Reggio’s Weblog

Beber para olvidar, de Raúl del Pozo en El Mundo

Posted in Historia, Política by reggio on 25 febrero, 2009

EL RUIDO DE LA CALLE

Cuando asaltaron la Bastilla ya no era la tenebrosa prisión de la Monarquía tiránica; sólo había siete presos, cuatro estafadores, un pirado, un noble degenerado y un solo agitador. Entró la Historia con cuchillos y palas y ni siquiera estaba guardado en ese momento el Marqués de Sade. La literatura ha embellecido el asalto dándole trato de gesta. Hace 28 años dieron un golpe de Estado en España que fue grabado y retransmitido en vivo y en directo. A pesar de ello, hemos embellecido de tal modo el golpe, que yo, que estuve allí tumbado como un gusano, no lo reconozco; la ópera en realidad fue una zarzuela. De eso hablamos el otro día en el Congreso con dos protagonistas esenciales del 23-F, Francisco Laína y Sabino Fernández Campo. Nos convocó José Bono. Eramos 60 comensales. Cuánto panaché de verdura y lomo de merluza hay que tragar para llevar a casa una columna.

Tanto Sabino como Laína se pusieron aquel día de parte de la Constitución. Sabino, que según José Bono no fue un telefonista de lujo, tuvo que desenredar la madeja de traiciones. Laína, como el cabo de la remonta que le decía desde una radio de galena a Queipo en un pueblo de Andalucía «ríndete, hijo de puta, que no tienes nada que hacer», se convirtió en primer ministro del Gobierno provisional; como el cabo, les comunicó a los militares que no tenían nada que hacer. Según él, Juan Carlos I le llamó a los 10 minutos del golpe para ordenarle que el Gobierno de Subsecretarios obligara a los golpistas a claudicar. Cuando le preguntamos a Sabino sobre la trama dijo no acordarse. Confesó que le faltan piezas en el puzzle; con mucha ironía, Sabino pronunció la frase definitiva: «Después de tantas comidas de periodistas voy a terminar enterándome de lo que pasó».

El Rey con chándal y teléfono logró desativar el golpe y nosotros vamos convirtiendo una tarde vergonzosa en una epopeya. Ya les dije que me emociona la cita de Tácito que Robert Graves pone en el inicio de Yo, Claudio: «Una historia que fue sometida a toda clase de tergiversaciones, no sólo por parte de quienes entonces vivían, sino también en los tiempos posteriores, porque lo cierto es que toda transición prominente está envuelta en la duda y la oscuridad».

Yo estaba en el bar, donde suelen nacer las noticias, y creí que mataban a los diputados. Me apuntaba un cabo primera de la Guardia Civil. Uno no olvida nunca un pelotón de fusilamiento. Me arrojé de bruces a la moqueta. Y se cayeron conmigo el vaso, el hielo, la cocacola y la ginebra. Me lo dijo José Luis Gutiérrez: «Tienes la cara como de yeso».

Bebimos para olvidar; los picos se metieron 200 botellas de ginebra y whisky. Ahora lo hemos olvidado todo.

© Mundinteractivos, S.A.

Anuncios
Tagged with:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: