Reggio’s Weblog

Las sentencias interpretativas, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

Posted in Derechos, Justicia, Libertades, Política by reggio on 19 febrero, 2009

A la espera de la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatut de Catalunya, todas las opiniones parecen coincidir en que se emitirá una sentencia que, fundamentalmente, será interpretativa.

Parece, además, bastante razonable que así sea. Ahora bien, ¿qué es una sentencia interpretativa? Veamos.

El TC, entre otras funciones, enjuicia leyes desde el punto de vista de su adecuación a la Constitución, es decir, en caso de ser contrarias a la Carta Magna las declara nulas y en caso de no serlo las declara válidas. Para ello debe contrastar el texto constitucional y el precepto cuestionado de la ley al objeto de sacar las consecuencias pertinentes. Ello exige un proceso que debe acabar con una sentencia.

Las sentencias del TC se componen de tres partes: los antecedentes, los fundamentos jurídicos y el fallo. En los antecedentes se describe el problema planteado y se resumen las argumentaciones que alegan las partes en conflicto.

En los fundamentos jurídicos, el TC expone las razones de su posición, basadas en la interpretación de las normas que se contrastan y en las argumentaciones jurídicas pertinentes. Esta interpretación y argumentación no puede ser de cualquier tipo, sino que debe estar acreditada como habitual en el razonamiento jurídico, es decir, debe ser aceptada por la llamada comunidad de juristas. Asimismo, aunque el TC no está estrictamente vinculado por sentencias anteriores, en caso de modificar sus criterios debe argumentarlos de manera convincente con el fin de dejar claro que no ha cometido una arbitrariedad o, lo que es lo mismo, que ha tratado de forma desigual casos idénticos debido a razones que no son justificables por su función de guardián de la Constitución.

Finalmente, en el fallo, el TC debe pronunciarse de manera concisa sobre las conclusiones a las que ha llegado como resultado de los argumentos expuestos en los fundamentos y declarar la constitucionalidad o inconstitucionalidad de la norma que se le somete a juicio. Una buena sentencia es aquella en que los argumentos contenidos en los fundamentos son consistentes y el fallo es el resultado natural al que se ha llegado tras la exposición de estos argumentos.

Ahora bien, un principio interpretativo comúnmente empleado por la jurisdicción constitucional es el de conservación de las leyes. Las leyes son un producto de los parlamentos, órganos legitimados directamente por el voto popular, y por ello merecedoras de un especial respeto. De ello se deduce que el TC debe declarar en sus sentencias la inconstitucionalidad de una norma sólo en el caso de que no exista posibilidad alguna de que en cualquiera de sus posibles interpretaciones sea conforme a la Constitución. Ello implica que los preceptos de una ley pueden ser objeto de interpretaciones diversas.

Efectivamente, las leyes están compuestas de palabras que cobran significado mediante las reglas de la sintaxis. Ahora bien, los enunciados de las normas no tienen la precisión de las fórmulas matemáticas. Dos más dos, en la matemática euclidiana, siempre serán cuatro y, por tanto, cuatro más cuatro siempre serán ocho. Esta fría y certera lógica no es tan exacta, ni mucho menos, en las expresiones gramaticales ni tampoco en las artísticas. Una novela, una poesía, un cuadro o una escultura se interpretan de maneras distintas. El derecho se expresa mediante el lenguaje, no mediante fórmulas matemáticas, y, por ello, en derecho, las conclusiones no se “demuestran” -como en matemáticas-, sino que se “argumentan” mediante razones fundadas -como en la crítica literaria o artística-, razones que deben ser lo más convincentes posibles pero que pueden dar lugar a dudas y legítimas discrepancias. Por ello las sentencias son, en muchos casos, discutibles.

Pues bien, el TC puede considerar que la norma que se le somete a juicio puede ser interpretada de diversas maneras; en algunas de estas interpretaciones puede resultar contraria a la Constitución y en otras no. Como consecuencia de ello, el TC puede declarar que sólo es válido el precepto cuestionado si es interpretado en un determinado sentido o que es inconstitucional interpretarlo dándole un sentido distinto. Cuando esto se argumenta en los fundamentos y es recogido en el fallo, nos hallamos ante una sentencia interpretativa.

Planteemos una última cuestión. Las sentencias interpretativas ¿consideran, en el fondo, que la norma interpretada es adecuada a la Constitución o, por el contrario, dan a entender que la norma es inconstitucional? La respuesta a esta pregunta inevitablemente debe ser matizada y siempre formulada tras examinar un caso concreto. En definitiva, la respuesta depende de determinar hasta qué punto se desvirtúa el contenido que el legislador había querido dar a la norma cuestionada. En general, puede decirse que este tipo de sentencias aceptan “formalmente” la constitucionalidad de la ley pero “sustancialmente” la vienen a declarar -por lo menos en parte- inconstitucional, sobre todo si la amputan en aquello que es considerado esencial, es decir, si la sentencia interpretativa formalmente salva el precepto -debido al principio de conservación de la ley- pero, en realidad, desactiva en buena parte sus efectos.

Cuando nos preguntamos si el TC declarará inconstitucional o no el Estatut de Catalunya -se entiende, los preceptos impugnados- hay que tener en cuenta todos estos matices para responder a lo que nos estamos preguntando.

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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Activos deteriorados, de José Juan Andújar en La Vanguardia

Posted in Economía by reggio on 19 febrero, 2009

TRIBUNA

La entrada en vigor del nuevo régimen temporal del cómputo de pérdidas en las sociedades anónimas y limitadas ha causado un cierto revuelo en los medios, que no siempre han sabido reflejar la trascendencia de esta norma. Según dicha disposición, durante los ejercicios de 2008 y 2009 las sociedades que, debido a sus pérdidas, hayan visto disminuido su patrimonio neto por debajo de la mitad de la cifra de capital social no tendrán obligación de acordar su disolución o adoptar medidas de saneamiento patrimonial si esas pérdidas son por deterioro del inmovilizado material, las inversiones inmobiliarias o las existencias.

Se ha dicho que con este régimen temporal el Gobierno ha tratado de parar la avalancha de concursos de acreedores. Nada más lejos de la realidad. La norma tiene efectos en la esfera societaria de la empresa, pero no en el ámbito concursal. No hay que confundir la situación contable de una empresa con su situación financiera. Así, una empresa puede tener unos fondos propios muy saneados con arreglo a su balance y, sin embargo, no disponer de tesorería (liquidez) para afrontar sus obligaciones de pago más perentorias (salarios, impuestos…). En este caso, el administrador de la sociedad está obligado a solicitar la declaración de concurso voluntario por su insolvencia actual o inminente, aunque la sociedad no esté incursa en causa legal de disolución.

También se ha dicho que la norma perjudicará a los acreedores sociales pues estarán contratando en el tráfico jurídico-mercantil con una empresa saneada aparentemente. No es así. La exposición de motivos señala que esta medida temporal no afecta al régimen contable, lo que significa que las pérdidas por deterioro, aun cuando no se computen a los efectos indicados, sí que se deberán registrar y, por tanto, serán objeto de reflejo en las cuentas anuales. Pero en lo que sí perjudica a los acreedores es en su derecho a ver resarcido el pago de su crédito con cargo al patrimonio personal de los administradores.

Por lo que se refiere a la oportunidad e idoneidad de la norma, no podemos sino pronunciarnos de forma desfavorable. Afirma el legislador que esta medida excepcional persigue “permitir que los flujos de crédito puedan llegar con normalidad a las familias y empresas”. Dudamos que las entidades de crédito comiencen ipso facto a financiar a las empresas, especialmente del sector inmobiliario. Por otra parte, con las sombrías predicciones sobre la economía española, esta medida temporal podría dar lugar, pasado el plazo de dos años, a un alud de disoluciones de sociedades y demandas de exigencia de responsabilidad a los administradores por deudas sociales, y el remedio sería peor que la enfermedad.

José Juan Andújar. Profesor de la Escuela de Práctica Jurídica del ICAB.

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‘Ojeo judicial’, de Javier Gómez de Liaño en El Mundo

Posted in Justicia by reggio on 19 febrero, 2009

TRIBUNA: DERECHO

El autor argumenta las razones para que Garzón sea apartado del ‘caso Gürtel’, al no ser competente. Cree que las anomalías procesales podrían determinar la nulidad de las actuaciones que está siguiendo el juez

Supongo que la mitad de mis posibles lectores, aproximadamente, sabe tanto o más que yo de los prejuicios de ciertos jueces.Pero como el título de este artículo puede inducir a cierta confusión, pienso que no sobra que aclare que el comentario de hoy va a propósito de una causa que Baltasar Garzón instruye en relación con una trama de corrupción protagonizada por gente del partido de la oposición o próxima a él y en la que, por lo que lee, ve y oye, parece que los presuntos sentimientos o resentimientos del juez interesan tanto como los delitos que se imputan a los implicados.

