositarlo en manos de la derecha o, en el mejor de los casos, en una tierra de nadie exenta de los conflictos que permitieron la llegada de la democracia a España. A esto y no a otra cosa se refieren tanto la curiosa reivindicación conservadora de responsabilizar a instituciones del régimen franquista de un proyecto democrático para el país, o las que sustentan la imagen de un acuerdo de principio entre los españoles, que sólo tuvo que ponerse por escrito en cuanto el régimen estuvo en condiciones de librarse de sus sectores inmovilistas.

En la opinión pública ha llegado a establecerse la referencia a aquel momento fundacional extendiéndolo a un proceso de reconciliación en el que no sólo se eliminan los proyectos contrarios del régimen y de la oposición para el futuro del país, sino asignando a quienes constituyen la élite del régimen la máxima responsabilidad y el papel de protagonistas reales del cambio, atribuido con una retórica generosa al “conjunto del pueblo”, sin distinguir las opciones que distinguían en aquel momento a los españoles. En todos los escenarios, incluido el más crítico con las posiciones de la izquierda, la oposición democrática desempeña un papel secundario, entregada a la iniciativa del reformismo franquista, adaptándose a sus propuestas y renunciando voluntariamente a sus objetivos. He señalado en otros lugares mi escasa complacencia con lo que fueron errores graves de la oposición democrática: desde los que se refieren a un análisis inadecuado de la capacidad de evolución del régimen, hasta los que permitieron una iniciativa política que podría haberse corregido si la primacía de la movilización social no hubiera cedido al paso a una negociación que pasaba a depender cada vez menos de la lucha en la calle. Además, claro está, de las distintas opciones presentes en una oposición democrática plural, que pudieron determinar este desequilibrio letal para poder romper la asimetría del proceso.

Esta posición crítica no exime de un factor que permite comprender, precisamente, lo que debería preocupar a los herederos de aquella oposición democrática, incluso para graduar adecuadamente sus desaciertos y comprender las graves consecuencias que éstos proyectan todavía sobre nuestro sistema. Este factor consiste en comprender que, sin la lucha por la ruptura, ni siquiera se habría producido la reforma. Lo cual no significa que la ruptura fuera posible en las condiciones políticas del año 1976-1977, sino que la reforma podía haber sido esquivada por el régimen, buscando recambios en una democracia limitada como la que se proponía el primer gobierno de la monarquía. También consiste en señalar que el ritmo del cambio no correspondió solamente a la acción de un régimen que no era la cáscara vacía, desprovista de base social, que la izquierda había imaginado, sino a la necesidad de ajustar sus pasos a la presión social que no tuvo siempre los mismos niveles de eficacia ni los mismos grados de unidad, porque la oposición también dependía de la capacidad de adaptación estratégica del reformismo. Tales presiones se realizaron en forma de movilizaciones sociales durísimas, que hallaron una respuesta implacable en los primeros meses de la monarquía: la huelga general de Madrid en enero de 1976, las movilizaciones de Barcelona en febrero o los sucesos de Vitoria en marzo. Esa presión fue la que forzó la crisis del proyecto de reforma inicial de la monarquía y que bloqueó la reforma cautelosa y excluyente de Manuel Fraga. Sin tales movilizaciones no se habría producido la crisis del primer Gobierno de Juan Carlos ni el ascenso de un suarismo dispuesto a mantener el control de la situación por la única vía posible: la apertura de un proceso de negociación que condujo a Ley para la Reforma Política. Ni siquiera en ésta se garantizaba un proceso constituyente que no estaba en las perspectivas de quienes la aceptaron en las instituciones.

Ese proceso constituyente fue el resultado de unas elecciones realizadas en un territorio adverso para la oposición, con un sistema electoral que sigue siendo una lacra de nuestra democracia y con el control de todos los medios de creación de opinión pública y de movilización de votantes en manos de un aparato del Estado al servicio de la UCD. Mas las elecciones mismas fueron un mérito de la oposición, no una intención original del Gobierno ni, mucho menos, del evolucionismo posfranquista. Y su resultado, con más de la mitad del país dando apoyo a la oposición democrática y, en especial, a la izquierda, fue lo que determinó lo que no estaba prefijado: el proceso constituyente en la forma en que se llevó a cabo, rechazando las propuestas más estrechas de su método de elaboración. Comprender la crisis posterior de espacios y horizontes políticos de la izquierda tiene que ver con las penurias de esta fase, pero debe referirse a las condiciones en que evolucionaron las cosas más tarde. La celebración del aniversario debería servir para reducir determinados mitos de la transición y devolver a la izquierda tanto la vigencia de sus errores como la densidad de sus aciertos. O no podremos adjudicar a la derecha ni una cosa ni la otra.

Ferran Gallego es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de El mito de la transición (2008).

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Esquemas de la sociedad dual, de Joaquín Estefanía en El País

Posted in Economía by reggio on 26 enero, 2009

La recesión pone en duda la fortaleza de nuestro Estado de bienestar, que no es universal

1. La primera fractura se da entre empleados y desempleados. Los últimos han superado en 2008 los 3,2 millones de personas, casi un 14% de la población activa (que es la mitad de la población total del país). Pero ser parado sólo es la primera pesadilla; peor es formar parte de uno de los 827.000 hogares en los que ninguno de sus miembros tiene puesto de trabajo, y pésimo es estar incluido en ese ejército de reserva de 900.000 ciudadanos que no tienen seguro de desempleo. La recesión pone en cuestión la fortaleza de nuestro Estado de bienestar, que no es universal.

2. La velocidad y la profundidad de la recesión dan la razón a los que empiezan a calificarla de depresión. Hace sólo un año que el presidente de Gobierno, Rodríguez Zapatero, pronosticó que se crearían dos millones de puestos de trabajo y el paro descendería hasta el 7%. Doce meses después, ese porcentaje es el doble y la Comisión Europea pronostica que llegará al 19% de la población activa durante el próximo año.

Con ser espectacular el aumento del paro, lo es más si se desagrega por tiempos: según la Encuesta de Población Activa (EPA), de los 1,2 nuevos parados del pasado ejercicio 609.000 son del periodo comprendido entre septiembre y diciembre. La tendencia es idéntica si se mide con las cifras del Ministerio de Trabajo: en los tres últimos meses de 2008 se han dado los mayores incrementos mensuales de la historia (sólo en diciembre, 140.000). A un ritmo de más de 5.000 personas diarias en las colas del Instituto Nacional de Empleo (Inem), en ese trimestre el paro registrado aumentó en más de 500.000 personas. Los indicios permiten asegurar que la secuencia se agudiza en el presente trimestre.

3. Se deben incluir otras desagregaciones. Pero hay dos que sobresalen, la geográfica y por pirámides de edad. Andalucía y Canarias superan el 20% de la población activa en paro (21,78% y 21,18%) seguidas de cerca por Extremadura (17,96%), Melilla (16,87%), Ceuta (16,32%) y Murcia (15,53%). El desempleo afecta más a los hombres que a las mujeres, pero es entre los menores de 25 años en donde se da una tasa de paro verdaderamente insoportable: en un año ha crecido más de 11 puntos y asciende al 29,1%, con lo que supone de falta de perspectivas para una generación de ciudadanos.

4. A la aparente paradoja de que del mismo modo que crece el paro aumenta la población activa, se le pueden añadir reflexiones motivadas por la Proyección de la población de España a corto plazo 2008-2018, que también acaba de publicar el INE. Este estudio pronostica que si durante el periodo 2002-2008 la población residente en España creció a un ritmo anual medio de 720.000 habitantes, en los próximos años lo hará en torno a los 380.000. En cuanto a los inmigrantes, han representado entre el 84,4% y el 92,8% del crecimiento demográfico anual durante el lustro 2002-2007; hoy, por la crisis económica, la inmigración exterior es el componente más volátil e incierto en el futuro cercano. La hipótesis contemplada es que la inmigración sufrirá una severa corrección durante los años 2009 a 2011, pasando de los 958.000 inmigrantes registrados durante 2007 a los 442.000 en 2010; así, se producirá una estabilización de las entradas netas, con lo que las llegadas a España durante la próxima década serán inferiores a los cinco millones de inmigrantes.

Ello se vincula a otro cambio de tendencia, también desalentador: si hasta hace poco la mayor parte del paro se ha producido por un crecimiento de la población activa que el mercado laboral fue incapaz de absorber (y en menor proporción por la mera destrucción de empleo), a partir de ahora va a ser al revés: tendrá mayor peso la destrucción de puestos de trabajo que el aumento del número de activos.

