Reggio’s Weblog

La insoportable gravedad del Código Penal (I), de Enrique Gimbernat en El Mundo

Posted in Justicia by reggio on 22 enero, 2009

TRIBUNA  DERECHO

El autor denuncia el excesivo papel de la presión mediática y social en el endurecimiento de las penas. Asegura que el nuevo anteproyecto de reforma aumentará aún más el hacinamiento en nuestras cárceles

Actualmente, tenemos el Código Penal (CP) más represivo de la Europa occidental. Entre esos países europeos, España ocupaba en 2003 el primer puesto en lo que se refiere a personas privadas judicialmente de libertad (138 por cada 100.000 habitantes), frente a, por ejemplo, las 98 de Alemania, las 93 de Francia, las 89 de Bélgica, las 68 de Suecia y Suiza o las 59 de Noruega, que figura en el último lugar, habiéndose casi cuadruplicado la población penitenciaria en nuestro país en el período de tiempo 1984-2004, pasando de 38 a 139 por cada 100.000 personas. Nuestro vergonzoso liderazgo se ha seguido manteniendo en los últimos años, ya que todas las reformas posteriores del CP se han promulgado, sin excepción, para crear nuevos delitos y, consiguientemente, nuevas penas, o para incrementar las ya existentes, y todo ello, a pesar de que, según los datos proporcionados por el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, España es uno de los países de Europa con menor tasa de criminalidad violenta: 2,5 delitos violentos por 1.000 habitantes en 2007, muy por debajo de, por ejemplo, la de Francia (5,1), Bélgica (9,6) o Suecia (10,8).

Para ilustrar con ejemplos esa severidad punitiva de nuestro Código baste señalar que para una madre que trata de entregar a su hijo adicto internado en un centro penitenciario droga por un valor de 72 euros está prevista una sanción de, al menos, nueve años de prisión (véase, entre otras, la sentencia del Tribunal Supremo de 28 de noviembre de 2007), la misma pena que se le impone a la correo latinoamericana que, para paliar en algo su miseria, intenta introducir en España el kilo de cocaína que alberga en su estómago. Y que para un aficionado francés que en el partido Olympique de Marsella-Atlético de Madrid, celebrado en el Estadio Vicente Calderón el 1 de octubre de 2008, agredió a un policía con una silla, sufriendo dicho agente de la autoridad unas lesiones sin importancia, que ni siquiera le impidieron seguir dedicándose a sus ocupaciones habituales, el fiscal solicitaba, con toda razón al aplicar consecuentemente el Derecho penal vigente, la pena de ocho años de prisión, pena que la jueza redujo benévolamente a tres años y seis meses, sin que quepa la posibilidad de suspensión condicional de esa pena, ya que nuestro CP sólo la autoriza cuando la privación de libertad no excede de dos años.

En los casos concretos que acabo de señalar, las disparatadas penas previstas por el CP obedecen a que, en la lucha contra el tráfico de drogas, el legislador no ha sabido y no ha querido distinguir, a la hora de establecer las penas -porque la presión mediática no toleraba ninguna clase de matización-, entre las conductas que se llevan a cabo por los responsables de la criminalidad organizada y las de simple menudeo. Y, por lo que se refiere al aficionado francés del Olympique de Marsella, a que el atentado a la autoridad que se le imputaba pasó de castigarse con una pena que tenía como grado mínimo el de seis meses -en el CP 1973- a otra cuyo tope inferior es el de tres años -en el malhadado y vigente CP 1995, texto legal con el que se inicia la imparable escalada punitiva de nuestro Derecho-, y a que, ante algún suceso de violencia en los campos de fútbol, el legislador tampoco supo sustraerse a la presión mediática y en 2004 decidió sancionar los desórdenes públicos en espectáculos deportivos, que hasta entonces se reprimían con una pena de prisión cuyo límite mínimo era de seis meses, con otra privativa de libertad que se extiende de tres a seis años.

La metastásica creación de nuevos delitos y los bárbaros incrementos de penas -a pesar del bajo índice español de criminalidad- deben ser reconducidos fundamentalmente a dos clases de factores. En primer lugar, a que los «nuevos gestores de la moral colectiva» (grupos ecologistas, feministas, antixenófobos, etc.), que hasta hace unas décadas defendían postulados descriminalizadores y humanizadores del Derecho penal, han pasado a converger, en sus objetivos, con los propugnados desde siempre por los de derecha y extrema derecha con su continua exigencia de «ley y orden», lo que ha traído como consecuencia, entre otras, que comportamientos que hasta hace poco sólo constituían ilícitos administrativos, civiles o mercantiles -y con ello bastaba y sobraba para prevenir su ejecución- hayan pasado a engrosar el articulado del CP. Y, en segundo lugar, a que las ocasionales víctimas de delitos más o menos graves, o sus familiares, a pesar de que su motivación es preferente y comprensiblemente un espíritu de venganza, incompatible con los principios que deben informar la legislación penal en un Estado de Derecho, encuentran eco inmediata y profusamente en los medios de comunicación -que, en lugar de moderar ese espíritu, lo atizan, porque está en consonancia con los sentimientos irracionales de la población-, condicionando todo ello que los partidos (tanto si son de derechas como de izquierdas) se pongan a la cabeza de la manifestación («¡tolerancia cero!»), ya que los políticos descubrieron hace tiempo que en el Derecho penal -más precisamente: en el endurecimiento del Derecho penal- había una gran cantera de votos.

Cuando se exige el establecimiento en España de la cadena perpetua -apelando a que nosotros no vamos a ser menos y a que esta pena existe ya en la mayoría de los países de la Europa occidental-, queriendo poner con ello de manifiesto una supuesta benevolencia de nuestra legislación frente a esas otras naciones de nuestro entorno, simplemente se está confundiendo a la opinión pública.Desde 2003 el CP español prevé para los delitos más graves la pena de prisión de 40 años de cumplimiento íntegro, sanción máxima y devastadora cuyos efectos no han podido apreciarse todavía, ya que, naturalmente, sólo puede imponerse para los hechos punibles cometidos a partir de ese año, puesto que tanto nuestra Constitución como las declaraciones internacionales de derechos humanos ratificadas por España impiden la aplicación retroactiva de las leyes penales desfavorables para el reo. Con esa pena España se sitúa, una vez más, a la cabeza europea de la represión ejercida con penas privativas de libertad. Ciertamente que en la mayoría de los países europeos existe la cadena perpetua; pero esa pena sólo figura en los Códigos con un carácter simbólico, ya que en la práctica nunca se aplica. Y así, la ejecución de la prisión perpetua puede ser suspendida en Bélgica y en Finlandia a partir de los 10 años, en Dinamarca, de los 12, y en Austria, Francia, Suiza y la República Federal (después de la sentencia del Tribunal Constitucional alemán de 21 de junio de 1977) a partir de los 15, mientras que, de acuerdo con nuestro vigente CP, el cumplimiento de los 40 años de prisión es efectivo y no admite revisión alguna durante su ejecución. Por sólo mencionar un país: en Alemania -lo que en España sería legalmente imposible después de la reforma de 2003- la media de cumplimiento efectivo de la prisión perpetua es de 18 años y sólo en casos excepcionales puede rebasarse dicho límite. Ello es lo que ha sucedido, recientemente, con Christian Klar, un terrorista de la banda Baader Meinhof, condenado a cadena perpetua por nueve asesinatos consumados y 11 en grado de tentativa.Klar ha sido puesto en libertad el 19 de diciembre de 2008, después de cumplir 26 años de prisión, en virtud de una resolución -apoyada por el Ministerio Fiscal- de 24 de noviembre del mismo año del Tribunal Superior de Justicia de Stuttgart, puesta en libertad que era preceptiva, porque lo único determinante para decretarla era si de Klar, quien, por lo demás, no ha mostrado arrepentimiento alguno, podía temerse que ejecutara, una vez recobrada la libertad, ulteriores delitos contra la vida: «La Sala, de acuerdo con los peritos y con el establecimiento penitenciario, no ve ningún punto de apoyo que haga pensar en una peligrosidad subsistente del condenado».

Y en esas estábamos cuando el Gobierno se descuelga en noviembre del pasado año con un anteproyecto de reforma del CP en el que, otra vez, se incrementan las penas preexistentes, se introducen otras que hasta ahora eran desconocidas y se crean delitos de nuevo cuño. Ese anteproyecto, si llega a convertirse en ley, va a aumentar, aún más, el hacinamiento en nuestras cárceles, hacinamiento que imposibilita alcanzar el objetivo -imprescindible para la resocialización del delincuente- fijado por el art. 19.1 de la Ley Penitenciaria: «Todos los internos se alojarán en celdas individuales», porque no hay ganas -y, aunque las hubiera, tampoco hay dinero- para construir prisiones que puedan acoger con un mínimo de dignidad a la población penitenciaria más numerosa de Europa.

