Reggio’s Weblog

El Manifiesto ya no es razonable, de Antonio Gamoneda en El País

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 30 junio, 2008

Aunque el documento por la lengua común, que reclama reformas para defender el castellano, es razonable en su literalidad, lo han averiado los ideólogos y la política enmascarada

Excepción en mis costumbres. Hoy, día canicular, quiero asomar mi opinión -y las modulaciones que puedan haberse producido en ella- al balconaje, también de la opinión, pero pública. Me gustaría que este asomo (cursiva para la polisemia) fuese breve, pero no, no voy a conseguirlo, ya que se dará acompañado de numerosos entrecomillados que llevarán en cercanía alguna admiración o extrañeza.

El Mundo, siendo el 26 de junio, dedica el 50% de su primera página al inicio de un artículo cuya negrita titular en cuerpo respetable dice: “Grandes nombres de la cultura se suman al Manifiesto (sic para la eme mayúscula) del castellano”, y, encima de los titulares, va un mosaico de cabezas, cuatro con cuatro, que, visto de izquierda a derecha, otorga el primer lugar a la mía, aun siendo (y esto es referencia al texto que sigue) más “insignes” las cabezas que suceden a la que a mí me concierne. Bien puede tratarse de un sinmotivo, de un casual, pero no sé, no sé…

Comienza la letra normal citando el Manifiesto y diciendo: “A los escritores y académicos que impulsaron la iniciativa junto a Fernando Savater, se sumaron ayer insignes (cursiva mía) nombres como el del poeta Antonio Gamoneda…”. Siguen otros, más claramente insignes, como digo.

Continúa el artículo en la pág. 12, que empieza así: “Asturiano de nacimiento, aunque leonés de adopción, Antonio Gamoneda ha sido reivindicado en diversas ocasiones por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, como su poeta favorito”. Y añade recogiendo correctamente mis palabras: “Me resulta una iniciativa razonable (el manifiesto) siempre que haya también un respeto implícito a las lenguas cooficiales”.

En esta misma pág. 12, con letra grandecita en el subtítulo y negrita en una mancheta amarilla (nadie vea en el dato cromático raras intenciones, que la mancheta es de verdad amarilla), vuelvo a aparecer (otras dos veces, ya digo) encabezando listados.

Retrocedo a la pág. 3 y veo más negrita titular, en articulillo sin firma y con aire de editorial menor. Dice el titular: “El mundo de la cultura defiende el castellano”. Bajo por la columna y leo en Times normal (no estoy seguro; pudiera no ser Times ni normal): “… y escritores de la talla de Delibes, Brines, Pérez Reverte o Gamoneda -este último poeta de cabecera del presidente Zapatero- se suman…”. ¡Vaya por Dios!, ahora el último. ¿A santo de qué? ¿Tendrá que ver esta “santidad” con la presidencia?

Abandono la ironía. Es cierto, yo no se lo he oído pero sí me lo han dicho, que el Sr. Rodríguez Zapatero ha hablado alguna vez de mí con elogio. Tiene mi agradecimiento por ello, pero no a causa de su condición presidencial, sino como lector que me valora.

Por la casual concordancia de los hechos, voy a dejar dicho que, en dos ocasiones (y de una de ellas es testigo el Rey de España), doña Esperanza Aguirre me ha dicho: “¿Sabes que eres el poeta preferido de Aznar?”. Dado que no tengo por qué dudar de la veracidad de doña Esperanza, yo se lo agradezco al Sr. Aznar por idénticas razones que al Sr. Rodríguez Zapatero.

Y, ahora, me pregunto: El Mundo del 26, en sus págs. 1, 12 y 3, ¿estará diciendo “bajo solapa” que incluso alguien -y está claro que “alguien” soy yo- que tiene cierta deuda de gratitud con Zapatero, se ve obligado a mostrarse desafecto con la voluntad política del jefe del Ejecutivo y cabeza del PSOE? Luego, la implícita (“bajo solapa”) explicación (fatalidad lingüística: tengo que concordar lo “implícito” con lo “explícito”): ese “alguien” juzga que, ante la cerrazón democrática presidencial, hasta él tiene que etc.

La conexión reiterada de mi nombre con el del presidente es políticamente tendenciosa, aunque el articulillo de la 3 diga que “… estamos ante una reivindicación transversal (?), en absoluto ideológica”.

La página prosigue afirmando que la ministra de Educación “insistió ayer en cerrar los ojos a la evidencia” y “trató de sacudirse el problema (…) asegurando que el manifiesto puede alimentar ‘una batalla política’. Pero al Gobierno no se le invita a la guerra, sino a que dé la cara (…), y yerra si quiere dar un portazo al clamor social sólo con palabrería”.

Srs. de El Mundo: tienen ustedes el derecho -constitucional, creo- a manifestarse según estos entrecomillados, pero, su caricatura del Ejecutivo, ¿de verdad es (no es) “en absoluto ideológica?”. No hablo del manifiesto sino del uso que Vds. hacen de él.

Ahora, un inciso que, personalmente, me es necesario: yo no estoy contra Vds. Tengo -pero prácticamente no mantengo- algún recuerdo de que acogieron expresiones, insultantes o casi, referidas a mi persona o escritura, pero lo mismo ocurre con el medio que publica este texto y, desde mi carácter y mi lejanía provinciana, ¡pelillos a la mar! Prosigo.

Voy a la pág. 4 y, a la izquierda (es un decir), el texto de “Comentarios liberales” cuelga de unos titulares que dicen: “El simio crítico”. Es la columna del Sr. Jiménez Losantos (apellidos emblemáticos, cierto) que, en un alarde de “humanismo” (¿liberal?), parafrasea un libro de Octavio Paz preguntándose: “¿Respetarían más en Cataluña, Baleares, Galicia o el País Vasco el derecho de los padres a escolarizar en español (sic) a sus hijos si se declaran simios lingüísticos? No tengo duda alguna”. Comentaré esta “perla” en plan suave y abstracto: la “materia política” puede declarar lo que es, en el corte vejatorio de una mueca que se le escapa.

Abajo y a la derecha, El Mundo pone en la página sus titulares a una simple carta al director: “Es el momento de defender el castellano”. (Cursiva mía). En la simple carta al director (sé que el periódico no se responsabiliza etc., aunque las recoja y priorice), se dice: “Ha llegado el momento de luchar”. (Cursiva mía).

Veo El Mundo en el también canicular día 27, y, otra vez en pág. 3, sin firma, tras hablar recio sobre la vicepresidenta De la Vega (insisto: El Mundo tiene derecho a etc.), se dice que “El gobierno tiene dos opciones: seguir fingiendo que el problema no existe o encararlo con medidas concretas”. Y añade: “No desistiremos hasta lograr lo segundo”.

“Desistir” de qué. ¿De una acción “en absoluto ideológica”, expresión, esta, perfeccionada, por la afirmación de que “es evidente que estamos (cursiva mía) ante una reivindicación transversal”, y por brincos conceptuales que, dentro del magma envolvente del manifiesto, resultan prodigiosos? Pienso que lo más prodigioso sería encontrar claridad y no encontrar astucia política en este laberinto sin ventanas visibles (puede que, invisibles, existan) con marco moral y abiertas a la lógica.

La persistencia de El Mundo en mostrar al Gobierno de España como responsable del “problema de las personas”; la persistencia en no contemplar los componentes históricos y culturales, consuetudinarios y heredables, ¿es o no es una operación ideológica y, por tanto, una maniobra política?

En la pág. 4 del mismo día 27, el Sr. J. L., desde su columna y mirando al pasado, se refiere a “lo que me decían entonces Savater, Javier Marías y otras criaturas del aire paisoso” (cursivas mías), reconfortándose, tras dos líneas, con “lo mucho que, afortunadamente, ha cambiado Savater …”, y añadiendo misteriosamente que “el sectarismo progre, base de la legitimación de la política histórica discriminatoria, sigue incólume”. ¿Será pues, pienso, el sectarismo progre y no el Gobierno el responsable del desaguisado?

Pero lo portentoso incompresible es la opinión que sigue a “incólume”: “Peor aún: sigue imperando (el sectarismo progre, está claro) hasta en los manifiestos que combaten esa discriminación”. (Cursiva mía).

