Reggio’s Weblog

Para que todo siga igual, de Ángel Gabilondo en La Vanguardia

Posted in Ciencia, Educación, Libertades, Política, Sociedad by reggio on 2 marzo, 2009

Es evidente que no se insiste lo necesario en los mecanismos y procedimientos, en las coartadas, de los expertos en paralizar, en frenar toda iniciativa. Determinadas acciones sólo persiguen perpetuar el actual estado de cosas, “cambiar para que nada cambie”, dicen manidamente. Quizá, pero es llamativo que para algunos lo que se propone sea siempre insuficiente, inadecuado, inoportuno. Habría que hacer otra cosa, que no se concreta y que, en su caso, es de tal alcance e importancia que lo que la define es que resulta inviable. Hegel caracteriza así al alma bella,que, entusiasmada por los grandes ideales, no acaba de encontrar ninguna acción que esté a su altura y no hace nada, salvo deshacerse “en una nostálgica tuberculosis”.

Necesitamos los grandes planteamientos, las visiones globales, los análisis de alcance, pero no es cuestión de organizar en cada caso un simposio. Cuando hay una propuesta concreta, una posibilidad de hacer, irrumpen los peritos en bloquear. Debería antes resolverse no sé qué otro asunto, o tener en cuenta otros aspectos, o protegerse ante posibles efectos, o esperar a momentos más oportunos. No es la previsión o el cuidado lo que incomoda, sino esa reiterada actitud, en nombre de la realidad, que disfraza de prudencia lo que es temor y consagración del statu quo. No cuestionamos la buena voluntad de quienes desalientan toda iniciativa. No es eso lo que ahora nos ocupa. Supongamos, como un indicio más de nuestra poca picardía, que siempre la tienen. Aun así, y con independencia de su intención, funcionarían como un permanente obstáculo. Ni estimulan, ni incentivan, ni promueven, ni motivan. Hablan, y una nube grisácea lo invade todo. Quizá entonces podríamos proseguir la letanía de denuncias, de lamentos que irrigan desazón. Debería haber sido desde el principio de otro modo, ahora mismo no está bien orientado, de depender de ellos sería mejor, pero no hay manera de construir, de articular, de vertebrar nada sobre sus intervenciones, que adoptan la forma de discursos para desalentar. No es necesario que sean apocalípticos. Basta que constituyan una mezcla indiscriminada de reflexiones y de ocurrencias, aderezadas con casos prácticos, para ofrecerse como supuestamente más realistas.

En muchas ocasiones, los agoreros se limitan a estimular la resignación, la rendición. Lo que se puede hacer se frena en nombre de lo que sería ideal, en nombre, dicen, de lo que debería hacerse. Desconocen el ir paso a paso, poco a poco, sorbo a sorbo. Siempre todo ha de ser de una vez y disfrazan de contundencia su falta de insistencia, persistencia, consistencia, resistencia. Como lo perfecto no está a nuestro alcance, quedémonos como estamos. Dicen ser críticos, pero son conservadores. Comprenden los deseos de los que propician cambios y transformaciones, pero para eso, señalan, no merece la pena. Resulta interesante su aportación como estímulo, como aliciente, como límite, como desafío, y han de tenerse en cuenta, pero no es fácil contar con ellos. De darles la razón, simplemente todo se detendría. Tal vez en caso de ignorarles sería peor, pero de imponerse su supuesto realismo nunca modificaríamos la llamada realidad, por cierto ni insuperable, ni magnífica. Y lo que aún es más decisivo, ni justa. Es tal el alcance y radicalidad de su posición que en definitiva parece ser que no hay nada que hacer, sobre todo si se desea que suceda a la vez, es decir, nunca.

Por eso estimamos tanto la acción seria y rigurosa, el trabajo cuidadoso y continuo, la dedicación permanente y coherente frente a otras modalidades más espectaculares que, en definitiva, con el rostro de la audacia y del arrebato, son formas de entorpecimiento y de vagancia. No debemos ignorar que, en ocasiones, las dificultades no provienen de quienes se oponen radicalmente a los proyectos, sino de quienes diciendo perfilarlos, matizarlos, problematizarlos, reabrirlos, en lugar de procurar un debate desautorizan cualquier iniciativa. Entre otras razones, porque ese necesario cuidado previo se convierte para ellos no en un lugar de paso, sino en un lugar de residencia. Y siempre deberían ser las cosas de otra manera. Y siempre no se ha hecho como cabe hacerse. Y siempre no ha ocurrido lo preciso. Y siempre, siempre, nos quedamos donde estamos. Y en nombre de lo que sería mejor hacer.

Desde la constatación de que en muchos ámbitos es indispensable modificar el actual estado de cosas, no por afán de novedades, sino porque simplemente no están bien, es preciso procurar programar los tiempos, impulsar un espacio en el que quepan los discursos sin necesidad de coincidir. No es aceptable que no demos con el modo de que haya un consorcio de las buenas voluntades, de lo que alguien denominó no la buena voluntad de poder, sino el poder de la buena voluntad. Hemos de lograr que sea además de bienintencionada, eficiente y transformadora. De lo contrario, tantas palabras, tantas reuniones, tantas presentaciones, tanta explicación sin comprensión, sin efectiva conversación, ofrecerían la coartada a quienes se empeñan en la brocha gorda de los argumentos grandilocuentes e ignoran el necesario pincel de los buenos motivos. Sus precauciones, sin pretenderlo, colaborarían también para que todo siga igual.

ÁNGEL GABILONDO, rector de la Universidad Autónoma de Madrid.

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El lehendakari será Patxi López si Zapatero le deja pactar con el PP, de Jordi Barbeta en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 2 marzo, 2009

LA CRÓNICA

Las urnas hacen posible el cambio histórico en el País Vasco. Ahora sólo falta que se confirme la voluntad política. Y todo depende del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Euskadi tendrá por primera vez un lehendakari no nacionalista, el socialista Patxi López, siempre y cuando Zapatero autorice la formación de un gobierno presidido por López pero apoyado por el Partido Popular y si es necesario también por el partido antinacionalista de Rosa Díez, Unión Progreso y Democracia (UPyD).

Al presidente del Gobierno le cae encima una enorme responsabilidad en el peor de los momentos. A la derrota en Galicia se le suma el resultado que más temía en el País Vasco: los socialistas han vuelto a perder las elecciones, pero se han situado en condiciones de liderar una incómoda mayoría con PP y UPyD. De llevarse a cabo esa operación, el Gobierno del PSOE se quedará prácticamente sin aliados estables en el Congreso de los Diputados y tendrá que hacer frente a la crisis económica en una situación política muy precaria. Además, teniendo en cuenta esos apoyos la orientación política del Gobierno de Vitoria daría un giro de 180 º en asuntos sensibles como la lucha antiterrorista o la política lingüística, lo que inevitablemente tendría repercusiones imprevisibles en el conflicto vasco.

Es evidente que Zapatero vivirá más tranquilo con un pacto PNV-PSOE con lehendakari nacionalista, pero las presiones en sentido contrario empezaron anoche mismo. Los medios afines a PSOE y PP ya daban por hecho que López será el próximo lehendakari. Hay quien no descarta que Patxi López haga como José Montilla con el tripartito, es decir, que prescinda de las directrices del PSOE y decida negociar por su cuenta su elección como lehendakari. Ante esa posibilidad, en Bilbao se repetía estos días: “Ni Patxi es Montilla, ni el PSE es el PSC”.

La primera intención de López será pactar con el PNV, pero con él de lehendakari. Por eso dijo anoche que “se ha acabado el tiempo de los frentes” y apostó por “el acuerdo entre diferentes” pero proclamó: “Me siento legitimado para liderar el cambio”,.

El PNV, en tanto que lista más votada, no va a ceder. Ibarretxe, que no es exactamente el PNV, tampoco parece dispuesto, y hay quien ve la posibilidad de que el pacto PNV-PSOE implique el relevo de Ibarretxe por Izaskun Bilbao, la actual presidenta del Parlamento. Es un trueque complicado pero tanto o más deseado por algunos nacionalistas, pero, aún en ese caso, lo de Patxi López sería una renuncia y tendría consecuencias internas. Eso sí, el gobierno vasco ya no sería un gobierno exactamente nacionalista,

Decida Zapatero o decida Patxi López, el PP les va a poner muy difícil la renuncia a la lehendakaritza. El líder del PP vasco, Antonio Basagoiti, ya dijo anoche: “Ha ganado el cambio y si el PSE no ha engañado durante la campaña, habrá cambio”.