5. El año acabó con 841.000 cotizantes menos a la Seguridad Social. Aunque ésta sigue con superávit y con más de 18,5 millones de personas que pagan sus cotizaciones (mayor número que en cualquier otra época de la historia reciente de nuestro país), si esa cifra continúa descendiendo como parece planteará nuevas proyecciones sobre la viabilidad del welfare español (especialmente en materia de pensiones).

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Tirón de orejas a los banqueros, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 26 enero, 2009

A FONDO

El presidente del Gobierno ha mantenido una luna de miel con los banqueros, cimentada en su especial relación (algunos lo llaman «química») con Emilio Botín, presidente del Santander.

Zapatero, como recordarán, ha convocado dos veces a los presidentes de las principales entidades (bancos y cajas) españolas a Moncloa.Escuchó atentamente sus argumentos y no tuvo inconveniente en poner en marcha el pasado mes de octubre mecanismos para facilitar la liquidez en un momento en el que nadie se fiaba de nadie en el mercado financiero.

Sin embargo, en las últimas semanas las cosas han cambiado. En dos intervenciones públicas recientes (dos entrevistas radiofónicas en Onda Cero y la Ser), el presidente ha endurecido su discurso (dijo no estar «satisfecho con su forma de actuar ante la crisis») y ha amenazado veladamente a los banqueros con tomar medidas si no se abre el grifo del crédito a empresas y familias.

El cambio de táctica no sólo se ha percibido en el tono de dureza de Zapatero. La vicepresidenta Fernández de la Vega también se empleó a fondo en una entrevista en Radio Nacional en la que recriminó la falta de colaboración de los banqueros: «Vamos a exigirles que cumplan con su papel fundamental… Tienen que arriesgar un poquito».

Por si esto fuera poco, el PSOE se sumó a una petición de Izquierda Unida para que los banqueros comparezcan ante el Parlamento.Mientras los socialistas maniobraban para retrasar la comparecencia del presidente hasta mediados de febrero, urgían, en iniciativa insólita, la de los hombres que manejan las finanzas.

En los próximos días, Zapatero recibirá en Moncloa por tercera vez a presidentes de bancos y cajas. Y esta vez la reunión promete ser bastante menos relajada que las anteriores. El presidente les dirá a la cara que no está de acuerdo con su actitud, que no están ayudando al país a salir de la peor crisis que se recuerda desde la muerte de Franco. De la reprimenda sólo se salvará el Santander, que, en sintonía con la preocupación del Gobierno, ha lanzado una agresiva campaña publicitaria mostrando su disposición a prestar.

La dureza con la Banca siempre le ha dado buenos resultados a la izquierda. Un poquito de demagogia nunca viene mal. Sobre todo cuando todas las promesas económicas que se hicieron hace menos de un año se han esfumado como por encanto. Ya saben, el pleno empleo, el fin de la lacra del paro, la mejor posición de España para superar las dificultades y cosas por el estilo.

A esta razón política se suma la estadística. Visto que los bancos argumentaban que no daban más créditos porque las empresas y las familias no los solicitaban, el Gobierno ha encargado una encuesta que se realizará de forma periódica entre 400 empresas de todos los tamaños y distribuidas por todas las comunidades autónomas.

El primer sondeo se realizó a primeros de enero. El resultado, inapelable. La inmensa mayoría se queja de que la Banca no da créditos de tesorería y ha aumentado hasta límites poco razonables la exigencia de garantías para financiar inversiones. Algunos proyectos rentables, dicen, no se han podido llevar a cabo por falta de financiación.

Ese será uno de los argumentos que manejará el presidente frente a los banqueros. Y, aunque no pondrá medidas coercitivas sobre la mesa, sí ha encargado el estudio de algunas fórmulas para forzar la concesión de créditos.

Eso, dicen los afectados, «es una locura». «Cuando uno de los principales problemas de la economías española», razonan los banqueros, «es la excesiva necesidad de financiación exterior (un 10% del PIB), lo que hay que hacer es reducir el crédito, no hacerlo crecer artificialmente».

Además, la Banca española afronta un año extraordinariamente difícil. La caída de los grandes bancos americanos, la nacionalización de los bancos británicos o alemanes y las ayudas del Gobierno francés a sus entidades ponen a la Banca española en inferioridad de condiciones. «Cuando la morosidad va a subir hasta tasas del 7% no se puede forzar a aumentar el riesgo si no se quiere poner en riesgo la solvencia de nuestro sistema», concluye el consejero de un gran banco.

Sin embargo, Zapatero no ve el panorama tan negro. Incluso está enfadado con Joaquín Almunia por haber hecho públicos los datos de la UE para 2010 en los que España aparece claramente como el farolillo rojo europeo.

«En esta situación, ¿quién es capaz de hacer previsiones a dos años?», se pregunta un alto funcionario.

No. Zapatero, que tampoco está muy de acuerdo con el panorama negro que ha pintado Solbes ni mucho menos con su demoledora sentencia de que «el Gobierno ha agotado su margen de maniobra», sigue pensando que el final del túnel lo veremos en el segundo semestre de este año.

El informe económico del que más se fía aporta algunos datos que, en los próximos días y seguramente en su comparecencia ante el Congreso, manejará para contradecir a los que sitúan la salida de la recesión a finales de 2010.

Según dicho informe, el ahorro financiero en 2009 por la caída del euribor para la deuda externa española supondrá 25.231 millones de euros. Al mismo tiempo, el ahorro por la caída de los precios del petróleo va a suponer para el Estado este año 13.796 millones de euros. Es decir, entre los dos efectos, un impacto positivo de 39.000 millones de euros, lo que supone el 3,7% del PIB.

Además, los hogares se verán beneficiados ya en los primeros meses de este año por la caída de los tipos hipotecarios. Según el informe del Gobierno, cada punto de bajada de euribor supone un ahorro de 6.500 millones de euros para las familias, lo que durante todo el año implicará una inyección de renta de 19.000 millones de euros.

Por todo ello, piensa Zapatero, a partir del segundo semestre, el consumo se recuperará y el paro, su principal dolor de cabeza, comenzará a reducir su ritmo de crecimiento.

El presidente, como pueden observar, no pierde el optimismo ni en los peores momentos. Así las cosas, Zapatero cree que un buen tirón de orejas a los banqueros no vendrá mal para animar la situación y, de paso, para recordar a los votantes que el PSOE sigue siendo un partido de izquierdas. ¡Faltaría más!

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

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Andreotti, un cardenal laico, de Jorge de Esteban en El Mundo

Posted in Historia, Memoria, Política by reggio on 26 enero, 2009

TRIBUNA   PERSONALIDADES

El autor traza un perfil personal y político del que ha sido el líder más influyente en Italia desde los años 60. Amable, muy inteligente y con fino sentido del humor, está dotado de una enorme capacidad de persuasión

Así definió hace años a Giulio Andreotti uno de sus amigos, añadiendo a continuación: «Sólo que a diferencia de los otros cardenales, es inteligente y cree en Dios». Sin entrar en la segunda afirmación que concierne a su privacidad, confirmo ampliamente la primera, porque así lo pude comprobar durante los casi cinco años en que lo traté frecuentemente como embajador de España en Italia, siendo él ministro de Asuntos Exteriores. Si saco a colación ahora esta relación de hace casi dos décadas, se debe a que, por una parte, se puede ver estos días en Madrid, junto a otras dos espléndidas películas que nos permiten presagiar que el cine italiano vuelve por sus fueros, una en concreto, Il divo, dedicada a trazar una semblanza crítica de tan poliédrico personaje. Y, por otra, a que Andreotti acaba de cumplir 90 años, siguiendo en activo en la política como Senador vitalicio, tras sortear múltiples imputaciones y procesos que le han perseguido desde hace muchos años, pero habiendo salido siempre indemne de los mismos.

Como es sabido, una frase suya es citada con frecuencia por los políticos y periodistas de todos los países, habiendo entrado incluso en enciclopedias y libros de citas: «el poder desgasta a quien no lo tiene». Esta frase la pronunció en 1951, respondiendo a un adversario de su maestro De Gasperi, que solicitaba que éste se retirase de la presidencia del Consejo de Ministros, por haber cumplido 70 años A partir de entonces Andreotti no sólo fue el teórico de esta doctrina de la permanencia continua o supervivencia en el poder, sino que ha sido también un maestro de su aplicación en la práctica.