Tras otra alusión a los “simios” de difícil interpretación, advierte el Sr. J. L., con desconsuelo, que “La Lengua Común ha sido convertida automáticamente en ‘lengua castellana’ o ‘castellano’. Y no sólo en EL PAÍS, que podría tomarse como arteria para llevar a portada la causa por la que a algunos viene linchándonos la jauría prisaica desde hace décadas”. Y añade: “Hasta los medios más antiprogres han perpetrado ese cambio…”. No tengo clave para este lenguaje; hago las citas a causa, precisamente, del atractivo de su impenetrabilidad. Impenetrabilidad para mí, quiero decir.

Algo más arriba, el Sr. J. L. deja “a otros menos machacados (‘menos machacados’, se supone, que el Sr. J. L.) el estudio de la preponderancia izquierdista y la genuflexión (empiezo a notarme genuflexo, con lo mal que tengo la rodilla derecha) ante la izquierda de los distintos manifiestos en defensa de la libertad lingüística (…), desde el primero, el de los 2.300, hasta este último”. (Cursiva mía).

No entiendo, pero cito porque me resulta hipnótico. ¿Qué mosca me habrá picado?, ¿el tse-tse, creador de sueños amarillos, o la tarántula visionaria, que el propio Kratevas Rizotomo, servidor venéfico de Mitrídates, mantenía en respeto?

Dije y digo que el manifiesto era razonable. En su literalidad lo sigue siendo, pero ya no en sus potencias. Lo ha desconcertado la política enmascarada. Así que, Srs. ideólogos de El Mundo, su Manifiesto ha sufrido seria avería en sus propias manos. Lo siento, pero tengo que rectificar: NO. El manifiesto ya no es razonable.

Antonio Gamoneda es poeta, Premio Cervantes 2006.

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Lengua común y manifiestos, de Jordi Sánchez en El País de Cataluña

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 30 junio, 2008

Estos días algunos andan muy excitados con la defensa de la lengua común y otras cosas que no dicen. Si a esto le añadimos el subidón que algunos de ellos -por no decir muchos- deben de tener por el gran papel de la roja en la Eurocopa, no hay duda de que esta última semana algunos deben estar viviendo lo más parecido a lo que es la felicidad. Dicho esto, de lo cual, de ser cierto, me alegro porque no es fácil en los tiempos que corren abrazar la felicidad y el optimismo, vale la pena detenerse a analizar algunos elementos que se esconden detrás de esta proclama.

La primera cuestión por la que podemos interesarnos es por el momento en el que aparece esta iniciativa. Alguien podrá decir que esta cuestión no tiene más trascendencia. Disiento. Siendo esta iniciativa de un profundo calado político -definida por uno de sus relevantes promotores como la iniciativa política más importante impulsada por la sociedad civil desde la transición-, nadie debería dudar que sus promotores -o como mínimo algunos de ellos- han evaluado el cuándo tanto como han evaluado su contenido. No creo que sea casual que este manifiesto aparezca poco antes que el Tribunal Constitucional delibere sobre el recurso contra el Estatuto. Crear un determinado estado de opinión puede razonablemente tener consecuencias en la visión de los magistrados respecto a la constitucionalidad de la reciprocidad entre el catalán y el castellano en lo que se refiere a la obligatoriedad de comprender y el derecho de usar ambas lenguas por parte de los ciudadanos.

Tampoco creo que sea casual la aparición y el uso de este manifiesto poco después de la voluntad anunciada por Mariano Rajoy de reanudar el diálogo con los nacionalistas vascos y catalanes. A muchos de los promotores de esta proclama -aunque no sean del PP- les desagrada pensar que Rajoy pueda abrir vías de entendimiento con los nacionalistas vascos y catalanes, de la misma manera que les horroriza que lo haga el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Es evidente que este manifiesto -más allá del alcance que tenga- pone en un aprieto a Rajoy; si lo firma, empieza muy mal su giro y aproximación al PNV y a CiU; si no lo firma, da más bazas a los críticos del PP con la nueva dirección. Sin negar que los promotores de ese documento tienen un interés por la lengua común, es imposible negar que algunos de ellos tienen también un indiscutible interés en participar e influir en el debate y la vida política española para corregir -o como mínimo condicionar- lo que no les gusta. Y parece claro que la agitación con el uso de la lengua común es una buena excusa para ello.

La segunda cuestión tiene que ver con la dimensión sustantiva del documento, con su contenido. La defensa de lo común, de lo que une, siempre es positivo y atrae simpatías. Pero hay que advertir que la manera de justificar la defensa de lo que denominan lengua común, supone claramente un ataque a lo que ellos -sin decirlo- consideran lengua particular, en nuestro caso la lengua catalana. Evidentemente, no es un ataque burdo ni tan sólo explícito. Es tan sutil que con seguridad todos los promotores negarán la mayor de mi afirmación y se escudarán diciendo que nunca la defensa de la libertad y los derechos individuales puede ser concebido como un ataque a nada ni nadie. El problema es que lo que no es creíble es precisamente el eje de su argumentación. Si trasladamos este debate a otros ámbitos lejos de la cuestión lingüística, podemos llegar a la conclusión de que las tesis de los ultraliberales que niegan al Estado cualquier derecho a intervenir en la vida de los individuos es la posición adecuada. Si esa no es la posición ideológica de los promotores, tendrán que admitir que ese debate entre políticas públicas y libertad individual sólo debe servir para cuestionar las políticas lingüística de las lenguas que ellos definen como no comunes. La aplicación tan particularista y ad hoc de un debate que ellos han querido vender como tan universal desacredita a sus promotores y, lo que es más importante, desacredita la lógica argumentativa del manifiesto.

Lo que el manifiesto no dice es que para mantener la cohesión social en Cataluña la lengua común también debe ser la catalana. Y la única manera de que en Cataluña el catalán sea también lengua común es que todos los que viven en esta comunidad dominen la lengua catalana. Sin ese dominio por parte de todos los que viven en Cataluña, no hay posibilidad para que el catalán pueda considerarse común. Y la consecuencia de que el catalán deje de ser común no sólo es que amenace el futuro de esa lengua, sino que también puede afectar gravemente la convivencia y la cohesión.

Silenciar que en Cataluña todos los jóvenes -con excepción de los inmigrantes- menores de 30 años dominan indistintamente la lengua catalana y la castellana es miserable. No incorporar en ningún momento de su discurso que la inmersión lingüística es sólo una técnica que en el contexto catalán ha evitado la separación de los alumnos en una doble red escolar, es miserable.

Argumentar que las tesis contra la inmersión son una defensa de los socialmente más indefensos, de los que no pueden escoger ni tan sólo alzar su voz, es de un populismo impropio de alguien que aspire a ejercer liderazgo intelectual.

Algunos promotores de ese manifiesto viven y trabajan en Cataluña y su profesión guarda relación con la docencia. Desconozco en qué lengua imparten sus clases, pero me gustaría que identificaran un solo alumno que tras su escolarización no tuviera un dominio del castellano.

Negar que cualquier institución pública que tiene que gestionar la cooficialidad de dos lenguas en su territorio -y una de ellas en situación de precariedad social por motivos históricos y de mercado- no tenga como misión evitar la segregación y la separación de sus ciudadanos, es profundamente insensato.

Si ese modelo de convivencia que se ha dado en Cataluña no cabe en la definición de lo común que algunos ahora proclaman, es que su visión de lo que es común es excesivamente restrictiva y sectaria.

Jspicanyol@hotmail.com

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¿El último puente?, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 30 junio, 2008

Sorprende al ingenuo lector -firmante de este artículo- que, entre los redactores del enésimo manifiesto lingüístico que proclama (y exige) la supremacía del castellano estén dos autores que han reflexionado magistralmente sobre la generosidad. En El metro de platino iridiado de Álvaro Pombo, que leí dos veces y he regalado muchas más, aparece un personaje femenino, que, en un mundo familiar en ruinas, dominado por la mezquindad y la pulsión destructiva, mantiene en pie los afectos y la dignidad proyectando un formidable aliento positivo. ¿Y qué decir de José Antonio Marina, apasionado investigador de las capacidades creativas? “La inteligencia humana inventa muchas cosas, resuelve muchos problemas, pero su creación más altanera es la invención de modos nobles de vida”, escribe, y concluye: “el logro máximo de la inteligencia es la ética y su realización práctica que es la bondad”.