Zapatero vivió ayer su primera derrota política, pero logró, por activa o por pasiva, algo importante que no consiguieron Aznar, ni Mayor Oreja. Por primera vez en España ya no hay gobiernos nacionalistas. En las comunidades autónomas, se entiende.

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El triunfo del cambio, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 2 marzo, 2009

A FONDO: VUELCO ELECTORAL

Triunfó el cambio. En Galicia y en el País Vasco. Los nacionalistas salen derrotados en una jornada histórica que permitirá, por primera vez en democracia, establecer un gobierno no controlado por el PNV en Euskadi.

El triunfo del PP en Galicia y, en menor medida, la resistencia de Antonio Basagoiti en el País Vasco (donde el PP obtiene 13 escaños) suponen un balón de oxígeno para Mariano Rajoy, que ha revalidado con estos resultados su triunfo en el congreso de Valencia. El líder del PP encara ahora las elecciones europeas con moral de triunfo y se quita de encima las especulaciones sobre su futuro a corto plazo.

Si alguien pensó que el caso Gürtel, la investigación sobre una supuesta trama de corrupción en el PP, iba a ser la puntilla para el principal partido de la oposición, ha errado el tiro.Los electores no han castigado a Rajoy porque la instrucción de Garzón y la falta de ética de Bermejo han pesado más que las sospechas sobre la financiación irregular de su partido. Zapatero no sólo ha tenido que destituir a su ministro de Justicia, sino que no ha obtenido ninguna rentabilidad política del acoso judicial al principal partido de la oposición.

Sin embargo, lo que sí parece que ha pesado, y mucho, sobre todo en Galicia, ha sido la crisis económica. Estas han sido las primeras elecciones en las que los ciudadanos han podido calificar con su voto la gestión económica del Gobierno. El fuerte aumento del paro y la sensación de que las medidas adoptadas por Zapatero no han servido de mucho, han llevado a los electores a castigar a un PSOE que se veía como triunfador en Galicia hace tan sólo unas semanas.

Lo que ha ocurrido en el País Vasco merece un análisis detenido.Eran los primeros comicios en los que no había ningún partido filial de ETA. En el Parlamento vasco hay todavía nueve representantes de EHAK (Partido Comunista de las Tierras Vascas), ilegalizado por el Tribunal Supremo y que pudo pasar el filtro de la legalidad hace cuatro años gracias a que el Gobierno tenía ya previsto iniciar negociaciones con ETA.

No se sabía qué podía ocurrir con ese caudal de votos. Ibarretxe ha hecho su campaña pensando en pro ahijar en el PNV a los huérfanos de Batasuna. El PNV obtuvo 29 escaños en 2005. Con que sólo la mitad de los votantes radicales hubiera decidido apoyar a Ibarretxe como voto útil, el lehendakari habría salvado los muebles. Es decir, habría podido formar gobierno en coalición con EA-EB y, eventualmente, con Aralar (por cierto, uno de los grandes triunfadores de la noche, porque Patxi Zabaleta sí que ha sabido encandilar al voto proetarra).

Sin embargo, eso no ha sido posible. A pesar de que el PNV ha apelado al voto del miedo; a pesar de que sus bases se han movilizado febrilmente a lo largo y ancho de todo el País Vasco, especialmente en Vizcaya; a pesar de la fuerte ofensiva mediática, los nacionalistas no han conseguido su objetivo: lograr al menos 38 escaños.

Esta ha sido la mejor demostración de que lo que la Euskal Herria que tiene Ibarretxe en su cabeza tiene poco que ver con la realidad del País Vasco. Después de casi 30 años ininterrumpidos de gobierno, después de tres décadas de clientelismo político, los nacionalistas no han conseguido lograr su sueño más querido: conformar una sociedad adicta a sus postulados, uniforme y recelosa de España.

Los no nacionalistas han ganado por fin. Felicidades para el PSE, para Patxi López y, por qué no, para Zapatero, que ha diseñado una estrategia que ha dado sus frutos con el tiempo.

El PP al que muchos auguraban una dura derrota, tras la crisis interna que supuso la salida de su figura más carismática, María San Gil, ha resistido bastante bien las embestidas de sus contrincantes.Basagoiti ha salido consolidado de estos comicios, a pesar de no ser un dirigente con suficiente fuerza y experiencia como hubieran requerido los retos a los que se enfrenta la comunidad autónoma más conflictiva de España.

También hay que felicitar a Rosa Díez y a su partido, UPyD, que ha logrado un valioso escaño que puede ser fundamental para el gobierno del País Vasco. De todas formas, sea o no el escaño que proporcione ese número mágico de 38, su posición va ser muy importante de cara al futuro. Ya se ha visto cómo Díez sabe sacarle jugo a su escaño en el Parlamento español. Sin duda, la opinión de UPyD será esencial para el diseño de la nueva mayoría que debe gobernar Euskadi.

Patxi López y Zapatero tienen ahora una enorme responsabilidad.Pueden obrar un cambio histórico para Euskadi. ¿Se atreverá el PSE a conformar una mayoría sin el PNV?

El PSE puede intentar gobernar con los nacionalistas, pero con López como lehendakari, lo que significaría que Ibarretxe perdería el poder en favor de las posiciones más templadas de Urkullu, el presidente del partido.

Si esa opción cuaja, lo importante serán las políticas a aplicar a partir de entonces. Sin duda, el plan Ibarretxe ha pasado a mejor vida, pero ¿y el proyecto nacionalista que pasa por establecer una educación plenamente en euskara?

Mandar al PNV a la oposición tal vez sería la mejor medicina para desterrar el proyecto independentista que ha querido poner en marcha Ibarretxe con el apoyo de los partidos afines a ETA.

La mayoría absoluta del PP en Galicia tiene un primer nombre propio: Núñez Feijóo. El líder gallego del PP reaccionó muy bien al principio de la campaña cuando echó al candidato Luis Carrera, que se había olvidado de declarar unos ingresos en un paraíso fiscal. Después, ha peleado hasta el último minuto, castigando a Touriño no sólo por los supuestos casos de despilfarro, sino, sobre todo, por la crisis económica.

Rajoy sabía que se jugaba su futuro en Galicia y ha echado el resto. El acoso contra el partido, con su epicentro en la Audiencia Nacional y con la colaboración inestimable del ministro del Interior, ha acallado las voces internas que cuestionaban su liderazgo dentro del partido y, por contra, ha logrado lo que parecía imposible hace tan sólo una semanas: la unidad.

Al PSdeG no sólo le ha hecho daño la crisis, sino su alianza con el BNG. Muchos votantes socialistas no entienden cómo Touriño se ha dejado llevar al huerto por las posiciones nacionalistas de Quintana en asuntos tan sensibles como la lengua.

Al PSdeG le ha salido muy caro su matrimonio con los nacionalistas, y esa es una lección que debe servirle al PSOE para toda España.A pesar de que Zapatero hizo todo lo posible por lograr revalidar el éxito del bipartito en Galicia, cambiando incluso su agenda, sus esfuerzos fueron en vano.

El PP ha demostrado que Fraga no era necesario para recuperar Galicia. Un mensaje moderado y moderno, de cambio, ha sido suficiente para desalojar a un gobierno cuya cuenta de resultados ha sido más bien escasa.

Los que pensaban que la abstención favorecía al PP y la elevada participación era la garantía del triunfo de la izquierda en Galicia, se han equivocado. Con más del 70% de participación, el triunfo del PP no ha sido sólo claro por el porcentaje, sino también por el número de ciudadanos que lo han propiciado.

En fin, bienvenido sea el cambio en Galicia y, sobre todo, en el País Vasco.

© Mundinteractivos, S.A.