La Exposición de Motivos del anteproyecto justifica la reforma, como argumento decisivo, con que hay que «responder a las demandas sociales». Ciertamente que una de esas demandas -«¡que se pudran en las cárceles!»- es humanamente comprensible cuando sale de los labios de las víctimas o de sus familiares. Pero que ese eslogan sea repetido igualmente por muchos de nuestros políticos es algo que les descalifica como representantes de un Estado de Derecho, porque todos ellos han prometido guardar y hacer guardar la Constitución, y porque, en consecuencia, e incluso para el peor de los criminales, aquélla les garantiza también su «dignidad» como persona (art.10.1), el «derecho a la libertad» (art. 17.1), que no puede ser vulnerado en su «contenido esencial» con penas de prisión interminables y, en consecuencia, «inhumanas y degradantes» (art. 15), así como que «las penas privativas de libertad estarán orientadas hacia la reeducación y rehabilitación social» (art. 25.2).

Enrique Gimbernat, es catedrático emérito de Derecho Penal en la Universidad Complutense y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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Un conservador revolucionario, de Michael Gerson en El Mundo

Posted in Política by reggio on 22 enero, 2009

NUEVA ERA EN LA CASA BLANCA:  La opinión

El repaso a los discursos de investidura es un asunto delicado. Las impresiones inmediatas pueden resultar precisas. Del discurso de Kennedy, John Steinbeck comentaba: «Sintaxis, amigo mío. Ha sido devuelta al lugar más elevado de la República». Otros juicios han sido… bueno, precipitados. El New York Herald llamó «discursito de banalidades brillantes usadas sólo para la rematar el programa» al segundo discurso inaugural de Lincoln.

Teniendo en cuenta la ascendencia de Obama, su discurso inaugural habría sido un acto memorable incluso si cada palabra hubiera sido un tópico sacado del Día de la Bandera. Desafortunadamente, demasiadas de sus palabras fueron tópicas.

Siendo justos, Obama tiene una presencia y un aplomo que llenaron por completo el escenario retórico más importante de América, algo extraordinario en el caso de un hombre que hace seis años intervenía en la legislatura de Illinois. Sus argumentos fueron sofisticados y políticamente ambiciosos. Pero el propio discurso fue -sorprendente, inexplicablemente- desigual en su calidad.

Hubo ideas relevantes. «Nuestra seguridad», decía Obama, «emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo, los rasgos dispuestos de humildad y temple». Esa oración tiene un aire de elevación, un ritmo natural que aparece al leerse en voz alta. El discurso recordaba a Kennedy en su afirmación de que «la nación no puede prosperar lo bastante cuando sólo favorece a los prósperos». Y Obama hizo un uso eficaz pero discreto de las referencias religiosas, hablando de «aguas tranquilas».

Pero el objetivo literario primordial de un discurso inaugural es explicar los familiares ideales estadounidenses sin recurrir a clichés que distraigan. Y Obama suspendió en general este examen. Hubo demasiadas «mareas» y «nubarrones», y «tormentas rugientes», y «temores acuciantes», y «capítulos oscuros», y «ojos vigilantes», y «hogueras que se apagan» y «corrientes gélidas».

Los salarios tenían que ser «decentes» y los mercados, «entrar en barrena». Es misterioso cómo un lenguaje tan manido puede sonar apropiado al oído del redactor de Obama. Las recriminaciones han «estrangulado» nuestra política, como en un episodio de CSI. Hemos «saboreado la inmundicia amarga de la guerra civil y la segregación». Puagh, en muchos sentidos.

En su contenido, el discurso de Obama fue más atractivo. Sus vivas garantías de dureza en seguridad nacional resultaron tranquilizadoras. ¿Cuándo fue la última vez que escuchamos a un demócrata admitir que «nuestra nación está en guerra» y prometer «derrotar» a los enemigos?

Su discusión del papel del Gobierno fue más sofisticada que la de cualquier discurso de investidura desde el de Reagan en 1981, aunque su atractivo post partidismo se asemejaba más a la Tercera Vía de Bill Clinton que al firme compromiso de Reagan con el gobierno limitado.

Y el principal argumento de Obama -«una nueva era de responsabilidad»- fue tradicional sin resultar manido. Desde el principio, los estadounidenses han mostrado una combinación única entre idealismo revolucionario y conservadurismo moral. Los presidentes en general han afirmado que el avance de ideales radicales o progresistas como la justicia social exige el retorno a valores americanos como la responsabilidad y la contención, la caridad y el fin de la mala intención.

Woodrow Wilson, por ejemplo, argumentaba: «Ha habido algo crudo y sin corazón, e insensible en nuestra precipitación por tener éxito y pasar a la Historia. Nuestro pensamiento ha sido ‘que cada cual se busque la vida’». Pero la respuesta, continuaba, se hallaba en restaurar «los estándares que orgullosamente creamos al principio y siempre hemos llevado en nuestros corazones».

Igualmente, el discurso de Obama diagnosticó como problema un tiempo en el que se «protegieron intereses estrechos».Y ancló su visión de la restauración social y recuperación económica en la renovación de las virtudes morales: valor, honestidad, lealtad y deber. Insistió en usar la palabra «virtud» y explicar se trata de convicciones «correctas».

Esto manifiesta un entendimiento profundo de América, que sigue siendo moral hasta el tuétano. El discurso de Obama debería atraer a muchos conservadores, que nunca habrían aceptado una defensa de las políticas progresistas basadas en las antiguas opiniones morales libertarias por relativistas. Como Lincoln o Luther King, Obama se posicionó como conservador revolucionario, intentando recrear el país al reafirmar los principios morales tradicionales que le vieron nacer.

Este tipo de agudeza convierte a Obama en un político formidable, y si de verdad sostiene y defiende estos ideales, quizá en un formidable líder estadounidense. Muchos esperaban que su discurso fuera retóricamente diestro, pero quizá ideológicamente hueco.Pero escuchamos un discurso retóricamente corriente y sustantivamente interesante. Obama ha logrado sorprender.

Michael Gerson es analista de ‘The Washington Post’, 2009, Washington Post Writers Group.

© Mundinteractivos, S.A

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Pecios. El Mal es un comodín ideológico, Rafael Sánchez Ferlosio en El País

Posted in Política by reggio on 22 enero, 2009

El autor recupera la fórmula del apunte variado, una reflexión breve sobre hechos de actualidad. En esta ocasión, manda el horror persistente del conflicto palestino-israelí y el advenimiento de la era de Obama

¡Qué peste de tolerancia, que se te acerca suavemente con sus zapatillas cargadas de razón!

(Españolez) En 2002 se declaró la Tomatina de Buñol fiesta de Interés Turístico Nacional. Interesaba, en efecto, que los extranjeros vinieran a conocer esta forma de expresión cultural post-moderna, pero a la vez auténticamente española.

(Tertuliano) Sería una grave injusticia despojar a las víctimas de su derecho a contemplar el retorcerse de los cuerpos y oír los alaridos de sus verdugos abrasándose en el fuego eterno.

(Abstracciones) Es un error sumamente craso el de seguir diciendo “frías abstracciones”, cuando es cada día más llamativo hasta qué punto el hierro de la abstracción se ha vuelto el que más pronto y con más ganas se pone incandescente.

(Glosa a José María Ridao) Lo más descorazonador de los políticos es que siempre están empezando, y sin capacidad para darse cuenta de que todos sus empezares son un volver a empezar. Con este empezar recurrente se corresponde el que los gobernados pacientes tiendan a decir una y otra vez “Ahora sí que”.

(Obama 2009-glosa al anterior) Lo peor que podría volver a empezar ahora, una vez más, es una Nueva Era.

(Predestinación) Se podría configurar un principium idiuiduationis en que el constituyente definitivo fuese el destino. La fábula es así: “Ha de haber para ti un lugar vacío en el infierno; el Criador lo formó como la celda de un panal el día en que naciste, o mucho antes, si es que antes te pensó. La celda te está destinada, lo que quiere decir que espera que la llenes con tu cuerpo mientras Nuestra Señora no te salve de acabar en ella”. El cielo es todo cielo, no hay lugares, panales ni alveolos; por eso no es Destino, es Salvación. Salvación respecto del destino, tal como pretendía Walter Benjamin.

(Heraclio) Hace ya muchos años, yendo yo por los campos y dehesas que desde la carretera de Piedralaves hacia Pedro Bernardo y Arenas de San Pedro van bajando, ondulantes, hasta la orilla derecha del Tiétar, vi que me seguía, como a unos 10 o 12 metros de distancia, sin tratar de alcanzarme, un perro grande, un mastín, que arrastraba un trozo de cuerda que traía atado al cuello. Era, evidentemente, un perro ahorcado, que con su peso había roto la cuerda y había salvado la vida. ¿Qué vida? Aquel andar tan cansado, con la cabeza baja, aquellos ojos tristes y como entrevelados, ¿podían ser todavía la vida? La confianza en que aún alguien en el mundo lo acogiese la traía ya tan disminuida que se me fue quedando lentamente atrás hasta perderme de vista.