Sorprende (y, sinceramente: deprime) que Marina y Pombo, que tanto y tan bien han reflexionado sobre la piedad y la diferencia, se dejen arrastrar por el instinto uniformador. Incapaces de ponerse en la piel de los hablantes españoles de otras lenguas en claro riesgo de desaparición, Marina, Pombo y compañía exigen la reforma de la Constitución a fin de que solamente el castellano tenga rango oficial. Dicen aceptar con gusto el precepto constitucional que insta a proteger el resto de lenguas peninsulares, pero identifican tal protección con la ausencia de “prohibiciones y restricciones”. Puesto que hablan desde una supuesta superioridad del castellano, se creen legitimados para hacer alguna concesión: los castellanohablantes que residen en las zonas bilingües de España deben conocer la otra lengua “lo suficiente para convivir cortésmente con los demás”. Cortesía discrecional y ausencia de prohibiciones, esa es toda la generosidad que concede el manifiesto a las lenguas que no son el castellano.

Tales posiciones sorprenden en boca de Pombo y Marina, pero en cambio son perfectamente coherentes con la vida y las obras del formidable polemista Fernando Savater, del soberbio Vargas Llosa y de otros firmantes del manifiesto a los que podríamos denominar “darwinistas culturales”: partidarios de la simplificación de Babel y defensores de una visión de la ilustración y de la democracia que, extrañamente, se detiene en el estadio histórico del estado (extrañamente, repito, pues en el mundo de hoy, si alguna posibilidad tienen los valores de la ilustración de prosperar es en los nuevos espacios transnacionales: en Europa, sin ir más lejos, donde la afirmación de que las lenguas no tienen derechos implicaría la imposición del inglés en detrimento del castellano).

Veinte años atrás la visión uniforme de España estaba en manos del neofranquismo. Hoy, tal como evidencia la pléyade de firmantes del manifiesto, destila glamur por todos sus poros. Son muchos los actores de esta evolución. Pero Savater está entre los más destacados. Por su capacidad intelectual, sí, pero, fundamentalmente, por su comportamiento heroico frente a ETA. Con la tranquilidad de conciencia que me da haberle acompañado siempre en su batalla contra la barbarie, debo afirmar que sus posiciones, llenas de talento y brillantez, tienden cada vez más al desprecio y la displicencia de lo que ignora. También Ernest Lluch tenía sus propias ideas sobre el País Vasco y sobre una España neoaustracista. Si aceptamos que su muerte, asesinado por los bárbaros, no da más valor a sus ideas, tampoco las ideas de Savater deberían tener más valor por el hecho de que los bárbaros lo persigan.

Cierto aristocratismo nietzscheano inspira el trabajo intelectual de otros firmantes del manifiesto, que se jactan de mantener una actitud impiadosa. “¡Que desenchufen de una vez al enfermo!”, escribió uno refiriéndose al catalán. Y Savater mismo comentando la incomodidad que muchos catalanes sienten con la España uniforme, dijo: “Son como la princesa del cuento, notan el guisante debajo de ocho colchones”. Me recordó a los sanos que se ríen del dolor ajeno. No sorprende, por lo tanto, la arrogancia con que los autores del manifiesto envían las lenguas no castellanas a una especie de limbo (sin derechos, las lenguas solo pueden tener uso privado, vida de gueto). Fundado sobre un complejo de superioridad, el manifiesto es un trágala de añeja tradición. Como he escrito muchas veces, el nacionalismo pujoliano cometió un grave error al usar las lenguas como elemento identitario. Pero el manifiesto pone de relieve que el sueño de la homogeneidad catalana es una broma comparado con el uniformismo español, hoy tan áspero e intransigente como ayer.

Apenas quedan partidarios de los puentes. Los que desde Catalunya siempre hemos defendido la compatibilidad de ambas lenguas y la posibilidad de construir otra España (esa que, gane o pierda, expresa la selección), nos estamos quedando sin aliados. Es por esta razón que uno agradece y aplaude la gallardía de Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, que se niega a convertir su preciosa institución filológica en una fábrica de artillería. ¡Bravo!

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Otra vez la mentira, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

Posted in Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 30 junio, 2008

Sostiene Jonathan Swift, a propósito del arte de la mentira política, que “la falsedad vuela, mientras la verdad se arrastra tras ella, de suerte que cuando los hombres se desengañan, lo hacen un cuarto de hora tarde”. Ayudemos, pues, modestamente, a acortar la duración de la mentira, algo que en las Españas no viene nunca mal, sobre todo cuando todavía hay quienes se emperran en divulgar cuentos chinos sobre los muertos del 11-M. Pero la mentira no tiene partido fijo, es adoptada por todos los bandos, según el momento. La última mentira la ha impulsado el pequeño partido Unión Progreso y Democracia (UPyD), de Rosa Díez, y ha sido suscrita, de momento, por el Foro de Ermua, el PP (con Cospedal asegurando que “es un disparate que se nos perciba como un partido anticatalán”), el diario El Mundo,Telecinco, Telemadrid y varios intelectuales y políticos. La mentira va embuchada dentro de lo que llaman Manifiesto por la lengua común.

En este papel se reedita, por enésima vez, el embuste que ya alumbró, en enero de 1981, el modelo matriz de este tipo de operaciones, el Manifiesto de los 2.300.Al cabo de los años, tras varias proclamas similares y tras la creación de dos partidos (Ciutadans y UPyD), el mismo personal vuelve a la carga. Es una mentira tan colosal que, para formularla, sus artífices deben dar un rodeo considerable. Así, como no podría ser de otro modo, admiten lo obvio, que el castellano “goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero”. Pero ello, de manera incoherente, va acompañado, en su caso, de “inquietud política” sobre el papel del castellano “como lengua principal de comunicación democrática en este país” y en relación con “los derechos educativos y cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación”. Dejando a un lado el extravagante concepto de “lengua principal de comunicación democrática”, lo que el nuevo manifiesto trata de expandir es la falacia de una supuesta “discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano”.

Cualquier observador exterior que viaje por España se da cuenta de que es precisamente todo lo contrario. Es el hablante de las otras lenguas españolas (catalán, euskera y gallego) el que ve limitados sistemáticamente sus derechos lingüísticos individuales, en sus relaciones diarias con poderes públicos y empresas privadas. Es el hablante de las otras lenguas el que acaba siendo un ciudadano de segunda. Por no hablar de la criminalización descarada que sufren los idiomas minoritarios. Valga como ejemplo el lamentable chiste que Mingote publicó en el diario ABC el 24 de junio. Detrás de un chico haciendo codos, vemos a unos adultos que comentan lo siguiente: “Estudia en euskera. Es una víctima del terrorismo aunque él todavía no lo sabe”. ¿Cómo puede ser que se insulte gravemente a todos los hablantes de una lengua y el fiscal no actúe de oficio? Así está el patio. Jiménez Losantos, como muchos sabemos, es sólo la punta del iceberg de una inercia de odios y demagogias que supuran tanto a derecha como a izquierda. No en balde Fernando Savater, líder de esta causa, fue el primero que unió al popular Mayor Oreja con el socialista Redondo Terreros.

La obsesión enfermiza por el imperialismo identitario, propio de los nacionalistas que disponen de un Estado a su servicio, está llevando a ciertos intelectuales a olvidarse de lo que interesa a la gente, a la vez que ignoran que caminamos hacia sociedades complejas con muchas identidades cruzadas. Mientras el CIS señala que lo que más preocupa a los ciudadanos es la situación económica y el desempleo, los forjadores del nuevo frente nacional quieren que pensemos que el castellano corre peligro en España. Sería mejor que este personal empezara por reconocer que su verdadero objetivo es lograr que España sea un calco de la Francia unitaria y jacobina donde todo lo que no es “lengua común” merece ser calificado de patois y enviado al infierno. El problema es que Savater y sus amigos llegan con más de 200 años de retraso. Como ha escrito Ramoneda – nada sospechoso de nacionalista catalán- “no deja de ser un poco obsceno -o abusivo- que el único de los nacionalismos triunfantes de todos los hispánicos, es decir, el único que ha conseguido pasar de potencia a acto y tener un Estado, sea también el único que se niega a reconocerse en la condición de nacionalista”.

