Reggio’s Weblog

La nueva vestimenta del capitalismo, de Peter Singer en El País

Posted in Política by reggio on 23 febrero, 2009

¿Es la crisis financiera mundial una oportunidad para crear una nueva forma de capitalismo basado en valores racionales?

Eso es lo que parecen pensar el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, y el ex primer ministro británico Tony Blair. En un simposio, celebrado en París el mes pasado, Sarkozy calificó el capitalismo basado en la especulación financiera de “sistema inmoral”, que “ha pervertido la lógica del capitalismo”. Sostuvo que el capitalismo necesita nuevos valores morales y aceptar un papel más fuerte de los gobiernos. Blair hizo un llamamiento en pro de un nuevo orden financiero basado en “valores diferentes del máximo beneficio a corto plazo”.

Resulta asombroso lo fácilmente que los políticos de todas las orientaciones -incluso los firmes partidarios ideológicos del mercado desregulado- han aceptado la idea de que el Estado debía rescatar a los bancos y las compañías de seguros cuando se encontraran con problemas. Pocos han estado dispuestos a correr los riesgos inherentes a la decisión de dejar desplomarse a bancos importantes. Muchos temían un desempleo a gran escala, un maremoto de quiebras, millones de familias expulsadas de sus casas, la red de seguridad social tensada hasta el punto de desbaratarse y tal vez disturbios y un resurgimiento del extremismo político que llevó a Hitler al poder en Alemania durante la depresión del decenio de 1930.

La opción de salvar a los bancos de las consecuencias de sus propios errores indica un cambio de valores, alejado de la creencia en la idoneidad máxima del mercado. Pero ¿producirá también la recesión un cambio profundo en los valores de los consumidores?

No es casualidad que el simposio en el que participaron Sarkozy y Blair se celebrara en Francia, donde algunos han considerado necesaria la crisis financiera mundial precisamente porque está produciendo ese cambio de valores. En una sección de Le Figaro sobre cómo reducir los gastos propios se predijo una “revolución en los valores” y se afirmó que la gente daría prioridad a la familia por encima del trabajo. (Los norteamericanos consideran que los franceses, con su horario laboral más corto y sus vacaciones más largas, ya conceden esa prioridad a la familia frente al trabajo).

Los franceses siempre han tenido menos tendencia a endeudarse: cuando pagan con tarjetas, suelen hacerlo con las de débito, con las que recurren a fondos que ya tienen, en lugar de a las de crédito. Ahora ven la crisis actual como una confirmación del valor que supone no gastar un dinero que no se posee.

Eso significa menos gastos lujosos, cosa que resulta difícil de conciliar con la fama de Francia como país de la moda, el perfume y el champaña, pero el exceso ya no está de moda y hay noticias de que en todas partes se están reduciendo las compras de artículos lujosos. Richemont, la empresa suiza de artículos de lujo propietaria de las marcas Cartier y Montblanc, ha dicho que está afrontando “las más duras condiciones del mercado desde su creación hace 20 años”. Ahora bien, ¿se trata de un cambio duradero de valores o de una simple reducción temporal, impuesta a los consumidores por las pérdidas en las inversiones y una mayor incertidumbre económica?

En su discurso de toma del poder, Barack Obama, dijo: “Ha llegado el momento de dejar de lado las puerilidades” y optar, en cambio, por la noble idea de que “todos son iguales y libres y todos merecen la oportunidad de perseguir plenamente su aspiración a la felicidad”. Sería excelente que la crisis financiera mundial restableciese una conciencia adecuada de lo que es importante. ¿Podrá la crisis recordarnos que compramos artículos lujosos más por el rango social que representan que por su valor intrínseco? ¿Podrá ayudarnos a apreciar que muchas cosas son más primordiales para nuestra felicidad que nuestra capacidad para gastar dinero en moda, relojes caros y restaurantes de primera? ¿Podrá incluso, como propone Obama, volvernos más conscientes de las necesidades de quienes están viviendo en la pobreza real y en condiciones mucho peores que las que tendremos nosotros jamás, con o sin crisis financiera? El peligro es que de las posibilidades de un cambio real de valores se apropien, como ha ocurrido con tanta frecuencia en el pasado, quienes lo vean sólo como otra oportunidad de hacer dinero. Según se ha sabido, la diseñadora Nathalie Rykiel, que va a exhibir su nueva colección de Sonia Rykiel en marzo, no va a hacerlo en su enorme y caro local habitual, sino en el espacio, menor, el de su tienda. “Es un deseo de intimidad, de vuelta a los valores”, dice. “Tenemos que volver a una escala menor, en contacto con las personas. Vamos a decir: ‘Vengan a nuestra casa. Miren y toquen la ropa”.

Ah, sí, en un mundo en el que 10 millones de niños mueren todos los años por causas evitables y relacionadas con la pobreza y en el que las emisiones que provocan el efecto de invernadero amenazan con provocar millones de refugiados por razones climáticas, debemos visitar las tiendas de París y tocar las telas. Si las personas estuvieran preocupadas por los valores morales defendibles, no comprarían ninguna ropa de alta costura. Pero, ¿qué posibilidades hay de que Nathalie Rykiel -o las minorías opulentas de Francia, Italia o los Estados Unidos- adopten esos valores?

Peter Singer es catedrático de Bioética en la Universidad de Princeton.

© Project Syndicate, 2009.

Traducción de Carlos Manzano.

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Cuando un país suspende pagos, de Joaquín Estefanía en El País

Posted in Economía by reggio on 23 febrero, 2009

El ex presidente del Citibank Walter Wriston opinaba que los países no quiebran. Pero la historia indica lo contrario: en los últimos dos siglos, en alrededor de un centenar de ocasiones las naciones han dejado de pagar sus deudas. ¿Hemos entrado en una nueva fase de la crisis en la que los Estados más poderosos, además de apoyar a los bancos y empresas estratégicas, habrán de ayudar a otros Estados de su zona de influencia, incapaces de pagar los préstamos y de financiar sus compromisos?

Hay indicios de que podemos estar a cinco minutos de ello. Esta vez no sólo sucede en alejados países latinoamericanos como México o Argentina, sino en EE UU o en la vieja Europa. En EE UU, el Estado de California, la octava economía del mundo si se le considerase independiente, ha decretado la emergencia fiscal porque es insolvente. La incapacidad de republicanos y demócratas de pactar un presupuesto que mezcle el imprescindible incremento de impuestos con nuevas dosis de endeudamiento a largo plazo y reducción de gastos, ha llevado a una situación en la que el gobernador Schwarzenegger ha mandado cartas de despido al 20% de la plantilla de funcionarios, suspendido todas las obras públicas y avisado de que podría tener que pagar las cuentas con pagarés, algo que no se recuerda desde la Gran Depresión. En el origen de la insolvencia está la reducción de ingresos públicos por la crisis hipotecaria y la recesión que padece la región.