Un respiro para Rajoy, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Política by reggio on 2 marzo, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

Si las elecciones en Galicia no tuvieran un sensible efecto sobre la situación y el futuro a medio plazo del Partido Popular, hoy hablaríamos principalmente del fracaso del Gobierno bipartito de Emilio Pérez Touriño y Anxo Quintana. Ha sido un fracaso fenomenal a las primeras de cambio, tras sólo una legislatura en la que ha desarrollado una gestión desafortunada en dirección errada.El Gobierno sostenido por el Partido Socialista de Galicia y el Bloque Nacionalista Galego, que sumaron un escaño más que el PP, que también ganó las elecciones hace cuatro años, ha desarrollado una política con numerosos tintes nacionalistas -he ahí, por ejemplo, la imposición de la lengua gallega contra toda lógica y toda prudencia- que venían a demostrar que el primero era un partido sometido al segundo, a pesar de casi doblarle en votos y en escaños.

Los escándalos y los abusos conocidos en los últimos meses, y esos gestos de nuevos ricos que gastaban alegremente el dinero de todos en época de crisis, venían a confirmar la desorientación de un Gobierno que ha defraudado profundamente y sólo ha mantenido un resultado honroso en la derrota por la movilización de los electores temerosos de un triunfo de la derecha.

Han sido las elecciones con mayor participación de la historia de Galicia, 70%. Y, si hemos de creer los mensajes últimos del PSOE, cuanto más baja abstención se registrara mejor resultado lograrían los socios del Gobierno; o sea que con una participación de elecciones anteriores, socialistas y nacionalistas habrían perdido más

Pero estas elecciones contienen un mensaje significativo para la situación del PP. Eran una prueba para el presidente del partido, Mariano Rajoy, que de no haber recuperado la mayoría absoluta en Galicia se hubiera visto obligado a soportar malos augurios para su futuro. El triunfo de ayer vale más para Rajoy que para el líder popular gallego que va a gobernar, Alberto Núñez Feijóo, no sólo por su empeño directo en la campaña sino por las repercusiones favorables que va a tener para su proyecto. Del mismo modo se puede decir que Rodríguez Zapatero pierde jirones de su figura política tras comprometerse tan directamente en el apoyo al fracasado Touriño y sus derivas nacionalistas.

Desde luego, la mayoría absoluta de ayer está lejos de las alcanzadas por el PP en elecciones pasadas bajo la batuta de Manuel Fraga (41 escaños en 2001, 42 en 1997, 43 en 1993), pero compensará a los populares tras una crisis interna que aún da algunos coletazos y una persecución pública en las últimas semanas por una supuesta corrupción al parecer descrita en un sumario judicial secreto que se telegrafía por fascículos y que, en todo caso, no se termina de aclarar. Parece que los votantes gallegos no acaban de creer esa historia. Por el contrario, castigan a los hasta ahora gobernantes, que pierden un escaño en La Coruña (el BNG) y otro en Pontevedra (el PSdeG), con un descenso de la cuota de voto de dos y tres puntos porcentuales respectivamente, que la movilización de los electores de izquierda y nacionalistas no ha logrado evitar.

© Mundinteractivos, S.A.

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La ingravidez de la ley, de Francisco J. Laporta en El País

Posted in Derechos, Justicia by reggio on 2 marzo, 2009

Ya se empieza a mirar con incredulidad esa suerte de voluntarismo que exhiben las autoridades ante cualquier atropello de que se tiene noticia, sea un acto de terror, un episodio de corrupción urbanística, un desastre de tráfico o un caso de malos tratos a la mujer. Para todas las calamidades tienen la misma respuesta: sobre los responsables -repiten una y otra vez- caerá todo “el peso de la ley”. Lo que sucede es que de unos años a esta parte la ley está perdiendo peso sin que los principales interesados en mantenerla en forma parezcan preocupados por ello. Y al paso que va terminará por pesar tan poco que pueda ser considerada una entidad ingrávida.

Cuando uno es gobernante y esgrime todo el peso de la ley no está expresando sentimientos. Eso vale para el universo simbólico del poder, pero si no va acompañado de una panoplia eficaz de medios, acaba en un puro brindis al sol. Una cosa es anunciar leyes, amenazar con ellas, proyectarlas y publicarlas en la Gaceta, y otra muy distinta aplicarlas. Hace ya muchos siglos que resuena la voz sabia de Sófocles: no des órdenes que no puedas hacer cumplir. Pues bien, parecemos estar asistiendo a un incremento de prescripciones legales y admoniciones públicas que tienen algo de baladronadas jurídicas, porque no van a poder hacerse cumplir. El problema es serio, porque el cumplimiento espontáneo de la ley, que es producto de la deferencia ciudadana hacia su letra, está empezando a debilitarse a la vista de tanta frustración. Las promesas que se hacen en el mundo simbólico de la publicidad jurídica resultan fallidas en la vida cotidiana de la aplicación de la ley. Y la gente está empezando a desconfiar.

Lo más paradójico de semejante situación es que ha sido producida por la incuria de quienes tienen necesidad de la ley para llevar adelante sus programas. En efecto, todos los partidos políticos, cualquiera que sea su esfera de acción (estatal o regional), aspiran a ganar el favor de los electores con el objetivo de transformar su programa y sus ideas en normas jurídicas, en leyes. Y la paradoja es que al condescender con el estado lamentable en que se encuentra la legislación como herramienta de gobierno, están castrando sus propias posibilidades de actuar. La alternancia en el gobierno no ha servido en este punto para nada. Siempre se detecta la misma incoherencia moral: cuando se está en la oposición se demandan medidas sobre el proceder legislativo que nunca se aprueban cuando se está en el Gobierno. Todos los grupos parlamentarios exigen con gesto severo cosas que no hacen cuando gobiernan. En las Cortes Generales se prefieren las escenas de desacuerdos y broncas, cuanto más sonadas mejor, porque con ellas

se excita la sinrazón del ciudadano, que es lo que la política-espectáculo persigue. Nadie se ocupa de mejorar la elaboración de las leyes ni de hacer más efectiva su aplicación porque eso no hace ruido, lleva tiempo y demanda raciocinio. El resultado es que el poder de legislar reside en dos Cámaras que carecen de los indispensables medios y resortes técnicos para hacer las cosas bien. Sí, en España se legisla rematadamente mal. Tras más de 15 años ocupándome de la ley y su impacto social creo poder afirmar que se está tornando poco a poco una herramienta normativa testimonial e inútil. Y lo que pueda pasar cuando, ante el anuncio de una nueva ley, la gente empiece a encogerse de hombros, es algo cuya gravedad es difícil de exagerar.

Tomemos, si no, como ejemplo un característico paquete de leyes del Gobierno actual: las relativas a la violencia de género, la persecución de conductores imprudentes, la ayuda a la dependencia, o la erradicación del tabaquismo. Son políticas generalmente aceptadas, aprobadas además con amplios consensos. Si se hicieran realidad en la vida cotidiana, supondrían un importante avance en las condiciones de vida de los españoles. Pero no acaban de hacerse realidad. ¿Por qué? Pues sencillamente porque ha habido que formularlas como leyes, y las leyes son en España un vehículo torpe y lento de afectar la realidad. Sus deficiencias técnicas y las enormes carencias de los órganos que han de aplicarlas hacen de ellas mandatos normativos que operan muchas veces en el vacío.

En el proceso de elaboración de las leyes aparecen siempre demagogias, presiones, ideas encontradas, intereses en conflicto, problemas de encaje en el ordenamiento, condicionamientos formales y materiales, y muchos otros inconvenientes. Pero por eso mismo es preciso reconducir en algún momento ese proceso hacia alguna institución solvente que ponga orden en el proyecto y trate de salvar las dificultades. Nosotros, lamento decirlo, carecemos de esa institución. Porque las Cortes Generales no se ocupan de tales cosas. Y por eso aparecen en la Gaceta esos engendros deformes que ha dado en alumbrar nuestro proceso legislativo. Leyes puramente simbólicas, contradictorias muchas veces, imposibles de aplicar otras, carentes de apoyo económico con frecuencia, meros deseos tantas otras, y así hasta decir basta. No exagero. Juristas de todas las convicciones están ya hartos de denunciarlo. Y tampoco atañe a este o aquel Gobierno. Todos ellos parecen pugnar por caer más y más en las politiquerías cotidianas en lugar de cultivar la altura de miras necesaria para acometer una política seria sobre los instrumentos fundamentales de la gobernación.

