Reggio’s Weblog

La licencia como pretexto, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 26 febrero, 2009

Noticia política de los últimos días ha sido la dimisión del ministro de Justicia. No hace falta comentar las causas de esta dimisión, ya que son demasiado conocidas, pero una de ellas, seguramente la de menor entidad, es un buen pretexto para reflexionar sobre la actual situación del Estado de las autonomías.

Efectivamente, al ministro le pillaron cazando sin licencia. ¡Caramba! Que un ministro, además un ministro de Justicia, se arriesgue a participar en una cacería sin el permiso correspondiente obviamente constituye una infracción pero sobre todo denota una imprudencia política imperdonable. Pero ahí hay que señalar un matiz. El ministro es un cazador experto y adiestrado, nunca hubiera ido a cazar sin licencia, pero lo que le fallaron fueron sus conocimientos de geografía: la finca por donde andaba persiguiendo venados ya no pertenecía al territorio de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, de cuya administración había obtenido la licencia, sino que estaba situada en la comunidad autónoma de Andalucía. ¡Mecachis!

Según confesión propia, sin darse cuenta, traspasó el linde entre ambas comunidades y no recordó que su licencia de Castilla-La Mancha no tenía validez en Andalucía: un minúsculo error, pero que ha sido la gota que ha desbordado el vaso y, a la postre, le ha costado el cargo.

No me negarán que el asunto es ridículo si no fuera, en realidad, patético. Por supuesto, el ministro ha cometido una ilegalidad, la ley es igual para todos y sobre él debe recaer la sanción administrativa correspondiente. Pero es patético que para poder cazar en toda España se necesiten 17 licencias distintas, una por comunidad autónoma. En otras palabras, acudir a 17 ventanillas y pagar 17 tasas.

No nos entretendremos mucho en formular ciertas consideraciones sobre la caza, que en otro momento podrían ser pertinentes. Pero no me puedo quedar sin decir que nunca he entendido por qué hay tanto afán en suprimir los toros y nadie pretende acabar, por los mismos motivos, con la caza. Al fin y al cabo, disparar contra una indefensa codorniz, un simpático conejo o un altivo y elegante ciervo me parece mucho más cruel que entrar a matar con un fino estoque a un fornido toro que, tras pegarse la gran vidorra desde su nacimiento, está más en igualdad de condiciones con el torero que el delicado animalito del bosque frente a la escopeta del cazador.

Ahora bien, sin ser aficionado a la caza ni a los toros, no soy partidario de prohibirlos mientras algunos sean aficionados a estas actividades. Más perjudicial para la cultura y la moral de un país me parece el apasionamiento por el fútbol, tenido por natural y hasta psicológicamente sano, o los programas de televisión basura, que entendidos en sentido amplio son la mayoría. Pero, por supuesto, no me parecería bien prohibir el fútbol ni suprimir los programas basura. Para aumentar el nivel cultural o mejorar la moral ciudadana, hay que ir más al fondo, al sistema económico, a los valores sociales dominantes, a la educación. Prohibir, prohibir legalmente, lo menos posible, sólo lo indispensable. Aunque hoy la moda sea la contraria.

Pero volvamos a la licencia, a la licencia de caza, nuestro pretexto para hablar del Estado de las autonomías. En efecto, la tendencia general para tratar ese tema son los conceptos grandilocuentes: Catalunya necesita un nuevo Estatut porque es una nación, España se rompe, etcétera, etcétera. Ami parecer, en cambio, nos deberíamos fijar en los problemas aparentemente pequeños pero de trascendencia práctica: por ejemplo, las licencias de caza. Que en cada comunidad tengas que sacar una nueva licencia es aberrante. Las razones para otorgarlas son las mismas, no tienen nada que ver con identidades, reales o supuestas, ni con políticas de caza diversas. Se justifica el plan de Bolonia, con razón, para que los títulos universitarios sean válidos en 46 estados, del Reino Unido hasta Rusia y de Finlandia a Azerbaiyán. En cambio, las comunidades autónomas han sido incapaces hasta ahora de ponerse de acuerdo, mediante un sencillo convenio, para que la licencia de caza que otorgue una comunidad sea válida también en las demás. Impresentable.

Según La Vanguardia de anteayer, representantes de algunas de estas comunidades reunidos en Valladolid manifestaron estar iniciando gestiones para llegar a un acuerdo en esta materia. Magnífico. Por fin. Supongo que para no hacer el ridículo ante la situación que ha revelado la cacería del ministro. Pero ¿cuántas licencias en otras múltiples materias se podrían homogeneizar sin marear innecesariamente al ciudadano haciéndole pasar por trámites lentos y costosos?

El Estado de las autonomías, ami modo de ver un magnífico sistema para organizar territorialmente España, quedará legitimado el día en el que los españoles estén convencidos de que es más barato y eficaz que un Estado centralizado. De momento, las dudas subsisten. Y subsisten porque en lugar de abordar los problemas reales – por ejemplo, las licencias de caza y miles de licencias más con las que se tortura burocráticamente al ciudadano-nos entretenemos en problemas ficticios como la reforma de unos estatutos que, una vez vistos, no son sustancialmente distintos a los anteriores pero que impiden que estos problemas reales se pongan sobre la mesa y se intente solucionarlos.

El Estado existe para servir al ciudadano, no al revés. De ello se olvidan muchas veces nuestros políticos.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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Panorama de derechos humanos, de Ferran Requejo en La Vanguardia

Posted in Derechos, Internacional, Justicia by reggio on 26 febrero, 2009

La situación de los derechos humanos sigue mostrando un panorama desolador en buena parte de los estados del planeta. Ello supone un incumplimiento grave de la Declaración Universal de la ONU de 1948. Que el tema sea muy conocido no lo transforma en menos grave. Pero buena parte de las democracias liberales también presentan incumplimientos concretos en la protección de dichos derechos. De los últimos informes independientes pueden presentarse los casos de RD Congo y España como ejemplos de ambos tipos de incumplimiento.

La realidad actual del Congo es dramática. Y como casi todo lo que se refiere al continente africano su presencia en los medios de comunicación es mucho menor que lo que sugiere la gravedad de los hechos. Ni las instituciones del Estado ni las de carácter internacional han logrado controlar los enfrentamientos entre grupos armados. El ejército parece estar sumido en el caos, especialmente en el este del país. Hasta el punto de que el Gobierno se apoya en milicias que se enfrentan militarmente al Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP) de Laurent Nkunda, el cual se presenta como protector de la comunidad tutsi frente a las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR), de composición hutu. Así, el genocidio ruandés de 1994 resuena hoy en el Congo oriental. La población civil se halla a merced de unos grupos armados que se disputan la hegemonía y el control de recursos naturales. El mandato teórico de la ONU es claro: ordena a las fuerzas de mantenimiento de la paz que usen todo medio necesario para proteger a la población civil y a las organizaciones humanitarias. Pero ni esto ni el teórico e incumplido embargo de armas establecido hace unos años impiden la desprotección de la población. Las cifras del conflicto son atroces: cinco millones de muertos en la última década; existencia de entre 3.000 y 7.000 niños soldados; más de un millón de desplazados sólo en el este; multitud (no cuantificada) de casos de violencia sexual a mujeres y niñas…

El Congo actual ejemplifica la necesidad de contar con unas instituciones internacionales que garanticen la seguridad personal y un mínimo de derechos a la población. Yhay bastantes más casos en el mundo de impunidad total ante violaciones de derechos (véase el Informe 2008 de Amnistía Internacional).