En lo geográficamente más cercano a nosotros, el Viejo Continente, hay dos crisis superpuestas. En primer lugar, la de los países del Este, que se encuentran con una etiología muy complicada: están a punto de entrar en recesión o ya lo han hecho de forma brutal (Letonia puede llegar a retroceder un 12% este año) después de haber sostenido durante varios años tasas de crecimiento de países emergentes. Además, en las últimas semanas, la mayoría de estos países (Polonia, Hungría, República Checa, los bálticos, etcétera) soportan en cadena una devaluación de sus monedas de dos dígitos, lo que recuerda mucho a la crisis asiática de 2004 que dejó asolada para una generación a esa zona del planeta.

En la eurozona también hay síntomas inquietantes. Algunos países están haciendo un sobreesfuerzo fiscal muy importante (que se traduce en espectaculares incrementos del déficit y la deuda pública) para sostener la caída de la actividad privada y los sistemas de welfare de los afectados por la primera. Los analistas y las agencias de calificación de riesgos manifiestan de modo más o menos explícito el temor a que los inversores rechacen la deuda pública emitida por algunos países de la zona euro, por un doble motivo simultáneo: la espectacular caída de sus ingresos públicos y su rápido endeudamiento. El coste de asegurar contra impagos la deuda de estos países y los diferenciales respecto al bono alemán están ahora en los máximos niveles desde antes de que se adoptase el euro. España no puede creerse marginada de estos problemas.

En las últimas reuniones comunitarias, Alemania y Francia no han descartado la posibilidad de tener que salir en ayuda de estos países. No por generosidad, sino en el entendido de que tal vez la solidaridad sea más barata que la quiebra de alguno de los miembros de la eurozona, que pondría en cuestión la moneda común, uno de los mayores pasos integradores del último medio siglo.

En 1982, nada más llegar al poder, Felipe González rechazó la posibilidad de pedir ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI) e implantó con urgencia un programa de ajuste de la economía española. Pero las principales armas de una estabilización tradicional ya no están hoy en manos de las autoridades nacionales (ni la política cambiaria, ni la monetaria, y la fiscal, con restricciones, como muestra el expediente de apercibimiento por el déficit fiscal creciente a España). El director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, ha advertido de la posibilidad de una “segunda oleada” de países en demanda de ayudas para poder pagar sus compromisos y no quebrar. Para ello se necesitaría un FMI reformado y con más dotaciones, lo que ahora sólo se da en el terreno de la retórica. Porque la reunión del G-20 en Washington no ha servido para nada.

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La trama de los picos pardos, de Santiago González en El Mundo

Posted in Política by reggio on 23 febrero, 2009

A CONTRAPELO

El cineasta Iquino dirigió en 1969 De picos pardos a la ciudad, una moralista y estomagante comedieta en la que el alcalde y el secretario de un pueblo emprenden viaje a la capital para sustituir el viejo autobús y, ya de paso, echar una cana al aire. A por atún y a ver al duque.

Ir de picos pardos era una metonimia de ir de putas. Al parecer, las tusonas eran obligadas a vestir una saya de color pardo en la Edad Media para ser distinguidas de las mujeres honestas. La falda era por entonces una tela cuadrada con un agujero en el centro que se ajustaba a la cintura, por lo que su caída formaba cuatro picos que daban pie a la expresión citada.

La naturaleza siempre acaba imitando al arte. Si Berlanga y Azcona previeron en La escopeta nacional una cacería con un invitado llamado Bermejo, Iquino se adelantó en 40 años a la epopeya que ayer contaba EL MUNDO: el alcalde de Baena, que es también senador del PSOE, y su secretario, parecen implicados en una trama de facturas falsas. El objetivo de la misma era sufragar visitas periódicas de los muy allegados al Club Milady Palace, un lujoso puticlub de Marbella.

Ha habido casos parecidos. El año pasado fue detenido el concejal de Urbanismo del PP en Palma, acusado de haberse fundido en puticlubes gay 50.804 euros de dinero público por medio de la visa que tenía a su nombre en razón del cargo. Hace menos de tres días, se aventuró en esta columna que acabaríamos viendo vales como el de los «seis porvos con la Lola» que el Comité de Defensa de Toledo expedía en el 36 a favor de los buenos milicianos. ¿Qué son 73 años para los valores inmutables de un pueblo? Apenas un suspiro en la Historia de España.

A falta de conocer en profundidad los casos de Michavila y el Ayuntamiento de Segovia, no parece que puedan compararse con Baena en colorido y tradición. A un servidor le parece que pulirse la pasta de los españoles en prostíbulos goza de cierta comprensión social. Cada vez que a un personaje público le preguntan qué pecado encuentra más disculpable, responde con un automático «los pecados del amor», no diré más. Por otra parte, no se puede comparar una trama como ésta con la operación Malaya, que al final servía para que un hortera se colgara un miró en el cuarto de baño. Los de Baena, en cambio, dan a ese dinero una utilidad social, keynesiana, al inyectarlo en un sector deprimido. Las juergas municipales contribuyen a la expansión de la demanda agregada, un new deal cordobés, si ustedes se paran a considerar el asunto desde una visión macroeconómica. La iniciación en el arte de las putas, dicho sea con permiso de Moratín, era un trámite iniciático que pagaban algunos padres a sus hijos al cumplir los 18. Con razón decía el secretario del alcalde baenense en conversación grabada por la Guardia Civil: «A mí me da cosa gastarme dinero mío en estas cosas». Es lo que tiene que papá te acostumbre desde jovencito al patrocinio.

«El PSOE es el partido que más se parece a España», han dicho y repetido Zapatero, Pepe Blanco, Pajín, Rubalcaba, Chaves y otros. Es una afirmación razonable que el arriba firmante no se atrevería a cuestionar.

© Mundinteractivos, S.A.

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Nostradamus en La Moncloa, de Martín Prieto en El Mundo

Posted in Política by reggio on 23 febrero, 2009

BAJO EL VOLCAN

Un ‘monje negro’ de la política socialista me aventuraba el pasado año que Rodríguez Zapatero no se presentaría como candidato en 2012, aunque retendría la Secretaría general del partido, rompiendo costumbre e inaugurando una bicefalia. Pese a su carácter y sus recelos, en las dos legislaturas de Aznar descollaron figuras como Rodrigo Rato, de perfil más acusado que el propio Mariano Rajoy. El actual presidente del Gobierno nunca ha nombrado un ministro o ministra que se distinga por su talento. Incluso las dos vicepresidencias están entregadas a la señora Fernández de la Vega, que es una secretaria trabajadora y eficacísima que alivia de trabajo al jefe, y a un Pedro Solbes, prejubilado y distinguido por su autismo. Ni en el partido ni en el Gobierno aparece alguien que saque la cabeza para unas legislativas que son unas presidenciales.

