Reggio’s Weblog

¿Laicidad contra laicismo?, de José María Martín Patino en El País

Posted in Derechos, Libertades, Política, Religión by reggio on 20 febrero, 2009

La declaración colectiva del episcopado francés de 1996 puede ser considerada como la carta magna de la laicidad en el seno de la Iglesia católica. Allí se renuncia a la imposición y se adopta la proposición.

Me figuro que los inventores del sufijo ismo no pensaron en la descalificación, sino en las actitudes o movimientos innovadores: “puritanismo”, “modernismo”, “nacionalismo”, “socialismo”… Y ya sabemos que los innovadores corren el riesgo de equivocarse. No me parece justo empobrecer la carga semántica del fonema “laicismo”.

Del laicismo, el diccionario de la RAE se limita a decir: “doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa”. Los que arrasaban conventos y asesinaban a curas y monjas estaban ebrios de venganza, pero no pueden presentarse como prototipos de laicismo. Los presidentes de las tres iglesias cristianas de Francia se referían, no hace mucho, al laicismo de la primera mitad del siglo pasado con la expresión más exacta de laïcité de combat. Algún prelado español debe estar más informado y se refiere al laicismo como “la laicidad a la francesa”. Por este camino se va en busca de las diferencias y se termina inevitablemente en la confrontación.

Creo que es imposible llegar a la solución de los problemas si nos dedicamos a abultar de manera habitual sus relieves más conflictivos. No es éste el procedimiento de solucionar y menos arrancar de raíz los conflictos sociales. Contribuimos a convertirlos en insolubles y, lo que es peor, en males nacionales.

Dentro de la Iglesia católica, Pío XII, dirigiéndose a un grupo de italianos de la región de las Marcas el 23 de marzo de 1958, se refirió a lo que él llamaba “legítima y sana laicidad del Estado”. En Francia, a pesar del Concordato de 1801 no aparece el término laïcité, ni figura ni forma parte de los ideales republicanos hasta después de la guerra de 1870. La Tercera República aprobó entre 1880 y 1905 un verdadero arsenal de leyes laicas sin emplear una sola vez el término laicidad. Todavía en las vísperas de la guerra de 1914, figuraba como neologismo y hasta final de siglo no fue admitido en la Enciclopedia Universalis (vol. 9, Paris, 1980, col. 743-747). Las autoridades lingüísticas son más severas que el pueblo en la aceptación de neologismos. Tampoco el abstracto “laicidad” figura en la última edición de nuestro diccionario de la RAE.

La jerarquía católica, en general, no puede negar la fuerte evolución semántica del término laicidad. Basta comparar el juicio que hacía San Pío X en la encíclica Vehementer nos (6, febrero 1906), dos meses y medio más tarde de la Ley de Separación votada en el Parlamento francés por la izquierda republicana. El Pontífice decía textualmente: “Es una tesis absolutamente falsa y un error pernicioso afirmar que sea necesario separar al Estado de la Iglesia”. Porque, en opinión de San Pío X, injuria a Dios, fundador de la sociedad humana, el que niega el orden sobrenatural, limitando el horizonte del Estado al fin de la prosperidad pública. Pervierte el orden establecido por Dios que exige la concordia armoniosa entre la sociedad religiosa y la civil.

La historia de dos siglos, a la vez tempestuosa y apasionada, demostró que la laicidad puede convivir con las religiones en un régimen pacífico y abierto. El ralliement (acercamiento) de León XIII culminó en la carta colectiva de la Conferencia Episcopal Francesa en diciembre de 1996: Proposer la foi dans la société actuelle (Proponer la fe en la sociedad actual). La insistencia del verbo “proponer” en vez del antiguo “imponer” fue típica de Juan Pablo II. Los medios, y aun el mismo estilo verbal, le hacen malas pasadas a la predicación de los católicos. No todos los medios de exponer sintonizan con el Evangelio.

Los franceses, en todo el documento al que estamos aludiendo, se tomaron muy en serio el verbo “proponer”. De ahí la importancia trascendental y la eficacia social que consiguió esta Declaración Colectiva de la Conferencia Episcopal francesa a partir de 1996. Hay que leerla toda, pero aquí nos tenemos que conformar con dos cortos párrafos:

“La separación de la Iglesia y del Estado, después de un siglo de experiencia, puede verse como una solución institucional que, permitiendo de manera efectiva distinguir lo que concierne a Dios y lo que concierne al César, ofrece a los católicos de Francia la posibilidad de ser actores leales a la sociedad”.

“Afirmar esto,” prosigue el documento, “equivale a reconocer el carácter positivo de la laicidad, no tal como ella fue en sus orígenes, cuando se presentaba como una ideología conquistadora y anticatólica, sino tal como ella ha llegado a ser después de un siglo de evoluciones culturales y políticas: un marco institucional, y, al mismo tiempo, una actitud del espíritu que ayuda a reconocer la realidad del hecho religioso, especialmente del hecho religioso cristiano, en la historia de la sociedad francesa”.

Importa decir que este comportamiento del episcopado francés fue propuesto como ejemplar por el papa Juan Pablo II, el 11 de febrero de 2005, cuando la Iglesia de Francia se disponía a celebrar el primer centenario de la Ley de Separación. En mi opinión, estamos ante la Carta Magna de la Laicidad en la Iglesia Católica y es lástima que no podamos recorrer y analizar detalladamente todas sus líneas. El Papa había recibido a todos y cada uno de los obispos franceses en la visita ad limina de 2004, víspera del primer centenario de la Ley de Separación.

“A través de vuestras informaciones personales”, dijo Juan Pablo II, “he participado de vuestras preocupaciones y alegrías de pastores y en ellas habéis manifestado las relaciones positivas que mantenéis con los responsables de la sociedad civil. Aquella Ley fue un acontecimiento doloroso y traumático para la Iglesia de Francia. Regulaba la manera de vivir en Francia el principio de laicidad, y, en este marco, no mantenía más que la libertad de culto, relegando al mismo tiempo el hecho religioso a la esfera de lo privado… Sin embargo, desde 1920 el Gobierno francés ha reconocido, en cierto modo, el lugar del hecho religioso en la vida social”.

“Deben considerarse”, prosiguió el pontífice, “los esfuerzos realizados por las dos partes para mantener el diálogo. Entre otros nuevos avances en las relaciones de la Iglesia con el Estado francés se ha llegado en estos últimos años a la creación de un diálogo al más alto nivel, abriendo el camino, por una parte, a la reglamentación de las cuestiones pendientes o de dificultades que puedan presentarse en distintos dominios y, por otra, a la realización de algunas colaboraciones en la vida social enfocadas al bien común”.

Entre los rasgos más sobresalientes de la aplicación del principio de laicidad, el Papa señaló el siguiente: “Debido a vuestra misión, estáis llamados a intervenir regularmente en el debate público sobre los grandes temas de la sociedad”.

La laicidad del Estado que ahora se invoca en todo momento, que ocupa muchas páginas de la prensa y que divide a la opinión pública, es, según Emile Poulat, “una idea sencilla, una historia larga y una realidad muy complicada”. Aun el mismo Immanuel Kant renunciaría a escribir la “crítica de la laicidad pura”. Es fruto de un proceso histórico, de una aventura intelectual y política, una manera de concebir el papel y el sitio de la religión en el espacio público de una sociedad moderna.

En las democracias europeas se dictan leyes como las nuestras sobre la enseñanza, sobre la vida prenatal y sobre la unión conyugal. Y los episcopados de esas naciones proponen públicamente la misma doctrina de la Iglesia. Si exceptuamos la pintoresca intervención de Berlusconi a propósito de la joven Englaro, cuesta encontrar protestas de políticos cuando las Conferencias Episcopales se pronuncian sobre alguna ley. ¿Será cosa del énfasis o del tono amenazante de nuestra jerarquía española? La verdad más evangélica puede degradarse con la utilización de medios menos evangélicos. ¿O será verdad, como sospecha Edgar Morin, que nuestro “laicismo” ha caído en el trou noir del dogmatismo progresista?

José María Martín Patino es presidente de la Fundación Encuentro.

El plan Geithner, de José Luis Leal en El País

Posted in Economía by reggio on 20 febrero, 2009

Hace unos días, el secretario del Tesoro norteamericano, Timothy Geithner, desveló la esperada propuesta del Gobierno norteamericano para hacer frente a la crisis por la que atraviesan sus instituciones financieras. El plan consta de dos partes fundamentales: la primera consiste en la creación de un fondo mixto, público y privado, para adquirir activos dañados (tóxicos) con un volumen inicial de 500.000 millones de dólares extensibles hasta un billón; la segunda es la garantía por parte de la Reserva Federal, el banco central norteamericano, para créditos al consumo y a las pymes por valor de un billón de dólares. Además, es posible utilizar los 350.000 millones restantes del plan del anterior secretario de Estado, Henry Paulson. También hay una disposición que permite utilizar hasta 50.000 millones de dólares para ayudar a las familias que se encuentran con dificultades para pagar sus hipotecas.

Se trata, sin lugar a dudas, de un plan importante que, sin embargo, no ha producido el esperado cambio de expectativas. La Bolsa norteamericana lo acogió con una fuerte caída y ha recibido, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, más críticas que parabienes.

Se ha criticado su indefinición ya que apenas se han proporcionado detalles sobre la manera de llevar el plan a la práctica. Es la misma crítica que los demócratas hicieron al plan del Gobierno saliente cuando éste presentó su proyecto hace unos meses. Pero hay otras críticas más importantes. De entre ellas merece la pena destacar la que insiste en la indefinición del precio al que se comprarán los activos dañados. La tarea sería fácil si hubiera poca diferencia entre los precios a los que los bancos están dispuestos a vender y los precios a los que los fondos de inversión están dispuestos a comprar. Pero no es así y al ser muy grande la distancia que separa la oferta de la demanda es muy difícil fijar un precio que contente a todos, especialmente a los contribuyentes, que son los que al final tendrán que hacerse cargo de las pérdidas que se originen. En estas circunstancias, cualquier precaución para asegurar la transparencia de las transacciones será poca.

La objeción de más calado se refiere a la vía elegida por la Administración norteamericana para tratar esta cuestión al considerar, aparentemente, que se trata esencialmente de un problema de liquidez cuando hay serias razones para creer que el problema fundamental es de solvencia, dada la cuantía de las pérdidas latentes en los balances de los bancos. En tal caso, la vía más aconsejable para resolver el problema sería la inyección, pura y simple, de capital en las instituciones afectadas por la crisis.

La cuantía de las pérdidas es colosal. El FMI avanzó en enero la cifra de 2,2 billones de dólares. Otras estimaciones suben esta cantidad hasta 3,6 billones. En ambos casos sólo una parte, aunque importante, de esta cifra estaría en los balances de los bancos norteamericanos. Si se tiene en cuenta que la capitalización de los principales bancos de aquel país asciende a unos 400.000 millones de dólares, hay razones para pensar que el conjunto del sistema está cerca de la quiebra y que, por consiguiente, hay que ensayar métodos más urgentes y expeditivos que los propuestos por el secretario del Tesoro. El problema consiste en que en este último supuesto sería necesario pedir al Congreso los fondos necesarios para nacionalizar, de hecho, una buena parte del sistema financiero que, más adelante, cuando las condiciones lo permitieran, volvería al sector privado.

Esta solución tendría la ventaja de eliminar el problema de la fijación del precio de los activos a tres bandas (Administración, sector privado y gestores de los bancos) ya que la gestión sería pública hasta que los bancos saneados volvieran al sector privado. En realidad se trataría del mismo mecanismo de intervención de los Fondos de Garantía de Depósitos, sólo que a gran escala. El inconveniente es que habría que acudir al Congreso, y no a la Reserva Federal, en busca de los fondos necesarios, con el riesgo de que una parte del mismo los denegara, tanto por la cuantía necesaria como por el rechazo a la nacionalización, aunque fuera temporal, de los bancos.

Es pronto para hacer pronósticos. Lo más deseable sería que el plan propuesto funcionara adecuadamente. Pero el inicio no ha sido bueno y las dudas subsistirán por lo menos hasta que se conozcan los detalles. No es exagerado decir que lo que está en juego nos concierne a todos.

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Abuso de poder, de Xavier Bru de Sala en La Vanguardia

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 20 febrero, 2009

Van llegando, una tras otra, sin descanso, desde el poder central español, malas noticias para Catalunya. La que acaba es en este sentido una verdadera semana negra. A fin de no contribuir a calentar los ánimos, que sería una reacción equivocada, les ahorro la enumeración de los titulares negativos. Me quedo con dos, el caso omiso a las justas reivindicaciones de los empresarios del sector del metal, que están cayendo en saco roto; y el último, la decisión, en firme y por sorpresa, que cercena la financiación estatal, a cargo del 0,7% del IRPF que pagamos como todo el mundo, de las ONG catalanas. Se trata de un malintencionado bombazo destinado a estallar en medio de uno de los tesoros de la Catalunya contemporánea, la cohesión del tejido social, que es mérito de todos pero en especial de quienes practican la solidaridad interna con los más desfavorecidos. Es una agresión intolerable, que se produce en el peor momento, ante la cual la respuesta política -recurso al Constitucional y movilización de senadores- es del todo insuficiente. Que a un ministro le pase por la cabeza que los catalanes van a tragar una vez más es buena muestra de la atmósfera de abuso de poder contra Catalunya que se ha instalado en el casi todo Madrid.

El memorial de greuges (memorial de agravios) se alarga día a día. El vaso se va llenando, pero a medida que se llena se aleja la metáfora de la gota que lo colma, de modo que convendría cambiarla por la del pozo sin fondo (si bien es de esperar que en algún lugar, ahí abajo, se acumule el poso). ¿Qué hacer? Además de ir a ver la exposición del CCCB, en la que su comisaria, Pilar Parcerisas, muestra lo productivas que en arte llegan a ser las vacaciones del seny,abstenerse de cualquier reacción intempestiva, que siempre ofusca la mirada, desvía la más bien intencionada trayectoria y cuenta con demasiadas posibilidades de surtir efectos contrarios a los deseados. Mejor analizar hasta donde lleguen las luces, comprender en lo posible el aciago paisaje, sus causas, las propias debilidades y la fortaleza estructural de quienes perpetran tanto abuso.

