Reggio’s Weblog

El frente interno, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Economía, Política by reggio on 27 febrero, 2009

Ni se acaba el mundo con la crisis, ni la política en los fastidiosos contenciosos entre el poder central y el autonómico. Catalunya, en tanto que sufridora secular de la adversidad, puede salir reforzada de esta difícil etapa, como ha sucedido en el pasado. También puede instalarse en el declive, y no sería la primera vez. Depende de los catalanes, de cómo seamos capaces de reaccionar, de las prioridades que establezcamos, de la ambición colectiva, del acierto en los cambios estratégicos, de la sociedad civil, en su más amplio sentido, así como de las propias administraciones. En definitiva, del consenso sobre las transformaciones y cambios, del trabajo de los miles de colectivos de todo tipo que conforman el tejido social.

Tanto la economía global como la confianza ciudadana en el futuro sufren un serio revés. La mayoría de los sectores saldrán sin duda perjudicados. Los costes están siendo altos, y no hemos tocado fondo. En estas circunstancias, es imprescindible preservar la cohesión social, reforzar en lo posible las redes de protección, en especial de los más desfavorecidos. Pero el reto, que empieza por aquí y sigue por la financiación, el crédito y las inversiones, se multiplica en varios frentes. Señalarlos, perfilarlos e invertir en ellos es crucial.

El primero es el capital humano. Es ineludible elevar el nivel general, y el especializado, de la formación, también la continua. Los partidos deberían ponerse de acuerdo cuanto antes y aprobar la ley de Educación. Pero no basta. El famoso plan Bolonia, de uniformización universitaria europea, va a dejar un hueco de enorme magnitud. Al acortar las carreras universitarias, obtendremos universitarios con capacidades sensiblemente inferiores. No habrá otra forma de conseguir capas altas de profesionales que mediante la creación, a semejanza de otros países de nuestro entorno, de centros de altos estudios. De lo contrario, no podremos competir.

El siguiente es un capítulo de capítulos.

Transformar es escoger. Escoger es descartar. ¿En qué deberíamos especializarnos? ¿Dónde invertir con garantías los escasos recursos disponibles? Innovación y tecnología son palabras clave, pero podríamos errar al señalar los núcleos emergentes. Asimismo, no pocas actividades tradicionales, verbigracia el comercio, están llamadas a perpetuarse, con escasas adaptaciones. Además de la construcción, otros sectores se revelan obsoletos o bien pasarán a ocupar un lugar mucho menor en el cuadro macroeconómico, y es del todo inútil malgastar, en retrasar su hundimiento, fuerzas que deberían reservarse para fines con futuro. Mejorar en lo que somos buenos es siempre una opción acertada. Son principios generales, de difícil concreción. Nada peor que improvisar o actuar al hilo de las malas noticias, sin reflexión y análisis previos. Pero nadie puede permitirse pararse a pensar en pleno temporal. Hay que unir pues pensamiento y acción, acción y rectificación. La presente crisis conlleva cambios permanentes, en la economía, en la cultura, en los hábitos, cuyo alcance aún no atisbamos. Descartada por largo tiempo la alegría irrefrenable del consumo, cuando vuelva el crecimiento, será probablemente lento.

La clave de vuelta para una salida particular a la crisis -la particular de Catalunya, inserta en España, Europa y la globalidad- es la cohesión interna. Aprovechar que somos un país pequeño para centrarnos en las enormes posibilidades que ofrece a los de una medida similar la economía de escala. Añadir discordia a los focos permanentes, e inevitables, de tensión, es algo en extremo contraproducente. Para empezar, los políticos deberían dar ejemplo. También los medios de comunicación y los forjadores de opinión. No tenemos otra opción que abonar un liderazgo difuso, de suma de vectores, por llamarlo de algún modo. Nada menos indicado que las tentaciones de líderes providenciales, sea al estilo de Obama o al de Sarkozy. Ahora sí es indispensable que la sociedad civil -entendida en los términos expresados más arriba- se refuerce y asuma, no el relevo, pero sí una porción más relevante de liderazgo y autogestión. Catalunya ha soportado durante los últimos decenios un progresivo desmantelamiento del tejido social organizado, con una cierta recuperación, visible en los últimos tiempos. Es urgente reforzarla. La Generalitat y el resto de las administraciones deberían al tiempo dar un giro hacia la proximidad, mediante la asunción a fondo, por parte de responsables y funcionarios, de la condición de servidores públicos. Deberíamos acabar con la patrimonialización de las administraciones a cargo de sus gestores, sean temporales (los políticos) o permanentes (los funcionarios). La Generalitat es un instrumento de la sociedad y no al revés. Cada cual debe ejercer sus potestades y responsabilidades, pero teniendo en cuenta que el mejor criterio, en estos tiempos de inteligencia colectiva y sistémica, no lo transmite el sillón, sino la sociedad, con la única condición de que se la sepa escuchar.

El futuro de Catalunya saldrá de Catalunya. Las dificultades no son excusa.

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