Y luego viene la segunda parte. Una vez que la ley está en la pacienzuda Gaceta hay que aplicarla. Y aquí simulamos habernos caído súbitamente del guindo. De pronto ha hecho eclosión en la prensa lo que todo el mundo sabía pero nadie quería saber: el lamentable estado de nuestra justicia como organización institucional. Miles de causas sin ejecutar por aquí, descoordinaciones elementales por allí, ignorancia de los más elementales criterios de organización institucional, dilaciones de años en cualquier procedimiento, ineficacia palmaria de las leyes aprobadas, episodios de sectarismo judicial, escandalosas anécdotas sobre pérdida de causas, rebelión de los cuerpos judiciales, sobrecarga insoportable de jueces y funcionarios, y una interminable lista de averías y goteras (metafóricas y reales).

Desde que se aprobó la Constitución con sus exigentes parámetros jurídicos hemos estado practicando la falacia del nirvana: pensar al legislador y al Gobierno como actores importantes pero corruptibles, dispuestos a traspasar límites, a ceder a tentaciones. A su lado, por fortuna, estaba la judicatura, a la que se encomendaba toda garantía, todo control jurídico, toda vigilancia de los valores constitucionales. Nadie estaba ya al arbitrio de ningún poder porque allí estaban los jueces. Entre unos poderes viciosos y unos jueces puros, capaces, trabajando sin límites de tiempo e información, y adornados con todas las virtudes del gran jurisconsulto, ¿quién iba a dudar? Pero resulta que eso era el nirvana; la realidad es otra que nadie, ni siquiera su famoso órgano de gobierno, ha abordado con seriedad. No es que nos salga súbitamente al paso ahora; ya estaba ahí hace demasiados años (hace ¡ocho! nada menos la llamé aquí La cuestión de Estado (EL PAÍS, 21/2/2001). Y revela su cruda verdad: una justicia administrada por juzgadores desbordados, sin apoyo económico, sometidos -sí- al imperio de la ley, pero de una ley muchas veces endeble, hueca, sin peso, ingrávida. Sin duda, un problema de Estado, pero ¿dónde están los estadistas?

Francisco J. Laporta es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

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Un nuevo código ético para el capitalismo, de Ángel Cabrera Izquierdo en El País

Posted in Economía by reggio on 2 marzo, 2009

Ha llegado el momento de que la dirección de empresas adopte su propio “juramento hipocrático empresarial”. Se trata de definir los derechos y las responsabilidades del directivo frente a la sociedad

Sería presuntuoso tratar de atribuir a las escuelas de negocio toda la culpa de la catástrofe económica mundial que estamos viviendo. Pero sería aún peor no hacer una reflexión crítica y reconocer cómo han podido contribuir al desastre perpetuando una visión equivocada y dañina de la empresa.

Según un barómetro anual de la firma de comunicación Edelman, la confianza en la empresa y los directivos ha caído a niveles inauditos en todo el mundo. El 62% de los encuestados se fía menos de la empresa hoy que hace un año, y en Europa y Estados Unidos menos del 40% se fía de las empresas. En España, tan sólo el 20% dice confiar en los directivos, y aún menos lo hace en Estados Unidos, la meca del libre mercado.

El propio presidente Obama no dudó en señalar durante su toma de posesión “la irresponsabilidad y la avaricia de algunos” como una de las causas de la crisis. Más recientemente se ha referido con disgusto a la “avaricia y arrogancia en Wall Street” y ha llegado a calificar de “vergonzoso” el que instituciones financieras que se mantienen a flote gracias a las ayudas del contribuyente sigan repartiendo miles de millones de dólares entre sus directivos.

Algunos de mis colegas se sienten ofendidos por lo que consideran una burda e injusta generalización. El que hayamos encontrado unas cuantas manzanas malas, dicen, no significa que toda la cesta esté podrida. Por cada ejemplo de directivo perverso, avaro o incompetente podemos encontrar muchos más casos de directivos responsables, dedicados al servicio a sus clientes, la protección de los intereses de sus accionistas, el pago de sus impuestos y el trato digno de sus empleados. Pero eso poco importa ahora. Lo que sabemos a ciencia cierta es que el número de directivos irresponsables fue suficiente para tumbar el sistema financiero global y generar un daño económico que va a resultar muy difícil de reparar. También sabemos que la mayoría de esos directivos salieron en su día de las mejores escuelas de negocios del mundo.

Con frecuencia oigo en círculos académicos que nuestra responsabilidad no es enseñar valores, sino enseñar herramientas de gestión. Según este argumento, los valores se adquieren en la infancia a través de la familia, los amigos o la iglesia, y la universidad no es ni el sitio ni el momento para tratar de alterarlos. Sin embargo, estudios llevados a cabo por el Instituto Aspen demuestran que el paso por una escuela de negocios tiene un impacto profundo en los valores y las actitudes de los graduados hacia la empresa. Lo que no está claro es si los valores que estamos transmitiendo son los correctos.

Durante años, nuestras aulas han estado dominadas por una visión economicista y simplista de la empresa que ha contribuido a afianzar un sistema de valores inadecuados e incluso perversos. Bajo epígrafes como la teoría de los costes de transacción, el análisis de las cinco fuerzas o la teoría de la agencia se describe la empresa como un artilugio financiero cuyo fin último es la generación de beneficio económico, y la estrategia empresarial como un juego de mesa donde uno se enfrenta no sólo a la competencia, sino también a clientes y proveedores. El directivo se describe como un agente económico oportunista y egoísta que debe ser controlado mediante incentivos ingeniosos (la zanahoria atada a un palo) que alineen sus intereses personales con los del accionista. Todas estas herramientas y teorías se fundamentan en una máxima indiscutida e indiscutible: el interés del accionista ha de primar por encima de todo, ya que, se supone, es quien asume la mayor parte del riesgo.

No nos debe extrañar ahora que algunos consejos de administración establecieran incentivos desproporcionados a sus directivos, ni que estos directivos, consiguientemente, hicieran lo que estuviera en su mano para embolsarse el premio, incluso si ello conllevara tomar decisiones que sabían que eran dañinas para sus clientes y creaban un riesgo público de consecuencias incalculables. Los accionistas se beneficiaron como esperaban. Al menos hasta que se terminó la fiesta. Ahora millones de trabajadores han perdido sus empleos y los contribuyentes se han quedado a barrer los platos rotos soportando una deuda pública de miles de millones de euros que tardarán décadas en pagar. No sé si alguien aún se cree la indiscutible idea de que el accionista es quien asume la mayor parte del riesgo en la actividad empresarial.

Es esperanzador ver cómo una nueva generación de académicos está desarrollando nuevas teorías y modelos que incorporan visiones más sofisticadas del comportamiento humano, la organización de empresas y el papel de la empresa en la sociedad. Teorías acerca del compromiso o la justicia organizacional, teorías basadas en la confianza, el conocimiento o el capital social comienzan a abrirse hueco gradualmente. Sin embargo, aún no hemos conseguido aglutinar estos conceptos bajo un marco que reconozca las responsabilidades profesionales de servicio a la sociedad del directivo.

Otras disciplinas profesionales, como la medicina o el derecho, han asumido desde hace tiempo la necesidad de incluir en los programas de formación no sólo conocimientos y habilidades técnicas específicas, sino también una serie de valores y patrones de conducta que subrayen el beneficio a la sociedad y limiten los daños potenciales. Ha llegado el momento de que la dirección de empresas también adopte su propio código deontológico (un “juramento hipocrático empresarial”) que defina los derechos y responsabilidades del directivo de cara a la sociedad.

Para empezar, dicho código debe articular las múltiples formas en las que la empresa crea riqueza para la sociedad (no sólo retorno financiero para los inversores, sino también empleo, valor a clientes y proveedores, nuevas tecnologías, etcétera). También debe reflejar como responsabilidad central del directivo el balance de los intereses de diferentes grupos y la aplicación de fórmulas que creen valor de manera simultánea y no exclusiva.

Como cualquier otro código profesional, el directivo debe comprometerse a no anteponer el interés personal al interés de la empresa y mucho menos al de la sociedad a la que sirve en última instancia. Esto implica que ha de conocer y respetar no sólo las leyes que le competen, sino también las normas y valores universales en torno a los derechos humanos, los derechos laborales y el respeto al medioambiente encapsulados en códigos internacionales como el Pacto Global de Naciones Unidas.