Tal vez la teoría tolstoiana del oleaje incontrolable de la historia ayude un poco. Con el nuevo Estatut, Catalunya puso en marcha un torrente de energías e ilusiones comparables a una ola. De envergadura menor a la esperada, se quedó a medio camino, si bien al fin se consiguió un cierto avance. La ola murió lamiendo, mansa y humilde, la escalinata de la Moncloa. Pues bien, ahora recibimos el reflujo del Estatut. Consumidas, disueltas las energías catalanas, sufrimos ahora el impacto de la correspondiente ola contraria, ante cuya soberbia altura no contamos con la capacidad de construir un dique de contención. Dejemos ahora a Tolstoi y recordemos al poeta Maragall, a Cambó, a tantos antepasados recientes para quienes Catalunya podía ser mil veces doblegada, pero nunca anulada, y menos asimilada.

Buena muestra de ello es la capacidad catalana de hacer los deberes propios, a pesar de todos los obstáculos, de tomar la iniciativa, de insistir en vez de desistir.

Viejos y nuevos catalanes llevamos el tesón, el impulso, la imaginación en los cromosomas cruzados. En las presentes circunstancias, no hay nada más anticatalán que predicar o abonar el desánimo, y no digamos caer en él. Claro que es difícil, cuando incluso las mejores noticias e iniciativas, que no cesa de haberlas, se convierten en dolorosos recuerdos de las enormes dificultades añadidas. Sólo dos ejemplos. Uno, el túnel de la alta velocidad que atraviesa los Pirineos, ya listo pero desprovisto de la menor utilidad. Ni siquiera ha merecido una inauguración para destacar su patética función simbólica. Dos, la esperanzadora aventura de Spanair, por la que hay que felicitar al alcalde Hereu y a la sociedad civil. Spanair nace a pesar de perpetuarse el centralismo pro-Barajas de Aena, cuya prevista semiprivatización está estratégicamente calculada para evitar que desde Catalunya se pueda incidir de veras en la gestión del aeropuerto de El Prat.

La imagen de Catalunya, difundida por Oriol Pujol, como colectivo que a cada bugada perd un llençol sólo es cierta si añadimos que Catalunya sigue siendo una fábrica inagotable de sábanas. ¿Tiene Catalunya quien la defienda? Él mismo asegura que no. Me temo que está en lo cierto, si bien es poco creíble que una eventual alternancia conlleve mejoras en este sentido. Si fuera tan fácil, ya estaría hecho. La incapacidad es del sistema, la debilidad es del conjunto. Lo cual sólo es asimismo cierto si consideramos que la incapacidad y debilidad se refieren básicamente a contener los abusos del poder central. De puertas adentro, contamos con un país mejor pertrechado de lo que pueda parecer a las miradas melancólicas.

España, sumergida en la ciénaga de la corrupción, el enfrentamiento sin cuartel y la ocultación de la verdad, va mal. Catalunya, con un notable en virtudes públicas y otro en ética y conciencia ciudadana, va peor. Mejor dicho, no va peor, pero se encuentra peor.

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Los jinetes del Apocalipsis, de Miguel Trias Sagnier en La Vanguardia

Posted in Derechos, Economía, Política by reggio on 20 febrero, 2009

TRIBUNA

Hace un año nos preguntábamos si la crisis financiera se trasladaría a la economía real. Hoy sabemos que se trata de la recesión más severa de las últimas décadas y los gobiernos se afanan por adoptar medidas que alejen el espectro de la Gran Depresión que siguió a la crisis de 1929. Acertar con los antídotos no será tarea fácil y requerirá estrategias de ensayo y error, como el propio Barack Obama ha reconocido con gran pragmatismo. Pero la responsabilidad de los gobiernos exige conjurar algunos peligros que pueden conducirnos por la senda más siniestra.

El primero es la tentación del proteccionismo y, en última instancia, de la autarquía, que en la crisis del 29 fue lo que acabó de hundir al mundo en la depresión. Nuestro ministro de Industria ha dado un ejemplo de lo que no hay que hacer. El aparentemente inocente lema “Compre productos españoles”, aparte de recordarnos a uno muy similar de la época franquista, no conduce a nada bueno. Está plenamente demostrado que el comercio internacional genera riqueza general y la senda contraria nos lleva sin duda al empobrecimiento colectivo.

El segundo es la xenofobia. De nuevo parece fácil remedio buscar un chivo expiatorio. El nazismo lo hizo con los judíos y los movimientos actuales de ultraderecha lo practican con los inmigrantes. La huelga salvaje protagonizada por los trabajadores británicos, oponiéndose a la contratación de sicilianos, es un preocupante botón de muestra de esta tendencia, a la que tenemos que estar muy atentos con cinco millones de inmigrantes como tenemos en el país.

El tercero es la demagogia. Nuevamente nuestro locuaz titular de la cartera de Industria nos ha regalado alguna lindeza en esta línea, al indicar que al Gobierno se le acaba la paciencia con la banca. ¿A qué conducen manifestaciones de este tipo? Es fácil encontrar un caldo de cultivo proclive a este tipo de soflamas. Pero no hemos de olvidar que el negocio de la banca es dar crédito. Si lo restringe es porque no ve posibilidades de concesión con los parámetros mínimos de solvencia que exige la buena práctica. El Gobierno no puede hacer manifestaciones que causen malestar social, sino, todo lo contrario, trabajar con los diferentes sectores promoviendo políticas de ayuda y fomento.

Y el último es la ineficacia. Los gobiernos deben mirarse unos a otros, alumbrando ideas, copiando lo que funciona y descartando lo que se demuestra errado. Y aun así se pueden cometer errores y se cometerán. Lo que resulta del todo inexcusable es que la adopción de una política no se traduzca en medidas concretas con eficiencia. Una administración incapaz de traducir en acción las políticas adoptadas no merece la confianza de sus ciudadanos.

Los gobiernos deben conjurar a toda costa la amenaza de estos cuatro apocalípticos jinetes, cuya nefasta influencia puede llevar a un país como el nuestro, que pronto contará con una cifra de cuatro millones de desempleados, por los más oscuros derroteros.

Miguel Trias Sagnier. Catedrático de Derecho Mercantil de Esade (URL).

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Legislar en caliente, de Justino Sinova en El Mundo

Posted in Derechos, Justicia, Política by reggio on 20 febrero, 2009

EL REVES DE LA TRAMA

Eso de que no se puede legislar en caliente es una excusa que ha tenido éxito. Debió de decirlo alguien que quiso evitar un compromiso. Se usa ahora para no atender la petición de los padres de Marta del Castillo, que piden cadena perpetua para asesinos como el que acabó con la vida de su hija. Pero el fiscal ministro Fernández Bermejo está dispuesto a prohibir por ley el derecho de huelga a los jueces, lo cual no sólo es legislar en caliente, sino quemándose las manos y las puñetas de la toga, pues lo anunció mientras la huelga triunfaba. O sea, que se puede legislar en caliente cuando les interesa a quienes tienen la sartén por el mango y no se puede cuando les incomoda el asunto, aunque el clamor popular -como la demanda de cadena perpetua para asesinos y otros delincuentes salvajes- sea cada vez más extenso y desesperado.

