Reggio’s Weblog

No te protegerás de tu prójimo, de Andreu Mas-Colell en El País

Posted in Economía, Internacional by reggio on 27 febrero, 2009

Si no se vislumbra una pronta recuperación económica, la tentación proteccionista será intensa en todos los países. Pero hay que evitar ese pecado. La principal responsabilidad recae en el Gobierno de Obama.

Proteccionismo es la imposición por las autoridades de un país de impedimentos al flujo natural de mercancías (en un sentido amplio que incluiría muchos servicios) a través de sus fronteras, donde natural significa condicionado solamente por la estructura de los precios. O dicho de una forma más abstracta: el proverbial (para los economistas) observador de Marte no podría dibujar, a partir del conocimiento de los flujos de mercancías, las fronteras políticas del país. Por supuesto, la forma clásica de proteccionismo son las tarifas aduaneras, pero hay muchas otras: las subvenciones a industrias (o entidades financieras) del país constituirían otro ejemplo.

Estrictamente hablando, es más dudoso que la preferencia de los consumidores por los productos de su país, si se presenta, merezca el nombre de proteccionismo. En principio, las preferencias individuales hay que aceptarlas como son. Si los ciudadanos norteamericanos y españoles tienen ambos una clara preferencia por filmes norteamericanos ello es muy favorable a los intereses norteamericanos, pero no puede llamarse proteccionismo.

La teoría económica al uso ha demostrado que un mundo informado por el libre comercio ofrece garantías de un resultado económico superior al de un mundo dominado por barreras al comercio. Por supuesto, el argumento no es tan simple como para justificar una afirmación según la cual en un tránsito desde una estructura cerrada del comercio mundial a una abierta todos los países ganarían. La contención es más bien que con una política de transferencias orientada a este propósito todos pueden ganar (es decir, los ganadores directos pueden compensar a los perdedores directos).

Más allá de esta consideración de orden estático también se contemplan efectos dinámicos muy poderosos a favor del comercio libre, tanto a largo plazo como a corto. En negativo, estos últimos quedaron muy bien ilustrados en la Gran Depresión del 29 cuando la tarifa Smoot-Hawley aprobada en 1930 por el Congreso Norteamericano (pero ya en camino de aprobación antes del crash) generó una cadena de represalias que hundió el comercio mundial en poco tiempo, constituyendo así uno de los eslabones principales de la espiral descendente de la Depresión. Por cierto, aunque como hemos indicado las preferencias deben aceptarse como son, es indudable que si en un país se inician procesos de inducción al cambio de preferencias (buy american), hay que contar con los efectos dinámicos y, en particular, con movimientos semejantes en otros países. El que inicia el proceso debe entender bien con lo que está jugando, no sea que al final los ciudadanos del resto del mundo acaben siendo más propensos a inclinarse por sus productos que los del propio país por los propios.

Pero hay más. En un contexto económico normal (en particular, en uno conducente al pleno empleo), el librecambio no es sólo una buena opción desde el punto de vista del bienestar global, sino que configura también una situación muy estable. Ello es así porque con independencia de si los otros países practican o no el proteccionismo, le sale a cuenta al país propio abrir su economía (más precisamente, si una economía cerrada se abre, los ganadores internos podrían compensar a los perdedores internos). O en los términos de la teoría de los juegos de estrategia: si las dos estrategias que un país puede practicar son el proteccionismo o el librecambio, entonces el librecambio es el mejor curso de acción a seguir tanto si el resto del mundo es librecambista como si es proteccionista. En condiciones de normalidad, la estrategia de abrir la economía propia es, en términos técnicos, dominante.

A pesar de estas bondades teóricas el proteccionismo constituye hoy un peligro inminente y potencialmente devastador sobre la estructura de la economía mundial. La explicación es que éstos no son tiempos normales, sino profundamente anormales. Y esto tiene la consecuencia de cambiar dramáticamente la naturaleza del juego económico. Me explico.

En un contexto de anormalidad que, para el propósito presente, sería simplemente uno con desempleo o, más generalmente, uno donde los factores predominantes de ajuste son los de cantidad (empleo), la estrategia proteccionista pasa a ser la dominante para un país individual: es la que siempre sale a cuenta. Nos encontramos en lo que se denomina un dilema del prisionero. La aparente paradoja es fácil de comprender. Supongamos que un país (que para resaltar el efecto que ahora queremos ilustrar es mejor concebirlo como muy pequeño) desea implementar una política de expansión de la demanda para combatir el desempleo, es decir, una política de corte keynesiano. Esta política la financian sus ciudadanos y sería muy difícil de justificar (de hecho, seamos sinceros y reconozcámoslo, no tendría sentido en caso contrario) que los efectos de la expansión de la demanda se diluyeran en compras más allá de las fronteras y que, por tanto, el empleo se generase en otros países.

Otro ejemplo: si, justificadamente o no, se decide proteger el empleo en la industria automovilística, es muy improbable que ello se implemente a través de ayudas a la compra de automóviles que no impongan restricción alguna sobre el país de origen (o que no vayan acompañadas de medidas proteccionistas clásicas como un arancel). Nótese que este argumento, desde la perspectiva de un país individualmente considerado, tiene la misma fuerza tanto si el resto del mundo practica el proteccionismo como si no. La única diferencia es que si el resto del mundo no se protege, el proteccionismo del país propio aparece como un caso de ventajismo (variedad free riding), mientras que si aquél practica el proteccionismo, hacer lo propio aparece entonces como moralmente justificado.

En resumen: el aspecto clave de la discusión que antecede es que si rige la normalidad el autointerés aconseja el librecambio, y si rige la anormalidad el autointerés recomienda el proteccionismo.

Ahora bien, tanto si el proteccionismo no sale individualmente a cuenta como si lo hace, los argumentos a los que aludí al principio de este artículo son plenamente válidos: un mundo de economías abiertas es mejor que un mundo de economías cerradas. Pero entonces, ¿como evitar la estrategia dominante proteccionista cuando el juego tiene la naturaleza de un dilema del prisionero? No es nada fácil. Sería una posición demasiado pesimista concluir que no hay solución, aunque no hay que hacerse ilusiones. En ausencia de un Gobierno mundial precisaríamos de la existencia de unos procesos de cooperación multilateral y de coordinación que creen suficiente inercia para que la opción por el librecambio pueda sobrevivir un periodo suficiente para que la opción proteccionista no sea la primera, y se dé así una oportunidad a que los tiempos de anormalidad sean cortos y permitan un tránsito rápido a un juego donde la opción abierta vuelva a ser dominante.

Con referencia al momento actual, es obvio que si el resto del mundo no expande no tiene lógica que lo haga un país por sí solo en régimen abierto. Por tanto, para hacer la expansión compatible con el librecambio se necesita un acuerdo multilateral para expandir simultáneamente. Es lo que, bien o mal, se está intentando en el mundo (la responsabilidad de la Administración Obama es ahí enorme). Es un acuerdo difícil, porque las realidades y tradiciones de los distintos países son distintas. Pero ha de ser posible.