(2ª glosa a la glosa a J. M. R.) Los días, los meses, los años, los siglos, son al fin cantidades de una misma cuenta, pero las Nuevas Eras son inconmensurables golpes de decrepitud.

(Confianza) Algunos aprecian la coherencia o congruencia como una prueba de honradez en la conducta o como una garantía de verdad en el razonamiento, pero, al cabo, tiene un punto de vanidad estética: vale poco más que la rima, pero es mucho más peligrosa.

(Afinidad) La siniestra teoría del “plasma germinal” guarda, por la razón de la inherente prioridad frente a los individuos, un cierto parentesco con la concepción sacrosanta de “La Vida” en las doctrinas del cristianismo, y no sólo del romano.

(El gran comodín) Esa noción de “el Mal”, extrapolada, encarnada y proyectada en el mundo con jerarquía de Ente, es tan falsa y fraudulenta como la pócima amarilla, sebosa y pegajosa a la que en el famoso “Processo degli untori” se atribuyó la peste de Milán, cuando pasaban por esta ciudad multitud de personas, sobre todo lansquenetes, que huían de la epidemia de peste extendida al norte de los Alpes. Cuando oigo la palabra el Mal, ontológicamente enfatizada, me digo: “Ya está ahí la purga de Benito, se ha terminado la averiguación”. Es el gran comodín ideológico, exorcismo de urgencia para cualquier vacilación moral.

(Equívoco pronominal) Se ponen como muy arrogantes usando el plural, porque piensan que Nosotros tiene la ejemplaridad de no ser personal sino solidario, pero Nosotros es tan persona como Yo, y, si cabe, muchísimo peor persona.

(Españoleces) “A rajatabla”, “a machamartillo”, “verdades como puños”.

(Anacarsis) Cada vez más ejemplarmente piadosa resulta hoy en día la respuesta del escita Anacarsis, que visitó Atenas en tiempos de Solón, cuando los atenienses le preguntaban que por qué no tenía hijos: “Por amor a los niños”.

(Perlas de la lengua) Se encuentran a veces en los textos más modestos como aquel de Las hijas de un sevillano que cantan las niñas saltando a la comba: “Un día a la más pequeña / le tiró la inclinación / de irse a servir al rey / vestidita de varón”. ¡Pero qué maravilla es esa de “le tiró la inclinación”!

(Creyentes en la inexistencia) Ahora salen con el eslogan “Probablemente Dios no existe; deja de preocuparte y goza de la vida”. No sé lo que es hoy en día “gozar de la vida” como no sea gastar dinero y hacer el mamarracho para sofocar el mortal aburrimiento de un mundo malvendido. Pero lo malo de la fe no es que Dios dé preocupaciones, sino todo lo contrario: Dios quita preocupaciones; Dios inhibe, enajena, insensibiliza, embrutece.

(Tzipi Livni: “Todos deben elegir de qué lado están”) Cuando la guerra es escatológica la enemistad entre las partes es una separación divina que sería apóstata infringir.

(Monopolio) Sería ridículo pensar que con los bombardeos de la Franja de Gaza los judíos quieren vengarse de Hamás por lanzarles unos cohetes que de cada centenar sólo uno da en el blanco (es decir, hiere o mata a una persona); los judíos no se vengan de Hamás, siguen vengándose de la Shoah, pues sólo ellos son los legítimos portadores del victimato: del victimato único y universal, y por lo tanto eterno.

(Se dijo de Euskadi: “No queremos la paz, sino la victoria”) Es inútil: no hay indulgencia plenaria más incontestable que la de la victoria.

(La victoria-glosa a Todorov) Esa suciedad de la que os ha lavado la catarsis de la victoria era precisamente lo que más importaba conservar.

(La normalidad) Siempre he sostenido y aplicado la idea de que las fórmulas verbales más comunes y estereotipadas expresan a menudo nociones o representaciones que forman parte del substrato ideológico más cotidiano de una sociedad. Recurren a manera de tics verbales fijados y consolidados en acuñaciones literalmente invariables. No hace falta un oído demasiado suspicaz para detenerse ante una fórmula como “volver a la normalidad”, hoy cada día más repetida, ¡tantas anormalidades sobrevienen!, y oír en ella la expresión más profundamente representativa de nuestra sociedad burguesa, liberal y acomodada. La convicción y la confianza son las de que hay una normalidad, como un suelo seguro y permanente, una horizontal de equilibrio, a la que siempre han de volver las cosas tras los ocasionales disturbios o perturbaciones que se elevan o descienden, por así decirlo, con respecto al nivel cero de ese pavimento, alterando la calma e interrumpiendo momentáneamente la constancia y la fidelidad del mundo. Pero no hay que tener miedo: el mundo es fuerte y siempre vuelve a la normalidad.

(Glosa a “La normalidad”) Fue el enorme talento de Ionesco el que, en su obra La cantante calva, acertó a poner magistralmente en escena “la normalidad” en estado puro. El método consistió en no desviar nada, sino en acompañarla hasta su propia perfección. De modo que, al igual que las agujas del reloj de la comedia, que daba y volvía a dar siempre las nueve, no necesitó moverse ni un milímetro de la objetividad, para lo cual se atuvo escrupulosamente al libro que le había inspirado: un manual de lengua inglesa que cayó en sus manos, porque quería aprender inglés. Así pues, como pauta de la conversación del señor Smith y la señora Smith, puede decirse que, en un sentido real, no se inventó absolutamente nada, sino que adoptó y siguió rigurosamente por modelo la letra y el espíritu del tipo de frases pedagógicamente puestas como ejemplo en el manual de inglés. En efecto, sacada de contexto y oída aisladamente, no hay ni una sola interlocución en todo el diálogo de los señores Smith que pueda sonar ya sea, por una parte, absurda, grotesca, estrafalaria o carente de sentido, ya sea, por otra, original, deliberada, específica, especializada o subjetivamente intencional; todo es allí común y cotidiano, todo es profundamente normal, la perfección de “la normalidad”.

(La televisión) Todos se conocen, todos se tutean, todos se besan, todos se admiran, todos se alaban, todos se aplauden, todos se adoran. ¡Pero qué mono todo! ¡Qué lindo es el mundo!

Rafael Sánchez Ferlosio, es escritor.

Entre muros, de Joan Subirats en El País de Cataluña

Posted in Educación by reggio on 22 enero, 2009

Uno de los elementos tradicionales de debate cuando se habla del mundo de la enseñanza es que todos los grandes proyectos de reforma o de cambio han de pasar por esa gran prueba de fuego que es el interior de la clase. De alguna manera se asimila lo que ocurre entre los muros de una clase a la privacidad de un hogar. El film de Laurent Cantet La clase, Palma de Oro del Festival de Cannes, nos permite entrar en ese mundo especial de relación personal y formativa que constituye un curso de Lengua Francesa en un instituto de secundaria de un barrio periférico de París, a lo largo de los meses que dura un curso, de septiembre a junio. La repetición cotidiana de esos 55 minutos en que transcurre la clase nos permite asistir a la tensión, la alegría, la violencia, las ilusiones y decepciones de un conjunto muy diverso y heterogéneo de adolescentes. Al mismo tiempo asistimos a cómo gestionan y viven esa cadena de acontecimientos y sensaciones un grupo también diverso y heterogéneo de profesores, que tratan de discernir el grado de rigidez y flexibilidad con el que han de aplicar a diario reglas, rutinas y procesos, mientras expresan emociones, rabia, impotencia o simple profesionalidad. Como ocurría con el filme Etre et avoir, el seudodocumental encarnado por el profesor López en una aula unitaria perdida en el Macizo Central francés, se nos invita a observar el ritmo especial del rito formativo. Con menos naftalina pedagógica que en el filme citado, el profesor Marin, alias del protagonista, François Begaudeau (profesor y autor del libro en el que se basa el filme, libro disponible ya en catalán y castellano), nos muestra un peculiar estilo formativo, más centrado en el diálogo y en el tratar de que el aprendizaje de la lengua se base en las experiencias vitales de los alumnos, que en los protocolos más frecuentes. No hay heroicidad ni paternalismo en la labor que nos muestra el profesor. Se dan errores y fracasos, tensiones y desencuentros, pero también pequeñas victorias y significativos avances.