A los 28 años De Gasperi le nombró subsecretario de la presidencia y hasta llegar a su reciente cumpleaños, ha sido siete veces presidente del Consejo de Ministros y alrededor de 20 veces ministro de casi todas las carteras y, por supuesto, siempre diputado y ahora senador, aunque haya habido algún momento, lo que es dudoso, en que no tuviera ningún cargo importante.

P erO precisamente por eso hay que comprender bien su famosa frase, entendida en sus justos términos. En efecto, como aclaró en cierta ocasión, «si como poder entendemos un cargo público en el Ejecutivo, evidentemente el poder disminuye cuando se pierde el puesto». Pero para él, el poder es mucho más que un cargo público, es la capacidad de influir sobre los otros, por lo que mantiene así que «un periodista importante tiene un gran poder y un escritor conocido posee un poder notable sobre la opinión pública». De cualquier modo, en su caso, se han dado ambas circunstancias, porque además de haber sido el político más omnipresente de Italia en los últimos 60 años, es también periodista de vocación y escritor de mas de 20 libros y, por tanto, nunca ha dejado así de poseer poder.

Eran éstas las impresiones que me golpeaban la mente, cuando se apagaron las luces y comencé a ver la película citada, que le retrata de forma no totalmente acertada. Ciertamente, el actor que lo representa no acaba de transmitir, en mi opinión, la personalidad de un personaje con el que yo estuve tantas veces, porque Andreotti es un personaje amable, con la cortesía de un cardenal renacentista, con un hablar reposado, con un trato nada siniestro, a pesar de sus ojos de mandarín que oscilan entre el cinismo y la ingenuidad.Siempre da prueba de su inteligencia, de su sentido del humor y de una gran dosis de ironía. Sin duda lo mejor de la interpretación del actor que lo encarna en la película, es haber calcado increiblemente su peculiar forma de andar, con su incipiente joroba y sus orejas de soplillo, que hacían las delicias de los caricaturistas, especialmente del genial Forattini, que le dibujaba con orejas de asno. Pero como prueba del buen encajar de Andreotti y de su sentido del humor, cuando le preguntaron si le molestaba esa exageración insultante, respondió: «No, al reves, me tranquiliza cuando me miro en el espejo y compruebo que son más pequeñas». Indro Montanelli, gran conocedor de Andreotti, sostenía que el sentido del humor y la ironía era el arma de reserva de su aguda dialéctica política, y así lo pude comprobar yo mismo en las innumerables veces que me reuní con él, sobre todo en los momentos cruciales en que España estaba en la fase final de las negociaciones para entrar en las Comunidades Europeas. Entonces Italia presidía la Comunidad y era Andreotti quien llevaba el peso para convencer a los otros nueve países de que el nuestro debía formar parte de la misma.Recuerdo que me explicó el método utilizado para convencer a los demás socios europeos, que fue definido como «el Confesionario», y que consistía en citarlos uno a uno para convercerlos de su tesis y de ahí que, en gran parte, gracias a su conocida astucia y habilidad, nuestra solicitud fue aprobada en el tiempo justo.

Precisamente unos días antes de esa decisiva actuación de Andreotti en Bruselas, vino a Roma el ministro de Asuntos Exteriores Fernando Morán para entrevistarse con él. En aquellos dias, los atentados de ETA se sucedían continuamente y en la propia Embajada teníamos información de que también harían algo en Roma. El azar quiso que Morán llegase en un día en que el cielo de Roma estaba plomizo y con amenaza de tormenta. Recuerdo que estaban los dos ministros enzarzados en una apasionante conversación, cuando el ruido espantoso de un trueno hizo casi temblar las paredes de la Embajada, ante el susto evidente de Morán y mío. Sin embargo, Andreotti, sin perder la calma, dijo: «No se preocupen, se trata únicamente del terrorismo della natura ».

Pero lo curioso del caso es que combinaba este humor sosegado, propio de una vida sin sobresaltos, con sus continuos viajes y con una admirable capacidad de trabajo. Todos los días, a las seis de la mañana ya estaba en pie para escribir su diario, un artículo semanal en una revista, sus varios libros, sus discursos, y para recibir también la visita de sus electores que acudían siempre para pedirle favores o actuaciones. Muchas veces me citó a las ocho de la mañana para despachar conmigo o para saludar a algún político español, como Marcelino Oreja, que se admiraba de que a esa hora se trabajase ya en la política italiana. Es más, tenía tiempo de ir también a misa, acompañado de sus escoltas, por lo que una vez me dijo que desde hacía muchos años, siempre que iba a misa tenía detrás a la policia, añadiendo: «Creo que he obligado a oir más misas a mis escoltas, que las que habían oido antes en todas sus vidas, por lo que espero que se me compense este apostolado en la otra vida »..

E n Otro almuerzo con él, durante el semestre decisivo para nuestra entrada en el Mercado Común, le comenté que en las interminables sesiones nocturnas que precedieron al acuerdo de nuestra entrada, fue él quien tuvo el mayor aguante y me respondió: «Mi secreto es que de vez en cuando me tomaba un terrón de azucar » . Otro día, en una cena en la Embajada británica, cuando acababa de llegar de uno de sus múltiples periplos por todo el mundo, teniendo ya programados otros viajes inmediatos, no pude contenerme y le expresé mi admiración por su enorme resistencia, ya que era durísima la vida de ministro de Asuntos Exteriores. Su respuesta fue fulminante: «Embajador, tenga en cuenta que hay oficios mucho peores ».

Podría contar otras muchas anécdotas que presencié personalmente, y citar un gran número de sus frases lapidarias, algunas de las cuales se reproducen en la película que se proyecta ahora en Madrid. Pero me limitaré a una más, que me hizo reír, al comentarle que había tenido que ir al dentista, y que ante mi asombro y temor, el doctor mientras me limaba una caries con el torno, me preguntó si me gustaba la ópera. Como no podía hablar asentí moviendo la cabeza, pero aunque me gusta mucho il bel canto, lo mismo hubiera hecho en esos momentos si me hubiese inquirido si me gustaba el aceite de ricino italiano. Tras mi forzada afirmación, el galeno entonó, con fuerte voz, un aria de una opera conocida.Andreotti me escuchó esbozando una sonrisa y exclamó: « Todos somos iguales ante el dentista, pero no todos los dentistas son iguales ».

Ahora acaba de cumplir 90 años y aspira a llegar a los 100, porque, de una forma u otra, sigue sin desgastarse en el sentido que explicó. Se ha dicho que podría ser nieto de Maquiavelo, sobrino de los Borgia y hermano de Richelieu, Sea lo que fuere, Montanelli escribió que unos dicen que es «un hombre capaz para todo», otros «que es capaz de todo» y algunos «que es capaz para todo y que puede llegar a ser capaz de todo». En cualquier caso, en las tres versiones se reconoce siempre que es «capaz»

Jorge de Esteban fue embajador en Roma, es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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Lo que Obama ha unido…, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 26 enero, 2009

Aquí no hay dirigente o partido que no se reclame de la cuerda de Barack Obama, el flamante presidente de Estados Unidos. En la política española, los jefes del PSOE y del PP hablan como si el nuevo inquilino de la Casa Blanca fuera uno más de su familia ideológica, lo cual produce mucha risa. En la política catalana, todas las siglas parlamentarias, sin excepción, sienten y proclaman que Obama, de algún modo, les da la razón, extremo tan imposible como absurdo. A la vista de las declaraciones oídas estos días en nuestros predios, no puedo más que pedir humildemente que lo que Obama ha unido no lo separe la financiación autonómica o la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut.

Soñemos un poquito: ¿Por qué no gobiernan todos juntos, cogidos de la mano, con el programa de Barack Obama adaptado a los problemas de este rincón del mundo? Si tanto coinciden todos en su entusiasmo por las palabras del nuevo presidente, desde los poscomunistas de ICV-EUiA a los conservadores centralistas del PP, sólo es cuestión de importar las recetas del hombre de moda. Pero ustedes y yo sabemos que las cosas no funcionan así. Una cosa es compartir alegrías y esperanzas por el ascenso democrático del nuevo primer líder mundial y otra, muy distinta, es ponerse de acuerdo para abordar los problemas concretos de nuestra sociedad, que poco tiene que ver con la de los Estados Unidos.