Será, sin embargo, un acuerdo penetrado por el virus de la inestabilidad: los incentivos para adoptar una postura egoísta (proteccionismo) estarán presentes en cualquier caso (aunque, y esto es positivo, no serán más fuertes si el resto del mundo se comporta bien). Ciertamente, los acuerdos son acuerdos y por tanto hay que confiar que los mismos, acompañados por las exhortaciones y los avisos, tengan efecto por un tiempo suficiente para dar margen a las fuerzas impulsoras de una recuperación. Pero si ésta no se presenta pronto, me temo que la tentación proteccionista será intensísima. Pero la debemos resistir. Es pecado mortal.

Andreu Mas-Colell es catedrático de la Universitat Pompeu Fabra y de Barcelona Graduate School of Economics (GSE).

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Lecciones del pasado, de Joan B. Culla i Clarà en El País de Cataluña

Posted in Memoria, Política by reggio on 27 febrero, 2009

Ciertamente si, tras la infausta montería jiennense, Mariano Fernández Bermejo se hubiese dado más prisa en presentar su inevitable dimisión, si se hubiera ahorrado esos desplantes parlamentarios que levantaron a la bancada socialista con gritos de “¡torero, torero!” –sic transit gloria mundi, debe de pensar hoy-, el cesante ministro de Justicia habría privado al Partido Popular de la pólvora con que éste ha alimentado su artillería dialéctica a lo largo de las últimas dos semanas. Como quiera que sea, Fernández Bermejo ya no está en el Gobierno. Y, aunque Mariano Rajoy y los suyos traten de prolongar un poco más la explotación del episodio cinegético, deberían ser conscientes de que el epicentro de la crisis política (de la crisis generada por las prácticas de espionaje en la Comunidad de Madrid y por la presunta trama de corrupción conocida como Operación Gürtel) ha vuelto a situarse en su campo.

Desde luego, no hay dos situaciones idénticas. Pero, en los anales de la derecha política española posterior al franquismo, existe un antecedente que presenta con el actual panorama del PP algunas semejanzas: me refiero al caso Naseiro. Estalló en abril de 1990, pocas semanas después de que, durante un congreso celebrado en Sevilla, José María Aznar López fuese definitivamente investido como sucesor de Manuel Fraga a todos los efectos; es decir, como líder omnímodo del refundado Partido Popular.

Fue, por tanto, una cúpula todavía no consolidada la que hubo de hacer frente a la detención del secretario de finanzas del partido, Rosendo Naseiro; a la posterior imputación de su predecesor, Ángel Sanchís, y a la salida a la luz de abundantes indicios sospechosos acerca de la posible financiación irregular del PP y de Alianza Popular. ¿Cómo? Pues por la vía del cobro de comisiones a cambio de favores inmobiliarios y concesiones de obras públicas en ayuntamientos bajo su control.

También en aquella ocasión el primer impulso de la dirección conservadora fue denunciar una maniobra, una confabulación del Gobierno socialista en connivencia con jueces y policías, para tapar el caso Juan Guerra y agostar las buenas perspectivas electorales del recién entronizado José María Aznar. Sin embargo, a la vuelta de algunas semanas hubo que aceptar las bajas de Naseiro, de Sanchís y, sobre todo, de Arturo Moreno, flamante vicesecretario de acción electoral y número cuatro del partido, a quien reemplazó… Mariano Rajoy. Es verdad -y dice mucho sobre el funcionamiento de la justicia en España- que, cuando el caso llegó a juicio en junio-julio de 1992, el Tribunal Supremo exoneró a todos los imputados, por un defecto de forma en la obtención de las pruebas. Con todo, el asunto sí tuvo consecuencias en el seno del Partido Popular: un Aznar que se sintió por momentos acorralado y desasistido dibujó, tras superar el trance, una línea roja de separación entre los leales y aquellos que no lo eran tanto, y procedió a la liquidación política de una serie de históricos demasiado independientes, como Fernando Suárez o Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Podría decirse que fue el PP purgado tras el caso Naseiro aquel que alcanzaría La Moncloa en 1996.

Repito que no hay dos situaciones idénticas y, a día de hoy, es aún dudoso si las gestas empresariales de Francisco Correa y sus socios tenían como objetivo alimentar las arcas del Partido Popular, además de las propias y tal vez las de algún cargo político concreto. En cambio, los escenarios de 1990 y de 2009 coinciden bastante más en otro aspecto: la fragilidad del liderazgo del PP, por primerizo entonces, por erosionado y contestado ahora. El de Mariano Rajoy sufre desde las elecciones del pasado mes de marzo el acoso cotidiano de buena parte de los medios y las tribunas de la derecha madrileña, y el boicoteo explícito o sordo de una fracción del propio partido, atrincherada en baluartes tan poderosos como la Comunidad de Madrid. Precisamente esta última circunstancia diferencia de modo radical la posición actual de Esperanza Aguirre y la de los díscolos de 1990, los cuales carecían de cualquier poder institucional y pudieron ser barridos sin contemplación alguna.

Entonces, ¿cuál es, para los inquilinos de la séptima planta de Génova 13, la salida del laberinto? Desde hace largo tiempo, el principal reproche con que se bombardea a Rajoy en todos los tonos es el de carecer de cuajo, ser un blando -un maricomplejines- y no ejercer ni su autoridad interna ni la jefatura de la oposición con suficientes energía, ni contundencia, ni mala leche. Pues bien, la actual y doble crisis de los espías y de los correas ofrece al presidente del PP una gran oportunidad de desmentirlo, de reafirmarse y hacerse respetar por propios y extraños. ¿He dicho una gran oportunidad? Rectifico: la última oportunidad.

Reelegido hace apenas medio año con un apoyo congresual del 82,7%, y después de haber obtenido la cabeza del ministro Bermejo, Mariano Rajoy se halla ahora en condiciones óptimas para abandonar la actitud defensiva de las últimas semanas y erigirse en el más firme paladín de la depuración de todas las responsabilidades internas que puedan derivarse de los escándalos en curso. Sí, ya sé que los partidos actuales son ante todo sindicatos de intereses cimentados sobre la protección mutua entre sus miembros. Pero si Rajoy no aprovecha la coyuntura para cortar unas cuantas cabezas, para poner en su sitio a los nostálgicos del aznarismo, a los secuaces de la condesa consorte, entonces ni las elecciones gallegas, ni las vascas ni las europeas le salvarán, cualquiera que sea su resultado. Si hay algo que la derecha española no tolera es a los líderes débiles.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

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El frente interno, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 27 febrero, 2009

Ni se acaba el mundo con la crisis, ni la política en los fastidiosos contenciosos entre el poder central y el autonómico. Catalunya, en tanto que sufridora secular de la adversidad, puede salir reforzada de esta difícil etapa, como ha sucedido en el pasado. También puede instalarse en el declive, y no sería la primera vez. Depende de los catalanes, de cómo seamos capaces de reaccionar, de las prioridades que establezcamos, de la ambición colectiva, del acierto en los cambios estratégicos, de la sociedad civil, en su más amplio sentido, así como de las propias administraciones. En definitiva, del consenso sobre las transformaciones y cambios, del trabajo de los miles de colectivos de todo tipo que conforman el tejido social.