Los países desarrollados no se enfrentan a situaciones de este dramatismo. Sin embargo, la práctica de los derechos humanos resulta claramente mejorable también en el mundo de las democracias. En el ámbito internacional se firman documentos, pero son los estados quienes deben ponerlos en práctica. Y es en el paso de la retórica gubernamental a la acción cuando se comprueban los agujeros en la calidad de los liderazgos democráticos.

En relación con el caso español, es obvio que se ha avanzado en los últimos años, pero son varias las organizaciones internacionales que vienen denunciando casos continuados de tortura, denegaciones de asilo decididas sin condiciones procesales adecuadas, o falta de tutela efectiva de derechos en relación con personas inmigrantes. En diciembre del 2008 el Gobierno español aprobó un plan de derechos humanos (www. mpr. es/ Documentos/ planddhh. htm). Es un documento que incluye hasta 172 medidas. Un objetivo es la lucha contra la xenofobia y el racismo. Es un paso en la buena dirección, pero habrá que ver cómo se traduce en la práctica para que, por ejemplo, los interrogatorios de los detenidos sean más transparentes o que no se repitan casos como el de los vuelos secretos o el de deportaciones sin garantías. También para que cesen las prácticas de tortura cuya existencia vienen denunciando desde hace años diversas organizaciones humanitarias, y para que no escape a una protección eficaz la violencia contra mujeres inmigrantes. Si una denuncia puede convertirse en un expediente de expulsión es obvio que se desincentiva que se produzcan. Y siguen dándose islas de impunidad al no existir investigaciones independientes. La mera presentación de un informe anual en el Parlamento corre el riesgo de convertirse en un ritual retórico más. Un punto clave para el éxito del plan es que se establezcan evaluaciones externas. Si se quiere que haya un avance significativo en la protección de los derechos humanos, la evaluación debe ser externa e independiente de las administraciones. Las evaluaciones internas o mixtas siempre despiertan un halo de sospecha al ser las instituciones del Estado a la vez juez y parte.

En el ámbito de las democracias se deben refinar los mecanismos de información y de control de la situación de los derechos humanos, con participación de organizaciones de la sociedad civil. En el ámbito internacional, los dirigentes de las principales potencias mundiales son hoy moral y políticamente responsables de que no se esté avanzando hacia una reforma de las instituciones internacionales que sea capaz de garantizar la seguridad y una protección de los derechos humanos. Se precisa un liderazgo político que galvanice un multilateralismo con incidencia práctica en los asuntos mundiales. Este debiera ser un punto fundamental en la agenda exterior de la nueva Administración norteamericana con apoyo de la UE. La geoestrategia relacionada con los derechos humanos también debiera plantearse hoy en términos globales.

FERRAN REQUEJO, catedrático de Ciencia Política en la UPF y autor de ´Las democracias´ (Ariel 2008).

requejo@upf.edu

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Un péndulo desbocado, de Modest Guinjoan en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 26 febrero, 2009

TRIBUNA

La economía española está demostrando que la distancia entre la alegría y el llanto puede llegar a ser mínima. Entre el 2006 y la actualidad, hemos pasado de un crecimiento del PIB del + 3,9% al -2 o -3% que se prevé para el 2009; de un consumo privado de + 3,4% a un -2%; de una inversión de + 6,8% a -8%; de una creación de empleo de + 3% a una previsión de -3%; de dos millones de parados a cuatro millones o más en que puede acabar el año; de la menor tasa de paro de este siglo (8% a mediados del 2007, que en Estados Unidos encendería todas las alarmas) a previsiones que la sitúan en el 20%; de un histórico superávit público (2,2% del PIB en el 2007) a un -6/-7% el 2009. Si estos y otros datos los representáramos con un péndulo esférico sobre un plano, dibujaría unos movimientos desbocados. España al hecho de sufrir una crisis más grave que el resto de los países suma la singularidad de haber pasado de Jauja al purgatorio en tiempo récord.

En Catalunya el péndulo aún se mueve peor, porque la crisis se ha encarnizado con la industria y porque aquellos recursos públicos, crónicamente inadecuados e insuficientes, hacen más falta aún en época de vacas flacas. Y pensar que con el déficit fiscal reconocido por Solbes los 600.000 parados que probablemente se alcanzarán este año podrían cobrar 23.000 euros anuales cada uno.

Tanto en Catalunya como en el conjunto del Estado se vivió un largo periodo de alegría económica, de tirar la casa por la ventana. La penitencia actual de menos renta y menos consumo crea un círculo vicioso, de menos ventas y menos inversión en el sistema productivo, que se traduce en ajustes empresariales, en más paro, menos renta y así dando vueltas. No obstante, lo que a mi entender es más preocupante del movimiento pendular descrito es que se debe en buena parte a que hay aspectos clave de la economía que se han gestionado sin norte, improvisando, a remolque. Son particularmente importantes estos factores: prioridad absoluta al gasto social; desatención de la necesidad de propiciar un nuevo modelo de crecimiento, de dar apoyo a la adaptación y desarrollo del sistema productivo en un marco global (infraestructuras, investigación, innovación, calidad, emprendeduría,…); ausencia de criterios cuantitativos y cualitativos en materia de inmigración, aplicando puertas abiertas y barra libre, a pesar de la enorme cantidad de recursos ociosos; nula atención a solucionar el problema de financiación de la administración local, la cual (la carne es débil) ha cedido hasta lo indecible a la presión inmobiliaria y al desarrollo desmesurado de la construcción; empresarios que han jugado al dinero fácil de este mismo sector…

Así se entiende que a pesar del largo periodo de crecimiento anterior, haya indicadores fundamentales que presentan signos preocupantes, como por ejemplo que la productividad del trabajo esté completamente estancada, que las infraestructuras sean insuficientes (en Catalunya sabemos de esto un montón), que el nivel de paro sea estratosférico, un millón de pisos sin vender, el peligro de que en un restaurante pidas pescado y te traigan carne, o que en un sector generador de progreso como el automóvil no se haya modificado ni un ápice la falta de empresas propias y la dependencia de decisiones que se toman a miles de kilómetros. Probablemente la crisis aquí va para largo. No estaría de más que el próximo crecimiento, cuando llegue, se aprovechara para cultivar el sistema productivo, madre del progreso, incluido, por favor, el de la locomotora catalana.

Modest Guinjoan. Barcelona Economia y UPF.

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La isla de Pascua y el colapso global, de Enrique Gil Calvo en El País

Posted in Economía, Sociedad by reggio on 26 febrero, 2009

El destino inmediato del capitalismo liberal, que se precipita en caída libre hacia la implosión de un agujero negro impulsado por el continuo agravamiento de su crisis sistémica y fatalmente atraído por el succionante maëlstrom de un ominoso colapso global, exhibe fascinantes paralelos con la súbita extinción de la cultura de los moaís que tuvo lugar en la polinesia isla de Pascua. Me refiero claro está a esas célebres estatuas gigantes, cerca de 900 en total, que hoy admiran a los turistas en un páramo perdido, árido y casi desierto a miles de kilómetros de las costas vecinas. Pues bien, esos impresionantes moaís fueron erigidos con fines ceremoniales por una floreciente civilización que se embarcó en un proceso de crecimiento acelerado cuyo cenit culminante se alcanzó en el siglo XVII de nuestra era, para precipitarse a partir de ahí (1680) en una vorágine de autodestrucción colectiva que acabó con la civilización de Pascua justo antes de la llegada de colonizadores europeos.