Dos fenómenos desenfocan la mirada de nuestros políticos cuando tratan de asociarse a la estampa deslumbrante de Obama. Por un lado, prescinden de las insalvables diferencias entre la cultura política estadounidense y la nuestra. A veces, sólo es pura ignorancia, como cuando alguien se escandaliza de que Obama citara varias veces a Dios y las Sagradas Escrituras en su discurso de toma de posesión. Algunos indocumentados sostenían que las referencias religiosas eran una mera extravagancia propia de Bush y los neoconservadores, sin tener en cuenta que el deísmo de raíz masónica de los padres de la revolución americana impregnó la sociedad y las liturgias civiles de la república hasta hoy, y que ello nada tiene que ver con las iglesias oficiales del Viejo Continente.

Por otro lado, cada cual quiere hacerse un Obama a la medida de sus ideas, a partir del fragmento de discurso que más fácilmente casa con sus valores e intereses. Así, desde el liberalismo europeo, se destaca que Obama afirma que “no nos planteamos si el mercado es una fuerza para el bien o para el mal; su poder de crear riqueza y expandir la libertad no tiene igual”. Mientras, la socialdemocracia europea subraya las palabras posteriores: “Pero esta crisis nos ha recordado a todos que, sin vigilancia, el mercado puede escapar al control; una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si sólo favorece a los ricos”. Nos cuesta asumir la síntesis de ambos enfoques, que es lo importante. Lo cierto es que nuestras coordenadas, tan alejadas de la tradición de la que surge Obama, nos impiden comprender todo el alcance de su mensaje.

Pero no son las respuestas lo que separa más acusadamente a Obama de nuestros políticos, sino las cuestiones. Hay una manera práctica de abordar los desafíos, que no confunde la fidelidad a los principios con la rigidez de lo dogmático: “La pregunta que hoy planteamos – señaló Obama en su discurso del martes pasado-no es si nuestro gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, sino si funciona”. En Europa, salvo en el Reino Unido, el imprescindible debate sobre los límites del Estado de bienestar y su sostenibilidad se produce, a menudo, sólo en términos de mayor o menor intervencionismo, de más o menos peso y dimensión del sector público y la iniciativa privada, dejando como algo secundario la eficiencia de los servicios prestados al ciudadano. Como explica muy bien Xavier Roig en su higiénico libro La dictadura de la incompetència,”ni las derechas ni las izquierdas políticas denuncian la burocracia de Estado en ninguna campaña electoral”. En Catalunya, por ejemplo, el sector sanitario se fundamenta en una colaboración responsable y acreditada entre administración y operadores privados, públicos y mixtos. En cambio, demasiados prejuicios doctrinales y corporativismos frenan las reformas en el sector educativo, lastrado por aquellos que confunden la defensa de la escuela pública con la demonización de los centros concertados, cuya función social nadie puede negar, también en barrios que presentan dificultades especiales.

Obama es un reformista que no encaja en las etiquetas europeas al uso. Responsabilidad y transparencia son grandes lemas de su comienzo, y hay un esfuerzo por acompasar los ecos idealistas con la contención pragmática. Rahm Emanuel, su jefe de Gabinete, está ahí para que la prosa del día a día no se extravíe. Nada de buenismo que pueda confundirse con debilidad, de lo cual Zapatero debería tomar nota. Todo lo demás, y a la espera de los cien primeros días de Obama, es la chispa de un estilo: seguridad, naturalidad, flexibilidad, apertura y firmeza. Y, por encima de todo, algo que está en el corazón de la política estadounidense: el patriotismo inclusivo, difícil de entender en clave europea, imposible de trasladar a España, e indigerible para cierta progresía catalana de todo a cien. El nacionalismo español, tanto en la derecha como en la izquierda, se inspira hoy en el jacobinismo francés más rancio y está a años luz del sueño americano. Allí, como ha proclamado Obama, la unidad no es uniformismo ni la diferencia es anomalía sospechosa.

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Pros y contras del abandono del euro, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 26 enero, 2009

Pros y contras del abandono del euro

Hoy vengo, como alguna otra vez en este Valor Añadido, de prestado. No me duelen prendas en decirlo, la verdad. Me encantaría que esta fuera cada vez más la columna de todos ustedes. Si cuatro ojos ven más que dos, qué les voy a contar en relación con este blog, tan sorprendentemente frecuentado. El protagonista es un amigo, analista bancario, que no deja de darme la matraca acerca de la inevitable salida española de la moneda única, tema que ya tratamos en esta misma columna hace unos meses (en septiembre, concretamente) y que ahora vuelve a estar, y de qué manera, encima de la mesa. Aunque mi opinión es contraria a tal posibilidad, reconozco que ha planteado un argumentario de pros y contras muy bien construido. De ahí que me permita compartirlo con todos ustedes. A partir de este momento, le cedo la palabra. Se dirige en su disertación a Ignacio de la Torre, del Observatorio del Instituto de Empresa, y a servidor.
Sé que  escépticos respecto a la idea, pero realmente cada vez lo veo más claro. Creo que hay que hacerse reflexiones del tipo: ¿por qué Brasil, México o Argentina en su día decidieron devaluar contra el dólar, aun cuando eran perfectamente conscientes de la hecatombe cambiaria, inflacionaria, bancaria, y generadora de déficits públicos que implicaría? Conceptualmente, ¿es realmente muy distinta la España actual a esos países en la etapa previa a su devaluación? Todo el mundo parece muy consciente de los efectos negativos de salirnos del euro y de que eso hará que se tome cualquier alternativa antes de llegar a esa situación. ¿Y qué pensaron entonces los gobiernos brasileño, mexicano y argentino?. Lo mismo. Y lo hicieron, eliminaron la paridad fija con el dólar, devaluaron.
España tendrá claramente un déficit estructural porque el país no da en competitividad para mantener la actual estructura de gasto público. Y ni va a aumentar su competitividad bajando sueldos, ni va a atreverse a controlar la política fiscal expansiva (eso le quitaría votos a la postre, porque generaría más paro a corto plazo y además ahora mismo es un granero de voluntades compradas, o sea, votos cautivos). Si se suma que haciendo bien los números y sin trucos contables diferidores de defaults, la banca española en un porcentaje no desdeñable debe ser rescatada con dinero público (el Valor Añadido de este fin de semana que ahonda en esta idea), se concluye que la creciente deuda pública y sus intereses, unida a los déficits públicos primarios que se avecinan, llegará un momento en que serán insostenibles, los spreads subirán en un círculo vicioso y en algún momento no habrá financiación. Porque para que la haya, serán necesarios rescates de la UE o el FMI que exigirán reducciones de gasto público muy notables, que a su vez incidirán en una mayor contracción del PIB y que dejarán el país con millones y millones de parados… votantes cabreados.
Sobre todo si además parte de ellos antes eran funcionarios o semifuncionarios o subvencionados… ex electores cautivos del gobierno. Por esa pérdida masiva de votos potencial, los gobiernos de Brasil, México o Argentina dejaron de querer cumplir con los requerimientos del FMI para recibir financiación. Porque, ser ortodoxo, genera un aumento muy fuerte del paro a corto plazo y eso no hay gobierno que lo aguante. Y para mí, pensar que países como Alemania o Francia van a rescatar financieramente a España, Irlanda, Portugal… no me lo creo, porque bastante tiene Alemania con rescatarse a sí misma y porque saben perfectamente que estarían prestando a fondo perdido por cuanto estos países son completamente inviables tal y como están gestionados (no hay competitividad, hay ingente gasto público improductivo, la deuda es enorme, …). 
Todo esto me recuerda a la situación de la banca ahora, que ni quiere prestar ni las familias quieren realmente préstamos. Yo creo que a medio plazo, países como España o Grecia, ni van a querer que les presten los organismos supranacionales para rescatarles por las penosas condiciones de reducción de gasto consecuentes (hemorragia de votos a corto plazo para el gobierno) ni posibles rescatadores como países más sólidos (Alemania, Francia….) van a querer realmente financiarles. La devaluación, por lo menos, te da cierta esperanza de recuperación de crecimiento en breve aunque te crujan en intereses de deuda, porque lo mismo iba a pasar en Brasil, México o Argentina, y aun así lo eligieron. Ojalá me equivoque.
ABANDONAR EL EURO. CONTRAS.
    1. Colapso de la banca por salida masiva de acreedores y depositarios, y por ende, ausencia de financiación al sistema bancario y consecuente parón del crédito en el país. Necesidad de un “corralito” en depósitos bancarios.
    2. Colapso de los bonos públicos por salida masiva de inversores y por ende, ausencia de financiación al país (a no ser a tipos desorbitados). Los acreedores internacionales en la práctica terminarían con defaults elevados por la devaluación potencial de la peseta.
    3. Riesgo político para el gobierno e incentivo de la oposición para capitalizarlo.
    4. Complejos procedimientos necesarios para cambiar todos los contratos del país y redenominarlos en una nueva moneda.
    5. Riesgo de que una devaluación competitiva termine siendo contrarrestada por una elevada inflación al querer los trabajadores beneficiarse de la ganancia en competitividad.

