Reggio’s Weblog

Euskadi y algo más, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 3 marzo, 2009

La estricta matemática parlamentaria sugiere, tras los resultados electorales del pasado domingo, la formación del primer gobierno no nacionalista en Euskadi desde 1979… ¿o no?

De entrada, vuelve a ponerse sobre la mesa la procedencia o no de considerar la candidatura a presidir el gobierno del cabeza de la lista más votada; una tesis que ha discurrido lo suficientemente quebrantada como para que esgrimirla suene a inútil intento de autoconsolación. Dicho lo cual, tampoco se puede pasar por alto que unas sumas son más fáciles que otras ni la incidencia que los pactos en la comunidad autónoma pueden tener en un Congreso de los Diputados en que ningún partido ostenta la mayoría absoluta. Y resta todavía un tercer factor a tener en cuenta: las difíciles relaciones que, en términos generales, mantienen PSOE y PP y sus respectivas expectativas cara a los próximos comicios europeos del mes de junio, librados en distrito único a nivel estatal.

Yendo por partes, a nadie escapa que el Gobierno que encabeza Rodríguez Zapatero necesita mantener un horizonte de alianzas parlamentarias que refuercen su exigua mayoría. Cabe preguntarse, por tanto, hasta qué punto puede permitirse una ruptura con los nacionalistas vascos, añadida a las relaciones cada vez más difíciles que mantiene con Convergencia i Unió. Lo que, a su vez, conduciría a considerar la posibilidad de una reedición del pacto PNV-PSE para formar ejecutivo en Vitoria, aunque ello acarrease con casi asegurada probabilidad la sustitución de Ibarretxe como lehendakari; algo que, por cierto, quizás no desagradara del todo a sectores del propio PNV.

No es ningún secreto que una parte relevante de la dirección socialista, incluido el propio Rodríguez Zapatero, apuesta por una colaboración más estrecha con el nacionalismo moderado, a modo de fórmula idónea para reforzar el perfil centralista e inmoderado del PP en los territorios con mayor sensibilidad autonomista. Son notorios la incomodidad que causa el tripartito que gobierna Cataluña y el diseño de gobierno socioconvergente por el que apostaba Moncloa tras las elecciones posteriores a la revisión del Estatut. Un escenario que se encargó de frustrar el líder catalán, José Montilla, nada inclinado a ceder a Artur Mas -lista más votada- la presidencia de la Generalitat. ¿Es equiparable el escenario abierto en Euskadi?

La otra hipótesis manejada desde la noche electoral, bien es verdad que con carácter relativamente mayoritario, sitúa al socialista Patxi López al frente del ejecutivo vasco. Requeriría, como es lógico, el apoyo de los 13 parlamentarios del PP y acaso del único representante de UPyD, dependiendo del desenlace final del recuento del voto inmigrante en Álava, que bien podría sumar un nuevo escaño al PSE, en detrimento de EA. Ahora bien, ¿cómo materializar ese apoyo? Cabe pensar en un gobierno de coalición PSE-PP o un acuerdo de legislatura, dando apoyo a un gabinete socialista monocolor. Seguramente es pronto para inclinarse hacia una u otra opción, pero la expectativa de un ejecutivo estrictamente minoritario que, entre otras cosas, estaría llamado a convivir con tres diputaciones de mayoría nacionalista, sugiere un riesgo de inestabilidad que podría acabar haciendo efímera la experiencia.

Lo resultante en Euskadi no será en absoluto neutral en términos de política estatal. Privar al PNV de poder gubernamental en Vitoria resta potenciales apoyos al gobierno socialista en el Congreso de los Diputados y obliga, bien a tejer alianzas más estrechas -¿estables?- con los nacionalistas de CiU, bien a pergeñar algún tipo de pacto de Estado para los asuntos más vidriosos con el PP.

Lo primero tiene que superar el escollo de Cataluña, donde CiU fue el partido más votado en las últimas elecciones autonómicas, pero se vio privado del poder como consecuencia de la alianza entre PSC, ERC e IU. Lo segundo choca con las revitalizadas aspiraciones del PP de vencer con holgura en los comicios europeos del próximo junio y las dificultades de obtener algo a cambio de su apoyo al Ejecutivo socialista.

Sin perjuicio de todo ello, valdría la pena reflexionar sobre la evidente oportunidad que tienen los dos grandes partidos de colocar la excepcionalidad por encima de sus aspiraciones partidistas. La situación en Euskadi lleva siéndolo desde hace más de tres décadas. La economía lo es desde hace más de un año. ¿Suficiente para que dejen de únicamente pelearse, día sí, día también?

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