La respuesta de Bermejo a la huelga de los jueces, que en gran parte es resultado de su incapacidad personal para negociar, es propia de un gobernante autoritario. Es lo que podría esperarse, por ejemplo, de un ministro del venezolano Chávez, en veloz carrera hacia la dictadura personalista, pero no de un ministro de una democracia. En todo caso, si Bermejo piensa que los jueces no pueden hacer huelga, tendría que haber planteado esa ley mucho antes y no como represalia contra los que le han dejado en evidencia.Aunque lo que debía haber hecho es dialogar para llegar a un acuerdo con los jueces, que se quejan justamente de la escandalosa falta de medios con que el Gobierno condena a la Administración de Justicia. Pero Bermejo no dialoga, sino que muestra una bulliciosa tendencia a la imposición y a dejar que le resbalen asun-tos que, cada uno por separado, bastarían para inhabilitarle. Que esto ocurra en el Gobierno del campeón del diálogo dice mucho de Zapatero, cuyas promesas quedan en agua de borrajas con rapidez pasmosa. El otro día, un estudiante americano en España con beca Erasmus, votante y admirador de Barack Obama, me decía que Zapatero le recuerda a George Bush por sus mentiras. No le recuerda a Obama, que es a quien quiere parecerse e imitar. ¡Válganos el cielo! Tanto esfuerzo para esto. Pero es lo que hay: promesas incumplidas, diálogo inexistente, talante -con la lata que dio con el talante- perdido si es que alguna vez lo hubo.

Si Bermejo quiere prohibir a los jueces el derecho de huelga va a encontrar una resistencia aún mayor, pues la mayoría de ellos piensa que sí les corresponde y se lo demostrarán con un paro más contundente en junio como siga empeñado en su suicida obsesión de cazador empedernido -no sólo de gamos- y no es antes destituido por Zapatero, tan contaminado ya por las aventuras de su ministro. Pero más le valdría a Bermejo preparar una reforma del Código Penal que incluya la cadena perpetua para determinados delitos, una pena plenamente constitucional con la salvedad oportuna de la revisión para condenados reinsertables. Legislen en caliente, en frío, en seco o con lluvia, pero legislen para resolver problemas, no para crearlos. Y si hace mucho calor, serénense y cumplan con su deber, que es servir a esa sociedad, en la que deberían pensar más y utilizar menos.

© Mundinteractivos, S.A.

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El juez y el furtivo, de Santiago González en El Mundo

Posted in Justicia, Política by reggio on 20 febrero, 2009

A CONTRAPELO

No tuvo Rajoy su momento más preciso al calificar de «derecho de pernada» las actividades del ministro como cazador furtivo.Hombre, no. Ha cazado con enchufe y gratis en una finca del Estado.Ha perpetrado el hecho cinegético en Andalucía sin la preceptiva licencia de la Federación autonómica. Ha compartido monterías con el juez que instruye una causa contra sus enemigos. Esto es, en el mejor de los casos, imprudencia grave y burla del Código de Buen Gobierno, aprobado el 18 de febrero de 2005 por el Consejo de Ministros y Ministras, con gran contento de unos y de otras.En el peor, sería un delito de prevaricación. Pero derecho de pernada, no. No parece que el ministro tenga otros planes para cérvidos y jabalíes que dispararlos y dar sus cabezas a los taxidermistas.

Lo mismo que el juez Garzón. Los dirigentes del PP deberían asociarse con muflones y cerdos salvajes para solicitar la declaración de especie protegida en Medio Ambiente frente al implacable dúo de milicia que forman el juez insomne y el ministro hirsuto.O al menos que se decrete la veda durante la campaña electoral.

La Fiscalía Anticorrupción tiene tajo por delante. Al caso Gürtel habría que sumar los asuntos dormidos de corrupción en las instituciones gobernadas por la izquierda. Pero debería encargarse la instrucción a jueces vegetarianos. Sólo hay algo más dañino para la democracia que la corrupción de los partidos, si la hubiera: la prevaricación de los poderes del Estado, si se diese. ¿Y dice usted que el presidente de la Comunidad Valenciana está implicado porque una imputada dice en una grabación que a Camps lo sobornaron comprándole unos trajes en Milano? Sí que debe de estar la cosa mal para que la corrupción haya vuelto a la economía de trueque. Tres docenas de trajes para que el presidente se haga el longuis y autorice los contratos. A pocos días más que conserven la competencia el juez y su diario de cabecera, acabaremos viendo más aforados pringados con vales para restaurantes, bonos para el economato o, como el legendario documento expedido por el Comité de Milicias y Defensa de Toledo el 21 de septiembre de 1936: «Vale por seis porvos con la Lola para las milicias. No se puede transferir».

En el hemiciclo, medio ruedo ibérico, la bancada socialista gritaba «¡torero, torero!» a Bermejo, después de la faena a los populares.Seguramente, los entusiastas están contra la estética de la caza y del toreo, cosas de la sensibilidad socialdemócrata. Una cosa es el asesinato de la mamá de Bambi o del toro en la plaza en tarde de sol y moscas, y otra muy distinta, el arte de la lidia al partido de la oposición. Lo característico del progresismo realmente existente es el don de la alteridad, la mística del vivo sin vivir en mí. Por eso llamaban «¡torero!» al cazador en el tendido de las antitaurinas. Por eso acuñó él aquella soberbia frase «tuvimos que luchar contra los padres y ahora nos toca luchar contra los hijos». Cuando los pardillos del PP pierdan los complejos, podrán responderle a gritos: «¡Tu padre!», pero no con ánimo imprecatorio, sino simplemente para refrescarle la memoria.

© Mundinteractivos, S.A.

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Del relato a la escena, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

Posted in Justicia, Política by reggio on 20 febrero, 2009

De un tiempo y un país en donde la corrupción es algo más que episódica

Más que de las musas al teatro, la actualidad política ofrece en sus últimas horas el paso del espacio narrativo al escenario teatral. Del acontecimiento a su representación con algunas variables inquietantes, a decir verdad. El evento de esa trama urbanística instruida por Garzón a resultas de la cual hay detenidos y dimisiones más que forzosas. La escenificación del juez estrella cazando en compañía, entre otros, del Ministro de Justicia. Sabido esto último, la consiguiente escandalera. Actualidad narrada y representada. Literariamente, esto es mucho.

Un juez estrella, una división de poderes en la que no es fácil creer. Un país con continuos episodios de corrupción. Un PP que va de sobresalto en sobresalto, desde espionajes en la Comunidad de Madrid al ritmo de chotis hasta tramas urbanísticas encausadas. Un Gobierno que se frotaba las manos con lo uno y con lo otro hasta que se tuvo noticia de la cacería. A partir de aquí, entre el ruido y la furia, la serenidad no encuentra acomodo.

Hay que dar por sentado, mientras no se demuestre lo contrario, que las detenciones hechas por Garzón se ajustan a Derecho. Poner eso en duda nos situaría en un discurso de república bananera en este reino que se declara parlamentario y democrático. Dicho lo cual, resulta inevitable alarmarse por el hecho de que el juez que tantos casos con trascendencia viene instruyendo adolece de un grave problema de falta de perspectiva, sin duda, por su afán de protagonismo, que, en muchos casos, parece desmedido.

Alguien dijo, con mucho ingenio, que para analizar una época histórica había que ponerse a una distancia tal que no nos permitiese verle la nariz a la bella Cleopatra. Parece perogrullesco poner de relieve que juzgar implica, entre otras cosas, un distanciamiento obligado, así como una discreción más que conveniente.

A Montesquieu no le hubiera gustado ver juntos en una cacería al ministro de Justicia y a un juez que se ocupa de asuntos con gran repercusión en la vida pública. Poderes divididos y separados, o, al menos, mínimamente distanciados.