ABANDONAR EL EURO. PROS.
    1. Permitiría una devaluación competitiva que, si fuera acompañada de alguna reforma estructural, podría producirse sin una inflación paralela que anulara el grueso de la ganancia competitiva. En dicho caso, las exportaciones despegarían, liderando la recuperación económica, incluyendo la creación de empleo, la mejora de la capacidad fiscal recaudatoria (equilibrio presupuestario) y la reducción de la dependencia financiera exterior (menor endeudamiento por consecución de superávits externos).
    2. Si la salida se acompañara de un plan estratégico de estabilidad presupuestaria a largo plazo y de mejora paulatina de competitividad, la subida de tipos para financiarse podría no ser tan elevada, o por lo menos durar menos tiempo.
    3. Posibilidad de tener autonomía en política monetaria y así poder imprimir dinero con el cuál financiar los rescates del sector bancario y los déficits públicos expansivos. Por supuesto, esto implicaría riesgo de inflación, pero no sería tan perjudicial teniendo en cuenta que peor podría ser la deflación y que sería un medio de reducir deuda en el sistema (principal problema de la economía española), siempre y cuando se tuviera la voluntad de mantener dicha inflación controlada a largo plazo.
    4. El riesgo político de salirse del euro podría serlo menos en un entorno económico desastroso en cuanto al desempleo, escenario no descartable si se materializan algunos riesgos claros como la combinación de recesión, deflación, fuerte deuda en el sistema, elevada deuda externa, significativos déficits públicos crecientes por medidas de estímulo económico y posibles rescates de bancos, posible cierre de financiación al Tesoro español, necesidad de llevar a cabo al respecto notables reducciones de gasto público (más recesión y desempleo), necesidad de proponer reducciones salariales impopulares por cuanto encarecerían en términos reales la ingente deuda del sistema, … en un círculo vicioso interminable.

NO ABANDONAR EL EURO. CONTRAS.

    1. Riesgo político fuerte por posibilidad muy cierta de terminar con cifras de paro descomunales ante el cuadro macro previsible: recesión, deflación, elevada deuda interna y externa, déficit público estructural fuerte, posibilidad de no poder financiarlo, necesidad potencial de reducir por ende gasto público (el único que podría sostener algo la maltrecha economía), enorme dificultad práctica para reducir salarios por la elevada deuda del sistema que haría prácticamente insolventes a muchas familias, …
    2. Imposibilidad de devaluar la moneda como instrumento más rápido para iniciar la senda de la recuperación.
    3. Imposibilidad de imprimir dinero por no tener soberanía al respecto, de manera que el BCE normalmente toma decisiones en función del ciclo alemán, muy diferente al español (mientras a Alemania será difícil que le corten el grifo de la financiación por ser un país hiper-competitivo y con ahorro neto y no necesitará perentoriamente imprimir demasiado dinero para financiar déficits públicos generadores de inflación que vayan eliminando deuda, a España sí le haría falta un modelo más parecido a la Fed por cuanto si no es capaz de imprimir dinero, en un momento dado, puede quedarse sin capacidad de financiar déficits públicos dinamizadores de la economía y generadores de inflaciones reductoras de deuda, o resultado de rescates bancarios).

NO ABANDONAR EL EURO. PROS.
    1. Se evitaría una fuerte crisis bancaria de “corrida” de depósitos y otra de bonos públicos de salida masiva de inversores, así como generar en inversores internacionales niveles elevados de default que pasarían factura a largo plazo en los tipos exigidos. No obstante, aunque no de tal magnitud, la no salida del euro no garantiza ni mucho menos un posible impago español de deuda pública (igualmente salida masiva de inversores).
    2. En caso de potencial default de deuda pública española, podría haber ayuda de la UE, eso sí, muy penalizadora en coste político del gobierno por cuanto obligaría a reducir gasto público (más recesión y paro a corto plazo … en un momento en el que el desempleo imperante sería brutal).
    3. Se evitaría el riesgo político de un posible “corralito”.
    4. Se evitarían los complejos procedimientos necesarios para cambiar todos los contratos del país y redenominarlos en una nueva moneda.

CONCLUSIÓN FINAL

Aunque sea una simplificación excesiva, al final es evidente que malo es quedarse en el euro y malo es salirse, pero, del mal, ¿cuál es el menos? Lo peor de quedarse en el euro es que hará en algún momento imprescindible reducir salarios reales, dejando a muchas familias en una delicadísima situación por cuanto la deuda en el sistema es ingente. Lo peor de salir del euro será la implantación de un “corralito” temporal de los depósitos bancarios (es cierto que los tipos subirán, pero también se contrarrestará bastante con la capacidad propia de crear dinero, por cuanto no lo considero del todo diferencial como desventaja frente a la opción de seguir en el euro).

Así pues, si la sangre no llega al río y finalmente no se alcanzan cotas brutales de desempleo, o si se alcanzan se reducen con cierta celeridad, con total seguridad seguiremos en el euro. Pero si no es así y aquí el desempleo llega en algún momento al 25-30%, y además mucho de larga duración, ¿qué elegiría la población como “menos negativo”: una notable reducción de sueldos que aumentaría en términos reales su ya abultada deuda, o un corralito temporal?.

Y los políticos siempre estarán detrás de dicha preferencia, tratando de capitalizarla. Lo dicho, para mí el mayor pro para creer casi imposible una salida del euro, es que su sola propuesta por parte del PSOE, por ejemplo, sería brutalmente combatida por el PP y seguramente muy rentabilizada políticamente (le sería muy fácil buscar un argumento: “con el PSOE hemos llegado al desastre y ahora no se le ocurre otra cosa que sacarnos de Europa y llevarnos 25 años atrás, nosotros solucionamos esto seguro y sin salirnos del euro”).

Ustedes mismos.

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Solbes está equivocado, de Vicenç Navarro en El Plural

Posted in Economía by reggio on 26 enero, 2009

EL PLURAL

La discusión sobre la financiación autonómica en España se ha centrado hasta hace poco en la distribución de los fondos estatales entre las CC.AAs., habiéndose creado grandes tensiones entre ellas que han sido aprovechadas por las fuerzas conservadoras para fines electorales, presentándose a sí mismas como las defensoras de la unidad de España, unidad que, por cierto, pocos cuestionan. De ahí que el debate se haya centrado hasta ahora en la distribución de la tarta nacional ocultando que el problema mayor en España es el tamaño de la tarta que es enormemente insuficiente. Ello explica que la lucha por su distribución sea incluso más acentuada de lo que debiera ser. El gasto público como porcentaje del PIB es de los más bajos de la Unión Europea de los Quince, el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico al nuestro. Lo mismo ocurre con el gasto público social, que cubre los servicios y transferencias del Estado del Bienestar español, tales como sanidad, educación, vivienda, escuelas de infancia, servicios de dependencia, ayudas a las familias y otros. Tal gasto es de los más bajos de la UE-15.

Las CC.AAs. son las que sufren más estas insuficiencias, pues son las responsables de gestionar la mayoría del estado del bienestar. Excepto la Seguridad Social, todos los servicios y transferencias de tal estado los gestionan las CC.AAs. Esta ha sido la característica mayor del estado de las Autonomías. Pero el Estado Central no ha descentralizado la financiación, escudándose en la necesidad del Gobierno Central de redistribuir los fondos públicos estatales entre las CC.AAs. para garantizar la equidad. Pero tal situación ha ocultado un problema mucho mayor, que es la falta de voluntad política de los sucesivos gobiernos españoles en recaudar los recursos necesarios para que España se gaste en su estado del bienestar el gasto público que debiera gastarse en tales servicios y transferencias para alcanzar el nivel que le corresponde por el grado de desarrollo económico que tiene. El nivel de riqueza de España es semejante al del grupo de países de la UE-15. El PIB per capita es el 92% del promedio de la UE-15. Y en cambio, el gasto público social por habitante continúa siendo uno de los más bajos de la UE-15 (sólo un 62% del promedio de la UE-15). Si en lugar de un 62% nos gastáramos un 92% del promedio de la UE-15, representaría un incremento de 52.000 millones de euros. Este es, a grosso modo, el déficit del gasto público social de España. (ver Navarro, V. (coord.) La Situación Social en España. Volumen II. Biblioteca Nueva. 2008). Treinta años después de la muerte del dictador, y todavía estamos a la cola de la UE-15. Y las CC.AAs. son las que ahora sufren en carne viva tales déficits.