La cámara no es complaciente. Nos invita a ver la clase como un espacio de pugna, de constante fricción, mejor o peor canalizada. Los alumnos expresan su rechazo a lo que entienden como simples ejercicios jerárquicos o poco comprensibles, piden constantes explicaciones o simplemente dejan pasar el tiempo, buscando pequeñas alternativas a su encierro. La tan cacareada diversidad (étnica, cultural, familiar, de vestimenta o de momento vital) explota ante nuestros ojos y exige constantes esfuerzos de comprensión, reconocimiento y gestión por parte del profesor. El trabajo de los jóvenes es extraordinariamente real, fluido, sentido, mostrando la gran labor de aprendizaje que el equipo ha realizado con los voluntarios, alumnos reales de un instituto, a lo largo de muchos meses. Me ha recordado el también extraordinario filme de Kechice L’esquive, por su capacidad de dejarnos ver cómo trascurre el tiempo, concediendo espacio a las cosas que lo merecen, como ocurre, por ejemplo, en el caso del comité de disciplina que debe decidir la expulsión de un alumno, ante una madre que no entiende nada y a quien nadie traduce nada. Parece un documental, pero estamos ante una ficción que busca documentar.

¿Qué conclusiones sacar de ese mirada indiscreta al sanctasanctórum de la experiencia educativa? El filme no pretende realizar un análisis crítico o un balance sobre la situación de la enseñanza en Francia. Se limita a mostrarnos el tipo de cosas que ocurren en esos sitios especiales llamados institutos, en los que los nuevos adolescentes se enfrentan a un sistema que no los entiende o no los reconoce. Hay más adolescentes que antes en unos institutos a los que antes muchos ni llegaban. Esos adolescentes no encajan bien en una concepción educativa que los ha definido como “lugares sin saber”, una concepción que sigue pensando que detrás tienen una familia que cumple con su parte del contrato educativo tradicional, y que entiende a la escuela como el lugar (como dice Narodowsky) en el que se dosifican saberes y haceres, gradualidades y normalidades. La posición de alumno se basa en su condición de infante, de menor, sea cual sea su edad. El filme nos muestra a un profesor que vive en tensión la necesidad de cumplir la misión que se le ha encomendado y al mismo tiempo la emergencia de saberes y habilidades propias de los alumnos (expresión vía imagen o nuevos formatos musicales) que no encajan en aquello previsto. El instituto está lleno de reglas cuyo cumplimiento varía en función de quién las aplica y de la coyuntura. Constantemente vemos en el filme desviaciones, convenciones, transgresiones, normalidades, que van y vienen, como los alumnos expulsados y reingresados de un centro a otro.

Desde mi punto de vista, el gran acierto del filme es no darnos recetas, sino sugerirnos que tenemos enfrente el gran reto de convertir esos lugares de reglas en espacios donde la subjetividad de los alumnos pueda expresarse. Muros que acojan modos de ser profesor y alumno, que consigan recoger formas más amplias y distintas de las actuales de hablar, de pensar, de moverse, de emocionarse, de oponerse, de transformarse, de saber. La última imagen de la película es el aula vacía, a final de curso, con las sillas desordenadas y los pupitres en ese orden que obliga a la jerarquía y a la tensión. Una clase vacía como vacía se siente la alumna que, unos planos antes, aborda al profesor y le manifiesta su desesperanza ante su total falta de aprendizaje y su voluntad de no ser excluida. Por mucho que cambiemos las leyes y los planes de estudio, si no cambiamos la clase, si no abrimos ventanas en los muros, pocos avances lograremos.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

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La política exterior de Obama (2), de William Polk en La Vanguardia

Posted in Internacional, Política by reggio on 22 enero, 2009

Durante sus ocho años de mandato, la Administración Bush funcionó a partir de la creencia de que tenía el derecho y la obligación de intervenir con carácter preventivo en cualquier parte del mundo donde advirtiera la existencia de una amenaza para Estados Unidos. Tal convicción la llevó a guerras con Afganistán, Iraq y Somalia, al borde de una operación militar de calado contra Irán y a la instalación de casi un millar de bases militares en todo el mundo, a aumentar el potencial estadounidense por tierra, mar y aire y a crear fuerzas especiales capaces de operar e intervenir de modo secreto y no oficial en Latinoamérica, Áfricay Asia.

Tal política provocó víctimas a gran escala, sobre todo en países musulmanes, además de un menor número -aunque importante- de heridos y muertos estadounidenses.

También motivó que países de todo el mundo sintieran temor y aversión hacia Estados Unidos, produciendo una notable sangría en la economía estadounidense que ha contribuido a la actual depresión a escala mundial.

Estos acontecimientos y consecuencias constituyen la herencia que recibe la Administración Obama en materia de política exterior, de modo que cabe preguntarse efectivamente por lo que hará.

El presidente Barack Obama es plenamente consciente de su experiencia limitada en cuestiones internacionales y es evidente, a juzgar por sus nombramientos de relieve, que trata de demorar la adopción de ciertas iniciativas y de distanciarse de las arduas decisiones que de hecho se deben adoptar. Hace unos días, manifestó a través de un canal de televisión estadounidense: “Quiero ser realista: no todo lo que hemos dicho durante la campaña vamos a poder ponerlo en práctica al ritmo que habíamos esperado”. Además, es un sentir general que Obama se propone invertir la mayor parte de su tiempo y energías en la solución de los problemas internos estadounidenses, sobre todo en el terreno económico.

En el panorama militar, Obama ha confirmado en su cargo al secretario de Defensa, Robert Gates, que en junio del 2008 reafirmó, en el marco de la más reciente doctrina estadounidense en materia de estrategia de defensa nacional, la política Bush de guerra preventiva.

En los casos de Iraq y Afganistán, el presidente Obama se ha manifestado de distinta manera: aspira a que las fuerzas de combate estadounidenses (alrededor de un tercio del total) se retiren de Iraq con mayor rapidez de lo previsto por la Administración Bush, pero en el caso de Afganistán propone destinar unos 30.000 soldados más de lo proyectado, lo que representa duplicar casi el contingente estadounidense en el país.

En el ámbito civil, Obama ha autorizado a la nueva secretaria de Estado, Hillary Clinton, a rehacer básicamente el equipo de política exterior de la Administración Clinton. En su audiencia de confirmación, Hillary Clinton prometió basar su actuación en “los principios y el pragmatismo y no en una ideología rígida e intransigente”, añadiendo que la Administración Obama se proponía relacionarse con Irán y Siria de forma diplomática.

Hillary Clinton afirmó entonces que la solución del conflicto palestino-israelí sobre la base de la existencia de dos estados sigue siendo la política de Estados Unidos sobre la cuestión. Ni ella ni Barack Obama han adoptado una postura clara y nítida sobre el conflicto de Gaza, aunque antes del ataque israelí, cuando Obama aún era candidato, señaló que en caso de enfrentarse a la provocación sufrida por Israel haría cuanto estuviera en su mano “para detener tal actitud, dando por sentado que los israelíes harían lo propio”.

Antes de su nombramiento, Hillary Clinton dijo también que el presidente entrante no debería negociar con Hamas (aunque “no podemos renunciar a alcanzar la paz”, añadió) y el presidente electo afirmó que el equipo de Hillary Clinton se “emplearía a fondo inmediatamente en el proceso de paz de Oriente Medio”.

Las relaciones con Rusia dependerán preferentemente de si Estados Unidos sigue o no adelante con los dos programas de la Administración Bush: instalar misiles en Polonia y la República Checa y meter a Georgia y Ucrania en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) pese a la clara promesa del ex secretario de Estado de Bush padre, James Baker, en el sentido de no avanzar por esta senda.

Barack Obama afrontará este año una cuestión clave: qué hacer acerca del tratado de reducción de armas nucleares estratégicas, que expira en diciembre de este año. Rusia impulsa actualmente un importante programa de armamento y todo dependerá en gran parte de si tal factor induce a Estados Unidos a gastar aún más en armamento o bien utiliza tal circunstancia como herramienta para negociar una reducción. Dados los problemas económicos de ambos países, es posible que sus líderes se vean obligados a optar por una reducción.

El triángulo India-Pakistán-Afganistán atraerá indudablemente la atención de Obama. Entre los motivos concurrentes cabe citar la previsión de una mayor presencia de fuerzas estadounidenses en Afganistán y su probable ampliación a Pakistán, así como la disputa sin resolver sobre Cachemira, cuya solución reviste renovada urgencia tras los atentados de Bombay y habida cuenta de que tanto India como Pakistán son poseedores del arma nuclear.

Acerca de la CIA y al referirse al parecer al tema de la tortura, el presidente Obama afirmó que la Administración estaba “decidida a romper con algunas prácticas del pasado que han empañado su imagen” y ha nombrado como director de la agencia a un “no iniciado”.

Por último, y sobre la “guerra contra el terrorismo”, pese a la creciente convicción de que lo que se ha hecho o proyectado no ha funcionado y a que la que se ha calificado al respecto de cuestión relevante resulta engañosa, sigue constituyendo un tema de alcance popular y Obama ha nombrado su asesor en la lucha contra el terrorismo a un veterano de la CIA, partidario de seguir aplicando duras y enérgicas medidas en este terreno.