Vaya por delante que me parece natural que un político acuda con el ánimo intranquilo ante un juez que ha militado en un partido contrario al suyo, y creo que no hace falta dar nombres para saber que no se trata de una mera hipótesis. En Italia, por ejemplo, hubiera sido impensable ver a Oscar Luigi Scalfaro, juez de profesión aunque ejerció poco, instruyendo causas penales incoadas contra quienes antes habían sido rivales políticos.

Seamos sinceros. El juez Garzón se ha caracterizado por una insobornable pasión de fidelidad a las siglas del partido que actualmente gobierna y al que abiertamente declaró su adscripción y puesta a disposición presentándose a las elecciones generales como candidato número dos por Madrid y sirviendo en el Ministerio del Interior.Nadie carece de ideología política, pero la verdad es que Baltasar Garzón la reparte con mano generosa. Las penúltimas cosas que se le pudieron oír fue llamar asesino al presidente del gobierno José María Aznar y proclamar su compromiso con la causa socialista.

Una profesión de fe ideológica de esta naturaleza, tan falta, además, de discreción, es una confesión de parcialidad. En el mundo del Derecho, más que de sombras se habla de apariencias y en este asunto, como en otros, Garzón se ha ganado a pulso las sospechas de falta de neutralidad. Es más. Después de la cacería con el ministro de Justicia, con presencia incluida del comisario encargado de la investigación policial y de las detenciones, lo que llega a la opinión pública es la idea de que el juez sigue siendo un político al servicio del poder.

La imparcialidad de un juez consiste en no estar, ni haber estado en posición de parte. Y, entre otras actitudes, se está en posición de parte cuando el juez concibe la ley como instrumento de poder a favor o en contra de un partido político. Me parece que un ligero esfuerzo de memoria y pocos habrá que me tachen de hacer juicios rotundos e imprudentes. Húrguese en la historia reciente y enseguida descubriremos jueces del mismo signo ideológico y político que los dirigentes de un partido. Como dirían los revolucionarios franceses de 1789, si las formas del poder judicial no inspiran más que temor, entonces los jueces sólo servirán para darnos costumbres débiles y hábitos serviles.

Aparte de esa ideología que a los ojos del Partido Popular le hacen iudex suspectus, hay otro motivo que, a mi juicio, convierte a Garzón en juez con interés en el asunto y, por consiguiente, le alejan de la imparcialidad. El artículo 219.10ª de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ) considera causa de abstención y, en su caso, de recusación, tener el juez o magistrado «interés directo o indirecto en el pleito o causa». Aunque no es posible definir de modo certero la expresión «interés directo o indirecto», una aproximación al concepto nos la ofrece el Diccionario de la Real Academia Española: «Interés//4. Inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona o una narración».

Desde el domingo pasado es notoria la presencia en esas diligencias de una persona aforada, diputado de la Asamblea madrileña. En su contra concurren sospechas fundadas, o sea, indicios, de responsabilidad en hechos con apariencia delictiva. Nadie puede dudar de que López Viejo es materialmente parte del procedimiento, aunque el juez instructor haya decido no hacerlo formalmente de manera expresa.

Pues bién, si esto es así, como tal debe ser considerado por el juez Garzón. Este, acto seguido y por imperativo legal -artículos 73.3. a) LOPJ y 11.6. del Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid- debe remitir las diligencias al Tribunal Superior de Justicia. Ocultar esa realidad procesal y sostener artificialmente que sólo son partes aquellas personas que el juez coloca en el punto de mira de sus pesquisas, significa abandonar las reglas de juego del proceso penal y saltarse a la torera las garantías jurídicas que a todo ciudadano le corresponden. Lo mismo que no se puede recortar la imagen de Garzón de esa fotografía cinegética tan comprometedora, del retrato procesal no se puede quitar a nadie sobre el que pesan sospechas razonables de haber delinquido.Y por si hubiere intención de trocear el procedimiento, enviando una parte al tribunal del aforado y seguir con el resto, me permito indicar que ningún motivo excepcional de celo investigador y ninguna otra razón de naturaleza análoga justificarían esa dispersión procesal de unos hechos que, para no romper la continencia de la causa, precisan de una unidad instructora y, en su caso, de unidad de su enjuiciamiento.

Mi opinión, por tanto, es que la asunción por el juez de un asunto que no le compete, en principio encaja en esa causa de abstención y/o de recusación. El afán, seguido de acaparamiento, por instruir un procedimiento penal que es competencia de otro tribunal bien puede determinar una sospecha de parcialidad fundada y nunca menor dicho, en un «interés en la causa». ¿Cómo negar el interés directo del juez al que le consta que hay un aforado y que pese a no tener competencia, sigue instruyendo? El juez ordinario predeterminado por la ley, no es sólo un derecho fundamental de las partes de un litigio, sino también una garantía institucional de un Estado de Derecho establecida en beneficio de todos los ciudadanos y de la imagen de la Justicia, como pilar de la democracia.Es más. Si esa maniobra de prestidigitación se prolongase y la imputación del parlamentario regional se confirma por el tribunal competente, las actuaciones judiciales practicadas por Garzón estarían viciadas de origen -artículos 238.1º y 240 LOPJ- y serian nulas de pleno derecho.

La bulimia procesal que caracteriza al juez Garzón no obedece a cuestión de interpretación de las competencias que le corresponden como juez de instrucción de la Audiencia Nacional. No se olvide que ésta no sería la primera resolución que dictan los tribunales en contra de sus pretensiones. Reciente es la decisión del Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional de negarle jurisdicción en su proyecto de exigir responsabilidades al franquismo por los muertos de la guerra y la posguerra civil. Y recuérdese que otro tanto le ocurrió años atrás con el caso Laos cuando se empecinó en asumir las diligencias de la huida y detención de Roldán.La Justicia no se resiente ni paraliza porque otros jueces que no son Garzón actúen. Pensar otra cosa sería tanto como admitir que la Justicia se identifica con él. Advierto que estas últimas palabras no son mías y que las he tomado prestadas de un editorial del diario El País que tenía por título A cada juez lo suyo y se publicó el 26 de octubre de 1996.

En cualquier caso, lo importante, con serlo, no es que Garzón se aparte de ese procedimiento, como que no siga con él porque no le compete. Lo que debe preocupar es el riesgo de que esa y otras anomalías procesales puedan determinar la nulidad de las actuaciones. Recuérdese el caso Naseiro en el que, por decisión del Supremo, al final los tribunales no pudieron pronunciarse sobre el fondo del asunto. Por el bien de la Justicia, para que ésta pueda esclarecer los hechos y depurar las responsabilidades, es imprescindible extremar el respeto a las normas procesales.

La ley no excluye al juez porque sea parcial sino por temerse, fundadamente que lo sea. En este sentido, no es el ruido sobre la falta de competencia de Garzón el que ha creado dudas sobre su incompetencia, sino que los enormes y justificados recelos sobre su neutralidad son los que han provocado el estruendo.Y que nadie se escandalice. Los tribunales españoles seguirán siendo tan respetables como respeto merecen. Pero no se olvide que no todos los que pisan el umbral del templo son santos.

Otrosí digo sobre la cacería del juez y el ministro. Yo nunca he sido cazador. Lo único que cacé en mi vida fue media docena de pardales, hazaña de la que todavía me arrepiento. Sobre la caza tengo ideas muy elementales, entre ellas la de respetar al cazador de verdad. Cazar animales feroces me figuro que debe ser muy emocionante. En la sierra de Burgos vi cazar a un jabalí a cuchillo y se me pusieron los pelos de punta. Cazar rumiantes mansos, o sea, ciervos, rebecos o venados, pienso que es como apalear ovejas merinas. Matar perdices o conejos no me parece elegante y sí bastante alevoso. Después de ver las fotografías, la impresión que el juez y el ministro dan es que si no disparan muchos tiros y no hacen mucha sangre, no se divierten.

Javier Gómez de Liaño es abogado y magistrado excedente

© Mundinteractivos, S.A.

Cajas en estado de ‘shock’, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

Posted in Economía by reggio on 19 febrero, 2009

CRISIS FINANCIERA: El análisis

La guerra ha comenzado. Desde hace meses los expertos venían anunciando el progresivo deterioro de los balances de algunas cajas de ahorros. El Banco de España ha seguido su evolución con la misma preocupación que el médico que atiende a un enfermo en fase terminal. Miguel Angel Fernández Ordóñez, puesto en guardia por los servicios de inspección, ha estado a punto de recurrir al último recurso: la intervención.