De manera más específica, el código de conducta debe establecer la obligación del directivo de crear un clima de integridad, transparencia y ética en su organización y de actuar como ejemplo de esos valores. Esto debe incluir la generación de informes contables y de resultados que reflejen fielmente la capacidad de la empresa de crear valor así como los riesgos asumidos por sus inversores, empleados, proveedores y clientes. Finalmente, el código debe establecer un compromiso con el aprendizaje continuo y una obligación de buscar opiniones de terceros en áreas en las que no se cuente con los conocimientos necesarios.

El que no tengamos aún sistemas de certificación de directivos (como existen en la medicina o el derecho) no debe ser excusa para retrasar o evitar la creación de este nuevo código de conducta y su introducción en las aulas. Hace cuatro años, la escuela de negocios que yo dirijo hizo precisamente eso, estableciendo un juramento de conducta profesional que ha pasado a formar parte de nuestros programas y de las ceremonias académicas de graduación. A pesar de los pronósticos agoreros, el cambio en nuestra cultura académica que resultó de esta iniciativa me hace ser optimista en cuanto al papel que un código de esta naturaleza puede llegar a tener si lo conseguimos introducir en todo el mundo. El Foro Económico Mundial tomó nota en Davos y ha creado un grupo de trabajo para estudiar esta posibilidad.

Si hay algo positivo en esta crisis es la oportunidad que nos ofrece de transformar lo que no funciona y sentar las bases de un sistema de mercado más eficaz, más eficiente y más justo. Aprovechemos el momento.

Ángel Cabrera Izquierdo es rector de Thunderbird en Arizona y fue encargado por Naciones Unidas de coordinar la redacción de los Principios de Educación Empresarial Responsable.

Por dónde pasa la solución a esta crisis, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 2 marzo, 2009

El día, hace exactamente una semana. Escenario, un Colegio Mayor en lo que podríamos llamar el Distrito Universitario de Madrid. ¿Audiencia?, la mayoría de sus residentes. El ponente, quien esto les escribe. Temática, por qué me encanta esta crisis y similares. Formato similar a Tengo una pregunta para usted, salvando las distancias. Charla de salón, más bien. Trato de tú. El resultado, ni idea; siempre salgo de estos sitios pensando que he hablado demasiado lo que incrementa sustancialmente las posibilidades de decir tonterías. En el aire queda una cuestión demoledora de uno de los sufridos asistentes al evento: McCoy, ¿de verdad crees que el gobierno puede hacer algo? Más allá de la respuesta de aliño que entonces por mi parte se terció, en mi mente un come come que ha ido creciendo a lo largo de estos siete días. Ahora creo que tengo una réplica más acertada. Que el oyente, si es lector, disculpe mi tardanza.

Primera consideración. No preguntes lo que tu país puede hacer por ti sino lo que tú puedes hacer por tu nación. La cita es de John F. Kennedy y ha sido rescatada por Obama en sus pronunciamientos más recientes al sufrido ciudadano estadounidense. No esperes, actúa. Inventa, descubre, emprende, lucha. Muchos de ustedes me han oído hablar de la Generación Cuéntame, aquella que fue la verdadera madre de la Transición y del marco democrático en el que hoy, con mayor o menor contento, se desarrolla nuestra vida política. Gente anónima que trabajó denodadamente el presente sabiendo que a través de él se construía el futuro. Que no temieron las secuelas de la crisis del petróleo, ni la incertidumbre del cambio de régimen. Que velaron por sus padres, procurando lo mejor para sus hijos. Sin horario y sin calendario. Y que ahora miran para atrás preguntándose qué España hemos consentido entre todos durante estos años de bonanza. Qué suerte de estado asistencial han dejado finalmente como herencia a unos hijos capaces de preguntar sin rubor qué puede hacer Papá Administración por él.

No es momento de mirar hacia afuera sino de preguntarse cómo poner en marcha todo lo que cada uno lleva dentro. La Generación Cuéntame, excepciones contadas aparte, hizo de la renuncia y el sacrificio los cimientos necesarios para consolidar no sólo el bienestar personal sino el colectivo. Aprendiendo a ceder, cuando había que hacerlo, emergió una sociedad nueva que creía en sí misma, en la oportunidad que se le presentaba y que caminaba codo con codo para lograrlo, sin mirar a derecha e izquierda esperando a un Godot que sabía no iba a llegar. Si entonces el reto era fundamentalmente político, ahora es económico. ¿Qué importa la diferencia? Pese al déficit educacional patrio, somos en términos absolutos probablemente la sociedad más preparada que nunca en España haya habido. ¿A qué estamos esperando? La capacidad requiere para su puesta en marcha únicamente de voluntad, ese gigante dormido que hay que despertar. Y no es un trabajo que se pueda delegar en nadie. La podredumbre de la clase política, nacida para medrar, la inhabilita a tal fin. Lo que no hagamos cada uno de nosotros, no lo va  a hacer nadie. Denlo por sentado.

Segunda consideración. El gobierno ha de tutelar este proceso. ¿En qué consiste dicha función? En primer lugar en establecer cauces para el entendimiento y no para la confrontación entre todos los ciudadanos de este país como ocurriera hace más de treinta años. Exactamente lo contrario a lo que ha acontecido en los cuatro primeros años de legislatura. En segundo término, gestionar para el ciudadano y no para el voto, esto es: gobernar. Recuperar la vocación de servicio que debería ser inherente al ejercicio de la función pública. No podemos hacer buena la cita de Tocqueville según la cual en los regímenes aristocráticos los ricos acceden al poder poniendo en riesgo su riqueza mientras que en los democráticos los pobres acuden al calor del estado para enriquecerse. Miren la composición de los primeros gobiernos de la democracia. La política es la gestión de los asuntos de la ciudadanía. No puede ser endogámica, por definición. Bueno, poder puede, pero no debe. Salvo que se lo consintamos, claro está.

Tercero, no poner trabas a la libre iniciativa ciudadana sino fijar los mecanismos para que la misma se desarrolle a través de actuaciones administrativas, fiscales o financieras oportunas en tiempo y forma. A los tibios los vomitaré de mi boca, dice el Señor. Pues bien, ese mismo grado de diligencia debida y firmeza cabe esperar de unos gobernantes sobre los que todos, nos guste o no, hacemos una delegación, en muchos casos inconsciente, de autoridad. No sé por qué se me viene a la cabeza el sector financiero en este momento, la verdad. Cuarto, hacer un uso eficiente de los recursos de la nación, empleándolos en aquellas finalidades que, salvaguardando los fundamentos del estado del bienestar, permitan generar riqueza para las generaciones futuras. Hablamos no sólo de educación, innovación y similares sino de erradicar el pesebrismo que se deriva de prácticas consolidadas como determinados subsidios agrarios, por poner sólo un ejemplo, o de evitar el oportunismo que nace de actuaciones sin ton ni son, carentes del más mínimo grado de análisis del problema que pretenden solventar. Regalar euros a tutti plen, vincular plantes automovilísticos a la concesión de créditos cuando precisamente es lo que no hay o recortar gastos superfluos de la Administración para destinar los recursos liberados a subsidios de desempleo, no parecen el mejor camino si me permiten mi opinión.

Por tanto, querido amigo, la respuesta a tu pregunta de hace ahora una semana llega completa con un poquito de retraso. Siento de veras la tardanza. Pero el aire de frustración que de tus palabras se derivaba requería de algo un poquito más reflexivo de lo que entonces pude comentarte, esbozos que, de un modo u otro,  también van recogidos en estas líneas. Ahora, es tu turno. Como bien sabes, lo importante en esta vida no es caer, sino levantarse. Pero sólo tropieza el que emprende un camino. A ti que estás sentado en tu sillón, atento o distraído te reclamo, te aliento a que lo hagas. Cuando uno persigue su destino lo peor que le puede ocurrir es que no lo encuentre. No creo que haya mucha diferencia respecto a la situación actual de muchos de los que ahora leen este post. Y el viaje, eso sí lo puedo garantizar, merece con creces la pena: aprender de los errores, disfrutar de las conquistas, tener siempre una meta. Y saber que, al menos, se ha intentado vivir la vida, aprehendiendo cada uno de sus minutos. Que no es poco en los tiempos que corren. Buena semana a todos y en especial a los residentes del C.M. Moncloa de Madrid.