Comento estas miserias con el amigo y escritor valenciano Rafa Gomar, que no lo tiene nada fácil para vivir y crear en su lengua materna. Nuestra principal lengua común no es la misma a la que se refieren los firmantes del manifiesto y, sin embargo, nos entendemos. Y no somos los únicos.

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Si tiene cuatro patas y ladra como un perro…, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía, Política by reggio on 30 junio, 2008

A FONDO

El Gobierno sigue sin reconocer que estamos en una situación de crisis económica. «Es opinable si hay crisis», dice el presidente en la entrevista que publicaba ayer El País. Aunque hay un cambio (ya no se dice rotundamente que no hay crisis), es un error no reconocer lo que está ocurriendo. Ya diremos por qué.

Algunos de los legos propagandistas del Gobierno confunden «crisis» con «recesión», situación que se produce cuando durante dos trimestres seguidos una economía no crece o reduce su PIB. «Como todavía estamos creciendo», concluyen, «no se puede hablar de crisis».

Desde el punto de vista ortodoxo, una crisis es un desplome de las principales variables económicas. Es decir, una caída del crecimiento, del empleo y de las expectativas de los consumidores y empresarios. El pasado miércoles, alguien tan poco sospechoso de alarmismo como Cándido Méndez, secretario general de la UGT, definió en Onda Cero la crisis como la «antesala de la recesión».

Me vale cualquiera de las dos definiciones. Ahora tenemos en España una caída brusca del crecimiento, que ha pasado en medio año del 3,8% a menos del 2%, en paralelo con una fuerte subida de los precios y de los tipos de interés. El paro está en aumento y hasta el ministro de Trabajo, el solvente Celestino Corbacho, ha reconocido que superaremos el 11%, lo que deja en mal lugar al presidente del Gobierno que, tras las elecciones del 9-M, se atrevió a afirmar que el peor dato de paro de esta legislatura sería mejor que el mejor dato de las dos legislaturas del PP (recordemos que la cifra más baja entonces fue del 10,6%). En la entrevista citada, Zapatero quiso maquillar su afirmación y habló de la media de la legislatura. El caso es que superaremos el 11%.

Además, hay que sumar a todo ello una fuerte caída de la Bolsa, que en este primer semestre ha perdido el 20% de su valor, batiendo su récord histórico de pérdidas.

Por no hablar de la fuerte subida del precio de la gasolina y el gasóleo y de la caída de los precios en el sector inmobiliario.

Estoy de acuerdo con Zapatero en que no es relevante el debate semántico sobre la definición más adecuada a la situación que estamos viviendo. Lo que está claro es que vivimos peor que hace unos meses y que vamos a vivir aún peor en los meses venideros.

Me parece más interesante que nos fijemos en cómo afecta esta situación a una familia media.

En estos momentos, el salario medio de los españoles es de 1.689 euros al mes. En el último año, el aumento de los tipos ha supuesto un encarecimiento medio de las hipotecas de casi 80 euros al mes (960 euros al año). Es decir, que sólo ese efecto ha supuesto una disminución de la renta de ese español medio del 5,6% en un año.

La subida de los productos básicos (según el criterio que utiliza Caixa Catalunya) supone prácticamente el doble de lo que representa el índice de precios al consumo (el famoso IPC). Es decir, que si el IPC, la inflación, ha subido un 5,1% en el último año, los productos básicos, los que más afectan al bolsillo de los consumidores, han subido en ese mismo periodo un 10%. Digamos entonces que esos dos efectos combinados (subida de tipos más inflación) han supuesto un recorte del poder adquisitivo del salario de ese español medio de casi un 16%.

Aceptemos que en el caso de ese español medio se haya producido una subida salarial del 4% (que está en la banda alta de los convenios firmados hasta ahora). Con dicha subida salarial incluida la resultante de los tres efectos (tipos+inflación-subida de salarios) supone un recorte en la renta de los salarios en el último año de un 12% aproximadamente.

Es decir, una disminución de 202 euros al mes para ese salario medio de 1.689 euros.

No está mal. Y eso dando por hecho que nuestro asalariado no se ha quedado en paro, que cada vez afecta a más españoles. Ni tampoco la pérdida de renta suplementaria que tendría si tuviera sus ahorros en Bolsa o hubiera comprado una vivienda en el momento álgido del boom inmobiliario.

Es decir, nuestro español medio ha perdido una renta mensual que equivale a lo que le ingresará Hacienda este mes producto de la devolución de los 400 euros. Medida que tenía como fin reactivar el consumo. Pues bien, para compensar al español medio por su pérdida de renta, Hacienda le tendría que haber devuelto 2.424 euros al año, que es la cantidad en la que se ha empobrecido nuestro recurrente asalariado.

Hablemos un momento de lo que significa esta situación (¿de crisis?) para la economía del país en su conjunto. La deuda de empresas y familias en España supone ahora unos 700.000 millones de euros. Eso significa el 70% del PIB nacional.

En el último año, los tipos han subido 2,5 puntos, lo que supone un coste financiero para el conjunto de esa deuda de 15.000 millones de euros.

Si a eso le sumamos los 25.000 millones de euros que ha supuesto la subida de los precios del petróleo, más otros 10.000 millones por el encarecimiento de otras materias primas, tenemos un coste total de unos 50.000 millones de euros. Es decir, del 5% del PIB nacional. Eso quiere decir que, en el último año, España se ha empobrecido un 5%, considerando sólo los efectos financieros y la subida de las materias primas.

¿Cómo habría que llamarle a esa situación?

El Gobierno sigue empeñado en hablar de «desaceleración» o de «situación muy complicada». ¿Pero por qué hablan de amor, cuando lo que quieren decir es sexo?

Lo importante, como decía, no es la definición de la situación, sino la situación en sí misma. Y la realidad es que nunca se había producido en la economía española durante el último cuarto de siglo un empeoramiento tan brusco y tan profundo como el que estamos viviendo ahora.

Pero, ¿por qué el Gobierno se empeña en negar la evidencia?

Apenas unos meses antes de las elecciones, el presidente Zapatero, despreciando a los que ya advertíamos sobre los nubarrones que nos amenazaban, dijo aquello de que «España está en la Champions League de la economía europea».

Zapatero le colgó a Solbes la medalla del milagro económico que hacía de España el país que crecía más y que generaba más empleo de la UE.

¿Qué es lo que ocurre ahora? Justo lo contrario. España es el país de la UE en el que las expectativas económicas se han deteriorado más rápidamente.

Es decir, siguiendo la lógica futbolística, hemos bajado a la Segunda División de la liga europea. ¿Podríamos, en buena lógica, pedir cuentas al bueno de Solbes?

Sería injusto. En una economía globalizada la situación sólo es en parte responsabilidad de los gobiernos.

Sin embargo, de lo que sí son responsables los gobiernos es de las medidas que adoptan o no para amortiguar situaciones adversas. Zapatero tiene que reconocer la realidad y, después, ser mucho más ambicioso de lo que ha sido en su último paquete económico. El Gobierno debe recortar mucho más el gasto público y rebajar más los impuestos si quiere que salgamos de la crisis. Zapatero tiene que llamar a las cosas por su nombre. Ya saben. Si tiene cuatro patas, rabo y ladra como un perro… es que es un perro.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.

Los errores del pasado, de Manuel Milian Mestre en El Mundo de Cataluña

Posted in Política by reggio on 30 junio, 2008

PRISMA

El problema fundamental del PP es Cataluña; ni siquiera el del liderazgo nacional se le puede comparar. Con Rajoy o sin él el problema sigue siendo el mismo: o se escoran hacia esa «españolidad» supuesta de la emigración o hacen ascos a ese nacionalismo que propende al soberanismo postulando la confederalidad (CiU y Pujol) o de simple independencia (ERC y otras minorías). El PP no logra casi nunca dar con el punto de equilibrio, equidistante del catalanismo respetable que demanda justicia distributiva en los recursos fiscales, y a la que se le niega el pan y la sal que otros, como Andalucía -la mimada de la Democracia- se le otorgan hasta el reconocimiento de unas quiméricas «deudas históricas» que Chaves supo obtener en cobro a sus ocho millones de votantes, casi los mismos que Cataluña. A eso el PP nunca quiso entrar, al contrario, el inevitable Javier Arenas -el perenne José Solís del PP- no dudó en propiciar, a raíz del nuevo Estatut, una campaña notablemente cínica contra los catalanes y con esa discriminación ética incalificable de lo que es bueno para Cataluña es malo para Andalucía y viceversa.