Sin embargo, las presiones políticas han evitado, de momento, que se adopten medidas extremas. El sector financiero español afronta su mayor crisis del último cuarto de siglo bajo el signo de la concentración. La fusión de entidades buenas con entidades malas se presenta como la solución menos traumática. Pero ¿quién y cómo se financiará ese saneamiento?

En la primera operación que se ha puesto sobre el tapete, la absorción de Caja Castilla La Mancha por la andaluza Unicaja, se estima en más de 1.000 millones de euros el dinero público que será necesario para que la entidad presidida por Braulio Medel pueda digerir a la capitaneada por Juan Pedro Hernández Moltó, que en su día fustigó al ex gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, con una humillante intervención parlamentaria («Míreme a los ojos», le espetó antes de lanzarse a su yugular).

Esta será la primera, pero no la última fusión. Y la broma nos va a salir a los contribuyentes por un ojo de la cara.

Fuentes del sector financiero estiman que el agujero de las cajas va a requerir una capitalización de 40.000 millones de euros: casi siete veces el volumen que tiene a su disposición el Fondo de Garantía de Depósitos. Es decir, que van a hacer falta, al menos, unos 35.000 millones de dinero público para sacar adelante a las cajas sin riesgo para sus clientes.

Ese proceso de capitalización masiva deberá ir en paralelo con un proceso de reducción de tamaño; es decir, de fuerte ajuste de costes. Según datos del Banco de España, para que las cajas tuvieran el mismo ratio de activo por empleado que los bancos tendrían que reducir su personal en un 35%. Ese cálculo en relación a la red, implicaría que las cajas deberían cerrar el 54% de sus oficinas para estar al mismo nivel que los bancos.

Por tanto, el problema del sector financiero en España no es tanto la banca como las cajas de ahorros, que en los años del boom han crecido desaforadamente y se han metido de hoz y coz en el sector inmobiliario como una forma rápida de engordar sus balances.

Desde 2006, las cajas han abierto 1.600 nuevas oficinas y han contratado 6.000 nuevos empleados, hasta alcanzar la cifra de casi 132.000.

De los créditos que se han concedido al sector inmobiliario (unos 350.000 millones, según el Banco de España), las cajas han concedido unos 200.000 millones. Se estima que el 25% de esa cantidad puede convertirse en fallidos. Es decir, 50.000 millones de euros, lo que casi coincide con la cantidad de capital que necesita el sector.

La Caja Castilla La Mancha es un buen botón de muestra. De sus 20.000 millones en créditos, 8.500 están concentrados en el sector inmobiliario.

El deterioro de la solvencia de las cajas no afecta a todas por igual, por supuesto. Hay cajas que han tenido una gestión más prudente (como la Caixa, Caja Navarra o Ibercaja, por ejemplo) y eso ahora se nota.

El mejor termómetro para medir la imprudencia de la gestión está en la tasa de morosidad. Es decir, en los créditos de dudoso cobro. La campeona en ese penoso ránking es Caja Madrid, con una tasa de mora, a finales de 2008, del 4,87% (la media del sistema -bancos y cajas- es del 3,18%). Le siguen Caja Castilla La Mancha (4,57%), Caixa Catalunya (4,29%) y Caja Mediterráneo (CAM) (3,96%).

Curiosamente, la caída en picado de la solvencia de algunas cajas coincide con una ofensiva en toda regla del Gobierno para lograr que bancos y cajas den más créditos a empresas y familias como contraprestación a las medidas de apoyo adoptadas el pasado mes de octubre.

La pretensión de Zapatero no puede ser más contraproducente.Lo que necesita la economía española es reducir su endeudamiento, no aumentarlo, lo cual no quiere decir que no se den créditos a clientes solventes: ese es el negocio de los banqueros.

Según los datos que mostraron los representantes de la Banca en su reunión con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, del pasado 2 de febrero, la reducción del crédito al sector privado será del 4,9% durante este año y del 1,2% en 2010.En términos reales, el crédito no volverá a crecer hasta 2011 y en una modesta tasa del 0,7%.

Esto el Gobierno lo sabe. Sin embargo, la furia contra la banca tiene un objetivo político. A Bertolt Brecht se le atribuye una frase que ahora puede ponerse de moda: «Es mucho más grave fundar un banco que robarlo».

Arremeter contra la Banca, cuando todos estamos más o menos endeudados y cuando muchos han sufrido algún tipo de abuso, es rentable.Políticamente, al Gobierno le viene de perlas echarle la culpa a los banqueros de la parálisis económica que está llevando el paro a cifras desconocidas.

Pero esa construcción demagógica, a parte de no ser cierta, entraña graves riesgos. Los banqueros no sólo temen el efecto que ese mensaje puede tener sobre la seguridad de sus oficinas (pronto veremos cristales rotos), sino sobre la imagen de sus marcas.

El pistoletazo de salida de esa batalla neogauchista contra la banca lo dio el ministro de Industria, Miguel Sebastián.

Tras la dulce reunión del lunes 2 de febrero en Moncloa, el martes 3 recibieron la bofetada de Sebastián: «Al Gobierno se le está acabando la paciencia con la Banca». Aunque José Blanco salió al quite («la paciencia del PSOE es ilimitada») instruido por el presidente, ese mismo día, nada casualmente, Javier Gómez Navarro (amigo del ministro de Industria) hizo pública la encuesta que manejó Zapatero en su reunión con los banqueros y que da sustento teórico al argumento de que las empresas españolas tienen dificultades por la falta de crédito.

Acertadamente, Jordi Sevilla hizo mención en su blog al «efecto madrastra» que provoca la declaración de Sebastián. Es decir, la imitación del efecto simpatía que despertó el ex presidente Adolfo Suárez cuando acusó a la banca («la madrastra») de no dar créditos a su recién creado partido, el CDS.

Posteriormente, Gómez Navarro ha pedido sin tapujos la intervención del Estado en la banca, como han hecho otros gobiernos europeos (habría que añadir que con un resultado desastroso para sus economías).

Esa campaña no es casual y tiene un objetivo: justificar las ingentes ayudas públicas que van a necesitar las cajas de ahorros.

Sebastián, Gómez Navarro y, en la sombra, José Pérez (ex director de inspección del Banco de España), agitan el árbol para que las nueces las vuelvan a recoger los mismos.

Enfrente tienen al ministro Solbes y al gobernador del Banco de España, que se oponen al control público de la banca. El pulso promete ser interesante. El caso de Caja Castilla La Mancha es el primer asalto de un apasionante combate en el que el futuro económico de España está en juego.

© Mundinteractivos, S.A.

Geografías de desconfianza, de Joan Subirats en El País de Cataluña

Posted in Economía by reggio on 19 febrero, 2009

Constatamos grados distintos de confianza y desconfianza en estos días de cuaresma anticipada. El martes se publicaba la noticia de la suspensión de la liquidez del mayor fondo de inversión inmobiliaria de España, en manos del Banco de Santander. La suspensión se atribuye a la masiva demanda de reembolso que se produjo, lo que obligó a la entidad a suspender por dos años la devolución del dinero de los inversores. Un ataque de desconfianza que, probablemente, fue contaminando las credulidades de unos y otros hasta generar esa masiva demanda de retorno. En el sector inversor la confianza está por los suelos y se acentúa la necesidad de encontrar remansos de seguridad ante el riesgo generalizado. Crece sin parar el valor de los metales refugio. El precio del oro ha subido más del 7%, pero esa cifra queda corta ante las subidas de la plata (20,5%), el platino (14,5%) y el paladio (15,6%). Cuando todo es inseguro, en una economía cada vez más liquida, vuelve la confianza en lo sólido. Leemos que en los mítines de los partidos políticos que concurren a las elecciones en Galicia y el País Vasco no son pocos los ciudadanos que abordan a los líderes obligándoles a bajar de sus pedestales y, muchas veces ante las cámaras delatoras, responder a preguntas complicadas sobre por qué alguno no cobra el desempleo, o aquel otro que se queja de la excesiva precariedad, o esa anciana que afirma que la pensión se le acaba cada día 20 de cualquier mes. Es tanta la desconfianza que se está generando estos días con la sucesión ininterrumpida de escándalos de todo tipo, que uno se pregunta a cuánto estaría la cotización de la política institucional y partidista en una hipotética IBEXPOL o bolsa de valores políticos. Los ahora atacados e implicados responden con rencor que los acusadores de hoy fueron los implicados de ayer. Y así, nadie queda incólume. Las encuestas de confianza en los líderes deberían cambiar el rango en el que situar cada líder (ahora establecido en una escala de 0 a 10) y buscar una gradación menos hiriente, ya que el que más confianza atesora apenas si supera el aprobado pelado.