El monje sostenía, empero, que la tapada era Carme Chacón. Es madre joven, sería la primera mujer candidata de nuestra historia (tras la conjura del PP contra Isabel Tocino) y se correspondería con el imaginario feminista y de cartón piedra de ZP. Es una moderada independentista catalana, experta en los avatares de Quebec, pero es más líder que Montilla en el PSC, que chantajea al Estado entre las aguas de su independencia de acción y el secesionismo por fascículos. Va acumulando experiencia administrativa en el Congreso, en Vivienda (de cuyo celebrado plan no se ha vuelto a tener noticia aunque se lo copresentó en Moncloa el propio Zapatero) y ahora en Defensa, donde grita «¡Viva España!» como en una arcada. ZP la adora.

Como primera mujer en tal lance la votaría mucho mujerío y su ambigüedad autonomista arrastraría votos en Galicia, País Vasco y, sobre todo, en la decisiva Cataluña. «Si no comete errores en cuatro años, será la candidata empujada por ZP y su portentoso marido».

Si así fuera, la crisis la ha dejado en el zócalo. Pepiño Blanco ha advertido que el próximo escenario contempla la reaparición de Zapatero. No puedes designar sucesor con el desempleo en la UVI. Zapatero tiene cuatro años para entender que el populismo es a la economía lo que la prostitución al amor. Y tendrá que presidir la convalecencia porque le volverán a votar, ya que es una marca, producto de mercadotecnia, transparente a los problemas y, a veces, invisible. Ni aun con kilométricas colas ante el Inem el pobre Rajoy tendría algo que rascar.

© Mundinteractivos, S.A.

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El mullido colchón vasco, de Enric Juliana en La Vanguardia

Posted in Política by reggio on 23 febrero, 2009

ELECCIONES PAIS VASCO Y GALICIA

“Los vascos siempre han querido ser españoles con carnet de primera”, escribió en una ocasión Jon Juaristi, antiguo simpatizante de ETA de densa evolución ideológica. Juaristi, que hoy profesa el credo liberal, escribe en ABC y mantiene una buena amistad con José María Aznar, vino a decir que el nacionalismo es el instrumento ideológico que permite a la sociedad vasca mantener, justificar y proteger una situación objetiva de privilegio. Pese a ocupar el segundo puesto en el ranking de renta per cápita (el primero corresponde a Madrid, el tercero a Navarra, y el cuarto a Catalunya), los vascos no aportan nada (o muy poco) a la caja común. El denominado cupo es uno de los grandes misterios de España. Muy pocas personas, en Madrid y Vitoria, conocen con exactitud el balance real de las tres haciendas forales vascas.

Carnet de primera, viejo fuero o justo pago por el punto final de las tres guerras carlistas, lo cierto es que el concierto económico ofrece hoy a Euskadi un mullido colchón anticrisis. Un colchón con 3.500 millones de euros. “Resulta muy difícil aventurar el resultado electoral, pero una cosa es totalmente segura: el que gane se encontrará con la caja llena”, comenta estos días un reputado abogado de Bilbao que conoce al dedillo la política vasca.

Varios factores han contribuido a consolidar este ventajoso airbag. El concierto, por supuesto, gracias a la alta recaudación de los últimos años. Una tenaz política de reducción de la deuda pública a cargo de la vicelehendakari Idoia Zenarruzabeitia (PNV), también conocida como la Virgen del Puño. Un impacto muy moderado de la inmigración (sólo el 5% de la población vasca) en la demanda de los servicios públicos, a diferencia de lo ocurrido en Madrid, Catalunya y Valencia. (La población vasca envejece, pero las pensiones las paga la caja única de la Seguridad Social, cuya gestión el nacionalismo ahora sólo reclama a medio gas.) Y una estructura económica con fuerte acento industrial, que ha entrado en crisis con mayor lentitud. En términos contables, el País Vasco aún no se halla en recesión, aunque todo el mundo admite que el vía crucis va a ser durísimo, especialmente en la industria auxiliar del automóvil y en el sector de los electrodomésticos.

Para que el airbag se dispare, basta con igualar la deuda vasca al promedio español. Hay margen. Y sobre este margen pivota el espectacular cambio de registro del PNV y del propio lehendakari Juan José Ibarretxe en la campaña electoral: del derecho a decidir, al derecho a exhibir el carnet de primera; del nos vamos hacia Islandia, al nos quedamos (con la caja llena). El 61% de los ciudadanos vascos cree que su país está mejor preparado que el resto de España para afrontar la crisis, señalaba ayer el sondeo del Instituto Noxa para La Vanguardia. Es un dato que tener muy en cuenta antes de cruzar apuestas sobre el 1 de marzo.

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Las heces de oro, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

Posted in Derechos, Medios, Sociedad by reggio on 23 febrero, 2009

El cáustico poeta Marcial se burló de un patricio llamado Basso, que gustaba de beber en copa de cristal mientras que evacuaba en orinal de oro. Carius ergo cacas le recriminaba el poeta, frase que, traducida con cierto pudor, dice: “Pagas más por tus heces”. Marcial tenía la lengua viperina, pero era partidario del ataque indirecto, oblicuo. Muy lejos del insulto que Francisco de Quevedo transformó en literatura fundando una castiza escuela periodística en la que abunda la pedrada léxica, la alegoría del mamporro y la sinonimia del puñetazo.

Marcial siempre satirizaba a un sujeto. Pero, más allá del ataque personal, proponía una lección genérica, una moraleja. Veinte siglos más tarde, sin embargo, la moraleja del orinal de oro ya no sirve. En tiempos de los romanos, gastar más dinero en el orinal que en la copa era un comportamiento estúpido. En aquel entonces, el objetivo principal era el alimento, no el excremento. Y eso, a pesar de que los banquetes de los patricios eran un verdadero festival de excesos.

Uno de ellos fue narrado con todo detalle por otro frío analista de la antigüedad, el elegante Petronio: el banquete de Trimalción. Un banquete que empieza con un teatral muestra de viandas inspiradas en los signos del zodiaco y continua con rubicundos pollos, mamas de cerda, un inmenso cerdo relleno de salchichas e incluso “una liebre guarnecida con alas”.

