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Tsunami financiero: fase de la dislocación geopolítica global, de Alfredo Jalife-Rahme en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 19 febrero, 2009

Bajo la Lupa

En el mismo sentido de Dennis Blair, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, quien alertó de la probabilidad de una Gran Depresión y sus implicaciones geopolíticas (ver Bajo la Lupa, 15.2.09), LEAP/E2020, centro de pensamiento europeo, advierte que en el último semestre de este año se iniciará la quinta fase de la crisis sistémica: la fase de la dislocación geopolítica global (GEAB, número 32, 16.2.09).

Recuerda su previo análisis en el que sostenía que la crisis sistémica global se desplegaría en cuatro principales fases estructurales: desencadenamiento, aceleración, impacto y decantación. Reconoce que ha surgido una nueva fase (la quinta, de dislocación geopolítica), debido a la incapacidad de los líderes globales de entender plenamente la visión de la crisis presente y que se ha vuelto obvia por la determinación en curar las consecuencias en lugar de las causas. Vaticina que la quinta fase advendrá en el cuarto trimestre de este año (es decir, a partir de septiembre), y que en su epílogo el mundo se parecerá más a Europa en 1913, en lugar de nuestro mundo en 2007.

Esta nueva fase será conformada por dos procesos principales que ocurrirán en dos secuencias paralelas.

Los dos procesos principales constan de: 1.- la desaparición de la base financiera en todo el mundo; es decir, la extinción del dólar debido a su impagable deuda; y 2.- la fragmentación de los intereses de los grandes jugadores y los bloques del sistema global.

Las dos secuencias paralelas constan de: 1.- la desintegración veloz de todo el sistema internacional vigente; y 2.- la dislocación estratégica de los grandes jugadores globales.

Se lamenta que la cuarta fase de decantación no haya dado lugar a la recuperación y culpa a los líderes globales de haber perdido la oportunidad de sacar las conclusiones adecuadas del colapso del sistema global prevaleciente desde la Segunda Guerra Mundial.

Los líderes globales no se encuentran a la altura de las circunstancias: Barack Obama, Nicolas Sarkozy o Gordon Brown pierden su tiempo coreando la dimensión histórica de la crisis, pero ocultan el hecho de que no entienden absolutamente nada de su naturaleza e intentan limpiar sus nombres del fracaso futuro de sus políticas. LEAP/E2020 es muy severo con los principales líderes del mundo occidental: prefieren persuadirse a sí mismos que el problema será resuelto como cualquier otro problema técnico normal, aunque un poco mas serio que el usual. Mientras cada uno persiste en jugar las viejas reglas obsoletas de décadas atrás, inconscientes del hecho de que el juego se ha extinguido bajo sus narices.

La reciente reunión de los ministros de finanzas del G-7 en Roma, más catatónica que nunca, parece conceder toda la razón al LEAP/E2020: en Estados Unidos, como en Europa, China y Japón, los líderes persisten en reaccionar como si el sistema global hubiese sido solamente víctima de alguna falla temporal. Pareciera que “solamente requieran cargas de combustible (liquidez) y otros ingredientes (disminución de las tasas de interés, recompra de los activos tóxicos, rescates de las industrias semiquebradas…) para que vuelva a arrancar”.

Su diagnóstico es de una enfermedad terminal, no de un catarrito blindado: el sistema global ha fenecido; se requiere construir uno nuevo en lugar de luchar en salvar lo que no puede ser más rescatado. Concuerda con nuestro análisis de que no se trata de una crisis vulgar, que puede ser solucionada con medidas anticíclicas, sino del fin del paradigma neoliberal (y, quizá, del mismo modelo capitalista).

Exhibe una gráfica sobre las penurias de la industria, en orden descendente en Japón, Estados Unidos, la eurozona, Gran Bretaña, China e India; es decir, de seis de los principales activadores de la globalización financiera y económica, que han contraído dramáticamente la demanda de nuevos pedidos (al último trimestre de 2008) en el sector manufacturero que ha ingresado a territorio negativo, como señal incontrovertible de que sus economías pudieran desacelerarse todavía más en los meses venideros (Índices de Compra de los Gerentes; MarketOracle/JP Morgan).

LEAP/E2020 esperaba una recuperación gradual después de la cuarta fase de decantación, pero, por desgracia, este brote de la quinta fase incendiará el proceso requerido de reconstrucción en forma abrupta: mediante una completa (¡sic!) dislocación del sistema vigente, con consecuencias particularmente trágicas (¡súper sic!) en el caso de varios grandes jugadores globales.

La única esperanza de que este escenario dantesco no ocurra radica en los próximos cuatro meses antes del verano de 2009. Asevera que la cumbre del G-20 el próximo abril en Gran Bretaña es probablemente la última oportunidad de reacomodar las fuerzas en juego; es decir, antes de que las bancarrotas de Gran Bretaña y Estados Unidos den inicio.

En caso del fracaso del G-20, perderán su capacidad de controlar los eventos, ya que muchos de sus países, así como en el resto del mundo, entrarán en la fase de dislocación geopolítica como un barco ebrio. Se recuerda que barco ebrio es el célebre poema del genial Rimbaud.

Más probablemente, el G-20 tendrá mayores dificultades incluso de reunirse, ya que la tendencia creciente es de que cada quien se salve por sí mismo.

A su juicio, la dislocación geopolítica afectará ineluctablemente a los cuatro principales actores geoestratégicos del planeta: Estados Unidos, Unión Europea, China y Rusia, por lo que la población en general y los jugadores sociopolíticos deben estar listos a enfrentar temibles (¡súper-sic!) tiempos durante los cuales amplios segmentos de nuestra sociedad serán modificados o desaparecerán temporalmente, o se extinguirán permanentemente. Se basa en un artículo tétrico de The New York Times (El desempleo representa una amenaza a la estabilidad mundial; 15.2.09). Esto le concede toda razón a los señalamientos de mi paisano Carlos Slim Helú frente a los pigmeos del calderonismo.

LEAP/E2020 insiste en que la ruptura del sistema monetario global ocasionará el colapso del dólar (y de los activos denominados en dólares), pero también inducirá, por contagio sicológico, una pérdida general de confianza en todas las divisas. ¿Es el momento inevitable del oro y la plata?

Concluye que los países más monolíticos y las entidades políticas más imperialistas son quienes sufrirán más de esta quinta fase de la crisis. Algunos estados experimentarán una dislocación estratégica que socavará su integridad territorial y su influencia mundial. ¿Se referirá al ya decadente Estados Unidos?

A consecuencia de ello, otros estados perderán súbitamente sus situaciones protegidas y serán arrojados al caos regional.

A ver qué pasa con el G-20.

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