Reggio’s Weblog

Espartaco en alta mar, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 1 marzo, 2009

Un día Anxo Quintana se levantó y pensó “Eu sou Espartaco” (yo soy Espartaco). Y todos los gallegos se quedaron boquiabiertos. En enero, el Bloque Nacionalista Galego tuvo un rapto de imaginación y colgó en YouTube un vídeo en el que se recrea aquella célebre escena de Stanley Kubrick en la que los esclavos se levantan ante el centurión y, uno a uno, dicen con orgullo ser Espartaco. “Eu sou Anxo Quintana“, proclamaba el ingenioso anuncio.

(Ingenioso por la comparación de los gallegos con los esclavos, pues esta es una de las claves psicológicas del movimiento galleguista. Ahí van unos versos de Rosalía de Castro, escritos en 1863: “Castellanos de Castilla, / tratade ben ós gallegos, / cando van, van como rosas; / cando vén, vén como negros / Foi a Castilla por pan, / e saramagos lle deron; / déronlle fel por bebida, / peniñas por alimento“.)

Hace unos meses, en Madrid, o quizá en A Coruña, la ciudad gallega mejor conectada con Madrid, alguien dijo: le vamos a dar un buen toque a Quintana. Circulaban desde el año 2005 algunas fotos del líder del Bloque en el yate del empresario Jacinto Rey, propietario de la constructora San José, la séptima en el ranking del sector. Jacinto Rey ha destacado en los últimos años por su interés por la energía eólica, uno de los pocos negocios que parecen tener gran futuro en Galicia, por su mecenazgo de la cultura gallega, y por una creciente enemistad con Santiago Rey, empresario de relieve, con el que no mantiene ningún lazo de parentesco. Santiago Rey es el propietario de La Voz de Galicia,el gran diario gallego de toda la vida.

(Santiago Rey montó en cólera cuando supo que Jacinto Rey estaba detrás del lanzamiento, el 9 de diciembre, del diario O Xornal, en idioma gallego y con una inequívoca proximidad al BNG. A finales de diciembre, J. Rey fue uno de los adjudicatarios del concurso de parques eólicos, gestionado por la Consejería de Industria, de titularidad nacionalista).

O Xornal tiene una modesta circulación, pero ilustra perfectamente el interés del Bloque por construir un área de influencia con injertos empresariales. En las ciudades, el Bloque quisiera ser Convergència i Unió, y en los pueblos, el Partido Agrario, el nuevo administrador, con algunas correcciones, de la vasta red clientelar que durante 16 años tejió el PP de Manuel Fraga.

(Una primera foto de Quintana con Jacinto Rey pasó desapercibida cuando en el 2005 la publicó Correo Gallego. La nueva Xunta de izquierdas apenas se había estrenado y todos los poderes regionales tanteaban cuidadosamente su adaptación al nuevo cuadro político después del largo periodo de hegemonía fraguista).

La imagen de Quintana en el yate del constructor ha sido hábilmente intercalada en la incisiva campaña del PP para presentar a los nuevos gestores de Galicia como meros continuadores del viejo régimen: los 480.000 euros del coche oficial del presidente Emilio Pérez Touriño, los gastos en mobiliario para las dependencias de la Xunta, la aparición de Quintana en un viaje de ancianos que habían pagado 15 euros para ir a comer bacalao a Portugal… Una campaña de cadencia perfecta, que ha tenido como principal vector el diario ABC. Saturados de política politizada y angustiados por la crisis económica, estas semanas los gallegos no han hablado de otra cosa en los bares.

(Aislado en la dependencias presidenciales del Monte Pío, convencido de ser O Presidente en mayúsculas y con muy malas relaciones con José Blanco, jefe del aparato del PSOE, Pérez Touriño, en su juventud líder del PCE en la facultad de Económicas de Santiago, ha quedado inerme ante la campaña que le caricaturiza como O Sultán. Pertenece a otro mundo. A otra época. A un tiempo en el que la política era más discursiva. Más lenta).

La foto de Quintana en el yate y el coche blindado de Touriño han actuado como catalizador del descontento que existe entre muchos electores de izquierda por la gestión de la Xunta. Electores que esperaban más cambios y menos política palaciega. Una vez superada la fiebre antifraguista, se ha producido un vacío. Un bache en el relato. La crisis llega gélida por el Atlántico y las hipotecas atornillan a mucha gente. “Yo no voy a votar, ¡qué les den!”, ha sido el eslogan de moda estos días. Ahí está la clave de una posible (aunque no segura) derrota de la izquierda hoy en Galicia.

(La gente del PP está movilizada. El juez Garzón ha contribuido poderosamente a ello. La campaña de Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo ha sido buena, con un borrón final: Xosé Luis Baltar, el histórico cacique de Ourense, llamó “maricón” a Quintana. “Se non queres que volvan, vota“, decían ayer los móviles).

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