En el impensable festín se describen bandejas en forma de “lago con figuritas de pescado” sobre las que mana una lluvia de salsa de pimienta, y escenográficos jabalíes rellenos de tordos, todavía vivos, que, cuando la bestia es abierta, salen volando. Entre bailes y juegos, los esclavos sirven, por si fuera poco, ocas encebadas. En contraste con tal prolijo realismo, apenas se mencionan en la narración de Petronio detalles que nos permitan saber cómo se digería el tremebundo exceso. En un momento dado, Trimalción se levanta para ir a las letrinas. Y de una frase ambigua podría deducirse que ha desembuchado en el vomitorio.

De la lectura del Satiricón de Petronio se desprende, por lo tanto, que incluso los patricios romanos, tan excesivos, daban muchísima más importancia a la entrada que a la salida. Por esta razón Marcial puede burlarse de Basso, que gasta más dinero en el orinal que en la copa.

En nuestro tiempo, la sátira de Marcial carece de sentido. No solamente porque ahora los baños son habitaciones de lujo, modernos orinales de oro, ultradiseñados y manieristas, sino porque, a pesar de la gran importancia que damos a la gastronomía, lo hacemos con extremada prudencia. Con miedo. El prestigio de los cocineros no había sido nunca tan elevado, pero el acto de comer deja un rastro muy visible de culpa. Comer es un placer muy popular, pero también una mina de angustias, fomento de grandes neurosis estéticas, dietéticas y sanitarias. Comer nos encanta tanto como nos hace sufrir. Buena prueba de ello es que los únicos personajes que empatan en fama con nuestros cocineros más famosos son los grandes médicos, enemigos a ultranza del pavoroso colesterol y de los temibles triglicéridos: el cardiólogo Valentí Fuster compite en el universo estelar con Ferran Adrià y Santi Santamaria.

Si el acto de comer causa tanta satisfacción como dolor, el acto de evacuar reúne, en cambio, grandes unanimidades. Si los aromas del comer son fuente de angustia, el hedor de la evacuación excita el fervor general. Los excrementos deslumbran, encantan, fascinan, hipnotizan.

Nada obtiene más páginas de prensa y más minutos de televisión que la hediondez excremental. Sean las heces de la política (las nauseabundas colitis de la trama madrileña o la descomposición de un ministro en cacería), sean las deyecciones de cualquier personajillo (especialmente, si, como sucede en el Reino Unido, tiene un cáncer terminal y ha vendido su agonía a un reality),sean las fatales deposiciones de estos jóvenes de Sevilla, que se han convertido en una mina de oro, no solamente para las televisiones populistas, sino también para algunos severísimos diarios.

Husmeados todos los agujeros, aburridos ya de tanta desnudez, hastiados de los bombardeos en Gaza, necesitábamos una buena historia para olvidar la crisis.

Yahí está: un joven asesino, sus compinches y su novia actual, una niña de 14 años que ha reinado en televisión contando su intimidad con el imberbe asesino. En la Roma de todos los excesos, se ofrecía sangre para aplacar a las masas primitivas. También en nuestro Occidente, hijo, al parecer, de la razón ilustrada.

No existe más horizonte moral en nuestra vida pública que el índice de audiencia.

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¿Un euro = un dólar antes de final de año?, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 23 febrero, 2009

Creo que ya he hablado de él alguna vez. Mejor dicho, estoy seguro de ello. Pero hoy quiero volver a compartir su existencia con todos ustedes. Es uno de los líderes de opinión en el ámbito anglosajón de las inversiones, donde su boletín es seguido semanalmente por más de un millón de lectores. Como todos los actores con algo de peso en ese mercado, es un poco yo-mi-me-conmigo pero, aún así, su capacidad de poner al alcance de todos sus lectores los temas de mayor actualidad y de emitir un juicio sobre los mismos, sea certero o no, le acerca bastante al ideal de lo que pretendería ser este Valor Añadido. Se trata de John Mauldin y de sus Pensamientos desde la Primera Línea. Basta con entrar en su página, cuyo enlace les adjunto, meter el correo electrónico y ya se está dado de alta en su lista de distribución de dos documentos semanales: el propio de Mauldin y el de un tercer invitado que llegan en días distintos.

En su plegaria de esta semana, el autor dedica sus oraciones a dos temas extraordinariamente interesantes que trata sin las limitaciones que impone el circunscribirse a la dimensión máxima que se puede esperar de una columna diaria. Hoy me centraré en el primero: el colapso de Europa del Este y su impacto sobre la banca europea, algo que como recordarán fue objeto de este blog el pasado jueves. Su conclusión es demoledora: Europa está mucho más en riesgo que los Estados Unidos ante la ausencia de capacidad financiera de muchos países para nacionalizar unos bancos cuyos balances superan con creces sus respectivos PIBs. Desde el otro lado del Atlántico aporta una visión ¿realista? de cómo puede evolucionar Europa en el corto plazo, de su crisis de liderazgo, de la incapacidad de aplicar políticas comunes en tiempo y forma  y el impacto que su declive económico prolongado puede tener sobre el conjunto de las economías mundiales. Un estudio de obligada lectura (que nos recuerda que el riesgo soberano de Portugal está al nivel de Irlanda, cuidado con el vecino) que concluye con una afirmación, cuando menos, provocadora: si las cosas siguen así veremos la paridad dólar-euro antes de final de año.

Tal y como señala Mauldin, las implicaciones de un movimiento de este tipo en la moneda única en un entorno tan propicio al proteccionismo como el actual serían enormes. No hay que olvidar que no hace tanto que Francia y Alemania discutían con Reino Unido su ausencia de esfuerzos por parar la depreciación de la libra que achacaban al intento de sus gobernantes de aprovecharse de la ventaja competitiva que esto podía suponer para las Islas. Una amenaza que, según han anunciado esta misma semana los empresarios británicos, no es tal a día de hoy toda vez que la caída de la demanda global está afectando de manera notable a los pedidos recibidos del exterior que se han situados en mínimos desde 1992. En cualquier caso, Mauldin se encarga de recordarnos de que, aunque la caída del euro pudiera beneficiar a las exportaciones europeas, agua de mayo para Alemania, las importaciones procedentes de, por ejemplo, China se encarecerían notablemente, perjudicando así uno de los principales mercados de destino de los productos chinos. ¿Cómo reaccionarían sus autoridades? No hay que olvidar lo sensible que está el patio a las manipulaciones de divisa. Primera pregunta de difícil respuesta. ¿Mi opinión? Todo dependerá del impacto de los planes de estímulo y la expansión del crédito sobre la economía filo ¿capitalista-comunista?. Si la demanda interna no tira, ni el peso del sector exterior se reduce, una devaluación sostenida de su moneda frente a la norteamericana parece inevitable.