Tanto la economía global como la confianza ciudadana en el futuro sufren un serio revés. La mayoría de los sectores saldrán sin duda perjudicados. Los costes están siendo altos, y no hemos tocado fondo. En estas circunstancias, es imprescindible preservar la cohesión social, reforzar en lo posible las redes de protección, en especial de los más desfavorecidos. Pero el reto, que empieza por aquí y sigue por la financiación, el crédito y las inversiones, se multiplica en varios frentes. Señalarlos, perfilarlos e invertir en ellos es crucial.

El primero es el capital humano. Es ineludible elevar el nivel general, y el especializado, de la formación, también la continua. Los partidos deberían ponerse de acuerdo cuanto antes y aprobar la ley de Educación. Pero no basta. El famoso plan Bolonia, de uniformización universitaria europea, va a dejar un hueco de enorme magnitud. Al acortar las carreras universitarias, obtendremos universitarios con capacidades sensiblemente inferiores. No habrá otra forma de conseguir capas altas de profesionales que mediante la creación, a semejanza de otros países de nuestro entorno, de centros de altos estudios. De lo contrario, no podremos competir.

El siguiente es un capítulo de capítulos.

Transformar es escoger. Escoger es descartar. ¿En qué deberíamos especializarnos? ¿Dónde invertir con garantías los escasos recursos disponibles? Innovación y tecnología son palabras clave, pero podríamos errar al señalar los núcleos emergentes. Asimismo, no pocas actividades tradicionales, verbigracia el comercio, están llamadas a perpetuarse, con escasas adaptaciones. Además de la construcción, otros sectores se revelan obsoletos o bien pasarán a ocupar un lugar mucho menor en el cuadro macroeconómico, y es del todo inútil malgastar, en retrasar su hundimiento, fuerzas que deberían reservarse para fines con futuro. Mejorar en lo que somos buenos es siempre una opción acertada. Son principios generales, de difícil concreción. Nada peor que improvisar o actuar al hilo de las malas noticias, sin reflexión y análisis previos. Pero nadie puede permitirse pararse a pensar en pleno temporal. Hay que unir pues pensamiento y acción, acción y rectificación. La presente crisis conlleva cambios permanentes, en la economía, en la cultura, en los hábitos, cuyo alcance aún no atisbamos. Descartada por largo tiempo la alegría irrefrenable del consumo, cuando vuelva el crecimiento, será probablemente lento.

La clave de vuelta para una salida particular a la crisis -la particular de Catalunya, inserta en España, Europa y la globalidad- es la cohesión interna. Aprovechar que somos un país pequeño para centrarnos en las enormes posibilidades que ofrece a los de una medida similar la economía de escala. Añadir discordia a los focos permanentes, e inevitables, de tensión, es algo en extremo contraproducente. Para empezar, los políticos deberían dar ejemplo. También los medios de comunicación y los forjadores de opinión. No tenemos otra opción que abonar un liderazgo difuso, de suma de vectores, por llamarlo de algún modo. Nada menos indicado que las tentaciones de líderes providenciales, sea al estilo de Obama o al de Sarkozy. Ahora sí es indispensable que la sociedad civil -entendida en los términos expresados más arriba- se refuerce y asuma, no el relevo, pero sí una porción más relevante de liderazgo y autogestión. Catalunya ha soportado durante los últimos decenios un progresivo desmantelamiento del tejido social organizado, con una cierta recuperación, visible en los últimos tiempos. Es urgente reforzarla. La Generalitat y el resto de las administraciones deberían al tiempo dar un giro hacia la proximidad, mediante la asunción a fondo, por parte de responsables y funcionarios, de la condición de servidores públicos. Deberíamos acabar con la patrimonialización de las administraciones a cargo de sus gestores, sean temporales (los políticos) o permanentes (los funcionarios). La Generalitat es un instrumento de la sociedad y no al revés. Cada cual debe ejercer sus potestades y responsabilidades, pero teniendo en cuenta que el mejor criterio, en estos tiempos de inteligencia colectiva y sistémica, no lo transmite el sillón, sino la sociedad, con la única condición de que se la sepa escuchar.

El futuro de Catalunya saldrá de Catalunya. Las dificultades no son excusa.

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De pupitres y quirófanos, de Germà Bel en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 27 febrero, 2009

En realidad, de lo que quiero escribir es de financiación autonómica, pero poner un título que señale directamente ahí podría disuadir a muchos lectores. Como ya saben, poco más del dos por ciento de los catalanes (según dicen) estamos preocupados por la financiación autonómica. Y claro, estar entre los concernidos hace que uno sienta cierta sensación de marginalidad.

Creo que la preocupación es comprensible en mi caso: mi familia usa los servicios de la escuela pública y la sanidad pública. También lo sería si usáramos los de la educación y sanidad concertadas, pues su fuente básica de financiación son asimismo los recursos de la Generalitat. De hecho, son muy pocas las familias catalanas que recurren a la educación y sanidad privadas puras. Y como la mayor parte del gasto de los departamentos de la Generalitat se dedica a educación y salud, la conclusión es clara: para la gran mayoría de familias, ésta es nuestra segunda fuente de ingresos. De hecho, para muchos jubilados y parados es la primera. ¿No les parece buen motivo -aunque sea interesado- para interesarse por el asunto?

Que el gasto público en escuelas y hospitales sea la gran fuente de atribución de rentas (en especie) de las familias españolas contribuye a explicar una paradoja curiosa. En diciembre último, la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas, Madrid) publicó su balance económico regional con datos para el 2007; de ellos se desprende que Catalunya es una región relativamente rica (la cuarta), pues la producción de riqueza por habitante es un 18,1% superior a la media española. Pero tras la acción distributiva del sector público, y ajustando por las diferencias regionales en nivel de precios, la renta bruta por habitante -el poder de compra- en Catalunya es un 4,6% superior a la media. Las familias de Aragón, Cantabria, Castilla y León y La Rioja (y las de Ceuta) gozan de mayor poder de compra que las catalanas, aunque éstas produzcan más riqueza.

Las estimaciones de Funcas ofrecen un dato adicional muy interesante: al medir la renta ajustada de las familias (“el indicador más representativo del nivel de vida de los españoles”, pág. 33), la de Catalunya es un 2,5% superior a la media española, lo que la hace la novena región en nivel de renta. Y precisamente la renta ajustada se obtiene sumando a las rentas dinerarias las transferencias en especie que reciben las familias, sobre todo de …. ¡educación y sanidad!

Quizás convendría que el Gobierno y la oposición en Catalunya extirpasen el término “financiación autonómica” del léxico político y se refiriesen siempre a “el dinero para nuestros pupitres y quirófanos”. Al cabo, es lo mismo. Claro que cabe preguntarse si los catalanes -gente práctica- no hemos tomado la decisión de no importunar mucho, pues aún tenemos un nivel de vida algo superior a la media. Total, tiempo habrá cuando nos pongamos por debajo. Y al paso que vamos, igual no hay que esperar mucho.

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Campañas y debates, de Santiago González en El Mundo

Posted in Política by reggio on 27 febrero, 2009

A CONTRAPELO

La coincidencia de las elecciones autonómicas en Galicia y el País Vasco ha venido a escenificar dos estilos de campaña. La gallega ha sido más tradicional, con el cruce de acusaciones entre los tres partidos en liza que ha sido seña de identidad de las campañas electorales en los últimos 30 años.

