Reggio’s Weblog

Frenar a Rusia y controlar su petróleo, de Frida Modak en Gara

Posted in Economía, Internacional, Política by reggio on 9 septiembre, 2008

El artículo de Frida Modak toma como punto de partida el conflicto en Georgia para analizar en profundidad la actualidad en política internacional. La que fuera secretaria de Prensa de Salvador Allende explica con claridad la relación de poderes que define el delicado equilibrio mundial y avanza que éste, como en Georgia, puede volver a romperse.

El conflicto producido en Georgia no es nuevo ni surgió por casualidad. Se trata de un asunto que se viene arrastrando desde hace años, en el que hay que considerar tres aspectos importantes. Por un lado la recuperación de Rusia, lo que sitúa a ese país nuevamente entre los grandes, a lo que se agrega la dependencia de los europeos del petróleo ruso y la pugna por la hegemonía mundial que Estados Unidos está perdiendo. Georgia no figuraría en esta historia si no fuera por su ubicación geográfica, que su presidente y Bush están utilizando para sus propios fines.

Sin embargo, la imagen que se ha proyectado del asunto es totalmente diferente y la responsabilidad recae en los medios de comunicación que, mayoritariamente y a nivel mundial, están en manos de los grandes grupos de poder económico, los que también participan en la pugna por la hegemonía, porque de la forma en que se resuelva depende el futuro de sus negocios. No es un tema menor y, sin embargo, no se está tratando como debiera.

En este marco, Georgia atacó a la separatista Osetia del Sur, que quedó en su territorio porque formaba parte de la República Socialista de Georgia, que a su vez pertenecía a la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. Los osetios del sur, rusos en su mayoría, han manifestado siempre su deseo de unirse a Osetia del Norte, lo que les es negado. En igual situación se encuentra la también separatista Abjasia, ubicada al lado opuesto de Osetia del Sur.

Estas dos regiones tienen importancia geopolítica y económica no por sí mismas sino por el lugar que ocupan. Ambas limitan con Rusia, Abjasia sale al Mar Negro, que es un punto estratégico para Rusia, que enfrenta dos situaciones clave para su futuro, por un lado la expansión de la OTAN y por el otro la instalación en las ex repúblicas soviéticas que se encuentran en su entorno de los misiles antibalísticos de Estados Unidos, todo lo cual se relaciona con la riqueza petrolera rusa.

La OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), que originalmente abarcaba a Europa Occidental y Estados Unidos, se ha ido ampliando hacia el oriente, para incluir gradualmente a los países que antes formaron parte de la Unión Soviética, lo que de hecho ha ido cercando a Rusia. Esta situación ha sido discutida por la OTAN y Rusia en diferentes reuniones y se había traducido hasta ahora en una actitud cautelosa de los europeos, que dependen en gran medida del abastecimiento energético que le proporciona Rusia. Justamente por eso, el ingreso de Georgia y Ucrania en la OTAN había quedado en suspenso.

Alemania y Francia, en particular, habían sido los más cautos y en la práctica le propinaron una gran derrota a George Bush en la reunión de la OTAN efectuada en abril de este año en Bucarest, la capital rumana, donde no se aprobó el ingreso de las dos ex repúblicas soviéticas mencionadas. En compensación, el presidente francés ofreció considerar el reingreso total de su país a la OTAN una vez que concluya su período como presidente de la Unión Europea. De esa manera, el asunto de Georgia y Ucrania no fue rechazado sino que quedó en espera.

Los acontecimientos de Osetia del Sur no han alterado el acuerdo de Bucarest, que es lo que obviamente se buscaba por la parte georgiana y estadounidense. No parece casual que Georgia enviara tropas a Osetia y desencadenara el conflicto, como algunos ya lo están reconociendo, y que eso sirviera, además, para opacar los Juegos Olímpicos de China, o que los hechos coincidieran en el tiempo con un nuevo aniversario de la intervención soviética en la ex Checoslovaquia, que se cumplió el miércoles pasado. El manejo mediático del asunto georgiano ha buscado sugerir una similitud.

Al amparo de este conflicto, que para muchos fue promovido por Estados Unidos, país que ha armado y entrenado a las fuerzas armadas de Georgia, la administración Bush ha pretendido adoptar una postura de defensor de los principios que paralelamente está violando en otras áreas. El mandatario estadounidense declaró que «Rusia debe cumplir con el acuerdo y retirar sus fuerzas y, por supuesto, poner fin a las operaciones militares. Este acto es completamente inaceptable para todos los países libres del mundo».

¿Se le olvidó a Bush que él ordenó la invasión de Afganistán e Irak? Su secretaria de Estado, Condoleeza Rice, era partidaria de imponer «castigos» a Rusia, pero sus ímpetus no encontraron acogida, especialmente en el canciller alemán, que fue de la opinión de solucionar la crisis con consulta y negociación con Rusia. Pero Rice, que promovió la teoría de la guerra preventiva para invadir Irak con base en acusaciones falsas, estaba realmente exaltada, formuló amenazas en nombre de la OTAN y atacó en forma desusada a Rusia, asegurando que su reputación estaba «hecha trizas».

Y es que para la administración Bush el tiempo se está acabando y los objetivos del grupo gobernante no se han alcanzado. Lejos de consolidarse como la potencia hegemónica todopoderosa en un mundo unipolar, Estados Unidos enfrenta múltiples desafíos. Todos los análisis apuntan a que en el futuro surgirán cuando menos tres centros de poder mundial: la Unión Europea, la región conformada por Rusia, China, India y el sudeste asiático en general y que Estados Unidos tendrá que buscar su ámbito para seguir siendo potencia. Esto último fue planteado en un libro por un grupo de generales europeos pertenecientes a la OTAN. La búsqueda de ese entorno es la gran amenaza que pende sobre América Latina, porque los otros dos centros de poder también miran hacia nosotros.

Esa es otra de las razones para que se haya hecho explotar el conflicto en Georgia. Rusia está en condiciones de llegar a acuerdos políticos y económicos con países que Estados Unidos considera su área de influencia, concepto que ya está abolido de hecho en el mundo global, pero los estadounidenses sólo ven las ventajas que les aportan los tratados de libre comercio y los negocios que pueden hacer sus clanes económicos, entre ellos el de los Bush.

Los europeos tienen más claro que las áreas de influencia defendidas por Washington ya no existen, pero ni a ellos ni a Estados Unidos les conviene admitirlo, porque es franquearle el paso a Rusia, que se lo ha abierto por sus propios medios, al igual que China. Lo sucedido en Georgia se inscribe en este panorama y quedan aún otros asuntos que provocarán nuevos problemas, como la confrontación ruso-estadounidense por el Ártico, región de gran riqueza, donde ambos reclaman derechos.

Al próximo presidente de los Estados Unidos le esperan muchos problemas y, mientras termina su mandato, George Bush debería hacerle caso a Paul Craig Roberts, economista republicano que fue Secretario del Tesoro Asistente en el gobierno de Reagan, quien escribió un excelente artículo titulado «Presidente Bush, cállese, por favor», publicado en Counterpunch, donde formula quemantes acusaciones al mandatario, a sus colaboradores y a toda su gestión de gobierno, afirmando que Estados Unidos no es una potencia y recuerda que «El 12 de agosto, 2008, Pravda (diario ruso) también ridiculizó a Bush con: `¿Bush, por qué no se calla?’».

Frida Modak. Periodista.

© Alai-amlatina

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En el nuevo cuadro geopolítico, de Frida Modak en Gara

Posted in Internacional, Política by reggio on 8 agosto, 2008

Modak, quien fuera secretaria de Prensa del presidente Salvador Allende, analiza la nueva situación a la que, en el contexto de la crisis mundial, se enfrenta toda Latinoamérica, desde México a la Antártica. Dados el interés de las grandes potencias por los recursos de la región y la batalla que se está librando por la hegemonía en la zona, la periodista chilena concluye que «se está diseñando un nuevo mapa geopolítico y nos toca decidir si seremos sujeto u objeto». Un nuevo escenario en el que la defensa común de esos recursos es vital para los países del sur.

La crisis económica estadounidense, que el país del norte transmitió al resto del mundo, está generando cambios importantes en América Latina, a los que no sólo hay que observar, sino acompañar para que desemboquen en lo que a la región le conviene. En las últimas semanas se han producido dos reuniones que tienen que ver con América Central, las que ilustran el cambio a que nos estamos refiriendo.

Una de ellas fue la Décima Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Mecanismo de Diálogo y Concertación de Tuxtla, que culminó el 28 de junio pasado en Villahermosa, México, en la que se reafirmaron los objetivos del Plan Puebla Panamá, al que se le cambió el nombre y en una denominación abreviada se le llamará Proyecto Mesoamérica. A ella asistieron los mandatarios y jefes de gobierno de los países miembros: Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá, así como República Dominicana en su calidad de Estado Asociado del Sistema de la Integración Centroamericana, SICA, y el presidente de Colombia, país que es parte del Plan Puebla Panamá, hoy Proyecto Mesoamérica. Uno de los aspectos al que se le dio especial importancia y que abarcó 9 de los 60 puntos de la declaración final fue lo relativo al combate a la delincuencia organizada y a la adhesión a la Iniciativa Mérida financiada por Estados Unidos.