La segunda cuestión tiene todavía más complicada solución toda vez que supone entrar en un territorio desconocido. ¿Puede Estados Unidos resolver positivamente la crisis, esto es, corrigiendo sus desequilibrios tanto presupuestarios como externos, con una divisa fuerte? Servidor era de los que se abonaban al campo de un dólar más barato como consecuencia del impacto que, sobre la oferta de dinero, tendrían las políticas monetarias y fiscales acometidas. De hecho, ese temor, en cierto modo, sería el que estaría recogiendo el precio del oro: el miedo a la pérdida de valor del dinero fiduciario que se añadiría a su tradicional papel de protección en tiempos de incertidumbre. Sin embargo, lo cierto es que el carácter de moneda refugio del billete verde, y la ausencia de alternativas reales (miren si no el impacto que está teniendo sobre la economía japonesa la liquidación de posiciones de carry trade y la consecuente apreciación del yen) está permitiendo a Estados Unidos financiar sus necesidades de modo más holgado de lo que cabría pensar en un principio a la vez que, para una sociedad eminentemente consumista, se le abaratan sus importaciones. Si Estados Unidos es quien tiene que dar el pistoletazo de salida a la recuperación de la crisis, a través del impulso de partida de su demanda interna, no es un mal entorno, riesgo deflacionario aparte… Pero, ¿quién lo sabe? En cualquier caso, nueva oportunidad para el debate que, como siempre, espera de sus sabias aportaciones. Buena semana a todos.

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Los absolutos son malos para las crisis, de Enrique Badía en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 23 febrero, 2009

Las afirmaciones contundentes, los juicios grandilocuentes y las verdades con pretensión de absolutas casi nunca convienen, pero son peores en etapas de crisis como la actual. Como rara vez se cumplen, quienes se abonan a ellas sólo consiguen ver mermada su credibilidad. Y es que en tiempos como los que toca vivir abunda más la incertidumbre que las certezas, sea cual sea el aspecto que se quiera considerar.

Cada semana se añaden nuevos calificativos a la crisis: financiera, de liquidez, de demanda, de modelo de crecimiento, crediticia, de confianza… pero se cita poco una que pudiera estar resultando más trascendente: de credibilidad.

Una prueba palpable es la reacción de los mercados a las medidas que desde los gobiernos se van instrumentando; incluidas las hasta hace poco esperanzadas del presidente Obama. Lo mismo se puede decir respecto de los pronósticos, sean de alcance del deterioro o de horizonte de recuperación.

Valgan en lo que valgan las encuestas, el sentimiento más extendido es que las autoridades no tienen idea de lo que está pasando, cómo combatirlo y cuánto puede durar. Desgraciadamente, se atisba compartido por los ciudadanos, las empresas, los asalariados, los empresarios… es decir, la sensación es general.

Frente a esa realidad, los dirigentes políticos siguen manteniendo posturas en apariencia firmes, aferrados a ideas y principios que se intuye puedan ser tan potencialmente inválidos como los demás. Un exponente doméstico es la rotundidad con la que Gobierno, oposición y sindicatos se niegan a siquiera discutir eventuales cambios en el vigente marco rector del mercado laboral.

Nadie puede negar que el empleo se está orientando en España hacia situaciones de emergencia: un listón que nadie puede situar exactamente, pero que sin duda existe y al que la realidad se está aproximando, semana a semana, mes a mes. ¿Está en los 4,5 millones de desocupados? ¿En 5 millones? ¿En 6 millones? A saber.

Desde otro enfoque del problema, la mayoría lleva años llenándose la boca con descalificaciones del modelo de crecimiento basado en el ladrillo, patrocinando su urgente sustitución por otro, más equiparable al que luce el resto de las principales economías de la eurozona. Sólo que, aun teniendo razón teórica, la cosa se suele quedar ahí.

Reducir el peso del sector maldito quiere decir, entre otras cosas, pasar de sus recientes niveles de empleo (13-14 por ciento de la población ocupada) a poco más o menos la mitad, que es la cifra promedio en la Unión Europea; es decir, que algo más de un millón de personas dejen de trabajar en esas actividades y que, para no caer indefinidamente en las listas del paro, deberán recolocarse en otros sectores o actividades.

Decirlo es más fácil que hacerlo, porque al menos son necesarias dos premisas: de una parte, que surja suficiente número de emprendedores e inversiones para absorber ese volumen de capital humano; de otra, tanto o más importante, que los trabajadores liberados tengan o adquieran la formación o capacitación debidas para el nuevo desempeño. Y a nadie escapa que, en ambos aspectos, es y será siempre relevante el modelo de normativa laboral vigente.

Lo reprobable es que, pese a hablar tanto de sustituir el modelo de crecimiento, no se haya dado un solo paso para facilitar esa transición, ni antes de que la crisis se agravara ni desde que sus efectos más dramáticos se han comenzado a materializar. Y todavía peor se aprecian la tozudez, cerrazón y empecinamiento de todos, comenzando por el Gobierno, en sentarse a discutir y analizar lo que de verdad está pasando para que España ostente el desagradable récord de ser el país de la eurozona con peor comportamiento del empleo, incluso en épocas de auge, en las que el número de parados nunca bajó de los 2 millones.

La economía no es ni probablemente pretende ser una ciencia perfecta, pero algunas leyes de su funcionamiento llevan tiempo establecidas. Una de ellas es que, en la situación actual, el ajuste sólo puede venir por vía de unas ganancias espectaculares de productividad, una rebaja de los salarios reales o un ajuste drástico del empleo. Querer salir de la crisis sin que ocurra ninguna de esas tres cosas es una utopía, y patrocinarlo, una irresponsabilidad.

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Chulería Zapatero-Botín, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Economía, Política by reggio on 23 febrero, 2009

La Transacción hizo de la jactancia norma de conducta de los poderosos. Era previsible. Para Aristóteles, son jactanciosos “los que se atribuyen más cosas de las que poseen o fingen saber lo que no saben”. La jurisprudencia romana añadió el alarde de títulos de legitimidad que no se tienen. Nuestro Diccionario reduce la jactancia a una de sus connotaciones, la alabanza presuntuosa de si mismo. Silencia su característica esencial. Que no es la presunción ni la vanagloria, sino el alarde de poder derivado de una ficción de fuerza. El lenguaje popular, más acertado que el académico, identifica la jactancia con la chulería. Así lo vio La Boéthie, con su tipificación de los chulos del tirano. El dictador no necesita ser jactancioso. Le basta ejercer la fuerza que realmente tiene. A su muerte, surge la necesidad de simular una fuerza ficticia en el conjunto de sus sucesores, para evitar que la sociedad se hago cargo del Estado. Los medios de comunicación crean y mantienen la ficción. El Estado se reparte entre los jactanciosos chulos del Estado y del Consenso. Del Rey abajo, nadie se libera de la necesidad de chulería.