Las geografías de la confianza y la desconfianza son hoy tremendamente distintas de las que eran hace sólo unos meses. Los capitanes de empresa, los inversores que presumían de buenos contactos que aseguraban ganancias seguras y cuantiosas, tratan ahora de pasar desapercibidos. Las otrora respetadas agencias de calificación de riesgo soportan estos días esa mirada hiriente, mezcla de sospecha y rechazo. ¿En quién confiar? ¿El Santander? ¿La Caixa? ¿Madoff? En el otro extremo, aquellos que deambulan por la vida sin excesivos amortiguadores, los que se buscan la vida a diario, van detectando ligeros empeoramientos de su ya difícil situación. Parecía que peor no podían estar, pero iban trampeando. Ahora la situación se hace aún más complicada, pero en un hipotético termómetro de riesgo, la señal de alarma es apenas un poco más roja de lo que ha sido habitualmente. Los niveles de confianza entre las personas han ido bajando constantemente y los trabajos de Ronald Inglehart son en este sentido concluyentes. Más al sur, más católicos, más coloreados de piel, menos confianza en las instituciones, menos confianza en que alguien se ocupe de uno. Sólo los que comparten miseria y desesperanza comparten esporádicamente lo poco que tienen.

El estudio de opinión que realiza periódicamente la empresa GESOP (www.gesop.net) y que dirige Àngels Pont confirma que el impacto de la crisis afecta a todos, pero no a todos de la misma manera. Casi tres cuartas partes de los inmigrantes afirman haber recibido impactos negativos de la crisis económica. Más los mayores que los jóvenes. Casi el 8% de los 1.600 residentes en Cataluña encuestados manifiestan una gran desconfianza en mantener sus empleos. En octubre esa cifra era del 6,5%. La desconfianza es mayor cuanta más edad se tiene y menos estudios se declaran. La confianza en que la salida de la crisis esté cerca baja por momentos. Como afirmaba hace unos días Paul Krugman, nos costará salir de ese decenio en el que muchos hemos pensado que éramos más ricos de lo que realmente éramos y hemos actuado como si nada pudiera alterar esa situación. Los impactos psicológicos son mayores para aquellos que más acomodaticiamente habían adaptado sus costumbres a ese espejismo y ahora el pago de la deuda será largo. Lo lamentable es que las oleadas de optimismo y confianza llegaron tardíamente a personas que lo tienen ahora más difícil para sacudirse esas hipotecas del decenio confiado. En la célebre obra de Jane Jacobs sobre las ciudades norteamericanas, se habla de la capacidad de mantener “seguras” las calles, no tanto por la mayor o menor presencia de la policía en ellas, sino por esa mezcla de ojos vigilantes en aceras concurridas. Existe, dice Jacobs, una red informal de confianza pública que mantiene niveles de seguridad aceptables y que constituye la base de cualquier acción colectiva. No podemos seguir confiando en delegar nuestra capacidad de vigilancia en ojos que han demostrado poca fiabilidad. Sólo la movilización social y la desconfianza activa pueden ir modificando una situación que se adivina larga.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

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Distracción masiva, de Juan-José López Burniol en El País

Posted in Economía by reggio on 19 febrero, 2009

Paul Krugman tiene dos virtudes: claridad y habilidad para interrelacionar política y economía, dando a aquélla -cuando procede- el carácter de factor determinante de una situación. Así lo demuestra en Después de Bush, libro de 2007 en el que plantea una cuestión referida a Estados Unidos: si es la desigualdad económica la que lleva a la radicalización política, o es la radicalización política la que trae consigo la desigualdad económica. Parte de una doble constatación: de que, en la década de 1980, concluyó la evolución -iniciada con el New Deal- que convirtió a Estados Unidos en un país de clases medias, en el que las diferencias entre los dos principales partidos no eran grandes; y de que, desde entonces, han aumentado las desigualdades sociales, pues, mientras una minoría medraba, la mayoría de los estadounidenses progresaba poco, al mismo tiempo que crecía la polarización, en la medida en que los políticos adoptaban posiciones cada vez más extremas a lo largo del eje derecha-izquierda. Lo que ha llevado a la situación actual, en la que la desigualdad de ingresos es tan elevada como en los años veinte, y los niveles de confrontación política son mayores que nunca.

Para el pensamiento conservador, este proceso se explica por el hecho de que fuerzas impersonales del mercado -el cambio tecnológico y la globalización- han provocado que la distribución de ingresos sea cada vez más desigual, con una élite minoritaria destacándose del resto de la población; lo que ha determinado que el Partido Republicano haya escogido velar por los intereses de este grupo emergente que financia sus campañas. En consecuencia, se ha abierto una brecha entre ambos partidos, por la cual el Republicano se ha convertido en el partido de los ganadores, mientras que el Demócrata pasaba a representar a quienes se habían quedado atrás.

Para Krugman, en cambio, ha sucedido lo contrario: la radicalización política ha sido la causa del incremento de la desigualdad. Así, en los setenta, extremistas de derecha decididos a acabar con los logros del New Deal se hicieron con el Partido Republicano, provocando la ruptura con los demócratas, quienes se convirtieron en los verdaderos conservadores, en cuanto que garantes de la igualdad. El poder adquirido por la derecha dura envalentonó a los empresarios, que lanzaron un ataque contra el movimiento sindical, para reducir su capacidad negociadora. Y en este marco se diluyeron los controles sociales y políticos que limitaban los galopantes emolumentos de los directores de empresas, y se redujeron los impuestos sobre los ingresos más elevados, promoviendo la desigualdad económica.

Sea como fuere, lo cierto es que los republicanos se hicieron con el poder desde 1980 hasta la llegada de Obama a la Casa Blanca, con el solo paréntesis de Clinton. Lo que plantea una cuestión: ¿qué dieron los republicanos a muchos de sus electores para que éstos, siendo pobres, les votasen en contra de sus propios intereses? O, dicho de otra manera, ¿qué tuvieron que hacer para alejar a los trabajadores de raza blanca del amplio grupo de votantes que había prestado su apoyo al New Deal?

La respuesta incluye diversas acciones que Krugman etiqueta como “armas de distracción masiva”: 1. Remover la cuestión racial apelando al impulso segregacionista vivo en los Estados del Sur, con el pretexto de que la ampliación de los derechos sociales beneficia a los negros en perjuicio de los blancos. 2. Insistir en que la seguridad nacional es mayor cuando está en manos de los firmes patriotas republicanos, en vez de las de los débiles liberales demócratas. 3. Destacar la superioridad moral de los valores religiosos defendidos por los republicanos frente al relativismo ético atribuido a los demócratas. Raza, patria y religión. Buena tríada.

Esta deliberada “distracción” de parte del electorado, que le impulsa a votar en sentido contrario a sus intereses, no es exclusiva de Estados Unidos. También se da aquí. Así, para el Partido Popular la perenne apelación tremendista a la unidad de España -“España se quiebra”- cumple una función aglutinadora, que amplía el ámbito de los que serían sus votantes naturales por razón de intereses. Y, para el Partido Socialista, idéntica función expansiva desarrolla su sostenida revisión de la memoria histórica y su impostada invocación a la laicidad del Estado.

Son maniobras de distracción de los auténticos problemas, que quedan aplazados y sustituidos en el diario debate político por estas cuestiones, bajo las que ambos partidos enmascaran su auténtico objetivo: la lucha por el poder, con olvido de las reformas estructurales que exigen los intereses generales. Ambos partidos van a la suya. Son en esto, como en tantas cosas, iguales. Con olvido, también ambos, de que -como dijo Roosevelt tras la crisis de 1929- “siempre hemos sabido que buscar el propio interés ignorando el de los demás era malo moralmente; ahora también sabemos que lo es económicamente”. Pronto tendremos ocasión de comprobarlo.

Juan-José López Burniol, notario, es miembro de Ciutadans pel Canvi.

La ¿inevitable? nacionalización de la banca europea, de S. McCoy en El Confidencial

Posted in Economía, Internacional by reggio on 19 febrero, 2009

Leí con notable interés las oscuras predicciones apuntadas el pasado lunes por nuestro viejo amigo Ambrose Evans-Pritchard en el Telegraph acerca del futuro de las economías de Europa del Este y el impacto de su potencial colapso sobre sus prestamistas occidentales. En un artículo muy en su línea de constrúyete un refugio a prueba de ataques financieros y no salgas de él hasta que las ranas críen pelo, el autor daba una serie de cifras escalofriantes que, desgraciadamente, ya habían sido anticipadas por Roubini, una vez más, con anterioridad. No le di más importancia abonados, como estamos, a los mensajes apocalípticos.