Los socios de la Xunta de Galicia en la pasada legislatura han usado contra sus adversarios la dimisión de su cabeza de lista por Orense, tras recibir ingresos de procedencia tan sospechosa como las islas Caimán, y la misteriosa operación Gürtel, que instruye muy oportunamente el juez Garzón.

Los populares han restregado a sus adversarios su debilidad por el lujo y el boato: el gusto por el mobiliario y los coches caros de Touriño, los paseos en yate de Anxo Quintana y su secuestro de ancianos como carne de mitin, y el ático de Pepe Blanco, tan displicente con la Ley de Costas.

La campaña vasca ha sido más tranquila. El candidato popular en la gallega rechazó la idea del duelo a tres (il triello, bautizaron esta modalidad de desafío Sergio Leone y Ennio Morricone en la escena final de El bueno, el feo, el malo). Lo mismo hizo en el País Vasco Patxi López, aunque por distintas razones. Núñez Feijóo no quiso verse cogido entre Touriño y Quintana, mientras López evitaba la imagen que perseguía el partido guía de los vascos (y las vascas, claro): un lehendakari vasco-vasco acosado por un frente español.

El resultado fue un debate a seis cuyo desarrollo mostró que tres de los presentes eran perfectamente prescindibles. Lo interesante habría sido confrontar a los dos candidatos con más posibilidades, aunque el tercer hombre, el popular Basagoiti, dio más juego del que se esperaba. Tuvo un seguimiento notable, rozando el 19% de share, que son cuatro puntos más del que tiene la televisión vasca la noche de los miércoles.

El éxito es tanto más notable si se tiene en cuenta que el debate en la segunda cadena de la televisión pública vasca se produjo en lo que los nacionalistas consideran su lengua extraña: el castellano.

Tal vez por eso, el candidato Ibarretxe, privado de su lengua propia, asombró a propios y extraños con una respuesta suya a Patxi López. Este atacó uno de los mantras de Juan Josué: «Dígame una sola idea que haya sido ilegalizada», a lo que el candidato nacionalista, en su prístina simpleza analógica, respondió: «El Estatuto está ilegalizado en 36 ideas».

Ese fue el momento de oro de la noche. El de plata fue la reacción de Basagoiti a las críticas de López contra las políticas de Ibarretxe en la pasada legislatura: «¡Pero si le han aprobado ustedes los presupuestos durante los cuatro últimos años!».

Por lo demás, fue un debate a tono con la campaña, tendente al gris plomizo. Todos se conformaban con no espantar un solo votante de los que ya tenían convencidos. Uno de los dos, Ibarretxe o López, se equivocaba en sus cálculos. Por mucha atención que se ponga en escudriñar las entrañas de la oca, no se ve en ellas pulsión de cambio. Ibarretxe tampoco la ve, a juzgar por su gesto satisfecho. Veremos.

© Mundinteractivos, S.A.

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Gusanera, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Política by reggio on 27 febrero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

Han preguntado a Mariano Rajoy si metería la mano en el fuego por dirigentes de su partido. Mariano ha evitado pronunciarse; le parece desusado someterse a esa prueba medieval que se utilizaba con los traidores y las brujas. La ordalía era una jaculatoria jurídico-religiosa que averiguaba la inocencia de los sospechosos haciéndoles que pusieran sus manos en hierros candentes o sobre ascuas para averiguar si Dios los consideraba exculpados. La desconfianza de Rajoy hacia los políticos debiera ser el resplandor de los demócratas. En el PP y hasta en una asociación de vecinos habría que seguir las órdenes de los revolucionarios de primeros del siglo pasado que aconsejaban así: hay que elegir a los más honrados para las instituciones, y después vigilarlos como si fueran ladrones.

Hasta en el papado hubo corrupción y sangre en las alcantarillas.Cuando los papas estaban sin dinero, vendían bulas y decretaban la cobranza de impuestos a las prostitutas para sacar dinero.Así que no hay que rasgar el romancero. Pero ¿cómo no desconfiar de unos partidos cuyas deudas a los bancos no se consideran deudas sino inversiones? ¿Cómo no descreer de unos dirigentes a los que la banca indulta, las cajas les prestan a fondo perdido y aún necesitan más y más para mítines con banderitas de plástico y música celestial? La condonación de deudas es financiación ilegal. En la política, como en Torrelodones, la banca siempre gana, y la plebe vigila los muflones que matan, en vez de vigilar, la leña que se llevan, en un Estado con 19 retoños genéticamente idénticos. Esto es una covacha de birlones que empieza en Roldán y sigue en Correa; como siempre, los bribones siguen a la sombra de palacio, como antes en el Alcázar, pensando que el diablo se lleve lo último.

El vicepresidente de los ropones ha comentado que si el Barón de Montesquieu muere, moriría la democracia. Pero la democracia no muere sólo del mal de las formas o la estética de las apariencias, sino de la gusanera de la corrupción. Montesquieu, desde la nobleza de la toga, no sólo habla de la separación de poderes, sino de la liza de los partidos que se corrompe por oligarquía y envilecimiento de principios.

De vez en cuando, hay conatos de purga. Ahora le ha tocado al PP. La resaca, esa visión borrosa que sufre Rajoy, se le acabará el lunes; verá si se escapa o no del descaste, que en política se llama desgaste o eliminación de los que sobran en la lucha darwinista del poder. Mariano vive en una atmósfera de fin de reinado.

Si gana las gallegas por mayoría absoluta, aguantará; si no, hay mucha gente que no quiere esperar a las europeas ni aplazar el descaste.

Mientras, el muflón sardo está llorando y ni el Rey se atreve a pegar un tiro.

© Mundinteractivos, S.A.

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Recuerdos propios frente a olvidos (y derribos) ajenos, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Asturias, Política by reggio on 27 febrero, 2009

Divagaciones sobre la parcela del Vasco tras la propuesta de crear allí un Palacio de Justicia

Frente al mirador de mi niñez, el Caserón de Santa Clara, que se estaba transformando entonces en Delegación de Hacienda. Al lado del edificio donde transcurrió gran parte de mi infancia se encontraba la Caja de Previsión. Jovellanos y Argüelles, a pesar de los dictados de aquellos tiempos, se daban, como ahora, la mano en el callejero, no así la plaza donde vivía que, según atestiguaba la correspondencia familiar, se había llamado en su momento plaza del Progreso. Lo cotidiano y lo presente se emplazaban frente a la fachada principal de la casa, y el pasado, sin embargo, habitaba en su parte posterior, desde donde podían verse galerías de edificios de la calle de la Luna con sus maderas arrasadas por el paso del tiempo, como las arrugas y las estrías en los rostros de las personas. Y, por otro lado, si (con perdón) se giraba a la izquierda, se accedía a la calle Jovellanos, a la estación del Vasco, otra inequívoca representación del pasado donde tuve la oportunidad de ver viejos coches de trenes de madera que ya no estaban en servicio. No olvidaré nunca el tránsito por el pasadizo que evitaba las vías y, sobre todo, los andenes con sus legendarios anuncios que daban cuenta de otra época con verdadera voluntad de estilo.