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Los bancos venden preferentes en sus oficinas un 70% más caras de lo que valen en mercado, de Eduardo Segovia en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 2 marzo, 2009

Si usted entra en una oficina bancaria cualquier día de estos, raro es que le den una hipoteca (salvo para las casas que ha adquirido la entidad para frenar la morosidad) y más aún un crédito empresarial (a no ser que usted acepte un 14% de interés y aportar todo tipo de garantías). Pero lo que seguro que le van a ofrecer es comprar unas estupendas participaciones preferentes (o bonos subordinados) de la entidad. La oferta a primera vista es muy atractiva: se trata de instrumentos de deuda totalmente seguros que pagan un interés muy superior al Euribor -que acabó febrero en el 2,1%, puesto que rentan entre el 5% y el 6% anual.

Sin embargo, estos cupones son ridículos comparados con los que piden los grandes inversores por estos títulos, por encima del 15% en muchos casos. Lo cual supone que el valor real de las preferentes que están colocando numerosas entidades en su red -y más que piensan hacerlo- puede ser hasta un 70% inferior al que tienen que pagar los clientes particulares por estos productos. Dicho de otra forma: si un cliente quiere vender ahora las preferentes que le han colocado en su oficina, perderá de golpe el 70% de su dinero.

Lo que se olvidan de mencionar en las sucursales son tres pequeños detalles que restan bastante atractivo a esta inversión y explican que los inversores institucionales exijan unos intereses tan elevados para comprar las preferentes. El primero es que estos bonos no sólo pagan intereses si la entidad tiene beneficios, porque no son exactamente deuda, sino los famosos híbridos de deuda y capital. Luego si su banco o caja no gana dinero en 2009 -cosa que sucederá en un buen número de entidades-, usted no recibirá esa rentabilidad.

El segundo detalle es que se trata de deuda perpetua, es decir, que el cliente no podrá rescatar fácilmente. Normalmente, el banco o caja tiene la opción de rescatar esa deuda a los cinco o 10 años, pero no tiene obligación de hacerlo; históricamente había un compromiso implícito de que se iba a ejercer esa opción, pero Deutsche Bank rompió la baraja al no rescatar una emisión en diciembre, y posteriormente le han imitado otras entidades como el Sabadell. De hecho, ahora el mercado toma como hipótesis más probable que no se va a rescatar ninguna de estas emisiones.

Bonos que cotizan al 25% de su valor

Finalmente, el tercer elemento es el más importante de todos y se deriva directamente del segundo: si una cosa que cotizaba en mercado como un bono a cinco o 10 años se considera de golpe un bono perpetuo que nunca vence, es lógico que su valor se hunda, como así ha ocurrido con todos estos instrumentos. Como es sabido, cuando el precio de un bono cae, su rentabilidad sube, puesto que se mueven de forma inversa. Y como el desplome ha sido de tal calibre, las rentabilidades se han disparado a niveles superiores al 15% en muchos casos.

Pongamos algunos ejemplos concretos. BBVA colocó en diciembre 1.000 millones de euros en preferentes entre los clientes de su red con un cupón inicial del 6,5%; pues bien, una emisión similar con vencimiento teórico en 2016 tiene una rentabilidad actual en mercado del 14,41%, puesto que cotiza al 32,12% de su valor inicial, según datos de Bloomberg. Otro ejemplo: Popular está colocando en la actualidad hasta 600 millones en preferentes al 6,75% los primeros años, mientras que activos similares de la entidad con vencimiento en 2017 pagan un 18,67% en mercado, puesto que su precio se ha desplomado hasta el 24,73% del valor inicial.

La cosa es más grave todavía si tenemos en cuenta que las preferentes que se han hundido en mercado tienen una cláusula llamada step-up, que es una especie de penalización: si la entidad no rescata los bonos en el plazo en que se suponía que iba a hacerlo, tiene que subir el interés que paga a los inversores (con penalización y todo, en estos momentos les sale mejor no rescatar los que están venciendo ahora, de ahí que no lo hagan). Es decir, si las emisiones que han comprado los particulares españoles no son rescatadas, seguirán cobrando lo mismo al día siguiente. Y peor aún: estas emisiones no son acumulativas, es decir, si un año no pagan intereses porque la entidad no gana dinero, ese pago no se acumula para el siguiente como suele ser habitual en estos instrumentos.

Un nuevo escándalo de la banca española

“Es un verdadero escándalo, los bancos y cajas están colocando a las viejecitas unos productos que en realidad valen hasta un 75% menos del precio que están pagando… ¿Dónde está la CNMV?“, se queja un experto en este mercado. Otro añade que “esta situación es la que explica que los bancos se hayan lanzado a colocar estos instrumentos entre los particulares, porque ahora mismo tendrían que pagar un coste estratosférico para colocarlos en los mercados mayoristas. Ya se sabe que el particular se lo traga todo”.

Esta situación enlaza directamente con los escándalos que hemos vivido en los últimos meses -Lehman, Madoff y fondos inmobiliarios-, puesto que todos ellos tienen detrás unas prácticas comerciales bastante cuestionables, independientemente de que se trata de casos muy diferentes entre sí y de que las responsabilidades no tienen nada que ver en cada uno. Las emisiones de preferentes actuales indican que la banca española mantiene el modelo de colocar en la red lo que le conviene a la entidad y no al cliente, y amenazan con provocar en el futuro un escándalo como los tres citados.

Como explicó en su día El Confidencial, las preferentes y subordinadas son híbridos, es decir, instrumentos de deuda (bonos) pero que computan como parte del capital de los bancos. Se trata de algo contradictorio a priori, puesto que los fondos propios se componen tradicionalmente sólo de acciones, reservas y beneficios no distribuidos. Sin embargo, desde hace años el Banco de España admite los híbridos para que las entidades españolas no estén en desventaja frente a las de otros países donde son muy populares, a pesar de que tienen fecha de reembolso (si bien ésta es teórica, como hemos dicho), no son aportados por los accionistas sino por los acreedores y cobran un cupón anual independientemente de si el banco tiene beneficios o pérdidas (aunque eso tampoco se cumple en las preferentes colocadas en la red).

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Rajoy ya no tiene cara de perdedor, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 2 marzo, 2009

La anomalía era que el Partido Popular no gobernara en Galicia; con más del 45% de los votos no gobernar era fruto de confluencia de factores poco probables. Ocurrió hace cuatro años y se abrió la oportunidad a un bipartito que ha funcionado entre regular y mal, han sido dos gobiernos en competencia con no pocas contradicciones internas que han producido rechazo y hartazgo del electorado. El empeño de Zapatero y la acumulación de ministros gallegos no ha sido suficiente para reeditar ese bipartito y el PP vuelve a gobernar en Galicia, como casi siempre. Los populares han tendido más votos que en el 2005, mientras que los otros dos partidos han perdido votantes.

Este triunfo del PP arrastra otra consecuencia que trasciende el caso gallego: es un triunfo personal de Rajoy, por su apuesta personal en la campaña y porque el candidato era su candidato. El ascenso de Núñez Feijóo a la nómina de presidentes de Gobierno consolida la posición de Rajoy en el Partido Popular. Sus opositores aspiraban a perder en Galicia para pasarle factura al líder; tendrá que olvidarse y correr a felicitar a los ganadores.

El Partido Popular que va a gobernar en Galicia, encabezado por Núñez Feijóo, no es el PP de siempre, el de antes, ahora es un partido más urbano y más profesional. Su triunfo de anoche se asentó en Coruña y Pontevedra. El problema es para socialistas y nacionalistas. Especialmente para estos últimos que pierden parcelas de poder y que tendrán que abrir un debate interno que puede pasar incluso por tender puentes con los populares en algunos ayuntamientos. Los nacionalistas, que como los socialistas han perdido un escaño (en Coruña los nacionalistas y en Pontevedra los socialistas), aspirarán ahora a ocupar espacio socialista, a empujar a éstos hacia el margen. La ruptura de ese pacto del bipartito (repicado en el Parlamento español) tiene consecuencias a corto y largo plazo. Al Gobierno Zapatero se le ponen las cosas más difíciles a la hora de sumar 176 escaños en el Congreso.