Sin embargo, la semana ha ido demostrando lo erróneo de mi percepción. Esta era la materia pendiente que quedaba por desarrollar a lo largo de estos siete días en forma de nuevas pérdidas para los inversores. Prueba de ello son las sendas portadas que, sobre la cuestión, llevaban ayer los dos principales medios de comunicación financieros del mundo: Wall Street Journal y Financial Times que, simplemente, se hacían eco de la compra que el mercado había hecho del argumentario del propio Evans-Pritchard, al tumbar la cotización de unos valores bancarios europeos que, como el ministro japonés de finanzas, transitan borrachos de riesgos de contrapartida y sin demasiado margen de maniobra salvo una intervención estatal que, ayayay, no es ilimitada.

Porque el discurso en los últimos días ha ido evolucionando desde el riesgo sistémico, esto es; para el sistema, derivado de la potencial caída de los distintos colosos financieros nacionales, a la viabilidad en sí en algunos países. No hay que olvidar que, y eso sí es irrefutable, los emergentes europeos se enfrentan en 2009 a vencimientos equivalentes a 400.000 millones de dólares o un tercio de su PIB regional (cifra que algunos autores reducen a la mitad en función del espectro considerado), pagos que se van a ver incapaces de acometer en su totalidad casi con toda seguridad. La pieza del Telegraph advierte del riesgo que de esta situación se deriva para naciones como Austria, con préstamos a la región equivalentes al 70% de su Producto Interior Bruto, o la propia Suiza que, sorpresa, sorpresa, para algunos analistas locales se encontraría al borde de la bancarrota, siendo ésta quizá la principal novedad del discurso.

No son las únicas. Irlanda, en un caso completamente distinto, ha visto cómo sus CDS o cobertura de riesgo país se han disparado a cerca de los 400 puntos básicos, frente a los diez de hace tan sólo un año, proceso que se ha acelerado a lo largo de los últimos diez días. La cuestión irlandesa ha provocado que, por primera vez desde el inicio de la crisis, las autoridades europeas se planteen, como posibilidad cierta, el potencial impago de uno de sus miembros, los mecanismos de auxilio que serían o no de aplicación al amparo de Maastricht y el impacto de un suceso como ése sobre el futuro de la Unión. Prueba de tal preocupación es el hecho de que se esté ya hablando de un rescate concertado, auspiciado por Alemania y Francia, lo que personalmente creo inviable en este momento, o de una intervención inevitable del FMI como único cauce de estabilización del territorio afectado.

Si la amenaza de Europa del Este es real o no, ya empieza a ser lo de menos. Otro vendrá que bueno te hará. Es un factor más en el extenso sumatorio acumulado que salta de la esfera sectorial a la general. De hecho, el debate sobre la cuestión se ha trasladado a la esfera del pensamiento analítico tal y como recogen los distintos posts que ayer publicaba el siempre interesante FT Alphaville. Mientras que Garthwaite de Credit Suisse se apuntaba al bando del pesimismo y la cautela debido a la excesiva dependencia financiera exterior y la falta de cintura de sus economías, a la vez por cierto que aprovechaba para recordar que en términos de vulnerabilidad España sigue siendo el sexto país de mayor riesgo del mundo desarrollado o en vías de, los analistas de UBS enarbolaban la bandera de la prudencia y la mesura y tildan las afirmaciones de los arriba mencionados como exageradas. A su juicio, -en una exposición acompañada, como en el caso del estratega del otro banco suizo, por numerosos gráficos-, los problemas se concentran en economías menores, se circunscriben al ámbito regional y son susceptibles de solución de forma ordenada, si bien hay que reconocer que no niegan la mayor, es decir: la fragilidad de la región en su conjunto.

Lo relevante, llegados a este punto, dejan de ser las causas para centrarse en las consecuencias de todo lo que está pasando. Y lo cierto es que para la banca continental europea parece que no cabe una solución final muy distinta a la que ya han vivido, casi en su totalidad, las entidades financieras del mundo anglosajón: una completa nacionalización del sistema como única vía de supervivencia colectiva antes que tirar el dinero con parcheados parciales. Algo que se tendrá que hacer de modo inteligente ante la propia vulnerabilidad fiscal de los países que las amparan. Durante los últimos años, han puesto numerosos circos, tanto a nivel sectorial como geográfico, y los enanos ahora, con el Cola Cao del proceso de desapalancamiento, no dejan de crecer. Es la exposición a activos tóxicos, es el inmobiliario, son los emergentes en sus distintos emplazamientos, es su propio apalancamiento o ese propio fondo de comercio de adquisiciones que van a tener que amortizar contra pérdidas en su práctica totalidad, tal y como refleja este interesantísimo artículo de Daniel Gros, del Centre for European Policy Studies, en el propio WSJ.

Desgraciadamente el sector se ha convertido en ese toro sometido a sucesivos intentos de descabello que, aun conociendo con certeza su final, aguanta estoicamente de pie en medio de insufribles dolores provocando el rechazo incluso de los mejores aficionados. ¿No será mejor que entre todos aceleremos el proceso? El modelo sueco sigue siendo la solución, en cualquiera de sus versiones como la recogida por John Hussman en su carta semanal. La falta de una autoridad financiera común europea, el problema. Queda, no obstante, dicho.

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Estadística sorprende con un PIB ‘inflado’ que ignora el desplome real de la economía, de Carlos Sánchez en El Confidencial

Posted in Economía by reggio on 19 febrero, 2009

Paradojas que da la vida.  Mes a mes, los indicadores económicos que elaboran el Instituto Nacional de Estadística y otros organismos oficiales reflejan una caída sin precedentes de la actividad económica (muchos expertos hablan ya de la peor recesión en 50 años). Pero ayer el propio INE publicó una Contabilidad Nacional –la información que recoge la actividad económica de un país a lo largo de un año- que apenas refleja ese desplome.

Es más. Pese a que los datos que envía a Eurostat el propio INE de manera puntual muestran que España es, junto a Irlanda y Reino Unido, el país más afectado por el ajuste económico, a la luz de lo publicado ayer por Estadística resulta que la economía española (afectada por una doble crisis: la derivada del estallido de la burbuja inmobiliaria y la restricción del crédito) decrece menos que la Unión Europea. En concreto, un -0,7% en términos interanuales, por debajo del -2,6% de Italia, el -1,8% del Reino Unido, el -1,6% de Alemania  o el -1% de Francia. ¿Es esto posible?

El dato español, no por esperado, ha vuelto a aflorar las críticas que desde hace mucho tiempo realizan algunos de los mejores coyunturalistas del país, que cuestionan abiertamente la metodología que utiliza  el INE para elaborar la Contabilidad Nacional, todas vez que no recoge fielmente el momento económico. En su opinión, el INE sobreestima el volumen del PIB en periodos como los actuales. Por el contrario, suaviza los resultados cuando la economía va viento en popa, algo que era muy  útil cuando España peleaba por los fondos estructurales de la UE.

“No es de recibo”, sostiene el responsable de estudios de una entidad financiera, “que se diga que la economía ha decrecido un 0,7% en el cuarto trimestre de este año cuando todos los indicadores muestran una caída generalizada de muchísima mayor importancia”.

Los datos, desde luego, le dan la razón. Según el propio INE, las ventas de las grandes empresas están cayendo a un ritmo del 15,8%, las disponibilidades de consumo retroceden un 14%, la matriculación de turismos cae un 42%; el índice de comercio al por menor, un -6,1%; las disponibilidades de bienes de equipo, un -11,8%; el consumo de gasóleo, un -9,6% o la producción industrial un histórico -19,6%. Pues bien, pese a ello, el INE considera que la economía cayó solo un 0,7% entre el cuatro trimestre de 2008 y el mismo periodo del año anterior.

Desfase sorprendente en la oferta industrial

Desde el lado de la oferta, la contradicción respecto de la información que suministran mensualmente los principales indicadores es mucho más evidente. Según el INE, el valor añadido de las ramas industriales decreció en el cuarto trimestre de 2008 únicamente un 5,5%, una tasa sorprendentemente baja si se tiene en cuenta que el índice de Producción Industrial (IPI) refleja un desplome del 15,8% en el último trimestre del año (media del periodo). Aunque producción y valor añadido no miden exactamente lo mismo, los expertos consultados por El Confidencial sostienen que debe haber una clara correspondencia, por lo que no parece creíble que haya una diferencia de nada menos que 10 puntos. “Algo a todas luces ilógico”, resaltan.