Calle Jovellanos, estación del Vasco, Mesón del Labrador, cuya vida se prolongaría aún largos años. Calle Jovellanos que, pasado el tiempo, vería admirablemente descrita al inicio de la novela ayalina «La pata de la raposa», que tan excelente opinión le mereció a Unamuno. Calle Jovellanos donde también se encontraba una confitería que fabricaba excelentes pasteles y merengues de sabores diversos. Pasaron los años, casi el período de una generación, según los parámetros orteguianos, y, viviendo ya en la calle Toreno, justo en la esquina con Marqués de Pidal, me tocó ver el derribo del palacete de Concha Heres. De nada sirvieron entonces las protestas, pues la piqueta hizo su trabajo. Lo que entonces no me podía imaginar era que no transcurriría una década completa para que la vieja estación del Vasco corriese idéntico destino.

Y es el hecho que ambos derribos son dignos de formar parte de la historia universal de la infamia. Y es el hecho que doña Paloma Sainz, al hacer la propuesta de la construcción de un palacio en la antigua parcela del Vasco, consiguió remover en mí, con innegable desasosiego, recuerdos siempre presentes y olvidos aún rescatables. Ya que no se puede hacer justicia poética frente a aquellas demoliciones que nunca se tendrían que haber producido, plantea la jefa de la oposición municipal vetustense un Palacio de Justicia.

Ya que quedaron en nada una serie de proyectos, sobre todo, para fortuna de la ciudad el de las «trillizas» calatraveñas, hágase un Palacio de Justicia, pues los que actualmente a ello se destinan en Oviedo presentan, al parecer, deficiencias. Garantiza la edil socialista que se crearán muchos puestos de trabajo. Cuenta con el apoyo de Areces, mientras que el regidor vetustense da el visto bueno, siempre que su Consistorio no tenga que contribuir económicamente a su edificación.

Nada de pedir cuentas acerca de lo que gastó en esos edificios donde se ubican actualmente los juzgados en Oviedo. Nada de preguntarse a qué empresa y a qué intereses se favorece con la iniciativa de doña Paloma. En España, en Asturias y, sobre todo, en Vetusta, de lo que se trata es de construir palacios último modelo, dado que no se supo o no se quiso conservar parte importante de lo que había: léase el Vasco, léase el palacete de Concha Heres, léase el Fontán.

La Ciudad de los Palacios, que aún no tienen pedigrí para ser encantados, porque lo que contaba con empaque fue en gran parte derruido. La Ciudad de los Palacios que no se plantea qué habría que hacer entonces con lo que hay. La Ciudad de los Palacios que no se cuestiona si los graves problemas que padece de la Justicia, aunque el cinegético Bermejo haya dimitido, se resolverán con la construcción que doña Paloma propone.

La Ciudad de los Palacios, el ladrillo o vaya usted a saber qué nobles materiales, como principal forma de hacer política, con lo que doña Paloma parece ecualizarse con su adversario político. ¿Cómo no recordar que la principal apuesta de su antecesor, Leopoldo Tolivar, no estuvo del lado del ladrillo, sino de otra forma de entender la política, así como de unas conmemoraciones históricas que ya se ve en qué dieron? ¿Cómo no inquietarse, en fin, ante el hecho de que se pretende edificar un Palacio de Justicia sobre una parcela en la que está radicada una gran injusticia poética, un derribo contraproducente de algo que merecía ser conservado?

Por eso, no puedo no hablar de recuerdos propios frente a derribos ajenos que quieren ser olvidados con el pretexto de un nuevo palacio en una ciudad que algunos quieren convertir en una especie de Camelot sin la magia y sin la «t», donde lo mayúsculo es el dislate continuo y el permanente estado de obras.

Límites al Estado de Inopia, de Fernando Suárez en El Confidencial

Posted in Economía, Justicia, Laboral, Política by reggio on 27 febrero, 2009

A finales del siglo XIX, Otto von Bismarck puso la primera piedra del Estado del Bienestar contemporáneo: un esquema de prestaciones públicas destinadas a reducir la desigualdad, fomentar la integración social y mitigar la pobreza según estructuras de dependencia intergeneracional y solidaridad. Camino de cumplir 70 años, el Beveridge Report sentó a su vez las bases de los modernos sistemas de seguridad y protección sociales, según tres principios esenciales que, en plena Segunda Guerra Mundial, resultaban críticos.

El primero quedaba resumido en la frase un momento revolucionario de la historia mundial es tiempo de revoluciones, no de parches. El segundo cimentaba la política de progreso social como una batalla contra cinco gigantes: necesidad, enfermedad, ignorancia, miseria y ociosidad. Por último, criterios de reciprocidad. El esfuerzo debía ser fruto de la cooperación entre el Estado y el individuo. Cobertura a cambio de servicio y contribución, evitando ahogar el incentivo, la oportunidad y la responsabilidad individual. Permitir margen de maniobra y estímulos suficientes para la acción voluntaria orientada a mejorar la propia situación personal y familiar. Amparo sin provocar desidia.

Pero los tiempos cambian, nuevo collar. Don Carnal utiliza maschera dello speziale apareciendo como Estado del Bienestar democrático y solidario cuando, en realidad, es la coartada de la partitocracia absolutista. Bajo la careta se esconde, ya saben, una monstruosa estructura burocrática multinivel, siempre dispuesta a engordar a cambio de más servidores, bienes y servicios de dudosa necesidad, difícil financiación y peor administración. Su insaciable apetito recaudatorio, proporcional a su creciente tamaño, debe ser convenientemente alimentado por prudentes ahorradores, inversores de talentos, emprendedores, justos comerciantes y obreros de la honestidad profesional, para así dotar de bicocas y prebendas al resto de paniaguados del sistema.

Necesidad, ignorancia y ociosidad han sido finalmente combatidas con sobreprotección, condescendencia infinita y desmantelamiento de la formación integral en principios y deberes, a todos los niveles. Asesinada la Parábola de los Talentos, quien los entierra obtiene igual o mejor premio que quien los arriesga. Aventada la meritocracia basada en el binomio esfuerzo-recompensa, nada se niega, reprensión inexistente, impunidad. La cultura de la subvención y el subsidio han creado una relación patológica de dependencia trufada de conflictos de intereses. Clientelismo político y pesebrismo público. Imposible adelgazar. Indolencia conformista, hedonismo compulsivo y picaresca autóctona para una sociedad decadente donde la convivencia pende del fino hilo de la improvisación, la dejación de funciones, las corruptelas y el ande yo caliente. Tenemos lo que nos merecemos, sí, fiel reflejo de nuestra sociedad.

Evolución del Panem et circenses hacia la Cultura del bienestar y el ocio. Atrás quedan sombrías fórmulas totalitarias de turismo de masas por trabajar con alegría o merecidos recreos en Butlins sudados de esfuerzo. Fuera límites, éxito sin mérito. La vie en rose. Oportunidad única del Estado benefactor para someter cuales súbditos a sus ciudadanos mediante la gestión del equilibrio de los tercios sociales: una parte apoya y se beneficia, otra se opone y padece,  y la última, abonada al NS/NC, se adapta a lo que le echen. Demasiadas cigarras para tan pocas y tan explotadas hormigas. Esperanzas fundadas en que la reversión del tercio acomodaticio se escore hacia el hormiguero antes de que éste sea abandonado por sus exhaustos moradores.

