Reggio’s Weblog

Cajas en estado de ‘shock’, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 19 febrero, 2009

CRISIS FINANCIERA: El análisis

La guerra ha comenzado. Desde hace meses los expertos venían anunciando el progresivo deterioro de los balances de algunas cajas de ahorros. El Banco de España ha seguido su evolución con la misma preocupación que el médico que atiende a un enfermo en fase terminal. Miguel Angel Fernández Ordóñez, puesto en guardia por los servicios de inspección, ha estado a punto de recurrir al último recurso: la intervención.

Sin embargo, las presiones políticas han evitado, de momento, que se adopten medidas extremas. El sector financiero español afronta su mayor crisis del último cuarto de siglo bajo el signo de la concentración. La fusión de entidades buenas con entidades malas se presenta como la solución menos traumática. Pero ¿quién y cómo se financiará ese saneamiento?

En la primera operación que se ha puesto sobre el tapete, la absorción de Caja Castilla La Mancha por la andaluza Unicaja, se estima en más de 1.000 millones de euros el dinero público que será necesario para que la entidad presidida por Braulio Medel pueda digerir a la capitaneada por Juan Pedro Hernández Moltó, que en su día fustigó al ex gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, con una humillante intervención parlamentaria («Míreme a los ojos», le espetó antes de lanzarse a su yugular).

Esta será la primera, pero no la última fusión. Y la broma nos va a salir a los contribuyentes por un ojo de la cara.

Fuentes del sector financiero estiman que el agujero de las cajas va a requerir una capitalización de 40.000 millones de euros: casi siete veces el volumen que tiene a su disposición el Fondo de Garantía de Depósitos. Es decir, que van a hacer falta, al menos, unos 35.000 millones de dinero público para sacar adelante a las cajas sin riesgo para sus clientes.

Ese proceso de capitalización masiva deberá ir en paralelo con un proceso de reducción de tamaño; es decir, de fuerte ajuste de costes. Según datos del Banco de España, para que las cajas tuvieran el mismo ratio de activo por empleado que los bancos tendrían que reducir su personal en un 35%. Ese cálculo en relación a la red, implicaría que las cajas deberían cerrar el 54% de sus oficinas para estar al mismo nivel que los bancos.

Por tanto, el problema del sector financiero en España no es tanto la banca como las cajas de ahorros, que en los años del boom han crecido desaforadamente y se han metido de hoz y coz en el sector inmobiliario como una forma rápida de engordar sus balances.

Desde 2006, las cajas han abierto 1.600 nuevas oficinas y han contratado 6.000 nuevos empleados, hasta alcanzar la cifra de casi 132.000.

De los créditos que se han concedido al sector inmobiliario (unos 350.000 millones, según el Banco de España), las cajas han concedido unos 200.000 millones. Se estima que el 25% de esa cantidad puede convertirse en fallidos. Es decir, 50.000 millones de euros, lo que casi coincide con la cantidad de capital que necesita el sector.

La Caja Castilla La Mancha es un buen botón de muestra. De sus 20.000 millones en créditos, 8.500 están concentrados en el sector inmobiliario.

El deterioro de la solvencia de las cajas no afecta a todas por igual, por supuesto. Hay cajas que han tenido una gestión más prudente (como la Caixa, Caja Navarra o Ibercaja, por ejemplo) y eso ahora se nota.

El mejor termómetro para medir la imprudencia de la gestión está en la tasa de morosidad. Es decir, en los créditos de dudoso cobro. La campeona en ese penoso ránking es Caja Madrid, con una tasa de mora, a finales de 2008, del 4,87% (la media del sistema -bancos y cajas- es del 3,18%). Le siguen Caja Castilla La Mancha (4,57%), Caixa Catalunya (4,29%) y Caja Mediterráneo (CAM) (3,96%).

Curiosamente, la caída en picado de la solvencia de algunas cajas coincide con una ofensiva en toda regla del Gobierno para lograr que bancos y cajas den más créditos a empresas y familias como contraprestación a las medidas de apoyo adoptadas el pasado mes de octubre.

La pretensión de Zapatero no puede ser más contraproducente.Lo que necesita la economía española es reducir su endeudamiento, no aumentarlo, lo cual no quiere decir que no se den créditos a clientes solventes: ese es el negocio de los banqueros.

Según los datos que mostraron los representantes de la Banca en su reunión con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, del pasado 2 de febrero, la reducción del crédito al sector privado será del 4,9% durante este año y del 1,2% en 2010.En términos reales, el crédito no volverá a crecer hasta 2011 y en una modesta tasa del 0,7%.

Esto el Gobierno lo sabe. Sin embargo, la furia contra la banca tiene un objetivo político. A Bertolt Brecht se le atribuye una frase que ahora puede ponerse de moda: «Es mucho más grave fundar un banco que robarlo».

Arremeter contra la Banca, cuando todos estamos más o menos endeudados y cuando muchos han sufrido algún tipo de abuso, es rentable.Políticamente, al Gobierno le viene de perlas echarle la culpa a los banqueros de la parálisis económica que está llevando el paro a cifras desconocidas.

Pero esa construcción demagógica, a parte de no ser cierta, entraña graves riesgos. Los banqueros no sólo temen el efecto que ese mensaje puede tener sobre la seguridad de sus oficinas (pronto veremos cristales rotos), sino sobre la imagen de sus marcas.

El pistoletazo de salida de esa batalla neogauchista contra la banca lo dio el ministro de Industria, Miguel Sebastián.

Tras la dulce reunión del lunes 2 de febrero en Moncloa, el martes 3 recibieron la bofetada de Sebastián: «Al Gobierno se le está acabando la paciencia con la Banca». Aunque José Blanco salió al quite («la paciencia del PSOE es ilimitada») instruido por el presidente, ese mismo día, nada casualmente, Javier Gómez Navarro (amigo del ministro de Industria) hizo pública la encuesta que manejó Zapatero en su reunión con los banqueros y que da sustento teórico al argumento de que las empresas españolas tienen dificultades por la falta de crédito.

Acertadamente, Jordi Sevilla hizo mención en su blog al «efecto madrastra» que provoca la declaración de Sebastián. Es decir, la imitación del efecto simpatía que despertó el ex presidente Adolfo Suárez cuando acusó a la banca («la madrastra») de no dar créditos a su recién creado partido, el CDS.

Posteriormente, Gómez Navarro ha pedido sin tapujos la intervención del Estado en la banca, como han hecho otros gobiernos europeos (habría que añadir que con un resultado desastroso para sus economías).

Esa campaña no es casual y tiene un objetivo: justificar las ingentes ayudas públicas que van a necesitar las cajas de ahorros.

Sebastián, Gómez Navarro y, en la sombra, José Pérez (ex director de inspección del Banco de España), agitan el árbol para que las nueces las vuelvan a recoger los mismos.

Enfrente tienen al ministro Solbes y al gobernador del Banco de España, que se oponen al control público de la banca. El pulso promete ser interesante. El caso de Caja Castilla La Mancha es el primer asalto de un apasionante combate en el que el futuro económico de España está en juego.

© Mundinteractivos, S.A.

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