Por mucho que se diga que tan ilustres compañeros de caza apenas hablaron, el espectáculo, hablando de narices, nos obliga, también inconscientemente, a hacer un mohín que expresa desagrado.

¡Parece mentira! Se escribió, sin demasiada originalidad, que el cazador era sobre todo un hombre alerta. ¡Qué poco lo han demostrado esta vez el ministro del ramo y el juez estrella!

Del relato a la escena. De un tiempo y un país en donde la corrupción es algo más que episódica, por mucho que uno quisiera equivocarse. De un tiempo y un país donde el afán de notoriedad de un juez estrella que, con mayor o menor grado de voluntad y conciencia, parece, de una parte, seguir el guión del costista cirujano de hierro para todo tipo de asuntos: desde terrorismo de Estado hasta política internacional, pasando por la más reciente historia y llegando a eso que llaman rabiosa actualidad. Pero que, de otro lado, no marca las distancias ni tampoco rehúye el protagonismo excesivo.

Un país que se encuentra con el principal partido de la oposición ofreciendo espectáculos de espionaje entre sí, demostrando su líder falta de autoridad en su seno, poniéndose de relieve que no hay un irrenunciable afán por depurar responsabilidades cuando las hay, ni tampoco por extirpar la podredumbre en la que presuntamente incurren algunos de sus militantes encausados.

Un país que tiene un gobierno que va dando tumbos ante una crisis internacional que le supera con creces, que improvisa de continuo. Un país que tiene un gobierno cuyo presidente no se decide a relevar a dos ministros como doña Magdalena y sus despropósitos, y como el señor Bermejo y sus soberanas meteduras de pata, caracterizadas por una prepotencia que insulta a la lógica más elemental.

El PP no puede escudarse en la cacería para asumir sus responsabilidades como partido que aspira a gobernar este país. El Gobierno no debe pasar por alto que la escenificación del espectáculo cinegético no lo deja precisamente en buen lugar. Y el juez Garzón necesita, con urgencia, un descanso mediático.

Aquel título de una obra de Schopenhauer que, para Ortega, era grosero, «El Mundo» como representación, podría parodiarse fácilmente en lo que es el discurso de la actualidad: la cacería como representación de un tiempo y un país donde el desquiciamiento y las estridencias parecen presidirlo casi todo.

Del relato a la escena. Cuando con el pretexto del 23-F la televisión resucita de nuevo el NODO como género periodístico, cuando lo acontecido en el Gobierno madrileño se convierte en materia de comisión parlamentaria que, mucho nos tememos, poco esclarecerá, llega un nuevo caso de Garzón y, tras él, la cacería.

Lo que acaba de ocurrir, la trama puesta al descubierto y la cacería, son, al pie de la letra, obscenidades. No vale silenciar una y vocear la otra. No vale resaltar una y tapar la otra. No vale seguir el rastro de una y obviar la otra. Todas ellas ofenden, no sólo pero sí también, al oído, a la vista y al olfato.

¡Días de obscenas sinestesias!

Al pasar la barca, de Miguel Ángel Aguilar en Cinco Días

Posted in Economía, Política by reggio on 20 febrero, 2009

Al pasar la barca/ me dijo el barquero/ las niñas bonitas/ no pagan dinero’, como cantábamos de pequeños. Es decir que ‘las niñas bonitas’ gozan de ventajas excepcionales con los barqueros que las eximen de pagar el transbordo, de donde se infiere que todos somos iguales pero algunas resultan más iguales que otras, según acertó a escribir Orwell. Veamos cómo con sumo acierto se deslizó por esa pendiente de las imágenes el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, durante la conferencia que pronunció al inaugurar el pasado 11 de febrero en Zaragoza las IV Jornadas sobre la singularidad de las cajas de ahorros españolas, que organizaba la Federación de Usuarios de las mismas.

El título de la conferencia, La economía española después de la crisis, suponía ya una proclamación optimista, un reconocimiento de que habrá un después de la crisis, que nos encontraremos entre los supervivientes y que la economía española tendrá en esa otra orilla una andadura. El gobernador se valía de una imagen que permanece en la retina del público. Se refería al suceso del mes pasado cuando un avión, tras despegar del aeropuerto de Nueva York, perdió altura pero la increíble pericia del piloto permitió que se evitara la catástrofe, yendo a posarse sobre el río Hudson. Señalaba el conferenciante que el umbral del desastre igualó durante algunos minutos a todos los pasajeros, pero que una vez a salvo, acabada la crisis, las distintas circunstancias de cada uno de los pasajeros relativas a su salud, familia, fortuna, edad o educación, volvían a recobrar toda su relevancia y las prescripciones médicas particulares sobre la dieta o el colesterol quedaban de nuevo vigentes con el relieve anterior a las pasadas angustias.

De ahí el interés de las reflexiones del gobernador sobre qué va a suceder después, porque el carácter mundial de la crisis homogeneiza temporalmente las distintas economías, enmascara sus diferencias e impide advertir los deberes pendientes que subyacen para cada una de ellas. Reconozcamos que nadie se ha librado de la crisis, tampoco aquellos que actuaron prudentemente sin endeudarse en exceso ni deteriorar su competitividad. Para los virtuosos tampoco ha habido alivio y se les ha visto también afectados por la galerna. Pero se calmará la tempestad y entonces volverán a ser relevantes las diferencias, igual que entre los pasajeros del avión antes mencionado, una vez a salvo sobre el río.

En el análisis más lúcido y mejor escrito de cuantos se hayan hecho en los últimos meses sobre la economía española, Fernández Ordóñez repasa la senda del crecimiento por la que hemos transitado desde 1985 a pesar de nuestras desventajas en términos de nivel educativo, stock de capital, tecnologías e instituciones laborales ineficientes. El gobernador, creyente en el sector privado, le atribuye un dinamismo creciente a partir de las privatizaciones hechas al 100%, lo cual considera esencial para romper la relación entre empresas y Gobiernos.

También pondera la importancia de que nuestro país consiguiera hasta 2007 avanzar notablemente en términos de equilibrio fiscal y reducción de deuda pública. Enseguida Fernández Ordóñez se pregunta cómo ha sido posible la senda del crecimiento de los últimos 23 años a pesar de ir perdiendo competitividad, con su reflejo en un abultado déficit por cuenta corriente. Al responderse, menciona el recurso a las devaluaciones y después de que fueran imposibles con la entrada en el euro, la estabilidad y el margen de flexibilidad notable que ha introducido la inmigración en la economía española. Pero, sobre todo, desde 1999 resalta el aumento extraordinario del endeudamiento de las familias y las empresas, que ha permitido un crecimiento de nuestra demanda interna a doble velocidad que el de la UE.