WILLIAM POLK, del consejo de planificación política del Departamento de Estado con John F. Kennedy. Autor de ‘Políticas violentas’ (Libros de Vanguardia).

Traducción: José María Puig de la Bellacasa

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Derrochando en Nueva York, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 22 enero, 2009

Según La Vanguardia de ayer, “el mismo día y a la misma hora en la que se celebraba en Washington la investidura de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, el vicepresident del Govern, Josep Lluís Carod-Rovira, dictó una conferencia en la Universidad de Nueva York”. A eso se le llama oportunidad: de nuevo un incidente ridículo del Gobierno tripartito. La noticia no da cuenta del número de asistentes a tan apasionante conferencia.

El año tiene 365 días. El 20 de enero, según es tradición, juran solemnemente el cargo todos los nuevos presidentes. Además, este año, por razones obvias, era de prever que el acto tendría una especial resonancia. Pues bien, este fue precisamente el día escogido por Carod para pronunciar su conferencia. Al día siguiente, ayer, se inauguró la nueva delegación del Govern de la Generalitat, más conocida por embajada de Catalunya, según la jerga habitual. Dejando al margen la oportunidad del día elegido -en definitiva, una anécdota más-, la ocasión puede servir para reflexionar un poco sobre la eficacia, el coste y la rentabilidad de estas delegaciones.

Es indudable que la Generalitat, como los gobiernos de las demás comunidades autónomas, tiene competencias que alcanzan más allá de nuestras fronteras. Es el caso de las competencias relacionadas con la ayuda a las empresas industriales, comerciales o turísticas. Es natural que en estas materias -quizás también en alguna otra, como cultura- la Generalitat promueva alguna oficina en el exterior que pueda ayudar al desarrollo económico y social de nuestra comunidad autónoma. Se dice que agencias de la Generalitat como el Cidem y el Copca, con representación en el exterior, han dado muestras de eficacia.

Ahora bien, a estas delegaciones, especializadas en competencias concretas, el Govern Montilla ha añadido un tipo de delegación distinto, con un carácter político, difícilmente justificable, tanto porque la Generalitat carece de competencias en la materia, como porque constituyen un gasto público inútil. Este es el caso de la nueva delegación de Nueva York, antes lo han sido las delegaciones de París, Berlín o Londres, y próximamente se anuncian las de México y Buenos Aires, todas ellas dependientes del Departament de la Vicepresidència. Las relaciones internacionales son una competencia exclusiva del Estado -como es habitual en todos los estados federales- y no se sabe muy bien cuáles pueden ser las tareas que desempeñen estas oficinas exteriores, a pesar de que oficialmente se les asigne una larga lista de funciones, tan extensa como inconcreta.

No obstante, algunos síntomas empiezan a indicar que estas delegaciones están pensadas en clave política, para ejercer unas relaciones internacionales en que la Generalitat no es competente, más que para ejercer las funciones que le son propias. Un primer síntoma fue la penosa reacción de Carod en el asunto The Economist, diciendo que con una delegación propia, eso -el ejercicio del derecho a la información- no hubiera ocurrido. Un segundo síntoma es la personalidad de los delegados: el hermano de Carod-Rovira en París; el delegado en Londres estuvo trabajando en el partido independentista escocés y es el autor de una tesis doctoral sobre la materia; el de Nueva York, Andrew Davis, ha sido hasta hace muy poco un becario de la Generalitat para estudiar el nacionalismo en Escocia y Catalunya. En definitiva, se trata de personajes atípicos en una Administración, con un perfil más cercano al intelectual político que a un funcionario.

El síntoma definitivo ha sido la conferencia de Carod en Nueva York, más propia de un megalómano que de un gobernante serio. Tras decir que Catalunya ha sido “la puerta de entrada casi exclusiva de la modernidad científica, cultural, política y socioeconómica a la península Ibérica, en la que también están España y Portugal”, idealizó al Principado catalán medieval diciendo que “tuvo su Parlamento mucho antes que Inglaterra y fue uno de los primeros pueblos en someter el poder absoluto de los monarcas a las reglas de las constituciones (…) e inventó también el embrión de las modernas embajadas con su Consolat de Mar, una mezcla de embajada y delegación comercial que extendió por todo el Mediterráneo”. ¡En qué estaría pensando! Y concluyó: “El pueblo de Catalunya quiere que su gobierno tenga política internacional y que aborde con criterio propio los grandes debates del mundo del siglo XXI”. Estupefacto, diría yo, está la mayoría del pueblo de Catalunya ante tamañas sandeces que, a pesar de ser ya habituales, no dejan de avergonzarnos.

Vamos a ver. Una comunidad autónoma es -como cualquier otro poder público- una organización sufragada con impuestos de los ciudadanos para conseguir unos fines establecidos en las leyes. El gobierno de una comunidad no puede desviarse de estos fines, no puede utilizar su cargo para proyectar su ideología. El señor Carod quiere que Catalunya sea un Estado independiente y está en su derecho de pensarlo y decirlo. Pero como gobernante no puede utilizar los recursos públicos para actuar como si Catalunya, una comunidad autónoma, fuera ya un Estado.

Esta nostalgia de un Estado propio es lo que determina estas injustificables políticas, aún menos legítimas cuando, en tiempos de crisis, se pide una mejora de la financiación. En tiempos de crisis, la financiación se mejora ahorrando en lo superfluo y, en todo caso, se empeora derrochando.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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Ni Zapatero ni Rajoy o el liderazgo que España necesita, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía, Política by reggio on 22 enero, 2009

He de reconocer que no he sucumbido bajo el encanto de Barack Obama. Al menos no todavía. Las palabras en política, como bien es sabido, se las lleva el viento. Y ningún gestor pasa a la posteridad por el ardor de sus discursos sino por el valor social de sus acciones. La concordancia entre el dicho y el hecho se ha convertido en algo excepcional en ese manejo delegado de la cosa pública que es la democracia, pudiendo proceder las divergencias entre uno y otro de la incapacidad propia o derivada para cumplir lo prometido. En España tenemos un ejemplo palmario del primer supuesto en la figura del hombre de la ceja, incapaz de tener una visión realista de la propia situación nacional y de tomar en tiempo y forma las medidas adecuadas para contener las amenazas y reconducir las situaciones. O, al menos, de intentarlo de una forma medianamente coherente y no pegando tiros a diestro y siniestro a través de medidas deslavazadas e inconexas. Obama, por su parte, puede convertirse en un paradigma del segundo caso: imposibilidad de hacer presente en la sociedad el cambio anhelado por la ausencia de los resortes necesarios para llevarlo a cabo. Sin apenas margen en política monetaria y cambiaria, salvo ruptura dramática con sus socios comerciales y/o financiadores, todo queda en manos de un estímulo fiscal a acumular a lo ya publicitado, que es mucho en términos de peso sobre el Producto Interior Bruto de aquél país, con las implicaciones a medio plazo que eso supone. El hombre propone y el presupuesto y la realidad económica disponen. Es así.

Sin embargo, hay que reconocer al nuevo inquilino de la Casa Blanca, por caer de forma deplorable en el argot periodístico, un intangible de importancia fundamental en nuestros días: el liderazgo, entendido como la capacidad de aglutinar esfuerzos hacia una meta establecida de antemano. Obama se ha echado el país a sus espaldas, ha activado los elementos motivadores necesarios para poner a la sociedad estadounidense en funcionamiento y se ha encargado de recordar que sólo llega a su destino quien emprende el camino, no importan las dificultades. La marca electoral Podemos alude a un esfuerzo colectivo que únicamente se puede lograr mediante contribuciones individuales. Absolutamente genial. Veremos a ver cómo se dota de contenido final su proposición de partida. No lo sabe ni él. Pero al menos ha activado los resortes necesarios para poner un poquito de esperanza entre el batiburrillo diario de experiencias negativas que los fundamentos de la economía estadounidense produce. Orgulloso de su nación, de la Historia norteamericana, de los principios que rigen su patria y de los símbolos que la representan, ha sabido dotar al continente conocido de un contenido novedoso que ha generado entusiasmo inlcuso más allá de las fronteras de su país.