El Congreso de Valencia no ha cerrado los problemas intestinos del PP, ni la nueva tentación pre-laicista garantiza la ausencia de la logias, que ya están tentando a más de uno en esas alturas que valoran en mérito las otrora conductas irregulares de las que presumen algunos de los vencedores de Valencia, y restan como inconveniente político las posturas coherentes y éticas.¿Echamos mano de los ejemplos? Ni este es el PP que debió ser, ni puede resultar un paradigma para votantes que gozan de principios y de valores que han de configurar las categorías políticas.Por defender el inexorable diálogo y entendimiento con los nacionalismos periféricos, en los años 90 fui acusado de cripto-nacionalista.Por apoyar el SI al Estatut catalán («Teoría del mal menor» en La Razón) he soportado la incomprensión y algunas condenas.¿Por qué ahora son buenos los argumentos que 10 años atrás resultaban vituperables? ¿Por qué el Arenas que confundió las cosas y los conflictos, en 1990, en el PP catalán, es redentor de lo que entonces cortapisó? Se van a equivocar de nuevo en el PP de Cataluña, metiendo la mano donde no debieren, no respetando el criterio de los del lugar y optando por un oportunismo político de condición variable. Esa es la causa -además de la biología- de la progresiva muerte del voto del PP en Cataluña: que dejen ser lo que quiera ser esa militancia catalana; pues o es militancia o ni será voto, ni victoria.

El intervencionismo de Madrid sobre el PP catalán ha sido la perenne causa de su aborto como formación política. Dani Sirera debiera haber roto esa dependencia, ese cordón umbilical. Alberto Fernández Díaz ya demostró su pasado sometimiento a ese diktat a pesar de sus cualidades para definir su territorio. A Nebrera le pierde su autosuficiencia y quizá la sospecha de su creencia en determinados postulados sucursalistas. Y Alicia Sánchez Camacho que es combativa y valiente, suena demasiado a Javier Arenas. Llega a destiempo el Congreso del PP catalán. Debería disponer de más reflexión y un aplazamiento para madurar una decisión que, de errar, tal vez sea ya definitiva. Si es así, sólo quedará para los moderados Unió Democràtica de Catalunya, eso sí, con personalidad e independencia.

© Mundinteractivos, S.A.

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La opción de Solbes, de Javier Ortiz en Público

Posted in Economía by reggio on 30 junio, 2008

¿En qué nos parecemos el ministro de Economía y yo? Aparte de la barba blanca y el aspecto de aburridos, en que ninguno de los dos tenemos ni pajolera idea de lo que va a suceder en la economía española durante los próximos meses.

¿En qué nos diferenciamos? En la tira de cosas, pero algunas muy obvias. Una: en que yo no hago como si lo supiera, razón por la que me abstengo de formular previsiones, con lo que me ahorro el ridículo subsiguiente. Dos: en que no adopto un aire profesoral, como si la Ciencia fluyera de mis labios con la misma naturalidad que el Ebro nace en Fontibre, y admito que la realidad presenta tantas indeterminaciones que ya las quisiera para sí el famoso aleteo de la mariposa. Tres: en que él pretende que tiene a toda la ciudadanía en el corazón y que tanto le da el banquero que el inmigrante, en tanto que yo admito que no simpatizo nada con los banqueros –sobre todo con ésos que anuncian con una sonrisa de oreja a oreja que tienen previsto seguir forrándose en medio de la crisis– y, en cambio, me siento muy del lado de los inmigrantes. Lo cual tal vez se explique porque yo no milito en el PSOE, con lo cual no tengo ninguna obligación de ser ni socialista ni obrero.

Pedro Solbes no es un ignorante, ni mucho menos. Lo que le sucede es que ha asumido una política que limita al extremo la capacidad de los poderes públicos para influir en la marcha de la economía, lo que lo convierte, en muy buena medida, en espectador pasmado de lo que los especuladores de toda suerte se dedican a hacer, sin apenas capacidad para intervenir en ello, como estamos comprobando con el alza continua y desbocada de los productos energéticos. Por razones de imagen, está obligado a hacer como si supiera y como si pintara, pero sabe poco y pinta menos. Se mueve a tientas.

Los estados europeos han decidido abstenerse de censurar los movimientos de las oligarquías económicas y reservan sus poderes para reprimir a los humildes y a los rebeldes: Schengen, directivas contra la inmigración… Libre circulación de capitales; control refractario de las personas.

Es una opción. De acuerdo. La mía es exactamente la contraria.

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Felipe, Zapatero y Esperanza, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 30 junio, 2008

Pasado el vendaval futbolero de la Eurocopa, donde la selección nacional brilló cual preciosista y sincronizada orquesta de cámara, lejos, por fin, de la insufrible “furia española”, ha llegado el momento de reencontrarnos con la cruda realidad que permanecía oculta tras la patriótica cortina del fútbol, a cuyos faldones se han agarrado el Rey, el Príncipe, Zapatero y Rajoy. En suma, toda España con la excepción de Ibarretxe, que permanece castigado, por deseo propio, en su rincón.

La vida sigue, de mal en peor, mientras el héroe de la gesta, Luis Aragonés, se va hacia los dorados atardeceres de Estambul, con un “ahí os quedáis” a esa insufrible federación del crónico Villar, que lo despreció. Como suele ocurrir tantas veces en España con sus mejores ciudadanos, a los que sólo se les reconoce después de muertos, o cuando están fuera del poder. Así ha ocurrido, por ejemplo, con Adolfo Suárez —lo de Leopoldo Calvo Sotelo fue una exageración—, y empieza a pasar con Felipe González, uno de los “tres tristes tigres”, de esta crónica de actualidad, basada en las entrevistas que Felipe González, el presidente Zapatero y Esperanza Aguirre concedieron este domingo a la prensa dominical del papel.

Felipe González, el viejo Shere Khan de la jungla española de la Transición, es ahora el tigre melancólico y sabio de la izquierda moderada española que, de la blanca mano de Josefina Martínez del Alamo, ha elaborado en ABC, como lo hace en su taller de piedras, una equilibrada composición entre el Gobierno de su tiempo y el actual de Zapatero —el tigre de papel—, sin eludir los temas y reconociendo, como nunca se le había oído, sus errores ante la corrupción que le llevó a la pérdida del poder (esta vez no habló del acoso y derribo de la oposición), lo que le honra, aunque hubiera quedado mejor, y más completo y redondo, si, de paso, se hubiera referido a los GAL.

González habla de España con gran sentido, advierte de la centrifugación de la nación española en la pasada legislatura, de las necesarias reformas de la democracia (como la ley electoral), de política exterior consensuada, de la oportunidad de la energía nuclear, y dice de Zapatero que lo peor es que cumplió su —“demencial”, se entiende— programa electoral, empezando por el Estatuto catalán, añadimos.

Y siguiendo por la demencial y fracasada negociación con ETA, y la crisis de la economía, todo ello plagado de mentiras, que es lo que impregna una y otra vez los mandatos de Zapatero y lo que se adivina en la entrevista río, insufrible y nada reveladora del diario El País, y de sus cinco mosqueteros o mosquiteros, porque fueron a abanicar al presidente y no trajeron noticia alguna digna de subrayar. Más bien lo de siempre, demostrándonos que el presidente miente y está fuera de la realidad: no hay crisis; Bibiana merece estar en el Gobierno; el manifiesto por la defensa del idioma no es necesario porque está la Constitución; con la Iglesia no se atreve; Solbes y Sebastián se entienden; la directiva europea sobre la emigración es progresista (sic, a todo) etc.

El presidente Zapatero, nuestro tigre de papel, tiene la manía de cabecear una y otra vez mientras habla, y abre los brazos, como diciendo misa. Y a estas alturas de la película aún no sabemos si sigue siendo un producto del marketing, nacido de una carambola en un congreso del PSOE y crecido por culpa de una oposición demencial del otro Rajoy —el de la legislatura pasada—, o si por el contrario ha aprendido algo y empieza a estar asustado por causa de este monstruo de la crisis, cuya existencia aún niega, que lo empieza a estrangular.