El Bien Político no tiene sustitutivo perfecto, partitocracia o caos, nos dicen. Mensaje que cala y se retroalimenta mediante proselitismo mediático, dádivas y caramelos. Proteger el mercado político con barreras de entrada consistentes en desplazamientos hacia la derecha de la curva de costes mediante publicidad institucional y propaganda. Impedir la competencia de nuevos participantes que tendrían que realizar ingentes inversiones para atraer la atención ciudadana y así posicionar su imagen de marca. Costes unitarios prohibitivos en términos de votos. El pastel es demasiado goloso para ser com-partido. Al ciudadano no le quedan más alternativas que apechugar o rebelarse. Ambas salen caras.

Henos aquí porque hace tiempo otorgamos carta de naturaleza e impunidad para invalidar las restricciones que impedían conquistar Jauja. Cautiva y desarmada, desbarre non stop. Tomar conciencia de la letra pequeña, del coste real de ser sometidos en nuestro nombre y por nuestra propia mano, supone llegar tarde para cuidarse de lo que uno desea. Programas de contención del descontento social basados, curiosamente, en apretar la soga y el cinturón a los contribuyentes en lugar de contener el despilfarro, las gollerías y las cacerías con pólvora del rey. En épocas de vacas famélicas el apetito confiscatorio se dispara y, como no se puede sacar de donde no hay, se aprietan tuercas y se exprimen los bolsillos ciudadanos.

El ejercicio del poder coactivo del Estado del Bienestar pasa por enterrar literalmente a los ciudadanos, reconvertidos en serviles súbditos, bajo una ingente y absurda montaña de regulaciones y leyes ininteligibles de inexcusable cumplimiento, salvo para aquella casta de privilegiados inmunes, gozosos de impunidad. Ley del embudo. Una vez fijado el corpus normativo, vía libre para inundar el sistema financiero con instrumentos de pago basados en papel, tinta y confianza prestada, orientados a la mutua liquidación de tributos y contribuciones.

El dinero fiduciario es un activo para el agente privado, pero no un pasivo del emisor, dada la inconvertibilidad del papel moneda salvo en papel moneda, generando una solvencia asimétrica entre ellos. La aceptación del agente privado de recibir pago en dinero fiduciario constituye una liquidación definitiva entre las partes, sin que aquél pueda reclamar nada más. Interesante, Dr. Buiter. Dada la dependencia intergeneracional del sistema, las ronchas que el maná de Papá Estado va dejando en herencia, y que deben ser sucesivamente amortizadas, cada vez pesan más, volviéndose imposibles de atender. ¿Deuda perpetua…?

John Horsley Palmer, Gobernador del BoE (1830-1833), escribiría: si el papel moneda fuese desacreditado por cualquier convulsión política interna, entonces sólo podría ser defendido por el poder del Gobierno y, en tales momentos, el deber de los Ministros de la Corona se convierte en asumir la responsabilidad de mantener el crédito público. Para aliviar el descrédito comercial, el organismo emisor debería estar suficientemente formado como para poder brindar protección. Llegamos mal y tarde, me temo. Nos hemos pasado varios pueblos y a las nuevas generaciones no se les ha enseñado a frenar, siempre a tope.

Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Límites. De su ausencia, corríjanme si me equivoco, brota el origen de nuestras cuitas. Hora de despertar del aletargamiento y de acotar el Estado de Inopia. Tal vez haya que hundir antes de reflotar. Unas pocas normas sensatas, accesibles y orientadas al bien común; una administración ligera de equipaje, eficiente y al servicio de sus ciudadanos; una efectiva separación de poderes; un sistema electoral de representación justa y directa; mecanismos de control, escrutinio y sanción de las actuaciones públicas, con exigencia automática de responsabilidades y sin resquicios para la impunidad. Extirpación quirúrgica del dollar standard, haciendo borrón y cuenta nueva con el remanente. Begin the Beguine. Un sistema financiero internacional que no asuma como lógicas e irremediables la sucesión de burbujas y sumideros, más o menos globalizados, que roban prosperidad a generaciones enteras, encadenando miserias para acreditar las cuentas del Gran Capitán. I have a dream today.

Los salarios con inflación cero, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Derechos, Economía, Laboral by reggio on 27 febrero, 2009

Hoy viernes se conocerá el IPC adelantado que cada mes, en la última jornada laborable, facilita el Instituto Nacional de Estadística, como anticipo que el próximo 12 de marzo se convertirá en definitivo. El INE suele afinar bastante y lo que es provisional suele acabar siendo casi siempre definitivo. El mes de enero sorprendió con un descenso de la tasa anual de inflación hasta el 0,8%, la más baja desde el mes de junio del año 1969, es decir, 40 años atrás. En febrero pueden haberse producido algunos cambios sustanciales, pero es casi seguro que la tasa de inflación, es decir, la variación interanual, se mantendrá moderada.

Resulta sorprendente que la economía española haya encadenado tres meses consecutivos de caída de los precios, es decir, tres meses en los que la variación mensual respecto al mes anterior ha sido negativa. Empezó en noviembre, con descenso del 0,4%, siguió en diciembre, con un retroceso del 0,5% y ha culminado en enero, con un descenso mensual del 1,2%, lo que ha situado la variación interanual en el 0,8%.

La caída de los precios tiene buena parte de su explicación en el descenso abrupto y rápido de los precios del petróleo, que ha permitido reconducir la tasa de inflación desde el 5,3% del pasado mes de julio, cuando teníamos el precio del petróleo por encima de los 145 dólares por barril, hasta el 0,8% de enero, con un petróleo en torno a los 50 dólares por barril. Pero, con ser importante este impacto, la moderación de la inflación obedece sobre todo al freno de la demanda interna. El espectáculo de las rebajas en el mes de enero ha sido todo un indicativo de las dificultades de venta por las que atraviesan prácticamente todos los sectores de la economía española. No hay producto e incluso servicio que se salve de las rebajas, con mayor o menor intensidad.

En el mundo inmobiliario, el impacto de los precios posiblemente esté aún muy lejos de dejarse sentir, aunque al menos han dejado de aumentar de forma casi siempre acelerada. Se empiezan a ver recortes de cierta consideración pero el mercado español está siendo, de momento, el más reacciona de toda Europa a las bajadas de tipos, según encuestas supranacionales. Es muy probable que la demanda de vivienda se reanime cuando los precios adquieran unos niveles más acordes con la realidad, que implica posiblemente dar marcha atrás y volver a precios de dos o incluso cuatro años atrás.

Hay, en suma, un ambiente de rebajas que previsiblemente se va a prolongar algo más que de costumbre y que en el mes de febrero ha estado más vigente y con mayor intensidad que nunca en años atrás, lo que invita a esperar un nivel de inflación bastante aceptable en estos meses iniciales del año. Es, en todo caso, una experiencia a la que no estamos acostumbrados los españoles y mucho menos los que negocian los convenios y las alzas salariales cada año.