Algo parecido sucede cuando se analiza el comportamiento del sector de la construcción. Todos los indicadores de coyuntura (producción de cemento, viviendas iniciadas o empleo) reflejan caídas de dos dígitos. Pero, según el INE, el valor añadido ha retrocedido únicamente un 8%. “Si esto fuera cierto”, asegura un experto, “eso significa  que la productividad de la construcción se ha disparado de forma exponencial, toda vez que la ocupación cae bastante más que la producción”. Es decir, menos trabajadores con empleo habrían construido mayor número de casas, lo que significaría un cambio cualitativo en nuestro modelo productivo. La construcción, que históricamente ha lastrado los avances de productividad, sería ahora más productiva que otros sectores de mayor valor añadido. La propia Contabilidad Nacional estima una brutal caída del empleo del 22,8%, mientras que la producción apenas habría decrecido la tercera parte.

El avance de la productividad no sólo sorprende en el sector de la construcción. La  Contabilidad Nacional estima un crecimiento del 2,5% en el cuatro trimestre en términos interanuales, probablemente la más elevada de las últimas de décadas. Según los especialistas, no parece lógico que de la noche a la mañana España se haya convertido en un país tan productivo (incluso más que la UE) aunque el número de ocupados esté cayendo un 3,1%. La explicación que encuentran es, nuevamente, que la Contabilidad Nacional Trimestral está sobreestimada de forma importante.

Y ponen otro ejemplo para llegar a esta conclusión. Según el INE, el excedente bruto de explotación -lo que habitualmente se denominan beneficios empresariales- creció el año pasado nada menos que un 8,4%, es decir, el doble de lo que aumentó el PIB en términos nominales (con inflación). “Si es así”, como dice una fuente, “¿de qué se quejan los empresarios y por qué despiden a tanta gente, cuando ganan tanto dinero? No parecen razonables esos números”, insiste. Y para llegar a esta conclusión sólo hay que echar un vistazo al hecho de que mientras la recaudación por el Impuesto de Sociedades se ha desplomado un 36% en los once primeros meses del año, los beneficios empresariales a la luz de la Contabilidad Nacional crecen el doble que el PIB. La única explicación sería el surgimiento de un inmenso fraude fiscal, lo que tampoco parece razonable.

La metodología, cuestionada

¿Quiere decir esto que el INE manipula las cifras? Nadie duda de la solvencia de los funcionarios que elaboran la Contabilidad Nacional. Lo que se cuestiona es la metodología utilizada para la elaboración del PIB (que por cierto no ha sido modificada), toda vez que suaviza tanto las series (tanto cuando sube el PIB como cuando baja) que los datos son escasamente fieles al momento económico. Una práctica que impide ver con claridad el cambio de ciclo. Algo que no sucede en EEUU o Reino Unido, donde el Producto Interior Bruto tiene un comportamiento más errático debido, precisamente, a que se ofrece la información  en términos brutos, sin apenas ‘cocina’.

Esta práctica tiene la ventaja de que limita el margen de maniobra que tienen los institutos de estadísticas nacionales a la hora de presentar los datos a la opinión pública. Y no hay que decir que normalmente ‘barren para casa’. En el tercer trimestre del año pasado, por ejemplo, se dijo que el consumo de los hogares había aumentado un 0,1%, pero tras la revisión de ayer resulta que retrocedió en el periodo un 0,2%. Lo singular del caso es que pese a esta modificación, el INE ha mantenido el crecimiento del PIB en el 0,9%.

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Ahora, la crisis de Europa del Este, de Primo González en Estrella Digital

Posted in Economía, Internacional by reggio on 19 febrero, 2009

Las luces rojas de alerta se han encendido esta semana en las economías de Europa del Este, un prometedor mosaico de países enrolados en la antigua órbita de influencia soviética pero que han entrado en los últimos meses en una situación de deterioro alarmante, que en las últimas semanas ha adquirido carta de naturaleza en la Eurozona porque este grupo de países es altamente dependiente, tanto a nivel institucional como empresarial, de los países europeos occidentales. La visualización del problema no ha tardado en manifestarse en las divisas de los países de la zona, la mayoría de los cuales no forma parte del euro, con depreciaciones en las divisas que llegan en algunos casos al 40% en los últimos meses. La crisis asiática del año 1998 ha reaparecido en la mente de muchos analistas como un episodio de paralelismo sorprendente.

La agencia Moodys ha dado esta semana un toque de atención, anunciando rebajas en las calificaciones de algunos países de la zona y de algunos bancos. Buena parte de los sistemas bancarios de los países del Este europeo está en manos de bancos europeos occidentales, destacando Italia, Austria, Alemania y algunos de los grandes bancos franceses como los más comprometidos en la zona.

Los bancos españoles no tienen apenas exposición y Criteria, el holding inversor de La Caixa, ha estado en los últimos meses buscando una oportunidad en alguno de los países de la zona, pero sin llegar a rematar. A estas alturas debe estar alegrándose en secreto porque el momento no era precisamente el más oportuno y menos que lo va a ser a corto plazo. Las inversiones financieras de Criteria ya acumulan bastante quebrantos como para añadirle uno más al bloque.

La crisis en las filiales de los bancos europeos más comprometidos en la zona podría afectar de lleno a sus bancos matrices, lo que ha causado bastante inquietud estos días en las Bolsas europeas. Cuando no hemos salido aún del susto de las hipotecas basura de Estados Unidos y de las inversiones en destinos dudosos, ahora llegan los problemas de la otra parte de Europa, la zona pobre, que a duras penas ha podido seguir el tren de la Europa desarrollada a lo largo de los años de expansión. Ahora, estas economías, consideradas como emergentes, se presentan como el segmento más vulnerable de la economía global. España es uno de los países menos expuestos de forma directa a los problemas que puedan generarse en los países del Este europeo, pero una crisis de cierta envergadura, que arrastraría posiblemente a Austria como primer damnificado, nos afectaría a todos de lleno, como se está viendo estos días. La debilidad del euro frente al dólar es una de las ramificaciones del problema.

El problema de Europa del Este, agravado por la debilidad de las finanzas rusas a causa de la caída en picado de sus rentas petrolíferas (los bancos de Rusia han pedido al Gobierno un plan de rescate de 400.000 millones de euros, sin contestación por el momento, aunque el Kremlin no tiene ni de lejos ese dinero) trasciende del ámbito empresarial para convertirse en un auténtico problemas de Estados. La perspectiva de suspensiones de pagos de varios Estados europeos no parece en estos momentos tan lejana y en Bruselas parece que se está trabajando ya con esta hipótesis, que empezaría por un masivo plan de ayuda para que las economías del Este puedan hacer frente a sus principales y más inmediatos compromisos de pago. Sin un plan de apoyo por parte de la Unión Europea, es probable que el hundimiento de las divisas de la zona del Este europeo alcance cotas insospechadas.

Bruselas ya tiene sobre la mesa otro problema de ámbito nacional bastante serio, el de Irlanda, uno de los más brillantes ejemplos de crecimiento en la última década pero que ha entrado en crisis galopante por algunos abusos bastante similares a los españoles con el sector inmobiliario. La lista de Estados con problemas nos está resultando, como se ve, cada vez más cercana y familiar.

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Tsunami financiero: fase de la dislocación geopolítica global, de Alfredo Jalife-Rahme en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 19 febrero, 2009

Bajo la Lupa

En el mismo sentido de Dennis Blair, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, quien alertó de la probabilidad de una Gran Depresión y sus implicaciones geopolíticas (ver Bajo la Lupa, 15.2.09), LEAP/E2020, centro de pensamiento europeo, advierte que en el último semestre de este año se iniciará la quinta fase de la crisis sistémica: la fase de la dislocación geopolítica global (GEAB, número 32, 16.2.09).

Recuerda su previo análisis en el que sostenía que la crisis sistémica global se desplegaría en cuatro principales fases estructurales: desencadenamiento, aceleración, impacto y decantación. Reconoce que ha surgido una nueva fase (la quinta, de dislocación geopolítica), debido a la incapacidad de los líderes globales de entender plenamente la visión de la crisis presente y que se ha vuelto obvia por la determinación en curar las consecuencias en lugar de las causas. Vaticina que la quinta fase advendrá en el cuarto trimestre de este año (es decir, a partir de septiembre), y que en su epílogo el mundo se parecerá más a Europa en 1913, en lugar de nuestro mundo en 2007.

Esta nueva fase será conformada por dos procesos principales que ocurrirán en dos secuencias paralelas.

Los dos procesos principales constan de: 1.- la desaparición de la base financiera en todo el mundo; es decir, la extinción del dólar debido a su impagable deuda; y 2.- la fragmentación de los intereses de los grandes jugadores y los bloques del sistema global.