Lo del otro Rajoy es la única verdad que ha dicho Esperanza Aguirre, la tigresa furiosa y derrotada en el congreso del PP, en la entrevista masaje de encargo que le han hecho en el diario El Mundo, y donde ella se presenta, por su cuenta, como la intérprete del sentir del 99 por ciento de los votantes el PP, cuando es sabido que las últimas encuestas sólo le dan a ella entre el 6 y el 8 por ciento de apoyos de la militancia. Aguirre acierta cuando subraya que Rajoy se viste ahora de centro, cuando fue, hasta hace poco, el líder del PP de la crispación durante la pasada legislatura.

La tigresa furiosa y herida del PP dice que Aznar era el centro y que adora su bronco discurso valenciano, a pesar de que el ex presidente no le hizo ni caso a ella. Pero olvida que Aznar llegó al poder en 1996 con una promesa de regeneración que traicionó, para conseguir la investidura, en el pacto del Majestic con Pujol. Ofreciendo el borrón y cuenta nueva a la corrupción felipista (y pujolista), y renunciando a reformas democráticas prometidas y también a su pretendida limpieza, porque muchas privatizaciones de las que se consideraban joyas de la corona —Telefónica, Retevisión, Azucarera, etc.— fueron centros de pelotazos descarnados, otra manera de corromperse desde el poder. Y, si no, ¿por qué no explica Aznar cuáles fueron los verdaderos motivos para que Rato no fuera su sucesor? O ¿Por qué regaló a Polanco la fusión de Vía Digital con Sogecable, liquidando Aznar el periodismo libre e independiente, al que llamaba el “ejército de Pancho Villa”? O ¿por qué tiró por la ventana a Vidal-Quadras y aceptó la “normalización lingüística” de Pujol? Y lo de “la chica fuera”, de la fiscal Márquez de Prado, etcétera.

De las locuras “centradas” de Aznar en su segunda legislatura, las que van desde la guerra de Iraq a las mentiras del 11-M, pasando por la boda de El Escorial, el Prestige o la huelga general, mejor no hablar. Y lo de “ganar primero las elecciones, y pactar después”, del discurso valenciano aznarí, eso nunca más. Ése fue el fraude de Aznar a sus electores, traicionando todas sus promesas de regeneración, en su solo beneficio. Es mucho mejor, como lo ha hecho Rajoy, enseñar desde ahora las cartas, para que nadie se llame a engaño si el PP vuelve a pactar con los nacionalistas para gobernar.

Aguirre, la tigresa herida, no tiene cabeza política y va de error en error. Miente más que Zapatero, que ya es decir, y empieza negando que los ceses de Prada y Lamela de su Gobierno no son consecuencia de una venganza contra Rajoy, algo que sabe todo el mundo. Luego lo reconoce cuando se queja de que sus pupilos más queridos, González y Granados, no fueron aceptados por Rajoy para entrar en la Ejecutiva del PP, pero no por haber criticado al líder del PP, sino por motivos de más calado, como muy bien sabe ella. Los que permiten, como ocurría en los tiempos de Mao, tildar a estos dos, a los que habría que añadir a Pedro Antonio Martín Marín e Ildefonso de Miguel como “la banda de los cuatro” que habita y maneja la Comunidad de Madrid. Los que nadie sabe, ni se explica, cómo siguen en el poder madrileño, a no ser que, en vez de “los cuatro”, sea de “los cinco”, con la propia lideresa Aguirre a la cabeza del clan, con el que, ahora, se ha quedado a solas a ver los barcos venir y las olas llegar, que llegarán.

Aguirre no sabe nada de política y menos aún de democracia, libertades o liberalismo, basta con asomarse a su espejo del alma, a Telemadrid. Y es verdad que Rajoy, que perdió en el 2004 por culpa de Aznar y que se dejó mangonear por Aznar hasta la derrota del 2008, cargó con Acebes y Zaplana como una herencia obligada, para proteger, con ello, las responsabilidades de ambos y las de Aznar. Pero ahora que “ha matado al padre” —o que el “padre” se suicidó, en el congreso valenciano del PP—, veremos qué hace el nuevo Rajoy; por sus obras y sus pompas le conoceréis (de momento, lo de De Cospedal no empezó con buen pie). A la que ya conocemos es a la tigresa furiosa de Madrid, haciendo kilómetros en su jaula dorada de la Puerta del Sol, y sin más salida posible que ponerse a las órdenes del verdadero rey de la selva del PP, que es Gallardón.

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Lingüicidas, de Álvaro Ruiz de la Peña en La Voz de Asturias

Posted in Asturias, Cultura, Derechos, Educación, Política by reggio on 30 junio, 2008

El bilingüismo es un derecho en todas aquellas comunidades que pueden permitirse el lujo de tener dos lenguas de uso. Lo es en la comunidad valenciana, en las islas Baleares, en Cataluña, en el País Vasco, en Navarra, en Galicia, y parece que lo puede ser en la comunidad aragonesa en breve. En todas estas comunidades y territorios las leyes amparan -y espero que lo sigan haciendo en el futuro- la utilización indiferente de las dos lenguas reconocidas en sus estatutos de autonomía.

Nadie en esta España constitucional (nadie que tenga dos dedos de frente y un mínimo de tolerancia con la diversidad cultural) rechaza la realidad del bilingüismo. Ni siquiera los veinte firmantes (Fernando Savater al frente) del manifiesto que exige la defensa del castellano en las comunidades autónomas bilingües, porque ellos no van contra la lengua propia de la comunidad en cuestión, sino contra la presión o represión legislativa que, según ellos, amenaza el derecho a la existencia del castellano. Yo, personalmente, discrepo de que ese temor sea real, pero respeto que otros, a los que supongo honestos en su percepción del problema, puedan pensar otra cosa distinta.

Lo que ya no puedo entender, desde ningún punto de vista, es que existan liberticidas o lingüicidas del idioma, de cualquier idioma vivo que cuente con un volumen de hablantes razonable (y aún en el caso de que ese número no fuera razonablemente alto, no entiendo por qué se puede negar un derecho civil a quien quiera pacíficamente ejercitarlo). Pero todavía entiendo menos que sean, precisamente, profesionales de la filología románica quienes, por una supuesta “mayoría democrática”, quieran impedir que una lengua se estudie, se normalice y adquiera el rango académico del que debería haber disfrutado desde hace ya muchos, muchos años.

Me estoy refiriendo a la decisión tomada por la junta de la facultad de Filología de la universidad de Oviedo, en la que por treinta y cuatro votos a favor, treinta en contra y siete votos en blanco, se decide eliminar radicalmente la posibilidad de que los estudios de lengua asturiana puedan formar parte de las nuevas titulaciones de Filología.

Una cuestión de esta gravedad (hablo de la votación citada) hubiera exigido un tratamiento especial por parte de la junta de facultad: la convocatoria de una junta extraordinaria con un único punto del día referido a esta vieja y problemática situación académica (no encastrándola entre el resto de asuntos), un debate ordenado entre los miembros de la junta previo a la votación, una asistencia masiva exigida por la singularidad del tema a tratar (muchos compañeros de la junta no han asistido porque tenían compromisos académicos ineludibles y porque, además ignoraban que se fuera a votar semejante cuestión). Así que la noticia es que los filólogos de la universidad de Oviedo deciden por abrumadora mayoría (34 frente a 30 votos), que el asturiano ni es lengua académicamente respetable, ni la habla nadie, ni nada justifica que se destine a ella un solo euro para su difusión, conservación o normalización. Es como si los médicos decidieran prescindir del estudio de determinadas patologías por su escasa incidencia en el ámbito general de la salud. Buena lección democrática de respeto a las minorías lingüísticas, si señor.

Con respecto al promotor de esta triunfante enmienda en la junta, el señor Fernández de Castro, ha explicado a los medios de comunicación que había “descontento” entre los miembros de la junta de facultad, por lo que él interpreta como una “radicalización hacia las demandas de co-oficialidad. Una cosa es la Filología asturiana y otra la co-oficialidad. Y si ambas cuestiones hubieran estado separadas, jamás habría tomado yo esta decisión”.

Pasando por alto este diagnóstico sobre el descontento de los filólogos, que yo no se dónde habrá palpado el señor Fernández (admitiendo por supuesto que hay personas que no están de acuerdo con una posible titulación de asturiano), produce cierta perplejidad que sea el mismo señor Fernández quien advierta que “una cosa es la Filología asturiana y otra la co-oficialidad”, y coherentemente con ello el citado se encarga de cargarse no la co-oficialidad -que no está en su mano- sino la Filología asturiana que es, según él, otra cosa distinta (parece indicar que más respetable y atendible que la anterior). Pues qué bien.