El mejor relato de esta tragedia cultural se contiene en un libro de obligada lectura, Colapso (2005), del geógrafo evolucionista Jared Diamond, que la utiliza de pedagógica ilustración (entre otras extinciones análogas, como la de los mayas del Yucatán o los vikingos de Groenlandia) para explicar cómo la intensificación de la competencia por los recursos puede acabar con el suicidio colectivo de los competidores. Para ello Diamond recurre a la llamada “tragedia de los bienes públicos”, propuesta por el biólogo Russell Hardin en 1968, que predice el agotamiento de los ecosistemas a partir de un cierto umbral de explotación. Pero la originalidad de Diamond reside en que, pese a ser un ecologista reconocido, deduce que la causa última del colapso no es biológica sino social. Lo que hace al sistema inviable y le fuerza a colapsarse no es la escasez de los recursos (según el argumento maltusiano) sino el exceso de su explotación, como un efecto sólo derivado de la escalada social de la competición. Los diversos clanes de Pascua se embarcaron en un juego colectivo de prestigio ostentoso donde todos pugnaban por superar a los demás en la erección de moaís, para lo que no dudaron en agotar el bosque del que extraían la madera para transportar las piedras a edificar. Y al escasear la madera dejaron de producir canoas con las que pescaban su principal fuente de proteínas. Pese a lo cual siguieron erigiendo moaís cada vez mayores hasta que ya no pudieron hacerlo más. Entonces los golpistas tomaron el poder, estalló la guerra civil y la isla de Pascua se desangró hasta extinguirse.

Pues bien, el paralelo que les propongo con la actual deriva de la crisis global resulta transparente: los moaís son las burbujas especulativas que erigen nuestros clanes estatales y empresariales,unos moaís hechos de especulación financiera e inmobiliaria que, al adentrarse en una escalada de intensificación de la competencia, no tardan en agotar los recursos productivos de la economía real.

Véase si no el deprimente ejemplo que dan esas ciudades vacías de la costa mediterránea (Manilva) o la periferia madrileña (Seseña), auténticos moaís desiertos y abandonados por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Y al igual que los isleños de Pascua se endeudaron a muerte agotando sus fuentes de subsistencia para erigir sus moaís, también para erigir sus apalancadas pirámides especulativas nuestros isleños del capitalismo liberal han esquilmado el suelo público, el crédito solvente, el empleo productivo y el tejido empresarial, encaminando al sistema a un colapso colectivo.

¿Cómo detener e invertir esta deriva autodestructiva? ¿Qué escenarios de salida cabe imaginar para esta continua escalada de la crisis global? Jared Diamond señala que, cuando se entra en una espiral de competición intensificada, sólo hay dos medios de evitar el colapso colectivo: la autolimitación de los competidores o el racionamiento impuesto por el poder público. Dos soluciones que equivalen a la autorregulación de los mercados y a la intervención keynesiana del Estado. Pero cada una de ellas excluye a la otra, mientras que hoy se siguen intentando ambas a la vez, por lo que no sabemos todavía cuál de ambas se impondrá a la larga. Así que hagamos un poco de ciencia-ficción y especulemos sobre las cuatro posibles salidas de la crisis.

La primera es la salida liberal que proponen los poderes financieros globales respaldados por los organismos internacionales como la UE, el FMI o la OCDE: una crisis intensa y aguda, que durará dos o tres años hasta que se complete el proceso de desapalancamiento con altísimos costes sociales, tras lo que se iniciará una lenta recuperación que dará paso a un nuevo proceso estable de crecimiento autosostenido, eventualmente susceptible de abrir nuevas fuentes de negocio convertibles en moaís (pirámides o burbujas especulativas). Este escenario cíclico implica mantener intacto el sistema de mercado, quedando relegado el Estado keynesiano a un papel meramente accesorio, servil y transitorio, tras cuya excepcional intervención se restaurará la dominación absoluta del mercado global. Pero esta salida es de incierta probabilidad porque el keynesianismo light a lo Barack Obama parece predestinado a fracasar, ya que los mercados libres no se pueden gobernar, siendo como son un orden espontáneo. La mano visible del Estado puede regularlos variando su estructura de incentivos pero no puede imponerles normas ejecutivas, pues cuando intenta hacerlo la mano invisible del mercado reacciona generando un desorden espontáneo como el actual.

Así llegamos a la segunda salida previsible de la crisis, que es el colapso definitivo de los mercados tras el fracaso del keynesianismo light, lo que obligará a los Estados a una intervención hardcore mediante nacionalizaciones masivas de la banca y de las empresas en quiebra con el posible cierre de las Bolsas. Esta salida estatal implica la supresión o al menos la suspensión de los mercados libres, que quedarán sustituidos por un proteccionismo mercantilista (colbertismo) de estilo chino e inspiración prusiana. Pero con ello se anula la virtualidad de los ciclos económicos, y la crisis deja de ser un punto de inflexión entre las fases recesiva y ascendente para convertirse en un estado estacionario de estancamiento en forma de L (ramal descendente de caída en picado seguida de una duradera depresión lateral).

Pero si la depresión se eterniza, la salida estatal o proteccionista agravará extraordinariamente el clima de conflictividad social. Y entonces comenzará a ser posible y quizás probable la tercera salida, que podemos llamar violenta: bélica o incluso revolucionaria. Al fin y al cabo, el colapso de la isla de Pascua terminó en un baño de sangre, y lo mismo ocurrió con la depresión económica de los años treinta, cerrada con el crepúsculo de los dioses proteccionistas.

Confiemos en que la memoria histórica nos enseñe a evitar lo peor y nos permita aprender a buscar otra salida menos autodestructiva. ¿Cuál podría ser ésta? Queda una cuarta posibilidad, al menos teórica por improbable que sea, y es la de convertir la actual crisis de los mercados en una verdadera crisis del sistema, eventualmente capaz de dar a luz un nuevo modelo de sociedad. Una sociedad sostenible y ya no basada en el depredador capitalismo neoliberal, que de ciclo a ciclo y de burbuja en burbuja está conduciendo al planeta a un inminente colapso como el de la isla de Pascua, ahora masivamente amplificado a escala global.

Enrique Gil Calvo es profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

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La historia que queda en el callejero, de Julián Casanova en El País

Posted in Historia, Memoria, Política, Religión by reggio on 26 febrero, 2009

El alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, quiere darle a una calle el nombre del fundador del Opus Dei. De nuevo una figura religiosa para ocupar uno de los espacios públicos que el Estado democrático ha despreciado.

Los nombres de las calles en España, como las ceremonias conmemorativas, los festejos o los monumentos, son un claro reflejo de nuestra historia zigzagueante en los siglos XIX y XX. Liberales y absolutistas, ya durante el primer tercio del siglo XIX, bautizaron plazas y calles con nombres constitucionales o antirrevolucionarios, según quién ocupaba el poder, pero fue en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, con el crecimiento y expansión de las ciudades, cuando más ocasiones se presentaron de dar nombres a las calles.

Las principales ciudades españolas doblaron su población entre 1900 y 1930. Barcelona y Madrid, que superaban el medio millón de habitantes en 1900, alcanzaron el millón tres décadas después. Bilbao pasó de 83.000 a 162.000; Zaragoza, de 100.000 a 174.000. No era gran cosa, comparado con los 2,7 millones que tenía París en 1900, con la cantidad de ciudades europeas, desde Birmingham a Moscú, pasando por Berlín o Milán, que en 1930 superaban la población de Madrid o Barcelona. Pero el panorama demográfico estaba cambiando notablemente. La población total de España, que era de 18,6 millones a comienzos de siglo, llegaba a casi 24 millones en 1930. Mientras que hasta 1914 esa presión demográfica había provocado una alta emigración ultramarina, a partir de la I Guerra Mundial fueron las ciudades españolas las que recogieron los movimientos migratorios.