Claro que el endeudamiento no puede crecer, ni tampoco caben devaluaciones, de modo que la nueva salida hay que buscarla en la mejora de nuestra productividad a través de las reformas en numerosos campos. El gobernador fue muy prudente en particular por lo que se refiere a las de las instituciones laborales y dio cuenta de algunos hallazgos de los investigadores del Banco de España. Adujo el interés de los modelos austriaco y danés, descartó el despido libre y subrayó que sin una conciencia generalizada sobre el perjuicio de las actuales inercias del sistema será imposible emprender su reforma. Todo inútil, los periodistas dieron en atribuir fantasías a Fernández Ordóñez y al gobernador le llovían felicitaciones y denuestos por lo que no había dicho. Cualquier intento de salir a dar aclaraciones hubiera derivado en agravamiento. Volvamos al estribillo: al pasar la barca…

Miguel Ángel Aguilar. Periodista

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La falsa quiebra del Popular y la imposible fusión con el BBVA, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 20 febrero, 2009

El rumor ha ido ganando cuerpo de noticia posible con el paso de los horas. El Popular está quebrado como consecuencia de los pufos inmobiliarios en los que se ha visto envuelto en los últimos meses. Su situación patrimonial es preocupante y el Banco de España ha decidido tomar cartas en el asunto. BBVA es la entidad elegida para sacar a Angel Ron las castañas del fuego. El mercado, por su parte, ya anticipa lo peor, tal y como se desprende del comportamiento bursátil del banco que ahora dirige en el día a día Roberto Higueras. La operación es inminente. A fin de evitar el shock que este potencial colapso supondría para el sistema financiero español la compra se envolverá bajo el manto de una transacción amistosa. Se habla incluso de posibles ecuaciones de canje. Queda pendiente el establecer una salida digna para el equipo directivo de la adquirida. Pero la suerte está echada. Alea jacta est.

No sé que les parecerá a ustedes toda esta historia pero a mí me recuerda a la Guerra de los Mundos de Orson Wells. De la reacción de la ciudadanía ante aquel programa de radio, todos aprendimos una lección: lo importante no es que una cosa sea o no cierta, sino crear la apariencia de su certeza aunque en el fondo carezca de la más mínima consistencia, esto es: no tenga ni pies ni cabeza. Que es exactamente lo que ocurre en el caso que nos ocupa. Una trama que, a día de hoy, no hay por donde cogerla. Basta con analizar a los actores de esta tragicomedia, un ejercicio que parece que se han olvidado realizar los difusores de la desesperada, al menos para una de las partes, fusión fantasma. Luego nos detendremos en las dos entidades afectadas. De momento vamos con los teóricos impulsores de la idea.

Ni el Gobierno ni el Banco de España tienen, a día de hoy, la fuerza necesaria para impulsar una operación de este tipo. Empecemos por el segundo. BBVA es una entidad privada cuyos accionistas de referencia son, fundamentalmente, fondos extranjeros. Está sometida al escrutinio del mercado. No es una caja de ahorros sujeta a una mayor o menor tutela pública en sus órganos de administración. Desde ese punto de vista, cabría sugerencia por parte del regulador pero, en ningún caso, injerencia. La propia imagen de España quedaría severamente dañada. Más si cabe. Adicionalmente, y debido a lo que veremos a continuación, no creo que Popular sea a día de hoy la prioridad del supervisor, para que nos vamos a engañar. Con una mora que es la mitad de la de muchas cajas y una solvencia muy superior, la firma no se encuentra entre las primeras en la cola de la ventanilla de intervención. Seguro. Por lo que respecta al ejecutivo, su capacidad de coacción en el entorno actual es más que limitada. Qué me puedes hacer si el mercado ya lo ha hecho todo por ti. Y más cuando en el pasado has intentado entrar en mi casa por la puerta de atrás de la mano de Luis del Rivero. No hay contraprestación posible y, por tanto, no hay iniciativa plausible. La fuerza del gobierno se debilita de la mano de la crisis.

Ni le urge al Popular, ni le interesa al BBVA.

Luego está el Popular. Que la gestión de la compañía en los últimos años de la burbuja de crédito ha sido nefasta es un secreto a voces. No lo dice McCoy. Basta con ver los charcos por los que transcurre el banco. La traición a un modelo de negocio que se había mostrado exitoso durante décadas ha traído consigo la debilidad actual que se ha manifestado especialmente en el cuarto trimestre de 2008 donde ha tenido que declarar 450 millones de pérdidas por deterioro de activos. ¿Se puede extrapolar el mal resultado a futuro o es simplemente que quería dar 1.000 kilos de beneficio en el ejercicio, cifra redonda, y ha aprovechado para hacer limpia? Pregunta que me hago.

Sigo en cualquier caso con los negativos. Popular no deja de ser una entidad esencialmente doméstica, con todo lo que eso conlleva de cara al futuro, que además mantiene un notable gap entre sus riesgos concedidos y los depósitos de la clientela, lo que le coloca en una posición vulnerable por su dependencia de la financiación mayorista. Una cuestión, ésta de la liquidez que, sin embargo, se ha visto temporalmente resuelta por las iniciativas tanto del Estado español como del BCE para o bien avalar las emisiones, o bien establecer cauces baratos de financiación. Por último, y aunque la firma alardea de ello como una fortaleza, lo cierto es que el alto ratio de cobertura de gastos con comisiones, uno de los elementos menos estables del negocio, podría volverse en su contra en un momento del ciclo como el que se avecina.

Aun así, sigue tratándose de un banco extraordinariamente eficiente, con unos buenos márgenes de negocio ordinario y una clientela fiel. Su ROE o rentabilidad sobre recursos propios es cercana al 18%, muy alta para ser como es una entidad fundamentalmente de banca comercial. Es verdad que su exposición al riesgo inmobiliario es elevada en relación con su tamaño y que eso se puede traducir con el paso del tiempo en una morosidad mayor que la media que afecte su solvencia. Pero no es el caso a día de hoy donde se encuentra entre las sociedades mejor capitalizadas (core capital del 7% que, recordémoslo, era el objetivo a alcanzar por la ampliación de capital del Santander) y con un colchón de los más decentes en términos de provisiones (un 2,71% de morosidad, en línea con el resto de la banca, y un 75% de cobertura que se amplía al 160% si se incluyen las garantías hipotecarias al 70% de su valor como la compañía hace). Niveles superiores, en cualquier caso, a los de Pastor, que tiene muchas papeletas en la rifa virtual a la que el mercado está jugando para acertar quién puede ser el primer damnificado serio de la crisis, y algo inferiores a los de Sabadell, por poner sólo dos ejemplos en el ámbito estrictamente bancario, cajas aparte. Les recomiendo un paseo por las 28 páginas de su presentación de resultados de 2008. Busquen, comparen y seguro que encuentran algo mucho peor. Véndanlo.

En cuanto al BBVA, estoy más que convencido de que lo último que está buscando ahora es incrementar presencia doméstica. Todo el esfuerzo de la entidad en los últimos años, con mayor o menor éxito, ha ido encaminado internamente a explorar vías para mejorar la innovación y la eficiencia y externamente a conquistar nuevos mercados. La potencial compra del Popular supondría un retroceso de tal calibre en la consecución de sus planes que, salvo error u omisión, factores que a este humilde analista se escapan, resulta no sólo improbable sino casi imposible. No sé de dónde vendrías las sinergias de ingresos viendo las carteras de producto de ambas entidades. Lo que sí es cierto es que en el proceso actual de contracción de la actividad bancaria, se podrían lograr notables ahorros de costes en servicios centrales, tecnología y similares. ¿Y? Visto el ratio de costes sobre ingresos del Popular (31,9%), el mayor ajuste tendría que practicarse, precisamente, sobre la propia plantilla del BBVA. Cuando menos, un argumento no demasiado tentador como para emprender la operación.