Parece tener mala memoria el señor Fernández, cuando asegura que no habría tomado esta decisión jamás si las cuestiones referidas estuviesen separadas, porque esta decisión de cargarse la filología asturiana lleva almacenada en su cerebro, por lo menos desde el 20 de mayo de 2005, fecha en que dirigió una carta abierta a la facultad de Filología en la que expresaba con argumentos (que nada tenían que ver con la filología sino más bien con la política, la cultura y la antropología caseras) su rechazo radical y sin matiz alguno a la posible expansión del asturiano en los estudios académicos. Pero bueno, cada cual es muy libre de tener sus obsesiones, no?

Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de Literatura en la Universidad de Oviedo.

Carta abierta, desde España, al presidente de Bolivia, de Gustavo Duch Guillot en La Jornada

Posted in Derechos, Internacional, Política by reggio on 30 junio, 2008

Señor Evo Morales:

Mientras leía la carta abierta que dirigió a las autoridades de la Unión Europea sobre las (ya aprobadas por el Parlamento Europeo) nuevas normativas en inmigración, la prensa del Estado español detallaba algunas medidas que nuestro gobierno espera aplicar también relacionadas con el retorno de los inmigrantes.

En Europa y en el Estado español estos planteamientos se defienden con argumentos del miedo frente a la crisis económica. Le pormenorizo. El gobierno español ofrecerá a los inmigrantes en paro que decidan volver voluntariamente a su país, cobrar el equivalente a los subsidios de desempleo que cobrarían si permanecieran en España. Eso sí, se les prohibiría entonces la vuelta a España en los tres años siguientes y pierden su permiso de residencia y de trabajo.

En esta línea de endurecimiento de la política de inmigración, también se estudia eliminar de la reagrupación familiar a los ascendientes de los inmigrantes que viven en España. Ni los papás ni las mamás podrán acogerse a las “mercedes y beneficencia” de la tierra española.

Los derechos alcanzados después de hacer frente al desarraigo, a años de trabajo y de interminables gestiones administrativas, perdidos por una compensación económica.

Lo que olvida decir el gobierno español cuando habla de los migrantes (seres humanos, mayoritariamente jóvenes, con el legítimo derecho de buscar empleo) es lo que han dicho sus propios estudios: los inmigrantes suponen 8.8 por ciento de la población española, absorbiendo sólo 5.4 por ciento del gasto público y aportando 6.6 por ciento de los ingresos totales.

Su presencia en España supone un beneficio neto para el país de 5 mil millones de euros. Sólo con su contribución a las arcas de la seguridad social española se pagan 900 mil pensiones para las jubiladas y jubilados del país. Los inmigrantes no podrán traerse a sus ascendentes mientras que financian a los míos.

Pero fíjese, señor presidente, que el miedo frente a la nueva situación económica les permite también plantear sin ruborizarse aumentar la jornada laboral de las 40 horas actuales a 60 horas o 65 horas. Otro derecho conseguido por muchos años de lucha, que si funestamente sale adelante sólo perjudicará, deshumanizará y explotará más aún a trabajadoras y trabajadores con las rentas más bajas, entre ellos, claro, los inmigrantes.

Los gobiernos europeos parece que son incapaces de entender que el mundo ha cambiado e insisten –replicando la cantarela empresarial– que frente a la crisis hay que producir más y reducir costes (como acabamos de ver). Pero en un planeta esquilmado, como decía el agrónomo brasileño Antônio Lutzenberger, “lo que interesa no es la producción en masa, sino la producción de las masas”.

Como usted sabrá, la clase política española y muchos medios de comunicación, definen las políticas del gobierno que usted preside, de populistas, con un tono despectivo. Como ciudadano español no sabría entonces cómo calificar las medidas que adoptan mis gobernantes.

Gustavo Duch Guillot. Director de Veterinarios Sin Fronteras – España.

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¿Victoria de Obama? ¿De qué alcance?, de Immanuel Wallerstein en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 30 junio, 2008

Que nadie lo subestime. Barack Obama ha ganado en grande. Ha ganado no sólo la nominación demócrata a la presidencia. Va a barrer en las elecciones con una gran mayoría del Colegio Electoral y un incremento considerable en la fuerza demócrata en ambas cámaras del Congreso. Antes de que analicemos qué tan lejos llegará, o podrá llegar –es decir, qué tanto cambio significa esto–, debemos mostrar qué tan real es su triunfo electoral.

En la demasiado prolongada competencia entre él y Hillary Clinton, tanto las encuestas como los resultados mostraron que cada uno de ellos era más fuerte en ciertas categorías de votantes. Obama tenía mayor fuerza entre los más jóvenes, los más educados, por supuesto entre los afroestadunidenses, y entre los situados políticamente más a la izquierda. Pero también le resultó más atractivo a los votantes independientes o a los republicanos que prefirieron votar por un demócrata. Clinton tuvo más fuerza con los más viejos, con los de menor educación, con las mujeres por supuesto, con los latinos y con los situados en lo político más en el centro.

Sin embargo, la decisión real fue la de los superdelegados. Y ellos votaron sobre una base muy diferente. Parecen haber estado convencidos de que sería un candidato más fuerte y que podría ganar aun en algunas áreas tradicionalmente republicanas. O aún si no ganara en la mayoría de esos estados, podría ayudar a ganar a los candidatos demócratas al Congreso. Es bastante sorprendente que, justo en esos estados, haya obtenido gran respaldo de los superdelegados, muchos de los cuales, individualmente, estaban entre los líderes demócratas más centristas, menos orientados hacia la izquierda. Dado que estos superdelegados estaban anclados a sus situaciones locales, algo nos dicen de las realidades políticas estadunidenses de 2008.

Acabo de terminar un análisis comparando de la fuerza de John McCain estado por estado en las encuestas más recientes, con la proporción de votos reales de Bush en 2004. En 45 de 50 estados, McCain es más débil, con frecuencia mucho más débil, de lo que era Bush. Por supuesto, si Bush ganó un estado por amplio margen, McCain podría ganar con un margen menor. Pero en los estados donde la competencia fue cerrada en 2004, la ola está en favor de Obama.

Es más, debemos percatarnos de que McCain se encuentra ahora en el clímax de su fuerza. El Partido Demócrata se reunifica y está hambriento de triunfo. Obama no perderá casi ninguno de los porcentajes demócratas tradicionales entre las mujeres y los judíos. Incrementará el porcentaje nacional entre los latinos y logrará incluir a un gran número de jóvenes y afroestadunidenses que de otro modo no habrían votado. Conseguirá también los votos de un número considerable de independientes y de republicanos desilusionados con Bush. La gente que votará contra Obama porque es afroestadunidense ya desde antes iba a sufragar por los republicanos. Este punto ya quedó atrás, no está frente a él.

Los republicanos, por otro lado, están profundamente divididos y son bastante morosos. La derecha cristiana no confía en McCain, y hasta ahora va con pies de plomo. Y olvidamos muy fácilmente la defección de los libertarios. Ron Paul planea una lucha en la convención. Y aunque por supuesto la perderá, sus simpatizantes están ya descontentos. Como Bob Barr compite por el partido libertario, muchos de los simpatizantes de Paul votarán por él. Barr puede ser para McCain en 2008 lo que Nader fue para Gore en 2000 –lo suficientemente fuerte como para negarle algunos cuantos estados. Y en general, la línea de McCain respecto de la economía estadunidense que se hunde es algo que le va a hacer perder mucho del respaldo que supone obtener entre los llamados demócratas reaganianos.

Si uno analiza la situación en detalle, estado por estado, el único que votó por los demócratas en 2004 en el cual McCain parece ser competitivo hoy es Michigan. Los estados que Bush ganó en 2004 en los cuales Obama es competitivo son numerosos –Ohio, Indiana, Iowa, Misuri, Nuevo México, Colorado, Virginia y tal vez Nevada, Carolina del Norte y Montana. Está haciéndola tan bien en Misisipi que los republicanos tendrán que invertir dinero y tiempo en hacer campañas ahí. Si Obama ganara en todos los estados competitivos excepto en Michigan, tendría entre 310 y 333 votos electorales. Y necesita 270.

