Reggio’s Weblog

El 23-F, años después, de Alberto Piris en Estrella Digital

Posted in Historia, Política by reggio on 24 febrero, 2009

Por alguna razón que ignoro, en torno al 28º aniversario del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 se está difundiendo bastante información relacionada con aquel acontecimiento: programas televisados, material audiovisual, entrevistas, artículos y comentarios. Parte del público al que está dirigida no había nacido aún cuando el hecho se produjo. El “escenario” -como ahora es usual decir- español ha cambiado mucho desde entonces.

Pero convendría recordar algo de lo que luego ocurrió. Me voy a referir a uno de los efectos más nefastos que el 23-F trajo consigo a corto plazo: la polémica mediática provocada por el proceso judicial al que fueron sometidos algunos de los protagonistas del golpe, seguida con apasionamiento por los españoles. En relación con esto, me permitirá el lector que reproduzca algunos párrafos de un artículo que publiqué en El País (“El rescate del honor militar”, 20-03-1982) y que firmé con mi nombre y graduación, para salir al paso de ciertos comentarios publicados sobre el desarrollo de la vista, que seguían fomentando los fanatismos que tan violentamente afloraron el día del golpe.

“En el lamentable espectáculo casi cotidiano de la sala de justicia de Campamento, se esgrime la palabra “honor” para justificar indisciplinas, deslealtades, desobediencias, ambiciones, ambigüedades… ¿Quién se atrevería a utilizarla después? Sin embargo, el concepto de honor, tal y como diáfanamente lo expresan las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, es aquello “que lleva al militar al más exacto cumplimiento del deber”. Y allí se maneja profusamente para razonar unos por qué han hecho caso omiso a su cadena de mando militar, para explicar otros cómo han llegado a promover un grave incidente de secuestro con disparos de arma de fuego en lo que debería ser el foro sagrado de la Patria, no cumplir las órdenes recibidas o excederse en el cumplimiento de las que no recibieron legítimamente, para hacer creíble su culpable aceptación de una disciplina ciega que no es la que nos imponen a los militares las Reales Ordenanzas, para justificar, en último término, el vergonzoso espectáculo que en febrero del año pasado puso de relieve, otra vez, en todas las televisiones del mundo, que en España aun se producen conductas aberrantes con el protagonismo de unos, el impulso de otros y la complicidad de bastantes más.

“Remontemos, si es posible todavía, el explicable desánimo. Ni España es sólo el video que se hizo famoso con motivo de los tristes acontecimientos ahora juzgados, ni los españoles somos un país de opereta -por más que a muchos les conviniera así, para seguir beneficiándose de nuestro ostracismo universal-, ni sus Fuerzas Armadas somos en su totalidad un ejemplo de cómo la deformación profesional puede conducir a episodios humillantes, a actuaciones francamente bochornosas. Hay en España un inmenso potencial de supervivencia, aun sin explotar, un gran caudal popular de deseos de renovación; somos los españoles un pueblo sufrido que ha vivido mucho, ha aguantado más y merece mejor suerte; y subsiste en sus Fuerzas Armadas un deseo íntimo y pujante de que no vuelva a ser la “cuestión militar” un escollo en el progreso de los españoles, de que el honor recupere su función, única y exclusiva, de motor que impulsa al más exacto cumplimiento de deber, deber que no consiste en determinar, subjetiva e interesadamente, si España está o no en una “situación límite”, o en señalar rumbos forzados a la Patria, ni, mucho menos, salvarla de imaginarios y provechosos peligros, sino en consagrarse al servicio de ella, al servicio de esa Patria que las Ordenanzas definen luminosamente como el “quehacer común de los españoles de ayer, hoy y mañana, que se afirma en la voluntad manifiesta de todos”.

El artículo citado me granjeó la sincera amistad de algunas personas, que aún siguen manteniéndola, y el recelo y el desafecto de muchos compañeros de armas que me miraron con no disimulada desconfianza. Ahora, tras varios años de democracia y habitual actividad parlamentaria, encontraría pretencioso llamar al Congreso “foro sagrado de la Patria”, como en aquel momento ilusionadamente escribí. Pero, por otro lado, la percepción que los españoles tienen de sus Ejércitos y la que éstos tienen sobre su misión y encaje en la sociedad española han variado en sentido muy positivo para ambas partes. Los dos artículos de las Ordenanzas antes citados, relativos al honor militar y al concepto de Patria, no han necesitado ser reproducidos en las nuevas Ordenanzas recién aprobadas, más volcadas hacia la racionalidad operativa de unas Fuerzas Armadas al servicio de los españoles que a la ambigüedad retórica de las que se redactaron durante la transición.

Hoy el 23-F es un recuerdo que va desvaneciéndose en el pasado. Conviene no olvidarlo, para que jamás vuelva a producirse algo similar y para mejor valorar el hecho de que nuestras Fuerzas Armadas gocen hoy de la estima de los españoles en mayor grado que otras instituciones que no acaban de encontrar su lugar en una España que se define como “un Estado social y democrático de Derecho”, como estamos viendo que ocurre con la Iglesia, la Judicatura o la Banca, sin ir más lejos.

Alberto Piris. General de Artillería en la Reserva.

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