La otra reunión fue la Quinta Cumbre Extraordinaria de Petrocaribe, efectuada el 13 de julio en Maracaibo, Venezuela. Participaron los presidentes y jefes de gobierno de Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Cuba, Dominica, Granada, Guayana, Haití, Honduras, Jamaica, Nicaragua, República Dominicana, San Cristóbal y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam y Venezuela. Costa Rica asistió como observador. En esta ocasión se establecieron los nuevos términos en que Venezuela proporcionará petróleo a los miembros de Petrocaribe, los que mientras el combustible siga cotizándose sobre los 100 dólares tendrán un descuento y pagarán el 40 por ciento a los 90 días de recibido y el resto a 25 años. Si el precio supera los 200 dólares, pagarían el 30 por ciento a 90 días y el resto a largo plazo. Hasta ahora se pagaba el 50 por ciento a 90 días y el resto a 25 años, con dos años de gracia y un interés del uno por ciento.

Nuevas presencias. El contraste entre ambas reuniones ha dado origen a interesantes análisis. Hasta comienzos de los años noventa, las áreas de influencia o presencia de los países más grandes de América Latina estaba bastante clara. México ejercía un liderato en América Central, pero tenía escasa presencia en el Caribe, exceptuando el alto nivel de sus relaciones con Cuba. Por su parte, Venezuela tenía presencia, más que influencia, en el Caribe y no en Centroamérica, a la que se acercó más cuando integró el Grupo de Contadora. Brasil estuvo bajo un régimen dictatorial hasta fines de los ochenta, al igual que los países del cono sur.

Restablecida la democracia en América Central y del Sur, el cuadro se ha modificado, como lo están constatando también analistas vinculados a organismos internacionales relacionados con América Latina. Se habla de lo que se califica como el desplazamiento de México de América Central y la presencia de Venezuela y Brasil en esa área en particular y en el Caribe y América del Sur en general. Aunque a menudo se intenta presentar a los presidentes Lula y Chávez como antagonistas, los acontecimientos se encargan de mostrar sus coincidencias.

En lo que a América Central se refiere, cabe recordar que al constituirse Petrocaribe el año 2005, participaron en su creación sólo países del Caribe y los proyectos estaban referidos tanto a precios preferenciales del petróleo, como también a la construcción y remodelación de refinerías. Los países centroamericanos recibieron del Gobierno de México el ofrecimiento de instalar gasolineras de PEMEX, de remodelar las viejas refinerías que ya no funcionaban y cuotas de petróleo rebajado. Este fue el origen de la controversia entre los presidentes Chávez y Fox, por la forma en que éste último se refirió al proyecto venezolano.

Pasados los años la oferta mexicana no se concretó. Incluso ha trascendido en el medio diplomático que en su entrevista con el entonces mandatario guatemalteco Oscar Berger, el presidente Calderón le habría manifestado que su país no estaba en condiciones de venderle la cantidad de petróleo que su antecesor había ofrecido. Las refinerías tampoco se remodelaron ni se instalaron las gasolineras. El alza de los precios del petróleo le costó a las naciones centroamericanas centenares de millones de dólares y, finalmente, a pesar de las presiones estadounidenses Honduras y Guatemala ingresaron a Petrocaribe y con ello a un proyecto de desarrollo regional que contempla también inversiones y generación de empleos.

Un nuevo perfil. En este contexto y en medio de la crisis económica que ya se admite como tal, América Latina, desde México a la Antártica se enfrenta a una nueva realidad. Nuestros recursos siempre han sido codiciados, pero hasta hace algunos años Estados Unidos se atribuía derechos que nadie le había concedido en lo que consideraba su área de influencia. Pero cuando en los setenta empezaron sus problemas económicos y para sortearlos se abrió a otro tipo de colaboración con Europa Occidental, ésta también empezó a incursionar en nuestros países. Hoy los europeos le disputan la hegemonía y ambos enfrentan el desafío ruso-asiático.

Resulta, entonces, que se nos ve como los que vamos a mantener a Estados Unidos como potencia en un mundo que ya no será unipolar o como parte de un nuevo alineamiento del sur. Esto significa que mientras se definen los futuros centros de poder vamos a ser objeto de innumerables presiones. La Amazonia y la Antártica esconden enormes recursos y ya los países llamados desarrollados están formulando reclamos sobre esos territorios. Si Estados Unidos no consigue el acceso a la Amazonia a través de Colombia, Centroamérica y el Caribe son otra vía. Gran Bretaña quiere la Antártica y los yacimientos petrolíferos que ha descubierto Brasil son una tentación, al igual que los del Golfo de México.

Este nuevo perfil que ha adquirido el subcontinente no ha sido aquilatado como corresponde. Brasil y Venezuela lo tienen claro. Los brasileños van a custodiar su petróleo con submarinos nucleares y están comprando nuevos aviones. Venezuela hace ya un tiempo que ha cambiado a sus proveedores de armamento, su presidente acaba de estar en Rusia y buscan una alianza estratégica ante la crisis. A iniciativa de Lula la Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, creó un Consejo de Seguridad cuya importancia es obvia, tanto como la necesidad de abandonar esquemas que ya colapsaron. Se está diseñando un nuevo mapa geopolítico y nos toca decidir si seremos sujeto u objeto.

Frida Modak, periodista

© Alai-Amlatina

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