El cuadro se ve mejor en las competencias para el Senado, donde los demócratas podrían ganar en algunos estados en los que Obama puede no lograrlo –por ejemplo en Kentucky, donde el líder de la minoría republicana en el Senado está en serios problemas pese a ser un estado muy republicano.

Entonces, ¿qué significa todo esto? Obama no está planeando ningún vuelco revolucionario de la política estadunidense. Está rodeado de muchos políticos y asesores demócratas convencionales. Pero será impulsado al poder por una ola de entusiasmo por el cambio que Estados Unidos no había visto desde la elección de Kennedy. Es cierto que no podrá hacer mucho en la escena mundial, pese al hecho de que será vitoreado por el resto del mundo. Hoy, la anarquía geopolítica global está mucho más allá del control de cualquier presidente estadunidense.

Pero será empujado a realizar importantes cambios dentro de Estados Unidos. Por supuesto, la mera elección de un afroestadunidense representará un notable cambio cultural, y no dejará de tener gran impacto. Sus electores esperan que internamente, Obama lance el equivalente de otro Nuevo Trato —cobertura de atención a la salud, restructuración fiscal, creación de empleos, salvamento de las pensiones. Qué tanto pueda hacer dependerá en parte de la recesión global, que está en gran medida más allá de su control, pero aun un liderazgo tan fuerte puede jugar un papel importante, solamente hasta cierto punto. El ejemplo de Roosevelt nos muestra eso.

La gran interrogante es qué tan lejos llegará para desmantelar las estructuras estatales cuasi policiacas que el régimen de Bush instituyó bajo la cobertura de una guerra contra el terrorismo. Esto implica mucho más que nombrar mejores jueces. Significa una revisión radical de la legislación y de las políticas ejecutivas, y sacar a la luz del día las reglas y prácticas ultrasecretas. Mucho puede hacerse, como sabemos, a partir de lo que se logró en los 70 respecto de los ámbitos de la CIA y la FBI. Pero la situación es mucho peor ahora y requiere más. La historia puede muy bien juzgar a Obama, sobre todo en relación a lo que logre en este terreno. Hasta ahora ha permanecido bastante en silencio al respecto.

Obama ha ganado en grande. Su elección marcará –marcará, no causará– el fin de la contrarrevolución de la derecha mundial de los 80. Él ha rencendido la esperanza y ha creado el espacio para un mundo más progresista pero dicho espacio se encuentra estructuralmente constreñido por las limitantes de un sistema-mundo más anárquico que nunca. La cuestión básica no es si podrá transformar el mundo o restaurar el liderazgo estadunidense en el sistema-mundo –no hará ni lo uno ni lo otro–, sino si hará todo lo posible para permitirnos a todos impulsar nuestra vía hacia delante. Aun si esto es menos de lo que el mundo desearía que hiciera.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

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PD en derrota, de Rossana Rossanda en SinPermiso

Posted in Internacional, Política by reggio on 30 junio, 2008

No habíamos estado interesados nunca en el Partido Democrático, pero tengo la impresión de que entre la derecha y las pequeñas fortalezas de cierto pensamiento y acción de izquierda, ahora ya toda ella extraparlamentaria, se corre el riesgo de que no quede nada de él. La imagen que surge de la tercera asamblea del PD en la feria de Roma es la de un partido que antes de nacer está ya en proceso de descomposición. El dúo Veltroni-Franceschini no ha alcanzado el objetivo de derrotar, ellos solos, a la coalición de derechas  -“ellos solos” significa que con Refundación, Mussi, Diliberto, y los Verdes, no ha tenido nada que ver-.

Habían puesto en pie un partido que no tiene nada de social o socialista, sino únicamente una alternancia moderna y recomendable frente  al bloque berlusconiano, liguista y ex fascista. Pero con este programa y con una estructura vertical absoluta –facilitada por la provisionalidad de un partido que aún no ha llegado a su primer congreso- Veltroni no solo ha fracasado en la apuesta de vencer, sino que además, ha liquidado, también gracias a  la ley electoral, a la Izquierda Arcoiris, ha perdido las elecciones a escala nacional, ha dejado Roma  en manos de un fascista, ha bajado en Sicilia a mínimos históricos, cargándose, de paso, a Rutelli y a Anna Finochiaro. Y, tras el desastre cuya dimensión no se le escapa a Berlusconi, ha tratado de sostener un diálogo suave y de tú a tú con “Il Cavaliere”, el cual, a la primera de turno, les ha respondido soltándoles un revés, riéndose incluso del jefe del estado. Nunca había sucedido que en el transcurso de un mes un gobierno hubiese puesto en ejecución medidas de gobierno tan violentas y represivas, y tan  discutibles desde un punto de vista institucional. ¿No hubiera sido lo correcto que en las primeras asambleas del PD, celebradas tras estos resultados, se hubiese hecho, cuanto menos, un balance? Pues no se ha hecho. En las filas del PD el abatimiento y la desconfianza deben de ser ya tan grandes que en la asamblea de delegados solo se ha presentado uno de cada cuatro delegados, esto es, de lo que debería ser el esqueleto, la avanzadilla del nuevo sujeto político. Y entre los presentes se han escuchado siniestros crujidos: entre las dos corrientes que han constituido el PD, la Democracia de Izquierda  y la Margarita, y en el interior de cada uno de ellos. Prodi, tomado por blanco por Veltroni, que lo ha puesto como ejemplo de nulidad durante la campaña electoral, ha rechazado cualquier propuesta de de desempañar un papel de dirección. Rosy Bindi ha permanecido sola, Parisi ha denunciado un liderazgo que no se preocupa de que exista un mínimo de democracia interna. Y entre los de Democracia de Izquierdas, pocos han hablado, sino solo para agitar –según la clásica fórmula del difunto PCI- el espantajo del peligro de la “corrientes cristalizadas”. D´Alema, al ser preguntado sobre su silencio, ha respondido “quien calla, otorga”, pero nada resulta menos verdad, en especial en un partido. El cierre de la asamblea –posponemos toda discusión entre nosotros a las elecciones del 2009- ha sido desoladora. ¿Cuánto de este ejército en derrota llegará al 2009? ¿Y, entre tanto,  qué no le hará tragarse al país Berlusconi, entre conflicto institucional con la magistratura y el Quirinal, las cárceles decretadas para los inmigrantes clandestinos, las amenazas de cárceles para quien se permita filtrar el contenido de la interceptaciones, los procesos que se ha ahorrado a sí mismo  y a todo tipo de corrupción de los líderes, la criminalización de cualquier expresión de protesta de los ciudadanos, así como la escarnecedora militarización de las ciudades? Hace algunos días, el Centro para las reformas del estado, zona libre pero del área del Partido Democrático, difundía un texto  (el manifiesto 11 de junio) en el cual, con cierta gracia , hacía las cuentas sobre el estado de la izquierda, en relación con el “mucílago” al que ha sido reducida la sociedad civil, y con argumentos más o menos de recibo enunciaba la necesidad de volver a levantar un partido, mejor dicho, un “gran partido” capaz no solo de escuchar, sino también de proponer una vía a un país desorientado y sufriente. No parece que en las asambleas del viernes pasado ni Veltroni ni otros hayan tomado nota de eso. Análogamente, las propuestas de análisis de Bertinotti sobre las raíces profundas de la crisis italiana –quizá para ser incluida en una de las mociones de Refundación Comunista- no parecen poder impedir la confrontación carnicera entre las diversas mociones en pugna. Así, ante la oleada de una derecha tan arrogante como inculta, cual no se había visto todavía en Europa, con la excepción de Heider, no se produce ni el adecuado sobresalto de la opinión, ni el comienzo de una acumulación de fuerzas capaz de servir de dique de contención. En los tiempos de la república de Weimar debió haber ocurrido algo semejante. La historia se repite como farsa, pero no todas las farsas hacen reír.

Rossana Rossanda es una escritora y analista política italiana, cofundadora del cotidiano comunista italiano Il Manifesto. Acaba de aparecer en España la versión castellana de sus muy recomendables memorias políticas: La  ragazza del secolo scorso [La muchacha del siglo pasado, Editorial Foca, Madrid, 2008].  Rossana Rossanda es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Traducción para www.sinpermiso.info: Joaquín Miras

Il Manifesto, 24 junio 2008

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