Igualito que en España. La pretensión de Zapatero de arrogarse un liderazgo similar al de Obama es de un patetismo que roza el esperpento. Si alguna vez pudo haber mimbres para ese cesto, cosa que dudo, ya no es el caso. No hay color, nunca mejor dicho. No sólo carece del elemento novedoso que es parte intrínseca del éxito del líder demócrata, sino que han sido sus propias actuaciones en los últimos casi cinco años de gobierno los que le han descabalgado de tal pretensión. Se lo ha ganado él solito, negando primero la crisis, minimizando su impacto después y yendo a remolque de los acontecimientos en los últimos meses. Ni diagnóstico, ni tratamiento, ni implantación. Eso por no entrar en otros elementos de carácter histórico, geográfico o social que hacen que sea contemplado por una parte relevante de la población más como un mal necesario que como un dirigente aglutinador. De hecho, lo normal en unas circunstancias como las actuales es que hubiera otro que se adjudicara su papel. Alguien capaz de presentar una alternativa susceptible de vencer de forma activa, y no por el mero curso de los acontecimientos, la tradicional inercia y pereza al cambio del votante con un poquito de sentido de estado, solidez argumental, buen equipo y mirada de futuro. Sorprende, más allá del eco mediático que la acompaña, la capacidad de Rosa Díez de asumir parcialmente ese papel sin entrar frontalmente en las cuestiones que afectan al bolsillo de los españoles, la principal preocupación de la ciudadanía en este momento. Una prueba más de la existencia de ese vacío de referencias que es una oportunidad única para el político que sea capaz de aprovecharse de ello… en beneficio de todos.

Mucho pedir, parece. Y es que, cuando a servidor le preguntan, el mensaje es invariable. El problema de España no es lo malo conocido, que también, sino la falta de algo bueno por conocer. Simplemente no hay alternativa. De la agresividad de la primera legislatura, Rajoy ha pasado a la tibieza que ha caracterizado su actuación en los últimos diez meses hasta el punto de que muchos de sus votantes se preguntan, ¿dónde está el PP? El control interno del partido es subsidiario a la labor de defensa de los principios e intereses de los votantes. Así ha de ser siempre. Pero más en un momento como el actual donde hay que mostrar toda la categoría política de la que uno es capaz, por el bien del país. Lo contrario es una perversión de la actividad pública que inhabilita a quien la ejerce, pese a que nos hayamos acostumbrado a ella. Y más cuando la nave, a pesar de sus esfuerzos, hace igualmente aguas en varios frentes. Doble error. Es de todos sabido que en un sistema de baronías como el que caracteriza a la oposición en la actualidad, el liderazgo no puede venir nunca de dentro afuera, sino de fuera adentro. El reconocimiento del personaje en el ámbito electoral es el que justifica su posición de primus inter cuasi pares dentro de la estructura organizativa. Desgraciadamente para nuestra nación, por su condición de alternativa, Rajoy ya no es percibido como un líder de puertas afuera. Lo normal es que deje igualmente de ser reconocido como tal dentro de las paredes de Génova. Al tiempo.

¿Necesita España un Obama? La respuesta para servidor es un indudable sí. La política española pide a gritos un soplo de aire fresco que ni Zapatero ni Rajoy pueden ya aportar. Están ambos amortizados, uno por exceso, otro por defecto. Un nuevo liderazgo. Alguien que, conocedor de la realidad nacional y consciente de las dificultades plurianuales que de la misma se derivan como sigamos por este mismo rumbo, sea capaz de involucrar al conjunto de la ciudadanía en una Nueva Transición que permita corregir, con una visión crítica y constructiva, los errores que se han cometido hasta ahora, sentando así las bases que han de configurar nuestro futuro en los próximos no años sino décadas. Es una tarea que parece imposible a día de hoy pero es cuestión de creérselo. Nosotros también podemos. Tenemos la Historia, tenemos la materia prima, tenemos el orgullo. No somos menos que nadie. Aún estamos a tiempo. Lo importante no es caer sino saber levantarse; la inteligencia no es no errar, sino aprender de las equivocaciones. Necesitamos esa mano que nos dé el empujón inicial, que nos devuelva la ilusión. Que nos diga, mira al que está a tu lado, él comparte tu camino, desde su región, su condición social, su formación académica y, por ende, comparte tu destino. Somos diferentes pero somos uno en busca de lo mejor para todos. Estos son palabras que, como las de Obama, mueren tan pronto se escriben. Pero que ojalá alguien haga un día realidad. Por el bien de todos.

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¿Es la Unión Europea una gran unión política o una laxa asociación de naciones?, de Ramón Tamames en Estrella Digital

Posted in Economía, Política by reggio on 22 enero, 2009

I. Sólo medidas nacionales ante una crisis global

A lo largo de la crisis económica internacional que comenzó en el verano del 2007 con las hipotecas subprime en EEUU, los distintos países de la Unión Europea fueron concibiendo planes más o menos coherentes a escala nacional para combatir la crisis. En lo que ha sido una secuencia de planteamientos estrictamente nacionales que vamos a estudiar en una miniserie de dos entregas, que comenzamos hoy.

En el contexto indicado, el premier británico Gordon Brown se decidió a acometer las turbulencias financieras con instrumentos de recapitalización de bancos; en tanto que Alemania planteó la conveniencia de mantenerse en pautas de comportamiento muy comedido, para luego verse en la tesitura de formular un gran repertorio de intervenciones. En España, ya se sabe, una serie de decisiones, algunas de ellas verdaderos palos a ciegas, luego englobados con un lazo para integrar el llamado Plan E.

Luego, en la secuencia de una serie de eurocumbres, hubo aspiraciones más o menos consistentes en la idea de llegar a la configuración de un plan comunitario anticrisis; a imagen y semejanza, en cierto modo, del TARP (Troubled Assets Relief Program), más conocido como Plan Paulson en EEUU.

El hecho es que el aludido plan comunitario, al menos a escala de la Eurozona, no fue inicialmente posible por la oposición de una Alemania neoliberal, frente al mayor intervencionismo de Francia. Lo que suscita, otra vez, en la atormentada historia de la CE/UE, la duda sobre el grado de cohesión de la Unión Europea; en cuanto a la incapacidad de tener algún día un designio común verdaderamente operativo.

Dicho de otra forma, no llegan a aunarse las fuerzas precisas para presentar un gran proyecto dentro de la comunidad económica en el escenario internacional, una presencia que habría de estar a la altura de las capacidades de la UE: el mayor PIB del mundo, la máxima cifra de comercio exterior, y una moneda ya plenamente consagrada. Amén de una gran entidad cultural, un importante desarrollo político, y un amplio despliegue de derechos humanos.

Es la eterna cuestión de si la UE está en el rumbo de convertirse en una ambiciosa formación de carácter federal, o si más bien va a seguir siendo -como a principios de la década de 1990 preconizaba John Major- una mera asociación de naciones. Pareciendo más lo segundo que lo primero, salvo en algún momento de destello comunitario para asombro de propios y extraños.

En cualquier caso, está claro que esa actitud de la UE, de “cada uno a su aire”, va contra la posibilidad de que la Unión se ponga a la altura de grandes potencias como EEUU y China. La primera, aferrada a su papel de locomotora económica internacional; y la segunda como potencia alternativa. La UE no es, pues, ni un viceóptimo de la primera, ni un elemento de balanceo amistoso de la segunda.

En definitiva, es necesaria una mayor integración en Europa, al objeto de configurar instituciones financieras coherentes, armonizadas en cuanto a su reglamentación y supervisión. Haciendo posible, entre otras cosas, que la Unión Monetaria se confirme definitivamente; no solo por sus ampliaciones sucesivas (ya 16 Estados miembros, el 1.I.09 con el ingreso de Eslovaquia), sino también por la realización de las reformas necesarias para acabar siendo un área monetaria óptima.

Un momento en que pareció que todo podría cambiar en la sucesión de trances a que venimos refiriéndonos, fue con ocasión de la visita de Sarkozy y Durão Barroso, el fin de semana del 18 y 19 de octubre del 2008, a Camp David, la sede vacacional del presidente de EEUU, donde con George W. Bush se acordó la celebración de una gran conferencia dentro del marco del G20, en Washington DC, el 15 de noviembre del 2008. Y tras esa convocatoria, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE, en reunión extraordinaria en Bruselas el 7 de noviembre del 2008, acordaron los principios -basados en reforzar la regulación y la supervisión- que su presidente de turno, Nicolas Sarkozy, defendería en la citada cumbre mundial.

Dejamos aquí, por hoy, nuestra historia y exégesis de los esfuerzos, no tan esforzados, de la UE frente a la crisis, para seguir, con narrativa e interpretación el próximo jueves 29 de enero.

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¿De dónde?, de José Saramago en su Cuaderno

Posted in Política by reggio on 22 enero, 2009

¿De donde ha salido este hombre? No pido que me digan donde nació, quienes fueron sus padres, qué estudios hizo, qué proyecto de vida diseñó para él y para su familia. Tudo esto lo sabemos más o menos, ahí está su autobiografía, libro serio y sincero, además de inteligentemente escrito. Cuando pregunto de dónde salió Barack Obama estoy manifestando mi perplejidad porque este tiempo en que vivimos, cínico, desesperanzado, sombrío, terrible en mil de sus aspectos, haya generado una persona (es un hombre, podía ser una mujer) que levanta la voz para hablar de valores, de responsabilidad personal y colectiva, de respeto por el trabajo, también por la memoria de aquellos que nos antecedieron en la vida. Estos conceptos que alguna vez fueron la argamasa de la mejor convivencia humana han sufrido durante mucho tiempo el desprecio de los poderosos, esos mismos que, a partir de hoy (podemos darlo por seguro), vestirán a todo correr el nuevo modelo y clamarán en todos los tonos: “Yo también, yo también.” Barack Obama, en su discurso, nos ha dado razones (las razones) para que no nos dejemos engañar. El mundo puede ser mejor que esto que parece una condena. En el fondo, lo que Obama nos ha dicho es que otro mundo es posible. Muchos ya lo veníamos diciendo desde hace tiempo. Talvez la ocasión sea buena para que intentemos ponernos de acuerdo sobre el modo y la manera. Para comenzar.