La tuvo Juan Carlos, alardeando de una legitimidad dinástica que no tenía. La tuvo Suárez, presumiendo de ser un constructor del Estado al que sólo sabía destruir. La tuvo otra vez Juan Carlos, atribuyéndose lo contrario de lo que hizo en la motivación del 23-F. La tuvo Felipe González, ignorando la huelga nacional contra su prepotencia. La tuvo el Tribunal Supremo, no estigmatizando al gobierno de crímenes y corrupción. La tuvo el chulesco Aznar de las Azores. La tuvo Polanco, chuleando de su pulso vencedor de toda resistencia institucional. La tienen y exhiben al unísono el dúo Zapatero-Botín, simbólico de la oligarquía político-financiera. La doctrina Botín, derogatoria de la acción popular contra delincuentes poderosos, ha dado paso a la jactancia de Gobierno y Banco de Santander sobre la mejor banca del mundo, inmune ante la crisis de las finanzas internacionales, pero engañada por las elementales estafas de Lehman y Madoff. Ahora no puede devolver el dinero a los inversores en Banif. En realidad, el poder de los partidos, dentro y fuera del Estado, está basado en la jactancia de lo que no son ni tienen. La comedia del “como si”, en las partitocracias europeas, se ha dramatizado, en Italia y España, con el cinismo de Berlusconi y la lisa mendacidad de Zapatero. Pensé que Aristóteles se equivocaba al situar la veracidad en el término medio entre la hipocresía y la jactancia. Zapatero lo confirma. La hipocresía, tan lejana de la verdad como la jactancia, se hermana con ésta en el mentiroso Estado de partidos y Banqueros.

florilegio

“La mayor chulería: hacerse pasar, pobres hombres, por hombres de Estado.”

Decrecimiento sostenible, de Joan Martínez Alier en SinPermiso

Posted in Economía by reggio on 23 febrero, 2009

La crisis económica actual ha puesto a John Maynard Keynes de moda porque existe capacidad industrial en las economías occidentales que no se aprovecha. Ante el aumento del desempleo, la receta adecuada es un mayor gasto público. Así habrá dinero para cambiar de automóvil y comprar el exceso de viviendas que deprime la industria de la construcción en Estados Unidos, en Reino Unido y en España. Keynes quería que la economía saliera de la crisis de 1929. Dijo explícitamente que lo que ocurriera a largo plazo, una vez la economía se recuperara de las dificultades, no le importaba. Fueron economistas posteriores como Harrod y Domar los que convirtieron el keynesianismo en una doctrina de crecimiento económico a largo plazo. Más tarde llegaron o resucitaron los neoliberales como Hayek, quienes aseguraron que el mercado sabía mucho más que el Estado. Ahora estamos escuchando a banqueros que piden que nacionalicen sus bancos, por favor. Estamos viendo la resurrección de Keynes (o su reencarnación en Krugman y Stiglitz). Pero podemos preguntarnos, ¿un Keynes de corto plazo, para salir de la crisis, o un Keynes también de largo plazo para seguir una senda virtuosa de crecimiento económico?

Es ahí donde entra la actual crítica de la Economía Ecológica. El crecimiento económico se ha basado en la energía del carbón, el petróleo y el gas natural. Parece aconsejable un keynesianismo verde que aumente la inversión pública en conservación de energía, en instalaciones fotovoltaicas, en transporte público urbano y rehabilitación de viviendas, en agricultura orgánica. Pero no lo parece continuar en la fe del crecimiento económico. En los países ricos debe darse un ligero decrecimiento económico que sea socialmente sostenible. Debemos entrar en una transición socio-ecológica. La economía ha de decrecer en términos de materiales y de consumo energético. Existe ya un acuerdo social en Europa para que las emisiones de dióxido de carbono se recorten un 20% con respecto a las de 1990, pero lo que no se había previsto es que, de hecho, al decrecer el PIB esas emisiones ya están disminuyendo.

Pero no sólo hay razones ecológicas para el decrecimiento. Hay psicólogos que han averiguado que la felicidad no aumenta con el aumento del PIB per cápita. Mejor dicho, sí que aumenta a niveles muy bajos, pero no después. Ahora bien, el decrecimiento económico provoca dificultades sociales que hemos de afrontar para que la propuesta antes citada pueda ser socialmente aceptada. Si la productividad del trabajo (por ejemplo, el número de automóviles que un trabajador produce al año) crece el 2% anualmente pero la economía no hace lo propio, eso llevará a un aumento del desempleo. La respuesta ha de ser doble. Los aumentos de productividad no están bien medidos. Si hay sustitución de energía humana por energía de máquinas, ¿los precios de esta energía tienen en cuenta el agotamiento de recursos, las externalidades negativas? Sabemos que no es así. Además, hay que separar el derecho a recibir una remuneración del hecho de tener empleo asalariado. Esa separación ya existe en muchos casos (niños y jóvenes, pensionistas, personas que perciben el seguro de desempleo), pero debe ampliarse más. Hay que redefinir el significado de ‘empleo’ -teniendo en cuenta los servicios domésticos no remunerados y el sector del voluntariado- y hay que introducir o ampliar la cobertura de la Renta de Ciudadano o Renta Básica.

Cabe plantear otra objeción. ¿Quién pagará la montaña de créditos, las hipotecas y la deuda pública si la economía no crece? La respuesta debe ser que nadie. No podemos forzar a la economía a crecer al ritmo del interés compuesto con que se acumulan las deudas. El sistema financiero debe tener reglas distintas de las actuales. En Europa y Estados Unidos lo que es nuevo no es, pues, el keynesianismo, ni tan sólo el keynesianismo verde. Lo nuevo es el movimiento social por el decrecimiento sostenible. La crisis abre expectativas para nuevas instituciones y hábitos sociales. El objetivo en los países ricos debe ser vivir de forma óptima dejando de lado el imperativo del crecimiento económico.