La irrupción de la industria y el incremento de la población transformaron el paisaje agreste, de corte medieval, que mantenían todavía muchas ciudades españolas a finales del siglo XIX. Los nuevos callejeros se dedicaron a honrar a los políticos del momento, liberales y conservadores, a nobles, terratenientes y a las buenas familias de la industria y de la banca. Junto a ellos, aparecieron también las glorias de España, los héroes de la Reconquista y mitos medievales, reyes y emperadores. Y como en España no hubo ruptura religiosa en tiempos de la Reforma protestante y el catolicismo se convirtió en la religión del statu quo, hubo una fusión del españolismo con el catolicismo, bien reflejada en los nuevos callejeros, repletos de personajes de raza, militares y santos. Una historia de hombres, con muy pocas mujeres, salvo las más santas y algunas reinas. De las dos primeras décadas del siglo XX procede además el culto masivo a la Virgen del Pilar y el Corazón de Jesús, dos emblemas de la religiosidad popular española que se trasladaron al callejero de numerosas ciudades y pueblos para recordar a sus habitantes la identidad católica.

Con ese crecimiento de las ciudades, apareció una clara división social de espacio urbano, con barrios ricos y bien equipados y otros pobres e insalubres, y germinó también la semilla republicana, anarquista y socialista sembrada ya en la segunda mitad del siglo XIX. Germinó frente a ese bloque social dominante, del que formaban parte los herederos de los antiguos estamentos privilegiados, la aristocracia y la Iglesia católica, junto con la oligarquía rural y los industriales vascos y catalanes. De ese bloque procedía la mayoría de los gobernantes de un sistema político, el de la Restauración borbónica, seudo-parlamentario y corrupto que excluía, con el sufragio restringido o por el fraude electoral, a eso que empezó a llamarse “pueblo”, a los proletarios urbanos, artesanos, pequeños comerciantes y a las clases medias. Muchos de los profesionales que formaban parte de estas últimas eran o se harían republicanos, que intentaron acercarse a los obreros, competir con el socialismo y el anarquismo, con los que compartirían ingredientes básicos de una cultura política común, sobre todo a través del racionalismo y de la crítica a la Iglesia, intentos, en suma, de superar la dependencia de la religión católica.

Esas clases trabajadoras aparecieron en el escenario público con sus organizaciones y protestas, pero siguieron excluidas del sistema político y sus principales representantes nunca alcanzaron el reconocimiento y la honra con lápidas, monumentos o nombres de calles. Hasta que llegó abril de 1931, la II República y la quiebra de ese orden tradicional. Entonces, los símbolos religiosos cedieron paso a otros ritos laicos, más o menos reprimidos hasta entonces, y se rebautizaron calles y plazas mayores de pueblos y ciudades. Hubo más nombres de significado republicano (plaza de la Constitución, plaza de la República, calle 14 de abril) que de orientación obrera o revolucionaria, aunque la presencia anarquista, comunista o socialista en la zona republicana durante la Guerra Civil dejó su huella en las calles de ciudades como Madrid, Valencia o Barcelona, las tres capitales de la República en esos tres años, con nombres que honraban a personajes tan dispares y distantes como Durruti, Pablo Iglesias, Marx o Lenin.

Duró poco, sin embargo, esa huella, borrada a golpe de fusil del callejero y de la historia a partir del 1 de abril de 1939. Acabada la Guerra Civil, los vencedores ajustaron cuentas con los vencidos, recordándoles durante casi cuatro décadas quiénes eran los patriotas y dónde estaban los traidores. Calles, plazas, colegios y hospitales de cientos de pueblos y ciudades llevaron desde entonces los nombres de militares golpistas, dirigentes fascistas de primera o segunda fila y políticos católicos. Algunos se repitieron mucho, como Franco, Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Mola, Sanjurjo, Millán Astray, Yagüe u Onésimo Redondo. Se honraba a héroes inventados, criminales de guerra y asesinos en nombre de la Patria, pero también a ministros de Educación como José Ibáñez Martín, quien, con su equipo de ultracatólicos, echaron de sus puestos y sancionaron, durante la primera década de la dictadura, a miles de maestros y convirtieron a las escuelas españolas en un botín de guerra repartido entre familias católicas, falangistas y ex combatientes.

Cuando Franco murió, en noviembre de 1975, era difícil encontrar una localidad que no conservara símbolos de su victoria, de su dominio y de su matrimonio con la Iglesia católica, en calles y monumentos. Algunos de ellos desaparecieron en los primeros años de la transición a la democracia, sobre todo tras las elecciones municipales de 1979 que llevaron a los Ayuntamientos a numerosos alcaldes y concejales de izquierda. Pero los cambios siempre fueron objeto de disputa y a nadie se le ocurrió aprovechar el callejero para formar o educar a los ciudadanos en una nueva identidad democrática. Muchos políticos de derechas, y sus fieles que les apoyan, siguen defendiendo ahora, pese a la aprobación de la Ley de Memoria Histórica en diciembre de 2007, que no hay que tocar los nombres de las calles, para no herir susceptibilidades o remover los fantasmas del pasado. Los símbolos franquistas, que aparecieron por la voluntad de los vencedores en una guerra de exterminio contra un régimen legalmente constituido, se funden así con otros tradicionales, patrióticos y religiosos, representando una especie de “imagen oficial” de España, mientras el Estado y las instituciones democráticas se desentienden del asunto o no muestran ningún interés por ocupar los espacios públicos con modelos más dignos para las generaciones venideras.

Por eso no es una cuestión irrelevante la polémica suscitada estos días por el empeño del alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, en dar a una calle el nombre de San José María Escrivá de Balaguer. Su primera intención fue rebautizar con el nombre del fundador del Opus Dei la calle general Sueiro, coronel de infantería en julio de 1936 y uno de los protagonistas de la sublevación militar y de la represión en la capital aragonesa. Cuando apareció la noticia, Luisa Fernanda Rudi, presidenta del Partido Popular de Aragón, declaró que ella “no tenía ni idea” de quién era ese general y que mejor sería que los ediles se dedicaran a algo más productivo que cambiar calles de gente desconocida. En definitiva, la ex alcaldesa de Zaragoza no conocía a uno de los golpistas contra la legalidad republicana en su ciudad y el actual regidor decide honrar a un personaje, santo para la Iglesia católica, inextricablemente unido, él y su institución, a Franco y a su dictadura. El catolicismo, y en este caso un tipo de catolicismo no compartido por muchos de sus creyentes, se impone a los valores cívicos y laicos en el territorio de la política democrática. Pura historia de España.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.

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Suele ocurrir, de Julio A. Máñez en El País de la Comunidad Valenciana

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2009

La gran virtud del cine clásico de Hollywood es que todavía vale para casi todo, para deleite de los aficionados al cine y para satisfacción de las ratas de moviola, que no dejan de apreciar detalles nuevos a cada visionado reposado a fin de encandilar con minucias a su alumnado. El lector conoce sin duda el argumento (no la trama, pese a lo que crea) de una película como El apartamento, dirigida por Billy Wilder en 1962, donde un pelanas que trabaja de oficinista en una gran empresa de seguros tiene la suerte de disponer de un apartamento en pleno centro de Nueva York, de modo que se lo presta a sus jefes para consumar sus ligues mientras él duerme a la intemperie con el objetivo apenas confesado de ir escalando puestos en la empresa. Lo consigue, vaya si lo consigue, pero tiene la mala fortuna de enamorarse de una ascensorista, amante del jefe máximo, y ahí se jode el asunto, aunque hay que añadir que, en un final algo consolatorio, el prota encuentra el amor como premio a su dignidad. Dejemos ahora de lado el ajado ajetreo de un Eduardo Zaplana con las falleras mayores de nuestras queridas Fallas para centrarnos en un detalle de la película. La chica se ha tomado unas pastillas para dormir el sueño eterno, desengañada ante el desamor de su jefe, en el apartamento del chico, así que éste la salva recurriendo a un vecino médico, y al día siguiente el cuñado de la chica (siempre hay un cuñado decisivo, incluso en las películas de Billy Wilder) acude a la casa para rescatar a su cuñada, con tan mala fortuna que allí se encuentra con el médico, que se interesa por la situación de la chica tras el “accidente”. El cuñado salta, claro: “¿Qué accidente?” Y el médico, confuso, dice: “De los que suelen ocurrir”.