El Ministro Solbes, por lo visto, no ha sido consciente de la gravedad de tal déficit social. Su trayectoria política así lo demuestra. Cuando fue el Ministro de Economía en el periodo 1993-1996 redujo el gasto público por habitante de una manera muy notable. Cuando fue Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios de la Unión Europea fue el encargado de guardar la  ortodoxia liberal de tal institución reflejada en el Pacto de Estabilidad que dificulta el aumento del gasto público, incentivando a la vez la disminución de los impuestos. Indicó en más de una ocasión que “bajar impuestos era más estimulante para la economía que aumentar el gasto público” (lo cual no es cierto, ver mi artículo Como estimular la economía, publicado en la revista TEMAS, Noviembre 2008), y cuando ha sido Ministro de Economía del Gobierno Zapatero dijo en una entrevista en El País el 22 de julio de 2007, que “la política de la cual estoy más orgulloso es la de no haber aumentado el gasto público” (dicho en uno de los países que tiene el gasto público más bajo de la UE.15). Ha sido siempre -como lo fue Rato en el gobierno Aznar- partidario de ejercer de freno del gasto público de manera tal que el gran debate entre las dos grandes opciones políticas en las últimas elecciones fue entre disminuir todavía más el gasto público –la propuesta del PP- o mantenerlo tal como está, cuando en realidad lo que el país necesitaba -y continúa necesitando ahora más que nunca- es un aumento muy sustancial del gasto público, y ello no solo para estimular la economía, sino para corregir los enormes déficits de capital físico (en infraestructuras) así como del capital humano y del capital social que existe en España. La baja productividad del país se basa precisamente en ello. Y son las CC.AAs. las que sufren con mayor intensidad este enorme déficit. La lucha entre ellas para conseguir más migajas de la tarta debiera canalizarse para presionar que haya una tarta mayor.

Los recursos del Estado obtenidos por los sucesivos gobiernos españoles, han procedido predominantemente del crecimiento económico y del aumento de la población activa. Ello ha sido necesario pero insuficiente. Lo que se requería y continúa requiriéndose son más reformas fiscales conducentes a incrementar tales recursos, lo cual puede hacerse si hay voluntad política. Una es la necesidad de corregir el escandalosamente alto fraude fiscal que alcanza la cifra de 85.000 millones de euros (según los expertos del propio Ministerio de Hacienda). Esta cantidad sería más que  suficiente para cubrir el déficit social de España y sus CC.AAs. Otra fuente es el aumento de los impuestos del 10% de renta superior del país (que ha visto sus rentas incrementadas a unos niveles sin precedentes en los últimos veinte años de manera que España es hoy uno de los países europeos con mayor número de personas que ingresan (pero no declaran) más de un millón de euros. Otra fuente es el aumento del pago por parte de las Mutuas Patronales de los costes que los servicios autonómicos de sanidad incurren en atender las enfermedades laborales (y que representa aproximadamente el 15% del gasto total de tal sanidad), y que por ley debieran ser cubiertas por tales Mutuas Patronales (tal ley no se respeta), y así un largo etcétera.

Los equipos que han dirigido la política económica y fiscal de España no han tenido la voluntad política de tomar estas medidas. Y lo mismo ocurre hoy. Y el equipo económico en el mayor partido de la oposición tiene incluso menor voluntad de hacerlo. De ahí que seria aconsejable que el gobierno Zapatero cambiara su equipo económico, y pusiera a un equipo con vocación keynesiana en lugar del liberal que facilitara corregir el déficit de gasto público y social del país, y con ello el mayor problema que tienen las CC.AAs.

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Los males de España, de Paul Krugman en SinPermiso

Posted in Economía by reggio on 26 enero, 2009

“Contrariamente a lo que todo el mundo parecía decir incluso hace unas pocas semanas, ser miembro de la eurozona no inmuniza a los países contra la crisis. En el caso de España (y en el de Italia, el de Irlanda y el de Grecia) el euro puede estar perfectamente empeorando las cosas.”

Los males económicos de España no son difíciles de explicar. España era básicamente Florida, con una burbuja inmobiliaria hinchada por residentes y turistas, y ahora la burbuja ha estallado. Pero España está en peor forma que Florida por dos motivos que le sonarán a cualquiera que estuviera involucrado en el gran debate sobre si el euro era o no era una buena idea.

En primer lugar, Europa no tiene un gobierno central. España, a diferencia de Florida, no puede tirar de los cheques de la Seguridad Social y del Medicare de Washington. Así que la carga de la recesión recae entera sobre el presupuesto local, y de aquí el declive de la calificación de su deuda pública.

En segundo lugar, los Estados Unidos tienen un mercado de trabajo más o menos integrado geográficamente: los trabajadores se mueven de regiones deprimidas hacia otras con mejores perspectivas (aunque la crisis inmobiliaria ha reducido la movilidad, porque la gente ya no puede vender sus casas). Europa no lo tiene: es cierto que hay una cierta movilidad entre las élites y entre los trabajadores con menos ingresos, pero nada comparado con los niveles norteamericanos.

En ese caso, ¿qué puede hacer España? Necesita ser más competitiva, pero no puede devaluar, porque es miembro de la eurozona. Así que la única alternativa es una reducción de salarios, que es  extremadamente difícil de conseguir (y crea grandes problemas a los deudores).

Contrariamente a lo que todo el mundo parecía decir incluso hace unas pocas semanas, ser miembro de la eurozona no inmuniza a los países contra la crisis. En el caso de España (y en el de Italia, el de Irlanda y el de Grecia) el euro puede estar perfectamente empeorando las cosas.

Y al final, la tan impopular libra esterlina, hoy en caída puede que haya sido una gran idea.

Paul Krugman ganó el premio Nobel de economía de 2008

Traducción para www.sinpermiso.info: Ernest Urtasun Domènech

krugman.blogs.nytimes.com, 19 enero 2009

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La impunidad de Israel, de Marc Carrillo en SinPermiso

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 enero, 2009

Israel se creó en 1948 como un estado democrático, en una región donde la democracia era excepción. Pero la vergüenza internacional y la vergüenza para Israel de lo que el Thasal, su potente y sofisticado ejército está realizando en el getto de Gaza, es un ejemplo más de cómo este Estado vive al margen del derecho internacional, y de cómo deja de ser democrático en el trato que dispensa a los palestinos.

El Estado de Israel lleva incumplidas un buen número de resoluciones de la ONU relativas al conflicto de Oriente medio. La primera, la Resolución 181 de la Asamblea General en 1947, que estableció el Plan de partición de Palestina, por el que se proponía una unión económica entre un estado árabe y otro judío. A pesar de que los regímenes árabes declaraban que iban a echar a los judíos al mar, la realidad es que el único estado que hoy existe es Israel. Tras la guerra de los seis días de 1967, el Consejo de Seguridad en su resolución 242, declaraba inadmisible la adquisición de territorio mediante la guerra y pedía la retirada de las fuerzas armadas de Israel de los territorios ocupados. Pero lo cierto es que Estado palestino no existe. A lo que ha coadyuvado la proliferación de asentamientos judíos en Gaza y Cisjordania. La resolución 446 del Consejo de Seguridad de 1979 denunciaba que el establecimiento de asentamientos, no tiene validez legal y constituyen un serio obstáculo para la paz. Además, en 1968 la resolución 2443 de la Asamblea General instaba a Israel a dejar de destruir las casas de la población civil árabe en las áreas ocupadas. Y en 1978, la ONU condenaba la cooperación militar entre Israel y el, entonces, régimen racista de Sudáfrica. En su resolución de 24 de septiembre de 1982, la Asamblea General condenaba la masacre criminal de palestinos y otros civiles en los campos de refugiados de Sabra y Chatila, en Beirut, a manos de las falanges cristiano-libanesas y ante la deliberada pasividad del Thasal, comandado por el provocador y fascistoide ministro de defensa Ariel Sharon. La matanza suscitó una reacción internacional y en la izquierda israelita, hasta el punto que el gobierno de M. Begin tuvo que admitir la constitución de la Comisión de investigación Kahan, que consideró que Sharon «faltó a sus obligaciones». Hubo de cesar pero ello no impidió que la sociedad israelí admitiese después que llegase a Primer Ministro.