¿Tiene sentido que, en este entorno, las remuneraciones de los funcionarios, que no tienen riesgo de perder el empleo como sucede en el sector privado, hayan aumentado en los Presupuestos de 2009 en torno al 3,85%, aumento integrado por un 2% de la masa salarial y el resto por complementos? ¿Cuántos trabajadores en el sector privado van a poder decir este año -si logran mantener el empleo- que verán sus salarios incrementados en casi un 4%? Los altos cargos de la Administración no se beneficiarán de aumentos salariales este año, según decisión adoptada en el momento de elaboración de los Presupuestos. Ha sido una decisión sensata y ejemplarizante. En el sector privado, desde principios de mes estamos viendo anuncios incluso más drásticos, de rebajas de los salarios en los ámbitos directivos, en algunos casos del 10% y en otros incluso más. No es lo mismo una congelación o un recorte salarial en un alto directivo empresarial o bancario que en un trabajador de base, pero está bien que las actitudes testimoniales vayan en la dirección correcta. Los salarios de los trabajadores de base o medios tienen, no obstante, un importante efecto global, ya que la masa salarial es la que contribuye a formar los costes de producción de las empresas y del conjunto de la economía.

Este año, el tira y afloja será complejo y la negociación salarial está inevitablemente orientada a la baja. Las referencias con las que pueden orientarse de los trabajadores del sector privado invitan claramente a la moderación, ya que con una economía en baja, los recortes de costes acaban inevitablemente en recortes de empleo, en especial si no existe un compromiso claro de contención salarial o de corresponsabilidad ante la crisis. Hay empresas en las que estos compromisos se están alcanzando de forma bastante aceptable y son posiblemente el único camino para tratar de minimizar el coste social de la crisis.

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El estímulo económico de Obama, de Vicenç Navarro en Público

Posted in Economía by reggio on 27 febrero, 2009

Los reportajes que aparecen sobre EEUU en la prensa española reproducen con excesiva frecuencia la interpretación de aquella realidad que aparece en los principales medios de información de aquel país (y muy en particular en la cadena televisiva CNN). Se ha establecido así una imagen de que el candidato, más tarde presidente Obama, es el motor del cambio en EEUU, al atribuirle haber creado un movimiento deseoso de transformar la situación política y económica de aquel país. Esta interpretación ha alcanzado en España la categoría de dogma (y como tal se reproduce más a base de fe que de evidencia). Tal imagen, además de no corresponder a la realidad, dificulta la comprensión de lo que está ocurriendo en EEUU. Lo más importante de aquella realidad es la movilización de las clases populares en contra de los establishments económicos, políticos y mediáticos del país, movilización que antecede al fenómeno Obama. Hay un enfado generalizado en EEUU en contra de Washington, que representa el maridaje entre la clase política y el mundo empresarial y financiero (que se conoce en EEUU como la Corporate Class). La privatización del sistema electoral estadounidense determina que la mayoría de fondos que financian las campañas electorales de los candidatos provengan de los grandes grupos financieros, empresariales y corporativos. Y la ciudadanía es plenamente consciente de ello. De ahí el enorme descrédito de Washington.

Este enfado y movilización han hecho posible a Obama. El hecho de que no procediera de Washington (había sido senador por tres años) y que se opusiera a la guerra de Irak facilitó su identificación con la imagen de cambio. Ahora bien, para poder llegar a ser presidente necesitaba mucho dinero que procedió en su mayoría del mundo empresarial y financiero. Obama recibió 745 millones de dólares, de los cuales sólo el 25% vino de contribuciones de 200 dólares o menos (The New York Times, 06-01-09). La privatización en la financiación del sistema electoral estadounidense elimina la posibilidad de que un candidato de izquierdas pueda ganar la Presidencia en aquel país, pues la Corporate Class nunca le financiaría. Ello explica que Obama no sea una persona de izquierdas. Ahora bien, sí que es sensible a las presiones de las izquierdas, incluyendo los sindicatos.

Una vez elegido presidente, Obama ha quedado algo desbordado por la intensidad en el deseo de cambio expresado por las clases populares. Se sorprendió, por ejemplo, de la protesta popular que surgió a raíz de su propuesta de nombramiento del ex senador Thomas A. Daschle (muy próximo a las compañías de seguro sanitario privado que aportaron 414.863 dólares a la campaña de Obama) para el puesto de ministro de Salud. La protesta popular fue tal que tuvo que retirar su candidatura. Algo semejante ha ocurrido con el nombramiento del equipo económico constituido por conocidos economistas liberales (heredados de la época Clinton) que habían protagonizado la desregulación de la banca, causa de la crisis financiera. Nombró a Larry Summers director del National Economic Council, y a Tim Geithner, Treasury Secretary (ministro de Hacienda), los dos próximos a la banca. Summers y Geithner fueron los que han estado asesorando a Obama en su programa de apoyo a la banca (Wall Street), apoyo que está generando un enfado popular, debido a la gran impopularidad de esta institución.

Una de las fuerzas que lideraron la movilización popular a favor del cambio fueron los sindicatos, los cuales comunicaron en términos muy contundentes su desacuerdo con tales medidas. Ello hizo que Obama nombrara a Ron Bloom, experto financiero que trabajaba para el sindicato del acero, para que, junto con Summers y Geithner, supervisara tales ayudas. Fueron también los sindicatos los que propusieron que se estableciera una comisión para supervisar el impacto de las políticas federales en la calidad de vida de la clase trabajadora (en EEUU a la clase trabajadora se la llama clase media). Tal Comisión, presidida por el vicepresidente Biden, tiene como director al economista Jared Bernstein, del Economic Policy Institute, uno de los centros de economía más progresistas de EEUU. Bernstein es uno de los autores del famoso informe The State of Working America, sobre las condiciones de la clase trabajadora en EEUU, al cual hice referencia en un artículo anterior (“Las condiciones de la clase trabajadora”, Público, 05-02-09), y fue el que propuso, junto con la nueva dirección del partido demócrata (más a la izquierda que Obama) el primer plan de estímulo económico que enfatizó la inversión en obras públicas y en servicios públicos del estado del bienestar como manera de crear empleo. Estas propuestas fueron diluidas considerablemente por Summers y Geithner, y, sobre todo, por el partido republicano, que ha enfatizado la reducción de impuestos como la manera de estimular la economía.

Es esta movilización popular la que ha influenciado al presidente Obama, quien, en la introducción de la Comisión citada anteriormente, indicó que “hasta ahora se nos ha dicho que el movimiento obrero (labor movement) era un problema. Nosotros creemos que, al revés, es parte de la solución. Nosotros necesitamos de los sindicatos y de los trabajadores, pues ellos han sido los motores que garantizaron la existencia de las clases medias. No podemos tener una clase media fuerte sin un movimiento obrero y sindical fuerte”.

Este discurso no se puede entender sin comprender esta movilización popular (que los medios llaman “populista”) que existe en EEUU. Incluso Summers indicó recientemente que el problema mayor existente hoy en EEUU es el que deriva de la mala distribución de la renta en aquel país. Es impensable que Summers hiciera esta declaración con la ausencia de esta movilización de las clases populares. Fijarse sólo en Obama sin ver lo que está pasando en el país es un error que no permite entender qué está pasando en EEUU.

Vicenç Navarro es  Catedrático de Políticas Públicas e la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Estudios Políticos en Johns Hopkins University.