De los que suelen ocurrir. Tengo para mí que la trama de corrupción descubierta en Madrid, con amplias y todavía inconclusas ramificaciones valencianas, constituye uno de esos accidentes de los que suelen ocurrir cuando la conducta está en entredicho antes de convertirse resueltamente en presunta materia penal. Y sospecho que lo realmente nocivo para la salud democrática (si no se trata de una contradicción en los términos) es que esos episodios sean tomados precisamente como accidentes de los que suelen ocurrir y no como el iceberg ocasional de unas prácticas de financiación absolutamente corrompidas, pues que ningún partido podría satisfacer ni la nómina de sus chóferes de no recurrir sistemáticamente a ellas. Cuando el ex actor Alfonso Guerra sale ahora diciendo que miren las fotos de la boda aznarita en El Escorial para entenderlo todo, olvida tal vez que en sus buenos tiempos regalaba caballos de raza a los hijos de su famoso hermano a cuenta de los presupuestos del Estado, o del partido, lo mismo da que da lo mismo. Pero si hasta Zaplana ha retirado la denuncia contra quienes le acusaron de cobros ilegales. Y si Naseiro, Fabra y tantos otros no han acabado como merecían es porque detrás de todos ellos flota como una pesadilla la necesidad de un insondable pacto de silencio, no vaya a ser que la investigación del chollo acabe por enchironarlos a todos. Y asombra la cantidad de cosas que se dejan pasar como si se tratara de accidentes de los que suelen ocurrir, como que Berlusconi resucite el somatén a la italiana para amedrentar en las calles a los rumanos pobres o que Bancaja reciba mil quinientos millones del Gobierno, no se sabe aún si para relanzar Terra Mítica. Por lo demás, siento decirlo pero yo no soy Marta del Castillo, que en paz descanse. Y espero que no me caiga la perpetua por confesarlo.

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Este no es lugar para los presos de Guantánamo, de José Luis Sanz Arribas en El Mundo

Posted in Derechos, Internacional, Justicia by reggio on 26 febrero, 2009

TRIBUNA: DERECHO

El autor denuncia que no se pueden pagar facturas políticas asumiendo una transacción tan denigrante. Una vez en España, asegura, tendrían que ser puestos en libertad en virtud de nuestro ordenamiento jurídico

La reciente y tan triunfalmente aireada entrevista entre la secretaria de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, y nuestro ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, nos trae la inquietante noticia de que el Gobierno, a modo de penitencia por anteriores pecados sedentes, estaría dispuesto a asumir el compromiso de recibir en España un indeterminado número de los presos recluidos desde hace años en Guantánamo, y que los norteamericanos parecen querer ahora traspasar a aquellos aliados que, como en el caso de España, quieren hacer méritos.

Como es bien sabido, todos estos presos de Guantánamo se encuentran detenidos en condiciones inhumanas en aquella cárcel vergonzosa y vergonzante a partir de los atentados del 11-S con la etiqueta de presuntos terroristas, sin tener ni tan siquiera la esperanza de un juicio justo por un tribunal imparcial y con las debidas garantías, ya que los pocos que hasta ahora han sido enjuiciados lo han sido por tribunales militares de excepción, más tarde declarados ilegales por el Tribunal Supremo, y que finalmente han sido suspendidos y vetados por el propio presidente Barack Obama en la primera decisión tomada tras el juramento de su cargo.

Parece que ahora Estados Unidos quiere repartir y endosar a otros esta mercancía peligrosa y el jefe de la diplomacia española ha hecho pública su disposición a asumir tan denigrante compromiso «siempre y cuando las condiciones jurídicas para ello sean aceptables».Esas «condiciones jurídicas aceptables» ni existen ni pueden ser asumidas conforme al ordenamiento jurídico español.

El derecho fundamental a la libertad que tiene cualquier persona, consagrado por el artículo 27 de la Constitución Española, admite, como lógica excepción, la privación de la misma por mandato o decisión judicial y conforme a una estricta regulación legal, que es especialmente exigente en el caso de la prisión preventiva, es decir, la que se decreta como medida de aseguramiento antes del juicio, por más que ello implique la paradoja de que a alguien se le encarcele para saber si hay que encarcelarle.

Esa regulación legal de la prisión preventiva exige, en primer lugar, la existencia de un procedimiento abierto y en marcha contra la persona a la que se prive de libertad y, en segundo término, la existencia de unos plazos legales máximos, transcurridos los cuales la situación de prisión provisional no puede ser mantenida.

Por lo tanto, la posibilidad de que los denominados presos de Guantánamo pudieran seguir siéndolo en España implicaría la necesidad de que los tribunales españoles (y más concretamente los Juzgados Centrales o la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional) abrieran un proceso que soportara y sirviera de marco a la medida cautelar del mantenimiento de la prisión provisional.

Como bien sabemos por las muy notorias y a veces extravagantes causas incoadas por nuestros jueces estrella, y en razón del denominado principio de jurisdicción universal aplicable a determinados delitos -entre los que se encuentra el terrorismo- y que tienen su soporte legal en el artículo 23.4 de nuestra Ley Orgánica del Poder Judicial, la jurisdicción española sería competente para enjuiciar hechos cometidos fuera del territorio nacional, cualquiera que sea la nacionalidad de sus autores o de las víctimas.Pero para que eso ocurra se tiene que dar una condición, en razón del principio non bis in idem, y es que otra jurisdicción no tenga ya abierto un proceso sobre los mismos hechos, como es el caso de los presos de Guantánamo.

Es cierto que en el ordenamiento jurídico español existe la figura de la inhibición, que consiste en que un juzgado o tribunal que esté conociendo de una causa, por propia decisión o a requerimiento de otro, o por resolución de su superior jerárquico en caso de un conflicto competencial entre ambos, decline esa competencia para continuar con el enjuiciamiento en otro órgano jurisdiccional, y ello siempre en razón de la concurrencia de alguna circunstancia personal (por ejemplo, en el caso de aforados) o de índole territorial.

¿Cómo podría entenderse, justificarse o aplicarse tal principio, sin que chirriaran los más elementales engranajes jurídicos, para que los tribunales españoles pasaran a asumir la competencia de las causas abiertas en Estados Unidos respecto de los presos de Guantánamo? ¿Qué razones jurídicas válidas -no de mero compadreo político- podrían aducirse para que, de golpe y sobrevenidamente, la jurisdicción norteamericana decidiera declinar su competencia para enjuiciar estos procesos a favor de los tribunales españoles, y que éstos decidieran aceptarla?