Pero si en Galicia lo ocurrido responde a la lógica, el panorama vasco es mucho más complejo. Los nacionalistas no alcanzan mayoría por primera vez en muchos años e Ibarretxe tendrá que salir del mapa. Su éxito como jefe de cartel del 2005 se convierte ahora en fracaso. Los socialistas han logrado un notable avance en Euzkadi, pero insuficiente y con consecuencias que ahora son difíciles de estimar. Han pasado demasiadas cosas en estas elecciones como para concluir en un artículo y en un día sus efectos. La ruptura del pacto de los hermanos separados, PNV y EA, ha llevado a éstos a la nada y les obligará a revisar su posición. Aralar aparece como una nueva fuerza con dinámica propia. Los comunistas de Madrazo desaparecen también del mapa con un solo escaño por Guipúzcoa. Y los populares, tras el relevo de María Sangil y la entrada de Basagoiti (y la competencia de Rosa Díez), sólo han perdido dos escaños y 66.000 votos.

Un insólito Gobierno de no nacionalistas, socialistas y populares, parece inevitable por la fuerza de la aritmética, lo mismo pero al revés que en el caso catalán. Pero deja la minoría de Zapatero en el Congreso muy en precario. En breve vamos a escuchar voces reclamando elecciones generales, especialmente si en las europeas Rajoy vuelve a ganar como en Galicia, lo cual es más que probable.

Estas elecciones del 1 de marzo tienen consecuencias de cambio, probablemente más allá de las que se analizan en estos momentos. Rajoy ganó anoche lo que perdió Zapatero.

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Dos elecciones con aires de cambio, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Política by reggio on 2 marzo, 2009

El análisis más fino de los resultados electorales en Galicia y Euskadi permitirá más interpretaciones que las apresuradas cuando una mínima parte de los votos está todavía pendiente de computar, pero lo ya conocido sugiere algunos mensajes que considerar. Uno, bastante claro, es que se han mantenido e incluso reforzado ligeramente los índices de participación; un dato que tiene distinta lectura en una y otra Autonomía, pero en todo caso positiva.

Las autonómicas vascas han sido las primeras en las que el mundo más radical (HB y derivados) no concurría con listas propias, sino patrocinando una mezcla de voto nulo y abstención. La suma de ambos efectos es difícil, pero en todo caso da la sensación de que queda por debajo del apoyo tradicional prestado a las tesis próximas al mundo etarra. A lo que cabe añadir el significado atribuible al notable ascenso de la alternativa que encarna Aralar.

El mapa parlamentario en Vitoria va resultar, en todo caso, algo más complicado que el mantenido durante los cuatro últimos años, con expectativas, la verdad es que no fáciles, de sustituir tres décadas de gobierno bajo la batuta del Partido Nacionalista Vasco (PNV), a partir de un hipotético pacto entre socialistas (PSE) y conservadores (PP), aunque tampoco se pueda ni deba descartar la reedición de un ejecutivo PNV-PSE; una hipótesis que es probable llevaría aparejado un cambio de orientación política, lejos de la doctrina inherente al Plan Ibarretxe, incluso ¿con otro lehendakari nacionalista? Sin olvidar que las tres diputaciones forales van a seguir en manos nacionalistas al menos dos años, con todo lo que eso significa en esos territorios.

La lectura del resultado de los comicios gallegos parece más clara, sin perjuicio de una mayor profundización posterior. El electorado se ha decantado de forma bastante apreciable por rechazar la corta experiencia de Gobierno bipartito, una única legislatura, devolviendo la mayoría absoluta al PP. No sería demasiado exacto decir que se ha producido un vuelco respecto de los comicios del 2004, dado que entonces apenas siete mil votos privaron a los conservadores del escaño 38 necesario para mantenerse en el poder, aunque sí es cierto que esta vez la ventaja ha sido bastante más apreciable que la obtenida entonces por PSG y BNG para gobernar.

Más allá de las respectivas interpretación y trascendencia en clave autonómica, está la que pueda atribuirse a escala estatal. En este aspecto, no cabe duda que va a suponer un balón de oxígeno para el PP, en uno de sus momentos más complicados de los últimos años, y en particular para el por muchos discutido liderazgo de Mariano Rajoy. Claramente por la victoria en Galicia y algo menos por la capacidad de resistencia mostrada en Euskadi, con un adquirido papel de potencial árbitro para determinar o no la ubicación del primer no nacionalista al frente del Ejecutivo de Vitoria desde 1979.

Para los socialistas, en cambio, queda la dualidad agridulce de ostentar una posibilidad de ganar el poder en el Gobierno vasco y haber fracasado en su intento de sumar una segunda legislatura al frente de la Xunta.

A modo de apunte final de este repaso apresurado cabe preguntarse en qué medida pueda haber incidido la crisis económica en las tendencias manifestadas de voto en las dos Comunidades. Será probablemente asunto para una ulterior interpretación.

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Diez razones de la crisis internacional, de Mario Rapoport en Página 12

Posted in Economía by reggio on 2 marzo, 2009

La actual crisis internacional dejó de ser un simple accidente; se parece más bien a un tren que descarrila en el curso de una loca carrera hacia un destino incierto. El problema es que ese tren tiene innumerables vagones donde está enganchado todo el mundo. Trataremos de resumir ese descarrilamiento en diez puntos, algunos más claros que otros. Si ya no cabe duda de que esta crisis es la más profunda del sistema desde los años ’30, muchos de los análisis que se hacen sobre ella no alcanzan a percibir aún la complejidad del fenómeno.

UNO

En primer lugar, salvando las distancias tecnológicas, los mecanismos que la desataron, aunque más sofisticados, no son muy novedosos respecto de los que funcionaron en la crisis de 1929, con la que tiene más similitud de lo que se cree. Sí lo es, en cambio, el efecto de esa tecnología en su propagación y difusión, potenciado por el grado de transnacionalización de las firmas. Hasta no hace mucho los sostenedores de la globalización financiera hablaban del rol crucial de la informática y de las comunicaciones en el progreso de la economía mundial: ahora constatan que estas innovaciones se han vuelto en contra. Ayudada por ellas, la velocidad de los acontecimientos, en esta marcha inversa hacia el desastre, parece imparable.

DOS

La segunda cuestión tiene que ver con el largo plazo. Desde los años ’70 el mundo ha vivido de crisis en crisis, con origen en el centro o en la periferia pero que no nos han abandonado nunca. Constituye un mecanismo de olas sucesivas del cual esta última resulta la culminación. Podemos enumerar algunos de los principales momentos críticos desde aquella época: la crisis monetaria en EE.UU. y la ruptura del patrón oro en 1971; el alza de los precios del petróleo en 1973 y 1979; la crisis de la deuda externa latinoamericana en 1982; el crac bursátil de Wall Street en 1987; las crisis de las cajas de ahorro estadounidenses en 1989; el crac japonés en 1990. Luego vienen las crisis periféricas de fin de siglo: la mexicana (1994), la del sudeste asiático (1997), la rusa (1998) y la brasileña (1999). Y a partir del nuevo siglo otro encadenamiento: el derrumbe de las punto.com en el 2000; las crisis en Turquía y en la Argentina (2001); la quiebras de Enron y World Com (2001 y 2002); las repercusiones financieras del atentando a las Torres Gemelas y de la invasión a Irak. Para culminar con la actual crisis de las subprime, que estalla en 2007 y a la cual se suman en 2008 las caídas de Lehman Brothers, las compañías hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac y la aseguradora AIG, más las de unos cuantos bancos europeos y norteamericanos. Interesado en el largo plazo un reciente artículo del New York Times vuelve a mencionar, para horror de los neoclásicos, los ciclos Kondratieff.

TRES

Está en discusión cuál es el huevo o la gallina. ¿Son el predominio del sector financiero sobre el real, las burbujas especulativas y, finalmente, el crac bursátil, las causas principales de la recesión subsiguiente? ¿O debemos dar vuelta los términos de la ecuación? ¿No habrá sido la reducción de la rentabilidad de los sectores productivos, sobre todo en EE.UU. y Europa, lo que llevó a un proceso de especulación financiera para compensar la caída en la economía real?