Esta entrada fué posteada el Enero 20, 2009 a las 8:40 pm.

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Por qué el presidente Obama tiene que curar a una economía mundial enferma, de Martin Wolf en Expansión

Posted in Economía by reggio on 22 enero, 2009

Financial Times

Pobre presidente Barack Obama. Accedió al poder debido en parte a la crisis económica global. Él mismo, la mayoría de sus conciudadanos y gran parte del resto del mundo están de acuerdo en que EEUU fue el que destrozó la economía mundial y ahora tiene el deber de repararla. Por desgracia, este consenso es falso. La crisis es un producto de la economía global. EEUU no puede curarla por sí solo.

Afortunadamente, Obama cuenta con la autoridad necesaria para liderar al mundo hacia una solución: sus manos están limpias, y su falta de deseo de exculpar a su país es evidente. A su nación y al resto del mundo también les interesa que la economía mundial alcance un equilibrio más firme. Si este esfuerzo fracasa, me temo que resurgirá el proteccionismo.

¿Cuál es entonces el fallo global? Es la maligna interacción entre la propensión de algunos países hacia el exceso crónico de oferta y la propensión opuesta de otros al exceso de demanda. Este es el tema de mi libro Fixing Global Finance. Pero la principal cuestión sobre la economía actual es que los créditos hipotecarios que apoyaron el exceso de demanda en países deficitarios se han cortado de forma repentina. A menos que esto cambie, el exceso de oferta de países con superávit también debería colapsarse. Es sencillo: a escala mundial, la oferta debe igualar a la demanda. La cuestión es simplemente cómo tendrá lugar ese ajuste.

Michael Pettis de la Universidad de Pekín expuso este argumento en Financial Times el 14 de diciembre de 2008. El profesor Pettis considera que el mundo está dividido en dos campos económicos: por un lado están los países con sistemas elásticos de financiación al consumo y un alto nivel de gasto; por otro se encuentran los países con un alto grado de ahorro e inversiones. EEUU es el ejemplo más importante del primer grupo. China lo es del segundo. España, Reino Unido y Australia eran versiones de menor envergadura de EEUU; Alemania y Japón son versiones adultas de la China actual.

He expuesto que la razón detrás de estos “desequilibrios” han sido las políticas de los países excedentarios, especialmente China, cuyos superávits han crecido con especial rapidez. Un tipo de cambio controlado, enormes reservas de divisas extranjeras y la desinfección de sus consecuencias monetarias, una severa disciplina fiscal y las retenciones de los altos beneficios de las empresas han generado tasas de ahorro muy por encima del 50% del producto interior bruto y superávits por cuenta corriente de más del 10%. La economía de los hogares parece generar menos de un tercio del ahorro total. A su vez, la inversión ha contribuido a la expansión de la oferta, incluidas las exportaciones: la proporción de las exportaciones chinas con respecto al PIB aumentó desde el 38% del PIB a comienzos de 2002 hasta el 67% en 2007.

Varios políticos, incluido Hank Paulson, el secretario del Tesoro saliente, comparten la idea de que los excesos de los países deficitarios fueron en parte una respuesta al comportamiento de los países excedentarios. Según varias fuentes, Zhang Jianhua, del Banco Popular de China, ha declarado que “esta idea es extremadamente absurda e irresponsable y una ‘lógica de gángsters’”. Bajo esta perspectiva, el modelo de déficits y superávits fue consecuencia únicamente de los políticos occidentales, especialmente de las poco estrictas políticas monetarias de la Reserva Federal estadounidense y de la expansión libre del crédito.

Sin embargo, sin importar quién fuera más responsable, hay algo claro: las enormes burbujas de los precios de los activos posibilitaron el excesivo superávit de algunos países, especialmente China. Desde la crisis financiera de los mercados asiáticos de 1997 y 1998, el mundo desarrollado –y en particular EEUU– ha experimentado, de forma sucesiva, la mayor burbuja de la bolsa y la mayor burbuja hipotecaria de su historia. Esta era ha acabado. Tendremos que hacer frente a sus repercusiones durante años.

Así que, ¿qué pasa ahora? La implosión de la demanda procedente del sector privado de países deficitarios debilitados en términos financieros puede acabar de dos formas, mediante la compensación de los aumentos de la demanda o mediante una brutal contracción de la oferta.

Si es mediante la contracción de la oferta, los países excedentarios se encuentran especialmente en riesgo, ya que dependen de la voluntad de los países deficitarios para mantener abiertos los mercados. Esa fue la lección que aprendió EEUU en los años 30. Los países con superávit disfrutan condenando a sus clientes por su derroche. Pero cuando el gasto se detiene, los primeros se ven seriamente dañados. Si intentan subvencionar su excedente de oferta, como respuesta a la caída en la demanda, el contraataque parece garantizado.

Obviamente, la expansión de la demanda es una solución mucho mejor. La cuestión, sin embargo, es ¿dónde y cómo? Actualmente, se espera que gran parte de la expansión proceda del presupuesto federal estadounidense. Dejemos a un lado la cuestión de si dará o no resultado. Ni siquiera EEUU puede soportar déficits fiscales del 10% del PIB de forma indefinida. Gran parte de la necesaria expansión de la demanda global tiene que proceder de países excedentarios.

La gestión de este ajuste es, con diferencia, el mayor reto para el grupo de las 20 economías avanzadas y emergentes, que se reunirán en Londres a principios de abril. Obama debe asumir el liderazgo. Puede –y debería– declarar que espera que estos ajustes se ejecuten, pero que comprende que llevarán tiempo. También puede apoyar medidas fiscales y monetarias excepcionales a corto plazo, si los principales socios comerciales de su país realizan los ajustes necesarios en su gasto a medio plazo. China, en especial, necesita crear una economía de consumo. Es algo que le interesa, al igual que al resto del mundo.

Sin embargo, esto no es todo lo que EEUU debería proponer. Si se quiere que la economía mundial dependa menos de burbujas destructivas, una mayor proporción del excedente mundial de capital tiene que fluir hacia inversiones en economías emergentes. El problema, sin embargo, es que estos flujos siempre han llevado a crisis. Este es el motivo por el que las economías emergentes acumularon una ingente cantidad de reservas de divisas extranjeras esta década. Es esencial, por lo tanto, conseguir que la economía mundial se muestre más abierta a la solicitud de créditos por parte de las economías emergentes.

Para ello, será necesario un mayor y más eficaz seguro frente a los riesgos sistémicos del que proporciona actualmente el Fondo Monetario Internacional. Un paso fundamental es la reestructuración del gobierno del FMI de cara a aumentar su interés hacia las necesidades de los prestatarios. Una de las ideas que debería plantear Obama debería ser la creación de un comité al más alto nivel que recomiende una completa reestructuración de las instituciones globales, de cara a disminuir los riesgos de la crisis de los mercados emergentes que precedió a la era de las burbujas de las economías avanzadas.

Seamos claros sobre lo que está en juego. Es fundamental intentar poner fin a este desastre. También es evidente que una economía mundial abierta sería insostenible si sigue dependiendo de las burbujas. El riesgo del fracaso de la globalización no puede subestimarse en este momento. Obama asistirá a la reconstrucción del sistema económico global. Es un reto que tiene que asumir.

Martin Wolf. The Financial Times Limited 2009. All Rights Reserved.

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Gatopardismo imperial, de Atilio A. Boron en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 22 enero, 2009

Finalmente llegó el gran día. Toda la prensa mundial no hace sino hablar de la nueva era abierta con el acceso de Barack Obama a la Casa Blanca. Esto confirma los pesimistas pronósticos acerca del retrógrado papel que cumplen los medios del establishment al profundizar, con las ilusiones y los engaños de su propaganda, la indefensión de la “sociedad del espectáculo”, una forma involucionada de lo social donde el nivel intelectual de grandes segmentos de la población es rebajado sistemáticamente mediante su cuidadosa des-educación y desinformación. La agobiante “obamamanía” actual es un magnífico ejemplo de ello.