Pero es que, aun cuando ello fuera posible, es claro que la forzada solución de ese problema jurídico (respecto del que también la Fiscalía del Estado tendría mucho que decir) ocasionaría correlativamente un conflicto político por la necesidad de tener que poner de inmediato en libertad a aquellos presos que recibiéramos, y a los que desde el mismo momento en que pisaran suelo español les serían aplicables todos los derechos y garantías de nuestro ordenamiento jurídico, y entre ellos la imposibilidad de mantener la prisión preventiva más allá del plazo máximo establecido por Ley.

estos plazos, fijados por el artículo 504 de nuestra Ley de Enjuiciamiento Criminal, establecen, incluso para los delitos más graves y aplicando la prórroga correspondiente, un máximo de cuatro años para cuyo cómputo, necesaria y obligatoriamente, habría de tenerse en cuenta el tiempo del que ya vinieran privados de libertad por la causa que la jurisdicción española asumiera continuar (no iniciar ex novo). Dadas las fechas desde las que vienen manteniéndose estos encarcelamientos de Guantánamo, ello implicaría que los presos que se entregaran a España, tan pronto como se constatara que han cumplido ese plazo máximo legal de detención preventiva, dejarían de serlo y tendrían que ser puestos en libertad en nuestro territorio. ¿Es esto lo que se pretende o desea?

Antes de asumir compromisos tan delicados y transacciones tan denigrantes sobre esa peculiar mercancía humana, y dado que no es posible ni admisible que España se limite a ofrecer una mera función de almacenamiento o de alquiler del servicio de custodia de presos de otros países, parece imprescindible que todas las instancias jurisdiccionales y políticas implicadas se detengan a considerar que el ordenamiento jurídico español no puede acoger ni digerir una operación de esta índole.

Nuestros arrepentidos y conversos gobernantes, rendidos al culto del dios Obama, parecen asumir que tienen una factura pendiente con los Estados Unidos de América. Pero tendrán que pensar otro modo de pagarla.

José Luis Sanz Arribas es abogado y miembro de la Sociedad Internacional de Criminología.

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La adopción de la vía diplomática, de Hans Blix en El Mundo

Posted in Derechos, Energia, Internacional, Política by reggio on 26 febrero, 2009

ANALISIS

¿Deberíamos preocuparnos? El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha informado de que el plan de enriquecimiento de uranio de los iraníes sigue adelante, aunque quizás a un ritmo más lento. Irán no está dando respuesta a preguntas planteadas por los servicios de Inteligencia occidentales.

El OIEA no es capaz de excluir la posibilidad de que el programa iraní tenga una vertiente militar. En consecuencia, sí debería haber preocupación, pero hay más razones incluso para sentirse alarmados de que [el plan] se haya llevado adelante durante años y años bien a la vista de todo el mundo y sin embargo no se haya abordado con una acción diplomática eficaz.

Las exigencias de que Irán debería aceptar más inspecciones no tienen ningún sentido. Las inspecciones no se hacen para ayudar a Irán a que demuestre que no tiene intención de fabricar armas sino con la esperanza de encontrar pruebas convincentes que incriminen a los iraníes. Sin embargo, si no se encuentran esas pruebas, se dirá, y con razón, que aunque hoy no se haya comprobado su intención de pasar a la fase de fabricación de una bomba Irán podría cambiar de opinión el año que viene.

El punto clave de la cuestión no está en las intenciones de Irán sino en su desarrollo de la capacidad de enriquecimiento de uranio a escala industrial. Una vez que esta capacidad exista, sea en Irán, en Egipto, en Turquía o en Indonesia, al país en cuestión le quedará menos tiempo para conseguir la bomba si quiere fabricarla.Cuanto más lejos estén de obtener esta capacidad países situados en zonas confictivas, mejor.

Se han perdido unos años preciosos en planteamientos ineficaces.Los norteamericanos, siempre empeñados en decir a los demás lo que tienen que hacer, y los europeos han exigido a Irán que suspendiera su programa de enriquecimiento de uranio mucho antes de reconocer que estuvieran dispuestos a entablar negociaciones directas con los iraníes.

Como Irán ha continuado desarrollando su programa, sencillamente, es Europa, no Irán, la que está impaciente por que haya negociaciones.Inteligentemente, el Gobierno de Obama está proclamando que está dispuesto a mantener conversaciones directas con Irán. Es mucho lo que está en juego. No conseguir disuadir a Irán de que abandone el enriquecimiento de uranio a escala industrial podría tener consecuencias peligrosas. ¿Se dejará disuadir Irán?

En los años 80, cuando Sadam Husein hizo que Irak empezara a recorrer el camino hacia las armas nucleares (e Israel bombardeó el reactor de investigación de Osirak), no cabe duda de que Irán podría haber reivindicado que tenía poderosas razones para desarrollar un programa nuclear con una opción armamentística. Sin embargo, tras las derrotas de Irak en 1991 y 2003, Irán ya no puede considerar el país vecino como una amenaza nuclear.

Tampoco tiene que temer un ataque nuclear de ningún otro vecino, ni siquiera de Israel. En estas circunstancias, podría haber sido contraproducente que el Gobierno de Bush amenazara a Irán con que no descartaba ninguna de las opciones que había sobre la mesa y con el envío de portaaviones al Golfo Pérsico.

El equipo de Obama haría mejor adoptando la línea emprendida por Estados Unidos en las conversaciones con Corea del Norte y ofreciendo, como parte de un acuerdo sobre la cuestión nuclear, garantías frente a ataques del exterior y frente a actividades subversivas en el interior de Irán.

Es más, Estados Unidos no han mantenido relaciones diplomáticas con Irán desde 1979. Parece probable que la perspectiva del restablecimiento de relaciones y de una plaza en los foros a escala regional significaría para Irán un mayor incentivo de cara a alcanzar un acuerdo en materia nuclear que las declaraciones del equipo de Bush en el sentido de que «Irán debe demostrar un buen comportamiento».En el caso de Corea del Norte, se le han ofrecido relaciones diplomáticas tanto con Estados Unidos como con Japón como parte de un acuerdo en materia nuclear. No resulta comprensible por qué las cosas habrían de ser más difíciles en el caso de Irán.

Irán ha invertido recursos y prestigio en su programa de enriquecimiento de uranio. ¿Va a poder abandonarlo ahora? Bueno, no sería el primer país del mundo que cierra plantas nucleares. Según el tratado de no proliferación nuclear, existe el derecho a enriquecer uranio pero no hay ninguna obligación de hacer efectivo ese derecho.

Irán debe sopesar los costes y los beneficios. Debe ser consciente de que comprar combustible de uranio sería menos gravoso que producirlo y que renunciar a su producción le sería compensado con garantías sólidas de aprovisionamiento de ese combustible a escala internacional. Por último, debe ser consciente de que el enriquecimiento de uranio en Irán podría inducir a otros países de Oriente Próximo a llevar a cabo el enriquecimiento de uranio.

Hans Blix fue el jefe de la inspección de armas de destrucción masiva conducida por la ONU en Irak en el año 2003

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Entierro de la sardina, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Medios by reggio on 26 febrero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

En Madrid suceden cosas infames como el entierro de la sardina, que tiene, sin embargo, comienzo subversivo. Goya, bajo el estandarte de mortus, pintó a monjas disfrazadas de pantera que voló la censura. En esa fiesta el pueblo con cucuruchos de papel blanco de toca empinaba la bota en la fiesta furtiva, donde desde Quevedo las madrileñas se metían hasta los muslos en el río, entre los gritos del cierzo. Larra cuenta que se amaban a hurtadillas, lo cual no deja de ser una ñoñería. El escritor que iba de dandi y era un pigmeo con tupé pensó más que todos los españoles juntos, pero es, como antes Goya, una contradicción: afrancesado y patriota, fernandino y voluntario realista, liberal febril y señorito.Pero si algo queda claro es que, aunque se dejara llevar a veces por percalinas y gallardetes, odiaba a los carlistas y a los censores.