Las dos secuencias paralelas constan de: 1.- la desintegración veloz de todo el sistema internacional vigente; y 2.- la dislocación estratégica de los grandes jugadores globales.

Se lamenta que la cuarta fase de decantación no haya dado lugar a la recuperación y culpa a los líderes globales de haber perdido la oportunidad de sacar las conclusiones adecuadas del colapso del sistema global prevaleciente desde la Segunda Guerra Mundial.

Los líderes globales no se encuentran a la altura de las circunstancias: Barack Obama, Nicolas Sarkozy o Gordon Brown pierden su tiempo coreando la dimensión histórica de la crisis, pero ocultan el hecho de que no entienden absolutamente nada de su naturaleza e intentan limpiar sus nombres del fracaso futuro de sus políticas. LEAP/E2020 es muy severo con los principales líderes del mundo occidental: prefieren persuadirse a sí mismos que el problema será resuelto como cualquier otro problema técnico normal, aunque un poco mas serio que el usual. Mientras cada uno persiste en jugar las viejas reglas obsoletas de décadas atrás, inconscientes del hecho de que el juego se ha extinguido bajo sus narices.

La reciente reunión de los ministros de finanzas del G-7 en Roma, más catatónica que nunca, parece conceder toda la razón al LEAP/E2020: en Estados Unidos, como en Europa, China y Japón, los líderes persisten en reaccionar como si el sistema global hubiese sido solamente víctima de alguna falla temporal. Pareciera que “solamente requieran cargas de combustible (liquidez) y otros ingredientes (disminución de las tasas de interés, recompra de los activos tóxicos, rescates de las industrias semiquebradas…) para que vuelva a arrancar”.

Su diagnóstico es de una enfermedad terminal, no de un catarrito blindado: el sistema global ha fenecido; se requiere construir uno nuevo en lugar de luchar en salvar lo que no puede ser más rescatado. Concuerda con nuestro análisis de que no se trata de una crisis vulgar, que puede ser solucionada con medidas anticíclicas, sino del fin del paradigma neoliberal (y, quizá, del mismo modelo capitalista).

Exhibe una gráfica sobre las penurias de la industria, en orden descendente en Japón, Estados Unidos, la eurozona, Gran Bretaña, China e India; es decir, de seis de los principales activadores de la globalización financiera y económica, que han contraído dramáticamente la demanda de nuevos pedidos (al último trimestre de 2008) en el sector manufacturero que ha ingresado a territorio negativo, como señal incontrovertible de que sus economías pudieran desacelerarse todavía más en los meses venideros (Índices de Compra de los Gerentes; MarketOracle/JP Morgan).

LEAP/E2020 esperaba una recuperación gradual después de la cuarta fase de decantación, pero, por desgracia, este brote de la quinta fase incendiará el proceso requerido de reconstrucción en forma abrupta: mediante una completa (¡sic!) dislocación del sistema vigente, con consecuencias particularmente trágicas (¡súper sic!) en el caso de varios grandes jugadores globales.

La única esperanza de que este escenario dantesco no ocurra radica en los próximos cuatro meses antes del verano de 2009. Asevera que la cumbre del G-20 el próximo abril en Gran Bretaña es probablemente la última oportunidad de reacomodar las fuerzas en juego; es decir, antes de que las bancarrotas de Gran Bretaña y Estados Unidos den inicio.

En caso del fracaso del G-20, perderán su capacidad de controlar los eventos, ya que muchos de sus países, así como en el resto del mundo, entrarán en la fase de dislocación geopolítica como un barco ebrio. Se recuerda que barco ebrio es el célebre poema del genial Rimbaud.

Más probablemente, el G-20 tendrá mayores dificultades incluso de reunirse, ya que la tendencia creciente es de que cada quien se salve por sí mismo.

A su juicio, la dislocación geopolítica afectará ineluctablemente a los cuatro principales actores geoestratégicos del planeta: Estados Unidos, Unión Europea, China y Rusia, por lo que la población en general y los jugadores sociopolíticos deben estar listos a enfrentar temibles (¡súper-sic!) tiempos durante los cuales amplios segmentos de nuestra sociedad serán modificados o desaparecerán temporalmente, o se extinguirán permanentemente. Se basa en un artículo tétrico de The New York Times (El desempleo representa una amenaza a la estabilidad mundial; 15.2.09). Esto le concede toda razón a los señalamientos de mi paisano Carlos Slim Helú frente a los pigmeos del calderonismo.

LEAP/E2020 insiste en que la ruptura del sistema monetario global ocasionará el colapso del dólar (y de los activos denominados en dólares), pero también inducirá, por contagio sicológico, una pérdida general de confianza en todas las divisas. ¿Es el momento inevitable del oro y la plata?

Concluye que los países más monolíticos y las entidades políticas más imperialistas son quienes sufrirán más de esta quinta fase de la crisis. Algunos estados experimentarán una dislocación estratégica que socavará su integridad territorial y su influencia mundial. ¿Se referirá al ya decadente Estados Unidos?

A consecuencia de ello, otros estados perderán súbitamente sus situaciones protegidas y serán arrojados al caos regional.

A ver qué pasa con el G-20.

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EU: ¿nacionalizar los bancos?, de Alejandro Nadal en La Jornada

Posted in Economía, Internacional by reggio on 19 febrero, 2009
Estados Unidos parece encaminarse a la nacionalización de buena parte del sistema bancario. Pero Obama prefiere no oír hablar del tema, y parece que su equipo tiene prohibido pronunciar las sílabas malditas: na-cio-na-li-za-ción.

Sin embargo, en materia de bancos es posible que ese sea el único camino, porque hasta el momento nada parece estar funcionando. Ayer los mercados se desplomaron por el temor de que nada de lo que planea hacer Obama dará resultado: es probable que su paquete de estímulo fiscal (de 787 mil millones de dólares) no sea suficiente para darle a la economía estadunidense los electrochoques que necesita.

Lo cierto es que el crédito sigue sin fluir: es claro que el primer paquete de rescate bancario no tuvo el resultado esperado. Era de esperarse porque la ayuda no llevaba condiciones: los banqueros podían hacer lo que quisieran con esos recursos. Y como en plena crisis las operaciones de crédito son arriesgadas, no es sorprendente que los dichosos banqueros se hayan dedicado a todo menos a prestar.

Pero la explicación más importante es que los estados financieros de los bancos están contaminados hasta la médula por activos tóxicos. El significado es portentoso: hoy los principales bancos estadunidenses están en la insolvencia. Estimaciones confiables indican que las pérdidas del sector bancario alcanzan 1.8 billones de dólares. Si esos números son correctos, la espina dorsal del sistema bancario estadunidense está fracturada. Para restaurar este cuadro clínico se requieren cantidades astronómicas de capital debido al fuerte apalancamiento de estas actividades.

El 9 de febrero el secretario del Tesoro presentó su plan para rescatar a los bancos y poner nuevamente en marcha a la economía. El punto importante es que Geithner sigue el mismo camino de su predecesor Paulson al proponer un plan muy amistoso para el sector bancario, con una pesada carga para el fisco.

Geithner propuso la creación de entidades público-privadas encargadas de promover la compra de los activos tóxicos (cartera vencida y sus derivados) en poder de los bancos para sacarlos de las hojas de balance. Pero hay varios problemas con este plan. Para comenzar, no se sabe quién va a comprar esos activos porque el plan también promete reducir los pagos de las hipotecas. Es decir, el valor de activos respaldados por la hipotecas de segunda categoría bajaría todavía más.

Por supuesto, la raíz del problema es que el precio real de esos activos tóxicos está por el piso. Venderlos a ese importe implicaría que muchos de los grandes bancos tendrían capital social negativo y desaparecerían. Los bancos, evidentemente, no están de acuerdo con vender estos activos a un precio de mercado tan castigado. Pero comprarlos a precios nominales sería un regalo desmedido a los bancos y un escándalo político. Geithner prefirió quedarse donde dejó las cosas Bush. El mercado bursátil no se dejó impresionar y al día siguiente se derrumbó.

Pero el plan Geithner sí deja ver que la nacionalización no es la prioridad de Obama. Ese podría ser su error histórico porque hoy parece que sólo una nacionalización podría romper el nudo gordiano de los activos tóxicos, limpiar la contabilidad de esos establecimientos y reanudar la actividad bancaria convencional (tanto en la captación como en el otorgamiento de préstamos).