Mi sensación personal, que puede estar muy equivocada, es que estamos ante un ejemplo más de profecía que alguien lanza al mercado con la intención de que éste se la crea y termine por cumplirse. No es de extrañar cuando hay tantas posiciones cortas o bajistas sobre el valor y el campo está abonado para un estiércol tan nutritivo como la quiebra del Popular. Sin embargo, por qué pensar en una operación de este calado cuando cabe una ampliación de capital a la Santander, la entrada de un fondo distressed (no hay que olvidar que la compañía ya cotiza a 0,7 veces su valor en libros y a PER 6,25 si metemos a los resultados de 2009 un rejón del 20% respecto a los de 2008), el recorte del dividendo y tantas otras medidas que no han sido anunciadas pero que tendrían prelación sobre una idea como la que ahora circula por los mentideros de las finanzas. La respuesta es evidente: no son buenos tiempos, sin duda, para la reflexión, ese ejercicio que debería ser obligatorio y que hace que las evidencias afloren. Y ésta es una operación racionalmente carente de fundamento. Al menos, insisto, a día de hoy. Ahora bien: el lado oscuro del mercado va ganando cada día más la batalla. Sólo cabe pedir que la fuerza nos acompañe para vencerlo.

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De burbujas y tsunamis, de Paula Mercado en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 20 febrero, 2009

El tsunami que arrasó las costas de Tailandia en 2005 no supuso una completa sorpresa para todos los que se encontraban en la zona en aquel momento. Una niña de diez años, Tilly Smith, que había trabajado en un proyecto en el colegio sobre las olas gigantes generadas por terremotos submarinos, reconoció las señales que preceden un tsunami. El agua burbujeaba y la marea retrocedió bruscamente, señales inequívocas de lo que iba a suceder.

Gracias a ella, la playa de Maikhao fue desalojada rápidamente minutos antes de que la ola gigante impactara la costa, siendo una de las pocas que pudo salvarse en la isla tailandesa de Phuket. El conocimiento de la niña fue, sin duda, la clave de la salvación de muchas vidas. Pero además, ella supo transmitirlo a las personas encargadas de poner en marcha la evacuación de la zona.

Las señales de tsunami en el sector inmobiliario no son precisamente recientes. Promotoras y constructoras están sufriendo serios reajustes y medidas de refinanciación que están afectando de forma notable a las entidades financieras que decidieron apoyarles en los años de abundancia y euforia.

Para gestionar la gran cantidad de activos inmobiliarios procedentes de ejecuciones de crédito, los bancos se están viendo obligados a potenciar sus propias inmobiliarias. Altamira Santander Real Estate, Anida y Aliseda Gestión son sólo los nombres que Santander, BBVA y Banco Popular han asignado a estas filiales inmobiliarias que podrían tener en cartera casi 5.000 millones de euros entre las tres.

La desaceleración del mercado inmobiliario no sólo ha afectado a las viviendas. Según la consultora Knight Frank, la superficie contratada para oficinas durante 2008 cayó un 40% con respecto al año anterior y la demanda descendió un 30%. Ambos factores han llevado a una corrección de los precios que se estima que podría continuar en un 15% adicional durante 2009.

La relativa fortaleza que los fondos inmobiliarios consiguieron mantener a principios del año pasado podía tener su causa en su tipo de inversión objetivo. La mayor parte de la cartera de estos fondos deriva sus rentabilidades del arrendamiento de inmuebles urbanos. La evolución del índice de la categoría de fondos inmobiliarios nos da una clara indicación de cómo este mercado fue variando. Según VDOS, el índice pasaba de  revalorizaba un 5,60% durante 2005 a tan sólo un 0,72 por ciento en 2008.

AÑO

RENTABILIDADES

2005

5,60%

2006

6,07%

2007

5,43%

2008

0,72%

2009

-2,04%

RENTABILIDADES ANUALES DEL INDICE DE LA CATEGORIA

VDOS DE FONDOS INMOBILIARIOS

La oferta total de fondos españoles no cuenta con más de 11 fondos inmobiliarios. De ellos, sólo siete son fondos inmobiliarios directos, es decir, invierten directamente en inmuebles. Los otro cuatro invierten en activos inmobiliarios de forma indirecta, a través de activos de renta variable de compañías pertenecientes al sector inmobiliario.

De los dos tipos de fondos inmobiliarios, el directo es el que más ha sufrido en su rentabilidad durante 2008, consecuencia del declive de los dos mercados por los que se ven afectados, el inmobiliario y el bursátil. Su rentabilidad se tambaleó de forma notable ya durante 2007, año en que comenzaron a acumular retrocesos de hasta más de un 30 por ciento, acentuándose hasta más allá del 40 por ciento de descenso en su rentabilidad en 2008.

El impacto en los inmobiliarios directos ha sido mucho menor. Según VDOS, Segurfondo Inversión, de Inverseguros, pasó de una rentabilidad de 6,72% en 2007 hasta 4,38% en 2008, mientras que Caixa Catalunya Propietat, de Caixa Catalunya Gestió, aumentaba su rentabilidad de 3,46% a 6% en los mismos años. Una evolución que supuso pasar de una rentabilidad de 5,87% en 2007 hasta un 1,37% en 2008 en el caso del Santander Banif Inmobiliario.

Las señales no eran exactamente burbujas, como en el caso del tsunami, pero indicaban con claridad meridiana una tendencia que, con el actual entorno económico, no podía sino evolucionar como lo ha hecho. Los inversores que han seguido el comportamiento de los fondos inmobiliarios no pueden haber dejado de notarlas y habrán, seguramente, tomado las decisiones oportunas. Una vez que la ola ha impactado la costa, sólo queda hacer inventario de los daños y trazar un plan de rehabilitación de la zona.

Por un lado, las gestoras deben encontrar la solución que menos perjudique a sus partícipes. BBVA ha decidido inyectar 1.600 millones de euros en su fondo BBVA Propiedad y suspenderlo durante dos años a la espera de una posible recuperación de valor. Santander ha creído más conveniente contener el pánico de reembolsos desatado por el descenso en la rentabilidad del Santander Banif Inmobiliario, aplicando la misma medida de suspensión, para darse tiempo a poner en liquidez los activos del fondo y poder ir haciendo frente al tsunami de reembolsos a medida que vaya obteniendo liquidez de la venta de sus activos. Recordemos que este fondo es el de mayor patrimonio de su categoría, con más de 3.200 millones de euros y tiene más de 50.000 partícipes.

Pero los inversores de fondos inmobiliarios deben tomar responsabilidad en sus decisiones, informarse adecuadamente sobre el sector al que están prestando su dinero y sobre los riesgos inherentes al mismo, leer detenidamente el folleto que el fondo publica y los informes periódicos que los partícipes deben recibir y seguir la evolución del valor liquidativo del fondo. Este último es precisamente una de las peculiaridades de los fondos inmobiliarios pues, por el tipo de activo en el que invierten, valoran normalmente una vez al mes.

Esta falta de liquidez podría verse resuelta con la llegada de las SOCIMI (Sociedades Cotizadas de Inversión Inmobiliaria) al estar obligadas a cotizar en Bolsa, como lo haría una acción, estableciendo además un porcentaje general de distribución de un 90% del beneficio anual, vía dividendos. Dividendos que, en el caso de personas físicas y no residentes, estarán exentos de impuestos.