Escribir entonces (como ahora) era llorar o mamar; por eso ataca a los censores. Lo que no se puede decir, no debe decirse, comenta con sarcasmo; aborrece irónicamente a esos hombres turbulentos a quienes ningún gobierno les gusta: mala gente que escribe para destruir la religión y el trono.

Gallardón recordó a Fígaro en el entierro de la sardina, primer botellón de nuestro Novecento castizo. Me cae bien el alcalde olímpico, tan follador motorizado como lo era el Rey. Ha descubierto con sus túneles luminosos la circulación de Madrid, como Servet descubrió la de la sangre. Aunque la derecha ultramontana abomine de él, el partido gobernante (José Blanco) lo ha nombrado candidato a la Presidencia. Pero tiene que tener conducta como los del Foro en su discurso de Carnaval, el de las muchas interpretaciones.

La sardina procede de Carlos III, el gurrumino, que quiso que el pueblo cumpliera el Carnaval y mandó traer sardinas, que se pudrieron con los primeros soles. Citar la sardina cuando el sistema de partidos huele a podrido parece arriesgado. Además, dio un aviso a periodistas. Campan -dijo- por la Villa palabreros y murmuradores, analistas y hermenautas, almas de confidencial y tertulia diaria. Parece que no tiene buena opinión de la sociedad mediática, aunque no está bien que se valga de Larra, pobrecito hablador, aplastado por la censura, cuando el Estado de partidos camina con torpeza magullando a los contribuyentes.

Sin llegar a decir como Nietzsche que el leviatán es frío y lento hasta cuando miente y todo lo que posee lo ha robado, sí que hay que decir que los medios son el guepardo entre chanchitos, que hundieron a Bermejo y dejaron tocado a Garzón. El Gobierno ha tenido reflejos mientras un PP menguado presentaba querella por prevaricación contra su propio juez. Han sido lentos. Garzón ha ganado tiempo pregonando a dos diputados del PP antes de inhibirse.Como el fiscal vigila los procedimientos, dirá que tardanza no es prevaricación.

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Obama da la puntilla a la inversión alternativa, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 26 febrero, 2009

Ha sido, a mi juicio, una noticia trascendental en el curso de la crisis actual. Una novedad que ha reducido parcialmente mi escepticismo hacia la capacidad de Obama de sacar a Estados Unidos del agujero en el que encuentra. Una muestra de perspectiva histórica, de compromiso presente y de apuesta por el futuro. El recién designado Presidente ha asumido el compromiso público de reducir el déficit presupuestario norteamericano a la mitad en 2013, uno de los objetivos seculares de su predecesor en el cargo. Está por ver si lo consigue pero al menos sabemos que limita temporalmente, tal y como sugería el propio Keynes, el mayor papel del Estado en la economía y que reconoce que el esfuerzo gubernamental de hoy no puede ser una hipoteca para el mañana de su nación. A ver si algunos van tomando nota, que falta les hace empeñados como están en cómo tergiversar la realidad para que no les afecte en la siguiente elección.

El Plan, uno más, es incluso más ambicioso de lo que aparenta a primera vista toda vez que pretende recortar el desequilibrio fiscal del 9,2% sobre el Producto Interior Bruto en que se encuentra en la actualidad a niveles próximos al 3%. Si tenemos en cuenta que la corrección por el lado del numerador, crecimiento de la economía, parece complicada, al menos a día de hoy, todo queda en manos del trabajo que su administración pueda llevar a cabo por el lado del denominador, unas cuentas públicas sobre las que ahora llueve un aluvión de iniciativas extraordinarias que no hacen sino desestabilizarlas aún más.

Contenido del Plan.

En cualquier caso, el Plan se articula en torno a seis ejes: amplitud, entendida como una drástica limitación a las partidas extrapresupuestarias con objeto de evitar las fuertes desviaciones que hasta ahora se producían sobre lo programado (lo que implica meter contingencias para desastres naturales y similares); inflexibilidad, que supone aplicar el modelo pay as you go que significa que para poder acometer un gasto no previsto, tendrá que ser consecuencia de un ingreso inesperado o de poder reducir una inversión contemplada en la misma cuantía; recorte drástico de determinadas partidas, especialmente de las vinculadas a la Guerra de Iraq y a distintos proyectos armamentísticos y de defensa; eficacia en la utilización de los recursos con un particular foco en el gasto sanitario que supone cerca del 40% del presupuesto federal; búsqueda de nuevas fuentes de ingresos, como la venta de los derechos de CO2 a partir de 2012 y, por último, incremento de los impuestos tanto sobre las rentas altas (aquellos ciudadanos que ganan más de 250.000 dólares cuyo marginal pasará del 35% al 39,6%) como sobre las ganancias de capital que dejarán de tributar al 15% para pasar a hacerlo al 20%.

Obviamente la medida más controvertida ha sido precisamente esta última que ha encontrado un amplio rechazo en la bancada republicana, oposición que los demócratas se han apresurado a contrarrestar señalando que cerca de un tercio de su Plan de Estímulo descansa bajo el epígrafe de recortes de impuestos, a la vez que recuerdan que eso fue exactamente lo mismo que hizo Clinton al inicio de su mandato y no sólo fue capaz de cuadrar las cuentas públicas sino que trajo unos años de enorme prosperidad para la nación. Un debate que se agota en sí mismo: una expansión del gasto público como la que estamos viviendo se corrige, ceteris paribus, esto es: sin una recuperación rápida de la economía que actúe sobre los ingresos fiscales, bien financieramente a través de la inflación (consecuencia del aumento paralelo de la oferta monetaria) que minora en términos reales la deuda de la administración, bien directamente mediante subidas de impuestos o contracción de la actividad pública. Antes o después los impuestos tienen que subir. Se trata por tanto más de una cuestión de análisis técnico, timing o momentum, si me permiten la analogía, que  de fundamental. Servidor cree que no es el momento procesal oportuno pero es sólo una opinión.

¿La puntilla a la inversión alternativa?

Todo este circunloquio para llegar donde quería. Dentro de las propuestas de la Administración Obama para incrementar la recaudación impositiva se encuentra la resolución a una cuestión que estaba planteada encima de la mesa desde hace ya un par de años: los gestores de hedge funds y de prívate equity tendrán que tributar por sus ingresos diferidos, aquellos derivados del llamado carried interest o resultado acumulado de las operaciones y/o gestión, no al tipo fijo de las ganancias de capital como venían haciendo hasta ahora, sino al marginal que les resulte de aplicación y que normalmente será el más alto de la tabla. Es decir: casi al doble. Esta medida, que en su día se discutiera para frenar lo que entonces parecía, porque el sistema lo consentía y ellos se aprovechaban, una remuneración aberrantemente elevada, y que efectivamente se encuentra detrás de gran parte de las desgracias que se han materializado después cuando la burbuja ha hecho pop, es en mi modesta opinión, en el momento actual, terriblemente inoportuna.