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Problemas enlazados, de Antonio García-Trevijano en El Diario español de la República Constitucional

Posted in Justicia, Política by reggio on 27 febrero, 2009

Dos temas ocupan la atención de los medios informativos y no porque sean nuevos, insólitos o extraños a esta Monarquía de los Partidos. A primera vista parece que no guardan relación entre si, que no tienen la misma causa, que obedecen a motivos diferentes. Pero bien examinados se descubre pronto que los dos problemas tienen la misma fuente de procedencia, el mismo vicio institucional. Nos referimos a la agitación de los jueces, no acallados con el nombramiento de un nuevo ministro de Justicia, y al continuo afloramiento de la corrupción en todos los partidos estatales, que no cesa de manifestarse desde los primeros años de la Transición, tanto en los centrales como en los autonómicos o municipales.

Las mentes superficiales, acomodadas a la situación y conformadas por el tiempo transcurrido sin afrontar siquiera el examen de la naturaleza de estas anomalías, las atribuyen a los inevitables factores subjetivos que se derivan de la escasez de medios para el desempeño honorable de la función judicial o para cubrir las necesidades financieras de las campañas electorales de los partidos. El vulgo cree que son males perennes e incorregibles del egoísmo anclado en la naturaleza humana. La mentalidad que no disculpa el crimen individual motivado por la pobreza, es la misma que considera normal el maltrato de los jueces por el Gobierno y el robo de dinero público por todos los partidos. Se entiende bien que los patrones de la Monarquía, o sea, los partidos constitucionales, se indignen tanto con la rebelión judicial y tan poco con su propia corrupción. Pero fallan en su misión todos los medios de comunicación, sin excepción, que después de treinta años de vigencia del problema, siguen alejándose de su análisis y, por tanto, de la solución. A los medios informativos, verdadero sostén del Régimen, les aterroriza la crítica destructiva. Siendo así que, tanto en la física como en la moral, sólo se construye destruyendo lo necesario para construir.

No es el caso de este singular DIARIO. Porque sabe la solución, y el modo inteligente de llegar a ella, será implacable en la tarea de destrucción de la causa del problema. Este subsistirá mientras no haya separación de poderes en el Estado; mientras el poder judicial, con presupuesto autónomo, no sea elegido por los actores jurídicos en el proceso de la justicia legal; mientras las campañas electorales no sean gratuitas; mientras la prensa sea más fiel al Estado que leal a la sociedad. Esto no es quimera ni sueño de los buenos deseos. Está construido en la ciencia de la República Constitucional.

florilegio

“La libertad construye lo nuevo, el consenso mantiene la vieja incoherencia.”

El fraude más grande, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Economía by reggio on 27 febrero, 2009

Ha habido records en la materia. El reciente del “mago de Wall Street”, Bernard Madoff –50.000 millones de dólares–, habrá hecho palidecer de envidia a Nick Leeson, que en 1995 segó la ancianidad del británico Barings Bank –233 años de existencia– haciéndole perder 1300 millones de libras esterlinas. El grupo financiero holandés ING compró entonces el Barings, de funesta memoria en el Cono Sur de América, por una libra esterlina solitaria. Otro muerto de envidia ha de ser Jérome Kerviel, que en 2008 defraudó 4900 millones de euros a Société Générale, el segundo banco más importante de Francia. Sir Robert Allen Stanford –el primer estadounidense nombrado caballero del Reino Unido y sospechado de lavar dinero del narco– no puede aspirar al primer puesto de la lista: apenas malversó 8 mil millones de dólares.

Los grandes fraudes disimulan los pequeños, que poco espacio consiguen en la prensa. Una dependencia del Departamento del Tesoro de EE.UU., la Red de aplicación de la ley a los delitos financieros (FinCEN, por sus siglas en inglés), informó el año pasado que los casos de fraude hipotecario denunciados por los bancos del país se multiplicaron por diez, y con creces, del año 2001 (4696) al 2007 (52.868) (www.fincen.gov, 3/4/08). Pocos llegan a la Justicia: un tercio de los agentes del FBI que investigaban estos temas han pasado a tareas de seguridad desde el 11/9. Cabe recordar que la punta del iceberg económico que actualmente enfría al mundo fue, precisamente, la burbuja hipotecaria.

Hay un fraude que le está ganando a Madoff: La Oficina del inspector general especial de EE.UU. para la reconstrucción de Irak (Sigir, por sus siglas en inglés), sucesora de la Autoridad Provisional y encargada de supervisar el manejo de los fondos destinados al destruido país, ha comenzado a investigar a los jefes militares y funcionarios civiles norteamericanos estacionados en Irak que se encargaron y encargan de administrar los 125.000 millones de dólares invertidos desde la invasión de 2003. Nunca se sabrá con exactitud qué proporción de esa suma fue malversada, pero un informe de la Sigir sugiere que puede superar los 50.000 millones de dólares (www.sigir.mil/reports, febrero 2009). Madoff ha sido destronado.

Los auditores de la Sigir descubrieron, por ejemplo, que el contralor estadounidense para el centro sur de Irak, Robert Stein Jr., había recibido 57,8 millones de dólares en billetes de 100 junto a los cuales, de pie, se fotografió triunfal. Es de los pocos condenados por fraude y lavado de dinero. Los dirigentes políticos iraquíes están convencidos de que el robo o la pérdida de ingentes sumas de dólares norteamericanos y de dinares iraquíes no pudieron tener lugar sin la participación corrupta de militares estadounidenses de alto rango. En 2004/2005, todo el presupuesto militar iraquí para la compra de armas, unos 1300 millones de dólares, fue invertido en helicópteros rusos de 28 años de edad incapaces de volar y de vehículos cuyo “blindaje” era pulcramente atravesado por una bala de fusil.

Ninguna grúa interrumpe el cielo de Bagdad, salvo las que funcionan en la amurallada Zona Verde para terminar la construcción de la Embajada de EE.UU. –la más grande del mundo– y las que enmohecen detrás de media mezquita gigante que nunca llega a serlo porque cesó cuando Saddam Hussein fue derrocado. Una de las pocas señales de inversión en Bagdad son las palmeras y las flores plantadas en los camellones del centro de la ciudad. Cada pocos meses las quitan y las vuelven a plantar (The Independent, 16/2/09).

Una investigación de las que exploran los fraudes y robos cometidos por personal estadounidense en los primeros años de la ocupación de Irak atañe al coronel (R) Anthony B. Bell, responsable de la contratación de obras en 2003/2004, y al teniente coronel de la fuerza aérea Ronald W. Hirtle, encargado de la misma tarea en Bagdad durante el 2004. Los auditores de la Sigir han retomado las revelaciones que, en su momento, les hiciera llegar Dale Stoffel, un vendedor de armas y contratista norteamericano que pidió y obtuvo una inmunidad limitada en sus negocios a cambio de informar sobre la red de corrupción en la Zona Verde. Stoffel dibujó un panorama digno de novela negra: decenas de miles de dólares llegaban furtivamente en envases de pizza o bolsas de papel a las oficinas de contratación (International Herald Tribune, 15/2/09). Hubo más de pulp fiction: en el 2004, Stoffel y uno de sus socios fueron acribillados en un tiroteo que nunca se aclaró.

Militares, funcionarios y contratistas de EE.UU. en Irak han ido más lejos que Madoff. Muchos siguen impunes, mientras Bernie padece arresto domiciliario: sus íntimos amigos cuando él era mago no quisieron aportar los 10 millones de dólares de la fianza que, durante el juicio, lo dejaría en libertad.

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