Joan Martínez Alier es catedrático del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Las Provincias, 21 febrero 2009

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El Atlántico no alcanza, de Juan Gelman en Página 12

Posted in Internacional, Política by reggio on 23 febrero, 2009

El Océano Atlántico es el segundo en extensión y volumen del planeta: 106,4 millones de kilómetros cuadrados y 323,6 kilómetros cúbicos. Pero el submarino nuclear británico “HMS Vanguard” y su semejante francés “Le Triomphant” consiguieron un casi milagro: chocar en aguas oceánicas profundas el 6 de febrero pasado. El hecho sólo se conoció diez días después y el milagro completo fue que no se produjo una catástrofe inédita: el “Vanguard”, con 135 hombres a bordo, portaba 16 misiles intercontinentales con 48 cabezas nucleares en total; “Le Triomphant” –101 de equipaje–, otro tanto. Cada navío cargaba una potencia nuclear equivalente a la de 1248 bombas atómicas como la arrojada en Hiroshima. Una explosión habría contaminado definitivamente el Atlántico y arrasado ciudades enteras. Entre otras cosas.

Nadie sabe cómo los dos submarinos lograron colisionar en un espacio pariente de la inmensidad. Por fortuna, navegaban a poca velocidad: las tripulaciones no sufrieron daño y el arsenal nuclear quedó intacto, aunque reparar los navíos llevará meses e insumirá fondos que ascenderán a unos 100 millones de dólares. Otra incógnita es por qué no se detectaron mutuamente, equipados como están con modernísimos equipos de sonar. Tal vez se encontraban en estado de “sonar pasivo”, lo que les permite moverse en silencio sin emitir ondas detectables por otro buque, un avión o algún sistemas de vigilancia marina. Es irónico que gran parte de los esfuerzos técnicos en la materia se hayan centrado últimamente en diseñar submarinos que produzcan el menor ruido posible. “El operativo de detección fue demasiado tardío o no se puso en marcha”, señaló el especialista Stephen Saunders (The Independent, 17-2-09). “Distracciones” como ésta, azares como éstos, pueden provocar una tragedia humana irreparable. Ante esta posibilidad notoria, los gobiernos de los países nucleares siguen impasibles.

El Primer Lord del Almirantazgo británico, Sir Jonathan Band, y el ministro de Defensa francés, Hervé Morin, trivializaron el “percance”. Una síntesis de sus declaraciones sería “finalmente, nada pasó”. En conferencia de prensa surgió una pregunta sobre el tema y Sir Jonathan afirmó –con gesto fastidiado– que el choque no había afectado a las tripulaciones, que los submarinos “sólo habían sufrido rasguños” y que la seguridad nuclear no había corrido riesgos. Hervé Morin –que días antes sostuvo que “Le Triomphant” había tropezado con un container– incursionó en comparaciones marinas: “Se trata de una problemática tecnológica extremadamente simple: estos submarinos son indetectables. ¡Hacen menos ruido que un camarón!” (Le Monde, 17-02-09). No es el caso, obvio, de un estallido atómico.

Estas versiones no conformaron a Angus Robertson, líder parlamentario del Partido Nacional Escocés. Exigió que el ministro de Defensa británico explicara “cómo es posible que un submarino con armas de destrucción masiva choque con otro submarino con armas de destrucción masiva en medio del segundo océano más grande del mundo” (The Guardian, 16-2-09). Otras preguntas: ¿Qué hacían esas naves rebosantes de armas nucleares en las profundidades del Atlántico? El almirante Band indicó que se trataba “de patrullajes de rutina”, pero ¿cuál será esa “rutina”? ¿Por qué ocultaban su presencia? ¿Con qué regularidad los envían a dar vueltas por ahí? ¿Los aliados no se intercomunican los itinerarios? Parecería que priva el secreto de tales operaciones entre los miembros de la OTAN, cualquiera fuere el peligro que esto entraña para la humanidad.

“Es una pesadilla nuclear de nivel superlativo”, calificó Kate Hudson, directora de la Campaña por el Desarme Nuclear (CND, por sus siglas en inglés), organismo internacional de Gran Bretaña que lucha para alcanzar esa meta desde hace más de medio siglo. “Es el incidente más grave desde el hundimiento del ‘Kursk’ y la primera vez desde la Guerra Fría que se sabe del choque de dos submarinos nucleares”, subrayó (www.cnduk.com, 16-2-09).

El submarino misilero ruso “Kursk” explotó y zozobró en el Mar de Barents en agosto del 2000. Murieron sus 118 tripulantes.

Persiste el silencio sobre las razones que causaron la colisión y no cabe esperar que alguna vez se aclaren públicamente. Se ignora si fue una casualidad inconcebible o la consecuencia de una decisión estratégica que terminó mal. Lo cierto es que este “azar extraordinario”, como lo calificó el ministro Hervé Morin, abre interrogantes graves sobre la seguridad del planeta. ¿Qué lo amenaza más? ¿El terrorismo? ¿Esta clase de azar?

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Rehacer America: las ambigüedades de Obama, de Immanuel Wallerstein en La Jornada

Posted in Economía, Política by reggio on 23 febrero, 2009

Barack Obama asumió el cargo como presidente de Estados Unidos, el 20 de enero, ovacionado por una vasta mayoría del pueblo estadunidense y del pueblo del resto del mundo. En su discurso inaugural, prometió “comenzar de nuevo el trabajo de rehacer America”.

En esta corta frase, que la prensa mundial resaltó en encabezados y análisis, Obama capturó las ambigüedades de sus promesas presidenciales. El verbo rehacer puede significar cosas bastante diferentes. Puede significar el retorno a un estado previo que fue mejor. Y Obama pareció indicar esta posibilidad con otra frase, al llamar a los ciudadanos estadunidenses a escoger nuestra mejor historia. Pero rehacer puede significar también un cambio más fundamental, creando una clase de America bastante diferente de la que el mundo conoce hasta ahora. La ambigüedad es si Obama propone meramente hacer pequeños ajustes en la estructura y las instituciones de Estados Unidos y el sistema-mundo o si se propone transformarlos fundamentalmente.

Lo que debe quedar claro para todo mundo en este momento es que Estados Unidos no eligió presidente al Che Guevara, pese a los histéricos temores de la no resignada ala derecha del Partido Republicano. Tampoco, sin embargo, eligió a otro Ronald Reagan, pese a las esperanzas de algunos de aquéllos que votaron por él y pese a los temores de los más intransigentes críticos de izquierda. ¿Qué fue entonces lo que escogió Estados Unidos? La respuesta no es obvia aún, precisamente por el estilo de Obama como político.

Hay dos cuestiones que ponderar. Una es lo que Obama querría lograr, de hecho, como presidente. La segunda es lo que puede, posiblemente lograr, dadas las realidades de la geopolítica además de una depresión mundial. El vicepresidente Biden describió esta última el 25 de enero como peor, francamente, de lo que todo mundo pensó que sería, y se pone peor a diario.