El Tribunal Supremo es una de las piezas esenciales del régimen israelí. Pero tampoco queda libre de censura en cuanto al respeto a los derechos de los palestinos. En una sentencia de 1999, avaló el uso de métodos rigurosos de interrogatorio (sacudidas de corriente, privación del sueño, golpes y  patadas, retorcimiento brusco de la cabeza, etc.) siempre que fuese en circunstancias extremas de la responsabilidad penal y en casos de estado de necesidad. Por tanto, al admitir límites al derecho a la integridad física o psíquica -único supuesto de derecho ilimitado- el Tribunal aceptaba lisa y llanamente la tortura, prohibida por el Cuarto Convenio de Ginebra (arts. 3 y 32).

Con el argumento de garantizar la seguridad, el Gobierno de Sharon empezó a construir un muro de más 600 kilómetros que deja aislados a los palestinos de Cisjordania. La Corte Internacional de la Haya emitió un dictamen en 2004 declarando su ilegalidad. No obstante, Israel ha proseguido con la construcción, si bien, tras las demandas de aldeanos palestinos expropiados, el Tribunal Supremo ordenó el cambio de un tramo de 30 kilómetros en este nuevo muro de la vergüenza. Seguramente ello fue un gran éxito para la hermenéutica jurídica a fin de resolver el conflicto entre libertad y seguridad. Para los súbditos palestinos, poco habrá cambiado su misérrima vida.

Ahora, con la intervención militar de Gaza, la crisis humanitaria es  dantesca. Pero las posibilidades de actuación sanitaria (la entrada en la zona de médicos, ambulancias, etc.) sobre las personas que no participan directamente en las hostilidades son más bien nulas. De nuevo se ignora el Convenio de Ginebra, que establece que estas personas o las que hayan depuesto las armas, los heridos, etc., han de ser tratados con humanidad, sin ningún tipo de discriminación (art. 3). También este aspecto del Derecho de la guerra es ignorado por el Thasal.

Y que decir de la depuración futura de posibles responsabilidades de orden penal. Pues nada. Israel es uno de los Estados que no reconoce la jurisdicción Corte Penal internacional, que aplica el Estatuto de Roma que entró en vigor en 2002.  No es el único; entre otros le acompañan en este honor, Estados Unidos, Cuba, China, Iran, Myanmar, Siria, los Emiratos Árabes, etc.

Y a todo ello se opone el derecho de Israel a defenderse de los ataques de Hamas. Objetiva y aisladamente, el argumento sería razonable. Pero ésta no es la cuestión principal. El problema histórico es la no resolución del conflicto surgido en 1948: los infortunados palestinos son un pueblo sin Estado, humillado, oprimido y no sólo por Israel, que lo emplea como fuerza de trabajo barata en sus ciudades. También el mundo árabe es responsable del devenir de un pueblo que en la desesperación, responde a la opresión con el derecho a la resistencia, un derecho humano básico, reconocido en el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

Marc Carrillo es catedrático de Derecho Constitucional de la Universitat Pompeu Fabra en Barcelona.

www.sinpermiso.info, 25 enero 2209

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Liderazgo mundial, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 enero, 2009

Una sola frase del discurso inaugural de la Presidencia de Obama, “estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo” del mundo, revela cuales son los límites de la novedad de su pensamiento y de su cultura político-religiosa. Se acerca más de lo que él mismo hubiera deseado al “Destino Manifiesto”. Aquella idea providencial de la séptima presidencia, la de Jackson, que ha venido inspirado los fundamentos raciales de la discriminación interior, contra la que Obama se ha revuelto con notable éxito, así como de la nefasta concepción imperialista de la política exterior, que no ha cesado de acentuarse desde la guerra colonial contra España (Cuba-Filipinas), calificada por Paul Valery de guerra contra Europa. La intervención del Presidente Wilson en la guerra del 14 y la de Roosvelt en la del 39, crearon un profundo sentimiento de gratitud europea, que se ha borrado casi por completo con la actitud de EE.UU., apoyando dictaduras en la guerra fría y desatando conflictos armados contra países productores de petróleo.

Lo inquietante no es la pretensión de ejercer el liderazgo de EU en el mundo, cosa que se deriva con naturalidad de la conciencia elitista de seguir siendo una primera potencia, a pesar de la rivalidad de Rusia y China. Lo preocupante es que, al decir “asumir de nuevo”, está legitimando el liderazgo militar de los presidentes anteriores, en lugar de haber definido la noble aspiración a dirigir el mundo de forma civilizada, extendiendo por todo el orbe la nueva influencia política que se derive de una superior potencia democrática, cultural, tecnológica, ecológica y moral de EE.UU.

La idea de liderato, que en su origen conceptual nada tiene que ver con la de jefatura, implica una serie de connotaciones negativas que hasta ahora no parecen darse en Obama. Su indudable carisma personal no necesita ser reforzado con los tradicionales atributos del jefe, para que personalidades distinguidas y masas anónimas de todo el mundo confíen y depositen una nueva esperanza en su mandato. Lo cual no excluye que la inteligencia crítica, la sensibilidad moral y la rica tradición cultural de los europeos permanezcan despiertas, a fin de analizar con frialdad, y sin prejuicios, las medidas de política internacional que adopte su gobierno. Es inevitable que su forma de afrontar la crisis económica repercutirá, aunque no sea la mejor, en la política económica de todos los gobiernos. Y eso obliga a prevenir, en España, los efectos no deseados que siempre lleva consigo la importación de ideas a contextos económicos y culturales diferentes.

florilegio

“A un jefe legal se le obedece. A un líder, incluso sin poder, se le sigue.”

¿Cambios?, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 enero, 2009

El flamante presidente de EE.UU. aseveró en su discurso inaugural que las cuestiones de seguridad nacional no deben afectar la vigencia de los derechos humanos. Bien dicho. Sus primeras medidas fueron el cierre de la base de Guantánamo en un año, la suspensión de los procesos incoados por tribunales militares a algunos de los 245 detenidos que allí siguen y la suspensión del régimen de torturas al que han sido sometidos. Bien hecho, sobre todo lo último. Los presos seguirán presos en otros campos de concentración que el Pentágono instaló ya en distintos países y Obama no dispuso que sus casos pasen a tribunales civiles, como demanda Amnesty. Estas decisiones sin duda interrumpirán el declive del más que dañado prestigio de EE.UU. en el mundo.

No parece que se modificará la política exterior: la estrategia del nuevo mandatario no entraña el cese de la guerra “antiterrorista” que la Casa Blanca de-sató, apenas un cambio de acento. Habló de una retirada de Irak “responsable” y no reiteró su intención de hacerlo en 18 meses, anuncio de campaña electoral que le atrajo muchos votos. Tampoco la mencionó al cabo de su reciente reunión con los capitostes del Pentágono para tratar el asunto y los comentarios del general Ray Odierno, comandante en jefe de las tropas estadounidenses en Irak, indican que tal vez Obama le da otro peso ahora a la palabra “responsable” (www.mccclatchydc.com, 21-1-09). El general señaló que la retirada dependía de las elecciones nacionales que se llevarán a cabo en Irak a fin de año. Imposible completarla en 18 meses.

La idea, por lo demás, no es sacar hasta el último hombre del país invadido. Más bien no. Colin Kahl, importante asesor de Obama durante la campaña electoral, señaló que EE.UU. debía mantener en Irak una fuerza de 60.000 a 80.000 efectivos al menos hasta fines del 2010 (www.prorev.com, 4-4-08). El New York Times (13-12-08) subrayó la “aparente evolución” del mandatario afroamericano en este tema, sólo que no la hubo: BO siempre mencionó la necesidad de dejar una “fuerza residual” en Irak, aunque nunca indicó la cuantía del “residuo”. Si se cumpliera la observación de Kahl, los muchachos tardarán en volver a sus hogares. Dicho de otra manera: la ocupación de Irak seguirá.

El demócrata Obama, que votó contra la invasión a Irak, se reunió asiduamente a lo largo de los últimos tres meses con su vencido contrincante republicano John McCain, que votó a favor, para solicitarle asesoramiento y opinión sobre las guerras en curso y sobre los futuros encargados de la política exterior. McCain les dijo a varios colegas republicanos que “muchos de esos nombramientos los habría hecho yo mismo” (www.newsmax.com, 19-1-09). No sorprende esa declaración: empezando por la actual secretaria de Estado, Hillary Clinton, y pasando por el reconfirmado jefe del Pentágono Robert Gates –otra herencia de W. Bush–, el equipo que seleccionó BO en este delicadísimo campo está integrado por demócratas partidarios de la guerra y no hay signos de que se hayan vuelto pacifistas.