Para los que no supieron, o no pudieron, reconocer las señales es importante reflexionar y extraer las lecciones adecuadas. Si analizamos pros y contras de diferentes propuestas al adquirir un automóvil, hasta el detalle más minucioso, ¿por qué no nos informamos adecuadamente antes de invertir nuestros ahorros?

Según observa Paul Seabright, economista de la universidad de Toulouse (Francia), la confianza en la economía moderna ha evolucionado hasta la milagrosa situación según la cual entregamos a completos extraños sumas de dinero que ni siquiera soñaríamos confiar a nuestro vecino. De ahí ha surgido otro milagro, puesto que esa confianza es la que ha conseguido los millones de dólares que han financiado la industria moderna.

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Estatalización bancaria, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía by reggio on 20 febrero, 2009

Las intervenciones directas de los gobiernos en los bancos empiezan a ser moneda común en los grandes países desarrollados, empezando por aquellos que hasta la fecha habían hecho del liberalismo y de la defensa de la propiedad privada una auténtica bandera. Cada día que pasa se multiplican las intervenciones, requeridas incluso por las propias entidades. Estados Unidos -lo que resulta bastante sintomático- encabeza este movimiento insólito del sector financiero mundial. Alemania ha aprobado un mecanismo legal de expropiación forzosa para los bancos en dificultades. Gran Bretaña empieza a contar con los dedos de dos manos el número de bancos que han sido objeto de intervención pública directa y que se encuentran con políticos sentados a la mesa del Consejo de Administración o en la antesala de la toma de decisiones importantes, que hoy ya no dejan que las tomen los banqueros sino los representantes del Estado. Italia acaba de pronunciarse a favor de la intervención en los casos en que sea necesario.

En España se está hablando cada vez con menos tapujos de la posible intervención del Banco de España en alguna entidad, cuyas ventanillas y cajeros dispensadores de efectivo se han quedado estos días casi secos porque empieza a cundir el temor entre algunos segmentos de la clientela. Las miradas están ya puestas en algunas cajas de ahorros y en especial en una de ellas, que en condiciones normales quizás no llegaría a fin de mes. La crisis financiera se está prolongando más de la cuenta y ello, uno a los excesos de algunos gestores, ha puesto en precario a entidades financieras de varios países. Sólo el Estado parece en condiciones de aportar la garantía necesaria para que la gente no tema por su dinero.

Se puede decir que los principios de la economía de mercado, específicamente en el sector financiero, no atraviesan un momento de buena reputación y que han sido ya una de las principales víctimas de la crisis financiera y económica desatada en la primavera del año 2007. No la víctima principal porque podría resultar insultante para los millones de ciudadanos que están pasando al paro en todo el orbe industrializado. Las verdaderas y más importantes víctimas de esta crisis son los sectores sociales más castigados por el desempleo.

Dejados al libre juego de las fuerza del mercado, se puede decir que la totalidad del sistema bancario de Estados Unidos habría naufragado, bien por los problemas directos que tienen algunos de sus bancos, bien por el efecto dominó que la crisis de unos podría ocasionar con seguridad en el conjunto del sistema. Este mismo jueves, la Reserva Federal ha tomado medidas para intervenir de forma directa en tres entidades de ámbito regional para evitar su quiebra, intervención que se traduce en una auténtica toma del poder consistente en bloquear la toma de decisiones a los gestores, quienes deberán contar con el visto bueno de las autoridades para realizar una serie de operaciones. En la práctica, una nacionalización en toda regla y sin coste de capital, ya que la Reserva Federal no desembolsa un dólar para la compra de acciones o para recapitalizar las entidades. Eso sí, extiende su manto protector para asegurar los depósitos de los clientes.

La intervención de las autoridades supervisoras estadounidenses sigue, por lo tanto, incrementando su peso en el sistema, tras haber garantizado el día anterior la estabilidad de las dos grandes compañías de crédito hipotecario público, para las que el nuevo presidente ha diseñado un plan de salvación con objeto de que puedan ser más flexibles con las hipotecas de más de nueve millones de estadounidenses con dificultades de devolución de sus créditos. Esas dificultades implican aplazamiento de pagos y, por lo tanto, un coste que las autoridades federales están asumiendo en cuantía creciente con objeto de mantener un cierto clima de estabilidad social y una razonable seguridad y confianza en el sistema financiero.

Con matices diferentes, y con intensidad también variable aunque en cualquier caso elevada, el papel de los Estados en los sistemas bancarios ha registrado en pocos meses un avance espectacular, en forma de creciente compromiso con la estabilidad del sistema económico. ¿Qué quedará de todo ello cuando se supere la crisis económica? Resulta difícil suponer que los bancos vuelven a ser lo mismo que en el pasado, sobre todo en algunos países en los que su mala gestión has resultado especialmente dañina.

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Tras el paro, de Antonio García-Trevijano en el Diario español de la República Constitucional

Posted in Derechos, Justicia, Laboral by reggio on 20 febrero, 2009

Tres cuartas partes de los encuestados aprueban el paro judicial. Los factores de poder político en el Estado, incluidos los medios de comunicación del PSOE, lo condenan. Son señales inequívocas de que el movimiento judicial simpatiza con la sociedad y perturba las entrañas del Régimen. Seria iluso creer que la judicatura conoce y quiere las últimas consecuencias del conato de independencia iniciado. No tiene conciencia de su fuerza para transformar en poder estatal, independiente de partidos, gobiernos y parlamentos, su actual condición de potestad jurisdiccional subordinada. Pero ha dado ya un paso al frente para adquirirla. Ahora sabe quienes son sus radicales enemigos, sus potenciales amigos y sus lazos sociales con los profesionales del derecho. Contra lo pensado por Carl Schmitt y Mao Tsé Tung, este conocimiento elemental sólo constituye la sabiduría de la preconciencia política. El paso a la conciencia de poder independiente lo dará empujada por los acontecimientos que se avecinan.

Aunque la unidad interna sea un objetivo deseable, sería un grave error intentarla con la unificación de las Asociaciones, como pide “Foro Judicial Independiente”. Lo decisivo es la unidad de acción táctica en una estrategia común. Y “Jueces para la Democracia”, además de vocación al rol traicionero de última hora –como PSOE y PC ante la ruptura democrática de la dictadura-, nunca se enrolará en lo que otros inicien. Más importante que la unificación es la unidad de vocabulario inequívoco, que indique con precisión las diferencias sustantivas con el usado por los enemigos y adversarios. Las pancartas del 18-F, por ejemplo, llamaban servicio público a la función judicial. Lo cual indica que aún no saben los jueces cual es la base conceptual de su derecho a la independencia, concebida como poder judicial y no como potestad jurisdiccional. En esta confusión ideológica, en esta falsedad terminológica se basa el engaño constitucional de llamar irrisoriamente poder judicial a la potestad jurisdiccional que tienen individualmente todos los juzgadores. La quieren rebajar a mero servicio público los que, no obstante la dependencia de todo lo servicial, se han pronunciado contra el paro. Si fuera ya un poder independiente seria vacuo su derecho de huelga. También se deben emplear en sentido propio las voces paro y huelga. Ésta es una reivindicación colectiva mediante la resistencia a trabajar hasta obtener satisfacción total o parcial de la misma, mientras que aquél es una protesta colectiva como primera prueba de fuerza de la impotencia. La idea de servicio público envilece la función judicial.

florilegio

“Huelga con fecha de caducidad, paro presuntuoso.”