¿Qué es lo que sabemos, en este punto, acerca de Obama? Es inusualmente listo y muy educado para ser líder político, y es equilibrado, prudente y político muy logrado. Pero, ¿dónde se sitúa realmente en la enorme gama entre meramente reparar con pequeños ajustes y buscar el cambio fundamental? Es probable que en algún punto en la mitad de ese rango. Y probablemente lo que en realidad pueda hacer y lograr estará más en función de las restricciones del sistema-mundo que de sus propias decisiones, por más inteligente que sea.

Hasta el momento, hemos tenido algunos indicios de que se encamina hacia cinco ámbitos: participación incluyente, geopolítica, ambiente, cuestiones sociales internas y cómo lidiar con la depresión. El veredicto inicial está muy mezclado.

Obviamente, donde brilla mejor es en participación incluyente. Su propia elección es una medida de ello. Con toda seguridad, la elección de un presidente afroestadunidense es tan sólo el acto culminante de una tendencia constante en Estados Unidos desde 1945 –de la integración de las fuerzas armadas del presidente Truman, pasando por la decisión de la Suprema Corte de terminar con la segregación en las escuelas, por la designación de Thurgood Marshall a la Suprema Corte, a la designación de Colin Powell a presidente del Estado Mayor Conjunto, o las designaciones sucesivas de Powell y Condoleezza Rice como secretarios de Estado. Sin embargo, sigue marcando una ruptura que pocos esperaban hace dos años. Y es algo que importa.

Obama continuará con estos esfuerzos de ciudadanía incluyente. Sin embargo, el presidente enfrenta una prueba política importante con la cuestión de la inmigración. Hasta el momento no hay indicios de qué tan fuerte vaya a atajar el asunto. Tendrá que luchar con una gran parte de su propia base política. Debido a los niveles de desempleo actuales y esperados en Estados Unidos, podría posponer el hacer algo. Pero el punto no se va a ir, y únicamente se tornará más difícil de resolver. Más aún, no resolver este punto tendrá efectos negativos en la capacidad del mundo para atravesar la crisis con menos dolor.

La postura geopolítica de Obama es mucho menos prometedora. El conflicto israelí/palestino probablemente es irresoluble en este momento. El absoluto mínimo necesario es incluir a Hamas en las negociaciones. Es muy probable que la designación de George Mitchell como representante especial estadunidense presagie que eso se hará. Pero apenas será suficiente eso para obtener una solución política viable. Los israelíes están atrincherados en sus bunkers y no están preparados ni siquiera para pensar en algo que los nacionalistas palestinos pudieran aceptar.

No tengo dudas de que los iraquíes harán que Obama cumpla su promesa de retirada en 16 meses. Y no creo que Obama haga algo más que jalonearse verbalmente con los iraníes. Pero ya comenzó a caminar por el sendero del desastre en Pakistán, lo que mina seriamente su gobierno en su primera semana en el cargo. El gobierno de Pakistán es débil y caerá pronto. Y si lo hace, Obama no tendrá opciones defendibles.

El problema básico con Obama es que no ha renunciado al anterior e inflado lenguaje de potencia hegemónica. En su discurso, le dijo al mundo: “Sepan que America está… lista para conducir una vez más”. El mundo quiere que Estados Unidos participe. Precisamente lo que no quiere es que conduzca. No creo que Obama realmente haya entendido esto. Pakistán bien podría ser su ruina.

Además, comenzó con mal paso en América Latina. Al hablar de Chávez sólo dice cosas que se ajustan a los prejuicios populares, sin decir nada serio al respecto ni lidiar seriamente con el punto, y peor aun, no ha atendido el desafío del presidente Lula de que América Latina no creerá que Obama está comprometido con cambios reales hasta que levante incondicionalmente el embargo a Cuba.

Sus primeros pasos respecto del ambiente son positivos –en sus designaciones, en sus decisiones ejecutivas, y en los indicios a otros estados de que Estados Unidos está listo para participar en las medidas colectivas que los científicos indiquen que son las necesarias. Pero aquí, como en otros terrenos, la cuestión es qué tan audaz y rápidamente puede estar listo para actuar.

Las políticas en las cuestiones sociales internas son, de nuevo, una mezcla incierta. Obama ha restaurado las políticas en torno al aborto que tenía el gobierno de Clinton, y en eso claramente se distingue de las políticas de Reagan/Bush. Ha decretado el cierre de Guantánamo y de las prisiones secretas de la CIA, al tiempo que pospuso hasta por un año algunas decisiones acerca de lo que habrá de hacerse con los que al presente están encarcelados. Qué tanto revocará la vasta red de invasiones gubernamentales a la privacidad dentro de Estados Unidos sigue siendo una muy abierta cuestión. Tampoco queda claro a qué grado logrará cumplir su promesa a los sindicatos de deshacer las serias restricciones que los gobiernos previos les impusieron a su capacidad de organizarse.

Finalmente, llegamos al ámbito donde tiene menos margen de maniobra, la depresión mundial. Está obviamente preparado para incrementar vastamente el involucramiento gubernamental en la economía. Pero de igual modo, virtualmente todos los otros líderes políticos por todo el mundo. Y es obvio que está listo para aumentar lo que podrían llamarse medidas socialdemócratas para reducir el dolor económico de los estratos trabajadores. Pero virtualmente, también todos los otros líderes políticos por todo el mundo.

Aquí también la cuestión es qué tan audaces serán las medidas. Obama nombró a un puñado de keynesianos muy cautelosos para cubrir todos los puestos clave. No ha incluido a los economistas estadunidenses que son keynesianos de izquierda, como Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Alan Blinder o James Galbraith. Todos están diciendo que las medidas cautelosas no funcionarán y que se está perdiendo tiempo muy valioso. Tal vez de aquí a un año, Obama recicle a su equipo para que incluya a quienes llaman a acciones más fuertes. Pero quizá eso también llegue un poco tarde.

Obama está ansioso por jalar a los republicanos en el Congreso a que concuerden con sus propuestas económicas. En parte es por su pasión por escoger la unidad de propósito sobre el conflicto y la discordia, en palabras de su discurso inaugural. En parte es política inteligente, en el sentido de que no quiere quedarse en una rama mientras se deteriora más la economía. Pero el liderazgo republicano es lo suficientemente astuto como para entender esto y le otorgarán sus votos sólo a cambio de destripar mucho de su programa.

Obama empezó de modo muy tambaleante. La creencia de que está listo para empujar por una rehechura fundamental de Estados Unidos cuenta con evidencias débiles, pese a su inteligencia y su apertura intelectual. Estados Unidos está logrando buena gramática. Necesita una reconstrucción audaz.

Traducción: Ramón Vera Herrera.

© Immanuel Wallerstein

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