Obama podría incluso ofrecer una nacionalización temporal. Dentro de unos años, cuando ya se tenga un nuevo sistema regulatorio, los bancos serían reprivatizados. Y se podría recurrir a esquemas redistributivos muy interesantes para recolocar a los bancos en el sector privado. Uno consistiría en distribuir el valor de las acciones de estos bancos entre los causantes: después de todo, es con su dinero que se pudieron recapitalizar y sanear esos establecimientos.

Pero Obama se opone diciendo que el costo de una nacionalización sería muy elevado. Eso es discutible. De hecho, si a costos vamos, hay que notar que de septiembre a enero la Reserva Federal aumentó su hoja de balance en 1.2 billones de dólares y ahora se niega a revelar los nombres de las instituciones beneficiarias. Es claro que el costo del rescate ya supera lo autorizado por el Congreso y la transparencia es nula. Varios circuitos de la economía estadunidense han recibido una fuerte inyección de liquidez en estos meses. En algún momento, todo esto va a revertirse, con presiones inflacionarias difíciles de controlar. Obama podría lamentarse de no haber nacionalizado los bancos cuando podía.

¿Por qué sabe tan amarga la píldora de la nacionalización de los bancos en Estados Unidos? Marx diría que en Estados Unidos solamente ha imperado el modo de producción capitalista. Ni esclavismo (la economía sureña no cae en esta categoría) ni feudalismo: sólo el mundo del capital. Eso conduce a una visión ahistórica del mundo. Sólo existe el capital, eterno y natural. ¿Nacionalizar? Uy, no, ¡qué horror!

Elecciones de partido único, de Antonio Álvarez-Solís en Gara

Posted in Derechos, Política by reggio on 19 febrero, 2009

El autor constata que la apelación al denominado «terrorismo» es el instrumento que dota de argamasa a la consolidación del «partido único» que defiende los intereses de las clases reaccionarias y que controla los ámbitos económico, político y social en el Estado español. Un partido único represor que se emplea a fondo en Euskal Herria.

Es cierto que las capas tectónicas del sistema capitalista crepitan ya audiblemente. De ahí la urgencia de los intereses dominantes por imponer un nombre a estas agitaciones que delatan el cuarteamiento de la estructura del modelo. Un nombre que a la vez que identifica global y, por tanto, inaceptablemente tales movimientos -es preciso identificar ladinamente para acusar de un modo tortuoso- los invalida en la reflexión de una buena parte de la ciudadanía jibarizada por un largo sometimiento intelectual. Así nace y es expandido como autovacuna el concepto de terrorismo.

La apelación de terrorismo, esgrimido como denominación única de todas esas manifestaciones, facilita la creación del enemigo único que precisa para su sostén dialéctico el partido único. Esta es la cuestión sobre la que debe hacer una profunda reflexión la sociedad si quiere que su liberación no se disuelva en un medio letal: el partido único. Es preciso reconocer al gran enemigo socialista, unido a la más reaccionaria derecha, en ese gran partido de hecho del que Antonio Gramsci hace la siguiente descripción: «La verdad teórica de que toda clase tiene un solo partido se demuestra, en los momentos decisivos, por el hecho de que diversos agrupamientos, cada uno de los cuales se presentaba como un partido `independiente’, se reúnen y forman un bloque único. La multiplicidad existente con anterioridad era sólo de carácter `reformista’, es decir, se refería a cuestiones parciales; en cierto sentido era una división del trabajo político (útil, dentro de sus límites), pero cada parte presuponía las demás, hasta el punto de que en los momentos decisivos, esto es, cuando se han puesto en juego cuestiones principales, la unidad se ha formado y se ha verificado el bloque».

A caso no es perceptible la situación actual en esta luminosa descripción gramsciana de lo que viene a constituir esencialmente y en una buena extensión de la práctica el partido único en este tramo histórico? La evidencia, según los hechos, no es posible negarla sin caer en una falsa dialéctica o en una hipocresía clamorosa. Vivimos gobernados por un partido único que actúa en lo económico -solamente con diferencias adjetivas en su interior-; en lo social -la consideración de lo social se hace desde la tronera de los grandes poderes capitalistas-; en lo intelectual -la acción filosófica de los nouveau philosophes enmarca la principal expresión del pensamiento y la comunicación-; en lo jurídico -el Derecho ya no constituye la entraña moral de las leyes-; en lo religioso -se apagan con violencia las velas del II Concilio Vaticano-; en lo científico -los trabajos esenciales son dominados de consuno por la Bolsa y las demandas militares- y en tantos otros aspectos o dominios de la inteligencia.

El partido único actúa también con violencia y exigencia de control en los ámbitos donde afloran las aspiraciones soberanistas de una serie de pueblos violentados por unos estados que hacen funcionar sus instituciones con una extraordinaria crueldad represiva. No se puede negar que de cara a la opinión pública, crecientemente suspicaz, no se procede aún contra algunas formaciones políticas o religiosas -desde las que postulan el comunismo real a las iglesias de la liberación- que, en número decreciente, luchan también contra el sistema, pero que por una serie de razones históricas no viven un momento de acción numéricamente eficaz y además son carcomidas desde su interior. Son esos partidos y grupos ciudadanos que, desasistidos de eficacia real en una calle esterilizada ideológicamente, aprovecha con habilidad potemkiniana el sistema para presentar como viva la estampa de una democracia que está realmente exangüe.

Todo régimen político autocrático procura respectar activos ciertos suburbios ideológicos que le rodean para justificar públicamente la destrucción de los agentes que representan un auténtico riesgo para su existencia. Sirvan de ejemplo de este comportamiento del gran poder algunas universidades norteamericanas, con un izquierdismo recluso, o algunos nacionalismos europeos que usan guantes para no contagiarse de revolución. A este respecto me pregunto muchas veces por qué no surge en el Estado español un gran partido republicano que encarne una oposición no sólo de programa administrativo sino fundamentalmente de grandes y movilizadores principios.

Los atrincherados en lo que hay hablan, cuando se enfrentan a esta interrogación, de la preferencia por parte de las masas por una política de cosas, entendiendo por cosas los placebos del consumismo. Si se analiza esta parte de la cuestión parece que la dificultad de un gran partido republicano se deriva de una política que fomenta la ignorancia histórica de la ciudadanía y que absorbe a los llamados líderes sociales en una evidente existencia de comodidades materiales y de poder tan convenido como protegido.

La teoría de la muerte de las ideologías y del final de la evolución política -teorizada por personajes como el nipoamericano Francis Fukuyama- es alzada como bandera frente a la presunta locura de las posturas alternativas. Obviamente esa teoría, que oculta en la destrucción de las ideologías la sublimación de la propia, tiene como objetivo esencial la destrucción de las posibles vanguardias. El procedimiento de dormición ha tenido una particular fortuna en el mundo sindical, hoy transformado en una verdadera quinta columna del poder instituido.

Tangiblemente el mundo vive hoy en régimen de partido único, alimentado por las doctrinas de las clases reaccionarias. Un partido, además, que funciona con evidente crueldad en su espíritu represor. El ejemplo más inmediato lo tenemos en Euskadi. La conjunción formada entre un parlamento sin lugar para las minorías nacionales o ideológicas y un gobierno policializado, sea quien sea su conductor, pesa como una losa sobre la libertad y la democracia. En tal situación las elecciones enfrentan a quienes tienen el control de las urnas y quienes alientan en la calle, expuestos a todos los vientos helados, convertidos ahora en un huracán que se lleva por delante cualquier consideración moral o mínimamente coherente con la verdadera libertad y la verdadera democracia. El ciudadano honrado se ve así en el dilema de votar a quienes, de un modo más próximo a su sentimiento profundo, pueden impedir la total ocupación de las instituciones por las fuerzas reaccionarias -con el peligro de la prolongación del acoso hasta límites impredecibles- o proceder decididamente a construir una expresión espontánea para enfrentar el creciente fascismo.

De cualquier forma que se resuelva el dilema parece inexcusable la creación de órganos de expresión nutridos de ciudadanía que entren en liza con unas recrecidas posibilidades. Entre esos órganos, aparte de habilitar o sostener medios de comunicación que conecten con la población oprimida -y ahí hay un compromiso de colaboración vital por parte de quienes claman ante la represión-, figura muy en primer término la creación de un poderoso partido republicano que se encargue de promover los dos principios que son vitales para que una nación pueda tenerse por tal: el principio de la autodeterminación, sin el que la democracia es imposible, y la lanzadera de la acción directa, entendiendo por acción directa la consideración de los problemas en el mismo lugar y tiempo en que se produzcan y con arreglo a las propias fuerzas de que se dispongan. Se trata, por tanto, de que la ciudadanía se haga críticamente cargo de si misma en una combinación de formación ideológica y de la praxis necesaria.

Antonio Álvarez-Solís, periodista.

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