Y es que más allá de que tenga o no incidencia sobre el bolsillo de unos señores que han visto como gran parte de sus plusvalías latentes se han ido por la alcantarilla del proceso de comprensión de la banca en la sombra que se había creado en los últimos años de la burbuja, lo que obviamente incide negativamente en su carácter recaudatorio, lo cierto es que puede suponer la puntilla para unas industrias que, aun encontrándose en proceso de reconversión, son buenas para el sistema. Mientras los hedges funds lo sean de verdad, su búsqueda desesperada por hacerse con el alpha del mercado les convierte en extraordinarios actores que proporcionan liquidez tanto a los mercados primarios y secundarios como a los instrumentos derivados tradicionales que nacen de los activos tradicionales. Puede que el estigma que ahora pesa sobre ellos y sus posiciones cortas (que durante muchos ejercicios, la memoria es frágil, sólo habían dado pérdidas) haya que trasladarlo a las entidades que financian tales apuestas, que está visto que en banca perro come carne de perro toda la que puede y más.

En el caso del capital riesgo ocurre cuarto y mitad de lo mismo: cuando las transacciones tienen una finalidad operativa y no meramente financiera, contribuyen a crear valor real y a dar contrapartida a activos por naturaleza ilíquidos en la mayoría de las ocasiones. Obviamente el ajuste del crédito disparatado de los últimos años va a provocar un back to basics en ambas categorías del que todos vamos a salir beneficiados. Y que, por cierto, es absolutamente necesario para acabar, por una parte, con el intrusismo profesional y, por otra, para adecuar su dimensión al papel que están llamados a jugar en el escenario económico financiero mundial. Sobre este punto de partida, lo último que necesita la inversión alternativa, tomada en su conjunto, es que se ahuyente al poco talento que dentro de ella pueda quedar con medidas de este tipo. Que ya habrá tiempo de ello cuando se reconstruya, ¿no creen? Pero claro, para gustos, los colores. El mío ya lo saben.

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La caza, de María Toledano en Rebelión

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 26 febrero, 2009

Es más fácil cazar moscas con miel que con vinagre

El señor Mariano Fernández Bermejo, Ministro de Justicia, ha dimitido. Es decir, a Fernández, el fiscal prosperado, le han echado a gorrazos del Ministerio de Justicia. Llegar ministro de un gobierno progresista, míticos gobiernos de ZP, y que te echen así, haciendo el ridículo entre bestezuelas muertas, sangre derramada y cuernos retorcidos de venado, debe ser asunto delicado, triste, casi un discreto drama personal. Me imagino a su suegra, si la tiene, la pobre, el Señor Todopoderoso la conserve muchos años, la carita de estuco que se le habrá quedado. A Mariano Fernández Bermejo, que es de natural bravucón y malencarado, hombre firme y determinado de izquierdas (sic), le han puesto de patitas en la calle, con cajas destempladas y un rumor de siemprevivas que invade las cartucheras, por irse de cacería, una montería se decía en otros tiempos, con colegas y amigos del mismo jaez, intrépidos cazadores, gentes todas responsables y de intachable reputación. Fernández es el cazador cazado, cazado in fraganti, guárdate de los fotógrafos y de los conocidos con cámara de fotos, haciendo eso que en la noble nación española -y en algunos sectores de la vida civil- está tan mal visto: el franquista.

Esto de hacer el franquista, con perdón, es costumbre que se debe adquirir por el uso y frecuentación prolongada del poder, de todos los poderes. Será algo así como los pertinaces hongos que brotan en los zapatos de la gauche -si la suela es mala y suele ocurrir- de tanto andar por moquetas y recepciones de lujo y oropel. Recuerdo así, sin pensar mucho, a nuestro señorito González, don Felipe, surcando las aguas en el Azor, la embarcación del Generalísmo, la misma que el pequeño caudillo asesino llenaba de atunes y peces espada a los que tanta devoción religiosa tenía. La diferencia, señor Mariano, es que a don González, “queremos un hijo tuyo”, se le perdonaba y se le perdona todo, sabido es, tanto por sus méritos -que alguno tendrá, aunque una los ignore- como por su arrolladora gracia sevillana, españolísima y olé, mientras que a usted, de natural malencarado y bravucón, repito, y con una huelga de jueces en la recámara -el año que acomete la reforma de la carrera judicial y aumenta el presupuesto-, no le perdonan ni una. Siendo de Arenas de San Pedro, Ávila, y habiendo nacido en 1948, IX año triunfal, ya debería estar usted curado de espanto, trampas y cartuchos. ¿Cómo se puede ir de cacería, siendo Ministro de Justicia de PSOE, cuando tenemos presente La escopeta nacional de Berlanga y Azcona? Poco importa el resto de los cazadores, sus acompañantes; poco importa si había jueces u otras destacadas personalidades civiles y/o militares. El mero hecho de salir de montería, con la que está cayendo y lo que significa en el imaginario colectivo, merece el despido. A nadie le importa, señor Mariano, si los disparos se produjeron en Jaén y si tenía o no licencia actualizada; poco importa, señor Mariano, si la broma (con el reparador “taco” incluido) costó mil euros o dos billones. La cuestión es otra. La caza mayor, ex ministro socialista Bermejo, no está bien vista por millones de personas que han sufrido la dictadura y han visto a Franco, sus parientes, consejeros y amigos, con un pie en el hocico de un animal abatido. Para redondear el circo campestre sólo hubiera faltado, como en la película, un maduro empresario catalán, con su amante, tratando de vender porteros automáticos. La historia vuelve, más que nunca, como farsa. Farsa y esperpento. Y Mitrofán sin enterarse.

Con tres complicadas elecciones a las puertas, el presidente Rodríguez Zapatero, ha aceptado -los eufemismos más vivos que nunca- la dimisión del Ministro de Justicia, Fernández Bermejo. Los asesores de Moncloa, los mismos que contemplaron atónitos la fotografía, han hecho sus interesados cálculos. Mejor ahora, cuanto antes, aguantemos el chaparrón y en una semana se habrá pasado. No les falta razón a los cualificados miembros del ala oeste de la Moncloa. El tiempo juega a su favor: este suceso pasará pronto, sin duda, resta fuerza al discurso crítico del PP (inmerso en sus cuestiones de espías, corruptelas, gominas y demás) y la prensa, necesitada de carne fresca cada día, atenderá, en breve, otros asuntos. Los analistas tendrán razón pero permitirán, espero, que nos quedemos con este magnífico suceso para la posteridad, para contar y contar a nuestros nietos. Hay cosas que, pese al paso del tiempo, seguiremos recordando cada vez que surja la ocasión, toque disfrutar con recuerdos cínicos y tengamos ganas de reír. Ay, Mariano, Mariano, y todo este entuerto por pegar unos tiros al alba.

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Izquierda, de José Saramago en su Cuaderno

Posted in Política by reggio on 26 febrero, 2009

Nosotros tenemos razón, la razón que asiste a quien propone que se construya un mundo mejor antes de que sea demasiado tarde, pero o no sabemos transmitir a los demás lo que es substantivo en nuestras ideas, o chocamos con un muro de desconfianzas, de prejuicios ideológicos o de clase que, si no logran paralizarnos completamente, acaban, en el peor de los casos, por suscitar en muchos de nosotros dudas, perplejidades, esas sí paralizadoras. Si el mundo alguna vez consigue a ser mejor, solo habrá sido por nosotros y con nosotros. Seamos más concientes y estemos orgullosos de nuestro papel en la Historia. Hay casos en que la humildad no es buena consejera. Que se pronuncie alto la palabra Izquierda. Para que se oiga y para que conste.

Escribí estas reflexiones para un folleto electoral de Izquierda Unida de Euzkadi, pero también pensando en la izquierda de mi país, en la izquierda en general. Que, pese a lo que está pasando en el mundo, sigue sin levantar la cabeza, como si no tuviera razón.

Esta entrada fué posteada el Febrero 24, 2009 a las 11:08 pm.

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