Es notorio que BO se comprometió a aumentar el número de tropas norteamericanas en Afganistán: el Pentágono ha pedido el envío de 30.000 soldados más en un lapso de 12 a 18 meses y Washington presiona a la OTAN desde hace meses para que incremente también sus efectivos en ese país (Reuters, 20-1-09). Varios gobiernos de la Unión Europea se muestran remisos a aceptar la gentil invitación. Francia la ha rechazado ya, Alemania enfrenta un año electoral difícil, aunque es posible que todo cambie luego de la primera reunión de Obama con sus contrapartes europeas. Continuamos.

Obama reiteró en su campaña que EE.UU. debe atacar las bases de Al Qaida y de los talibán en Pakistán con o sin el consentimiento del gobierno paquistaní. “Si llegamos a tener información confiable sobre objetivos terroristas importantes –dijo– y el (entonces) presidente Musharraf no actúa, actuaremos nosotros” (Reuters, 1-8-07). Cada tanto un avión no tripulado de EE.UU. deja caer misiles en la zona de Pakistán limítrofe con Afganistán. La pregunta clave es cuál será la magnitud del ataque anunciado.

El mandatario ya en funciones llamó por teléfono al presidente de la Autoridad Palestina y al primer ministro de Israel afirmando que no escatimará esfuerzos para desarmar un conflicto que acaba de costar la vida de 1300 palestinos, en su mayoría civiles y sobre todo niños. Pero si Obama insiste en el reclamo de una “Jerusalén única” y capital de Israel –-que formuló ante el poderoso lobby judío proisraelí que recorre infatigablemente los pasillos de la Casa Blanca y del Capitolio–, fracasará como Bill Clinton en la cumbre de Camp David del 2000. Y se verá qué distancia media entre su discurrir de campaña y la realidad de sus actos.

BO no preocupa a Tel Aviv. Como señalara al diario israelí Yediot Ahronot el ex embajador de Israel en Washington, Daniel Ayalon, “en cuanto a las relaciones Israel/EE.UU., tengo la impresión de que no habrá cambio alguno. Al contrario: el mapa de los intereses estadounidenses no depende de la identidad de la persona sentada en la Casa Blanca y EE.UU. seguirá tratando a Israel como un aliado leal” (www.ynetnews.com, 20-1-09). Re-claro, ¿verdad?

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Obama, o al rengo se le ve cuando camina, de Guillermo Almeyra en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 26 enero, 2009

Es peligroso confundir a Barack H. Obama, el personaje político del establishment estadunidense, con el movimiento social de protesta aún informe y desorganizado que se opuso a Bush e impuso al desconocido Obama, primero como candidato presidencial –venciendo a los elefantes blancos conocidos y conservadores del Partido Demócrata que apoyaban a Hillary Clinton bajo la dirección del marido de ésta–, y después como encargado de barrer al desprestigiado y odiado Bush.

El primero es un político segundón, sin experiencia ni mucha claridad (votó contra la guerra en Irak diciendo “no me opongo a la guerra, sino a guerras estúpidas”) y despierta si no las esperanzas, al menos las expectativas de los grandes capitalistas. Éstos, en efecto, desean que siga alimentando con fondos de los contribuyentes las arcas de los grandes bancos y de las grandes empresas que ellos mismos vaciaron por “codicia e irresponsabilidad”, como dijo Obama, pero sobre todo porque en eso consiste el capitalismo, que no es otra cosa que la búsqueda desesperada de la ganancia a cualquier precio, explotando, colonizando, matando, sin ética ni norma moral alguna. Hay que decir a este respecto que el gran capital no está muy contento con Obama a pesar de su evidente continuismo con las políticas esenciales de Bush y de su carácter conservador y, en el día de la asunción del mando y tras su discurso, votó a su manera haciendo caer todas las bolsas del mundo…

El segundo (el hombre que la ola de protesta llevó a la Casa Blanca esperando que haga un cambio, que dé trabajo digno y bien pagado, evite que le roben sus casas a la gente, les dé planes de asistencia médica, escuelas decentes, paz y libertades pisoteadas por Bush) siente en su nuca el aliento de millones de negros, latinoamericanos, asiáticos, discriminados (recordó, en efecto, que su padre “no hubiera podido entrar en un restorán” hace 40 años). Si 2 millones de personas, con varios grados bajo cero, sin centro ni organización colectiva, unidos por el mismo sentimiento, llenaron las calles de Washington para apoyar a Obama en su asunción del gobierno, es porque quieren empezar a tener poder y dejar de ser nadie, y para eso se agarran de Obama y le exigirán medidas sociales.

La degradación política y social en Estados Unidos es vieja, pero el Día sin inmigrantes (un paro nacional sui generis) dio conciencia a los trabajadores pobres y a los oprimidos de que podían contar, y la candidatura de Obama les dio posteriormente un centro político y una esperanza, deformados, pero de gran importancia. Porque no se puede separar el triunfo de los obreros que ocuparon e hicieron funcionar una fábrica de puertas y ventanas de ambos procesos: el de la acción en autogestión de los inmigrantes y el electoral, que dio el impulso inicial a una politización y organización de millones de estadunidenses trabajadores, con una plataforma de reformas democráticas y económicas que el capitalismo no puede conceder, particularmente en esta época de crisis. Aparece así, potencialmente, un proceso político de masas que va mucho más allá de Obama, su canal transitorio.

Si en los años 30 un proceso similar fue canalizado por los sindicatos y después absorbido por Franklin D. Roosevelt (al cual Obama no nombra, y no por casualidad), eso fue gracias a la preparación de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué base hay hoy, en cambio, para un keynesianismo masivo y para la domesticación por el Estado de los trabajadores estadunidenses? ¿Dirige Obama un cambio?

A riesgo de desilusionar a muchos “progresistas”, gobernantes o no, Obama no ha hablado, entre sus prioridades, ni de planes masivos para dar trabajo ni de los emigrantes. Cuando mucho, tiene un plan que, si tiene éxito, podría crear en dos años 3 millones de empleos, o sea, apenas la cantidad que se perdieron en los últimos seis meses. Por otra parte, ni ha mencionado el genocidio en Gaza.

Además, si piensa reforzar las tropas en Afganistán, aunque reduzca gradualmente las que están en Irak, y si va a salvar a los bancos y las grandes empresas, ¿podrá dar seguro social a 70 por ciento de personas que no lo tienen?, ¿y podrá devolverles sus casas y el nivel de vida y los empleos que perderán en este año cuando sostiene que la crisis se debe sólo a algunos “irresponsables y codiciosos” y no a la estructura misma del sistema? ¿Cuál cambio prepara con respecto de la paz si tiene como jefe de gabinete al doble ciudadano estadunidense e israelí Rahm Emanuel Israel, que fue soldado en el ejército judío? ¿O cuando mantiene como ministro de Defensa a Robert Gates, elegido por Bush, y manda a Afganistán al general Petraeus, dictador en Irak, también del equipo de Bush? ¿El clan Bill e Hillary Clinton, que controla la política exterior, asegura acaso un cambio cuando la primera es ardientemente filoisraelí y el segundo pidió en el Senado medidas firmes de Obama contra “la amenaza” de Venezuela y Cuba? ¿El propio Obama no declara acaso que Hugo Chávez “exporta actividades terroristas y apoya a las FARC”, intoxicando a la opinión pública con mentiras insostenibles como hizo Bush respecto de Irak? ¿Qué puede esperar América Latina si uno de los principales asesores de Obama para la región es Greg Craig, abogado del ladrón y asesino Gonzalo Sánchez de Lozada, ex presidente de Bolivia refugiado en Estados Unidos, que sigue negando su extradición? En lo económico, ¿qué cambio puede producir cuando el jefe de sus asesores es Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Clinton, responsable de la más amplia y masiva desregulación bancaria?

Es seguro que Obama no es igual a Bush. También que se verá obligado a hacer concesiones a quienes reclaman cambios urgentes y profundos. Pero éstas serán simbólicas, superficiales. Porque Obama, aunque mulato, es un hombre del sistema, educado en Harvard. Sin duda es histórico que en un país donde el Capitolio fue construido por esclavos y en el que en los años 60 un negro no podía entrar en un restorán ni utilizar el mismo baño que un blanco, un mulato sea presidente. Pero, como dicen los haitianos, “un mulato pobre es negro y un negro rico es mulato”. No estamos sólo ante un problema racial, sino ante la más profunda crisis del capitalismo y muy posiblemente el comienzo de un vasto conflicto entre las clases.

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