CUATRO

Los incrementos de la productividad, gracias a las nuevas tecnologías, y el notable ensanchamiento de las desigualdades de ingresos a nivel mundial han producido una indudable crisis de sobreproducción, la que se ha pretendido resolver, en especial en Washington, con el creciente endeudamiento del Estado en los sectores externo y fiscal (en su mayor parte por gastos militares) y el sobreendeudamiento de las familias americanas, financiados con el poder del dólar y los excedentes de China y otros países emergentes.

CINCO

La paradoja de este financiamiento es que se parece mucho al que originó la deuda externa de América latina. En aquel momento el reciclaje de petrodólares y eurodólares contribuyó a las “bicicletas” financieras, al endeudamiento de Estados y empresas y a la fuga de capitales, sin aportar mayormente inversiones productivas. Ahora, el financiamiento a los EE.UU. y otros países desarrollados por parte de las economías emergentes creó burbujas inmobiliarias, valorización de productos “tóxicos” y una crisis financiera formidable. Ese financiamiento no tuvo tampoco destinos útiles o productivos.

SEIS

La desregulación financiera y la ausencia de un prestamista de última instancia a nivel internacional fueron consideradas como una de las causas principales de la crisis de 1929. Bretton Woods permitió crear un esquema monetario y financiero internacional para regular el sistema, quedando muy en claro que los movimientos de capitales debían controlarse por su carácter desestabilizador. No obstante, a partir de los años ’60, esos mismos organismos se dedicaron a predicar la desregulación financiera, la libertad absoluta de los movimientos de capital y una mínima intervención de los Estados. Jugaron contra los propósitos y fines que habían llevado a su misma creación. Con esta crisis parece que se descree nuevamente de los mercados autorregulados y se vuelve a soluciones como las de los ’30: la intervención de los Estados y el proteccionismo.

SIETE

El temor del fantasma inflacionario comienza a borrarse a favor de una nueva realidad; la deflación y la desocupación como elementos significativos de la crisis. Esto implica retomar los principios del pensamiento keynesiano. La gente piensa que es mejor ahorrar que consumir o invertir (o no tiene poder adquisitivo para ninguna de las dos cosas) y esto deriva en un estancamiento productivo que se alimenta a sí mismo.

OCHO

La crisis alimentaria, el aumento del precio de los commodities, (aunque ahora hayan descendido) y el deterioro del medio ambiente constituyen elementos que confluyen con la crisis financiera y la agravan.

NUEVE

Una de las debilidades mayores del actual sistema monetario es la existencia de una divisa clave como el dólar, cuya emisión y fluctuaciones sólo atienden los intereses de los Estados Unidos y el juego competitivo con las monedas de otras potencias, como el euro, el yen y el yuan. Si en los años ’70 el abandono del patrón cambio oro le dio a EE.UU. un alivio y le permitió endeudarse con su propia emisión de dinero y bonos del Tesoro, actualmente la situación no es la misma. Entonces la economía norteamericana podía respaldar sus déficit financieros porque el mercado interior aún era sólido y su inversión externa y comercio exterior ocupaban una plaza importante en el mundo. Pero esa inversión se derrumbó y el déficit comercial alcanzó magnitudes nunca vistas, mientras que el mercado interno ya no tiene la pujanza de antaño ni desde la oferta, donde existen grandes industrias que requieren cambios de fondo, ni desde la demanda, con una población cuyos ingresos se achicaron al tiempo que su endeudamiento crecía.

DIEZ

El fracaso del sistema financiero y bancario internacional, la ausencia de límites operatorios para la banca de inversión, los paraísos fiscales, el lavado de dinero, son razones determinantes de la crisis. Antes de salvar indiscriminadamente a los bancos quebrados, habría que reestructurar la arquitectura financiera internacional, ayudar a las verdaderas víctimas –ahorristas, desocupados, propietarios de inmuebles, pequeñas y medianas empresas–, y sostener políticas productivas y creadoras de empleo. El mundo globalizado se transformó en un gran corralito del que va a ser imposible escapar con las recetas perimidas del pasado reciente.

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Del error al horror del capitalismo, de José Antonio Rojas Nieto en La Jornada

Posted in Economía by reggio on 2 marzo, 2009

Un dato para recordar. En los últimos setenta y nueve años, es decir de 1930 a 2008, la economía estadunidense sólo registró crecimientos negativos en su producto anual durante 16 años. Los otros 63 años creció. Pero en los últimos 18 años sólo cayó en uno, en 1991. Si desciende –como seguramente lo hará en todo este año 2009– sería el segundo en 19 años. Es cierto –como lo han anotado diversos analistas– que el nivel del crecimiento anual estadunidense tiende a ser menor. Pero lo cierto es que ha seguido creciendo. No lo hará en 2009. Hay nuevos datos de la marcha económica de nuestros vecinos que tienden a confirmarlo.

En el cuarto trimestre del año la economía estadunidense cayó más de lo anunciado de manera preliminar hace unas semanas. Menos 6.2 por ciento, en lugar de menos 3.8 por ciento. Esto significa que la cifra anual revisada para 2008 es de apenas 1.1 por ciento de crecimiento en su producto interno bruto. Y que la expectativa de descenso para este 2009 es más pronunciada. Ya se menciona una terrible cifra de menos 3 por ciento. En términos de dólares actuales, representa una pérdida equivalente a 428 mil millones. Muy dura. Realmente dura realidad.

Para imaginar lo que representa esto sólo pensemos que se aproximan a cerca de la mitad del producto de México. Complementemos el panorama con algunos datos más. En enero, la capacidad utilizada de la industria alcanzó el segundo valor más bajo que registra su estadística, con información desde 1967. Y es que el bajísimo nivel de 72 por ciento de utilización de la capacidad industrial total del mes pasado sólo ha sido superado por el de algunos meses del invierno de 1982-1983, en que se registraron niveles cercanos a 70 por ciento. Nuca fueron más bajos. Por eso se alcanzan ya niveles históricos de retracción industrial pues, además, esta caída todavía se ve acompañada por una capacidad industrial instalada creciente, lamentablemente y por las inercias propias del absurdo, aunque, efectivamente, a tasas ya más bajas. En enero creció 1.3 por ciento respecto de enero de 2008. Aunque –también hay que decirlo– por primera vez en muchos años su nivel ya no es mayor al del mes anterior. Pero su inercia creciente continúa. Un gran problema de las economías capitalistas es, precisamente, esta inercia. Presiona violentamente la rentabilidad. Máxime cuando hay retracción de la producción. Y es que durante un buen tiempo, se siguen acumulando activos a pesar de que baje –incluso muy drásticamente, como ahora– su utilización y, en consecuencia, su nivel de producción.

¿Qué pasó en enero con esta producción? Una vez más cayó La tasa respecto de enero de 2008 es de menos 10 por ciento. Y el nivel ya alcanza el de principios de 2004, que a su vez y por la crisis de 2001 y 2002, era el mismo de inicios del año 2000. En buen romance significa que la producción industrial está al nivel de hace nueve años. Ni más ni menos. Pero la tasa de caída no se veía desde los primeros meses de 1975. Nivel de hace nueve años y dinamismo de hace 33 años, pudiéramos decir.

Si nos vamos al derrumbe –no lo podemos llamar de otra manera– de la producción de bienes duraderos (de nuevo, automóviles, aparatos electrodomésticos, aires acondicionados, equipo de oficina, equipo de fotografía, de televisión y de cine, artículos deportivos, entre otros) el nivel de enero llega al de hace poco más de 15 años. Y su tasa de crecimiento ya ha descendido a números negativos no vistos desde la Guerra de Corea a principios de los años 50.

Estos tres números mensuales fríos dan idea del panorama desolador. Evidentemente, el nivel de satisfacción o de confianza de la población también ha descendido drásticamente. Según el de la Universidad de Michigan ya se alcanza la pérdida de confianza de principios de los 80, hace casi 30 años. Aunque la llegada de Obama ha frenado su descenso. De nuevo algo sobre nosotros, con exportaciones derrumbadas…derrumbadísimas…no sólo petroleras, sino manufactureras…. Esta dramática situación de los vecinos hace pensar a algunos analistas nuestros en una caída de nuestro producto en 2009, de menos 3 o menos 4 por ciento. Y no falta quienes vean ya niveles de caída mayores al de 1995, que fue de poco más de 6 por ciento. Sólo que entonces se atribuyó al error de diciembre. Hoy no hay más error que el mismísimo capitalismo, convertido hoy en horror social. Sin duda.