Obama llegó a la presidencia diciendo que representaba el cambio. Pero los indicios que surgen de la conformación de su equipo y de sus diversas declaraciones revelan que si hay algo que va a primar en su administración será la continuidad y no el cambio. Habrá algunos, sin duda, pero serán marginales, en algunos casos cosméticos y nunca de fondo. El problema es que la sociedad norteamericana, especialmente en el contexto de la formidable crisis económica en que se debate, necesita cambios de fondo, y éstos requieren algo más que simpatía o elocuencia discursiva. Hay que luchar contra adversarios ricos y poderosos, y nada indica que Obama esté siquiera remotamente dispuesto a considerar tal eventualidad. Veamos algunos ejemplos.

¿Cambio, designando como jefe de su Consejo de Asesores Económicos a Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Bill Clinton y artífice de la inaudita desregulación financiera de los noventa causante de la crisis actual? ¿Cambio, ratificando al secretario de Defensa designado por George W. Bush, Robert Gates, para conducir la “guerra contra el terrorismo” por ahora escenificada en Irak y Afganistán? ¿Cambio, con personajes como el propio Gates, o Hillary Clinton, que apoyaron sin ambages la reactivación de la Cuarta Flota destinada a disuadir a los pueblos latinoamericanos y caribeños de antagonizar los intereses y los deseos del imperio? En su audiencia ante el Senado, Clinton dijo que la nueva administración de Obama debería tener “una agenda positiva” para la región para contrarrestar “el temor propagado por Chávez y Evo Morales”. Seguramente se referiría al temor a superar el analfabetismo o a terminar con la falta total de atención médica, o al temor que generan las continuas consultas electorales de gobiernos como el de Venezuela o Bolivia, mucho más democráticos que el de Estados Unidos en donde todavía existe una institución tan tramposa como el colegio electoral, que hace posible, como ocurriera en el 2000, que George W. Bush derrotara en ese antidemocrático ámbito al candidato que había obtenido la mayoría del voto popular, Al Gore. ¿Puede esta Secretaria de Estado representar algún cambio?

¿Cambio, producido por un líder político que quedó encerrado en un estruendoso mutismo ante el brutal genocidio perpetrado en Gaza? ¿Qué autoridad moral tiene para cambiar algo quien actuó de ese modo? ¿Cómo suponer que representa un cambio una persona que dice, como lamentablemente lo hizo Obama hace apenas un par de días a la cadena televisiva Univisión, que “Chávez ha sido una fuerza que ha impedido el progreso de la región, (…) Venezuela está exportando actividades terroristas y respalda a entidades como las FARC”? Tamaño exabrupto y semejantes mentiras no pueden alimentar la más mínima esperanza y confirma las prevenciones que suscita el hecho de que uno de sus principales consejeros sobre América latina sea el abogado Greg Craig, asesor de la inefable Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de Bill Clinton, la misma que dijera que las sanciones en contra de Irak luego de la Primera Guerra del Golfo (que costaron entre medio millón y un millón y medio de vidas, predominantemente de niños) “valieron la pena”. Craig, además, tiene como uno de sus clientes a Gonzalo Sánchez de Lozada, cuya extradición a Bolivia está siendo solicitada por el gobierno de Evo Morales para juzgarlo por la salvaje represión de las grandes insurrecciones populares del 2003 que dejaron un saldo de 65 muertos y centenares de heridos. Sus credenciales son, por lo visto, inmejorables para producir el tan deseado cambio.

En esa misma entrevista, Obama se manifestó dispuesto a “suavizar las restricciones a los viajes y al envío de remesas a Cuba”, pero aclaró que no contempla poner fin al embargo decretado en contra de Cuba en 1962. Agregó además que podría sentarse a dialogar con el presidente Raúl Castro siempre y cuando “La Habana se muestre dispuesta a desarrollar las libertades personales en la isla”. En fin, la misma cantinela reaccionaria de siempre. Un caso de gatopardismo de pura cepa: algo tiene que cambiar, en este caso el color de la piel, para que nada cambie en el imperio.

Atilio A. Boron. Politólogo.

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El tiempo de Obama, de Alejandro Nadal en La Jornada

Posted in Internacional, Política by reggio on 22 enero, 2009

Pasó el momento de la toma de posesión. Comienza el tiempo de Barack Obama. Y como prestó juramento sobre la Biblia, habrá que recordar lo que dice el Eclesiastés (3:7): “hay un tiempo para hablar y un tiempo para callar”. Ahora llegó el momento de actuar.

En el plano doméstico, la peor crisis financiera y económica desde la gran depresión parece incontenible. Muy pocos entienden las raíces profundas de esta debacle, el origen de su virulencia o las causas de su tenacidad. Los esfuerzos para superarla no han surtido efecto. Aún antes de las elecciones, Obama se vio obligado a votar por el paquete de rescate de 700 mil millones de dólares para los bancos y grupos financieros de Wall Street. Ya se entregó la mitad y, sin embargo, el crédito sigue sin fluir.

Se dice que desde el primer día exigirá a los bancos que comiencen a prestar. Pero las cosas no son tan sencillas. Si bien la Reserva Federal ha reducido la tasa de interés a su nivel histórico más bajo, los agentes económicos saben que no es una buena idea pedir prestado en un contexto deflacionario. Así que por el lado fiscal y monetario, las cosas no pintan nada bien. Quizás por eso en su discurso de ayer Obama no hizo referencias a la regulación bancaria ni al colosal déficit fiscal que marca las finanzas públicas de ese país.

Sí habló de la necesidad de rehacer la infraestructura y el sector energético, controlando el sol y el viento. Esta referencia a las fuentes renovables de energía es un presagio de un gigantesco plan de estímulo con fondos públicos para generar empleo en estas actividades y que será anunciado en breve. Habrá que ver si la estructura del mercado laboral permite alcanzar ese objetivo, pues no será fácil reconvertir a la fuerza de trabajo del sector servicios hacia la construcción y el sector energía.

En el plano de las relaciones económicas internacionales, la situación de la economía estadunidense es paradójica. Por un lado, sufre debilidad extrema: el déficit externo no se corregirá a menos que venga una gran contracción, con todos sus costos sociales, a enderezar las cosas. Por otra parte, Estados Unidos se ha convertido en el deudor de última instancia en el planeta. A pesar de ello, y precisamente por las gigantescas asimetrías que ya pesan sobre la economía mundial, su moneda ha podido pasar por un relativo fortalecimiento. Todo esto entraña grandes peligros para la economía mundial, pero lo cierto es que su poder e influencia económicos siguen y seguirán declinando.

La pérdida de autoridad en la arena internacional no parece ser entendida por la clase gobernante de Estados Unidos. Las guerras, que tan profundamente han marcado su cultura y su mentalidad, siguen siendo vistas como episodios en los que se libra una batalla de dimensiones épicas entre el bien y el mal. Para esa elite gobernante, Estados Unidos estuvo siempre del lado del bien. Y la gran hazaña de ese país es que aunque a veces se haya equivocado de guerra, nunca se equivocó de lado. Por eso en su discurso, Obama hizo referencia al sitio de Khe Sanh (en la absurda guerra de Vietnam) y habló de los que allí cayeron como mártires de la libertad.

Obama ordenará en breve el retiro de tropas de Irak. En realidad, Bush ya había anunciado un proceso similar y hasta se ha aprobado el acuerdo con el gobierno títere de Maliki. Por eso han cesado los combates y las bajas estadunidenses, porque la resistencia iraquí comprendió que no necesita desgastarse más. Pero si Obama quiere retirarse de Irak, en cambio quiere incrementar la presencia militar en Afganistán. Ahí se está gestando otro Vietnam. Es extraño que el presidente entrante no lo perciba así.

Pero quizás su primer gran error se relacione con la ofensiva israelí en Gaza. Su única declaración revela que acepta la narrativa dominante que presenta a Israel como el pequeño David que sólo se defiende de unos terroristas fanáticos. La verdad es que la masacre en Gaza dejará una profunda cicatriz en toda la región durante décadas. Por eso, aun si Obama quiso hacer suya esa versión de los medios masivos estadunidenses (lo cual ya es algo grave), debió matizar su declaración señalando que cuando se utiliza el argumento de la autodefensa, el derecho internacional exige respeto al principio de la proporcionalidad. Pero de haberse percatado de lo anterior, hubiera concluido que el saldo sangriento de la ofensiva israelí no tenía nada que ver con la autodefensa. Obama comenzó con el pie izquierdo en la región más conflictiva del mundo. Ojalá sólo sea un tropiezo y no revele una forma de mirar los complejos problemas políticos del mundo contemporáneo.

Hay que otorgar a Barack Obama el beneficio de la duda, porque ha demostrado en más de una ocasión que es capaz de superar enormes obstáculos. Ciertamente el pueblo de Estados Unidos tiene grandes esperanzas y eso es bueno. Pero no debe olvidar un refrán: aquel que vive nutriéndose sólo de esperanza, corre el riesgo de morir en ayunas.

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